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nazas, ha logrado relativos apoyos electorales, de modo alguno mayoritarios, y la desmovilización de la mayor parte de la población que está dedicada a la difícil tarea del día a día. Una elevada proporción de la población ha pasado a ser absolutamente dependiente del reparto de bonos y de las bolsas de comida subsidiadas que distribuye el gobierno para su sobrevivencia. La principal tarea de muchas de las organizaciones populares de base ha pasado a ser la coordinación de la distribución de bienes subsidiados. En el año 2018 se han producido significativos desplazamientos en las expresiones del descontento de la población. Ante la derrota de las masivas movilizaciones de mediados del año 2017, y la pérdida de legitimidad de los mayores partidos de la oposición entre sus anteriores seguidores, la conflictividad y protesta social en el año 2018 ha tenido un carácter fundamentalmente gremial/social, huelgas, paros, cortes de calles, protestas y movilizaciones tanto por el salario y condiciones de trabajo, como por otros asuntos como la ausencia de agua, los cortes de electricidad, la carencia de comida, la crisis del transporte -tanto urbano como inter-urbano- y la inseguridad. De acuerdo al Observatorio Venezolano de Conflictividad Social, en el primer semestre del año se registraron 5.315 protestas, unas 30 por día. De acuerdo a este observatorio "la mayoría de las protestas (84%) se caracterizó por la exigencia de derechos económicos, sociales, culturales y ambientales" [48]. A mediados del 2018 los conflictos gremiales o sindicales más destacados eran los de los trabajadores de la empresa pública nacional de electricidad CORPOELEC, los profesores y trabajadores universitarios y de enfermeras y enfermeros. Para finales del mes de julio el paro de este gremio ya llevaba un mes y las enfermeras y enfermeros estaban amenazando con una drástica renuncia colectiva si el gobierno no satisfacía sus demandas. Ha sido este un conflicto paradigmático que se ha convertido en un punto de referencia nacional. Ha logrado sintetizar en una sola lucha demandas compartidas por una elevada proporción de la población. Por un lado, la exigencia de un salario digno, en condiciones en que el ingreso de toda la población asalariada ha sido pulverizado por la hiperinflación. Pero igualmente, se lucha por la recuperación del sistema de salud que, como se ha señalado arriba, está en condiciones de severo deterioro. Las enfermeras y enfermeros se enfrentan a diario ante el drama de pacientes que requieren una atención que no pueden brindar por carecer de las condiciones físicas, equipamientos y medicamentos necesarios para llevar a cabo su tarea. Se han llevado a cabo movilizaciones de pacientes en apoyo a la lucha de las enfermeras. En condiciones de creciente despolitización de la población, de desconfianza generalizada en la política y en los políticos, ya sean estos del gobierno o de la oposición, la conflictividad social ya no se expresa -como en años anteriores- en posturas polarizadas, a favor o contra del gobierno, sino en demandas más inmediatas que tienen que

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Continuidad y Cambio, año 8, Nº 118, mayo 2019  

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