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Contraportada Guaymas 6 de diciembre de 2017

EDITORIAL “Está cabrón”, me comenta esta mañana un trabajador de Comisión Federal de Electricidad, cuyo nombre me pidió no publicar para evitar algún llamado de atención de la empresa. Se refería a la desaparición de un compañero suyo ayer en Empalme, mientras se dedicaba a cumplir con sus tareas laborales. Se supone que este muchacho, de nombre Benjamín Ortiz Murillo, intentaba “cortar” la energía eléctrica en un domicilio de Empalme por falta de pago. El último reporte que envió a su supervisor indicaba que de la casa había salido un “malandro” y que tenía problemas con él, por lo que le dio instrucciones de que se retirara para evitar algo mayor. El tema es que desde entonces ya no se supo nada de él. Y el carro, propiedad de la empresa, apareció en el sector Perla Marina, en estado de abandono. “Y la verdad es que ahora estamos empezando a sentir miedo”, me dice esta persona, quien forma parte también del personal de Comisión. Me comenta que es común que cuando van a realizar el corte de energía eléctrica a clientes morosos, salgan los usuarios a suplicar que no lo hagan, otros más lo hacen de una manera agresiva, y en no pocas ocasiones les recuerdan hasta a su progenitora. “Ya estamos acostumbrados a eso. Pero ya para que uno de nosotros desaparezca, la verdad es que está cabrón, oiga. Eso ya es para dar miedo, mucho miedo”, me dijo. Y el lógico temor que esta persona manifiesta es el mismo que empezamos a sentir todos ante la imparable y espantosa ola de violencia en la que estamos inmersos, una arremetida salvaje y arrolladora de quienes están entregados al delito y que está salpicando de manera abrumadora al resto de la comunidad, incluso a la que nada tiene que ver en los conflictos con la ley. El desorden está presente y no se ve quién pueda frenarlo. México se está convirtiendo en una tierra de nadie, donde cualquier hijo de vecina tiene todo el derecho de privarnos de la libertad y hasta de la vida, y lo peor de todo es que NO PASA NADA. La delincuencia crece desmesuradamente como consecuencia de la libertad que existe para la comercialización de las drogas, y los adictos brotan por montones día a día. Estamos viviendo una de las peores etapas en la historia de México, e insisto, lo peor es que nada hace reaccionara nuestro gobierno, tan ocupado que están en proteger y alentar las corruptelas de muchos de sus integrantes, que hacen de todo, menos pensar en sus gobernados.

Cada día estamos más mal… y vamos para peor.


Contraportada Guaymas 10 de diciembre de 2017

EDITORIAL Si todo se hiciera sólo con la buena fe, el mundo sería una maravilla. Quiero decir con esto que se puede dar el reconocimiento al esfuerzo que el Ayuntamiento está haciendo para recolectar la basura en Guaymas, luego de que PASA decidió volver a suspender el servicio por el simple y sencillo hecho de que, otra vez, la Comuna no le está cubriendo los pagos correspondientes. Pero hay dos aspectos que son evidentes, indefendibles y preocupantes. El primero, que lo que están haciendo con sus carros habilitados como recolectores no está funcionando. Ahí les pongo unas gráficas para sustentar lo que se escribe. No hay capacidad en el municipio para atender el servicio como lo hace PASA. Y que no se tome esto último como que se justifica que la empresa haya decidido cancelar sus recorridos. La otra, lo más preocupante, que a pesar de que el problema con la empresa recolectora sigue ahogando las finanzas del Ayuntamiento (como muchas otras broncas más), no hay NADIE dentro de este que tenga la capacidad de encontrarle una solución jurídica a esto que, lejos de inhibirse, cada día se convierte en un problema más grave. En lo personal, sigo sin entender a los dueños de PASA. Estos señores ya saben que trabajar con Guaymas es un problema mayúsculo. Y sin embargo, bajo el argumento de un contrato, siguen aferrados a seguir aquí, aún con todos los millones de pesos que se les deben, como una especie de masoquismo que finalmente, a quien más afecta, es a la ciudadanía. Y por otra parte, lamentable que, desde que se buscó la forma de resolver un problema en cuanto a la recolección de basura con la contratación de una empresa especializada en ello, ninguna administración haya tenido la capacidad de hallarle una solución saludable para todas las partes. Al contrario, el que va llegando lo va empeorando. Mientras tanto, esta es la imagen que seguimos teniendo en nuestra ciudad.

