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Mide tus palabras

Alto en nicotina


Papá arrugó contrariado la cajetilla vacía. Voy por tabaco -dijo levantándose de aquel banco


del Parque del Oeste. MamĂĄ y yo lo vimos entonces alcanzar la verja, cruzar el paso de cebra y perderse entre el laberinto de bocacalles. Durantes estos Ăşltimos diez aĂąos he recorrido todos los estancos de esta ciudad. En todos se respiraba el mismo olor acre; en todos habĂ­a una cortinilla de fieltro que daba paso a una trastienda.


Saliendo de uno de estos establecimientos tropezamos de nuevo con papá. Estaba aún más descolocado que mamá. La besó ceremoniosamente en las mejillas y se marchó con la desconcertada mujer que lo esperaba al otro lado de la calle. Parecía tan feliz y tan distinto... Después de quince años de matrimonio he decidido empezar


a fumar. Voy por tabaco -le he dicho a Mariano. Él apenas ha levantado la vista del periódico para verme alcanzar la verja, cruzar el paso de peatones y perderme en el laberinto de callejuelas. Me ha costado -no conozco esta zona de Madrid- encontrar una expendeduría. Aprovechando un descuido del dependiente me


he aventurado en la trastienda. He ido a salir a otro estanco, por MĂłstoles: tengo cinco aĂąos mĂĄs, una denuncia por allanamiento, los pulmones hechos una pena y un seductor marido al que le permito cualquier cosa menos fumar.

Aster Navas.


Alto en nicotina