Issuu on Google+

31 octubre, 2011

Lo que nos traen las Madrugadas Nunca me hubiera imaginado, ni siquiera de muy cerca lo que se siente no tener ni una sola noticia de un ser querido. Hoy estoy hablando de Ernesto, mi perro, mi ángel, mi amigo y compañero. El día miércoles 19 de Octubre, Ernesto salió con su amigo Loco después de darles el desayuno a tomar el sol y a darse una vueltica por ahí como de costumbre. El Loco regresó , sin collar, ese día pasadas las dos horas y Ernesto no volvió con él, lo cual nos sorprendió y alertó. Salí a buscarlo pero no lo encontré por ningún lugar de manera que regresé a esperar que apareciera. Esa noche no regresó y comenzó una encrucijada llena de lamentos y de búsquedas infructuosas, empapelamos toda la vía La Calera de anuncios, las redes sociales supieron y se unieron a la búsqueda, todas las clínicas veterinarias estuvieron al tanto de todo perro que llegara con la descripción y respectiva foto de mi ángel y nada…así pasaron los días y seguíamos investigando lo que pudo haber sucedido y ninguna historia era más alentadora que la otra. Unos decían que habían visto a alguien en una camioneta blanca llevarse a un perrito con las mismas descripciones e igual a la foto, y que no solo se habían llevado a Ernesto sino que intentaron igualmente llevarse a Loco, quien por fortuna detesta los carros y no hay poder humano que lo carguen o se metan con él. Otra teoría era que había sido atropellado en la carretera y que un señor dueño de una fábrica de sofás ubicada sobre la orilla de la carretera, lo había enterrado. Otra historia era que lo habían visto amarrado con una cuerda y lo llevaban unos muchachos a quien la persona de la camioneta se lo había comprado por $50.000 y se lo había llevado para Silvania en donde el perrito se había enfermado y había contraído una infección en la piel, estaba completamente deprimido y corría peligro con otros perros guardianes. Hice todas las averiguaciones, todas las búsquedas, un día recibí una llamada de un señor Mauricio quien me indicó que llamara al Dr. Alejandro Junca después de las 6pm, a quien por supuesto llamé a las 6:01 pm y me dio un reporte completo de un perrito que la Sra. Luz Stella Cure, una cliente y amiga de él había recogido en la Calera, El Dr. Muy amablemente me dio los teléfonos y comencé a llamar incesantemente a la Sra. Luz Stella Cure quien se había llevado, hasta ese momento, a mi perro para Silvania pero NUNCA me contestó la llamada ni me devolvió los innumerables mensajes que dejé en su celular, al igual que su capataz con quien hablé una única vez y fue quien me contó el estado en el que se encontraba mi Ernesto. Desconsolada y desesperada llamaba TODOS los días una y otra vez y dejaba mensajes en todos los celulares que el Dr. me había dado, incluido el del doctor y todos se iban a buzón de mensajes. Nunca entendí ese fenómeno, de cómo te dan una luz de esperanza y después esta se desdibuja con el tiempo y la distancia, la incomunicación y la incomprensión del sufrimiento de quien está al otro lado de la línea. Así pasaron los días y las noches, y mientras tanto muchas personas de un corazón inmenso (Gracias a todos los que estuvieron) me comenzaron a dar ánimo y en medio de todo esto me enviaron unas fotos de unos perritos muy parecidos a él, pero uno realmente idéntico a


