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Arquitectura y ciudad 5

NUEVAS GENERACIONES

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[1] INVASIÓN VERDE. Proyecto a cargo de Alva + Pop Up Architecture. [2] GRAN TEATRO NACIONAL. Bernardo Aguilar. [3] RESTAURANTE EL CAMIÓN. Llona + Zamora.

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[4] CASA JIRÓN HUÁNUCO. Rafael Ríos. [5] MERCADO DE PAITA. Tarazona + Moser. [6] LIBRO CONPOSICIONES.

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Nómena Arquitectos. [7] REVISTA LA CHIMENEA. Juan

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César Romero. [8] EDIFICIO DIAGONAL 74. Aldo Facho.

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[9] CONCURSO HWCLC. Taller cotidiano. [10] SUM PIO XII. Carmen Rivas. [11] CAPILLA DE LA PIEDRA. Loli + Álvarez.

Líneas de tiempo Una reciente convocatoria de arquitectos jóvenes nos hace pensar en qué lugar deben ubicarse

arquitecto

Jorge Sánchez Herrera

El grupo de difusión cultural Espacio 24 ha querido, con su más reciente evento A.35, darle espacio y voz a una naciente generación de arquitectos. Interesante ini-

ciativa que servirá también para ubicarse en el espacio y en el tiempo. Sin embargo, para tomar una posición hay que primero conocer las precedentes. En un artículo aparecido en 1985 en la revista “Caretas”, un aún estudiante Juan Carlos Doblado analizaba

con este propósito la generación de arquitectos anterior en un momento de “[…] trascendental importancia, donde la arquitectura había adquirido una nueva presencia en el debate cultural del país […]”. En un momento similar y para no extender la línea de tiempo en el recuerdo, re-

tomemos donde Doblado lo dejó. A comienzos de los 70, una nueva Escuela de Arquitectura irrumpía en la escena, como alternativa a la tradicional FAUA de la Universidad Nacional de Ingeniería. Luego de una década y una reforma que daría

pie al sistema de enseñanza vigente comenzaron a surgir, quizás en los momentos más difíciles de nuestra historia reciente, dos grupos representativos de la época. El colectivo Los Bestias de Alfredo Márquez, Herbert Rodríguez, Alex Ángeles, entre otros; que bajo una visión crítica intervienen la Carpa Teatro del Puente Santa Rosa de la Municipalidad de Lima con arquitectura y arte. La convierten en una plataforma cultural –con un trasfondo político– para los manifiestos, las instalaciones, música, pintura y demás. Por otro lado surge el grupo Arquidea, formado inicialmente por Javier Artadi, Juan Carlos Doblado, José Orrego, Jean Pierre Crousse, Carlos Pestana, Antonio Rubio y Gino Soracco. For-

mados en los últimos años con el taller de Juvenal Baracco, se agrupan con la idea de promover, difundir y, principalmente, hacer arquitectura. En una etapa de mayoritario éxodo, algunos optan por quedarse con lo que la etapa proyectual vendría ya solo con los tres primeros miembros mencionados. Sus tempranos proyectos emblemáticos –y polémicos a veces– son el parque Kennedy y el Centro Cultural Ricardo Palma en Miraflores. En posturas, el grupo se aleja del movimiento vigente – la posmodernidad– tratando de seguir más bien una modernidad que creían aún incompleta con obvias influencias de Le Corbusier, Meier y Ciriani. A este grupo lo antecedió lo que podríamos llamar la

generación Limatambo. Arquitectos hoy consolidados como Óscar Borasino, Reynaldo Ledgard, Hugo Romero, entre otros, hicieron su aparición con el diseño del conjunto residencial samborjino. Ellos sí, formados en la tradición maestro-discípulo de la FAUA-UNI. Los sucede una generación que, aunque menos homogénea y no agrupada, sí es identificable. David Mutal, Alexia León, Teodoro Boza y Josip Vuskovic son los representantes más visibles. Como los Arquidea, la generación reconoce en el taller de Baracco, no una influencia formal, sino más bien un ambiente de estímulo, motivación y exigencia que permitió su desarrollo. “Nosotros perseguimos cosas más universales”, me dijo alguna vez Gonzalo

Benavides que, aunque formado fuera del país, puede sumarse al poco mediático conjunto. Es un grupo de trabajos individuales, con obras coherentes generalmente de formato pequeño en el ámbito doméstico. Muy precisos en lo construido con mucho interés por los procesos. Un conjunto identificable coetáneo de la FAUAUNI son: Paulo Osorio, Luis Jiménez, Manuel Flores y Adolfo Chávez. La mayoría formados en la oficina de Cooper, Graña y Nicolini, hay en ellos una mayor variedad de producción y mayor escala también. Un poco menores, aunque también de la Ricardo Palma son: Patricia Llosa, Manuel de Rivero, Maya Ballén y Mariana Leguía. La producción de Llosa se

acerca más a la de los grupos mayores, pero en los otros tres sí hay rasgos comunes identificables. Experiencias en el exterior que determinaron trabajos más colectivos e interdisciplinarios. Quizás ya liberados de la tendencia de los 80 a socializar la arquitectura, retoman un interés por la investigación, la intervención en la ciudad y tienen mucho que decir al respecto. Lo público, la inclusión, lo participativo son características también propias al tiempo que viven. GENERACIÓN XY

Lo recopilado por lo que será la muestra A.35 permite pensar en una nueva, aunque aún incipiente generación. Formada en un país ya estable, egresa justo en el momento de mayor creci-

miento económico del país. Hay, a diferencia de tiempos pasados, muchísimas posibilidades de actuación. Las multitudinarias conferencias de Renzo Piano y Winy Maas (2004 y 2005) marcaron el inicio de una fiebre cultural arquitectónica posterior. Hoy hay eventos semanales. La arquitectura está de moda y que esta generación vaya a ser resultado de más de 40 facultades del país así lo demuestra. Obviamente lo homogéneo no asoma, hay una enorme diversidad. Sí hay interesantes grupos, como el colectivo Citio, que amplía el espectro arquitectónico interviniendo en el espacio público desde distintos ámbitos. El grupo Nómena, que con su libro “Conposiciones” comparte su singular proceso formativo inicial tratando de vincularse con lo precedente. O el mismo equipo de Espacio 24, que viene cumpliendo un papel fundamental en la difusión de la profesión. La obra, con toda razón, es aún escasa y poco notable. La Capilla de la Piedra, de Héctor Loli y Ximena Álvarez, es una precoz excepción que confirma la regla. Entenderán los menos entendidos que en otros países se premia como arquitectos emergentes a los menores de 45 años, edad a la que otros profesionales podrían considerarse veteranos. La arquitectura es de largo aliento, es más la maratón que los 100 m planos. La nueva generación sí trae esperanzas y muchas. Trascendiendo lo arquitectónico está más conectada e informada; es más solidaria, tiene más oportunidades y, lógicamente, está más motivada. Heredó un país mejor y solo le queda responder como se le demanda. Como concluyó Doblado en el 85 (aunque esperando que el futuro inmediato no sea igual que entonces): “Las nuevas generaciones […] vemos esta coyuntura con especial expectativa”.


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