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contratiempo octubre 2011 • número 88

Directiva Gerardo Cárdenas, Jochy Herrera, Moira Pujols, Rod Slemmons, Helen Valdez, Ellen Wadey Placey.

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Directora ejecutiva Moira Pujols

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Director editorial Gerardo Cárdenas

Consejo editorial

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Rey Emmanuel Andújar, Gerardo Cárdenas, Marco Escalante, Eduardo Estala Rojas, Rafael Franco, Jorge García, Ignacio Guevara, Jorge F. Hernández, Catalina María Johnson, Verónica Lucuy Alandia, Stephanie Manríquez, Esmeralda Morales-Guerrero, Olivia Liendo, Luis Alejandro Ordóñez, Julio Rangel, René Rodríguez Soriano, Tanya Victoria, Febronio Zatarain.

Dirección de Arte Olivia Liendo

Correctores de estilo

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Laura Pujols

Portada Salvador Jiménez

contenido dossier

deshoras mirada cómplice tiempo extra

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editorial. de lo obsoleto a lo glocal: retos de los artistas emergentes, stephanie manríquez. 5 VJ thai: el arte del perfecto error, catalina maría Johnson. 6 arte y tecnología en chicago, miguel cortez. 7 el sonido te permite imaginar, ignacio Guevara. 8 simplemente sonido, israel martínez. 9 morfologías sonoras: arte sonoro y tecnología, Juanjosé rivas. 11 textos de carlos Vázquez cruz. 14 superhéroes en chicago, stephanie manríquez. 19 diego el cigala: la gracia extraordinaria de una pasión destilada, catalina maría Johnson. 20 celebran el mural ‘a la esperanza’ 32 años después, antonio Zavala. 21 descubriendo un mundo nuevo de música en los estados unidos latinos, catalina maría Johnson. 22 el Zoológico de cristal en la Villita, rafael Franco. 23 la dichosa palabra, en chicago, paulina candelario. 24 la moderna poesía peruana: de Valdelomar a Vicente azar, roger santiváñez. 26 rulfo y la inmortalización de lo mortal, Febronio Zatarain. 27 la pena de muerte: no vale la pena. tres reflexiones en torno a troy davis, Gerardo cárdenas.

Las opiniones expresadas por los escritores que colaboran en contratiempo no son necesariamente las de la revista, o de la entidad que la publica, contratiempo nfp, una entidad 501 (c)3 sin fines de lucro. © nfp

contratiempo

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Para envío de colaboraciones: Gerardo Cárdenas gcardenas@contratiempo.net


dossier

EDITORIAL En el tránsito por el mundo digital y las nuevas tecnologías, encontramos al ser humano en un proceso de continua invención y reinvención de instrumentos, los que, habiendo cumplido la misión de facilitar la existencia, también desempeñan una segunda función ideada por otro tipo de mentes, las creativas. La tecnología está siendo utilizada como un medio de expresión, el fácil acceso a ella desarrolla el espíritu creativo y la formación de estructuras visuales y sonoras. El arte digital continúa en una fase experimental, de constante desarrollo y redefiniendo su concepto en la aplicación de cada artista. En esta edición de contratiempo, los nuevos medios son abordados por nuestros autores en busca de un entendimiento racional entre la nueva era digital y la obsolescencia de lo análogo; la producción, proyección y procesos de distribución al igual que el impacto que provoca en la audiencia y/o en otros artistas. Comenzando en Chicago dentro de un panorama latinoamericano, la coordinadora del Festival de Música Electrónica Latina, Stephanie Manríquez, expone la situación actual de los nuevos medios, su autoproducción y la apreciación del arte digital. Buscando las distorsiones en la tecnología, encontramos algo que comúnmente llamamos “error”; dentro de este error viene la fascinación de muchos artistas digitales – visuales y sonoros – que lo toman como punto de partida para experimentar en su trabajo y romper con la perfección. Tal es ejemplo de Roxana Barraza, “VJ Thai”. La periodista y productora radial Catalina María Johnson, en entrevista con esta artista visual, nos presenta su trabajo con imágenes obsoletas rescatadas y nos adentra en el mundo del “Live Cinema” como un ambiente conjunto sonoro. Miguel Cortez, artista multimedia y fundador de Antena Gallery en el barrio de Pilsen, nos da una retórica a partir del siglo XIX, cuando se comienzan a inventar los primeros aparatos para proyección de imágenes que consecuentemente llegaron a ser la fundación de instrumentos para audio y vídeo. De la misma manera el maestro Juanjosé Rivas nos da un perfil de cómo la transformación de las nuevas tecnologías (la creación de las computadoras personales, el manejo de software especializados y la interacción de redes de trabajo cibernéticas) han permitido el desarrollo y la producción del arte digital, el arte sonoro y música electrónica.

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Plugged Out VII SalVadOr JIménez

¿Alguna vez ha presenciado una instalación sonora? ¿Cómo visitar y observar un material intangible y no visible para muchos? El escritor y artista sonoro Israel Martínez, nos transporta a diferentes escenarios donde “los sonidos no musicales”, como lo define él, y “ruido” como lo define el resto de la personas, está en cualquier sitio o rincón en el que nos ubiquemos. Aquellos sonidos que normalmente no percibimos y que se encuentran presentes han sido el motor para instalaciones y paisajes sonoros, capturados por artistas como Yair López, que en de una charla con Ignacio Guevara nos enseña a mirar lo más ordinario a través de nuestro oídos, además de utilizar y manejar tecnologías digitales y análogas, como usos de interfaces y dispositivos electrónicos de bajas frecuencias, para ser capaces de utilizar la imaginación en melodías armoniosas por medio de ruidos y de improvisaciones sonoras. La era digital ya está en todos nuestro hogares; corresponden a los individuos convertir y explorar lo que hay más allá de los objetos. Las nuevas tecnologías abren un portal para admirar el balance entre lo clásico y lo contemporáneo, lo estético y lo antiestético.


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De lo obsoleto a lo glocal:

Retos de los artistas emergentes Stephanie Manríquez

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n la constante búsqueda de la creación y de nuevos escenarios, América Latina se ha convertido en la cuna de la obsolescencia, en la que los artistas visuales, sonoros, plásticos o de cualquier disciplina buscan refugio para encontrar dentro de las carencias, recursos vitalicios para erigir y difundir su arte. El reencuentro con lo obsoleto, objetos reciclables y el movimiento retro en conjunto con las nuevas tecnologías – nuevos medios – trae consigo un sinfín de posibilidades de producción y distribución; una pluralidad en la que el uso de estrategias móviles da pie a una cultura glocal, donde lo global y local se funden y complementan así mismos. Dentro del uso de estos nuevos medios, se han creado doctrinas, disciplinas, y dentro de estas, géneros que se pueden interpretar, conjugar e interrelacionar con una amplia gama de resultados – videoarte, documental, instalación, performance, paisajes sonoros, audio experimental, net art, televisión alternativa, live cinema, streaming, por mencionar algunas. Producción Plasmar esencia en una pieza constituye para sus creadores concebir una integración y armonización de elementos que les permitan un entendimiento y una razón de coexistencia hacia la audiencia receptora y su contexto; interactuando de una manera cordial sin llegar a la complejidad para no auto-limitarse a sí mismos por el uso excesivo de la tecnología. Esto quiere decir que el autor tiene la necesidad de crear un producto bello sin pretensiones a manera que sea distinguible para su receptor; a demás de otorgar una comunicación, un diálogo. El crear con nuevos medios requiere de un proceso de consagración que va desde la investigación profunda con búsquedas de información por internet; la exploración de documentación de otros artistas y proyectos; la inversión en equipo, material, y tiempo; y la auto-enseñanza, aplicando la técnica “hazlo tú mismo”, y enfatizando que la nutrición de conocimiento y visión será el resultado de un producto final que fue imitado y perfeccionado. Es importante probar diversas técnicas, medios y echar a perder, ya que es parte de un proceso de desarrollo y crecimiento. Para Amanda Gutiérrez, originaria de la Ciudad de México, egresada del Instituto Nacional de Bellas Artes, y residente del área de Chicago desde 2004, cuando inicia su maestría en Bellas Artes en el Art Institute, la proyección de sus piezas debe aguardar un tiempo a cambio de ganar solidez. Es un proceso irrefutable la maduración de una pieza a partir de aciertos y errores, y para ello es necesario exponerla abiertamente en un estudio, con gente cercana, o en proyecciones no públicas para su retroalimentación. Proyección Gutiérrez es un claro ejemplo de una artista emergente que se proyecta a través de los nuevos medios; con el claro entendimiento y nocion de tiempo y espacio como contenedores de diferentes lenguajes debido a su conocimiento en artes escénicas, audio y video-documental. En torno a sus instalaciones, el público puede transitar de manera lúdica sobre ellas, ya que Gutiérrez juega con lo in-situ, con los elementos que se apropian del espacio y sus características arquitectónicas, haciendo uso de estrategias como la luz, la acústica tratando de armonizar

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Cortesia: amanda Gutierrez

un diálogo entre cada rasgo físico del espacio. El audio, por su parte, lo considera el elemento detonante e instrumento guía en la mayor parte de su trabajo, dándole incontables posibilidades a sus resultados finales; enfrentándose a la posibilidad de que su narrativa sonora tuviese una capa mas, entra al arte vídeo, el cual considera un arte del tiempo. El vídeo-documental tiene un efecto de interacción temporal con el público diseñado para convivir y comulgar con la pieza por más de 10 minutos para poder entender lo que te está proyectando. Como migrante, Gutiérrez trata de entender y analizar la figura de las personas que abandonan sus países de origen, grabando entrevistas sólo en audio por no crear conflictos de vulnerabilidad al abrir la identidad/imagen de algún indocumentado. En una evolución a este proyecto en específico ha recreado escenas visuales subjetivas, desechando una imagen corpórea, detonando su físico por medio de la ausencia pero recorriendo los espacios donde habitan o habitaron sociedades inmigrantes. Proyectar un trabajo tan subjetivo y emergente como el de Gutiérrez es un fenómeno en sí mismo. Chicago no cuenta con la infraestructura suficiente para contener un arte contemporáneo o propuestas más variadas; sus dos museos para esta rama son el Museo de Arte Contemporáneo (MCA) y el ala de arte moderno del Art Institute, los cuales se enfocan en artistas establecidos y con una carrera más avanzada. ¿Qué pasa con los artistas emergentes? Que se quedan en un coma o auto-produciéndose en pequeñas galerías independientes que tienden a disolverse en poco tiempo y no logran un certificado creíble en la carrera del artista. Existe una segregación muy rigurosa dentro de la ciudad y un público asiduo a este tipo de arte – instalación, video y/o sonoro –. Como artista latino es difícil ser consistente; por un lado la confrontación con la cultura americana y por

el otro las sociedades latinoamericanas esperan un arte folclor. Distribución Gutiérrez adoptó a Chicago como un centro de producción y decidió viajar a otros países para obtener su material de trabajo y/o proyectar su producto final. La apertura que brinda Latinoamérica es fuerte, existe una serie de festivales muy bien formados en artes digitales, electrónicas, cultura visual y sonora, en México, Argentina, Chile, Brasil, etcétera, que abren espacios tales como centros, museos, galerías independientes y privadas, conciertos para esta movida robusta en cuanto a tecnología, nuevos medios y filosofías de software libre y códigos abiertos. Para nuestra artista el Laboratorio Arte Alameda y el Museo Ex Teresa Arte Actual, son dos de los centros más importantes en México en cuanto nuevos medios. En ellos ha participado desde el 2002, y en ellos ya es considerada un artista establecida. Sin limitantes los nuevos medios nos otorgan inspiración, sus nuevas formas o caminos de enriquecer la creación colectiva y manera que adquieren un estado virtual para su fácil acceso. La información se distribuye por medio de internet; la documentación de proyectos, publicaciones en línea, galerías virtuales son la realización de plataformas propias que exponen un trabajo sin límites y/o distancias. “Las redes como lo fue el myspace para los músicos, el youtube para los creadores visuales o como los blogs para los escritores son el portal que ha logrado democratizar el espíritu creador de cada persona” – Yair López

Stephanie Manríquez es productora independiente en medios radiofónicos y escritos, y directora ejecutiva del Festival de Música Electrónica Latina (FMEL)

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VJ Thai: El arte del perfecto error Catalina María Johnson

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n agosto, gracias a la cuarta edición del FMEL (Festival de Música Electrónica Latina), un fascinante elenco de artistas internacionales ofreció cuatro días de talleres, paneles y conciertos. A continuación, un resumen de una larga conversación sostenida con una de las invitadas al FMEL, la artista visual Roxana T. Barraza, también conocida como VJ Thai. De ascendencia salvadoreña y española, nació en Tailandia cuando su familia vivió brevemente en ese país, pero reside en la ciudad mexicana de Monterrey desde la época de sus estudios en el Instituto Tecnológico. Barraza comenzó con la idea de estudiar arquitectura, pero su fascinación con estructuras visuales la llevó primero a comunicaciones y luego a estudios profesionales como editora. Hoy día se encuentra en la vanguardia de un grupo de artistas internacionales que crean arte digital. Arte, sinestesia y el perfecto glitch En el arte digital se da una conjugación de los sentidos en la que el estimulo se vuelve fácilmente multimedia, y el elemento visual, me dice Barraza, se ha vuelto un componente fundamental de la presentación del arte sonoro. Por una parte, el artista sonoro va creando paisajes a través de sonidos creados, sampling y música, y a estos frecuentemente acompaña de imágenes proyectadas en video. Estas imágenes, colores y formas le ayudan a comunicar el mensaje al compositor/ productor, por lo que la mayoría de ellos se relacionan con diferentes VJ’s, artistas visuales que van creando su arte a la par. Además, algunos VJ’s como Barraza, también presentan sus propias actuaciones creando arte visual en tiempo real, acompañadas de música o sonidos en un plano más secundario. Barraza comenta detalladamente del puesto central que ocupa en el arte digital el proceso de creación a partir del error o accidente, diciendo “siempre estamos en búsqueda del error perfecto, el perfecto glitch”. Ya que en la edición no lineal del arte digital se puede experimentar con errores de manera que los resultados no sean permanentes, da una plena libertad de romper con la perfección. Inclusive, comenta ella, el error puede partir desde la decisión de cómo proyectar la imagen, porque los espacios varían en dimensiones y características. Dice riéndose, “Hay veces me comentan, “¡Oye, está chueca la proyección!””, pero añade que parte del arte es precisamente acomodar e integrar la proyección al espacio.

