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Apéndice

Tengo un nudo en la garganta. Me embarga un pesar, un arrepentimiento sincero. Hay demasiados personajes a quienes esta humilde escritora debe de implorar paciencia y comprensión.

Allistor.

Eli.

Danniel.

Sra. Molton.

Sra. Shadowchild – Lulú.

Sr. Shadowchild.

Sra. Parker.

Sr. Parker.

Gladys.

Fabián.

Thunder.

Big Joe y su pandilla.

Roland.

Bibi la prostituta.

Policía corrupto

Ben y sus amigos

Estibador del puerto.

Hugo y sus colegas del

Castillo del Terror. Taxista.

Chóferes del Ambro’s Club.

Las mujeres seleccionadas para el Ambro’s Club.

El

Reverendo. Sementales del Ambro’s Club. Club. Los desconocidos ocasionales.

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Las Asistentas del Ambro’s


Y también Sam.

Todos se quejan amargamente, recordándome que he dejado olvidada parte de su historia en el tintero. Son una constelación de experiencias y circunstancias morbosamente interesantes, que merecían ser contados. El viaje se me ha hecho efímero.

Las

horas han pasado inexorables… y ya está empezando a clarear.

Esta noche de insomnio e inspiración literaria toca a su fin. Pronto el mundo real vendrá insolente a recordarme que soy de carne y hueso. Que me debo a una conducta “decente”. Que soy una mujer con responsabilidades. Toca levantarme y volver a deambular en sociedad como una más de tantas personas sepultadas por la mediocridad y la rutina.

No quiero ni debo afligirme demasiado. Sé que tarde o temprano mis fantasmas volverán a presentarse durante otra noche en vela. Escucharé el ruido metálico de sus cadenas recorriendo la casa. Anhelaré que vuelvan a acariciarme la piel con sus etéreas sábanas. Arderá de nuevo en mi interior el deseo de volver a dejarme caer de espaldas sin saber si hay alguien detrás. Será la hora de saldar mi deuda con mis personajes... y contigo, lectora o lector, que has dedicado parte de tu precioso 513


tiempo a sumergirte en mi particular mundo literario. Volverá mi pluma temblorosa y asustada a garabatear palabras prohibidas, a dibujar escenarios turbulentos, a diseñar quimeras íntimas que muchos echan en falta y que nadie se atreve a desear en voz alta.

De lo que no pienso disculparme jamás es de haberte mirado directamente a los ojos.

Todos deberíamos hacerlo más a

menudo.

Hasta entonces lectora o lector, deberás conformarte con unas cálidas manos en las mejillas y un dulce y cándido beso en la frente.

Un consejo antes de la despedida: No mires el interior de las alforjas de tu intimidad hasta cerciorarte que estás a solas. A lo mejor he conseguido introducir algo perturbador en ellas.

Si es así, aunque fuera una mínima presencia, mi insomnio habría valido la pena.

Coral Malikk 514


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