Con todo y que se estén presumiendo buenos resultados.


Contraportada Guaymas 12 de diciembre de 2017

EDITORIAL La tragedia volvió a pintar de sangre la carretera Guaymas-Hermosillo. Y aunque cada uno de estos fatales acontecimientos se escribe en historia distinta, el de ayer no pudo haber sido más doloroso. El matrimonio que fue impactado por un automovilista imprudente --y cobarde de paso-- se había consumado apenas dos días antes. Les truncó en fracción de segundos lo que pudo haber sido un destino feliz. El recién desposado no sobrevivió al encontronazo. Podríamos elaborar aquí una historia con tintes muy dolorosos, por que los tiene, y satanizar a quien causó la tragedia, presuntamente parte del personal que labora en la construcción de la nueva autopista entre ambas ciudades. Pero creo que las familias del malogrado matrimonio ya tienen bastante qué sufrir con su tragedia como aportarle más. El deseo es sincero de que la resignación ante lo irremediable albergue pronto en sus hoy muy agobiados corazones. En medio del hecho que narramos, no faltarán quienes traten de responsabilizar a las autoridades, al gobierno, de la tragedia ocurrida. Es tan fácil lavarnos las manos y decir que son los funcionarios públicos los responsables de este tipo de acontecimientos, y hasta podemos enumerar presuntas omisiones que causaron este y los demás sangrientos choques que han ocurrido desde que se reconstruye esta carretera. La fotografía que acompaña a este editorial, la recogí del muro de Facebook de José Humberto Anaya. No tiene sentido explicarla. La foto se detalla por sí misma. Es la más pura y espantosa evidencia de la estupidez humana al conducir un vehículo. La insensatez raya en lo animalesco al exponer no sólo la vida propia sino también la de los demás. El accidente de ayer fue ocasionado por uno de esos seres irracionales que circulan por la carretera y creen tenerla a su más absoluta disposición, sin medir riesgos. El gobierno no tiene injerencia alguna en el comportamiento bestial de ese tipo de conductores. Hay que entender que estos accidentes se derivan de un comportamiento PERSONALMENTE imbécil. Y que van a seguir ocurriendo mientras sigamos creyendo que somos tan habilidosos en el volante que a nosotros no nos va a pasar. Ayer que viajaba rumbo a Hermosillo, me tocó ver a dos automovilistas de este tipo. Increíblemente, uno de ellos era una muchacha que no solamente conducía a una velocidad superior a los 120 kilómetros por hora en tramo de doble circulación. Mientras rebasaba en una de las desviaciones, iba enviando mensajes en su celular. Un brutal ejemplo del salvajismo humano. Mientras haya automovilistas descerebrados las tragedias seguirán enlutando hogares. En esta ocasión sí tenemos que reconocer que el gobierno está sacando adelante una obra moderna que brindará agilidad y certeza al automovilista en carretera. No es la falta de señalamientos lo que está matando gente. Al menos en esta ocasión, es la irresponsabilidad de algunos lo que sigue manchando con sangre el desarrollo de una buena obra.


