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La Familia de los

Platos Rotos

Salom贸n Rojas Ruiz


Salom贸n Rojas Ruiz

La Familia de los Platos Rotos


2ª Edición, Julio 2012 Impreso en México


Para mi Padre: Quien me confió sus memorias y me nombró su vocera, esperando se cumplan sus expectativas al ver la obra concluida. Gracias Papá, por enseñarme a amar la vida, por esa iniciativa y espíritu de lucha que siempre te he admirado. Estarás en mi corazón hasta el último día de mi vida.

Rosita

1ª Edición, Junio de 2006

Abuelito: Espero te guste esta segunda edición ya que como ahora eres muy famoso, hay que hacer más copias de tu libro que es muy demandado internacionalmente.

Enghy no fue ni Marisol tampoco 2ª Edición, Diciembre de 2011


Para mi mujer Consuelito: Oye, te hablo, Schh… A quien agradezco la infinita paciencia y amor que me ha brindado a lo largo de la vida que Dios nos ha permitido compartir juntos. Siempre te amaré.

Para mis hijos: Miguel, Dulce, Mario, Rosalía, Alejandra, Salomón, Jesús, Juan, Anita y Vero. A quienes amo y mi lucha ha sido para ellos y nada más que para ellos.

Para mis Nietos: A quien dejo mi historia, pensando que ojalá les interese conocer más a su Abuelo que tanto los ama y que siempre les desea lo mejor ¡SEAN GRANDES!

Para mis bisnietos: Porque el tiempo parece pasar más rápido y hacerse más corto, pensando que ojalá les pudiera interesar algún día las raíces de sus ancestros.

Para todos los demás miembros de la familia: Quienes han convivido cerca de estos seres a quien amo tanto ¡GRACIAS!


PRÓLOGO Una historia sencilla cotidiana en la que el autor plasma la esencia de su pasar por la vida, narrada de una forma simple pero llena de experiencias que nos adentra a conocer la lucha diaria por la vida, esa que con el tiempo se forman meses y con los meses se vuelven años. Una vida llena de obstáculos, luchas y logros, que nos van dando frutos y recuerdos que sólo quedan en la memoria frágil de las personas, una historia que Don Salomón no quiere olvidar, más bien quiere compartir con sus hijos y nietos. Yo Carpintero de oficio y mi gran mujer ama de casa, somos nativos del pueblo minero de Angangueo, Michoacán. A causa de un accidente minero emigramos para México, D.F., sin nada más que nuestro primer hijo, Miguel de 7 meses en brazos. Llegando a esta ciudad me puse a trabajar y mi objetivo fue el ser el número UNO, que marcó mi vida, pues borré de mi mente “el no se puede” algunas cosas las logré y otras no pero ésa sigue siendo mi meta. Después llegaron mis otros 9 queridos hijos y en la lucha por conseguir esos objetivos y metas, se nos fueron los años, a mi mujer llena de trabajo en el hogar, se le caían los platos, las tazas y los pocillos que quedaban todos rotos y despostillados, por eso es que esta historia se llama “La familia de los platos rotos” He querido entender la importancia de vivir siempre amando la vida hasta el final.

Salomón Rojas Ruiz


CONTENIDO 1. Angangueo 2. Mi vida en Angangueo 3. Pablo 4. La mina 5. Una nueva vida en México 6. Taller 7. Reflexión 8. A Rubén 9. Hoy


Angangueo Angangueo fue descubierto el 28 de octubre de 1792 el día de San Simón, éste era el momento en que los españoles se estaban repartiendo todo México, los fuertes de Nuño Guzmán llegaron a las tierras de Michoacán en la zona de Angangueo, estas tierras de Michoacán no eran de nadie y no sospechaban la riqueza que había en ellas, tupidas de pinos y oyameles. Los minerales de Tlalpujahua, el Oro y Angangueo le fueron encomendados a Hernán Cortés, pero éste se las cedió a Diego de Solís Salazar, el 24 de julio de 1524. Al ser descubierto el mineral, un grupo de peones, zapateros, comerciantes y demás, tuvieron la necesidad de reunirse en el pueblo en donde se comentó el descubrimiento; de ahí esta noticia se regó por todo México. Angangueo pues se convirtió en un pueblo próspero. Angangueo se encuentra establecido obre una cañada y en sus inicios se formó una sola calle empedrada. A la llegada de los españoles se colonizó y más tarde

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llegaron los gringos con la compañía llamada “American Smelting and Refining Company”, a explotar el mineral. Así fueron transcurriendo los años, pusieron una tienda de ropa y otros artículos, quedándose a vivir ahí tranquilamente; después llegaron unos franceses e hicieron lo mismo, su casa, su tienda y su familia; más tarde llegaron unos alemanes, fincaron su casa al otro lado de la calle, pusieron su tienda de herramientas, máquinas de costura, etc. Más tarde llego un señor de apellido Zepeda que era toda una fichita, era muy agradable pero traía a 3 señoras y a las 3 las tenía viviendo en la misma casa con hijos y demás, puso un cine que les compró a los alemanes, 6 mesas de billar y una cantina, entonces como dicen los chavos, “Sí que la hizo gacha”. Ya después se supo que era un tahúr profesional, que acababa de salir de la cárcel, el chiste es que en Angangueo él vivió muy feliz, estafando a todos pues le podían ganar al billar, al pulo o a la carambola pero a la baraja nadie le ganaba, además este señor era muy simpático con todos, se ponía a jugar y lo más asombroso es que no sabía ni leer ni escribir, pero para los negocios era muy listo, se juntaba mucho con los árabes, los franceses y los alemanes con quienes se asociaba para los negocios, juntos construyeron una plaza de toros donde seguido organizaban corridas y contrataban a grandes toreros como Manolete, el Soldado Loreto, Armillita; los toros eran de Santin Piedras Negras, después se asociaron con el sindicato de mineros, que tenían un salón con gradas y butacas.

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Angangueo

Los domingos después del partido de fútbol, hacían obras de teatro, organizaban aficionados para concursar en el canto, administraban también la banda de música, llevando a un maestro de México. Angangueo era un pueblo muy culto e impuesto a vivir muy bien. Ahí viví mi infancia, adolescencia y parte de mi juventud, en contraste con la vida de los demás todos estos años fueron para mí y mis hermanos puro sufrimiento, hambre y humillaciones, puro trabajo y golpes, todo eso me hizo guardar rencor hacia mis hermanos Rubén y Beatriz, pero también mucho amor hacia mi madre Chonita, porque ella ni siquiera se daba cuenta de las injusticias de ellos hacia mí, ellos se unían, a Rubén lo manipulaba mi hermana Beatriz, sin embargo con el tiempo aprendí a perdonarlos de todo corazón a los dos, pues Dios me compensó con inteligencia para sobrevivir y sobresalir a todo este ambiente.

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Mi vida en Angangueo Mis abuelos eran guapos altos y rubios descendientes de españoles y nativos de Angangueo, tuvieron 2 hijos varones altos blancos, de pelo chino; Aurelio y Salvador y 5 mujeres muy bonitas entre ellas mi madre, sus nombres eran: Encarnación, Isabel, Guadalupe, María y Virginia. La casa que era de mis abuelos se la compraron los gringos de la compañía que administraba la mina, ahí hicieron lo que le llamaron el club y demás. Cuentan que mi abuelo hizo unas zanjas en las paredes donde enterró centenarios, unos albañiles los encontraron y les fueron a avisar a los gringos quienes se quedaron con todo el dinero cuando se tiró la casa, a los albañiles los corrieron para que no reclamaran, ni se enteraran de más. Cuando los abuelos murieron, dejaron todas sus riquezas a mis 2 tíos y les encomendaron a sus hermanas, pero ellos sólo se repartieron todo entre los dos y a las mujeres lo les dieron nada, ni siquiera ayudaron a mi madre cuando quedó viuda con sus

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5 hijos, al contrario la ocupaban para cuando ellos tenían sus fiestas para hacerles el mole todos los días y de paga sólo le daban un taco para que les llevara a sus hijos. Mis tíos acostumbraban tener su ganado por donde ahora es el Santuario de las Mariposas, los sábados y domingos bajaban todos los rancheros a comprar su mandado y sus provisiones; un día bajaron 3 y se llevaron 2 reses, un hombre le fue a avisar a mi tío, entonces él los esperó, les reclamó, se hicieron de palabras y de golpes, como eran tres le pusieron una santa golpiza y lo dejaron como santo Cristo, la casa de mi tío estaba arriba, alguien le fue a avisar a todos sus hijos, ellos lo levantaron, se fueron a caballo por todo el monte a cazar a los rateros, los espiaron y los mataron enterrándolos en el mismo monte, pero no faltó quien los vio y los fueron a delatar a las autoridades, que inmediatamente fueron por ellos. Al ver mi tío que se llevaban a sus hijos a la cárcel, se echó la culpa y dijo que él los había matado, entonces se lo llevaron y le dieron 15 años de prisión. Mi otro tío contrató a un abogado y empezó a vender ganando y propiedades del tío encarcelado para sacarlo pero no logró nada, después también empezó a vender lo suyo y se le acabó, mi tío salió después de cumplir su sentencia en la cárcel, vivió un año más y murió, lo que mis abuelos dejaron se saló por sus malas acciones y su egoísmo, así se terminaron las riquezas que mis abuelos les habían heredado. Nací el 1º de marzo de 1927 en el pueblo de Angangueo,

