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Contexto Mundial

EL MOMENTO DE LA REGIón

¿UNA TRAGEDIA CONVENIENTE?

La crisis, América y un cambio de paradigma

La trama detrás de los atentados del 11 de septiembre

El sur supo impedir con herramientas propias los conflictos internos y regionales que frenaban esta consolidación de las mayorías democráticas. PAG 3

Una serie de informaciones dejan al desnudo que los servicios de inteligencia estadounidenses manejaban datos sobre lo que podía suceder. PAG 7

DOSSIER DE LECTURA | DOMINGO 27 DE NOVIEMBRE DE 2011

LA REGIONALIZACIÓN COMO RESPUESTA A LA CRISIS

INTEGRACIÓN GEOPOLÍTICA El principio mundializador y mundialista de la interdependencia económica es sustituido por el de complementariedad. Págs 4 y 5


2 > contexto mundial

DOMINGO 27 DE NOVIEMBRE DE 2011 | PRIMERA EDICION

SUMARIO El decenio de América del Sur P.3

Heterogénea, con altibajos, plural y disímil, pero con un solo objetivo: torcer el destino. El Estado como regulador social por sobre la monarquía del mercado. Por Carlos Pereyra Mele

La regionalización como factor de integración geopolítica P.4-5

La crisis ecnómico-financiera como disparador de una nueva tensión entre los procesos de mundialización y los esquemas regionales. Por Tiberio Graziani

En la captura del poder P.6

Con la decisión de suspender la construcción de la carretera que debía vincular los departamentos de Cochabamba y Beni (demorada desde hace 185 años), Bolivia es el primer país de América del Sur (y tal vez del mundo) en el que grandes ONG controlan el poder. Por Andrés Soliz Rada

¿Una tragedia conveniente? P.7

Los motivos por los que los servicios de inteligencia de los Estados Unidos ignoraron varias alertas de los atentados que se produjeron el 11 de septiembre de 2001 enEstados Unidos. Por Luiz Alberto Moniz Bandeira

Inteligencia geopolítica P.8

No se puede desvincular o desligar el desarrollo de un Estado del contexto regional, de los escenarios y tendencias del “orden mundial”, es decir del triple interescenario nacional, regional y mundial. Por Miguel Ángel Barrios

CONSEJO ACADÉMICO

Por Guillermo Baez COORDINADOR GENERAL, EDITOR

Crisis también significa oportunidad ace apenas unos años se predijo que la Unión Europea viviría un crecimiento económico, una época de bonanza. Dicha tesis, sumada a la sintomática crisis de los Estados Unidos, le reservaba al Viejo Mundo el primer lugar en la escala global. Se decía entonces que el mundo dejaría de ser unipolar (Estados Unidos) para adoptar un perfil multipolar... el mundo sería “eurocéntrico” -se pensaba entonces- y el poder sería compartido con las dinámicas economías asitáticas. Pero las expectativas crecieron más rápido que la economía y el resultado -un desequilibrio en el balance entre la deuda y los activos que la sustentan- provocó que Estados Unidos manifestara su quiebra antes de tiempo y que la Zona Euro desnudara sus diferencias internas y cayera presa de sus propias ambiciones. Fiel a su filosofía de paciencia y perfil bajo, sólo los asiáticos cumplieron los objetivos... y no es casual. En el idioma chino, la palabra crisis también significa oportunidad. Los resultados están a la vista. Así las cosas, el mundo ya no se rige por ciclos constantes. Todo cambia a cada instante y muchas son las variables que se implican en este proceso: las guerras (Irak, Afganistán), los gobiernos (Silvio Berlusconi en Italia, Yorgos Papandreau en Grecia), los movimientos sociales (los Indignados en Europa, Ocupa Wall Street en Estados Unidos), la religión (Juan Pablo II para el catolicismo, Alí Jamenei para la República Islámica de Irán), las conspiraciones (el 11S en Estados Unidos, la trama Gürtel en España), los abroquelamientos regionales (Unasur en América, el BRIC -Brasil, Rusia, India y China), la economía (el gigante asiático con China e India), etc, etc etc. Identificar esos factores, analizarlos, someterlos a debate son la

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vía para entender porqué sucede lo que sucede y anticipar los nuevos escenarios. Es así que surge Contexto Mundial, una plataforma de discusión y análisis del qué y el cómo. Un abordaje integral sobre lo que ocurre en el concierto de naciones. Para ello contaremos con los importantes aportes de especialistas en diversos campos. Tiberio Graziani (Italia), Luiz Alberto Moniz Bandeira (Brasil), Andrés Solíz Rada (Bolivia), Miguel Ángel Barrios (Argentina) -entre otros que se irán sumando con cada una de las ediciones-, cuyos currículums hablan por sí solos, escribirán para Contexto Mundial sus puntos de vista sobre los acontecimientos que hacen del mundo lo que es hoy. También formarán parte de nuestro consejo académico de manera de aportar perspectivas a cada uno de nuestros enfoques. Contexto Mundial será una publicación mensual que verá la luz el último domingo de cada mes. El nuevo suplemento se suma así a Enfoque Americano (sale el resto de los domingos) y, claro está, esperamos contar con su lectura, su aporte constructivo con críticas, propuestas y debate. Para ello, en breve contaremos con la necesaria plataforma digital. Política, cultura, economía y todos los temas que influyen en la construcción de la realidad tendrán su espacio en este nuevo dossier que preparamos pensando en el futuro de Misiones, de la Argentina y la región y que busca establecerse como un think tank (tanque de pensamiento) para la toma de decisiones. El momento de América, los abroquelamientos regionales, la irrupción de grupos en el poder, la trama detrás del 11-S y la aplicación de herramientas estratégicas en esta, la primera entrega de Contexto Mundial.

• Miguel Ángel Barrios (Argentina) • Luiz Alberto Moniz Bandeira (Brasil) • Andrés Solíz Rada (Bolivia) xxx: x • Tiberio Graziani (Italia) • Carlos Pereyra Mele (Argentina)

STAFF

Guillermo Baez: coordinación general y edición. Horacio Grondona: diseño y armado. Eduardo Da Silva y Juan Carlos Núñes: ilustraciones Contexto Mundial mantiene un grupo de columnistas permanentes y consultores circunstanciales de acuerdo a la tématica que se aborde. Se trata de un dossier mensual que saldrá a la calle el último domingo ca da mes. En breve página web y correo para contactos, consultas y sugerencias.


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PRIMERA EDICIÓN | DOMINGO 27 DE NOVIEMBRE DE 2011

UN PUNTO DE QUIEBRE HISTÓRICO Y UN ABROQUELAMIENTO SIN PRECEDENTES

El decenio de America del Sur

n 2010, la mayoría de los países de Iberoamérica festejaron sus revoluciones que la independizaron del Reino de España, este bicentenario encontró a esta región suramericana con más esperanza y más optimismo para enfrentar el recién iniciado siglo XXI. Estos 200 años se deben encadenar con la hoy demonizada fecha del 12 de octubre de 1492 fecha como sostiene Jorge Abelardo Ramos: es el día de nacimiento de América Latina y esto, es un hecho irreversible, independientemente de que esa fecha sea nominada descubrimiento de América, o doble descubrimiento o encuentro de dos mundos, o genocidio, según los gustos, y sobre todo, según los intereses, no siempre claros (1). A partir de esa fecha este continente entró en la historia universal, y daría con el mestizaje del aborigen y el europeo una nueva categoría de americano: la del “criollo” con su orden, que en America se baso en cuatro valores: el sentido de la Libertad, el valor de la Palabra empeñada, el sentido de Jerarquía y la Preferencia de Si mismo. Esta fue y es el alma de Hispanoamérica, que nos albergo y alberga a todos (aborigen, gauchos e inmigrantes), y que conformo este nuevo americano (2). Pero ese nuevo “orden criollo” choco con los intereses hegemónicos de la nueva potencia global que se impuso a España, Gran Bretaña y fue el origen de infinitos conflictos civiles en toda America pues pasamos del collar de dominación visible español, al collar de dominación invisible inglés. Tuvimos bandera, himno y ejército pero, Inglaterra nos encadenó a sus pies con los empréstitos de la Baring Brothers y la sutil