Contraportada Guaymas 13 de diciembre de 2017 ·

EDITORIAL Ningún caso tiene hacernos tontos, y mucho menos que nos quieran ver la cara. Un 90 por ciento (mínimo) de quienes andan alborotados por acceder a las candidaturas a los distintos puestos de elección popular, de TODOS los partidos, son una partida de sinvergüenzas que ya le hallaron el gusto de estar viviendo ladinamente de los beneficios que brinda el pésimo sistema político-electoral que maneja México. Está por demás que vengan con el viejo y manoseado cuento de que están dispuestos a servir a la gente, cuando en muchos casos tienen un historial más negro que la conciencia de un sicario, y en casos muy específicos, han dejado huella indeleble de que su permanencia en los puestos públicos ha sido sólo para amasar recursos derivados de su ambiciosa y pervertida corrupción. Son ladrones, pues. Por desgracia del ciudadano que quisiera ver un futuro promisorio para el país, estado y municipios, son tan pérfidos y taimados, tanto hombres como mujeres, que saben jugar hábilmente con las mentes débiles, a quienes por lo regular bajan “el cielo y las estrellas” para sacarles el voto y después darles una olímpica patada en el trasero. De esa clase de alimañas está llena la clase política actual, la misma que toma acuerdos ya para “repartirse el pastel” durante el proceso de 2018. Es urgente abrir los ojos a quienes venden su voto por una miserable promesa. La gente más vulnerable debe meterse a la cabeza que una despensa mata el hambre por dos o tres días, y que 200 o 500 pesos sólo alivian la angustia económica durante el mismo tiempo. En cambio, su voto puede hacer que un o una sinvergüenza gane miles y miles de pesos durante 3 o 6 años sin otro interés que no sea asegurar su propio patrimonio. Hay que dejar de creer en las alianzas partidistas que sólo buscan el acomodo de los desvergonzados de siempre, en los discursos izquierdistas que predican sin el ejemplo y en los que se autonombran Mesías a conveniencia propia. Hay que acabar ya con todos aquellos que sólo se han dedicado a saquear al país y echarlos al cesto de la basura mediante la negativa del voto electoral. Hay que buscar entre ese diez por ciento restante a los que realmente han respondido y correspondido a su compromiso con la gente, que han trabajado en la política con el propósito de rescatar el buen gobierno y, ahora que se marca una apertura para las candidaturas independientes, buscar entre la comunidad a gente que, de manera ordenada y correcta, pueda ser postulado como alcalde o diputado. Esta es una buena oportunidad para revertir tanto daño hecho por muchos políticos sinvergüenzas. No hay que quedarnos al margen. ¿A quién propondría usted para una candidatura independiente? Analícelo y… ¡propóngalo!


Contraportada Guaymas 14 de diciembre de 2017 ·

EDITORIAL A ver: vamos revisando cómo anda el tema este de las alianzas con rumbo al 2018.El PRI, de acuerdo a su forma de actuar, no sorprende a nadie al decir que va en alianza con las rémoras políticas del Verde Ecologista y Nueva Alianza, un par de remedos de partido a donde va a dar gran parte de la basura tricolor para no dejar de mamar del erario. Los afrentosos del Frente Ciudadano por México, que ante lo ridículo de la propuesta pasó a ser una alianza por México al Frente (???), conformaron también su pandilla de cómplices. Van el agua revuelto con el aceite. PAN, PRD y Movimiento Ciudadano unen contubernios para seguir de mantenidos del dinero del pueblo. Y ayer, el esperado “mesías” mexicano desistió de su soberbio propósito de irse en solitario en busca de la Presidencia de México, y ya firmó alianza también con el PT y Encuentro Social. La clase política actual vuelve a hacer de las suyas, y en un alarde infame de ambición y codicia, se preparan para volver a quedarse bien acomodados en… en lo que sea, porque el “pastel” incluye desde la Presidencia con todo su derivado múltiple de secretarías, subsecretarías y demás puestos inventados, hasta cámaras de diputados y senadores. Y van a volver a estar los mismos de siempre. ¡Cínicos desvergonzados! ¿Por qué en estos momentos aquellos que tanto pregonan la corrupción que se practica en el ejercicio del gobierno y se rompen las vestiduras exigiendo beneficios para el pueblo humilde y bien jodido, no proponen la creación de sólo tres partidos políticos y se dejan de babosadas como las alianzas del cuento? Aquellos que dicen que Layda Sansores San Román es una valiente que se atreve a decirle “sus verdades” al presidente Enrique Peña Nieto, ¿por qué no le preguntan cuánto dinero ha ganado en su carrera política, que incluye ya dos veces la diputación federal, senadora y tres veces candidata al gobierno de Campeche con todas las millonadas de recursos que eso implica? Lo que pasa en México no es común en otros países. Las alianzas políticas no son más que una evidencia clara de lo corrompido que está el sistema en México, que no va a permitir nunca un cambio que saque a los malos políticos de la rebatinga, y sí en cambio va a seguir llevando al país a un rumbo sin destino para los más necesitados. En lo particular, considero factible la posibilidad de guardarme mi voto para una mejor ocasión


