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TRADICIONES TRUJILLANAS

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Tradiciones Trujillanas

Ordenanzas de la

Ciudad deTrujillo

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TRADICIONES TRUJILLANAS

DIRECTOR Constante Traverso Flores Investigación e información: Lily Céspedes Diseño y diagramación: Pedro Parra Ayala Fotografía: Luis Lau Supervisión de edición: Giancarlo Rodríguez Chávez Correcciones: Alexandra Bustamante Hecho el depósito legal en la Biblioteca Nacional del Perú Nº Xxxxxxxxxxx Empresa editora TRAVERSO Impreso por Corporación Gráfica Noceda SAC Febrero 2012, Lima – Perú. Prohibida la reproducción total o parcial de las características gráficas de este libro. Cualquier ilícito cometido contra los derechos de propiedad intelectual que corresponden a esta publicación será denunciado de acuerdo con el D.L. 822 ( Ley sobr el Derecho de Autor) y las leyes internacionales que protegen la propiedad intelectual.

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A los moches, a los chimús, que conquistaron y habitaron este valle, edificaron Chan Chan, las huacas del Sol y de la Luna, la huaca Esmeralda, el Brujo y otros lugares míticos y sagrados. A mi tierra, donde nací, crecí y formé. La hidalga y siempre noble ciudad de Trujillo, museo eterno de los espacios y tiempos peruanos. A mis padres, ejemplo de cariño y amor por esta tierra. ¡Siempre, noble y valiente!

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TRADICIONES TRUJILLANAS

Indice Prólogo 8 Tradiciones Trujillanas de Constante Traverso Flores 10 Cuatro Estrellas 12 SI mis tierras han de quitar, con la Corona voy a pelear 14 El postigo del Deán 18 La fuga de un realista 20 Una cucharita de oro por una gallina 22 Los clavos y el Libertador Un “palacio florentino” sin plazuela 23 ¡Sí Señor! Pido su libertad, y salgo garante 25 Las mejores casas son las de Chiclín… 33 ¡Mejor Nada! Señor 35 De operario a empresario 37 Érase una vez un filántropo 40 Medallas de oro, mulas y la nueva municipalidad 44 Los ficus de la Plaza de Armas… desaparecen 47 Embellezco Lima 50 El Banco Larco 52 De un auto Ford a un avión Estimso 54 Un representante, el agua potable y el IV Centenario 56 Cuando llueve todos se mojan 61 Los Manguitos 66 Trujillo El Consul 70 “La llegada por una oreja” 72 Un encuentro en el tiempo con Salaverry y Chan Chan 79 Los Traverso Traverso de Angamos 270 89 Los trece de caza y pesca Comen bien pero no dejan comer a la mayoría de peruanos 106 El líder 116 El poeta 138 El guerrillero 146 El maestro 152

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De deportista a alcalde 159 La ilusión del mustang 163 Casilla postal 169 El jardín de Victorita, el perpetuo socorro, el moderno laico Y el claretiano 174 Operación Amigo 178 Chabuca y la marinera 186 Poemas 193 A mis 50 años les digo 196 Trujillo, notas periodísticas 200 El viejo ferrocarril 202 Nuestras primitivas vías de comunicación 206 Trujillo ¿ciudad sin acta de fundación? 216 El origen del carnaval no está bien claro 220 Las viejas calles de Trujillo 224 La historia de Cartavio 226 La llegada del primer avión 229 Trujillo cultural 235 Trujillo se moderniza 240 Monja alférez y la catedral 245 Trujillo historia gráfica 248 Ordenanzas 270 Tradiciones Trujillanas de Carlos Camino Calderón 298 Para pantorrilludos los trujillanos 300 El máximo elogio 303 Los tesoros del cabildo 305 El nuevo día del Perú 311 El rey de armas 322 Frases inmortales 331 Las chirimoyas de Chiclín 336 Los viejos nombres de las calles de Truxillo del Perú 340 El Coronel don Andrés Rázuri 384

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Para verdades el tiempo

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l publicar este modesto trabajo, inspirado en todo lo que de la vida pude aprender: Hacer justicia y renovar los valores de quienes a través de los años nos dejaron lo mejor de su experiencia. Por eso, este dicho popular se reafirma hoy en el tiempo. La ciudad de Trujillo, capital de la región La Libertad con sus cuatrocientos ochentidós años de existencia ha acumulado gran parte de la historia y una rica tradición. Fue don Diego de Mora, el primer gobernante español de estas tierras moches, nombrado por el marqués don Francisco Pizarro. Don Diego fue un gobernante de relevantes dotes y gran carácter, que imprimió rumbos seguros y definidos a la naciente ciudad de Trujillo. En la época del Virreinato, esta ciudad amurallada y de grandes y coloridas casonas, conservó la tradición hispana, forjando un mestizaje y una personalidad que aún se mantiene. Los pueblos originarios, los Moches, conservaron sus costumbres en los villorrios y comunas que rodeaban a la ciudad como: Moche, Huamán, Mansiche, Huanchaco y Quirihuac; que con el tiempo fueron incorporándose a la ciudad convirtiéndola en una importante metrópoli. Habitaron en Trujillo personajes como el Obispo Marcelo Corne, Jaime Martínez de Compañón y el Deán Saavedra, quienes destacaron por su aporte cultural, litera-

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rio y legal; fama que perduraría durante los tres siglos de dominación española. Y vino la emancipación. Trujillo dio el ejemplo a los demás pueblos del entonces virreinato peruano. El 29 de diciembre de 1820, desde los balcones del cabildo trujillano, proclamamos la Independencia, dando de esta forma nuestro apoyo incondicional a la Expedición Libertadora liderada por el general don José de San Martín. Don Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar y Palacios encontró en esta hidalga ciudad a sus más decididos aliados. En Trujillo y Huamachuco organizó el ejército que selló la libertad de la América del Sur en las Batallas de Junín y Ayacucho. Y en el siglo XX, también resaltaron hombres ilustres que nacieron o habitaron nuestra ciudad como: César Vallejo, Antenor Orrego, Víctor Raúl Haya de la Torre, Alcides Espelucín, Luis de la Puente Uceda, Ciro Alegría, Macedonio de la Torre, Pedro Azabache, entre otros. Para ellos, nuestra mayor gratitud y reconocimiento. Hoy, en el siglo XXI, le toca a los jóvenes asumir liderazgos y organizarse para afrontar los retos que les brinda este nuevo tiempo para escribir otros capítulos de la historia trujillana. El autor.

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Nadie puede escoger donde nacer. Yo tuve la suerte de poder escoger donde vivir y morir, y escogĂ­ la apacible, culta e histĂłrica ciudad de Trujillo y vivo feliz. Constante Traverso Lombardi

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Había otros lugareños que se creían descendientes de los hijos del mar, nacidos en sus profundidades y transportados por grandes ‘pejes’ a las costas.

CUATRO ESTRELLAS Según el relato de mi abuelo por línea materna, don Jorge Flores Alcántara, que allá por el año 1900 fue gobernador del pueblo de Moche, él conocía muchas historias y leyendas misteriosas, contadas por ancianos descendientes de los antiguos Mochicas, donde participaban como actores seres fantásticos y personajes míticos y divinos.

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ecía que los gentiles (Mochicas), descendían de ‘cuatro estrellas’. “De las dos más brillantes, los nobles o principales, y de las dos más pálidas y pequeñas, los humildes y plebeyos”. Había otros lugareños que se creían descendientes de los hijos del mar, nacidos en sus profundidades y transportados por grandes ‘pejes’ a las costas. No faltaron quienes se decían ‘abortos de los cerros’, surgidos de las

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cumbres o salidos de las cuevas, como brota el agua de los ríos o de los manantiales. Cincuenta años después de la conquista, había indígenas que recordaban haber escuchado relatos de sus antepasados, quienes en forma vaga, evocaban leyendas de conflictos con comunidades hordas invadiendo su territorio o gigantes terribles sembrando el terror, y pigmeos apocados, incapaces de resistir a un guerrero normal. Guardaban memoria de antiguos viajes por mar. No temían confiarse al océano en sus frágiles embarcaciones, para cambiar su algodón por metales de las regiones ecuatoriales. Leyendas similares hay por todos los continentes. Las grandes civilizaciones, ocultan en relatos similares, su misteriosa existencia y origen, que hoy perdura todavía en el más absoluto enigma. (8-7-76)

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“ SI MIS TIERRAS ME VAN A QUITAR CON LA CORONA VOY A PELEAR”(SIGLO XVI)

Los 287.34 Km2 del distrito de Chepén, pertenecieron -antes de la conquista- a un cacique indígena de nombre Chequén, que según la tradición, fue el fundador de este pueblo.

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os españoles fueron recibidos por los nobles indígenas de la Costa, como los salvadores de la dominación incaica que sufrieron por cuatro o cinco décadas, antes de la conquista. Es así como los conquistadores españoles recibieron la ayuda incondicional de pueblos costeños, para avasallar a los hijos del sol. Como recompensa a este apoyo, los españoles respetaron los dominios de algunos nobles indígenas. Francisco Pérez de Villafranca y Lezcano, fue un noble capitán español que llegó con los primeros conquistadores al Perú, y en el reparto de encomiendas, se le asignó Cherrepe (que dio origen a Pueblo Nuevo), y posteriormente fundó la Villa de Guadalupe. Cherrepe, era el nombre de una población de pescadores indígenas que se había desarrollado a orillas del mar, al Oeste de Guadalupe. La encomienda no especificaba bien los linderos de las tierras, o no se conocía al menos la especificación. Así, el capitán Pérez de Villafranca llegó y tomó posesión de sus dominios, pero al hacerlo encontró resistencia en el cacique Chequén, quien planteó un juicio de largos años de duración. El problema -al parecer- se origina cuando el capitán Pérez de Villafranca, trae en 1562 la imagen de la Virgen de Guadalupe, fiel copia de la que se venera en Extremadura (España), como agradecimiento por haberle salvado la vida. Pero la imagen venía destinada a la ciudad de Trujillo. Sin embargo, fue desembarcada en Cherrepe, tal vez porque era posesión de su propietario.

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Tras su llegada a Cherrepe, la imagen fue nuevamente cargada sobre el lomo de una mula para su traslado al naciente Trujillo. Sin embargo, ‘misteriosamente’ el animal se extravió, siendo después encontrado en las inmediaciones del antiguo Guadalupe. Este hecho fue visto por los lugareños como una ‘voluntad’ expresa de la Virgen, y se le construyó una ermita detrás del cerro La Virgen (Pueblo Viejo). Por esos años debe haberse iniciado el juicio al que aludimos. Primero en Trujillo y luego en Lima, siendo favorable al encomendero. Chequén, que al parecer estaba bien asesorado, comentó entonces entre sus amigos: “Si mis tierras han de quitar, con la corona voy a pelear…”. El noble cacique, que por muchas referencias debió ser un tipo hábil, vivaz, paciente y perseverante -en una causa de lo más difícil- llevó su reclamo hasta la mismísima Corona de España, la cual como era su costumbre -por la distancia- demoró varios años en dar su fallo. Chequén triunfó. La Corona española falló dándole la razón al cacique, especificándole sus dominios, que fueron todas las haciendas que rodeaban al actual Chepén (tierras del distrito de Guadalupe). Su territorio se extendió hasta el río Jequetepeque, que le sirvió de lindero natural. Años más tarde, el cacique donó sus propiedades a la Virgen de Guadalupe, para que en torno a ella, habitaran sus fieles, y su producción sirviera para rendirle culto. Los padres Agustinos fueron quienes levantaron la primera Iglesia en el Pueblo Viejo de Guadalupe, pero el templo fue destruido por el terremoto de 1619. Chequén donó sus propiedades a la Virgen con la condición que sus restos sean sepultados en la Iglesia principal del pueblo, y le ofrezcan misas por el eterno descanso de su alma. Así consiguió tener un privilegio del que sólo los españoles podían disfrutar. Este es el único caso registrado donde la causa de un noble indígena, logra imponerse ante el poderío y la ambición de los conquistadores. A Chequén, cuyo nombre se ha eternizado en nuestra historia, se le conoce hoy como Chepén, una progresista ciudad de la costa. (1511-77). 17


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EL POSTIGO DEL DEAN La ciudad de Trujillo estaba rodeada por una muralla de adobe, construida entre 1665 y 1668, durante el gobierno del Virrey Melchor de Navarra y Rocafull Martínez de Arroytia y Vique, conocido como el ‘Duque de la Palata’. Constaba de quince baluartes y quince cortinas. El Rey y el Virrey costearon, cada uno un baluarte, y el resto de la muralla por los vecinos de la ciudad.

Los trescientos años que nos separan de la época que él vivió, parecen no haber transcurrido, y su venerable cadáver momificado, que descansa en la modesta Iglesia de la Caleta de Huanchaco

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oda la obra tuvo un costo de ochenta mil pesos, con la finalidad de defender la ciudad de los piratas, filibusteros y corsarios franceses e ingleses, que recorrían el imperio español. Trujillo fue después de Cartagena de Indias y el Puerto del Callao, la tercera ciudad de América que contó con una defensa como La Muralla. La Muralla constaba de cinco portadas: De Mansiche, Miraflores, de la Sierra, Moche y Huamán. Muy cerca de la portada de Mansiche, había un postigo (puerta pequeña), hecho especialmente para un sacerdote, que llegó a Trujillo. Nos referimos al licenciado Antonio de Saavedra y Leiva, venerable Dean de la Catedral de Trujillo, desde el 9 de junio de 1675 hasta que renunció al cargo en 1704. El postigo al que nos referimos, fue construido para que el Dean tenga libre tránsito, en sus místicas salidas a la Caleta de Huanchaco. Al renunciar como Dean de la Catedral de Trujillo, se retiró a terminar sus días en el pacífico y vecino pueblo de Mansiche. El nombre del Dean Antonio de Saavedra era muy familiar y popular que parecía el de un contemporáneo. Los trescientos años que nos separan de la época que él vivió, parecen no haber transcurrido, y su venerable cadáver momificado, que descansa en la modesta Iglesia de la Caleta de Huanchaco, se conserva íntegro. Parece un cuerpo dormido.

A él se debe la festividad del Huanchaquito, o sea, la Procesión de la Virgen del Socorro, que es llevada en hombros por sus devotos desde los distintos pueblos de Trujillo hasta Huanchaco cada cinco años. Fiesta establecida a su propuesta como Dean del Cabildo Eclesiástico, hecha el 13 de diciembre de 1681. También a él se debe la reglamentación de aguas de regadío, obra encomendada por el Rey de España, que desempeñó con acierto, haciendo un estudio de sus ne18


cesidades y posibilidades, con un criterio de justicia, que en esencia, perdura y subsiste hasta nuestros días como un hermoso momento a su memoria. Como sacerdote, el Dean propagó la doctrina de Cristo, más con el ejemplo que con la palabra. Su acción edificante a favor del indígena hizo que se ganara la confianza absoluta de los aborígenes, en cuyo seno pasó los últimos días de su vida. Por eso escogió la tranquilidad y paz del pueblo, falleciendo en el caserío de Mansiche el año 1706 a los 74 años de edad. Sus hazañas, que de estar todas debidamente documentadas, harían de este hombre el Santo más auténtico de tierras liberteñas. Su nombre no está en el calendario romano, pero tiene un lugar preferente y reverente en los anales de los hombres sabios, buenos e ilustres que tuvo Trujillo en sus 440 años de existencia. (10-1-1977) 19


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LA FUGA DE UN REALISTA En las antiguas calles de los Bracamonte (hoy Almagro) y, la del Mayorazgo (Francisco Pizarro), se ubica la antigua mansión de los marqueses de Herrera y Vallehermoso, conocida como La Casa del Mayorazgo de Chiclín, símbolo arquitectónico de la ciudad por su portada señorial y los moradores que albergó. La casa, lucía entonces un hermoso balcón volado, tallado, que doblaba la esquina de la céntrica Plaza. En sus salones, ricamente adornados y amoblados a mla moda francesa y madrileña, colgaban de las paredes varios cuadros de los antepasados marqueses, cuyas ramificaciones genealógicas llegaban hasta la Casa de España.

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a noche del 21 de diciembre de 1820, la marquesa de Herrera, doña María Castro de Bracamonte, ofrecía una de sus acostumbradas mtertulias nocturnas -muy frecuentes en esa época- donde se saboreaba el rico ponche, deliciosos confites y variados manjares elaborados mpor las monjas de Santa Clara o el Convento El Carmen. Uno de sus invitados fue el coronel José Tobrá (Torlá). Se hablaba y discutía sobre la cercanía del Libertador, Don José de San Martín, y las futuras orientaciones políticas. Pero, en los labios de los concurrentes había la esperanza de una ‘reacción poderosa’ de la corona hispánica. Disimuladamente, Eufracio (criado de la marquesa de Herrera) se acercó a su ama para comunicarle la aproximación de dos partidos de la Fuerza Nacional, para apresar al coronel Tobrá. Ni corto ni perezoso, Tobrá huyó del lugar, escondiéndose en el puentecillo de una acequia que pasaba por los portales del cabildo hacia la Iglesia de los dominicos. Posteriormente, Tobrá escapa hacia el Valle Chicama, y se refugia en una casa del marqués de Herrera, Don Nicolás de Bracamonte, pasando luego a Otuzco, Cajabamba, Chota, y Jaén, para luego enrumbar a Quito. A Tobrá, lo vamos a encontrar después dirigiendo la caballería realista en la Batalla de Riobamba. Don José Bernardo de Tagle y Portocarrero, conocido como El marqués de Torre Tagle, fue caballero de la Orden de Santiago, brigadier de los Reales Ejércitos, comisionado de Guerra y Marina, Gobernador Intendente de la ciudad

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de La Paz en propiedad, Gobernador interino de Trujillo, alumno de Rodríguez de Mendoza y condiscípulo de Bernardo O´Higgins, el Libertador de Chile. El marqués, Intendente de la provincia de Trujillo, se había salvado y logró frenar un contragolpe, pues la verdadera misión de Tobrá era apresarlo y levantar las tropas contra los patriotas. El error del coronel fue hacer la indiscreta confesión de sus planes a Blas Mejía. El coronel chileno Pedro Antonio Borgoño, entre gallos y medianoche, apresó finalmente a los oficiales realistas. El camino estaba listo para alcanzar la Independencia, y el 29 de diciembre de 1820, fue el día en que por primera vez estas latitudes escucharon el sonoro grito de ¡Libertad!

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UNA CUCHARITA DE ORO POR UNA GALLINA Don José Bernardo de Tagle, El marqués de Torre Tagle fue Libertador de la Intendencia de Trujillo a su retorno de Europa en 1820. Vivió en la mansión ubicada en las esquinas de las calles San Martín y Orbegoso. Después, la casa fue adquirida por la familia Chávez de Cabello, y por el señor Max Carranza, que luego la convirtió en hotel. Finalmente, sus herederos la tienen hoy como una casa de vecindad. Parece que la mala suerte persiguió a Tagle, pues debido a la traición de Moyano, fue apresado en el Cuartel Real Felipe, y no teniendo qué comer, tuvo que cambiar la última cucharita de oro que tenía de su preciada vajilla, por una gallina.

LOS CLAVOS Y EL LIBERTADOR Don Tiburcio de Urquiaga y Aguirre, poseía una preciosa mansión en la calle Francisco Pizarro, frente a la Plaza de Armas. Las ricas y pobladas provincias del Perú, se hallaban al comenzar el año 1824, en poder de los realistas. Los patriotas se veían privados de toda fuente de recursos. En estas circunstancias, cuando el horizonte parecía nublarse cada día, Simón Bolívar alentaba una esperanza y sólo Bolívar se preparaba a vencer. A principios de marzo ingresa a Trujillo. Antes había recibido el título de Dictador otorgado por el Congreso. Urquiaga y Aguirre estableció el Cuartel General, y declaró a la noble ciudad de Trujillo como la capital provincial del Perú. Por esos días, Trujillo tenía el aspecto de un inmenso arsenal donde nadie podía estar ocioso. Aún las mujeres ayudaban a los trabajadores, y sus manos delicadas no acostumbradas a las rudas tareas, no desdeñaron coser la burda ropa del soldado. Bolívar, que se hospeda22


ba en la Casa Urquiaga, desplegaba una actividad asombrosa. Todo lo veía y todo lo vigilaba. Intervenía hasta en los menores detalles para procurarse el vestuario, el correaje, el armamento y las municiones que necesitaba el Ejército Libertador. En el corto plazo de un mes casi todo estaba listo. Faltaba estaño para soldar las ‘cantinas’ que había mandado fabricar de hojalata.

Pese a no ser un gran conocedor de metales, el Libertador afirmó con certeza que el clavo era de estaño. Tras lo dicho por Bolívar, al día siguiente no quedó en las casas de Trujillo, ni las Iglesias, una silla con clavos.

UN “ PALACIO FLORENTINO” SIN PLAZUELA Ubicado en la esquina de las calles Junín y Pizarro, se encuentra el Palacio Iturregui, que es -según referencias- réplica de un palacio florentino, correspondiente al estilo renacentista italiano. El General de Brigada Juan Manuel Iturregui y Aguilarte, Prócer de la Independencia, lo construyó a mediados del siglo XIX. Para esta obra trajo los planos, ingenieros y personal calificado que se encargó de su edificación. Tenía tallados muy finos y muebles originales, dorados espejos venecianos, deslumbrantes arañas de cristal cortado, espléndidas alfombras persas y delicados objetos por doquier.

Tenía tallados muy finos y muebles originales, dorados espejos venecianos, deslumbrantes arañas de cristal cortado, espléndidas alfombras persas y delicados objetos por doquier.

Un buen día, Don Simón se servía una agradable cena en la Casa Urquiaga, pero al levantarse se rasgó el pantalón. Es de imaginarse que el percance incomodó al anfitrión. Pero fue todo lo contrario. Bolívar rió de buena gana superando el incidente.

El Palacio Iturregui fue considerado por el explorador norteamericano Ephraim George Squier como: “la residencia privada más suntuosa de América Meridional”. El General Iturregui lo construyó para opacar a la mansión de la familia Ganoza, ubicada entre la esquina de Almagro e Independencia, pero la casa de los Ganoza tenía vista a la Plaza de Armas. En23


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tonces, Don Juan Manuel empezó a comprar todos los inmuebles ubicados en la manzana formada por los jirones Gamarra, Pizarro, Junín e Independencia. La familia de Don Alberto Larco no le vendió su casa, y sus planes de edificar una Plaza quedaron truncos, obligando -por la cantidad de propiedades que tenía- a que sus herederos formen la Sociedad de Inmuebles Santo Domingo S.A., quienes el año 1973, vendieron la propiedad a la Asociación Club Central. Trujillo embellece. Se restauran sus casonas tradicionales, convirtiéndose en una ciudad colección de suntuosos monumentos históricos. Así ingresa a un nuevo siglo. Recibió el año 2000 como un templo erguido al TIEMPO y la HISTORIA. ¡Qué linda es mi tierra! (30-11-77) • Datos extraídos de la monografía de la provincia de Pacasmayo, escrita por Juan Quiñe y Julio Hernández en 1938.

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¡SI SEÑOR!... PIDO SU LIBERTAD, Y SALGO GARANTE •Datos extraídos de la monografía de la provincia de Pacasmayo, escrita por Juan Quiñe y Julio Hernández en 1938.

En 1882, el pueblo de San José (provincia de Pacasmayo), se encontraba bajo la dominación de las tropas chilenas. Comandaba la guarnición de 25 soldados que resguardaban San José, un sargento de apellido Álvarez. Una noche, cuatro soldados llegaron a los arrabales de la población presentándose en la casa de un peón llamado Rufino Bazán, que laboraba en la hacienda de don Pedro Ríos. Los soldados, aparentando amistad, entablaron conversación con Bazán y su mujer. Solicitaron que les inviten chicha. Al poco rato el asunto tomaba otro cariz. Los chilenos, que no eran buenos cristianos, lanzaron indirectas a la mujer de Bazán, para luego pasar a los hechos. Bazán notó el peligro y sin perder tiempo, salió por otra puerta -sin ser visto por los soldados- en busca de su amigo Fernando Terrones, un joven de 27 años, fuerte, valiente y entrenado en lides pugilísticas. Bazán -en pocas palabras- contó a Terrones lo que los chilenos querían hacer con su mujer y la deshonra que merodeaba su hogar. Terrones lo escuchó y algo soñoliento, pues estaba durmiendo, se colocó un poncho, cogió un filudo puñal y salió en busca de los agresores. Mientras, en la casa de barro y cañas de Bazán, los cuatro soldados, armados de sable y corvo (puñal típico chileno), maltrataban a la indefensa mujer para que ceda a sus caprichos, sin presagiar la batalla que enfrentarían. Terrones llegó de prisa a la humilde vivienda y les gritó: ¡C...! ¡Maricones de…! ¡Suéltenla…! Los soldados contestaron con igual dureza, y de las palabras, pasaron a los hechos. Sacaron los sables y arremetieron contra el valiente Terrones, que de espaldas contra la pared de quincha, se defendía como un tigre del desigual ataque. Furioso, envolvió el poncho que llevaba en su brazo izquierdo y 25


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con el puñal se defendía de sus atacantes. De pronto cayó un chileno mortalmente herido de una feroz puñalada en la garganta. Los militares, al ver al compañero caído se enfurecieron más. Al poco rato, un segundo antagonista cae, retorciéndose como una culebra. Quedaban dos soldados heridos por los ‘puntazos’ de Terrones.

Guerra con Chile

La ira de Terrones contra sus atacantes chilenos iba en aumento pues estaba bañado en su propia sangre por los sablazos recibidos. Una puñalada en el corazón y cayó el tercer soldado. El cuarto hombre, al verse solo, tomó las de Villadiego, pero así mal herido logra dar la voz de alarma al sargento Álvarez. Más tarde, el cuarto soldado chileno fallecía. El sargento Álvarez armó 12 hombres para llegar al lugar de los hechos. En el camino se encontró con los hermanos de Terrones y otros a quienes llevó presos. El mayordomo Cerna, que había salido de Ñampol a Ventarrón con el objeto de avisar a su patrón, don Pedro Ríos, de la proeza de

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Terrones, fue víctima de una descarga lanzada por la ‘tropilla’ del sargento Álvarez. Don Pedro Ríos, salió precipitadamente de su domicilio y al ver al Jefe preguntó: PR- ¿Por qué hace fuego? A- ¿Quién es usted?

A- ¿Usted es don Pedro Ríos? PR- Sí, soy yo. A- Pues tengo mucho gusto en conocerlo. Hace tiempo que he oído mentar su nombre. Mire señor, lo que ahora quiero es que me haga usted un servicio. PR- ¿Qué servicio quiere usted? A- Que me proporcione unos cuantos hombres para cargar a tres compañeros que han muerto en el pueblo. PR- Voy a mandarle doce. A-Otro servicio señor, quiero que me acompañe porque yo no conozco estos sitios. Es de noche y puedo perderme. PR-Yo no puedo acompañarlo. Vaya usted solo que nada le sucederá. Hasta después.

Debéis tener entendido que voy a castigar duramente a los culpables, pues tarde o temprano he de saber quien ha matado a los cuatro soldados.

PR- Soy el hijo del hacendado.

A-Hasta luego. El sargento Álvarez sabía que en San José, Ventarrón, Cosque y Ñampol, había gente que les podía hacer frente. Después de enterrar a los muertos, el sargento fue a dar parte de lo sucedido al jefe provincial Arellano. Entonces, se ordenó desde San Pedro de Lloc que el pueblo de San José sea quemado sin misericordia. El sargento Álvarez debía abrir una investigación para ubicar a los

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culpables. Don Pedro Ríos, conocido en la comarca por las escaramuzas contra los chilenos, ‘pues muy buena cara le tendieron’, cayó en una trampa. Su anciano padre le suplicó varias veces, para conquistar un poco de tranquilidad, que se presente ante el jefe provincial chileno, el oficial Arellano, y le dijera que ninguno de los integrantes de la familia Ríos había tomado parte en el asesinato de los cuatro soldados chilenos. Ese encuentro serviría para exponer que en el incendio de San José, muchos inocentes habían quedado sin techo y en precaria situación económica.

Don Pedro le porfiaba a su padre que su visita no era necesaria, ya que Arellano era un hombre de mal carácter y demasiado violento con los peruanos. Pero la obediencia y el respeto a las canas está antes de cualquier excusa. Además, los propietarios del fundo Potrero, don Roberto y Nicasio Tillit, habían ido donde el jefe militar, sin que nada lamenta28


ble ocurriera. Ellos habían dicho que fueron recibidos con las cortesías protocolares acostumbradas.

Don Pedro Ríos llegó a la entrevista a las 2.00 pm. un día de junio de 1882, y el comandante Arellano se quedó mirándolo de hito en hito. Después de ofrecerle asiento le dijo: A- Con que usted es don Pedro Ríos ¡eh! PR- Sí, señor. A- ¿Y qué ha venido hacer acá? PR- A exponerle señor que la población de San José está sufriendo mucho desde el incendio. A- Me dice usted una cosa que ya sé. PR- Además, está tomando muchos presos, a quienes se les cree sospechosos por la muerte de los cuatro soldados. A-Muy bien hecho. PR-Yo vengo a manifestarle que ninguno de los de nuestra familia es culpable de la muerte de esos cuatro soldados, pero como toman presos a todo el que encuentran, mi padre me ha pedido que le suplique a usted nos deje tranquilos. San José y las haciendas vecinas sufren inmensamente con la actual situación. A-Debe usted saber señor Ríos, que la ley marcial es la más terrible de todas las leyes, y que el vencido tiene que someterse al vencedor. Me viene usted a hablar de sufrimientos a estas horas en que acaba de cometerse un crimen, en el cual seguramente están complicados los “grandes” y “chicos” de San José. Debéis tener entendido que voy a castigar duramente a los culpables, pues tarde o temprano he de saber quien ha matado a los cuatro soldados.

De inmediato, Arellano llamó a un sargento y ordenó que don Pedro Ríos fuera llevado a un calabozo. 29


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En el calabozo, don Pedro se encontró con don Carlos Gonzales. En el patio había más de ocho presos cuidados por un centinela de vista. La detención del hacendado Pedro Ríos Yépez, cayó como una ‘bomba’ entre los pobladores. No se hablaba de otra cosa en todo San Pedro de Lloc, sino del caso de San José. Las ‘voladas’ estaban a la orden del día.

El señor Nicanor de La Fuente, vecino de San Pedro, muy considerado y respetado por todos, fue el que más se interesó por la suerte de su amigo don Pedro Ríos Yépez, y comenzaron las gestiones para obtener la libertad del detenido. Pero, al no tener éxito, desesperado el señor de La Fuente solicitó una entrevista con el comandante Arellano.

LF- Solicito a usted, comandante Arellano, la libertad de mi amigo y compatriota Ríos Yépez. A- Usted, señor de La Fuente me pide una cosa que no puedo hacer. Ríos junto con los otros detenidos, están sufriendo rigores de la ley marcial. LF- Pero estos castigos colectivos son peligrosos, porque muchas veces, la inocencia sale aporreada. A- Está bien, pero tampoco la ley establece excepciones ni reconoce privilegios. LF- Ríos me ha dicho que él no tiene participación en los sucesos. A- Pero sí que ese señor Ríos es un terrible enemigo de nosotros y puede ocurrir que haya formulado un plan de venganza cuyo principio estamos viendo en el asesinato de cuatro soldados. Nosotros tenemos a estos “héroes de encrucijada” porque con sus sorpresas y guerrillas, ponen quinto, y raya al mejor ejército. LF- Dice usted la verdad comandante Arellano, pero Ríos Yépez es un joven franco, valiente, que pelea a pecho descubierto. A- Mire señor de La Fuente, estas cosas me gustan a mí, porque 30


no hay nada más vil que los cobardes. LF-Verdad, señor Arellano. Lo que indigna es el pandillaje para defenderse del enemigo. Pero volviendo a nuestro primitivo asunto, le digo que Ríos Yépez no es culpable de estos crímenes. Tengo seguridad de ello.

LF- Sí señor. Yo pido su libertad y salgo garante. A- ¿Sabe usted señor de La Fuente lo que significa salir garante de un sujeto abrumado por un juicio, y con perspectivas de pagar con su vida el crimen que probablemente ha cometido en compañía de otros? LF- Yo garantizo a don Pedro Ríos Yépez, y asumo toda la responsabilidad. Pido su libertad condicional. A- Debe saber señor de La Fuente que no estamos bromeando con la ley marcial. LF-Yo, me someto a las terribles consecuencias de esta situación lamentable, y pagaría hasta con mi vida. A- Si es así, señor de La Fuente, yo no tengo inconvenientes en acceder a sus deseos. Pero, creo que debe reflexionar sobre el grave problema que tratamos. LF- Le repito que asumo la gravedad del caso.

Después de este diálogo, que pone en transparencia la nobleza del alma del señor de La Fuente, don Pedro Ríos Yépez, salió de la cárcel y fue a la casa de don Nicanor donde todo era alegría y felicitaciones por parte de las amistades.

El arquitecto italiano señor J.E. Lattini, trazó el proyecto de la nueva ciudad teniendo en cuenta tres condiciones primordiales: la salubridad, el buen aspecto de las construcciones y la comodidad de sus moradores.

A- ¿Usted tiene seguridad?

Horas después, se supo que el valiente Fernando Terrones se había presentado en San José, y con enorme sangre fría confesaba “que él

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había dado muerte a los cuatro soldados chilenos, y todos los detenidos eran inocentes”. Terrones contó cómo habían muerto, y que su acción fue en defensa propia, por salvar el honor de la mujer de su amigo.

La entereza y valentía de Terrones es digna de que ocupe el lugar correspondiente en nuestra historia. El gesto de don Nicanor de La Fuente demuestra el alto concepto de amistad que palpitaba en los corazones peruanos, en esos momentos tristes de nuestra vida republicana. Terrones ofrendó su vida, se portó como un titán a la hora de su muerte… Hoy, sigue olvidado, más aún que los hermanos Albújar. Es tiempo que San José recuerde a su noble hijo. (15-11-77).

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LAS MEJORES CASAS SON LAS DE CHICLÍN... El 31 de agosto de 1901 se disolvió la Sociedad Viuda de Larco e Hijos, por deseo de don Víctor Larco Herrera, su mayor accionista. Por escritura pública se constituyó en la misma fecha, la Sociedad Larco Herrera Hnos. nombrando como gerente general de la misma a don Rafael Larco Herrera. De conformidad a lo que ellos acordaron, don Víctor Larco Herrera asumió el activo y el pasivo de la Negociación Chiquitoy, y la Sociedad Larco Herrera Hnos., la Negociación Chiclín y el fundo Molino de Bracamonte.

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as tierras de Chiclín pertenecían -la mitad- a los hermanos Larco y su capital de trabajo era 80,000 libras peruanas. La otra mitad de Chiclín era de la Sociedad Ríos Pinillos Hnos., quienes pedían un precio exorbitante por ella. Convinieron en someter el desacuerdo al fallo de un Tribunal Ad Hoc, cuyos miembros fueron don Ignacio Chopitea (presidente), Gustavo de la Torre en representación de los Larco y el Dr. Guillermo Eloy Ramírez, en representación de los Ríos Pinillos. Llegaron a un acuerdo el día 8 de junio de 1904, por el cual la Sociedad Larco Herrera Hnos. pagaba la suma de 37,605.8 libras peruanas a los señores Ríos Pinillos. Dueña la firma Larco de todo Chiclín, decidió iniciar las obras materiales y morales que tenía en proyecto. Para eso, contrataron los servicios del arquitecto italiano señor J.E. Lattini, quien trazó el proyecto de la nueva ciudad teniendo en cuenta tres condiciones primordiales: la salubridad, el buen aspecto de las construcciones y la comodidad de sus moradores. En estos planos no sólo figuraban las casas para el personal, sino también los edificios y locales destinados a distintos servicios relacionados con la vida social del vecindario. La inauguración de todo lo que hasta hoy forma la mayoría de las construcciones de la población rural de Chiclín, fue realizada en ceremonia oficial y solemne el 26 de junio de 1906. La presidió y apadrinó don José Pardo, entonces Presidente de la República, y actuó como madrina doña Josefina Herrera viuda de Larco, madre de los propietarios.

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Sin embargo, un alto comisionado del gobierno de aquella época, don Felipe de Osma, halló en las obras un defecto, y hasta dos, según dijo en sus informes: “Las mejores casa son las de Chiclín, pero resultan caras y superiores a la cultura del obrero”. Ante estos comentarios, don Rafael Larco contestó en una atentísima carta: “Es grato el deber que cumplimos haciendo construir esas casas. Habríamos pagado sin disgusto mayor precio por ellas, si hubiese sido necesario, y el nivel cultural de los obreros de Chiclín está algo por encima de lo observado por usted, Dr. de Osma, en otras partes”. Pregunto ahora, ¿Qué diría hoy este político añejo, al ver los chalets que con esfuerzo han construido las CAPS, ex haciendas azucareras?

Chiclin 34


¡ MEJOR NADA! SEÑOR Don Rafael Larco Herrera, fue uno de los primeros agricultores del Valle Chicama que eliminó al contratista ‘parásito’ del obrero azucarero. Libres los trabajadores de ese mal, había que quitarles el vicio por las bebidas alcohólicas e inculcarles el hábito del ahorro.

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así, empezó la tarea. Don Rafael Larco, conocedor de las virtudes que los pueblos originarios guardaban -entre sus muchos defectos- era un convencido de la ‘docilidad’ con que el indígena aceptaba los consejos que se le daba para su bien. Bebían en aquél tiempo los braceros de Chiclín, la tradicional chicha de maíz y el yonque de caña de azúcar. ¿Quién tendría el poder para convertirlos a la templanza, para despertar en ellos el interés por mbuscar su propia superación?, se preguntaba don Rafael. Después de meditar mucho, don Rafael llegó a la conclusión que el mejor recurso era la menseñanza constante y permanente, pero sobre todo, predicar con el buen ejemplo. El seren consejo, acompañado de la verdad expresada en lenguaje claro, humano y fraternal. Cuando creyó que el terreno estaba preparado, por la advertencia, por el consejo, por la mintensidad de la propaganda realizada a través de la palabra, y el ejemplo; don Rafael dio paso a las medidas restrictivas, usándolas con mucha prudencia, pacíficamente, sin caprichos, y sin mimponer autoridad. Una de las primeras medidas que aplicó fue la prohibición de la venta libre de chicha, evitando así el exceso de producción. Elaborada bajo el control directo de la Negociación Chiquitoy, y en cantidades limitadas, la distribución del producto a la población se hizo de forma restringida. Esta fue la estrategia que llevó a cabo durante algunos meses don Rafael Larco, hasta que surgió la promulgación de la ley del Estado peruano, que prohibió la venta de bebidas alcohólicas mlos días sábados y domingos. Cuentan que un día de pago, don Rafael Larco Herrera aprovechó que estaba por las inmediaciones mde la Caja, y reunió al personal de 35


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campo y los talleres, para darles a conocer el texto de la ley que prohibía el consumo de bebidas alcohólicas los fines de semana. Don Rafael dejó en claro a su auditorio que en adelante, de acuerdo a ley, sólo se expendería chicha los días útiles mde la semana. Tras escuchar a don Rafael, se hizo un silencio largo entre los hombres de campo de Chiclín. Luego, la gran mayoría expresó: ¡Mejor nada! Señor. Don Rafael fue sorprendido gratamente por la decisión de los campesinos. Los felicitó emocionado y les dijo que ese era “uno de los momentos más gratos de su vida”. La campaña emprendida por don Rafael Larco había triunfado, y este dicho se incluyó para siempre en el acervo criollo de Chiclín.

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DE OPERARIO A EMPRESARIO Antes de referirnos al personaje central de esta historia, vamos a remontarnos unos años atrás, para detallar brevemente, la historia de la pequeña industria y comercio trujillano, cuyo auge en estos días es notorio. Justifico así, históricamente, el derecho que tiene mi tierra de ser el polo de desarrollo industrial de la Región Norte.

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ebemos ser sinceros y afirmar que -por regla general- fueron ciudadanos extranjeros los que en diversas épocas, establecieron o fomentaron las pequeñas industrias en Trujillo. Desde sus orígenes, y por el papel que jugó en el proceso de Independencia, y ser considerada hasta en dos oportunidades capital del Perú, Trujillo fue una ciudad muy atractiva por la riqueza de sus valles, que emergieron como los nuevos enclaves económicos. La modernización de la industria azucarera, la libertad de comercio y la apertura a inversiones extranjeras, permitió la llegada de varias familias europeas. El francés Marcelo Corne fue uno de los primeros fundidores residentes en Trujillo. Pero los viejos trujillanos, cuentan que fue un inglés quien estableció una fundición de importancia, allá por la época de la Guerra con Chile. Don Felipe Cole ubicó su planta en la última cuadra de la calle Gamarra, cerca a los linderos de La Muralla. Esta fundición se mantuvo hasta la primera década del siglo XX. En sus buenos tiempos, abastecía no sólo para cumplir con las necesidades locales, sino también atendía las necesidades de las haciendas azucareras de los valles vecinos. La empresa del ferrocarril no tenía -en sus inicios- fundición propia, y utilizó la Fundición Cole, para hacer todos los trabajos que la empresa necesitó. Los antiguos trujillanos revelan también que fue un súbdito español apellidado Lombraña, el que estableció en la zona una de las primeras destilerías, para elaborar vinos de buena calidad que tuvieron gran acogida. 37


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Los hermanos Centenaro (Virgilio, Andrés y Santiago) ciudadanos italianos, construyeron un alambique en la esquina de las calles Gamarra y Grau. Empezaron su floreciente empresa industrial fabricando vinos y licores, convirtiéndose en poco tiempo, en los más fuertes compradores de alcohol de las haciendas vecinas. Ampliaron sus negocios con otros derivados e inauguraron otro establecimiento en la esquina de la calle San Lorenzo. Corrían los años 1885 a 1888. Don Alberto Sommaruga, quien vino especialmente contratado por la Negociación Chiquitoy, renunció a su cargo para establecer una serie de pequeñas industrias en Trujillo, entre ellas, una curtiembre y derivados que fue después la base de su inmensa fortuna. Don Luis Lombardi, otro ciudadano de nacionalidad italiana, estableció la primera fábrica de cerveza en Trujillo y también tuvo mucho éxito. Su local estaba situado en la calle Progreso (Pizarro), muy cerca de la Iglesia de La Merced. Don Eduardo Mannucci, farmacéutico, se asoció a don Juan N. Armas, para establecer la primera fábrica de fósforos a la que llamó La Estrella. Esta industria desapareció después de la creación del Estanco de fósforos. Don Eduardo Melly fue quien instaló la primera fábrica de gaseosas. Los hermanos Centenaro, tuvieron entre sus operarios a un compatriota llamado Eugenio Callegari, nombre muy familiar para los trujillanos por la fabricación de sus vinos. Don Eugenio Callegari nació en Mattarana, provincia de Génova (Italia) el 9 de Enero de 1863. Su familia tenía cierta comodidad económica, pues sus hermanos mayores eran profesionales. Uno fue médico, otro ingeniero y el tercero sacerdote. Don Eugenio pudo haber seguido ese camino, pero dejó todo atraído por las leyendas que llegaban hasta su tierra sobre el ‘nuevo mundo’. Arribó a Lima en 1877 a los catorce años de edad. Después de permanecer un tiempo en la capital, se trasladó a Trujillo en 1888, contratado por los hermanos Centenaro, compatriotas suyos, para trabajar como operario. Cuatro años después, en el año 1892, a la edad de 29 años, se independizó de sus jefes y probó fortuna por su propia cuenta. En la calle Gamarra, frente al Mercado Central, inauguró un saloncito al que llamó Elefante Blanco, el mismo que hasta 1940 era conocido como el Bolognesi. Elaboró un buen vino que pronto se 38


popularizó entre los trujillanos, obteniendo grandes utilidades. Años más tarde, consolidó su situación instalando los primeros baños públicos tibios y fríos de nuestra ciudad, que funcionaron desde 1897 hasta 1947. En 1899 estableció una fábrica de chocolates. En 1900, compró unas tierras a las que nadie le daba importancia, colindantes con La Muralla. Allí construyó una casa de vecindad que llamó Bella Aurora. En 1911, instaló una fábrica de galletas y una refinería de azúcar. Nadie como él, supo aprovechar la época de la post-guerra. En 1920, cuando todos los comerciantes e industriales sufrían una aguda crisis económica, él modernizó su fábrica de chocolates. Ese mismo año inauguró un hotel al que llamó Nuevo Hotel, ubicado en la calle Libertad (Almagro), convirtiéndose en el primero y mejor de su clase. En 1927 adquirió la hermosa casona de la familia Valderrama, ubicada en la cuadra siete de la calle Progreso (Pizarro), y después de acondicionarla, la convirtió en el Hotel Americano, que ocupó inmediatamente el primer lugar entre los establecimientos de su género. Para ampliar este, compró el Hotel América, situado en la calle Bolívar, uniéndolos a través de un pasadizo interior. Formó un hogar muy respetado y tuvo 14 hijos, todos ellos educados en la escuela austera del trabajo y el complimiento. A los 76 años fundó la Sociedad Industrial Callegari Hnos. y en 1929, nombra como gerente a su hijo Andrés. Murió el 24 de Enero de 1934, y por cláusula testamentaria, este extranjero que amó el Perú y Trujillo, que hizo una cuantiosa fortuna con mucho esfuerzo y perseverancia, obligó a sus 14 hijos -todos peruanos- a mantener la Sociedad Industrial Callegari Hnos., duplicando su capital inicial para que la conserven viva en su memoria. Y, para perpetuar su apellido, ennoblecido con el sudor de su frente, pasó de ser un operario a próspero empresario, y ejemplo para todas las generaciones trujillanas. (1977)

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ÉRASE UNA VEZ UN FILÁNTROPO Lima de 1864, vivía momentos de intranquilidad. Nuestras costas estaban amenazadas por la poderosa escuadra española. El Tratado Vivanco-Pareja había producido una depresión económica y el país atravesaba muchas dificultades de orden comercial.

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n el Portal de Escribanos había un almacén de sedas y confecciones, dirigido por un grupo de italianos. Ellos llegaron atraídos por la promesa de que en América podrían hacer fortuna. Vinieron con el ‘oleaje’ de inmigrantes que trajo la Independencia del Perú. José Alberto Larco Bruno era el hermano mayor. Con mucho esfuerzo logró traer desde Alghero (isla de Cerdeña-Italia), a sus her-

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manos Andrés, Antonio, Rafael Víctor, Carmen y Nicolás. Debido a la crisis política que se vivía en la República peruana, los negocios de los hermanos Larco Bruno tuvieron una significativa caída. Andrés y Rafael Víctor consultaron a su hermano mayor José Alberto, sobre la posibilidad de independizarse para ir hacia el norte y dedicarse a la agricultura. La crisis en el Perú se agudizaba al terminar el año 1865, y se veía venir un conflicto bélico. Don Rafael Víctor, con el respeto y protocolo propio de las familias italianas de entonces, le escribió a su hermano José Alberto para decirle: RV- Carísimo fratello, deseamos Andrés y yo independizarnos, para lo cual necesitamos vuestra venia y el apoyo económico que nos pudieras proporcionar. JA- Avanti, fratello Rafael, ¿Qué negocio tienes en proyecto? RV- Arrendar el Fundo San Idelfonso del Valle de Virú, cerca de la ciudad de Trujillo, para sem brar cochinilla. JA- Considero una idea acertada, pues acá en Lima, tendremos que traspasar una de las sucursales… Bueno, pueden ir. Fue así que don Rafael Víctor Larco Bruno y don Andrés llegaron a los valles norteños. Sin embargo, en 1870 aparecen los primeros tintes químicos, y el precio de la cochinilla cayó a nivel mundial. Sin posibilidades de reacción, los hermanos Larco liquidaron el negocio y se trasladaron al Valle Chicama, para convertirse en sembradores de caña a gran escala, y por consiguiente, en fabricantes de azúcar. La hacienda Chiquitoy, fue la base de las actividades de la Sociedad Larco Bruno, donde don Rafael Víctor desempeñaba la gerencia, alcanzando un rápido progreso hasta llegar a ocupar -con la instalación de un ingenio, provisto de los últimos adelantos de la época para el beneficio de la caña- un lugar muy importante en la industria azucarera del Valle Chicama. Don Rafael Víctor Larco Bruno se casó con doña Josefina Herrera 41


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Medina, natural de Islay (Arequipa), y tuvo seis hijos: Víctor, Jerónimo, Rafael, Alberto, María Magdalena y Carlos. En 1879, Chile ordena el ataque de su armada en nuestras costas, mientras preparaba también a sus huestes para invadir Tarapacá, zona de gran producción salitrera. Don Rafael Larco Bruno -aunque extranjero- amaba al Perú, patria de su esposa y tierra de sus hijos. Sincero y entusiasta, dio cuanto poseía al servicio del país, cuando se produjo la ocupación chilena. Don Rafael Larco Bruno, organizó fuerzas en la provincia de Santiago de Chuco, con el grado de comandante de la Guardia Nacional, que le había conferido el gobierno de entonces. Cuando las fuerzas chilenas invadieron el departamento de La Libertad, lo declararon privado de su nacionalidad de origen, obligándolo a pagar ‘cupos’ e irrogándole otros perjuicios. A pesar de los esfuerzos que hicieron por prolongar sus días, don Rafael Larco Bruno, rindió su noble espíritu a la madre naturaleza, el 6 de Agosto de 1882, legando a sus hijos, como la mejor herencia, su ejemplo de vida consagrada al trabajo que defendió con tenacidad y energía, admirables en él, y fuente de todas sus riquezas. A la muerte de don Rafael Víctor, asumió la gerencia de la Sociedad Larco Hnos., arrendataria de la hacienda Chiquitoy, y dueña de Roma (antigua Tulape), don Andrés, a quien acompañaron sus sobrinos Víctor y Jerónimo Larco Herrera. En 1888 se disolvió la Sociedad Larco Bruno. Asumió el activo y el pasivo de Roma, don Andrés A. Larco Bruno y, el activo y el pasivo de Chiquitoy, la firma Sociedad Viuda de Larco e Hijos. La gerencia fue puesta en manos de don Víctor Larco Herrera. Años más tarde, la hacienda Cartavio, que molía su caña en los trapiches de Chiquitoy, construyó su propia fábrica, surgiendo entonces el problema del abastecimiento del trapiche de Chiquitoy. La Sociedad Viuda de Larco e Hijos tomó en arriendo la hacienda Chiclín, propiedad de los hermanos Ríos Pinillos y Marcial Acharán, cuya extensión era de 1,680 has. El año 1895 fue designado como administrador de esta hacienda don Rafael Larco Herrera. El 27 de Julio de 1900, la Sociedad Viuda de Larco e Hijos, com42


pra la firma Acharán Goicochea y Cía., la mitad de Chiclín, por la suma de 14,680.1.29 libras peruanas. Así, llegamos a 1901, fecha en que el personaje de esta tradición, por deseo propio se independiza de la Sociedad Viuda de Larco e Hijos, para formar su propia compañía a la que llamó Negociación Chiquitoy. Sus hermanos: Rafael, Alberto, María y Carlos Larco Herrera, forman la Sociedad Larco Hnos., explotadora de la hacienda Chiclín. Don Víctor Larco Herrera, político, filántropo y gran patriota, empezó así su gran batalla en este mundo, donde siempre le sonrió el éxito. Personajes como él nos dejan una serie de anécdotas que han enriquecido las tradiciones de nuestro departamento.

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MEDALLAS DE ORO “MULAS” Y LA NUEVA MUNICIPALIDAD Se acercaba el 21 de Enero de 1917, fecha en que debía inaugurarse el nuevo edificio del Palacio Municipal, donado por don Víctor Larco Herrera.

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on Víctor fue en busca de un joyero que le fabrique unas medallas de oro conmemorativas a este acontecimiento. Según el diseño, en una cara debía acuñarse la figura del edificio antiguo y en la otra, el nuevo Palacio Municipal, construido por Domingo Talango. Al llegar a la joyería conversó con don Gerardo Ramírez, y le dijo: VLH- ¡Oiga Ramírez!, necesito que me confeccione unas medallas de oro, con los dibujos de los dos Palacios Municipales, el antiguo y el que voy a obsequiar. GR- ¡Cómo no! don Víctor, pero necesitamos un dibujante para

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hacer el “cuño” y poder sellar con el dibujo que usted refiere, las medallas de oro. VLH- ¿Quién nos puede hacer el dibujo? GR- Mire usted don Víctor, hay un artista en estos dibujos en miniatura… se llama Fajardo, y vive en la Portada de Miraflores (Plazuela Bolognesi). VLH- Pues qué esperamos Ramírez, vamos donde el artista. En la puerta tengo el auto (un León Dupet de doble parabrisas y ocho cilindros en línea). GR- ¡Ah! me olvidaba don Víctor, pero Fajardo se ha entregado al vicio del alcohol... Es necesario llevarle un par de ‘mulas’ (botellas de un 11/ 4 de pisco puro). VLH- ¿Por qué no? pasaremos por el ‘Chino’ Lau para comprarlas. Bien pertrechados, ambos se dirigieron donde el famoso Fajardo. Para suerte de ellos, lo encontraron en su humilde morada, que consistía en una pieza de quincha bastante baja. GR- ¡Cómo está Fajardo! F- Bien, ¿qué vientos lo traen por acá don Gerardo? GR- Vengo con don Víctor Larco que quiere unos dibujos para hacer unas medallas de oro, conmemorativas a la inauguración de nuevo Palacio Municipal. Interviene don Víctor. VLH- Mire Fajardo, gusto en conocerlo… Necesito con urgencia estos dibujos para las medallas que confeccionará Ramírez. Usted dirá ¿cuándo volvemos? Para eso, es necesario que vea el nuevo edificio de la Municipalidad y lo dibuje. Aquí le traigo uno del antiguo. F- No es necesario, señor Larco. Veamos, ¿dónde puse el lápiz?, se preguntó el artista. F- ¡Caramba! no tengo papel. Bueno, qué importa, en los bordes del periódico podemos dibujar, dijo Fajardo. Así, en un pedazo de periódico y con un lápiz tamaño del dedo 45


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pulgar, Fajardo hizo los dibujos para las medallas de oro. Después de 30 minutos, Fajardo le hizo entrega a don Víctor de su pedido. F- Aquí los tiene don Larco. VLH- ¿Cuánto le debo Fajardo? F- Mire don Larco, ésta es mi tierra. Si usted ha regalado ese edificiazo, yo no le puedo cobrar. VLH- ¡Caramba Fajardo!, usted me agrada. Además de ser un buen dibujante, es un excelente ciudadano. Hasta luego y muchas gracias. VLH- ¡Ah!... pronto tendrá noticias mías. Vamos Ramírez, concluyó don Víctor Larco. Al subir al auto, don Víctor Larco Hererra le ordenó a su chofer: “Vas a regresar trayendo al dibujante Fajardo unos pliegos de papel, lápices, pinturas y un par de docenas de ‘mulas’”.

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LOS FICUS DE LA PLAZA DE ARMAS... DESAPARECEN El 18 de enero de 1918 fue elegido nuevamente como Alcalde de Trujillo don Víctor Larco Herrera, con 17 votos a favor de un total de 18. Su voto fue para su adversario don Francisco Jimeno.

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l 15 de febrero, en una de las primeras sesiones del gobierno municipal, don Víctor solicitó una plaza para un Inspector de Agentes Municipales. Don Ignacio Meave, Síndico de Gastos, informó al respecto en la sesión: IM- Señor Alcalde, el Concejo no cuenta en su presupuesto con una partida para cubrir el sueldo de un Inspector de Agentes Municipales. VLH- Miren señores, lo que necesito es su aprobación para crear ese puesto. “Si no hay dinero, el sueldo del inspector lo pago de mi peculio”. Seguidamente, intervino el Síndico de Rentas, don Eleazar Boloña para decirle: EB- Mire usted don Víctor, siempre se perjudica en ayudar a la ciudad, lo cual supera la obligación que tiene como Alcalde. Veamos cómo podemos arreglar este asunto. EB- Se crea la plaza… ¿estamos de acuerdo? Yo pago ese sueldo y pasemos a otro asunto, remarcó el funcionario. Don Víctor se preocupaba -como siempre- por el buen aspecto y orden de la ciudad. En la sección de pedidos del Acta de la sesión referida, podemos darnos cuenta de lo minucioso que era don Víctor. VLH- Las carretas malogran el empedrado de las calles. El Concejo debe emitir una Ordenanza para que estos vehículos usen muelles. 47


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¡Ah!… y las tiradas por bueyes, que se les prohíba el tráfico por la ciudad. JC- Estoy de acuerdo con el Alcalde, los bueyes ensucian mucho la ciudad y traen moscas, afirmó el Inspector de Higiene, don Joaquín Canales. El Concejo acordó entonces prohibir el paso de las carretas tiradas por bueyes por el centro de la ciudad, y obligó a los demás a usar muelles. En la sesión del 3 de Agosto de 1918, don Víctor solicitó que el Concejo implante en la provincia de Trujillo el Sistema Métrico Decimal, pedido que fue aprobado por mayoría. En otra sesión del mes de Setiembre de 1918, se cambió los nombres de la mayoría de las plazuelas. Sin embargo, esta Ordenanza Municipal -revisando los archivos de las Actas del Cabildo- no ha sido modificada, pero tampoco fue puesta en práctica, pues hasta hoy denominamos a las plazuelas con sus nombres originales. Según la Ordenanza Municipal de 1918, deberíamos llamar a las plazuelas de la siguiente manera: O’Donovan, en vez de La Merced Bolognesi, “ San Agustín Torre Tagle, “ El Carmen El Comercio, Aranda ó Iquitos San Sebastián “ El Recreo Sucre Santa Clara Bolívar “ Santa Ana Reunidos el 23 de Agosto de 1918, la mayoría de los miembros del Concejo estaban resentidos con don Víctor Larco Herrera, pues sin la aprobación del cuerpo edilicio, el Alcalde -por iniciativa propiamandó arrancar de raíz los ficus que adornaban la Plaza de Armas. A raíz de este hecho, don Cecilio Cox, inspector del distrito y amigo personal de don Víctor Larco, le dijo: CC- Don Víctor ¿por qué razones, usted, con doscientos braceros de la hacienda Roma, la madrugada del 21 de los corrientes, ha arrancado los ficus de nuestra plaza principal?

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VLH- Señores, si he actuado dictatorialmente, ha sido para no perder nuestro valioso tiempo en discusiones, sin provecho para la ciudad. No íbamos a discutir tres meses, como pasó para desarmar el viejo edificio de la Municipalidad. Quizás, muchos de ustedes iban a decir que los ficus “son los testigos de la Independencia”, y por lo tanto, no hay que tocarlos; mientras sus raíces “levantan” los pisos de las residencias que rodean esta plaza. Total, ya está hecho. Y está ¡bien hecho! Hay que dar paso al progreso, embellecer la ciudad y cambiarle la cara. ¡Si señores!, hay que estar de acuerdo con la época, refunfuñó don Víctor, y agregó: ¡Ficus!... si están resentidos… bueno, renuncio. Pero los ficus ya son leña, remarcó. CC – No, don Víctor, no es para tanto, son formalismos, respondió el funcionario edil. VLH- Con formalismos o sin formalismos, no hay ficus. Que siga la sesión caballeros, ¿de acuerdo? concluyó. Así de autoritario fue don Víctor Larco Herrera. Sin embargo, considero que era un hombre de trabajo muy polémico, pero logró muchos objetivos positivos para la ciudad y los pueblos aledaños a Trujillo.

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EMBELLEZCO LIMA Estaba Don Víctor Larco Herrera en sus oficinas de la urbanizadora que había creado para edificar el complejo habitacional que hasta hoy existe en la Plaza 2 de Mayo, de la ciudad de Lima. Revisaba los costos, estudiaba los colores y acabados que se usarían para terminar estos edificios de estilo francés, cuando el ingeniero en jefe le pregunta: I - Don Víctor, ¿cree usted que con estos edificios va a ganar dinero? Los gastos son bastantes altos. Creo que los costos los va recuperar en un tiempo bastante largo. Y le aconseja: I- Deberíamos cambiar los planos originales. Ahorrar en lo que se refiere a estucados y adornos sin mayor importancia. VLH- Ingeniero, yo no construyo para enriquecerme, lo hago para embellecer mi capital.

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EL BANCO LARCO El mundo seguía con estupor los efectos de la guerra de 1914. Los alemanes habían construido una nueva embarcación: ‘Los submarinos’. Los norteamericanos se veían indefensos ante esta moderna arma. Por consiguiente, su moneda, el invariable y codiciado ‘dólar’, tuvo una precipitada caída en su poder adquisitivo.

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on Víctor llegaba de Roma (su hacienda), y fue en busca de su amigo y asesor legal, don Cecilio Cox, para decirle:

VLH- Cecilio, necesito que me hagas las gestiones necesarias para fundar un banco comercial. CC- ¿Cómo don Víctor? ¿Un banco comercial a estas alturas, cuando por la Guerra Mundial las importaciones están paralizadas, las transacciones comerciales congeladas, y tú pensando en abrir un banco? ra.

VLH- Así es, haz los trámites. Yo me encargo de la parte financieCC- Pero don Víctor, ¿qué moneda vamos a usar?

VLH- Dólares, dólares Cecilio ¡Esa es la moneda que está de moda! Así se inauguró el banco de don Víctor. La gente lo usaba y también recibía los dólares como moneda de cambio. La garantía era don Víctor Larco ¿quién dudaba de su solvencia moral y económica? Sin embargo, los norteamericanos, grandes abanderados de la ciencia, descubrieron las cargas de profundidad, utilizadas durante la guerra para hundir submarinos enemigos. Ganan la guerra los norteamericanos y sus ‘aliados’, y el dólar vuelve a nivelarse en el mercado mundial. Entonces, don Víctor va nuevamente a la oficina del señor Cox para decirle:

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VLH- Cecilio, haz los arreglos para liquidar el banco. CC- Pero, ¿cómo de buenas a primeras vamos a liquidar un banco? VLH- ¿Eres o no, mi abogado? Pues haz lo que creas conveniente y liquida el banco. Recoge los dólares, devuelve las libras peruanas, y listo.

