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Respuesta a la izquierda despolarizada: Las 10 razones por las que a Venezuela nunca le ha hecho falta su solidaridad... 1.

Porque nunca se solidarizaron con el pueblo venezolano. ●​ ​No lo hicieron cuando el golpe de abril de 2002 ●​ ​No lo hicieron cuando el paro petrolero de diciembre 2002-enero 2003 ● ​No lo hicieron en cada acto de violencia cometido por la oposición cuando ésta desconocía los resultados de una elección. ●​ ​No lo hicieron por los muertos durante 2013, tampoco en 2014. ● ​No lo hicieron cuando Estados Unidos declaró a Venezuela una amenaza inusual y extraordinaria. ● ​No lo hicieron cuando en 2016, desde la Asamblea Nacional, la oposición afirmaba que su objetivo era salir del presidente en seis meses. ● ​No lo hicieron cuando en el 2016 la oposición desde la Asamblea Nacional aprobó una ley de Amnistía que perdonaban delitos como la estafa, el asesinato y corrupción a quienes los cometieron para salir del gobierno chavista. ● ​No lo hicieron cuando esa misma Asamblea Nacional entró en desacato al desconocer la sentencia del Tribunal Supremo de Justicia que obliga a tres diputados a desincorporarse de la Asamblea Nacional por fraude electoral. ● ​No lo hicieron cuando a principios de 2017 la Asamblea Nacional violó la constitución tratando de emular lo ocurrido en Paraguay y en Brasil intentaron destituir al presidente con mecanismos no previstos en la carta magn​a. ● ​No lo hicieron cuando desde la OEA los operadores del Departamento de Estado enfilan su artillería en contra de Venezuela ● ​No lo hicieron cuando el presidente de la Asamblea Nacional se reunió con el asesor de seguridad nacional de D. Trump. 2. Porque acomodan su discurso para parecer críticos asexuados hablando del financiamiento recibido por la oposición desde Washington, pero lo reducen a una minoría opositora tan minoritaria que hoy ocupa la presidencia de la Asamblea Nacional. 3. Porque la neutralidad con la que quieren revestirse niega los lugares de enunciación de las obras con las que se encumbraron. 4. Porque ustedes enuncian desde el punto cero que el gobierno es autoritario, pero la oposición es amplia y heterogénea. 5. Porque al chavismo no lo mencionan nunca, lo silencian como lo hacen con el subalterno por el que pretenden hablar. 6. Porque se les olvidó aquello de la ecología de saberes y solo les resulta válido lo que se produce en los grandes medios internacionales de información. 7. Porque su llamado a intervenir “como sea” con más democracia y derechos humanos tiene el tufo de los proyectos civilizadores del siglo XXI. 8. Porque sus afirmaciones sobre la descomposición del tejido social contribuyen a la criminalización del movimiento popular. 9. Porque su compromiso ético y político se mide desde su privilegio epistémico. 10. Porque sus diseños globales no le sirven a nuestras historias locales.


