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28/11/08

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TRIBUNA ABIERTA

¿Tiene futuro el Cielo Único europeo? Jorge Ontiveros. Controlador aéreo

Así, sin más, nadie puede augurar de forma taxativa que el Cielo Único europeo –ese concepto por el que desaparecen las fronteras aéreas nacionales, se unifican las licencias de todos los profesionales, o se mejora la gestión del tráfico aéreo al acortar las rutas de los vuelos gracias a lo que se conoce como uso flexible del espacio aéreo, por el que las numerosas áreas militares que hay en Europa pueden ser atravesadas por los aviones civiles, entre otras iniciativas- no se va implantar, ya que tarde o temprano el Cielo Único acabará por implantarse. Eso sí, los indicios apuntan desde hace tiempo en la dirección de que no va a ser ni tan fácil, ni tan pronto como se pensaba. Para empezar, para que salga adelante el proyecto es imprescindible el compromiso de gobiernos, organizaciones, usuarios, industria, proveedores de los servicios de gestión del tráfico aéreo (ATM) y trabajadores del sistema. Pero ese compromiso no es tan intenso como sería deseable, y en algunos casos hasta nulo. Resulta, no obstante, necesario llamar la atención sobre ciertos aspectos que ayudan a aventurar cómo va a evolucionar la transición hacia un definitivo Cielo Único en nuestro continente, comparable con el que pueda tener Estados Unidos, que es el espejo en el que nos miramos. En primer lugar, las compañías aéreas que operan en Europa llevan mucho tiempo presionando a los responsables políticos para que de una vez por todas se pueda disponer en el viejo continente de un sistema de gestión de tráfico aéreo más eficiente y barato. Y sólo invertirán en nuevos sistemas para sus aeronaves que aumenten el rendimiento del espacio aéreo, si creen que van a conseguir a corto plazo beneficios en sus operaciones. Por tanto, nadie puede recriminarles que quieran poner en práctica un conocido principio destinado a conseguir

Para que la implantación del Cielo Único tenga el éxito que se espera, primero es necesario conseguir que el espacio aéreo sea gestionado como un recurso común 56

AVIADOR NOVIEMBRE-DICIEMBRE 2008

una gestión eficaz, que pretende “encontrar el modo de hacer las cosas mejor, por menos dinero, sin sacrificar ni la eficiencia ni la seguridad”. Dicho lo cual, es lógico que exijan a los servicios de tránsito aéreo que les ayuden en esa tarea a través de la mejora en la gestión del sistema y de la reducción del coste del servicio. Pero a juzgar por las reprimendas que con cierta regularidad IATA, el organismo que aglutina a las compañías aéreas, echa a distintos países, entre ellos el nuestro, no parecen estar haciéndose muy bien los deberes. En segundo lugar, para que la implantación del Cielo Único tenga el éxito que se espera, primero es necesario conseguir que el espacio aéreo sea gestionado como un recurso común. Y para que así sea, debe reformarse el sistema de gestión de tráfico aéreo hasta el punto de que pese más la necesidad de su eficiencia que los intereses nacionales. No obstante, las dificultades para desmantelar las fronteras “en el cielo” no son sólo de índole de política nacional, sino también de naturaleza técnica y operacional, en principio con un papel en cierto modo secundario, pero decisivo a la hora de la implantación. En tercer lugar, a pesar de que se quiere transmitir una imagen de unidad al exterior –principalmente a Estados Unidos, no nos engañemos-, puertas adentro nos encontramos con países que no participan en el sistema monetario europeo, como Reino Unido o Suecia, o que lo hacen de forma parcial, como Dinamarca o Chipre, por nombrar solo unos ejemplos. Además, la Constitución europea no parece que vaya a ayudar mucho, ya que el camino iniciado no se augura fácil porque, seamos realistas, culturas, idiomas, antiguas rencillas e historias muy dispares van a ser muy difíciles de integrar. Conocedores de estas circunstancias, no parece que nuestros políticos actuales estén dispuestos a esperar 20, 30 ó 40 años –que es lo que han tenido que esperar los que firmaron en 1957 el Tratado de Roma para ver cómo se materializaba la moneda única y todo lo que lleva detrás- para comprobar cómo termina aquél sueño al que un día llamaron “Un Cielo Único para Europa”. Quizás por esa razón le estén imprimiendo una aceleración inusitada, tanto que no es extraño que surjan tensiones de compleja solución. Una cosa es la determinación, y otra las prisas. Las pruebas en apoyo de este argumento son variadas; por un lado, la época dorada de la adhesión a la Unión Europea parece haber pasado. Por otro, para los entendidos “la Unión Europea que conocemos no puede subsistir con 25 ó 30 Estados en el club”, y vamos camino de ello. Y, por otro, no hay que irse muy lejos en el tiempo para encontrar discrepancias políticas entre los socios, como cuando en los prolegómenos de la Guerra de Irak se produjo la más grave crisis interna en la UE. De nada nos sirve contar con Mr. PESC, el responsable de Política Exterior y de Seguridad Común para Europa, si luego hay países que van por libre, como Francia o Alemania. Total, que ya hay quien se ha apresurado a dejar claras sus intenciones de “pisar el freno”, y hasta quien opina como el presidente checo, quien manifestó hace un tiempo que el proyecto constitucional supone una Europa en la que “hasta las

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Revista Aviador COPAC 49

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