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Por: Carlos Pereyra Mele (*)

colonización cultural. De allí el desprecio de las clases dominantes en America de lo criollo e hispanoamericano. Esa fue la lucha de todo el siglo XIX y gran parte del XX, salvo escasos momentos de la historia se rompió con ese “modelo” de dominación: en México con su revolución en America del norte, Cuba, Nicaragua, Panamá en America central, sobreviviendo con enormes dificultades solamente Cuba y en nuestro subcontinente: con la revolución Peronista en Argentina, Bolivia con el MNR de Paz Estenssoro, Perú con Velasco Alvarado, el Chile de Allende o el Brasil de Getulio Vargas. Pero en el subsuelo de America seguía latiendo ese orden criollo a pesar de las décadas perdidas y derrotas y este vuelven a manifestarse en este siglo de manera clara y contundente. En estos diez años, América del Sur vivió uno de los mayores giros de su historia. Heterogénea, con altibajos, plural y disímil, pero con un solo objetivo: torcer el destino. Ésta ha sido, sin dudas y a 200 años de nuestros nacimientos, el decenio del Sur. America del Sur tiene toda su región hoy gobernada por regimenes democráticos, que a pesar de sus contradicciones y limitaciones permiten el disenso y la lucha por un mejor futuro para todos, es gobernadas por presidentes de disímiles orígenes: una mujer es Presidenta

de una de las potencias emergentes Brasil y antes lo fue un obrero, un mestizo lo es en Bolivia, un antiguo guerrillero en Uruguay, una peronista de los 70 en Argentina, un ex obispo tercermundista en Paraguay, un ex militar de izquierda en Venezuela y un economista antineoliberal en Ecuador, como también un empresario en Chile que remplaza a una mujer, a un economista liberal en Colombia y un ex etnocacerista en Perú. Como vemos una Suramérica heterogenia. Pero que supo impedir con herramientas propias los conflictos internos y regionales que frenaban esta consolidación de las mayorías democráticas agredidas por minorías facciosas como fue el caso de Bolivia amenazada por el separatismo o Ecuador con un intento de Golpe de Estado o cuando eliminó el peligro de enfrentamiento entre Colombia y Venezuela o entre Colombia y Ecuador o el conflicto argentino-uruguayo. El decenio estuvo marcado desde el comienzo por una insoburdinación a los dictados de las recetas tradicionales y a una globalización que nos incrementaba la dependencia. Nuevamente aparece el Estado como regulador social por sobre la monarquía del mercado y tratando de superar las consecuencias generadas por el neoliberalismo. Tenemos un panorama diametralmente opuesto al que se registra en Estados Unidos y la Eurozona. Los mandatarios de America del Sur reaccionaron con celeridad y firmeza ante hechos puntuales que podrían haberse convertido en graves conflictos y se ha visualizado una madurez y unidad que debe resaltarse. En este breve artículo no pode-

mos dejar de mencionar el fortalecimiento del Unasur (y todas sus organizaciones colaterales), que fue el resultado concreto de nuestra insoburdinación fundante al intento de incorporar al subcontinente, al Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) con George Bush, en la Cumbre de las Américas en el 2005. El economista jefe del Banco Mundial para América, Augusto de la Torre, señaló recientemente que ésta no ha sido otra década perdida para Latinoamérica, como lo fueron los ochenta, sino que más bien ha sido un regreso a los sesenta. Entre 2000 y 2010 se ha quebrado una tendencia de 100 años de crecer a un ritmo menor que los países desarrollados (3), y crecerá este año, según las previsiones del Fondo Monetario Internacional (FMI), a un ritmo medio del 5,7%. También debemos tener en cuenta nuestras fortalezas y debilidades para corregir las mismas: más de 70% del crecimiento de América del Sur se debe este año a la demanda del mundo emergente (China/India), Los términos de intercambio de América del Sur son los mejores de su historia. Por ello debemos profundizar un nuevo sistema de alianzas internacionales, caso que ya por su impronta económica esta ocurriendo (China, India, Rusia, AsiaPacifico), diversificar nuestra producción primaria, agregar valor a nuestras exportaciones, incrementar nuestra capacidad científico tecnológica, implementar un banco Suramericano, establecer un sistema de Defensa regional fuerte y flexible. Si bien: “Estamos claramente en lo que yo llamaría la década de América Latina”. Expresión del Pre-

sidente del Banco Iberoamericano de Desarrollo (BID), Moreno Mejía, con la cual coincidimos, pero no hay que dormirse, tenemos que seguir el camino de la integración de nuestro desarrollo autónomo y profundizar nuestras organismos regionales y continuar con ola heterogénea, y plural, indefinida en algún aspecto, pero ola transformadora al fin. Y ese es otro motivo para festejar. Como festejan en buena parte de América del Sur el decenio que concluye.

Referencias: (1) Malvinas de Cristóbal Colon a Juan Perón: (2) Pensamiento de Ruptura: El Orden criollo, Alberto Buela; Editorial Theoria Bs.As.(2008) (3) Banco Mundial

(*) Licenciado en Ciencia Política, conferencista y docente argentino Analista Político, especialista en Geopolítica Suramericana Profesor invitado Cátedra Libre del Pensamiento Nacional Unv. de la Patagonia; CEES, y CIVIS Profesor invitado de la Maestría de Relaciones Internacionales "Fundación Democracia", Círculo de Legisladores de la Nación Profesor invitado "Diplomatura Superior de Geopolítica Regional y Nacional" (Misiones, Argentina) Miembro del Consejo Académico del "Congreso Internacional de Educacion Carbo" Miembro de "GEOSUR", Asociación Sudamericana de Geopolítica e Internacionales (Uruguay) Miembro del Comité Científico de la Revista Italiana de Geopolítica "Eurasia" Articulista del "Fondo de la Cultura Estratégica de Rusia" Libros: Coautor del "Diccionario de Seguridad y Geopolítica latinoamericana" 2009 Ed. Biblos. “Tropas Norteamericanas y la Geografía del saqueo”, Paraguay, 2005


4 > contexto mundial n los últimos años los procesos de fragmentación (balcanización) del espacio global y de mundialización de los mercados nacionales o regionales han contribuido, sinérgicamente, a sustentar la hegemonía del mayor actor global, los Estados Unidos y, consecuentemente, de los grupos de presión que se expresan a través de su dirigencia. Sin embargo, la actual crisis económico-financiera del sistema “occidental” y la regionalización estructural de algunos mercados (América meridional, Eurasia) que parecen sustanciar la reordenación del planeta en grandes espacios geopolíticos (multipolarismo) aceleran el declive de la “nación necesaria” y se oponen a los procesos de mundialización. El proceso de mundialización, que gira en torno al principio de la interdependencia económica, podría ser sustituido, a medio plazo, por un proceso de regionalización de base continental, centrado en el principio de complementariedad.

