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Contraportada Guaymas 14 de abril de 2018

Columna Contraportada

Para dar una opinión, es indispensable tener un fundamento. Y en los tiempos electorales, cuando las pasiones se desbordan, muchas opiniones resultan ser cuentecillos hechos por gente que, sin pudor alguno, se atreven a hacer cuestionamientos, en la mayoría de las ocasiones, bajo el amparo sucio, vil e innoble del anonimato. Viene a colación lo anterior porque me llegó vía inbox un escrito en la que un individuo, supuestamente residente de Hermosillo, sin un gramo de cortesía o respeto, se refiere a la licenciada Claudia Lizárraga Verdugo, aspirante a la alcaldía empalmense, de una forma por demás vulgar, grosera y soez, a la vez que convoca a la ciudadanía de Empalme a no votar a su favor. Conozco bien a Claudia. Laboré para su empresa radiofónica a invitación de su padre, el licenciado Heriberto Lizárraga Zataráin, durante dos años, y como mi jefa inmediata, en múltiples ocasiones tuve oportunidad de tratarla muy de cerca. Por eso estoy convencido de que quien publicó todas esas sandeces en su contra no tiene ni la más mínima idea de la clase de persona que es. No voy a deshacerme en elogios y mucho menos voy a decir cosas inciertas. Mucho menos pretendo tratar de convencer a los ciudadanos empalmenses de que voten por ella para que llegue a la alcaldía. Eso se dará en su momento. Pero sí me voy a referir a dos cosas importantes. La primera, el atacar a una mujer, y en este caso por meras cuestiones políticas, siempre será un acto infame y cobarde. Trátese de quien se trate. La otra, el hecho de conocer de cerca a la licenciada Lizárraga Verdugo me da la facultad de dar una opinión más certera sobre su persona. Criticarla por el hecho de que se decidió a entrar a la contienda política, se me hace ruin, miserable y pusilánime. No sé a qué candidato apoye la persona que hizo la publicación de marras, pero si ese es el tipo de campaña que van a hacer para contrarrestar su presencia, lo digo con todo respeto, qué pobreza de proyecto traen en mente. Se trata de una persona seria, emprendedora y responsable. Es enérgica cuando la situación lo requiere, pero es amable y cortés también en los momentos oportunos. Conoce de administración porque lo ha hecho durante años en sus empresas, razón por la cual son negocios limpiamente redituables desde hace bastante tiempo. Alguien que mantiene la armonía y el buen trato a sus trabajadores, es una persona noble. Tan sencillo como eso. Constantemente exigimos rostros nuevos en la política. Buscamos gente que pueda ofrecer una buena imagen y que inspire confianza. Pero estamos tan obsesivamente enfermos, que cuando aparece alguien con las características que nosotros mismos pedimos, también arremetemos en su contra. Tal pareciera que estamos a la caza para ver quien levanta la cabeza y abrirle fuego por el simple placer de hacerlo. En lo personal, lo reitero convencido, Claudia Lizárraga Verdugo es una persona de buen vivir. Y quien rumore falsedades hacia su persona, será despreciable

Columna digital 14 de abril de 2018  
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