A estos clipcitos los manipula en cuanto a velocidad, para que vayan de acuerdo al ritmo de la música, o les cambia la transparencia para coordinar en capas de video, creando yuxtaposiciones con capas y ritmos. El acto de creación Barraza prefiere que sea espontáneo. Me explica que existe software automático para que reaccionen las imágenes a la música pero que eso “...le quita la diversión. Me gusta desarrollar la intuición y la improvisación. Es el challenge de ver qué vas haciendo”. Rescate de las imágenes no valoradas De esa videoteca, tiene material en carpetas separado por temas, y va eligiendo clips para acompañar a los paisajes sonoros, me dice, explicando: “La videoteca es una combinación en entre cosas que grabo, fotografías que tomo, dibujos animados que creo, y además samples que es la apropiación de este material que es raro”. Le pido que me aclare lo de “raro” y me describe que incluye portadas de disco de vinil, imágenes de psicodelia americana y otras de la cultura popular mexicana. De estas ultimas, las del cine de ficheras (línea de películas mexicanas de la década de los ochenta, también denominadas “sexicomedias”), son de su particular predilección, dice Barraza: “Eso que no valora México en cuanto a sus imágenes, son las que me interesan”. Me aclara que estas imágenes “populares” en otro contexto adquieren otro significado. Barraza también es coleccionista de imágenes relacionadas con Avándaro, el histórico concierto tipo Woodstock que se celebró en México en 1971. Después de ese concierto, el rock mexicano sufrió una gran censura debido al comentario que describe Barraza como palabras “altisonantes” que exclamó un músico emocionado (Ricardo Ochoa, cantante de Peace and Love) y que salió al aire, ya que se estaba transmitiendo en vivo por radio. ¿Y qué fue lo que dijo el músico en esa euforia de libertad en Avándaro que resultó en tanto escándalo? “¡Chingue su madre el que no cante!” Estamos lejos de esa era, pero en el FMEL ante la obra de VJ Thai y otros artistas, sí que compartimos lo que debe haber sido la singular felicidad de ese músico en un momento del arte creado desde la plena libertad.

Catalina María Johnson es periodista y locutora/productora de programas de música latina para estaciones de radio pública. Para mayor información: www.catalinamariajohnson.com

Live Cinema También participa Barraza en el movimiento de “live cinema”, bautizado como tal en 2006, por la investigadora española Mia Makela. Se usan las mismas técnicas del VJ, más involucra el espacio donde se hace el performance y todo el material visual presentado es creación propia en tiempo real. Añade Barraza que realmente lo que ella hace aún de VJ acompañando músicos productores, se asemeja más al live cinema, ya que lo va generando todo en vivo en sus sets. Pero en el caso del live cinema, el público se presenta con el propósito de presenciar ese acto efímero de creación visual, aunque quizás a final de cuentas igual termine bailando. La creación visual de Barraza nace con miles de imágenes o clips que tiene en una videoteca, los cuales duran desde 5 segundos hasta 3 minutos. A través de un software especializado, escoge unos y les asigna teclas de la computadora. VJ Thai en el FMEL

CORTESIA: CAROLInA SánChEz

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Patrick Lichty

Ben Chang

Desmond Paul Henry

Daisy Chain

Arte y tecnología en Chicago Miguel Cortez “La piel se ha vuelto inadecuada para interactuar con la realidad. La tecnología se ha convertido en la nueva membrana existencial del cuerpo”. Nam June Paik

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ste artículo en modo alguno constituye una historia del arte de nuevos medios, sino que se enfocará en unos cuantos artistas que utilizan tecnologías nuevas en Chicago. Las raíces del arte de nuevos medios se remontan inclusive a la segunda mitad del siglo XIX con la invención de proyectores de animación como el zoótropo o el praxinoscopio, y continúan hasta 1913 con el uso de instrumentos de sonido experimentales, como los llamados “intonarumori” usados por los futuristas italianos. Estos medios evolucionaron y se expandieron en la medida en que aparecían nuevas tecnologías, como el vídeo, o a partir de la popularización de las cámaras de vídeo, a partir de la introducción de la Sony Portapak en 1967. Nam June Paik está considerado como uno de los primeros artistas en usar esta tecnología. Si bien las primeras computadoras eran usadas más que nada por ingenieros, científicos y programadores en las universidades, los artistas también encontraron esta tecnología como una nueva herramienta para la expresión. Los orígenes del arte por computadora se remontan a 1960 con la invención de la Máquina de Dibujo Henry por parte de Desmond Paul Henry, quien la presentó por vez primera en una exhibición en Londres en 1962. Hoy en día, los artistas usan ambientes sociales virtuales en 3D para crear esculturas o llevar a cabo performances interactivas. Uno de estos artistas, Patrick Lichty, usa el programa Second Life como espacio para una performance virtual junto con su grupo Second Front. El grupo explica en su página Web que Second Front “crea teatros del absurdo que prueban hasta el límite los conceptos de encarnación virtual, online performance y la formación de la narrativa virtual”. En otra pieza, Lichty recreó en Second Life la escultura llamada “Spindle” de Dustin Shuler, que estuvo puesta en un centro comercial de Berwyn, suburbio de Chicago, entre 1989 hasta su demolición en mayo de 2008, y que consistía en ocho automóviles empalados sobre una pica de 17 metros de altura. La escultura fue eliminada para darle paso a la ventanilla para automovilistas de un nuevo Walgreen’s, pero ahora, gracias a Lichty, existe en el mundo virtual. Un grupo local llamado “I Love Presets”, formado por Jon Sartorm, Rob Ray y Jason Soliday, han creado performances multimedia en vivo que consisten en vídeo digital, efectos electrónicos de circuit bent, vídeo juegos adaptados y software de audio. Una reciente reseña de su trabajo en el Gene Siskel Film Center indicaba que “el trío rebana y recontextualiza efímeros bits digitales, convirtiéndolos en procesos, sonidos y hasta juegos nuevos. Puede que suene un poco techy, pero una mirada a la instalación ultraprovocadora Guilty Party, de Ray, o al laberíntico sitio Web de ILP, y nos queda claro que la parafernalia es impresionante, pero que sus conceptos están plenamente formados”.

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En el 2009, Ben Chang montó una instalación de dos personajes virtuales que hacían un performance usando telégrafos y proyectores de vídeo. Cada personaje generado por computadora aparecía aporreando el teclado de sus telégrafos virtuales, en tanto que al lado de las dos proyecciones había un auténtico equipo telegráfico que producía el sonido. Era una performance de amor entre dos personajes virtuales que usaban instrumentos anticuados e instrumentos nuevos, algo que en mi opinión rinde homenaje a los orígenes de la tecnología. El uso del Internet ha sido también frecuentado por los artistas. A principios de año, Adam Trowbridge y Jessica Westbrook montaron un show de una sola noche de performances Web, llamado Daisy Chain, que se presentó en el Antena de Pilsen. Usando múltiples proyectores y computadoras, llenaron el espacio con una gama continua de imágenes en movimiento, fotografías, sonido y texto. Esto incluía también una performance de galería a cargo de Jeff Kolar, quien manipulaba el sonido de las tarjetas de felicitación sonoras de Hallmark. No estamos limitados a los medios descritos hasta ahora. Vivimos en una era en la que la tecnología evoluciona a una veloz escala. Los chips de computadora son cada vez más pequeños y cargan cada vez más memoria, lo que a su vez nos da acceso a computadoras más rápidas, tabletas y smartphones. Pronto, seremos capaces de crear nanobots que nos ayudarán a curar y reparar el cuerpo humano a nivel celular, o podremos crear ambientes virtuales simulados a escala real. Conforme estos conceptos se vuelven realidad, estoy seguro que los artistas los usarán para su experimentación. Algunos enlaces: Patrick Lichty: http://www.voyd.com/ Second Front: http://www.secondfront.org I Love Presets: http://ilovepresets.net/ Ben Chang: http://www.bcchang.com/art/sounderandrelay/index.php Daisy Chain de Adam Trowbridge y Jessica Westbrook: http://antenapilsen.com/exhibit28.html

Miguel Cortez es un artista y curador, nacido en la ciudad mexicana de Guanajuato y residente en Chicago. Estudió cine en Columbia College, y arte en el School of the Art Institute. Está a cargo de Antena, un espacio de arte alternativo en el barrio de Pilsen. Su obra ha sido exhibida en Gallery 414 de Fort Worth, Texas, el Krannert Museum y el Museo Nacional de Arte Mexicano de Chicago. También ha presentado obra en la Mighty Fine Arts Gallery de Dallas, la Glass Curtain Gallery y el VU Space de Melbourne, Australia. Más información en: http://www.mcortez.com/

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el sonido te permite imaginar Ignacio Guevara

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on escasos 27 años, Yair López ya ha invertido un tercio de su vida en la radio. Es pintor de paisajes invisibles, usa los colores que oye para ilustrar el lenguaje de los espacios, esas tramas sonoras que nos permean constantemente, y que la mayoría del tiempo pasamos desapercibidas. Sus grabaciones son documentos etéreos pero irrefutables, reforzados con lo coloquial de los diálogos y monólogos que captura en la calle, los mismos que uno escucha con total indeferencia, cuando va en el autobús o compra dos pescados enteros en el mercado. Yair graba por el puro placer de capturar lo más ordinario, pero al mismo tiempo, es conciente del valor que poseen sus archivos. Al escuchar su trabajo: Paisaje sonoro, Malecón Puerto Vallarta, retrocedo al tiempo en el que podía mirar con los oídos, cuando la radio seguía peleando en el ring de los medios masivos, justo antes de que la televisión le propinara un knock out. FMEL: Festival de música electrónica latina en Chicago. En agosto de este mismo año Yair fue invitado a ser parte de la programación del Festival de Música Electrónica Latina (FMEL), como artista y como educador. Impartió talleres de circuit bending a los niños, la técnica que consiste en doblar circuitos y encontrar errores dentro de dispositivos electrónicos de bajo voltaje, traducción: que los pianitos de juguete por ejemplo, que producen sonidos y utilizan baterías, agregándoles componentes o cambiándole la placa de circuitos, podemos crear un instrumento sonoro completamente distinto, y entonces las melodías alegres y juguetonas se pueden convertir en tenebrosas y oscuras. En este taller manipulamos un juguete llamado A,B,C learning. Los niños terminaron soldando, conociendo los componentes, y el taller abarcó más cosas de las planeadas, por ejemplo: ¿cómo una bocina se puede convertir en micrófono, y viceversa?, cuestiones de interfase: ¿qué es?, ¿para qué sirve?, ¿cómo la podemos utilizar? También exploramos un poco el mundo del estadounidense John Cage, quien fue compositor, instrumentista, filósofo, teórico musical, poeta, artista, pintor, etc.; y de él dedujeron, que aún produciendo sólo sonidos o ruidos uno tras otro, es posible ordenarlos en una partitura. También hablamos de cómo contar una historia, que nace de tener un inicio, un desarrollo y un desenlace. El producto final fue una improvisación con todos los niños. Para mí la literatura y el sonido son dos cosas que te permiten lo mismo: imaginar. Sonido y literatura: Lo que yo hago es una casería de sonidos, que paralelamente complemento con una bitácora. Escribo lo que escucho, y cuando no lo logro, escucho el sonido otra vez y vuelvo a escribir, así la literatura y el sonido se complementan. Mapas sonoros y silencios al aire. Mi amigo Nacho, que es pianista y ciego, a él le gustaba ir a un programa de música latina que yo producía en la radio; y de repente ahí estaba, con sus notas en braille, a veces se le perdían, y entonces se creaban silencios mientras Nacho buscaba, y yo no podía decir nada. Una vez pasé a recogerlo a su casa y nos atoramos en un punto y me dice: Oye Yair, hubo choque aquí en el crucero de las Juntas” y en efecto, estábamos justo ahí. Francisco López, artista sonoro español, en Canadá realizó una experiencia, número 88

Cortesia: Yair Lopez

donde salías a la calle con los ojos vendados y tu guía era un ciego. Esto de la cultura visual es una verdad a medias, a ver si somos tan visuales cabrón, ¿por qué no le cambiamos las bocinas a los coches y les ponemos banderas para que avisen que te van a machucar? Uno de mis argumentos es que tenemos registradas muchas imágenes y pocos sonidos. Paisaje sonoro de Chicago. Esta ciudad la planearon muy bien en cuestión de sonido. Cuando estás en una casa con las ventanas cerradas no escuchas nada. En México las ventanas solo tienen un vidrio muy delgado, y aquí usan doble. Pero eso tiene que ver con el invierno. A lo mejor, pero yo lo analizo desde la parte sonora. Me impacta mucho tener el tren pasando encima de mí. Un día fui a desayunar, y en este restaurante había como diez personas afroamericanas, y mis amigos y yo tuvimos que platicar como si estuviéramos de noche en un bar. Chicago no es una ciudad ruidosa. Sonido y plástica. Imaginé un proyecto donde tuviera diez grabadoras tiradas en el malecón de Puerto Vallarta y esas grabadoras, que estuvieran sintonizadas a una radio, sin tener que sincronizar cintas, sin tener que sincronizar discos compactos. Pedí apoyo y no se dio. Si tú consigues cinco de esas grabadoras, yo consigo las otras cinco, me dijo un amigo; y ahora sí sucedió. Comisioné varios artistas plásticos. La plástica se unió a través del mismo objeto, por ejemplo dos artistas de Guadalajara sacaron las grabadoras adentro de una jaula de pájaros, otros pintaron directamente sobre ella, otros hicieron como si la grabadora hubiera estornudado, le sacaron todos sus componentes, y el cablerío quedó sobre una mesa. Paisaje sonoro, Malecón Puerto Vallarta. Antes de grabar temblaba. Trabajé solo porque soy muy cascarrabias. El tener una persona a tu lado significa sonido o estorbo, y yo me convierto en un personaje mudo. Trato de no intervenir con mis pasos, mis llaves, etc. Cuando una persona se acercaba a preguntar ¿que estás haciendo? yo no contestaba, me hacía el loco ¿no? Si me da la gana después de grabar voy y le explico. El malecón que yo grabé, ya no existe, lo demolieron. Si estás en Puerto Vallarta tienes que ir al malecón, es donde pasa todo; es pueblo y ciudad; puedes tomar en la calle sin que nadie te moleste. En el malecón es donde todos convergen genuinamente, inclusive el turismo.

Ignacio Guevara educador y escritor, reside en Chicago desde hace dos años. Publica varios de sus cuentos en la antología de escritores de Contratiempo “En la 18 a la 1”.