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EL NUEVO ORDEN MUNDIAL

La regionalización como factor de integración geopolítica

Mundialización, fragmentación territorial e interdependencia En la introducción a la ponderosa compilación “L’espace mondial: fractures ou interdépendances?”, los editores P. Dallenne y A. Nonjon proponen, como clave de lectura principal para la comprensión del complejo fenómeno conocido como mundialización (o globalización, según la terminología en uso en el área cultural anglosajona) el análisis geoeconómico, con la declarada finalidad de “éviter l’arbitraire de toute prospective géopolitique”. Pasando por alto aquí toda polémica referente a la geopolítica, tal y como se deduce de la cita que acabamos de reproducir, consideramos que el análisis geoeconómico -cuyo campo de investigación está constituido por el estudio de las estrategias económico-comerciales y financieras de los Estados, de las grandes empresas industriales y de las organizaciones internacionales- tiene el indudable mérito de ayudarnos en la valoración de las tendencias macroeconómicas, y a veces microeconómicas, que influyen, corroboran o subyacen a algunas conductas típicamente geopolíticas. Las variables económicas, de hecho, si son estudiadas cuidadosamente a nivel planetario y fuera de todo esquema ideológico o historicista, permiten comprender de manera más acabada algunas praxis geopolíticas y trazar mejor los probables órdenes mundiales futuros; además, su estudio tiene el valor de desvelar el peso ( y las estrategias) de algunos importantes grupos de presión económico-financieros en la influencia sobre las decisiones de gobiernos nacionales y en la desestabilización del eqilibrio político y social de zonas completas del planeta, evidentemente, en beneficio de sus propios intereses y de los gobiernos que apoyan. Sólo por poner un ejemplo, todo el mundo conoce la influencia que el complejo militar-industrial estadounidense, en estrecha conexión con el lobby del petróleo, ha ejercido en las decisio-

Tiberio Graziani (*)

nes estratégicas de la “guerra al terrorismo” -que aún perdura- emprendida a escala global, después del 11 de septiembre de 2001, por la Administración Bush. Como, por otro lado, todo el mundo sabe, aunque sólo sea por dar otro ejemplo, la función desempeñada por las potentes ONG’s, dirigidas por el financiero “filántropo” George Soros, en la desestabilización de la ex Yugoslavia (6), en la perturbación del “exterior próximo” de Rusia (Bielorrusia y Ucrania), en algunas áreas críticas del continente eurasiático (Chechenia, Georgia, Osetia, Kirguistán, Myanmar, Tíbet, etc.). Más precisamente, con respecto a las estrechas relaciones entre las políticas económicas de los Estados Unidos y el proceso de mundialización, Jacques Sapir escribe que « lo que se llama “mundialización” en el lenguaje corriente es, en realidad,

rias más o menos integradas económicamente. Tal descripción de las entidades estatales y de su función con respecto a las relaciones con el espacio y el poder, a las estrategias para la adquisición de la supremacía comercial y tecnológica (dos elementos característicos de la mundialización contemporánea) nos lleva a considerar que el actual proceso de mundialización está atravesando una profunda crisis, ya que las actividades económicas, comerciales y financieras parecen organizarse cada vez más según bases regionales y dimensiones continentales. Desde un punto de vista político, es decir, de la soberanía, observamos que el regionalismo comercial, esto es, la integración regional sobre bases económico-comerciales y financieras llevada a cabo mediante instrumentos como la cooperación interestatal, la zona de libre intercambio, la unión de aduanas, el mercado común, la unión monetaria- expresa un importante valor geopolítico, pudiendo constituir un volante para la unificación política del área específica. Esta evolución de los procesos

“El proceso de mundialización, que gira en torno al principio de la interdependencia económica, podría ser sustituido, a medio plazo, por un proceso de regionalización de base continental...”.

la combinación de dos procesos. El primero es el de la extensión mundial del capitalismo en su forma industrial en las regiones que no había tocado todavía. El segundo, que en gran medida es la aplicación de la política americana, corresponde a una política voluntarista de apertura financiera y comercial. Considerando los Estados como entidades asimilables a las grandes empresas, es posible describir el espacio global como un vasto campo de fuerzas que estructuran el mundo en espacios dominantes y en perife-

económicos en sentido regional y continental puede ser interpretada como una respuesta, en el plano económico y social, a los desequilibrios que el proceso de mundialización ha supuesto en los últimos años en vastas áreas del planeta. Tal proceso ha provocado ( y sigue provocando) la ulterior fragmentación de la soberanía territorial de algunos espacios concretos del globo convertidos en entidades estatales extremadamente frágiles, haciendo muy dificultosa su gobernabilidad, en beneficio del sistema occidental;

en beneficio, por tanto, de una escasísima parte de la población mundial, cuando no de pocas y particulares élites. La formación de grandes espacios económicamente autosuficientes y políticamente soberanos -a partir de la consolidación/integración de los ya existentes, entre los cuales se encuentran Rusia, China, India en el hemisferio septentrional y Brasil y Argentina en el meridional- constituiría, en cambio, un elemento de mayor estabilidad social y política para todo el planeta. Otro elemento que es preciso subrayar acerca de la globalización es que está procediendo hacia la uniformización mundial de las costumbres y de las producciones, tiende a nivelar las especificidades culturales de los pueblos, asimilándolas, además, en una lógica neocolonial, a los “valores” occidentales. En referencia al proceso de mundialización, constatamos con P. Dallenne y A. Nonjon, que se remiten a la lección de Jacques Ténier, que “la integración regional se combina con [aquel] en una dialéctica de refuerzo/oposición”. La integración regional refuerza los mecanismos mundializadores cuando inserta a regiones enteras en el mercado global, apelando al principio de interdependencia económica, y se opone a esos mismos mecanismos, cuando, en cambio, por oportunidades políticas y/o necesidades geopolíticas, integra a áreas enteras en una lógica que aquí definimos de autosuficiencia o complementariedad, sustrayéndolas, por tanto, al proceso de mundialización. La integración regional, entonces, presenta, a ojos del analista, un carácter híbrido. En el ámbito de esta relación trataremos de analizar cómo tal peculiaridad se manifiesta en dos áreas del planeta: Sudamérica y Eurasia.

Hemisferio occidental: América meridional Consideremos cómo las dos lógicas opuestas, de refuerzo y oposición

al proceso de mundialización, podrán contribuir a influir en los futuros escenarios geopolíticos de todo el área. Por un lado, constatamos que los Estados Unidos tratan de agregar desde hace mucho tiempo a los Países de América Central y meridional en el ámbito de redes económico-comerciales (ALENA/NAFTA, ALCA/FTTA) y de cooperación militar (Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca), con el evidente fin de mantener su propia hegemonía sobre todo el hemisferio occidental, siguiendo la estela de la tradición inaugurada por el presidente James Monroe en 1823. La realización de tales redes implica la fragmentación territorial y la despotenciación de las soberanías nacionales de toda la América meridional. Generalmente la fragmentación y la despontenciación de las soberanías nacionales son ejecutadas mediante la despolitización de las clases dirigentes de los países objeto de la integración económico-comercial, o, siguiendo las reglas del soft power, a través de la cooptación directa, y a menudo temporal, de algunas oligarquías locales seleccionadas (políticas, culturales, económicas) en los mecanismos de la economía y de la finanza mundiales, o, más burda y drásticamente, con la desestabilización política y económica de las zonas de interés, valiéndose de preexistentes tensiones endógenas, o creando artificialmente otras nuevas. “Atomizar” la soberanía territorial en entidades estatales débiles e interdependientes es la condición esencial para que los Estados Unidos y las grandes compañías puedan llevar a cabo una integración coherente con el proceso de mundialización de todo el subcontinente, o bien un control total de este. Por tanto, obstaculizar todo posible ensamblaje entre los actores regionales que pueda ser susceptible de tener consecuencias políticas propedéuticas para la constitución de