La izquierda despolarizada: Del monólogo de Próspero al Diálogo con Calibán Las ciencias sociales sostienen una relación de tensión con el conflicto social, nacidas de la revolución francesa en concomitancia con el surgimiento de las tres ideologías que conforman la geo-cultura del sistema-mundo, su vínculo con el conflicto está dado por su preocupación por el cambio social. En este sentido, la ciencia conservadora ha buscado evitar que el cambio social se produzca; a su vez, la ciencia social crítica tiene como horizonte la transformación radical de la sociedad, mientras que la ciencia liberal ha insistido en la necesidad de administrar dicho cambio, de amordazarlo para que su inevitabilidad no desemboque en una transformación radical. El conservadurismo y el liberalismo tienen en común la necesidad imperiosa de aplastar el conflicto, lo que resulta en el destierro espiritual y físico de las llamadas clases peligrosas, erradicar su presencia de la vida pública, de la política, y de ser posible erradicarlas de la vida sin más. Esta configuración les significó quedar atrapadas en la tensión entre regulación y emancipación social, como Boaventura de Sousa Santos afirma, “entre orden y progreso, entre una sociedad con muchos problemas y la posibilidad de resolverlos en otra mejor, que son las expectativas”. Una tensión que se ubica a un lado de la línea abismal que separa a los centros de las periferias, es la tensión entre la que se resuelven los conflictos en los centros metropolitanos, en la zona del ser. Mientras que en las periferias la distancia entre experiencias y expectativas se resuelve con violencia, con genocidios y epistemicidios, “entre la violencia de la asimilación y la violencia de la coerción”. En esta historia las y los intelectuales han sido los administradores de las condiciones que hacen posible el aplanamiento del conflicto. Padeciendo de modo exponencial los males de la clase media descritos por Mario Benedetti, hemos visto como han estado dispuestos a mal poner los principios que antes defendían, a desdecirse de sus posturas previas o a contradecir con sus conclusiones los marcos categoriales con los que adornan libros y salones universitarios. No se malentienda, una cosa es cambiar de parecer, y otra muy distinta es que cada nuevo parecer se constituya en la verdad absoluta con la que se intenta vender una imparcialidad devenida en ​despolarización​. En la actualidad la sociedad venezolana está atravesada por un conflicto de múltiples dimensiones, innumerables consecuencias; pero de históricas causas: el conflicto de la relación entre el Capital, lo Colonial-Patriarcal, el Estado y la Nación. Conflicto que no puede dejarse a un lado en cualquier análisis ni pronunciamiento. Sin embargo, en los últimos días al margen de estas causas ha emergido a un grupo de intelectuales que,


autocalificándose como despolarizados, han decidido aplanar y aplastar el conflicto. Este grupo de "intelectuales" que se autodefinen de "izquierda" y que llaman a solidarizarse con la sociedad venezolana se han puesto en "el punto cero" de esta realidad y apelan a la despolitización para llamar la atención y "la solidaridad" sobre Venezuela. Una despolarización que ubica a quienes ayer recomendaban la obra de F. Fanon, en la misma hybris por la cual la izquierda francesa apoyó la invasión de Argelia. Esta izquierda ​despolarizada​, que hoy llama a intervenir (abstractamente) en Venezuela para detener como sea la escalada de violencia, esgrime su argumento con la precisión milimétrica y quirúrgica de las intervenciones civilizatorias, democráticas y por la paz hecha por Estados Unidos. En este sentido, su interpelación desde una pretendida neutralidad, esa con la que se autoerigen como la conciencia moral de la sociedad, queda en entredicho por la fragilidad de sus argumentos. Para este grupo de pensadores y pensadoras, muchas y muchos críticos de las contradicciones y amenazas que se ciernen sobre la región latinoamericana y caribeña, y que han contribuido a develar no sólo las formas en las que éstas condicionan las políticas en la región, sino cómo condicionan el tejido social, sus propios trabajos de investigación resultan insuficientes para comprender la situación de Venezuela. Quienes en sus artículos plasman la necesidad de trascender la lógica que detiene los avances logrados en la últimas décadas, parecen no querer ver que el tejido del que hablan en su crítica es precisamente aquel que se encuentra amenazado en Venezuela, no por los argumentos que ahora lanzan sino por los hechos concretos que se desprenden de esa lógica que tanto y reiteradamente cuestionan. Por lo tanto, se trata de una total contradicción sostener que estamos frente al socavamiento del tejido en el que se soporta la sociedad, porque esto sería afirmar que estamos frente al socavamiento de la lógica que critican, lo que no se corresponde ni con la realidad ni con las premisas con las que la despolarización crítica argumenta al momento de hablar y "solidarizarse con Venezuela". Sin embargo, como todo ejercicio desde el “punto cero” que se precie de serlo, el de esta izquierda no escapa de la necesidad de ubicarse fuera de la disputa descrita por la gramática de la polarización. Por ello, están obligados a caracterizar tanto al sector del ejecutivo como al de la oposición, ​claro está, colocando "extrañamente" todo el peso contra el gobierno venezolano y dando unas razones nada argumentadas sobre las acciones de la oposición. Del gobierno afirman: “Por un lado, existe un gobierno cada vez más deslegitimado, con marcados rasgos autoritarios. Esta dinámica arrancó con el desconocimiento por parte del ejecutivo de otras ramas del poder (la Asamblea Legislativa) donde la oposición hoy cuenta con la


