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y acelerar su derrocamiento. No presentaron a la población ninguna previsión de qué pasaría una vez que Maduro ganase las elecciones. Para algunos de estos sectores abstencionistas, de lo que se trataba era de terminar de cerrar en forma definitiva la posibilidad de una salida política interna, electoral, pacífica a la crisis del país. Con esto, la única opción que quedaría abierta sería la intervención externa, ya sea por la vía de acciones directas, o mediante la acentuación del cerco económico, para profundizar el colapso de la economía venezolana, a pesar de que sería la población, no sus gobernantes, quienes sufrirían las consecuencias. Para la política imperial y para los grupos de la derecha interna más radical el objetivo no era, y no lo es, simplemente una derrota electoral de Maduro, si con ella se pudiese preservar con vida el todavía significativo apoyo al gobierno entre parte de los sectores populares. Lo que se ha buscado no es solo la salida de Maduro, sino igualmente un aplastamiento de los imaginarios de cambio anticapitalistas, que tantas expectativas generaron tanto dentro como fuera de Venezuela en años anteriores. Una derrota, con muchos muertos de ser necesario, de manera que sirviera de ejemplo, de escarmiento, para demostrar en la forma más contundente posible la imposibilidad de cualquier alternativa al orden capitalista. Se presentó un solo candidato opositor creíble, Henry Falcón, del partido Avanzada Progresista, pero no logró superar el fraccionamiento opositor ni la creciente desconfianza de la población ante una institución electoral cada vez más descaradamente parcializada. Con una abstención histórica de 54%, cuando los niveles de participación tradicionales en elecciones presidenciales superan al 70%, Maduro fue reelecto, según el CNE con 67,7% de los votos válidos. El elevado nivel de abstención le restó legitimidad a estos resultados ante la mayoría de la población. Crisis humanitaria y corrosión del tejido solidario y ético de la sociedad Todo lo anterior se traduce en una profunda crisis social y ética de la sociedad venezolana. Se ha venido produciendo en estos años una franca reversión de los principales logros de los primeros años del proceso bolivariano. La mayor parte de la población tiene en el año 2018 peores condiciones de vida que las que tenía en el año 1998 cuando Chávez ganó por primera vez las elecciones presidenciales. La hiperinflación, la escasez de alimentos y medicinas, la falta de dinero en efectivo y la inseguridad hacen que la vida cotidiana sea cada vez más difícil para la mayoría de la población. En contra de lo que podría esperarse, después de años de movilizaciones y procesos organizativos basados en la solidaridad, en la población tienden a predominar las reacciones individualistas y competitivas. El bachaqueo, esto es, la reventa especulativa de productos subsidiados y el contrabando de extracción se han convertido en una actividad ampliamente generalizada, parte de una economía paralela de dimensiones desconocidas. El contrabando de extracción en la frontera con Colombia opera en

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Continuidad y Cambio, año 8, Nº 118, mayo 2019  

Continuidad y Cambio, año 8, Nº 118, mayo 2019  

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