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Michoacán., cuna de la mariposa monarca. Mis padres eran nativos de este pueblo, donde la fuente de trabajo de todos sus habitantes fue el mineral, éste estaba administrado por una compañía gringa llamada “American Smelting and Refining Company”. Mi padre, Erasmo tenía 18 años, rebosante de salud cuando se casó con mi madre Encarnación de 17 años, rubia y alta, cabello largo hasta la rodilla, chapeada, muy bella. Él era hijo de un peón de la hacienda de Angangueo y mi madre era hija de un hacendado llamado Jesús al que como ya comenté le heredaron reses y montes. Papá y mamá tuvieron en el periodo 1918 a 1927, varios hijos de los que sobrevivimos 5, 2 mujeres y 3 hombres: Beatriz, Consuelo, Rubén, Pablo y yo Salomón. En el año de 1932 mi padre enfermó y murió de silicosis, enfermedad que daba porque se tapan los pulmones de tanto polvo y gases que aspiraban en los túneles de la mina, de ahí se acabó la alegría de mamá y todo se volvió negro. Esto era muy común en Angangueo, los padres se morían muy jóvenes y las madres metían a sus hijos a trabajar a muy temprana edad a la mina, dejando a sus viudas con los hijos, ellas se dedicaban a trabajar en donde podían y así se repetía la historia de generación en generación, pues no había otra fuente de trabajo y no había ni Seguro Social ni indemnizaciones, nada más les daban al muerto, un cajón de pino en blanco porque ni para los gastos del entierro les daban a las pobres viudas. Así transcurrían los días, los meses y los años, siempre con la misma rutina, a los obreros

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se les pagaba el sueldo mínimo pero alcanzaba para comer, vestir y pasear no había como ahora, robos, secuestros, ni políticos corruptos, no había muertes que no fueran por causa natural. Mi infancia se desarrolló en este medio y con esta rutina: me levantaba diario a las 7 de la mañana para acarrear 2 cántaros de agua para la cocina, apenas me alcanzaba el tiempo para comer un plato de frijoles, 6 tortillas un jarro de hojas de naranjo y córrele para llegar a la escuela a las 9, salíamos a las 12 y todos mis compañeros se quedaban a jugar, yo no porque tenía que lavar las hojas del maíz para los tamales que hacía mi madre para vender los lunes, martes y miércoles, después a comer una sopita aguada, un plato de caldo y un pedazo de carne dos veces por semana. Al cuarto para las 3 de la tarde entraba de nuevo a la escuela y salía a las 5, mis compañeros se quedaban a jugar pero yo no pues tenía que ir al rosario que empezaba a las 5:30 y si no iba, mamá Chonita le decía a mi hermano Rubén que era mayor 5 años, él me daba de varazos a donde cayera y “eso no era justo”, como dice Rodrigo mi nieto, pues siempre me pregunté… ¿Qué no pensaban que yo era un niño y que tenía ganas de jugar? Siento que me robaron mis horas de juego y me convirtieron en un animal de trabajo a los 10 años, después ya no pude ir a la escuela pues no podíamos estar los niños junto con las niñas, era pecado. Yo era el más chico de mis hermanos, mi mamá no faltaba a los rosarios en la iglesia, a mí siempre me

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jalaba para todos lados, pero me gustaba pues se hacían fiestas el 12 de diciembre y día de reyes, donde todos los niños llevaban un pito de Nochebuena y yo me moría por tener uno pero mi madre no tenía dinero, yo me consolaba con solo oírlos, mis hermanos y yo ya ni protestábamos pues la ropa, juguetes y zapatos eran inalcanzables para nosotros. Empieza la etapa del trabajo; en el pueblo había nada más un albañil, un herrero y un carpintero, para poder ganarme un juguete regular tenía que ir a la iglesia al catecismo que era de 3 a 6 de la tarde todos los sábados y cada clase me daban un boleto que iba guardando, al final hacían un examen general, si nos lo sabíamos todo, nos daban un juguete, así por fin me gané uno. Total que eso era después de trabajar de aprendiz en un taller de carpintero donde no me pagaban nada, pues la paga era que aprendiera el oficio y vaya que Dios me iluminó para aprenderlo muy bien, eso me sirvió para quitarme la maldición de trabajar en la mina, para entonces mi maestro se fue para México y le rogué que me llevara pero no quiso porque sólo tenía 15 años. Cuando mi padre murió, mis hermanos y yo teníamos las siguentes edades: Beatriz tenía 14 años, Consuelo 10, Rubén 9, Pablo 5 y yo 1, imagínese lo que sufrió mi madre para mantener 5 niños, qué tiempo le iba a quedar para darnos un abrazo o un beso si los de la compañía minera ni siquiera le querían dar la caja para enterrar a mi padre, menos le dieron indemnización ni nada, su angustia era terminar sus tamales diarios

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para salir a venderlos antes de que se oscureciera pues en ese tiempo estalló la Revolución, Angangueo, Zitácuaro y pueblos aledaños sirvieron de semilleros a muchos revolucionarios, ahí mismo se libraron muchas batallas, entonces mi madre se apuraba para vender sus tamales y poder llevarnos algo que comer a nosotros antes de que los revolucionarios salieran, tarde se le hacía para poder regresar a donde estábamos solos, a obscuras y con tanta balacera que se oía. Para acabarla de amolar al presidente Plutarco Elías Calles se le ocurrió cerrar las iglesias y usarlas de cuarteles para los soldados del gobierno que atacaban a los rebeldes que bajaban en la tarde por la calle, antes de que anocheciera todos se guardaban en sus casas, pero tenían despensas para quedarse, nosotros no teníamos más que la comida del momento que mi madre con tanta angustia lograba comprar con los tamales que vendía toda la semana, qué le importaba lo que pesaba el canastote si era más pesada su angustia de que se hacía de noche y empezaba la balacera para poder regresar, yo pienso que mi madre fue una santa para soportar todas estas penas y nosotros sufrimos las consecuencias de esta situación. Después de tanta muerte vino la calma y el pueblo entonces fue preso de enfermedades, hambre, viruela, por todos lados se oía de muertos, a veces se morían hasta familias completas, todos mis hermanos se enfermaron de viruela y a mí me dio la viruela negra que era la más peligrosa, dejando sus huellas en mi cara, imagínese el sufrimiento de mi madre de vernos

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a todos enfermos y sin poder darnos nada pues en ese tiempo no había medicinas, gracias a Dios no nos morimos nadie y resistimos. Después, todo volvió todo a la normalidad, mi madre siguió con la venta de sus tamales 3 días y 3 días hacia mole con pollo para vender. Así pasaron 5 largos años, mis hermanas se fueron casando y mi madre se quedó con nosotros 3. Todavía alcance a ir a la escuela de gobierno con mis hermanos, me daba coraje ver cómo todos querían abusar de nosotros, a mis hermanos les decían los sebos porque estaban gorditos y eran muy tibios, cuando a mí me pegaban iba con mis hermanos para que me defendieran pero como eran tímidos ahí quedaba todo y yo me quedaba con mi coraje, un día mi hermano Rubén se peleó con un muchacho y el otro como vio que le iba a ganando sacó un fierro y le hizo una cortada en la mano, mi hermano Pablo en lugar de defenderlo se puso a llorar entonces yo agarré una piedra y con todas mis fuerzas que se la aviento en la cara, casi le saco un ojo, lo tuvieron que llevar al hospital y ahí lo tuvieron 15 días, a mí me estaban buscando para llevarme a la presidencia pero para que me agarraran estaba pelón, mi madre me sacó de esa escuela y me llevó con las monjas, me daba mucha vergüenza pues no llevaba zapatos, traía calzón de manta y pelado a tijerazo, mi madre habló con el Señor Cura para que las monjas no le cobraran las colegiaturas que costaban 25 centavos, el cuaderno costaba 2 centavos y mi madre no tenía para pagar,

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las monjas no tiraban los cuadernos que dejaban los demás niños a fin de curso, y me los daban a mí, así como los lapicitos chiquitos que nadie ya quería, Dios me iluminó para darme cuenta que tenía que aprender y me esforcé por ser de los mejores. A fin de un año hacían los exámenes finales en el pizarrón y los demás niños sacaban 6 ó 7 porque no contestaban bien, a mí me daba mucho gusto porque después me ponían de ejemplo y decían: -Miren a este niño, su mamá no tiene ni para la colegiatura, ni cuadernos ni nada, nosotras le damos los cuadernos que dejan sus hijos pero él todo el tiempo saca 10, ya lo ven ustedes. Aquí fue donde sentí que debido a la situación, me robaron mi niñez pues no me dejaban jugar en el recreo, tenía que ir a la casa a subir la leña que dejaban los burros en la calle pues no podían subir, pero ahí estaba el burro de dos patas que era yo y tenía que poder. Por si fuera poco al salir de la escuela Rubén me mandaba a acarrear el agua y me daba de varazos pues mi hermana Beatriz me acusaba de todo, de ahí el rencor que le guardaba, cuando mi hermano Rubén llegaba de trabajar mi mamá le daba de comer y él por costumbre se la pasaba regañándola de todo, acabando de comer se salía a sentarse a la puerta a ver como pasaba la gente y no ponía a funcionar su cerebro para ver cómo podíamos hacer para salir adelante y aliviar las penas, mis hermanos eran muy conformistas, aceptaban su suerte sin revelarse. Mi hermano Rubén hacia que yo estuviera parado a lado de él como

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centinela trayéndole las tijeras, y tráeme el jabón, recoge todo y se empezaba a arreglar para la escolta; así le decían a los ensayos de la banda de música pues él tocaba un instrumento como el clarinete. Después se iba a ver a su novia, él se sentía de lujo pues tenía mucho pegue, era guapo y le pusieron de apodo (Rodolfo Valentino), le gustaba vestir bien, él tenía las novias que quería pero hasta ahí llegaba su ilusión. Yo tenía otra hermana Consuelo, buena, blanca y muy noble, todo lo contrario de Beatriz, tanto que toda su vida fue mártir, primero de nuestra situación, después de su marido y por último de sus hijos, sobre todo de su hija Clara, que por sus propios conflictos y malentendidos, le prohibió tener contacto conmigo por más que yo la busque, sé que ya murió, a ella le guardo un gran cariño. Cuando yo tenía 12 años ya no iba a la escuela, mi hermana Beatriz tenía a sus hijos y le decía a mi hermano Rubén, ni siquiera a mi madre, que le mandara a ese muchacho o sea yo, para que le ayudara a cargar a su niño, me preguntaba, mi mamá y yo “qué obligación teníamos de hacerlo” y un día me revelé, Beatriz me acusó con Rubén, cuando llegué él me dio una santa golpiza con la vara que me quedó marcado todo el cuerpo y no me dejó entrar a la casa, hasta la una de la mañana, no me quedaron más ganas de desobedecer a Beatriz. Beatriz antes de casarse con Crescenciano tuvo a su hijo Saúl que más o menos tenía mi edad, a él tampoco le iba muy bien y nos unimos, pero él también tenía