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un probable espacio geopolíticamte cohesionado, o de algún modo económicamente autosuficiente, en tal marco, resulta para los defensores (y controladores) del “libre mercado” un imperativo esencial; este imperativo determinará, muy probablemente, la estrategia que Washington tendrá que adoptar en los próximos años con el fin de mantener sus propias prerrogativas sobre lo que era su antiguo “patio trasero”. Por otro lado, tenemos, en cambio, el constante tejido de acuerdos y relaciones entre los diversos países sudamericanos, principalmente entre Argentina y Brasil, entre Venezuela y Bolivia, entre Venezuela y Brasil, para la constitución de oportunas redes regionales dirigidas a liberar todo el subcontinente de la tutela (económica y militar) estadounidense. Para algunos analistas y hombres políticos de la América meridional, entre quienes se encuentran los brasileños Samuel Pinheiro Guimarães y Luiz Moniz Bandeira, y los argentinos Alberto Buela y Félix Peña, este tipo de integración regional (Mercosur, ALBA, Comunidad andina, etc) podría constituir uno de los puntos de partida para la unificación monetaria y geopolítica de todo el subcontinente americano. En este sentido, recordemos que, a partir de octubre de 2008, Brasil y Argentina adoptarán, para sus intercambios, el Sistema de Pago en Moneda Local (SML) en lugar del dólar estadounidense. La adopción del SML es un primer paso hacia la integración monetaria de toda la región sudamericana. Por tanto, parece que el principio de interdependencia económica -elemento esencial del proceso de mundialización- está siendo sustituido por el de complementariedad. La tensión que genera la contraposición entre la constitución de un espacio meridional económica (y coherentemente) unificado y la comprensible resistencia de los Estados Unidos determinará el futuro geopolítico del hemisferio occidental. Observemos que algunos analistas estadounidenses, muy conscientes del declive de su país, como por ejemplo Robert A. Pastor, consideran que para superar el actual momento crítico, Washington debe asumir “un enfoque continental (a continental approach)” con una North American Community, que debería incluir a Canadá, los Estados Unidos y México.

Hemisferio oriental: Eurasia En el caso de Eurasia la cuestión es un poco más compleja. Aquí intervienen, de hecho, algunos factores geoestratégicos importantes que condicionan, a partir del hundimiento de la Unión Soviética, las praxis geopolíticas y geoeconómicas de los Estados Unidos y de algunos lobbies interesados en los inmensos recursos de la masa eurasiática. Desde un punto de vista geoestratégico, observemos, sintéticamente, que Washington está obligado a: • Mantener la parte occidental de Eurasia (la Europa propiamente dicha) como cabeza de puente para

controlar a Rusia y Oriente Próximo; • Perturbar algunas áreas asiáticas, principalmente la zona caucásica y el arco del Himalaya con la finalidad de condicionar a Moscú y Nueva Delhi y llevar a término el proyecto del “Gran Oriente Medio”; • Tratar de fragmentat el territorio de la República Popular China en al menos cuatro áreas: Tíbet, Xinjiang, Mongolia interior y China centro-oriental; • Mantener, finalmente, a Japón (la parte oriental de la masa eurasiática), como cabeza de puente especular a Europa, para controlar a Rusia y China, los dos pulmones de Eurasia. Tal situación parece, a medio y largo plazo, insostenible para Was-

“La tensión que genera la contraposición entre la constitución de un espacio meridional económica (y coherentemente) unificado y la comprensible resistencia de los Estados Unidos determinará el futuro geopolítico del hemisferio occidental”. hington. El amplio espectro de actividades destinadas a sostener su expansionismo debe, de hecho, saldar cuentas con la evidente crisis económica-financiera que aflige, actualmente, su estado de salud interna. Además, la ex hiperpotencia debe tomar nota de la gestación de un sistema multipolar articulado sobre grandes espacios continentales, que afectan tanto al Norte como al Sur del planeta: un espacio muy diferenciado, pero, por oportunidades políticas, económicas y de seguridad colectiva, bastante cohesionado, representado, en el hemisferio septentrional, por los acuerdos rusochino-indios y otro, en ciertos aspectos más homogéneo, en el hemisferio meridional, constituido por las nuevas relaciones entre Argentina y Brasil. En el pasado reciente, según Jacques Sapir, un punto central de la estrategia hegemónica de los Estados unidos después de 1991 era la conjugación de una política de debilitamiento de Rusia para que esta no pudiera jamás volver a ser el competidor global que fue la URSS, con una integración de este país en los marcos de la política americana. La apuesta política del debilitamiento era evidente. En cuanto a la integración, debía prevenir toda posible alianza de Rusia y China, con el riesgo para los Estados Unidos de ver las capacidades técnicas en el dominio militar de la primera asociarse al dinamismo económico previsible de la segunda. Atrapado entre las necesidades de orden geoestratégico, como pesada herencia de su “momento uni-

polar”, y los imperativos impuestos por los procesos de mundialización de los mercados, Washington debe revisar profundamente su propia función de potencia global. Recientemente, Condoleeza Rice, en su ensayo publicado en la revista de estudios internacionales Foreign Affairs, parece haber registrado implícitamente la actual debilidad de Washington, sosteniendo, con sentido realista, que los Estados Unidos deben tener “aliados permanentes”. Por cuanto respecta a Europa, la potencia norteamericana, en acuerdo con su socio especial Gran Bretaña, en un breve arco temporal, ha logrado llevar hacia sus posiciones no sólo a los gobiernos de la parte oriental (Países Bálticos, Ucrania, Polonia, Eslovaquia, República Checa, Hungría y Rumania), sino sobre todo a Francia y Alemania. La Unión Europea, controlada por los tandem de los atlanticist modernizers Merkel-Steinmeier, SarkozyKouchner y Brown-Milliband, en realidad, no es “europea”, sino “atlántica”. Esta Europa, confeccionada por las cancillerías de Londres, París, Berlín y Washington, lejos de reforzar el carácter unitario político del propio espacio, parece cada vez más inclinada a deshacerse a lo largo de tres líneas de fractura principales: Europa continental (Alemania y Francia), la Nueva Europa (Europa oriental), y la Unión euromediterránea. En relación a los procesos de mundialización, la integración euromediterránea de los atlanticist Nicolás Sarkozy y Angela Merkel, en lugar de constituir un “bloque regional” mediterráneo, tiene la finalidad de despolitizar a las clases dirigentes de los países árabes, cooptándolas en los mecanismos del mercado y de la finanza mundiales, aumentando así el grado de interdependencia económica de estos países con la economía mundial y, sobre todo, de impedir a la Turquía de Tayyip Erdogan -interesada en intensificar las relaciones con Moscú y Teherán- que evolucione como un autónomo e importante agente de decisiones en el Mediterráneo y en Oriente Próximo y Medio. Esta nueva Europa “tripartita” (y, por tanto, todavía más débil) entra en la actual estrategia transatlántica estadounidense que, destinada a limitar los daños de la Administración Bush en el área medioriental, necesita refortalecer sus relaciones con Europa como “socio político”, pero, al mismo tiempo, no puede correr el riesgo de que este socio sea, incluso sólo en potencia, mínimamente independiente. Una Europa débilmente transatlántica podría, de hecho, repensar su propia función fuera del contexto “occidental” americanocéntrico, acercándose a Rusia e intensificando sus relaciones con China e India -sobre bases de complementariedad y no de interdependencia económica- y, por cuanto se refiere al hemisferio occidental, con los países del Mercosur. En referencia a las “zonas de crisis” (área transcaucásica, Oriente próximo y Oriente Medio y el arco

del Himalaya), los procesos de mundialización proceden a través de una bien ideada estrategia de perturbación, destinada a debiltarlas ulteriormente en el plano político y social (Afganistán, Irak, Pakistán, Myanmar), y de préstamos “excepcionales” a las organizaciones y/o entidades estatales que parece que se ponen en marcha hacia la construcción de sociedades democráticas y aceptan, por tanto, las reglas del libre mercado (véase el caso de Georgia, Azerbayán y Uzbekistán). Con respecto al espacio chinoindio, el proceso de mundialización no parece que se desarrolle según lo que habían previsto los análisis macroeconómicos y financieros. Las decisiones en materia económica de