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DE UN AUTO FORD A UN AVIÓN ESTIMSO Si los poetas vuelan con el espíritu, Carlos Martínez de Pinillos lo hizo materialmente. Las proezas realizadas por él en la aviación comenzaron cuando decide pilotear un avión, máquina de moda en esa época, pero muy peligrosa.

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i bien era dueño de un distinguido apellido, Carlos Martínez de Pinillos estaba desventajosamente colocado en cuanto a fortuna.

Se inició -en post de su independencia económica- en el timón de un Ford, modelo 1912. Trabajó y batalló con ese rudimentario vehículo sin desfallecer, hasta que logró reunir los centavos necesarios para emprender el primer vuelo fuera de su ciudad natal. Cuando la aviación todavía no encontraba en nuestro país la estabilidad necesaria, ubicamos a este ambicioso trujillano convertido en aviador. No sabemos cómo luchó, ni lo que sufrió para conseguir el anhelado brevete, pero nos imaginamos que debió ser muy difícil y escabroso lograrlo en esos tiempos. Dueño de este documento, Carlos Martínez se propuso conseguir un avión propio para pasear el pabellón nacional por los cielos de países hermanos. Para lograr su meta tuvo que vencer críticas y malentendidos, indiferencias e ingratitudes, pero triunfó. Propietario de un pequeño avión monomotor ESTIMSO, de ala alta y tren de aterrizaje fijo, bautizó patrióticamente la nave con el nombre de PERU. Así, un buen día llenó los tanques de su avión con gasolina, y repleto su corazón de fe, surcó los aires con la bandera peruana y su orgullo de trujillano al tope. Martínez de Pinillos había cumplido su promesa. Visitó Santiago de Chile, Buenos Aires, Montevideo, Río de Janeiro, Pará, Manaos e Iquitos. Después partió a Nueva York y otros pueblos de Centro y Sud América. Hoy, es considerado como el primer peruano que unió los pueblos americanos. Fue condecorado con La Cruz de la Aviación Peruana, convirtiéndose en uno de los tres peruanos que obtuvieron tal distinción por mérito propio, así como otras premiaciones que le otorgaron las naciones extranjeras. 54


El autor del libro Vuelo a Ciegas, donde narra sus experiencias y proezas, obtuvo el grado de capitán de la Aviación Peruana, y fue uno de los pioneros de la compañía de aviación Faucett, primera línea aérea comercial que unió a las diversas ciudades del Perú, con servicios casi a diario y muy eficientes. Para Trujillo, Carlos Martínez de Pinillos es uno de sus hijos ilustres, un héroe moderno de la Era de la Aeronáutica. En honor a él, y para preservar su memoria, el aeropuerto de Trujillo lleva su nombre. (8-11-77) 55


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UN REPRESENTANTE, EL AGUA POTABLE Y EL IV CENTENARIO

Muchos trujillanos partieron a Lima atraídos por el esplendor de la capital, trocando sus heredades por un chalet miraflorino o esfumando sus economías en la compra de una gran limousine

La Revolución de Arequipa (22 de Agosto de 1930), realizada por el comandante Luis M. Sánchez Cerro, fue uno de los tantos levantamientos gestados al sur del país, que aparte de aumentar la colección de dictadores; pues siempre andamos cambiando de jefe de Estado, como decía don Carlitos Hoyle Castro -propietario de Los Manguitos- “para no pasar de moda hay que hacer noticia hijo, la cosa es hacer noticia”. Pero en este caso, tanto hacer noticia que en más de 150 años no hemos avanzado gran cosa.

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unque toda generalidad tiene sus excepciones, considero que la Revolución de 1930, nos dio la oportunidad de volver a la normalidad, después de once años de gobierno deshonesto (Leguía), corrupto y desorganizado. Recién en 1931, La Libertad tuvo la posibilidad de elegir un auténtico representante al Congreso de la República. En la década del 30, la capital de departamento de La Libertad, nuestra apacible ciudad de Trujillo, era débil para soportar una carga tan pletórica de glorias y hechos grandiosos. Y es que ella, escudada en sus blasones, sonrió a la vorágine de la época y se quedó dormida en sus laureles. Sin valores auténticos, ni descendientes de los cabildantes coloniales, y con la ausencia de los gestores de la Independencia, pues muchos trujillanos partieron a Lima atraídos por el esplendor de la capital, trocando sus heredades por un chalet miraflorino o esfumando sus economías en la compra de una gran limousine.

Así era mi tierra en los años 30. Algunos la veían como una ciudad de ‘quijotes’, y otros la creían un ‘nido de bolcheviques’ (apristas de la época) Trujillo era en esa época una ciudad regularmente mediana. Con una población que bordeaba las 40 mil personas, se proyectaba para hacer uso de todos los adelantos del siglo XX: electricidad, agua potable, carretas, escuelas, etc. Se acercaba el año 1935, y también la celebración del IV Centenario de su fundación. Entre todos los vecinos notables, industriales, comerciantes e intelectuales, resaltaba uno cuyo nombre 56


estaba ligado al Trujillo moderno. Así como a Tagle se le consideraba en la gesta emancipadora, este Trujillo ‘clásico’ tenía en el Ing. Elio A. Dalmau al empresario moderno, amante de su tierra y dedicado íntegramente al progreso de su ciudad. En 1925 había adquirido la Compañía de Luz Eléctrica, fundada en 1903 por un grupo de vecinos, cuya concesión fue obtenida del Concejo por don Ernesto Thordike. La planta hidroeléctrica ubicada en el pueblo de Poroto, producía 10 mil voltios, que luego eran convertidos a 220 en la subestación de Trujillo. Los gestos nobles y de colaboración fueron siempre virtudes de don Elio, pues suministraba energía eléctrica en forma gratuita al Hospital Belén e instituciones culturales o deportivas. En 1929, don Elio fue elegido Presidente del Club Central, principal institución social del departamento, que funcionaba en los altos de la Casa de la Testamentaría Orbegoso, en la esquina de Pizarro y Orbegoso. Dicha entidad atravesaba una difícil situación económica y social, pues sus integrantes -faltos de entusiasmo- la dejaron casi quebrada.

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Sin embargo, don Elio, convertido en un Clubman, consiguió en arrendamiento el Palacio Iturregui, trasladando hacia esa sede el Club Central, lugar que hasta hoy ocupa. Tiempo después don Elio planificó y ordenó la economía de la institución, dejándola con bases muy sólidas para que perdure a través de los años. Corría el año 1931, y un grupo de amigos propuso a don Elio para una representación por La Libertad. El ing. Dalmau era una persona sin experiencia política, pero con mucho entusiasmo. Era un empresario dinámico e institucionalista. Le faltaba la ‘maña’ de los políticos profesionales, eternos representantes de las ideas tradicionales y convenidas. Cuentan que don Enrique Marquina, secretario por 30 años del Concejo Provincial en 1919, y diputado (creó la ley del Monumento de la Plaza de Armas) siempre decía: “Ser Diputado en el Perú es una profesión como la de Maestro o Notario, con la única diferencia que por algunos años los cesan y luego vuelven a ocupar sus curules”. Don Elio se excusó de postular a una curul, pero los amigos le hicieron ver la necesidad de estar en el Congreso de la República. Así, comprendió que era un deber para con su tierra, representarla en el Parlamento, y emprendió su labor política, visitando uno a uno los diversos pueblos de La Libertad. Las elecciones de 1931 fueron consideradas por algunos analistas políticos como las más honradas de la vida republicana. El ingeniero Dalmau obtuvo la votación más elevada de la lista en minoría, convirtiéndose en una promesa hecha realidad, y que hoy es parte de la historia. A cualquiera que se ufane por revisar la historia de Trujillo, debe llamarle la atención que nadie se haya interesado por conmemorar el primero, el segundo o el tercer centenario de su fundación. Algo más, a nadie le preocupó -poco o mucho- averiguar la fecha exacta de la fundación de la ciudad. Fue don Elio Dalmau quien tuvo la genial idea de conmemorar el IV Centenario de la gloriosa fecha en que se puso la primera piedra de la hidalga ciudad trujillana. Una ley sencilla en su estructura, simple en su mecanismo, pero trascendente, fue concebida por el diputado Dalmau.

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Con tal finalidad y sin ningún alarde previo, sin ningún reclamo efectista, sin los consabidos anuncios de campanario (de los políticos tradicionales), dicha ley fue registrada bajo el Nº 7823, y promulgada el 7 de octubre de 1933 por el presidente Oscar R. Benavides. El artículo 5 de la referida ley dice: “Con las rentas que se recauden en beneficio de la ciudad de Trujillo, se ejecutarán las siguientes obras: a) Terminación del agua potable (instalación de la planta Los Sapitos) y los servicios de desagüe. b) Camal, mercado. c) Pavimentación; y otros artí culos destinados a la ejecución del camino carretero al Puerto de Salaverry, mejoras en el hospital, acondicionamiento del local de la Corte de Justicia, la construcción de escuelas (Modelo, San Juan), entre otras obras. El artículo 6 señala la creación de la Junta del IV Centenario, entidad ejecutora de las obras, que en breve plazo hizo realidad todas las construcciones previstas, y que son consideradas hasta el día de hoy como: ‘lo mejor de la vidriera’ que tan orgullosos mostramos los trujillanos al visitante. La Junta del IV Centenario llamó a concurso nacional para fijar la fecha de la fundación de Trujillo. Las deficiencias halladas en ella fueron llenadas con las complementarias Nº 7979, de la que también es autor el ingeniero Dalmau. Este personaje logró asimismo la Ley Vial Nº 7705 que creó la Junta Constructora del camino a Quiruvilca. Estas tres leyes, aparentemente inconexas, se complementan, y están íntimamente vinculadas. Su autor procedió a concebirlas con un criterio científico y razonable, y se descubre a través de ellas, que no era el efectismo ni el aplauso de la masa, lo que motivaba a Don Elio, sino un hecho concreto: buscar el progreso de su amado Trujillo. Lo más importante que debemos resaltar es que dichas obras no molestaron a nadie, ni al gobierno central, porque no afectó su presupuesto, ni al contribuyente pues no sobrecargaron su escuálida economía. Sabiamente Dalmau canalizó dineros, los ordenó y trató de darles una mejor aplicación a las rentas acumuladas y creadas, vagamente dispersas, por diversas dependencias fiscales pertenecientes a instituciones que -por diversos motivos- olvidaron hacerlas efectivas. 59


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Llegaron a las arcas institucionales de La Libertad, sumas que superaban el medio millón de soles anuales. Imagínense que el Colegio Modelo, ubicado en la Plazuela Bolognesi costó la suma de S/. 235,183 soles, una renta que jamás alcanzó tener nuestra ciudad. Es así como un fervoroso trujillano, elegido por una minoría, logró triunfos concretos y reales, que facilitaron el progreso de nuestro departamento. Localidades como: Paiján, Huanchaco, Salaverry, Virú, San Pedro, Huamachuco, Simbal, entre otras, fueron favorecidas con leyes de instalación de servicios de agua potable, carreteras, etc. Fueron tantas las obras logradas por el Ing. Elio Dalmau que muchos se preguntaron: ¿Cómo agradecieron los trujillanos a este hombre, que como regalo por sus 400 años de fundación, logró modernizar rápidamente la ciudad, con los avances científicos y técnicos propios del siglo XX? El premio a tanto esfuerzo desplegado por don Elio Dalmau, por amor a su Trujillo querido, fue sólo una medalla de oro, joya insignificante al lado de la obra más grande e inigualada hecha hasta hoy, y que guardamos siempre en la memoria.

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CUANDO LLUEVE TODOS SE MOJAN Trujillo de los años cincuenta, todavía conservaba las características peculiares de la década del treinta. Existía una bohemia muy original. Un grupo de amigos se reunía a diario en la puerta de la Casa Comercial E.U. Hardt, cuyos funcionarios principales eran don Mario y Rafael Flores Rossel. Al costado de la casa -importadora de armas y artefactos para el hogar- estaba ubicado el Bar-Restaurant El Triestre, que al cambiar de dueño, se llamó Raimondi. En estos dos lugares se realizaban las acostumbradas reuniones juveniles, que comenzaban por lo general a las 6.00 pm., y terminaban pasada la medianoche.

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sí, saboreando una buena taza de café, se gestó la idea de crear un club que uniera a este grupo de amigos, cuya afición era la caza de animales salvajes. Reunidos una tarde en los salones del Club Central, los jóvenes fundaron el Club Los Trece de Caza y Pesca. Trece fueron los amigos prototipos del trujillano. Descendientes muchos de ellos de familias muy antiguas, cuyos lazos consanguíneos nos podrían llevar al mismo árbol genealógico, pues casi todos somos parientes. El grupo de amigos, por no decir de ‘primos’, constituyó el tradicional club, unidos por un sinnúmero de anécdotas y una peculiar forma de bautizar a los nuevos socios. Los trece fundadores, en ceremonia especial, fueron bautizados con sus respectivas ‘chapas’. Así, Antonio de la Guerra se llamó ‘caballo loco’, Mario Flores ‘cabello largo’, Rafael Flores ‘cachaco’, Javier Jacobs ‘ojo de raya’, Carlos Jacobs ‘termómetro’, Fernando de Orbegoso ‘chancho madre’, Luis José de Orbegoso ‘sapo blanco’, Luis Coronado ‘canastón’, Constante Traverso ‘cabeza de escamas’, Carlos Urson ‘calavera’, Jesús Gonzales de Orbegoso ‘poca boca’, Estuardo Pinillos ‘charro’ y Félix Castro ‘mosca’. Pasaron los años. Un día de 1962, el Dr. Mario Flores Rossel, funcionario en esa época de la firma Carlos A. Manucci, recibió la visita de Juan Carlos de Borbón, noble español perteneciente a la Casa de los Habsburgo-Parma, y primo hermano del actual Rey de España. 61


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Este simpático y agradable personaje era un fanático de las cacerías de osos y venados. En su viaje por el Perú, Juan Carlos llegó a Trujillo y se contactó con el Dr. Flores para que lo lleve de caza. Por esos años también residía en Trujillo, el Sr. Hoercet Joshcho, prusiano de nacionalidad, que trabajaba como funcionario de la Negociación Laredo, y tenía a su cargo la administración del anexo El Cortijo.

El grupo se preparó para ir de cacería a mediados de mayo de 1962, a la quebrada de Sauco, cerca de la hacienda Llaguen, propiedad de la familia Prentice, más arriba de Sausal, anexo de la actual CAP Casagrande. A bordo de un jeep partieron: Willy, el príncipe Juan Carlos, Mario Flores, Joshcho, y un guía. En su recorrido por caminos polvorientos, propios de la ruta a Sauco, el jeep tuvo un percance y quedó atascado en un riachuelo, obligando a sus pasajeros a bajar del vehículo. El grupo de peruanos ayudaba a empujar el jeep, mientras Su Alteza permanecía en el asiento posterior, impasible. El agua les llegaba hasta las rodillas, y les era difícil sacar el carro. Inmediatamente, Don Mario notó que el esfuerzo de los 3 acompañantes no tendría éxito, y en tono serio se volvió al príncipe para decirle: “Mire Alteza, cuando llueve todos se mojan. ¡Bájese... necesitamos que nos ayude!”. Al escuchar el reclamo de Don Mario, Juan Carlos de Borbón lo miró interrogante y se bajó de la máquina. Con menos peso y el esfuerzo de todos lograron sacar el jeep del atolladero en que estaba para continuar el viaje. Así de francos, sin preámbulos, cortos de palabra y sinceros somos los trujillanos.

Don Mario notó que el esfuerzo de los 3 acompañantes no tendría éxito, y en tono serio se volvió al príncipe para decirle: “Mire Alteza, cuando llueve todos se mojan. ¡Bájese... necesitamos que nos ayude!”.

Conocedor del ganado, criador de caballos finos, y piloto de aviones, Joshcho era deportista y un fanático de las cacerías. Por esos años, acompañante de Don Mario en casi todas sus salidas.

La cacería fue un éxito. Al llegar a Trujillo el grupo fue directamente al Bar Demarco, ubicado en la cuadra 7 del jirón Pizarro, que tenía como atractivo varias mesitas colocadas en la acera, y que además eran las preferidas por estos personajes de caza y pesca. En el jeep, se podía apreciar el resultado de la jornada campestre: 63


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un par de venados y un gran oso, mientras en el bar los ‘cazadores’ se refrescaban y reían al recordar el remojón de Su Alteza. Como dice el refrán: “En la repetición está el gusto”. Llegó otro fin de semana y Don Juan Carlos quiso nuevamente salir de cacería. Esta vez a la quebrada del Alto de la Guitarra (Quirihuac), a 30 km. de la ciudad de Trujillo. Joshcho, como funcionario de la Hacienda Laredo, hizo los preparativos. Les facilitó 5 ‘mulas’ para el camino, y como guía a Don Manuel, un campesino de Quirihuac, gran conocedor de la zona. El grupo partió rumbo al Alto de la Guitarra por un camino sumamente pedregoso, que se iba estrechando poco a poco hasta convertirse en un sendero escarpado, que sube por un lado de la quebrada. Las ‘mulas’ sufrieron en el ascenso al lugar. Una mala pisada pudo ser fatal para todos. Pero Don Manuel, por experiencia, tomó sus precauciones, pero además, tenía confianza en sus compañeros de viaje que eran excelentes jinetes. Después de andar más de 12 horas llegaron al Alto de la Guitarra, llamado así por una piedra que en forma de guitarra existe en el lugar. El paisaje es un bosque de piedras grabadas (petroglifos) de diversos tamaños, donde, los aborígenes (mochicas, chavines, chimús, etc.), grabaron una variedad de dibujos de animales, figuras geométricas y representaciones antropomorfas, que perduran en el tiempo. Los estudiosos consideran que este lugar fue el punto de convergencia de los caminos prehispánicos: uno venía del Cusco, otro de Cajamarca, de Huamachuco o quizás del Pajatén, y otro que enlazaba toda la costa. Otros expertos consideran, por los vestigios hallados, que fue un lugar ceremonial donde se practicaban algunos ritos. Para un europeo, el paisaje del Alto de la Guitarra es muy original, por no decir único. Unos cuantos cactus gigantes y poca vegetación, rodean la explanada de piedras color rojizo que contrastan con el gris ocre fuerte de la tierra, y el intenso azul del cielo norteño. Al atardecer, Don Manuel juntó ramitas y pequeñas raíces para hacer una hoguera y preparar la merienda. Mario, Joshcho, y Juan Carlos armaban sus carpas, y entre broma y broma, bebían un buen coñac. El grupo se colocó alrededor del fuego para alimentarse, pues al día siguiente, con la aurora, seguirían el rastro de un venado que iba rumbo al Salinar. 64


Mientras, se contaban chistes y alegres anécdotas, el Dr. Mario Flores le pasa a Juan Carlos una lata de sardinas para que coma, al igual que el resto del grupo. Sin embargo, el príncipe pide cubierto para comer. JC- Mario, por favor, un tenedor M- ¿Un tenedor? y ordena: ¡Oye Joshcho, dale un tenedor a Juan Carlos! J- ¿Eh... un tenedor? No hemos traído, responde, y sugiere al mismo tiempo: Rompe una ramita, eso te servirá. JC- Gracias. Con una ramita comió Juan Carlos su lata de sardinas, mientras Don Manuel se armaba una buena ‘bola’ de coca e iba relatando historias sobre los OVNIS (platillos voladores). El silencio y el fresco de la noche hacían parecer reales los relatos del anciano. Al día siguiente, nuestros personajes regresaron algo tristes. No les había ido bien. El resultado de la cacería fue sólo un venado, y haber hecho comer al príncipe español con la ‘ramita’ de un árbol. Sin embargo, las risas que cosechó Don Mario hicieron olvidar la pobre cacería. El espíritu de Los Trece de caza y pesca, estaba presente. (812-77)

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LOS MANGUITOS El patio era inmenso. Sí, era un parque de árboles frutales donde jugábamos de chicos. En la rama gruesa de un algarrobo se balanceaba un columpio que era el preferido de muchos,niños del lugar. El patío principal de la solariega casa del ex fundo Los Manguitos, fue el lugar donde el autor de esta nota se entretenía escuchando los más fascinantes diálogos de los adultos, a la hora del almuerzo. 66


U

n día, tan entretenido estaba con los relatos de los mayores, que no me di cuenta de la presencia de mi padre, quien hizo notar mi indiscreción diciéndome: “¡Constante, al que escucha las conversaciones de los mayores le crecen las orejas!”. Sorprendido y algo asustado, sólo atiné a taparme las orejas creyendo que habían crecido, pues me sentía culpable de un acto bochornoso y vergonzante. Tenía predilección por oír las conversaciones de los mayores, que contaban historias vividas por la gente ‘antigua’, y lo que se decía de Trujillo. Todos se rieron de la reprimenda de mi padre. Don Carlitos Hoyle Castro, propietario de Los Manguitos, advirtió entonces: “Este mozo va a ser como su padre. Le interesa la historia y el porqué de la existencia”. Nadie más comentó el hecho, pero en mi interior, me sentí alagado por las frases de Don Carlos. Muchas generaciones de trujillanos han conocido Los Manguitos. Cuántos, por traviesos, caímos en esa acequia o nos ‘colamos’ en el Coliseo de Gallos para ver pelear al ‘Ají Seco’ con un ‘Jiro’ y escuchar las famosas apuestas: ‘4 a 1 tres veces’ o los gritos de ‘5 a 1 dos veces’. Pero lo que más hacíamos allí era correr. Sí, correr y saltar felices, gritar a todo pulmón, y sentirnos libres. Sin embargo, la alegría de los chicos parecía incomodar a los grandes. La ‘mamá’ Lucila o la ‘tía’ Queca, salían de la casa para hacernos callar o pedirnos que nos fuéramos lo más lejos posible donde no se escuchen nuestros gritos. Eso sí, “sin salir a la calle”. ¡Qué recuerdos! Mi alegría no tenía límites cuando mi padre me decía los domingos: “Vamos a ir a Los Manguitos, cámbiate”, y en segundos estaba listo para salir de casa. Fueron tantas visitas a Los Manguitos, y la simpatía que irradiaba Don Carlitos, que hasta hoy le guardo un cariño especial y aprovecho estas páginas para resaltar su figura. Conocí a Don Carlos Hoyle Castro, cuando él frisaba los 80 años. Era un hombre que a pesar de su edad se valía por sí mismo para hacer sus cosas. Tenía el cabello cano y, muchas veces se dejaba crecer la barba. Lo usual en él, era un bigote no muy poblado, y sus lentes. De figura delgada. Alto o bajo, no sé bien pues era muy chico en esa 67


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época, y lo veía como un viejito clásico de novela. Con sus 80 años, Don Carlos también nos visitaba en casa. Nos llevaba ganchos para colgar la ropa, escarbadientes de hueso, peines y una infinidad de curiosidades hechas por él mismo, y que hasta hoy conservo en mi hogar. Escuchaba atentamente sus conversaciones con mi padre. Recuerdo que siempre le repetía: “Don Constante, cuántos quieren que los viejos se mueran, pero sabemos mucho”. Y, acto seguido, Don Carlos le contaba sobre el origen de tal o cual fortuna, de muchas familias trujillanas. “Mírelos, a este lo conocí sin zapatos y ahora me vienen con palanganadas. Si no sabré quienes son”, expresaba el viejito. Cuántas anécdotas me han contado de él. Dicen que en una oportunidad, en el mercado, le dijo a una ‘mochera’ a que vendía tumbos: C- Oiga, casera… ¿cuánto vale la tumbada? V- ¡Viejo malcriado! C- ¡Malcriado! porque le pregunto ¿cuánto vale la ruma de tumbos? respondía indignado Don Carlos Hoyle. También nos hacía reír mucho cuando le presentaban a una muchacha buenamoza. Él siempre decía: -“Mucho gusto. Carlos Hoyle, soltero”. Ellas respondían: -“Ah sí… yo lo conozco, y sé muy bien que hasta abuelo es”. Don Carlos replicaba: -“Soltero, por parte de madre”. Tan divertido y refranero. Siempre, tenía una historia que contar. Nada era novedad para él.

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Don Carlos Hoyle murió hace varios años. Fue Padre de una numerosa familia y estaba emparentado con todos los trujillanos de ayer. Al recordarlo hoy, tengo presente a todos los que nos reuníamos en esa memorable casa de Los Manguitos. Con esa forma tan peculiar de vivir. A la trujillana como muchos dicen. Ciudad perdida en el tiempo por la modernidad y la expansión urbana.

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Trujillo El cónsul

Don Carlos Manuel Porras, director del diario La Industria, escribía un dia con el seudónimo de Aldo Mett: “Hace veinte años vivía en nuestra ciudad un simpatiquísimo amigo, que se llamó Constante Traverso Lombardi, de apellidos italianos, pero nacido en tierras de La Araucanía, como que fue cónsul de Chile en Trujillo, por espacio de tres décadas. Residía en los altos del señorial Club Central, y el escudo chileno se lucía más y mejor en uno de sus balcones. Este buen amigo de muchos trujillanos hizo una labor de acercamiento plausible. Ganó él personalmente muchos afectos y simpatías, y asimismo supo limar asperesas, aquéllas que bien podían quedar al rescoldo del sentimiento popular por aquéllo de la Guerra del Pacífico...“

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LA LLEGADA “POR UNA OREJA” En el puente de mando del buque carguero El Alamo, perteneciente a la flota de la empres chilena Sudamericana de Vapores están el capitán de la nave, Carlos Arancibia y don Constante Traverso Lombardi, esperan el arribo del oficial de la marina peruana que dirigirá la nave para su ingreso a la rada del Puerto Salaverry, ubicado en la costa norte de la República del Perú.

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onstante Traverso fue designado Cónsul de la República de Chile en Puerto de Salaverry. A su arribo a la costa norte el diplomático mostró interés por conocer las instalaciones portuarias. Sin embargo, el movimiento del buque le hizo perder la perspectiva que tenía en ese momento. Tras pasar un ‘tumbo’ (gran ola), la mirada del Cónsul se pierde en un cerro café claro, cubierto con algunas manchas negras. También observa con interés el muelle construido en fierro y madera, al pie del cerro. El Alamo se desplaza hacia la rada del puerto, y el tráfico de lanchas, remolcadores, estibadores se intensifica. Lanchas de potentes motores ayudan al buque en sus maniobras de anclaje. El calor era sofocante. Era febrero de 1939. El mes de la ‘rica’ sandía de corazón rojo, cultivada en grandes extensiones del norte peruano. Aquél era uno de esos veranos en que pareciera como si los rayos de sol, todos juntos, apuntasen hacia esta zona árida. ¿Tropical… sin palmeras? No hay en el lugar cocoteros ni árboles. El color verde está ausente en el paisaje salaverrino. Sólo un manto de arena gris muy fina pero sin agua, rodea el intenso azul del mar que hiere la vista quienes lo contemplan. Tras el anclaje de la nave en el puerto, la tripulación se prepara para abrir las bodegas. Es el momento en que los ‘winches’ van a ser probados para entregárselos a los maniobreros salaverrinos, que en las próximas 72 horas estarán a cargo del embarque de dos mil toneladas de azúcar, cuyo destino serán

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los puertos del litoral chileno. A bordo del buque está don Sixtilio Dalmau, gerente general de la Agencia Marítima Dalmau S.A., empresa encargada de brindarle todos los servicios al buque. En el palo mayor de la primera cubierta de El Alamo flamea la bandera peruana, en la popa, movida por las brisas costeras, la bandera chilena. El ajetreo y el ruido en el puerto es infernal. La llegada del capitán Arancibia saca al Cónsul de su contemplación, cuando le dice:

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Después del cordial saludo y apretón de manos, Dalmau coge del codo al Cónsul, y ambos ingresan al comedor de oficiales del buque. El capitán Arancibia le sugiere al Cónsul que desembarque por la tarde e inmediatamente invita a Dalmau para que los acompañe a almorzar. “Salaverry es el principal puerto del departamento de La Libertad cuya capital es la ciudad de Trujillo. Por este puerto se embarca la mayor cantidad de toneladas de azúcar rumbo a Chile. La Hacienda Casagrande, propiedad de la empresa agrícola Chicama, es la más grande productora del mundo de azúcar, su extensión abarca terrenos ubicados en la costa, sierra y selva. Las haciendas Cartavio y Laredo también le venden este producto al país del sur”, explica Sixtilio Dalmau al Cónsul. Al puerto se le denomina Salaverry, en homenaje al general Felipe Santiago Salaverry, quien intentó derrocar al general Santa Cruz, que fue presidente de la Confederación Peruano Boliviana.

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“En la parte alta del puerto tuvo lugar una batalla donde fue derrocado Salaverry. Con el tiempo esta zona se denominó Alto Salaverry, y cuando se construyó el puerto se autobautizó con el mismo apellido”, explica Dalmau. La amena charla fue interrumpida por un oficial del buque quien dio aviso de la llegada del remolcador para recoger al Cónsul. Su equipaje también estaba listo para ser desembarcado. El Cónsul se puso de pie y se despide con un abrazo del capitán Arancibia. Al ingreso de la escalera de desembarco esta el primer y segundo piloto, el contador, los oficiales, los timoneles… en fin, toda la tripulación está atenta para despedir al Cónsul. El pito grande de la chimenea principal expulsa humo blanco, mientras una y otra vez se escucha el silbato del buque. El Alamo, le dice adiós al Cónsul Traverso. Mientras el remolcador enfila hacia el muelle, el Cónsul sujeta su sombrero con la mano derecha y con la izquierda lleva su saco. Va de pie, erguido en la parte posterior de la lancha. Apenas oye los gritos de la tripulación del Alamo, que con mayor frecuencia desaparecen después de cada ‘tumbo’. Dalmau, que acompaña en esta travesía al Cónsul, le dice que el Gobernador, el Alcalde y el Capitán del puerto lo deben estar esperando… El Cónsul lo escuchaba con atención, pero estaba preocupado por su equipaje, un baúl de dos cuerpos hecho en madera y reforzado con esquineras de metal, donde perfectamente colgados traía sus trajes, camisas, corbatas y calzado. Miraba bien la ubicación de su maleta color marrón, de forma redonda, donde transportaba sus sombreros. El muelle del Puerto Salaverry era mucho más alto y largo de lo que había visto desde el buque. Las locomotoras ‘jalaban’ cientos de carros cargados de sacos y bolsas de azúcar. Las bocanadas de vapor, que de trecho en trecho expulsaban estas imponentes máquinas, le daban las primeras pincelas a un

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paisaje nunca antes había visto por el Cónsul. Otra locomotora llegaba al puerto con un convoy de tanques repletos de melaza, mientras, por otra línea, embarcaban el alcohol de caña. Venían los estibadores y los maquinistas maniobraban las grúas para colocar las bolsas en los lanchones acoderados al costado del muelle. Ordenes, gritos, pitos, ruidos de acero… era la vida diaria en el puerto. Este intenso trajinar de hombres y máquinas, mezclados con el sonido del golpear de las olas en los pilotes de fierro que soportan la plataforma del muelle, era un concierto de trabajo y riqueza. El olor del azúcar morena era muy penetrante. Destilaba en el ambiente un aroma a azúcar rubia y melaza espesa negra y dulce a la vez, que al combinarse con la fragancia del alcohol puro, similar al de la caña de azúcar cuando la arrancan de la tierra. Esta mezcla de gustos y olores, al que se suma el característico olor a mar arrastrado por el viento hacia la costa, estaba impregnado en las maderas del puerto, y le daban al muelle, sin lugar a dudas, la personalidad de ser el embajador de toda la tierra liberteña. “Bienvenido señor Cónsul”. “Por aquí señor Cónsul”. “Cuidado señor Cónsul”. “Buenas tardes señor Cónsul”. “El Dr. Constante Traverso Lombardi, Cónsul chileno”, eran algunas de las frases de saludo que escuchaba el personaje a su paso por las calles. Al parecer, todo Salaverry sabía de su llegada. Era nada menos que el representante de uno de los principales compradores de azúcar. El recorrido del Cónsul fue largo para dejar el muelle y pisar tierra firme. Sixtilo Dalmau hospedó al Cónsul en una habitación elegante, acondicionada expresamente para él en las instalaciones de la Agencia Marítima, destinada casi siempre para uso de los capitanes de los buques que anclaban en el puerto. “La cena se sirve a las 8.00 pm.”, oyó decir a Dalmau. El pulcro y elegante Cónsul se bañó, afeitó y cambió de ropa para 76


bajar al comedor. Allí lo esperaba Dalmau con un trago de ron añejo-reserva especial, acompañado de Coca Cola, hielo, limón y unas gotas de amargo de an gostura. Antes de cenar, Dalmau le presenta al Cónsul a Agapito Aguilar, y le dice: “El fue portapliegos del anterior Cónsul chileno”... Agapito, era un hombre moreno oscuro, de baja estatura, delgado y ojos vivaces. La simpatía fue mutua. Al parecer le cayó bien al Cónsul y Agapito fue contratado esa misma noche. Tras la presentación del caso, el fiel empleado se retiró haciendo una venia y diciendo: Hasta mañana, patroncito... Casi siempre cuando se reemplaza a alguien en un puesto se pregunta por la persona que lo antecedió, y así lo hizo el Cónsul esa noche. En plena cena, el Cónsul preguntó a su an-

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fitrión, qué sabía de su antecesor. Dalmau le informa entonces que el Cónsul Luis Corbalán era una persona normal y muy amigable, hasta que en una reunión social, realizada en el Club Central de la ciudad de Trujillo, un grupo de trujillanos inició una discusión sobre la Guerra del Pacífico, y especialmente sobre la captura del Huáscar. Las cosas se pusieron mal para Corbalán y llegaron los insultos y las ofensas. El hecho terminó en un duelo de espadas entre el Cónsul Corbalán y el ciudadano Víctor Manuel González del Riego y Urquiaga. Corbalán, perdió una oreja en el duelo, situación que obligo al gobierno chileno a retirarlo de la ciudad de Trujillo. Antes de dormir El Cónsul Traverso, como era costumbre, reflexionaba sobre los más importantes sucesos del día. Esa noche se durmiendo pensando: “Que por una oreja estaba en Salaverry”

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UN ENCUENTRO EN EL TIEMPO CON SALAVERRY Y CHAN CHAN El tiempo, horrible invento humano, nos conduce por las galimatías de la inconmensurable nada, y el hombre en su ausencia marca en el espacio su aventura. El azar, sin ninguna explicación y sin tiempo, desencuentra y cita a los hombres en algún lugar. Una tarde de 1997 me encontré con Benjamín Prado Casas frente al morro de piedra y arena que cobija al Puerto de Salaverry. Al pie veíamos -casi en ruinas- una casa de 3 pisos construida en madera, pintada seguramente hace varios años atrás de color verde.

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l edificio era la sede de la empresa naviera DALMAU, encargada de dar servicios portuarios a los buques chilenos que llegaban semanalmente al puerto para transportar azúcar. Al lado, una casa de 2 pisos -también de madera- pintada de color marrón. Fue entre 1939 y 1941, residencia y oficinas del Consulado de Chile en Trujillo. Benjamín Prado Casas, yerno del Cónsul y esposo de Silvia ‘Pelusa’ Traverso Nogara, contemplaba con nostalgia las construcciones de antaño acariciándose el mentón. Fuertes vientos soplaban aquella tarde del 97, levantando a su paso un manto de arena que nos obligaba a cerrar los ojos. Mientras la naturaleza hacía lo suyo, yo intentaba explicar a Benjamín la ubicación de la línea férrea por donde transitaban las locomotoras de vapor, que jalaban los coches con bolsas de azúcar y las cisternas de melaza. La bulla y el ajetreo -propio de todo puerto- era difícil reconstruirlo pues la realidad es otra muy distinta. A fines de los años 50 y principios de los 60 del siglo XX, Salaverry era un puerto ausente. Con Benjamín tuvimos varios días de conversación sobre el Cónsul. En las pocas oportunidades que visité Chile no tuve ese privilegio, pero el azar me permitía esta vez gozar de la compañía del experto abogado, ex Intendente de Valparaíso, senador y líder demócrata cristiano, que contribuyó para preservar la continuidad democrática constitucional chilena. Defendió el derecho de primera mayoría, para que el senado apoye a Salvador Allende, Presidente Constitucional de la Re 79


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pública de Chile en 1970, decisión que mantuvo la unidad de los demócratas cristianos, facilitándole la gobernabilidad en alianza con los socialistas y radicales chilenos. Nuevamente en Trujillo nos dirigimos hacia el Palacio Iturregui, sede del Club Central. Después de recorrerlo nos ubicamos en el patio morisco, un acogedor ambiente que cuenta con una pileta rectangular, rodeada por cuatro estatuas que representan las estaciones, hermosos sauces llorones, y flores de diversos colores. Cómodamente sentados y bebiendo un emblemático pisco sour, preparado por el barman del Club Central José León, mis pensamientos volaban a mil por hora recordando una serie de hechos, mientras Benjamín escuchaba con atención.

LA OFICINA Llegar a la oficina del Cónsul era todo un caso. Había que ingresar por un inmenso portón de madera de 4 metros de alto, pasar por un imponente zaguán, seguir por la izquierda, subir unas gradas de mármol italiano, atravesar la puerta de fierro forjado y continuar caminando por una escalera de caoba color granate. Luego de atravesar un amplio hall ‘descubríamos’ la pequeña puerta. El primer salón tiene 4 balcones que dan al Jirón Pizarro, y al frente de cada uno de ellos había altas puertas plegadizas que comunicaban con el comedor del segundo piso del Palacio Iturregui, que lucía hermosas mamparas de madera con vidrios y cerraduras de bronce. En este salón, el Cónsul había colocado 3 escritorios. Su preferido era el de modelo inglés, que tenía un enchape veteado entre marrón y café, y un sillón vienés de madera especial, con tejidos en mimbre. Frente al escritorio había 2 muebles de madera con cojines color verde oscuro. El piso del salón fue trabajado con argamasa de yeso, pintado de color verde oscuro, que encerado y bien lustrado lucía como un espejo.

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Al lado del escritorio, en una mesita, estaba su máquina de escribir de marca Royal, en versión de lujo, con adornos niquelados. El gran salón estaba decorado con vitrinas donde el Cónsul guardaba celosamente su colección de ceramios, (huacos) de las culturas Cupisnique, Virú, Gallinazo, Moche y Chimú. En otras vitrinas tenía su valiosa biblioteca. Mapas antiguos de la República de Chile y del Perú decoraban las paredes del salón, así como hermosas fotografías panorámicas de la ciudad de Chan Chan. En el centro del salón, sobre una mesa de mármol, el Cónsul guardaba en una urna la espada de un oficial chileno, caído en combate durante la ocupación chilena tras la Guerra del Pacífico, junto a una pistola negra modelo Fourche y cables de abordaje

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LA CATEDRA DIARIA El Cónsul era un gran conversador, odiaba la ‘chacota’ y las bromas de mal gusto. Le gustaba rodearse de personas cultas: músicos, poetas, historiadores, arqueólogos, y todos aquellos que disfrutasen de una amena charla. Transmitir, comunicarse y contribuir al conocimiento humano era una pasión para el Cónsul. Sus vastos conocimientos lo llevaban a abordar cualquier tema, pero Chan Chan era sin duda el preferido. Con el tiempo, todo lo que se había escrito y escuchado sobre Chan Chan se convirtió en un punto de referencia para los extranjeros que llegaban a Trujillo, con la finalidad de visitar y estudiar la ciudad Chimú. Estudiosos, embajadores y universitarios de todas partes del mundo seguían con atención las explicaciones del Cónsul sobre el tema. El Cónsul sostenía que “debido a que las culturas pre-hispánicas, no dejaron ningún vestigio de escritura, quedó abierta la oportunidad para que la arqueología realice pacientes estudios sobre el quehacer diario de estos pueblos”.

CHAN CHAN EN EL CORAZÓN El Cónsul sostuvo también interminables charlas con el arqueólogo alemán Max Uhle sobre investigaciones realizadas por cronistas en los siglos XV y XVI. Señalaba que “el padre Antonio de la Calancha, fue uno de los primeros descubridores de Chan Chan como el centro más poblado del reino Chimor o Chimú, que fue conquistado por los Quechuas (Incas) entre los años 1475 y 1480”. También le confesó que a mediados del siglo XVIII, el Obispo Jaime Martínez de Compañón, encargado de la Diócesis Provincial de la Intendencia de Trujillo, ordenó levantar los primeros planos de la ciudad de Chan Chan.

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Al Cónsul, siempre le interesó conocer detalles de tan importante obra, y por eso viajó a España, para conocer el Museo Arqueológico Nacional, lugar donde está depositada la obra inédita de Martínez de Compañón. Sin pensarlo dos veces, el Cónsul obtuvo en el lugar una copia de varios planos de Chan Chan que hasta hoy son de gran utilidad para entender la vida social y económica de la ciudadela. Gracias a este invalorable aporte del Obispo Martínez de Compañón, los arqueólogos peruanos lograron restaurar Chan Chan, la ciudad de barro más grande de América Latina, declarada por la Unesco Patrimonio Cultural de la Humanidad. Para tener una idea sobre la dimensión de Chan Chan es importante leer la obra del arqueólogo alemán E.W. Minderforf Das Muchi Korder die Chimú Spradic, escrita en el siglo XIX, afirmaba el Cónsul. Minderforf, decía en su libro: “Chan Chan está dividida en secciones rectangulares o cuadradas, rodeadas por muros de una altura superior a los 9 m. y que cada una de estas estaba habitada por una tribu o grupo de familias o una unidad de descendencia familiar”. 84


Siempre locuaz, el Cónsul relataba a Uhle algunas anécdotas ocurridas alrededor de la ciudadela de barro. Reveló que un día de 1861 Efraín Jorge Squier, visitó Chan Chan y mientras re corría las ruinas en compañía del coronel La Rosa, famoso buscador de tesoros, repentinamente frenó su caballo atraído por un forado que llamó su atención. Los ojos de Squier observaron con asombro la muestra única y hermosísima del estilo arquitectónico de los aborígenes americanos, y expresó: “Mis ojos recorrieron con una sensación, mitad sorpresa, mitad delicia, los largos muros cubiertos de arabescos que lucían aquí y allá colores brillantes jamás vistos en este continente”. En los años 40 del siglo XX llegó al Perú el arqueólogo alemán Hans Horkheimer, contratado por la Universidad Nacional de Trujillo, e inicia una gran amistad con el Cónsul. Juntos recorren la costa norte y la sierra del departamento de La Libertad y Cajamarca. El Cónsul colabora decididamente en la elaboración del primer libro de Horkheimer titulado “Vistas Arqueológicas del Noroeste del Perú de 1944”, que fue dedicado al Cónsul. El arqueólogo Horkheimer, fue quien creó la terminología Mochica-Chimú, y consideró a Chan Chan como: “la cúspide 85


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de la evolución cultural de los pueblos costeños. La arquitectura presente en Chan Chan no da sitio a lo individual, es la obra de una sociedad”. A mediados de los años 70 del siglo XX, el Cónsul lidera una gran cruzada por la defensa, conservación y limpieza de la ciudad de Chan Chan. Las organizaciones civiles de Trujillo lo eligen como Presidente del Patronato de Arqueología, y con el tiempo, las oficinas del segundo piso del Palacio Iturregui se convirtieron en un aula magna, especialmente para mis amigos, que tenían vocación por estudiar el pasado. Entre los más asiduos concurrentes a las citas con el Cónsul estaban Walter ‘Pocho’ Alva (descubridor del ‘Señor de Sipán’), Teófilo ‘Tofi’ Alvarez (músico, coleccionista de ceramios, investigador de las culturas Mochica-Chimú, reconocido compositor de música moderna y director de sinfónicas), Jorge Cuba (microbiólogo), Humberto Leceta (catedrático de la Pontificia Universidad Católica del Perú y el CAEM), y Félix Calderón (diplomático peruano, especialista en armas no convencionales y embajador en Alemania.

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CINCO MIL AÑOS EN EL TIEMPO Don Constante Traverso Lombardi, el Cónsul como cariñosamente lo llamaban en Trujillo, después de largos estudios realizados sostuvo que “Chan Chan no era una ciudad metrópoli, sino un gran centro laboral, donde cada ciudadela pertenecía a una comunidad (Ayllu), que desempeñaba una función específica, ocupacional: orfebre, metalúrgicos, textiles, escuelas de agricultura, astronomía, arte, academia militar y otras”. En 1963, Geoffrey Conrard, norteamericano, profesor de la Universidad de Harvard, expuso un trabajo titulado ‘Plataformas de entierro’, donde afirmó que en Chan Chan se estableció una herencia dual. Para Conrard “Cada ciudadela o palacio de Chan Chan, fue habitado por un rey Chimú, que cuando fallecía era enterrado en su palacio y su heredero sólo recibía el cargo político. Las propiedades y rentas del difunto eran administradas por sus descendientes, ya que el propietario seguía siendo el gobernante fallecido. Es por eso que cada gobernante debía construir su propia ciudadela y habitarla con sus parientes más cercanos. Para conseguir más riquezas debían conquistar nuevos territorios”. La ciudad de Chan Chan se fue formando en un lapso de 500 a 1000 años. El esfuerzo del Cónsul tiene hoy muchas respuestas. Por ejemplo, la ciencia ha identificado que en pleno desarrollo de la cultura Moche, la costa norte peruana fue atacada por un ‘mega niño’, fenómeno natural que destruyó esta cultura y cambió la fisonomía del litoral peruano. Tuvo que pasar más de 200 años para que surgieran los Chimús, constructores de esta ma ravilla que conocemos como Chan Chan. Desde inicios del siglo XX, el profesor Max Uhle y Paúl Kosok, encontraron restos arqueológicos en el valle de Supe, al sur de la ciudad de Trujillo, a 60 km. al norte de la ciudad de Lima. En 1994, la arqueóloga Ruth Shady, reveló la verdadera di-

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mensión de Caral. La revista Science, determinó el 2001 que el desarrollo de Caral se dio entre los años 200 a.C. y 2700 a.C., es decir hace 5000 años. Sólo 2 grandes organizaciones: Mesopotamia (3500 a.C.) y Egipto (3300 a.C.) son anteriores. RESPUESTA Habíamos terminado con Benjamín cuatro rondas de pisco sour, una fuente de anticuchos de lomo de carne de res con camote frito en tajadas, una deliciosa trucha ahumada en aceite de oliva y una porción de papas amarillas que sabían cómo los dioses. Tantas veces me pregunté lo mismo sin obtener una respuesta coherente. La gran capacidad intelectual del Cónsul siempre llamó mi atención desde muy niño, y lo seguía a todas partes. Hoy, ante la presencia de Benjamín no dudé un segundo y le pregunté: ¿Cómo podía explicarme la gran capacidad intelectual del Cónsul, a pesar de carecer de una adecuada formación académica? Benjamín me contestó de inmediato: “Poseía una increíble inteligencia espontánea”. Juntos, Benjamín y yo recordamos también ese día al tío Carlos, un marxista autodidacta y al abuelo Constante, un genovés garibaldino, por lo tanto, demócrata y republicano. Al llegar nuevamente al gran portón del Palacio Iturregui, esta vez de salida, Benjamín Prado, con esa tranquilidad que lo caracteriza, me miró y extendió la mano para agradecerme la visita. “Gracias Constante, por motivarme a que venga a Trujillo. Hoy entiendo y conozco mejor el Perú”.

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LOS TRAVERSO TRAVERSO DE ANGAMOS 270 CALETEANDO RUMBO A SANTIAGO No lo podía creer. ¡Por fin! estábamos ubicados en los asientos del bus de Perú Express que cubría la ruta Trujillo-Lima, en un cómodo servicio nocturno. Era una noche de febrero de 1960 y yo frisaba los 11 años de edad. El Cónsul, mi padre, cumplía así su promesa de llevarme a Chile para conocer a los miembros de la familia Traverso, afincada en el país del sur. Tres años antes me había dicho: “Si usted mi “iñior” (de señor) se saca la medalla de oro en su clase, lo llevo a Chile”. Mi 89


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Continental, ubicado entonces en el cruce del jirón Carabaya con Miró Quesada. A mediodía teníamos los pasajes para Tacna en Faucett, la línea aérea que cubría gran parte de las rutas nacionales. A la mañana siguiente, tras alojarnos en el Hotel de Turistas de Tacna, partimos en un automóvil hacia el Puerto de Arica. Al pasar el control fronterizo de Chacalluta, un oficial de carabinero vestido de uniforme gris con mínimos adornos rojos en la chaqueta, y botas negras hasta la rodilla, saludó a mi padre militarmente con un perfecto sonido de tacos; y al devolverle el pasaporte dijo: “Señor Cónsul, bienvenido a la Patria”. Fue en ese momento que tomé conciencia que estaba en Chile

LA CASACA AMARILLA Arica era puerto libre. El Cónsul aprovechó la visita para comprarse varios pares de zapatos italianos, corbatas, y otros objetos para su uso personal. Para mí compró varios pantalones cortos, a pesar de mi airada protesta, las clásicas sandalias de niños, y una chamarra o casaca de color amarillo, que más adelante va ser motivo de varias historias. Viajaba al lado de la ventana de un DC-8 cuatrimotor de LAN para observar el paisaje, cuan-do escuché al Cónsul decir: ése es Santiago, llegamos al aeropuerto Los Cerrillos. Tras bajar de la nave, el cónsul tomó un taxi y le dijo al chofer: “Llévenos a Angamos 270”. Siete años después de mi primer viaje a Santiago de Chile Los Cerrillos se convirtió en un aeródromo que funcionó hasta el año 2006, fecha en que fue clausurado definitivamente por las autoridades chilenas.

EL GRAN TIO CARLOS El taxi se detuvo frente a una casa de arquitectura francesa de fines del siglo XIX y principios del XX. Al centro había una puerta de dos hojas de madera con adornos de fierro forjado. A los lados, dos ventanas que daban la impresión de ser “balcones empotrados”. Era domingo por la tarde. Bajamos del taxi y caminamos 90


hacia la casa del tío Carlos. La prima Zuny nos abrió la puerta, y sorprendida por la visita dio un grito de emoción: ¡El tío Constante!, dijo entre risas y abrazos. Ingresamos hacia un patio de regular tamaño. Habíamos dejado atrás la sala, que estaba a la derecha de la puerta, y una oficina que se ubicaba al lado izquierdo de la casa. De pronto salió de uno de los dormitorios -ubicados alrededor del patio- Maruja, mi otra prima. Todas me abrían los brazos y me daban besos en las dos mejillas. La casa era un alboroto, cuando del fondo, a paso ligero, venía a nuestro encuentro el tío Carlos. Se unió al Cónsul en un fuerte abrazo. Una y otra vez se daban cariñosamente un beso. 91


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Habían pasado diez años, desde la última vez que se vieron. El Cónsul llevaba un terno marrón oscuro. Siempre vi elegante y alto al Cónsul, pero esa tarde de febrero de 1960, su respetable metro setenta y ocho de estatura, se vio opacado por la figura del tío Carlos, que medía más de dos metros. El tío Carlos vestía un pantalón de dril, una camisa color verde, zapatillas especiales para montar bicicleta y orquillas en la parte inferior de los pantalones. Se puso de cunclillas frente a mí para saludarme, y me abrió sus inmensos brazos. Emocionado, corrí directo a él y me refugie en su pecho. El tío Carlos me abrazó y besó con fuerza, mientras murmuraba dos o tres palabras en italiano. Después de ese emotivo encuentro, el tío Carlos miró a mi padre y le dijo: ¿Este es el cabro peruano? ¿Este es Constante Traverso del Perú? Y emocionado grito: ¡Por la cresta de un gallo… Constante! Esta vez nos abrazamos los tres.

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La tía Olga se había quedado mirando, el emocionado encuentro de sangre y genes. La “Tati” mecía en su coche a su hija Daniella, y Alejo -el hijo de “Piloco”- me daba también la bienvenida. Desde esa tarde de verano, la casa de los Traverso Traverso de la calle Angamos 270, fue mi mhogar en Chile. Siempre fui bien recibido por el tío Carlos. La tía Olga me dejaba su habitación y se acomodaba en el dormitorio de alguna de sus hijas, mientras yo compartía feliz su cama junto al tío Carlos. Nuestras conversaciones eran interminables. Hablábamos de la revolución bolchevique, de la cubana, de la Segunda Guerra Mundial, del triunfo del Frente Popular y la presidencia de don Pedro Aguirre Cerda, de don Arturo Alesandri, del abuelo Constante en Viña del Mar, en Lebu, de las panaderías, pero especialmente de mi padre, el Cónsul.

LAS PELEAS EN LEBU Fueron varias las oportunidades que me hospedé en Angamos 270. Tengo en la mente el recuerdo de un sinnúmero de anécdotas -vividas en Chile- por los hermanos Traverso Lombardi. Me contó el tío Carlos que el “Nono” Constante (Don Constante Traverso Molinari), fue contratado para formar parte del equipo que construyó el Ferrocarril Trasandino, que une a Puerto Lebu con Los Sauces (Argentina). El “Nono” Constante había trabajado primero en el gran Trasandino que une a Santiago de Chile con la ciudad de Mendoza (Argentina). Coincidieron en Lebu con una empresa inglesa contratada por el gobierno chileno para construir un dique. Ambos campamentos estaban unidos. Los ferrocarrileros, en su mayoría, eran italianos. El boxeo comenzaba hacerse popular y los ingleses eran muy “entusiastas” practicantes de ese deporte. Cierto día llegó a la Argentina un boxeador inglés para ha

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cer una demostración pugilística, y no tuvieron mejor idea que invitar a un italiano para que sea su contrincante. Los Traverso Lombardi eran buenos para los puñetes. El tío Carlos media más de dos metros de estatura y tenía unas manos enormes, así que el reto fue aceptado. Carlos empezó su entrenamiento bajo las órdenes del Cónsul, y la severa supervisión del tío Pedro, su hermano mayor. Todos estos preparativos eran guardados en secreto, y el “Nono” Constante no podía enterarse. Así llegó el día de la pelea, o mejor dicho, la noche. En una esquina del recinto estaba el boxeador inglés muy bien implementado, y en la otra Carlos Traverso Lombardi, listo para defender los colores patrios e italianos. La pelea fue corta. El púgil inglés besó la lona para sorpresa de algunos asistentes y promotores. Los potentes brazos del tío Carlos, entrenados en mil y una regatas en el rio, y las inmensas manos, dejaron sin defensa al lord boxeador. El jolgorio era total. Las vivas, las canciones y las hurras, acompañaban a los ferrocarrileros por el campamento. Como no podía ser de otra manera, con este alegre grupo iban los perros (mascotas) de los hermanos Traverso. Las cosas cuando suceden, suceden. Los ingleses mortificados por tan contundente triunfo italo-chileno, soltaron a sus perros con la finalidad de dispersar a los bulliciosos constructores de líneas férreas, alborotados por la victoria del tío Carlos . Pero, para sorpresa de los británicos los canes -propiedad de los Traverso- le dieron tremenda paliza a las mascotas de los ingleses. Rápidamente, con la cola entre las piernas, encontraron las de Villadiego, huyendo del lugar. Si ahora este hecho me causa alegría, imagínense ustedes hace 80 años más menos. La escena debió ser indescriptible. Ante tanto bullicio y alboroto apareció el “Nono” Constan94


te, y no faltó un trabajador que a voz en cuello le contara lo ocurrido. “Un Traverso noqueo al boxeador inglés, y para el colmo, los perros de los Traverso le dieron una paliza a los perros ingleses”, le dijeron. El “Nono” Constante sonrió por lo ocurrido y sólo atinó a levantar los brazos en respaldo al triunfo del tío Carlos, para luego dar media vuelta, y volver a casa.

EL POLÍTICO… EL REVOLUCIONARIO El tío Carlos fue en su juventud un trabajador de maestranza. Se forjó al lado del “Nono” Constante, en la construcción de líneas férreas para los primeros ferrocarriles chilenos, en la edificación del Teatro Olimpo de Valparaíso y muchas obras más. En esa época tuvo los primeros contactos con los sindicalistas y luchadores chilenos, por la jornada de las ocho horas y, como consecuencia lógica, el tío Carlos milita en las filas del Partido Comunista Chileno. Esta relación política era una constante para los hijos de los emigrantes europeos, especialmente de los italianos, que en su mayoría venían de participar en la revolución de Giuseppe

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Garibaldi, patriota italiano forjador de la República Democrática Italiana. El “Nono” Constante fue parte activa de esta noble y romántica causa. Por lo tanto, estaba escrito el destino de su descendencia que un hijo suyo -en este caso- el tío Carlos, sea comunis ta. El Cónsul, junto a su hermano mayor Pedro, fueron militantes del Partido Radical Chileno (Socialdemócratas). Los tres anti-clericales y los dos últimos masones.

SALAME, TALLARINES AL PESTO Y BUEN TINTO Mi relación con el tío Carlos fue siempre hermosa. Salíamos los dos en bicicleta -por la tarde- para comprar un salame y un delicioso pan que no he vuelto a comer. Nos servíamos un “once” de maravillas. El tío Carlos tenía un cuchillo especial para cortar el salame, y entre rebanada y rebanada, me explicaba la evolución de la sociedad en la historia, desde el comunismo primitivo al capitalismo, y su etapa superior el imperialismo. Era un autodidacta, había estudiado el marxismo y estaba capacitado para explicar cada contradicción social en cada momento del desarrollo económico. El tío Carlos perteneció al grupo “Espartaco”, una pequeña división que sufrió el Partido Comunista chileno a raíz de la ruptura de la Internacional Comunista o Comintern, chinos y rusos. Carlos se convirtió en un marxista-leninista-maoísta, pero más cargado al maoísmo. Antes de escribir esta historia volví a revisar sus cartas que guardo con especial cariño, y sin ninguna duda, el tío Carlos fue un convencido y sincero maoísta. Caso raro en Chile donde esta tendencia no tuvo mayor éxito. El tío Carlos tuvo dos alumnos: Alejandro Traverso (nieto), actual militante del Partido Socialista Chileno y alto funcionario del gobierno y yo, Constante Traverso Flores, hijo del Cónsul. Parte de mi formación política y doctrinaria se la debo a él y mi padre. El Cónsul, para ser un socialista democrático independiente, era un cristiano de izquierda con un profundo 96


amor por la Patria. Recuerdo que me decía: “Un hombre que no tiene un sueño, una utopía, es un hombre muerto”. Fuimos y somos unos románticos buscadores de una sociedad justa. Sin pobres, sin niños desnutridos, con mujeres dignas, en un mundo que crezca sin poner en peligro su misma existencia. Al escribir esta historia, se me viene a la mente otro de los tantos consejos del tío Carlos. Él cuando insistía en que un “político debe tener siempre vocación de poder”, razón por la cual he decidido luchar con todas mis fuerzas, entusiasmo, y

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dedicación para que el 2011 seamos gobierno en el Perú, y decirle al tío Carlos y a mi padre el cónsul: ¡Misión Cumplida! A los pocos meses que falleció el Cónsul, invité al tío Carlos a pasar un mes con nosotros en la entrañable ciudad de Trujillo. Fueron 30 días de paseos, y de interminables conversaciones. Casi todos los días cantábamos en italiano temas como “Marianina tra la la…”, “Andar en góndola”, “Alpes” y la clásica Andar en bicicleta es cosa del amor (no sé escribirlo en italiano). “Bicicletta è una cosa d’amore”. La última vez que estuve con el tío Carlos fue en fueron unos días de Enero de 1973, cuando llegué a Angamos 270. El tío Carlos me contó que una semana antes había pasado a visitarlo el tío Pedro, y le pidió que lo acompañe a la clínica para un chequeo. El tío Carlos aceptó pero le dijo que él iba en su bicicleta. El tío Pedro lo miró y aceptó resignado la compañía. Don Carlos Traverso, con sus más de 80 años, desafiaba el tránsito vehicular de la alameda Bernardo O`Higgins y llegó a la clínica antes que el automóvil que trasportaba al tío Pedro. Este lo abrazó y le dijo bajito al oído: “querido fratello como te envidio”. Siempre estará el tío Carlos presente en mi corazón. Grande, fuerte, encorvado, franco, transparente, puro, lleno de amor. Rodeado de su familia, acompañado en la eternidad por la tía Olga, y a su lado su fiel bicicleta francesa Peugeot, hecha a su medida y cuidada con esmero por los herederos.

UNA ROSA ROJA Espero muy pronto cumplir con un gran deseo: Llegar a Angamos 270 nuevamente, para dejar una rosa roja en casa del Gran tío Carlos, montar una en bicicleta y caminar andar por las calles y avenidas santiaguinas hasta la Estación Mapocho; comprar la albahaca, el queso palmesano, unos dientes de ajo, los fideos de tallarines y un buen tinto. y Preparar los

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ingredientes en un mortero, al estilo de la tĂ­a Olga, sancochar los fideos al dente, y servirlos en su punto para deleitarnos luego con una copa de vino. Como siempre sucede cuando llego a Santiago, despuĂŠs de viene nuevamente iniciar una larga y eterna conversa con el tĂ­o Carlos, el tĂ­o querido.

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LOS TRECE DE CAZA Y PESCA Con mucho cariño para: Pedro –Pelluco- Traverso Nogara “Mi iñior”

Ahí estaba el Cónsul, en mangas de camisa, sentado sobre la baranda de bronce del viejo balcón de fierro forjado del florentino Palacio Iturregui.