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mucho resentimiento pues su madre por darle el lugar a su nuevo marido dejaba que lo maltratara peor que a mí. Un día tuvo la suerte de que los gringos que vivían enfrente de su casa lo contrataran y Beatriz nada tonta hasta se los llevó y ella cobraba la raya, pues él era menor de edad, de ahí en adelante le dieron de comer, lo vistieron y lo trataron mejor, ahí acabo su sufrimiento. Para mí siguió el calvario; un día llegó un primo a trabajar y mi mamá le daba de comer entonces él le dijo a Rubén que si me podía llevar a mí en un camión que iba para el monte para que le enseñara no sé qué cosa, íbamos muchos y también Rubén que me dijo nada más te bajas le entregas la tarjeta y ya, el problema fue el regreso que ya se iban sin mí, cuando yo me di cuenta me dio mucho miedo en el bosque y me fui corriendo tras el camión y mi hermano en vez de decir que me esperaran se quedo callado por vergüenza de cómo iba yo sin zapatos, de calzón de manta y con los pelos a tijerazo, yo me quedé llorando y con todo el miedo del mundo de perderme me regresé a obscuras caminando, ése es otro resentimiento que guardo en contra de mi hermano. Después mi mamá me mandó de aprendiz con el carpintero, él ya tenía dos sobrinos y no quería aceptarme pero mamá le rogó y por fin me aceptó sin pagarme nada de 8 a 6, él quiso favorecer a sus sobrinos para que le ayudaran pero los dos resultaron muy mensos y él necesitaba un ayudante que casi le leyera el pensamiento y no tuviera que estar ahora dame el

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martillo, el serrote, etc. y yo para eso me pinto solo pues se trataba de tener un ayudante inteligente como él, así estuve 4 años que me sirvieron para aprender el oficio, después el maestro se fue para México y yo me quedé en el aire, mi mamá me llevó con otro carpintero más chafa que no tenía nada que enseñarme pero me ponía a trabajar como negro puliendo tablas para las cajas de muerto y yo con la ilusión de que me pagara le echaba muchas ganas, llegaba el sábado y nada de raya, me decía que me iba a pagar hasta que vendiera una caja y luego la vendía y tampoco me daba nada. Enfrente había un billar, me dio curiosidad, me fui a meter y aprendí, después en vez de ir a la carpintería me iba al billar, el maestro fue hasta mi casa a decirle a mi mamá, que yo no salía del billar y entonces me han puesto otra golpiza que para qué les cuento, yo ya tenía 16 años y me fui de ayudante de albañil con el Sr. Zepeda que estaba agrandando su casa pues los hijos de una de sus señoras y otra ya no se llevaban bien, él les puso su billar y su cantina a cada uno y todos felices y contentos, él se dio cuenta de que yo había aprendido el oficio de carpintero y me llevó a hacer las gradas del cine desde entonces fui carpintero de oficio por un año, pero nada más cumplí los 17 y me fueron a meter a la mina como un animal y ahí lloré mis lágrimas amargas, ni como rajarme ya a 4 kilómetros adentro me gritaban los demás órale tal por cual, jálele, porque nosotros no tenemos por qué mantener a tu raza y si no le jalas vamos a salir más tarde, así que no me quedó de otra más que jalar la cuerda, al otro día me salieron unos callotes

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y me sangraron las manos que hasta al hospital fui a parar, después regresé, así se curtían las manos de los nuevos por espacios de tres meses hasta que los callos se hacían tan duros que ya después no pasaba nada. Pero ya había un consuelo, ya había raya y entonces le dije a mamá Chonita que me comprara ropa y que se comprara ella porque Rubén nada más para su santo rezaba. Desde ese momento me revelé contra Rubén que ya me tenía harto y le dije que ahora iba a haber justicia, todo empezó porque quería que yo le diera mi raya pues decía que yo tomaba de ahí para el billar y para el cine, ni modo que le pidiera a él que nunca me compró ni un pantaloncito ni unos mendigos zapatos, él agarró la vara y me dio uno en la espalda y le dije. -Si me vuelves a pegar te los voy a regresar. Nada más me di la vuelta y me dio otro más fuerte, entonces me dio tanto coraje que le quite la vara y le di tres con todas mis fuerzas, le dije que si me volvía a pegar y a tratar así a mi madre se las iba a ver conmigo, Rubén puso el grito en el cielo y se fue con sus aliados que eran Beatriz y su esposo Crescenciano que también estaban enojados porque se les había acabado el servicio de los burros que éramos Saúl y yo, después se fueron a quejar con mi hermano Pablo, pero él los mandó por un tubo, después nos fueron a reclamar a Saúl y a mí pero les dimos un aventón y se dieron cuenta que era en serio que ya no nos íbamos a dejar. De ahí en adelante empezó una época muy bonita ara Saúl, Pablo y yo, pues empezamos a tener novias, a los tres nos gustaba mucho cantar y los domingos nos íbamos a Los Aficionados a concursar.

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Después cada quien fue tomando su rumbo, Saúl se dedico a las novias y a los aficionados, Pablo se casó con una mujer que no era la que él quería y yo me empecé a juntar con mis antiguos amigos quienes formaron un equipo de fútbol al que yo me fui integrando poco a poco esperando que alguien se lesionara o enfermara para poder yo entrar, me fueron dando oportunidad y luego ya no hubo poder humano que me quitara el puesto, pues yo estaba ya decidido a lograr y luchar por lo que yo quería, ya no iba a ser más un reprimido, me di cuenta que sólo luchando se logran las cosas y que lo que no hiciera por mí nadie lo iba a hacer, yo era ya mayor y empecé a luchar y luchar. Se organizó un torneo en el que jugábamos con hombres ya casados que fumaban y tomaban y nosotros éramos 12 muchachos entre 17 y 18 años muy sanos, entrenábamos 3 veces a la semana eso nos dio mucha ventaja sobre todos los equipos, nuestra metra era ser el mejor equipo del estado de Michoacán en la 2ª división, y nos fuimos a un torneo que organizó el sindicato patrocinado por la compañía de la mina para la que trabajábamos y ganamos el trofeo; el pueblo entero nos recibió, hasta fue la banda de música, en esa semana la compañía me pagó mi sueldo completo y aparte nos dieron un premio de $1, 000.00 en efectivo que nos repartimos entre todos. No saben el orgullo y la alegría para mí haber logrado ganar y ser parte de un equipo en el que tanto trabajo me había costado que me aceptaran, de ahí lo único que me importaba era jugar cada domingo en cada pueblo de Michoacán, íbamos o venían, se puso muy emocionante pues la

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compañía organizó un torneo de todo el estado y se fueron eliminando entre todos, hicieron 8 zonas, primero íbamos a un lugar llamado Songusto, ahí eran muy duros, eran puros seminaristas pero les ganamos, después ellos vinieron y les volvimos a ganar, jugamos con Zitácuaro, Maravatío, Pátzcuro y al final fue en Morelia que nos ganó, pero para el otro año nos preparamos bien, le pagamos a un árbitro de México y claro que les ganamos, éramos muy famosos, ya hasta nos contrataban para jugar el 15 de septiembre y en la noche en el baile nos sacaban en el carro alegórico del pueblo con todas las muchachas, para quienes era un honor salir con nosotros, no se hacían del rogar en el baile, ¿Cómo despreciar a unos muchacho guapos, jóvenes y además campeones del equipo de Michoacán? Ya ahí me sentía en la gloria joven, famoso y bien vestido, “como nunca”, todos los del equipo nos dedicábamos a sacarle jugo a la fama del momento y llenábamos de espectadores todos los lugares de los pueblos que recorrimos, fueron 4 años hermosos de mi vida. Yo todavía soltero trabajaba en la mina como buey y me di cuenta que el timón de encino del que tanto se quejaba mi hermano Rubén eran donde yo estaba, no donde él que era ayudante de pielero y era afuera de la mina, él no entraba a las profundidades, pero por lo mismo yo sacaba dos rayas, un sobre cerrado se lo daba a mi madre y el otro del destajo me lo quedaba yo, por eso siempre tenía lo doble de dinero que mis compañeros del deporte.

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Tuve muchas dificultades con mi hermano Rubén porque quería mangonear mi raya pero yo le dije. -Mira de tus 140 que ganas 100 le das a mi madre y 40 son para pagar tu ropa fiada, yo le doy un sobre cerrado con 140, así que quién le da más tú o yo, cuando tú trabajaste y yo estuve chico fuiste muy ingrato conmigo pero se acabó y aquí está tu varita vuélveme a pegar y te la regreso, que me da otro varazo, se la quité y le di uno con todas mis fuerzas, fue modo que nunca jamás me volvió a pegar, así acabe con los golpes de la varita y las hambres, yo me vestí como quise y a mi madre le daba mi dinero para las telas o su ropa que ella quisiera. A mi hermano y a mi hermana los perdono de todo corazón porque su ignorancia y su idiosincrasia los indujo a actuar como lo hicieron. Un domingo en Angangueo A las 6 de la mañana nos levantábamos a misa saliendo me juntaba con los dos ayudantes de carpintero que eran mis amigos y nos íbamos a jugar billar, como a las 9 nos íbamos a desayunar y después a pasear por los barrios, como a las 2 de la tarde a comer, después al campo para el partido de fútbol a las 4 de la tarde, acababa y a las 6 nos dirigíamos a nuestras casas a ponernos de parada para irnos al sindicato a los aficionados a cantar, se terminaba a las 8 y a las 10 comenzaba una obra de teatro, después cada quien se iba a su casa a descansar.