“Atrapado entre las necesidades de orden geoestratégico, como pesada herencia de su momento unipolar, y los imperativos impuestos por los procesos de mundialización de los mercados, Washington debe revisar su propia función de potencia”. los gobiernos de Pekín y Nueva Delhi, aunque diferentes, de hecho, parece que prefiguran, en los próximos años, la creación de un sistema integrado de las economías de los dos colosos asiáticos, a partir de las inversiones chinas para el desarrollo de las infraestructuras indias, y por el apoyo indio al sector chino de los servicios y de la información, necesitado de las tecnologías informáticas para desarrollar ulteriormente el orden económico nacional. En sustancia, parece prefigurarse un auténtico “bloque regional”. Se preve que, al cabo de dos o tres años, los intercambios comerciales entre los dos países alcancen el umbral de los 50.000 millones de dólares. Además, es preciso considerar que las necesidades energéticas de los dos países asiáticos imponen a sus gobiernos políticas eurasiáticas, es decir, el establecimiento de fuertes acuerdos económicos con Rusia e Irán (socios complementarios), y “sudamericanos” (Brasil y Venezuela): todos ellos socios a los que Washington no parece querer en exceso. El reciente choque (julio de 2008) entre Estados Unidos, China e India, acaecido en el ámbito de las negociaciones sobre el comercio global referente a los productos agrícolas, parece que responde a ese contexto más general. En tal contexto podría caber también la reunión del Big Five (Brasil, India, China, Méjico y Sudáfrica), que tuvo lugar en Sapporo, en paralelo a la cumbre del G8 (Hokkaido, 7-9 julio de 2008). Además, los acuerdos chino-indios podrían favorecer una nueva rela-

ción entre Pekín y Tokio. Los dos antagonistas históricos, de hecho, en el contexto de una integración económica comercial de toda la región oriental de Asia, podrían encontrar puntos de conveniencia política para la estructuración de un sistema multipolar. Para tal potencial amenaza, los Estados Unidos, en este momento particular de crisis económico-financiera y de crecimiento de China e India, necesitan revisar profundamente su posición también con Japón, de modo especular a su política transatlántica con Europa, ya sea por obvios motivos estratégicos, o por motivaciones vinculadas a su expansionismo económico. Zbigniew Brzezinsk, considerando que las nuevas realidades políticas globales parecen indicar el declive de “Occidente”, considera que la “comunidad atlántica tiene que mostrarse abierta a una mayor participación por parte de los países no europeos”. El ex consejero de Jimmy Carter prevé una función de Japón ( y también de Corea del Sur) en el ámbito de la OTAN, con el fin de que Tokio esté aún más ligado a los intereses nacionales de los Estados Unidos.

Conclusiones De todo lo que hemos considerado brevemente más arriba se deduce que el fenómeno de la regionalización de los mercados en los dos hemisferios del planeta, hasta hace no mucho tiempo estrictamente coherente con el proceso de mundialización y, sobre todo, orgánico a las doctrinas geopolíticas de dominio mundial que perseguían los Estados Unidos en las últimas décadas, parece que se desarrolla cada vez más en un sentido grancontinental y, por tanto, contribuye, a medio plazo, a la integración geopolítica de grandes espacios autosuficientes. El principio mundializador y mundialista de la interdependencia económica a escala planetaria parece, además, que es sustituido por el de complementariedad, como nueva base para integrar, a escala continental, las diversas economías en el respeto de las especificidades y de las tradiciones culturales de las poblaciones del planeta. Por tanto, el siglo XXI estará marcado, en el plano geoeconómico, por la tensión que se instaurará entre los procesos de mundialización y los procesos orientados a la construcción de grandes espacios continentales, económicamente complementarios. (*) Cofundador del IEMASVO [Istituto Enrico Mattei di Alti Studi per il Vicino e Medio Oriente, ha sido su vicepresidente (2007-2008)], Italia Docente de geopolítica en el IEMASVO, da seminarios y cursos de geopolítica en algunas universidades y centros de investigación y análisis Docente del Istituto per il Commercio Estero (ICE – Ministerio de Asuntos Exteriores italiano), hasta ahora ha dado cursos en varias partes del mundo como Uzbekistán, Argentina, India, China, Libia Dirige “Eurasia. Rivista di studi geopolitici” y la colección “Quaderni di geopolitica” (Edizioni all’insegna del Veltro), Parma, Italia


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DOMINGO 27 DE NOVIEMBRE DE 2011 | PRIMERA EDICIÓN

EL AVANCE DECISIVO DE LAS ORGANIZACIONES NO GUBERNAMENTALES

En la captura del poder Andrés Soliz Rada (*)

de whisky, que puede ser bebido sin problemas por una persona adulta. Pero que daña gravemente a un país casi niño como Bolivia.

El ejemplo de Estados Unidos y los abogados de Bruselas on la decisión de suspender la construcción de la carretera que debía vincular los departamentos de Cochabamba y Beni (demorada desde hace 185 años), Bolivia es el primer país de América del Sur (y tal vez del mundo) en el que grandes Organizaciones No Gubernamentales (ONG) controlan el poder. A partir de ahora, todas las obras viales necesitarán la aquiescencia de grupos indígenas que responden, entre otras, al Centro de Estudios Jurídicos e Investigación Social (CEJIS), financiado por países de Europa Occidental; y al Centro de Investigación y Promoción del Campesinado (Cipca), subvencionada por la Embajada de Estados Unidos. Lo anterior incluye intentos de construir hidroeléctricas o termoeléctricas, plantas concentradoras de minerales, modernizar la agricultura o la agroindustria y promover flujos poblacionales en un país en el que hay escasa población donde hay muchos árboles y mucha población dónde hay pocos árboles. En consecuencia, Evo Morales ya no preside un gobierno con la presencia de ONG, sino que es un presidente prisionero de las ONG que buscan consolidar su propia dictadura. Tales avances están respaldados por el Convenio 169 de la OIT (1989) y de la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas (2007), a los que Bolivia adhirió sin reparos. Si transgrediera estas normas, podría ser demandada ante la Corte Interamericana de Justicia, cuyos fallos pretenden ser obligatorios. Lo ocurrido tiene como antecedente la preocupación europea por la contaminación de sus aguas y el agotamiento de sus tierras. Por esta razón pretende mantener intocadas a regiones periféricas, que podría ocupar en el futuro. Las presiones para declarar a la Amazonia “reserva de la humanidad” y la acelerada compra de tierras en África y América Latina respaldan esta afirmación. Las ONG han arremetido a un país sin cohesión interna, con graves antagonismos regionales y que, por tanto, carece de defensas para detener intereses foráneos que buscan disgregarlo. Las ONG son como un vaso

