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Decir éstas cosas es peligroso dentro de un medio que asume el pasado no de acuerdo a lo que fue sino como debió haber sido y bajo una militancia político/ideológica alrededor del mito Bolívar. José de Oviedo y Baños (1671-1738) es uno de los primeros historiadores del país, y su obra: “Historia de la conquista y población de la Provincia de Venezuela” (1723), una auténtica rareza. Si bien es un español nacido en América, al igual que Bolívar, su escrito es la justificación de la clase social a la cuál perteneció, de la misma manera que lo fue, aunque en otro contexto, la Carta de Jamaica para el Libertador. Oviedo y Baños quiere registrar un recuerdo que logre burlar al olvido. Sus personajes y temas son los esforzados conquistadores del S.XVI venezolano devenidos en antropófagos viscerales y codiciosos materialistas. Aun así, les exalta, aunque repruebe la odisea sanguinaria de El Peregrino (Lope de Aguirre) rebelado contra Felipe II. La “Tierra de Gracia” era en realidad un infierno en forma de laberinto y la búsqueda de un sueño: El Dorado. Los “irracionales” indígenas son teloneros de un teatro cuyos principales actores sucumben ante una naturaleza hostil y la ferocidad de un egoísmo sin límites. Españoles y alemanes disputan contra el medio natural como si se tratara de la conquista del espacio sideral. Sus fuerzas son sobrepasadas y aun así logran prevalecer matando sin discriminación y fundando poblaciones de precaria constitución. Más que un sometimiento al indio, el cuál fue arrasado por los microbios importados, lo que hubo fue la instalación de nuestras endógenas guerras civiles y de nuestra particular manera de ser indisciplinada (“la ley se acata, más no se cumple”). Leer y releer a Oviedo y Baños es un deber de patria, porque el génesis de la nacionalidad futura se encuentra en forma de clave en sus muchas páginas. El mestizaje biológico y cultural, la desmesura de los espacios geográficos y la abundancia de los recursos naturales dilapidados, la violencia germinal que todo lo arrasa y descompone, y lo más significativo: la incorporación de lo hispánico, con sus virtudes y maldades. Comprender lo hispánico, aunque sea bajo protesta, es un acto de madurez histórica. Y un buen comienzo es leer a “nuestros” cronistas de Indias sin los prejuicios y anatemas al uso. ¿Cómo entender entonces que Bolívar se haya casado con una madrileña en Madrid y que asuma como sus “padres” a los conquistadores hispánicos del siglo XVI?

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Continuidad y Cambio, año 8, Nº 118, mayo 2019  

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