Ernesto, yo casi me paralizo cuando me dijeron que está en zoonosis y que estuvo el domingo 23 de Octubre en una jornada de adopción en el parque Simón Bolivar. Yo vi las fotos y de la angustia no comprendía que eran dos perritos distintos pues el que era parecido definitivamente no era mi ángel, hasta que una chica, Alejandra que según veo está profundamente comprometida con la protección de estos maravillosos seres, me insistió en mirar nuevamente las fotos y comprendí lo que me estaba diciendo. Había un perrito idéntico a mi Ernesto, sin duda era él. Ya eran las 12:32 pm y yo no pude aguantar y llame a Cami Correa, quien posteó dichas fotos en el facebook y le pregunté todo, donde está, puedo ir ya por él, qué debo hacer, cual es el procedimiento a seguir para ir a zoonosis y sacar a mi perro de ese terrible lugar? ella me contestó a cada una de mis preguntas y me explicó paso a paso todo lo que debía hacer, y me pintó el lugar y la situación como algo bastante sombrío. En fin, yo no podía esperar y deseaba que pudiera ir inmediatamente. Por supuesto debí esperar a la mañana siguiente para poder acercarme a Zoonosis y ver si el de la foto era mi perro, pero yo iba casi segura de que así iba a ser pues me resistía a creer en todas las historias ya mencionadas. Toda la noche me la pasé pensando, cavilando, ansiosa y muy nerviosa pues mi dilema era que de no ser ese perrito mi Ernesto, ¿qué iba a ser de la suerte de ese niño encerrado allí en Zoonosis, en ese lugar de espanto y terror que todos tenemos en la mente? Efectivamente a la mañana siguiente, después de algunas cosas que debía hacer en la mañana sin falta, mi amiga Olga Lucía y yo nos dirigimos muy decididas a buscar y sacar a Ernesto de ese horrendo lugar, buscamos el mapa en la página web de Salvar a un amigo como me lo había indicado Cami y emprendimos rumbo a Zoonosis. Yo no paraba de hablar y de sentirme culpable de todo lo que estaba sucediendo, pero quería tener a mi perro ya en camino de vuelta a su casa. Llegamos allí y dado que no dejaban parquear en los parqueaderos de los oficiales del estado, Olga Lucía se quedó en la camioneta esperándome y yo muy decidida entré a devorarme el horrendo mundo que me habían dibujado, para sacar de allí a mi perro a como fuera lugar, a enfrentarme con personas monstruosas que no iban a hacer otra cosa más que culparme y maltratarme por haber dejado que esto sucediera, etc… y ¡Oh sorpresa!, ….Me encontré con el señor de al fondo de cachucha verde y uniforme, a quien saludé muy amablemente y sonriente, le mostré la foto de Ernesto y le dije que me habían enviado una foto de un perrito muyyy parecido a él que estuvo en la jornada de adopción del Domingo pasado en el Parque Simón Bolivar. El señor, Don Alfredo Castillo, muy amable y de gran corazón me sonrió e inmediatamente me condujo a la jaula 121 donde se encontraba el perro 121 de turno, en las jaulas azules que corresponden a los perros de adopción. Yo, dentro de mi inconsciente, quería ver a Ernesto y desafortunadamente no era, pero el perrito 121 me miró como diciendo, ¿y tú como en qué plan vienes? No tuve ni que llamarle, él se acercó a mí y me lamió la mano con una ternura que me desgajé a llorar, lo hizo igualitico a Ernesto, era como si fuera su alma en otro perrito. Era allí donde yo sabía que iba a tener problemas, yo me decía a mi misma que no podía simplemente llegar allí decir ESTE NO ES MI PERRO y partir, pues me preguntaba a mil de millones por hora ¿y ese perrito qué? No era simplemente decir tú no eres, tú no me sirves y ya está, tengo la posibilidad de hacer algo por él,


porqué no hacerlo? El señor Alfredo me posó su mano sobre mi hombro, me dijo que entendía por lo que estaba pasando pero que por qué no le daba todo lo que tuviera para ofrecerle a Ernesto y se lo repartía un poquito al muchacho 121. Ese era exactamente mi enredo mental y emocional, le dije, yo le di un beso al ángel 121 y salí atacada hacia la camioneta, le dije a Olga Lucia que necesitaba que ella lo viera y me dijera si iba a cometer un error, pero que yo me lo quería llevar de allí, yo sentía que de alguna manera Ernesto me había conducido a salvarle la vida a ese muchacho que realmente es como era Ernesto hace no muchos años atrás. Inmediatamente llamé a mi mamá y le dije que lo sentía pero que no era capaz de dejarlo allí y que me lo llevaba a casa. Mi mamá con esa sabiduría de madre, me contestó, haz lo que tu corazón te dicte, dicho eso, ya tenía tomada la decisión. Olga Lucía entró y al cabo de menos de dos minutos me hizo la señal de “no lo llevamos”. Y allí comenzó el proceso de adopción del muchacho 121. El Señor Alfredo se encargó de todo como si tuviera que cerciorarse de que su muchacho iba a salir de allí y en las mejores condiciones, el señor me dijo: debe ir a pagar $25.000.oo a la Droguería el Buen Vecino que se encuentra a dos cuadras y saca dos fotocopias del recibo con su cédula. Así mismo lo hice y regresé con todo mi trámite realizado, se llevó a cabo todo el papeleo, las firmas de compromiso y el Señor Alfredo me informa que el perrito debe pasar por un chequeo médico, lo cual me pareció muy bien y pertinente. Regresamos a la jaula 121 a sacar al muchacho de dicho lugar, que por cierto se encontraba en muy buenas condiciones, eran unas jaulas limpias, ordenadas y se ve que los muchachos encargados se esmeran por tener un buen cuidado del lugar y sus habitantes temporales. Allí le puse su collar color naranja, que contrasta muy hermoso con su pelo negro jaspeado y sus hermosos ojos llenos de felicidad. En el camino hacia la revisión médica nos encontramos con dos de sus cuidadores y él les supo agradecer a cada uno todos los cuidados y el amor que le habían brindado, ellos a cambio le desearon una vida feliz y que tuviera muchos éxitos en su nuevo hogar. Yo por mi parte estaba muy conmovida y feliz, pero nerviosa. Al cabo de varios minutos en los que no hice más que consentir y mimar a ese muchacho juguetón y feliz, sale el Doctor Alfonso Camargo, muy tieso y muy majo con un maletín negro y una carpeta A-Z, a duras penas saluda y me ordena que suba el animal a la camilla, una camilla sucia e inestable que poco invita a permanecer en ella. Sin embargo así lo hice pues lo decía el Doctor. Mi chico se mantuvo allí un poco nervioso y ansioso pero en medio de todo tranquilo, yo le tomé las fotos respectivas para recordar su día de salida y mientras tanto el doctorsísimo permanecía inmerso en la carpeta A-Z a la cual no le podía caber un papel más, el pasaba papeles de un lado al otro y de repente se voltea coge un aparato blanco, muy descrestador, que sale del maletín negro, se lo pasa por encima del cuello al animal y regresa a sus papeles. Así pasaron unos 25 minutos hasta cuando me dice el Doctor, “ya puede bajar al animal” yo quedé estupefacta y le pregunté que si ese era todo el examen médico, el dijo si era solo leer el chip, yo confundida le