C

Entre el 9 y el 14 de julio, la Embajada de Estados Unidos en La Paz auspició conferencias de los académicos Lindsay Robertson, Stephen Greetham y Amanda Cobb. Greetham dijo que en su país “las tribus son dueñas de los recursos naturales que están sobre la tierra y debajo de ella”. Robertson añadió que “dónde hay gas, su propiedad es de los pueblos indígenas y no de toda la población”. Los especialistas puntualizaron que Bolivia había caminado por similar camino. Lo que no dijeron es que los recursos naturales, una vez en manos aborígenes, son transferidos a las transnacionales, a cambio de poder y dinero, que los han corrompido hasta la médula. (Jaime Salvatierra: “Rebelión.org, 23-09-11). Las conquistas indigenistas se consideran inamovibles. El ex viceministro de tierras, Alejandro Almaraz (CEJIS), aclaró que no se aceptará el referéndum que propuso Evo para viabilizar la carretera que atraviesa el Territorio Indígena y Parque Isiboro Sécure (Tipnis) y que si se insiste en ello tendría que cambiarse la Constitución Política del Estado, la que, según los indigenistas, reemplazó al Estado colonial por un Estado plurinacional. La intangibilidad del parque no satisface a las ONG. Ahora exigen una disposición legal expresa para que nunca más se intente construir la obra. Los habitantes del Tipnis han pedido la modificación de leyes aprobadas en los últimos meses y que no contemplaron totalmente sus exigencias. Se refirieron, por ejemplo, a la Ley de Deslinde Jurisdiccional, en la que la administración de territorios, jurisdicciones y manejo de recursos na-

turales aún es nebulosa. También demandan mayor independencia y atribuciones para la justicia comunitaria, pese a que numerosos linchamientos producidos bajo su invocación han quedado impunes. Dirigentes de la Central de Pueblos Indígenas de La Paz (CPILAP) dijeron al Vicepresidente Álvaro García Linera que su pedido de explorar hidrocarburos en el departamento debía ser discutido con sus abogados en Bruselas. El organizador de la visita de los académicos estadounidenses, Eliseo Abelo, coordinó la resistencia en el Tipnis con Adolfo Chávez, de la Confederación de Pueblos Indígenas del Oriente Boliviano (Cidob), y Rafael Quispe, del Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Qollasuyo (Conamaq).

Torpezas que aglutinaron a izquierdistas y neoliberales Los grupos indígenas que se opusieron a la obra contaron con sucesivas torpezas del Gobierno, como el pedido de Evo a sus partidarios de enamorar a las aborígenes, a fin de cambiar la decisión de sus dirigentes, impedir, por medio de policías que, inclusive niños y embarazadas que realizaban una marcha de protesta, se abastezcan de agua de un arroyo cercano, para luego reprimirlos con ferocidad de esbirros. Cuesta creer que la misma persona que hizo aprobar en la ONU los derechos de la Madre Tierra y declarar el agua como derecho humano, hubiera tolerado que el líquido sea negado a caminantes abrasados por la sed. Estos antecedentes conformaron un abanico opositor que abarcó desde los dirigentes trotskistas del magisterio de La Paz hasta los gobernadores del Beni y Santa Cruz, identificados con el terrateniente Branco Marinkovic, a quien se expropiaron sus propiedades, antes de que fugara del país. De esta manera, quedó borrada la línea que separa la defensa de derechos humanos con la demanda de impedir la construcción del camino. La amalgama incluyó al aymara Víctor Hugo Cádenas, ex vicepresidente de Gonzalo Sánchez de Lozada, quien, junto al resto de

los partidos opositores aseguró que la ruta sólo beneficiaría a cultivadores de coca, como si fuera imposible que un Estado construya caminos sin favorecer al narcotráfico. La parálisis de obras se produce en momentos en que los pueblos de tierras bajas recibieron alrededor de ocho millones de hectáreas cultivables, en tanto el 25% de la población boliviana (unos 3 millones de personas) se fueron de Bolivia por falta de trabajo o de un pedazo de tierra para sembrar alimentos. Sólo en Buenos Aires viven un millón de bolivianos expulsados de su Patria por razones económicas (Periódico “La Razón”, 24-0911). El reciente discurso desarrollista de Evo perdió credibilidad. El 26-XII-10, casi duplicó, por presión de las transnacionales, el precio de los combustibles. La medida tuvo que ser derogada ante la indignación popular. A ello se sumó la lamentable gestión pública, que convirtió al país en importador de gasolina, GLP, diesel, arroz, maíz y azúcar. La administración minera provocó que Huanuni, empresa en manos del Estado, produzca estaño a más de 9 dólares la libra fina, en tanto que yacimientos similares en el Perú lo hacen a 4,50 dólares. 5.000 cooperativistas fueron incorporados a Huanuni como trabajadores regulares, para luego disminuir la edad de los jubilados, en tanto los trabajadores activos no dejan de exigir más beneficios.

El indigenismo y los estados continente El indigenismo de las ONG no ofrece futuro alguno. Se limita a acuñar frases ecologistas y etnicista, que se contraponen y anulan, apenas dos teóricos de esta tendencia pretenden ponerse de acuerdo. La corriente nacional popular, en cambio, considera erróneo ignorar la historia de Bolivia, con sus luces y sombras. El indigenismo mutila la historia al ocultar, por ejemplo, la lucha coordinada entre los ejércitos auxiliares de las Provincias Unidas y los ejércitos del caudillo aymara, Juan Manuel Cáceres, de cuyo pacto formaron parte destacados mestizos como Esteban

Arce. No la valora al restar importancia a los pensadores nacionales que combatieron al Estado Colonial, como Montenegro, Céspedes, Sergio Almaraz, Quiroga Santa Cruz y Zavaleta, y que tienen en Franz Tamayo y Carlos Medinaceli a sus precursores. No capta la trascendencia de figuras como las del patriota cruceño José Ortiz Mercado que elaboró, junto a un importante equipo de economistas, la Estrategia para el Desarrollo Nacional (gobierno del general Ovando, 19691970), en la que, a diferencia de ahora, el esfuerzo interno y no la ayuda foránea debían ser el motor del desarrollo. El “vivir bien”, la relación armónica con la naturaleza o la elaboración de un nuevo modelo civilizatorio sólo puede emerger de la Nación Continente Sudamericana primero y latinoamericana después, con capacidad de dialogar y negociar con otras naciones continente, como Rusia, India, China, Europa Occidental, Estados Unidos, la Unión Africana y la articulación de países árabes. Se necesita persuadir a los grupos étnicos, por pequeños que sean, que la necesidad de mejorar su calidad de vida y la de sus hijos pasa por formar parte de una comunidad nacional que los respete y valore. Lo anterior implica desarrollar y fortalecer el yo colectivo, frente a las acechanzas de predicadores rentados, que lucran con nuestras angustias. Sería injusto ignorar los aportes históricos y antropológicos, desarrollados en los últimos decenios, por intelectuales procedentes del mundo aymara, quechua y guaraní. Ese pensamiento articulador debe impedirnos caer en la explotación irracional de recursos naturales, en lugar de equilibrar desarrollo y preservación del medio ambiente, vigencia de Derechos Humanos Colectivos e Individuales, unidad nacional y respeto a lo diverso.

(*) Abogado, periodista, dirigente sindical, profesor universitario y político boliviano. Fue uno de los más destacados defensores de los recursos naturales de Bolivia. Fue nombrado Ministro de Hidrocarburos por el presidente Evo Morales. Como periodista, fue corresponsal de varias agencias internacionales de información, columnista y locutor en radio, prensa y televisión. Perteneció también a los equipos de redacción de los diarios La Opinión, de Buenos Aires; y Le Monde, de París; y de la revista Tiempo, de México.


