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Si ocurriere no sería la primera vez que Venezuela, la Tierra de Gracia, asiento del Dorado, como la calificara nuestro insigne escritor Isaac Pardo, sea sometida a expoliaciones, aunque con medidas y estratagemas diferentes y acordes con la época actual, de no adoptarse los correctivos necesarios y con la premura que el caso amerita. Nuestra historia en esos avatares, aunque circunscrita a sólo partes de la para entonces época de la colonia española, es bien conocida y mejor documentada aún. Casos Amias Preston, Francis Drake, Jhon Hawkins, Walter Raleigh, en los siglos XVI y XVII, son bien conocidos; sin desestimar las acciones de extorsión que ya en los albores del siglo XX ( 09/12/1902) ejercieron Alemania, Inglaterra e Italia, bajo el gobierno de Cipriano Castro, para presionar el pago de la deuda pública contraída con esos países, y que dio origen a la conocida proclama del general Cipriano Castro: “La planta insolente del extranjero ha profanado el sagrado suelo de la Patria”, frecuentemente manoseada por el régimen. La Perla del Caribe, que fuera la ilusión de conquistadores españoles y alemanes bajo su tutela, allá por el siglo XVI , tras la epopeya del Dorado, vive hoy, a pesar de la potencialidad que le acreditan sus cuantiosos y valiosos recursos, indispensables para su desarrollo y el de otros países en el presente y futuro, una crisis humanitaria de dimensiones extravagantes, inverosímil y de origen endógeno, por lo que compete a nuestros propios políticos (los de adentro del sistema y los de afuera, los participantes y los abstencionistas incluidos los indiferentes); no obstante que el régimen, por su propio interés, la achaca a la canalla burguesa y al imperio norteamericano. Vivimos hoy las consecuencias de unas sanciones que no discriminan entre justos y pecadores, entre ciudadanos, mayoritariamente honestos y ciudadanos corruptos. Vivimos en un permanente caos institucional, en un estado de anomia social, víctimas de la incapacidad de un régimen y de la polarización inmisericorde de una oposición política, que con la acumulación de errores se ha convertido en el mejor aliado de la crisis y de la consolidación del régimen. No podemos subestimar que la anomia y el caos consecuente mantienen en alerta países que esperan ser retribuidos por sus manifestaciones de apoyo. Desvalidos, como estamos, de una fuerza política opositora consolidada. Consciente de que somos en la región la “manzana de la discordia”, y carentes de una institución militar comprometida verazmente con la defensa incondicional de la soberanía, no es aventurado pensar que pudieran darse escenarios como el despojo de recursos y de la propia soberanía (el caso CITGO es paradigmático) dada la magnitud, in crescendo, de la deuda de la Nación con esos países y su incapacidad para honrarla, debido a la situación de bancarrota en que se encuentran nuestras fuentes generadoras de recursos como PDVSA, empresas de Guayana, empresas agroalimentarias y, en general, el menguado parque industrial del país.

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Continuidad y Cambio, año 8, Nº 118, mayo 2019  

Continuidad y Cambio, año 8, Nº 118, mayo 2019  

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