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Contexto Mundial DOSSIER DE LECTURA DOMINGO 7 DE OCTUBRE DE 2012

RIVALIDAD SINO-ESTADOUNIDENSE

Posicionados en la segunda mitad del siglo XXI, y desde la perspectiva de los ciclos hegemónicos, pareciera que el declive del liderazgo estadounidense, como última potencia hegemónica del occidente Atlántico, podría dar paso a un nuevo orden mundial que emerge del oriente Pacífico, dirigido por una nueva potencia hegemónica global que podría llegar a ser la China del siglo XXI.


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DOMINGO 7 DE OCTUBRE DE 2012 | PRIMERA EDICIÓN

SUMARIO El destino de la segunda independencia P.3

“Del resultado de las elecciones venezolanas dependerá o no consolidar un bloque continental suramericano, el único que nos dará posibilidad de ser soberanos”. Por Miguel Ángel Barrios

Pistas geopolíticas de la rivalidad sino-estadounidense (1ª parte) P.4-5-6

El declive estadounidense, como última potencia hegemónica del occidente Atlántico, podría dar paso a un nuevo orden mundial que emerge del oriente Pacífico. Por Jaime Preciado Coronado y Pablo Uc

La sociedad del miedo y la inseguridad (1ª parte) P.7-8-9

Los medios de comunicación, la industria cultural y la instrumentalización política han conseguido imponer y utilizar el miedo y la inseguridad como “estado de existencia natural”. Por Eduardo Paz Rada

América Latina en el tercer milenio P.10-11

El salto de “patio trasero” a actor central del escenario internacional. Rica en recursos y modelo de integración. Por Carlos Pereyra Mele

Se fue el último visionario del siglo XX P.12

Un repaso por la vida de Eric Hobsbawm y su particular mirada sobre la historia. Por Contexto Mundial

CONSEJO ACADÉMICO • Miguel Ángel Barrios (Argentina) • Luiz Alberto Moniz Bandeira (Brasil-Alemania) • Andrés Solíz Rada (Bolivia) • Tiberio Graziani (Italia) • Carlos Pereyra Mele (Argentina) • Patricio Carvajal Aravena (Chile) • Daniele Scalea (Italia) • Jaime Preciado Coronado (México) • Pablo Uc (México) • Eduardo Paz Rada (Bolivia)

STAFF

Por Guillermo Baez COORDINADOR GENERAL, EDITOR

Unidos por el vértigo l momento de esta columna los venezolanos estarán eligiendo nuevo presidente y los cariocas (Río de Janeiro, Brasil) a su alcalde. Turquía y Siria protagonizarán un elevado grado de tensión, mientras el historiador británico Eric Hobsbawm ya habrá recibido su último adiós. El presidente y candidato Barack Obama y el opositor Mitt Romney ya habrán protagonizado el primer debate televisivo rumbo a las elecciones de noviembre en Estados Unidos. La Zona Euro habrá dado otro paso hacia el interior de su profunda recesión, Facebook habrá superado el billón de usuarios y el Gobierno de la India habrá aprobado la apertura del sector asegurador y de los planes de pensiones a las inversiones extranjeras directas buscando reactivar una economía que se desacelera. Los colombianos se prepararán para el primer encuentro entre su Gobierno y las Fuerzas Armadas Republicanas de Colombia (FARC) el 17 de octubre en Oslo que buscan poner fin a medio siglo de conflicto, y los costarricenses exhibirán orgullosos su ley por iniciativa popular que prohíbe la caza deportiva. Así expuestos, todos estos acontecimientos parecen aislados. Así escritos, no existe casi relación entre ellos. Sin embargo, el vértigo que recorre el sistema internacional impide que cada hecho permanezca inconexo. Claro está que lo que decidan los venezolanos impactará de lleno en su cotidianeidad social, política y económica. Pero como bien describe Miguel Barrios en esta entrega del dossier, se juega en esa elección gran parte del modelo hispanoamericano en vías a un sistema continental de cooperación. El resultado de este domingo también influirá en el renovado proceso de paz colombiano. Venezuela es un actor protagónico en lo que a la región se refiere y el triunfo de uno u otro candidato definirá en parte el rumbo de las negociaciones entre Colombia y las FARC.

A

Así las cosas, lo que suceda en Río De Janeiro tiene directas implicancias para el resto del globo y especialmente para Asia. Ocurre que la ciudad brasileña está en su momento más protagónico, prepara el Mundial de fútbol en 2014 y los Juegos Olímpicos en 2016 y es seguida muy de cerca por inversores chinos e hindúes que buscan establecer más mercados en estas latitudes. Si bien los resultados de los debates televisivos en Estados Unidos rara vez definan una elección, el desempeño de los dos candidatos será seguido de cerca por el resto del mundo y más aún por una Europa en declive que busca sostener una relación transcontinental cada vez más difusa. También por un Medio Oriente convulsionado por presiones internas y externas que hoy tienen su punto más álgido en la frontera entre Turquía y Siria. Estados Unidos, actor principal de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, en este caso junto a China (recomendadísimo artículo de Jaime Preciado Coronado y Pablo Uc en esta entrega del dossier) irá a las urnas con dos candidatos que tienen sus ojos e intereses sobre Asia en su conjunto. Lo que ocurra en la elección del 6 de noviembre próximo definirá buena parte del equilibrio en un mundo decididamente multipolar. Facebook, la red social de moda, se convierte en una suerte de referencia que aglutina y nutre todos estos acontecimientos que a su tiempo describió y vaticinó el recientemente desaparecido Eric Hobsawm, a nuestro criterio, el último historiador global progresista. Nuestra cálida bienvenida a Eduardo Paz Rada, licenciado en Sociología y maestro en Ciencias Políticas, a partir de ahora consejero académico de Contexto Mundial. Agradecidos por su compañía amigo lector, lo invitamos una vez más a seguir transformando juntos esta realidad que nos toca.

Guillermo Baez: coordinación general y edición. Horacio Grondona: diseño y armado de edición en papel. Guillermo Román: diseño y armado de edición en papel y diseño y administración en Internet. Web: www.contextomundial.com.ar El dossier mantiene un grupo de columnistas permanentes y consultores circunstanciales de acuerdo a la temática que se aborde. Tirada mensual junto al diario Primera Edición.


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PRIMERA EDICIÓN | DOMINGO 7 DE OCTUBRE DE 2012

GRAN PARTE SE DEFINE HOY EN VENEZUELA

El destino de la segunda independencia América Latina está viviendo su hora más importante desde la primera independencia con San Martín y Bolívar y la idea-acción de “unidad en la independencia continental”, para formular la “Nación de repúblicas”, que pensó Bolívar.

Miguel Ángel Barrios (*)

S

in dudas la denominada “doctrina” Obama, caracterizada como “novedad geopolítica” por ciertos “analistas” internacionales, es en verdad la tradicional Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos (EEUU) que consiste en controlar lo que el inglés Mackinder llamó la “isla mundial” -Eurasia- desde su ubicación geopolítica que es una “isla” continental -América-. La originalidad geopolítica de EEUU pasa justamente por su condición de potencia mundial, pero ubicada geográficamente fuera de la isla mundial. En este escenario geopolítico, la principal hipótesis de conflicto para EEUU -enunciada por Obama en enero de 2012-, pasa por la posibilidad de que China se proyecte al mundo desde un bloque asiático unificado en su carácter de Estado continental industrial, cuestión estratégica abordada recientemente con mucha inquietud por dos de los principales estrategas de EEUU, Henry Kissinger y Zbigniew Brzezinski (Archivos del Presente, Año 16. N 57/58. Septiembre 2012. Bs. As.) No estamos de acuerdo con un

presupuesto estratégico tácito del cual parten ambos estrategas, y que es que toda América Latina es un espacio natural de hegemonía de EEUU. O sea, la “doctrina” Monroe sigue teniendo en el tercer milenio el esquema estratégico, ni siquiera revisado, que América Latina más que una “zona irrelevante estratégica”, sigue siendo considerada el patio trasero de EEUU. Sin embargo, América Latina está viviendo su hora más importante desde la primera independencia con San Martín y Simón Bolívar y la idea-acción de “unidad en la independencia continental” para formular la “Nación de repúblicas” que pensó Bolívar. El Mercado Común del Sur (Mercosur), como núcleo duro de aglutinación, la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) como macizo envolvente de la batalla geopolítica decisiva que será en América del Sur, y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), constituyen el embrión de nuestro futuro Estado continental, el único que nos podrá brindar el pasaporte a la historia en el siglo XXI. El “orden” mundial del siglo XXI será únicamente construido por los Estados continentales industriales ante el eclipse definitivo del Estado Nación clásico industrial; y ni que hablar de nuestros Estados agroexportadores, frutos de la bal-

canización del siglo XIX. EEUU, China, Rusia e India han logrado las capacidades de estatalidad para ser continentales, Europa refleja el gran interrogante y América del Sur es una gran posibilidad. El 7 de octubre en las elecciones en Venezuela se decide una parte sustancial de la Segunda Independencia. No entraremos a analizar la dinámica interna de la campaña electoral, sino lo que está en juego. Debemos dejar en claro que del resultado electoral dependerá o no, consolidar un bloque continental suramericano, repetimos, el único que nos dará posibilidad de ser soberanos en la mundialización. A partir de la implosión de su vetusto sistema político marcado por el “Pacto de Punto Fijo”, la República Bolivariana de Venezuela generó la emergencia y el liderazgo de Hugo Chávez Frías en una onda movimientista más allá de sus variables populistas, socialistas, nacionalistas, bolivarianas, etc.. De lo que se trató fue de rescatar la Patria Grande vía la democracia social y la inclusión socioeducativa, la industrialización más allá del petróleo y la integración con la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), el MERCOSUR, la UNASUR y la CELAC en forma proactiva como no se veía desde Bolívar.