Contexto mundial < 7

PRIMERA EDICIÓN | DOMINGO 27 DE NOVIEMBRE DE 2011

RETROSPECTIVA AL 11-S

¿Una tragedia conveniente? Luiz Alberto Moniz Bandeira (*)

Dos meses antes del atentado del 11 de septiembre contra las torres del World Trade Center (WTC), el presidente George W. Bush fue informado, tanto por la Oficina Federal de Investigaciones (FBI por sus siglas en inglés) como por la Agencia Central de Inteligencia (CIA por sus siglas en inglés), sobre la posibilidad de que terroristas secuestrasen un avión y atacasen algún objetivo en Estados Unidos. De acuerdo a “The 9/11 Commission Report. Final Report of the National Commission on Terrorist Attacks Upon the United States (pág. 254)”, él recibió un informe confidencial elaborado por la CIA titulado: “Bin Laden Determined to Strike in US”, el 6 de agosto de 2001. Ese documento, desclasificado el 10 de abril de 2004 -por la presión del Congreso-, transmitía un mensaje del agente Phoenix, del FBI. Según él, fuentes clandestinas, gobiernos extranjeros e informes mediáticos “indicaban que desde 1997 Bin Laden quería dirigir ataques a Estados Unidos”, como el realizado por el terrorista Ramzi Yousef contra el mismo WTC el 26 de febrero de 1993. Con todo, la información del FBI desde aquel tiempo indicaba patrones de actividades sospechosas en ese país, consistentes con la preparación de secuestros y otros tipos de ataques, incluyendo edificios de oficinas federales en Nueva York. Ya el 5 de enero de 2001, ocho meses antes del ataque a las torres del WTC, la Direction Générale des Services Extérieurs (DGSE) de los servicios de inteligencia de Francia, en una nota de cinco páginas titulada “Projet de détournement d’avion par des islamistes radicaux” (“Proyecto de secuestro por parte de islamistas radicales”) había alertado al Gobierno de Estados Unidos sobre la posibilidad de que terroristas de Al Qaeda concretaran atentados suicidas en Nueva York y Washington, de acuerdo al documento revelado por el periodista Guillaume Dasquié en el diario Le Monde, el 4 de abril de 2007. Además, los periodistas Evan Thomas y Mark Hosenball indicaron, en la revista Newsweek, que un día antes de los atentados, altos oficiales del Pentágono, súbitamente, cancelaron planes de viajes para la mañana siguiente. El estado de alerta fue emitido dos semanas antes de que un aviso urgente fuera recibido por el Pentágono la noche anterior al 11

de septiembre, lo que llevó al grupo de oficiales más importante del Pentágono a suspender sus planes de viaje. La Newsweek informó que los altos mandos de la comunidad de inteligencia militar de Estados Unidos sopesaron los datos y consideraron seria la información. Ari Fleischer, portavoz de la Casa Blanca y Condoleezza Rice, asesora de Seguridad Nacional, confirmaron implícitamente que sabían que algún atentado iba a ocurrir, aunque, tal vez, no cómo sería efectuado, afirmando que nadie imaginaba “el uso de aviones como misiles”. Otros funcionarios de la Casa Blanca explicaron que Bush no tomó muy seriamente el aviso por falta de informaciones más actuales. El teniente general de la Fuerza Aérea, Michael V. Hayden, director de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA por sus siglas en inglés) justificó: “No había ninguna indicación de que Al Qaeda fuera a actuar en Nueva York y Washington o incluso si estaba planeando un ataque en territorio de Estados Unidos”. Eleanor Hill, ex inspectora general del Departamento de Defensa y jefe del equipo formado por el Comité del Congreso para investigar los atentados del 11 de septiembre, reveló que desde 1998 hasta agosto de 2001, la CIA, el FBI y otros servicios de inteligencia recibieron comunicados sobre la posibilidad de un ataque en Washington y Nueva York con aviones y otros medios. El autor del best seller “Die CIA und der 11 september” (“La CIA y el 11 de septiembre”) Andreas von Bolos, ex secretario del Ministerio

de Defensa (1976) y ex ministro de Investigación y Tecnología (19801982) durante el gobierno de Helmut Schmidt (canciller alemán 19741982), en su condición de diputado y supervisor de las actividades del servicio de inteligencia de la República Federal de Alemania, el Bundesnachrichtendienst (BND), consideró extraño que los servicios de inteligencia americanos no hicieran nada para prevenir los ataques y que, 48 horas después, divulgaran los nombres de los 19 secuestradores identificando a quince como sauditas y que apuntaran a Bin Laden como cerebro de la operación. La CIA tenía muchas informaciones. El BND había proporcionado, en 1999, el nombre y el teléfono de Marwan al-Shehhi, el terrorista que tomó el control del vuelo 175 de United Airlines y lo precipitó contra una de las torres del WTC. Los nombres fueron obtenidos por el seguimiento telefónico a Muhammad Haydar Zammar, un militante islámico que residía en Hamburgo, íntimamente vinculado a los conspiradores de Al Qaeda en la articulación de los ataques del 11 de septiembre. Algunos terroristas, como Zacarías Moussaoui, Ahmed Ressam, Khalid AL-Mihdhar, Nawaf al-Hazmi e Salim al-Hazmi, habían sido detenidos por la Immigration and Naturalization Service (INS) de Estados Unidos y eran investigados por la CIA y el FBI. No era un secreto para la CIA y el FBI que Moussaoui estaba tomando clases de vuelo en la Airman Flight School, en Norman (Oklahoma). Un agente del FBI que manejó el caso de Moussaoui junto a un re-

presentante de la Minneapolis, Joint Terrorism Task Force, percibió rápidamente que Moussaoui tenía creencias yihadistas y sospechó que estaba planeando secuestrar un avión. Moussaoui también había estado bajo vigilancia de la CIA en mayo y junio de 2001, cuando tomó clases de vuelo en Frankfurt, Alemania, pero extrañamente no se informó al Servicio de Inmigración y se le permitió entrar a Estados Unidos y entrenar como piloto. Los atentados contra el World Trade Center y el Pentágono el 11 de septiembre de 2001 no fueron circunstanciales ni sorpresivos. Fueron convenientes a los intereses del complejo industrial-militar. El presidente George W. Bush necesitaba de una “razón propagandística”, como Adolf Hitler en 1939, para librar una guerra permanente, legitimarse en el poder tras una elección dudosa y controvertida y ejecutar los objetivos del Proyecto para el Nuevo Siglo Americano. Recibió la noticia con estoicismo, mientras leía un texto sobre educación para los estudiantes de la Emma E. Booker Elementary School. Y, como si no se hubiera sorprendido, comentó: “The incident must have been caused by pilot error” (“El incidente debe haber sido causado por un error del piloto”). Entonces dejó la escuela, tomó el Air Force One, sin saber exactamente a dónde ir y, diciendo que Estados Unidos había sufrido un ataque, declaró la guerra sin saber contra quien, pero una guerra del bien contra el mal “sin campos de batalla o cabezas de