Contraportada Guaymas 15 de diciembre de 2017 ·

EDITORIAL Las discrepancias en la aplicación de la justicia en México es otro de los puntos que no han permitido que el país cambie de rumbo. Aquí, el común denominador es que el delincuente ande en las calles, y que una burda acusación sea más que suficiente para que una persona inocente vaya a parar a prisión, con procesos que llegan a extenderse por años. Vayamos de lo más simple hasta lo realmente delicado. Ayer por la noche, la policía detuvo a un “rata”, de esos que por las drogas “venden su alma al diablo” y son capaces de cometer las peores atrocidades en aras de seguirse destruyendo a sí mismos. Elementos de prueba para fincarle delitos los hay de sobra. Cometió un asalto a mano armada y un robo con violencia en un kínder. Está confeso. El tipo saldrá en unos días de la celda. Desde hace tiempo, los agentes del ministerio público, por evitarse trabajo, con una facilidad que pasma, liberan a delincuentes perfectamente acreditados como tales, los que naturalmente, regresan a sus prácticas cotidianas. En cambio, una falsa acusación ya sea de robo, violación o cualquier otra cosa en contra de alguien que no ha cometido delito alguno, abre las puertas para procesos abusivos, humillantes y degradantes, obligando al acusado a estar meses y hasta años bajo encierro, con ministerios públicos y jueces que se ensañan como si esos casos se tomaran a título personal. El nuevo sistema de justicia penal ha abierto las puertas para que, entre más grave el delito, menor sea el castigo. Ahí está el caso, por ejemplo, de lo que parece ser una inminente liberación de Guillermo Padrés Elías, a cuyo proceso se le da un trato eminentemente político y que, en consecuencia, le permitirá muy pronto andar paseando tranquilamente por las calles, como lo hacen ya otros miembros de su corrupto gobierno, entre ellos la esposa de quien fuera Secretario de Gobierno, Roberto Romero López, tratada como en alfombra roja nomás pisó México. Así nos desarrollamos en este país, donde lo absurdo es lo normal y la injusticia el pan de cada día. Donde los políticos crean reformas que se acomoden a sus más perversas intenciones y la corrupción permea hasta en la más arrinconada oficina pública. Dramático, por cierto, el relato que algunos “paisanos” hicieron a El Imparcial, donde confiesan sentir miedo (sí, ¡miedo!) de venir a México, y no precisamente por la delincuencia, sino por los ladrones uniformados de policías que, tan sólo de ver placas extranjeras a un vehículo, ya convierten a sus tripulantes en las víctimas de su maldita codicia. Y ay de aquel que intente rechazar las corruptas intenciones. Capaz y lo “cargan” de lo que sea para convertirlos en delincuentes. Y lo peor es que, mientras el país se sigue revolcando en ese tipo de problemas, los políticos crean envilecidas alianzas, todo con el más insano propósito de quedarse en el poder y seguir robando a manos llenas. Con el antecedente, claro, de que lo peor que les puede pasar es que pasen una temporadita tras las rejas para luego salir a disfrutar tranquilamente del producto de su perversa ambición. Así andamos.