Incluso se dio un paso geopolítico más que Bolívar -que había realizado una geopolítica antillana hasta el alto Perú con la batalla de Ayacucho en 1824- ya que Chávez avanzó hasta el corazón núcleo de la unión suramericana -nuestra identidad estratégica-, que en el fondo es la Cuenca del Plata, donde se encuentra la alianza fraterna de Argentina y Brasil. El ABV (Argentina, Brasil y Venzuela) se convierte en la ruta fundamental de la integración energética y física de América del Sur. La República Bolivariana de Venezuela posee las cualidades geopolíticas de ser simultáneamente latinoamericana, suramericana y caribeña y se abraza con el MERCOSUR. Esto se torna demasiado importante en un contexto en que UNASUR sufrió el jaqueo al Paraguay a través del “golpe parlamentario”, los ataques permanentes a los presidentes José Mujica, Evo Morales y Rafael Correa por sus políticas integracionistas, y una ofensiva peligrosa del Comando Sur. Hay que estar vigilantes en la Cumbre de ministros de Defensa que se llevará a cabo en Uruguay entre el 8 y 10 de octubre próximo, ante el avance norteamericano de reactivar la “doctrina” de Seguridad Nacional en base a la amenaza “terrorista”. El declive relativo mundial de

EEUU no significa su decadencia, debemos dejar muy en firme esta afirmación. Lo que no quiere decir que el avance de la Segunda Independencia hiera de raíz al sistema interamericano. Sin embargo, y aquí también debemos ser contundentes, EEUU no abandonó la “doctrina” Monroe. Su lucha por la supremacía del Pacífico le obliga a poseer la hegemonía en toda América, cuestión que es descontada por sus estrategas y a la que muchos de nuestros “analistas” se vuelven funcionales al afirmar lo mismo, diciendo que somos “irrelevantes” estratégicamente. Tenemos potencialidad acuífera, energética, alimentaria, en biodiversidad, en recursos naturales, es decir “viabilidad geopolítica” para plasmar el Estado Continental de América del Sur del que nos habló Juan Domingo Perón o el actual estratega brasilero Darc Costa, cuando nos llama a conformar un Mega Estado. El 7 de octubre el triunfo de Hugo Chávez reafirmará un paso más en el camino de la Segunda Independencia.

(*) Doctor en Educación. Doctor en Ciencia Política. Autor del “Diccionario Latinoamericano de Seguridad y Geopolítica -Director- (2009)” y de “Consejo Suramericano de Defensa. Desafíos Geopolíticos y Perspectivas Continentales(2011)”, entre otras obras sobre América Latina. Docente de la Cancillería argentina.


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RIVALIDAD SINO-ESTADOUNIDENSE

Pistas geopolíticas para América Latina Primera parte de dos

El declive del liderazgo

Jaime Preciado Coronado (*)

estadounidense, como última potencia

Pablo Uc (*)

hegemónica del occidente Atlántico, podría dar paso a un nuevo orden mundial que emerge del oriente Pacífico.

E

n un artículo del Chinese Journal of International Politics, Yang Zixiao y David Zweig(i) se preguntan si el sentimiento anti-norteamericano tiene una relación directa con el sentimiento pro-China. La interrogante puede tomar muchas aristas. Mientras que para el historiador Niall Ferguson el sangriento siglo XX fue testigo del “declive de Occidente” y de una “reorientación del mundo” hacia el Oriente, ya a inicios del siglo XX el geopolitólogo inglés Halford Mackinder advertía que junto con Estados Unidos (EEUU) y el Reino Unido, China guiaría eventualmente, al mundo en la construcción de una nueva civilización, ni muy

oriental ni muy occidental. Ya que si bien Rusia, aquel gigante euroasiático, inquilino del pivote continental, constituía una implacable potencia terrestre, tenía un frente oceánico bloqueado por el hielo, mientras que la China poseía las cualidades de potencia terrestre y marítima, con una costa de nueve mil millas abiertas al Pacífico y el mar Amarillo(ii). La rivalidad entre potencias emergentes y en decadencia era y sigue siendo una clave para descifrar el reposicionamiento de los países y regiones en el mundo contemporáneo. Posicionados en la segunda mitad del siglo XXI, y desde la perspectiva de los ciclos hegemónicos, pareciera que el declive del liderazgo estadounidense, como última potencia hegemónica del occidente Atlántico, podría dar paso a un nuevo orden mundial que emerge del oriente Pacífico, dirigido por una nueva potencia hegemónica global que podría llegar a ser la China del siglo XXI. Tanto en los debates políticos y académicos como en los periodísticos, el gigantesco crecimiento

económico y comercial que ha experimentado China en la última década y su creciente búsqueda de inserción y liderazgo internacional frente al relativo declive de hegemonía que atraviesa Estados Unidos desde la primera década del siglo XXI -al menos en la esfera económica y político-diplomática-, han trazado un virtual esquema de nueva rivalidad inter-hegemónica en el sistema internacional. No obstante, los ciclos hegemónicos requieren ser interpretados desde una perspectiva de irremediable interdependencia entre los dos polos que se disputan la dirección del orden global, así como de la larga duración, según la cual el recambio o tránsito hegemónico se caracteriza por un declive/decadencia, renovación o auge/emergencia de una nueva potencia(iii). No obstante, existe un período de rivalidad inter-hegemónica que puede tomar varias décadas, toda vez que se transita por una disputa que deriva en un paulatino proceso de reestructuración de las tres esferas determinantes en el diseño de la política y la economía internacional: poder material (económico y

militar), instituciones e ideas hegemónicas. En estos términos, existe una relación directa entre la conformación de un orden geopolítico mundial y el auge y caída de las grandes potencias, en un proceso de transición más gradual que de transformaciones súbitas o abruptas, aun cuando existan simbólicas coyunturas de transición hegemónica o indicadores contundentes de poder estructural, como el hecho de que EEUU siga detentando un inminente control militar global o que China sea el principal acreedor de la deuda del tesoro estadounidense (la más grande de la historia y el mundo contemporáneo). Existen varias dimensiones a considerar cuando se discute sobre la existencia de una rivalidad interhegemónica entre EEUU y China. Por ejemplo, desde una perspectiva realista de la política internacional, conforme China se vuelva más poderosa y la posición de Estados Unidos se erosiona, es probable que ocurran dos cosas: “China tratará de utilizar su creciente influencia para reconfigurar las reglas y las instituciones del sistema


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internacional de manera que sirvan mejor a sus intereses, y otros Estados del sistema -especialmente el hegemón en declive- empezarán a considerar a China como una amenaza cada vez mayor para su seguridad”(iv). Esta perspectiva plantea una rivalidad inter-hegemónica en la que el drama del ascenso del gigante asiático implica una China cada día más poderosa y un Estados Unidos en declive, enfrascados en una batalla épica por las reglas y el liderazgo del sistema internacional. No obstante, se trata de una perspectiva que carece de los matices necesarios para contextualizar la todavía carente sustancialidad hegemónica a la que aspira China, y el todavía persistente poder político y militar estadounidense sin el cual es imposible dilucidar en torno al contexto político internacional contemporáneo. En todo caso, el propio posicionamiento de la política exterior estadounidense tras la llegada de Barack Obama a la presidencia de ese país, es una de las más simbólicas manifestaciones para comprender la cualidad de la emergente y palpable rivalidad que se discute. Apenas transcurrido un mes de su gestión como presidente, Obama estableció la directriz que debería regir la relación con China: “Más cooperación en más asuntos y más frecuentemente”. Es decir, se estableció como prioridad el construir una relación más intensiva con China como socio político y comercial en un ámbito global. Incluso, la relación sino-estadounidense parecía haber sido llevada a un nuevo nivel en el gabinete de la canciller Hillary Clinton, bajo el concepto que el estratega geopolítico de la Guerra Fría, Zbigniew Brzezinski, sugirió: la construcción de un “G-2”. El objetivo de esta estrategia sugería construir el compromiso de ambas naciones con la resolución de la agenda internacional más acuciante a finales del siglo XXI: superar la crisis financiera internacional, contener el cambio climático, limitar la proliferación de armas de destrucción masiva, e incluso ayudar a resolver el conflicto israelí-palestino. Ciertamente, el escenario mundial parece garantizar que tanto Washington como Pekín están destinados al fracaso si intentan hacer frente a los problemas de la agenda global de forma individual. No obstante, parece que tal resolución no es la prioridad de sus políticas exteriores. A pesar de que EEUU sigue siendo el segundo socio comercial más importante de China después de la

Referencias: (i) Yang Zixiao & David Zweig (2010) Does Anti-Americanism Correlate to Pro-China Sentiments?, Chinese Journal of International Politics, Vol. 2, 2009, 457–486. (ii) Halford J. Mackinder (1904) The Geographical Pivot of History,