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sa tarde de 1959, el tránsito de peatones y vehículos era fluido por el amplio Jirón Francisco Pizarro, arteria principal de la ciudad de Trujillo. Lo acompañaba su tradicional ‘cachimba’, una boquilla que usaba para colocar el cigarro y fumar placenteramente. Algunos dicen que protege al fumador y evita el ingreso de la nicotina a los pulmones. Entre bocanada y bocanada de tabaco negro, cigarrillo ovalado marca Nacional Presidente, don Constante Traverso Lombardi meditaba sobre el cambio de denominación de la calle donde vivía. Su mirada se perdía por el amplio jirón y no encontraba explicación para ese cambio de nombre. Como pasa en muchos distritos del Perú, las calles, jirones, avenidas, plazas públicas y parques, cambian de nombre con frecuencia. El Cónsul recordaba que al principio de la República esa calle se llamó El Progreso y después le pusieron el nombre del conquistador español del Estado del Tahuantisuyu. No sabemos la razón de esa determinación tan vertical, pero en la ciudad de Lima en cambio, uno de los jirones que mantiene su antigua denominación es el otrora Jirón de la Unión, principal arteria del Centro Histórico. De pronto, algo lo sacó de sus meditaciones sobre el cambio de nombres de las calles. Volvió

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la mirada hacia los cerros grises ubicados al norte de la ciudad. El Cerro Campana concentró su atención. Cubierto en gran parte de arena, el Cerro Campana, visto de desde la ubicación del Cónsul, parecía un ‘centinela’ resguardando el ingreso a la noble Trujillo. Se había percatado de las salidas de cacería de un grupo de trujillanos los fines de semana. Se reunían todas las tardes en la puerta de la Casa Comercial E.W. Hardt, cuyos principales funcionarios eran los hermanos Mario y Rafael Flores Rossell. La casa comercial era importadora de armas, lo que permitía al grupo ‘estar al día’ en modelos y marcas de escopetas y rifles. La inusitada concurrencia frente a la casa Hardt llamó la atención del Cónsul. El punto de encuentro era una pre-concentración de un simpático grupo de amigos, que después de verificar la existencia de “quórum”, pasaban al Bar Restaurante El Trieste, ubicado casi en la esquina del Jirón Pizarro con Gamarra. Esa tarde, el Cónsul sentado sobre el balcón… seguía soñando… recordaba también a su querido Cauquenes, a Talca de sus amores, a sus hijos estudiando en Valparaíso… Así, entre nostalgias y añoranzas, el Cónsul tuvo la idea de proponerles a sus amigos la formación del Club que los reúna y organice, cuyo nombre podría ser: El Club Los Trece de Caza y Pesca. LA FUNDACION Esa misma tarde el Cónsul presentó la idea de formar un club a sus amigos, y entre una y otra taza de café en el Trieste, Los Trece de Caza y Pesca fue tomando forma. Trece amigos, unidos por afición a la cacería y pesca. Trece trujillanos, muchos de ellos descendientes de los fundadores de la ciudad. Trece ‘bohemios’ del café y la charla. Trece primos, como cariñosamente se llamaban entre sí. ¿Primos?… Sí, porque si revisamos el árbol genealógico de los trujillanos, todos de alguna manera somos parientes.

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Las tardes del grupo trascurrían entre cafés y amenas tertulias en el Trieste. Se intercambiaron mil y una ideas sobre el Club Los Trece de Caza y Pesca. Se propusieron locales, actividades, y hasta surgió la idea de hacer un museo de armas y trofeos de caza. El Cónsul estaba feliz. A su lado iba su hijo Pedro, llamado cariñosamente ‘Pelluco’, pero él lo trataba siempre con el diminutivo de ‘mi iñior’ ( jerga chilena que significa mi señor). ‘Pelluco’ había llegado a Trujillo para pasar unos días con su padre y ya se había integrado al grupo. Muchos lo recordaban pues entre 1939 y 1940, recién nombrado Cónsul, don Constante Traverso trajo a su familia de Chile. Eddy y Silvia estudiaron en el Colegio Liceo de Trujillo, y ‘Pelluco’ y Flavio en el San Juan. Al poco tiempo, la familia chilena del Cónsul retornó a Valparaíso. El Cónsul y ‘Pelluco’, bajaron las escaleras de madera color caoba granate, para ingresar luego a los amplios salones del Club Central, lugar donde se llevaría a cabo la fundación del Club Los Trece de Caza y Pesca. En la fundación oficial del Club, ‘Pelluco’ fue el único invitado. Ese día, los trece amigos vistieron terno y corbata, eligieron una directiva y constituyeron esa inolvidable institución.

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Y PASARON LOS AÑOS El Trieste desapareció. Los Trece ya no eran trece, se duplicaron, se multiplicaron. Diez años después, el centro de reunión era la esquina de la Bodega Italiana, conocida como la Bodega Marini y el café se tomaba en el Bar-Restaurante Demarco. La influencia italiana había llegado a Trujillo. Las mesitas colocadas en la vereda al igual que las jardineras delimitando el espacio, nos trasladaban mentalmente en un largo viaje por Europa. Venían a mis recuerdos las máquinas de Café Express, las cremas y los riquísimos helados. El auto Sandevert, modelo clásico de la Ford, se lucía en las vitrinas de la firma Carlos A. Manucci, y después muy pegadito llegó el Mustang, hermoso coche deportivo de 6 cilindros y 8 en V. Trujillo es la capital de la primavera. El Club de Leones había organizado una importante actividad Internacional que incluía el Festival de la Canción, corso, fiestas, y una hermosa coronación de la reina. El Club Libertad daba inicio a los primeros Concursos Nacionales de Marinera. Por esa época, la marinera norteña, danza costeña nacida de la zamacueca, comenzaba muy a pesar de Chabuca Granda a tonderizarse. El mambo de Pérez Prado pasaba de moda, el reinado de Elvis Presly se reducía, y Los Beatles esparcían su música por la otrora apacible ciudad de Trujillo. Marzo del 2007

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COMEN BIEN, PERO NO DEJAN COMER A LA MAYORÍA DE PERUANOS Desde hace quinientos años en el Perú, la potencia económica y militar extranjera de turno siempre tiene un HORTELANO para que le cuide la huerta, y este a su vez tiene ‘un grupo de perros’ que lo ayudan a resguardar los intereses foráneos. Estos ‘perros’ comen bien, están bien alimentados, disfrutan de exageradas comodidades y confort, pero no permiten que estos beneficios se extiendan mínimamente a todos los peruanos. El hortelano y sus perros no permiten que la mayoría de peruanos aprovechen la sobreganancia de las empresas mineras que extraen oro (la onza de oro se cotiza en el mercado internacional a $900.00 dólares americanos, y el costo de extracción no llega los $80.00), para superar la pobreza crónica de muchos ciudadanos, teniendo en cuenta además que se trata de un recurso natural finito. El gas de Camisea debería estar a disposición de todos los peruanos para reducir los costos de transporte, lo que significaría un importante ahorro para las mayorías. El ‘hortelano’ y sus ‘perros’ defienden una política exportadora que le otorga mayores utilidades a la actual empresa concesionaria. El ‘hortelano’ y sus ‘perros’ aúllan cuando la mayoría de ciudadanos pedimos que se reduzcan las tarifas de los servicios públicos, de electricidad y telefonía. Mientras el ‘hortelano’ y sus ‘perros’ protegen al gran consorcio, y al poder económico extranjero y nacional, el 70% de peruanos vive en la pobreza (30% en pobreza extrema), el 35% de peruanos no conoce el agua potable y sigue defecando sobre dos tablas que atraviesan un canal de regadío, miles de pueblos carecen de energía eléctrica, teléfonos, y por ende aún no tienen Internet. 106


LA EXCEPCIÓN QUE CONFIRMA LA REGLA Un antiguo dicho popular dice: “Los perros del hortelano no comen ni dejan comer”. En el Perú se produce la excepción que confirma la regla: “Los perros y el hortelano comen bien, pero no dejan comer a la mayoría de peruanos”. CICLOS ECONÓMICOS Hemos identificado en la historia de la economía peruana cuatro importantes ciclos donde el Estado incrementó notablemente sus ingresos, y los empresarios extranjeros y nacionales adicionaron muchos ceros a sus fortunas; mientras la mayoría del pueblo siguió siendo pobre, debido al ‘hortela no’ y sus ‘perros’, que jamás permitieron una justa redistribución de la riqueza extraída del territorio nacional, menos implantar un sistema educativo eficiente. No se preocuparon jamás por modernizar las tecnologías productivas, tampoco en construir una red vial o ferrocarrilera. No actualizaron la infraestructura portuaria, y nunca pensaron en dotar de agua potable y servicios básicos a los pueblos.

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Es la elite hortelana y sus ‘perros’ la que administra el gobierno de esta República costeña, la que no permite el desarrollo y la modernidad. Para respaldar esta afirmación revisemos juntos una breve parte de la evolución económica en el Perú. I CICLO: SIGLO XVI El Hortelano Conquistador El primer ‘hortelano’ fue el conquistador Francisco Pizarro, que llegó al Perú con sus ‘perros’ de la Isla del Gallo. Saqueó el Estado Quechua del Tawantisuyo y con las riquezas que exportaron, permitieron a España salir del sistema feudal tardío, a Inglaterra construir una economía capitalista y al Vaticano convertirse en un poder religioso y financiero. II CICLO: SIGLO XIX El hortelano Liberal La elite hortelana criolla costeña simpatizó con las ideas liberales, pero fue renuente a la formación de la República. Se identificaron con un liberalismo monárquico.

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El hortelano Positivista El positivismo fue la corriente que buscaba la modernización de la sociedad. Su lema fue: Orden y Progreso. El Hortelano Guanero La revolución agrícola de Europa en el siglo XIX, redescubrió las propiedades fertilizantes de este abono rico en nitratos, y su aplicación en los campos gastados del viejo continente resultó ser una gran bonanza para el ‘hortelano’ criollo y sus ‘perros’. Para el estudioso norteamericano Gootenberg: «Fue una historia de ‘mendigo a millonario’, un estilo de vida a la moda para las elites costeñas urbanas. Presupuestos inflados, millones de importaciones caprichosas, una paz política comprada y el acceso ilimitado al crédito londinense”. Nació el hortelano Plutócrata. En 1870 las reservas finitas de guano se agotaron, y vino el colapso económico y financiero. La elite criolla costeña ‘aristocrática’ denominó a los nuevos ricos como: Los nacidos del guano, por no decir los nacidos de la caca. III CICLO: SIGLO XIX Y XX El Hortelano Azucarero El principal cultivo de exportación en la costa peruana era el azúcar, que se había extendido considerablemente en la década de 1860. La Guerra del Pacífico de 1880 la afectó, y algunos hacendados quebraron. Sus propiedades fueron compradas o tomadas por sus acreedores. Un claro ejemplo fue lo sucedido con la familia italiana Larco, la alemana Gildemeister o el ‘hortelano’

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Manuel Pardo, que fue uno de los pocos empresarios nacionales que sus ganancias, pro ducto del ‘boom guanero’, las orientó a inversiones productivas en las expansivas haciendas azucareras y algodoneras. Después de la Primera Guerra Mundial, la demanda de azúcar en el mercado disminuyó. Una de las razones fue la utilización de la ‘remolacha’ o betarraga, rica en sacarosa, cultivo que se adaptaba a climas templados y fríos. El Hortelano Algodonero El algodón fue otro importante cultivo de exportación de la costa peruana. El periodo de mayor crecimiento fue entre 1905 y 1920, cuando llegó a tener un crecimiento de 10% anual. El cultivo del algodón se centró en Cañete e Ica. Este cultivo recibió un considerable estímulo entre 1908 y 1912, cuando 110


don Fermín Tangüis produjo una planta resistente a las enfermedawwwdes. Estaba bien adaptada a las condiciones ecológicas de la costa central y sur. El hortelano Cauchero El ‘boom’ del caucho comenzó en la segunda mitad del siglo XIX ante la demanda de Europa industrializada. En 1880, la explotación fue sistemática en la amazonia peruana. La ‘industria’ del caucho fue exageradamente primitiva. Basada en la recolección de árboles de goma dispersos en la toda la región, efectuada por millares de aborígenes pertenecientes a las etnias de la selva amazónica, en condiciones infrahumanas, con un trato de esclavos. En la Primera Guerra Mundial los precios comenzaron a caer a medida que las plantaciones del lejano este acaparaban el grueso de la producción, y la oferta mundial superaba la demanda. El Hortelano Petrolero Los descubrimientos petroleros datan de 1860. Negritos fue el más importante yacimiento ubicado en la provincia de Talara. La industria petrolera adquirió rápidamente las características de un enclave extranjero. La Standard Oil de Nueva Jersey, compró Negritos a una empresa británica antes de la Primera Guerra Mundial, entregándole la explotación y administración a la Internacional Petroleum Company (IPC), una subsidiaria canadiense de la Jersey Standard. Las utilidades de la IPC en los años siguientes fueron extremadamente altas y el valor de retorno fue concomitantemente bajo. Thorp y Bertram estiman que entre 1916 a 1934, la contribución de la IPC en divisas extranjeras a la economía peruana fue inexistente. El Hortelano Oligarca La oligarquía nace como una clase social, como una elite 111


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que constituía una ‘red’ de personas acaudaladas, enriquecidas con el negocio del guano, el azúcar, el algodón, y por permitir la extracción de minerales e hidrocarburos como el petróleo y derivados a empresas transnacionales. La oligarquía peruana fue incapaz de formular un proyecto nacional para el desarrollo. Optó por fomentar las exportaciones en vez de impulsar la industrialización generadora de puestos de trabajo e ingresos. IV CICLO: SIGLO XX y XXI El hortelano Neoliberal y la Globalización asimétrica Se caracteriza en el plano político, por la difusión del modelo democrático; culturalmente por promover la post-modernidad y propiciar la revolución de las telecomunicaciones y, en el ámbito económico, es universalizar los mercados para y dar paso al auge del capitalismo postindustrial. O sea, lo que podríamos llamar la estandarización social y económica.

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Este modelo se consolida a fines de la década de 1980 con el término de la Guerra Fría, por el rápido salto de las telecomunicaciones y la implementación de las reformas económicas consensuadas. Tales medidas fueron ideadas por el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM), la Reserva Federal y el Congreso de los Estados Unidos para ser aplicadas especial mente en América Latina. Este programa fue bautizado como el Consenso de Washington (1989) planteó: Disciplina Fiscal, Reordenamiento del Gasto Público, Reforma Tributaria, Libre Comercio, Privatización, Liberación de la Inversión, entre otras acciones que luego fueron conocidas con el término de NEOLIBERALISMO. El Hortelano Dictador Después de las propuestas “nacionales, populares y democráticas” formuladas por el Partido Aprista (1985), que permitieron al ‘hortelano’ Alan García ser por primera vez Presidente de la República y generar la más grave hiperinflación en la historia mundial, en 1990 ganó las elecciones un desconocido personaje de origen japonés: Alberto Fujimori quien ofreció un cambio con honradez, tecnología y trabajo. Hernando de Soto, miembro del entorno del ‘hortelano’ Alberto Fujimori, enfatizó este concepto refiriéndose a la situación peruana: “Esta sociedad esta colapsando… No se respeta el Estado, el Congreso, las leyes, el sistema judicial… y ni siquiera los semáforos. Nada funciona aquí”. (citado en Current History 1992; Pág.77). CAMBIO EN EL EQUIPO CANINO La noche del 5 de Abril de 1992, el ‘hortelano’ dictador anunció un autogolpe, cerró el Congreso de la República y declaró en reorganización el Poder Judicial. En 1994 el programa privatizador obtuvo un gran ‘éxito’ con la venta de la empresa estatal de telefonía y telecomuni

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caciones a un consorcio internacional liderado por Telefónica de España. El precio de venta fue de unos asombrosos $2,000 millones. Cifra que significó en su momento el 57% del valor anual de las exportaciones y el 5.2% del PBI. La reforma tributaria impuesta por el dictador ‘hortelano’ permitió incrementar la recaudación tributaria de un 6.5% del PBI hasta casi llegar al adecuado 10%. Abrió la economía peruana al mercado libre, al comercio, y las inversiones internacionales. Los aranceles se redujeron de 66% al 15.7%. 173 de un total 183 empresas estatales fueron privatizadas, y el número de empleados públicos fue recortado de 470,000 a 210,000. Los ingresos por la venta de los activos del Estado peruano superaron los 5,000 millones de dólares. La corrupción fue la característica principal del régimen fujimontesinista que robó al tesoro nacional miles de millones de dólares, hecho único en la historia universal. Este modelo económico y social ha continuado en los gobiernos de los ‘hortelanos’ Valentín Paniagua, Alejandro Toledo y actualmente con Alan García. Al equipo del ‘hortelano’ y sus ‘perros’ se suma un importante sector de medios de comunicación que contribuyen -en forma eficiente- a la vigencia del sistema dominante administrado por una minoría costeña privilegiada. LA PROTESTA Si en quinientos años el ‘hortelano’ y sus ‘perros’ han vivido sumamente bien, y han permitido que extraños se enriquezcan o incrementen abultadamente sus fortunas. Es justo que hoy, las mayorías no crean en el eterno ofrecimiento o en la promesa electoral incumplida. Por lo tanto, se hace necesario el reclamo público. Pueblos enteros salen a las calles a protestar por la injusticia en la redistribución de las riquezas nacionales. Comunidades milenarias levantan la voz y alzan el puño porque empresas extranjeras contaminan sus campos y aguas. Importantes regiones del país solicitan mayor autonomía 114


en el manejo de sus recursos naturales y patrimonio cultural. La ‘exclusión’ social es la característica principal de la sociedad peruana conjuntamente con los estados de pobreza y pobreza extrema. Ante esta situación, nacen los nuevos líderes que constituyen la vanguardia política de la sociedad peruana. Jóvenes, hombres y mujeres peruanos con propuestas claras, precisas, modernas, y que bajo ningún punto de vista pueden ser tratados como “perros que no comen ni dejan comer”. Hemos demostrado históricamente, fehacientemente, que la gran mayoría de peruanos no somos responsables de este criminal atraso económico, social y tecnológico. El verdadero culpable es EL HORTELANO Y SUS PERROS QUE COMEN BIEN, PERO NO DEJAN COMER A LA MAYORIA DE PERUANOS. Chorrillos, Marzo del 2008

5 de abril: así informaron los medios extranjeros sobre el autogolpe de Estado

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EL LIDER ¡Ni con Washington ni Moscú, sólo el aprismo salvará al Perú! coreaban en la Plaza Bolívar, frente al edificio del Congreso de la República, un grupo de veteranos militantes apristas. Mientras las mujeres gritaban: ¡Víctor Raúl, Víctor Raúl…!

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ientos de jóvenes portaban banderas rojas estampadas con un círculo en cuyo centro se perfilaba el continente americano. Pañuelos blancos se agitaban a lo alto en señal de saludo. En pocos minutos ingresaría al recinto parlamentario el líder. Corría el mes de Julio de 1978. Víctor Raúl fue elegido Presidente de la Asamblea Constituyente. Por la avenida Abancay se desplazaban grupos de la ‘fanfarria aprista’. La banda oficial del partido de su natal Trujillo, entonaba la ‘marsellesa aprista’. Se vivía una fiesta cívico-política. Los periodistas apostados en las gradas del hall de Los Pasos Perdidos del Congreso, nos miramos asombrados de esta fiesta, que desde 1968 no se había visto. Para muchos analistas políticos de la época, el gobierno militar presidido por el general Juan Velasco Alvarado, había dado un golpe mortal a la organización aprista, pero lo que hoy contemplábamos, contradecía estas apresuradas profecías. Me aparté del grupo, y caminando sin tener claro mi destino, me sorprendí al verme dentro de la Sala de Sesiones del Senado de la República que estaba en restauración, tras haber sido clausurado el 3 de Octubre de 1968 por el gobierno militar. Mirando el entorno de esta clásica construcción, vino a mis recuerdos las viejas tertulias con el abuelo Jorge Flores Alcántara, que sin ser militante aprista, siguió paso a paso, la vida del líder. Como en Trujillo todos somos primos, mi abuelo materno “decía que era primo tercero de Víctor Raúl Haya de la Torre”.

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De repente, sentado en una curul de senador, vi a mi abuelo materno. Era una aparición del gobernador de Moche, el agricultor de Ascope, el constructor en Trujillo, que tuvo a su cargo las obras de asfalto de mi ciudad natal. El fabricante de escobas de la Portada de la Sierra estaba ahí. Vestía terno, chaleco y corbata de lazo. Yo lo observaba sorprendido. Don Jorge Flores Alcántara se puso de pie al verme, y me acerqué a saludarlo. Sin proponérselo, el abuelo empezó a narrarme la vida del líder, principalmente la etapa trujillana, y a describirme con lujo de detalles sus raíces y abolengos. Era la época de los montoneros que apoyaban a Nicolás de Piérola, y peleaban contra el héroe de La Breña, de la heroica resistencia andina contra el invasor chileno, don Andrés Avelino Cáceres. En una solariega casa del jirón Orbegoso en la ciudad de Trujillo, un 22 de Febrero de 1895, nació Víctor Raúl Haya de la Torre, líder y fundador del APRA.

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Doña Zoila Victoria de la Torre Urraca de Cárdenas Carrillo, era la madre del primogénito de la familia. Diez meses antes había contraído matrimonio con Don Raúl Edmundo de la Haya y de Cárdenas. Ambos eran primos terceros. En la casa de Víctor Raúl, todo el día se discutía de política entre los Cárdenas, los Hayas, los De la Torre y los Gonzáles Orbegoso. Estos debates tenían un lógico origen. Los principales líderes de la familia, el general Justiniano Borgoño, (segundo Vicepresidente de la República que facilitó el ascenso del general Cáceres), y el Dr. Pedro Alejandrino del Solar (civilista, primer Vicepresidente despojado), que apoyó a su partido para destronar a Cáceres. La guerra civil fue cruenta. Se calcula que cobró 20 mil víctimas, de una población de 3 millones de peruanos. El irreverente Piérola, caudillo de la revolución, ingresó a la ciudad de Lima el 17 de Marzo de 1895. Víctor Raúl Haya de la Torre tenía 22 días de nacido. Tres días después se firmaba la Paz. Cáceres abandonaba el Palacio de Pizarro, y en el pueblo de Bellavista su ejército entregaba

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las armas. Inmediatamente se constituía una Junta de Gobierno que convocó a elecciones donde fue elegido Presidente Constitucional de la República, Nicolás de Piérola. El abuelo materno de Víctor Raúl, José Martín de Cárdenas, era un convencido civilista. Tres tíos eran borgoñistas, y Del Solar era civilista. Raúl Edmundo y Samuel Haya eran caceristas, y el tío Eduardo Gonzáles Orbegozo era un fanático pierolista. De esta correlación partidaria podemos deducir la ‘feroz’ discusión política que se producía en cada velada familiar. En este ambiente politizado creció Víctor Raúl Haya de la Torre. Víctor Raúl tuvo como padrinos a su tío Carlos Washburn y Salas de la Torre, que fue ministro de gobierno del presidente José Pardo entre 1904 y 1908, y como madrina a su tía, Ana Lucia de la Torre y de Cárdenas. Su padre, Raúl Edmundo, fue periodista y escritor. Fundó en noviembre de 1895 el diario La Industria, el más importante diario trujillano y decano de la prensa norteña. Víctor Raúl tuvo siempre a su lado a una mujer negra que lo crió y acompañó hasta el final de sus días. Julia Gonzáles, su ‘nana’, era nieta de un esclavo de propiedad de los de la Torre Gonzáles, a la que él cariñosamente llamaba ‘mamá’ Julia. Falleció en 1950, después de haber vivido todas las peripecias revolucionarias de Víctor Raúl Haya de la Torre. Otra influencia en la joven vida de Haya de la Torre fue su tía Ana Lucia a quien llama ‘mamá- tía’. De figura perfecta, y carácter divino, Ana Lucía hablaba con la dulzura de una paloma y tenía los ojos de una gacela. Esta linda trujillana se casó con Marcial Acharán Smith, un acaudalado industrial chileno, que radicaba en Trujillo desde antes de la guerra de 1879. La pareja decidió viajar a Europa de ‘luna de miel’, pero antes visitaron Santiago de Chile. Ahí Ana Lucía conoce a la familia de su esposo: Los Lezaeta Acharan y los Quesada Acharan. Uno de ellos, Armando, fue embajador de Chile en Francia y Rector de la Universidad en 1930. De cada ciudad que visitaba ‘mama tía’ siempre escribía a su sobrino predilecto. 119


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La navidad de 1907 la pasaron en la casona heredada por su tío Agustín de la Torre y Urraca, que estaba en la calle San Lorenzo (hoy Ayacucho), lugar donde vivieron los Haya de la Torre por más de medio siglo, y cuya propiedad la conservaron hasta después de la muerte de los padres. En 1910 murió Ana Lucía de la Torre de Cárdenas de Acharán, y en Diciembre de 1917 su esposo Marcial, de quien Víctor Raúl aprendió a no odiar a todos los chilenos, pues Acharán le repetía incansablemente: “Los hay buenos, como cualquier peruano”. El joven Haya heredó parte de la fortuna de los Acharán de la Torre, que lo va a utilizar en su primer viaje a Lima en 1917. El tío Marcial dejó un hermoso testamento obsequiando a la juventud de Trujillo la Escuela de Artes y Oficios, un hospital y diversas fundaciones. Todo estaba organizado de tal forma que las haciendas andinas financiaban los presupuestos de estas instituciones. Víctor Raúl recibió también como legado algunas fincas urbanas, propiedades que sin duda alguna ayudaron a costear sus viajes por Europa para nutrirse de las nuevas ideologías y tendencias políticas de la época. En 1928, en la ciudad de México, Víctor Raúl Haya de la Torre funda la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA). Por descendencia, Víctor Raúl siempre estuvo emparentado con las más importantes familias trujillanas. A su madre, Zoila de la Torre y Urraca y Sáenz de Zárate la unían lazos familiares, por línea materna, con los Orbegozo y con los Madalengoitia, y por el lado paterno tuvo entre sus antepasados al místico y célebre padre Urraca, Fray Pedro de la Santísima Trinidad Urraca García. Luis José de Orbegozo, descendiente del Gran Mariscal y ex Presidente del Perú, era primo de doña Zoila Victoria de Cárdenas, la madre de Víctor Raúl. Adela Orbegozo de Gonzáles Orbegozo, tía de Víctor Raúl, tuvo gran debilidad por el sobrino, similar al de la ‘mamá- tía’ Ana Lucía. Así en este ambiente muy particular y tan trujillano creció Víctor Raúl Haya de la Torre. El joven Haya siempre recordó a su tío Eduardo Gonzáles 120


Orbegozo quien se educó en Londres, conservando como característica personal el humor inglés. Era un estudioso de la economía política, y fue quien inició a Víctor Raúl en las ideas liberales manchesterianas. Un año antes de viajar a Lima, el 22 de Febrero de 1916, Víctor Raúl cumplió 21 años celebrándose una fiesta de ‘mantel largo’ en la casona de la calle Ayacucho. Después, Haya será un fugaz visitante de Trujillo. La casa familiar fue una de las primeras en tener luz eléctrica. Por aquel tiempo, con cada bombilla regalaban una pantalla de porcelana a los clientes. Por mucho tiempo, las pantallas estuvieron guardadas en la biblioteca de su casa. Víctor Raúl tenía sólo 14 años y mantenía amistad con anarquistas trujillanos, cuyo local sindical estaba a pocos metros de la casa de los Haya. Un buen día, con su hermano ‘Cucho’, se apoderaron de cuatro pantallas de porcelana y las regalaron a los obreros anarco-sindicalistas para que la coloquen en su biblioteca. Fue en esa biblioteca que Haya se enteró de la existencia de Manuel Gonzáles Prada, pensador, filósofo, escritor y político. Haya ingresó en 1913 a la Facultad de Letras de la Universidad de Trujillo. Ahí conoció a César Vallejo, y ambos serían con el tiempo los peruanos más conocidos, y sufrirían también las injusticias de sus compatriotas. Víctor Raúl Haya de la Torre nació para ser líder. Gozaba de un eficiente instinto político. Ya en Lima, alejado del mundillo familiar trujillano, conoció al gran amor de su vida: Ana Billinghurst, hija del Presidente de la República Guillermo Billinghurst, derrocado en los años 20 del siglo XX por el coronel Oscar R. Benavides. Con el tiempo, Haya reconoció su valioso aporte y llegaría a decir: “Sin ella, el partido no existiría”. En 1936, Ana Billinghurst adoptó el seudónimo de Ana Pantoja, y sería la protectora del APRA, conspiradora, enla121


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ce, agente y espía. Ante las innumerables veces que la policía persiguió a Haya, Ana casi siempre logró esconderlo gastando una fortuna, varios millones, en mantener vivo al partido de la estrella. En los años 40, el APRA salió a la legalidad y ese mismo año celebró con una ‘gran fiesta’ el cumpleaños del líder. Pero volvamos a los primeros hechos políticos del líder. Haya creció como líder en la lucha por las ocho horas de trabajo. El 23 de Diciembre de 1918 se inició una huelga de los trabajadores de la fábrica El Inca, liderada por los anarcosindicalistas que desde 1905, impulsaban esta heroica lucha por las 8 horas de jornada laboral. Pero, a diferencia de otros años, en esta oportunidad muchos sindicatos se sumaron a la paralización. Al final, toda la ‘clase obrera’ acató la medida de fuerza, paralizando la ciudad de Lima y dejándola sin fluido eléctrico. Víctor Raúl, en su calidad de presidente de la Federación de Estudiantes del Perú (FEP), apoyó a los huelguistas, permitiéndoles a los obreros reunirse en el Salón de Actos de la Federación de Estudiantes, ubicado entonces en el ala derecha del Palacio de la Exposición. El 12 de Enero de 1919, la capital de la República quedó privada de todo tipo de servicios. La FEP nombró una comisión presidida por el líder Víctor Raúl Haya de la Torre, que se integró al Comité de huelga de los obreros, convirtiéndose en el primer negociador ante el gobierno de José Pardo. A pesar de una serie de vicisitudes, el día 15 de Enero de 1919, Haya convenció a los trabajadores que había que ceder en los temas salariales para obtener la jornada de trabajo de 8 horas. La situación era insostenible, el paro era total. Los estudiantes apoyaban firmemente a los trabajadores. Tras una tensa sesión del Consejo de Ministros, Manuel Vinelli, ministro de Fomento, envió a Víctor Raúl el decreto firmado reconociendo la jornada laboral las ocho horas. La victoria era de los trabajadores. El entusiasmo, delirante. Los obreros y estudiantes se confundían en abrazos. La no122


ticia corrió como reguero de pólvora. Los ambientes de la Casona de San Marcos, no tenían capacidad para albergar tremenda multitud. Entonces, los obreros y estudiantes salieron a las calles a celebrar el triunfo. Por primera vez, los universitarios lucharon al lado de los obreros contra el viejo y caduco sistema. La intervención de Víctor Raúl había sido decisiva. Los trabajadores lo reconocían como el nuevo líder. Mientras en los claustros de San Marcos se languidecía con teorías muy cercanas a la filosofía escolástica del siglo XVI, en Europa se debatía sobre Hegel (enciclopédico y sistemático), las utopías de las falanges de Fourier, el pensamiento de Comte, el anarquismo de Proudhon (crítico de filósofos, enemigo de la especulación, polémico y fascinante), hasta la aparición de Marx, el transformismo de Darwin y Lamarck, Spencer (el evolucionista), y el nuevo mundo de Nietzsche. Fue el siglo de la filosofía. La dialéctica se convirtió en el norte del pensa123


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miento moderno. Era el armazón de la historia del hombre. Albert Einstein, se convertía en un ícono popular y recibía un espaldarazo, cuando un eclipse de sol confirmó en 1919, la revolucionaria Teoría del Espacio Curvo. La Reforma Universitaria aplicada en Argentina llevaría a la hoguera el petrificado conservador y aristocrático pensamiento. La universidad, después de este encuentro histórico con los obreros debía ser reformada. La ‘chispa’ encendió la hoguera. El 4 de Julio de 1919 estalló la huelga de los estudiantes de Letras en San Marcos, para cogobernar estableciendo: La autonomía universitaria, y la autoridad para tachar a los malos catedráticos. La paralización había empezado días antes del golpe de Estado de Leguía. Presidía la Federación de Estudiantes del Perú, Hernando de Lavalle. La huelga era total en San Marcos. La lucha de los estudiantes tenía más de 2 meses cuando recibieron la ‘amenaza’ de renuncia de todos los catedráticos sanmarquinos. La ‘presión’ fue muy fuerte para Lavalle, el dirigente sanmarquino que abandonó la presidencia de la FEP, dejándola acéfala. La protesta tuvo momentos álgidos. Desde el rectorado se manipulaban acciones para detener la misma. José Manuel Calle intentó detener la huelga a través de una Asamblea previamente pactada, pero la figura de Haya de la Torre, en ese momento histórico, tomó su propia dimensión: Denunció la maniobra y la propuesta de Reforma, y la huelga de estudiantes continuó. El 6 de Octubre, el líder fue elegido presidente de la FEP. Como presidente de la Federación de Estudiantes del Perú y unido a los sindicatos, Víctor Raúl Haya de la Torre fundó la Universidad Popular Gonzáles Prada, que empezó a funcionar en Lima y Vitarte. El éxito lo acompañó con las universidades populares. Leguía miraba desconfiado su crecimiento como líder indiscutible de los estudiantes y los obreros. A principios de 1923 Leguía tenía planes para utilizar la Entronización del Sagrado Corazón de Jesús en el país. Dentro de este proyecto 124


estaba también modificar la Constitución para perpetuarse en el poder mediante la reelección. La revista Variedades publicaba en cada uno de sus números, artículos que se oponían a los planes de Leguía. El 23 de Mayo de ese año, el líder convocó a una multitudinaria Asamblea Universitaria, donde participaron también cientos de obreros. El régimen de Leguía mando infiltrar ‘soplones’ en la Asamblea, con la intención de disparar contra el estrado y matar a Haya de la Torre. Pero Haya salió bien librado escondiéndose en la casa de Salomón Ponce, un trabajador de la empresa de tranvías. Días antes, en el Callao, también habían intentado asesinarlo. Al terminar la Asamblea, la masa de estudiantes universitarios y obreros salieron rumbo al Parque Universitario. Era una gran multitud. Constituían la primera gran manifestación de protesta contra el régimen de la Patria Nueva. Era el rechazo del pueblo al uso equivocado que hacían los prelados y la dictadura para quedarse en el poder. La muchedumbre marchaba hacia la Plaza San Martin, seguidos de una fila de uniformados al servicio de Leguía, que empezó a disparar contra la multitud para dispersarlos. Este hecho enfureció al pueblo que con las manos ‘arrancaban’ los adoquines del piso para contrarrestar los golpes de sables de la gendarmería. Pero en medio de la pelea estaba el líder. Víctor Raúl Haya de la Torre lucia lívido. Tenía la camisa rota y el pantalón raído, pero blandía en la mano derecha un bastón y arengaba al pueblo para que no retroceda. Manuel ‘Cachorro’ Seoane había logrado conseguir un viejo revolver, y Luis Heysen, a sus 17 años, se defendía a puñete y pedrada limpia. La caballería del régimen dejaba un reguero de cortes bárbaros. Haya tuvo que refugiarse en el Callejón de los Blancos. La venganza de Leguía contra los apristas había dado sus frutos. En brazos de ‘Cucho’ Haya agonizaba Salomón Pon125


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ce en un barrio pobre de Chorrillos, donde la noche anterior Víctor Raúl se había refugiado… Horas más tarde fallecía el leal Salomón Ponce. Tenía el rostro totalmente desfigurado por las balas. El líder, enterado de lo ocurrido, permaneció a su lado hasta que expiró. Con un coraje inaudito Haya avanzaba junto a la multitud por el Jirón de la Unión hacia la Plaza de Arnas gritándoles: ¡Asesinos! ¡Cobardes! El desafiante líder motivó que nuevamente de las casas, de los edificios, la gente tome nuevamente las calles para acompañarlo en la movilización. Leguía, desde Palacio, al ser informado de estos hechos se dio cuenta que la marcha ciudadana era imparable y ordenó de inmediato que pare la represión. El 24 de Mayo Haya estaba en la Plaza San Martín pidiendo a gritos que les devuelvan los cadáveres de Salomón Ponce y el estudiante universitario Alarcón. Existía la orden del presidente que después de las autopsias debían ser enterrados sin 126


ninguna ceremonia fúnebre los dos jóvenes caídos en la lucha. Veinte mil personas fueron por los cadáveres para sacarlos por la puerta posterior de la Morgue de Lima. Ponce iba en un ataúd descubierto por que la tapa del féretro del obrero servía para llevar el cuerpo del joven estudiante universitario. La movilización era imparable. Ni los gendarmes ni los sables de la caballería pudieron detenerlos a pesar de todos los intentos. Los efectivos de la Escuela Militar de Chorrillos los vieron pasar y desacataron la orden de disparar a la multitud. Después de un cruento y duro enfrentamiento, la masa ingresó a la sede de la Universidad de San Marcos con 2 nuevos héroes del pueblo. Haya de la Torre, el líder, demostró esa mañana su talla de conductor de hombres y decretó como presidente de la FEP, con voz ronca y firme, que la universidad quedaba ocupada por la juventud y el pueblo. La mañana del 25 de Mayo, gracias a la intervención del rector Manuel Vicente Villarán, un grupo de estudiantes y obreros se entrevistó con el ministro de gobierno y acordaron una tregua. Salieron por las calles de Lima dos ataúdes cubiertos de flores. Ahí estaba Haya de la Torre muy sereno. El rector y los decanos de San Marcos iban detrás de los féretros. Todos iban vestidos de chaqué y de tarro. La multitud avanzaba hasta el Cementerio Presbítero Maestro. Haya demostró ese día ser un orador innato, y señalando hacia Palacio de Gobierno exclamó con un grito que le salía de las entrañas: ¡El quinto, no matar! ¡El quinto, no matar! y repitió enfurecido: ¡El quinto, no matar!… ¡El quinto, no matar! En pleno discurso, corrió el rumor de una orden para detener a Haya y mandarlo al exilio. Estaba previsto que se refugie en el mausoleo del presidente Billinghurst, pero su amiga Ana no pudo llegar a tiempo con las llaves pues ese día no había tranvías de Chorrillos a Lima. Entonces, los obreros lo escoltaron y saltando los muros del cementerio, Haya huyó por el 127


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Río Rímac para esconderse en la casa de Oscar Herrera, un compañero en la organización de las universidades populares. Al terminar la tarde, el Arzobispo Lisson, que había sido maestro de Haya de la Torre en el Seminario de San Carlos y San Marcelo, anunciaba la suspensión de la ceremonia de Entronización del Sagrado Corazón de Jesús. Leguía sufría su primera gran derrota política. Haya fue detenido. Encarcelado primero en el Real Felipe, y luego enviado a la Isla San Lorenzo. El 2 de Octubre la FEP lo volvió elegir presidente por unanimidad y decidió elegir como vicepresidente a Manuel Seoane. Los obreros decretaron una huelga que paralizó Lima, Callao y Trujillo. El Ferrocarril Central y Lima quedó nuevamente sin energía eléctrica. Otra vez los trabajadores salían a las calles en Vitarte y Lima. El líder se declaraba en huelga de hambre en la prisión, y una semana después fue deportado a Panamá. Así empezaba su largo destierro. En México, Haya se identificó con la Revolución Nacionalista, conoció a Gabriela Mistral, la poetisa chilena y Premio Nobel, y sostuvo encuentros con José Vasconcelos, pensador y escritor mexicano, y con el famoso pintor y muralista Diego Rivera. El 17 de Mayo de 1924, rodeado de líderes iberoamericanos, Haya funda en México la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA). Después vendrá su viaje a Unión Soviética, sus reuniones con la III Internacional, y su entrevista con Trotsky. Víctor Raúl recorrió también Suiza, Inglaterra, y Oxford, donde brilló en un debate con los estudiantes de la Universidad de Washington. Haya vuelve a Europa y sostiene un encuentro con Vallejo en París. Posteriormente, hará lo propio con Unamuno en el Café de La Rotonda. Funda células apristas en Francia y Bruselas. Participa en el Congreso Anti- imperialista, viaja a Nueva York, y retorna a México. Visita El Salvador, pero es 128


vejado en el Canal de Panamá por el FBI que lo considera un peligroso agitador comunista. Haya recala en Berlín. Ahí recibe la noticia del derrocamiento de Leguía a cargo de un oscuro Comandante del Ejército, Manuel Sánchez Cerro. Las palmas resonaban muy cerca. Haya es recibido con honores por un destacamento del Ejército al ingresar al Congreso de la República. En el Hall de Los Pasos Perdidos, constituyentes apristas y ciudadanos que han logrado ‘filtrarse’ en el recinto reciben al histórico líder con aplausos y consignas. Estos acontecimientos me sacan de la imaginaria conversación que sostenía en la Sala de Sesiones con mi abuelo materno. Víctor Raúl fue electo Presidente de la Asamblea Constituyente en las Juntas Preparatorias del mes de Julio de 1978. El líder del Partido Popular Cristiano, Luis Bedoya Reyes y sus representantes permitieron que Haya de la Torre asuma el cargo en un delicado momento de la Historia Republicana. El 28 de Julio de 1978, al instalar la Asamblea Constituyente, Haya de la Torre dijo: “Ciudadanos representantes, cuando el 18 de junio más de 4 millones de peruanos concurrieron con ejemplar disciplina democrática a las urnas de sufragio, el pueblo recuperó el ejercicio de una soberanía que le fuera negada a lo largo de diez años. Esta Asamblea reclama el Poder Constituyente, y el Poder Constituyente es la expresión suprema del poder del pueblo y el primer poder del Estado. Este poder no admite condicionamientos, limitaciones ni parámetros. Como tal, ningún dictado extraño a su seno puede recortar sus potestades… No reconoce poderes por encima de ella misma, porque es fruto indiscutido y legitimo de la soberanía popular. La hora de las asambleas sumisas y de los parlamentos vasallos ha pasado. Los votos del pueblo, en un proceso, nos dan título indiscutible para hablar en su nombre y en su defensa… La tarea es clara. Elaborar una Constitución que asegure poderes hoy para mañana, y para siempre, el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. 129


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Con todo este material regresó a Trujillo para difundir en el noticiero radial El Mundo de la Noticia, de Radio Nacionalfilial Trujillo, estos importantes acontecimientos. En la tranquilidad de mi hogar meditaba sobre la figura de Haya de la Torre y me decía: “Haya, ya no es marxista”. Años atrás, Haya sostenía que “el APRA era marxista, pero no todos los marxistas tenían que ser comunistas”. “Haya tampoco es un socialista”, repetía. Los comunistas lo detestan y lo atacan violentamente como había podido comprobar en estos últimos días que estuve en Lima. La posibilidad de una lista unitaria entre el APRA y los grupos de izquierda representados en la Asamblea Constituyente fue imposible. La izquierda sectaria y dogmática, no aceptó una lista unitaria con la Democracia Cristiana y el Partido Socialista Revolucionario. Era una utopía lograr la unidad con el líder aprista. Pero de esta reflexión rescato ese afán de Haya por oponerse al imperialismo, y esa desconfianza de la política norteamericana en relación con Indoamérica. Siempre Haya se refería al imperialismo yanqui, y una de sus propuestas radicales era la internacionalización del Canal de Panamá. Sostenía con vehemencia que “mientras el canal no fuera de todos los Estados de la América morena, siempre seríamos vasallos del ‘coloso’ norteamericano”. Pero el Haya de 1978 ya no era anti-norteamericano. Admiraba al Presidente Roosevelt y su política de buena voluntad. Haya vivió en el destierro. De 1934 a 1945, el Partido Aprista fue declarado ilegal. El Ejército no quería que fuese candidato a la presidencia. El APRA tuvo que apoyar la candidatura de Luis Bustamante y Rivero que ganó las elecciones con el 80 por ciento de los votos. De ahí tuvo tres años de primavera política. En ese lapso se levantaron los marinos del Callao, y con el apoyo de algunos oficiales como Carlos Ontaneda, ayudaron a la caída del régimen democrático de Bustamante. Luego vino la dictadura de Odría. Haya se asiló en la Embajada de Colombia y el odio 130


contra el APRA rebasó todos los extremos. Revisando la revista Caretas del mes de Julio de 1978, encontré un resumen de su biografía donde se indica que el Caso Haya fue llevado a la Corte Internacional de Justicia. No hay duda que el Perú es un país desmemoriado. La persecución contra el APRA fue terrible. Apresados, perseguidos, asesinados. El APRA debía buscar una salida a esta situación, y la encontró en 1956. Haya decide apoyar la candidatura de Manuel Prado Ugarteche, un genuino representante de la oligarquía peruana. De esta manera llegan a las Cámaras del Senado y Diputados, los representantes apristas en el periodo comprendido entre 1956 y el 18 de Julio de 1962, conocido como “el gobierno de la convivencia”. En 1962 se produce -como ya hemos señalado- el primer golpe militar institucional de las FFAA. La Junta Militar, presidida por el general Lindley, convoca a Elecciones Generales en 1963, siendo candidatos: Fernando Belaúnde Terry, fundador y líder del partido Acción Popular en alianza con la Democracia Cristiana de Héctor Cornejo Chávez, el general (r) Manuel A. Odría, por la Unión Nacional Odriísta, y Víctor Raúl Haya de la Torre por el APRA. Este proceso electoral lo gana Fernando Belaúnde Terry, y Haya de la Torre concreta una ‘alianza’ parlamentaria con los odriístas. Recuerdo haber leído una crónica del periodista chileno Fairlie reproducida en la revista Presente No 80 del mes de Abril de 1961, donde se habla de un almuerzo que ofreció Manuel Seoane antes de viajar a Chile para asumir el cargo en la Embajada del Perú. Manuel Seoane Corrales, uno de los más importantes líderes del aprismo conocido como el ‘Cachorro’, fue un notable periodista sudamericano. Durante su exilio en Chile, entre 1934 y 1945 fundó la famosa revista Ercilla. El almuerzo que hace referencia Fairlie, se realizó en el restaurante Fiesta, ubicado en el km. 6 de la carretera Panamericana, en Lima. 131


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Enrique Fairlie estaba en esa mesa, sentado a la derecha de Seoane, frente a Víctor Raúl. Muy cerca se ubicó también Alfonso Grados Bertorini, jefe de informaciones de La Prensa; Mario Miglio, director de La Prensa; Luis Loli, columnista de Ultima Hora; Eudocio Ravines, director de Vanguardia; Luis de los Heros, director de La Crónica; y Enrique Chirinos, joven periodista. En la conversación, Fairlie le pregunta a Víctor Raúl Haya de la Torre: ¿Por qué después del exilio escogió Italia para vivir? -“Mi barrio”, contestó Víctor Raúl. “Es un lugar ideal, ahí están mis papeles, mi escritorio y mis archivos. En el sector, como es natural, soy conocido. También en Roma hay un ‘bachiche’ que tiene una bodega en la esquina, como la de mi natal Trujillo donde está Don Silvio Marini. Es mi amigo. Cuando lo visito, lo que ocurre a menudo, me recibe con un vozarrón impostado: ¡Caro don Victorio!.. y me estira los brazos en forma efusiva”. Enrique Fairlie, se encogió al escuchar la pregunta de uno de los invitados. ¿En Italia saben que usted puede ser presidente del Perú? Haya contestó con una anécdota fina y sutil. EL CABALLO DEL REY “En cierto país de Europa -dijo Haya de la Torre- hace más de 200 años un hombre fue condenado a muerte. Una semana antes de ser ejecutado, envió una carta al chambelán del rey. En ella expresaba que si se le permitía vivir por el plazo de un año, se comprometía en hacer hablar al caballo del rey igual que los humanos”. “La propuesta conmovió a la Corte. El rey se interesó, y un amigo del condenado fue a visitarlo y le hablo de esta manera: Yo sé que tu no practicas ninguna magia, ni tienes ningún poder extraño o sobrenatural. ¿Por qué has hecho semejante

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oferta? Si en el plazo de un año no has realizado lo que prometes, te harán picadillo y morirás de la peor de las formas”. El condenado lo contempló algunos segundos, luego respondió: “Me ha dado un plazo prudencial… un año… En ese tiempo, pueden ocurrir tres cosas: Morir el rey, morir el caballo o morirme yo…”. El ‘Cachorro’ Seoane rió con fuerza porque entendió claramente el mensaje de Haya. Enrique Fairlie dice en su crónica periodística que esa tarde. Haya estaba de vena, y contó otra anécdota. “En un régimen dictatorial cualquiera es Semana Santa. El director del periódico llama al director de informaciones y le indica: Mañana se inicia la semana. Escribe un gran artículo sobre Jesucristo”. El periodista contesta asintiendo y regresa a su oficina. Cuando ha dado 5 o 6 pasos, se vuelve e interroga al director: Por favor viejo, dime, ¿A favor o en contra? Todos aplauden, la alegría es general. En esa reunión Haya demuestra su experiencia de vida, su formación trujillana y aristocrática. Es un Haya diferente al de las plazas o de las conferencias. No muy distante está ‘Nico’ Mujica que ausculta la reunión con una mirada inquisidora. Andrés Townsend, sonríe suavemente mirando a su líder. Víctor Raúl habla con los ojos, con las manos, con los gestos y con el sonido de las palabras. Es como una orquesta invisible y no hace ningún esfuerzo. En ese jolgorio de esparcimiento, saboreando un exquisito y reservado vino chileno, Alfonso Grados Bertorini y otros periodistas piden a Haya de la Torre que les cuente otra anécdota. Haya accede a la petición y dice:

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Es la anécdota de un peruano en el extranjero que ha sido nombrado Cónsul en Shangai. “Al llegar a la ciudad y no encontrar en que movilizarse para acudir al Consulado resuelve, a regañadientes, subir al famoso carrito de tracción humana, el conocido vehículo guiado por un collie. Coloca las valijas y el ‘Chino’ parte raudo por las calles de la hermosa ciudad llevando su preciosa carga: el Cónsul del Perú y sus valijas. Desgraciadamente al girar una curva el ‘chinito’ pierde el equilibrio, pisa una cáscara de plátano y se produce la caída. Víctima de un tremendo golpe, el Cónsul y el collie se ponen de pie, y se produce este diálogo: -¡Caracho! qué mala pata, dice el collie con neto acento peruano. Estupefacto el Cónsul lo interroga: -Oye, ¿Tú eres peruano? -Peruano patrón… de ‘pura cepa’. ¿Y qué haces en Shangai? Aquí me tiene patrón, acarreando imbéciles… Este hecho contado por Haya generó otra carcajada general gloriosa. Era más de las 4 de la tarde. El ‘Cachorro’ se puso de pie. Idiáquez se acerca a Haya de la Torre y le susurra al oído. Fue un almuerzo memorable. Hubo de todo. Víctor Raúl Haya de la Torre refrescó la reunión y alegró el espíritu de todos los concurrentes, mostrando una faceta que yo desconocía, escribe Enrique Fairlie. En ese almuerzo Haya no fue líder político, ni caudillo, ni hombre de letras del mundo. Sencillamente se trató de un hombre ante el cual los acontecimientos humanos de todo orden tienen su lugar y momento. Poder realizarlo es lo difícil. Es que Haya nuevamente hacía noticia a los 83 años, comentaba en silencio, sentado frente al escritorio de mi padre, en la casa donde hasta hace algunos años fue el Consulado de Chile en Trujillo. 134


Haya, regresó al Perú en 1931. Se vivía en el país un estado de guerra civil, desde el derrocamiento del presidente Leguía. En 1932, los apristas liderados por el ‘Búfalo’ Barreto y ‘Cucho’ Haya de la Torre se sublevaron en Trujillo, ciudad santa del partido aprista. Se culpó al APRA de haber dado muerte a varios jefes y oficiales del Ejército. En represalia, cuando el Ejército recapturó la ciudad, se realizaron juicios sumarios y se fusiló a millares de apristas en las ruinas de Chan Chan. Recuerdo una entrevista reciente realizada por César Hildebrandt y César Lévano para la revista Caretas en 1971, con motivo del Día de la Fraternidad. Cuando le preguntan ¿Cómo define al APRA de los años 70? Víctor Raúl contesta a estos 2 excelentes periodistas: “Nosotros decimos que el aprismo es una sistematización social del cooperativismo dentro de una organizada democracia social. El aprismo es democrático, es cooperativista. Avanza y está abierto a todos los caminos del futuro, pero se sitúa en el tiempo y en el espacio en que vivimos. Eso es”. Y seguía haciendo esta reseña de Haya de la Torre, en mi máquina de escribir Royal, cuando me vino a la mente la imagen de Haya bajando de su auto Dodge Coronet en la puerta del local del Partido Aprista, vecino al Palacio Iturregui, sede del Club Central de Trujillo. Muchas veces mi padre se detuvo a conversar con otros socios y amigos del club. Pero al verlo, Víctor Raúl desviaba su ingreso al local del PAP para extenderle la mano, y ambos, sin decir una palabra, se dirigían a la biblioteca del Club para conversar por 15 o 20 minutos. Me imagino que era un gesto de agradecimiento de Haya hacia mi padre por haber trasladado a su madre, doña Zoila de la Torre y Cárdenas de Haya, a Lima y entregarla a su hijo Agustín ‘Cucho’ Haya de la Torre, mientras él permanecía exiliado en la Embajada de Colombia. La historia era muy simple. Varios líderes apristas, entre ellos Alfredo Merino Adrianzén y Carlos Manuel Cox, le so135


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licitaron a mi padre que en su calidad de Cónsul de Chile en Trujillo y Decano del cuerpo consular, se apersone a la casa de la familia de Haya, ubicada en la cuadra 8 del jirón Ayacucho y la traslade a la ciudad de Lima en su automóvil, un Studebecker modelo Champion de 8 cilindros y cuatro puertas. La casona solariega de los Haya estaba rodeada de agentes de la policía. Mi padre ingresó y la señora Zoila lo esperaba con un par de maletas. Mi padre salió de la casa con la madre de Haya en brazos y la ubicó en el asiento posterior del auto. Los policías quedaron sorprendidos ante el audaz y sorpresivo acto del Cónsul. Después de recorrer los 625 km. que separan a Trujillo de la capital, doña Zoila fue recibida por su hijo ‘Cucho’, hermano menor de Víctor Raúl. Este hecho nunca fue olvidado por el líder, jefe y fundador del Partido Aprista. Dejé la nota que escribía pues corría el rumor que Haya estaba nuevamente enfermo. El director de Radio Nacionalfilial Trujillo, dispuso mi viaje a Lima para lograr una entrevista con el líder aprista. En el Congreso de la República, donde funcionaba la Asamblea Constituyente, había una Oficina de Prensa donde se coordinaba las entrevistas con el presidente de la Asamblea o con algunos de sus directivos. A los demás constituyentes era fácil abordarlos en los pasillos o en las afueras del Palacio Legislativo. Pasaron 3 días y no lograba que me programen la entrevista con Víctor Raúl Haya de la Torre. Preocupado, a punto de regresar a Trujillo, una tarde me encontré con Luis Negreiros en el Congreso. Conocí al líder sindical en una conferencia que ofreció en Trujillo, y posteriormente, gracias a una gentil invitación de Jorge Torres Vallejo, almorcé con él en el restaurante El Mochica. Recordando historias pasadas, cultivamos una amistad. Al verme en el Congreso, Luis Negreiros preguntó a qué se debía mi presencia en la Asamblea Constituyente. Le dije que el motivo principal era lograr una entrevista con Haya de la Torre, pero que hasta ese momento no lo había logrado. El líder sindical me sujetó del brazo y me condujo a la presidencia de la Asamblea Constituyente, ubicada a la mano iz136


quierda del primer pasillo después de la puerta principal del Congreso. Había una antesala finamente amueblada y unos metros hacia las ventanas que daban a la Plaza Bolívar había un escritorio marrón oscuro delicadamente tallado. Ahí estaba el líder, el trujillano de todas las épocas, el autor de Tiempo Histórico, de El Antimperialismo y el APRA, de 30 años de Aprismo, de cientos de artículos publicados en los más importantes medios del mundo. Tenía frente a mí a toda una historia. Luis Negreiros dirigiéndose a Víctor Raúl le dijo: “Jefe, aquí está Constante Traverso, periodista trujillano, quiere hacerle una entrevista”. Haya me extendió la mano y volvió a inclinar su cabeza mirando los documentos que tenía sobre el escritorio. De inmediato le hice la primera pregunta y no me contestó. Levemente, levantó sus ojos y volvió a mirar los papeles que yacían en la mesa. Le hice una segunda y una tercera pregunta. Haya tuvo el mismo gesto, me miró y bajo los ojos. Luis Negreiros intervino para decirle: “’Jefe’, es Constante Traverso de Trujillo, el hijo de su amigo el Cónsul chileno”. Pero Haya no dijo nada. Entonces, ‘Lucho’ dirigiéndose a mi me dijo: “Constante el ‘Jefe’ está cansado, está agotado”. Yo le dije que comprendía, y en un último intento insistí con Haya: Dr. Por favor, un mensaje al pueblo Trujillano. Y Haya, acercándose a mi grabadora en voz baja dijo: “Mi saludo eterno al heroico pueblo de Trujillo, cuna y tumba del aprismo”. Luego, cogió un lápiz y volvió a escribir, mientras yo le extendía la mano para despedirme. Me miró con una expresión cansada que aún la tengo grabada en mi mente. Tres meses después, el 2 de Agosto de 1979 Haya murió. Previamente, en su lecho firmó la Constitución de 1979, el único contrato social consensuado del Perú.

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EL POETA Vamos al campo, César. Pon tu mano en mi brazo. Deja tu nido roto, ven al campo conmigo. Para tu hondo dolor, mi corazón amigo será como un piadoso y tranquilo regazo… (Poema de Abraham Valdelomar a Vallejo).

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scuché hablar del Grupo Norte a mi abuelo materno Jorge Flores Alcántara. Un día, que no puedo precisar, me encontré con él en la Bodega Ravelo de la calle Junín, muy cerca de la Iglesia Santa Clara. Fue en ese lugar, allá por 1967 o 68, que mi abuelo me presentó a Federico Ezquerre, un hombre moreno, de pequeña estatura y pelo ensortijado color plateado. Orgulloso oí decir a mi abuelo ese día: “Este negro es uno de los fundadores del famoso Grupo Norte, al cual perteneció el gran poeta César Vallejo”.