mayoría, luego del triunfo en las elecciones de diciembre de 2015. Esta se fue potenciando exponencialmente con el posterior bloqueo y postergación del referéndum revocatorio -una herramienta democratizadora introducida por la propia constitución chavista-, la postergación de las elecciones a gobernador el pasado año, hasta llegar el fallido autogolpe del ejecutivo. A esto se ha sumado la reciente convocatoria a una Asamblea Constituyente en forma claramente inconstitucional, que está lejos de resolver la crisis; antes bien la alimenta y recrudece, en la medida en que trasluce el intento de consolidar un régimen totalitario, en el marco de una enorme crisis social y económica (carencia de alimentos, medicamentos, entre otros)”

Es notable cómo la neutralidad del juicio de estos compañeros y compañeras habla de los rasgos autoritarios del gobierno, lo fundamentan en el conflicto del poder ejecutivo con el legislativo, pero decidan no mencionar, en su quirúrgica intervención, que la legitimidad de la asamblea fue usada, desde el día uno, para ir en contra de la legitimidad del ejecutivo; eso sí, resaltan la mayoría de la oposición en la Asamblea Nacional, pero dejan de decir que ésta nunca ha reconocido un triunfo electoral del chavismo en más de 17 elecciones, que quien asumió la presidencia de este poder declaró públicamente que su objetivo era salir del presidente en seis meses. Claro, para estos intelectuales ese acto no se trató de la deriva autoritaria de la oposición venezolana, tampoco se trata de la deriva imperialista de apoyar la declaratoria de Venezuela como una amenaza ​inusual y extraordinaria​, además de desconocer la historia de este país. Así mismo, olvidan que lxs vocerxs de la oposición apenas asumieron la Asamblea Nacional hicieron públicas sus intenciones de remover al presidente en un lapso no mayor a seis meses, que declararon durante el primer trimestre de 2016 la necesidad de resolver por una petición de referéndum revocatorio antes del cuarto mes del año, y que la razón dada por dichos voceros era precisamente que de no ocurrir en los tiempos previstos el mismo tendría lugar en 2017, lo que por razones de la letra constitucional lo dejaría sin ningún sentido. Estaban claros que un referéndum en 2017 implicaba que quien fuese vicepresidente tendría que terminar el mandato en caso de una derrota del gobierno. De igual modo a inicios de este año, declararon inconstitucionalmente la remoción de su cargo al presidente, esto en un intento de replicar en casos como los del Lugo en Paraguay y Dilma Rouseff en Brasil, pero estos intelectuales prefirieron el silencio despolarizado frente a estos actos. Sobre la oposición, dicen lo siguiente: “Por otro lado, como intelectuales de izquierda, tampoco desconocemos la realidad geopolítica regional y global. Queda claro que existen sectores extremistas de la oposición (la cual es muy amplia y heterogénea), que también buscan una salida violenta. Para éstos se trata de exterminar, de una vez por todas, el imaginario popular asociado a


ideas tan peligrosas como la organización popular, la democracia participativa, la transformación profunda de la sociedad en favor del mundo subalterno. Estos grupos más extremos de la derecha han contado, por lo menos desde el golpe de Estado del año 2002, con apoyo político y financiero del Departamento de Estado norteamericano”