Unión Europea (UE), la cooperación-negociación está profundamente condicionada por los intereses nacionales de cada uno de los países, y la interdependencia comercial existente entre ambas naciones ha tomado un creciente rumbo asimétrico, considerando que China llegó a representar en 2010 casi la mitad del déficit total de EEUU, frente al tercio que representaba en 2008 y, como se señaló anteriormente, es el principal acreedor del tesoro estadounidense. Por otro lado, son permanentes las causas que amenazan con desbordar una auténtica guerra diplomática. En la primera fase de la relación inter-hegemónica, algunos de los elementos más simbólicos y coyunturales de la discordia eran los siguientes: la descripción hecha por el secretario del Tesoro, Timothy Geithner, en la que acusaba a China de ser un país manipulador de la moneda; las iniciativas del Senado estadounidense para impulsar un régimen de sanción comercial contra China, a pesar del llamado estadounidense a que ambos países abordarán el “mismo barco” para conducir la economía mundial; el constante llamado de la canciller Hillary Clinton para una mayor y urgente libertad religiosa en China; la significativa venta estadounidense de armas a Taiwán (6.400 millones de dólares en armamento moderno) y la recepción en la Casa Blanca del Dalai Lama (líder de la resistencia del Tíbet) a inicios de 2010. Otro elemento clave en la tensión bilateral se ha expresado en el ámbito geoeconómico y comercial. Uno de los más reciente ejemplos del “patriotismo económico estadounidense” se ha proyectado en el ámbito estratégico por excelencia: el energético. A mediados de la primera década del siglo XXI, el Gobierno estadounidense intervino para impedir la compra de Unocal Corporation -una firma energética estadounidense de casi 115 años que concentra importantes reservas de crudo y gas natural en América del Norte y Asia-, por parte de la compañía petrolera CNOOC Limited (China National Offshore Oil Company) que en junio de 2005 anunció una oferta de 18.5 billones de dólares para comprarla. No obstante, la movilización de la “petrocracia” republicana estadounidense logró bloquear la oferta china y reorientarla al capital estadounidense, lo que concluyó con la venta de Unocal Coorporation a la transnacional californiana Chevron Texaco a un precio incluso

“La demanda energética por parte de China, ha creado una competencia peligrosa con Washington por el control de los mercados de materias primas en general y el de hidrocarburos en particular”.

Geographical Journal. (iii) Immanuel Wallerstein (2005) Análisis de Sistemas -Mundo: Una Introducción, México: Siglo XXI. (iv) John Ikenberry (2008) El ascenso de china y el futuro de occidente, Foreign Affairs En Español, abril/junio 2008.

(v) Michael Klare (2008) Rising Powers, Shrinking Planet, New York: Metropolitan Books. (vi) Cabe señalar que desde el año 2000, la demanda mundial de petróleo ha crecido en siete millones de barriles diarios (mbd), de los cuales dos (es decir, cerca del

30%), fueron a parar a China. Y según las estimaciones de la Agencia Internacional de Energía, las importaciones de petróleo de China pasarán de los ocho mbd que demandaba en 2010, a los diez mbd en 2030. Léase Michael Klare (2010) Twenty-First Century

menor que el ofrecido por CNOOC(v). En la misma dimensión, cabe señalar que la demanda energética por parte de China ha creado una competencia peligrosa con Washington por el control de los mercados de materias primas en general y el de hidrocarburos en particular. De hecho, según las declaraciones hechas en junio de 2010 al diario estadounidense Wall Street Journal por parte del jefe de la Agencia de Energía Internacional (AEI), Faith Birol, China había sobrepasado a Estados Unidos al convertirse en el primer consumidor mundial de energía(vi). De allí que el especialista en temas energéticos Michael Klare considere que: “Al convertirse en el principal consumidor de energía planetario, China afianzará su papel dominante en la escena internacional y marcará el rumbo de nuestro futuro global […] determinará de forma decisiva no sólo los precios que se pagarán por combustibles clave, sino también los sistemas energéticos que predominarán de aquí en adelante […], las decisiones chinas en materia energética determinarán si China y Estados Unidos pueden evitar verse arrastrados a una batalla global por la importación de petróleo y si el mundo escapará a un cambio climático de dimensiones catastróficas”. A este escenario de rivalidad que prevalece entre Pekín y Washington, es importante agregar un señalamiento más. Se trata del giro cualitativo en las empresas multinacionales instaladas en China, las cuales empiezan a desplazar hacia este país sus actividades con alto valor añadido, especialmente de Investigación y Desarrollo (I+D). De acuerdo con el sitio especializado en asuntos económicos China Economic Review, el número de centros de I+D pertenecientes a empresas extranjeras instaladas en China ha pasado de 0 a 680 en quince años, situación que inquieta profundamente a EEUU y a la UE, como lo demuestra la creciente elaboración de instrumentos legislativos orientados a proteger sus sectores estratégicos y a generar obstáculos para la transferencia de tecnologías a China. La otra dimensión fundamental del escenario de rivalidad es, sin duda, la militar. El anuncio más representativo de la modificación de la estrategia político-militar estadounidense se ha reflejado en dos elementos clave anunciados a finales de 2011 y confirmados en enero de 2012 por la Casa Blanca. El primero, fue el recorte del pre-

Energy Superpower China, Energy, and Global Power, TomDispatch, 19/09/2010. (vii) Cabe señalar que de acuerdo con el Departamento de Estado EEUU, para el mes de octubre de 2011 cerca de 38.000 soldados permanecían en Iraq (de los


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BALANCE MILITAR ENTRE POTENCIAS TRADICIONALES Y EMERGENTES

FUENTE: International Institute for Strategic Studies (IISS, 2011).

supuesto militar estadounidense de 450 mil millones de dólares para la próxima década, como parte del ajuste económico del país (BBC Mundo, 05.01.12). Lo que se acompañó de la confirmación del número de tropas en el Oriente Medio, a menos de la mitad en 2010, y la determinación del “retiro” total de las mismas para fines del mismo año(vii). En cualquiera de los casos, es importante señalar que el recorte militar estadounidense debe reconsiderar el giro en los usos tradicionales de la capacidad de beligerancia militar estadounidense (teoría de contrainsurgencia, invasión por tierra y ocupación territorial) y dar cabida al anuncio del Pentágono sobre el aumento en las herramientas de inteligencia (informática y nanotecnológica), realización de operaciones irregulares con fuerzas especiales, uso de aviones no tripulados, y un aumento general en las operaciones “quirúrgicas” y uso de armas cibernéticas ofensivas y perturbadoras(viii). A ello se debe agregar que si bien existirá una caída en la inversión militar regular, aún es poco transparente el aumento en la inversión que el Pentágono dedica a la contrata-

180.000 soldados que había en 2008). No obstante, durante el anuncio de la reducción antes señalado, Obama indicó que existía una reducción efectiva de la mitad de las tropas, a pesar de que el Pentágono había anunciado la permanencia de apenas 150

ción de empresas privadas en el escenario general de la lucha contra el narcotráfico. En este sentido, resulta claro que el Departamento de Defensa de Estados Unidos “está delegando su lucha contra el narcotráfico a través de contratos multimillonarios con empresas privadas que se encargan de prestar asesoría, capacitación y realizar operativos en países productores de drogas y con vínculos al llamado narcoterrorismo, incluyendo América Latina”(ix). Se trata de una paulatina pero creciente delegación de las responsabilidades fundamentales del Estado a manos de la iniciativa privada que ha sido legalizada por el Gobierno estadounidense a través de la Oficina de Programas de Tecnología Contra el Narcoterrorismo (CNTPO, por sus siglas en inglés), cuya última instancia es el subsecretario de Defensa para Antinarcóticos y Amenazas Globales. El segundo elemento que delinea la modificación de la estrategia político-militar estadounidense es el anuncio del reforzamiento de la presencia militar en Asia y el Pacífico al refrendar su rol militar no sólo como una potencia Atlántica, sino

soldados que brindarían seguridad militar a la embajada estadounidense en el país árabe (BBC Mundo, 21.10.2011; 05.01.12). (viii) Heather Hurlburt (2012) ¿Cómo quedará el ejército estadounidense tras los recortes?, National Security Network,

también del Pacífico. Esto ha llevado a interpretar una nueva fórmula de contención hacia China, y el rearme de una nueva Guerra Fría orientada a la definición de su enemigo concreto en Asia: China (Zibechi, 2011b). Esta orientación implica la disminución paulatina de efectivos militares en el Golfo Pérsico y su poderío militar en el Mediterráneo concediendo, relativamente, más responsabilidades militares de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) a Europa occidental(x). En paralelo, se proyecta el reforzamiento de estrategias que consoliden nuevas alianzas desde el Pacífico, tal como lo hace la OTAN en el Atlántico, lo cual involucra tanto a los países del sudeste asiático como a los de América Latina. Aunque el balance general del poderío militar estadounidense lo hace prevalecer como la primera potencia, es valioso elaborar contrastes a partir del balance de las capacidades crecientes de las potencias emergentes y el trazo de alianzas latentes entre, por ejemplo, China, Rusia, India y Brasil, que expone un nuevo juego de fuerzas a considerar en el

07.01.2012. (ix) William, Márquez, ¿Privatiza Estados Unidos la guerra contra las drogas?, BBC Mundo, 16.01.2012. (x) Cabe señalar la gradualidad del retiro militar EEUU en Eurasia, ya que la estrategia de reajuste militar estadounidense contempla la

tablero geopolítico (véase el cuadro adjunto). Finalmente cabe señalar que entre las nuevas medidas estadounidenses para este reposicionamiento en Asia-Pacífico, destacan no sólo las del ámbito militar, sino también las del plano económico-comercial. Así lo comprueba el ambicioso acuerdo de libre comercio denominado Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP por sus siglas en inglés) anunciado por Obama tras la aprobación del Acuerdo de Libre Comercio con Corea del Sur. Se trata de un acuerdo que hasta ahora involucra a nueve países del Pacífico: Australia, Brunei, Chile, Estados Unidos, Malasia, Nueva Zelanda, Perú, Singapur y Vietnam (Gordon, 2011). Es notable la ausencia de Japón, el principal importador de bienes de EEUU, pues sin su presencia el TPP apenas representa el 6% de sus exportaciones comerciales (el mismo porcentaje que ocupa Japón). La otra ausencia es estratégicamente evidente: China, que no figura en la lista y parece atentar con la estabilidad del esquema de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) en el que el gigante asiático juega un papel hegemónico(xi). Como se ilustra, el orden económico-militar en el que se desenvuelven las relaciones sino-estadounidenses permite hacer un balance de su dinámica de inter-rivalidad hegemónica y exponer los puntos estratégicos frente a los cuales los países de América Latina y sus proyectos de integración regional deben considerar en su proyecto de integración regional autónoma.