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La afirmación del abuelo despertó mi interés por escuchar a Federico Ezquerre. Ambos tenían -en una pequeña mesita, ubicada a la derecha de esta rústica bodega- media botella de pisco de Moro, un pueblo del valle de Ñepeña que está pasando el Puerto de Chimbote, antes de llegar a Casma. Dicen que en el siglo XVI se afincó en el lugar un grupo de religiosos que sembraron las primeras vid, y luego de cosecharlas, utilizaron cántaros de cerámica (confeccionados en arcilla) para guardar los jugos sin añadir ningún color al destilado de uva. Por mucho tiempo, el pueblo de Moro abasteció de pisco a Trujillo en una forma muy peculiar. Lo vendían en ‘galoneras’, por lo menos hasta antes de cambiar mi residencia a Lima. Federico Ezquerre y mi abuelo Jorge Flores eran excelentes bebedores de pisco. Coincidían en varias oportunidades en la Bodega Marini para saborear un rico ‘macerado’, preparado con mucho esmero por ‘Pichín’, el empleado del tío Silvio Marini. Para aprovechar el encuentro de los dos amigos, orientaba la conversación para que Ezquerre hable de Vallejo. Tuve la impresión que él sentía una profunda pena, una nostalgia gris… Era como si al recordar a Vallejo reviviera los duros momentos que atravesó el poeta, en la cárcel de Trujillo, acusado de un crimen que no cometió. Pero además, afligido por su débil economía. Llegué a la conclusión que Ezquerre sufría al pensar en el poeta inmortal. Me habló de las tertulias que sostenía este grupo de bohemios, poetas y artistas, a la hora del almuerzo en el casino de Santiago Morillas, ubicado al final de la Av. Larco, aquélla que une Trujillo con el Balneario de Buenos Aires. Ahí, frente al mar, en ese edificio hecho de madera sobre pilones clavados en la arena, podíamos degustar un cebiche de pescado fresco, unos cangrejos y otros tantos platos más preparados por Morillas. Sin embargo, la tradición nos dice que el otro Morillas, Pedro, fue el inventor del cebiche. Para ser ‘riguroso’ con el dato histórico, pienso que fue el iniciador del cebiche trujillano; hecho de corvina o lenguado, con ajo, ají limo, limón y cebo139


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lla. Preparado temprano para que a la hora de almuerzo esté cocido y el pescado haya adquirido un color blanco. Creo que ahí también nació la ‘leche de tigre’ que servían en una copa de cóctel. Ezquerre también conversaba de las reuniones del Grupo Norte en la Asociación de Auxilios Mutuos, ubicada en la calle Almagro, a la vuelta de la Municipalidad. Dijo que estas asociaciones fueron promovidas por los anarco-sindicalistas, y que Víctor Raúl Haya de la Torre fue muy cercano a ellos. Comentó de la amistad entre Vallejo y Haya. Decía que “Antenor Orrego apoyó la publicación de los poemas de Vallejo, pero que los intelectuales de la cátedra universitaria se opusieron. Le gritaron varias veces ¡poeta maldito! ¡ateo! ¡drogadicto! Y Víctor Raúl salió siempre en su defensa”. Orrego contaba que “por ese tiempo (1916), estaba en Trujillo una compañía española de comedias, cuya primera actriz era Amalia de Isaura. Una mujer muy bella, de quien se decía que Víctor Raúl andaba muy enamorado”. Al enterarse de las burlas hacia Vallejo “ella sugirió a Víctor Raúl que escriba una comedia para traer abajo el ataque al poeta. El aceptó el reto y se encerró a escribir sin descanso”. Así nace la comedia Triunfa Vanidad que fue un éxito rotundo. “El Teatro Ideal se llenaba noche tras noche para ver la obra y Víctor Raúl era llamado 10 ó 15 veces a escena”. “Vallejo agradecido -dice Ezquerre- le escribió un Soneto que fue publicado en el diario La Reforma, y su amigo Víctor Raúl siempre le respondió con unos versos titulados IPERESTECIA, bajo el seudónimo de Juan Amateur. “En 1917 Haya viajó a Lima. Vallejo lo hizo a fines del mismo año, pero al volver a Trujillo en 1920 fue injustamente encarcelado”, subrayaba con pena y nostalgia Federico Ezquerre, mientras saboreaba otra copa de pisco de Moro, fermentado en vasijas de tierra y arcilla norteña. Era como si el pisco le irradiase una fuerza magnética para seguir narrando lo vivido con Vallejo. Fue Orrego quien puso el sobrenombre de ‘Korriskoso’ a Vallejo, confiesa Ezquerre con nostalgia. “Recuerdo que me 140


habló del grupo ‘Trasnochadores Impenitentes’, como él decía. Ahí estaban Macedonio,, Orrego, Víctor Raúl, su hermano ‘Cucho’, José Eulogio Garrido, Carlos Manuel Cox, que me hacía sentir más chico de lo que soy, el compositor Carlos Valderrama, y el poeta Oscar Imaña”. De pronto, Ezquerre bajó la mirada como buscando aquéllos rostros en la mesa. Tomó la copa y dijo: Recuerdo cuando Víctor Raúl nos dijo que “Vallejo era un hombre con una bondad sin límites”. Y mirando al abuelo afirmaba: “Para Vallejo, Haya fue un estudiante universitario sin método, pero estudiaba con él. Y para Haya, Vallejo fue un hombre sin rumbo en la vida. Debía jugar fútbol, cantar, reír, formar parte de la bohemia trujillana y olvidarse de esa tristeza andina encerrada por la cordillera de su natal Santiago de Chuco”. A Vallejo y Haya, les gustaba caminar y conversar alrededor de la Plaza de Armas de Trujillo. “En esas caminatas sin tiempo hablaban del mundo, del Perú, de sus incomprensiones y soledades. Una noche, Vallejo le mostró -en su habitación del Hotel del Arco- sus poemas a Víctor Raúl. Al día siguiente, entusiasmado, Haya de la Torre le pidió a Orrego que los publique en el diario La Reforma”. Conocí a José Eulogio Garrido cuando era director del Museo de Arqueología. Mi padre tenía una franca amistad con él pero también una rivalidad. Los dos estudiaban Chan Chan. Estaban enamorados de la cultura Moche y Chimú, por lo que no tuve la oportunidad de preguntarle don José sobre Vallejo. Sólo una vez, cuando estábamos con un grupo de arqueólogos extranjeros en las ruinas de Chan Chan, cortésmente lo ayudé a escalar las viejas murallas, pues don José Eulogio tenía una lesión en la cadera que lo obligaba a usar bastón. Al llegar a la parte alta me miró y me hizo un solo comentario: “Vallejo amaba Chan Chan”. “Hace unos años -decía don José Eulogio Garrido- me publicaron en la revista Cultura Peruana, editada en la ciudad de 141


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Lima, un poema sobre Chan Chan, y ahí describo este romance de Vallejo con Chan Chan”. Cuando le pregunté si había estado con el inmortal poeta en las ruinas de Chan Chan, Garrido me miró y cuando me iba a contestar fuimos interrumpidos por otras personas. Creo que don Eulogio se quedó con mi pregunta, porque al subir al bus, me acerqué para ayudarlo y me dijo: “Sí, muchas veces”. Casi al terminar la década de los años 70, con una nueva generación de poetas trujillanos donde estaban: Santiago Aguilar, Gustavo Benítez, Félix Cortés, Justo Peláez y Beethoven Medina, fundamos el Frente Departamental de Poetas y Escritores. Me nombraron su primer secretario general, y nuevamente volvimos a repensar sobre Vallejo. Su figura fue nuestro símbolo. El retrato fue hecho por Picasso. Dicen que fueron tres cuadros, que variaban entre los 22 y 23 cm. de alto por 18 ó 19 cm. de ancho. Picasso, otro inmortal, lo hizo con una puntilla sobre un material que aquí nosotros lo llamamos ‘papel stencil’, que servía para imprimir en mimeógrafos. Cuentan que cuando le pidieron a Picasso que retrate a Gracia Lorca, sugirió que lo propusieran a Salvador Dalí. Ahí, en el Frente de Poetas y Escritores, hallamos un escrito de Antenor Orrego que a la muerte del poeta inmortal escribió: “Ni en el pasado, ni en el presente, tampoco lo esperamos en el porvenir. No hay nada que se le parezca. Podrían surgir fuerzas más poderosas, porque la matriz de la vida es siempre inagotable, pero serán distintas. Como toda gran poesía, la suya es única. En él se cumple la apotegma del arte eterno. Una vez, y nuca más”. Cuando en 1985 vine a radicar a Lima, nos encontramos en el tiempo y el espacio con Carlos “Chino” Domínguez. Otro inmortal que con su máquina fotográfica registró para la historia a miles de personajes. El “Chino” me presentó al poeta Reynaldo Naranjo. Y en Bar Queirolo, saboreando un pisco con ellos -como lo 142


hacía Federico Ezquerre con mi abuelo en mi natal Trujillobohemios de siempre, saboreadores exquisitos de los líquidos de la uva, volví a escuchar anécdotas del Vallejo inmortal. Naranjo es un estudioso de Vallejo. Fue contratado por la Universidad César Vallejo de Trujillo para implementar la cátedra Vallejo. Antes fue contactado también por la UNESCO para reconstruir la ruta de Vallejo, pasando por Santiago de Chuco, Trujillo, Lima y su parada en París. Lo habían seguido, como dirían hoy los policías, lo habían ‘reglado’ al inmortal, al eterno, al poeta peruano de todos los tiempos, Cesar Vallejo. El “Chino” viajó a tomarse un pisco con Vallejo con todo el Grupo Norte. Ya están en otra dimensión… Ya son inmortales. Nosotros, con Reynaldo, todavía seguimos como simples mortales. Hace poco, el poeta Naranjo presentó el libro César Vallejo en el siglo XXI auspiciado por la Universidad César Vallejo (UCV). Y hace unos días, el escritor pacasmayino-trujillano, Eduardo Gozáles Viaña, escribió “Mirar a Vallejo hoy mismo”, para decirnos que el 16 y 17 de marzo del 2012, la University 143


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College London rindió homenaje a Vallejo bajo el título “Volver a mirar a César Vallejo en el siglo XXI”. Esta casa de estudios inglesa se encuentra entre las siete más importantes del mundo, de cuyas aulas salieron ventiún ganadores del Premio Nobel. Y Gonzáles Viaña nos dice: “Vallejo, uno de los grandes poetas de la lengua castellana del siglo XX, no pudo regresar jamás a su país. Si lo hubiese hecho, habría sido conducido -de inmediato- a los infiernos de alguna cárcel tremebunda”. El proceso penal abierto en su contra nunca se extinguió, y sus enemigos estuvieron todo el tiempo buscando su extradición. Algunos comentarios, supuestamente académicos, obvian este hecho y aluden a una risible “pasión metafísica” su imposible retorno. Lo he dicho otras veces y lo repito: “Vallejo y su vida, no son reales una vez. Lo son una y otra vez. Espero que por mucho tiempo”. Vallejo, Vallejo… paisano, trujillano, santiaguino, humano, Te esperamos ver en Trujillo con el Grupo Norte, con la bohemia, con la poesía. Poeta, poeta eterno. Poeta del cosmos, poeta de siempre. Tú eres… el Poeta.

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“SALUD, GRAN POETA, SALUD HUMANO” (PABLO NERUDA)

Dos veces desterrado, hermano mío de la tierra y el aire, la vida y la muerte desterrado del Perú, de tus ríos, ausente de tu arcilla. no me faltaste en la villa, sino en muerte. Te busco gota a gota, polvo a polvo, en tu tierra, amarillo… …Tal vez, tal vez ahora transmigres y regreses, vienes Al fin de viaje, de madera de un día Te verás en el centro de tu patria insurrecto, viviente, Cristal de tu cristal, fuego en tu fuego, rayo de piedra púrpura. *(Pablo Neruda, Oda a César Vallejo). … En la mesa ataviada de verde seda has quedado inclinado refluyendo el sudor de tanta nueva desdicha. A tus dedos sacando tierra Pedazos de ese azul ajado de un viaje destrozado. *(De Georgette a Vallejo) 145


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EL GUERRILLERO En la cuadra 5 del Jirón San Martín, en un local de principios del siglo XX, funcionaba el Colegio Particular Instituto Moderno, fundado por dos prestigiosos educadores: Don Carlos Uceda Meza y su hermano Santiago.

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n 1961 cursaba el 4º Grado de Primaria. Tenía como profesor a un maestro ejemplar: Don Arturo Escalante. En el mismo centro de estudios enseñaba Víctor Julio Ortecho, profesor de Filosofía y Ciencias Sociales, quien una tarde se acercó al grupo de compañeros de aula para invitarnos al local de la Corte Superior de Justicia, ubicada en el Jirón Pizarro, al lado de la Iglesia La Merced. Ese día, la Corte sentenciaría a Luis de la Puente Uceda por haber matado a un disciplinario aprista en La Plaza de Armas de Trujillo, cuando este intentó asesinarlo en Febrero del mismo año. La invitación me entusiasmó. A las 5.00 p.m. salí del colegio para ir directamente a la Corte que estaba cerca de mi casa. La plazuela de la Iglesia La Merced estaba llena de jóvenes universitarios, trabajadores, obreros y campesinos. Había una fuerte dotación de efectivos de la Guardia Civil. Me sorprendí al ver la plaza llena y la cantidad de carteles que decían: ‘APRA Rebelde’, ‘Cuba sí, yanquis no’, ‘¡Viva la Revolución!’ y otros donde se leía: ‘Luis de la Puente Uceda… ¡Libertad!’ Me quedé parado observando alrededor. Tenía tras mío la Farmacia Llontop. Minutos después, dejaron de transitar los carros por la cuadra 5 del Jirón Pizarro. A mis 12 años no tenía claro aún lo que pasaba, pero mi inquietud y curiosidad pudo más, y decidí quedarme en el lugar. Era más de las 6.00 PM. cuando las vivas y los aplausos irrumpieron en la plaza. En ese momento vi salir a una perso-

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na alta, delgada, con una inicial calvicie. Vestía casaca negra de cuero, y apenas dejó el local de la justicia liberteña, fue alzado en hombros y rodeado por ochocientos ó más simpatizantes que avanzaban hacia la Plaza de Armas. Yo seguía la movilización. Estaba muy sorprendido. Hasta ese día sólo había visto marchas y mítines del Partido Aprista. No entendía qué era El APRA Rebelde. Pero ahí estaba como un curioso más, mirando lo que pasaba y registrando para el futuro este hecho histórico. No sé ni cómo, ni de dónde salió un micrófono. Luis de la Puente Uceda, desde las gradas del monumento que constituye una alegoría a la libertad, era presentado por un improvisado maestro de ceremonias. Tomaron la palabra dos o tres dirigentes políticos, y luego hizo lo propio de la Puente. Me pareció un regular orador. Con el tiempo, mi apreciación sobre de la Puente fue de un hombre muy consecuente en lo que se proponía hacer. Leal con sus pensamientos y con una

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gran vehemencia en su rebeldía. Cuando lo vi de cerca en otras oportunidades, lo noté orgulloso de proceder de una familia trujillana aristócrata. No hay que olvidar que fue sobrino de Haya de la Torre. Diría que de la Puente, aparte de ser el líder del MIR, era un intelectual. Con el tiempo he sacado otras conclusiones de la personalidad de Luis de la Puente Uceda. Era directo para conversar e ingenuo para entender los juegos políticos. Nació el 1 de Abril de 1926 en Santiago de Chuco, la tierra de César Vallejo, el poeta inmortal. Vivió el exilio en México en 1953, la organización de la expedición de los guerrilleros cubanos y su traslado en el barco Granma, el inicio de la guerrilla en Sierra Maestra, y el triunfo de la Revolución Cubana el 1 de Enero de 1959. Mientras Víctor Raúl Haya de la Torre había perdido vocación de poder, de la Puente quería el poder para transformar el Perú. Había leído (de la Puente) varias veces El Antimperialismo y el Apra, y creía en el internacionalismo obrero. En fin, el triunfo de la Revolución Cubana había terminado de convencerlo que la única vía para hacer las grandes reformas que el Perú requería era la violencia revolucionaria. Y volviendo a la Plaza de Armas ese día de Noviembre de 1961, debo decir que me marcó la vida. En una parte de su discurso de la Puente citó a José Martí, el poeta cubano, repitiendo uno de sus versos: “Estamos haciendo obra universal. Quien se levanta hoy con Cuba, se levanta para todos los tiempos”. Otra frase que grabé en mi memoria fue: “los hogares no son solamente para favorecerse de la intemperie, sino para encontrar en ellos felicidad”. Y parafraseando a Fidel dijo: que “el mayor aporte de la revolución peruana y la cubana a la comunidad serán las ciudades escolares”. LOS JÓVENES VIBRABAN EN LA PLAZA. Luis de la Puente decía: “No se debe traficar con la creencia y que la religión es del pueblo”. Y pronunciaba frente a la Catedral de Trujillo: “Los ricos se atrincheran en las Iglesias, y se valen de ellas para oponerse a la justicia de los pobres”. 148


Esa tarde, el líder de El APRA Rebelde reafirmó en su discurso el rol internacional del proletariado, pidiendo la unidad de la revolución latinoamericana, precisando las características oligárquicas del régimen de Prado y su socia la oligarquía peruana, y exigiendo una inmediata Reforma Agraria y la Nacionalización de La Brea y Pariñas. Termina su alocución con un sonoro ¡Viva el Perú! ¡Patria o muerte, venceremos! El último intento revolucionario del APRA, el 3 de Octubre de 1948, hace que al interior del histórico partido de Víctor Raúl Haya de la Torre se desarrollen tres corrientes: a) El llamado Comando Nacional de Acción, donde Ramiro Prialé era el gran negociador y forjador del pacto con Manuel Prado que va dar lugar al gobierno de La Convivencia en 1956. b) El Comando Revolucionario, integrado por los que quedaban del fracasado intento del 48 y se preparaban para una nueva revolución, y c) Una tercera corriente cercana al marxismo leninismo, entre los cuales se encontraba Héctor Cordero. 149


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Por ese entonces, Luis de la Puente Uceda era un dirigente juvenil, y en 1953 fue deportado a México y regresó para ingresar clandestinamente por el Ecuador e intentar poner en marcha un movimiento insurreccional que fracasó. Acompañaron a de la Puente en el Comando Revolucionario del Partido Aprista: Luis Olivera, Enrique Amaya, Walter Palacios, Carlos Malpica y Gonzalo Fernández Gasco. El 12 de Octubre de 1959, en la IV Convención Nacional del APRA fueron expulsados. Inmediatamente organizan un Comité de Defensa de los Principios y la Democracia Interna del APRA, y publican un órgano de prensa llamado Voz Aprista Rebelde. De la Puente trajo del país azteca un corrido de la Revolución Mexicana que siempre tarareó el comandante guerrillero. El oro no vale nada, Si no hay alimentación. Es la cuerda del reloj De nuestra generación. Quisiera ser hombre sabio Que muchas sabidurías, Mas mejor quiero tener Que comer todos los días. En Mayo de 1960, aparece oficialmente El APRA Rebelde, en un evento nacional que tiene lugar en la ciudad de Chiclayo. En Noviembre del mismo año redactan una Declaración de Principios que se conoce como el Manifiesto de Chiclayo. De la Puente y El APRA Rebelde, que después va tomar el nombre de MIR, asumen que “el camino correcto para hacer las grandes transformaciones en el Perú es la lucha armada. La guerra de guerrillas”. Los líderes miristas viajan a Cuba donde son entrenados militarme. En 1965, en la Plaza San Martín de Lima, semanas antes de iniciarse la lucha de guerrillas en los andes peruanos, Luis de la Puente hace público los lineamientos del MIR: Na150


cionalización inmediata del petróleo y la liquidación del latifundio y de la servidumbre. Y pregunta de la Puente a los asistentes a la plaza. ¿Qué tipo de Reforma Agraria? Responde con firmeza: “Aquélla que implique la devolución inmediata de las tierras usurpadas a las comunidades indígenas, que conlleve a la expropiación de los grandes latifundios, incluyendo a los azucareros. Que no haga excepción de los ‘barones del azúcar’ que se enriquecen en forma descomunal explotando a nuestros trabajadores, acaparando las mejores tierras, aprovechando las desventajas del comercio libre y los precios favorables del mercado internacional. Una Reforma Agraria que recoja las esencias ‘colectivistas’ de nuestras comunidades para la ‘edificación socialista’ en el campo, que garantice la pequeña propiedad y la oriente por los caminos del cooperativismo. Que eleve los niveles técnicos en todos los sectores de la actividad agropecuaria. Que aumente la extensión de tierras de cultivo en beneficio de las mayorías del país y no de privilegiados como sucede hasta hoy. En fin, el país -señala de la Puente- requiere de una auténtica Reforma Agraria que libere a nuestro campesinado de todas las trabas feudales del empirismo y la pauperización que hoy sufre. Lo cual será posible liquidando el latifundio en todas

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EL MAESTRO El antiguo ‘Centro Viejo’ se ubicaba en la Casona Ganoza, frente a la Plaza de Armas de la ciudad de Trujillo, al lado -cruzando la calle Independencia- del Convento de los Jesuitas, abandonado en 1767 tras ser expulsados del Perú por disposición del rey Carlos III de España. El ‘Centro Viejo’ Escuela Nº 241, dedicado a la enseñanza primaria, tiene muchas historias y anécdotas divulgadas en libros y artículos escritos por trujillanos de antaño que perduran en el tiempo. Uno de ellos es el poeta inmortal César Vallejo que se desempeñó como maestro en el ‘Centro Viejo’.

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xistieron en Trujillo otras escuelas emblemáticas como por ejemplo la 245. Pero a mediados del siglo XX, por primera vez en la ciudad de Trujillo, se construyó un centro educativo primario modelo; con amplias y bien iluminadas aulas, con patios recreativos, canchas para la práctica de los deportes y un auditorio bien acondicionado. Esta escuela lleva el nombre de Antonio Raimondi, y está ubicada entre el Paseo de Las Letras y la avenida España, frente al Complejo Deportivo de Mansiche. Esta escuela encierra toda una trayectoria en la educación primaria de Trujillo. Muchas generaciones estudiaron en este centro. Ilustres trujillanos, que por su formación profesional, contribuyeron al engrandecimiento de nuestra patria. César Galarreta perteneció a esta generación de maestros de la Escuela Raimondi. Su entusiasmo por la pedagogía infantil lo llevó a formar el coro Los Niños Cantores del Perú, que hizo varias giras por Lima y otras ciudades importantes del país. Los Niños Cantores del Raimondi de Trujillo visitaron también Palacio de Gobierno y cantaron para el presidente Fernando Belaúnde Terry en su primer gobierno (1963.1968). El Antonio Raimondi se caracterizó por tener estudiantes que destacaban en las ceremonias cívicas. Marchaban a paso

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marcial en los desfiles y paradas pre-militares. Ser ‘raimondino’ es un orgullo en Trujillo, es un emblema. Un sentimiento forjado por profesoras como: Imelda Quevedo, Martha Neira, María Elena Castañeda de Gabrieli, y por los maestros Pompeyo Mejía, Julio Lazo, César Romero, Diego Chico, entre otros. Uno de ellos fue Abel Paz Maguiña que nació para ser maestro, un 23 de junio de 1916 en la ciudad de Huaraz. Don Abel Paz Maguiña vino de su tierra natal a estudiar Pedagogía en la Universidad Nacional de Trujillo. Por ese entonces, la universidad era muy rigurosa en seleccionar -a través de diversos exámenes- a sus alumnos. Los exámenes incluían la famosa y temida prueba de percentil (dictado de palabras), para comprobar sus conocimientos de ortografía. Llegar a recibirse de maestro era en esos tiempos un tremendo triunfo. Previamente debían sustentar una tesis ante un jurado especializado que con anterioridad había revisado

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la investigación presentada por el candidato a graduarse. A esta generación de egresados de la Universidad Nacional de Trujillo perteneció Abel Paz Maguiña, quien dedicó toda su vida a la enseñanza. Primero fue nombrado maestro en una escuela primaria del Puerto de Salaverry. Posteriormente fue integrado a la plana docente de la escuela modelo de enseñanza primaria Antonio Raimondi. Don Abel también se desempeñó como profesor de una escuela nocturna de Trujillo. Por eso decimos que de las 24 horas del día, la mitad la dedicó a la difícil tarea de la enseñanza, que en buena cuenta significó la mitad de su vida. Abel Paz Maguiña fue un maestro de maestros, ingenieros, abogados y arquitectos. En la escuela Raimondi, conjuntamente con sus colegas, representaron una insuperada generación de maestros primarios. Y al recordar a los maestros del Raimondi, viene a mi memoria la figura de mi maestro de instrucción primaria, don Arturo Escalante. PRIMARIA MODERNISTA El cuarto y quinto grado de primaria estudié en el Instituto Moderno de Trujillo y tuve como maestro a don Arturo Escalante. Cómo no recordarlo si la clase de literatura la iniciaba recitando versos de Chocano: Soy el cantor de América autóctono y salvaje: Mi lira tiene un alma, mi canto un ideal. Mi verso no se mece colgado de un ramaje con vaivén pausado de hamaca tropical… . Cuando me siento inca, le rindo vasallaje al Sol, que me da el cetro de su poder real; cuando me siento hispano y evoco el coloniaje, parecen mis estrofas trompetas de cristal.(…) *(José Santos Chocano-Alma América-Blasón). ¡Los caballos eran fuertes! ¡Los caballos eran ágiles! Sus pescuezos eran finos, y sus ancas 154


relucientes y sus cascos musicales… (...) *(José Santos Chocano-Los caballos de los conquistadores). Y otras veces lo hacía recitando un verso de Gustavo Adolfo Bécquer: Mientras las ondas de la luz al beso palpiten encendidas, mientras el sol las desgarradas nubes de fuego y oro vista, mientras el aire en su regazo lleve perfumes y armonías, mientras haya en el mundo primavera, ¡habrá poesía! Mientras la ciencia a descubrir no alcance las fuentes de la vida, y en el mar o en el cielo haya un abismo que al cálculo resista, mientras la humanidad siempre avanzando no sepa a dónde camina, mientras haya un misterio para el hombre, ¡habrá poesía!... *(Gustavo Adolfo Bécquer, Rima IV del libro de Los Gorriones). Don Arturo Escalante tenía un peculiar estilo para enseñar. Siempre contaba anécdotas de su trabajo como maestro en las serranías de Ayacucho o en las punas de Huamachuco o Santiago de Chuco. Decía que “un alumno asistía a sus clases recorriendo 3 ó 4 kilómetros por peligrosos senderos, muchas veces en plena lluvia, sin más abrigo que una chompa usadita, un pantalón raído y unas sandalias hechas de ‘llanta’ vieja, conocidas como ‘ojotas’ o ‘yanquis’. Estos niños llevaban como lonchera al colegio un puñado de ñuñas (frijol frito) o habas fritas, y con ese alimento en el estómago resistían un día de clases”. 155


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Las escuelas serranas, nos decía Arturo Escalante, carecen de mobiliario y los niños escuchan las clases sentados en un par de adobes, y apoyan sus cuadernos sobre sus piernas para escribir. Sobre todas estas vicisitudes, Escalante llamaba nuestra atención. Empinándose y poniendo ambas manos sobre el pupitre decía: “Pero a pesar de estas vicisitudes, había un Juan Huamán que dibujaba hermoso, y era tan pulcro y tan limpio con sus cuadernos que mirarlos me causaban un gozo indescriptible”. Y proseguía el maestro contando sus experiencias: “Pero ahí, en un rinconcito de esa precaria aula estaba un Rogelio Mamani, presto siempre a recitar. Ustedes no se imaginan su transformación cuando declamaba el famoso discurso del ilustre puneño Choquehuanca cuando arengó a Bolívar”. El 2 de Agosto de 1825, José Domingo Choquehuanca salió al encuentro de Bolívar en Azángaro para expresar: “Quiso Dios de salvajes formar un gran imperio y creó a Manco Cápac; pecó su raza y lanzó a Pizarro. Después de tres siglos de expiaciones ha tenido piedad de la América, y Dios ha creado ha voz. Sois pues, el hombre de un designio providencial. Nada de lo hecho hasta ahora se asemeja a lo que habéis hecho. Y para que alguno pueda imitaros, será preciso que haya un mundo por libertar. Habéis fundado tres repúblicas, que en el inmenso desarrollo a que están llamadas, elevan vuestra estatua hasta donde ninguna ha llegado. Con los siglos crecerá vuestra gloria, como crece la sombra cuando el sol declina. ( …)”. Escalante decía que “no podía olvidar a Rosita Tupila, que con una voz de ruiseñor, alegraba las clases con un huayno que encerraba la nostalgia y la tristeza del vivir andino”.

Cuando terminó de revelar sus experiencias con los estu156


diantes andinos, todos en el aula estábamos motivados y queríamos superar a los antiguos alumnos del maestro. Teníamos un cuaderno de composición literaria. Era un cuaderno especial con una hoja rayada y otra en blanco. En la rayada escribíamos una composición, y la hoja en blanco se ilustraba con un dibujo, o en el peor de los casos se pegaba una figura. El profesor Escalante promovió la organización del aula. Elegimos un presidente, un tesorero, un bibliotecario y los vocales. El bibliotecario tenía como misión organizar la Biblioteca Escolar, para lo cual debía solicitar una donación a las más importantes instituciones de la ciudad, y a su vez motivar a los padres de familia para que contribuyan a implementar la biblioteca. ¡Qué recuerdos aquéllos! Mandamos a empotrar una hermosa estantería en el salón de clases con el apoyo de albañiles y carpinteros, y reunimos el dinero necesario para hacer la obra. Entonces, el maestro Escalante nos dio la idea para formar el Banco Escolar, lugar donde hacíamos nuestros depósitos con las propinas, generando -a tan corta edad- la costumbre del ahorro. También mandamos a imprimir cheques en stencil, llegando a un acuerdo con el dueño del quiosco de la escuela para que reciba los cheques del Banco Escolar. Por la tarde, el abastecedor de golosinas pasaba por el aula a cobrar el efectivo de los cheques recibidos. Era tanta la motivación y la alegría que producía estar en clases con el maestro Escalante, que sin ninguna duda, fue él quien me animó a escribir un monólogo para el Día del Maestro. Debía caracterizar los sentimientos de un anciano educado en el Instituto Moderno, que ese 6 de julio regresaba a su aula para rendir su homenaje al maestro. Ese día no solo actué sino que también recité una poesía. Me disfracé de ‘viejo’ y participé de la actuación por el Día del Maestro. Mi número, con mucha modestia, fue largamente aplaudido por los alumnos y maestros. Pasaron los años. Cursaba el tercero de secundaria en el Colegio Claretiano, y el profesor Escalante también enseñaba en ese centro educativo a mi hermano Marino. Una mañana bus157


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qué a Marino en su aula para darle un encargo. Me acerqué a la puerta y escuché al profesor Escalante decir: “Cuando era maestro en la sierra, tenía unos alumnos increíbles que caminaban por senderos bajo la lluvia…”. Imprudentemente empujé un poquito la puerta del salón. Al parecer el maestro Escalante se dio cuenta de mi presencia, y sin hacerlo evidente dijo: “Y hace unos años atrás, en el Instituto Moderno, le enseñé a tu hermano”, señalando a Marino expresó: “Recitaba muy bien a Chocano y era un entusiasta en el aula”.

Emocionado terminé por abrir la puerta y abracé a mi maestro de primaria Arturo Escalante. El tiempo no pasaba para él, seguía con el mismo entusiasmo, con las mismas ganas de enseñar. No sé cuántos años tendría pero debía pasar los 70 porque era un jubilado del Ministerio de Educación, y ahora enseñaba en un colegio particular. Es que él como don Abel Paz Maguiña, César Galarreta, y otros tantos más, nacieron para ser maestros y siguen siendo maestros.

Quiero escribir, pero me sale espuma, quiero decir muchísimo y me atollo; no hay cifra hablada que no sea suma, no hay pirámide escrita, sin cogollo. Quiero escribir, pero me siento puma; quiero laurearme, pero me encebollo. No hay toz hablada, que no llegue a bruma, no hay dios ni hijo de dios, sin desarrollo. *(César Vallejo, Intensidad y altura-poema).

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DE DEPORTISTA A ALCALDE Corría el año 1988 y había sido elegido Regidor Metropolitano de la ciudad de Lima, en representación del Partido Socialista Revolucionario (PSR), integrante del Frente Izquierda Unida (IU).

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na mañana, me encontré en la agencia del Banco de Crédito del Perú de la calle Juan de Arona en San Isidro con Gastón Barúa Lecaros, a quien conocí en Trujillo. sin haber sido formalmente presentados. Gastón vivió allí mucho tiempo y recuerdo verlo por el Palacio Municipal donde laboraba. Ambos nos saludamos y conversamos sobre nuestras actividades. Gastón me contó que era Regidor de la Municipalidad de San Isidro (1987-1989), y que estaba en el directorio del programa ACADESI, organizado en la gestión anterior del Alcalde Carlos Neuhaus por el Ing. Fernando Ibárcena, para reemplazar el sistema de agua y desagüe del distrito (cambio de tuberías). La idea fue genial y gracias a este valioso aporte San Isidro pudo cambiar sus corroídas y viejas tuberías.

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Cuando le pregunté por qué dejó Trujillo para venir a Lima, él me respondió inmediatamente: “He venido a conquistar Lima, para que se atienda a la región más productiva del país”. Ese día recordamos la procedencia trujillana de su familia y al tío abuelo de Gastón, don Alejandro Barúa Ganoza que fue Alcalde y Prefecto. Distinguido por su caballerosidad y señorío, pero también por su temple. Aceptó los retos de caballeros y fue un duelista connotado. Su tío Carlos Manuel Orbegoso Barúa, que tenía la Hacienda Santa Rosa, fue Senador de la República por muchos períodos y destacó en la Presidencia de la Asociación de Azucareros del Perú. Ambos evocamos también ese día de 1982 cuando representando al PPC participó en las Elecciones para la Alcaldía de Trujillo junto a Luis Santa María (APRA), José León Jara (AP), y Manuel Navarrete (IU). Lo anecdótico es que refiriéndose a sus opositores, Barúa dijo esa vez que todos eran muy buenos candidatos. Sin embargo, un acucioso periodista le salió al paso y replicó: Si todos eran buenos, dónde se ubicaba Barúa. El candidato respondió: “La diferencia es que todos son buenos candidatos, pero yo soy el mejor”. Su agrupación política lo calificó entonces como un ‘Candidato de Oro’. Precisamente, su aporte a la comuna sanisidrina le permitió a Barúa ser elegido Alcalde en las Elecciones Municipales de 1989, por este importante distrito de la ciudad de Lima. Gastón Barúa Lecaros vivió su niñez y juventud en Trujillo. Fue desde chico un deportista símbolo para Trujillo. Campeón Nacional de Esgrima en postas, Sub campeón en el IV Sudamericano de Esgrima realizado en Argentina en 1960 en la modalidad florete, Campeón en el Torneo Sudamericano de Esgrima en Colombia, categoría juvenil en la modalidad florete en 1968. Formó parte del equipo nacional y representó al Perú en varios torneos internacionales de Esgrima, destacando por sus triunfos. Tras su participación en el deporte de la Esgrima, Gastón Barúa deja su querido Trujillo y decide radicar en San Isidro. Militante activo del Partido Popular Cristiano (PPC) ocupa el cargo de Secretario Nacional de Desarrollo. Su experiencia

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profesional y propuestas de desarrollo lo llevan a ser electo Regidor por San Isidro en dos periodos (1987-1989) y (19931995). Posteriormente es elegido Alcalde con la agrupación Somos Perú en dos oportunidades (1996-1998) y (1999-2002). Gastón Barúa gana las elecciones en San Isidro en su primer gobierno con más del 64% de los votos, y en una segunda convocatoria electoral es nuevamente reelegido para culminar sus obras y proyectos. Ingeniero sanitario de profesión, egresado de la Universidad Nacional de Ingeniería (1961), Barúa ejecuta obras inéditas en San Isidro como: las cuatro playas de estacionamiento subterráneos, muy modernas para la época. A Barúa le tocó dirigir la ciudad de San Isidro en los momentos más duros que afrontó el país por causa del terrorismo, donde a diario los distritos limeños eran blanco fácil de los terroristas. Durante la Asamblea Metropolitana de Alcaldes, Barúa propuso la creación del “Serenazgo sin Fronteras”, y por unanimidad fue elegido Presidente de la Comisión de Seguridad Ciudadana. Su dominio del tema motivó que el gobierno lo nombre como expositor ante el Congreso Sudamericano de Seguridad Integral y Desarrollo Regional realizado en Santiago de Chile. Asimismo, fue invitado por la Organización de los Estados Americanos (OEA) para sustentar en Vancouver (Canadá), sobre el tema de Desarrollo Integral Sudamericano y la Sustitución de Cultivos. Con Gastón nos volvimos a encontrar el 2002. Se había convocado a Elecciones Municipales y el APRA lo había propuesto como candidato a la Alcaldía de Lima Metropolitana, y Gastón me convoca para formar parte de su equipo de regidores. Por razones personales, Gastón renuncia a esa postulación, pero ese acercamiento nos permitió profundizar nuestra amistad y encontrar algunas coincidencias políticas; especialmente el 2006 cuando promovimos la creación de un Frente Electoral Amplio de centro con miras a las elecciones presidenciales y legislativas. Las ambiciones de los dirigentes de las agrupaciones políticas convocadas no permitieron concretar

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esta propuesta. Ahí tuvimos la oportunidad de conversar sobre puntos importantes de la política nacional. Esa vez ambos dejamos en claro que no creíamos en el neoliberalismo. Coincidimos también el 2000, cuando Gastón afirmaba que “un tercer mandato de Fujimori no sería saludable para la nación ni para él mismo”. Gastón Barúa, como un buen deportista es también un excelente demócrata. Es uno de los pocos políticos que ha elaborado un proyecto nacional, herramienta indispensable para el desarrollo de nuestro país. Gastón es un patriota, y un ilustre trujillano por adopción.

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LA ILUSION DEL MUSTANG Ya no recuerdo exactamente la fecha, pero fue un día de 1965, cuando el Cónsul me pidió que lo acompañe a un Desfile de Automóviles que había organizado la firma Carlos A. Manucci, representante en la ciudad de Trujillo de la marca de automóviles Ford.

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l local principal de esta importante empresa trujillana estaba ubicado en la esquina del Jirón Pizarro con la calle Junín, frente al palacio Iturregui, en cuyo segundo piso funcionaba el Consulado y la residencia del Cónsul. Salimos de casa y bajamos las escaleras comentando esta iniciativa del joven gerente de la firma Manucci, Carlos ‘Pepo’ Manucci Vega, hijo del fundador. ‘Pepo’, como cariñosamente se le conoce, era un experto corredor de autos, afición que compartía con el Cónsul, quien desde su juventud y con la llegada de los primeros automóviles a Chile, se identificaba con los coches. 163


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‘Pepo’ conducía en Trujillo un Lotus, bólido de carrera que por esos años fabricaba la Ford, y el solo hecho de verlo circular por la ciudad era todo un espectáculo. . Recuerdo que ‘Pepo’ Manucci, rompió varios récords nacionales piloteando el Lotus en competencias automovilísticas como: la carrera Lima-Trujillo, o el circuito de Santa Rosa (Lima), prueba donde lamentablemente falleció Lorgio Cáceda, destacado exponente del automovilismo trujillano. Al llegar al taller de mecánica del distribuidor de la Ford todo era laberinto. Las órdenes iban y venían. Había que trasladarnos hasta la Portada de Moche, denominada así pues doscientos años atrás, cuando la ciudad de Trujillo estaba ‘amurallada’, para defenderla de los ataques de los corsarios y piratas, existía allí un portón que permitía a la ciudad de Trujillo comunicarse con el pueblo de Moche y su campiña, que abastecía de alimentos frescos a la ciudad.

Llegamos a la Portada de Moche y nos encontramos con medio centenar de autos Mustang en variados tonos: rojos, amarillos, azules, negros y blancos. Era el arco iris, dibujado sobre estas máquinas preciosas, donde la técnica y la imaginación del hombre llegaban al punto de la pirámide del conocimiento automotriz. En el centro, rodeado de sus inmediatos colaboradores estaba ‘Pepo’ Manucci, y muy cerca de él el Lotus. Apenas se percató de la presencia del Cónsul ‘Pepo’ se acercó a saludarlo y anunciarle que conduciría el primer Mustang del desfile, uno de color rojo y asientos de cuero negro, que estaba detrás del Lotus de Pepo con quien abriría el desfile. Así ingresó el automóvil Mustag a la ciudad de Trujillo y a su historia. LA HISTORIA En el trayecto, el Cónsul -como siempre dando gala de sus conocimientos- comenzó a contarme la historia de ese vehículo. 164


“En 1961, Lee Lacocca, vicepresidente de la Ford Motor Company, formó el Comité Fairlane, que se reunía en el hotel Fairlane, en la búsqueda del auto casi perfecto. El coche debía ser ligero, decía el Cónsul. Si lo comparamos con los mastodontes de 2 toneladas que estamos acostumbrados a usar, el Mustang es sencillo y económicamente accesible. Este es el resultado, decía el Cónsul, mientras estiraba el dorso y los brazos sobre el timón del auto soñado. Las comodidades son las mismas que un deportivo europeo. ¡Mira! ... agregaba: asientos individuales, suaves acabados y la palanca de cambios en el piso. Es toda una belleza”. El desfile avanzaba. El público se detenía en las veredas para ver el paso de los automóviles en las bocacalles, daban paso a la caravana de Mustang y hacían sonar sus bocinas. La fiesta de las máquinas tomaba calor esa mañana. El Cónsul, seguía ilustrándome sobre el Mustang: “El 17 de abril del año pasado (1964) -afirmaba- ‘entre bombos y platillos’, se lanzó el Ford Mustang en la Feria Mundial de New York”. “La demanda fue increíble”, decía el Cónsul. “Llegaban miles de órdenes. Los distribuidores del mundo se volvían locos. El Mustang era un éxito de diseño tecnológico y comercial, era la revolución en la industria automotriz”. Recordaba que Lacocca, aprovechando la relación estratégica que tenía con Carroll Shelby (preparador de los temibles Cobra que llevaban motores y chasis Ford), le encargó la construcción de un Mustang de competencias, un verdadero ‘pura sangre’. Así, “a mediados de 1965 sale la versión más salvaje del Ford Mustang, el legendario Sheby GT 350. Este auto, creado sobre la base del modelo Fastback 65, fue ‘la delicia’ de todos los corredores y aficionados a las emociones fuertes que no tardaron en adquirirlo”. De esta manera, el objetivo de que existía un Mustang al gusto de cada uno estaba cumplido. En la década de los 60, prosigue el Cónsul, “los automóviles deportivos europeos superaban a sus rivales estadounidenses, pues mientras estos continuaban construyendo coches 165


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grandes y pesados con motores potentes, los europeos tenían modelos más pequeños, livianos y con mejor comportamiento en la carretera”. Posteriormente, la Ford presentó el Thunderbird, modelo que era prácticamente un roadster europeo y que nació para competir directamente con el Chevrolet Corvette, el clásico superdeportivo estadounidense. “El Thunderbird caló hondo en los clientes de la época, pero a comienzos de los años 60 comenzó a perder atractivo”. Fue entonces que Lee Lacocca, presidente de la Ford Motor Company, junto a su equipo de la Ford, “comenzó a diseñar al sustituto del Thunderbird, el cual debía superar los estándares de este vehículo”. Durante años estuvieron trabajando en un ‘comité especial’ para el diseño de ese nuevo modelo. “Tenía claro que este debía ser un coche relativamente pequeño, ligero, e inspirado en los deportivos europeos, debería tener sillas individuales y palanca de cambios en el piso, el cual con el tiempo se convirtió en el Pony Card preferido de América”. FOLLEQUE… EL GRAN FOLLEQUE Mientras la caravana seguía desfilando por las principales calles de la ciudad, Carlos ‘Pepo’ Manucci era abordado por los reporteros gráficos del diario La Industria. Radio Sudamericana lo entrevistaba en directo. Carlos Burmester para La Voz de la Calle de Radio Libertad hacia lo mismo. El Cónsul me hizo recordar la tarde de domingo en que fuimos a ver, desde un cómodo palco, la función de matinée del famoso circo chileno El Royal Dumbam. Hubo un momento en que aparecieron los payasos, con sus clásicas vestimentas, y empezamos a reír. De pronto, uno de ellos se retiró de la pista del circo y dejó a los otros tan sorprendidos como el público. Era el gran Folleque, el inigualable cómico chileno, que sin decir nada, volvía a los camarines para sacarse la pintura y ponerse el traje de paisano común. Al redoble de tambores, nuevamente apareció Folleque, el gran Folleque, y dirigiéndose al Cónsul dijo: “Tengo una historia que contarles. Este señor que está aquí sentado, rodeado de sus dos hijos, es mi padrino don Constante Traverso Lom166


bardi. Yo trabajé para él en la panadería San Pedro de la ciudad de Talca”. “Fue uno de los primeros en adquirir un automóvil Ford T. en Chile, seguía contando el cómico, le pusieron de sobrenombre al Ford T ‘Folleque’, y don Constante siempre me mandaba a lavar el ‘Folleque’. De esa manera, por inercia, me comenzaron a llamar Folleque, nombre que después adopté en mi vida artística de payaso”. Visiblemente emocionado Folleque se acercó al palco del Cónsul para saludarlo. El Cónsul se puso de pie y ambos personajes se abrazaron un largo rato. Las lágrimas cubrían sus rostros, y abrazados caminaron juntos hacia el centro de la pista. El público trujillano los premió aquella tarde con una fuerte ovación. Pasaron los años y el gran Folleque siempre nos visitó. Jugó con nosotros, cocinó en nuestra casa y disfrutamos de su cariño por mucho tiempo. Inmersos en estas historias y recuerdos nos percatamos que ya habíamos pasado el local del Club Central y nos encontrábamos frente al edificio de Correos y Telégrafos. El Cónsul me miró, dimos la vuelta por la calle Colón para tomar Bolívar e ingresar por Junín al taller de mecánica de la firma Manucci. 167


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En el centro del taller había una camioneta de Cerveza Trujillo, que en varios cilindros tenía botellas de cerveza bien ‘heladitas’, rodeadas por grandes bloques de hielo. A un costado se había improvisado un pequeño ‘tabladillo’ donde un cantante nos recibía alegremente a los compases de: Trujillano de pura cepa, ése soy yo. Viva Piura, con Lambayeque y mi Libertad, son lugares donde se baila, la marinera y el tondero con gran salero, al golpe de cajón. Por las noches con mi guitarra, salgo a cantar me acompañan la hermosa luna y las estrellas. viva el norte por sus mujeres, lindas y bellas y los hombres buenos cantores de corazón. Yo soy trujillano, cholito cantor; la chicha es mi gloria, el ron mi primor, (bis). Yo quiero bailar tondero, con una trujillanita,(bis) que linda es mi tierra, mi tierra es de amor (bis) Suave muy cariñosa, me quema como candela… De uno de los Mustang bajó Ugarriza, el vendedor estrella de la Ford-Trujillo a voz en cuello gritó: ¡A ver esa marinera!... Y uno de los asistentes le contestó: “Yo soy un Norteño bueno, porque no hay Norteño malo, y aquél que diga que no, cuidaó que duerme en palo”… Y se escuchó a otro gritar: ¡Arriba mi tierra! ¡Que viva Trujillo! Jajayyy Nuevamente, la voz del cantante entonaba la melodía: Yo soy trujillano, cholito cantor; la chicha es mi gloria, el ron es mi amor…

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193 Casilla Postal Historia dedicada a Flavio Traverso Nogara Progreso se le denominaba en los primeros años de la República al jirón principal de la solariega ciudad de Trujillo. Antes, o sea, en la época colonial, cada calle de este jirón tuvo un nombre determinado.

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in embargo, en algún momento de los años 30 del siglo pasado, un Alcalde de la ciudad de los ‘pantorrilludos’, muy hispano él, tuvo la genial ocurrencia de cambiar el nombre de Progreso por la de Francisco Pizarro. PARA ‘PANTORRILLUDOS’… LOS TRUJILLANOS Muchos nos hemos preguntado por qué identifican a los trujillanos con las pantorrillas. La razón es simple y radica en una anécdota del siglo XVIII, cuando llegó a esta ciudad, una invitación real para que una delegación de trujillanos asista al matrimonio del emperador español Carlos V. En esa época los hombres usaban un pantalón ‘bombacho’ y una trusa que incorporaba una especie de calcetines ceñido a las piernas. Por lo tanto, si el hombre era chueco o tenía alguna deformación en las piernas ésta quedaba totalmente expuesta a la mirada de los curiosos. Similar invitación habían recibido los arequipeños que habían escogido como sus representantes a los nobles de mayor categoría como: los duques y condes. Los limeños, siguiendo el ejemplo de los arequipeños, nominaron entre sus representantes a los más graneados personajes de la nobleza de la capital del Virreynato. En cambio, los trujillanos marcaron la diferencia, priorizaron las ‘pantorrillas’. La delegación trujillana estuvo compuesta no por condes ni duques, sino por un Capitán de las Milicias; un Alférez Real, un Sargento Porta Estandarte, y un Coronel de la Compañía del Regimiento de Milicias, Provinciales disciplinados de Caballería de Trujillo.

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¿Qué había pasado? Los trujillanos priorizaron las ‘pantorrillas’ y enviaron a Madrid una delegación que podía -sin ningún temor- mostrar las mejores ‘pantorrillas’ del reinoAsí nació esa frase tan conocida que dice: “para pantorrilludos, los trujillanos”. Dejemos las ‘pantorrillas’ y esa parte hispana del Trujillo de ayer que lo hace tan especial y original, para entrar en nuestro tema que es La Casilla Postal 193 del Consulado de Chile en Trujillo (Perú). EL CORREO Casi al final de la sétima cuadra del Jirón Pizarro, en un local construido -sin ninguna duda- a principios del siglo XVIII, se ubicaba las oficinas del Correo Central. Cruzando el portón de ingreso, a la mano izquierda, se ubicaba una sala especial donde se encontraban las casillas postales. Al frente, a la mano derecha del portón, se ubicaba la oficina de telégrafos, cuyo servicio lo ofrecía una empresa inglesa. Ya en el interior se ubicaban las diferentes oficinas como: la encargada de vender estampillas, la que recepcionaba las encomiendas o paquetes, y la que recibía las cartas certificadas que venían del extranjero. El local siempre estaba lleno de gente, especialmente de secretarias y conserjes, que realizaban los trámites postales de las empresas afincadas en la ciudad de Trujillo. No sé exactamente en qué momento el Cónsul chileno dispuso que el encargado de recoger la correspondencia y también de enviarla, debiera ser yo. De esta manera, el fiel Agapito, conserje, chofer y experto en preparar el café, fue relevado de tan importante misión. HONROSO ENCARGO El Cónsul acostumbraba al mediodía bajar de sus oficinas ubicadas en el segundo piso del Palacio Iturregui, hoy sede del Club Central -la primera Institución Social de Trujillo- para dirigirse a la esquina de la Pastelería y Bodega Marini, donde se encontraba con don Carlos Aguilar; que a esa misma hora dejaba la oficina del Banco de la Nación, ubicada en la esqui170


na de la calle Independencia con Gamarra, en el antiguo local donde en la época Virreinal se acuñaban monedas para abastecer a la Intendencia de Trujillo. También llegaba a la esquina Mario Flores, que trabajaba en la firma Carlos A. Manucci, ubicada al frente de la bodega. Coincidían en ese punto, a la misma hora, don Guillermo Larco, los hermanos Hernández de Agüero dueños de la Hacienda Santa Elena y El Carmelo, ubicadas en el Valle de Virú; Luis y Aurelio de la Guerra, propietarios de la Hacienda Tomabal, Rafael ‘Cuchi’ Flores, y a ellos se unían otros amigos que en forma esporádica coincidían en pasar por la esquina de Pizarro y Junín, a la hora que el sol caía perpendicularmente sobre el tradicional jirón. A esa misma hora llegaba yo del colegio. En esa época estudiábamos en doble horario, de 8 a 12 am. y de 2 a 5 pm. Después de dejar mis cuadernos y cambiarme el uniforme, salía cual flecha al correo para cumplir la tarea asignada por el Cónsul. Era un trabajo que hacía de lunes a viernes sin ninguna remuneración a cambio. Era el gusto de ir y abrir la Casilla 193 del Consulado de Chile, y siempre encontrar correspondencia. VALIOSA INFORMACIÓN Recibía revistas de primera calidad como Zig Zag, publicación editada en Santiago que analizaba la política chilena y latinoamericana. Traía también en cada edición notas de actualidad, científicas y una sección de sociales. Otras publicaciones que llegaban eran Ercilla y Vea, con muchas fotografías y artículos históricos, unas joyas del periodismo impreso que hasta ahora no han sido superadas y que marcaron una época en América del Sur. Otras veces, al abrir la casilla, me topaba con la revista internacional Visión o con esa revista norteamericana inigualable que perdura en el tiempo, con fotos full color como es la famosa Life. También le llegaban al Cónsul las continuas y burocráticas circulares del Ministerio de Relaciones Exteriores de la Repú171


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blica de Chile. Sin embargo, había una publicación que siempre esperaba encontrarla en la Casilla 193. En Viaje, una revista mensual publicada por la Compañía de Ferrocarriles de Chile, preciosa publicación con artículos de la historia del ferrocarril chileno y sudamericano, con poesías, novelas, biografías y anécdotas de viajes. Era una revista que la leía desde la primera página hasta el final, y cuya colección aún conservo. Había una correspondencia especial que sabía que al Cónsul lo iba a llenar de alegría. Eran las cartas familiares de Cauquenes, enviadas frecuentemente por el tío Pedro o la tía María. También retiraba de la Casilla 193, las cartas que llegaban de Santiago del tío Carlos. Escribían a menudo que podía identificar a primera vista las cartas escritas por ‘Pelluco’, Eddy y por la ‘Pelusa’. Cuando llegaba la correspondencia de Flavio, sabía de antemano que esta iba a generar un especial comentario del Cónsul. LA SIESTA DE LA CIUDAD Cuando regresaba del correo, el Cónsul y sus amigos seguían en amena charla que duraría unos minutos más para que cada uno enrumbe a su respectivo hogar. A la 1 de la tarde, el jirón Pizarro se tranquilizaba. El sonar de las bocinas de los automóviles se apagaba, el ruido de los pasos de los transeúntes desaparecía. La ciudad ingresaba a la siesta obligada del mediodía. El único ruido que iba a alterar la tranquilidad urbana eran los buses de los colegios que recogían a los estudiantes a las dos de la tarde en determinados paraderos. A las cuatro de la tarde abrían nuevamente sus puertas los bancos, las tiendas y oficinas. Al llegar a la oficina acomodaba la correspondencia de la Casilla 193 en el escritorio del Cónsul. Con mucho cuidado recortaba un pedazo del sobre o de la envoltura del paquete donde estaban las estampillas para guardarlas en una caja especial. De toda la correspondencia recibida, el Cónsul le daba prioridad a las cartas de la familia.

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CARTAS FAMILIARES Antes de iniciar el almuerzo, el Cónsul, sentado a la cabecera de la mesa, procedía a dar lectura a las cartas familiares. Cuando era una de las cartas de ‘Pelluco’, Eddy, Silvia o Flavio, hacía un comentario. Nos resumía en pocas palabras el quehacer de cada uno de ellos, demostrando orgulloso del avance de sus hijos mayores. Sin herir susceptibilidades y subrayando la verdad, las misivas de Flavio tenían una especial influencia. El resaltaba sus logros profesionales, sus viajes por el extranjero y sus estudios. El Cónsul nos puso siempre como ejemplo a Flavio, que sin conocerlo, lo comenzamos a admirar, a respetar y a guardar un cariño entrañable. EL INTERNET Y LA CASILLA 193 La Casilla 193 era un espacio rodeado de maderas con una puerta en cuyo centro había un vidrio redondo. Era un espacio mágico que nos unía con el mundo exterior. Era la caja de gratas sorpresas, la llegada de los conocimientos, de la cultura, de los avances técnicos, del recuerdo y el cariño de la familia. Cuando mi mano ingresaba a la casilla 193 era como tocar el mundo. La casilla 193 era cada día un grato e inolvidable encuentro. Han transcurrido más de 50 años y la Casilla 193 fue reemplazada por el Internet. Es más rápido, es cierto. Hoy, en tiempo virtual, nos vemos y nos escuchamos, las distancias desaparecieron; los tiempos se agotaron, el post modernismo y la globalización nos invadieron. Pero la Casilla 193 siempre estará presente en mi corazón como el más hermoso medio de comunicación. Chorrillos, 12 de Mayo del 2009

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EL JARDIN DE VICTORITA, EL PERPETUO SOCORRO, EL MODERNO LAICO Y EL CLARETIANO Buscando una foto para la carátula de mi libro ‘Los Peruanos, La Historia de la Exclusión Social en el Perú’, el miércoles de la semana pasada mi amigo Carlos ‘Pachi’ Guijón, me envió una foto donde están mis compañeros del Jardín Victorita, ubicado en la primera cuadra del Jirón Pizarro de nuestro querido Trujillo, junto a la maestra Victorita Pinillos. Una increíble y grata coincidencia.

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onsulté la idea de publicar la foto en la carátula del libro Los Peruanos a mis principales asesores: El ‘Chino’ Carlos Domínguez y el ‘Poeta’ Reynaldo Naranjo. Ambos aprobaron la idea por su originalidad, pero además porque ahí están retratados un grupo importante de la generación 50 de Trujillo. Se distingue claramente el carácter multirracial de nuestro país, y representa al Perú criollo y costeño. El otro Perú esta descrito en el libro. La profesora Victorita, de quien aprendió a leer la “elite trujillana” utilizaba el método clásico para la enseñanza. O sea, memorizando el abecedario. Y, como muchos en su tiempo, usaba la ‘palmeta’ para castigar a los niños. Golpeaba a mano abierta. Primero en la izquierda, y si volvías a equivocarte en la derecha. Si no sabías la lección, te colocaba un gorro con la palabra “burro” y te sentaba a su lado, cerca a su pupitre, para que todos te vean. Otras veces te enviaba a la esquina del aula, de pie o de rodillas. En fin, era una legítima representante de la educación parroquial del siglo XIX, y de la famosa frase de Ricardo Palma: “La letra con sangre entra”. Un buen día, casi al finalizar el año, el Cónsul fue a recogerme temprano al colegio -normalmente lo hacía Agapito- lo que le permitió observar el estilo y método de la maestra Victorita. Como resultado de esa visita el Cónsul me retiró del Jardín. Al año siguiente, me matriculó en el Colegio Perpetuo Soco-

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rro de la señorita Elvira Esparza, donde aplicaban el sistema cubano. Comenzaban enseñándote la letra ‘m’ y las sílabas ma, me, mi, mo, mu. Después vendría la palabra ‘mamá’ y la famosa frase: Mi mamá me mima. Sé leer, pero hasta ahora no he podido memorizar el abecedario. El Cónsul había escogido otra ruta. Muy a su estilo, especial y original. Siempre fue un libre pensador, anticlerical, al que siempre admiraré por ese amor incondicional que mostró por 175


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sus hijos. Con el tiempo, los padres de familia del Jardín Victorita, organizaron el Colegio Libertad. Ahí siguieron sus estudios mis amigos y compañeros del Jardín de Infancia. Años después, el Colegio Libertad fue tildado de ‘pituco’, de colegio de niños ricos. El Cónsul no aceptó ser uno de sus fundadores porque habían designado a un cura como director. El Colegio Libertad fue absorbido a los pocos años por el San José Obrero de la Congregación Marianista, (si no me equivoco) la misma que regenta el colegio actual de mi sobrina Daniela Traverso Gracey, hija de mi hermano Marino. A mí me matricularon en segundo año de primaria en el San José Obrero, pero debido a una discusión con el hermano John (cura americano), nuevamente me retiraron del colegio para matricularme en el Instituto Moderno, un colegio laico. Ahí estudié hasta segundo año de media Después, convencí al Cónsul para estudiar en el Colegio Claretiano, regentado por la Congregación Claretiana, fundado por San Antonio María Claret, institución educativa donde terminé de estudiar la secundaria, en la promoción Fernando Ramos Cisterna de 1967. Las lecciones aprendidas en el Claretiano aún las tengo en la mente, y algunas de ellas continúan siendo el aliciente para superar obstáculos y avanzar en nuestra existencia. Recuerdo al padre Arvilla, de estatura pequeña, que se resistió siempre a dejar la sotana negra, prenda característica del sacerdote Claretiano. Fue mi profesor de Geometría en cuarto de secundaria, de Lógica, Filosofía y Sicología. En quinto año de secundaria, nos enseñó los mismos cursos, agregando el de Trigonometría. Cuando el padre ingresaba al salón de clases todos nos poníamos de pie en silencio. Los más ‘palomillas’ del aula guardaban sincero respeto por el padre ‘Arvillita’ como cariñosamente le decían. Y si un lunes, mientras el padre escribía en la pizarra, se escuchaba un murmullo, éste volteaba y en perfecto latín decía:

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“Después de festo, ¡Pesto!”, y a renglón seguido: “Después de la fiesta, ¡La peste!”. Un profundo silencio envolvía a todos en el aula de clases. Y si otro día se repetía un murmullo mayor, ‘Arvillita’ volvía a decir: “Ahí están las plumitas… Sopla el aire”. Y haciendo un ademán, repetía: “Sopla el aire por el norte, por ahí están… sopla el aire hacia el sur, por ahí están”. “Plumitas, plumitas… ¡No tienen personalidad! El hombre debe ser firme, no dejarse llevar por idioteces. Debe ser varón, ¡Firme!”. Y nuevamente el silencio reinaba en el aula. Lo aprendido en el Claretiano sigue siendo mi guía y referente. Es un ejemplo gráfico increíble de cómo en esos dos años de ser su alumno pude vivir. No faltó un alumno que dirigiéndose al padre Arvilla, le confesara que era imposible estudiar, de un día para otro, las asignaturas que nos había dejado. Recuerdo que al escuchar esta respuesta, el padre dio un salto hacia el estrado donde estaba la pizarra y a todo lo largo escribió con inmensas letras la palabra IMPOSIBLE. Volteó luego con una energía sin igual para un hombre que frisaba los 65 años de edad, y cogiendo la mota borró el ‘im’ de la pizarra, para luego voltear hacia nosotros. En la mano derecha tenía la tiza y en la izquierda la mota. Levantó la voz, y dijo: “¡Imposible… no existe! Es palabra compuesta”. “¡Bórrese ‘im’, y queda Posible! Todo es posible cuando nosotros lo queremos”, remarcó el sacerdote. Este recuerdo quedó grabado en mi mente y me ha servido para saber que TODO ES POSIBLE. Que podemos hasta luchar contra la muerte.

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OPERACION AMIGO Caminaba con mi padre por el jirón Pizarro. Era el mes de marzo de 1965 y faltaban pocos días para el inicio de las clases. Días antes había estado en Santiago de Chile con mi familia. Esa mañana conversaba con mi padre sobre la restauración de la Huaca Esmeralda, cuando de pronto un joven nos detuvo. Saludó muy amablemente a mi padre y se presentó como diciendo que era Víctor Hugo Milla, presidente del Club Operación Amigo en la ciudad de Trujillo.

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íctor Hugo era en ese entonces estudiante de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Trujillo, colaboraba en la sección sociales del diario La Industria. Milla era Chimbotano de nacimiento pero con una increíble facilidad se había relacionado muy bien en la ciudad de Trujillo. 178


Esa mañana Víctor Hugo le dijo a mi padre que el diario Miami Herald y la Vice- presidencia del gobierno de los EEUU auspiciaban y financiaban este el Programa de Intercambio Estudiantil Operación Amigo en todo el continente americano; y sin mayores preámbulos me invitó a formar parte de través de mi padre a que ingrese a esta la institución, señalándome que dentro de indicando que en dos días habría una reunión en la casa de Olegario Bracamonte y Meza. Varios grupos de estudiantes trujillanos habían viajado antes especialmente al Estado de Florida, a la ciudad de Tallahassee en el estado de Florida, y hasta se había logrado hermanar a con a la ciudad de Trujillo con la con esta ciudad estadounidense. Operación Amigo como su nombre lo dice tenía como objetivo fortalecer los lazos de amistad entre los jóvenes americanos. Aquélla tarde fui a En la reunión en la casa de Olegario y me enteré de que había programado del viaje de 35 estudiantes trujillanos a Norteamérica. Víctor Hugo sin mayor preámbulo me había inscrito en la lista de candidatos al viaje soñado. Al llegar a mi casa le comenté a mi padre de la reunión. Mi padre inmediatamente Como buen descendiente de ‘genovés’, mi padre observó la parte económica y me comentó dijo que ya habíamos viajado a Chile, por lo tanto, no habrían más viajes aquél año. Pasaron los días y Víctor Hugo me llamó por teléfono. Recuerdo hasta hoy el número de mi casa, el 2822 en Trujillo. “Me dijo que estaba seleccionado para el viaje, pero debíamos pagar el pasaje, aunque con una tarifa especial que ofrecía Aerolíneas Peruanas S.A. (APSA)”, la primera línea de bandera peruana que surcó los cielos del continente de Colón. Le agradecí a Víctor Hugo, pero a reglón seguido le dije que debía tenía que consultar con a mis padres. Víctor Hugo insistió en darle una pronta respuesta lo antes posible porque había muchos candidatos. que solicitaban la vacante. A mi padre la idea le atraía muy poco, debido a su formación política. Era un antiimperialista, admirador de la Revolución Cubana, y defensor de las propuestas socialistas. A eso se agregaba el hecho que tenía que pagar el boleto aéreo.

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Entonces decidí llamar a Víctor Hugo pensando que no debía perjudicar a otro joven que sí tenía el consentimiento de sus padres para poder viajar. Me sorprendió su firmeza cuando Víctor Hugo me dijo: “Constante, tú viajas aunque tengamos que empeñar la Catedral de Trujillo”. Solté una carcajada y le dije que agradecí por su interés. Le comenté que recién habíamos regresado de Chile y mis padres estaban gastados. Víctor Hugo me pidió colgar el teléfono y que no contestara pues iba volver a llamar para hablar con mi padre. Realmente no sé, hasta el día de hoy, qué le dijo Víctor Hugo a mi padre. Lo único que sé es que al colgar mi padre el teléfono me buscó por la casa para decirme: “Te vas a los Estados Unidos, Víctor Hugo dice que sólo solamente vamos a pagar medio pasaje”. Al día siguiente, de regreso a casa, al regresar al colegio, ya estaba listo y firmado el cheque de mi padre a nombre de Carlos Puente, que era el agente autorizado en Trujillo de APSA. Si alguna cosa le caracterizaba a mi padre era que si asumía un compromiso económico, lo cumplía asumía con una exactitud y prontitud increíble. $125 dólares le costó a mi padre el pasaje a Miami.