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Pablo A Pablo le fue peor, también mi madre lo mandó a aprender el oficio de zapatero con uno de los mejores zapateros del pueblo que ya en ese entonces eran 3, mi hermano estaba con el mejor que era el abuelo de Bertha quien es la esposa de mi sobrino Saúl, a Pablo le dejaban los zapatos más difíciles, los que se cosían a mano, a mí me daba coraje ver como abusaban de su necesidad. El abuelo de Bertha tenía varias nietas, a Pablo le gustaba una de ellas pero el papá y los hermanos se dieron cuenta y les pareció muy poca cosa para la muchacha, por lo que lo amenazaron con quitarle el trabajo si se le acercaba, por temor nunca se volvió a acercar a ella, yo pienso que les hubiera dicho: -Con todo respeto yo no le estoy ofendiendo si me quieren quitar el trabajo pues quítenmelo, ella es mi novia y yo voy a defender mi amor a capa y espada y háganle como quieran. Todavía la muchacha me dio a mí un papelito para que se lo diera, yo primero lo leí y luego se lo di a Pablo, decía que se veían en la noche en el río, pero él no fue, yo creo que le dio miedo la llorona y las amenazas, prefirió perderla, como dije jamás se le volvió a acercar.

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Después se metió a la mina a trabajar y se casó con Carmen, con la que tuvo varios hijos pero ella siempre lo tuvo sumiso y a su voluntad, con muchos problemas, pues mi hermana Beatriz que era especialista en meterse en donde no le llamaban, tenía muchas amigas que le contaban que Carmen se veía con un hombre, cuando Pablo estaba en el trabajo, ella se lo contaba a mi hermano Rubén, cuando llegaba Pablo entre los dos le calentaban la cabeza y él la agarraba contra Carmen y así les hicieron la vida de cuadritos a mi pobre hermano Pablo y a su esposa, el murió grande, enfermo envuelto en un ambiente lleno de ideas tontas ya que su mujer todo el tiempo creyó en la brujería. Después cuando yo me casé, me querían hacer lo mismo pero yo sí les paré el alto y le tumbé su teatrito a Beatriz que era la que movía toda esa porquería y me dediqué a lo mío. Llegó el momento en que empecé a pensar en matrimonio, conocí a Consuelo de la que me enamoré perdidamente, nos casamos, construí una casita atrás de la de mi madre, hicimos dos cuartos con una cocinita y un bonito jardín con árboles frutales, un manzano, dos duraznos y tres andrinas, todos daban mucha fruta. Para entonces no teníamos luz eléctrica y alumbrábamos con una lámpara de carburo que usábamos en la mina al terminar la jornada, yo le sacaba el carburo a la de la mina y se la ponía a la de mi casa para alumbrarnos nosotros, para ese entonces dejé amigos, el deporte y me puse a pensar en mi

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Pablo

futuro, si iba yo a hacer lo mismo que mis ancestros y mi padre, resignarme a morir prematuramente, dejando como herencia la misma vida para mis hijos. Entonces me armé de valor y decidí ir a buscar trabajo a México, sin dinero tuve que buscar a mi hermana Beatriz que ya se había ido a vivir a México, pero como estaba enojada por lo que le habíamos hecho Saúl y yo, no me tragaba y fracasé, me tuve que regresar otros años a la mina entonces Saúl que también trabajaba en la mina tuvo un accidente, se le resbaló la carretilla que estaba a sus espaldas y lo apachurró, se espantó tanto que salió huyendo de ahí, se fue para México igual a buscar a su mamá Beatriz, a él sí lo recibieron, Crescenciano y su hermanastro Guadalupe le consiguieron trabajo en una fábrica de pinturas pero con la condición de que le entregara la raya a Beatriz y no a Bertha su mujer con la que se había casado, pero igual le empezó a hacer la vida de cuadritos diciéndole que Bertha se veía con un novio que tenía antes, ahí estaba Saúl maltratando a Bertha sin razón y después ledecía que se fijara que Bertha no se lavaba las manos para hacer la comida, en fin cualquier tontería para molestarla.

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La mina De lunes a sábado trabajaba muy duro en la mina, desde las 6 de la mañana tomábamos el camión que nos llevaba para allá, ahí esperaba el trenecito que nos llevaba 100m hacia adentro, ahí estaban los rebajaza donde trabajábamos en cada hoyo 6 trabajadores, levantábamos a pura pala y carretilla hasta la última piedra de metal, después barrenábamos de nuevo para volver a dejar la misma cantidad de piedras para el segundo turno y así era todos los días. Así pasaron 4 años de mi juventud tal vez los más bonitos de mi vida. En ese tiempo yo todavía estaba trabajando en la mina y recién casado con Doña Consuelo, ya tenía a Miguel mi hijo de siete meses, pero yo todavía estaba muy entrado con el equipo de fútbol, tuvimos un partido muy importante en México entonces la compañía nos mandó a jugar un sábado en el campo No. 1 del deportivo Calles y con ese partido habíamos ganado el derecho de que ellos fueran el siguiente domingo a jugar a Angangueo. Estando en México por ese motivo, me enteré del accidente de la explosión de la mina el viernes, donde

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quedaron atrapados mis compañeros con los que yo había estado trabajando apenas tres días antes y para el sábado ya todos estaban muertos, conmocionados por la noticia, Saúl que estaba conmigo se había cansado de decirme que me fuera para México que él me conseguía trabajo en la fábrica donde él estaba y yo le decía que no, que yo me regresaba con mi familia entonces iba pasando su patrón y le dijo. -¿Verdad señor que usted le da trabajo a mi tío? Y para mi sorpresa me dijo que sí que me presentara con un señor y me fui con él a un llano, donde trabajábamos los dos, no había ni transporte para regresarnos, entrábamos a las 2 y salíamos a las 11 en la noche, nos teníamos que esperar por ahí para que en la mañana en el primer camión a las 6 de la mañana nos regresáramos a nuestra casa, llegábamos, almorzábamos, dormíamos, nos bañábamos y otra vez. Ese viernes del accidente, al enterarme quiénes murieron y cómo quedaron yo sentí que Dios se compadeció de mí y me salvó. Fueron 7 compañeros los que murieron en el famoso pozo no. 40, esos compañeros se quedaron ahí por 5 años pues nadie los pudo sacar, después murieron otros 23 mineros al otro día del accidente, pero eso fue por estupidez de los jefes que no les avisaron a tiempo que se salieran, el camino para ellos estaba despejado pero por no avisar a tiempo los alcanzaron los gases venenosos mortales que soltó la explosión y ahí quedaron, no pudieron correr para otro lado ya que eran 2 kilómetros de distancia para salir.

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La mina

¿Qué fue lo que pasó? En el río de agua cochina que corría adentro en el tránsito que así se le llamaba a donde salía el metal, explotaron dos transformadores entonces esa agua ya no se iba por donde debía y se fue para el pozo 40 donde yo trabajaba con mis compañeros, ellos no pudieron salir porque de la explosión se tapó el camino y se ahogaron con el agua del río que se desvió para ese pozo éramos 8 de los cuales el único que se salvó fui yo; los otros 23 murieron por la falta de orientación de sus jefes que no supieron sacarlos a tiempo. Ésa es la verdadera historia y quién más que yo que fui el único sobreviviente y que sé cómo se trabajaba en ese hoyo, sé cómo estuvieron las cosas, las demás historias son las que la empresa quiso contar porque era lo que les convenía. Yo quedé tan impresionado que jamás quise volver a mirar para Angangueo. A raíz de ese accidente se hizo una investigación y se llegó a la conclusión de que todo fue causa de la negligencia de los dueños que por ahorrarse un dinero no le dieron mantenimiento a los transformadores que explotaron, a la compañía la obligaron a indemnizar a cada uno de los trabajadores y a los demás mineros les dijeron que los que quisieran seguir trabajando los repartían en otras minas; así fue como a unos los mandaron a Pachuca, Zacatecas, a otros a Parral a donde les tocó a mis primos Marciano, Manuel y José, la mina de Angangueo se cerró y se clausuró.

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Una nueva vida en México Después de algún tiempo trabajando en México me di cuenta de que era mucho sacrificio yo por acá y mi familia en Angangueo, yo le pedí a Saúl que me hiciera favor de ir por mi familia y así lo hizo entonces imagínese el sufrimiento de Doña Consuelo de dejar nuestra casita que con tanto sacrificio habíamos empezado a construir, dejar a sus papás, dejar nuestras pocas cosas, etc. etc. Así a querer o no Beatriz nos dio posada en su casa, eran dos cuartitos, en uno se amontonó con todos sus hijos y su marido y en otro nos quedábamos Saúl, Bertha y nosotros con Miguel; Beatriz siguió haciendo de las suyas y nos hicieron la vida de cuadritos a los 4. Después convenció a Don Rubén que también había sido indemnizado pues sabía que tenía dinero, para que se vinieran a México y le dijo que no era necesario que compraran terreno, que ahí en su casa construyeran dos cuartos y una tiendita para mantenerse y como Rubén se llevaba muy bien con ella, pues los engatusó, y así le hicieron, pero Beatriz ya tenía su plan, yo como ya sabía cómo era me cansé de decirle a mamá Chonita que no fincaran ahí, que mejor compraran un terreno

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en otro lado pero no me hicieron caso, Saúl y yo estábamos unidos y también nos aventaron el anzuelo, nos hicieron construir un cuarto para cada uno y una cocina para los dos pero no caímos en la trampa y le dije a Saúl que construyéramos pero con tabicón y lodo, porque yo estaba seguro de que cuando Rubén acabara de construir su casa lo iban a correr y de paso a nosotros; yo ya había hablado con Guadalupe hijo de Beatriz y Crescenciano, que también tenía dificultades con su mamá, porque según Beatriz su mujer era una sucia y floja, él era jugador del equipo de Texcoco de segunda división y aprovechó eso para salirse de ahí y vivir en Texcoco, y le contamos lo que nos hizo Beatriz a Saúl, a Rubén a mamá Chonita y a mí, así fue que nos quitamos un enemigo menos a pesar de que él era el hijo más querido por Beatriz. Como dije mi hermana ya tenía preparado el terreno, para ese entonces Saúl y Bertha se habían venido con una hija recién nacida pero como se la trajeron muy cobijada estuvo sudando todo el tiempo, cuando llegaron aquí al destaparla le dio pulmonía y se les murió, eso bastó para que los corrieran y se fueron a refugiar con Lola, ahí habían varias familias que nada más los estaban espiando, como tenían buena ropa, esperaron que se salieran un domingo, les abrieron su casa y los dejaron sin los trajes de Saúl y la ropa de Bertha, esto hizo que Beatriz se compadeciera nuevamente de ellos convenciéndolos para que se regresaran y fincaran en su casa, así con el trabajo que teníamos y en ese lugar duramos 4 años.