Resalta en su ​despolarizante ​opinión que la oposición es amplia y heterogénea, en contraste con el carácter autoritario y por tanto homogéneo del gobierno y quizás del chavismo al que se cuidan de no mencionar nunca. En su intento de sostener su autodenominada postura de izquierda nos recuerdan los hechos de 2002 y la financiación de la diversa oposición por parte del Departamento de Estado. Aunque cabría preguntarse si la escalada de violencia que les preocupa a estos pensadores es la misma que preocupa al Departamento de Estado de los Estados Unidos. Son cuidadosos en no detenerse más de lo debido, en no dedicarse a intervenir quirúrgicamente en el accionar de la Asamblea Nacional. Por eso no es posible encontrar argumento alguno donde expliquen con detalle la legítima y democrática Ley de Amnistía, o la Ley para la Reactivación de la Economía y las violaciones a la Constitución de dichos instrumentos legales. De igual manera, el argumento se contextualiza con la necesaria mención de lo popular, pero cabe preguntarse si esa organización que busca exterminar la oposición, si esas agrupaciones que han cultivado el tejido solidario ahora se tornan en bachaqueo, es decir, en organizaciones delincuenciales. ¿La profundidad del análisis despolarizado será consciente de que su reiterada preocupación por la situación del tejido social contribuye a la criminalización de lo popular bajo el apelativo de “colectivos”? ¿Por qué quienes hablan de la despolarización no se desmarcan de la criminalización que garantiza la sedimentación ​de la violencia que busca crear consenso sobre la necesaria desaparición de lo popular como antagónico a la sociedad civil neoliberal, es decir, de su necesario exterminio? Abogan por la democracia participativa, la ampliación de los derechos y la resolución de conflictos sin violencia. Pero, ¿En serio creen lo que dicen? ¿De qué conflictos hablan? ¿Será del conflicto con el capital? ¿Creen en serio que el conflicto contra el capital se puede resolver por consenso? ¿Nos creen tan ingenuos como para no saber que el consenso es la herramienta de la élite para resolver el conflicto a favor del capital? ¿De verdad piensan que la élite político-económica, que en Venezuela ha hecho sus fortunas ampliando las fronteras del extractivismo, va a consensuar con el movimiento popular para ampliar la frontera de derechos y encontrar formas no violentas de resolver los conflictos? ¿Será que ignoran los centenares de campesinos muertos desde la aprobación de la Ley de Tierras? Para los ​despolarizados ​el principal responsable es el Estado, arguyen que éste es el garante


de los derechos fundamentales, pero se apresuran a reducirlo a las autoridades gubernamentales. Resulta entonces que, para la retórica de la despolarización, la Asamblea Nacional es el único Poder (al que ahora se suma la Fiscalía) que tiene legitimidad; es legítimo que desde esa tribuna declaren que su objetivo es destituir al presidente y autoritario que el Tribunal Supremo Justicia no lo permita, es autoritario que se posponga las elecciones un año, pero es democrático que la oposición se niegue sistemáticamente a reconocer cualquier elección cuyos resultados no les sean favorables. Pareciera que la democracia de la ​despolarización​ es una democracia abismal. Invitan a un diálogo por la Paz, su intención es mostrar que otro diálogo es posible, pero lo hacen condicionando los términos de la conversación con su opinión-afirmación sobre el carácter inconstitucional de la convocada Asamblea Nacional Constituyente, sentenciando y fustigando de antemano a una de las partes de ese otro diálogo. Se erigen así como sustitutos Tribunal Supremo de Justicia; su neutralidad frente al conflicto los autoriza, se dedican hacer política de la verdad e ignoran que muchos de los movimientos populares, cuyo exterminio les preocupa, se plantean y discuten hoy cómo participar de aquello que para ustedes, ​los despolarizados,​ violenta la Constitución. Sus nobles intenciones son bien recibidas, pero su invitación es a otro diálogo y lamentablemente no a un diálogo ​otro​. Para ello habría que comenzar por reconocer que ustedes no son los últimos intérpretes de la Constitución. Asumir que sólo ustedes saben cómo interpretarla, que la constitucionalidad de una sentencia radica en el isomorfismo de ésta con sus opiniones, resulta coherente con la arrogancia del punto cero en el que se ubican en tanto que seres trascendentes, ustedes como Ariel caminan sin tocar el suelo. Los diálogos ​despolarizados son el “no lugar” desde donde se pretende detener la escalada de violencia sin cuestionar lo patriarcal, lo colonial y el racismo estructural que la condiciona, sin enfrentar la lógica de acumulación que la gestiona, es tan solo el consenso de los que tienen voz, de quienes dejaron de preguntarse si pueden hablar lxs subalternxs, porque sus gritos perturban el tejido social y amenazan su sustento. Convocar un diálogo en los términos de Próspero sólo puede resultar en la maldición de Calibán. Suscrito por: Ramón Grosfoguel (Sociólogo, Puerto Rico) Juan José Bautista (Filósofo, Bolivia) Sara Medina R. (Antropóloga, Colombia)