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Ya estaba en Operación Amigo, ya era parte de ese organismo internacional. En las reuniones previas al viaje ahora prestaba más atención de a los comentarios que hacían otros amigos que participaron habían participado del programa. Por ellos, me enteré que en el Aeropuerto Internacional de Miami, íbamos a ser recibidos seríamos recibidos por una familias norteamericanas que nos alojarían iba alojar en sus casas y que compartiríamos durante e íbamos a compartir por 45 días, los estudios en la escuela con un nuestro amigo o amiga estadounidense. Y así fue. En junio de 1965, en un ómnibus especialmente fletado de la Empresa de Transporte Chinchaysullo, salimos de Trujillo nos llevó directamente al Aeropuerto Internacional Jorge Chávez. “Viajamos treinticinco jóvenes, viajamos de los cuales treinta trujillanos y cinco chimbotanos. El viaje en bus a Lima duró 10 horas. Fueron horas de jolgorio, de canto, de bromas, de tomaduras de pelo entre chicos y chicas. Se vivía en ese bus y todo lo que sucede cuando se reúnen un grupo mixto de jóvenes”. Recuerdo que antes de viajar, la mamá de Yolanda Cerrato me llamó por teléfono había llamado expresamente para encargarme a su hija, pues ebido a nuestra amistad era desde la época infantil. También estaban en el presentes en este grupo de viajeros algunos jóvenes mayores como: José ‘Pepe’ Aguilar, ‘Coca’ Jaramillo, Teresa Murgia, Graciela ‘Chelita’ Baanante, las hermanas Mercedes y Margarita Graham (hijas del coronel Graham, director del Colegio Militar Ramón Castilla), Fernando Murgia, César Méndez, Carlos Gijón, Luis Pháis Jum, Teresa Cortés, y los hermanos César, Mercedes y Blanca Gálvez, entre otros. El grupo de Chimbote era un grupo muy simpático. Destacaba entre ellos Pepe Flores, a quien lo recuerdo caminando descalzo sin zapatos por el pasillo del avión de APSA, exigiéndole a la aeromoza que le sirva un ‘Whisky a las Rocas’. Los hermanos Ghiliardi, también representaban al puerto norteño. Muchos de los que viajamos en Operación Amigo, lo hacíamos por primera vez en un Jet, ya que pues normalmente viajábamos en los DC- 6 de Faucett o en los turbo hélice de 181


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Ecuatoriana de Aviación. La atención del personal a bordo del avión era esmerada, y no faltó alguien que empezó a cantar durante el viaje la canción de moda del argentino que había hecho famoso a Leodan, cambiando el original Santiago querido por Trujillo querido. Trujillo querido, Trujillo añorado, en ti yo he soñado tu a mi me has dado, todo lo más puro de mi corazón. Por ahí cuando escucho, una chacarera, Me acuerdo del pago, tu eras la primera, y pienso en Trujillo queriendo volver… Sin pensarlo estábamos aterrizando en el Aeropuerto Internacional de Miami. Después de pasar los controles de Aduana, todo era estábamos ante un gran alboroto, donde con las familias americanas buscando ban a los chicos peruanos que debían a hospedar. En eso Distinguí a lo lejos a uno de los más altos del grupo, con el pelo negro y tez no tan blanca como el resto de americanos. Era mi amigo Raúl Cambenses. Me presentó a sus padres. madre y su padre. Posteriormente supe me voy a entrerar que no era su padrastro padre y que Raúl era hijo del primer matrimonio de su madre con un español. Por lo tanto, para mi suerte, teníamos lazos latinos que nos iban a unir en esa convivencia de 45 días. A esta casualidad se va sumar el hecho de que el padrastro de Raúl era arquitecto y había estudiado en Texas con Fernando Belaúnde Terry, por ese entonces, Presidente del Perú. Al día siguiente de mi estadía en Miami me despertó Raúl muy temprano para acompañarlo a trabajar. Su trabajo consistía en recoger de un distribuidor una cantidad de diarios del Miami Herald y repartirlos en las casas de Tallahassee en 182


el estado de Florida. “El reparto era muy sui géneris. Raúl tenía un auto convertible, y en el asiento de atrás colocaba los periódicos, los cogía y los tiraba al jardín de cada casa. A los pocos segundos, yo era todo un experto repartiendo periódicos por Tallahassee”. Regresamos a la casa. nos Tomamos el clásico desayuno americano de cereal con leche, salchichas fritas, y panes pre elaborados, que venían en cajitas para ser horneados en casa. “Nunca voy a olvidar el sabor peculiar de la leche, era buenísima”. En menos de media hora estábamos en el Hialeah Hall School. Me impresionó ver como el torrente de chicos que estudiaba en esta escuela se abría hacia los lados costados para no pisar el escudo del Colegio. Ya ubicados en el aula, entendí que escuché por los parlantes que nos daban unos minutos para encomendarnos a nuestro Dios. Posteriormente, como era día lunes, todos pusieron la mano en el pecho y entonaron el himno norteamericano. Cuando ya todos íbamos a sentarnos nos prestábamos a tomar asiento, escuché por el altavoz los parlantes el rasgar de la aguja de un tocadiscos y la melodía comienzan a entonarse las canciones de nuestro himno patrio. Me puse de pie, como seguramente también lo hacían esa mañana del 65, treinta trujillanos y cinco chimbotanos para entonar mos a todo pulmón el Himno Nacional del Perú. Operación Amigo nos organizó varios paseos para conocer los lugares de atracción turística en Miami: el Acuario donde están los delfines, The Branch College, el zoológico, las playas, la antorcha de la amistad y las instalaciones del Miami Herald. Me impresionó el conjunto arquitectónico del diario. Era un edificio que tenía una apertura de 2 centímetros en el centro, que separaba la zona periodística (redacción), de la zona donde se ubicada la rotativa y la maquinaria periodística. Al día siguiente, Como ya era un repartidor del Miami Herald, me vi -al día siguiente- pude ver en una foto publicada en la portada del diario en la parte inferior. Ese día la en una foto publicada en la parte inferior del periódico, publicación del Miami Herald que fue el centro de comentarios en el Haillie Hall Scholl. En mi hoja personal de aficiones y estudios había puesto que tenía afición por la arqueología y conocimientos sobre las 183


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ruinas de Chan Chan y la Huaca del Sol y la Luna. “No sé si es por esta razón o por el interés que el padrastro de Raúl había puesto en conocer las zonas arqueológicas de Trujillo, que fui invitado a un programa de televisión en Miami, donde para sorpresa mía tenían preparado para exhibir una importante gran cantidad de diapositivas de sobre Chan Chan y la Huaca del Sol y la Luna. Ese sábado me di el gusto, a mis 16 años, de explicar a los ciudadanos norteamericanos sobre nuestra milenaria civilización y sus avances tecnológicos”. Mi presentación en el canal de televisión de Miami va generar después que The Branch College me invite a dar que de una conferencia sobre Chan Chan. Esta relación con The Branch College permitió que en 1967, al terminar mi secundaria, me ofrezcan una beca, para estudiar en esa prestigiosa universidad. El viaje a Miami con Operación Amigo tuvo muchas tantas cosas, tantas anécdotas, tantas que solamente el viaje daría para escribir un libro. De regreso hicimos escala en Bogotá. En dos o tres oportunidades abordamos el avión para seguir rumbo a Lima, pero una falla mecánica impidió volver ese día. persistía. Ante esta delicada situación, la aerolínea decidió que deberíamos quedarnos pasemos la noche en Bogotá, en el Hotel Tequendama, el hotel más lujoso de la capital colombiana. Esa noche nos encontramos Cuando todos estábamos en el comedor. Nadie miró el nombre del plato sino el precio, y todos pedimos el más caro. El domingo llegamos al Aeropuerto internacional Jorge Chávez. Mi madre y mi tía Esperanza me estaban esperando esperaban en Lima. Este viaje permitió la reactivación motivó que se reactive con mucha fuerza del Club Operación Amigo en Trujillo. Víctor Hugo Milla convocó a elecciones pues para elegir una nueva directiva ya que el debía regresar a su natal Chimbote. Tras los comicios fue electo presidente del Club Operación Amigo, Olegario Bracamonte y Meza, secretario José Flores, y fiscal el que escribe. Al poco tiempo recibimos a un grupo de americanos en la ciudad de Trujillo. Mi amigo Raúl Cambenses no pudo viajar con el grupo. 184


Como fiscal de la nueva directiva del Club detecté algunos manejos irregulares en la comisión encargada del programa de visitas y agasajos a los jóvenes norteamericanos. Este hecho lo denuncié en una asamblea y generó lo que motivó mayoritariamente simpatías y algunas críticas por tan osada actitud. A los pocos meses, Olegario renuncia a la presidencia y José se retira de la organización. Fue por esas circunstancias que asumo la presidencia del Club Operación Amigo, y me trazo como primer objetivo conseguir un local. para el club. El señor César Gálvez, gerente del Banco de la Nación en Trujillo y su esposa la señora Mercedes, me cedieron gentilmente una hermosa casona ubicada en el jirón San Martin de la ciudad de Trujilllo. Por fin el Club Operación Amigo tenía su local institucional, y Ahora estábamos en condiciones de estructurar un calendario de actividades cívicas, como que así lo hicimos para celebrar al celebrar como nunca se había hecho el Día de las Américas el 12 de octubre. Fueron tan importantes nuestras actividades que en muchas ocasiones contamos con la presencia del Alcalde Provincial, en esa época don Guillermo Larco Cox, y el Prefecto -que también nos invitaba- don Telmo Hoyle de los Ríos. Recuerdo que en esa nuestra gestión organizamos varios viajes de jóvenes trujillanos a EEUU. Fuimos invitados por el Consejo Directo Internacional de Operación Amigo, y el Miami Herald a reuniones de líderes americanos de Operación Amigo a Tegucigalpa, San Salvador, Bogotá y casi todas las capitales americanas. Y, en el Congreso Interamericano de Operación Amigo realizado en Quito fui elegido vicepresidente de la organización. Para mi tercer periodo de Operación Amigo, incorporé a la en mi directiva a entrañables amigos como: Walter Ramos, por ese entonces conductor de un programa juvenil en Radio Sudamericana, actualmente electo Parlamentario Andino y presidente de la Beneficencia Pública de Trujillo; Luis Ríos Miranda, entrañable amigo de toda la vida, jefe de redacción del diario La Industria, juntos escribíamos todos los lunes la columna Ritmo y Juventud; Juan Julio Dueñas, redactor del diario La Gaceta, Carlos Gijón y Consuelito Galarza.

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CHABUCA Y LA MARINERA Para Edda Marini de Montori El Concurso Nacional de Marinera, organizado por el Club Libertad de Trujillo ya era una tradición en 1977. La ciudad se paralizaba los últimos cuatro días de enero de cada año, para vivir a los sones de una ‘jaranera’ marinera norteña.

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os primeros fines de semana de ese mes, en la pérgola del Club Libertad, todas las noches, cientos de parejas ensayaban los pasos y la exquisita coreografía que la marinera trujillana iba adquiriendo. Las mujeres vestían faldas blancas y blusas bordadas a mano, y los chalanes de inmaculado lino blanco, le daban el toque peculiar a los ensayos de marinera. Las peñas criollas locales deleitaban a los asistentes con valses y polkas, mientras improvisados bailarines salían al ruedo para demostrar sus habilidades en un baile tan trujillano e hispano. Los sones del cajón reemplazaban el tintinear de castañuelas. Los mantones de manila fueron cambiados por los chales ‘mocheros’ finamente bordados. La zamacueca pierde su rigidez ibérica para enriquecerse con el salero y la coquetería africana, unida a la alegría de los pueblos Moche, Chimú, Sipán, Lambayeque, Chulucanas, y todos aquellos que a la ribera del Océano Pacífico le bailaban al Sol y la Luna. Cómo olvidar a Guillermo Ganoza Vargas, promotor nato, como lo demuestra fundando el Banco Nor-Perú (absorbido después por el Banco Continental). ¿Existe algún trujillano de esa época que no recuerde haber saboreado un delicioso jugo Liber de durazno, de pera o manzana? Guillermo Ganoza organizó esta fábrica, cuyas ventas se extendieron por todo el territorio nacional. Después vendrá la Urbanización Califor-

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nia, la Urbanización Primavera, y el Country Club El Golf de Trujillo. Y desde el Club Libertad, añeja y tradicional institución liberteña, Guillermo Ganoza lanzó la idea de organizar el Concurso Nacional de Marinera. Al lado del Palacio Municipal se ubicaba la casona típica colonial trujillana, residencia de Guillermo Ganoza. Ahí se hospedaba Chabuca Granda, la gran compositora e intérprete del nuevo vals peruano. Ese viernes de enero de 1977 estaba en la redacción del diario La Industria, intercambiando algunas ideas -sin ninguna duda políticas- con mi colega y amigo entrañable Mario Vigo Portela. El sonido del teléfono interrumpió el coloquio. Era mi prima Edda Marini Flores, directora de la revista Hola de Tru187


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jillo, que me pedía que vaya a la oficina de la revista y que lleve a Américo Barriga, reportero gráfico del diario La Industria. La razón de esta llamada era que Chabuca Granda había aceptado por fin una entrevista para Hola. Por muchos años, en sus estadías trujillanas, Chabuca se había negado a dar entrevistas. Sin embargo, aquél viernes le concedió la entrevista a mi prima, por intervención ‘generosa’ de Guillemo Ganoza. A bordo del volkswagen blanco de Edda, fuimos a recoger a esa institución de la música peruana, Chabuca Granda. Américo y yo nos sentamos en el asiento posterior del pequeño vehículo. Edda manejaba. A su lado, Chabuca, conversaba con optimismo y tanta fuerza que parecía no estar en el auto sino en un gran avión, surcando el cielo trujillano. De pronto, Chabuca volteó y mirándome a la cara me dijo: “Sabes, le he aceptado la entrevista a tu prima, siempre y cuando se haga en la casa del Fundo El Molino”.

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Y mirando a Edda dijo: “Espero que no le hayas avisado a Isabel y su hermana de nuestra llegada. Es mi deseo que sea una sorpresa”. A los pocos minutos, a la altura de la cuadra 8 de la Av. Del Ejército, ingresamos por una portada flanqueada de muros toscos de adobe hacia un patio, donde años atrás fue la antesala de una linda casita campestre trujillana. Los arcos estaban ahí, las mamparas también. Pero el tiempo y la falta de una permanente restauración y conservación, hicieron de este encantador lugar, un sitio triste, marcado por el abandono. Al tocar la mampara aparecieron las hermanas Hoyle. Chabuca se había transformado. Ya no era la mujer de carne y hueso. Era un ‘sentimiento arrollador’ que ingresó a la sala para luego ir directamente al piano. Lo abrió y dijo: “Cuántas tertulias, cuánta música hicimos en tu casa Isabel cuando yo aún era una niña para adolescente. O cuántas veces, aquí mismo, rasgamos las guitarras para componer una palla o dar las notas para un vals”. Chabuca recorría la sala, el comedor, las habitaciones…Las hermanas Hoyle no la podían detener. En su redescubrir los espacios de la casa, Chabuca abrió una mampara posterior que daba a la huerta del Fundo El Molino. Mientras, Américo la seguía de prisa registrando con la cámara fotográfica cada gesto de Chabuca. Yo iba a su lado, con la grabadora de mano, inmortalizando sus frases. Casi, casi nos sorprende. Chabuca estaba en la huerta, y en un gesto espectacular, incapaz de olvidar, Chabuca abrió los brazos, miró al cielo y dijo: “Dios, Dios, Señor… si existen milagros, haz que de mis venas brote agua para regar la huerta de Daniel Hoyle donde está enterrado su corazón”. Daniel Hoyle Castro, compositor de música criolla, era un autodidacta. Compuso una serie de temas sin ser músico. Un peculiar pedido a su familia para cuando muera, dice mucho de su sensibilidad. Pidió que entierren su corazón en la huerta de su casa. 189


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Había compartido con Chabuca hermosos momentos cuando ella visitaba la ciudad de Trujillo, debido a sus relaciones familiares maternas que tenía con la familia Larco. Los Larco se emparentaron por matrimonio con los Hoyle y con otras familias trujillanas. De esa relación surgió una inquebrantable amistad con Chabuca. Nos ubicamos en la sala de la casa de los Hoyle en el Fundo El Molino. Pisos de madera, de pino oregón canadiense, que aún, a pesar que los limpiaban con petróleo conservaba sus vetas características. Ahí Chabuca, al hablarnos sobre la marinera y el concurso nos dijo que el concurso le parecía una excelente idea. Sin embargo, refiriéndose a la marinera, señaló que “veía con mucho temor y mucho riesgo la tonderización de la marinera”. Chabuca decía que “el tondero, baile coqueto y de mucho movimiento, estaba influenciando mucho a la marinera; y veía con mucho temor esa evolución coreográfica, donde se podían perder los pasos originarios, para adoptar movimientos muy estudiados y ensayados, con lo cual la marinera trujillana o marinera norteña, perdería su esencia criolla, producto del mestizaje en la Costa peruana”. La entrevista a Chabuca Granda fue publicada en el número siguiente de la revista Hola. Seis años después, la gran Chabuca falleció en una clínica de Miami-Estados Unidos, y la entrevista fue publicada, con las fotografías de Américo, en el diario La industria, reproducida también en otros medios escritos trujillanos.. Tuve el privilegio y honor de contar para el recuerdo detalles y pormenores de la entrevista ahora relatada. La labor de los dirigentes del Club Libertad, liderado en estos últimos años por Fernando Burmester Landauro, han difundido la marinera norteña no sólo por todo el Perú sino que existen filiales en Nueva York, Washington, Paris, Madrid, Tokio. En fin, hoy el pañuelo blanco y el sombrero ‘mochero’ de paja cubre con sus sones y movimientos una parte importante del mundo.

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La profecía que hizo aquella tarde Chabuca Granda en el Fundo El Molino, se ha cumplido. La marinera sigue bailándose al redoble de la tarola y el cajón, a los sones de las trompetas y los saxos de la banda de músicos del Perú; pero el baile en sí, se ha estilizado y la influencia del tondero se ha concretado. La marinera trujillana, norteña, peruana se continúa bailando. Y, donde estuvimos ese viernes del 77, funciona hoy el rectorado de la Universidad del Norte. Imagino que su huerta será un hermoso jardín, donde yace el corazón cansado de Javier Hoyle, y que tendrá, por supuesto, una espléndida lápida para ser identificado. En mi próxima visita a Trujillo iré en peregrinaje a la casa Fundo El Molino para recordar a Chabuca, que hizo sonar ese viejo piano con hermosas e inéditas melodías.

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Poemas 500 AÑOS A LOS PUEBLOS ORIGINARIOS DEL NORTE PERUANO Dónde está la chicha milagrosa, que pudo convertir el desierto en oasis, de esta mi Costa árida. Dónde el tiempo detuvo la pobreza, Dónde el adobe gris de la casa sin techo, Se quedo ahí, en la eternidad de lo inconcluso. Qué pasó, porqué todo cambió. Quién es el director tras el telón que dirige esta tremenda desgracia. Qué maldición tan inmensa cayó sobre este pueblo, dulce y laborioso, que ayer cosechó en el desierto y transportó el agua cristalina del ande verde y el mar azul, Que brindó rico alimento. Qué pasó. Fue la civilización de la ambición, la individualidad y el egoísmo del blanco humano, el que destruyó nuestro Edén. Y la cruz, símbolo y sombra de dos mil años, de pequeña historia. Dios nos olvidó, Qué pasó. Y el niño canela de ojos rasgados, de pies tamales, de manitas redondas, sigue llorando en la arena, esperando que el milagro llegue de la chicha milagrosa .

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DEL BARRO MILAGROSO A LOS PUEBLOS ORIGINARIOS DE LOS ANDES El agua y el barro en los Andes es una masa de vida, Pan del nuevo día, Tierra de los Huanta, de los Chankas, de los Caxamarca, de los Chavín, de los Incas. Mezclada con las cenizas de las alpacas, las vicuñas, cóndores, y huanchacos. De los pumas, las culebras y las lagartijas. Unidos con los árboles milenarios, con el ichu de todo el tiempo, se mezclan en los ríos para regar la Patria. Y el Ande rico, rico en todo, en almas, en fuerza, pero pobre. Porque alguien les comió el corazón y los dejó inertes, como entes que caminan en el barro de bondad, en el agua cristalina del pasado.

Toma el barro de esta masa de tierra, Tuya por siempre y Haz un corazón. Fuerza de esta mi tierra que es todo, Que es lo único que los hijos podrán bendecirla. Como el Ande verde, verde de la esperanza, inicio del todo. Agua y tierra ¡levántate! Grita con fuerza ¡Honor y Lealtad! para vivir, para gozar. ¡Oh Dios! renace el sol, multiplica el mote. Dale vida al corazón de barro y crea tu nación, de los que van a vivir para ti. Somos parte del universo, del cosmos, de la eternidad. Paz y Amor, por siempre jamás.

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AMISTAD Amistad y familia. Amistad nace del corazón, y se hace con sangre. La familia es sangre, pero no siempre amistad. Amistad y familia. ¿Existe? Sí, siempre, eterna. Vida, amor, fuerza... Unidad de la sangre y el corazón, para siempre jamás. *Poesía escrita en un mantel del restaurante El Estribo en Trujillo, acompañado de Eduardo Cuba, amigo entrañable, quien emocionado compró el mantel. Trujillo, 18 de octubre de 1985.

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PICO AMARILLO Rasgando el vidrio del gran ventanal, una tarde te oí gemir por tu libertad de trinar, y saltar en el verde jardín.

Los monstruos de pelos y uñas, en significativa benevolencia, le otorgaron su libertad a pico amarillo, y lo ubicaron en un árbol.

Te lo impedía, la transparencia confusa del cristal, que se interponía entre tu realidad y los fríos muebles de la casa, donde habitan monstruos sin alas, de pelos y uñas, que se dicen humanos.

El aire, el olor, los aromas, eran distintos, era volver a nacer… era vivir. Tres o cuatro, menos o más días, nos dejó bolita de plumas.

Ese intento de vida envuelto en plumas, trataba con todas sus fuerzas, de su pequeño pico amarillo y patitas semejantes a los hilos de bordar, romper el cristal. Atrás, la blanca espuma del mar pintaba sobre la arena suaves formas que se diluían con la llegada de otra ola mar azul intenso, con la una frescura peculiar de ese domingo de diciembre.

Pico amarillo volvió, acrobacias en el árbol exhibía. Cantaba con alegre trinar a la libertad, Atrás del ventanal, en la fría casa humana yo rasgaba el cristal…

A la voz de aviso que un ser extraño estaba preso en tan humana casa, los otros dos ocupantes, por amor, fueron a auxiliar al visitante. Primero un diminuto recipiente de agua, después unos granos de arroz, y migajas de pan. El visitante, sin decir ni pio, unió la voluntad de los ocupantes para conseguir su libertad. Con suave delicadeza lo tomaron en sus manos, le prepararon un nido, tratando vanamente de imitar al que con dedicación y cariño, su madre construyó con su pico un día a su regreso.

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A MIS 50 AÑOS LES DIGO Que colaboren con energía, para que no se pierda la esperanza de construir una cadena humana que abrace a nuestro planeta, para que vea el universo que ese anillo es más fuerte que el de Saturno, porque en la tierra los humanos se aman.

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s bueno jugar con fantasías y pensar que la cultura es negra, que Julio César fue chino, que Alejandro Magno era el Inca Huayna Cápac, y Bonaparte el cura Bolo. Si a los 50 años me dirían si podría empezar de nuevo, lo aceptaría, y sólo pondría una condición: que me regalen un pedazo de tierra en los Andes de mi país. Construiría una casa de árboles frescos, cultivaría mi parcela, hundiría mis pies en el barro formado por las torrentes lluvias. Me detendría en el tiempo para sentir el aroma de cada hoja, de la tierra mojada, y el trinar de los pájaros. Por las noches, al mirar las estrellas en el firmamento pensaría en lo grande que es el hombre y en las mañanas, adoraría los cerros bajo la sombra del sol. Conversaría con los insectos, aprendería de las hormigas que grano a grano hacen montañas. La madurez llega pero me queda una duda: Perder el encanto de la ingenuidad, de la libertad, de vivir sin tiempo, de hacer uno lo que quiere, de romper los esquemas de una sociedad convencional. Madurar es detenerse, es pensar en todo y en todos. A esta edad amo más a mi padre, admiro su cultura, pero no entiendo por qué se olvidó de Dios. A esta edad, tengo el pesar de no haber mecido en mis brazos, cual niña, a mi madre y haberla bañado en besos. Me hubiese gustado viajar más veces a Chile para conversar

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con el tío Carlos de la Revolución Rusa, China, y la cubana; del origen italiano de los Traverso, de mil anécdotas, y comerme un trozo de pan con una rebanada de salame acompañado de un buen tinto. No hice todo el esfuerzo por acercarme a los Traverso Nogara para decirles que los amo. A los Traverso Gracey y los Matto Traverso, les pido estar unidos, desarrollar nuestro espíritu y cultura, para ser una gran familia unida en el tiempo con el amor de siempre. A mis amigos que se fueron les diría muchas veces cuanto los quiero . No me agarraría a trompadas con Lucho Moreno 197


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y me compenetraría más en la vida de Enrique Valdez. Le daría mucho más tiempo a mis conversaciones con Don Abel en el comedor de diario de Mariano Rodríguez 123, cuadra 9 de la Av. Del Ejército, de mi natal Trujillo. Aplicaría su práctica de economía familiar y el arte de saber escuchar. Gozaría más tiempo de mi abuelo Jorge. Prestaría más atención a las historias de mi abuela materna Lucila sobre nuestro antepasado, el Mayor Andrés Rázuri, que peleó con el valiente Coronel argentino Isidoro Suárez -bisabuelo materno de Jorge Luis Borges, el gran poeta- en la Batalla de Junín. A mis hijos les digo que me siento orgulloso de pertenecer a una generación romántica e idealista, que quiso cambiar el mundo, y construir una sociedad sin clases, donde la riqueza se distribuya con justicia social. Donde los niños no estiren la mano en las calles, donde la mujer sea respetada y no traiga al mundo un hijo en barracones; donde la vida de todo ser humano se valore, y la solidaridad se muestre en cada minuto de todos los días. En fin, vivir en una sociedad justa. Donde ustedes, o los hijos de ustedes, sean los nuevos revolucionarios que rompan las cadenas y destruyan esta sociedad basada en el consumo y la globalización financiera. Pedirán con un grito que hará temblar la tierra ¡libertad para vivir! Y nosotros, donde estemos, aplaudiremos esta actitud, como lo hicimos con el ‘Che’ Guevara, por su entrega incondicional. Soy de la generación del post mambo, de la cumbia y el merengue, del rock de los Beatles. No compartí la marihuana ni los ácidos y eso me hace feliz. Me gusta Hemingway, especialmente García Márquez, y en poesía soy un conservador. Gustavo Adolfo Bécquer goza de mi admiración. Da Vinci, Miguel Ángel y Goya en pintura son mis preferidos. Picasso es mi engreído. La fuerza de Beethoven me llega al corazón. Me identifico con Chan Chan, la ciudad de barro, de palacios y tumbas. Con las huacas del Sol y la Luna. Soy mochero 198


y chimú. Peregriné por Machu Picchu llenando mi alma de su energía cósmica. En mi carpeta de colegial, soñé un día con ser presidente de mi patria, o un poeta bohemio que en un velero navegaba por las aguas azules del Pacífico, deteniéndome en Galápagos, en la Isla de Pascua o viviendo en la Polinesia. Encontré a Dios, converso con El, dialogo y cada día me enseña a ver mejor el mundo, a tener paciencia, a ser prudente. Soy honesto, puntual, y cumplo fielmente las reglas de nuestra maravillosa creación. Escucho y comprendo a las personas. Le agradezco a Dios el haberme permitido amar y ser amado. A los 18 años me enamoré de Laly, mujer que es mi amiga, esposa, compañera y confidente. Es muy valioso ser amado. Ni los ricos de París, ni los nobles de Mónaco, o aquéllos que se pasean por la Quinta Avenida de Nueva York; o los que viven a orillas del Támesis o del Rin, o los que están cerca del Vaticano, o los parroquianos de la calle Serrano en Madrid. Nadie sabe del amor como yo. Amo a mis hijos, a mi familia y a mis amigos A Dios, le pido perdón. Agosto del 2001 199


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Trujillo

Notas periodísticas

El diario La Industria, fundado el 8 de noviembre de 1895 por don Raúl Edmundo Haya de Cárdenas, es el diario emblemático de la ciudad de Trujillo. En 1965 fui invitado a escribir por Luis Ríos Miranda, periodista de corazón y pluma, en ese entonces jefe de informaciones del diario La Industria y corresponsal del diario El Comercio, decano nacional de la prensa escrita. Con Lucho estamos unidos siempre, y desde donde él está ahora, seguimos conversando. Recuerdo que en esa época, el jefe de redacción de La Industria era Héctor Alba Centurión, otra estrella del periodismo nacional. Prueba de ello es que el “rey de los tabloides”, el periodista Raúl Villarán Pasquel, fundador del diario Correo, lo convocó para que desempeñe la jefatura de redacción de este diario en la ciudad de Lima. Me inicié escribiendo bajo las enseñanzas de estos dos grandes maestros. El año 2003 cuando me desempeñaba como director del diario Liberación lo invité para que se desempeñe como jefe de redacción del diario. Fue un reencuentro inolvidable de aquellos que marcan un tiempo en nuestra existencia. Volví a escribir en La Industria y su dominical cuando La Industria, por voluntad expresa de la señora Isabel viuda de Cebrián, entregó la administración y conducción del diario La Industria a sus trabajadores. En el suplemento dominical escribí por largas semanas a dos páginas una sala que se llamó: Reportaje a la historia y en la página editorial artículos políticos. Al recordar mi paso por el vice decano de la prensa nacional, como no traerlos al presente a mis compañeros, colegas y amigos: Alfonso Campos Pérez, Carlos Castro Cruzado, Mario Vigo, entrañable compañero de siempre; Alejandro Cosamalón, Felipe Apaza Amador, Lorenzo Kont, Gilberto Reyna, Carmen Rodríguez, Susy García, Félix Álvarez, Benjamín Cubas Orbegoso, Jacinto Bazán Oder, mi siempre amigo Biaggo Di Leo Villacorta, y a nuestros grandes maestros Sigifredo Orbegoso Venegas, Eduardo Quirós Sánchez, y Segundo Llanos Horna. Tuve el honor de tener en esa época a dos grandes directores en La Industria: Don Daniel Gordillo Jara y don Eduardo Lizárraga, románticos, abiertos a todas las tendencias sociales y políticas. Ellos dejaron una huella grata de su compromiso con la verdad, con la justicia y la democracia.

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EL VIEJO FERROCARRIL *Publicado en el suplemento dominical LLaqtari del diario La Industria de Trujillo, el día domingo 26 de Marzo de 1978.

La ciudad se dividía en dos bandos: uno muy minoritario y el otro inmenso. Por una parte, estaban los que no iban al baile por estar enfermos, de viaje o tener trabajo nocturno, y por otro lado, los que querían entregarse a una noche de embrujo en una fiesta cargada de anuncios románticos, aventuras y ‘lances’ amorosos que podrían enhebrarse en la música de una cuadrilla o de un lancero.

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espués de los anuncios todo Trujillo empezó a prepararse. Nadie hablaba de negocios o de temas trascendentales. Los diálogos en las calles, en las tertulias familiares eran más o menos de esta índole: Iré al baile del Municipal con traje de dama antigua… Roberto tendrá que ir de arlequín porque yo voy de colombina… Debo dejarte, voy de compras, necesito tafetán y unos encajes finos para mi disfraz de marquesa… Fernando irá de mosquetero… Adiós, hasta el sábado…Peregrina, no te olvides de tu D’ Artegnan.

Foto estación de trujillo

Y llegó ese sábado de 1875., La sociedad trujillana asistía en pleno al BAILE EN HONOR AL FERROCARRIL en la calle del Prado (Bolívar). El teatro deslumbraba con sus luces. Una fantástica iluminación a gas formaba luminosas guirnaldas en la fachada, y arriba, en el frontis, se leía en letras que titilaban como las estrellas: Muchas comparsas llegaban a pie cantando y riendo en una noche estrellada y maravillosa. Los ricos y los aristócratas lo hacían espectacularmente en un lujoso cupé, en brillante victoria o en coche americano tirado por dos briosos y enajenados corceles, manejados con maestría por las enguantadas manos de un cochero que llevaba sombrero de copa y botas de charol. Así fue como los trujillanos inauguraron su ferrocarril, proyectado en el gobierno del coronel Balta y ejecutado en el régimen de don Manuel Pardo. El ferrocarril que se inauguró en 1875, unía la ciudad con

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el puerto de Salaverry. Recorría 14.5 Km., contaba con una estación intermedia en el pueblo de Moche a 7.5 Km. de la cual se desprendía un ramal al balneario de Las Delicias, usado solamente en la época de “baños”. Con los años se construyó otro ramal cuya dirección general fue el norte. Unió a nuestra ciudad con Ascope, considerada en aquella época como la segunda ciudad del departamento, convirtiéndose esta línea en la más importante. En sus 62 Km. de recorrido, unía a todos los pueblos del valle Chicama, Chocope, Chiclín, Cartavio, Casa Grande y Chicamita. Para trasladarse al interior del departamento era un gran problema y había que planearlo con anticipación. Las cabalgaduras se dejaban descansar e invernar por algunos días en el fundo Santo Tomas. El viaje, lento y penoso, se hacía de madrugada. Los rayos de sol al mediodía caían inclementes sobre el aletargado viajero, que avanzaba por la Peña del Arco y llegaba donde Pesantes. La noche se la pasaba durmiendo sobre el Pellón sampedrano, y al primer canto del gallo continuaba viaje por la temible Peña de San Bartolo, Platanar, Tintin, Singuirual y Samne. El ferrocarril ayudó a evitar estas penalidades. La construcción de su ramal con dirección general Este recorría el valle de Santa Catalina y terminaba en la hacienda Menocucho, lugar al que llegaban los viajeros del interior. El recorrido de este ramal era de 26 Km. y contaba con estaciones intermedias en la hacienda Laredo y Quirihuac. Sin embargo, por problemas económicos no se continuaron los proyectos ferrocarrileros. El ramal de Ascope debería de internarse por los Baños Chimú hasta la selva, y el ramal de Menocucho fue proyectado para unir Otuzco con nuestra ciudad. Ochenticinco años después de instalado el primer ferrocarril, los trujillanos nuevamente estaban divididos. Una gran mayoría se interrogaba y respondía: ¿Ferrocarriles? Sí, pero es un sistema viejo… Traigan camiones, automóviles, construyan carreteras… El progreso va sobre llantas de goma exclamaban otros. Habrán muchas flotillas de camiones que competirán 203


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y acabarán con el monopolio del ferrocarril, decían algunos. Todo esto sonaba hermoso al oído de muchos trujillanos. Con esfuerzo, el gobierno echó mano a sus escuálidos bolsillos para construir carreteras paralelas a la vía de acero. Se vendió nuestra azúcar, nuestro cobre y el oro para traer camiones que no duraban cinco años. Naturalmente daba mucho gusto pasear en suaves y veloces vehículos familiares por las nuevas carreteras. Y más adelante, como faltó dinero para levantar nuevas industrias y aumentar la producción de alimentos, los camiones no tenían mucha carga para transportar, pero se la quitó al ferrocarril debilitando su economía hasta hacerlo quebrar. Una minoría, quizá romántica, profetizó esta situación. El tren se modernizaba los países súper industrializados. Se invertían fuertes presupuestos en incrementar sus flotas y en abrir ,nuevos ramales. El transporte ferrocarrilero es barato y cómodo decían los más románticos. Nos ahorran divisas por la prolongada existencia de las locomotoras decían los economistas. Consumen menos combustible y los hay trenes eléctricos. Nuestra patria tiene proyectos para electrificar -por medio hidroeléctricasgran parte de la costa. ¡Debemos construir ferrocarriles! exclamaban algunos ingenieros. -La vida media de una locomotora es 5 a 6 veces superior a la de los camiones. Los costos por depreciación por cada 1,000 Km/ton. transportada son los siguientes: a- Ferrocarril sistema Diesel, US$ 0.91 b- Ferrocarril sistema eléctrico, US$ 0.41 c- Camiones, US$ 11 Basta medir el transporte ferroviario mundial. Actualmente, la distribución de fletes estimada en Norteamérica, el porcentaje de toneladas métricas es: a –Ferrocarril, 50% 204


b –Carreteras, 17% c -Canales mar, aire, acueductos, 33% En mecánica racional, lo que dificulta el movimiento de un vehículo en forma recta y horizontal es el frotamiento entre sus elementos móviles (ruedas, etc.) ó la base, o sea, el camino o riel. Esto quiere decir, en números redondos que mientras el ferrocarrilnecesita unos 500 HP para mover 1,000 toneladas a 50 Km. por hora, los camiones necesitan por lo menos una potencia 3 a 5 veces superior en caminos de asfalto, y de 7 a 10 veces más en vías ordinarias???. Desde luego que los consumos de combustible, petróleo diesel por ejemplo, estarían en la misma proporción. Inglaterra, en un plan de 15 años ha invertido 1,200 millones de libras esterlinas en 300.000 carros de carga, 1.100 locomotoras eléctricas, 3.600 automotores eléctricos, 3.700 locomotoras y 4.300 automotores diesel. Hay una sola cosa que hacer y ella es no malgastar las divisas que el país necesita con verdadera urgencia para sus planes de desarrollo. Tenemos todavía en el sur un ferrocarril. Es de todos y a todos nos sirve. . Saquemos provecho de el que con esfuerzo y sacrificio construimos, más tarde tendremos lujos que hoy nos son prohibitivos. Creemos que sería conveniente emprender una política ferrocarrilera con trenes eléctricos que atraviesen nuestra costa, aprovechando su geografía, para el transporte pesado y de pasajeros, donde sería más reducido el riesgo de accidentes. y además un importante ahorro de combustible. Los ‘viejos’, que hace 18 años protestaron por el fin de los ferrocarriles trujillanos, tuvieron mucha razón: FUE UN CRIMEN A LA ECONOMIA DEL PAIS LEVANTAR LA VIA DE ACERO TRUJILLANA. Para verdades el tiempo…

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NUESTRAS PRIMITIVAS VIAS DE COMUNICACIÓN VIA MARITIMA

Suplemento Dominical, La Industria, 16 de julio de 1978.

Tiempos antes de la llegada del ferrocarril, de los autos y el avión, nuestra provincia se comunicaba exclusivamente por vía marítima. Los españoles fundaron en la antigua población de pescadores Chimús, nuestro primer puerto llamado Huanchaco; hoy convertido en una pintoresca caleta y balneario.

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n la época republicana se construye el puerto de Salaverry, convirtiéndose en el principal de la región. En el año 1875 se une el puerto de Salaverry con la ciudad de Trujillo por medio de un ferrocarril. Ya en el siglo XX, en la década de los 30 se construye una carretera asfaltada. En el puerto de Salaverry hacían escala los ‘populares’ barcos chilenos de cabotaje que hacían este servicio en la costa peruana. Para nuestros abuelos, sería fácil de recordar los nombres de estas embarcaciones conocidas como Alamo, Maule, Lebú, Copiapó, etc. En el año 1903, el gobierno peruano promulga una ley que protege y fomenta la navegación nacional. Un grupo de inversionistas limeños fundan la Compañía Peruana de Vapores y Dique del Callao, el 16 de diciembre de ese año, mandando construir en los astilleros de Francia e Inglaterra, cinco hermosas naves que revolucionaron el transporte marítimo del Pacífico sur. Hacían escala en Salaverry, en sus viajes al norte y sur del país, los vapores de la línea Hamburgo- Americana, que en 1847, se estableció como línea regular entre Hamburgo y Nueva York con sus famosos veleros. En 1914 la empresa contaba con más de 74 líneas. Los lujosos vapores ‘Santa’ de Grace Line, en sus recorridos

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entre Nueva York y Valparaíso, ofrecían pasajes en primera y tercera clase. Siendo también los que daban mayores comodidades y confort al viajero. Los pasajes de estas compañías eran uniformes. En 1935, un boleto en primera, entre Salaverry y el Callao y viceversa costaba 63 soles, más 2.52 soles de impuestos adicionales. Un boleto en tercera costaba 29.58 soles más 0.58 soles de impuestos. Estas tarifas estaban sujetas a ciertas variaciones para fomentar el turismo y fiestas de importancia, haciendo siempre apreciables descuentos las compañías peruanas y chilenas. El desembarque en Salaverry era cómodo. Había el servicio de lancha-automovil, contando el puerto con un buen muelle metálico. El precio del pasaje en la lancha era de 1 sol por pasajero. Para el transporte de equipajes, existía un servicio de ‘fletero’ matriculados, donde destaca la figura de Colongo, un hombre que se ganó el aprecio y simpatía del filántropo y hacendado trujillano Víctor Larco Herrera, quien en sus fre207


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VIA TERRESTRE

E4RA BUENOS AIARACAS

Con la construcción de la carretera Costanera, en el gobierno del general Benavides, se intensificó el tráfico notablemente, creciendo el número de las agencias de transporte. Este servicio se hacía mediante automóviles, omnibuses y camiones. Era -como es natural- muy variado el precio según el vehículo, no pudiéndose fijar una tarifa aproximada. En los años 30, el tráfico por vía terrestre era muy penoso debido a que la carretera Costanera, distaba de ser tal, y se encontraba siempre en mal estado de conservación. Sólo se elegía esta vía en casos de necesidad y urgencia, o estudios o deporte. Las agencias que en 1935 estaban establecidas en Trujillo fueron: Trujillo Express, ubicada en la calle Progreso Nº 832, Agencia Alva, Estación El Sol, Morales APU, y Lima Express. Trujillo está unido a las capitales de las principales provincias del interior, mediante una carretera de la que nos ocuparemos detalladamente en otro artículo.

ALL AMERICA CABLES INC Fue Trujillo estación cablegráfica de una de las compañías más poderosas y acreditadas del mundo: La All America Cables, afiliada a la International Telegraph Telephonen Corporation, cuyas investigaciones en radio telefonía eran muy avanzados. Instalada en Lima en el año 1879 por James A. Scrymser, fue aumentando sus líneas hasta alcanzar 22,686 millas de cable, para transmitir los mensajes oficiales, económicos y comerciales de América. La estación de Trujillo fue fundada en 1923 bajo la dirección del norteamericano A. Hughes Hooper. La línea submarina llegaba hasta el balneario de Buenos Aires, y de ahí por una línea terrestre hasta la ciudad. Mr. Hooper falleció en 1928 sucediéndole en el cargo don Enrique Bolognesi, nieto del héroe de Arica. 208


LA VIA TELEFONICA Trujillo cuenta con este servicio de comunicación desde el año 1900. Entonces se establecieron aquí dos compañías: La Sociedad Telefónica Trujillo y la Compañía Telefónica Trasandina. Ambas entraron en activa competencia. Cabe destacar que los propietarios de estas compañías eran en su mayoría familias trujillanas. Al terminar el año de 1933, la Compañía Telefónica Trujillo vendió sus derechos a la Compañía Nacional de Teléfonos del Perú. Esta compañía fue creada por la Marconi Wireless Co. Ltda. comenzó a trabajar en Lima en los años de 1928. Sus capitales fueron cubiertos en su mayor parte por la Cables and Wireless de Londres. Contaba con más de 2,500 km. de líneas. En Trujillo, en los años 30, la empresa en referencia tenía 200 abonados. La compañía Telefónica Trasandina, formada por entusiastas comerciantes e industriales de la localidad, no prestaba un eficiente servicio, especialmente en los pueblos del interior como: Samne, Salpo, Otuzco, Usquil, y Quiruvilca por una sencilla razón: un poste de madera y un pedazo de alambre eran ‘tesoros’ muy apreciados por los pastores y labriegos que no podían sustraerse a la tentación de apoderarse de ellos, cortándose la comunicación con estas ciudades andinas. Con los años, todas estas compañías van a desaparecer. ENTEL PERU tenía instalaciones muy modernas de comunicación, con servicio de micro ondas y el ‘fabuloso’ télex. Ambos utilizan la vía satélite, logrando comunicaciones con todo el mundo.

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EL SECRETO TELEFONICO La señorita María P. Quevedo, en el año de 1932, era empleada de la Sociedad Telefónica de Trujillo. Como es de conocimiento público, el trabajo telefónico se desarrollaba -en esa épocaen un ambiente incomprensivo para muchos, y para aquilatar más los méritos de la referida señorita, llevaba más de 30 años de servicio ininterrumpidos sin demostrar fatiga por su trabajo. Muchos habremos leído los frecuentes y heroicos comportamientos de los telegrafistas de los vapores cuando lanzaban un SOS, mientras la embarcación naufraga. Cuando el tranquido??? de las balas era incesante en la ciudad o cuando el zumbido aterrador del pique de los aeroplanos hacía estremecer al más templado de los varones, María Quevedo cumplía serenamente su labor. Se hacían llamadas angustiosas, se repartían órdenes terminantes, se indagaba la por una situación de riesgo, etc. Ella contestaba sin alterar el tono de su voz, sin denotar aburrimiento o fatiga. Se instaló en Trujillo la Corte Marcial para juzgar sumariamente a los revolucionarios del 32. Se llamó entonces a la señorita Quevedo para atestiguar, para verificar tal o cual cita. La más ligera indiscreción, la más leve insinuación de María Quevedo hubiera podido significar la muerte de muchos encausados. De los labios de esta abnegada mujer no salió una sola palabra acusadora. No pudieron doblegarla las amenazas de los jueces. De igual estirpe fue su hermana Teresa Lucila Quevedo, que en la época que tratamos tenía 75 años de edad y trabajaba como telefonista desde 1895 en el pueblo de Chocope. Fueron estas dos mujeres trujillanas símbolos de valor y nobleza.

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CUANDO EL CINE LLEGO A TRUJILLO Eran las postrimerías del siglo XIX. Trujillo era pequeño pero se vivía a un ritmo de gran ciudad con sus personajes típicos: el político, el escritor, las mujeres elegantes ‘con aire a la francesa’, el infaltable coplero, el aristócrata de la risa estruendosa, el veterano de mil lides revolucionarias, el amigo, compadre y cuñado que por esa época llegó al sillón de Pizarro, el gentleman que salía a pasear fumando puros legítimos con daptón? que lo utilizaba cuando alzaba la voz y suspiraba sin estornudar, luciendo un prendedor en la corbata, el anillo en el dedo, y hablando un poco de lengua inglesa para asustar a la gente. Se aparentaba brillo y opulencia. Es posible que todo este sueño del pasado ostentoso haya generado problemas, pero el mundo sonreía a los trujillanos. Se combinaban los paseos por la Plaza de Armas, con las tertulias familiares saboreando ricos dulces preparados por las monjitas del Carmen y Santa Clara, que hacían nada aburrida las tardes por esa época.

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Toda esta base social apoyada en costumbres, tradiciones fijas, y en un orden económico y político, va ser transformada con la proyección de la primera película muda en Trujillo, durante el primer decenio del siglo XX. Fue Louis Lumière quien inventó un aparato que servía para la obtención y la visión de pruebas cronofotográficas. Los antecedentes de este hecho datan de tiempo atrás. En 1860, Wangensteen presentó en Roma una especie de linterna mágica. En 1757 y 1799 Beccari y Chaussier descubren reacciones químicas para posibilitar la fotografía. En 1822 Nicéphore Niépce obtuvo imágenes fijas. Los nombres de Louis Jacques Mandé Daguerre, William Henry Fox Talbot, Georg Bastman están asociados a los avances técnicos de la fotografía. El artista que habría de añadir a lo técnico lo artístico y convertir al cine en un séptimo arte fue Georges Méliès (18611938), llamado cariñosamente ‘el mago’. Para definirlo lo pondremos entre Julio Verne, Max Ernst, y los cuentos de los hermanos Grimm. Méliès, dibujante, ilusionista, predigistador, 212


escritor, actor y decorador de teatro, se hallaba pues preparado para una gran labor entre los años 1895 y 1910. Produjo la cifra astronómica de 4.000 películas, algunas de ellas de 700 metros. Entre los filmes más importantes figuran: Una partida de cartas (1896), La historia de un crimen (1899), Viaje a la Luna (1902), La conquista del polo (1912), etc. Algunas de estas películas fueron puestas en cartelera en el local que hoy ocupa la Farmacia San Francisco, ubicada en la esquina de los jirones Gamarra e Independencia. Quizás muchos no pudimos apreciar el genio de Méliès, y es posible que hayan sido las películas del norteamericano D.W. Griffith las que revolucionaron el cine, convirtiéndolo en una gran industria entre los años 1909 y 1924, época en las que se produjo muchas cintas importantes, donde no se tenía en cuenta las unidades del teatro aristotélico. c Así nació Hollywood como la meca del cine. Pasaron los años y el cine fue avanzando artística y técnicamente. Los trujillanos iban diariamente a ver películas. Era novedoso sentarse varias horas frente a una pantalla grande… era la moda. Las costumbres y tradiciones citadinas habían variado, acondicionándose los lugareños a una nueva adicción. Para el deleite del público, las salas del Teatro Municipal, El Popular, El Ideal y Colón, dejaban escuchar todas las noches los ‘sones’ del piano que con gracia tocaban Sebastián Silva, Carlos Mannucci y el maestro Aragón antes de la exhibición de películas. Trujillo se restañaba de las heridas y la sangre de la revuelta del 32. A mediados de 1933 toda la ciudad esperaba con avidez un publicitado acontecimiento. La llegada del cine parlante. En Norteamérica y Europa había aparecido en 1922. El actor y cantante Al Jonson, aparecía en las pantallas como protagonista de la película El cantor de jazz, en la que por primera vez, industrializado el procedimiento sonoro, se demostraba cómo la palabra podía asociarse al idioma de las imágenes. A partir de ese momento, comenzó una larga discusión donde 213


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Chaplin, René Clair, Luigi Pirandello, Paudekin, que proclamaban su adición a una época que estaba terminando. El cine mudo pasaba a la historia. La nostalgia de aquélla época todavía perdura, pero el avance técnico no se detiene. Los hermanos Leonardo, Luis y Guillermo Risco La Torre, alquilaron el Teatro Municipal de Trujillo, entusiasmados por la llegada del cine sonoro. Potentes parlantes, instalados al ‘foyer’ del teatro, dejaban escuchar ritmos como el del charleston, el foxtrot y los ‘clásicos’ tangos de Carlos Gardel, que estaban de moda por ese entonces. El estridente sonido de los parlantes invadía las calles llenando de música la entonces apacible y señorial ciudad de Trujillo. Los traviesos muchachos se aglomeraban frente al Teatro Municipal, ubicado en la cuadra siete de la calle Bolívar, para escuchar la música de moda, que entonces sólo era privilegio de las familias adineradas que tenían radiogramófonos de onda larga y onda corta. Un original cartel ubicado en la calle anunciaba la exhibición de la película Gitano, con Laurence Olivier. Eran las seis de la tarde cuando autoridades y personas notables de la ciudad hacían su ingreso a la función de gala del Teatro Municipal. Hombres y mujeres iban al cine elegantemente vestidos con atuendos de la época. Los comentarios y las risas eran más notorias entre los jóvenes asistentes. -Oye Amable, qué suerte la tuya ser amiga de Leonardo y que invitara a toda tu familia a la ‘función de gala’ del cine sonoro, se escuchaba decir entre los amigos. A bordo de elegantes vehículos marca Dodge, Hudson y Parkars, de ese tiempo, bajaban los Boloña, los Ganoza, la familia Pinillos Goicochea, el Dr. Chávez Cabello, la familia Rosell, Cox, Jimeno, . entre otras. Mientras, en el hall del teatro, un grupo de señoritas trujillanas hacían de anfitrionas. Destacaban las hermanas Virginia y Caridad Pinillos quie214


nes recibían los galantes piropos del siempre infaltable Constante Díaz ‘Pitito’. Prácticamente, la crema y nata de Trujillo se había dado cita aquel día en el Teatro Municipal para ver el cine sonoro. La época del actor cómico Charles Chaplin no pasará al olvido pues las generaciones venideras recordarán a este genio del humorismo como la máxima estrella del cine mudo. Aparecerán entonces las figuras de Dorothy Lamour, Ronald Colman, Douglas Fausbns, Mary Peh Ford, Greta Garbo, Norma Sherrs, que hicieron suspirar a nuestros padres y abuelos. El cine no se detuvo. Por el contrario, creció comercialmente con fabulosas taquillas y figuras como Marilyn Monroe y Clark Gable, ambos considerados ‘mitos’ del cine clásico y responsables del gran ‘esplendor’ de esa época.

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TRUJILLO: ¿CIUDAD SIN ACTA DE FUNDACION? Comentamos a continuación parte de la Historia de Trujillo, de autor anónimo, que pretende aclarar la fecha de fundación de Trujillo. O sea, el 5 de marzo de 1535. Suplemento Domincal de La Industria de Trujillo, domingo 17 de marzo de 1985.

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sta Historia de Trujillo es de innegable valor por que el autor tuvo la oportunidad de revisar el libro primero del Cabildo trujillano, desaparecido tiempo después. Parte de esta historia ha sido publicada por Carlos A. Romero y Rubén Vargas Ugarte. CAPITULO SEGUNDO De cuantos años se fundó la ciudad de Trujillo, quienes fueron sus pobladores. Según parece, por un libro que es el más antiguo que se halla en el Archivo de la ciudad de Trujillo, donde está el Acta de su primera fundación y las personas en que fueron repartidos los sitios de ella intitulado: Libro de Cavildo de la villa de Trugillo, de cinco días del mes de Marzo de mil quinientos y treinta y cinco años hasta este año de mil seiscientos y quatro a que se fundó esta ciudad, sesenta y nueve años. ¿Cómo podemos tener la certeza que el autor anónimo de la Historia de Trujillo, tuvo ante sí el primer libro del Cabildo, sesenta y nueve años después de ser fundada la ciudad de Trujillo? Por el encabezamiento del libro podemos sacar dos conclusiones: 1 - Que nuestra ciudad se fundó el cinco de marzo de 1535.

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2 - Que fue el mariscal Diego de Almagro… en nombre de Su Majestad y por comisión que tuvo del Adelantado y Gobernador de estas tierras don Francisco Pizarro, quien realizó el Acto de fundación y repartió los sitios y solares. Asimismo consta en dichos autos, quiénes fueron los primeros pobladores, a quiénes repartieron los indios, y quiénes tuvieron oficios de justicia y regimiento, nombrados por el Gobernador, Don Francisco Pizarro. Basándonos en el libro y autos de la elección de los Alcaldes, y la memoria de los primeros vecinos a quienes les encomendaron los indios, la lista es como sigue: - Rodrigo Lozano por Alcalde - Blas de Atienza por Alcalde - Alonso de Albarado por Regidor - García de Contreras por Regidor - Diego de Verdejo por Regidor - A. Pedro Mato por Regidor - A. Pedro de Villafranca por Regidor - A. Vitores de Albarado - Diego de Vega, Procurador o mayordomo del Concejo Memoria de los primeros pobladores vecinos encomenderos de indios: - El teniente Martín Estete - Rodrigo Lozano, Alcalde - Blas de Atienza, Alcalde - Alonso de Albarado - Vitores de Albarado - García de Contreras Mosquera - Melchor Verdugo - Lorenzo de Ulloa - Francisco de Alcantara - Pedro Mato - Barrientos - Aguilera - Diego de Vega - Vargas - Andrés Varo - Antón Quadrado 217


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- Valdez - Diego de Verdejo - Vicente de Béjar - García Holguín - Diego de Mora - Serna - Pedro Gonzales (Escribano) - Juan de Osorno - Juan Roldan - Trujillo - Hernando de Chávez - Pedro de Villafranca - Miguel Pérez TESTIMONIO Yo Andrés Obregón escribano del Rey Nro. Señor Público minas y Registros desde ciudad de Trugillo del Piru doy fee y verdadero testimonio a todos los que la presente vieron como un libro que es el mas antiguo que ay en el archivo desta ciudad de Trugillo donde esta la traza.. ¿??? de su primera fundación y las personas en quienes fueron repartidos los sitios y solares della intitulado Libro de Cabildo de la Villa de Trugillo de cinco de marzo de mil quinientos e treyta y cinco años donde por cabeza el titulo y comisiones que el emperador nro. sr. de gloriosa memoria traxo Don Francisco Pizarro adelantada y governador desta tierra su fecha en Toledo y veinte y seys de julio de mil quinientos y veyte e nueve años y luego se siguen dos autos originales firmados por dicho governador cuyo thenor es como sigue: El Comendador Don Francisco Pizarro Adelantado Governador y Capitán General en estos rreynos de la Nueva Castilla por su Mag. haze saver a todas las personas que estan y rresiden en esta villa de Trugillo que las personas que an de ser vecinos desta villa e a quienes sedan indios de repartimiento son el Teniente Martin Estete e Rodrigo Lozano e Blas de Atienza alcaldes… (siguen nombres), los quales todos para que se le den los dichos yndios e acudirles de repartimientos de ellos ante todas cossas an de venir a se obligar de rresidir las dichas becindades por un tiempo de quatro años e para que si no rresidere el dicho tiempo de quatro años sepan que an de 218


tomar todo lo que heviere granjeado e rrescatado e adquirido sino fuera con licencia de dicho señor gobernador todo lo cual desde agora áplica para la cámara y fisco de su Mag. e para que sea publico e notorio manda que se apregone publicamente: Francisco Pizarro. En la villa de Trugillo tres dias del mes de Marzo de mil quinientos e treynta cinco años se apregono lo arriba contenido por mandato de dicho señor Governador, estando en la Plaza publica desta villa en haz de mucha gente que en ella estaba por vez de Alonso, negro, en presencia de mi Pedro Gonzales escrivano en la villa seyendo presente a Pedro Rios, Anten Noguero, e Juan Perez, e Rodrigo de Lozano, e Diego de Vega, vezinos y estates en esta villa. Pedro Gonzales, escrivano publico e de cavildo.

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EL ORIGEN DEL CARNAVAL NO ESTA BIEN CLARO Febrero es el centro del estío en nuestro país. El mes del corazón y de las frutas de estación. Los 28 días de este mes se desgranan entre el perfume de las flores, las deliciosas frutas y la fiesta más popular del año: EL CARNAVAL. Suplemento Dominical de La Industria de Trujillo, 22 de febrero de 1981

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s el mes de la sandía, aquél fruto ovalado de corazón rojo y semillas negras, del melón; cuya pulpa varía entre amarillo, verde, rosado y tonos intermedios. También es el mes de los disfraces, de los ‘polvos’, del agua, y de todo aquello que encierra el juego del Carnaval. HISTORIA El origen etimológico del carnaval no está bien claro. Para algunos viene de Carrus navalis, mcarro naval, y para otros de ‘carne vale’ esto es carne. ¡Adiós! También se dice que viene de carne- levare, que quiere decir supresión de la carne. En Europa, hay ciudades muy famosas por la forma en que celebran sus carnavales: Roma y Venecia, en Italia. En Francia, especialmente el sur, la gente celebra el carnaval con mucha alegría. La celebración del carnaval atrapó también en el pasado a reyes, cortesanos y gente palaciega. Enrique IV de Francia se enmascaraba y recorría las calles parisinas derrochando locura. En España se festejan también grandes carnavales. El más alegre y pintoresco es quizás el de Madrid, donde la multitud desborda por calles y plazas. Hombres, mujeres y jóvenes atraviesan la calle Alcalá cantando, gritando, lanzándose flores, serpentinas, ‘confetis’, disfrazados de mil maneras. Uno era don Quijote, tranquilo, serio y silencioso; siempre alerto y con la mmano en la espalda, dispuesto a defender alguna viuda, una menesterosa o corregir cualquier agravio. Otro era

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Sancho, gracioso, refranero y simplón. Este carnaval madrileño seguía por la Castellana, y anocheciendo llegaba hasta la Puerta del Sol. ‘Para verdades… el Prado de Madrid en Carnaval’. Goya, el magistral pintor de los caprichos y de mil genialidades, pintó también una escena del carnaval. Si bien nuestro origen es hispano, se entiende que fue de la Península Ibérica de m,donde importamos el carnaval. EN TRUJILLO En Trujillo no hay quien sepa cuando empezamos a celebrar la fiesta del carnaval. Quizás fue al año siguiente de haberse fundado nuestra ciudad (1536). La tradición dice que duraba 12 horas. El último día de febrero se realizaba la parada o desfile de carretas, en bulliciosas caravanas. El gremio de carniceros también participaba en la fiesta con la original presentación del desfile del buey gordo. Con el paso del tiempo, muchas costumbres se han ido perdiendo, pero el carnaval sobrevivió y se convirtió en la República, en una fiesta que duraban 3 días. Eran días de mucho brillo, de luces, de colores encendidos, de expresión humana, de alegría y bienestar. Alarde de ingenio, ansias de loca inmortalidad. Era como el último trabajo de ese licor embriagador en cuya etiqueta se lee “CARNAVAL”. La fiesta más importante de carnaval que se recuerde en Trujillo es el del antiguo Teatro Municipal, donde la platea se convertía en una inmensa pista de baile, y donde al compás de alegres melodías, los trujillanos gozaban de los atractivos más sugestivos del hombre. Era una alegría brutal. La sátira, el misterio, la perfidia, y después la celebración del último día, conocido como ‘miércoles de ceniza’, donde existía la perspectiva del arrepentimiento por todos los excesos. El carnaval del siglo XIX terminaba con el entierro del rey Momo. El siglo XX nos sorprende y esta tierra alcanza quizás su 221


OMO EN CALLES TRUJIAS

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mayor expresión. En la década del 20 al 30, todo Trujillo se divertía. Se constituían comisiones especiales. El Concejo Provincial organizaba fiestas populares y el gran desfile del rey Momo. Había fiestas para escoger. En el Club Libertad un día, y en el Central otro. En los barrios, alegres familias cerraban las calles para disfrutar de las expresiones populares.