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Me puse a pensar que así no podíamos seguir y empecé a buscar como desesperado otro trabajo, para entonces ya la colonia Reynosa donde vivíamos apenas empezaba, había sembradíos de alfalfa y milpas por donde quiera, por donde está el mercado sólo había un llano y una fábrica de papel, sólo había tres casas, la del novillero en limón, la del futbolista y la de unos señores de Jalisco muy buenos eran Don Lorenzo y Doña Paula, él trabajaba de tapicero en una fábrica de butacas para cine, ese señor conocía a Don Ernesto que era el dueño de todos los terrenos de ahí y él llevó a Nina y Nano, papás de mi mujer que se vinieron de Angangueo porque alguien les fue a contar que su hija Consuelo sufría mucho aquí, entonces dejaron todo allá y con su dinerito de la indemnización de Nano llegaron con Don Ernesto para dar el enganche de un terreno que les vendió en abonos, también habían llegado Don Donato y el marido de Doña Laura y juntos fueron también con Don Ernesto, y compraron su terreno, Don Ernesto era una buena persona, los llevó a donde vendían el material para construcción, todos se pusieron a hacer sus cuartitos para vivir, Don Lorenzo decía: -No se apuren entre todos vamos a hacer las casas de todos. Y así los domingos todos ayudábamos, Don Ernesto al ver la buena acción de Don Lorenzo dijo: -En vez de que me den todo el dinero que traen, mejor denme 100.00 pesos cada mes para que les alcance para construir.

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Y así pronto se pobló la Reynosa con los de Michoacán, de nuevo Don Lorenzo nos dijo: -No se apuren el lunes los que quieran trabajar se van conmigo y de tan buena suerte a todos nos fue consiguiendo trabajo a destajo entonces todos sacamos buen dinero, también entró a trabajar Roberto, hermano de Consuelo que todavía no se casaban pero le dio por tomar mucha cerveza que vendían en las tienditas y se entretenía con las meseras, ya iba llegando hasta el domingo en la tarde sin raya y los pobres de Nina y Nano le tenían que dar para sus pasajes el lunes de nuevo, lo mismo hacía Guadalupe, también hermano de Consuelo mi mujer, él tenía su familia hasta Iztapalapa, como no podía llegar sin gasto le pedía a Nano y a Nina que pusieron una tiendita de abarrotes donde se vendía muy bien. A mí también me ayudó Don Lorenzo y me dijo que sus patrones iban a poner una fábrica por Tlalpan de carpintería que si no quería que hablara con su jefe y yo le contesté: -Pues de eso estoy pidiendo mi limosna. -Te tienes que esperar porque van a poner apenas el colado para poner la maquinaria y le dije que si querían yo les iba a poner la cimbra, me contrataron pero me tardé como un mes porque estaba muy grande, en lo que echaban el colado y el electricista instalaba la maquinaria, yo estaba muy observador de que habían muchas máquinas que yo no conocía pues yo aprendí carpintería con herramienta muy rudimentaria, pero

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yo quería salir adelante, entonces cuando instalaron las máquinas me fijé muy bien como las prendían, cómo les ponían las cintas a las sierras, los cepillos, el torneador, el taladro, la pulidora y a usar todas las máquinas como las que teníamos en la casa ¿Se acuerdan? Entonces cuando acabé el Ing. Me dijo: -A ver muchachito ¿Crees que puedas hacer unas butacas?. -Le dije que sí Y me puso a prueba, no pude ni dormir de la responsabilidad que tenía de si iba a poder con todo el paquete y luego me dijo que él necesitaba mucha producción, que si podía, yo le dije: -Claro que sí. -¿Cuánta gente necesitas? Y me dejó las plantillas, le di muy buenos resultados entonces me dijo: -¿Cuánto quieres ganar?, yo le dije: -Págueme por destajo. -Está bien entonces vamos a ponerle precio a cada pieza y tú le pagas a tus hombres, fue cuando le conseguí trabajo a Saúl, yo le enseñé a usar las máquinas y se la dieron de maquinista, entonces Saúl se empezó a dar cuenta de que yo ganaba lo triple que él y me dijo.

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-¿Oye tío porque si tú y yo hacemos lo mismo, tú ganas más? -Porque yo soy la gallina de los huevos de oro. En eso entró el sindicato, cosa que yo no estaba de acuerdo pues nada más hacían puras tranzas. El patrón se enojó mucho y Saúl aprovechó para ir a decirle que yo los había llevado, pues andaba tras mi puesto, el patrón me llamó y me dio un cheque y me dijo que ya no había trabajo, por eso sentí que Saúl me había traicionado, me corrieron sin razón, pero no pudo con el paquete porque él no sabía nada de carpintería y lo quitaron. Ya un sábado había una tienda a la salida y se pusieron a tomar todos los compañeros y al calor de las copas le dijeron a Saúl que era un traidor y que así me pagaba el favor que yo le había hecho al meterlo ahí, entonces no faltó quién le fue a decir al patrón, que había corrido al bueno y dejó al malo y la producción estaba parada pues Saúl no sabía carpintería, entonces lo corrió sin derecho a nada, después me mandó a llamar pero yo ya tenía otro trabajo. A Saúl le siguió lloviendo en su milpita, pues Bertha lo había cachado en la movida con una “marota” y lo fue a sacar de ahí, entonces cayó de la gracia de ella, le fue mal en el trabajo y con todo, como ya no tenía mi apoyo, se fue a buscar trabajo en una fábrica de muebles y ahí se cortó parte de sus dedos de la mano izquierda, entonces ya no pudo tocar la guitarra, se acabo su vida como músico. Desde entonces Bertha tomó las riendas de la economía pues resultó buena para los negocios, vendimias y de más.

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Nina me ofreció pasarme la mitad del terreno que ellos habían comprado porque no lo podían pagar todo, yo acepté y con mi trabajo lo pagué, ahí construí con buen material dos cuartos grandes y una cocina. Nina acostumbraba hacer una salsa en el molcajete muy buena y atole blanco, tortillas a mano, frijoles de la olla y costilla azadita de res, eso almorzaban, Doña Paula que era la esposa del buen Don Lorenzo nada más oía el molcajete y llegaba y decía: -Pues ya tómenlo como una obligación pues voy a venir todos los días a almorzar y como le debíamos todos muchos favores a su buen marido nadie le decía nada. Ahí a lado también vivía Don Chucho Nava el papá de Amparo, también tenía una tienda en donde nos juntábamos los vecinos, Saúl y yo a jugar dominó y baraja los sábados, como nosotros no teníamos para las chelas, nos llevábamos las guitarras, ellos nos pedían una canción y nosotros les decíamos que sí pero que dispararan las chelas, de modo que nos pasábamos un rato muy a gusto y sin gastar. Después trabajé en Avón, ahí sí me gustó, trabajaban puras mujeres, a las 10:00 AM. nos daban un buen almuerzo, a las 14:00 hrs. la comida y a las 16:00 hrs. salíamos. Pero no vi futuro y me salí después de tres años. Nina y Nano tenían 2 hombres y 3 mujeres con los que vivían aquí en México porque todas sus demás hijas

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ya se habían casado, sus hijos Guadalupe y Roberto dependían de los viejitos, por lo mismo de que no los mandaron a la escuela, los tenían muy consentidos, ya cuando fueron adultos fueron presa fácil del alcohol y le hacían de cuadritos la vida a sus viejitos, ellos desesperados, quisieron huir de esa situación y compraron otro terreno en Santa Inés, pusieron sus cuartitos y su tiendita pero fue la misma situación, pues más tardaron en cambiarse que en tenerlos ahí otra vez pues Roberto se fue a vivir ahí cuando se casó con Martha y Guadalupe compró un terreno al lado de Nina y Nano y ahí vivieron. Al cabo del tiempo Nina enfermó de diabetes con tanta pena y murió, Nano quedó solo en su casita y a la voluntad de Martha que nada más lo atendió mientras heredaban la casa de Roberto y Evita la hija menor de Nina y Nano. Después Martha le dio un dinero a Eva para que le dejara toda la casa, cosa que aceptó para evitar más problemas de los que ya tenían, después Martha le dijo al viejito que él tenía muchas hijas y lo correcto es que ellas hicieran cargo de él, desde entonces el pobre Nano estuvo errante de casa en casa de sus hijas por un taco, en una ida con su hija Irene, se cayó del camión, se fracturó la cadera y en la operación para que se la arreglaran, todo se le complicó y se murió, así terminaron su vida ese par de viejitos tan buenos, que todo dieron por sus hijos.

