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La Revoluci贸n Liberal de 1851.

Julio Le贸n Morales Daviu


La Revolución Liberal de 1851 Desde 1829, tras la derrota de Lircay, se instauró un gobierno de corte conservador, cuya mayor expresión fue la Constitución de 1833 elaborada por Mariano Egaña, la cual estableció un gobierno presidencialista y monopartidista. Durante esa etapa, surgieron varios movimientos de ideas liberales. Intelectuales como José Victorino Lastarria, Benjamín Vicuña Mackenna, entre otros, dieron vida a la Sociedad Literaria de 1842, con la que promovieron congregar a la población para lograr un aumento en los derechos civiles de la época. En tanto, en Europa se produce la Revolución de 1848, que influye en las ideas de los opositores, quienes ven en la acción armada y violentista la forma más eficaz de deponer al gobierno opositor a su pensamiento. El autoritarismo de los gobiernos conservadores provocó gran descontento en los sectores liberales, por lo que jóvenes de la aristocracia criolla, como Santiago Arcos y Francisco Bilbao, fundaron una agrupación que promovía el aumento de las libertades públicas llamada Sociedad de la Igualdad, la que a la postre sería considerada como un peligro público por el gobierno, razón por la cual fue severamente reprimida. En la clandestinidad la Sociedad organizó un conato revolucionario el 20 de abril de 1851, el que sería aplacado por las fuerzas leales al gobierno. La tensión política continuó y se prepararon las elecciones presidenciales, competían en las urnas por un lado el nortino Manuel Montt, mientras que en Concepción, se alzó la candidatura presidencial del líder conservador José María de la Cruz Prieto, continuista del gobierno de Manuel Bulnes Prieto quién era el presidente que terminaba su período. Tras los comicios en que saldría elegido presidente el candidato oficialista Manuel Montt, su contendor, el general José María de la Cruz, temeroso de la pérdida de poder que esa derrota significaría para su clan, la familia Vial, acusa de fraude electoral a Manuel Montt, desconoce su elección y se rebela contra el gobierno central desde Concepción. En ese escenario se le suman algunos grupos rebeldes y en la clandestinidad deciden dar un golpe de estado, confiando la acción en Santiago al coronel Pedro Urriola.


INICIO DE LA REVOLUCIÓN Al amanecer del 20 de abril de 1851, Urriola y cinco mil revolucionarios se tomaron las principales calles de Santiago, mientras que el gobierno preparó una contraofensiva desde la Alameda y el cerro Santa Lucía. El combate duró cerca de 5 horas, tras las cuales fue abatido Urriola y hubo más de 200 muertos. Luego de ello se produjo la elección presidencial, la cual ganó Montt por un amplio marcador, lo que avivó las protestas por fraude electoral. Ante esta situación, se declara Estado de Sitio y la ilegalidad de los partidos opositores, se producen detenciones de opositores políticos y violación de D.D H.H, lo que acrecienta las protestas en Coquimbo, Aconcagua, Concepción y Maule, lo que sería caldo de cultivo para lo inevitable: la revolución liberal de 1851. REVOLUCIÓN EN CONCEPCIÓN El 13 de septiembre, cinco días antes de la asunción de Montt, se declaró una asonada al mando del ex candidato Cruz, quien no aceptando la derrota electoral, y temiendo que las familias conservadoras de Concepción perdieran protagonismo en la dirección del país, consiguió armar un grupo de cinco mil hombres, entre partidarios y Mapuches del cacique Colipí. Mientras tanto, el gobierno decidió enviar al ex presidente Bulnes quien logró contener a las fuerzas revolucionarias ocupando las ciudades de Chillán y San Carlos, obteniendo senda victoria en Monte de Urra el 19 de noviembre de 1851, así las cosas las tropas revolucionarias avanzaron hacia el norte, dispuestas a realizar la ocupación de Talca, pero no les fue posible ya que Bulnes pudo detenerlos en la Batalla de Loncomilla donde las fuerzas opositoras al gobierno fueron derrotadas.

REVOLUCIÓN EN LA SERENA No obstante, la derrota de los liberales en Petorca, en el norte la revolución seguía prendida y los revolucionarios fijaron la provincia de Coquimbo como último bastión liberal. Sin embargo su establecimiento no sería pacífico, ya que tuvieron la oposición algunos empresarios mineros proclives al gobierno quienes decidieron crear un ejército contrarrevolucionario al mando a don Ignacio José Prieto, el que logra vencer a los rebeldes en peñuelas el 14 de octubre de 1851.


Dispuestos a apoyar a los revolucionarios de Santiago, la ciudad de La Serena vivía su propia revolución encabezada por Félix Vicuña, organizaron una milicia revolucionaria denominada los Restauradores del Norte y eligieron para comandarla a José Miguel Carrera Fontecilla, hijo de José Miguel Carrera. Asimismo, se instauró un gobierno de facto en la ciudad, declarando abolida la Constitución de 1833. Ignacio José Prieto y su ejército, luego de su victoria en Peñuelas, reciben el apoyo de un destacamento del Ejército gobiernista que estaba al mando de Juan Vidaurre Leal Morla y Victorino Garrido. Éstos se unieron a Prieto y se dirigieron a La Serena, en donde eran esperados por cerca de 10.000 revolucionarios. Los pelucones decidieron atacar el 1 de diciembre, prolongándose los combates hasta el día 31. Pese a la superioridad numérica, el gobierno pudo finalmente ocupar la ciudad, con lo que se daba por finalizada la Revolución de 1851.