Con el paso de los años, muchos migrantes llegaron a Trujillo y se incorporaron nuevas costumbres. Hubo una época en que el gobierno central prohibió su celebración, por los accidentes que se registraban alrededor de esta fiesta

Se jugaba con agua y los clásicos polvos. Al final de la celebración había algunos heridos y los custodios del orden aumentaban su labor, en su intento por devolver la tranquilidad a la ciudad. Pero, ¡Todo vale en carnaval! La costumbre era enterrar al rey Momo en las aguas del Balneario de Buenos Aires y terminaba con una fiesta en el Casino de don Santiago Morillas. Ese antiguo mirador de mil antecedentes. El local se llenaba de bulliciosos carnavaleros que deseaban detener el tiempo para seguir celebrando. Con el paso de los años, muchos migrantes llegaron a Trujillo y se incorporaron nuevas costumbres. Hubo una época en que el gobierno central prohibió su celebración, por los accidentes que se registraban alrededor de esta fiesta. Lo público, lo callejero, lo tradicional se ha terminado. Hoy tiene el carácter de fiesta privada. Es una fiesta de salón, con una música enca jonada, mecánica, sin espontaneidad. Se ha perdido la capacidad de divertirnos, porque somos unos descreídos, porque estamos matando las tradiciones, porque otras preocupaciones nos absorben Se perdió esa ingenuidad que nos hacía sentir un poco niños. En América ya casi no celebran el carnaval. Brasil es sin duda el país que mantiene con mayor brillo y entusiasmo el carnaval de Rio de Janeiro. Es muy tradicional.

La verdad: hoy el carnaval está desprovisto totalmente de su significación. Es más bien una fiesta espectacular, un poco fuera, sin un fondo humano y arrebatador. Hoy la gente se 222


divierte, baila y canta sin saber porqué, ni le interesa saberlo. En los espíritus solamente se advierte un poco el Momo. Ese genio burlesco, loco e insomne. ¡Nada más! El mundo es sólo una máscara. ¡Todo el año es carnaval!

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LAS VIEJAS CALLES DE TRUJILLO

Suplemento Dominical de La Industria de Trujillo,

Recordar las tradiciones que guarda Trujillo, sería tanto como para escribir el más grande de los libros, pero hay algo que está muy ligado a nuestro diario trajinar que no se debe olvidar.

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n este artículo vamos a evocar -para el deleite de los ‘viejos’ trujillanos- la tradición perdida de los nombres de las calles del antiguo Trujillo. Caminar de noche por sus calles bien alineadas nos causa nostalgia. Las ‘viejas’ casonas mantenidas con esmero por sus propietarios al paso del tiempo, hoy parecen hablarnos de hechos ocurridos 300 años atrás. Nos remite a una historia jamás escrita, y que sólo el paso del tiempo podrá ir borrando de nuestra memoria. O se la van llevando aquellos trujillanos que nos dejan para cumplir con la más drástica de las leyes humanas. La evolución histórica que ha sufrido nuestro país desde la Colonia a la República, ha traído consigo una variación en lo que respecta a los nombres que llevan nuestras calles. Pero, debemos recordar las denominaciones originales que le dieron nuestros fundadores. Tan propias, que en mi opinión, jamás debieron ser alteradas. Traemos a la memoria los nombres antiguos de las calles que estaban dentro del perímetro de las murallas defensivas levantadas para proteger la ciudad del ataque chileno. Lo que es actualmente la avenida Circunvalación conocida popularmente como España. Las primeras denominaciones de las calles fueron elocuentísimas algunas y deliciosamente criollas otras. Muchos de estos nombres de calles tiene similitud con las de Lima. Por ejemplo: Santa Ana del Correo, Santa Clara de Plateros (espalda de la Catedral), Los Trapitos (espalda del Hospital Belén), San Agustín (a un costado de la Iglesia del mismo nombre), La Aduana (donde está la Iglesia Santa Ana, considerada la más antigua), la calle El Arco (comprendida entre Santa Ana y la Plaza de Armas), llamada así porque en la Colonia elevábase allí un hermoso arco por donde solían pasar los ilustres visitantes.

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Otros nombres eran: La Casa de los Pobres (siguiente a Santa Ana), Mama Ana (la que es actualmente San Martín, entre Colón y Junín, recta hacia la portada de Miraflores), la calle El Descanso, la calle del Prado (donde estó hoy el Teatro Municipal), el Tambo era la cuadra comprendida entre las calles Grau y Ayacucho. Entre los apellidos que han bautizado nuestras calles, además de los Bracamonte y Prado tenemos: Mata Pana (a espaldas de la universidad), Prieto y Oruna (cuyas calles se denominaron sólo Prieto y sólo Oruna, a espaldas de la municipalidad), la de Bogardo (en el jirón Junín, entre Bolívar y Ayacucho), la calle Tinoco (a espaldas de los Bracamonte), de los Iturregui ( costado del Club Central), de Ezpinoza (la del jirón Ayacucho, entre Junín y Gamarra), y la de Montes, donde está el colegio Seminario Vindivil, que parece apellido era la que es hoy Grau. También están las de nombres callejeros. . Los hubo tan expresivos como: la calle del Apuro, de la Capilla de los Muertos, de las Tres Acequias, de los Callejones de Grados, de la Travesía de Belén, el sugestivo Musibai, de las Animas del Coliseo (nombre que le venía desde antiguo porque estaba situado en el Teatro Antiguo o de la Comedia, la calle La Gallera, por estar situado en ella el ruedo de gallos, y la extraña calle de los Yuvíes, la última de la ciudad que daba a la romántica portada de Mansiche, de frondosa alameda de álamos. Los oficios también dieron sus nombres a las calles. Está la llamada Cohetería (al costado de la Iglesia San Lorenzo), de Pollerones (a la espalda de sola de Oruna), de la Chichería (segunda cuadra del jirón Grau), de Los Herreros, como quien va a la portada de la sierra, y la Valeria. mQuiero recalcar el nombre tan significativo y propio que tenía nuestro jirón principal, llamado El Progreso, el cual encerraba el futuro de nuestra hidalga ciudad. Sirva este artículo para hacer revivir el espíritu de nuestros historiadores, para dar a conocer mel verdadero origen de estos nombres, para que el pueblo conozca en forma precisa los cambios que han sufrido nuestras calles a lo largo de su existencia. Trujillo es una ciudad de gran atracción turística, llena de un ambiente colonial, que debe mantener para resguardar nuestra hidalga tradición. 225


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LA HISTORIA DE CARTAVIO Cuenta la tradición que el valle de Chicama, donde está ubicada la cooperativa de producción Cartavio, se le denominó así en honor a la belleza de una princesa Chimú de nombre Chacna. Suplemento Dominical de La Industria de Trujillo, 2 de abril de 1978

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on la llegada de los españoles se transformó la organización, netamente comunal de los incas, al sistema feudal de los conquistadores. En la repartición de encomiendas efectuadas por Pizarro al fundar Trujillo, le corresponde a don Melchor de Osorno poseer los terrenos de lo que es hoy la Cooperativa Cartavio. Osorno vendió estas tierras al maestre de campo, don Juan de Herrera y Valverde, con una extensión de 215 fanegadas.


En 1782, la adquirió don Domingo de Cartavio que unió las tierras del rey con otros terrenos llegando a poseer 314 fanegadas. A su muerte las heredó doña Juana Roldán de Cartavio, quien vende a don Valentín del Risco y Valverde, heredando a su hijo Risco y Alvarado, quien tuvo en su matrimonio con doña Juana de Oyague, dos hijas. María y Josefa. A la muerte de don Valentín Risco y Alvarado, doña Josefa hereda Chiquitoy, y doña María Cartavio y la hacienda Arriba. Al fallecer estas señoritas no dejaron herederos, nombrando el Intendente de la provincia como albacea de la testamentaria al canónigo José Mercedes Vigo. Después de un largo litigio con presuntos herederos, el canónigo resultó siendo acreedor de una gran suma por los juicios a los gastos de conservación y fomento de los fundos, reclamando el pago a la testamentaria. Por resolución judicial se procede al remate de las haciendas y se ordena el pago de las deudas. La hacienda Chiquitoy fue comprada por el general Juan Manuel Iturregui y Aguilarte, por la suma de 30,000 pesos. Cartavio y la hacienda Arriba, quedaron en poder del sacerdote José Mercedes, pasando después las tierras a las señoritas Cortabarria, que a su vez vendieron a don Guillermo Alzamora. Alzamora no pudo en 1882 cumplir con las habilitaciones económicas que le hizo la firma inglesa-norteamericana W.R. Grace, la cual por mandato judicial tomó posesión de la hacienda con todos sus capitales. Los Grace, siguiendo la misma política de facilitar dinero fue adquiriendo más tierras, llegando a tener una extensión de 3,600 fanegadas. En 1891, fue construida la fábrica para la molienda de caña de azúcar que alcanzaba a moler 600 toneladas diarias. En 1915, se construyó otra moderna que llegó a moler 1,500 toneladas diarias.

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En 1921, con mejor maquinaria se alcanzó a moler 3,000 toneladas al día. La fábrica Cartavio molía la caña de Chiclín y Chiquitoy. En los años 30, la empresa optó por una política de ‘peruanización’, por lo menos en los nombres, denominando a Cartavio como Negociación Carabayllo. Diversificaron la producción como dicen –by products- fabricando ron y otros productos. Con la revolución del 7 de julio de 1932 cambiaron su política administrativa (tan propia ya que siempre los puestos claves los tienen sus connacionales), nombrando como gerente general a don Valentín Quesada, un trujillano que desarrolló una función conciliadora. Desde 1917 Manuel Gonzales Prada y José Antonio Encinas, y posteriormente José Carlos Mariátegui e Hildebrando Castro Pozo, señalaron que la solución al problema del indio tenía un carácter agrario, y propiciaron la Reforma Agraria. No fue hasta 1930 en que comenzó a formarse lo que se podría calificarse como un movimiento y una doctrina agraria. Al asumir la presidencia Prado (1956-1962) creó la comisión de Reforma Agraria y Vivienda CRAV, que favorecía a la oligarquía. Su primer presidente fue Pedro Beltrán, editor de La Prensa. Esta comisión incluyó funcionarios de la Grace. En 1963 el presidente Belaúnde presentó al Congreso un proyecto de Ley de Reforma Agraria. Posteriormente lo hicieron los partidos políticos Unión Nacionalista Odriista, y el Partido Aprista. El 21 de mayo de 1964 se promulgó la ley Nº15037 que excluía de reforma a las haciendas cañeras. La Reforma Agraria de 1964 ‘nació muerta’ porque en ningún momento significó un cambio de estructuras. Bajo el lema: “Campesino, el patrón no comerá más de tu pobreza”, eL Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas, dio el 24 de junio de 1969 una ley justa y auténtica de Reforma Agraria. La ley Nº17716 se convertía así en el instrumento de la transformación de las estructuras económicas y sociales de nuestra patria. 228


LA LLEGADA DEL PRIMER AVION Hay historias que no por sabidas deben dejar de recordarse. Una de estas es la apasionante aventura que emprende el hombre cuando empieza a volar. Al contemplar las máquinas, volvemos en el tiempo a la época de nuestros abuelos, cuando el hombre empezaba a cumplir los sueños milenarios, tras varios intentos por imitar el vuelo de las aves.

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o es fácil reprimir una sonrisa recordando aquellos tiempos. Qué ridículas parecen las máquinas de frágiles armazones, de cometas, y esos pilotos de inverosímiles bigotes, frente a las máquinas impersonales y poderosísimas de los actuales cosmonautas. Sin embargo, a esos intrépidos hombres que se jugaban la vida en cada vuelo le debemos la misma o más deferencia que a los actuales pioneros del espacio: Es la 229


TRADICIONES TRUJILLANAS

misma aventura. En 1924 llegó a Trujillo el primer avión piloteado por el capitán Herverd Twerkie Baldebellano, padre del general FAP Frank Twerkle Granda. Autoridades, vecinos, y simpáticas damas de entonces, se dieron cita en el desaparecido campo de La Grama de Mansiche, para recibir al osado aguilucho, que antes de aterrizar, hizo temerarias acrobacias en el cielo trujillano ante el asombro de los espectadores. En los salones del Club Libertad, la sociedad trujillana le ofreció una champañada, a la que asistió casi toda la ciudad, entre ellos el popular Constante Díaz ‘Pitito’, quien no podía perderse tan magno acontecimiento. Las damas acosaban al capitán Twerkle… ¿Señor, mañana nos permitirá subir a su avión para dar una vuelta para ver Trujillo desde el aire?, le insinuó María Albreecht Arias, la dama que entregó un ramo de rosas al capitán Twerkle cuando aterrizaba… Otros curiosos trataban de conocer más detalles de las características del frágil biplano de la marca Curtiss, de un solo motor, que volaba entre Lima y Trujillo en el asombroso tiempo de 3 horas. No faltaron los que hacían comparaciones con el legendario Bleriol Tricielo, en el cual se inmolara Jorge Chávez al tratar de cruzar Los Alpes.

ANÉCDOTA CON UN VENDEDOR AMBULANTE EN EL MANSICHE A la mañana siguiente de su llegada a Trujillo, el capitán Twerkle hizo varios vuelos demostrativos paseando a más de un ciudadano. Pero, antes de iniciar estas pruebas el piloto debía revisar y acondicionar la máquina. Y como era natural el público curioso se agrupaba en torno al avión. En estas aglomeraciones no estuvo ausente el típico vendedor o ambulante, junto a sus enormes canastas llenas de ricos merengues y tortas de maíz. Preocupado, el piloto Twerkle se 230


acercó -en medio del gentío- al descomunal vendedor, que no era otro que el famoso ‘Temblor’ para decirle: - Póngase a un lado con sus canastas, pues con el viento de la hélice las voy a botar. ‘Temblor’ no entendió la advertencia y le dijo al piloto: - Miren al siño, que ha dicho botarme con su ‘matapiojo’. Dicho esto, el vendedor se quedó tranquilo en el mismo sitio. La hélice comenzó a girar y desde luego, el avión emprendió vuelo. Al pasar frente a ‘Temblor’ -como era lógico- se volcaron sus canastas. Los merengues y tortas quedaron salpicados en el suelo. ‘Temblor’ movía los brazos, gesticulaba amenazante y gritaba: - Noño condenao… me diste güelta las canastas… ¡Te seguiré hasta las puertas del infierno! Y, más tarde… ya tranquilo rezongaba: - Salió diablo el ‘matapiojo’.

LOS TURBULENTOS AÑOS VEINTE Los años veinte se caracterizaron por la locura que despertó entre los jóvenes la aeronáutica. La aviación progresaba a pasos agigantados y el transporte de pasajeros se convertía en inquietante realidad. Al igual que Hervert Twerkle, que inició con el vuelo que hemos relatado el servicio de correo aéreo entre la capital y nuestra ciudad; posteriormente arribó a Trujillo -en vuelo de demostración- Walker Pack, conocido ‘as’ norteamericano de la primera guerra mundial, Octavio Espinoza y Bielovisik, los tres trágicamente desaparecidos. El trujillano Carlos Martínez de Pinillos, fue uno de los fundadores del Cuerpo Aéreo Peruano, hoy llamado FAP.

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TRADICIONES TRUJILLANAS

FAUCETT Se inicia una nueva etapa de la aviación peruana con la instalación de la línea comercial Faucett, fundada por el piloto e ingeniero norteamericano Elmer James Faucett Clark, que nació en Savona, Nueva York el 15 de marzo de 1891. Faucett, fue enviado al Perú por la firma constructora de aviones Curtiss para desempeñarse como mecánico. El gobierno peruano le otorga licencia para volar y obtiene el brevete Nº1. Faucett adquiere un biplano Orieol, con motor de 158HP e inicia sus primeros vuelos comerciales por la costa peruana transportando el correo, y algunos pasajeros. Realiza la hazaña de unir las ciudades de Lima e Iquitos en un raid sin escalas. Por una tormenta y fallas mecánicas, aterriza en una isla del rio Tigres. Logra reunir -con la ayuda de inversionistas nacionales- un capital de 100,000 soles, construye un avión tipo Stinson Detroiter, monomotor de ala alta, con capacidad para 8 pasajeros. En julio de 1928, el gobierno autoriza el funcionamiento de la Compañía de Aviación Faucett y el 15 de setiembre realiza el histórico primer vuelo con pasajeros uniendo la ciudad de Lima con Chiclayo. En 1934 Elmer Faucett construyó otro avión, y durante 12 años se fabricaron 30 aparatos. La compañía Faucett transportó un total de 10 millones de pasajeros en 50 años de fundación. En la década del 30 un pasaje de ida a Lima costaba 90 soles, y si compraba un boleto de ida y vuelta había un descuento del 75%.

LA CONDOR PERUANA Esta importante compañía de aviación fue formada también con capitales nacionales. Hasta la época que apareció La Condor, el servicio aéreo era exclusivamente de la costa. Esta compañía abrió nuevas rutas a la sierra y al oriente peruano. Los aviones de esta compañía eran del tipo de doble ala fabricados por la Curtiss-Wright, bimotor con capacidad para 18 pasajeros.

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PANAGRA Otra de las compañías que operaba en nuestra patria fue Panagra, y tenía la particularidadde establecer rutas internacionales. Por ejemplo, los días martes y sábados a las 10 y 10 de la mañana, despegaba un avión hasta el norte con conexión internacional en Talara.

LOS AEROPUERTOS Después de nuestro primer improvisado aeropuerto conocido como ‘La Grama de Mansiche’, a compañía Faucett y Panagra , construyeron uno especialmente acondicionado a la mano derecha de la Alameda de Mansiche que funcionó hasta 1947 en que se edificó CORPAC, cerca de Huanchaco.

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TRADICIONES TRUJILLANAS

El aeropuerto era más amplio y moderno. En los años 60 inaugura sus amplias instalaciones, y una pista de aterrizaje para aviones de mayor potencia. Hoy, el actual aeropuerto no cubre las necesidades de nuestra región. La Cámara de Comercio solicitó al comandante Luis Castro Torero, jefe de pilotos de Faucett, un informe detallado para la reubicación del campo de aterrizaje. Castro Torero señaló a Las Pampas o Tablazo de Huanchaco, como lugar inmejorable para el proyecto del nuevo aeropuerto. Este informe ha servido para que los técnicos de la Mac Donald Douglas, elaboraran un detallado y voluminoso estudio final, que ha sido entregado al Ministerio de Transportes para su estudio y ejecución. Deseamos que pronto se haga realidad la vía aérea que unirá a los pueblos aislados de nuestra civilización. Asimismo, debe efectuarse estudios para acondicionar las tarifas, de tal modo que el transporte aéreo sea mucho más popular.

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TRUJILLO CULTURAL Trujillo siempre ha hecho, y con muy justa razón, alarde de su cultura; y eso se debe -en gran parte- a la clase de hombres que la fundaron. No cabe la menor duda que a esta parte del territorio, recientemente conquistado, afluyeron un grupo de hombres de condiciones especiales, distintos a los que acompañaron a Pizarro.

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sí se explica que haya contado Trujillo con un primer Alcalde como Diego de Mora, y que una de las primeras preocupaciones de los dirigentes de entonces hubiese sido el establecimiento de un colegio que, según datos fidedignos, fue establecido en el año 1550, aún antes que una institución de esa naturaleza hubiese sido organizada en la capital de la república. Hoy ofrece un conjunto de instituciones culturales que hablan muy bien de ese afán que nació con ella. De renovación, de continua evolución en la historia paciente y cuidadosa de su cultura. La universidad es el alma de esta evolución. Es el ‘marcapaso’ del devenir de las juventudes con ideas revolucionarias, que ha ido formando en la conciencia de los jóvenes un concepto moderno de cultura y de difusión de la misma. Hoy, los alumnos universitarios defienden una cultura popular. Ponen sus posibilidades intelectuales al servicio de las masas populares. Perseguimos con esta nota recordar a quienes hace 40 años fueron universitarios y también a muchos de los llamados ‘revolucionarios.

LA UNIVERSIDAD NACIONAL DE TRUJILLO Llamada Universidad Simón Bolívar y también Universidad de La Libertad. Fue fundada por decreto del 10 de mayo de 1824, expedido en Huamachuco por el Libertador Simón Bolívar, como premio al patriotismo y actuación brillante en la causa de la Independencia nacional de los hijos del histórico departamento de La Libertad; que entonces comprendía todo el norte del Perú, y según esa frase célebre: “Dio libertad al Perú”. La Universidad de Trujillo, siguiendo el ritmo del pro-

*Llaqtari- Suplemento Dominical del Diario La Industria de Trujillo-domingo 30 de abril de 1978.

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greso pedagógico de la época se ha modernizado en los últimos tiempos. En 1935, la universidad tenía la facultad de Ciencias de Ciencias Físicas y Naturales, Filosofía y Letras, Derecho y Ciencias Políticas y Económicas, el Instituto de Artes Industriales, y los cursos de Historia de la Educación, Pedagogía, Metodología y Organización Escolar. Contaba en aquella época la universidad con bien dotados Gabinetes de: Fisiología, Física y Química, un apartado de proyecciones, material traído de Francia para la enseñanza de Botánica, Zoología, Biología, Anatomía y Fisiología. Anexo a la Facultad de Ciencias habían instalado un observatorio metereológico, afiliado al Servicio Nacional. La organización administrativa en los años 30 era de esta manera: El Consejo Universitario, compuesto por el Rector, el Vicerrector, y los delegados de las diversas facultades. Ya se tenía en esos años el proyecto de implementar la universidad con las Facultades de Minería y Agricultura. En la época del gobierno universitario de don Ignacio Meave Seminario, Alejandro Morales como vice- rector, y José Fernández, Cecilio Cox, Hildebrando Ortiz, Julio Manucci, Santiago Vásquez, Segundo Estrada y César Alfaro como delegados; la universidad alcanzó esplendoroso apogeo, y las condiciones y la situación fueron otras. Para esa parte de la historia nuestro centro superior cumplió. De esa generación de universitarios, los poetas Wilfredo Torres Ortega y Horacio Alva, sobresalieron por su verso y entusiasmo, convirtiéndose en los pilares para editar la revista universitaria Alma Mater. También comparten estos méritos alumnos de los años 30 como: Héctor Centurión, B. Busman, R. Biaggi, R. Moya, M. Rossi y W. Narváez. La directora de Proyección Social de nuestra universidad, Dra. Elia Alvarez de Villar, es una magnífica declamadora. Nuestro ex Rector y Alcalde, Virgilio Vannini de los Ríos, fueron parte de esta etapa universitaria. 236


Han transcurrido los años. El arte, los conocimientos y las teorías se han modificado. Se aceptan hoy argumentos que ayer se consideraban utópicos. Ahora, somos los jóvenes de ésta generación los que motivamos una renovación, un cambio hacia la transformación total del poder político y las estructuras económicas y sociales; lo cual motiva que los adultos nos llamen ‘extremistas’, ‘comunistas’ y ‘revolucionarios’. Todas las generaciones cumplen en idéntico papel. La historia no se detiene, es una sucesión de hechos de eterno renovar. Después de la reforma universitaria argentina y chilena, esta llegó a Trujillo a través de muchas luchas. Y el mismo peso de la verdad ha hecho que -como lo más natural- se enseñe Materialismo Histórico y Dialéctico. Los nombres de Marx y Engels son tan familiares para nosotros que pareciera que los hubiésemos conocido. Para la juventud de ayer fue un pecado, un sacrilegio, el hecho de mentar estos nombres o dibujar una hoz y un martillo. Hoy, la juventud va más allá de esto, y por eso debemos escandalizarnos. Es la HISTORIA que da un paso innegable.

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TRUJILLO SE MODERNIZA La ciudad evoluciona. Cambia increíblemente aunque algunos de sus habitantes no se percatan de ello. Con la llegada del ferrocarril, los pueblos transforman su economía y se generan nuevas actividades. La apertura de la carretera y la circulación de vehículos produjeron fenómenos iguales. Aparecieron nuevas ocupaciones como: choferes, mecánicos, etc. *Llaqtari, dominical de La Industria de Trujillo,23 de abril de 1978

L

a instalación del servicio de energía eléctrica es un paso trascendental para la modernización de una ciudad. Este servicio va a generar una concepción diferente de vivir en las personas, y la industria también sufrirá cambios, empleando técnicas más automáticas. Como nunca faltan los que se oponen a los grandes cambios, por esos años muchos vecinos trujillanos se opusieron a la instalación de la luz eléctrica, pues consideraban que producía cáncer. El servicio eléctrico llegó a Trujillo el primero de enero de 1903, a iniciativa de un grupo de vecinos y comerciantes ‘acaudalados’ de la ciudad; que formaron una sociedad anónima y traspasaron la concesión obtenida del Concejo Provincial por

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don Ernesto Thorndike. La Compañía de Luz Eléctrica de Trujillo Ltda. tenía una estación hidroeléctrica en el pueblo de Poroto a 40 km. de Trujillo. Su central generatriz estaba compuesta por dos grupos turbogeneradores de 250 HP, cada uno de 750 revoluciones por minuto, 700 voltios y una corriente alterna de 50 ciclos. La tensión de transmisión era de 10,000 voltios, alcanzada a través de transformadores que convertían la energía eléctrica de 750 a 10,000 voltios. En Trujillo, los niveles de energía bajaron a 220, cantidad suficiente para cubrir los servicios que requería la ciudad. Existía además en Poroto una central auxiliar de 70 HP, que como la anterior, estaba formado por un turbogenerador de 60 kW. En Trujillo había dos motores para casos de emergencia. Uno de marca OTTO de 130 HP que funcionaba con un gas muy pobre, y otro semi- Diesel Petter a petróleo. Tuvo destacada participación en la dirección de esta empresa don Francisco Cisneros, a quien después le sucedió en la gerencia el Ing. Elio Dalmau. Dejamos constancia que por muchos años esta entidad particular suministró energía eléctrica gratuita al Hospital Belén. Asimismo, muchas instituciones culturales y deportivas también fueron favorecidas con concesiones especiales de suministro de energía eléctrica. Años después, esta compañía fue adquirida por el Estado formando parte de la Empresa Nacional de Electricidad ELECTROPERU, que suministra energía eléctrica de la Hidroeléctrica del Cañón del Pato, ubicada en el departamento de Ancash. Sin embargo, el servicio fue muy deficiente, no permitiendo en muchas oportunidades el normal desenvolvimiento comercial y el despegue industrial que tanto pregonaban las entidades estatales.

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DEL GRAMOFONO A LA RADIO

En los salones de una casona colonial, se desarrollaba una alegre tertulia entre un grupo de jóvenes trujillanos, muy propio de la década del treinta, años de gran avance técnico. - ¡Carlos… dale más vueltas al gramófono! - María, dónde está el disco de ‘Farolito’ - Ahí… - Juan Julio, dile donde está… “Farolito que alumbraba apenas mi calle desierta…” Y así, a los sones tan bien acompasados de una música linda, continuaba la fiesta sin faltar el ritmo nuevaolero del Charleston. Transcurrieron los años y llegaron a nuestra capital los primeros modelos de radios. No faltaron algunos trujillanos que atrapados por la novedad de las ‘cajitas habladoras’ adquirieron uno para utilizarlos en las reuniones familiares y de amigos. En esa época había mucha preferencia por sintonizar las emisoras argentinas, para escuchar canciones como esta de Carlos Gardel. Sus ojos se cerraron Y el mundo sigue andando, Su boca que era mía Ya no me besa mas. Se apagaron los ecos De su reír sonoro Y es cruel este silencio Que me hace tanto mal… Era infaltable también captar las radios limeñas para escuchar los sones del vals inmortal peruano como “Lirio Amarillo” y otros más. 240


LA COMERCIALIZACION DE LA RADIO En 1935, don Carlos Manucci, comerciante trujillano, era propietario de una tienda de repuestos y venta de los autos Willys. Don Carlos, hombre de gran visión comercial, se percató que nuestra ciudad carecía de un establecimiento dedicado a la venta de artículos eléctricos como arañas, lámparas, etc. Fue así que inauguró en sociedad con otra persona una casa dedicada a este rubro en la calle Bolívar. El socio era también contador y amigo personal del señor Manucci. Don Leonidas Moreno era un joven profesional, egresado de las primeras promociones de la universidad, y según contaban, en aquella época la mayoría de jóvenes estudiaba para ser abogados y nada más. 241


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En el Perú, las firmas extranjeras llevaban la contabilidad en su propio idioma hasta 1925, cuando el gobierno expide una ley obligándolas a que sus cuentas, balances, etc. sean llevadas en castellano. Don Leonidas, nacido el primero de Enero de 1900 había hecho prácticas en la fábrica de cerveza demostrando cualidades de hombre honesto. Al ver que la tienda de don Carlos Manucci se iba a liquidar, el señor Moreno solicitó que se la traspase, por supuesto, con algunas facilidades. Fue así como por 6,000 soles don Leonidas Moreno adquirió el establecimiento comercial que se denominó “Tiendas América”. Pero aquí viene el asunto. Don Carlos Manucci había importado un lote de radios marca Sterling y, al no tener el lugar adecuado para esta venta se los entregó al señor Moreno, quien por primera vez en Trujillo vendió las “cajitas habladoras”. ¡Ah!… y se estableció el sistema de ventas a plazos. Después de 42 años, el tesón al trabajo dio sus frutos, don Leonidas Moreno se convirtió en propietario de una transformadora de madera y una distribuidora de artefactos para el hogar. El radio de tubo desapareció. Hoy existen los que trabajan a transistores en tamaños tan pequeños que se pueden llevar en el bolsillo de una camisa. La televisión, los tocacassetts y un sinnúmero de artefactos han aparecido, pero el radio sigue siendo un efectivo medio de comunicación. *Llaqtari, dominical de La Industria de Trujillo, 23 de abril de 1978

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MONJA ALFEREZ Y LA CATEDRAL Remontándome en el tiempo, hay un suceso anecdótico vinculado a la Catedral, aunque de índole muy diferente… ¿Sabías que la famosa Monja Alférez había vivido en Trujillo? Si no lo sabías, aquí va la historia.

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sa extraordinaria mujer, cuya singular historia fuera puesta en duda por muchos es Catalina de Euraso, más célebre por el mote de la ‘Monja Alférez’ quien vivió en las Cortes de Madrid, Nápoles y Roma- residió poco tiempo en Trujillo. Después de fugar a los quince años del monasterio de las Catalinas de San Sebastián de Guipúzcoa, vestida de hombre y usando que a su hermano en un pleito por tierras araucanas. La ‘Monja Alférez’, contemporánea de Santa Rosa de Lima, conoció en Panamá al rico mercader trujillano Juan de Urquiza, quien la o lo (como ustedes prefieran, ya que pasaba por hombre), contrató poniéndolo al frente de sus tiendas en Saña primero y Trujillo después.

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Un día en la tienda de Trujillo, mientras despachaba asuntos del negocio, fue avisada por un negro de la presencia sospechosa de tres hombres que estaban en la puerta con cara de quebrar broqueles. Salió ella, no sin antes hacer llamar en su auxilio a un amigo, que reconoció entre los ‘visitantes’ a un tal Reyes, y a otro con quien tuviera un pleito anterior en la ciudad de Saña. Al salir de la tienda fueron atacados trabándose en una recia y fogosa pelea, hasta que la monjita de marras, castigando la venganza a traición, atraviesa de parte a parte a uno de los contendores e iguala la fuerza de ambos bandos. El tremendo alboroto en la pacífica ciudad de Trujillo hizo aparecer de pronto al corregidor Aguirre con sus ministros y corchetes, apresando al grupo. Mientras estos van camino a l cárcel, ubicada junto al antiguo Cabildo, la Monja Alférez era conducida por el propio Aguirre. El funcionario real le preguntó de dónde era, a lo que ella respondió: De Viscaya. Fue esta palabra mágica el ‘ábrete sésamo’ para la salvación del ‘pellejo’ de la condenada, pues el corregidor vasco o descendiente de vascos, cayéndole en gracia por tal noticia o sabe Dios porqué, posponiendo la vara de la justicia, le dijo en vascuence que “al pasar frente a la Iglesia Mayor, o sea La Catedral, corriese a refugiarse en ella”; cosa que la otra, ni corta ni perezosa, inicio veloz carrera, mientras simulando, el corregidor daba voces de indignación y lanzaba juramentos. De este modo, la Monja Alférez permaneció el tiempo necesario en el recinto de lo que es hoy nuestra Catedral, mientras ordenaba que le avisen a su amo, que se encontraba en Saña. Una vez en Trujillo, arregló las cosas de tal modo que el homicidio cometido por su servidor o servidora se solucionó. Se hizo valer los fueros de la inmunidad eclesiástica, tan celosa entonces en la integridad y respeto de sus normas. Unas cuantas onzas de oro se encargarían a su vez del resto. Seguramente y en tan buen a forma, que lo único que se hizo fue obligarla a salir de la ciudad con dirección a Lima. *Llaqtari, Suplemento de La Industria de Trujillo, domingo 3 de marzo de 1985.

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fOTOS ANTIGUAS

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Trujillo Historia gráfica

El testimonio gráfico constituye una posibilidad real de mirar el pasado, recordar viejos tiempos, imaginar gratos momentos y volver a revivirlos. Trujillo tiene una rica historia que se sustenta en la identificación de sus ciudadanos con la tierra que los vio nacer y crecer. Gracias al archivo fotográfico de mi padre, don Constante Traverso Lombardi, al de mi querido amigo Rafael Flores Jimeno y del escritor y librero Christian Oliva, podemos ofrecer esta historia gráfica de nuestra ciudad, donde los personajes están llenos de anécdotas y mensajes que perduran en el tiempo. Trujillo es una ciudad que guarda celosamente sus espacios y debemos mantenerlos con el objetivo de convertir al centro histórico en un museo urbano, donde al recorrerlo recreamos la historia. Al mirar estas fotografías de personajes, calles, casas y monumentos, planteamos a las autoridades municipales, que todo el perímetro de Trujillo dentro de la antigua muralla defensiva sea declarado peatonal, para facilitar su recorrido. Así también se autorice la circulación de victorias y limusinas tiradas por caballos o yeguas, y también la circulación de bicicletas.

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Don Carlos Hoyle murió hace varios años. Fue Padre de una numerosa familia y estaba emparentado con todos los trujillanos de ayer. Al recordarlo hoy, tengo presente a todos los que nos reuníamos en esa memorable casa de Los Manguitos. Con esa forma tan peculiar de vivir. A la trujillana como muchos dicen. Ciudad perdida en el tiempo por la modernidad y la expansión urbana.

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Don Carlos Hoyle murió hace varios años. Fue Padre de una numerosa familia y estaba emparentado con todos los trujillanos de ayer. Al recordarlo hoy, tengo presente a todos los que nos reuníamos en esa memorable casa de Los Manguitos. Con esa forma tan peculiar de vivir. A la trujillana como muchos dicen. 248


Don Carlos Hoyle muriĂł hace varios aĂąos. Fue Padre de una numerosa familia y estaba emparentado con todos los trujillanos de ayer. Al recordarlo hoy, tengo presente a todos los que nos reunĂ­amos en esa memorable casa de Los Manguitos. Con esa forma tan peculiar de vivir. A la trujillana como muchos dicen. 249


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Solo mirar esta foto me da nostalgia. Es un grupo de personajes de una escena de zarzuela presentada en el Teatro Municipal por el coro de voces de Trujillo. Olvidarnos del coro de voces… ¡jamás! Siempre, los que gozamos con su arte, con su canto y su alegría los tendremos en el corazón. El coro de voces fue una asociación de trujillanos que todos los años ponía en escena una zarzuela en los teatros de Lima y Arequipa. Todos sus integrantes eran artistas aficionados. Cantaban y actuaban, pero además, contribuían económicamente con la asociación.

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DESFILE CIVICO El cabildo trujillano ha conservado siempre el protocolo ceremonial para las fechas cívicas más importantes. Esta fotografía fue tomada en 1921, cuando las autoridades edilicias, políticas, judiciales, el cuerpo consular y ciudadanos notables de la localidad, desfilaban hacia el palacio municipal después del solemne Te Deum, por el primer centenario de la Independencia nacional e inauguración del monumento a la Libertad, hoy en día emblema de la ciudad de Trujillo.

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MOMIA CHAN CHAN Esta fotografía da testimonio que el Valle de Santa Catalina fue habitado por los moches y chimús, y que sus restos están habitando la tierra como mudos testigos de la evolución histórica y social que tiene este valle.

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CAMPESINO TEJEDOR Huanchaco, el hermoso puerto de los caballitos de totora, tambiĂŠn cobija a excelentes artesanos descendientes directos de los moches y los chimĂşs. En la foto vemos a uno de ellos tejiendo con esmero un sombrero.

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TRUJILLANOS A CABALLO En la Colonia y primeros años de la República, algunas familias trujillanas se caracterizaban por la crianza de mascotas y animales de tiro. En los desiertos que rodean la ciudad de Trujillo, y bajo los inclementes rayos solares norteños, nació el caballo de paso, compañero inseparable del chalán trujillano; de traje de drill blanco, poncho de lino, pañuelo rojo al cuello y sombrero jipijapa de ala ancha, botas y espuelas de plata.

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NIĂ‘OS TRUJILLANOS EN FIESTA Rostros y rostros. Hoy, seguramente que todos han superado los 60 o 70 aĂąos, pero se mantiene la amistad y el amor a la tierra que los vio nacer.

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Banquete en la casa de Carlos Larco Hoyle.jpg

DESFILE CIVICO El cabildo trujillano ha conservado siempre el protocolo ceremonial para las fechas cívicas más importantes. Esta fotografía fue tomada en 1921, cuando las autoridades edilicias, políticas, judiciales, el cuerpo consular y ciudadanos notables de la localidad, desfilaban hacia el palacio municipal.

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DESFILE CIVICO El cabildo trujillano ha conservado siempre el protocolo ceremonial para las fechas cívicas más importantes. Esta fotografía fue tomada en 1921, cuando las autoridades edilicias, políticas, judiciales, el cuerpo consular y ciudadanos notables de la localidad, desfilaban hacia el palacio municipal después del solemne Te Deum, por el primer centenario de la Independencia nacional e inauguración del monumento a la Libertad, hoy en día emblema de la ciudad de Trujillo.

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DESFILE CIVICO El cabildo trujillano ha conservado siempre el protocolo ceremonial para las fechas cívicas más importantes. Esta fotografía fue tomada en 1921, cuando las autoridades edilicias, políticas, judiciales, el cuerpo consular y ciudadanos notables de la localidad, desfilaban hacia el palacio municipal después del solemne Te Deum, por el primer centenario de la Independencia nacional e inauguración del monumento a la Libertad, hoy en día emblema de la ciudad de Trujillo.

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DESFILE CIVICO El cabildo trujillano ha conservado siempre el protocolo ceremonial para las fechas cívicas más importantes. Esta fotografía fue tomada en 1921, cuando las autoridades edilicias, políticas, judiciales, el cuerpo consular y ciudadanos notables de la localidad.

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DESFILE CIVICO El cabildo trujillano ha conservado siempre el protocolo ceremonial para las fechas cívicas más importantes. Esta fotografía fue tomada en 1921, cuando las autoridades edilicias, políticas, judiciales, el cuerpo consular y ciudadanos notables de la localidad, desfilaban hacia el palacio municipal después del solemne Te Deum, por el primer centenario de la Independencia nacional.

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DESFILE CIVICO El cabildo trujillano ha conservado siempre el protocolo ceremonial para las fechas cívicas más importantes. Esta fotografía fue tomada en 1921, cuando las autoridades edilicias, políticas, judiciales, el cuerpo consular y ciudadanos notables de la localidad, desfilaban hacia el palacio municipal después del solemne Te Deum, por el primer centenario de la Independencia nacional.

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DESFILE CIVICO El cabildo trujillano ha conservado siempre el protocolo ceremonial para las fechas cívicas más importantes. Esta fotografía fue tomada en 1921, cuando las autoridades edilicias, políticas, judiciales, el cuerpo consular y ciudadanos notables de la localidad, desfilaban hacia el palacio municipal después del solemne Te Deum, por el primer centenario de la Independencia nacional e inauguración del monumento a la Libertad, hoy en día emblema de la ciudad de Trujillo.

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Ordenanzas El ingeniero Alberto Larco Herrera hizo un minucioso estudio de recopilación y resumen de las actas del Cabildo de la ciudad de Trujillo. Dentro de ellas hemos seleccionado el acta del 3 de septiembre de 1555, que es la Ordenanza que otorga el virrey don García Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete, como reglamento del Cabildo de la ciudad de Truxillo. Comprende la composición del consejo del Cabildo, compuesto por alcaldes y regidores, la ceremonia de juramentación, el número de sesiones semanales, el horario y puntualidad, aspectos de ética y moral, sanciones; aspectos que van con la higiene, la salud, transporte, el tema de la embriaguez y llamándonos la atención el capítulo dedicado a las violaciones.

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ORDENANZAS DE LA CIUDAD DE TRUXILLO DE 3 DE SETIEMBRE DE 1555 Otorgadas en tiempo del Virrey Don García Hurtado de Mendoza, Marquéz de Cañete. CRUSIFIJO, ORACION, DECENCIA Y AUTORIDAD “Primeramente ordeno y mando que en las cassas de dicho Cavildo e Ayuntamiento en la Sala y lugar donde se juntan a hacer su cavildo este puesta con decencia y autoridad una imagen de un crusifijo en tabla donde entrando por la puerta se vea y los que entrasen le adoren y hagan oracion suplicando a Nro. Sr. Les alumbre para que procuren lo que mas combienere a su servicio y bien de esta república”. CADA SEMANA DOS DIAS DE CAVILDOS

• Virreinato del Perú: Andrés Hurtado de Mendoza - 3° Virrey del Perú

“Item, ordeno y mando quen cada semana se hagan dos días de Cavildos que sean los Martes y los Viernes por la mañana en los quales se hallen todos las capitulares del dho Cavildo entrando en el desde el dia de Corpus Christi hasta el dia de todos santos a las nueve de la mañana y desde el dho día hasta la Pascua de Resurrección entren a las ocho y sean obligados de estar y estén en cada uno de los dos Cavildos dos horas cumplidas por ampolleta y si los negocios comenzados a tratar no se acabasen estén hasta resumullos en Cavildo con que no exceda de tres horas y si en este tiempo no se acabasen quando se juntaren a otro Cavildo el Correjidor advierta lo que quedó pendiente para que se acave antes que se comienze a tratar otro negocio;” “Item, ordeno y mando que en los dhos días de Cavildo ordinario todos los dhos regidores y capitulares de dho Cavildo acudan a la ilamada, media ora antes que se junte el dho Cavildo so pena que alguno acudiese después de la dicha ora sean multados en el salario que habían de haver por que los días mas corrientes todos para las obras del Cavildo y el Escribano lo apunte en el libro que esta obligado a tener qual de los rejidores se escusse con que causa y licencias de gratis en quatro meses a de dar parte testimonio del Mayordomo de la ciudad que a de pagar los dichos salarios que los regidores han

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PERDIMIENTO DEL SALARIO DE UN AÑO 4.-“Item que en los dichos Cavildos la primera cossa de que se trate sea de los años combenientes de los diputados o regidores a quien tocare el negocio antes que se trate del con la desensia que requiere tratar negocio que le toca en dicho Cavildo de cuya parte se le pide y dice y no de la suya se salga para q se trate de proveer con libertad y el tal regidor lo cumpla sin hazer demostración ni replica so pena de perdimiento del salario de un año en qual no pueda entrar en el dho Cavildo ni se admita en el y el Escrivano sea obligado a sentar un dicho libro de Cavildo como se le dijo aquello y se salio y sino se salio y lo que dijo y replico. JURAMENTO 5.-Item que al tiempo que se viniere de recibir los regidores en el Cavildo guarden la orden siguiente: en los que presentaren con título del Rey Nro. Sr. Que la persona que fue nombrada por S.M. por tal regidor entre con el portero de dho Cavildo alla dentro donde están juntos e pida licencia para dentrar e presentar la dha probision y teniendo dha licencia dentre sin armas y el acatamiento debido e bese la dha provission e la entregue en manos de la Justicia que allí estuviera jurando que es el contenido en ella y el Escribano del Cavildo estando en pie y destocados amabos a dos la lea y en acabando de leerse el Esco, le diga que salga afuera y salido se trate de su resivimiento e pareciendo que conviene el resevirlo por que no aya cossa que lo prive entonces se le llame y el se de por llamado y el Escribano del dho Cavildo y están ambos en pie se le tome el juramento siguiente:

Las penas que se le imponen a los regidores e alcaldes los días que faltaren se hara cargo del mayordomo de la Ciudad para que lo cobre y no lo haciendo lo pague de sus bienes...

faltado en aquel tiempo y que Cavildos para que aquello menos se paque y se cobren las demás penas o del salario o de otra cossa so pena a el Cavildo que faltase en cualesquiera cossa del sussodicho de que pague quatro pesos corrientes para obras del dho Cavildo al Mayor domo que sin hacer este descuento pagare que no se le reciba ni pase en cta. E de las penas que se le imponen a los regidores e alcaldes los días que faltaren se hara cargo del mayordomo de la Ciudad para que lo cobre y no lo haciendo lo pague de sus bienes de mas de las penas que están puestas y en cuanto a los Cavildos que cada regidora de ser obligado a asistir se esté a lo que de esto ordenó el Sr. Visorrey Don Francisco de Toledo.

10°- Que juro a Dios Nro. Sr. E los Santos quatro Evangelios que 271


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• Virrey Don Andrés Hurtado de Mendoza recibe Sayri Tupac el inca, el Rey de Perú, y lo honra en Lima.

guardara en el usso del Oficio que el Rey Nro. Sr. Le ha hecho merced de regidor de esta Ciudad lo que tocare a su servissio con todo cuidado y diligencia e guardara e cumplirá las leies y ordenanzas que esta Cavildo tiene y tuviere y mirara por el bien de esta república que se le encarga y hará cumplir a todo aquello que el Rey Nro. Sr. Por la dicha probission y titulo se ordene y mande e lo que por palabra y por escrito por ssi y por tercera persona se mandare y mirara a lo que de el a la fidelidad y señorio se S.M. y guarda de sus Reales derechis e no descubrirá cossa de las que en el dho Cavildo se trataren tocante al servicio de Dios y del Rey Nro. Sr. Y benefisio de esta Republica ni dara consejos parecer favor ni ayuda ni será en ello en cosa alguna que no sea del servisio del Rey Nro.Sr. y si por qualesquiera bia o camino biere o entendiere que se tratase en dho Cavildo o fuera del como por otras qualesquiera personas de quialquier quialidad e condizion que sean cossa que no sea mui conforme a lo que se debe al servicio de Dios Nro. Sr. Con la obediensia e señoría y derechos de S.M. lo descubrirá al Sr. Visorrey que vela assi como sus subsesores en el dho cargo por el Rey Nro. Sr. En su real Consejo de las Indias e todo con la mayor presteza que el pudiere y que assimesmo despachara los negossios y pleitos que concurrieren en el dho Cavildo conforme a la determinación de las leies e ordenanzas con la mayor brevedad que pudiera sin tener rspeto ni consideración a cossa alguna particular mas que solo cumplir con su obligación ya fuese por amor ni temor de su amor ni miedo ni promessa que le sea fecho dada ni prometida no se apartara de la fidelidad y obligación que deva hacer ni manifestar ni al dho Sr. Visorey o a sus subsesores y que no se ressevirá don ni promesa de hombre alguno que tenga pleito antes so pena de perjuro e infame y que aya perdido y pierda el dho ofisio e lo que hubiera lugar que por se da y tiene y demás de esto aya incurrido en las penas impuestas por leies de estos reynos contra los que no guardan el juramento y fidelidad fecho a su Rey y Sr. Natural e no guardan ni cumplen sus mandatos el qual juramento lo a de leer por escrito el Escribano del cavildo se le ha de preguntar si lo jura prometer assi y el sea obligado a responder: anssí la juro y prometo y el con el Escribano lo firmen e assienten a las espaldas del título el obedesimiento y el juramento y hecho esto se afianse en su lugar después del último regidor. NI COMPREN 11°- Item ordeno y mando que ningún regidor ni diputado ni escribano de Cavildo maiordomo ni procurador del puedan comprar ni compren por si ni por tersera persona cossa alguna de mantenimien-

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•Plano de Trujillo en el siglo XVIII, se observa los 15 baluartes de la Muralla de Trujillo que rodeaba y protegía a la ciudad

tos para los Bolver a vender ni para darlos a otro para el dho efecto aunque diga que son de su propia cosecha ni pueda amasar pan para bender por menudo en su casa ni agena ni pueda tener taberna ni pulpería ni compañía con las personas para que por su mano o destino benda e por menudo. So pena perdimiento del dho ofisio de regidor e que no pueda tener otros de y de perdimiento de todo lo que hubiere comprado dado a bendido en la dha forma la mitad para cámara de S. M. e la otra mitad para obras de las carseles juez y de inisiador por iguales partes ni puedan tener compañía con los rastreros ni carniceros ni obligados a ningún abasto de ningún mantenimiento so la dha pena de mas de dos mil pesos ensayados para la Camara de S. M. y obras publicas por mitad.

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COMETIERE ALGUNAS COSSAS

Ordeno y mando que qualquier regidor que fuere nombrado por procurador de esta Ciudad no use del dicho oficio y comision sino es para licencia que aya presedido y presida del Visorrey...

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12°- Item ordeno y mando que quando en dho Cavildo se cometiere algunas cossas y alguno de los regidores cometiere de si la dha comisión fuere para dentro de la Ciudad o de las 5 leguas sea obligado a lo cumplir luego y dar noticia en el Cavildo siguiente de lo que hubiere hecho y si fuese fuera de las cinco leguas de quenta luego que se haya cumplido el termino que se le señalo y si no se les señalo pasado aquel en que berisimilmente pudo hacer el negocio para visto lo que ha hecho el Cavildo provea lo que conviniere so pena de haver perdido el salario o aprovechamiento q la Ciudad le señalo e mas otro tanto como se le señalo salario so pena de diez pesos para la Camara del Rey nro. Sr. E obras del dho Cavildo por mitad y el Escribano del dho Cavildo sea obligado a sentar en el libro de Vacildo lo que hizo en cumplimiento de la dha comisión. El dho diputado y si presento una razón de lo que havia hecho en la dha comisión lo qual el dho comisionado aya de preguntar y el escribir firmado a lo que sea de diferir el dicho Escribano en lo que se asentare en el libro del dho Cavildo lo q hizo el tal Comissario”. REGIDOR QUE FUERA NOMBRADO… 13°- Item ordeno y mando que qualquier regidor que fuere nombrado por procurador de esta Ciudad no use del dicho oficio y comision sino es para licencia que aya presedido y presida del Visorrey que fuere de estos reinos aviendose primeramente declarado las caussas e motibos que el dho Procurador y presentando las instrucciones que le enviare el dho Visorrey las lea siendo de cossas que se puedan probear aca se provean y le sean útiles a la Ciudad del gasto e costas que quería le sea e no lo siendo que el dho Vissorey de a la dha Ciudad la dha licencia para nombrar el dho Procurador e aunque no puedan señalar salario de dho procurador el qual el dho Vissorey pueda tassar e moderar como le paresiere que conbiene y aviendo preferido los usos de dho entonces se asiente en el libro de dho Cavido las cartas e instrucciones a que se refieren en el dho libro y tome testimonio de ellas el Esco, dl Cavildo del día que partiere y del día que volviere e de los pesos que hubiere recibido por quenta del dho salario e dentro de quise días después de vuelto presente en dho Cavildo memoria firmada de su nombramiento lo que hubiere fecho e despachado con claridad y distinsion por todos los capitulares.


•Piramide hecha por los españoles en donde explican claramente las cvlases sociales en elvbirreinat6o

EL ALCALDE MAS ANTIGUO 14°- Item ordeno y mando que la Justicia y alcalde más antiguo que se entiende serlo el vezino encomendere aya de tener e tenga el primer asiento en el dho Cavildo y aviendo Corregidor tenga la mano derecha al alcalde más antiguo e a la izquierda al regidor más antiguo y por este orden vayan siguiendo los demás regidores e ayuntamiento tenga su asiento con su mesilla pequeña donde tenga el libro de dho Cavildo para asentar y en el botar y proponer los negossios se quedo en el Cavildo pasando alguna cossa por resumir la justicia lo proponga para que se acabe de rsolver e comienze a votar el regidor más antiguo y los demás por orden y antigüedad guardándose el turno y decencia y sin boses ni alboroto todos boten los dos alcaldes primero el de los estados de los soldados e ciudadanos e luego el de los besinos de este Cavildo cada uno de los rejidores levantándose un poco al tiempo de botar y ninguno se atraviese con otro sino que libremente cada uno bote e los demás no repliquen. 275


TRADICIONES TRUJILLANAS

•Mulatos y mestizxos

BOTANDO EN EL DHO CAVILDO.. 15°- ítem ordeno y mando que estando botando en el dho Cavildo viniese de nuevo algún regidor dentrar en el dho Cavildo e porque no pare lo que están tratando el dho Escribano del dho Cavildo le proponga lo que se estaba tratando y los botos que hubiere escritos y leidole prossiga el que estaba votando en su boto. NINGUN REGIDOR…DHO CAVILDO …ARRENDAR NINGUNOS BIENES NI RENTAS… 16°- Item ordeno y mando que ningún regidor diputado ni mayordomo ni portero ni otro oficial alguno de dho Cavdo pueda por ssi ni por tercera persona arrendar ningunos bienes ni rentas de los propios del dho Cavildo ni de comun de la república so pena de privasion perpetua del ofisio que tuviere. REMATAR Y ARRENDAR ALGUNOS BIENES… 17° - Item ordeno y mando que ningún rexidor diputado ni mayordomo ni portero ni otros oficiales que quando se hubiere de rematar o arrendar algunos bienes de la dha Ciudad se señale ora sitio y lugar donde se haya de hacer la dha venta o arrendamiento sacándose con pregon en las quatro esquinas o calles de esta Ciudad y a las puertas de Cavildo para que venga a noticia de todos y sepan lo 276


•Ewsclavos negros

que se a de rematar y arrendar y se nombre diputados que lo hagan de los dhos Cavildos los quales con justicia y por ante el Corregidor del Cavildo procurador e Mayordomo de la Ciudad se arrienden o rematen guardando en el admitir de la postura e pujas la verdad e fedilidad que conbiene y declarándose como se a de hacer el remate conforme a las leyes del reyno con las puxas y medidad de diesmo y medio diesmo y quarto y medio conforme a las dhas leyes y anssí se remate en el maior ponedor o pena que el remate que de otra manera se hissiere sea ninguno e los que hubieren dado causa al dho remate pasen a la Ciudad todo el inetres que ha causado del dho remate se le hubiese de guardar y se tocare. TRATAR Y PEDIR ALGUNA COSSA 18° - Item ordeno y mando que si algunos diputados de los estados de esta Ciudad ocurrieren a dho Cavildo a tratar y pedir alguna cossa tocante a su obligación los oigan y con su asistencia formen juicio sobre dho negocio e se provea lo conveniente. PENA DE 1000 PESOS 19° - Item ordeno y mando que ninguno de los oficiales reales les sea embarazo de ser regidores no puedan usar ni usen por falta de ninguno de los Alcaldes el oficio de Alcalde ni puedan ser elegidos por fieles executores ni puedan usar del dho ofisio porque su princi277


TRADICIONES TRUJILLANAS

pal obligassión es acudir en el oficio de la real hazienda so pena de un mil pesos para la Camara del Rey Nro. Sr. Y obras públicas por iguales partes. REMATE DE LOS PROPIOS DE LA CIUDAD

Y assi mesmo pongan que llegando el segundo tercio no hubiere pagado el primero que arrendador pague lo que debe o volviera al remate comas quisiere y combiniere.

20° - Item ordeno y mando que en el remate de los propios de la Ciudad después de resumido en el dho Cavildo que conviene que sea y rinden y rematen e nombrando los diputados que lo han de hasser que hecho el remate los dhos diputados ni el Escribano aya dado testimonio en el de como están dadas las fianzas e recaudos que conviene conforme al remate que en el se hisso ni el dho Cavildo consienta que arrendado alguno use de su remate sin que tenga carta de recibimiento o de fieldad primero en la dha forma e los de los dhos Diputados y escrivanos lo hayan llevado de dho Cavildo y sea Bisto en el remate obligaciones e fianzas y se le declaren por bastantes para que la renta esté segura e no se haga en ella quiebra e si la hubiere a causa de no ser haver guardado la dha orden sea culpa e cargo de los diputados y escribanos, ellos lo paguen. CONDICIONES DE LAS LEYES DEL QUADERNO 21° - Item mando y ordeno que los remates que se hizieren de los dhos bienes y propios del Ayuntamiento se hagan con las condiciones de las leyes del quaderno y que ayan lugar las partes del cuarto y diesmo como esta dicho y se descontare el quinto de los derechos prometidos e con las demás condiciones de las leis del quaderno con que se arriendan las rentas reales y ansi se ponga en las obligaciones y fianzas so pena de que el escrivano del Cavildo pague el daño que ocasione por lo no poder o hubiere venido a la Ciudad e que pongan que suma necesita la renta e posesión a su riesgo y ventura e que si por caso remite por guerras o por otro motivo fortuito que subseda o por ordenanzas que la Ciudad tenga hechas o hizieren no pedirán disquento alguno y se contrataran con lo poco o mucho que Dios les diere y assi mesmo pongan que llegando el segundo tercio no hubiere pagado el primero que arrendador pague lo que debe o volviera al remate comas quisiere y combiniere;

MEDIDAS Y PESOS Y PESAS 22° - Item ordeno y mando que todas las medidas pesos y pesas sean conformes y selladas con el sello y marca de esta Ciudad en los cantos altos de las paredes dellas y cualesquiera medida que se allare 278


•Tumbes no tiene acta de fundacion

de otra manera sea tenida por falsa y se ponga en la picota como tal y del que con ella hubiere vendido le condenen el alcalde y diputados en dos mil pessos la primera véz y por segunda en quatro mil en satisfacción de daño que las partes hubieren ressivido y por la tercera le sean dado sien asotes e sea desterrado desta Ciudad y sus términos por tiempo de seis años y la dha pena pecuniaria sea la mitad para la Camara de S. M. y la otra mitad para obras públicas por iguales partes; LOS MOLINOS 23° - Item por que no tener los molinos buen aparejo de piedras e de lo necesario para moles el trigo que ba a sus molinos se sigue gran daño porque muchas veces la harina que muelen es de poco provecho o ninguno por echarlos traspicaduras, ordenaron y mandaron q los molineros tengan muy gran cuidado de moler el trigo que a su molino fuere, viene a provecho de sus dueños e que traspicadura no muelan ningún trigo ageno so pena que aquel lo moliere no saliendo 279


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bien molido lo vuelva a su dueño en buena harina según que como por el peso lo tomó. LAS CALLES DE ELLA ESTEN SIEMPRE LIMPIAS 24° - Otro sí porque es cosa muy necesaria para la salud e buena orden de la Ciudad que las calles de ella estén siempre limpias ordenaron y mandaron que de aquí en adelante todos los vecinos de la dha Ciudad tengan limpias sus pertenencias e que ninguno sea osado de echar basura ni otra sucidad por las calles públicas so pena de que por cada vez pague medio pesso y si alegare estando la dha basura en su propiedad que no se echa de su casa, no bastante pague la pena hasta entantando que de o pruebe quien lo ha hecho y probándolo pague el tal la pena doblada y se limpie a su costa. OBLIGADO A PAGAR DAHAS LA PENA EL VECINO MAS CERCANO

•Las comunicaciones en el Perú durante el virreinato se hacía mediante los pregoneros.

25° - Otro sí que por acaece echar en las dhas calles haver en ellas alguna basura y estiércol y otras inmundicias y no se puede saber quien lo a hechado, hordenaron e mandaron que quanto lo sussodicho se allara en la calle, que sea obligado a pagar la pena el vecino mas sercano, e dar quien lo ha hecho, entiendese que si el dho estiércol fuere de caballos o otras vestias que pague las dhas penas el vecino mas cercano q las tuviere y no el que nos las tuviere aunque estén más cerca de su casa. TRAER GANADOS DE NOCHE… ALGUNA CASA DHA CIUDAD… 26° - Otro sí porque el traer los ganados de noche a dormir en alguna casa de la dha Ciudad, vienen muchos daños y perjuicios allende de que dañan y ensucian las calles, ordenaron e mandaron que ningún vezino y morador de dha Ciudad meta dentro della de noche ni de dia ningun genero de ganados mayores ni menores para que duerman ni este en ella so pena de que por cada vez q lo metiese pague un pesso de pena, lo cual no se entiende con el ganado de la carnicería ni en la que traen hasta aquí en la persona que metiere hasta seis cabezas en su casa para la leche ni con los carneros que trajesen yerba, leña, ni los que enserraren en los potreros alrededor de la Ciudad, por no tener otros corrales donde los poner.

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…ECHAR PERROS NI BESTIAS…QUE SEA MUERTO 27° - Otro sí ordenaron e mandaron que ninguna persona sea osada de echar perros ni bestias ni otro animal que sea muerto asia la parte que viene el viento a esta Ciudad, por cuanto de ellos podía redundar mucho daño y se podían formar enfermedades, sino que los echen asia la parte del camino de Chicama, pena que el que lo contrario hiciere, a su costa se lo hagan llevar y encima pague seis pesos de oro de pena. NINGUNA PERSONA SEA OSSADO DE EDIFICAR…QUE EL CAV. LE DIERA… 28° - Otro sí porque de no haver en la Ciudad Alarife que mida ni traze los solares q se dan en el Cavildo y otros que antes de agora sean edificado toman mas de lo q les conviene y allende esto a sido causa de no ir las calles muy derechas como avian deir, todo lo qual es dañoso y perjudicial para la Ciudad, e buen orden de ella, ordenaron e mandaron que de aquí en adelante ninguna persona sea ossado de edificar ningun solar que el Cav° le diere o hubiere dado sin que el alarife mida e tase conforme a la medida e tasa q la Ciudad le tiene dada, so pena que el que lo contrario hiciere a su costa la justicia derribara todo lo que hubiere edificado, para el qual edificio esta Ciudad tiene nombrado alarife, el cual se le pagara por cada solar q midiese o trazase un pesso de oro y lo mismo sea obligado a hacer qualquier persona que comprare solar de otra a quien el Cavd° le ubiese dado, o de qualquier manera que lo haya habido como sea para edificar de nuevo;

• Los aguadores durante el virreinato cumplian con las estrictas ordenanzas del Cabildo.