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Simplemente sonido Israel Martínez

I

La primera instalación-intervención sonora que escuché fue en casa de mis abuelos durante mi infancia. Eran aproximadamente las nueve de la noche y mi abuela escuchaba en su radio a un tal Chimely, hablando de los balaceados, quemados, suicidios, asaltos y violaciones del día. Al otro lado de la cama, mi abuelo escuchaba, también en la AM, alguna estación dedicada a los boleros. Yo estaba en medio, entre la estridencia y la calma, en medio de la fascinación que produce el horror y la pasividad que transmiten Los Panchos o el Trío Calavera. Por momentos asustado, a veces relajado, siempre protegido por mis abuelos. Jamás supe cómo o quién apagaba los radios.

II

Estoy en la ciudad de Linz, Austria, durante el Festival Ars Electronica 2007. Mi hotel, como el de la mayoría de invitados, es el Arcotel, a la orilla del río Danubio. Esa mañana, muy temprano, un equipo de técnicos instaló torres de bocinas suspendidas en una longitud aproximada de trescientos metros. Hace un frío que todavía se disimula con una buena chamarra o abrigo. Lo que se escucha a lo largo de esta franja del Danubio son paisajes sonoros, en su mayoría aves, registradas y encapsuladas por Bill Fontana. El paseo es reconfortante, los minutos pasan y no hay curvatura alguna en la composición, no llegan crescendos estruendosos ni hay oportunidad de detectar alguna repetición (loop). Puedes acostarte en el pasto, leer el periódico (al menos intentar descifrar los títulos de las notas que hablarán todo el tiempo de arte y tecnología), tratar de entablar plática con alguna joven gótica de las que se reúnen en este inmenso jardín anexo al Danubio, o cualquier cosa. La obra permanecerá hasta que alguien decida poner un alto a la reproducción del sonido y su amplificación, afortunadamente esto será hasta el término del Festival; mientras tanto, día y noche sonará, alterando de manera prudente el paisaje sonoro neto del sitio.

III

¿Qué tienen en común 4’33” de John Cage, I am sitting in a room de Alvin Lucier, las obras de Instrucciones de Yoko Ono y casi todo el catálogo de piezas de Fluxus? Su carácter abierto, que podemos realizarlas y se han llevado a cabo una y otra vez, en clase, entre amigos, en parques y espacios públicos, entre melómanos y perfectos ignorantes de la música. También que son obras musicales que hoy en día los músicos son quienes menos entienden, y que su popularidad se ha dirigido hacia campos como las artes visuales o escénicas. El sonido está ahí, nadie es dueño de él; entonces todos

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podemos componer. Manipular el sonido en el tiempo ya es decisión de cada quien.

IV

Pronto se cumplirá un siglo de exploración sonora si partimos de la aparición del manifiesto El Arte de los Ruidos y la creación de los Intonarumoris, por parte de los futuristas. Posteriormente ésta exploración tuvo sus bastiones en la radio y el cine. La primera es cada vez menos popular, pero el cine es quien ha acercado a los públicos masivos a la experimentación auditiva, a pesar de que la imagen sea su principal herramienta. Poder escuchar la amplificación del latido de un corazón, la respiración de una persona, el incesante goteo en una lluvia o el fluir de una marejada, sólo ha sido posible de manera masiva a través del cine. Digamos que la mayoría de personas no prestarían más de dos minutos de su tiempo para escuchar los trinos de los pájaros, a menos que estén en su clase de yoga, pero en el cine es distinto.

V

Las aglomeraciones y sus resultados auditivos. La sinfonía de motores en cualquier alto del semáforo o en los pasos a desnivel. Los bruscos cambios de velocidad en un autobús público. El sonido apabullante de las máquinas en las plantas industriales, la bomba del agua, el taladro del vecino. Pasamos mucho más tiempo del que creemos, o del que racionalizamos, en relación con los sonidos no musicales o lo que llamamos comúnmente “ruido”. Estamos más cerca de este “ruido” de lo que imaginamos, muchas veces en medio, otras veces generándolo.

VI

Experimentación sonora, improvisación, ruidismo, instalación sonora, intervención auditiva, escultura sonora, ningún termino justifica su exclusión de la escucha de cualquier persona. Si en la mayoría de casos es el simple imitar de la naturaleza, ¿por qué habría de ser algo difícil para el público? He visto a gente de la tercera edad apreciando un concierto de música contemporánea lleno de atonalidad. He convivido con jóvenes que salen felices como si hubieran descubierto algo tremendamente nuevo después de escuchar un concierto multicanal. Conozco gente que disfruta del sonido de las perforadoras de cemento como del olor de una gasolinera, por más extraño que parezca. No creo que sea difícil explicar a la gente el placer que puede producir escuchar el sonido como tal, en su entereza, más allá de convenciones musicales como melodía, armonía y ritmo. No entiendo por qué un concierto de ruidismo tendría que ser más avanzado que un evento de metal, reggae o cumbia, ¿No es tan sólo sonido? Cualquier persona puede ser público de una obra de experimentación sonora. Chimely, Fontana, Fluxus, Futuristas, tráfico vehicular, teléfonos celulares, ventiladores de las computadoras, el sanitario… sonido, más que ruido, simplemente sonido. Y este, al alcance de todos.

Israel Martinez. Artista sonoro-multidisciplinario, curador, compositor empírico y licenciado en Ciencias de la Comunicación. En 2007 fue acreedor al Premio de Distinción en la categoría de Músicas Digitales del Prix Ars Electrónica de Austria. Cofundador del sello de música electrónica alternativa Abolipop. Actualmente escribe para varias publicaciones como Replicante y Casanube. http://www.israelm.com Este texto se publica con permiso de Casanube.

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Morfologías sonoras: arte sonoro y tecnología Juanjosé Rivas

“El único axioma que no obstaculiza el progreso dice así: “Haz lo que quieras”. Paul Feyerabend La morfología sonora es la configuración general de la forma y el material de los eventos sonoros tal como estos son percibidos por el escucha; ésta se refiere particularmente a la evolución de los sonidos a través del tiempo, a los cambios en las formas o funciones similares considerando los aspectos históricos y geográficos. El análisis de la morfología sonora nos sirve para describir y estudiar la experiencia del escucha y provee un marco de trabajo para entender las relaciones estructurales y los comportamientos tal y como se experimentan en el fluir temporal de lo sonoro. Para hablar de la relación y evolución de la música electrónica y el arte sonoro es necesario referirnos al desarrollo tecnológico, el cual planteó una serie de cuestiones técnicas que modificaron la forma de ejecutar los instrumentos y problemas como la autoría, distribución y comercialización de materiales sonoros. Desde la creación de sistemas de reproducción y grabación del sonido, a finales del siglo XIX, el sonido empezó a ser considerado como un objeto por primera vez en la historia.

registro y transformación del sonido La experimentación sonora y su evolución están particularmente relacionadas con el progreso tecnológico y, en especial, con el perfeccionamiento de los equipos de registro y captura; tecnologías que desvincularon el sonido de su fuente, convirtiéndolo en un objeto para su posterior manipulación (copiar, cortar, pegar, invertir, etc.), lo cual posibilitó la producción de nuevas obras a partir de sonidos, piezas desligadas de la idea tradicional de la armonía. Con esto, un sonido tomado de cualquier fuente o producido sintéticamente, puede ser el material inicial de una pieza sonora y en cada uno de ellos existe un universo de información acústica y expresiva que el artista puede manipular a su antojo. El uso y desarrollo de estas tecnologías estuvo ligado en sus inicios a los laboratorios de investigación y producción de música electroacústica (GRM, IRCAM, MIT, LIPM, LIEM, etc.). Posteriormente, a partir de la década de los ochenta, estas herramientas se hicieron accesibles para un número de usuarios cada vez mayor, y los equipos necesarios para el registro, procesamiento y edición del sonido se hicieron más potentes y pequeños, hasta llegar en la actualidad a la computadora portátil, para crear un excelente estudio de grabación o un instrumento de audio digital. En la actualidad las computadoras portátiles están siendo usadas para realizar diversas funciones, desde la más sencilla como permitir la grabación del audio, su producción y edición, hasta otro tipo de tareas más sofisticadas como ayudar a simular soluciones armónicas, crear composiciones aleatorias combinando elementos de materiales predefinidos, transportando material sonoro para generar imágenes, crear situaciones de espacialidad e interactividad y un sinfín de cometidos; todo esto es posible gracias a entornos de trabajo ofrecidos por software como: Csound, Max MSP, Pure Data, Super Collidier, entre otros. Arte sonoro y tecnología La popularidad de las computadoras personales, su abaratamiento y el desarrollo de software para producción y edición musical, hacían pronosticar un desarrollo de la autonomía en la creación, producción y circulación del arte sonoro y la música electrónica; sin embargo, es sorprendente constatar cuántas de estas opciones están realmente a disposición del público. Más allá de la obsolescencia de algunas computadoras, su límite de vida útil, la competencia implacable de sistemas operativos y lenguajes de programación, mucho software ha desaparecido o su acceso es difícil debido al costo y a la falta de información acerca de su funcionamiento, lo que viene a delimitar su uso y funcionalidad. La opción para superar este problema es el uso de internet, el cual ha sido utilizado para aprender el funcionamiento de cualquier software, basándose en manuales, creación de foros y listas de distribución para compartir avances y comentarios, así como para la distribución de sus resultados. Pero uno de los problemas del uso del internet como herramienta para adquirir conocimientos es la homogenización

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de los resultados, dado que el exceso de información muchas veces conduce a la carencia de contenidos reales. Es así que actualmente artistas sonoros, músicos y gente interesada en el tema, comparten canales de información de contenidos formales, estéticos y técnicos que sirven también como una forma para obtener el software y los recursos adecuados para cada trabajo. Dentro de la esfera de la música experimental y el arte sonoro en México, está sucediendo, desde hace algunos años, un fenómeno interesante. Más que la generación de nuevas propuestas sonoras, muchos artistas investigan sobre los soportes (cd, discos de vinil, cintas magnéticas, etc.) y otros materiales ya creados (grabaciones de campo, muestras de sonidos, ciclos de reproducción, etc.), con herramientas analógicas y digitales que permiten revisar, incidir, obstruir y recrear diferentes estratos sonoros. No obstante, la utilización de aplicaciones personalizadas basadas en el mal funcionamiento ha dado como resultado el uso de los errores producidos en el sistema digital de procesamiento, el manejo de resultados erróneos o interferencias dentro del espectro sonoro, los procesos de sustracción de información hasta capas residuales, la deconstrucción y manipulación de diferentes tipos de archivos con el fin de explorar sus posibilidades sonoras, en búsqueda de fragmentos sonoros mediante la utilización de procesos facilitados por las computadoras y dispositivos digitales, así como el recurso de tecnologías analógicas para la grabación, reproducción y almacenamiento de archivos sonoros, han ayudado a crear una serie de propuestas sonoras eclécticas de densidades inextricables que oscilan entre la invisible frontera del ruido y la música. Por ello, hablar de nuevas tecnologías para la producción de arte sonoro o música experimental en México sería un poco absurdo, ya que la mayoría de los procesos que se utilizan no están buscando la invención tecnológica, sino su capacidad expresiva; más que un elemento de innovación, las propuestas actuales tienen relación con conceptos estilísticos y de forma, permitiendo que las posibilidades de creación se incrementen –ya sea utilizando recursos tecnológicos digitales o análogos–, con lo cual generan que los discursos artísticos recuperen su importancia para seguir indagando en el sentido de lo sonoro, en la capacidad de formar contenido o la incapacidad de traducir en palabras lo que se experimenta al escuchar un sonido, lo hermoso, desgarrador, amargo, bello, terrible o dulce, que sólo se logra percibir al irradiar la cualidad enigmática del sonido.

Juanjosé Rivas. Artista visual y sonoro especializado en medios electrónicos; becario del fondo Nacional para la Cultura y las Artes dentro del programa Jóvenes Creadores (2005-2006 y 20112012) y del Programa de Apoyo a la Producción e Investigación de Arte y Medios del Centro Multimedia. Actualmente es profesor de comunicación visual y medios digitales, es miembro del consejo de planeación y evaluación para el encuentro de artes electrónicas y video Transitio_mx, forma parte del proyecto de arte electrónico Dorkbot en la Cd. de México y es director artístico de VOLTA sesiones de improvisación y experimentación sonora. www. juanjoserivas.info contratiempo

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Jaleos y denuncias

por: Stanislaw Jaroszek Si es un misterio porque el ser humano narra, el que un individuo decida narrar por escrito, y además en una lengua que aprendió de adulto, es un doble misterio. Stanislaw escribe para entrar en diálogo con los hispanoparlantes de Chicago. - Paul A. Schoeder Rodríguez Precio: US$14 1a. edición (Abril 2010) En español ISBN: 978-098000424-3

En la 18 a la 1 por: Escritores de Contratiempo en Chicago ESTE LIBRO ES, ADEMÁS DE ANTOLOGÍA, UNA MUESTRA, Y TAMBIÉN UN REPERTORIO: SELECCIONA LO MÁS REPRESENTATIVO DE CADA AUTOR, MUESTRA LA DIVERSIDAD DE SU TALENTO, Y DOCUMENTA EL ESTADO DE LA LITERATURA HISPÁNICA EN SU ESTANCIA EN

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A veces llovía en Chicago por: Gerardo Cárdenas

GERARDO CÁRDENAS URDE UN MOSAICO DE TRAMAS Y MEMORIAS QUE SE CONFUNDEN, DIFUMINAN Y ENTRONCAN HASTA EL PUNTO DE HACERNOS OLVIDAR O RECORDAR QUÉ PORCENTAJE DE ESPEJISMO YACE O SUBYACE EN LO QUE ÉL CUENTA O EL LECTOR INFIERE QUE OCURRE EN

