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Casa y Más • El Comercio miércoles 10 de agosto del 2011

Arquitectura y ciudad nueva propuesta en manhattan archivo

archivo

World trade Center. Las torres gemelas de Minoru Yamasaki eran el ícono

propuesta ganadora. El plan general de Daniel Libeskind tendrá edificios de distintos arquitectos al terminarse.

arquitectónico más representativo de una poderosa sociedad capitalista.

La torre principal será de David Childs.

arquitecto

Jorge Sánchez Herrera

El 11 de setiembre del 2001 quedará marcado como un punto de inflexión en la historia universal. Si a la caída del muro de Berlín se la consideró el fin de un intenso siglo XX, al atentado contra las torres gemelas en el bajo Manhattan se la considera el inicio del nuevo siglo. La historia es conocida. Dos aviones que debían atravesar Estados Unidos de costa a costa (BostonLos Ángeles) fueron secuestrados y desviados hacia el principal objetivo de la agrupación terrorista Al Qaeda ese “martes negro”. Dos aviones convertidos en gigantescos misiles de fue-

Zona

Cero A diez años del atentado que desapareció el World Trade Center de Nueva York

go al estrellarse contra las torres gemelas del World Trade Center. Es también sabido que no fue el impacto lo que causó su derrumbe. Por más grandes que eran los aviones –se había dicho que los edificios resistirían el impacto de un Boeing 707… estos fueron unos 767– su estructura de aluminio no podría contra la enorme masa de acero de las torres; pero los incendios causados por sus 70 toneladas de gasolina sí. En poco menos de dos horas el fuego consumió el recubrimiento de concreto de sus estructuras y, piso a piso, fueron colapsando. Las consecuencias en el tiempo son también conocidas: la desaparición de un ícono arquitectónico representante

de una poderosa sociedad capitalista, casi tres mil víctimas mortales y una larga guerra que, como siempre, resultó innecesaria. Yamasaki

Si bien las torres se convirtieron en el símbolo de la ciudad, no fueron muy bien recibidas en sus inicios, al menos no por la crítica arquitectónica. Se cuestionó su altura y se las tildó de enormes esculturas minimalistas sin escala, la misma crítica que se le hizo a la plaza que integraban. Pero Minoru Yamasaki, su autor, no era ningún improvisado. Se entrenó primero con los autores del mítico Empire State, y luego en la oficina Harrison y Abramovitz, autores del Rockefeller Center.

Pronto su reputación le valió un importante encargo: el conjunto habitacional Pruitt-Igoe, en Missouri. A pesar de ser, este sí, un diseño inicialmente elogiado y premiado, los edificios fracasaron en el objetivo de regenerar un tejido social que, quizás ingenuamente, se les estaba demandando. Con los años el conjunto fue vandalizado y degradado hasta que en 1973 (el mismo año de la inauguración de las Torres) se decidió su demolición. El acto fue también simbólico, marcó una época al punto que Charles Jencks calificaría el episodio como “el fin de la arquitectura moderna” y el inicio de la posmoderna. Triste dato anecdótico con el que Yamasaki pasará a la historia:


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Arquitectura y ciudad el desmoronamiento, en todos los sentidos del término, de su legado arquitectónico. (Re)ConstRuyendo

Las grandes tragedias implican también la oportunidad de repensar y replantear las cosas. Así como hubo reacciones políticas también las hubo arquitectónicas. A solo semanas del atentado en Manhattan, el galerista neoyorquino Max Protetch convocó a una serie de arquitectos (unos 60) para generar ideas entorno a la llamada Zona Cero, en dos semanas. Algunos aceptaron, otros no, presagiando el show mediático

en el que más bien se pensaba. El tiempo les dio la razón, las propuestas fueron muy criticadas y pocos recuerdos quedan de ellas. Lo propio hicieron después el “New York Times” y el curador de la Bienal de Venecia en el 2002, Deyan Sudjic. Había quienes estaban a favor de la reproducción de las torres, de la reposición con un edificioemblema, de la conmemoración y, los más pragmáticos, de la reposición del millón de m² de oficinas perdidos. Las voces oficiales, sin embargo, vinieron de parte de la Oficina Urbana del Bajo Manhattan.

Luego del fracaso que significó contratar a una oficina para la presentación de seis propuestas para las 6,5 h del terreno, se decidió convocar a un concurso internacional. Siete oficinas (algunas formadas especialmente para la ocasión) presentaron sus propuestas a fines del 2002: Libeskind, Eisenman+Gwathney+Holl +Meier, Foster, SOM, THINK, United Architects y Peterson+Littenberg. Con más tiempo y presupuesto había más posibilidades de elegir. Se plantearon nuevos usos, nuevas torres (las más altas del mundo en ese mo-

Kevin Prichard/WiKimedia commons

mento), jardines y espacios públicos colgantes, recuperación de antiguos flujos peatonales, espacios para la memoria, etc. La oficina de Libeskind utilizó los muros de cimentación preexistentes para generar un espacio de meditación 20 a metros de profundidad. Decía que estos elementos (los únicos que resistieron el ataque) “servirían de símbolo elocuente de la firme resistencia de la democracia”. La propuesta también contemplaba un museo y dos espacios públicos (La Cuña de Luz y el Parque de los Héroes) donde solían estar las torres. Se completó el conjunto con

una serie de torres, la más importante de 540 metros o 1.776 pies, en honor al año de la declaración de la independencia de los Estados Unidos. Fue la ganadora aunque, con el tiempo, el proyecto se convirtió en un plan maestro donde otros arquitectos también diseñarían los edificios particulares. Incluso la torre principal, manteniendo su simbólica altura, fue finalmente encargada a David Childs de la oficina SOM. ¿el Fin de los RasCaCielos?

Parece que no. Luego del 9/11 Norman Foster inau-

guró la Swiss Re en Londres, Jean Nouvel la Torre Agbar en Barcelona y Renzo Piano la sede del “New York Times” en el mismo Manhattan, por hablar solo de occidente. Ni siquiera la crisis mundial ha detenido los países asiáticos y árabes. El Burj Khalifa, en Dubái, es hoy lo más cerca que podemos estar del cielo con sus 828 metros. Así como el atentado no propició el fin de la era de la aviación comercial (aunque sí modificó sus parámetros de seguridad), el 9/11 tampoco ha significado el fin de los rascacielos, al menos hasta ahora. alexander KlinK/WiKimedia commons

izquieRda. La nueva sede del “New York Times”, en Manhattan, propone un rascacielos transparente que muestra su estructura como parte de su identidad.

deReCha. El 9/11 no impidió que se siguieran construyendo rascacielos. La torre Swiss Re de Foster en Londres es un buen ejemplo.


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