…MUCHAS PIDEN Y AN PEDIDO SOLARES SIN NTENER INTENTO DE EDIFICAR… 29° - Otro sí por quanto muchas personas piden y an pedido solares sin tener intento de los edificar mas de venderlos y aprobechadose de ellos y se echan suciedades y se crian muladares, ordenaron y mandaron que de aquí adelante ninguna persona que tenga solar o casa propia pueda pedir, ni pida solar, ni la justicia ni regimiento se le de ni pueda dar, y si de hecho se lo diere, la tal concesión sea en si ninguna y otra persona lo pueda pedir por vaco y los que están dadas asta agora los dueños dellos les serquen dentro de seis meses que estas ordenanzas fueren publicadas, de tres tapias de alto a lo menos de dos e que en cada solares hayan puertas a la calle y casa de moradas, so pena de que pasado el termino si no lo hubiere cercado queden vacos para q se puedan proveer. 281


TRADICIONES TRUJILLANAS

…COMO TIENEN COSTUMBRE MUCHOS DELLOS LOS HAN VENDIDO…

Otro sí que de aquí adelante ninguna persona sea osada quando edificare solar u otro qualquier edificio a hacer hoyo fuera del dho cieno que la tierra que obiere de sacar la saque o cave dentro de su casa y solar o la traiga donde el Cavildo se lo señale...

30° - Otro sí porque muchos han pedido solares y el Cavildo de la Ciudad se los ha dado como lo tiene de costumbre y muchos dellos los han vendido o vuelven a pedir otros para hacer lo mismo, ordenaron y mandaron y de aquí en adelante el Cavildo no de ni puede dar solares a ninguna persona q se le obiere dado principalmente si lo obiere vendido y los que de aquí adelante se dieren a personas q puedan y con condición q no los pueda vender sino fuera después de cuatro años o los haya poseído y seguido su vecindad e que no los venda a Iglesia, Monasterio ni hospital. …NINGUNA PERSONA SEA OSADA QUANDO EDIFICARE… 31° - Otro sí que de aquí adelante ninguna persona sea osada quando edificare solar u otro qualquier edificio a hacer hoyo fuera del dho cieno que la tierra que obiere de sacar la saque o cave dentro de su casa y solar o la traiga donde el Cavildo se lo señale, lo mismo sean obligados los que de aquí adelante hicieren adobes hacerlos a la parte y lugar que el Cavildo ha señalado para ello, so pena que el que lo contrario hiciere pague de pena quatro pesos, allende de esto a su costo se ynchan los hoyos que assi hubiere hecho y el que hiciere los adobes, los aya perdido. DOS CAVILDOS SEMANALES LUNES Y VIERNES 32° - Otro sí ordenaron y mandaron que de aquí adelante cada semana hagan dos días Cavildo por cuanto assi conbiene para el bien Gobierno y Reximiento de la dha Ciudadm los quales días sean Lunes y Viernes y si algún día de estos asertare a ser fiesta, se haga el Cav° el dia siguiente y el juez o Regidor que faltare del Cav, estando en la Ciudad no teniendo causa alguna, pague de pena un peso de oro según dicho está.

MANDARON Y ORDENARON…PUEDA ENTRAR NI ENTRE CON ARMAS AL CAVILDO 33° - Otro sí ordenaron y mandaron que ninguna, persona del Cavd° e Reximiento de la dha Ciudad, sino fuere la justicia, pueda entrar ni entre con las armas en Cavildo y si alguno viniese a negociar se las quiten primero q entre, so pena q el que fuere de el Cavd° las tenga perdidas y el que entrare a negociar no lo siendo allende el 282


•Trujillo a fijnes del siglo XIX. Los religiosos emprendieron la edificación de su Iglesia contando con la participación del arquitecto portugués Alonso de las Nieves avecindado en Trujillo.

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tener las armas perdidas, pague tres pesos de pena lo mismo se entiende con el que entrare a la cárcel o carnezería con ellas. …AN ACOGIDO EN SUS CASSAS MUCHOS ESPAÑOLES…

•Los caballeroa españoles

34° - Otro sí por quanto muchos vecinos con buen celo e por hacer buenas obras, an acogido en sus cassas muchos españoles, ansi hombres como muxeres para los remediar y dar de comer, sin tener intento de servirse de ellos mas de poder hacerlos buenas obras y usar con ellos de charidad, después de algunos días o meses e años que salen afuera de dhas cassas, no teniendo conocimiento de las buenas obras que han resivido, usando de ingratitud han pedido y piden soldadas, diciendo que en dho tiempo han estado en las tales cassas; an servido y acompañado a ellas e a sus muxeres, los quales si se admitiese seria causa de que adelante ninguno quisiese acoxer, ni recivir a los tales necesitados, ni hacer obras semejantes; ordenaron e mandaron que a de aquí adelante ningún español, hombre ni muxer, ni mestizo, ni morisco, ni morizca, negro, ni negra horros, puedan pedir soldada a persona alguna diciendo que les ha servido, sino mostraren por testigos, escripturas, asiento como entró a venir con el tal vecino a saldada por precio cierto, aunque haya estado en la casa del tal vecino, y si se ofrece aprobar haver servido en algunas cossas a ellos, pidiere sin los dhos recaudos, no sea oydo sobre ellos. …NO TRAER EN LA DHA CIUDAD GANADOS CON GUARDA… 35° - Otro si por quanto de no traer en la dha Ciudad ganados con guarda, suelen venir e suceder muchos daños, entrar en las cementeras y herederas agenas ordenaron y mandaron que de aquí adelante ninguno genero de el, poco o mucho sin que con ellos traiga guarda que sea de recaudo aunque sea en el ejido de esta Coudad conforme a la cantidad del ganado que tuviere so pena de q por cada una ves pague de pena dos pesos, e allende de esto qualquier persona que lo topare sin guarda, la pueda traer al Corral. …GANADO ENFERMO… 36° - Otro si ordenaron y mandaron que qualquier ganado que entrare enfermo a tierra o heredad agena, lo pueda traer al Corral y averiguado el daño que hubiere hecho, la justicia lo mande pagar a la parte, e allende de esto por cada cabeza mayor pague de pena, si fuere de noche medio pesso y de día dos tomines y si fueren cabras o

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puercos o ovejas se entienda pagar por cabeza granos y si trayéndolo al corral alguna persona lo quitare al que tragere no defenderá la prenda que sea bastante para pagar el daño y pena, pague la tal persona o su amo si fuese esclavo o indio nueve pesos de oro, e allende de pagar todo susodho, pague el corralero por cada cabeza mayor seis granos de oro, e por cada menor al respecto. ..LOS GANADOS QUE SE TRAEN AL RASTRO CONTRA RAZON… 37° - Otro si por quanto muchas veces algunas personas se quejan diciendo q les llevan las personas los ganados que se traen al Rastro contra razón y de las aguas que se toman y hurtan unos a otros diciendo e afirmando que se lo levantan, e que no es así; ordenamos e mandamos que qualquiera vez que acaesiese lo susodho se puedan llevar y exercitar la dha pena como aya lugar a dos indios o dos negros cristianos, o tres indios que no lo sean que afirmen ser así la verdad. LOS NATURALES Y NEGROS EN EL BEBER DE LA CHICHA…SE HACEN OLGAZANES… 38° - Otro si vista la dha disolución que hay entre los naturales y negros en el beber de la chicha por que por causa della, se hacen olgazanes y se cometen hurtos, ordenaron y mandaron que no haya de aquí adelante taberna ninguna en la Ciudad, sino fuere la que el Consejo Justicia e Reximiento declare y en estas, y no otras se venda la chicha por medida a los naturales, e no a negro ninguna, e que no aya ayuntamiento de indios con ellas, sino que en comprándola dha, se salgan luego de la taberna, so pena de el que en otra parte vendiere chicha, y no fuere en las señaladas se quiebren los cántaros y derrame la chicha por la primera vez, e por la segunda se quiebren los cantaros y le den cien asotes, e al negro que fuere allado en la taberna dos pesos, e quatro días de carzel, e por la segunda la misma pena e cien azotes, e al indio que fuere hallado en la taberna después de haberle dado la chicha, por la primera vez se le tresquilen los cabellos e per la segunda véz cien azotes. …-MUCHAS VECES POR HAVERSE EMBORRACHADO LOS INDIOS, SE AN MUERTO UNOS A OTROS… 39° - Otro sí por quanto muchas veces por haverse emborrachado los indios, se an muerto unos a otros, allende otros rrachado los 285


TRADICIONES TRUJILLANAS

indios, se an muerto unos a otros, allende otros muchos desordenes que cada dia hacen y han hecho, ordenaron e mandaron que todas las veces que se allaren Yndios borrachos el Alguacil los pueda traer ante la Justicia primeramente e visto que están borrachos estenen la Carcel por la primera, un dia y le tresquilen e por la segunda ves le den cien azotes, y si el tal indio no tuviere de que pagar al Alguacil sus derechos, e que para la paga desto no le quiten ningun vestido de lo que traxere vestido.

Las veces que se allaren Yndios borrachos el Alguacil los pueda traer ante la Justicia primeramente e visto que están borrachos estenen la Carcel por la primera, un dia y le tresquilen e por la segunda ves le den cien azotes...

NEGRO..DE EL CARZELAGE PAGUE MEDIO PESO… 40° - Otro si por que de entrar los negros han sucedido y suceden muchos daños como son reñir con los indios y descalabrallos y hurtarles y tomarles lo que están vendiendo, ordenaron e mandaron que ningún negro, ni esclavo entre en embriagues y si alguno entrare, al Alguacil lo traiga ante la Justicia y estén en la carsel por lo qual allende de el carzelage pague medio peso a dho Alguacil por cada vez que lo traxere. …NINGUN NEGRO NEGRO QUE SEA ESCLAVO NI HORRO NI INDIO PUEDE TRAER ARMAS…LE SEAN DADO CIEN AZOTES… 41° - Otro si ordenaron e mandaron que ningun negro que sea esclavo ni horro ni indio pueda traer armas ningunas, aunque sea andando con su Amo sino fuere de las Justicia acompañándola, habiendo sido llamado para ello, las quales dichas Armas, sean del alguacil que las quitare y si de noche lo topare, allende de quitar las armas, le pueda traer a la Carcel, e por la segunda vez, allende de la sosodicho, le sean dados cien azotes; lo qual no se entiende cuando un negro esclavo ba caminando con su amo a qualquier parte, y esto no se entiende cono indio paxe que llevare a la espada de su amo yendo con el”. …LE SEA CORTADA LA MANO DERECHA…

42° - Otro sí por quanto de haver algunos negros así horros como esclavos mal castigados y soberbios, se desacatan y rebelan contra los cristianos, echando mano a la espada, o otra qualquier arma; hordenaron e mandaron que qualquiera de los sussodichos, ansi horro, como esclavo que hechare mano a qualquiera de dhas armas para qualquier cristiano, le sea cortada la mano derecha; esto no se entienda como el tal negro puede haber echado mano solamente por defenderse, queriéndole el tal cristiano herir o matar. 286


…DE ANDAR DE NOCHE, DESPUES DE TAÑIDA LA QUEDA…. 43° - Otro si por quanto de andar de noche, después de tañida la queda, algunos negros o indios por la Ciudad, suelen suceder muchos hurtos y se hacen y an hecho; ordenaron y mandaron que qualquier negro esclavo, horro o indio, que la justicia topare por las calles de la Ciudad, después de tañida la queda se traería e la cárcel donde estará hasta el otro dia, como no baya con algún recado por mandado de su amo.

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• Los oidores y jueces de la Real Audiencia durante una de las sesiones de Cabildo.

NEGRO AUZENTES…CIEN AZOTES PUBLICAMENTE… CORTADA LA NATURA…SEA AHORCADO 44° - Otro sí que por cuanto algunas veces se huyen algunos negros de sus amos, e andan forzando indias, e haciendo insultos a fin de contentar las indias que traen consigo, ordenaron e mandaron que qualquier negro o negra que se huyera de su amo, como esté ocho días auzentes, tomándole le den cien azotes públicamente, y si estuviese veinte días, le sea cortada la natura, y si estuviese trinta días sea ahorcado y si el dho negro que assi anduviese se le viniere a su amo antes de los 30 dias el tal castigo quede el arbitrio de la justicia. DESTERRADO DE LA CIUDAD… 45° - Otro sí por quanto de vivir los negros y negras horas sin amos viene gran perjuicio en encubrir otros negros huidos, como en sus csas encubren juegos, hurtos y otras cosas perjudiciales lo qual no arian si tuviesen los dhos amos, por tanto ordenaron e mandaron que en dha Ciudad no pueda estar ninguno de los dhos negros ni negras sin tomar amo, e porque también de haver venido algunos negros horros con casiques, les han perturbado en la doctrina y los

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indios creen en otras cossas de que reciben daño e perjuicio; mandaron q ninguno de dhos negros no pueda vivir ni estar con ningun cassique, ni indio anssí del Valle de esta Ciu, como en los demás en sus términos, sino fuere con consentimiento de la Justicia, so pena de que al q lo contrario hiciere pague de pena por la primera vez veinte y por la segunda la misma pena y cien asotes y a la tercera el mismo pago y sea desterrado de esta Ciudad y sus términos. …NI INDIA PARA QUE LE SIRVA... 46° - Otro si ordenaron y mandaron que ningun negro esclavo, ni horro ni blanco como sea esclavo pueda tener ni tenga ningun indio, ni india para que le sirva, ni para otra cosa ninguna, so pena q la primera vez esté tres días en la carzel y el indio o india lo pueda poner la justicia con quien le pareciese, e por la segunda vez, allende, de lo susodho, le sean dados cien asotes píblicamente al que fuese esclavo y al fuese libre lleve diez pesos de pena. ..DESOJANDO LOS DHOS MAYZALES SIN LICENCIA… 47° - Otro si por quanto de coger los maizales verdes para yerba antes q granero se secan y no acaban de granear, e que algunos negros e indios entran en los mayzales assi día como noche a fin de coxer dha oja y hurtar el maíz, de lo qual viene gran daño, por tanto ordenamos e mandamos que negro e indio que se tomare desojando los dhos mayzales sin licencia de sus sueños pague medio peso de pena y le puedan tomar la prenda a su dueño y pague la pena doblada si fuese trigo o maíz; QUALQUIER PERSONA QUE ENTRARE A HERENCIA AJENA… 48° - Otro sí por que en la dha Ciudad de Truxillo y sus términos hay guertas, viñas y otras heredades las quales el dia de hoy se labran a muy gran costo y no teniendo respecto a esto muchos entrar en las dhas huertas y viñas y heredades al tiempo q tienen esquilino e fruto, a lo hurtar y hacer mucho daño; ordenaron y mandaron que qualquier persona que entrare a herencia agena a hurtar por la primera vez que fuere allado pague de pena quatro pesos de oro o por la segunda la pena doblada, y si fuere allado de noche o se pudiere probar, pague la pena y daño doblado e para que la Justicia proceda contra el q tal cometiere y le castigue el daño de tal heredad, le dé probanza de un cristiano, o dos negros o dos indios. 289


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ORDENANZASA QUE DESEO INCORPORADAS Y LAS GUARDEIS E CUMPLAIS… 49° - Otro sí por que las dhas ordenanzas tan luego sean aprobadas y declaradas que las ha de haver, ordenaron y mandaron que las penas que aquí ban asentadas se hagan tres partes iguales para el denunciador, el juez y obras públicas.

Mandamos q esta nra.carta con dhas ordenanzas se pregone públicamente en la plaza publica de esta Ciudad por pregonero e ante escribano público e los unos e los otros nó hagades...

Por lo que mandamos que veais las dhas ordenanzas que deseo sean incorporadas y lo guardéis e cumpláis e hagáis guardar e cumplir por el tiempo que nra. Merced e voluntad fuere como en ellas y en cada una de ellas se contiene, executando las penas en ella contenidas e por que lo susodicho sea publico e notorio mandamos q esta nra.carta con dhas ordenanzas se pregone públicamente en la plaza publica de esta Ciudad por pregonero e ante escribano público e los unos e los otros nó hagades, ne hagan ende el, so pena de la nra. Merces e de cada quinientos pesos para dho. De nra.Camara.Dado en la Ciudad de los Reyes a trese días del mes de septiembre de mil quinientos e sinquenta e tres años. Yo Pedro de Avendaño, Escn. De Camara de su Sacra e Catholica Magd lo fize escribir por su mandato con acuerdo de su Presidente e oydores.-Por el Chanciller Fco. Ortigoso.” Publicáronse en Tujillo el 9 de octubre de 1556, y se agregaron las siguientes disposiciones suplementarias: …TODO GENERO DE MERCADERIAS GUARDANDO… 50° - Primeramente ordeno y mando que de oy en adelante mientras fuere mi voluntad en esta Ciudad de los Reyes todo genero de mercaderías guardando la orden que aquí irá declarada, sin que sean obligados los que assi compraren a manifestar ni manifiesten cossa de ningun genero de mercaderías que sea, esepto uno si acepte, jabon, será e azúcar y que tan solamente manifiesten a la Justicia e diputados conforme a come hasta aquí lo an hecho, e si las penas que sean de ellos les están puestas e por esta ordenanza reboco e doy por ningunas todas e qualesquiera ordenanzas en q se manda se manifiesten todas las mercaderías que en esta Ciudad se compraren.

…MANIFESTACION DEL CORREDOR QUE LA HICIERA E JURADA DEL COMPRADOR… 51° - Item ordeno e mando que manifestado lo que dicho es y 290


firmada la dha manifestación del corredor q la hiciera e jurada del comprador e vendedor, no haver en ellos fraude ni engaño ni haver cargado mas de lo q costo y en la q salió conforme al precio q se hizo quando el tal comprador la compró, e en lo que a manifestar se puedan y den por el tanto la Justicia e diputados asta en la quarta parte el vino, miel, azeite, jabon, cera, azúcar y zebo a los precios como solía, lo qual pueden dar y den a los vecinos estantes y avitantes que residen e viven en esta Ciudad, y no a otra persona, ni a mi ni oydor, ni oficial de la Aud. RL. Ni a ninguna justicia, ni escribano, sino solamente a los demás vecinos, estantes e avitantes como dicho es y en esto se tenga quenta e razón que a ningún vezino de qualquier cossa que tomare dentro de seis meses le puedan dar de aquello que tomó por el tanto; otra vez, con q le dieren al tal vezino sea vista o haya menester para su casa.

Mapacartográfico de Tr5uujillo del Peru

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…Q NINGUN MERCADER NI OTRA PERSONA… 52° - Item ordeno e mando q ningún mercader ni otra persona que en esta Ciudad tratare e contratare, pueda por si ni por interposita persona, un genero de mercaderías ni vastimiento para recoxello, por que de esto sea seguido y sigue grande daño a la republica, porque soy informado a habido personas q han recoxido todo un genero de mercaderías, de que sea seguido gran carestía so pena que el que comprare en esta Ciudad tengan tiendas, sino fuere mercader o persona q lo traiga o embie de tierra firme; lo aya perdido lo que ansi comprare aplicado por tercias partes la una a la Camara de S. M. y la otra al Juez q lo sentenciare y la otra al denunciador, y sea vastantes prueba por verse lo que a comprado o hecho comprar entre partes, por que mi boluntad es que todos traten e compren libremente, pero que no se recoxa ningun genero de mercaderías para que por solo estar en su poder rescate la republica y comprando los unos regatos de otros. • Los corregidores fueron los funcionarios más aborrecidos por los pobladores nativos

…NINGUNA PERSONBA PUEDE SACAR NI SAQUE DE ESTA CIUDAD NINGUN GENERO… 53° - Item ordeno y mando que ninguna persona pueda sacar ni saque de esta Ciudad ningún genero de mercaderías si no la traigan antes ante la Justicia e Diputados la memoria e registro firmada del q ansi lo saca e embia, y manifestada, al pié de ella mando y la Justizia sin hacer mas registro, ni sacarle para licencias de sacarla, e por la dha licencia e signo del Esco del Cavildo, ante quien de ser, llene solamente dos tomines de derechos, en otra cosa, la cual manifestación es para que si alguna mercadería que el mercader enbiare fuera de esta Ciudad tuviere gran necesidad, comunicado con el, se tomare lo que fuese necesario e a mi pareciere incurrirá en pena de la mitad que ansi sacare sin registro aplicada según dicho es”. Mándase pregonar de nuevo, el 14 de Junio de 1556 y días subsiguientes, mandándose agregar lo que sigue: 54° - Primeramente dixo que por cuanto al tiempo que se hicieron las ordenanzas que esta Ciudad tiene, no se tuvo consideración avia de ir en tanto aumento esta republica como agora” esta y siempre va y queriendo acrecentar algunas mas ordenanzas por ser cosa conbeniente a la republica e vecinos e moradores della queriendo acrecentar algunas mas ordenanzas lo hizieron en la forma siguiente:

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55° - Item dixieron que por quanto al tiempo que se hizieron las ordenanzas confirmadas por S. M. havia en esta Ciudad pocos labradores para cultivar la tierra y sembrar en ella trigo e maíz e otras legumbres e con el agua que viene por las demás acequias sino la principal por la que esta Ciudad se sirve, se sembraban e regaban toda esta Ciudad se sirve las sementeras y sobraba agua, e por esta razón en una de dhas ordenanzas amenazaron de pena al que que tomare de la sequia principal agua para regar sus sementeras y chacras, seis pesos de oro aplicados por tercias, como por ello consta, e porq como la Ciudad ha ido e se siembra en el Valle mucho trigo e maíz e por ser pena tan poca, toman el agua de la dha asequia de noche e de dia para regar sus trigos e otras semillas de q la Ciudad vecinos e moradores della reciben mucho daño por la falta que haze en la Ciudad, por tanto 56° - ordenaron e mandaron q ninguna persona sea osado de romper la dha asequia del Pueblo, ni sacar ni tomar della agua para regar ninguna sementera ni cosa alguna, so pena de treinta pesos por cada vez, aplicados conforme a las ordenanzas; e si fuere negro que atiende a su amo pague la pena a el qual negro le sean dados doscientos asotes, e di fuere indio e no tuviere de que pagar la dha pena le den cincuenta asotes e le trasquilen los cavellos en el rollo junto al casco, e que vaste por prueba para lo sussodicho hallen la heredad moxada y regada con la dha agua si no hubiere otro testigo, e si el denunciador lo vio, que sea creydo por su juramento. 57° - Item dixeron que por quanto en las dhas ordenanzas no se tubo consideración que de fuera de esta Ciudad había de venir madera para hacer cassas puertas y ventanas, sino q la q havia en los terminos de esta Ciudad bastaba para todo; e agora se tiene por experiencia, que la que se coxe por esta Ciudad y sus terminos e que se pudre a se necesita madera de afuera, de otra parte venida por mar como se empieza a hacer; ordenaron e mandaron que si alguna persona comprare por junto la madera que assi viniere a esta ciudad, de Guayaquil o otras partes, el tal comprador no siendo para su casa, y la quiera bender sea obligado a la manifestar ante el Esco de Cavildo, dentro de tercero dia que la comprare para q los vecinos de esta Ciudad puedan tomar por el tanto la q cada una hubiere menester hasta tanto la tercera parte dentro nueve días que haga la tal manifestación, so pede q el que no lo manifestare, la tenga por perdida, aplicada conforme a las ordenanzas. 58° - Otro si ordenaron e mandaron que qualquier persona que 293


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comprase tosinos e quesos e pescado salado para lo bolver a vender en la dha Ciudad, los manifiesten ante el Esco. Del Cavdo. Para que los vecinos de esta Ciudad puedan tomar por el tanto el tercio de ello, so pena q no lo manifiestare dentro del tercero dia que el q lo comprare lo tenga perdido, conforme a las ordenanzas. 59° - Otro si dixeron que por quanto esta Ciudad y sus términos se creían toda cantidad de vacas, puercos, carneros e de otras partes los vienen a comprar e no dejan carne para el abastecimiento de esta Ciudad, por cuya causa se come mas cara que en otras partes, por tanto ordenaron e mandaron que todas las personas ansi de esta Ciudad como de fuera de la que compraren ganados de bacas, novillos, carneros e puercos, para volverlos a vender lo manifiesten ante el Esco. Del Cavdo, dentro de tercero dia q lo comprare con juramento de como cuesta para que si el obligado que fuere para dar carne a esta Ciudad lo quisiere tomar por el tanto asta la mitad lo pueda tomar dentro de seis días después de la manifestación y en el entretanto el tal ganado no pueda disponer de el so pena de tenerlo perdido sino no lo manifestase. 60° - Iten ordenaron y mandaron que qualquier ganado que llegare a esta Ciudad para venderse en ella para el abastecimiento de los vecinos y moradores ninguna persona lo pueda comprar por junto para volver a venderlo en pié muerto, y si lo comprare lo manifieste para los fines consiguientes. 61° - Que por cuanto se puso de pena tres pesos al que tomase agua de la acequia quando sea la mitad de otra persona, y q la pena es poca mandaron que ninguna persona pueda tomar agua de ninguna acequia para regar sus sementeras sino quando le cupiere su mita y si la tomase de otro modo pague pesos de multa; 62° - Las quales ordenanzas mandaron se pregonen y guarden e cumplan si las penas contenidas asta tanto que venga la Real Confirmacion de su Magestad”.

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Tradiciones

Trujillanas Carlos Camino Calderón, trujillano, en los primeros cuarenta años del siglo pasado publicó una serie de tradiciones trujillanas, donde nos permite conocer las costumbres, dichos, refranes, y especialmente el modo de vivir de nuestros antepasados. Publicamos en este libro unas cuantas de las innumerables tradiciones de Camino Calderón.

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PARA PANTORRILLUDOS LOS TRUJILLANOS Esto de mangonear en los asuntos de Trujillo, exige comenzar por el principio. Y en este caso, el principio consiste en explicar porque -y desde cuándo- la pantorrilla trujillana es sinónimo de orgullo.

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n octubre de 1802, Carlos IV concedió al Perú la gracia de cuatro títulos de Castilla, para solemnizar el enlace de su hijo Don Fernando de Borbón, con la princesa Doña María Teresa de Nápoles. De acuerdo con una Real Orden, el virrey del Perú debía elevar a la Corte los cuaternos que formarán los Cabildos Peruanos. Para postular un título, se debía probar que el postulante era hijodalgo, que no estaba deslustrado por matrimonio desigual, caso de ser casado, que sus servicios o los de sus ascendientes eran meritorios, y que poseía mayorazgo o renta para mantener decorosamente el rango nobiliario. Como era natural, rompió la marcha el Cabildo de Lima eligiendo, el 23 de julio de 1805, el siguiente personal:

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-Don Ignacio Orué Mirones, regidor y ex alcalde, casado con doña Teresa Álvarez de Ron y Zúñiga. -Don Francisco Arias de Saavedra Santa Cruz, regidor y ex alcalde, casado con doña Petronila Bravo de Lagunas y Zavala. - Don Tomás Muñoz y Jiménez de Lobatón, coronel, caballero de Alcántara, regidor y ex alcalde, casado con doña Carmen Bravo de Castilla.

El 8 de noviembre de ese mismo año de 1805, el Cabildo de Arequipa formó su cuaterno: -Don Manuel Flores del Campo, alférez Real, alcalde ordinario y de aguas, y síndico. -Don José Ramírez Zegarra, regidor, cinco veces alcalde ordinario y de aguas, y seis veces síndico y asesor del cabildo, y justicia mayor de la provincia. -Don Francisco José del Rivero y Benavente, cuatro veces alcalde, seis veces síndico, diputado a cortes y antiguo capitán de Granaderos. -Don José Meneaut, ex alcalde, y subdelegado de Lucanas… ¡Los limeños se quedaron patidifusos! Aquello de seis veces esto, y cinco veces lo de más allá, y aquello de alférez Real y justicia mayor etc., etc. era decisivo. ¡Qué sería cuando se presentaran en cancha los trujillanos, los hijos de la ciudad, que en su escudo de armas luce metal sobre metal, prerrogativa que no tiene ninguna otra ciudad del Perú, inclusive Lima!... Una mañana, el virrey Avilés, recibió la postulación hecha por el Cabildo de Trujillo el 26 de octubre. En primer lugar, los postulantes no eran cuatro sino seis. Y en segundo lugar, eran de lo que por el norte se llama “de mamey sin pepa”.

¡Los limeños se quedaron patidifusos! Aquello de seis veces esto, y cinco veces lo de más allá, y aquello de alférez Real y justicia mayor etc., etc. era decisivo. ¡Qué sería cuando se presentaran en cancha los trujillanos,..

-Don Miguel Bravo del Rivero y Zavala, caballero de Santiago, regidor, casado con doña Josefa de Aliaga y Borda.

La lista la componían los siguientes personajes: -Don Fermín de Matos y Risco, soltero, rico hacendado. -Don Miguel Jerónimo de Tinoco y Merino, regidor y ma299


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yorazgo de Facalá. -Don Mariano Vásquez de Ganoza y Cañas, ex alcalde, ex corregidor de Huamachuco, casado con doña Mariana de Orbegozo y Moncada. -Don Gaspar de la Vega y Solís, ex alcalde, regidor, casado con doña Josefa del Risco y Estrada.

Dicen las viejas chismosas, que los limeños hicieron mucha fuerza de vela para averiguar por qué en lugar de cuatro postulantes, el Cabildo de Trujillo presentó seis.

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-Don Mariano de Cáceda y Bracamonte, regidor, fiel ejecutor de la ciudad. -Don Francisco del Corral, opulento hacendado de “Santa Clara”… Dicen las viejas chismosas, que los limeños hicieron mucha fuerza de vela para averiguar por qué en lugar de cuatro postulantes, el Cabildo de Trujillo presentó seis. Y al fin salieron con su gusto: cuatro de aquellos postulantes, habían sido presentados atendiendo a los mil merecimientos que poseían. En cuanto a los otros dos, habían sido presentados porque eran propietarios de las mejores pantorrillas que existían en Trujillo. En esa época de calzón corto, la buena pantorrilla era el mayor timbre de orgullo.


EL MAXIMO ELOGIO

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l Gran Mariscal Don Luis José de Orbegoso, sin embargo de haber nacido en “Chuquisongo”, una hacienda de la provincia de Huamachuco, era un trujillano dos mil por ciento. ¡Para él no había como Trujillo, y como los hombres y las cosas de Trujillo! Variando un poco el dicho de los piuranos: en la tierra Piura, y en el cielo una rajadura para ver a Piura; don Luis José hubiera podido decir: en la tierra Trujillo, y en el cielo un agujerillo para ver a Trujillo. Los renglones que siguen, expresan hasta donde iba el trujillanismo del mencionado Gran Mariscal... Pocas horas después de tomar cuarteles en Piura, el ejército que a órdenes de La Mar, marchaba a cascar las liendres a Bolívar, se presentó como voluntario en uno de los regimientos de caballería mandados por el bravo y gallardo coronel don Luis José de Orbegoso, un muchacho llamado Martín Vilela. El tal Martín era esclavo de un industrial que fabricaba jabón en la Mangachería de Piura, y se encargaba de trasladar 301


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ese artículo desde la Tina -un enorme prisma con fondo de cobre y paredes de guarangos estopados con fibra de coco- hasta las chinganas y pulperías del barrio del Playón.

Martín aprendió todo lo que su cabo de escuadra quiso enseñarle; y cuando ya era un soldado que sabía vestir el uniforme con propiedad, que sabía limpiar sus armas, y que no trastabillaba al oír las voces de mando

Desde el alba hasta el ángelus, Martín recorría las calles de Piura arreando su recua de burros de Pabúr, soltando sapos y culebras por la bocaza de horno, y blandiendo la terrible nicula de corazón de algarrobo, sujeta a la muñeca con correa de cuero. Porque - ¡eso sí! - en aquello de llevar nicula y manejarla a las mil maravillas, era más piurano que el seco de chivo... Al igual de todo el que se entiende con piajenos (burros), Martín usaba nicula desde que empezó a usar pantalones; y al igual de todos también, la empleaba no sólo para apaliar a los jumentos, sino para los más variados menesteres: desde tumbar algarrobo para el pienso de la recua, hasta para, propinar un pasagonzalo al muchacho manaturaloso, o un rapapolvo a la china malgeniada; o un zocotroco en todo el comeyuca a la suegra entrometida... En un periquete, Martín aprendió todo lo que su cabo de escuadra quiso enseñarle; y cuando ya era un soldado que sabía vestir el uniforme con propiedad, que sabía limpiar sus armas, y que no trastabillaba al oír las voces de mando, el coronel Orbegoso -que tenía muy buen ojo- lo escogió para que le sirviera de ordenanza. En su nuevo puesto, Martín dio señaladas pruebas de capacidad y de aplicación. Hacía de todo, y sus deseos de conocer al cocinero, para felicitarlo: -¡Dile que se presente aquí!

-El cabo ranchero está enfermo, colonel. Yo he preparáu el seco. -¿También entiendes de cocina Martín? ¡Está bien! ¡La cocina será el único lugar en que dejes descansar a la nicula! - ¿Y con qué voy a majá la cecina y er plátano si no es con la nicula?...

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- ¡Caramba! gritó Orbegoso, admirado de la universalidad de conocimientos del ordenanza, y del inmenso parrito que sacaba a la nicula. -¡Caramba! ¡Tú no mereces ser de Piura, sino... de Trujillo!

LOS TESOROS DEL CABILDO

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in embargo, de que la holgura y el bienestar se conocieron desde la fundación de Trujillo, el cabildo de esta ciudad siempre fue pobre, muy pobre. Naturalmente, esa pobreza se refiere a tesoros materiales, pues en cuanto a los espirituales, fueron tan copiosos los de esa institución -y tanto prestigio y autoridad le valieron- que bien se iba lo uno por lo otro.

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TRADICIONES TRUJILLANAS

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“eran unos hombrazos tan llenos de caridad para con los pasajeros, que viendo en la plaza un hombre no conocido o nuevo en la tierra -que llamamos chapetóna mía sobre tuya lo llevaban a su casa

Cómo! ¿Era moco de pavo o grano de anís el cabildo ante el cual virreyes de la talla del marqués de Cañete, de don Francisco de Toledo, del conde de Monterrey, del marqués de Montesclaros, y del Príncipe de Esquilache, presentaron sus reales provisiones y juraron acatar los fueros y privilegios de la ciudad?... ¿Acaso era para dar migas al gato el cabildo que contó entre sus alcaldes nada menos que a ese ámbar y algalia entre algodones que fue el excelentísimo señor don Manuel Godoy y Álvarez de Faría, Ríos, Sánchez, Sarzosa, príncipe de la Paz, duque de Alcudia, etc. etc.?... Con todo eso -que era de lo fino y bien cernido- el cabildo trujillano aparte de un triste y destartalado caserón, no disponía sino de la escasísima renta que le producían unos pocos y mal administrados arbitrios y gabelas, para cuyo pago el pueblo siempre andaba muy retrechero y remolón. La pobreza del cabildo contrastaba con el espíritu y las condiciones en que vivían los pobladores de esta ciudad, de quienes el cronista Lizárraga decía: “eran unos hombrazos tan llenos de caridad para con los pasajeros, que viendo en la plaza un hombre no conocido o nuevo en la tierra -que llamamos chapetón- a mía sobre tuya lo llevaban a su casa, lo hospedaban, regalaban y ayudaban para el camino, si allí no le daba gusto hacer asiento; un vecino de aquéllos, cuando salía de su casa, ocupaba toda la calle; no había mesón entonces, ni en muchos años después, ni carnicería; a todos sobraba lo necesario y aún más, y al que no lo tenía no le faltaba, porque los encomenderos le enviaban el carnero, vaca, y lo demás en cada día. Liberalísimos con los pobres; sus casas muy hartas, y sus cajas muy llenas de oro y plata”... Estas casas que Lizárraga vio “muy hartas” y que Jorge Juan y Antonio de Ulloa encontraron de “gran aparato y hermosura”, y Bolívar “llenas de comodidad y grandeza”, lucían hermosas facha¬das con basamento de sillar y artísticas puertas y ventanas.

¡Había que ver los clavos y aldabones de bronce y las rejas de hierro forjado que ostentaban! Bajo el clero que casi siempre era de calicanto revestido, estaba el escudo nobiliario esculpido en piedra del cerro de 304


Pesqueda. Trasponiendo el umbroso zaguán pintado al óleo, y que mostraba robustas vigas de ménsulas primorosamente labradas, se llegaba al patio adornado con dibujos formados por vértebras de carnero, y al que se abrían las puertas de cedro, naranjo o caoba, que daba acceso a las habitaciones interiores. Estas, comunicaban entre sí mediante corredores con piso de ladrillos pasteleros o de tacos de guarango. Cuando la casa era de dos pisos, llevaba balcón ricamente tallado. ¡Nada decimos del lujo y de la opulencia con que estas mansiones estaban alhajadas! Es tradición en Trujillo, que la mueblería de la espléndida casa que montó el general don Juan José Martínez de Pinillos Larios, para sus bodas realizadas el 8 de octubre de 1790 con Doña Josefa Agustina de Cacho Lavalle, importó la suma de ¡ochenta mil pesos!... Contrastando con esas maravillas, el cabildo trujillano -después de cada terremoto- renacía como una especie de po-

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bre jaula de adobes, sin ninguna prestancia. Y en los últimos tiempos del coloniaje, presentaba unos pesados portales y una prosaica galería sostenida por columnas de algarrobo. En la parte alta quedaba la sala de sesiones, y funcionaban las oficinas. En la planta baja, la cárcel. Y en la esquina que daba a la calle de los Bracamonte (hoy Diego de Almagro), se levantaba la Capilla Real de la cárcel donde pasaban sus últimas horas los condenados a muerte. Esa capilla fue clausurada en 1815 y, posteriormente, se convirtió en carpintería. En 1850 se hizo la reparación total del edificio y se cambiaron las columnas de algarrobo de la galería, por otras que fueron labradas por los reputados maestros Aranda y Honores... Ahora bien: si del edificio pasamos a las rentas, diremos que éstas eran tan pobres como aquél. Hubo época en que las entradas ascendían a dos mil pesos y los gastos a dos mil quinientos. Y el doctor Valdéz, en su “Oda a Quito Libertada”, asegura que el 29 de diciembre de 1820; cuando el marqués de Torre Tagle proclamó la Independencia de Trujillo, en la 306


caja del cabildo no existía sino ¡real y medio! Se dice que Torre Tagle mandó buscar dinero de su propio peculio, para arrojarlo al pueblo desde la galería del cabildo. -¡Basta! ¡Basta! ¡Señor Marqués!- decía asustado, el tesorero don Pedro Calderón de la Barca. Y el marqués, arrojando a manos llenas las monedas que le alcanzaba su empleado particular don José Rodríguez, respondía: -¡Déjeme! ¡No son columnarias de usted señor tesorero!... Pero si es cierto que Dios es grande, también es cierto que el diablo es de buen tamaño; así es que en medio de esta falencia crónica en que vivía el Cabildo de Trujillo, no le faltaba algo que se le pegara al hueso. Y este algo era el agua que todas las mañanas depositaba el conserje en un inmenso botijón que había en el descanso de la escalera, y... ¡el ramo de chichas! Respecto del agua, además de ser la más pura, fresca y cristalina, de 200 leguas a la redonda, afirmaban los trujillanos que tenían virtudes maravillosas. ¡Obraba prodigios! No había alcalde, o regidor, que antes de penetrar a la sala de sesiones no se detuviera en el descanso de la escalera, para beber uno o varios jarros de esta divina agua que aclaraba la inteligencia, alumbraba el juicio, y fortalecía la voluntad. Y hasta se dice que en muchas ocasiones, cuando los ediles buscaban luces para resolver algún grave asunto de etiqueta surgido entre el cabildo y el obispo, o el corregidor, en vez de invocar a la paloma del Espíritu Santo, recurrían a beber algunos sorbos de esta agua milagrosa. En honor del ilustre cabildo trujillano, hay que dejar establecido que esta agua no se vendía, y que se repartía a boca qué quieres. Los forasteros eran los que con más frecuencia recibían el regalo de una garrafita enviada por el alcalde, o por algún regidor. ¡Forastero que bebía el agua del cabildo, no salía más de Trujillo! Aquello era miel de abejas: si me pruebas… ¡no me dejas!...

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En cuanto al ramo de chichas, el otro tesoro del cabildo, constituía el único gancho seguro para conseguir dinero. ¡Cuánta proclamación de soberano, o alumbramiento de reina, o primer diente de real infante, pudieron celebrarse dignamente mediante la hipoteca del ramo de chichas! Por aquellas épocas, el ramo de chichas era el más saneado de todos los ramos del cabildo. Puede decirse que era el único que dejaba algunos pesos. Y los que prestaban dinero al cabildo, no querían hacerlo sino con hipoteca del ramo de chichas. ¡O el ramo de chichas o no hay dinero! era el dilema. Y el cabildo tenía que soltar el anhelado ramo de chichas por un tiempo más o menos largo, pagando un interés leonino. Pero como todo acaba en la vida, llegó el día en que el agua del cabildo también se acabó. La piqueta demoledora de don Víctor Larco Herrera -en su afán de progreso y comodidadechó por tierra el vetusto local del ayuntamiento que viera la memorable jornada del 29 de diciembre de 1820, y junto con la típica arquería y la columnata, se fue el botijón del agua milagrosa. -¡Agua de gusarapos!- había dicho don Víctor, y no le faltaba razón. Cuando en el nuevo edificio el agua empezó a correr por los caños ya no tenía las virtudes del agua del botijón! ... Del ramo de chichas no sabemos hasta cuándo duraría su auge y prestancia. De lo que si estamos ciertos es de que para las exequias del buen Carlos IV, todavía salvaba el honor del cabildo trujillano.

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EL NUEVO DIA DEL PERU Entre los muchos honores del cabildo a la ciudad de Trujillo, uno de los más excelsos consiste en haber sido cuna de “El Nuevo Diario del Perú”, la vibrante hoja periodística que lanzaba sus gritos de esperanza y de optimismo, en los terribles días en que la Patria -desgarrada por las armas españolas, y por el derrotismo- parecía perdida para siempre.

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uando el Perú agoniza, dice Luis Alayza y Paz Soldán, cuando la vida abandona su organismo, ¡Trujillo es un corazón que late! ¡Es la chispa que alienta la hoguera de la emancipación! Pues bien: el portavoz de ese corazón que aun palpitaba cuando no existía sino la muerte alrededor del combustible de esa hoguera donde se forjaba la libertad, era “El Nuevo Día 309


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del Perú”, publicación fundada por el sabio Unánue y por el médico Devotti. El doctor don Hipólito Unánue es catedrático de Prima en la Real y Pontificia Universidad Mayor de San Marcos de Lima, proto-médico del Perú, fundador y director de “El Mercurio Peruano”, del Anfiteatro Anatómico y de la Escuela de Medicina de San Fernando, divulgador de las doctrinas políticas y científicas más en boga; naturalista y literato de prestigio, confidente y consejero de virreyes; llegó a Trujillo a principios de 1824 en momentos en que por la traición de Moyano en El Castillo del Real Felipe y la ocupación de Lima por los realistas, se tambaleaba el edificio que con tanto trabajo habían levantado un grupo de abnegados patriotas. Unánue salió de Lima el mismo día en que los realistas volvían a tomar posesión de la capital y se dirigió al norte para replegarse al Libertador. Pero tan mala suerte acompañó al noble anciano en su viaje que unos ladrones lo despojaron hasta del caballo en que montaba. Con todo, llegó a Chancay, y de allí -con mil trabajos- a Trujillo, donde se reunió con dos médicos más: el doctor don José María Falcón y el doctor italiano don Félix Devotti, su antiguo compañero de periodismo en tiempo de los virreyes. Con los mencionados médicos y otras personalidades que habían emigrado a Trujillo por las mismas causas que Unánue quedó fundado “El Nuevo Diario del Perú”, publicación que tenía por finalidad mantener vivo el fuego sagrado del patriotismo, y refutar las procacidades de “El Desengaño” y “El Triunfo del Callao”, dos pasquines que Berindoaga, el Marqués de Torre Tagle, Echevarría S. editaban en El Castillo del Real Felipe, bajo la dirección del periodista español don Gaspar Rico y Angulo. Según don Ricardo Palma, Rico y Angulo era literato sin literatura, gran aficionado al chisme grosero, hombre de carácter atrabiliario y amigo íntimo de Rodil. “El Nuevo Día del Perú” era de 237x160 milímetros, constaba de cuatro páginas y salía una vez por semana. La impresión se hacía en la imprenta del Estado, cuyo regente era 310


don J. Gonzáles, y se vendía en la tienda de don Lorenzo Lu, que situada en la calle de La Merced. La suscripción valía tres pesos trimestrales. Los números que se editaron fueron doce. El primero llevó la fecha 1° de julio de 1824 y el último, 25 de setiembre del mismo año.

Para los trujillanos que saben leer entre líneas, los doce números de “El Nuevo Día del Perú encierran una importancia capital. En cada artículo, en cada párrafo, a veces en un solo renglón, se encuentran datos que sirven admirablemente para reconstruir la inquietud espiritual del momento, los usos, las costumbres, la vida en todos sus aspectos. Toda el alma heroica y sencilla de la ciudad parece que palpitara en esas páginas escritas hace más de un siglo. Ignoramos si la valiosa colección del semanario fundado por Unánue y por Devotti, ha desaparecido en el incendio de la Biblioteca Nacional, pero en previsión de que las llamas hayan consumido ese incalculable tesoro, revisando nuestros apuntes de veinte años atrás, vamos a indicar someramente lo que en cada uno de los doce números nos ha parecido más interesante para la causa de la libertad, y para Trujillo en particular.

En el prospecto del primer número, se dice que los que están inútiles para el servicio de las armas (Unánue y Devotti eran ya muy viejos), desean servir a la Patria, con la pluma en la mano...

En la parte superior de la primera hoja llevaba un grabado representando al ave fénix renaciendo de sus cenizas. Y en verdad, no era cosa esta publicación que intentaba llenar el ambiente con gritos de esperanza y optimismo, en una época en que por las continuas traiciones, parecía imposible la reacción del Perú.

En el prospecto del primer número, se dice que los que están inútiles para el servicio de las armas (Unánue y Devotti eran ya muy viejos), desean servir a la Patria, con la pluma en la mano. En consecuencia, desde esas columnas, descubrirán a los tiranos, denunciaran sus intrigas y señalaran a los verdaderos patriotas. Advierten que el tema principal será la política, la economía pública, las ciencias y las artes, “y de tiempo en tiempo”, noticias interesantes. Invitarán al público a colaborar.

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Desde el primer número, comienza a publicarse un interesante “Cuadro Histórico de la Revolución en el Perú”, desde la entrada del General San Martín, hasta la pérdida de El Callao (5 de febrero de 1824). El latinajo con que empieza: “Quaeque ipse misérrima vidae”, tiene olor a Unánue. En ese mismo número, se insertan unos “Apuntes sobre las ruinas del Valle del Santa”, debidos a la pluma de Unánue, y una “Canción Patriótica” en versecitos un tanto huachafosos: “Bellas Ninfas que lloráis” del Rímac en las riberas. En el segundo número correspondiente al 8 de julio, continúan el “Cuadro Histórico” y el artículo sobre las “Ruinas del Valle del Santa”, y es interesantísimo para los que creen en pálpitos, clarividencias y demás cosas ultrasensibles, pues en la sección “Variedades”, bajo el rubro de “La Realidad de un Sueño”, el médico Devotti publica unas frases que son como anuncios del triunfo de Junín. Se le aparece el Genio Tutelar del Perú, y le dice: “esta que conmigo viene es la Victoria. Esta es la espada manchada con la sangre de los tiranos; el cielo ha decretado ya su exterminio, y me envía, ministro de su voluntad y sus venganzas, a las heladas cumbres de Jauja. Allí, un héroe a quien están confiados los destinos de América, al frente de un ejército numeroso, va hacer desaparecer esos vándalos para siempre. Yo guiaré los pasos de ese héroe y lo asistiré con mis consejos; la Victoria lo cubrirá con sus alas, ella va a coronarlo con sus laureles”. Estas palabras son absolutamente proféticas, pues se escribían el 8 de julio y el 6 de agosto se cumplía la profecía en el mismo sitio indicado por el vidente. Las heladas cumbres de Jauja. No consideramos fuera de lugar decir aquí que Devotti era muy conocido en Trujillo, pues en sesión del 20 de julio de 1798 (es decir 26 años atrás), el cabildo lo reconoció como médico, asignándole 50 pesos anuales y autorizándole para cobrar a los ricos, 4 reales por visita. En marzo de 1801, según vemos en los libros del cabildo, Devotti abandonó Trujillo. El tercer número, correspondiente al 15 de julio arroja claridad mediana sobre la personalidad de Devotti e inserta la primera parte de un artículo de Unánue sobre Instrucción 312


Pública, en el cual dice que entre todo lo que se refiere a la sociedad, debe tener preferencia la instrucción. En este artículo Unánue -a quien algunos han tratado de presentar como un viejo retrógrado- sorprende por lo avanzado de sus ideas. Algunos conceptos de ese artículo, imponen a Unánue sobre el gran Sarmiento. Desde otro punto de vista, también es interesantísimo el N°3, en “Romance Desmedido”, el médico Devotti, contestando a los insultos que le prodigan las publicaciones que se hacen en El Castillo del Real Felipe, expone infinidad de datos que sirven para reconstruir la simpática personalidad de este abnegado italiano. Por ellos, sabemos que Berindoaga tuvo en sus manos los papeles originales de Roma, que autenticaban la cuna y familia de Devotti, y que los dio por quemados en el incendio de Palacio el año 22. Sabemos que el doctor don Carlos Pedemonte, arcediano de la Catedral de Trujillo, estuvo en la casa de Devotti, en Roma, que trató a su familia -“que si no es de la más distinguidas, no es de las ultimas”- y que conoció a su hermano el Obispo de Agnani uno de los primeros literatos de Italia. Por esos mismos datos, se sabe que el primer lugar de Amé-

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CASAS DEL CABILDO - ANTIGUO PALACIO

rica donde el doctor Devotti desembarcó fue Cartagena. En esa ciudad se le encargó la dirección de los hospitales y en ellos sirvió hasta que se trasladó a Santa Fé donde también fue médico del hospital, con un gran sueldo. De Santa Fé, el doctor Devotti pasó a Popayán de Quito -donde residió muchos años- y finalmente a Lima. En esta ciudad, llamó la atención por sus conferencias sobre “Electricidad Médica” y por sus lúcidos actos literarios auspiciados por Unánue. En la Lima Virreinal, Devotti fue amigo del orden y desconoció la intriga y la adulación. Desde la Independencia, fue adicto al sistema y no a hombre alguno en particular, respetuoso de los mandamientos mientras no defraudaron las esperanzas que en ellos se cifraron, y enemigo en cuanto se apartaron de la senda del deber. No tenía familia en América. Estaba ya muy viejo y hasta el postrer aliento de su vida sería el azote de los intrigantes y de los tiranos.

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No hay nada más elocuente y divertido que este artículo, que en medio de su crudeza, pinta a las claras la situación de España, la de los españoles y la de los traidores del Callao. El número cuatro del 22 de julio, trae un artículo de Unánue, invitando a abjurar errores y da cuenta de unas cartas por las que se sabe que el ejército patriota no ha sufrido en el paso de la cordillera y que marcha con gran entusiasmo. El número cinco del 29 de julio, íntegramente escrito por Unánue, inserta un sesudo artículo. “Carácter del Verdadero Republicano”, la conclusión de “Las Ruinas del Valle de Santa” y un trozo del discurso sobre la instrucción. El número seis del 5 de agosto –víspera de Junín- trae un artículo de fondo, “El Día Grande”, alusivo al aniversario de la Batalla de Boyacá. Y a propósito de ese hecho de armas, expresa el presentimiento de la victoria que al día siguiente, obtendría la caballería patriota sobre la de Canterac. Este número seis, lleva colaboración del doctor José María Falcón, quien expone un raro caso de “ulcera pútrida en el frenillo de la lengua”.

El botín fue enorme. Hubo un soldado que recogió 30 onzas del campo. En cuanto a lo del poncho de Canterac, debemos declarar que el poncho es una prensa nefasta para los españoles..

En lo que los editores llamaron Alcance al N°3, hay un “Artículo Comunicado” –debido a la misma pluma candente de Devotti- con pormenores muy curiosos: el redactor de “El Desengaño”, es un flamenco miserable (del Río) Berindoaga es la más abominable vergüenza del mundo entero, y fue empleado del gobierno a fuerza de humillación, bajezas, y ruindades. Tagle es un ente, y esta a flus de sus vicios. Aliaga es un zorrastrón. Juan Echevarría (Granito de Sal), es un muñeco incapaz de nada. Monet es un Atila. Rodil y Ramírez son tan crueles como cobardes. Canterac es un francés petulante, insolente, variable, insubstancial, capaz de ser súbdito de Satanás con tal de figurar. Los españoles son capaces de decir que La Serna ha recibido una comunicación de Lucifer, diciéndole que está preparando una expedición de un millón de diablos, todos bien armados y equipados, y que solo demora por las herraduras y por algunas alas que faltan para los diablos voladores.

La descripción de ese caso nos proporciona el conocimiento de algunos datos curiosos: había un Hospital Militar a cargo 315


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del doctor Falcón desde junio de 1824. Uno de los batallones que guarnecían en Trujillo era el “Itsmo de Panamá”. El doctor José Reynoso era inspector general de hospitales. El doctor Falcón la pasaba muy mal de salud en Trujillo, tanto que ha eso atribuía el no poder colaborar con frecuencia en “El Nuevo Día del Perú”. El número siete del 12 de agosto, es importante porque en el comienza a esbozarse la defensa del Perú ante los ataques de los argentinos que no saben como cohonestar la conducta de Moyano, al entregar los castillos del Callao a los españoles. En ese número, Unánue publica un gran elogio a Bolívar que con la fundación de la Universidad de Trujillo “ha ganado el doble título de Libertador del Perú”. El número ocho, del 19 de agosto lleva una carta en la que hay detalles muy pintorescos sobre la Batalla de Junín: Canterac mandó la acción con poncho y sombrero guarapón. El botín fue enorme. Hubo un soldado que recogió 30 onzas del 316


En este mismo número ocho se refutan los cargos que un periódico de Buenos Aires hace al Perú. Los argentinos afirmaron, desde las columnas del “Argos”, que las tropas que guarnecían en los castillos del Callao se pasaron al enemigo “porque estaban muertas de hambre”. “El Nuevo Día del Perú”, prueba que los chanchullos de cierto jefe argentino fueron la causa de que esas tropas estuviesen “muertas de hambre”. El número nueve del 26 de agosto es de suma importancia para los modernos trujillanos, pues da razón de un hecho absolutamente desconocido para ellos y en el que intervinieron las bisabuelas de las mocheritas que actualmente nos surten de yucas, verduras, pepinos, etc., etc. No podemos resistir la tentación de copiar algunos párrafos que pintan los sentimientos que hasta en las más humildes capas sociales de Trujillo despertó la victoria de Junín: “Cuando el alma esta poseída de pasiones enérgicas, rebozan estas en el corazón y se explican con la sencillez que es propia de los grandes afectos y que es el verdadero lenguaje de la elocuencia. Tal fue la que manifestaron los indígenas del pueblo de Moche, en las fiestas que se celebraron por la memorable jornada de Junín”.

El botín fue enorme. Hubo un soldado que recogió 30 onzas del campo. En cuanto a lo del poncho de Canterac, debemos declarar que el poncho es una prensa nefasta para los españoles...

campo. En cuanto a lo del poncho de Canterac, debemos declarar que el poncho es una prensa nefasta para los españoles: envuelto en un poncho blanco, el obeso brigadier Osorio asistió a la Batalla de Maipú, donde fue derrotado. Envuelto en un poncho de vicuña tomó asiento sobre una piedra el general Valdez, al finalizar la Batalla de Ayacucho. Disfrazado con un poncho de guaso chileno, el general San Martín se aproximó hasta muy cerca de las líneas españolas para observarlas la víspera de Maipú. Con poncho se cubría el general Miller cuando emprendía las famosas correrías que dejaron patidifusos a los realistas.

“¡Qué espectáculo tan sublime y tan tierno presentaron aquellos sencillos habitantes enajenados por el goce de la libertad, y por la gratitud hacia el héroe que les daba una nueva existencia!”.

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“¿Quién pudo contener las lágrimas deliciosas de admiración y ternura, al ver las doncellas del pueblo, amarradas las manos en signo de su antigua esclavitud, venir en tropas a implorar, con lúgubres cantares del prefecto del departamento, como el amigo y el representante del Libertador, que rompiese sus lazos?”. “Apenas el prefecto, a quien un acto tan tierno había conmovido, las desató cuando el extremo del entusiasmo sucedió a los canticos de dolor, y los hombres de Bolívar y de la Libertad, y de la Patria resonaron por todas partes y fue llevado en triunfo hasta la casa en que estaba preparado el convite”. No necesitamos hacer hincapié sobre los párrafos que dejamos copiados que con tanta fuerza y vigor de colorido, evocan la ingenua y significativa fiesta en que las antecesoras de las actuales Asmat, Ñique, Azabache, etc., se presentaron con las manos atadas ante el prefecto general don Antonio Gutiérrez de La Fuente. En el Alcancé al número nueve, se da razón de un episodio a lo Roma y Esparta que ocurrió en el convite que siguió a la gran revista que el Libertador pasó al ejército poco antes de la Batalla de Junín. En el número diez del 2 de setiembre empieza un hermoso artículo de Unánue titulado: “Educación de las Mujeres”. Este artículo es notable por lo avanzado de las ideas que expone y es suficiente título para considerar a Unánue como el primero y más ardiente feminista peruano. Un artículo que versa sobre “La Soberanía del Pueblo” y otro cuyo tema es “Las Elecciones Populares” -publicados en los números 11,12,13,16 y 25 de setiembre respectivamentecierran la meritoria labor de “El Nuevo Día del Perú”. Los dos artículos a que hacemos referencia, son debidos a la grave y mesurada pluma de Unánue, y están nutridas de sabios conceptos y prudentes advertencias. Desgraciadamente –y como una confirmación de que en la boca del horno, muchas veces se quema el pan-, en la Despedida inserta en el último número hay un velado cargo: “Se ha 318


cumplido el trimestre anunciado y nos vemos en la necesidad de suspender, por falta de auxilio, nuestras tareas”. Para consuelo de los trujillanos que tantas pruebas de abnegación dieron en todo tiempo, expresamos que aquello de no auxiliar literaturas, es una endemia muy generalizada en el Perú, y que cada día se agudiza más. Palillos de dientes, libros y periódicos, deben adquirirse de balde. El peruano que paga un periódico o un libro, como paga su carne, su leche o su mantequilla es mirado como ser extraordinario. Felizmente, esta es mancha de las que salen con agua. Y así, los trujillanos no tienen porqué inquietarse. Nadie, absolutamente nadie, podrá quitarles la gloria inmensa, inmarcesible de que Trujillo haya sido la única ciudad del Perú donde se trabaja de firme, y se lanzaban gritos de aliento y de esperanza, en esos terribles días de 1824, en que la Patria parecía perdida para siempre.

foto-postal-antigua-de-plaza-de-armas-de-, independenciatrujillo ...

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EL REY DE ARMAS Trujillo, cuna de hidalgos y ciudad aristocrática por excelencia, ya que es la única que en el Perú luce un escudo con metal sobre metal, siempre tuvo famosos genealogistas y expertos en Heráldica.

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esde los tiempos del virrey Amat hasta la entrada de la Patria. Uno de esos estudiosos fue el señor don Gerónimo de la Torre. Don Gerónimo, que había nacido en 1752, casó con la señora doña María Antonia de Urraca y falleció en mayo de 1825, después de haber intervenido en centenares de controversias sobre linajes, y de haber comandado uno de los cuerpos de caballería patriota formados por Torre Tagle. A don Gerónimo de la Torre sucedió en el delicado oficio de árbitro de la nobleza trujillana el señor don José María de la Puente y de Luna Victoria, casado con la señora doña Rosario Quiñones Quevedo. De la profunda versación de don José María se cuentan maravillas y otro tanto se dice de su imparcialidad, y de su firmeza para sostener sus opiniones. Aún se recuerda el estreno de don José María como árbitro. Dos empingorotados señorones -un Bracamonte y un Martínez de Pinillos- acudieron a don José María para dirimir ciertas cuestiones provenientes de un cuartel más o un cuartel menos en sus escudos. Ahora bien. Lo primero que hizo don José María –pensando que al primer tapón no debería brotar zurrapa- fue a tirar sobre la mesa los nobiliarios de su propia familia, sentando este principio: ¡Para hablar de nobleza, papeles sobre la mesa! (…) No concebía que pudiera ser árbitro en materia de limpieza de sangre, quien antes no hubiera probado la limpieza de la suya.

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Ese dicho que hasta hoy se repite en Trujillo, hizo fortuna y la autoridad del nuevo árbitro quedó consolidada para siempre. Además de su pasión por la Genealogía y la Heráldica, daba celebridad a don José María de la Puente y de Luna Victoria, el hecho de habitar tranquilamente en una de las casas de Trujillo; donde más frecuentes eran las pariciones de amortajados, frailes sin cabeza, perros de fuego y demás seres del otro mundo. En esa casa -situada en la calle que antiguamente llamaban de la Enfermería (tercera del actual Jirón Ayacucho), y que hoy ocupa una institución de la policía- se realizaban hechos que ponían de punta los pelos, y que hacían que la familia no viera sino encendiendo velas y rezando la Magnífica.

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Al impertérrito don José María, las cosas del otro mundo le importaban lo que a una mona el Antifonario, y con una pistola en una mano y un sable en la otra se lanzaba contra cualquier rincón en cuanto algún inocente ratoncillo empezaba a rascar los ladrillos pasteleros. Andando el tiempo, la casa de tantos sucesos tenebrosos fue donada por don José María a la Sociedad de Beneficencia de Trujillo, y a propósito de ese hecho, la imaginación popular -incapaz de interpretar en todo su valor el altruista gesto del propietario- se entretuvo en bordar leyendas como la que atribuía la donación a exigencias que un fantasma de dos ombligos había hecho a don José María una noche en que la señora Rosarito y los niños José María, Agustín y Transito estaban en su hacienda “Gazñape”. No creemos en esas amenazas, y menos en que don José María pudiera tocarlas, pues durante toda su vida dio muestras de que no era hombre que se dejara intimidar por fantasmas, aunque estos tuvieran más ombligos que huecos tiene un panal de abejas.

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A la muerte de don José María de la Puente y de Luna Victoria, la nobleza acordó reconocer como árbitro en cuestiones de Genealogía y Heráldica al señor don Juan Nepomuceno de la Vega, respetable vecino aunque venido a menos, y a quien de su cuantioso patrimonio, solo le restaba un vasto caserón construido según el precepto de los alarifes trujillanos del siglo XVIII, portada, patio y puntal. ¡Lo principal!