CHICAGO Y SUS ALREDEDORES. - RENÉ RODRÍGUEZ SORIANO. PRECIO US$12.95 1A. EDICIÓN (MARZO, 2011) EN ESPAÑOL ISBN: 978-09800042-67

ventas: info@revistacontratiempo.com

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Carlos Vázquez Cruz es un escritor enroscado en la escritura de la pasión. De manera continua el poeta da paso al narrador, inventariando lo sensorial hasta construir un catálogo de ansias, de ritos yuxtapuestos, de hambres definitivas. Hay en sus textos una aparente sencillez que deja entrever un gran manejo de la lengua y que sustenta una invitación al cuerpo, acentuando la estética de la alteridad. Vázquez Cruz propone una tensión definitiva entre el alma y la mente, esto es, la eterna diatriba entre el amor y la razón, el corazón y la conciencia. Aquí los juegos de palabras, las recurrencias y repeticiones no son redundancias. La mente está presente gobernando la inteligencia bajo un sistema que dentro de la calculación de lo férreo, permite la fuga lírica, hace del lugar común algo inusitado y de lo cursi, la exquisitez. El sexo duro y pelado se convierte en el lugar de lo sublime mediante la palabra. Cuerpo de hombre. Nadie como Vázquez Cruz para atreverse a la encumbrada tarea de germinar arte desde lo inmediato; para elevar lo mental de lo mecánico y entregarlo convertido en vocablo degustable. En palabra enamorada. Vázquez Cruz (Puerto Rico, 1971) Ha publicado Inimaginado (poesía-cuento-ensayo, Edición de autor, 2003), 8% Deskcuentos (cuentos, CBH, 2006), Dos centímetros de mar (novela, Editorial Tiempo Nuevo, 2008), La mirilla y la muralla: el estado crítico (crítica, Sótano Editores, 2009) y Sencillamente (poesía, Sótano Editores, 2010). Su trabajo ha sido reconocido en dos ocasiones por el PEN Club de Puerto Rico. En el año 2008 se le concedió la Beca Santander para la Escritura Creativa en Español, en NYU. Su proyecto de tesis es un poemario titulado Ares o mis antagonismos. (REY EMMANUEL ANDUJAR)

CORTESIA: AMANDA GUTIERREZ

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Cómo se pela un huevo 1 Un huevo hervido es el primer desayuno que recuerdo. Antes de que la luz llegara a mis ojos, la música entraba a los oídos. En casa, la radio servía para sintonizar sólo tres estaciones: la emisora católica durante la madrugada, a través de la cual la gente alababa por nosotros, rezaba por nosotros, rogaba por nosotros; la salsera durante el día, con la que realizábamos faenas a son de hombros, torso y cadera, y la de boleros dominicales, que recesaba de diez a una para transmitir en directo desde el hipódromo. El indicador rojo en la pantalla radial oscilaba entre ellas según el momento, las demandas del alma y el jinete favorito. A las cinco de la mañana, nos espantaba el sueño un estribillo: Al amanecer, Dios está conmigo; al amanecer, Él conmigo está, reciclado a lo loco por un coro para asegurar que la isla entera sacudiera su modorra. Aquella madrugada, algo me presionaba la cara. Quedé de ojos cerrados y oídos abiertos. Ningún cántico anunciaba la hora. La claridad no se filtraba por las pestañas para decir que el sol ya trabajaba. Tenía que ser de noche, y siendo como es la oscuridad, podía tratarse de demonios que intentaban poseerme. Por el barrio bullían historias de personas a quienes los fantasmas les halaban las patas para llevárselas. “Si te llaman y no conoces la voz, no contestes”, me instruyeron, “Puede ser el Diablo”. Tieso y tibio, familiar y violento. Lo acompañaba un enjambre de dedos enredados en mi pelo. Me agarraron la cabeza y me estrujaron, contra el báculo carnal, la boca sucia. Me sobaban el cuello, aplastaban las orejas, las soltaban. El silencio zumbaba el rumor de dos cosas: la noche y su abandono. Olor a tierra y vello en las narices. Sabor a hierro en la lengua. El llanto se empozaba en las comisuras de mis labios. Mi lomo flaco de once años se arqueó para disparar la flecha de su náusea, pero aquello se me adelantó. De un halón, una garra me echó hacia atrás. Un chorro cálido de vetas amargas me abofeteó la frente, las cejas, la barbilla. Se mezcló con lágrima y saliva cuando inyectó mi garganta. Mis tímpanos captaron roces: tela sobre piel, bragueta-botón, cuero contra hebilla, metal contra metal, correa contra pasacinto. Un par de suelas enmudecía a la distancia. Una voz se acampanó dos veces con mi nombre. No contesté. Sabía que era el Diablo. Un clic se activó en la cocina. El grupo de cantores religiosos trataba de convencerme de que, al amanecer, Dios estaba conmigo. —Dios se puede largar al mismísimo infierno— mascullé; me embollé en la colcha para anestesiarme entre las pestes del rostro y el mal aliento, soñando con dormir quince minutos más.

2 Como muestra de respeto a la orden divina de nombrar todas las cosas, a mi papá se le ocurrió bautizar a su auto “El Quemahuevo”: un Dodge Charger de 1979 color mostaza con capota negra que compensaba con estruendo

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Cortesia: amanda Gutierrez

su falta de velocidad. Siempre creí que, a pie, yo hubiese barrido el piso contra el carro en cualquier jalda. Era un vehículo de cuarta o quinta mano, de los que mi padre se empecinaba en comprar, con más desperfectos que virtudes, útiles para practicar el talento natural que, para la mecánica, él decía tener: talento que nos legó un cementerio automotriz en el patio que nadie en el hogar quería como herencia. El Día de los Padres, papi agarró una toalla, se la echó al hombro y enfiló hacia el solar: allí donde El Quemahuevo veía su estacionamiento y presentía su muerte. Pensé: “¿Toalla y carro? Éste va pa la playa”, y se me trababan las piernas de contentura por alcanzarlo. —¡Felicidades, pai! —celebré con una euforia fingida que el agite de la carrera vendía como verdad—. ¿Pa onde vas? —A ti mismo te estaba buscando —indicó sonriente—. Móntate. Voy a pagarle a Nito unos chavos que le debo. No hizo más que terminar la oración, y yo estaba abrochándome el cinturón de seguridad. —¿Cuánto le debes, pai?—proseguí para buscar algún tema de conversación que lo distrajera de arrepentirse, por si acaso. —Cincuenta pesos. —Ea, Diablo. Qué mucho. ¿Por qué tanto? —No es tanto, mijo. Es que tenía que completar pa unas cosas de la casa. Lo que pasa es que, si no le pago, como es prestamista, aumentan los intereses. Para entonces, aunque oí con atención, no entendía bien lo que aquello significaba, pero no necesitaba medio dedo de frente para interpretar que, de no pagar a tiempo, se fastidiaría. Por eso, lo dejé tranquilo. Continué absorto en el camino que pasaba ante mí a cámara lenta mientras el auto despotricaba sus caballos de fuerza. Una vez en casa de su amigo, papi salió del carro, cruzó por el frente para entrar por mi lado. Desabroché el cinturón para afincarme entre ellos. “Qué mierda. Me

quitó la ventanilla”, protesté entre sienes; sin embargo, me controlé para no meter la pata y garantizar viajes posteriores. —Guía tú, Nito, pa que cuando lleguemos le enseñes al nene. El tipo se montó por el lado del conductor. Blanco con ojos achinados. Tenía descuido en la barba. Apestaba a sudor, como cuando uno jugaba y sabía que hallaría en el cuello cuatro líneas de tierra en cuanto se viera al espejo. Alguien le había sembrado matojos en los sobacos. Afloraban sobre la camisilla gris con orgullo semejante al que una maleza de rizos le pronunciaba en el pecho. A Nito le colgaba una verruga de la oreja derecha. Quedé abstraído en sus detalles. Papi me espetó un codazo que me recordó un refrán que siempre le habitaba la boca: “El hombre de verdad es callado y discreto. A los chotas los matan en la cárcel”. Desde que tengo uso de razón, ha sido deber y obligación para mí, como hombre que soy, ya que lo soy, serlo “de verdad”. Cuando arribamos a la cumbre solitaria de un monte en donde solo la calle estrecha testificaba a favor del progreso, Nito se preparó para enseñarme a conducir. Estacionó el auto, se apoyó contra el espaldar, se levantó de pelvis, desabrochó la correa, se bajó el pantalón. Enseñó una monstruosidad que, según advertían los cantazos del corazón, me iba a herir con fuerzas de caballo. Traté de escapar por el otro lado, pero ya papi había puesto una mano sobre el elástico ceñido a mi cintura, aprovechó mi reflejo y, de un halón, lo deslizó casi hasta las rodillas. Yo me llevé las manos a los ojos para no creer. Subí los hombros, abrí la boca… —Te callas que son cincuenta pesos —me dijo—. Los hombres no lloran, y tú eres bien machito, ¿verdad? — preguntó con tono que exigía respuesta. —Sí —contestaba mi miedo ahorcado del galillo. —¡Duro, puñeta! —enfatizó. OCTUBRE 2011


Carlos Vázquez Cruz

Cortesia: amanda Gutierrez

—Sí —respondió con igual intensidad una voz que me abandonaba. —Toma —me hundió la cara en la toalla, a la que me aferré con ambas manos y con todos los dientes—. Así se hace, mijo —añadió mientras me acariciaba. Yo me sentí raramente feliz porque papi casi nunca hacía saber que me quería.

3 De viernes a domingo, él desaparecía. Pertenecía a una agrupación de electricistas, plomeros y conserjes que pellizcaban guitarras, despeinaban güiros, despojaban maracas, en bares polvorientos repartidos por la isla: sitios malolientes, malhadados, maléficos, cuya audiencia consistía de un fracatán de borrachos para quienes un peo y la Misa en si menor eran sinónimos. Tipos que no resistirían acercarse a ofrecerme buches de cerveza. Mi padre se impuso en casa un jueves. Decidió que quince años me capacitaban para ir de juerga. Él me mantendría cercano a la tarima. De tanto en tanto, yo sorprendería al público con una pieza. Con mi juventud y la ayuda de Dios, algún cazatalentos los liberaría de la pobreza con el contrato millonario que sus amigos y él esperaban desde 1955. En la memoria, he bautizado este recuerdo como la noche de los quinientos años. Sábado. Luna nueva. En vano intenté localizar luces en el cielo. —Al parecer, hoy todas las estrellas… eran fugaces —comenté. A mi edad, en aquel lugar, a aquella hora, padecía la mayor catástrofe: el aburrimiento. Cabeceaba al son de pésimas imitaciones del Cuarteto Marcano, de la Sonora Matancera. Aberraciones similares amplificadas por el cucarachero vibrante de dos bocinas. En una, un maracazo número 88

me aterrizó en el casco y quedé como si fueran las dos de la tarde. —Vete a la guagua y duerme —ordenó mi papá—. Todavía nos falta un set. Receso. El conjunto se reunía junto con varias doñas maltrechas de rostros garabateados. Las tasé. Me fijé en él: canas de mala vida, tambaleo cervecero, la cintura del mahón. Aquella “cintura” estaba marcada por una correa que cifraba esperanzas en el primer orificio. La “correa” era un anillo ancho que rodeaba, desde el norte trasero hasta el sur delantero, el saturno de su barriga. Papi: un viejo más implorando, al ritmo de Mayarí, que su cabellera no estuviera blanca. Lo vi internado en su asilo de ancianas/pasiones. Me retiré hacia el bus de los músicos a soñar con los angelitos. La portezuela se deslizó con timidez. Me despertó el anuncio de una pisada. Sentí tacto persistente y me moví un poco. El pianista comenzó a tocar. —Bebé —se trepó, delatado por su peso y la barba alborotada alfilereándome la nuca. —Ujum —soltó mi cara soñolienta contra el sillón. Sacudido en mí, me lo sacudí de encima. Salida. Entrada. El guitarrista y su instrumento. —Baby —expresó la nicotina en el esmalte de sus dientes. —Ujum —exhalé aguantando la respiración. El vehículo se mecía. Se estremecía. En intervalos, cada cual tocaba un bolero a su Bebé en la furgoneta abierta. Bebían, fumaban, olían y meaban. Se reían de como el otro hacía lo que hacía por donde lo hacía. Nueve voces susurraron la misma melodía detrás de mi cerebro. Mi papá llevaba la voz cantante. Ebriedad y humo hasta en el pelo. Baba, sangre, polvo, mierda entre las nalgas. Papi me tomó del brazo con mucha gentileza. Me apeó de la guagua. Me lavó con agua de un galón. Me entregó una toalla lo más bonita con diseños playeros. Me condujo de nuevo al asiento. La portezuela se

Cortesia: amanda Gutierrez

deslizó callada, discreta, como los hombres de verdad. La guagua tenía que ser masculina. Calculé la edad de aquel conjunto para dormirme. Me cayeron cinco siglos encima. Regresamos a casa domingo por la tarde. A la mesa, dinero y arroz con revoltillo. Yo comía; él contaba. La exaltación le columpiaba los labios. Comentó radiante que la semana siguiente daría un concierto en grande. La situación mejoró. Una máquina de videojuegos se parasitó al televisor. Con el tiempo, sustituyó a Radio Oro, la emisora divina, y demás estaciones inútiles. La bicicleta de moda correteó por el solar: allí donde El Quemahuevo yacía junto a sus ancestros con un árbol brotando a un lado del motor. Hubo clases de solfeo y canto con las que, a costillas mías, la cofradía de patriarcas planificaba la fama. Sus arcas financieras se alimentaron con actividades privadas. El Club de Leones, los Caballeros de Colón y la Logia Masónica, cantaban a viva voz el pie forzado Si hubieras visto a Bebé / con la música por dentro, pero mi padre y sus compinches fueron electricistas, plomeros y conserjes, hasta muerte. El grupo se encogió: a quinteto, a cuarteto, a trío, a dúo, hasta que Nito probó suerte en las lechoneras como “el hombre orquesta”, pendiente de que el cazatalentos lo acorralara en el estacionamiento de El Rancho de los Trovadores. Falleció hace dos años, a los setenta y siete, amparado por la limosna estatal. Yo los abandoné cuando papi pasó a mejor vida. Aquel día memorable, me arrimé al féretro, le besé los pies y lo bendije. Me dio lo mejor que pudo.

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Tamale Man ERIC GARCÍA

Furry Head

NAOMI MARTINEZ

Pilsen Totem DIANA SOLIS

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MICHEL FLYNN

Almighty PBR Street Gang

Be

MANOS/BUCKIUS COOPERATIVE

Pussy’s on Hummer

SAUL AGUIRRE

Semblantes

PBR STREET GANG:JOSE ARCEO, JUAN COMPEAN, AND ANTONIO MARTINEZ. FOTOGRAFÍA JACKIE OROZCO

RICK SHAW

Still de MBC @ The University

Performance

(Not) Mutually Exclusive ADRIENNE VETTE

CHARCKO Y ALFREDO ARCOS

Shelter

Limpiador de ventanas

Inspire

Still de The Men

DANIEL PUGH

WESLET WILSON

WERIK HOWARD

CHARLES FAIRBANKS

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Carlos Vázquez Cruz

Del poemario Sencillamente – publicado por Sótano Editores, 2010

De amores salados Aquel castillo de arena… Tan bello que era el castillo. Tan triste que era de arena.