Contraportada Guaymas 16 de diciembre de 2017 ·

EDITORIAL Hace aproximadamente un año, comenté en este mismo espacio sobre la necesidad urgente de suspender el contrato con la empresa recolectora de basura PASA. Soy el peor neófito en cuestiones legales, pero supongo que, dentro del contrato que hicieron Ayuntamiento y esta empresa, debe existir una cláusula de rescisión, por lo que sería cuestión de darle una buena revisada antes de que Guaymas siga siendo rehén de semejante compromiso. El simple hecho de no poder cumplir con una obligación de pago por parte de la Comuna, da un derecho legal, según entiendo, para ponerle punto final al convenio. Y si no se quiere hablar de derecho, por lo menos habría una propuesta entendible para crear otro compromiso ya terminado el contrato: se puede establecer un sistema de pago de la deuda pendiente. Y la empresa tiene que aceptar una negociación en esos términos. Ahora bien, hasta ahora consideramos que es el Ayuntamiento el que debe buscar ya la forma de ponerle punto final a este dolorazo de cabeza. Pero la empresa misma también, después de que por años ha enfrentado el problema del pago, desde hace tiempo debió haber planteado la rescisión del contrato de trabajo. Hasta ahora, sigo sin entender cómo es que se trabaja sólo para estar haciendo crecer una deuda que, entre más alta, más difícil será de pagar. Por otro lado, la Comuna también debe considerar el impacto económico que esto traería como consecuencia. Hay que revisar con qué cantidad de equipo material y humano se cuenta para poder cubrir la recolección de basura en Guaymas. En la medida emergente asumida estas semanas para suplir la ausencia de PASA, los resultados han sido catastróficos. Hay acumulamientos por doquier, una situación que, desde la perspectiva de la Armada de México, es un problema de salud, y por eso también ellos le están “entrando al quite”. Si la administración finalmente regresara a la práctica de recoger la basura en barrios y colonias, vendría otra etapa, creo yo la más complicada. Un pueblo mal educado nunca será un pueblo participativo para bien. Habría que empezar a culturizar a la comunidad para hacerla responsable en el nuevo esquema de trabajo. Si el camión de la basura va a pasar dos veces a la semana, sólo esos días se puede colocar ésta en la banqueta. Hacer lo contrario debe implicar sanciones económicas por parte del gobierno. Nos acostumbramos a que PASA (cuando pasa) pasaba a diario, y nos hemos ido con esa inercia para sacar la basura a la calle. Es mucho lo que se tiene qué hacer. Así es. Pero hay que hacerlo. No es posible que estemos inundados de cochinero y contaminación por la irresponsabilidad compartida entre autoridades, empresa y ciudadanos. Y no ponerse a trabajar en este delicado asunto, sí es responsabilidad directa del Ayuntamiento. Es imposible creer que, con tantísima gente trabajando ahí, a nadie se le ocurra que ya es tiempo de ponerle punto final a este desquiciante, polémico y cochino asunto.


