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Contraportada Guaymas 21 de enero de 2018 ·

Columna Contraportada El caso de la senadora Gabriela Cuevas Barrón, que recién renunció al PAN para integrarse a la campaña de Andrés Manuel López Obrador que busca ser Presidente de México, refleja el más sucio estilo del político clásico en México. La dama en cuestión tiene tiempo ya de ser una auténtica vividora del dinero público. Y pruebas las hay de sobra. De entrada, la “sorpresiva” reacción de la senadora responde, como lo asegura Acción Nacional, a un berrinche arrebatado, luego de que no le dieron una diputación federal plurinominal como lo exigía. Cabe hacer mención de que el escaño que tiene en el Senado de la República proviene también de un regalo que le llegó vía la tradicional representación proporcional. Esto no debe sorprender a nadie. La clase política actual está plagada de “chapulines” que, al no lograr sus propósitos de que sus partidos los conserven como mantenidos del erario, saltan a otros organismos de estos para así continuar con esa vida de cínica tranquilidad que da el estar en el servicio público, sin muchos méritos que digamos. En todas partes hay ejemplos. Ahí están los casos de Morena, de Movimiento Ciudadano, de Nueva Alianza y otros más, que tienen entre sus filas, como dirigentes o militantes distinguidos, a gente que salió frustrada y refunfuñando del PRI, del PAN y del PRD porque ahí no les dieron oportunidad de llegar a un cargo desde el cual puedan mantenerse sin trabajar. Delo por hecho que la senadora del cuento será candidata a algún puesto de elección popular, y si no, de todas maneras habría “trabajo” asegurado de ganar AMLO el proceso de este año. Este tipo de espectáculos deprimentes son los que le restan credibilidad al líder de Morena, a quien no se le puede cuestionar el avance logrado de nuevo ante el inminente proceso electoral. Pero tiene abierta la puerta trasera para que entren por ahí todos los que están saliendo corridos y resentidos de los demás partidos, y eso lo único que está consiguiendo es que siga la mescolanza de corruptos que se niegan a separarse de las oficinas de gobierno. A esa gente no se le puede creer ni la hora. Todos aquellos que han saltado de uno a otros partidos serán siempre desconfiables. Sea quien sea. Así emitan discursos candentes y encendidos en contra de los gobiernos en turno, finalmente son gente comodina, de pensamiento ruin y un auténtico riesgo para quienes sueñan en un eventual cambio en el sistema de gobierno. Aquí también hay de esos.

Cuestión de checar el panorama

Columna digital 21 de enero de 2018  
Columna digital 21 de enero de 2018  
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