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Contraportada Guaymas 29 de enero de 2018

Columna Contraportada Lo que estamos viendo en estos momentos de precampañas en los partidos políticos, no es más que el preludio de lo que se espera para el arranque formal de los trabajos de proselitismo. Hoy en día, hacer campaña se circunscribe única y exclusivamente a denigrar, injuriar y vilipendiar a los candidatos contrarios, en medio de una pobreza vergonzosa y pusilánime de propuestas ciudadanas, pero con la ambición desmedida de estar dependiendo del erario. Desde que a los tres niveles de gobierno la corrupción llegó para quedarse, la búsqueda del poder público se convirtió en un escenario de enfrentamientos encarnizados y rivalidades degradantes. La clase política actual es la más cínica y desvergonzada de la que se tenga memoria. Hoy, la inmensa mayoría de los hombres y las mujeres que se mueven dentro de todo esto, son perversos insaciables y codiciosos del dinero ajeno. Vulgares ladrones, pues. Los tiempos en que los candidatos salían a las calles a buscar el voto ofreciendo alternativas para tratar de mejorar el ejercicio gubernamental, se terminaron desde hace buen rato. El crimen de Luis Donaldo Colosio Murrieta, el del diputado electo en Ciudad Obregón, Eduardo Castro Luque en 2012, y muchos otros más, son la muestra de que el ansia por el poder no conoce límites. Hoy en día, al enemigo se le derrota, no con buenas propuestas para el potencial electorado, sino buscando el más calumnioso de los descréditos, no sólo en contra de la persona que busca ganar la elección, sino también de todos los que lo rodean, inclusive familiares. Y lo peor de todo es que los más ambiciosos son los que señalan “con índice de fuego” a los corruptos, en un alarde descarado de que “la zorra nunca se ve la cola”. Vivimos en un país donde la vergüenza quedó ya literalmente en el olvido. Hasta este momento, son contados con los dedos de las manos los que aspiran a puestos de elección popular que pueden presumir honestidad y responsabilidad. Pero aún en estos privilegiados casos, las estrategias perversas e inmorales ya se están preparando para hacer uso de ellas en su momento. Aquellos que traten de hacer una campaña limpia, tienen que considerar cómo van a enfrentar la calumnia, el infundio y hasta la mentira, recursos actuales de toda campaña proselítica. El dinero público, a diferencia de lo que dijo Enrique Peña Nieto, es una “gallina de los huevos de oro” que no se termina, porque si así fuera, muy pocos serían los que se atreverían a buscar un cargo público. Y para llegar, hay que difamar y maldecir a los contrarios antes que --al menos-- ofrecer un trabajo limpio y honesto. Prometer nunca ha empobrecido, pero hoy en día ni siquiera eso hacen los candidatos. Compromisos al margen. Hay qué llegar a como dé lugar. Los únicos que podrían marcar una diferencia en 2018 son aquellos (muy pocos) que han hecho una trayectoria limpia como servidores públicos, y los auténticamente independientes, no los que dicen haberse separado de sus partidos políticos, porque esos ya vienen contaminados. Los que nunca han participado en política, pueden ser los que finquen las bases para una mejor práctica de esta. Los que viven de ella, son los verdaderos enemigos de México. ….. Me comenta un amigo cercano, en pocas palabras: “Por Meade no, porque será el continuismo de Peña Nieto. Por Anaya menos; es un chamaco necio y caprichoso. Pero tampoco por “El Peje”; ese dice que en cuanto llegue ya no habrá corrupción en ninguna parte. ¡Ni que fueran enchiladas!”

Total, que ya me puso a pensar otra vez.

Columna digital 29 de enero de 2018  
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