Contraportada Guaymas 19 de diciembre de 2017 ·

EDITORIAL Prometo que trataré de ser lo más mesurado posible en mi columna de hoy. Lo que ocurre en Guaymas difícilmente pasa en otras ciudades civilizadas del planeta. De la indignación que causa tener una administración pública incapaz de superar los múltiples problemas que tenemos, hemos pasado al oprobio, a la ignominia y al descrédito como sociedad, por culpa de unos salvajes disfrazados de políticos que, usando el tema de la recolección de basura, bajaron a su más ínfimo nivel como seres humanos. Soy un crítico de Lorenzo De Cima Dworak, convencido como estoy que perdió su rumbo como servidor público y no supo (o no quiso) ser humilde, permitiendo que su arrogancia le hiciera equivocar el rumbo. No hay mucho qué explicar sobre esto: Guaymas es una ciudad oscura por la falta de alumbrado público, la inseguridad llega a niveles bárbaros, como el artero ataque a plena luz del día de cobardes delincuentes a una joven madre, y ahora revolcándonos en la inmundicia por la basura regada por todas partes. Pero lo que están haciendo algunos imbéciles (imposibles llamarles de otra manera) para capitalizar políticamente el grave problema de la basura, raya en la bajeza y en la canallada. Jamás había visto políticos tan más pendejos en su actuar para cobrar facturas y promoverse como prospectos para seguir en el gobierno. Estos son peor que la basura que se pudre en los barrios y colonias. No sé si en otras partes pasará lo mismo que en Guaymas, pero sinceramente, no creo que haya chusma más mezquina y despreciable que los que se autonombran líderes sociales y/o políticos de acción en nuestro querido puerto. Bien lo dijo el periodista Sergio García en alguna ocasión: en Guaymas hay que hundir el barco, aunque nos ahoguemos todos. Y eso es lo que estamos haciendo con el tema de la basura. El idiotismo en toda su magnitud. Por favor, no seamos tan pendejos. Si el alcalde “no pudo con el paquete” y si esto está hundiendo a Guaymas en la suciedad, no es echándole la basura frente al Palacio Municipal, como presuntamente lo promovieron politicuchos de quinta, (incluyendo regidores, me dicen) como vamos a exigirle cuentas. El alcalde termina su período en septiembre y llegará otro, y va a enfrentar los mismos problemas y quizá tenga mejores resultados. Pero la actitud irracional y descabellada que estamos teniendo como sociedad es otra cosa. Estamos mostrando una pobreza social inconcebible. El gato cuando zurra cubre sus desechos con tierra. Nosotros la estamos cagando por todas partes, y hasta nos sentimos orgullosos de hacerlo. ¿Cómo podemos estar tan retrasados? ¡¡No quiero que me dé pena decirme guaymense!! Entiende que no es yendo a tomar video a una persona enferma pero famosa que pregunta si se va a recoger o no la basura como aportamos algo positivo para el mayúsculo problema que estamos enfrentando. Esas son porquerías de tu parte. Si hubo para pagar un dompe y subir la basura para tirarla frente a Palacio, ¿por qué demonios no fuiste a tirarla al lugar apropiado? Y me atrevo a preguntarte a ti, “genio” creador de esta idea: ¿sientes después de esto una satisfacción inmensa, así como para pensar que has cumplido con tu compromiso que traías para esta vida? Como sociedad, nos estamos viendo bastante mal. A estas alturas, los reproches y las actitudes revanchistas, así como la perversidad política, deben hacerse a un lado. Tenemos un problema con la basura y eso se puede convertir en un gravísimo problema de salud. A mí no me importa cómo se sienta o qué tan mal le vaya a ir al alcalde cuando termine su período. A mí me preocupa estar en riesgo de contraer una enfermedad. Al guaymense que cree estar haciendo bien con esta sarta de estupideces, le pido: reacciona. Lo que estás haciendo no perjudica a la autoridad en turno. Te afecta a ti. Y de paso, nos llevas entre las patas a todos. Ya basta, chingado!!


Contraportada Guaymas 21 de diciembre de 2017 ·

EDITORIAL ¿Sabe usted lo que es la demencia vascular, conocida también como de infartos múltiples? Es un tipo de demencia resultado muchas veces de un derrame cerebral. Cuando esto ocurre, áreas pequeñas del cerebro se dañan irreversiblemente. La aparición es repentina. Los síntomas dependen de qué área del cerebro está afectada, pero la memoria y otras funciones cognitivas, como la habilidad de tomar decisiones o de expresarse, están dañadas. Esto lo anduve investigando porque, ocasionalmente, me da la impresión de que muchos (sí, ¡muchos!) políticos sufren algún tipo de demencia. Y me pude percatar que nada tiene que ver con el Azlhaimer, ni tampoco con otras conocidas como la demencia con cuerpo de Lewy, que causa delirio, alucinaciones, problema de movimiento y una disminución de la habilidad cognitiva, ni tampoco con la demencia frontal-temporal, que afecta la personalidad y el habla, pero no la memoria. Aquí “hay nomás de una sopa”, y nos referimos específicamente a esa demencia que perjudica gravemente el cerebro de mucha gente que se mueve en el ámbito político, evidenciándose más cuando emiten declaraciones que manifiestan un grave trastorno físico, un retraso mental que les impide recordar toda la estela de trapacerías cometidas y acusan a sus contrarios de actitudes cínicamente practicadas por ellos mismos. Hay un caso concreto, el del precandidato a la Presidencia de México por Acción Nacional, Ricardo Anaya Cortez, quien en los últimos días ha emprendido feroz embestida en contra de lo que él llama los corruptos del PRI, y en una actitud increíblemente insolente y desvergonzada, pasa por alto los escándalos en los que se ha visto inmiscuido el partido al que pertenece. Sin ir más lejos, ahí está el caso de Guillermo Padrés Elías. No hace mucho tiempo, el ex titular de la Cofepris, Miguel Ángel Toscano, denunció al ahora ex dirigente nacional del PAN y a su entonces secretario general y hoy su sustituto, Damián Zepeda Vidales, por “fraude”, al “alterar” los estatutos del partido para permanecer en sus cargos hasta un día antes del registro de precandidaturas a la presidencia. Toscano manifestó ante el Instituto Nacional Electora que, con la modificación, Anaya Cortez evitaba renunciar y se beneficiaba con recursos como dirigente partidista y aspirante a la primera magistratura del país. Ahora este muchacho evidencia la necesidad de urgente atención médica psicológica. ¡Ya se le olvidó! Pero bueno, el caso de Anaya Cortez es tan sólo uno entre los miles de casos de políticos y políticas que, en un alarde de atrofia cerebral, se acusan unos a otros de todos los delitos habidos y por haber mientras están metiendo la mano descaradamente en el erario. Bien dicen que para ser un buen político hay que tener características muy específicas, entre estas, precisamente, sufrir demencia en los casos que así se considere convenientes. Es muy poco lo que puede considerarse rescatable dentro de la actual clase política. La mayor parte de esta está impregnada de dementes corruptos, obsesionados por los beneficios que otorga el estar dentro del poder público, el cual, apenas llegando, los enferma. Y si no me cree, recuerde todas las promesas que le hicieron en campaña. En cuanto llegan al cargo público buscado… ¡¡ya se le olvidaron!! Caray… ¿habrá qué compadecerlos?