(*) Doctor y Maestro en Estudios Latinoamericanos por la Universidad de París. Profesor-investigador del Departamento de Estudios Ibéricos y Latinoamericanos (DEILA) de la Universidad de Guadalajara desde 1987. Coordinador de la Red de Estudios sobre la Integración Latinoamericana y Caribeña. Estudios sobre Estado y Sociedad del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH) de la Universidad de Guadalajara. Desde 1989 colabora en el semanario Paréntesis, y desde hace algunos años en el diario Milenio, México. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI). Forma parte de la Asociación Latinoamericana de Sociología (ALAS); así como del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), dentro del Grupo de Trabajo: Integración Autónoma de América Latina. (**) Profesor adjunto de la Cátedra Nacional de “Geopolítica crítica y relaciones internacionales contemporáneas”, e investigador auxiliar del Departamento de Estudios Ibéricos y Latinoamericanos (DEILA), de la Universidad de Guadalajara. Becario del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO, Argentina), y del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT, México). Colaborador en la revista iberoamericana “Geopolítica(s): estudios sobre espacio y poder”.

permanencia del despliegue y las instalaciones navales en el Golfo Pérsico, mientras coloca a 2.500 infantes de marina en Australia (una nueva puerta a Oriente). Léase Hurlburt (2012), op. cit. (xi) Raúl Zibechi (2011b) Viraje estratégico de Estados Unidos. La se-

gunda Guerra Fría y América del Sur, ALAI, 23.12.2011.


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(LA C ONS TRUC CIÓN DE

Primera parte de dos

La so cied ad d e l mie la in do y segu ridad UN M ODE LO P OLÍT ICO Y SOC IAL P ENAL IZAN DO

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Los med ios de co municac sobre la ión, la in s constr dustria c u c ciones p ultural y como “e síquicas la instru stado de , mentali genética existenc zación p s y bioló ia natura olítica h g i c a s l”. sensible an conse s de los guido im seres hu poner y manos, utilizar, el miedo y la inse guridad s o s Inicialmente la observación y desprotegerlas. Eduardo Paz Rada (*)

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unca como en la época actual las sociedades humanas, en su diversidad cultural, política, social, medioambiental y geográfica, tienen al frente un fantasma que recorre sus entrañas más íntimas generando grandes incertidumbres y preocupaciones y produciendo guerras, violencia, aislamiento, autoeliminación, odio y desintegración y anomia social de dimensiones y profundidad que ponen en riesgo la propia convivencia entre los seres humanos en el planeta. El miedo, tanto en sus manifestaciones de presencia objetiva como en el sistema psíquico de las percepciones cotidianas, está posesionado en las prácticas rutinarias de hombres y mujeres de la más diversa índole y contexto en todo el mundo. Los medios de comunicación, la industria cultural y la instrumentalización política han conseguido imponer y utilizar, sobre las construcciones psíquicas, genéticas y biológicas sensibles de los seres humanos, el miedo y la inseguridad como “estado de existencia natural” que reivindica la concepción del “hombre enemigo del hombre” que no solamente impulsa la lucha, el recelo, la duda, el extrañamiento, la distancia y el peligro latente entre los seres humanos, sino que valida y legitima la existencia de un poder supremo que debe imponerse de manera brutal sobre las personas, para someterlas y, supuestamente,

Esta situación marca e influye sobre los cambios y transformaciones en la evolución de las sociedades a lo largo del tiempo, lo que se manifiesta en la diversidad de formas que adquiere la relación de la sociedad con el estado y con la economía, más aún en el período neoliberal que instrumentalizó el estado, aparentemente prescindente, para imponer una visión ideológica de acentuado individualismo y competencia sin límites entre las personas, en el marco de un capitalismo salvaje y depredador de vida social. No se trata de negar que la lucha por la sobrevivencia, por la satisfacción de necesidades básicas y de las otras, por el control y el dominio de los demás y de la naturaleza y por someter a otros pueblos, culturas, regiones y recursos, no hayan estado presentes a lo largo de la historia, sino advertir que actualmente se trata de un fenómeno que alcanza ribetes que envuelven cada vez más a la totalidad social bajo una “administración del miedo”, con todos los instrumentos y procedimientos de la racionalidad instrumental que alienan y enajenan a los seres humanos. Esto no significa mirar al costado frente a las manifestaciones reales de violencia e inseguridad que asolan distintas sociedades en la actualidad. El poder establece políticas de “sembrar el miedo” como el modo de construir una sociedad de individualismo salvaje, de separación y exclusión humanas, de concentración de recursos, de aislamientos y de demarcación de espacios y fronteras reales y simbólicas y, por supuesto, de control vertical de la sociedad.

cripción de situaciones y hechos permite poner en la misma bolsa una diversidad de fenómenos de violencia, peligro, inseguridad y miedo en distintos lugares, países, situaciones y relaciones, como anotaremos más adelante, sin embargo, el trasfondo de cada caso está relacionado a una estructura global y local que requiere de su propio análisis. La discriminación y persecución a los judíos en distintos lugares y momentos de la historia o a los gitanos en Europa Occidental durante siglos, adquiere, en este último caso, un alcance, dimensión y calidad distintos en la última década. De la misma manera la estigmatización peyorativa de los negros, de los sudamericanos, de los árabes, de los indios o de los pobres, marginados, migrantes y diferentes tiene ahora un conjunto de rasgos considerados criminalizables y penalizables, en función de la defensa de las presuntas seguridad y estabilidad sociales. En la última década, en coincidencia con la crisis económica internacional, la agudización de manifestaciones de malestar, rechazo y xenofobia frente a los migrantes extranjeros en Europa Occidental y Estados Unidos se han hecho muy evidentes, incluyendo campañas que posicionan el peligro, el miedo y la inseguridad como ingredientes principales tanto desde los medios de comunicación, como desde los partidos políticos y las instituciones sociales. En algunos casos el tema ha sido encubierto con argumentos vinculados a la lucha entre culturas, el enfrentamiento de civilizaciones, la invasión de marginados y peligro-

provenientes de otras regiones del planeta; en otros casos el argumento era más directo: la competencia por puestos de trabajo y la lucha por los medios de vida que daba mayores ganancias a los empresarios que podían deprimir los salarios aprovechando las desventajas de los trabajadores migrantes, especialmente los indocumentados e “ilegales”. Otra faceta de la violencia y el miedo se ha manifestado claramente en la exacerbación de las mafias del narcotráfico en México y Estados Unidos, las pandillas en casi todas las ciudades del planeta, las temidas maras centroamericanas marcadas con señales en los cuerpos de sus miembros para garantizar las lealtades, los grupos terroristas y armados en varias regiones del mundo, la violencia sexual contra las mujeres y los niños y adolescentes, la impunidad policial y las acciones de intervención militar de las potencias capitalistas en distintos puntos. Las operaciones de los grupos mafiosos y de las pandillas violentas han generado un pánico social de envergadura, en tanto los gobiernos han establecido formas de administrar la violencia, la inseguridad y el miedo con fines de control y vigilancia social. Prácticamente todos los gobiernos, partidos y dirigentes políticos, desde Cameron en Inglaterra, el PS Francés, Ollanta Humala en Perú, Dilma Rousseff en Brasil, hasta Obama en Estados Unidos, Hu Jintao en China, Chávez en Venezuela, Sarkosy en Francia y el emperador Akihito en Japón (véase periódicos y noticias 2010-2011) han hecho del tema de la “seguridad”

l a base de su agenda pública, considerado el problema central de la sociedad que debe ser enfrentado de manera drástica. De igual manera la vida doméstica y cotidiana de millones de millones de habitantes del planeta está cruzada por la preocupación y temor frente a la inseguridad, convirtiéndose ésta en el primer problema socialmente identificado como altamente peligroso en una sociedad en la que se acrecientan y multiplican los riesgos de diversa índole. Los “otros”, los diferentes, son identificados como los causantes del peligro al estado de cosas vigente y al equilibrio social, las manifestaciones de xenofobia se han ido ampliando inclusive en clases y sectores sociales tradicionalmente proclives al respeto a los demás y a la tolerancia entre seres humanos. La antigua animadversión frente a los gitanos o a los judíos, o a los árabes y negros, o a los indios o amarillos desde la perspectiva de la cultura occidental, eurocéntrica y cristiana dominante, se ha ampliado a una amplia gama de grupos humanos distintos, considerados un peligro al orden establecido en la vida cotidiana, el mismo que es considerado como natural y legítimo. Al frente, también las culturas de los pueblos del Tercer Mundo han creado estigmas de miedo en torno a los conquistadores, colonialistas, dominantes y opresores por sus actos y genocidio, discriminación, exterminio y exclusión, a pesar de haberles impuesto una visión de je-


8 > contexto mundial rarquías y desigualdades marcadas por la superioridad. El marco ideológico del denominado choque de civilizaciones, del enfrentamiento de culturas, de la tendencia a la unipolaridad, está signado por el peligro identificado en la emergencia y protagonismo internacionales de otras culturas, otras religiones, otros modos de vida, otras maneras de sentir, actuar, pensar y mirar la realidad, otros idiomas y otras economías con miles de millones de personas que ponen en entredicho una hegemonía dominante que se ha considerado a sí misma como el para-

digma o modelo de vida humana sobre la base de su sistema de dominación históricamente determinado. Estos patrones ideológicos han puesto en escena precisamente las bases de una concepción que, aprovechando las distintas facetas de la violencia e inseguridad, identifica la aparición y desarrollo del miedo y la violencia con los otros diferentes a quienes hay que marcar con el estigma de creadores e impulsores del riesgo para la colectividad e incluso para la humanidad.