Hambre Hambre de sueños compartidos y pesadillas bañadas con lágrimas mías y fuerza ajena. Hambre de encarnada tela que con sus hilachas acaricie mi melena. Hambre con un collar de brazos prendido a mi cuello marcado con tu nombre. Hambre de besos y abrazos. Hambre de hombre.

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Cortesia: amanDa Gutierrez

tu ojo de la aguja tu pez cuezo tus dientes de ajo tu lengua germánica tu muñeca de trapo tu mano de póker tu pez uña tu vena de artista tus dolores de cabezas tus bolas de cristal tu cañón de colorado tu flauta dulce tu leche paterna tu carne de cerdo tu beso negro tu talón de Aquiles tu súper ficialidad mi punto débil mi perro caliente mi pastor alemán mi ala del mundo

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Carlos Vázquez Cruz

oyéndote Oigo tu voz. Está nevando. La mirada de piedra se dispara contra los cristales. El viento domestica la ventana. Un árbol se despoja. Desierta lentejuela triste que vibraba casi helada a la intemperie. Crepita en la chimenea la imitación de un tronco que, como mi amor, nunca se apaga. La arritmia me recuerda que envuelto en un abrigo ando como desnudo si camino sin ti. Tiemblan gemelos estos ojos cristalinos cuando estiras un nombre desde el otro lado para tañer la campana de mi tímpano. Oigo tu voz por el teléfono y está nevando.

Cortesia: amanda Gutierrez

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Carlos Vázquez Cruz

Cortesia: aManda Gutierrez

Mentalmente Loca mente. Insolentemente se piensa poesía. Y minuciosamente te explora poro a poro en el infeliz reino de (la)mente, empecinadamente. Respetuosamente compila falsamente la nimiedad que hilvane lo que no fue –a su ahora- para rehacer su andanza enamoradamente. Traicionera mente. Y victoriosamente de esperanzados sueños se levanta la historia: esa única historia que seductoramente te envuelve en metáforas metafóricamente, pues atarte a los versos y a las líneas corridas es condenarte a mí, ensoñarme contigo –con un embrujo víspera siempre del día en que te vayas-, amarrarte a mi boca, enlazarte a mi espalda, ¡no importa!, excesiva, violenta, irrevocable, intransigente: disparatadamente. Entristecida mente. Porque impetuosamente se le arranca tu nombre; desenrosca tu espacio para saberte libre. Mente que sabe amarte. Mente que deja irte. Que soñadoramente reza por tu regreso, y reverentemente suelta maledicencias por quererte limitado e ilimitadamente. Excelente mente. Que no es poesía en sí, sino en ti como poema. Que no es poema en ti, sino despiadadamente entre estrofas dolorosas de tu sangre, tus sudores, tus alientos, desalientos, alas abiertas, caídas, y la frustración insomne de quien se conoce ausente. Todo esto hace mi mente cuando se acuerda de ti… cautelosa… orgullosa… conmovedora… desgarradoramente.

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tiempoextra

Diego el Cigala:

La gracia extraordinaria de una pasión destilada Catalina María Johnson

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e lo muchos temas de los que pudiera haber conversado con el cantaor español Diego “el Cigala” - quien se presenta en Chicago en noviembre, por primera vez, como parte de una gira mundial - lo que menos me esperaba era que aparte de los temas del flamenco y el tango, tendríamos ocasión de comentar a Buzz Lightyear y a José Alfredo Jiménez. El Cigala es sin duda, una de las mayores figuras del flamenco actual. Y además, su incursión a terrenos tangueros con el disco del 2010 “Cigala y Tango”, lo ha llevado a ser nominado para un premio Grammy. “Hecho histórico, creo”, me dice, hablando por teléfono desde su casa en Madrid, donde nació en 1968. La nominación al Grammy le llegó por la categoría del tango. Sin embargo, no es la primera vez que Cigala traspasa exitosamente las fronteras del flamenco. Ya con su álbum del 2004 “Lágrimas Negras”, en colaboración con el ilustre pianista cubano Bebo Valdés, Cigala ganó el Grammy Latino en la categoría de mejor álbum tropical tradicional. El Cigala me dice que, en cuanto al tango, sus actividades se centraron en un concierto en Buenos Aires, para el cual lo orientó su amigo el rockero argentino Andrés Calamaro, quien le recomendó a varios de los músicos que incluiría; otro amigo, el ex director técnico de la selección argentina César Luis Menotti, le aconsejó invitar a tocar al célebre maestro bandoneonista Néstor Marconi. El resultado fueron once tangos tradicionales grabados en directo en el tradicional teatro bonaerense El Gran Rex, a los cuales el Cigala les extrae matices bellos e inusitados al pasearlos por palos flamencos como la bulería o la soleá. Sin embargo, explica el Cigala, su afición por los tangos nace con el recuerdo de escucharlos cantados de la voz del legendario cantante de copla y flamenco Rafael Farina, su tío y uno de once hermanos quienes todos (incluyendo la madre del Cigala) cantaban. Sobre todo, dice recordar un tango llamado “Vino Amargo”, que era uno de los que se aprendió su tío al estar de gira en el continente americano en la década de los cincuenta, acompañando a la orquesta y la famosa artista Concha Piquer: “¡Yo de chiquitillo lo oía cantar ese tango y flipaba!”, dice Cigala. Más a este artista multifacético, aparte de cantante, se le conoce por ser la voz en español del personaje animado Buzz Lightyear. Le pido que me verifique si de verdad en la versión doblada de Toy Store 3, le había puesto voz al muñeco número 88

astronauta cuando entra en trance flamenco. “¡Voy al rescate, aunque me maten!”, me exclama, riendo, comprobando con una frase de la película que efectivamente, había sido él. Añade que su hijo de seis años en el cine gritaba emocionado al oírlo, “¡Ese es mi padre! ¡Es mi padre!”. En cuanto a proyectos futuros, Cigala me toma por sorpresa de nuevo al responder que le gustaría armar un proyecto en torno a las canciones del compositor de música tradicional mexicana José Alfredo Jiménez. Añade que con el salsero venezolano Oscar D’León, ya grabó la ranchera “Vámonos”, compuesta por Jiménez. “Me encantan las rancheras”, me dice; “las descubrí de mi querida Chavela Vargas... de mano de la mera mera.” Y al comentarle que por lo visto, habla en mexicano, de ahí en adelante el Cigala con gusto y mucho sabor, salpica la conversación con una gran variedad de mexicanismos. Me aclara que al igual que el tango, también tiene recuerdos de niño de que le hayan encantado las rancheras, desde el momento en que en el barrio madrileño de Lavapiés, cuando tenía unos siete años de edad, tocó un gran elenco de mariachis en la inauguración de la estatua de Agustín Lara que todavía se encuentra en ese sitio: “... imagínate, yo llegué y les estiraba las pistolas, les pedía monedas, les pedía que me cantaran. ¡Ay que gracia, por Dios!”. Me quedo impactada con la sencillez y elocuencia de este gran maestro del flamenco, y del humor con el que acompaña sus comentarios sobre la música, de la cual ha elegido volcarse en sus géneros más apasionados. Me explica: “Flamenco, tango, bolero, una ranchera bien dicha, son cantes bien puros, no se tiene que esforzar la máquina.” Sin embargo, concluye que el flamenco no tiene igual, ya que “es una de las músicas más profundas que hay - es un sentir, es un lamento, es una alegría, es una pena. El flamenco es todo”. Diego el Cigala presentará Cigala & Tango el 6 de noviembre en el Harris Theater. Para mayor información, visitar la página: http://www.harristheaterchicago.org/ events/2011-2012-season/cigala-tango

Cigala: “El flamenco es todo”

CortEsía dE old town sChool of folk MusiC

Catalina María Johnson es escritora y locutora/productora de programas de música latina para estaciones de radio pública. Para mayor información: www.catalinamariajohnson.com contratiempo

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El mural y sus cinto autores. De izq., a der.: Jimmy Longoria, Roberto Valadez, Oscar Moya, Marcos Raya, y Salvador Vega FOTOgRaFía anTOniO ZaVaLa

Celebran el mural ‘a la esperanza’ 32 años después Antonio Zavala

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inco pintores mexicanos y méxico-americanos se reunieron el 9 de septiembre en una galería de Pilsen, después de 32 años de haber pintado un reconocido mural en el exterior de la secundaria Benito Juárez. El mural, titulado “A La Esperanza”, fue pintado por Jimmy Longoria, Oscar Moya, Marcos Raya, Roberto Valadez y Salvador Vega en 1979. La galería Domínguez y Carlos de la Cullerton fue la anfitriona de los muralistas quienes crearon en su juventud este extenso mural que aún adorna el lado este de la secundaria sobre la Laflin. La galería, dirigida por Len Domínguez y Patricia Carlos, también montó una exhibición de los trabajos más recientes de estos cinco artistas que en su juventud aplicaron la brocha a las paredes públicas en su juventud. Un rompecabezas visual En competencia abierta Longoria, ahora de 57 años y residente de Hopkins, Minnesota, ganó con su diseño para que este fuera plasmado afuera de lo que era entonces una nueva secundaria. “Fue una sorpresa que ganara el concurso porque yo solamente estaba manejando el proyecto,” dijo Longoria, quien tenía 24 años en ese entonces. “A La Esperanza” fue el mural más costoso de esa época, con un presupuesto de 22 mil dólares. Se comenzó a pintar en la primavera de 1979 y para el otoño ya estaba terminado. Además es considerado uno de los murales más grandes de Pilsen y de la ciudad, con un total de dos mil pies cuadrados. Longoria dice que el mural está lleno de simbolismos y alegorías a la lucha de los hispanos por integrarse a la ciudad y ser parte de esta sociedad. “Cuando lo diseñé, me imaginé a los estudiantes de primer año caminando frente al mural cada día, así que incluí muchas imágenes que conformaran un rompecabezas visual que cada vez se va entendiendo más”, añadió Longoria vía entrevista telefónica.

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“El mural le está diciendo a los estudiantes que Benito Juárez no es solo una figura histórica sino que son ellos mismos en el futuro,” explicó el pintor. El mural necesita renovación El aclamado mural ha empezado a mostrar señales de deterioro y daños, a veces por “grafiteros”que lo han atacado. La secundaria Juárez ha pedido a Longoria que ayude a restaurar el mural pero éste dice que prefiere que una nueva generación lo haga. “Estoy muy contento con esta pared, se ha convertido en algo mas grande que yo”, confesó. El artista divulgó uno de los “secretos” de cómo se consiguió el dinero para subsidiar el mural. Miembros del comité de elección de la candidata a alcaldesa Jane Byrne habían visitado Casa Aztlán para buscar voluntarios. A nadie le interesó, excepto a Longoria. Una vez ganada la elección, la administración Byrne recordó que Longoria había estado en las trincheras para elegir a la primera mujer alcalde de Chicago. “Me tomó hacer nueve llamadas hasta que uno de la administración Byrne me dijo: ‘a ver, qué propuesta tienes’. Y nos dieron el dinero”, recordó Longoria. Como el Guernica de Picasso pero en tecnicolor Uno de los primeros jóvenes que Longoria contrató en 1979 para ayudar a pintar este icónico mural fue Roberto Valadez, un joven méxico-americano. “Creo que yo tenía 16 años y nunca antes había pintado”, dijo Valadez, ahora de 47 años. “Longoria me pregunto un día que si me interesaba ayudar. A mí me gustaba el arte y era estudiante de la Juárez, pero era muy tímido, no me gustaba hablar. Pero acudía a donde estaban pintando el mural, así que Longoria me dio una oportunidad y esa fue la primera vez que yo pinté y he continuado haciéndolo”, señaló Valadez, quien ahora maneja su propio estudio en Pilsen.

Oscar Moya visitó desde El Paso para participar en esta retrospectiva a este singular mural a la imaginación y lucha de los hispanos. “Yo tenia 23 años en ese entonces y en esos tiempos nosotros nomás hacíamos las cosas porque nos interesaban pero nunca pensé que aun recordaríamos esos tiempos unos 30 años después”, comentó Moya. “Nosotros éramos como la segunda generación de pintores que venimos después de Ray Patlán, Carlos Cortez y otros”, señalo este artista nacido en la Ciudad de México. Después de varios años de trabajar en Pilsen, Moya decidió trasladarse a El Paso, Texas, donde dice sentirse más cerca de sus raíces mexicanas. “Claro que extraño Pilsen pero el tiempo sigue y tenemos que seguir adelante”, dijo. Moya dio crédito a centros como Casa Aztlán, que en esa época dio el espacio y oportunidad para poder explorar nuevas ideas y continuar pintando. Marcos Raya, ahora reconocido a nivel de la ciudad y uno de los artistas que ha recibido más cobertura de los medios, tenía 32 años en 1979 cuando participó en la creación del mural. Malu Ortega, artista que también participó, regreso a México poco después. “Fue algo muy alegre pintar el mural con los demás, parecía mas bien un picnic”, comentó Raya. “Siempre teníamos música ahí”. Raya calificó al mural como uno de los más importantes y modernos de Chicago. “Alguien lo llamó el Guernica de Picasso en tecnicolor”, resumió Raya, oriundo del estado mexicano de Guanajuato. Salvador Vega, el quinto participante, tenía 21 años cuando prestó su talento para pintar el mural. “Había cinco artistas diferentes y todos teníamos nuestras destrezas y habilidades y las compartimos para crear algo para la comunidad”, finalizó Vega, quien por un tiempo se mudó a Wisconsin pero ha regresado a Pilsen.

Antonio Zavala, reportero independiente, es corresponsal de la Agencia EFE de España. Mexicano, es originario de La Puerta, Michoacán.

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Descubriendo un mundo nuevo de música en los Estados Unidos Latinos Catalina María Johnson Del 15 de septiembre al 15 de octubre, celebramos a nivel nacional el mes de la herencia hispana, mes que recientemente también algunos denominan el mes de la herencia latina. La música pareciera dar más fiel cuenta de nuestro patrimonio que las palabras que usamos para describirnos en este mes de celebraciones. Sin perder de vista sus raíces, nuestros

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Se dan influencias bastante inusuales, debido a juventudes en las se experimentaron muchos diferentes tipos de música. Zemog el Gallo Bueno (del apellido del fundador Abraham Gómez-Delgado al revés) banda basada en Boston, mezcla ritmos folklóricos puertorriqueños con rock metal, aún así incorporando instrumentos tradicionales como el cuatro puertorriqueño.