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Taller Después de que me despidieron por los conflictos de Saúl en el trabajo, mi compadre David me consiguió trabajo de carpintero con los Sánchez Monroy, una vez adentro, tenía muy clavado en la mente que tenía que llegar alto, me puse a trabajar y a estudiar todas las posibilidades, le pedí muchas veces la oportunidad a Don José de que me dejara como jefe de taller y nunca me la había querido dar, yo ya había hecho migas con todos los trabajadores y me había distinguido porque además de saber manejar las máquinas era yo carpintero y tenía muchas ganas de sobresalir, le empecé a pedir tiempo extra al maestro que tenía Don José pero no me lo quiso dar porque decía que entonces yo ya iba a ganar más que él, después le empecé a exigir a Don José más sueldo no me lo quiso dar, pero logré tiempo extra, nada más que llegando el sábado a la hora de rayar, el jefe del taller Don Fernando puso el grito en el cielo, me dijo: -No Salomón, ¿Cómo va a ser posible que tú ganes más que yo? Me dio un empujón y me tiró una cachetada, me levanté y yo sí le di una trompada en las jetas, a él le

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salió sangre, o sea que tengo la mano pesada, él fue a decirle a mi patrón Don José y como a los diez minutos llegaron y me dijo. -A ver Salomón ¿Qué pasa aquí? -Pregúntele a Don Fernando que fue él el que empezó esto. Todavía ensangrentado le dijo que yo le había pegado. -¿Por qué? Dijo Don José -Él no me quiso pagar el tiempo extra y me tiró un golpe, me lo quité de encima, yo también le di uno, nada más que yo sí le atiné. -A ver- dijo Don José- por qué no le quieres pagar el tiempo extra ¿Que no las trabajó? -Sí -Pues mira Fernando si él las trabajo tú págaselas, el dinero es mío no tuyo no seas pellejo. Yo me fui muy contento, el lunes pensé que no me iba a dejar trabajar mi tiempo extra, pero ya no me dijo nada. Después Don José empezó a sentirse presionado porque tenía un pedido muy grande de casetas y yo estaba en San Miguel de Allende, Gto., haciendo lo de las casas como trabajo adicional al taller en donde yo trabajaba pero los lunes antes de irme pasaba al taller para ver cómo iba todo, pues sentía que era mi

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Taller

oportunidad de ascender y no la iba a dejar pasar, aún con los problemas que había tenido con el maestro y él con los demás trabajadores pues se quejaban de que los trataba muy mal, este maestro era un especialista de Don José mandó traer de Chihuahua para que se hiciera cargo de este taller, cuando llegué el lunes, los muchachos le gritaron: -Ya llegó tu padre. -Yo les dije. -Bajen el switch. -Y ya nadie trabajó. El maestrillo le fue a decir a Don José y él llegó a los diez minutos. -A ver qué pasa aquí, ¿Por qué está parado todo?. Yo le dije a Don José: -Deme la oportunidad de demostrarle que yo puedo. -Miren nada más, yo con mis compromisos vencidos y ustedes peleándose, y me dijo: -Mira Salomón te doy una semana para que me saques la producción si no lo haces te me vas, y tú Fernando te pones a las órdenes de Salomón y si no quieres también te vas, pues ya ves los calzonzotes que tiene éste. Entonces le dije: -Necesito los planos, madera de tal y tales medidas y también le dije a Fernando.

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-Y tú vete a trabajar y si no puedes dímelo ahorita. -Sí puedo -Entonces, suban el switch y a darle sin parar. Cuando Don José nos fue a dar una vuelta se quedó admirado de la marcha que llevábamos y el movimiento que había en el taller, con el apoyo de todos los muchachos, a la semana fue y me dijo: -¿A ver dónde está la producción, tienes las casetas? -Y no tengo unas si no cientos. -Perdóname Salomón durante mucho tiempo me estuviste pidiendo la oportunidad yo no supe ver en ti más que un simple carpintero, ahora sí vamos a hablar de producción. -Pero yo también necesito ganar más pues tengo 6 años ganando lo mismo. -No te puedo pagar más por nómina y menos más que al jefe del taller. -Págueme por destajo yo le saco toda la producción que necesite, pero también necesito un carro porque vivo muy lejos y necesito llegar más temprano aquí. -Están por entregarme un carro que acabo de mandar a ajustar, hojalatear y pintar nada más me lo entregan y te lo doy.

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Taller

Desde entonces cambió mi suerte, logré que se me apoyara para poder mostrar mi valía y desarrollar todo lo que yo traía dentro. Cuando me posesioné del taller por mis calzones, Don José me dijo: -Para echar andar el taller necesitas 50 personas y yo no voy a contratar gente nueva. -Mire Don José, Don Moisés castiga a 5 personas que por borrachos no llegan los lunes y Don Montero hace lo mismo con los que llegan tarde, mándeme a esos, a los borrachos y a los viejos que según ellos son gente que no sirve y con esos trabajo yo, entre los borrachos estaba mi cuñado Esteban que siempre faltaba por irse a la pulquería y le dije: -Mira Esteban, qué te parece si en lugar de faltar te doy permiso de que te pases a tomar tus pulques, después te vienes y repones el tiempo en la tarde, y así le hicimos, a cada uno le fuimos resolviendo su problema y ellos me reponían el tiempo, así logré un buen taller. También había un grupo de hombres que se dedicaban a hacer canales para impregnar la madera con un ácido para protegerla de la polilla, esto se hacía a mano y una por una, cosa que se llevaba mucho tiempo y mucha mano de obra yo le dije a Don José que hiciéramos una tina laminada grande de 60 cm. De grueso, de 3 m. de largo por 50 de ancho, él era de las personas que cuando empezaba algo no paraba

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hasta terminarlo, por eso nos entendíamos tan bien, al segundo día ya teníamos la tina grandota, entonces en esa tina metíamos la madera y se ahorró mucho tiempo y mano de obra. A Don José le gustaba darse una vuelta diaria a los talleres para checar cómo iban los trabajos cuando vio el resultado se me acercó y me dio una palmada en la espalda y me dijo: -Valió la pena Salomón, hace mucho que no tenía un jefe con iniciativa e inteligencia, tengo puras mulas. Eso me sirvió de estímulo y empecé a desarrollar mis habilidades con el apoyo de ese hombre. Un día Don José llegó con in ingeniero, se me acercaron los dos y mi patrón le dijo: -Mire este es el cuate que usted anda buscando para su nuevo proyecto. -¿Cuándo empezamos?- dijo Don José. -Hoy mismo. -Pues póngase de acuerdo con Salomón y a darle. El ingeniero sacó su portafolio y unos planos que me enseñó. -Mira Salomón, saco una foto de una casa muy bonita de 3 recamaras, cocina y baño, nada más que yo no sabía nada de planos pero jamás se lo dije, él me los enseñó uno por uno, de todas las partes se componían

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la casa, todas las medidas eran en centímetros y le dije que si aceptaba pero que me las cambiara por pulgadas, inmediatamente, las cambió y como pude las fui apuntando para que no se diera cuenta que no sabía nada de planos, me explicó bien lo de unos cortesitos y yo descifré todo lo demás, empecé a pedir la madera y le dije que le avisara a Don José para que me mandara un camión de madera de 4 x 4 labrada a primera hora y a 6 ayudantes les tracé las piezas y los puse a trabajar que daba gusto. Así como ese problema siguieron muchos más, Don José llegaba a mi oficina; porque han de saber que yo tenía mi oficina y me decía. -A ver Salomón tengo este compromiso de entregar tal cantidad de productos a esta empresa y no puedo, ¿Qué puedes hacer? Yo siempre le decía que tenía muchísimo trabajo, porque si él veía que me sobraba un ratito inmediatamente traía más trabajo, y yo siempre dejaba algo de tiempo para las emergencias, me dijo: -Hay que entregar este pedido, mira esta máquina –y me enseñó una foto;- que dicen que puede sacar este trabajo pero es carísima y solo la venden en Alemania, ¿Qué puedes hacer tú? -Pues compre una de ésas. -No me vengas con esas babosadas esas máquinas son inalcanzables para nosotros, agarró sus cosas y se fue muy enojado.

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Yo me quedé pensando, ¿Qué sólo los alemanes las pueden hacer? Y veía la foto una y otra vez. Había un ingeniero Víctor Torres y un agente de le lavaron el coco a Don José y los contrató con la promesa de que ellos le iban a resolver sus problemas de producción, y los puso encima de nosotros, de mí y de un muchacho que era muy pobre llamado Juanito, Don José lo había contratado de mandadero para ayudarlo, después lo puso a rayar a los trabajadores y a hacer notas de madera etc. Eso a mí me convino pues yo tenía más tiempo para dedicarme a pensar lo de la máquina. Entonces fui con Don José y le dije: -Ya tengo la solución, idee una máquina y necesito un espacio, nada más necesito que usted me autorice el gasto porque sale carita, al principio pensó que era una jalada y me dijo: -¿Y qué tal si falla? -No le fallé con lo de las casas, con lo de las casetas, con lo de las cajas de melones, con los empaques… -Está bien Salomón nos aventamos, dame la lista de lo que necesitas y me fui a mi oficina y le hice la lista: Un motor de 3 caballos, dos bandas para el motor SDW, 6 pistolas nuevas de las mejores que no fallaran a la hora de disparar etc., etc. Se la pedí a Montero que era el jefe del taller mecánico, quien según él yo ya ganaba mucho y me la quiso hacer

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Taller

de tos, entonces fui con Don José y le dije que él hablara con Montero, se las pidió para inmediatamente, yo necesitaba un espacio muy grande para poner mi máquina, me puse con toda mi gente y comenzamos. Logré aumentar la producción, trabajamos 12 horas sin descanso, la máquina de descomponía entonces mandé a pedir de repuesto otra en lo que reparaban las piezas, hice un molde para producir cabeceras de tal manera que le aumenté 20 cm. Y en vez de producir 1 hacían 4 a la vez y de ese modo dupliqué la producción, de ahí vino mi época de inventos y mi lema era: “Hacer las cosas rápido, fácil y bien”. Entonces le dije a Don José que fuera al taller para que viera que ya le había resuelto el problema y ni tardo ni perezoso llegó con Garay otro jefe de taller y nada más se quedaron viendo cómo la maquinita que había inventado, se movía muy chistoso como si estuviera bailando “cha-cha-cha”, luego le ordenó a todos los demás jefes que hicieran lo mismo, Don José ya se iba muy campante y que le digo: -Oiga Don José está muy bien ya le resolví el problema de todos los talleres, ¿Y yo qué? Yo necesito que me aumente el sueldo. -No te puedo aumentar pero el lunes te voy a dar un cheque por $500.00 todos los lunes nada más no le digas a nadie. Otro de mis inventos fue una mesa de 1.50 de ancho x .80 de alto y 8 metros de largo le puse encima las