Manifestaciones de la violencia Las mafias europeas en Estados Unidos a principios del siglo XX conformadas por grupos de inmigrantes irlandeses, italianos de la camorra, polacos y armenios; las bandas y pandillas en Francia e Inglaterra que causaban pánico y zozobra en las ciudades; la yakusa traficante de drogas, juegos prohibidos y prostitución en Japón y otras regiones de Asia; los piratas y mercenarios, como los gurkas, al servicio del colonialismo de Europa y Estados Unidos en África, Latinoamérica y Asia Menor; son los antecedentes de las nuevas formas, en las postrimerías del siglo XX y principios del XXI, de acciones a través de organizaciones que utilizan la violencia y el terror para conseguir sus objetivos poniendo en riesgo permanente a las sociedades contemporáneas. Así, las maras centroamericanas han sido apuntadas como un tipo de organización de jóvenes vinculados a la delincuencia internacionaliza-

da a partir de la masiva migración de los años 80 y 90 hacia Estados Unidos y que sus ritos de pertenencia están vinculados a la violencia y las marcas en el cuerpo con dibujos y señales que los identifican y “marcan” de manera permanente (Gorza. 2011) no solamente en el sentido de reconocimiento entre ellos, sino frente a las fuerzas policiales, consiguiendo un fuerte control sobre sus miembros. Su acción tanto en las ciudades norteamericanas como centroamericanas es proverbial por el grado d e

violencia que emplean y el temor que crean en las comunidades. Estas características han sido remedadas por otros grupos en distintos lugares de Sudamérica y el Caribe. Sus precursores, sin embargo, se encuentran en Europa a través de los skingers, los cabezas rapadas, las pandillas y bandas de jóvenes violentos en Inglaterra, Francia y Alemania que repudian el orden existente y generan peligro y pánico a su paso, especialmente en la población inmigrante procedente del mundo árabe, africano y latinoamericano; y en Estados Unidos con las comunidades de jóvenes marginados negros y latinos que realizan sus actividades en los barrios de muchas ciudades norteamericanas. Son conocidos también los altos grados de violencia e incertidumbre que provocan los hooligans futbolísticos en Europa y las barras bravas en América Latina. Otras características tienen las mafias organizadas que operan en el mundo sobre una base nacional. Ahí están las redes internacionales con organizaciones más sofisticadas que generan amenaza sobre la comunidad: están los ya indicados miembros de la yakusa japonesa que dominan y compiten el control de sus actividades ilegales en su país, en Asia y en otras regiones del mundo, los de la triada china que, sobre su plataforma de Shanghai, cuentan con una amplia presencia en Asia, Europa y América del Norte. A estos grupos pueden agre-

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garse los que corresponden a la mafia rusa con los grupos de solsetska y dolgo y las tradicionales asentadas en Estados Unidos y que manejan los negocios de la droga, el contrabando de armas, el terrorismo, el blanqueo de dinero, los grupos mercenarios y el narcotráfico. Administran un millón de millones de dólares anualmente y no es poco poder. Otro tipo de grupos que provocan violencia son aquellos a los que se vincula con alguna orientación política y que son considerados peligrosos de acuerdo a la perspectiva ideológica y política. Prácticamente las políticas de seguridad y control estatal a nivel mundial han sido establecidas, sobre la base de las decisiones de Washington, por el peligro que se atribuye a la red Al Qaeda, responsable de la catástrofe de las Torres Gemelas de Nueva York, en el marco de la confrontación ideológico-religiosa entre el mundo occidental y el mundo musulmán. Un marco similar se establece en torno a las guerras de intervención imperialista como en Irán o Afganistán, a los grupos guerrilleros, ejércitos de liberación, a la represión de las movilizaciones de la llamada primavera árabe, a los radicales nacionalistas y separatistas y a procesos de balcanización en distintos continentes, donde se producen guerras civiles, enfrentamientos y masacres genocidas, las formas más perversas de la inseguridad humana. Si bien no son lo mismo, se incluye en un mismo tipo a un heterogéneo grupo de actividades y sectores que están vinculados a distintas formas de violencia y protesta social: delincuencial, política, étnica, racista, mercenaria, deportiva, doméstica, nacionalista y xenófoba. La experiencia de las movilizaciones sociales, especialmente de los jóvenes en los últimos años, vinculadas principalmente a la protesta social contra las políticas de los gobiernos de los países de Europa y Estados Unidos en relación al desempleo, la inflación, la falta de oportunidades y la crisis económica y financiera del capitalismo, muestra el desborde y reclamo contra los monopolios del poder y la economía que son los que deciden sobre los demás y afectan a los trabajadores, los jóvenes y la población en general. La reacción de los gobiernos es la represión y la violencia, producir temor en los movilizados. Los descontentos, los indignados, los ocupas, los movimientos reivindicativos que generan masivas protestas sociales, como las de París, Londres, Madrid, Nueva York y otras ciudades, o las manifestaciones de estudiantes en Chile, Egipto o Colombia, intentan ser identificadas por el poder económico, los medios de comunicación y el orden político como provocadoras de violencia con una mirada guberna-

mental, policial y penalizadora. Algunas investigaciones sociológicas han identificado a los distintos grupos que se han ido formando en la vorágine del crecimiento de las ciudades, entre ellos las comunidades juveniles, como las tribus urbanas que buscan espacios sociales de pertenencia con identidades y culturas de las más extrañas y diversas y como forma de defensa frente a la variedad de peligros que se presentan rutinariamente. La Doctrina de Seguridad Nacional, línea oficial de las dictaduras impulsadas por Estados Unidos entre1960-1980, es un antecedente muy claro de cómo los distintos estados, especialmente en Norte y Latinoamérica, han establecido criterios de uso de la violencia no solamente contra los grupos enemigos políticamente, en su momento la izquierda y el comunismo, sino contra todas las manifestaciones sociales de crítica al sistema, impulsando un catecismo militar, policial y judicial destinado a destruir a los denominados grupos peligrosos, con el fortalecimiento de los Ejércitos, el armamentismo, el espionaje y los grupos paralelos de paramilitares y mercenarios apoyados y asesorados por el Gobierno de Estados Unidos. La identificación del enemigo externo y, especialmente, del enemigo interno con los movimientos de protesta social y política ha sido un rasgo característico en ese contexto. Ahora, con el crecimiento de la población, el aumento de la desigualdad social e internacional, la crisis del cambio climático, los desequilibrios medioambientales, la crisis del capitalismo metropolitano y la emergencia de nuevos protagonistas en la escena internacional, la disputa por el control de recursos naturales, alimentos, energía, agua y tierra se convierte en un punto de referencia primordial, creando tensiones y potenciales manifestaciones de violencia y guerra. La crisis climática trae aparejada la inseguridad y los riesgos como inundaciones, catástrofes naturales, tornados, huracanes, terremotos, maremotos, deslizamientos y una serie de fenómenos que atentan directamente contra la vida humana y que se presentan como “castigo de la naturaleza” siendo producto de la propia acción del hombre. Similar efecto producen el uso militar de la tecnología, como el ataque norteamericano con la bomba atómica en Japón, o los accidentes nucleares en Chernóbil y Fukushima, provocando catástrofes humanas y naturales de gran envergadura. Desde los tiempos de la colonización y conquista, la segregación racial, la eliminación de los indios hasta el apartheid, las formas de violencia simbólica se han ido afianzando y naturalizando en unos casos, y en otros casos se presenta de manera brutal como el caso de los navegantes migrantes que salen de las costas del norte de África y recalan en islas y territorios europeos como el caso de Lampedusa (Italia) y Ceuta y Melilla (España), o

la intervención militar de la OTAN sobre Libia o las torturas en la base militar de Guantánamo (Estados Unidos), o la invasión inglesa a las Islas Malvinas argentinas o el enfrentamiento entre nigerianos y gitanos, ambos grupos migrantes, en Palma de Mallorca, España en 2009 y 2011 o la aplicación de leyes antiinmigratorias en Estados Unidos con su secuela de asesinatos en la frontera con México o en la Unión Europea con la expulsión de extranjeros. La universalidad del miedo, la inseguridad y la violencia, así como de las políticas de seguridad se ha convertido en un aspecto fundamental para la comprensión de las tendencias sociales en todas las sociedades de las regiones del mundo. Como hemos señalado, desde la acción organizada de grandes mafias y corporaciones delincuenciales internacionales (droga, armas, tráfico de personas, prostitución, lavado de dinero, guerra), pasando por los terrorismos de distinto cariz, por la acción de estados preparados para controlar y someter a la sociedad, hasta las amenazas en las calles de La Paz, Londres, El Cairo, Hanoi o Estambul, donde se producen hechos de violencia y ratería cotidianos. También se ubican en esta categoría de situaciones las migraciones dentro los mismos países, el miedo a los extraños, a los diferentes, que emergen en las ciudades y en la vida pública ante la necesidad de sobrevivir (Gorza. 2011) Se encuentran en lucha por su existencia misma, por el consumo y ante esto las distancias y desigualdades sociales y culturales se amplían, se construyen muros de hormigón o mallas metálicas entre países, entre regiones, entre ciudades y entre barrios e incluso entre familias.