Cathryn Teasley (Profesora de Pedagogía, Universidad de A Coruña, España) Lucas Koerner (Periodista venezuelanalysis.com, Estados Unidos) José Romero Losacco (Antropólogo, R.B Venezuela) Luis Brito García (Escritor, R.B Venezuela) Lirio Reyes (Socióloga, R.B Venezuela) Rebeca Gregson (Códigos Libres, R.B Venezuela) Carlos Bracho (Docente Universitario, CIM/GT CLACSO, Venezuela) Gregorio Pérez Almeida (Profesor Universitario, R.B Venezuela) Yadira Córdova (Exministra, Docente Universitaria, R.B Venezuela) Ruben Reinoso (Ex-Viceministro, Docente Universitario, R.B Venezuela) Mercedes Romero Díaz (Lic. en Estudios Internacionales, R.B Venezuela) Indhira Libertad Rodríguez (Socióloga Feminista, Araña Feminista, R.B Venezuela) Miguel Antonio Guevara (Poeta y Sociólogo, R.B Venezuela) Guillermo Barreto (Exministro, Profesor Universitario, R.B Venezuela) Lorena Fréitez (Psicóloga Social, Movimiento Tiuna El Fuerte, R.B Venezuela) María Auxiliadora Rodríguez (Profesora Universitaria, UNELLEZ, R.B Venezuela) Yarisma Unda (UNELLEZ, R.B Venezuela) Oscar J. Rodríguez (Profesor Universitario, R.B Venezuela) Sagrario De Lorza (Intelectual, R.B Venezuela) Juan José Gómez Muños (Oficial de la Aviación, R.B Venezuela) Félix Rojas (Químico, R.B Venezuela) María Victoria Canino (Socióloga, Lab. Ecología Política IVIC, R.B Venezuela) Marx José Gómez Liendo (Sociólogo, Lab. Ecología Política IVIC, R.B Venezuela) Marhylda Victoria Rivero Corona (Socióloga, Lab. Ecología Política IVIC, R.B Venezuela) Vera Sanoja Zerpa (Socióloga, Lab. Ecología Política, IVIC, R.B Venezuela) Atilio Lafontant (Sociólogo, Laboratorio de Ecología Política IVIC, R.B Venezuela) Carlos San Vicente (Sociólogo, Profesor Universitario, R.B Venezuela) Jhon Beens (Estadístico, R.B. Venezuela) Alejandra Lahis Ziegler Sirgo (Socióloga, R.B Venezuela) Colectivo Kinkalla Visual (Guerrilla Comunicacional, R.B Venezuela) Ángela Villareal (Estudiante de Sociología UCV, R.B Venezuela) Sofía Serrano (Estudiante de Sociología UCV, R.B Venezuela) Irene Plaz Power (Investigadora, R.B Venezuela) Bernardo Ignacio Millán (Maestro, INCES, R.B Venezuela) Anit Quintero (Códigos Libres, R.B Venezuela) Miriam Flores Darias (Docente/Investigadora, EVP, R.B Venezuela) Homero Español (Economista, Docente jubilado UCV, R.B Venezuela) Tibisay Pérez (Investigadora, R.B Venezuela) Lenin Romero (Premio Nacional de Ciencia, Profesor Universitario, R.B Venezuela)


Gonzalo Hergueta González (Profesor Universitario, R.B Venezuela) Alexandra Mulino (Docente y Socióloga y Docente, R.B Venezuela) Nerida Josefina Mendoza (Socióloga, Docente Universitaria, R.B Venezuela) María Claudia Rossell (Códigos Libres, R.B Venezuela) Marianny Alves (Códigos Libres, R.B Venezuela) Reinaldo Iturriza (Exministro, R.B Venezuela) María Eugenia Fréitez (Códigos Libres, R.B Venezuela) María Angela Petrizzo (Investigadora y Docente Universitaria, UNATUR, R.B Venezuela) Marianicer Figueroa (Psicóloga, Docente e Investigadora, R.B Venezuela) Movimiento Comunalizar Conocimiento (Conocimiento Libre, R.B Venezuela) Irene Zerpa (UNESR, R.B Venezuela) José Ramón Robles (UNEY, R.B Venezuela) Jaime Liendo (Docente Universitario, R.B Venezuela) José Javier León (Docente Universitario, R.B Venezuela) Diana Ovalles (Activista, R.B Venezuela)

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