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Contraportada Guaymas 15 de enero de 2018 ·

Columna Contraportada Iniciando la semana en plena fiebre de las pre-candidaturas, en algunos casos por gente que ya traía en planes meterse de lleno al juego electoral, y en otros, la evidente ambición de algunos émulos de políticos, que buscan en la efervescencia alcanzar cualquier tipo de retazo que permita estar sin mucho qué hacer pero bastante qué ganar durante tres o seis años. Me gusta revisar las redes sociales en tiempos como éstos. Me queda claro que, una vez más, jugarán un papel tan o quizá más importante que los medios de comunicación ya establecidos, mismos que de unos años a la fecha han sido bastante limitados en cuestión de cobros a los candidatos. No hace mucho todavía, la etapa electoral era el negociazo de los medios, sobre todo impresos y electrónicos. Eso ya se acabó. Y se terminó porque, dentro de las muy poquitas cosas buenas que han conseguido los cambios en el sistema electoral, es que ahora se vigila más el gasto que hace cada uno de los participantes en la contienda. Claro, el estilo clásico de la práctica de la política en México permite que los ambiciosos del poder hagan sus marrullerías para irle metiendo cantidades ilimitadas de billetes para comprar voluntades y mejores resultados. Pero eso ya no beneficia tanto a los dueños de los medios. Me queda muy claro que el candidato que le mete millares o millones de pesos a su campaña lleva un objetivo muy claro, muy específico: va a robar. Nadie, absolutamente nadie en un sano juicio, invertiría 5, 10 o 20 millones de pesos para ser alcalde, para ir a ganar un sueldo de 40 o 50 mil pesos mensuales. Así es que, a todo aquel aspirante que vea usted repartiendo dinero a diestra y también a la siniestra, ubíquelo como un futuro ladrón del erario y de algo más. Los mexicanos somos adoradores del culto a la crítica, pero también renuentes consuetudinarios a invertir en decisión cuando nos ponen “en charola de plata” la posibilidad de cambiar las cosas en el gobierno. Por lo regular, optamos por darle el voto a aquel candidato que promete un beneficio directo, no colectivo. Alguien me dijo una vez: “analice quienes votan: los candidatos, sus parientes, sus amigos cercanos, los amigos cercanos de parientes y amigos, y los amigos de los amigos que pueden “sacarle raja” cuando aquel llegue al puesto”… Le agregaría: y los comprados. En lo personal, considero que el 2018 será un año participativo en las urnas electorales. Hay un desánimo prácticamente generalizado en contra de la clase política que gobierna al país, y tanto la incesante crítica de Andrés Manuel López Obrador, como la apertura para la participación de candidatos independientes, puede revertir la indiferencia de ocasiones anteriores. Creo que este año habrá resultados sorprendentes, si es que el tirano no ejerce “la ley del garrote”. Mientras tanto, hay que seguir revisando perfiles para ver, del menú de candidatos, quienes son los que merecen una oportunidad. Y a esos hay que darles el voto. A los demás… una patada en el trasero será suficiente.

Columna digital 15 de enero de 2018  
Columna digital 15 de enero de 2018  
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