Contraportada Guaymas 22 de diciembre de 2017 ·

EDITORIAL Pues… el problema es que todos acusan lo mismo, pero al final de cuentas, las cosas siguen iguales. Me refiero a las declaraciones que hizo ayer en Hermosillo el precandidato del PRI a la Presidencia de México, José Antonio Meade Kuribreña, al referirse al tema de la corrupción. Y el discurso vuelve a ser el mismo, exactamente el mismo que utilizan todos los que se desenvuelven en la política tan sui géneris que se practica en nuestro país. Palabras más palabras menos, el aspirante priísta dijo que, en los casos de corrupción donde estén involucrados servidores públicos y/o políticos, no deben existir obstáculos para que las autoridades investiguen hasta las últimas consecuencias. El problema no es la investigación de los hechos, y menos todavía cuando estos saltan a la vista. La situación en México es que casi nunca hay esas últimas consecuencias. Y cuando llega a haberlas son como el viejo castigo de sentar en la esquina con las orejas de burro. Vaya, unos cuantos meses en prisión y párale de contar, pues. En otra parte de sus respuestas a gente del grupo Healy, dijo que la inseguridad y la corrupción son los principales problemas que hoy aquejan a México, y que de atacarse estos, incidiría en la mejora de la economía de las familias y la competitividad del país. Se refirió también a darle más impulso a la economía familiar y bla, bla, bla. No dijo algo diferente a lo de los demás. Ese tipo de discursos ya están desgastados. Lo peor que pueden hacer los políticos de hoy, sobre todo aquellos que aspiran a ganar un puesto de elección popular, es no tocar el tema de la corrupción, por la simple y sencilla razón que todos ellos forman parte de un sistema corrupto, ensuciado por la ambición desmedida de gente sin escrúpulos, que ha llevado a México a ser habitado por cada vez más millones de pobres. Me da tanta risa cuando hablan de estabilidad económica mientras en los barrios más vulnerables la gente se está muriendo de hambre, tratando de completar para un kilo de frijoles y tener con eso una cena navideña. Ese tipo de manifestaciones son una burlesca cachetada a la gente pobre. En las campañas políticas vamos a volver a tener más de lo mismo. Los mismos gritos, las mismas cantaletas y, lo peor… los mismos corruptos de siempre. Esto no cambia.