Se arraigan las tradiciones de este lado de la frontera. En Chicago, Sones de méxico ensemble, pioneros dentro del movimiento jarochicagoense, ha creado nuevos clásicos en su trayectoria como músicos dedicados a los diversos sones mexicanos.

Se crean fusiones globolocales, como las de Los rakas, que no solo parten de sus ritmos panameños que ya de por sí mezclaban a Jamaica, sino que llevan una buena dosis del hip-hop particular de Oakland, California, donde residen.

Nacen latinos honorarios, como Wil-Dog Abers, quien siendo miembro de la reconocida banda indie latina Ozomatli, de Los Ángeles, responde a su pasión por la música mexicana de banda y norteña fundando la banda el Gavachillo y su Banda Lluvia de estrellas, que toca composiciones ultramexicanas con los más leves toques roqueros.

músicos latinos ya en este país y en el contexto de diversas influencias, van desarrollando casi nuevos géneros en las que se explora una latinidad sin fronteras. Les brindamos, en orden aleatorio, algunas de las tendencias que hemos observado en la obra de los nuevos descubridores de mundos musicales latinos.

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Surgen mezclas de múltiples influencias pan-latinas, como la de la banda de Miami Locos por Juana, que aparte de hip hop y muchos metales, incorpora a través de sus vocalistas, St. Thomas, Puerto Rico y Colombia en una mezcla explosiva con bastante swing isleño.

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Una infusión cosmopolita le da nueva vida a las tradiciones, como en las composiciones de la mexicoamericana Sandra Velásquez, vocalista principal y compositora de Pistolera, agrupación basada en Nueva York, quien halla nuevos sentidos a la cumbia y otros ritmos norteños mexicanos.

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Adquieren nuevos matices géneros norteamericanos, como el jazz de la colombiana Lucía Pulido. Sus composiciones, en las que destaca la nítida belleza de su voz, tienen un carisma extraordinario al ser indudablemente colombianas y de exquisita sofisticación neoyorquina, todo a la vez.

Pistolera

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Renacen antiguos géneros híbridos, como el nuevo rock de la frontera de Brownout de Austin, Texas, grupo que retoma esos ritmos con los que se criaron varios de sus miembros de Laredo, añadiéndoles mucho, pero mucho funk.

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Se mezclan elementos de antiguas tradiciones como en el caso de la música de Los Po’ Boy-citos, de Nueva Orleans, quienes le añaden más mambo al sonido de esa clásica ciudad, o más Nueva Orleans al mambo cubano, dependiendo de cómo se les vea. De cualquier manera, es irresistible el gumbo musical que crean.

Cortesía M. sharkey

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Hay reinvención de tradiciones, como el nouveau mariachi del cantautor rana Santacruz, mexicano radicado en Nueva York, cuyas dulce melodías cuentan historietas que recuerdan a Gabriel García Márquez.

sones de México

Cortesía todd Winters

Tan diversos como sus raíces, son los ritmos y melodías de nuestros músicos, quienes exploran los límites de su latinidad sin algunos de las restricciones que quizás se hubieran dado en sus países de origen. Sin embargo, siguen teniendo en común con el arte latinoamericano el que sus letras nos comuniquen un mensaje claro muy aparte de que los ritmos nos pongan a bailar. Frecuentemente comentan en sus letras la experiencia inmigrante y la experiencia de conflictos en el enfrentamiento de sus múltiples culturas. Por ejemplo, Zemog el Gallo Bueno tiene una canción sobre el susto que le da a los niños un viejo gordo vestido de rojo (el Santa Claus estadounidense) en las parrandas puertorriqueñas. Brownout, aunque muchas de sus canciones son instrumentales, cuando canta, como en “Con el Cuete”, maneja temas como

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la violencia en la frontera. La situación de los inmigrantes la tocan muchos de estos artistas, como Locos por Juana con la canción “¿De dónde es?”; Sones de méxico con “Esta Tierra es Tuya” (su interpretación del clásico tema de Woody Guthrie); y Pistolera en la canción “Escucha” cuya letra reclama “¿Quién parece ilegal?” y le tira directamente a la xenofobia. Esta característica de mucho arte latinoamericano no la dejan atrás nuestros artistas: El arte debe tener conciencia.

Catalina María Johnson es periodista y locutora/productora de programas de radio para estaciones de radio pública. Para mayor información: www.catalinamariajohnson.com

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El Zoológico de Cristal en La Villita Rafael Franco

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ste pasado mes de septiembre, Repertorio Latino montó una adaptación de la seminal obra del dramaturgo estadounidense Tennessee Williams, “El Zoológico de Cristal”. Curiosamente, esta obra de Williams se estrenó por vez primera en Chicago en 1944, llegando a Broadway en 1945. Esta vez, la pieza regresa a las tablas de Chicago, pero ahora en La Villita y con un elenco latino, bajo la dirección de José Burgos, de Repertorio Latino. La trama gira en torno a Tom Wingfield y su familia, compuesta por Amanda (su madre), y Laura (su hermana), quienes pasan por unos momentos muy difíciles. La matriarca decide que la mejor solución para la precaria situación en el seno familiar es conseguir un marido a la hija, Laura. El problema es que la hija parece no contar con todos sus cabales, luego de un episodio de pleuritis durante la escuela superior. Amanda convence a Tom de que traiga a un pretendiente desde la fábrica de zapatos donde trabaja. El patriarca, referido sólo como Mr. Wingfield, abandonó la familia hace muchos años atrás, hecho que parece obsesionar al vástago Tom. Sin embargo la cita con el colega de Tom, un amigo de la infancia llamado Jim O’Connor, fracasa. Esta experiencia lleva a Tom a imitar a su padre y abandonar el seno familiar. De hecho, la obra está narrada desde el futuro, a través de las memorias de Tom. En la literatura sobre el teatro estadounidense, la interpretación de Amanda por parte de Laurette Taylor está considerada por muchos como un punto culminante y definitivo en la historia escénica de este país. Por tanto, tenemos que admitir que la interpretación que hace la argentina Alba Guerra es impecable y sobresaliente. No debió de ser fácil para la actriz, ya que el reparto completo hace una muy buena labor. Tanto Rafael Vargas como Tom, Vanessa Velz como Laura y Burgos como Jim, cada cual le brinda a su personaje idiosincrasias genuinas y características estelares. En ningún momento ninguno de los actores permiten que la energía merme y la acción sucede de manera natural y singular. En lo personal, encontré que “El Zoológico de Cristal” supera a muchas producciones anglosajonas del llamado “storefront theater”, el cual incluye teatros de 75 asientos o menos. No son muchas las compañías de teatro latino en Chicago, y menos son aquellas que logran superar la excelente calidad de los abundantes pequeños teatros que pueblan la urbe junto al lago. Y digo en lo personal porque he participado en algunas producciones con Halcyon Theatre y Theatre Y, tanto en Pilsen como en el norte de la ciudad. Repertorio Latino, considero, superó por mucho las ambiciosas producciones de Theatre Y de este verano pasado, las cuales incluyeron clásicos de Camus y Joyce, por mencionar sólo dos. Pero tampoco es que estuvo perfecta. También reconocemos que la iluminación del Little Village Theatre no logró ser certera y la utilización del espacio escénico pudo haberse beneficiado de al menos un cambio. Al tener siempre el mismo escenario, dependía de los actores brindarle a la pieza el enérgico dinamismo que se merecía. Por esta ocasión, los actores dieron el grado y lograron superar las limitaciones del escenario.

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Reportorio Latino

La experiencia de los actores fue de gran beneficio para la producción. En el último análisis, Repertorio Latino logra acertar con esta adaptación a pesar de las limitaciones del escenario y la iluminación. En efecto, Repertorio Latino demuestra que el teatro en español de Chicago es uno de variedad y mucha energía, capaz de trascender y brindarle a la audiencia una experiencia genuina de un teatro de primer orden. Esperamos con gusto la próxima producción de esta compañía, digna de una ciudad tan comprometida con el teatro como lo es Chicago.

Elenco: Tom: Rafael Vargas Amanda: Alba Guerra Laura: Vanessa Velz Jim: José Burgos

FotogRaFía CaRLos seRRan

Rafael Franco, poeta y escritor puertorriqueño, es miembro del consejo editorial de contratiempo

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Laura Garcia Arroyo y Eduardo Casar Gonzalez, presentadores de La Dichosa Palabra, hablaron ante sus seguidores en Chicago. FOTO: PAuLinA CAnDELAriO

La Dichosa Palabra, en Chicago Paulina Candelario

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l programa de televisión “La Dichosa Palabra” transmitido por Canal 22 Internacional en la Ciudad de México, es una invitación a la lectura. A través de una amena conversación, los conductores inducen al teleauditorio a interactuar sobre temas referentes a la literatura universal, corrientes filosóficas, artísticas y literarias. Paralelamente hacen interesantes reflexiones sobre la cultura popular con atinados comentarios y divertidas anécdotas. El pasado 16 de Septiembre, dos de los cinco conductores, Laura García Arroyo y Eduardo Casar González invitados por Radio Cosmos y la Fundación Jesús Guadalupe, visitaron Chicago para la grabación de uno de sus programas. El evento tuvo lugar en el auditorio de la Facultad de Medios Digitales de la Universidad DePaul, al cual acudió un publico interactivo y con gran disposición. Laura García, lexicógrafa de profesión, conductora, lectora y aprendiz habló sobre el “spanglish” – un lenguaje híbrido que forma parte de nuestra cotidianidad, en un país en el cual ser bilingüe nos dota con esta trascendental destreza. García opina que la importancia de comunicarnos con las personas nos hace moldear nuestra manera de expresarnos con los demás, modificando palabras, gestos y tonos para entregar un mensaje claro y descifrable a nuestros semejantes. Conjuntamente, es un suceso que no solo se ha dado en la actualidad sino que ha proliferado a lo largo de la historia como producto de la inmigración y el intercambio de culturas con el propósito de relacionarse. Para muchos el español es nuestra lengua materna, nos identificamos con ella y como menciona García: “Nos hace ser quienes somos y nos hace buscar la manera de unirnos mas con lo que nuestros padres nos han enseñado.” Sin embrago, al salir de casa y relacionarnos con el exterior se produce una extraña combinación entre inglés y español a la que también podríamos llamar ‘ingañol’, agregó. La necesidad de comunicarnos nos hace inventar e ingeniarnos un sin fin de palabras, que para algunos exigentes podría sonar como una deformación del idioma. Sin embargo, también hizo hincapié en que el “spanglish” no es una tergiversación del lenguaje. García nos explicó que existen otras realidades paralelas en las que el inglés también ha sido modificado y es un tema poco mencionado. Por ejemplo, en la actualidad muchos estadounidenses viven en Panamá a raíz de la historia del canal de Panamá. Su inglés ha cambiado y han tenido que adaptarse de acuerdo a las necesidades de su entorno y conjunción en el área. Igualmente, en otros lugares del mundo es un suceso que esta aconteciendo y es inevitable. García declaró que este hecho no solo se debe relacionar con la falta de integración social de los inmigrantes indocumentados en este país sino que es un tema de análisis y observación del cual aún hay mucho que aprender. Finalmente, nos invitó a comunicarnos de manera clara, y educada. Hay muchas puertas que se nos pueden abrir al hablar de manera correcta y cada uno de nosotros puede decidir su realidad. “Si hablas mal tu sabes que te puedes limitar, sin embargo si te sabes expresar podrás lograr más,” finalizó.

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Por otro lado, Eduardo Casar González, catedrático de la Facultad de Lenguas y Letras de la UNAM, Doctor en Letras, escritor y poeta, conversó sobre la importancia del lenguaje como un instrumento valiosísimo para comunicarnos de manera sensata y construir un mejor entorno. Como referencia, Casar nos deslumbró con su gran habilidad de memorizar recitando a la audiencia el capitulo sesenta y ocho de la Rayuela de Julio Cortázar. En esta parte de la novela las palabras inventadas y la entonación juegan un papel muy importante para lograr entender el contenido. Cortázar inventó un lenguaje, llamado “gliglico” o lenguaje musical que se interpreta como un juego y es construido a base de una combinación y mezcla de palabras y partes de otras y su relación a través de los sonidos que surgen de las mismas. Sin tener idea del significado, Casar, aparte de tener a la audiencia muy entretenida, nos dio a entender que nuestra manera de manifestarnos por medio del lenguaje es sin lugar a dudas elemental e ineludible. Su atinado sentido del humor y carisma intimaron de manera peculiar con los ahí presentes que ya estaban verdaderamente atraídos e interesados en la amena plática. Si bien, Casar también manifestó la importancia de poner atención a nuestro propio lenguaje, mejorando nuestros hábitos de lectura, enfrascándonos y refrescándonos con las palabras y contenidos de carácter cultural, y volviendo la atención a nuestro idioma. La lengua es intercambiable y de esa manera cada palabra crea un mundo con el cual nos identificamos y vivimos diariamente. Nosotros podemos crear una mejor realidad si nos acercamos a la lectura y eso es precisamente lo que “La Dichosa Palabra” pretende crear, mencionó. Finalmente, cabe mencionar que Alfonso Hernández, director de programación de Radio Cosmos, que es una iniciativa de la fundación Jesús Guadalupe, el Colegio de DuPage y la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), dio un interesante preámbulo sobre la historia del canal de televisión en el cual mencionó que existe una gran necesidad de plataformas de carácter cultural en los Estados Unidos. Añadió que en efecto vivimos tiempos difíciles y de escasez económica por lo que los gobiernos disminuyen significativamente presupuestos para producciones como “La Dichosa Palabra”. Sin embargo, nosotros como televidentes debemos de exigir que se mantengan programas como estos para el beneficio de nuestras comunidades. “La Dichosa Palabra” se transmite cada sábado a las 9:00 p.m., por canal 22 internacional. En Estados Unidos se puede ver por su señal por cable y Jumptv latino en internet. Próximamente en radio a través de SPR-Radio Cosmos.

