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Veinticinco años es un dilatado tiempo para el hombre. Para la historia de nuestro tiempo más que un siglo del medioevo. Adentro del ámbito doméstico, un tiempo de total mutación en el orden vital, emocional, diseño familiar. Uno ojea "Crónicas del siglo XX" y hasta el mapa es distinto. Los pueblos, mucho más. Y las ausencias de gente de relieve, incontables. No es ajeno a esta evolución el Coro Clásico de Vigo. No creo que todos los coros tengan la misma cuna. La del Coro Clásico nace del corazón de su director, rompedor de deseos vulgares, con un deseo de comunicación afectiva por medio del canto, con la intención de ampliar la hondura del sentimiento a categoría de arte. Desde la sombra del anonimato he podido seguir su trayectoria titubeante al principio, ilusionante, después, certificante, más tarde. Consecuente con su titulación, siempre. Y ello, por una genética de su director, convencido de la necesidad de alimentarse, al tiempo que con los libros de humanidades, del arte musical. En este fluir del tiempo, aparentemente monótono, se han cruzado vidas, se han fijado canas, se han vertido emociones, han nacido hijos, casados, unos, emancipados, otros, y vivido una aurora boreal artística, que en estos tiempos prevalecientes de lo vulgar y de lo frívolo, no deja de ser una odisea. Anteponer la disciplina por el ocio es una de las mayores conquistas del ser humano, perdido en la nebulosa de lo prosaico. Y esto es de un valor tal que define todo un carácter de elegancia y de dignidad humana. No todos los coros tienen este historial de nacimiento. De persistencia, en su crecimiento. De objetivos tan claros. Se trata de gozar, de expandir la rica esencia de lo que tiene el hombre de ángel, o lo que es igual, de vocación natural. 25 años acompañando su recorrido musical son muchos años para sacar conclusiones que definan objetivamente la calidad del Coro Clásico de Vigo. Un coro que con los años depura imperfecciones, suaviza tensiones, amiga con las notas y anima ambientes por donde acude a dejar su impronta musical de alto vuelo. Sin prisas, sin ánimo de Buscar la alabanza temprana, dejando de lado el aplauso fácil, con visión profética, el director ha preferido anteponer la técnica y la alabanza a largo plazo por exigencia amatoria de la música. Es difícil que un grupo coral de una edad madura pueda seguir comunicando con mayor brillo que en sus inicios. Lo que pueda decrecer en Brillantez sonora, lo supera con un ánimo agradecido que ofrece la madurez, la técnica lograda, el gusto, la autoestima de seguir paseando del brazo de autores clásicos que seguirán viviendo hasta el final de tos tiempos. Como oyente, sin intención alguna de utilizar el incienso como un filia radical, el Coro Clásico de Vigo, dentro de la línea de sus componentes mayores, es hoy por hoy, un aval del buen canto, de una programación culta, de un gozo anímico total, fruto de una conjunción de dirección y de disposición incondicional de sus miembros. Y quiero justificar mi criterio con una cita de Platón al definir la música “como la ciencia de los amores entre la armonía y el ritmo”, transmisión de la Belleza más que pasión por la matemática. Para aclaración de lo que afirmo, acudo a la experiencia vivida en Tolosa donde el público certificó con su aplauso un premio mejor que el logrado, y que el jurado pospuso valiéndose del cálculo como si se tratara de una ciencia puramente especulativa. Yo no estuve allí, pero sí en el último certamen avilesino con la obligada "La Jeringonza" donde me consta que el público se reafirmaba en la singular característica del Coro Clásico de Vigo cual es la de transferir, trasmitir, trasvenar emociones fuertes que no habían sentido con otras corales. Para mí la cualidad que la distingue de los demás coros consiste precisamente en saber llegar al corazón del público. Y pues es una gratuidad el goce de tan bellos momentos, mi felicitación pública, que de bien nacido es ser agradecido. F. Eguia


2003 - Felix - critica- Veinticinco años