Contraportada Guaymas 25 de diciembre de 2017 ·

EDITORIAL En medio de la lluvia de parabienes y buenos deseos propios de la Navidad, quisiera poder escribir solamente de cosas positivas y decir a todos que ojalá hayan pasado una Noche Buena tranquila, y que esta Navidad esté cargada de bienestar, paz y felicidad. Igual, desear que el año venidero sea el mejor aporte de proyectos cristalizados y ambiciones productivas alcanzadas. Quisiéramos todos, creo yo, ser optimistas en torno al futuro inmediato que nos espera con la llegada del 2018. Pero sinceramente lo veo un poco complicado. Más todavía porque vemos cómo se precipitó la conclusión del presente año sin que hayamos logrado tener un avance provechoso como comunidad, algo que lamentablemente nos estamos negando de nuevo. Guaymas parece haberse detenido en el tiempo, con poco progreso y muchos retrasos, y como aderezo terrible a todo esto, los hechos violentos regresan con una furia inusitada, causando ya no solamente la conmoción social, sino además acrecentando el temor el sólo hecho de salir a la calle. No voy a ponerme en un plan negativo. Ni al caso. Pero sí reflexivo. El propósito único es revisar nuestra situación como guaymense que soy, que amo a mi tierra y que quisiera verla diferente. No desde un sentido ambiguo, sino realista. Sin intentos de criticar por el simple hecho de hacerlo, sino como una especie de levantar mi dedo para, ocasionalmente, también se escuche mi voz de ciudadano. Por lo regular, a la gente común nadie “nos pela”. Todo se maneja de forma oficialmente unilateral. Lamentable que esté terminando el año y que el asunto de la recolección de basura no se haya resuelto. La polarización sociopolítica ha dado al traste con cualquier buen intento de hallarle una solución a un problema que ya es de salud pública. Las posturas se polarizaron y nadie “da su brazo a torcer”. Por el contrario, se radicalizan, las advertencias se convierten en amenazas, y la ciudad se inunda cada día más de contaminación y basura, creando de paso una imagen de pueblo sucio y maloliente. Ahorita, no se ve en qué vaya a parar esto, pero no se vislumbra nada positivo. La seguridad pasó ya a un segundo o tercer término. De ser Guaymas espectador de hechos violentos a través de los noticieros nacionales, nos convertimos ya en “tierra caliente”, donde los asesinatos más sanguinarios se cometen a plena luz del día, consecuencia lógica del ya totalmente descontrolado uso y consumo de drogas y la indiferencia que al tema muestran las autoridades que debieran estar encargadas de combatirlo. La juventud positiva está obligada en estos momentos a convivir con gente perturbada por la maldad y las adicciones. Ni en las escuelas están seguros ya nuestros hijos. En el tema del alumbrado público, quienes nos gobiernan se empecinaron en convertirlo en un asunto político y, atropellando brutalmente el legítimo derecho que tiene el ciudadano que cubre obligadamente sus impuestos para tener luz en las calles, han desechado cualquier intento de llegar a un punto de común acuerdo. Hoy, Guaymas luce oscuro en sus noches, incentivando con ello a la delincuencia y mostrando una lúgubre imagen, mientras que el gobierno municipal sigue enredado en enfrentamientos estériles y lesivos sin dar una solución concreta. Lastima ver que el año transcurre, y en sus estertores, no alienta al inicio de una mejor etapa en 2018. Pareciera más bien que se apresura el paso rumbo al precipicio, y lo peor es que el ciudadano común adopta, mejor, una actitud pasiva, desganada y apática. Ya hasta divertido resulta ver los montones de basura acumulados por doquier, mueve al morbo enterarse del nuevo crimen, y nos agregamos todos al vehículo de la insensibilidad y la indolencia, preparando con ello la más dañosa herencia que estamos dejando a nuestros hijos. Llegará el año venidero con figuras ya emblemáticas de cada proceso electoral. Se preparan ya los discursos que habrán de combatir con maldad a la competencia, pero nadie aporta, hasta este momento, gobernantes y gobernados, un proyecto que mueva a considerar la posibilidad de entrar a una etapa de positivismo para nuestra región. Por el contrario, la brutalidad política toma mayor fuerza y el encono feroz advierte un proceso electoral muy desafortunado. Es una pena no poder decir que este año estuvo bien y que el siguiente será mejor. Aún así, le deseo a usted lo mejor.

Editorial Digital Diciembre 2017  
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