Amenazas y miedos en la sociedad actual Los riesgos de distinto tipo que acechan a las colectividades sociales y el miedo que caracteriza hoy a los seres humanos están ligados a la negación de la vida y la sobrevivencia físico-biológica, a la fractura o imposibilidad del bienestar, a las amenazas ciertas o supuestas sobre las personas, a los peligros que acechan cotidianamente, a la violencia real o potencial que se siente en todos los ámbitos de actividad y a la inseguridad que se establece en relaciones sociales complejas, intrincadas y diversas. El miedo como temor a sufrir, a sentir dolor, a ser vulnerable. La vida y la muerte están en la dialéctica de los seres que tienen existencia orgánica y que los condiciona inexorablemente para existir como sistemas biológico, psicológico y social a través de sus relaciones con el medio físico natural y con los demás seres vivos. La necesidad de vivir y proyectarse ha generado todos los procesos en base a los cuales los seres humanos y las sociedades han producido su existencia y su historia, han construido sus relaciones y su


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mundo social y también han condicionado su vitalidad frente a las reacciones del entorno, allí emergen las amenazas, los peligros y los atentados contra su vida y existencia y también las reacciones y maneras de enfrentarlos, las que tienen una base biológica, la lucha por la sobrevivencia, y una base social constituida colectivamente en largos procesos de tiempo y en contextos diversos y complejos. Además, inmediatamente, es decir simultáneamente, las fuerzas amenazantes han sido los propios congéneres, los que por el control, el uso y la administración de los recursos y medios de vida, necesarios primero y después generales, han pugnado, han luchado y se han enfrentado, construyendo social e históricamente un complejo de amenazas, peligros y temores naturales, sobrenaturales, culturales y humanos que acompañan la historia de la humanidad y de todas las sociedades. El miedo innato, el miedo que surge ante el desequilibrio o peligro biológico o psicológico ha desarrollado genéticamente en el organismo las reacciones que permitan evitar, enfrentar o controlar las amenazas y los riesgos mediante procesos fisiológicos de alerta y reacción vital como defensa propia del organismo, el mismo que va a evolucionar conjuntamente a la formación de miedos socialmente construidos, de sentimientos y emociones compartidos, de miedos establecidos de manera conjunta entre los seres humanos en su propio desenvolvimiento y proyección. La historia de la humanidad es también la historia de sus miedos y temores ante diversas amenazas y riesgos, ante los cuales se han constituido grandes respuestas, desde aquellas vinculadas a los dioses sobrenaturales protectores, a la fuerza y voluntad del propio ser humano, a su capacidad de pensamiento y creación y a los recursos, instrumentos, técnicas, conocimientos, ciencias y tecnologías para protegerse y desarrollarse. Sin embargo sus propias creaciones se han convertido, en muchos casos, en nuevos peligros y amenazas, entre ellos las heterogéneas relaciones sociales, la división de actividades, la autoridad, el poder, el dominio, la desigualdad, la distribución inequitativa de recursos, el prestigio, los privilegios y el control sobre los demás controlando los medios de vida. Las amenazas se presentan como visibles y perceptibles directamente ante situaciones de riesgo a la integridad individual o grupal, se presentan como violencia, peligro, delincuencia o agresión directos, entretanto las amenazas invisibles están latentes en el medio en tanto

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construcciones sociales de potencial peligro sobre los seres humanos. En ambos casos la conjunción de la evidencia objetiva y subjetiva del peligro con la administración del miedo desde las instancias de poder va construyendo un sistema de control, vigilancia, orientación y regulación de la inseguridad, el peligro, la amenaza y el riesgo desde las mismas las estructuras de dominación institucional hasta el campo de los aspectos más rutinarios, microsociales y cotidianos de la vida humana. De esta manera, la constitución, administración y manipulación de los miedos sociales e individuales se convierten en recursos de la política, del Estado, de las instituciones, para vigilar, controlar y castigar a la sociedad o a aquellos segmentos de la misma que se considera son un peligro para determinado orden establecido, forjando así un esquema cada vez más sofisticado de dominación, domesticación y subordinación de la colectividad al poder. Las dimensiones de la inseguridad, el peligro y la violencia se las puede ubicar de acuerdo a la extensión social, temporal y espacial en la que se presenta y sobre la cual influye en distintas intensidades en relación a los alcances que presenta. Asimismo, es posible que los tipos de inseguridad y miedo respondan a una combinación de aspectos que intervienen, desde los generados por los poderes institucionales establecidos o por los poderes criminales ilegales, hasta los vinculados a la delincuencia común, a la mafia, a la acción policial o a la agresión doméstica y personal. Las guerras mundiales, las ame-

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nazas de confrontación generalizada, las agresiones colonialistas e imperialistas, las guerras de liberación nacional, el terrorismo de Estado, las guerras de agresión, el terrorismo criminal, las mafias internacionales, el trafico de drogas y de armas, las crisis económicas y financieras, las amenazas nucleares o las crisis originadas por el cambio climático tienen la mayor dimensión y alcance poniendo en riesgo grandes espacios territoriales y a millones de habitantes del planeta que advierten un peligro general, una amenaza integral que provoca inseguridad y miedo múltiple y generalizado. Los que generan y administran estas tensiones son los que detentan el poder en sus distintas formas a nivel internacional regional o nacional: las superpotencias nacionales y regionales, las corporaciones criminales, la industria militar, las mafias internacionales, las transnacionales petroleras, las organizaciones empresariales de mercenarios y las grandes cadenas mundiales de medios de comunicación social. En un escalón inferior se encuentran los procesos de amenaza y temor en las regiones y países afectando espacios nacionales donde habitan millones de personas que sufren la influencia e impacto de organizaciones del crimen, mafias delincuenciales, actividades ilegales,

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así como de estados y gobiernos, grupos con intereses económicos o políticos, organizaciones policiales y militares, paramilitares, policías privadas, terroristas, grupos armados y mercenarios. Algunas veces tienen vínculos regionales y responden a estrategias de control internacional mediante redes de crimen y delincuencia que generan grandes recursos económicos y vínculos con el poder político. La corrupción y las actividades ilegales son algunos de los aspectos que caracterizan este nivel, especialmente en zonas de frontera. Los impactos más directos y cotidianos de la inseguridad, el peligro, la delincuencia y los riesgos diversos para los ciudadanos se presentan a nivel local, barrial, distrital, municipal e inclusive familiar, lugares donde la repercusión es más fuerte e intensa tanto por la cercanía a las actividades cotidianas, como por la trascendencia de hechos que afectan inmediatamente, más aún tomando en cuenta las repercusiones en los medios de comunicación que se han especializado en coberturas amplias y, a veces morbosas y amarillistas en torno a temas delincuenciales. Los testimonios, las versiones cercanas y los propios testimonios de acontecimientos de violencia o delitos marcan y posicionan al miedo. Aquí la acción de pandi-

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llas organizadas, de bandas delincuenciales, de prácticas policiales irrestrictas; se combina con tribus urbanas de distintas características, de rebeliones sociales, marchas de protesta, demandas de distinto tipo, tensiones y violencias cotidianas que son experimentadas, a veces, cara a cara. Por otra parte, las peleas, riñas callejeras, violencia familiar, abuso de menores, choques interpersonales y otros en los ámbitos domésticos más cercanos, junto a los antes señalados, marcan los temores y miedos socialmente condicionados e internalizados por cada uno de los habitantes del espacio compartido. En este marco, todas las personas están afectadas y son víctimas, sin embargo son “los condenados de la tierra”, los colonizados y enajenados, y “los condenados de la ciudad”, los marginados y pobres, los identificados por los sistemas penales, judiciales y policiales como el peligro que debe ser controlado y destruido en el marco de la seguridad del estado y el orden establecido, debido a su condición de excluidos de la sociedad y potenciales gestores de inseguridad.

* Licenciado en Sociología de la UMSA (Bolivia) y Maestro en Ciencia Política de la FLACSO (México). Docente Titular de la Carrera de Sociología de la UMSA, Profesor Invitado en la Universidad Nacional de Valparaíso, la Universidad de Buenos Aires UBA, la Universidad Rural de Rio de Janeiro y la Escuela Florestan Fernandez de Brasil ENFF. Escribe en Revistas de Bolivia, Argentina, Brasil y Venezuela. Actualmente es Director de la Carrera de Sociología de la UMSA y Co-Director de la Revista Virtual Patria Grande.

