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Contraportada Guaymas 12 de diciembre de 2017

EDITORIAL La tragedia volvió a pintar de sangre la carretera Guaymas-Hermosillo. Y aunque cada uno de estos fatales acontecimientos se escribe en historia distinta, el de ayer no pudo haber sido más doloroso. El matrimonio que fue impactado por un automovilista imprudente --y cobarde de paso-- se había consumado apenas dos días antes. Les truncó en fracción de segundos lo que pudo haber sido un destino feliz. El recién desposado no sobrevivió al encontronazo. Podríamos elaborar aquí una historia con tintes muy dolorosos, por que los tiene, y satanizar a quien causó la tragedia, presuntamente parte del personal que labora en la construcción de la nueva autopista entre ambas ciudades. Pero creo que las familias del malogrado matrimonio ya tienen bastante qué sufrir con su tragedia como aportarle más. El deseo es sincero de que la resignación ante lo irremediable albergue pronto en sus hoy muy agobiados corazones. En medio del hecho que narramos, no faltarán quienes traten de responsabilizar a las autoridades, al gobierno, de la tragedia ocurrida. Es tan fácil lavarnos las manos y decir que son los funcionarios públicos los responsables de este tipo de acontecimientos, y hasta podemos enumerar presuntas omisiones que causaron este y los demás sangrientos choques que han ocurrido desde que se reconstruye esta carretera. La fotografía que acompaña a este editorial, la recogí del muro de Facebook de José Humberto Anaya. No tiene sentido explicarla. La foto se detalla por sí misma. Es la más pura y espantosa evidencia de la estupidez humana al conducir un vehículo. La insensatez raya en lo animalesco al exponer no sólo la vida propia sino también la de los demás. El accidente de ayer fue ocasionado por uno de esos seres irracionales que circulan por la carretera y creen tenerla a su más absoluta disposición, sin medir riesgos. El gobierno no tiene injerencia alguna en el comportamiento bestial de ese tipo de conductores. Hay que entender que estos accidentes se derivan de un comportamiento PERSONALMENTE imbécil. Y que van a seguir ocurriendo mientras sigamos creyendo que somos tan habilidosos en el volante que a nosotros no nos va a pasar. Ayer que viajaba rumbo a Hermosillo, me tocó ver a dos automovilistas de este tipo. Increíblemente, uno de ellos era una muchacha que no solamente conducía a una velocidad superior a los 120 kilómetros por hora en tramo de doble circulación. Mientras rebasaba en una de las desviaciones, iba enviando mensajes en su celular. Un brutal ejemplo del salvajismo humano. Mientras haya automovilistas descerebrados las tragedias seguirán enlutando hogares. En esta ocasión sí tenemos que reconocer que el gobierno está sacando adelante una obra moderna que brindará agilidad y certeza al automovilista en carretera. No es la falta de señalamientos lo que está matando gente. Al menos en esta ocasión, es la irresponsabilidad de algunos lo que sigue manchando con sangre el desarrollo de una buena obra.

Editorial digital 12 de diciembre de 2017  
Editorial digital 12 de diciembre de 2017  
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