dije que si para eso había tenido la necesidad de subir al perrito a esa camilla sucia e inestable y dejarlo allí por tan largo rato. Doctor, me parece tan triste personas como usted que se dediquen a cuidar de los animales con tan poco amor por ellos, le dije, el se molestó y me dijo ese es mi trabajo, a lo cual le contesté, pero no el de su corazón qué lástima que no se dé el tiempo ni la oportunidad de disfrutarlo y amar lo que hace. ¿Qué les pasa a los veterinarios? Es que los curten de una frialdad y una sobrades llena de titulitis que no pueden con ella, y creen que con el solo título de Doctor y un uniforme deben ser respetados y admirados. Doctor……déjeme decirle que si algo debería enseñar la academia a TODO profesional es el respeto, el amor y la compasión no solo por los seres a quienes, en su caso, juró cuidar sino a los de sus mismos congéneres que hacen algo para que este mundo sea mejor y diferente. Para mí, Zoonosis fue una experiencia que no solo me dejó a Manolo como recuerdo, sino que me cambió la perspectiva del lugar, que si bien podría mejorar muchas cosas, cuenta con personas humildes que quieren a los animales y los animales los quieren a ellos, pero que desafortunadamente, por lo que yo viví allí, el lunar negro a la vista del público de esa institución es el Médico Veterinario, qué ironía. Así, Manolo, Olga Lucía y yo regresamos a casa con la alegría de haber tomado la decisión de traer a ese gran y hermoso ser a casa para brindarle todo el amor y cariño que tenemos para darle mientras continuábamos buscando a Ernesto. Siguieron pasando los días, Manolo ya más adaptado y de Ernesto aún no sabíamos nada hasta el dia Viernes 28 de Octubre que recibo una llamada a mi celular de un número desconocido, yo me pongo muy contenta pensando que es una razón del perrito de Silvania, es decir mi Ernesto, y me dice buenos días soy Juan Carlos, el fabricante de sofás y soy el sepulturero de su animalito. Llamo a confirmarle que el perrito de la foto que me dejó en la puerta si es el que enterré, lo atropelló un carro en la carretera y estaba completamente mojado cuando lo recogí, ese dia llovió mucho y parecía que hacía poco había sufrido el accidente. Yo quedé como una piedra, confundida, triste. Le dije que si me lo describía como guardando la esperanza de que no fuera. El señor Juan Carlos me hizo una descripción completa de Ernesto y me dijo, el perrito llevaba un collar de metal delgadito con placa y teléfono al cual nunca contestaron. (Hace más de un mes se volvieron a robar el cable del teléfono de toda la zona de la Calera) Era mi Ernesto, qué dolor pero a la vez sentí una tranquilidad sobrecogedora de saber el desenlace, extraño y duro admitirlo pero así fue, para qué mentir. Espero que ya mi príncipe descanse en paz, le deseo el mejor de los viajes al mundo sideral y le agradezco a él y a la vida por haberme dado todo este tiempo a su lado, todo lo que me enseñó, me hizo reír e incluso llorar, todo lo que disfrutamos juntos y todo lo que compartimos. Gracias! me hubiera gustado y hubiese deseado que fuera para siempre, pero la vida es solo un ratico y a pesar de toda esta tragedia y todo este dolor por el que he pasado, quiero mantener su recuerdo vivo e intacto de ese ser tan especial que solo nos dio y brindó buenos momentos.


Adiós mi Ernesto y Gracias por tu presencia hoy y siempre.

TE ADORAMOS Tu Familia,

Landa

Fanny I. Poveda

Loco

Olga Lucía Mutis

Ven

Y Manolo, que aunque no te conoció estamos seguras que nos condujiste a él

Dharma Adryana Pérez Sylvia Pérez Olga Lucía de la Espriella

Y todos los que de una u otra manera estuvieron contigo.


Adios Ernesto Octubre 2011