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ENTREVISTA AL LICENCIADO Y ESPECIALISTA EN GEOPOLÍTICA SURAMERICANA CARLOS PEREYRA MELE (*)

América Latina en el tercer milenio A

mérica Latina parece haberse despertado después de un sueño largo. Es un continente rico en todo, minerales, madera, agua, hidrocarburos, rico también en biodiversidad, lo que lo hace único. Así puede ser presa fácil de las grandes potencias atlánticas como Reino Unido primero y Estados Unidos después. Como escribe Eduardo Galeano en su lúcido ensayo Las Venas Abiertas de América Latina… “tierras ricas, subsuelo riquísimo y hombres pobres en ese reino de la abundancia y del abandono”… En ese sentido, ¿qué le falta? ¿Tal vez la fuerza militar y política que unidas en un sentido común puedan hacer la diferencia? Debemos primero hacer algunas aclaraciones. Lo que genéricamente se denomina Latinoamérica -que se definiría mejor como Hispanoamérica- que geográficamente se ubicaría desde México hasta el Cono sur de América del Sur, tiene varias características desde lo geopolítico, muy relacionado con el espacio que ocupan sus países en cada subcontinente. Uno, el del Norte, con el caso específico de México, totalmente integrado a una relación de subordinación con el gigante estadounidense (con el North American Free Trade Agreement, NAFTA, o Tratado de Libre Comercio de América del Norte, TLCAN). Luego la zona de Caribe y Centro América, una zona de amortiguación entre Norte y Suramérica, fuertemente condicionada por las relaciones políticas y económicas con Estados Unidos (EEUU), con la excepción de la Cuba castrista y de Nicaragua y algunas islas caribeñas. El último golpe en Honduras así lo demuestra, aunque su importancia geopolítica y económica es muy escasa en este pequeño grupo, dada la presencia norteamericana profunda con gobiernos de tinte neoliberal y de islas que supuestamente obtuvieron su independencia, pero que llamativamente tienen a la Reina de Inglaterra como su Jefa de Estado. Es llamativo este tema ya que por ello la Organización de Estados Americanos (OEA) se transformó en un organismo inútil teniendo en cuenta que, con la incorporación de esos microestados, se desequilibró la importancia tradicional de los países hispanos en el organismo. Hoy, Trinidad y Tobago vale un voto, igual que un gigante como Brasil, por ejemplo. La zona que más se desarrolló en

los últimos años, en cuanto a avances significativos en modelos de integración, es el subcontinente suramericano, más aún con las contradicciones del mundo capitalista y su lucha por conseguir acceder a los ricos yacimientos, reservas y alimentos que describió en su pregunta. Es además la zona que produjo algunos cambios fuertes en las relaciones societarias con potencias extranjeras y que hoy dejan vislumbrar un nuevo periodo de cambio con las viejas alianzas. Pero aún estamos lejos de poder tener una voz común y un sistema defensivo unido para enfrentar los grandes desafíos y amenazas que nos ciernen, más teniendo en cuenta que este subcontinente sufre de una fuerte desigualdad distributiva en el seno de sus sociedades, que bien puede ser instrumentada desde el exterior -ya paso con el separatismo en Bolivia- o la amenaza de nuestros fundamentalismos como el caso de los pueblos indígenas que reciben “instrucciones” de ONG de los países centrales y que han causado también mucho frenos a planes de gobierno de signo populista en este subcontinente. Con todo este panorama, igualmente fue muy importante la creación de instrumentos regionales como el Mercado Común del Sur (Mercosur) ampliado a la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) y el Consejo de Defensa Suramericano (CDS).

En la Argentina, Néstor Carlos Kirchner primero y ahora Cristina, Hugo Chávez en Venezuela, Rafael Correa en Ecuador, Evo Morales en Bolivia y Luiz Ignacio da Lula da Silva y ahora Dilma Rousseff en Brasil. ¿Cómo juzga la acción de estos jefes de Estados en este nuevo curso de América Latina? Según su opinión, ¿supieron y sabrán dar al continente aquel cambio decisivo en este sentido político?

El salto de “patio trasero” de las grandes potencias, a actor central del escenario internacional. Rica en recursos naturales y prototipo en modelos de integración.

Los presidentes a los que hace referencia son una camada surgida luego de la caóticas situaciones derivadas de la aplicación del consenso de Washington de los 90 (Neoliberalismos para las Américas), que fue una antelación de lo que les pasa a los países periféricos de la Unión Europea (UE) en estos momentos. Salvo el caso de Brasil, que tuvo más continuidad para llevar adelante una política de posicionamiento global como potencia emergente, los demás países del conti-


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nente han aplicado normas para volver a rearmar el estado como herramienta de dinámica política económica y allí, en ese punto, todos coinciden. Esto permitió tener nuevos socios, acuerdos regionales que mejoren las relaciones económicas casi inexistentes entre los países de la región. Este ha sido el mayor aporte al cambio que instrumentaron los presidentes mencionados. Ello no significa que el pensamiento sea homogéneo, ya que pocos comulgan con el llamado “socialismo del siglo XXI” que pregona Chávez. Pero han dado a Suramérica una impronta y transmitido la importancia del subcontinente de la que nadie hablaba. Allí radica su importancia.

Si miramos a América Latina según sus riquezas no tiene competidores. Pero para ser “competitivos” a nivel mundial es necesario crear una unión que pueda medirse con los Estados Unidos y la Comunidad Europea y con las potencias euroasiáticas como China y Rusia. El Mercosur fue instituido por medio del tratado de Asunción en el 1991 y del cual forman parte Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay (suspendido) y ahora Venezuela. Estos países pueden ser el instrumento óptimo para tal fin con la esperanza que tomarán parte por completo también los otros países latinoamericanos, y que por ahora son solamente miembros asociados como Bolivia, Chile, Colombia, Perú y Ecuador. Ese sería el objetivo de máxima: conformar un mercado común ampliado con una profundización en todos los temas financieros, económicos, culturales, tecnológicos, etc. El gran desafío de la actualidad es romper con el bajo intercambio regional que no supera el 20% de todas las transacciones de su comercio internacional interzonal, cifra bajísima teniendo en cuenta que para la UE el mismo representa el 66%, y para el NAFTA el 50%. Ello es el resultado de que, por ejemplo, México, el Caribe y América Central reciben la mayor parte del comercio de EEUU, su turismo y las remesas de dinero que envían los emigrantes hispanos a EEUU. En cambio en América del Sur la mayor atracción actual es la relación con China, que se transformó en el principal socio comercial. En general son productos primarios de muy bajo valor agregado. Argentina, por ejemplo, tiene ocho productos que concentran el 95% de las ventas al país asiático, y los porotos de soja representan el 71% del mismo. Como dice un viejo refrán: “Lo importante no es cambiar de collar sino dejar de ser perro”. Ese es el desafío para América del Sur que, teniendo en cuenta la lucha por los mercados y las materias primas que envuelven a las potencias tradicionales y a las emergentes, aproveche la oportunidad para relanzarse como espacio continental industrializado, que sea un nuevo sujeto de la historia mundial a desarrollarse en este siglo.

Los estados del BRICS, Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, que poseen abundantes recursos naturales, incluyen al mayor estado suramerica-

no. ¿Hay entonces perspectivas para una sinergia con el Mercosur? ¿Qué haría de América Latina una unión sin confrontaciones? La realidad es la única verdad. Brasil ya es la sexta potencia económica mundial, pero para sostener ese crecimiento necesita consolidarse en un espacio mayor al de sus actuales límites internacionales. Para ello despliega una diplomacia y una presencia de sus empresas oficiales y privadas profundas en el continente. Sabe que necesita de sus vecinos y por ello seduce a algunos mientras que a otros les hace ver su importancia geopolítica de forma clara y contundente. También sabe que si sigue aumentando su importancia global tendrá zonas de choque y por lo tanto se prepara para que esas dificultades no repercutan negativamente en su nuevo rol mundial. En general, los países del continente saben de esta realidad y tratan de sacar el mejor rédito.

Parece que la famosa crisis de la economía mundial no afecta a Suramérica y si lo hizo fue marginalmente. ¿Qué piensa al respecto? Lo que ocurrió es que la crisis ya la vivimos al final de los 90, fueron las denominadas “Tequila”, “Caipiriña” o “Tango”. Ello derivó a una mayor intervención del Estado en la economía contra las tradicionales recetas de los organismos financieros internacionales que pedían mayores ajuste que, sabíamos, conducían a la “crónica de una muerte anunciada”. Por ello practicamos planes económicos no ortodoxos y a ello se le sumó

que los precios de las materias primas aumentaron significativamente dando a los países mayor disponibilidad de dinero para sus economías.

Con su mayor promotor en la República Bolivariana del Venezuela, ¿cómo juzga al ALBA en una perspectiva política? Fundamentalmente es un movimiento importante desde lo ideológico en una lucha desigual con la república imperial cuyo eje o centro es Venezuela, país que ha vivido el fin de un modelo demoliberal y el surgimiento de un movimiento populista encabezado por la figura de Chávez. Pero tiene el inconveniente de ser resistido internamente por los sectores económicos tradicionales y, externamente en la región, no es acompañado por Brasil ni Argentina. Esto hace que su influencia sea muy reducida. En relación a la real politik no creo que su futuro pueda prosperar. Igualmente demostró las debilidades y formas de actuar de EEUU en Suramérica y demostró también que este subcontinente no es el “patio trasero” de nadie.