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soleras, unos rieles aprovechando que ya estaban los agujeros para meter los tornillos para fijarlos, después hice otra mesa más ligera de 4 metros, le puse unas carretillas para que rodara encima de la grande, ahí tenía que ir toda la madera del empaque y ésa se tenía que deslizar encima de la otra, aparte en el centro de la mesa grande le puse un disparador con cinco pistolas y esas corrían por los rieles, éstas subían y trabajaban cada que pasaban en una tabla del empaque que con un pedal pisaba el que operaba la máquina y al pasar por cada tablita las cinco pistolas disparaban al mismo tiempo y de esa forma resolví otro problema. Como les dije el jefe del taller del Peñón el encargado era un Sr. Víctor Torres, junto con otro tal Galván eran dos pájaros de cuenta que hacían sus tranzas con los pedidos de Don José, conmigo y Juanito se ponían muy exigentes, dizque muy perfeccionistas con la producción, pero después me di cuenta que lo único que querían era quitarnos de encima para que pudieran hacer sus movidas con los pedidos de “General Electric”, entonces me puse de acuerdo con Juanito que lo trataban de la patada y le dije: -Mira Juanito vamos a hacer un equipo, tú apunta las notas que salen de los pedidos, fechas y cantidades en un cuaderno y cuando ya tuvimos las pruebas en la mano se las enseñamos a Don José enfrente de ellos, él al darse cuenta y ellos al verse descubiertos no le quedó a Don José más que echarlos a la calle y otra vez salí triunfante quedándome como jefe del taller, nada más que no duró mucho pues el dueño del terreno

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le pidió de renta a Don José lo doble, como no se lo dio tuvo que cerrar el Peñón. Fue entonces que yo me independicé. Don José tenía 5 hermanos cada uno tenía su maderera, cuando se juntaban platicaban y su papá les preguntaba: -A ti Ricardo ¿Cómo te va en tu maderera y en tu taller? -Muy bien pero a veces me falla la llegada de la madera, tengo muchos pedidos que entregar 1,200 cajas de jitomate, 1,300 de melón y unas plataformas para estibar. -Y a ti Manuel ¿Cómo te va? -Tengo muchos pedidos de casas planas que entregar, y también tengo que entregar a PEMEX 1,000 piezas de madera de 3”x4”x6” tratadas con chapopote. Don José le dijo a su hermano: Tengo una persona que te puede echar la mano en eso de impregnar todas esas piezas y lo más difícil, limpiarlas, escurrirlas; entonces idee otra tina pero de otra forma de modo que les puse unos hules para que a la hora de sacarlos se escurrieran y ya quedaran limpiecitos, ellos ya no encontraban cómo agradecérmelo y les dije: -Mejor págueme mi trabajo y mi idea, me dieron $500.00 y todos felices y contentos.

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Los hermanos se reunían los domingos en casa de mi patrón Don José, que vivía en Av. Ejército Nacional 329, esa casa tenía frontón, jugaban dominó, baraja y desde luego tomaban la copa, invitaban al almacenista, al contador y a mi compadre David a jugar dominó, lo cual me daba mucho gusto pues era el que me platicaba que su papá les iba preguntando a cada uno, cuando le tocó el turno a Don José él les dijo: -Yo tengo el mejor jefe de taller que ustedes hayan imaginado, el mejor en la historia de los Sánchez Monroy, ¿Se acuerdan de aquel que me pidió la oportunidad de ser jefe de taller y que yo no se la quería dar? ¿Y que por sus pistolas tomó el taller quitándole el lugar al especialista que ustedes habían traído de Chihuahua? Pues lo apoyé para que se pusiera al frente del taller de Las Granjas y ahí además de vender madera, me hace un sinfín de productos que todos los maestrillos de ustedes no me pueden hacer, de modo que me resuelve todos mis problemas porque tiene coco y en eso les llevo una gran ventaja, ahí construimos pizarrones, mesa-bancos, puertas, pisos, toda la clase de cajas para empaques, alambrados y los productos de “General Electric”, todos los de la Coca, los de la Pepsi, entre todos son más de 80 y sus talleres sólo producen 4, y también me resolvió el problema de las casetas. Era un viernes que le comuniqué a Don José que ya estaba mi invento y él se trajo al taller a su hermano Rodolfo que era el más orgulloso, encargado de los aserraderos de Chiapas y también a todos los

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que estaban en ese momento con él trabajando, al momento del disparo de la máquina se oía un ruido estruendoso que hasta cimbraba el piso, pero les dio tanto gusto que ya no hallaban como felicitarme. -Tienes un genio José aprovéchalo. Esta máquina se hizo para resolver el problema de todo el empaque de lavadoras de rodillos, fue un gran avance para las empresas de los Sánchez Monroy y más orgullo para mí que ya no me gane 500.00 pesos, pues ya me dieron un porcentaje de la producción. -Se imaginan lo que eso significaba para mí, era ya la envidia de todos los demás jefes de talleres que tenían los Sánchez. Después que me dieron la tarea de formar otro taller por Las Granjas, en Norte 45, en la colonia Electricistas, este taller ya era de otra categoría, se fabricaban puertas ensambladas, pizarrones, mesa-bancos, pisos de parcket, sillas, butacas para cine y muchas otras cosas más, ahí yo metí a trabajar a Nano como velador y Don José contrató a otro como carpintero para barnizar los mesa bancos, como los tenía que hacer en la noche porque en el día hacia mucho polvo, pidió unos reflectores porque el barniz en tiempo de frío se pone pardo y los quería para calentarlo, estos los tenían que poner a una altura de metro y medio, pero este señor era muy mañoso porque cuando sabía que Don José estaba, él hacía el trabajo con sus dos hijos grandes y cuando se iba, al poco rato salía él también y ponía a unos niños a hacer el trabajo. Una noche

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bajaron mucho los reflectores, yo ya les había dicho que no lo hicieran y también le avisé a Don José como encargado del taller, qué era lo que estaba pasando, lo regañaron pero lo siguió haciendo, esa noche se les prendieron los botes del barniz con los reflectores, se quemó todo el taller, Nano se asustó y salió corriendo de allí con los niños, me llamaron a mi casa y llegaron todos a regañarme a mí, yo le dije a Don José: -Mire Don José, yo no tengo la culpa porque yo le avisé a tiempo lo que estaba pasando. Entonces me quedé sin taller, Nano sin trabajo y sin nada, como ven, no todo era felicidad. Don José me mandaba de nuevo con Moisés pero yo no quise ir, entonces me daba $5,000 de liquidación que no quise recibir. -Entonces qué quieres- dijo Don José. -Quiero mi taller. -Tu taller ya lo quemaste. -Yo quiero mi taller. -¿Tú crees que un taller se hace con 5,000 pesos? En primera se necesita un terreno. -Yo tengo mi terreno-¿Cuánto mide tu terreno? -10 x 20

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-Bueno ¿Y qué vas a trabajar con el pensamiento? Tienes que bardearlo, techarlo, hacer la instalación de luz y las máquinas. -Mire Don José, usted tiene crédito en la casa de materiales, nada más necesito 2000 tabicones, 1 ton. de varilla de 3/8, un rollo de alambre requemado, un carro de arena, un carro de grava y un albañil con su ayudante. -Hay Salomón, ¡Cómo me asombra tu seguridad! y ¿Con qué vas a pagar todo eso? -Usted lo va a pagar, yo no tengo dinero, usted ya sabe que yo pago con trabajo y entre más rápido mejor porque yo tengo que mantener a mi familia. -A que Salomón, poco te falta para estar loco. -Ahora viene lo más difícil ¿Y las máquinas? -Ya lo tengo resuelto, ya me di una vuelta por donde está el fierro viejo del taller mecánico y ahí hay una sierra cinta grande, una chica, un cateador, un taladro de mesa, una sierra circular, una sierra de corte atravesado, una compresora que se puede arreglar y que a usted le dijeron que ya no servían, pero que para mí sí sirven, con una buena reparación. -A ver enséñame esas máquinas. -Lo llevé y le detallé a cada una lo que le hacía falta. -Si usted da la orden las reparan de inmediato.

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-Ni modo Salomón ya me convenciste, a trabajar. Tú te vas a encargar de pedir ese material a la casa de materiales y el lunes te mando al albañil con su ayudante y yo le digo a Montero que arregle con carácter de urgente las máquinas. En menos de dos meses estaba listo mi taller en mi casa, pues en lo que hacían los cimientos yo hice toda la estructura de madera para las láminas del techo y me puse a trabajar, luego, luego. Empezamos cepillando madera para las cajas de miel y sus bastidores, entonces necesitaba una camionetita y Don José me la consiguió, estaba viejita pero jalaba bien, no nos quedaba más que trabajar, así fue como se juntó mucho aserrín y viruta, nos pusimos a hacer combustibles que repartíamos en toda la colonia y en las tiendas, después fui ocupando gente, por eso es que pude dar trabajo a mis hijos, a varios miembros de la familia y algunos hijos de los vecinos bajo estricto control, pero con un trato cordial. Después de algunos años de trabajo en el taller de la casa, se fue pasando la niñez y parte de la juventud de mis hijos. El taller siguió creciendo y pensando en el futuro se me ocurrió poner un taller en Angangueo, otra vez Don José no quería pero vislumbró el hecho de que yo le dije que había unos parientes con montes, en donde nos podían vender la madera, entonces accedió y con mucho trabajo, pues nos costó un triunfo para conseguir primero el terreno, luego el permiso para el servicio de la luz, tuve que estar yendo a Toluca, vueltas y vueltas y no

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Taller

se arreglaba nada, entonces yo perdía tiempo y dinero, cada vez que iba a las oficinas de México a preguntar me decían que iba caminando, hasta que me convencí de que eran puras mentiras, hasta que decidí hablar con el mero, mero, pero para todo se necesitaba cita. Yo fui y me espere hasta que despachara a todos, cuando vi que salió el último me metí corriendo, los policías fueron detrás de mí para sacarme y ya adentro el jefe preguntó: -¿Qué pasa? -Pues nada, es que este señor no tiene cita, entonces Dios se compadeció de mí y me pregunto: -¿A ver señor qué le pasa? -Me pagaron en la empresa donde yo trabajaba, puse un negocito y ya se me acabó el dinero, tengo más de un año solicitando mi servicio de luz y nada más me están engañando pues los papeles están donde mismo. -A ver-, habló para México y les ordenó que se los mandaran inmediatamente para Toluca en donde estaba su oficina. -Váyase para su taller, mañana mando a la gente que se encarga de hacer el estudio. Fue un día viernes y su fueron dos jóvenes, vieron y me dijeron que eso me iba a salir en un ojo de la cara. -Para empezar se necesitan 2 postes y un transformador, ¿Ya los tiene? -No.