LA POSICIÓN DE ATACAMA Al tenerse conocimiento, en Copiapó, del levantamiento ocurrido en La Serena, los vecinos se alarmaron y efectuaron una amplia reunión para apoyar la causa oficial y el 12 de septiembre de 1851 aprobaron un documento en el que declaraban que el motín era altamente indigno de la situación de la república y que solo traería consecuencias funestas al comercio y las actividades económicas. Lejos de favorecer las libertades públicas sería su peor obstáculo. Señalaban que el movimiento, además, abría las puertas a la guerra Civil y sería la ruina total del bienestar y el orgullo de la República. Manifestaban al intendente de la provincia, a quien estaba dirigido el documento , estar dispuestos a cooperar con sus personas y sus bienes al sostenimiento del orden y del gobierno.


La primera medida que se adoptó fue formar una división con varios cuerpos, fuerzas que si bien no podían ser una amenaza para los rebeldes, se mantuvo en firme observación y vigilancia en las cercanías y libró un encuentro en Peñuelas. Para Atacama y su decisión de apoyar la causa oficial , el verdadero peligro estaba a las puertas de Copiapó, en Chañarcillo, que no tardó en convulsionarse con las noticias que llegaban desde el sur y la llegada de agentes subversivos de La Serena. El 26 de octubre la peonada de las minas se había sublevado al grito de ¡Viva Cruz! ¡viva la libertad! Y de inmediato se habían entregado al saqueo de las minas, de los negocios del pueblo de Juan Godoy y de algunas casas. José Joaquín Vallejo quien fue el encargado de conservar el orden al mando de 100 hombres, refirió al Mercurio de la época que: “La guerra civil ha enterrado alguna de sus garras en el corazón de la noble Atacama, los comerciantes de Chañarcillo están arruinados, nadie duerme tranquilo”. Razón tenía JOTABECHE para estar alarmado, por que el 26 de diciembre, cuando el general Cruz ya había sido derrotado y La Serena estaba apunto de caer, la guardia de la cárcel se sublevó , pero finalmente fue sometida por Ángel Custodio Gallo al frente del batallón cívico, de Copiapó en una acción muy meritoria . Luego un individuo llamado Bernardo Barahona , emisario delos sublevados de La Serena, a la cabeza de una poblada de mineros, avivando al General Cruz , se adueñó de la ciudad y de inmediato tomo drásticas medidas. Impuso a los vecinos acaudalados una contribución forzosa , siendo Tomás Gallo uno de los afectados y como se negase a pagar, se le detuvo y se le remachó una barra de grilletes en los pies. Uno de los personajes más buscados por los revolucionarios fue JOTABECHE , a quien se deseaba escarmentar por la actuación que había tenido en Chañarcillo, pero no fue encontrado por los insurgentes. El Gobierno de los Libres como se autodenominó la causa triunfante en Copiapó, tomó diversas medidas para asegurarse el respeto y consolidar su situación., pero el movimiento no tenía destino ninguno. Producida la ocupación de La Serena , una pequeña división de doscientos hombres fue despachada por tierra y por mar, al mando del coronel Victorino Garrido, para someter a los rebeldes. Garrido ocupó Caldera y luego marchó hacia el interior para enfrentar a los gruesos contingentes que le opusieron los insurgentes. En Linderos, no lejos de Copiapó, fue el último encuentro causado por la revolución liberal de 1851, el 8 de enero de 1852 donde las fuerzas gubernativas se impusieron.


CONSECUENCIAS DE LA REVOLUCIÓN

Tras el fracaso de la Revolución, el gobierno de Montt inició una persecución política contra sus instigadores. Los actos revolucionarios fueron severamente castigados por las fuerzas del gobierno y con el fin de evitar nuevos problemas, el congreso aprobó prorrogar por catorce meses más una ley de facultades extraordinarias con las que el presidente Montt y su ministro Antonio Varas, realizaron numerosas detenciones y deportaciones, algunas decenas de opositores al gobierno debieron salir al exilio, entre ellos Lastarria, Bilbao, Arcos y Vicuña Mackenna. Este movimiento revolucionario liberal provocó un gran quiebre entre los grupos opositores, creándose dos tendencias: una, encabezada por Francisco Bilbao, que llamaba a rehacer la revolución por la vía de las armas, y la otra, defendida por Lastarria, que buscaba volver a la democracia por la vía institucional. Finalmente, fue esta última la que terminó por imponerse. La importancia de la revolución liberal de 1851 está en que fue la penúltima sublevación de las provincias que puso en duda el poder de Santiago para centralizar la vida política y administrativa del país. A partir de entonces, solo la superará en importancia la revolución Constituyente de 1859, la revolución de plata que soñó a Chile como muna república federal, tras la cual no se volverán a producir movimientos de importancia en este sentido, marcando el nefasto predominio del centro del país por sobre las demás partes del territorio nacional.



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