Rusia y China están haciendo importantes acuerdos con algunos Estados del continente. ¿Qué opina de esto? Son la demostración de que América del Sur tiene su propia agenda e intereses y que la potencia del norte ya no es la que determina con quien tenemos que aliarnos y con quien no. La presencia China es muy profunda y últimamente también la pre-

sencia de India es muy fuerte, a la que se le suma la reaparición de Rusia que también estableció lazos con varios países con importantes aportes de intercambio tecnológicos, que es lo que busca este continente para salir del rol de proveedores de materias primas y alimentos.

En estos días se discute el caso de Julian Assange y la concesión de el asilo político por parte de Ecuador. La misma desencadenó la dura reacción de Londres que no olvida su pasado colonialista. ¿Cree que en el futuro se corra el riesgo de un choque con Londres y Washington debido que no les gusta el nuevo curso Latinoamericano? ¿El problema de las Malvinas podría ser “casus belli” para una acción militar contra Buenos Aires para después extenderse a los otros países? Es el riesgo permanente que debemos compartir los suramericanos. La presencia inglesa en el Atlántico Sur, a través de un collar de bases que opera junto a su aliado estratégico global EEUU es, en primer lugar, una amenaza a Argentina en su zona mas débil -la Patagonia-. Pero visto a largo plazo es el posicionamiento de estas potencias para asegurarse el control de los pasos interoceánicos y el libre acceso al último continente no explotado hasta la actualidad: la Antártida. Lo del caso Assange, simplemente fue la demostración de que el Derecho Internacional prácticamente ha muerto y solo rigen la política de poder real a nivel global. Es un ejemplo de que les importa

poco o nada a las potencias mostrarse como respetuosas del derecho de terceros países cuando están en juego sus intereses. Pero reitero, lo que está en juego en el mediano plazo es el control y acceso a la explotación de la Antártida.

¿Cómo se podrían desarrollar las relaciones entre Latinoamérica y Europa? Creo que los términos Latinoamérica y Europa son muy amplios. Como ya me expresé, lo correcto es Hispanoamérica (que no es un grupo muy homogéneo como ya explicamos) y cuando hablamos de Europa estamos hablando en especial de relaciones con España, Portugal e Italia desde lo afectivo-cultural y de Alemania, Francia e Inglaterra desde lo económico. Los intercambios económicos se van reduciendo más con la aparición de nuevos socios con América del Sur. Ya es tiempo que los europeos dejen de vernos como algo exótico y subdesarrollado y más bien como nuevos jugadores mundiales. Que comprendan que tendrán que hacer muchos esfuerzos para mejorar su presencia económica y de que no vuelvan como depredadores, sino como socios.

(*) Entrevista realiza por Federico Dal Cortivo para “Europeanphoenix publication” a nuestro consejero académico Carlos Pereyra Mele, licenciado en Ciencias Políticas, conferencista y docente argentino. Analista político, especialista en Geopolítica Suramericana. Docente universitario y articulista de diversas publicaciones. Editor de www.dossiergeopolitico.com


12 > contexto mundial

DOMINGO 7 DE OCTUBRE DE 2012 | PRIMERA EDICIÓN

A LOS 95 AÑOS FALLECIÓ EL HISTORIADOR BRITÁNICO ERIC JOHN ERNEST HOBSBAWM

Se fue el último visionario del siglo XX Autor de clásicos

tigaciones, Hobsbawm se fue a trabajar con obreros en Inglaterra y en el resultado manifestaba su admiración por los trabajadores.

ineludibles sobre esa centuria, tenía una

Historia del siglo XX

mirada universal,

Una de las teorías más importantes de Hobsbawm, que también se desempeñó como reseñista de jazz, fue las del siglo XX corto. Según él, los cortes de los períodos en la historia no los marcan los años, sino los procesos sociales y económicos. Por eso en su libro de 640 páginas “Historia del Siglo XX”, que ha sido traducido a cuarenta idiomas y se puede considerar como su obra más celebrada, Hobsbawm argumenta que el siglo XX empezó cuando terminó la Primera Guerra Mundial, en 1917, y terminó con la caída del Muro de Berlín, en 1989. Hobsbawm -señala la BBC- sostiene que el fin de la Primera Guerra acabó con un orden de poder heredado del siglo anterior y que después de 1917 empezó un nuevo episodio protagonizado por dos potencias, EEUU y la Unión Soviética. Tras la disolución de la Unión Soviética, argumentaba, empezó un nuevo capítulo en la historia que tenía a Estados Unidos como único poder global.

como lo muestran sus libros “La era de la revolución” y “La era del capitalismo”.

E

ric Hobsbawm, historiador. Su amplia y diversa obra lo situaron entre los autores más destacados, leídos y reconocidos de nuestro tiempo. Dedicado al estudio de la historia económica y social y a problemas más generales de la historia, sus trabajos se han convertido en obligada referencia de gran número de investigaciones y debates. Sus originales planteamientos han dado lugar a nuevas líneas de trabajo y fructíferas controversias. Británico, aunque nació en 1917 en Alejandría, cuando Egipto formaba parte del imperio británico. A fines de 2011 le dijo a la cadena británica BBC que la “Primavera Árabe” le generó un sentimiento de “excitación” y “alivio” que le recordaba a las revoluciones liberales de 1848: “Dos años después de 1848 parecía como si todo hubiera fracasado. Pero a largo plazo, no había fallado”. Hobsbawm murió en la mañana del lunes 1 de octubre en el Royal Free Hospital de Londres a sus 95 años, después de una larga enfermedad. El anuncio lo dieron su esposa, Marlene, su hija Julia, una importante consultora de comunicaciones, y sus hijos Andy y Josep. La semblanza de la BBC señala que aunque sus críticos siempre le achacaron su renuencia a reconocer los defectos de la Unión Soviética, es difícil no encontrar la obra de Hobsbawm en la selección de lecturas de las clases de historia en las universidades del mundo entero. La relevancia de su trabajo historiográfico no solo se debe a que hizo una rigurosa documentación de los siglos XIX y XX, sino que en ella practicó la aceptación de que cada cual es hijo de su tiempo. En su autobiografía, que más que una serie de memorias es una investigación

En América Latina

sobre sí mismo y su entorno, Hobsbawm dice: “Pertenezco a la generación para quienes la revolución bolchevique representó una esperanza para el mundo”. La historia de vida de Eric Hobsbawm es una historia del siglo XX porque su subjetividad -el tiempo y el espacio desde donde escribía el británico- siempre fueron una parte esencial de sus análisis.

Historia desde abajo Nació en Alejandría, Egipto, en el año de la revolución rusa, 1917. Su padre era un mercader británico y su madre, una escritora austriaca. Eran judíos de Polonia. Ambos murieron durante la Gran Depresión de los 30 cuando Eric, quien creció entre Viena y Berlín, tenía catorce años. “Cualquiera que vio el ascenso de Hitler de primera mano no podría haber evitado el ser moldeado por esto políticamente. Ese chico está to-

davía dentro de mí, siempre lo estará”, dijo Hobsbawm hace diez años. Parte de su defensa de la Unión Soviética tiene que ver con el argumento de que el comunismo acabó con el nazismo alemán, un fenómeno que Hobsbawm vio con los ojos de

un estudiante de historia en Cambridge, una universidad donde Marx, el padre del comunismo, se leía con admiración en ese tiempo. Tal vez por su filiación política fue que el marxista no llegó a ser profesor hasta 1970. Hobsbawm fue miembro del Partido Comunista británico y visitó varias veces el Kremlin, aunque más de una vez manifestó sus disgustos sobre el sistema comunista; en 1956, por ejemplo, se retiró del Partido después de que Nikita Krushev, líder comunista, les ordenó a sus tropas entrar con tanques a Budapest. Pero si bien su tendencia ideológica pudo haber perjudicado su objetividad, Hobsbawm, como escribió en su libro “Sobre la historia”, no estaba interesado en una historia científica. La corriente historiográfica de la historia social que fundó con sus compañeros de Cambridge era una respuesta a los métodos del positivismo del siglo XIX, que creía en una historia objetiva y comprobable. Parte del cambio metodológico fue que los héroes ya no eran los reyes o los jefes de Estados, sino la sociedad. En una de sus primeras inves-

Por su interés en las revoluciones y la adaptación de la sociedad al capitalismo de Occidente, Hobsbawm viajó a América Latina más de una vez. Estuvo unos meses en Colombia y visitó Argentina en varias oportunidades. No hace mucho dijo en una entrevista que se sentía más en casa en Sudamérica, porque allí se seguía utilizando el viejo lenguaje de la política que él conoció: revolución, socialismo, comunismo y marxismo. Su explicación de la guerra de las Malvinas o Falklands, por ejemplo, se basaba en una teoría sobre el “patrioterismo” de la clase obrera británica. Y es que la gran preocupación de Hobsbawm siempre fueron las supuestas injusticias del sistema capitalista. Hace poco le dijo a un colega historiador que quería ser recordado como “alguien que no solo mantiene la bandera volando, sino que demostró que al agitarla se puede lograr algo”. La suya era la bandera de la justicia social. En uno de sus últimos ensayos sentenció: “La injusticia social necesita ser denunciada y combatida [...] El mundo no se va a arreglar por sí solo”.

Unidos por el vértigo  

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