Paulina Candelario estudiante de Comunicación Social en NEIU. Actualmente colabora como reportera de SPR- Radio Cosmos y es editora asociada de Rockoleta.com

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César Vallejo: mito

La moderna poesía peruana: de Valdelomar a Vicente Azar Roger Santiváñez

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a poesía peruana de la contemporaneidad –o moderna- comenzaría con Abraham Valdelomar (1888-1919) sin dejar de mencionar a Manuel González Prada (1844-1918) su más remoto ancestro. Para situar estas coordenadas históricas debemos señalar –en este período – la égida de Rubén Darío y su Modernismo en todo el ámbito hispánico (incluyendo la península ibérica) lo que en el Perú significó la presencia insoslayable de un gran maestro de la versificación llamado José Santos Chocano (1875- 1934): “Soy el cantor de América autóctono y salvaje/…/ Cuando me siento Inca, le rindo vasallaje / al Sol que me da el cetro de su poder real: / cuando me siento hispano y evoco el Coloniaje, / parecen mis estrofas trompetas de cristal”. Efectivamente parecen trompetas altisonantes sus versos, si las comparamos con éstos de González Prada: “Vengas de Londres, de Roma o París, / Sé bienvenida, oh exótica voz,/ Si amplio reguero derramas de luz”. De allí que –para muchos críticos- el autor de Minúsculas (1901) y Exóticas (1911) haya sido el más cabal modernista peruano e incluso una especie de adelantado postromántico parnasiano-simbolista en nuestras letras. En González Prada puede rastrearse la insólita poesía de José María Eguren (1874-1942) generalmente considerado post-modernista, pero cuyo ritmo es imposible desvincularlo del genio rubendariano. Eguren fue el poeta guía de los vanguardistas de los años 20 y 30 y él llegó a consignar: “Saludo a la Vanguardia transparente” en la revista Amauta (1926-1930) de José Carlos Mariátegui, quien –a su vez- proclamó a González Prada “el primer instante lúcido de la conciencia del Perú” debido a la dimensión de agitador anti-clerical y anti-oligárquico que Don Manuel encarnó en la pacata y reaccionaria Lima de aquel entonces. En este sentido son esenciales sus Baladas peruanas publicadas póstumamente en 1935. En la citada Lima de hace cien años, el joven poeta de más brillo era indudablemente Valdelomar, creador de Tristitia cuya estrofa inicial reza: “Mi infancia que fue dulce, serena, triste y sola/ se deslizó en la paz de una aldea lejana, / entre el manso rumor con que muere una ola/ y el tañer doloroso de una vieja campana”. Y de –según el estudioso y finísimo prosista Luis Loayza- el verso más hermoso de la poesía peruana, inserto en el primer terceto de dicha composición: “y luego el soplo denso, perfumado del mar”. En este ambiente –al que Valdelomar escandalizó con sus tennis y sus solapas rociadas de éter en el ultramontano Jirón de la Unión limensi- publicó la revista Colónida (1916) rescatando de la marginalidad a Eguren, cuya poesía desde Simbólicas (1911) había puesto en la picota de la obsolescencia a toda la poesía peruana anterior. Incomprendido, aislado y solitario el Peregrín cazador de figuras –como tituló unos de sus poemasEguren abría el cauce por donde iba a fluir el gran río de la poesía peruana de todo el siglo XX. Para muestra un botón: “En el pasadizo nebuloso / cual mágico sueño de Estambul, / su perfil presenta destelloso/ la niña de la lámpara azul./ Ágil y risueña se insinúa, / y su llama seductora brilla, / tiembla en su cabello la garúa / de la playa de la maravilla”. Hacia 1918 cuando César Vallejo (1892-1938) ya estaba en Lima, procedente de Trujillo –adonde bajó desde su andino pueblo de Santiago de Chuco- entrevistó a Eguren para una colaboración periodística, manifestándole su gran aprecio y admiración. Y también es fama el encuentro entre Vallejo y Valdelomar ocurrido en el Palais Concert del Jirón de la Unión, quien ante el saludo reverencial del genio de Trilce le respondió: “Ya puede usted decir en Trujillo que ha estrechado la mano de Abraham Valdelomar”.

Si bien la poesía de Valdelomar abrevó en esa fuente inagotable llamada Rubén Darío, la crítica ha visto un sesgo post-modernista en ella: sus paisajes costeros rurales y el ambiente de la provincia familiar, lo que en cierto modo lo vincularía al mexicano Ramón López Velarde- línea que habría influenciado toda la sección denominada “Canciones de Hogar” del primer libro de Vallejo: Los Heraldos Negros (1918) pero recién puesto en circulación en 1919, demora debida a la espera por el prólogo que iba a escribir Valdelomar, pero que jamás pudo realizar por su muerte súbita en un penoso accidente. Otra nota sui-generis en Los Heraldos Negros son sus marcas indigenistas, dispersas en todo el libro y no sólo en la más evidente sección “Nostalgias Imperiales”. Citemos el arranque del visitado poema Idilio muerto: “Qué estará haciendo a esta hora mi andina y dulce Rita / de junco y capulí;/ ahora que me asfixia Bizancio, y que dormita / la sangre, como flojo coñac, dentro de mí”. Bizancio es Lima, para el joven poeta provinciano sufriendo las inclemencias de la gran ciudad. Quizá debido a aquella impronta étnica es que Mariátegui en sus Siete ensayos escribió que Vallejo es el orto de la poesía peruana. Mas –indudablemente- son el hondón metafísico y la dimensión ontológica, los que otorgan la estatura universal de Vallejo, quien tras publicar Trilce (1922) –una de las cumbres del arte de vanguardia mundial- y una absurda experiencia carcelaria por una gresca inter-barrios en su Santiago de Chuco natal durante unas vacaciones; abandonó el Perú en 1923 para no volver jamás. “Me moriré en París con aguacero,/ un día del cual tengo ya el recuerdo./ Me moriré en París –y no me corro-/ tal vez un jueves, como es hoy, de otoño” –escribió- y efectivamente así sucedió. Estos versos son de su libro póstumo Poemas Humanos (1939) que contiene también España, aparta de mí este cáliz, conjunto editado el mismo año por los soldados de la República española en plena Guerra Civil. A partir de entonces Vallejo pasa al plano mítico. Como bien dijo Rodolfo Hinostroza en una especie de manifiesto personal de 1967: “Vallejo no es un poeta, Vallejo no es un hombre, Vallejo es un mito”. Ahora entonces podemos entrar de lleno a la vanguardia –avizorada por Valdelomar en su Luna Park. Así como aceptamos que Ecuatorial (1918) de Vicente Huidobro es el primer poema de vanguardia escrito en lengua española, podemos afirmar que Alberto Hidalgo (1897-1967) fue el primer poeta peruano con vocación y voluntad vanguardistas. En efecto, Hidalgo –influenciado por el Futurismo- publicó en 1916 Arenga lírica al Emperador de Alemania, para –según el crítico Clemente Palma de la prestigiosa revista limeña Variedades“servir a Marinetti, a la electricidad y al automóvil”. Pero su lenguaje todavía es tributario del modernismo. Habrá que esperar hasta Química del espíritu (1923), Simplismo (1925) – único ismo de la poesía peruana de vanguardia- y Descripción del cielo (1928) para encontrarnos al verdadero vanguardista que habitaba en Hidalgo: “Mi biografía es una esquina / soy el punto de choque de dos vientos/…/A veces cae una música desde el quinto piso/ para dar a mi arritmo un ritmo atónico/…/ Una desarmonía me armoniza con el todo/…/ soy una esquina en marcha”. Como puede observarse se trata de una suerte de fusión personal de creacionismo huidobriano y ultraísmo español, que –en realidad- fue el tono que primaría en casi toda la expresión vanguardista hispanoamericana. Probablemente el único capaz de despegarse de dicha impronta –debido a su genialidad- habría sido Vallejo, como queda claro con la ruptura absoluta que plantea el insólito Trilce (1922) libro imposible de explicar sin el contexto de la vanguardia, pero que supera ampliamente sus marcos referenciales por el sello

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personal vallejiano, el cual lo convierte en pieza única del arte moderno en primera línea: “Grupo dicotiledón. Oberturan / desde él preteles, propensiones de trinidad, / finales que comienzan, ohs de ayes / creyérase avaloriados de heterogeneidad,/ ¡Grupo de los dos cotiledones!”. Para el poeta Mirko Lauer –uno de los más importantes estudiosos del período- la vanguardia habría sido una estación revuelta, un instante por el que atravesaron la mayoría de los poetas peruanos de esa hora, pero en el que prácticamente nadie se detuvo para quedarse. Antes de entrar al grupo –o grupos- de vanguardia propiamente dichos, es conveniente mencionar a Juan Parra del Riego (1894-1925) y sus Himnos del cielo y los ferrocarriles (1925) publicado en Montevideo, donde radicó y murió; el cual contiene el futuromundonovista Polirritmo dinámico a la motocicleta. El grupo de individualidades más talentosas de nuestra vanguardia lo integrarían Martín Adán (1908-1985), Carlos Oquendo de Amat (1905-1936), Xavier Abril (1905-1990), Enrique Peña Barrenechea (1904-1988), César Moro (1903-1956), Emilio Adolfo Westphalen (1911- 2001) y Vicente Azar (1913-2004). Caprichosamente podríamos hacer un paralelo entre ellos y el conjunto de los “Contemporáneos” de México. Esta pléyade –diríamos- son los “Contemporáneos” del Perú. Aunque no tuvieran una revista que los unificara, los peruanos –todos ellos excepto Azar- estuvieron vinculados al mensuario Amauta de Mariátegui, quien –por su actitud- podría pasar perfectamente como un intelectual de vanguardia, más allá de que él pronto se definiera en los términos del socialismo científico. Martín Adán es quien mejor ejemplificaría la propuesta de Lauer. En efecto, luego de publicar en Amauta los anti-sonetos de Itinerario de primavera (1928) y el preámbulo de ellos, poema titulado “Gira” que lee: “una chimenea anarquista arenga a los campos campesinos / la humareda prende un lenin bastante sincero / un camino marxista sindica a los chopos / y usted señora con su tul morado condal absurda”; el gran poeta volvió al orden de la métrica hispana, la elaboración barroca y la exploración ontológica en libros fundamentales como La rosa de la espinela (1939), Travesía de extramares (Sonetos a Chopin) (1950), Escrito a ciegas (1961) o La mano desasida (Canto a Machu Picchu) (1964). Antes de todo esto había publicado la nouvelle vanguardista La casa de cartón (1928) donde inserta los increíbles poemas underwood. Para muestra un botón: “Prosa dura y magnífica de las calles de la ciudad sin inquietudes estéticas /…/ Las casas rumian sus paces de buey/…/ Me gusta andar por las calles algo perro, algo máquina, casi nada hombre/…/No quiero ser feliz con permiso de la policía”. Como puede verse en la poesía vanguardista de Adán: Revolución bolchevique, humor antiburgués, pirueta de lenguaje, el espectro mágico de “Zona” de Apollinaire, la marca de la invención moderna y una audacia a toda prueba, nos pintan de cuerpo entero al joven maravilla de fines de los turbulentos años veintes en el Perú. Concluiremos sintéticamente esta nota al vuelo. Carlos Oquendo de Amat escribió un solo libro: Cinco metros de poemas (1927) constituido por una sola tira de papel plegable (cinco metros) y con un intermedio a la manera fílmica. Poemas cargados de un lirismo exquisito en su imaginería ultraísta: “Para ti / tengo impresa una sonrisa en papel japón / Mírame / que haces crecer la yerba de los prados/…/ déjame que bese tu voz / tu voz / QUE CANTA EN TODAS LAS RAMAS DE LA MAÑANA”. Oquendo, comunista de corazón, viajó a España para pelear en la guerra civil, pero sucumbió de tuberculosis en Navacerrada, poniéndose una camisa roja para morir. Xavier Abril, amigo de André Bretón y

César Moro

Martín Adán

Abraham Valdelomar

Carlos Oquendo de Amat

los surrealistas en París fue el primer poeta peruano en reivindicar dicho movimiento –suma y cifra de la vanguardia- desde las páginas de Amauta. Publicó Hollywood (1931). Y luego –con un vanguardismo ya mediatizado- dos hermosos libros denominados Difícil trabajo (1935) y Descubrimiento del alba (1937). Enrique Peña Barrenechea lanzó Cinema de los sentidos puros (1931), brillantes poemas en prosa de lograda fusión vanguardista. Tuvo una larga vida de diplomático y prolongó su obra con títulos más moderados pero siempre de nivel. Igualmente diplomático Vicente Azar fue el último vanguardista del Perú, dando a conocer su magnífico Arte de Olvidar en 1942: allí están las hermosísimas prosas poéticas de “Hypnia”. César Moro, surrealista de la primera hora en Paris, 1925, se mantuvo fiel toda su vida a la actitud radical de dicho movimiento –a pesar de su ruptura con Bretón en un determinado momento-. Vivió en México donde trabó gran amistad con Xavier Villaurrutia. Debido a su choque con el puritano y atrasado medio limeño de los 1950s, estampó la famosa frase Lima, La Horrible que ha entrado a la historia cotidiana y futura de la ciudad. También en esta década editó su único libro en español La tortuga ecuestre (1958) –aunque compuesto en los treinta. Toda su obra restante es en francés. Emilio Adolfo Westphalen –quien también vivió en México escribió dos libros deslumbrantes Las ínsulas extrañas (1933) y Abolición de la muerte (1935) en los cuales su muy personal apropiación del lenguaje surrealista le permitió forjar una de las expresiones más altas de la poesía en idioma castellano: “He dejado descansar tristemente mi cabeza / En esta sombra que cae del ruido de tus pasos / Vuelta a la otra margen / Grandiosa como la noche para negarte /…/ He abandonado mi cuerpo / Como el naufragio abandona las barcas / O como la memoria al bajar las mareas / Algunos ojos extraños sobre las playas”. No podemos dejar de mencionar al grupo vanguardoindigenista Orkopata (voz nativa que quiere decir centro de la montaña) de Puno, en el sur andino del Perú. Acogidos por Mariátegui, sus poetas principales publicaron asiduamente en Amauta: Alejandro Peralta, Luis de Rodrigo y sobre todo su líder intelectual Gamaliel Churata (1897-1969) autor de un libro inclasificable titulado El pez de oro (1957). Oquendo de Amat era de Puno como los Orkopatas pero viviendo en la capital fue el enlace con el grupo vanguardista de Lima (1926), editor de la revista de nombre cambiante: Trampolín-Hangar-Rascacielos-Timonel –para cada númeroconformado por Magda Portal, Serafín Delmar y Julián Petrovick. Igualmente fueron ampliamente publicados por Mariátegui en Amauta. Ya en los años de 1940, la vanguardia histórica –como tal- había sido clausurada. Sin embargo, una nueva generación de poetas peruanos liderada por el talentoso y joven autor de Reinos (1945) Jorge Eduardo Eielson (1924-2006) surgió a la palestra, con un lenguaje de postvanguardia pleno de suntuosa originalidad que abriría uno de los principales cauces de la llamada promoción poética peruana de 1950. El otro sería el de la –así nombrada- poesía social de Alejandro Romualdo (1926-2008). Pero todo esto –la generación de la post-vanguardia- ya sería tema de un próximo artículo.