playa”. No sin razón, anotó en su diario el día 11: “El Pearl Harbor -el ataque de Japón (1941)- del siglo XXI tuvo lugar hoy”. Está documentado que aquel ataque tampoco fue una sorpresa para el entonces presidente Franklin D. Roosevelt. Tras los ataques se produjo la dispersión misteriosa, a través de la correspondencia y otros medios, del Bacillus anthracis, que se utiliza como un arma bacteriológica. La fuente nunca fue descubierta. Ciertamente el objetivo era fomentar el pánico, el choque de la opinión pública mundial, arrojarlo contra los árabes y crear las condiciones para un estado global de guerra contra un enemigo abstracto: el terrorismo. Y no fue una mera coincidencia que el mapa de la guerra se extendiera de Medio Oriente a Asia Central, el mapa del gas y del petróleo. Así, el 17 de septiembre, seis días después de los atentados, Bush firmó un documento (Top Secret), en el que no sólo delineó la campaña contra los talibanes en Afganistán. También ordenó al Pentágono comenzar a planificar las opciones militares para invadir Irak. Luego se logró que el Congreso conceda poderes para hacer la guerra y dio un ultimátum a los talibanes para entregar a Bin Laden. El 6 de octubre Bush anunció la campaña global contra el terrorismo. La opción era clara, o se sumaban a la campaña o estaban con los terroristas que pagarían un alto precio. Y Estados Unidos, junto a Gran Bretaña, comenzó al día siguiente la operación “Libertad Duradera”. Bombardearon los campos de entrenamiento e instalaciones de Al Qaeda en Afganistán, cuya construcción la CIA y Arabia Saudita, en colaboración con el servicio de inteligencia paquistaní, habían financiado en 1970 con el fin de luchar contra la Unión Soviética. Entre el 7 de octubre de 2001 y el 4 de junio de 2002 mataron a cerca de 3.000 civiles en Afganistán. De 2001 a 2011 murieron aproximadamente 14.000 civiles, 28.000 policías afganos, soldados, talibanes e insurgentes. (*) Politólogo, profesor titular de Historia de la política exterior de Brasil en la UNB (retirado) Autor de más de veinte obras, incluyendo “La reunificación de Alemania - El socialismo ideal para el socialismo (UNESP Editora, 2009); y “El milagro alemán y Desarrollo de Brasil” (19492011) (UNESP Editora, 2011). Desde hace muchos años reside en Alemania. Traducción Guillermo Baez


8 > Contexto mundial

DOMINGO 27 DE NOVIEMBRE DE 2011 | PRIMERA EDICIÓN

UNA HERRAMIENTA FUNDAMENTAL TRAS LA IDENTIFICACIÓN DE LOS INTERESES DE UN ESTADO

Inteligencia geopolítica Miguel Angel Barrios (*)

in desconocer que no existe una geopolítica en general sino geopolítica en particular, que se halla en directa relación con la particularidad y singularidad de cada Estado, podemos afirmar que hoy, la acepción de la geopolítica como disciplina que vincula la influencia de los factores geográficos en la decisión política de los Estados se vuelve acotada. La geopolítica es el pensamiento histórico en la dinámica de los espacios, que nunca son neutros y en la actualidad, con la aceleración del proceso de mundialización, la globalidad ya no sólo se limita al espacio exclusivamente de la tierra, sino que afecta en el sistema mundo, al propio espacio exterior del planeta, sin obviar el espacio virtual generado por Internet. En verdad, la geopolítica implica un más allá del territorio únicamente, sino que sirve en la medida que proyecte a un Estado, en el desarrollo de la región en la dinámica de la mundialización, factor estructural del actual sistema mundo. No se puede desvincular o desligar el desarrollo de un Estado del contexto regional, de los escenarios y tendencias del “orden mundial”, es decir, del triple interescenario nacional, regional y mundial. Un pensamiento geopolítico se refleja en la planificación al mediano y largo plazo de los intereses de un Estado y su desarrollo integral. Geopolítica y desarrollo, son caras de una misma moneda. Y esto implica, que se trata de un nivel más profundo que la unidimensionalidad militarista, que muchas veces se asocia equivocadamente con la geopolítica. Desde este enfoque, la conducción política necesita como principal fuente de materia prima, a un sistema de inteligencia nacional, como campo de análisis. Toda geopolítica de Estado posee entre sus fines: la inviolabilidad de su territorio, la protección de la vida y el bienestar de la población, la preservación de la cultura e identidad, así como garantizar su soberanía. En el fondo, se trata de asegurar la seguridad del estado. Una vez definida la necesidad que varía según cada Estado, por eso existen geopolíticas en particular y no una “ciencia geopolítica”

S

“Un pensamiento geopolítico se refleja en la planificación al mediano y largo plazo de los intereses de un Estado y su desarrollo integral. Geopolítica y desarrollo se trata de un nivel más profundo que la unidimensionalidad militarista, que muchas veces se asocia equivocadamente con la geopolítica”.

en general-, surgen de ella los intereses. Pueden ser intereses compartidos en alianzas regionales -Unasur y su Consejo Sudamericano de Defensa- o compartidos en una agenda más global -tráfico de personas, drogas, lavado de dinero o medio ambiente-. Una buena inteligencia debe apoyar a una sólida geopolítica. La inteligencia contribuye a los fines geopolíticos en: • Determinación de Intereses. • Concreción de Riesgos y Amenazas. • Análisis de Escenarios. • Monitoreo de las Tendencias globales. La inteligencia geopolítica es el

“La geopolítica ejerce una dirección precisa sobre la inteligencia, pero una vez clarificado este punto, ella no debe interferir en el terreno de la inteligencia. La geopolítica se ocupa del mediano y largo plazo, desde una aproximación geoestratégica, la inteligencia, por el otro lado, del corto plazo, en la evolución de los datos...”.

ejercicio de interpretar hechos y circunstancias de la cooperación o rivalidades de actores y su inserción en las relaciones de poder global. La inteligencia geopolítica es de matriz interdisciplinaria y multidisciplinaria, nada más erróneo que suponer que ésta debe ser capitalizada por los sectores militares o de los tradicionales servicios. La geopolítica ejerce una dirección precisa sobre la inteligencia, pero una vez clarificado este punto, ella no debe interferir en el terreno de la inteligencia. La geopolítica se ocupa del mediano y largo plazo, desde una aproximación geoestratégica, la inteligencia, por el otro lado, del corto plazo, en la evolución de los datos, hechos y situaciones. Su valor se halla, en su capacidad de prospectiva. Si la geopolítica no direcciona a la inteligencia, ésta se pierde en un camino sin rumbo y para fines no del todo claros. La geopolítica direcciona a la inteligencia. Una capacidad clave de la inteligencia pasa por la rapidez en procesar la información. Ahora bien, si la conducción política de un Estado carece de una geopolítica, la inteligencia puede servir para fines oscuros. La inteligencia como servicio del Estado debe estar despolitizado en todo sentido. Su politización reside en alinearse con la geopolítica del Estado. La geopolítica y la inteligencia son complementarias. La geopolítica precisa de la inteligencia en todas sus fases del proceso analítico. Pero la inteligencia siempre debe estar subordinada a la geopolítica. En tiempos de conformación del Centro de Estudios Estratégicos de la Defensa (CEED) del Consejo Sudamericano de Defensa de Unasur y de reinventar una geopolítica de la Reintegración que nos conduzca a un Estado Continental Sudamericano, nos encontramos ante este gigantesco desafío que nos deparó la historia.

(*) Doctor en Educación y doctor en Ciencia Política argentino. Autor de “El Latinoamericanismo en el Pensamiento Político de Manuel Ugarte” (2007); “Perón y el Peronismo en el Sistema Mundo del Siglo XXI -2008-; “Diccionario Latinoamericano de Seguridad y Geopolítica (2009); “El Latinoamericanismo Educativo en la Perspectiva de la Integración Regional (2011); “El Significado Geopolítico de Venezuela en el Mercosur (2011). Premio Doctor Arturo Jauretche a la Cultura en la temática investigación, 2009, Argentina.

Contexto Mundial 1  

El decenio de América del Sur. La regionalización comofactor de integración geopolítica. En la captura del poder. ¿Una tragedia conveniente?...

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