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-Pónganse los cables sobre los capulines, les quité todos los brazos a los árboles -Ahí tienen 3 postes. Pero de ahí no los sacaba, yo les ofrecí 300.00 pesos y no los quisieron se regresaron sin hacer nada en una pick-up que traían a Toluca, pero antes se fueron a emborrachar y luego me enteré de que en el camino se voltearon en una zanja, como me dio coraje cómo se portaron conmigo me fui a Toluca otra vez con el jefe, y me preguntó: -¿Qué pasó señor? ¿Qué no fueron los hombres que yo mandé? -Sí fueron pero me dijeron que necesitaban 2 postes y 1 transformador. -Pues qué distancia hay de la calle al taller -150 mts., como no tenía eso se regresaron, se emborracharon y se voltearon con la camioneta, antes no les pasó nada. Los mandó llamar y les preguntó si era cierto lo que yo decía. -Traigan la camioneta. -Al verla llena lodo y golpeada ya no tuvo duda, les puso una regañiza y les dijo que fueran a mi taller que me pusieran todo mi servicio y que no me fueran a pedir nada, al otro día fueron todos serios pero me pusieron la corriente.

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Después surgió otro problema, el permiso para trabajar como aserradero, ahí sí estaba muy difícil, tenía que ir yo solo a las oficinas de la forestal que estaban en Cd. Hidalgo, sin dinero y sin palancas con toda esa bola de burócratas, nunca me iban a hacer caso, le platiqué a Alex mi yerno y me dijo: -No se preocupe Don Salo, yo le estoy arreglando unos asuntos al mero mero de la forestal de México y él controla la forestal de toda la república, le voy a pedir que nos eche la mano, y vaya que sí nos la echó, nos dio una carta para el gobernador de Michoacán, se la llevamos, no sé qué decía pero la leyó, el caso es que el gobernador nos dio otra carta donde les ordenaba que me dieran lo que yo necesitaba, la llevamos y me dijeron que mañana iban a que la firmara porque ya eran como las 6 de la tarde y ya iba a obscurecer, Alex les dijo: -Aquí dice que no importa la hora, que si ellos ya sabían a donde vivía el que iba a firmar que fueran a buscarlo y así lo hicieron no tardaron mucho y me trajeron el permiso ya firmado. No se imaginan la manota que me echó Alex desde el momento que decidió ayudarme sentí la bendición de Dios y todo se arregló como por arte de magia, pues yo solo no iba a poder lograr nada con el mero mero de la forestal y mucho menos con el gobernador de Michoacán, fue un gran logro. Ya después tuve que ir con el presidente municipal de Angangueo para conseguir una entrevista para que me dejaran trabajar, con la condición de que iba a ocupar

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puros hijos de ejidatarios, lo bueno que el presidente era mi amigo y les dijo: -Dénle permiso porque él es de aquí y además es mi amigo. Así pues me puse a trabajar. Duré como tres años yendo y viniendo con la camioneta cargada de madera y todos los viernes trayendo maquila para que aquí en el taller de la casa del que se había quedado a cargo mi hijo Mario la terminaran. Después un día que vine me encontré con que mis hijos los más chicos ya había dejado la escuela, para nosotros fue un golpe muy duro pues sentí que todos los esfuerzos míos y de ellos mismos se habían ido a la basura, creo que nunca van a poder olvidar ese gran error. Después vino la enfermedad de las fiebres que me daban tan altas y yo solo por allá, fue el motivo por el que no seguí, pero fuera de eso nada ni nadie me impidió hacer todo lo que me propuse, vencí todos mis miedos y mis obstáculos que fueron muchos. Como siempre no me queda más que decir que uno es el protagonista de su propia vida y llega hasta donde uno mismo y Dios nos permite llegar.

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Reflexión Al cabo del tiempo hicimos una amistad muy bonita entre Saúl, Bertha, Roberto, Martha, Consuelo y yo y nuestros hijos convivieron mucho tiempo, cuando yo me independicé con el taller en mi casa, les di trabajo a ellos y convivíamos muy bien, pero luego todos empezamos a tener otras perspectivas de la vida, envidias, tonterías y chismes, razón por la que nos empezamos a distanciar. A la fecha nuestros hijos nunca perdieron esa amistad y recuerdos tan bonitos de su infancia y convivencia en el taller de la casa, ojalá los recuerdos de tantos momentos, experiencias, triunfos y tropiezos nos sirvan a los adultos para comprender que todo eso es la esencia de la vida, si yo cometí errores y de alguna manera lastimé a alguien les pido me perdonen pues fue la inexperiencia, los llamo para que sigamos conviviendo los años que Dios nos dé, con la armonía, cariño y el respeto que nos debemos.

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A Rubén Le pido perdón por juzgarlo tan duramente, en su momento, por mucho tiempo le guardé resentimiento por las razones ya expuestas en esta historia, no comprendía que él actuó conforme a las costumbres de la época y que él también como mis hermanos y yo, sufría de todas las carencias de la situación por la que tuvimos que atravesar, no fue la mejor manera, pero fue la que le pareció correcta en esos momentos. Muchos años en México vivió conmigo a lado de mi familia y conviviendo con mis hijos a los que quiso como a los que él nunca tuvo, en especial a Miguel. Gracias hermano a fin de cuentas todos los frutos de tus esfuerzos en la vida se los dejaste a mis hijos, en donde quiera que estés, te agradezco y quiero que me perdones si fui injusto contigo, te quiero mucho.

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Pensamientos de mi hermano Rubén. Dicen que recordar es vivir y que no hay edad como la primera. ¡Ay! Como pasa la vida y como dice el poeta la vida es un relámpago en medio de dos noches y que como el agua corre sin volver atrás. Un mundo de recuerdos se agolpan en el pensamiento y sólo queda la ilusión que los desengaños no hicieron realidad. Angangueo 23 de febrero de 1941

Cuando se es joven uno vive de esperanza e ilusiones, ya uno viejo sólo vive de recuerdos. Abril 1958

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Hoy Hoy, ya no tengo la juventud de aquellos días, pero tengo el corazón joven que me mantiene con ganas de seguir impulsando a mis hijos para que no se limiten ni se dejen vencer ante ningún obstáculo, con esto les quiero demostrar que “sí se puede” con o sin apoyo, lo importante es querer y no perder las ilusiones ni las metas que uno se propone, también quiero decirles que vivo feliz con mi familia y mis nietos, que a veces no sé expresarme, pero en pocas palabras les digo que ustedes pueden ser grandes y lograr lo que se propongan, no le tiren a lo chiquito si pueden ser gigantes. Sean felices. Los amo. Don Salo.


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Papacito, solo quiero decirte que eres una persona muy importante en mi vida, que te quiero con el alma y que realmente le pido a Dios que nos dures por muchos, muchos, muchos, años más, gracias por todo tu apoyo. Te quiero mucho.

Vero

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Hola papito Me acuerdo desde que éramos niños,tu dedicación al trabajo ,te partías el físico para que nosotros no sufriéramos las pobrezas que tu pasaste,tuviste la visión siempre de sobresalir ante toda adversidad,conquistaste a mi mamita desafiando a varios rivales( y eso que no eres un hombre muy guapo que digamos ja ja!!) Siempre los domingos nos despertabas con tus canciones, íbamos a misa y luego a pasear ¡¡ah, qué recuerdos tan bellos!! Tuviste siempre la valentía de emprender una y otra vez... Y otra vez un nuevo negocio para poder mantenernos con calidad de vida. Fuiste muy valiente al venir a méxico para emprender una gran aventura ,en busca de oportunidades ya que en angangueo ya no había mucho qué hacer!! Siempre en compañía de tu amada esposa maravillosa que también luchó como las machas a tu lado ! Nos enseñaste a trabajar, a tener valores y ser personas de bien aun cuando tu no tuviste muchos estudios fuiste realmente muy inteligente,valiente y audaz!! Lo lograste papito!!! Gracias a ti , a tu dedicación y esfuerzo somos unas muy buenas personas!! Y sigues contribuyendo con muchas ganas a que nuestros hijos también lo sean!! Con todo mi respeto, admiración y gratitud!!! Te amo papacito gracias por todo!!! Ojalá dios me deje ser igual que tú!!!!!

Atentamente: salomón

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“La familia de los platos rotos”

Es una historia sencilla cotidiana en la que el autor plasma la esencia de su pasar por la vida, narrada de una forma simple pero llena de experiencias que nos adentra a conocer la lucha diaria por la vida, esa que con el tiempo se forman meses y con los meses se vuelven años. Una vida llena de obstáculos, luchas y logros, que nos van dando frutos y recuerdos que sólo quedan en la memoria frágil de las personas, una historia que Don Salomón no quiere olvidar, más bien quiere compartir con sus hijos y nietos.

La familia de los platos rotos  

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