Roger Santiváñez: Poeta peruano radicado en Estados Unidos. Su último libro “Amaranth precedido de Amastris” salió en España, Editorial Amargord, 2010. Es catedrático de literatura latinoamericana en Rutgers University.

José Carlos Mariátegui número 88

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Rulfo y la inmortalización de lo mortal Febronio Zatarain

1 de septiembre del 96 1 de septiembre del 97 Ayer fue cumpleaños de Rafael. Seguramente su mamá le llevó un ramo de flores. Yo no tengo interés en visitar su tumba, pero cuando hablé con mi hijo Ulises me dijo que le gustaría ir a Guadalajara para visitarlo. Lo que dijo Ulises me hizo pensar en un personaje de Pedro Páramo, Dorotea, a quien un día, cuando se cansó de vivir, el alma se le desprendió. Y su alma anduvo vagando por el mundo de los vivos buscando quien rezara por ella para merecer el descanso eterno. Para Dorotea, al morir, nos dividimos: el cuerpo se va hacia abajo y el alma se va hacia arriba. Podemos deducir que para Juan Rulfo, autor de Pedro Páramo, hay tres mundos: el mundo de los muertos, que está bajo tierra; el mundo de los vivos, que es en el que estamos; y el mundo de las ánimas, que está flotando sobre el mundo de los vivos. Lo sorprendente de la novela es que los muertos (los cuerpos sin ánima) se saben muertos y conversan. Más de la mitad de Pedro Páramo es la conversación que se da entre dos cuerpos (el de Juan Preciado y el de Dorotea) acerca de cuando estaban en el mundo de los vivos y, por ende, en el mundo de esas ánimas que vagaban por las calles y por las casas de Comala. De la lectura de Pedro Páramo también podemos deducir que entre el mundo de los vivos y el mundo de los cuerpos muertos no hay comunicación. Tampoco hay puentes, porque un puente es posible entre cosas que se mueven en las mismas dimensiones, y el mundo de los cuerpos muertos es una cosa ‘aparte’. Los vivos nos movemos en cuatro dimensiones: el espacio (lo largo, lo ancho y lo alto) y el tiempo. Pero existe una quinta dimensión que está arriba del espacio y del tiempo, a la que llamo el ahorita. Desde el ahorita rulfiano es posible dialogar con ánimas que existen y que han existido. Si lo grafico, la primera percepción sería así:

E

vida

T E=espacio T=tiempo A=ahorita

la segunda sería así:

A ∞E

vida 26 | contratiempo

T∞

Juan Rulfo Cuando Rulfo estaba escribiendo Pedro Páramo, se encontraba en el ahorita, y pudo dialogar con las ánimas y quizá intentó hacerlo con los cuerpos de los muertos, pero no pudo porque, desde la perspectiva de su novela, es algo imposible. Los cuerpos de los muertos sólo pueden conversar con los cuerpos de los muertos. Las voces y los quejidos que Dorotea y Juan Preciado escuchan a lo lejos, son emitidos por otros cuerpos que también están bajo tierra. Y si gran parte de la novela Pedro Páramo es contada por dichos cuerpos, se debe a un acto de amor (de compasión) hacia lo perdido cuando todavía no se ha perdido. Es decir, es un acto de amor por los brazos, la espalda, el rostro que aún tenemos pero que algún día vamos a perder. Rulfo logra narrar el mundo de los vivos y de las ánimas desde lo que no tiene posibilidad de ser escuchado. Las ánimas escapan a nuestro espacio y a nuestro tiempo, pero no a nuestro ahorita. Una voz en el espacio y en el tiempo tiene sonoridad, tiene cuerpo; en cambio, una voz en el ahorita, se escucha pero no tiene sonido, no tiene cuerpo. Por eso el cuerpo enterrado de Juan Preciado recuerda que desde que se internó en el camino a Comala estuvo escuchando las voces de las personas con quienes se iba encontrando, pero las primeras que tuvieron sonoridad eran las de Donis y su hermana. Ésas fueron realmente las primeras voces. Las voces de Abundio, de Eduviges, de Toribio, de Damiana y también los murmullos y gritos en las calles de Comala, se escuchaban pero no tenían sonido porque eran emitidos por las ánimas. En el ahorita desaparece la sonoridad pero no el diálogo. En el ahorita se dialoga con las ánimas de los que todavía están vivos y con las ánimas de los que ya están muertos. En el ahorita lo que prevalece es el ánima. Rulfo escribió Pedro Páramo desde el ahorita, y lo que hace con nosotros como lectores es introducirnos en esa dimensión. Cuando Juan Preciado inicia su viaje a Comala ingresa en el ahorita pero no lo sabe; y cuando se da cuenta, los murmullos de las ánimas se posesionan de él y separan su ánima de su cuerpo: lo matan. Su ánima entonces se convierte en un murmullo indiferenciado, perdido con los otros, y su cuerpo es enterrado junto con otro cuerpo, el de Dorotea, que muere en el momento en que Juan Preciado está siendo echado en la fosa. Dorotea no quiere que su cuerpo sea enterrado solo y por eso decide morir en el instante en que se entierra otro cuerpo. La esperanza de Dorotea de que su cuerpo se sepa acompañado por otro cuerpo en su tumba es parecida a

la esperanza de la que escribió don Miguel de Unamuno: si no existe el cielo que por lo menos exista el infierno. La existencia del infierno viene aparejada con la eternidad del cuerpo, que es el que sería torturado. Las ansias de vivir hacen a Unamuno ver en un acto horrendo algo esperanzador. Para Rulfo el cuerpo y el ánima nacen, pero sólo el cuerpo muere, el ánima no. Pedro Páramo representa, pues, la inmortalización de lo mortal. Rulfo con esta novela ─al darles voz a los cuerpos de Juan Preciado y de Dorotea─ hizo lo mismo que Jesús cuando en el pasaje bíblico resucita un cuerpo, es decir, el cadáver de Lázaro. “Que nos entierren juntos en la misma tumba” Estos dos versos de una canción popular muestran las ansias de ser eterno en cuerpo, que está no solamente en los enamorados sino en la gran mayoría de los que nacen. Qué más ansias de vivir que las de la res que intuye que será sacrificada. Los gritos y los pataleos que puede dar el condenado a muerte son incomparables a los del puerco que presiente su fin. Esto sucede porque en el condenado a muerte, independientemente de sus creencias, está presente la idea del otro mundo. Ningún ser humano deja este mundo convencido de que no existe el otro. Pero en el animal no hay esa esperanza. Curiosamente, otro personaje de Juan Rulfo que aparece en el cuento Talpa, Tanilo, con tal de seguir viviendo, abandona su cama y deja que su esposa y su hermano arrastren su cuerpo para que lo pongan frente a la Virgen de Talpa. Tanilo espera que con su mirada la Virgen lo lave y lo deje limpio de llagas. En Tanilo ─como en los versos de la canción citada─ hay una convicción de que el milagro puede suceder. Pero la esposa y el hermano de Tanilo saben que lo están arrastrando a la muerte, que Tanilo se va a aliviar “hasta de vivir”. El cuento de Rulfo, además del ansia de vivir, te muestra la imposibilidad del milagro. Lo paradójico es que el mismo Rulfo se compadece tanto de este anhelo, que en Pedro Páramo logra lo que la Virgencita de Talpa no pudo: darle un cuerpo y una voz eterna a los muertos, es decir, a Dorotea, a Juan Preciado, a Tanilo...

Febronio Zatarain, mexicano, es co-autor del libro Y nos vinimos de mojados… OCTUBRE 2011


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La pena de muerte: no vale la pena Tres reflexiones en torno a Troy Davis Gerardo Cárdenas

I Condado de Butts, Georgia, otoño de 2011 El 21 de septiembre, el estado de Georgia ejecutó a Troy Davis con una inyección letal. De nada sirvieron cuatro intervenciones de la Suprema Corte, y muchas más de varias cortes de apelación. Tampoco tuvieron efecto evidencias y circunstancias surgidas veinte años después de que Davis fuera procesado y condenado por asesinato. Entre esas circunstancias, está el cambio en el testimonio de siete testigos. Completamente irrelevante fueron las peticiones, demandas, exigencias, de millones de personas y de figuras públicas estadounidenses y de otros países. Cuando un estado de la Unión Americana se decide a ejecutar, nada le mueve, nada le convence. Davis es el rostro más reciente en la larga lista de condenados cuyos casos de pena capital estaban plagados de irregularidades. No estoy aquí ni siquiera cuestionando la culpabilidad o inocencia de Davis. Cuestiono la brutalidad de un sistema que, ante la evidencia de errores, se encierra en la ignorancia y la arrogancia, y en el obsceno placer de la matanza. “A lo largo y ancho del país, el proceso legal de la pena de muerte ha demostrado ser discriminatorio, injusto, e incapaz de ser reparado”, indicó el diario The New York Times en su editorial del mismo día de la ejecución. Apuntaba el New York Times otro hecho fundamental para entender la cadena de circunstancias que ponen a los individuos en el camino inescapable de la pena capital: la policía hizo un pésimo trabajo en la reconstrucción del asesinato del que fue inculpado, y manipuló a los testigos para que Davis fuese inculpado. No lo dice el Times, pero queda implícito en las injusticias del sistema: la víctima de Davis, Mark MacPhail, era un policía. Y de raza blanca. Davis, que tenía antecedentes criminales, era negro. Y Georgia es Georgia. Geografía es destino.

II Terre Haute, Indiana, verano de 2001 En la corta madrugada del verano septentrional, a la hora en que matan al méxico-americano Juan Raúl Garza ya ilumina el cielo un sol esplendoroso. Garza es culpable de tres asesinatos y varios cargos de tráfico de drogas, y es el segundo reo capital federal en ser ejecutado, el 19 de junio de 2001, desde 1963 (el primero, una semana antes, había sido Timothy

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McVeigh, el autor de los atentados de Oklahoma City; la camilla fue la misma para ambas ejecuciones). Nadie duda de su culpabilidad. Garza mismo, ante los testigos de su ejecución, entre los cuales hay familiares de sus víctimas, pide perdón “por toda la pena y dolor que he causado”. Luego suspira. Segundos después ya sube el narcótico por sus venas, al que luego seguirá la inyección letal. Ahí, en el penal federal de Terre Haute, en la Indiana profunda, tierra del Ku Klux Klan, estoy cubriendo la ejecución de Garza, uno de unos cuantos reporteros que hemos tenido la suerte – decidida en efecto por azar – de asistir al acto, para luego contárselo a las decenas de colegas que esperan afuera, ansiosos por noticias de sangre fresca. En el debate de la pena capital, se dice que la palabra clave es “closure”, un término de difícil traducción pero que nos remite a la idea de que, matando a aquel que mató a los tuyos, el sistema te da a ti la posibilidad de cerrar el círculo del dolor. Una vida por otra. Ojo por ojo. Se ha hecho justicia. Esa madrugada, mientras el veneno va poniendo rígidas las extremidades de Garza, mientras sus ojos se quedan a media vela, busco en los ojos de los demás testigos el famoso “closure”. Encuentro rencor, miedo, repulsión. No creo que nadie se irá a su casa con un sentimiento de paz interior. Garza indudablemente merecía un castigo con todo el rigor de la ley por los crímenes que cometió. Terminar con su vida es tan absurdo, ciego, y estéril como cualquiera de aquéllos.

III Chicago, Illinois, otoño de 2011 Con frecuencia escucho, en el contexto de la guerra contra las drogas en México, voces que piden la instauración de la pena de muerte. Muchos de estos reclamos surgen de hartazgos, impotencias y desesperaciones, perfectamente comprensibles ante una guerra declarada por un gobierno débil y miope, carente de estrategia, y que ha resultado en la peor racha de violencia y muerte desde la Revolución. El debate repunta en ciertos momentos, el más reciente de ellos con la muerte de decenas de inocentes, en su mayoría mujeres, cuando un casino de Monterrey fue atacado y quemado por un grupo de sicarios. El horror indescriptible, se suma a la desesperación ante la falta de recursos políticos y jurídicos que garanticen la aplicación de la justicia en México. De ahí que muchos digan: al menos la pena de muerte disuadirá a los violentos. No es el caso, y si algo hemos aprendido de los gravísimos defectos del sistema de pena capital en Estados Unidos es que mientras mayores imperfecciones tienen el sistema de impartición de justicia, mayores y más graves

son los problemas de su expresión más extrema: la pena de muerte. Si en México el proceso de justicia es abismal, lo menos que podemos pensar es que la implantación de la pena de muerte se convierta en un cheque en blanco para que autoridades corruptas e ineficientes la apliquen de forma aún más discriminatoria que en Estados Unidos. Más que convertirse en un elemento disuasorio, en México la pena de muerte agravaría la pesadilla que viven sus ciudadanos. No abrumo con cifras y datos. Para unas y otros, recomiendo entrar en la página creada por Amnistía Internacional (www.amnestyusa.org) sobre la pena de muerte. Baste pensar en estos dos temas: desde 1973, cuando se restaura la pena capital en Estados Unidos, más de 130 reos de muerte han sido exonerados al encontrarse marcadas irregularidades y errores en sus casos. En 2003, el entonces gobernador de Illinois vació el pabellón de la muerte estatal, transfiriendo a sus convictos a penas de encarcelamiento de por vida, luego de que cuatro reos de pena capital fueron hallados inocentes gracias a evidencias obtenidas mediantes pruebas de DNA. ¿Sin embargo, cuántos, en Illinois y en Estados Unidos, habrán sido ejecutados injustamente?

Gerardo Cárdenas, escritor mexicano, es director editorial de contratiempo. En el 2011 ha publicado su primer libro de relatos “A veces llovía en Chicago” (Libros Magenta/ Ediciones Vocesueltas)

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Contratiempo 88 Octubre 2011  

Revista Contratiempo de Chicago. Arte y Pensamiento Latinoamericano en Estados Unidos.

Contratiempo 88 Octubre 2011  

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