Don Juan Nepomuceno estudiaba a toda hora y en todas partes. Estaba en los destartalados salones que antaño cruzaban sus antepasados de calzón corto y casaca bordada, y que hogaño servían de tumba a las moscas agarrotadas en los rosetones de seda de las arañas. (…) En el jardín, a donde acudía cuando el ambiente empezaba a saturarse del resinoso aroma de los pinos, y donde permanecía hasta ver encenderse el azul farol del Ojito de Muerto que pasaba con el velamen desplegado. (…) En el poyo del zaguán, bajo la algarabía de las golondrinas que pegaban sus botijitas de barro contra las vigas del algarrobo. (…) En el mirador, desde el que se divisaba la hermosa campiña de Moche, los altos de Quirhuac, el Cerro Campana y el mar. (…) En el trozo de muralla que cercaba su huerta y desde el que contemplaba las cortinas y baluartes mandados construir por el duque de la Palata. (…)

Al impertérrito don José María, las cosas del otro mundo le importaban lo que a una mona el Antifonario, y con una pistola en una mano y un sable en la otra se lanzaba contra cualquier rincón...

En ese caserón, donde el sol penetraba a raudales haciendo que chorreara miel la higuera de los bisabuelos, y que se levantaba en un poético rincón, embalsamado por las madreselvas que desbordaban de huertas y jardines, habían venido al mundo todos los Vega, y ahí pasaban la vida don Juan Nepomuceno –horro de inquietudes- constantemente inclinado sobre sus papeles y sobre sus librotes forrados en pergamino.

En cualquier lugar donde hubiera una silla, un tronco, un adobón, allí se instalaba con su lectura don Juan Nepomuceno; y allí permanecía sin casarse, sin aburrirse, desde que empezaba la charanga de los pájaros en torno de la pulpa azu323


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carada de las frutas hasta que rompían el orfeón de los grillos ocultos en la hierba. Muchísimos años de esa consagración dieron a don Juan Nepomuceno de la Vega, el absoluto dominio de las ciencias a que se había dedicado y el Rey de Armas de Trujillo -así lo nombraban- era la máxima autoridad en el Perú. ¡No era para menos! Desde las genealogías del conde don Pedro de Barcelos y el libro de Piferrer hasta el de Lanzas y Medias Anatas del Perú, escrito por el oidor Rezabal, todo lo había leído don Juan Nepomuceno; y no existía blasón por complicado que fuera, que don Juan no lo descifrara en menos de lo que se peina un calvo. Respecto de la nobleza trujillana, en particular, don Juan Nepomuceno conocía al dedillo el solar histórico, arranque y entroncamiento de todas las familias. Sabía cuál tenía yelmo volteado, espada rota o barras de bastardía. Sabía quiénes llevaban escudo partido, quienes lo llevaban cortado y quienes en sotuer. Sabía cuál escudo mostraba más águilas o más leones, y si los leones eran coronados, linguados o rampantes. En muchas ocasiones don Juan empleó tres horas seguidas para explicar un armiño y un contra armiño, entre un vero y un contravero o para dar a conocer lo que era un escusón, un lambel o un besante. Tanto llegó a compenetrarse el Rey de Armas de Trujillo con la Heráldica que arreglaba sus cabellos en forma de pabellón, llamaba lambrequines a sus bigotes, y cuando le dolía el corazón aseguraba que tenía malo el cantón siniestro el jefe. (…) Así andaba la aceña -bien emparejada y el molinero amigocuando se presentó en Trujillo Mr. Wilfred H. Osgood, mamólogo y ornitólogo del Museo de Historia Natural de Chicago y especialista en roedores. (…) Mr. Osgood -que era un gringo de ojos verdosos, nariz puntiaguda y frente llena de tolondrones características del hombre colérico- acababa de recoger en la hacienda “Llaugueda” (Otuzco), muchos tipos de pájaros interesantes, y había teni324


do la fortuna de encontrar una variedad de ratón que se presumía exclusivamente trujillano y que desde tiempo atrás era la constante preocupación de los zoólogos norteamericanos. (...) Un ejemplar de esa presunta variedad se conservaba en el Museo de New York, y el viaje de Mr. Osgood al Perú obedecía, más que nada, a la necesidad de constar en forma evidente si se trataba de un caso aislado o si se trataba de una variedad. Mr. Osgood había estado feliz en el desempeño de su misión. Había dejado definitivamente establecido el dogma científico de la existencia de una variedad de ratón exclusivamente trujillana. Y prueba de ello es que Mr. Oswood llevaba una jaula con varios ejemplares obtenidos en Otuzco. Y aquí viene lo que es vivir en brazos y morir en brasas. Sea que el diablo soplara su azufre en la oreja del Rey de Armas de Trujillo, sea que los ochenta inviernos en que este ya 325


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frisaba, tenían convertido su cerebro en una criba que dejaba pasar cuajarones del tamaño de una pelota de arcabuz y su espinazo en un tablero de distribución sin corriente; lo cierto fue que sin saber don Juan Nepomuceno el descubrimiento de un animal exclusivamente trujillano, dio en la extraña ocurrencia de insinuar el cambio del grifo que sostiene el escudo de Trujillo, por el ratón que acaba de ser descubierto. ¡Y el Rey de Armas fundaba sus razones! Guatemala tenía en su escudo un animal que no se encontraba sino en ese país: el quetzal, Chile tenía el huemul que no se hallaba sino en los bosques de Alerces del sur. El Perú tenía a la vicuña. Trujillo debía tener el ratón trujillano y no el grifo que además de ser animal -como son todas las mentiras- era una mala pécora que descubría el oro y lo ocultaba a los hombres. ¡Bien se le podría tomar como el emblema del egoísmo y de la avaricia -decía don Juan Nepomuceno- y los trujillanos que

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libertamos al Perú y derrochamos nuestro dinero, no somos ni egoístas ni avarientos! (…) Los nobles de estas tierras ostentaban en sus blasones muchos animales pero eran animales que se encontraban en todas partes: Águilas lucían los Lavalle, los Galindo, los Cortés, los Roldán Dávila, (…) Armiño llevaban los Quesadas, cabra tenían los Cabrera (…) Jabalí y lebreles mostraban los Verástegui. Y leones los Puentes, los Ganoza, los Lavalle, los de La Torre, los Gonzáles, los Novoa, los Fernández de la Reguera (…) Y lobos los Orbegoso, los Barúa, los Cárdenas, los Carranza (…) Y oriol los Rosell (…) Y oso los Martínez de Pinillos (…) Y sierpes los Gonzáles de la Reguera, los Martínez de Pinillos (…) ¡Nadie llevaba un ratón trujillano! (…) Para don Juan Nepomuceno, el ratón que pasa la vida royendo para desgastar sus incisivos y evitar que el norme desarrollo de estos le impida comer, podía simbolizar la más noble virtud: ¡el trabajo! (…) Con todo, la insinuación del pobre don Juan Nepomuceno, ¡cayó como una bomba! La nobleza trujillana se puso de pie y rechazó de plano la idea de cambiar el hermoso grifo que había acompañado a la ciudad durante cuatrocientos años por un despreciable ratón. Felizmente, después de la sorpresa e indignación que despertó la propuesta, todo se llevó a la broma y empezaron las sátiras, las burlas y las risas.

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¡Injusticias del mundo! Durante medio siglo, el sabio y pacífico don Juan Nepomuceno -en silencio, nada más de puro bondadoso- había aparejado, arreglado y variado muchas genealogías trujillanas; había hecho la vista gorda sobre muchos hechos de ciertos antepasados, había inflado otros (…) Había presentado una nobleza en la que no había yelmo volteado, ni espada rota, ni barras de bastardía! Ahora, los trujillanos se complacían en burlarse de él y en llamarlo viejo idiota, reblandecido. Por último, una mañana le habían enviado el siguiente cuartetito anónimo: Lárgate de aquí, mal hijo, Con tu tonta insinuación: Preferible es un mal grifo, Que un espléndido ratón. Contaban los viejos, que el Rey de Armas leyó los versitos y recordando todas las trampas que durante medio siglo había hecho en la Heráldica de Trujillo, murmuró tristemente. -¡Bien merecido me lo tengo! Pero no hace tanto la zorra en un año, como lo que paga en una hora. Y el señor don Juan de Nepomuceno de la Vega, ¡Se murió de pena!

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FRASES INMORTALES Hay frases que son como el perfume de las almas, y que sobreviven a los labios que las pronunciaron. Ellas vienen a ser como el epítome en que se condensa toda la belleza moral de que es capaz el hombre, y brotan en aquellos momentos cruciales de la vida en los que la luz se confunde con las tinieblas.

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odos los pueblos tienen frases que recogidas por la traición, y guardadas celosamente, les sirven de símbolo y de guía. Trujillo conserva dos de esas frases: la de Luis G. Albrecht, y 329


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la de Cecilio Cox Doray. Recordar esas frases es deber imperativo del tradicionalista. Exaltarlas es obra de justicia. Exhibirlas a la consideración del mundo es contribuir a la educación e los pueblos: - ¡Los bienes se han hecho para remediar los males! -dijo Albrecht-.

Nadie atinaba con lo que debía hacerse para reunir la cantidad exigida o para conseguir que fuera rebajada. Fue entonces cuando Albrecht, abandonando el lecho en que se encontraba enfermo, se presentó ante el jefe de las tropas invasoras

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¡Nadie me debe nada! -dijo Cox Doray-.

Veamos las circunstancias en que Trujillo oyó esas frases… En uno de los infaustos días de la Guerra del Pacifico, una división chilena a órdenes del general don Patricio Lynch, desembarcó en el puerto de Pacasmayo, y se presentó en el Valle Chicama imponiendo un fuerte cupo a los hacendados, y amenazando con el saqueo y el incendio de sus propiedades, en caso de que no fuera cubierto en el plazo fijado. ¡La confusión fue espantosa! La pobreza de los hacendados a quienes la guerra tenía en completa ruina, y el temor a las llamas y a las varas de membrillo soasadas con que los chilenos liquidaban muchas situaciones, paralizaban toda acción. Nadie atinaba con lo que debía hacerse para reunir la cantidad exigida o para conseguir que fuera rebajada. Fue entonces cuando Albrecht, abandonando el lecho en que se encontraba enfermo, se presentó ante el jefe de las tropas invasoras, para interceder por los hacendados del Valle Chicama. Pero ¿Quién era Albrecht?... El señor don Luis G. Albrecht era un caballero alemán, nacido en un castillo de Baviera –el 19 de marzo de 1827– que había llegado al Perú en 1855, radicándose en Trujillo donde formó su hogar. Dotado de talento, de perseverancia, y de espíritu de empresa, Albrecht fue quien industrializó el cultivo de la caña de azúcar en el Valle Chicama, estableciendo el primer ingenio de importancia en su hacienda FACALA, allá por el año 1862. Más tarde, consolidada ya una inmensa fortuna, había implantado serios trabajos mineros en la región de Quiruvilca donde, hasta entonces, no se había ejecutado nada importante.

Querido y respetado por todos, practicando el bien a ma330


nos llenas, y dando ejemplos de virtud y de laboriosidad, vivía Albrecht cuando se desencadeno la guerra el 79, y las fuerzas chilenas se presentaron en el Departamento de La Libertad. En esas terribles horas de angustia y de humillación, Albrecht hizo lo indecible para aminorar el sufrimiento de los trujillanos. Enarboló la bandera alemana en CASAGRANDE, y con toda solicitud y cariño, cobijó y atendió a centenares de familias que huían de la ciudad… Se dice que cuando Albrecht, después de abandonar su lecho de enfermo, llegó a presencia del general Lynch, este le expresó que tenía instrucciones para presentarle toda clase de garantías, en vista de su condición de súbdito alemán. Albrecht agradeció finamente y contestó que no iba en busca de garantías, sino para interceder en favor de los hacendados. Después de muchos forcejeos, Albrecht consiguió una apreciable reducción en el monto del cupo, pero a condición de que fuera pagado inmediatamente. ¡Y aquí viene la frase que la traición ha recogido, y que inmortaliza a Luis G. Albrecht! Comprendiendo que el abono inmediato del cupo no sería posible, a causa de la pobreza en que estaban los hacendados y de las dificultades para una acción coordinada en plazo tan perentorio, Albrecht abrió sus cajas, y de su propio peculio, abono íntegramente el cupo exclamando: ¡los bienes se han hecho para remediar los males!... El 8 de julio de 1891, en la ciudad de Lima, y arruinado por la merma que ocasionó en su fortuna el pago de ese cupo, Luis G. Albrecht exhalaba el último suspiro. ¡Jamás había lanzado una queja! ¡Jamás había dado una muestra de que le había pesado lo que hizo por los trujillanos!... La segunda frase que la tradición trujillana conserva reverente, fue pronunciada por el señor don Cecilio Cox Doray en los mismos aciagos días de la ocupación chilena, casi al mismo tiempo que la frase de Albrecht. El señor Cecilio Cox Doray era un culto y honrado caballero trujillano, nacido el 7 de marzo de 1847, y que por su fortuna y por sus merecimientos, ocupaba una espectable situación 331


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económica y social. Con el devenir del tiempo, había de ser tronco de uno de los más distinguidos linajes norteños.

Los trujillanos, como consecuencia de la total paralización del comercio y de la industria, traía como lógico corolario la imposibilidad material de reunir la cantidad de dinero señalada por el jefe chileno...

No es nuestro propósito referir en estas líneas los actos practicados por Cox Doray en su fecunda y laboriosa vida -celosamente orientada por el sendero del bien- pues queremos dejar sola, brillando hasta opacar a todas las demás, aquella nobilísima acción en que culminaron sus grandes virtudes, presentándola como una lección, e incorporándola en las luminosas páginas del heroísmo trujillano… Rodeado del respeto y del cariño de la ciudad entera, Cox Doray ocupaba la Alcaldía de Trujillo cuando las tropas chilenas invadieron el departamento de La Libertad. La insaciable rapacidad del astuto e inexorable general Lynch, exigía para no saquear e incendiar la ciudad un cupo de S/. 35,000 pagadero en angustioso término. Se repetía el juego empleado, días antes, en el Valle Chicama. A esa imposición sobre la ciudad de Trujillo, Lynch añadía un nuevo cupo de S/. 40,000 para no destruir el puente sobre el Río Chicama. Desde el primer instante Cox Doray se dio cuenta de la gravedad de la situación y la contempló serenamente. El estado de miseria en que se encontraba la mayor parte de los trujillanos, como consecuencia de la total paralización del comercio y de la industria, traía como lógico corolario la imposibilidad material de reunir la cantidad de dinero señalada por el jefe chileno. Y el dilema era fatal: o se pagaban los cupos o la ciudad era saqueada e incendiada, y el puente sobre el Río Chicama, ¡volado a dinamitazos!

Ante tal situación, con un alto concepto de su deber y con un desprendimiento que constituye una brillante página en el trágico desfile de los infortunios de Trujillo durante la guerra del 79, resueltamente y sin vacilación, Cox Doray puso en manos del invasor el patrimonio de sus hijos, el fruto íntegro de su trabajo, salvando así a la ciudad de los horrores del saqueo. Intempestivamente, de un momento a otro, Cox Doray salía de una holgada situación económica, y entraba a una en la que tendría que dedicar todos sus esfuerzos, a labrar nueva332


mente, el pan de los suyos. Y esa situación se producía cuando poco después de haber sido cubierto el cupo, el jefe chileno coronel Martínez, -hombre de esmerada educación y de nobles prendas personales, y que admiraba la abnegación de Cox Doray- expresó a este caballero que podría hacer que se le devolviera el dinero que él había entregado, prorrateándolo entre las personas que habían ofrecido al alcalde pagar sus cuotas, y que una vez pasado el peligro, habían olvidado su promesa. Pero Cox Doray, completando la generosidad de su acción -y dando una rara muestra de la fortaleza de su espíritu- pronunció la segunda frase que la tradición trujillana ha recogido reverente y que le abrió de par en par las puertas de la inmortalidad:

-¡Nadie me debe nada!-...

Esa contestación, dada en los dolorosos momentos en que Cox Doray -en su calidad de alcalde- entregaba la ciudad al jefe del ejército invasor, conmovió a todos los que la escucharon. Testigos presenciales afirmaban que el jefe chileno, hondamente emocionado, cuadrándose militarmente ante el alcalde, lo saludó con su espada mientras hacía que las tropas presentaran armas... ¡Y ese saludo -como diría el poeta- era el saludo que hacia la Fuerza al Heroísmo! Sobre sus hombros gravitaba ya el peso de muchos años de labor… Pero Cox Doray era de auténtica realeza moral, y volvería al trabajo bañado el espíritu en la luz esplendorosa del sacrificio, aureolada su conciencia por los prestigios del deber cumplido con creces, con exageración... Cuatro años después de la muerte de Albrecht, su compañero de sacrificio Cox Doray, entregaba su alma a Dios. Al igual que Albrecht moría en la pobreza, pero rodeado del respeto y la admiración de todos. Al igual que Albrecht, ¡jamás había lanzado una queja!, al igual que Albrecht, ¡jamás había dado una muestra de que le había pesado lo que hizo por los trujillanos!... Los labios de estos dos arquetipos de humanidad, han enmudecido para siempre, pero las frases en que condensaron toda la grandeza de sus almas, ¡viven todavía!

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LAS CHIRIMOYAS DE CHICLIN Allá por el primer cuarto del siglo pasado, una de las más delicadas fruiciones de la excelentísima señora marquesa de Herrera y Valle Hermoso, y condesa de Valdemar de Bracamonte, era enviar de regalo las famosas chirimoyas producidas en la huerta de su hacienda “Nuestra Señora del Rosario” de “Chiclín”.

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erdaderas ánforas de leche y de almíbar, gruesas, fresquísimas, y con dos o tres semillas apenas, aquellas famosas chirimoyas llegaban desde el Valle Chicama en chipas de totora, y entre mullida capa de hojas de huabo. Como generalmente las enviaban verdonas, la marquesa tenía el cuidado de colocarlas en los cajones de la ropa. Allí -entre las faldas de raso y los corpiños de hilo de Flandes, de la marquesa, y las camisas de madapolán y los chalecos ombligueros del marqués- las chirimoyas maduraban, y de allí 334


salían en artísticos azafates de plata cincelada, que lucían las armas de los Bracamonte y las de los Cacho, a procurar el deleite de las personas que tenían la dicha de recibirlas.

Dicen que Bolívar recibió la chirimoya, y reparando que estaba cubierta de polvo, la devolvió exclamando en voz alta, como para que oyeran los dueños de casa que iban acompañándolo: ¡Niño, he venido a libertar a tu tierra! No a comérmela! Aquella frase era un puyaso contra las personas que como la marquesa, pensaban que Bolívar había venido para tragarse a los peruanos. Todo lo que de más rancio y aristocrático existía en Trujillo por esa época, se disputaba las chirimoyas de “Chiclín”. Pero como la producción era casi siempre muy escasa, la marquesa no podía andar con mano crecedora cuando llegaba el momento de repartirlas y, naturalmente, daba la preferencia a sus familiares y a sus amistades más íntimas. Sus hermanas, doña María Josefa y doña María Manuela de Cacho Lavalle -casadas con los hermanos don Juan José y don Juan Alejo Martínez de Pinillos Larios, respectivamentey la lindísima doña Manuelita de Tuesta y Burga, esposa de su hermano don Tomas José de Cacho Lavalle, eran las agraciadas de cajón.

Las chirimoyas maduraban, y de allí salían en artísticos azafates de plata cincelada, que lucían las armas de los Bracamonte y las de los Cacho, a procurar el deleite de las personas que tenían la dicha de recibirlas.

A propósito de esas chirimoyas se contaba que un día, en momentos en que el Libertador dejaba la mansión de los marqueses de Herrera, donde había estado de tertulia, llegó una carreta de bueyes portando algunas chipas repletas de chirimoyas. Un esclavo de la casa llamado Eustaquio -que era muy listo, y que en 1820 había favorecido, por orden de su ama, la fuga del coronel español Tolrá- presentó al Libertador una de las frutas que empezaban a desembalar en el patio.

Si la cosecha había sido regularona, el azafate también llevaba el codiciado tesoro a doña Clara, de Arrieta y Mesones, viuda del mayorazgo de Facalá, quien siempre retornaba la fineza con guabas y pepinos de su fundo “Montserrat”, los más dulces de 40 leguas a la redonda. Y si la cosecha había sido abundante -lo que ocurría rarísimas veces- el azafate prolon335


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gaba sus viajes hasta el caserón que habitaba doña Josefita de Luna Victoria, esposa de don José de la Puente y Arce; el de doña Rosita Cabero y Tagle, marquesa de Bellavista, y otros pocos más…

Cuando la negrita finalizaba la calle que iba del cabildo a la esquina del Pilancón, fue detenida por un clérigo de apellido Ortecho, que a horcajadas sobre lustrosa mula, y provisto de sombrilla de tafetán verde, llegaba de San Esteban...

Ahora bien: una mañana, a la hora en que el sol empezaba a picar fuerte, una linda negrita muy emperejilada -y con un gran azafate sobre las motitas asentadas con pomada de cocosalía de la casa de los Bracamonte cimbreando el talle, y con ganas de dar al diablo el hato y el garabato. La noche anterior, había llegado de su hacienda “Chucún”, situada en Cajamarca, doña Manuelita de Tuesta y Burga; y su cuñada, la marquesa de Herrera, se apresuraba a enviarle como saludo de bienvenida una docena de las famosas chirimoyas de “Chiclín”. De pasabola diremos que sin embargo, de ser afirmación inconclusa aquella de que cuñadas y perras bermejas ¡pocas buenas! la marquesa y doña Manuelita no sólo se querían entrañablemente, sino que parecían forjadas en la misma turquesa. Pensaban de igual manera, tenían gustos semejantes y se conducían al unísono hasta en los melindres, ya que en este punto, las dos eran de las que comían con tenedor las uvas. Habrá que tener presente el hecho de que doña Manuelita de Tuesta y Burga, no venía de caballeros de cuatro cepas y dos yugadas de tierra, sino de hidalgos que ostentaban león de oro con bandera de plata en campo de azur, y que tenían tierras no sólo en el ombligo, sino en casi todo Cajamarca. Cuenta la tradición trujillana que cuando la negrita finalizaba la calle que iba del cabildo a la esquina del Pilancón, fue detenida por un clérigo de apellido Ortecho, que a horcajadas sobre lustrosa mula, y provisto de sombrilla de tafetán verde, llegaba de San Esteban, un barrio de los alrededores de la parroquia de Santa Ana, muy húmedo, muy sucio, y donde los pulperos y aguadores hacían la matanza de los perros vagos.

En este barrio, el padre Ortecho poseía unas huertas y platanares, y se dedicaba a cebar cochinos convencido de que sin dinero no vale un cuatrín la vida.

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¿Qué llevas en ese azafate hija mía?, preguntó el reverendo, que no gozaba fama de ser varón de los que pasan la vida con el pensamiento fijo en esas cosas que carcomen el seso, y desnatan el entendimiento, sino en las que hacen caer la baba y engordar la tripa. -Van chirimoyas que manda de regalo mi amiga la marquesa. ¡Aja! -dijo el padre Ortecho- …

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Publicamos en este libro una parte de la investigación histórica de Santiago Vallejo. Con su aporte, que no puede pasar desapercibido cuando escribimos de las Tradiciones Trujillanas, Santiago nos permite retroceder el tiempo para que los trujillanos de hoy conozcan los nombres de las calles de nuestra ciudad. Especialmente de todas las que se encontraban dentro del perímetro de la muralla defensiva. Gracias Santiago por permitirnos nuevamente recordar.

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AUTOR : SANTIAGO VALLEJO

LOS VIEJOS NOMBRES DE LAS CALLES DE TRUXILLO DEL PERU Según los viejos planos de la ciudad(1), existentes en los archivos y de los cuales había uno en la Municipalidad y otro en la Prefectura, obra de don Mariano Felipe Paz-Soldán, allá por 1860, Trujillo se componía en su zona urbanizada, de las siguientes calles: Calle del APURO, -acaso fuera la que permitía hacer en ella lo que uno no puede hacer por otra persona- llamaron los antiguos vecinos a la de Vindivil que limitan las transversales de Gamarra y Junín. Calle de la VELERÍA, la que queda frente a la estación de los FF.CC. Y en cuyo lado se ubica el carrusel antes y estuvo el paradero del tranvía. Tomó el nombre de la extensa fábrica de velas de cera que existió por allí. CALLE DEL LÚCUMO, la de Vindivil -hoy Jirón Grauque tenía a la espalda la factoría de Cole, formando ahora gran parte del callejón de Callegari. Antes había un frondoso y verde obscuro árbol de lúcuma en el fondo de esa cuadra aún no construida y que después se: abrió hasta comunicarla con las primeras construcciones modestas de Chicago Bajo. Por allí estuvo, a mano izquierda, la gran fábrica de aguas gaseosas del italiano Ángel Centanaro. CALLE DE LA CHICHERÍA, la de Vindivil que venía a ser la primera de este jirón llamado Grau. (Desde 1861 se dio un sólo nombre a los jirones, de muralla a muralla). Allí estaba el famoso corralón de Ño Código donde vimos guardado su viejo y destartalado coche, y se ubicaban las calesas de Melchor Moreno (Yuca), contrastando con las antigüas y arruinadas pocilgas de la otra acera. La llamaban de Chicherías o de la Chichería porque hubo una buena fábrica de chicha que dio lugar a la profusión de otros chicheros muy acreditados en toda la portada de Moche y Vindivil, barrio éste al principio de pura gente de color. Este sector de la ciudad estaba señalado entre los que aparecidos y penas hacían de las suyas(2).

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CALLE DE LA PORTADA DE LA SIERRA, la última de Ayacucho a la esquina de Los Rieles, donde empieza el abigarrado y extenso barrio de la Unión. Allí, terminaba por ese lado la villa de Mora y Almagro durante la etapa colonial y hasta los primeros cincuenta años de la república. CALLE DE HERREROS, la que tiene enfrente la pared del convento de Carmen en el mismo jirón Ayacucho. Allí se ubicaban los talleres de algunos herreros y de esto vino el nombre. En esta cuadra vivió Cristian Carranza, uno de los propulsores de todo lo que a progreso sabía en la dudad trujillana a comienzo del siglo XX. Hombre de gran dinamismo y filantropía. Viajero y economista. Allí nació {a Farmacia Humanitaria. CALLE DE SAN LORENZO, la cuadra siguiente que corresponde a la ubicación de la iglesia del mismo nombre. En los años coloniales fue ella ayuda de parroquia y ahora está convertida en parroquia. Sufrió la pérdida de su media naranja en el terremoto de 1759. Fama de duendes y fantasmas. Calle de ESPINOZA, la del actual Teatro Popular. Tomó el 340


nombre de uno de sus principales vecinos. El lugar del Popular lo ocupaba el teatro chino, para recreo de los súbditos del Celestial Imperio que abundaron por allí. CALLE DEL TESORO, la del Colegio Nacional de Santa Rosa, edificio que ocupaba la tesorería real en los viejos tiempos. Allí dice Rebasa que se realizó el gran baile que la sociedad trujillana ofreció al Libertador Bolívar. Frente al colegio vivió una época el recordado herbolario chino Francisco Yecguan Chuy, uno de los primeros en tener automóvil cuando esos vehículos recién aparecieron en el Perú. Otro poseedor de automóvil entonces fue don Eduardo Gonzáles de Orbegoso, en su atuendo sin embargo muy conservador. Don Eduardo tan dinámico y práctico andaba para todas partes en bicicleta. El primero que trajo a Trujillo un automóvil de verdad, fue don Víctor Larco Herrera; era un magnífico: Renault. Y un ciudadano que se dio el pisto de pasear en lujoso y potente Hudson, fue el ingeniero Juan Enrique Armas. Como que en la casa comercial de su padre, en la plazuela de Iquitos, se ofrecían en venta flamantes coches, de gran lujo, que a la sazón costaban cuatro o cuatro o cinco mil soles de nueve décimos. Deduzcamos de esto si Trujillo no era una ciudad comercial de importancia pese a que ya para 1920 el decaimiento se hacía notorio. CALLE DE LA ENFERMERÍA, la del costado del colegio Modesto Blanco. Allí estaba la enfermería de mujeres, teniendo al lado la vieja casona de la familia Muga, de esclarecida estirpe y dueña de la fórmula de esos alfajores inefables que por muchos años han salido de la casa. CALLE DE LA TRAVESÍA DE BELÉN, la que está en el mismo jirón Ayacucho, al costado de la iglesia de Belén, donde funcionó la fábrica de jabón de Gamboa. Cuadra de aparecidos y duendes. Belén fue convento de religiosos que vinieron de Guatemala al Perú, y parroquia de indígenas. Ellos tuvieron a su cargo el hospital de San Sebastián, cuya capilla desapareció hace tiempo. Fue sonado el litigio que sostuvieron los betlemitas con el de la parroquia de San Sebastián por delimitación, lo que acabó con la erección de la iglesia; de Belén, tan visitada como la de San Agustín por los mocharos. CALLE DE LOS CALLEJONES DE GRADOS, la prime341


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ra de Ayacucho. Se llamaba así por los callejones que allí existieron, para la gente pobre, de; propiedad de Grados. CALLE DE LAS TRES ACEQUIAS, la de Bolívar que limita al norte con la primera cuadra de Bolognesi para salir a Los Rieles. Llamada así por las tres acequias de desagüe que pasaban por esa cuadra. Allí vivieron las “Conquimitapo” fueron unas hembras bravías, de la sierra, infiernos de tentación, de quienes se contaba’ que les pusieron ese sobrenombre debido a que hallándose una noche en lo más lindó de la jarana, a puerta cerrada con otras damiselas y galanes varios, que entregadas al baile -era pleno verano- lucían para su “auditorio” la cabalidad del vergel -vaya si eran guapas- se asustaron tanto y confundieron por la traza en que estaban, mientras los demás volaban a la calle, que empezó una de ellas a dar grandes voces perceptibles en todo el barrio: “¡Con quí mi tapo, con quí mi engüelvo!” Comentado después del alboroto y los tremendos afanes de las ninfas, el caso hizo mucha gracia y las “Conquimitapo” pasaron a la posteridad, aunque más tarde se cubrieran eso sí de recatadas faldas como réplica a la chismosería trujillana. CALLE DEL COMPÁS DEL CARMEN, por el convento y templo que están allí ubicados. Enfrente estaban casas qué fueron propiedad de Vallejo. Antiguamente se celebraba la fiesta del Carmen con gran devoción popular y los festejos los costeaba la familia de nuestro apellido. El convento de las Carmelitas de Santa Teresa se erigió en 1724, viniendo sus primeras fundadoras del Ecuador. La primera fábrica del templo se arruinó con el terremoto de 1759. Es una de las más notables reliquias que ofrece Trujillo al turista. Don Víctor Larco Herrera hizo la modernización de su plazuela, que antes estaba sombreada por copiosos ficus y encerrada entre cadenas. CALLE DEL PRADO, la del Teatro Municipal. Horrendo recuerdo el de la tragedia que se registró en ese coliseo al que llegaron en otros tiempos insignes actores, tragedia que tuvo lugar una noche de verano, el 21 de febrero de 1910. Se daba allí una función; de cinematógrafo, propaganda de los jabones Reuter, y al público concurrente se le obsequiaba con una fragante pastilla de estos. Parece que era ya la segunda o tercera exhibición que se hacía. Aquella infausta noche, ya a hora avanzada, hubo un corto circuito en la caseta del operador, 342


prendió el celuloide como si hubiera sido pólvora y el fuego se comunicó así fomentado con gran rapidez al maderamen viejo y reseco, en la parte alta desde donde se hacía la proyección y que comunicaba con la cazuela situada al lado derecho del edificio lindando con el Hotel América. Como se sabe, el proyector funciona por lo general en la parte opuesta al escenario, en que se fijan las escenas. Dio la coincidencia, para- la catástrofe, que la pequeña puerta de salida de la cazuela, que tenía una larga y estrecha escalera hasta abajo, no se abría para afuera, como habría sido lo racional tratándose de un teatro. Y por abrirse para adentro, el público que pasaba de una centena de personas, allí acomodado, al darse la voz de ¡incendiol se agolpó desesperadamente a la puerta y en vez de franquearla la obstruyó a tal extremo que la mayor parte de las muertes se debió a esta circunstancia. Ardiendo como piras humanas, más de setenta personas perdieron la vida en medio de gritos y lamentos que se oían en el silencio reinante en el resto de la ciudad, como clamores entre un infierno en llamas. Tarde llegaron los deficientes auxilios pues el Teatro Municipal ardía por todos

Jr. de la Union Portada de la sierra

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sus costados con la ayuda de un viento fuerte. Fue aquel un desastre tremendo que convirtió a Trujillo en un sólo llanto, en un sólo duelo. El olor de la carne- quemada al extraerse los cadáveres para ponerlos en los vehículos que habían de trasladarlos para la operación del entierro, era algo verdaderamente insoportable. Por muchos días la ciudad vivió bajo el pavor que ocasionó esta desgracia colectiva, en la que perdieron la vida estimabilísimas personas. Cerrado el teatro, en escombros, así permaneció por años. Hasta que bajo la administración política del Coronel Temístocles Molina Derteano, el mismo que contrató la erección del monumento a la Libertad, obra del escultor alemán Edmundo Moeller, se efectuó la reconstrucción en forma total. Emitióse una medalla conmemorativa del nuevo estreno, que fue con fiesta grande, pero el suceso, a pesar de todo, no logrará desvanecer del recuerdo aquella tremenda lección que a los imprevisores dio el incendio; del edificio destinado a los espectáculos de más valer. Mientras el Teatro Municipal estuvo inoperante, por el acaecimiento citado, diéronse funciones aquí y allá. La vieja 344


iglesia de la Compañía auspició muchas. Allí trabajaron Carlos Rodríguez, ese insuperable cómico nacional desaparecido prematuramente; Onofroff, famoso ilusionista; la bella Carmela...‘Durante un tiempo fue el “rendez vous” de la sociedad de Trujillo, pues las, funciones de cine de esa época tomaron un ritmo acelerado y el empresario Rivera comenzó allí con buen éxito mientras se preparaba la primera sala cinematográfica con capacidad para actuaciones teatrales que ha tenido Trujillo el Cine Ideal, ubicado en lo que antes había sido un restaurante chino, limítrofe con la esquina del Pilancón, en la transversal de La Libertad colindante con la Plaza de Armas. Para darle nombre al Ideal hubo un gran concursó que parece fue ganado por una señorita hija del vocal de la corte superior doctor Pancorvo, originario del Cuzco. A su vez el Ideal pasó a mejor vida después de haber servido de escenario a grandes sucesos teatrales, como consecuencia de la reiniciación de las actividades del Municipal y de la construcción del Teatro Popular y la Sala Colón. También sirvió como sala teatral el gran patio de la casa institucional de la Sociedad Auxilios Mutuos del Carmen, por esos tiempos, así como el salón de la Sociedad F. G. de Protección Mutua. Allí ya se había actuado, cuando el cinematógrafo, recién llegado por primera vez al norte, hizo sus exhibiciones con Gabrielli. CALLE DE LA PUERTA DE ARANDA, la siguiente donde quedaba la plazuela de Aranda, después Iquitos, por la casa de Aranda: que allí subsiste. Dicen que en esa casa hicieron prisionero a Riva-Agüero en los memorables días en que el Congreso de la República se trasladó a Trujillo. Riva-Agüero, cuya actitud fuera objeto de sendas polémicas y divergencias políticas de bulto, al ser apresado, lleváronlo a Huanchaco y de ahí lo embarcaron rumbó a Guayaquil. La plazuela de Aranda era, en mis días infantiles, un sitio apacible y allí donde desde hace muchos años se halla la librería Ríos Hermanos y otras oficinas, moraban asiáticos, vendedores de chicharrones... Esa plazuela como la de San Agustín acusaba una gran pobreza. Las puertas de los pequeños negocios estaban forradas de latón. Mal tenidos ficus daban sombra a unas cuantas bancas. Todo llano, todo simple. En lo de Aranda encontraba el público; a los “cargadores” del comercio, pues era ese su lugar de concentración, algunos de ellos con sus carretas. CALLE DEL GENERAL, que también llamaron de la Es345


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cuela, la del pasaje del Mercado en que se ubicaban los baños de Callegari y su fábrica de vinos y fideos(3). Despojado el convento de San Agustín de parte de su gran solar, él sirvió para levantar en su predio el Mercado de Abastos y dedicar la otra parte con frente a Bolívar, a cuartel que por muchos años ocupó la antigua guardia civil y más antes los recordados celadores. Después, cuando llegaban tropas de línea, los polizontes tenían que mudarse eventualmente. Por último, ese lugar húmedo, ruinoso y mal oliente por falta de obras adecuadas y refecciones periódicas, no volvió a servir más para alojamiento de tropa. CALLE DE LAS PRIETO, la que sigue, donde vivían las hermanas Prieto hace mucho tiempo. Comunicaban sus casas con la plaza de Armas y así se explica que durante la revolución del 10 de octubre de 1884, los azules penetrando por allí, pues no podían tomar la plaza defendida por los colorados, ganaran la acción en su más encarnizado momento. El episodio de la muerte de la señora Pepita Ochayta, dueña entonces de esos inmuebles, quien se opuso valiente pero inútilmente a los invasores, fue una de las notas trágicas de esta hecatombe. CALLE DE LA CAPILLA DE LOS MUERTOS, la siguiente, donde estaba el mortuorio del Hospital de Belén, colindando con la destruida capilla de San Sebastián. En la época colonial el hospital se llamaba también de San Sebastián. CALLE DE LA PUERTA FALSA de Huamán, la que sigue y daba a la muralla donde estuvo la famosa huerta de Astudillo, una de las mejores surtidas de flores y frutas. Calle pesada por las penas y estantiguas, allí surgió el Club Tell. CALLE DE LA CAJA DE AGUA, la que limita con la plazuela del Recreo donde estaba la Atarjea. Allí se ubicaban los concurridísimos baños del Recreo rivales victoriosos de los baños de Vallejo, en el mismo sector. En esta plazuela, que ha sufrido diversas transformaciones y es ahora heredera de la pila de la Plaza de Armas, funcionaba el carrusel y por allí se hacían los paseos de toreros y banderillas, cada vez que se lidiaba toros en Acho, como también se nombraba al coso taurino trujillense. CALLE DEL MIRADOR de Santa Clara, la siguiente. 346


Desde los altos del Correo -antes que allí, la oficina postal ocupaba un caserón, viejo y reducido al otro lado del Hotel Americano- se dominaba parte del convento de Santa Clara en sus interiores que formaban la huerta y algunas celdas bastante deterioradas. El diario “La Libertad” tuvo sus oficinas en esa cuadra, como mucho antes “El Economista” de breve vida. Así mismo, por varias décadas funcionó en esa cuadra la firma Acharán, Goicochea & Cía., en extensa casa, tanto que siendo una de las firmas importadoras de más renombre, sus existencias de mercaderías ocupaban sendos patios y numerosos compartimientos. CALLE DEL COMERCIO, la cuadra de Iturregui, donde está el palacio de este nombre en otro tiempo Prefectura- ocupado por el Club Central. En esa cuadra estuvo el Hotel Kosmos, uno de los primeros de Trujillo, y en la esquina la afamada Pastelería, Francesa que conocí bajo la administración de Fratelli Giorgeta, dos italianos sagacísimos. Establecimiento

Jiron Independencia

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de alta calidad, ostentaba premios valiosos alcanzados en torneos internacionales. Al lado de Iturregui, donde fue cuartel hace mucho tiempo estuvo el Banco Alemán Transatlántico. “La Razón” tuvo sus talleres en esa misma cuadra, donde a la vez y en la otra acera se ubicaba la Imprenta Comercial, de Haya Verjel y Cía. Donde está la Farmacia Iberoamericana se hallaba el Bar-Restaurante de Centanaro. Y donde está El Trieste hubo antes en 1917 un buen restaurante-jardín con Domingo Faverio a la cabeza como chief. Por allí hubo casas de comercio muy importantes en el pasado. CALLE DE LAS LEYES, la cuadra de la Merced en cuyo viejo convento se estableció el Palacio de la Justicia. Por largos años estos claustros oscuros y mal tenidos albergaron a los hombres de leyes encargados de deparar la justicia. Y las cosas hubieran seguido más o menos lo mismo, si la operancia de la ley que dio vida a la Junta del IV Centenario no acelerase la edificación de salas y oficinas dignas del poder judicial en la capital de La Libertad. La Botica de la Merced, tan acreditada, y la Librería Goicochea, nacieron en esa cuadra. En la plazuela de la Merced hay una muy pequeña estatua de mármol del Coronel O’Dónovan, heroico compañero de Bolognesi en la batalla de Arica. En el pedestal se leen los nombres de otros trujillanos caídos en esa memorable acción de armas, así como en Pachía Miraflores… Los “Libres de Trujillo” y otros cuerpos de voluntarios trujillanos dejaron bien puesto su nombre en los campos de batalla. Merecen de su tierra algo mejor que esa estatua como homenaje póstumo. El templo mercedario data de los primeros días de la fundación de Trujillo. CALLE DEL MAYORAZGO, la que va de la plaza de Armas a Santo Domingo. En lo que hace la esquina, costado de la Municipalidad, estaba -ya vemos que la han derruido ahora- la casona famosa del Marqués de Herrera con sus bellos balcones corridos, casa de tradición y de prestancia arruinada por ese descuido con que se ha mirado siempre en Trujillo el acervo colonial; salvo muy raras excepciones. La huerta de esta antigua residencia era muy grande y colindaba con el Mayorazgo y otras fincas hasta la de Astudillo, en la calle Sosiego. La familia del doctor Tapia y Velarde era la propietaria de ese inmueble, desde que yo tuve uso de razón. Las varias veces 348


que estuve en ella advertí que sus magníficos artesonados y rincones interiores estaban muy dañados por obra del tiempo y del poco interés que se tuvo en la conservación desde luego como reliquia de la Colonia. Frente por frente, al costado del Cabildo, estaba, en los viejos días, la capilla donde se ponía a los reos condenados a la última pena. Bajo el balcón de la casa que queda fronteriza a la de Tapia, en la vereda opuesta, esquina de la Plaza de Armas, con ventanas a la calle del Mayorazgo, supe que fusilaron a varios individuos en distintas épocas. Una de esas ejecuciones se realizaba cuando al caer el reo herido mortalmente comenzó a llover en forma torrencial. La casa que cito tomó el nombre del Mayorazgo por el de Herrera. Allí en ese viejo solar, vivimos algunos años. Y antes por mucho tiempo lo habitó el señor Luis José de Orbegoso, en compañía de su hermano Fortunato. También oí que Bolívar había habitado algunos días allí antes de ir a la sierra. Se decía que de esta vieja casa, típicamente colonial, habían extraído un “entierro”. (Nunca se les llamó tapados a los tesoros ocultos en Trujillo y sus valles). Debió ser así pues revolviendo 349


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la tierra en uno de los cuartos de abajo, el que da a la primera escalera entrando de la calle, encontré cierta vez algunas monedas de plata con la efigie de Garlos III. Decían también que en el cegado sótano existían trajes de la época virreinal, así como muchos trastos, arrumados allí. También supe que de la segunda escalera, que lleva al principal, extrajeron hace mucho tiempo la osamenta de un oficial chileno, identificándolo por los restos del uniforme y los botones. Como tanto nos decían los amigos acerca de la existencia de otro tesoro comisionamos a Virgilio N., un muchacho que nos servía y del que se hablaba tenía condiciones de médium, para que por medio de sus dones y cábulas, viera de ubicar el tesoro de marras. Recuerdo que fue él quien nos aseguró que lo de los trajes era Verdad y que había, en el sótano, mariñaques, casacas, sombreros, etcétera, pero que para llegar a ellos tenía que derribar un muro con el cual se había obstruido la entrada. Le hicimos excavar en el cuarto de junto a la escalera donde dizque estuvo el chileno -se me ocurre que lo asesinaron durante la ocupación- y cuando después de no poco trabajo, se vio el principio de una escalera de mármol, tomamos luego a mal que se siguiera haciendo la búsqueda pues -alegamos- el dueño ausente de la finca, don Marcial Acharan, podría disgustarse y pedir cuentas sobre esas excavaciones en casa ajena. Y 350


ahí quedó todo. Se citaba que las penas en este inmueble eran para hacer salir corriendo. La finca había sido también colegio en algunas oportunidades. Un deudo nuestro decía que alguna vez oyó, al: filo de la media noche, como si estuvieran jugando con una pelota de jebe en la gran sala. Cuando la tomamos para vivir y para alojar, en el lado que tiene los balcones a la calle, a la Sociedad “Unión Empleados” -antes ella había tenido su sede en la casa de la Beneficencia, esquina de la Universidad que debía reconstruirse- hacia algún tiempo que estaba deshabitada. A la verdad, los alquileres entonces -1915- eran bajísimos. Pero un sol era un sol, señor... En frente del Mayorazgo, estaba la casa de la familia Cuadra, uno de cuyos miembros; don Jorge, el mentado y ameno “Cayo Mucio Scévola”, escribió, muchas tradiciones sobre la vida de Trujillo. Gran parte de su producción quedó inédita y se ha perdido. Cuadra tenía su relojería en la calle de la Merced. Lo conocí ya con unos setenta años encima. Me refería viejas cosas de Truiillo antiguo, y por él conocí datos ignorados de muchas familias de las que había sido muy amigo. Tenía tales recursos anecdóticos que fue verdadera pena yo no le hubiera recogido entonces apuntes que ahora serían valiosos testimonios de la historia y la vida de la ciudad. CALLE DE SANTO DOMINGO, la del convento que dizque fundó Pizarro junto con los de San Francisco y la Merced y se adaptó con los tiempos a alojamiento de los presos que fueron cambiados allí después de haber tenido como cárcel la de los bajos del Cabildo. La iglesia de los dominicos fue otrora dé las más concurridas. De allí, sale la procesión del Santo Sepulcro y tiene ricas y hermosas imágenes y altares, aunque han perdídose cosas valiosas, incluyendo cuadros, en el curso del tiempo. La casa de los Merino, que es ahora la fábrica “San Martín”, decían que había sido siglos ha una sola con la finca del Mayorazgo fronteriza. También habló la gente de que en ella, los nuevos dueños encontraron un entierro y de los buenos. Precisamente, eso se dijo cuando entró en reconstrucción la vieja casa.

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CALLE DE LA PORTADA DE HUAMÁN, la siguiente o sea la primera del jirón Pizarro. Allí estaba la salida por la gran puerta de la muralla, rumbo a Santiago de Huamán, antiguo pueblo que la gentilidad sin duda hizo adelantar mucho, pero vino a menos desde el sometimiento incaico. Huamán debió ser antes de ello residencia de los pescadores indígenas que alternaban sus labores con las del campo. Es preciso decir que este mar, en muchas millas, es riquísimo en pesca-y mantiene una tradición no contradicha con respecto a la calidad de sus recursos ictiológicos. Huanchaco, Mansiche, Moche y Huamán, formaron en lo remoto localidades afines a las puertas de Chanchán, con gran intercambio de sus productos y siguiendo la misma línea de costumbres, dialectos y leyes.  Cuando la portada desapareció -como desaparecieron las otras- cada cual entró y salió como y cuando quiso. Las portadas propiamente dicho parece, repito, que fueron derribadas desde la época de la guerra con Chile, pero es sabido que algunas cortinas de la muralla se derrumbaron mucho más antes, en tiempo de los españoles, y aunque una y otra fueron objeto de reparación, a la verdad no la necesitaron más. Los gruesos paredones que circundaban Trujillo, a título de cinturón de

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seguridad, nunca impusieron respeto ni sirvieron para otra cosa que de pared para el uso de las construcciones siguientes que se apoyaron en ellos, como el Club Libertad, el Camal… Si los piratas hubieran querido saquear ahora ñaupas a la noble y fiel ciudad de Trujillo, la muralla sirviera de muy poca cosa para entrar en ella por las razones que ya se conocen acerca de la inimportancia de la construcción como defensa militar. Era típico de Trujillo el ruido mañanero que viniendo de los caminos empezaba a despertar al vecindario desde las cuatro de la madrugada para adelante, entrando por sus portadas de Huamán, Moche y Mansiche. Emporio de ruidos podía llamarse aquello, pues desde el cercano campo, con la música de los pájaros y el altivo canto del gallo, el trote conocido de las bestias era el indicio cotidiano del ingreso de las gentes de chacras, esas chacras que hicieron proverbial la bella y fecunda campiña trujillana, hoy tan cambiada ya. En ella había de todo; grama, selva y floresta, en la vega del río Moche; en el monte las nervaduras del espino y del sauce se alzaban hasta los caminos; en las mismas chacras el maizal elevaba sus mazorcas como en un ofertorio magnífico y la herbosidad tupía el borde de las acequias; frutos incomparables llevaban cada día al mercado de la ciudad el producto del trabajo humano y de la fecundidad de la tierra, a profusión. Porque las mansicheras, las huamaneras y las mocheras, sin dejar de lado por cierto a las huanchaqueras, preciáronse desde los viejos tiempos coloniales de ser las proveedoras por derecho propio de la alimentación de estas gentes estiradas y quijotescas, en la villa de Almagro, que tan a orgullo tenían vivir en opulentas casonas, alternando, con la calma aldeana de entonces, sus expansiones bucólicas, sus chismoserías y afanes politiqueros y sus aficiones beateriles. Por la portada de Huamán venían a la urbe que se preciaba de tener metal sobre metal en su escudo de armas, la leche, los camotes, las yucas, la alfalfa, el pescado, las naranjas, los pepinos, el maní, el maíz, las lentejas y cuanto Dios dio a Trujillo como regalo, mientras por la de Moche las gentes del pueblo de Santa Lucía competían con Huamán y Mansiche, aunque es verdad que los productos de huerto no los tuvieron nunca mejores ni iguales a Mansiche los otros proveedores. De Huanchaco llegaban el pescado y los mariscos que los trujillanos proclamaban superexquisitos. Y esto ocurría todos los días, muy de madrugada, entrando por las portadas, como hasta ahora en que de las tales no quedan ni 353


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rastros, pero siguen llamándose portadas. La de Huamán era barrio de gente de color y de jarana. Y como la célebre peregrinación a Huamán, originada en el culto del milagroso Señor de la Humildad y la Paciencia, al que llegaron a adorar por décadas peregrinos de todas partes del Perú, arrastraba cada. Pentecostés al pueblo de Trujillo en masa, es para imaginarse como estaría de transitado el camino que separa la portada del caserío. CALLE DEL ALGARROBAL; la que resulta última de la Independencia por los algarrobos que antes dizque por allí hubo. CALLE DEL CORREO, la siguiente que yo conocí con el nombre de Correo Viejo. Esta y la de Santa Clara, que le sigue, formaron una sola cuadra. Antaño el Correo estuvo en la casa que hace esquina, vieja mansión de Lizarzaburu. CALLE DE SAN FRANCISCO, la que está en la misma cuadra del templo de este nombre. Con parte del convento se arregló el local para el Colegio Nacional de San Juan. Los religiosos franciscanos estuvieron allí hasta que se retiraron previo acuerdo con las autoridades para permitir el funcionamiento del citado plantel hace un siglo. En el Convento de San Agustín, cercenado y todo, los PP. Seráficos se acomodaron mejor, hasta ahora CALLE DE LA CATEDRAL, la inmediata o sea la que mira al Sagrario. En esa cuadra las penas andaban sueltas y cómo no si en el atrio del templo mayor, se enterró en sus capillas por siglos a mucha gente. La Catedral funcionaba primero en modesta iglesia, que llamárase la Matriz de Trujillo en el mismo sitio donde se halla. El estreno de la nueva fábrica parece que ocurrió en 1616. Pero el tremendo sismo de 1619 le ocasionó gran estrago aunque sería mejor decir terremoto, en 1635, volvió a causarle ruina. Entonces el Obispo carmelita fray Ambrosio Vallejo, trasladó los servicios religiosos a la iglesia de Santa Ana, la más antigua de la ciudad, según Montesinos. Posteriores cataclismos dañaron el templo mayor de Trujillo, diócesis de gran influencia por su extensión antigua, y muchas reparaciones se han hecho desde entonces. El cambio de pavimento, en el atrio, lo hizo la Junta de Progreso Local, presidida por don Víctor Larco Herrera, en 1913. Se extrajeron 354


las osamentas existentes; bajo el piso; llevándolas al cementerio general por carretadas, se quitó la gran verja de hierro que circundaba el atrio, en fin, se hicieron modificaciones que son las que permiten advertir la modernización actual. El viejo reloj que marcaba también las fases de la luna, fue reemplazado por otro comprado al relojero italiano Schettini. Fue curioso que durante la revolución de julio de 1932, el impacto de una granada dejó inmóvil al reloj, aunque por suerte no lo hizo volar. Desde las torres de la Catedral, el famoso 10 de octubre combatieron entre azules y colorados. En este templo predicó más de una vez el gran Arzobispo Santo Toribio de Mogrovejo, que tiene imagen en su Capilla; y allí también San francisco Solano anunció, después de un terremoto, que algún día en la Plaza de Armas navegarían los barcos que pasan por el mar cercano de Buenos Aires. Patrón de Trujillo fue San Valentín y, para conseguir los beneficios de las buenas cosechas, fue patrón San Juan Evangelista, cuya

Colegio San Juan, a la izq. Iglesia de San Francisco

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TRADICIONES TRUJILLANAS

imagen se puede ver en la iglesia de San Lorenzo. CALLE DE LA PANADERÍA, la que está al costado de la Universidad. Llevaba el nombre tomado de la panadería que por mucho tiempo existió allí y donde asimismo hemos visto una de las residencias con hermosas huertas y jardín, la Quinta Alemana o casa O’Dónovan, donde estuvo la primera fábrica de losetas de Trujillo, organizada por don Miguel O’Dónovan.Actualmente sede del Centro Cultural Constante Traverso Flores CALLE DEL DESCANSO, la siguiente o sea la paralela a la iglesia y convento de Santo Domingo. Penas y aparecidos. En esa cuadra y en una casa vieja, con balcones coloniales, funcionó a principios del siglo, un periódico editado por E. de la Flor, que llevaba por título “La Prensa”. Duró poco. CALLE DE LORETO, la inmediata que resulta primera del jirón Independencia colindante con la muralla. Por allí estuvo la famosa chichería de Totoco. CALLE DE LA PORTADA DE MIRAFLORES, que linda con la línea férrea en la actual cuadra de la capilla de Santa Rosa, por donde se va al Camal, limitando con la muralla también. Allí había antiguamente un óvalo para descanso de los que iban al Cementerio General y allí estaba antes la portada de Miraflores, camino que se tomaba cuando se quería ir por ese lado al Valle. CALLE DE SANTA ROSA, la siguiente, donde están las oficinas de la Compañía Luz Eléctrica, muy concurrida antiguamente con motivo de la festividad de la Santa Limeña. Fuegos de artificio, retreta, diversiones populares, de todo hubo. CALLE MAMA ANA O DE DOÑA ANA, la que sigue, donde vivía esta dama (Ana Pizarro), mujer de Juan de Verástegui, allá por 1558. CALLE DEL COLEGIO, la siguiente, porque allí termina el edificio del Seminario, o mejor dicho, la Capilla, y porque en esa cuadré bubo antes un colegio de niñas muy concurrido.

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CALLE DE LA ALTA CÁMARA (4) o de la Huerta, la cuadra que finaliza en el vetusto Hotel del Arco. La casona de la Alta Cámara la conocí ya en ruinas casi. Sin embargo, ha sido amplio edificio de nobles materiales y de auténtico estilo colonial, lleno de recuerdos. CALLE DEL NOGAL, la que sigue, por el árbol de nogal que por largos años estuvo en un viejo solar de por allí. En la esquina sur conocí una antiquísima casa de pobres. CALLE DE LA MATALLANA, la inmediata donde estaba la puerta falsa del Convento de la Compañía de Jesús. Tenía el nombre de la viuda que vivía en una vieja casa que todavía existe, entendiéndose que esa familia era de alarifes por ser muy conocido en Trujillo nombre del maestro Silvestre Matallana, que tuvo más tarde un émulo, José María Mimbela, célebre porque este hombre de color hizo las colosales chimeneas de varias haciendas azucareras. CALLE DE CALLEJONES, la que queda en la cuadra al 357


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costado del Club Libertad la llamaban así porque en ese lado estaban unos callejones habitados por gente del bajo pueblo. El Club Libertad tuvo como uno de sus animadores a don Héctor Minas, caballero de ascendencia portuguesa, que fue el iniciador de la primera Exposición de Trujillo. Este evento resultó notable para su época y el local del Club se adaptó con hermosos pabellones para ese objeto convirtiéndose de institución de tiro al blanco, en centro social de primera clase. Después tuvo lugar, para el Centenario de la Independencia, otra Exposición que alcanzó también resonancia internacional. La verja de la Catedral circunda todavía susjardines, trasladada allí cuando se la quitó de su sitio. CALLE ANGOSTA, la que daba para el lado de la muralla, al costado del Seminario colindante con la Gallera. CALLE DE SANTA ANA, la que está en la cuadra de la iglesia del mismo nombre, y continúa el pequeño jirón Zepita. Por allí estuvo el primer matadero de reses. Antiguamente, Santa Ana, según Montesinos, era una ermita y también parece que allí al lado hubo una enfermería. Lugar socorrido de penas y duendes. CALLE DE LA CASA DE POBRES, la primera de Restauración, barrio muy antiguo. CALLE DE SANTA ROSA, también llamada así a la cuadra que forma la segunda del jirón Restauración, transversal de San Martín, pasando por la puerta de la capilla de Santa Rosa que arruinó el aluvión de 1925. CALLE DE NUNCIBAY, la siguiente, porque allí tenía su solar la señora Nuncibay, dueña del fundo de su nombre en las cercanías de Moche. CALLE DE PELLONEROS, la cuadra que sigue desde el Recreo hacia Bolívar, porque por allí estaban los vendedores de pellones y silloneros. CALLE DE LA PILETA DEL CARMEN, la siguiente para encontrar Ayacucho, donde antiguamente estaba la pileta pública del Convento del Carmen.

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CALLE DE ÁNIMAS, la inmediata, porque allí había una hornacina donde se velaba a las ánimas. Revuelo de penas y aparecidos. Contaban de un bulto que atajaba a los que en altas horas de la noche se atrevían a caminar esa calle, tarea que realizó por más de dos siglos. Buen trajín tenía. CALLE DEL POSTIGO DEL DEÁN, la que forma la primera cuadra de Colón, porque por ese lado estaba la pequeña puerta hecha en la muralla por donde salía rumbo a Mansiche y Huanchaco el Déan Saavedra, famoso por sus obras pías, su santidad y su Reglamento para el reparto de las aguas con que acabaron las disputas entre los agricultores de la provincia. La tradición dice que el Déan Saavedra, que ha obrado sendos milagros, hacía su recorrido al puerto entrando por el Déan, 359


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fundo de la campiña de Mansiche. Salía de rodillas primero desde la miralla, de cuyo postigo únicamente él tenía la llave. Desde luego se deduce que el Déan vivía en la antigua casa de esa cuadra que viniendo como del Camal está a mano derecha, casa que hace algunos años aún se conservaba en su estilo. Su primera pascana era en la iglesia de Mansiche. La segunda, en la capilla de San José obra suya destruida por un incendio. Los restos momificados del Deán Saavedra se conservan en el templo de Huanchaco que la historia dice se construyó por iniciativa de él. Cuando en 1907 se organizó por la Cámara de Comercio de Trujillo y otras instituciones una romería a Huanchaco, con motivo de la inauguración de obras públicas del puerto, donadas por el filántropo Víctor Larco Herrera, asistimos en efecto al estreno de dos locales escolares y, en la iglesia, a la inauguración de la cripta en que iban a reposar en adelante los restos del Deán Saavedra, pues hasta entonces estuvieron bajo las losas de la iglesia, en un ángulo de ella. Se conmemoraba el segundo centenario del fallecimiento del célebre religioso (13 de mayo de 1907) y se distribuyeron medallas recordativas. Corrieron trenes extraordinarios entre Trujillo y Huanchaco pasando por Roma donde el hacendado agasajó con gran dispendio de champaña y cerveza a la concurrencia en homenaje a Huanchaco. La fama de santo del Deán dio motivo a que devotos exigentes lleváranse retazos de su piel para guardarlos como reliquia. Hubo de intervenir la autoridad eclesiástica para atender a la mejor conservación de los restos, que como he dicho estaban siendo materia de un despojo alarmante. Se colocaron en una urna costosa, entre cristales, a fin de que el público que visitaba la Iglesia pudiera contemplarlos. Cierta vez, alguien que había recibido excepcional favor por intercesión del Deán a quien se encomendara, le llevó una hermosa piña de oro macizo en miniatura. Y un buen día recibí en “La Nación” la noticia de que ladrones sacrílegos habían penetrado en el Templo, retirado del caserío, rompieron los cristales de la urna y se llevaron los “milagros” de oro y plata, inclusive la piña. No se llegó a descubrir a los autores del robo. CALLE DEL LIMONCITO, la siguiente donde hace tiempo había un viejo y fecundo árbol de limón sutil, que servía generosamente a todo el barrio en los tiempos de abundancia. 360


CALLE DE ORUNA, la que da a la puerta falsa del Correo, o sea la anterior a la iglesia del Carmen. No se contaba la que ahora es de la Escuela de Artes y Oficios, porque el Convento de Santa Clara tomaba dos cuadras y solamente después de 1866 se abrió calle de por medio para modernizar el plano de la ciudad. En un trecho de la parte actual del Convento y en otro de la acera opuesta que le perteneció, se instalaron muchas veces los grandes circos que llegaban a Trujillo. Se llamó de la Oruna la cuadra que registramos por la mujer que vivía allí y parece que se dedicaba con éxito al negocio de la chichería y sus aditamentos. CALLE DEL SOLAR DEL CARMEN, la cuadra siguiente que desemboca en Ayacucho. En el espacio que ocupa hacia la esquina el negocio de Cassinelli Hnos., estuvo la confitería “Do Re Mi Fa”, de los italianos Centanaro.  CALLE DE LA COHETERÍA, la que finaliza el jirón Colón, o sea la que linda con la Estación del F. C., donde estaba antiguamente la muralla. Aquí había un gran corralón donde los pirotécnicos preparaban los fuegos de artificio para las grandes solemnidades religiosas, especialmente la fiesta sonadísima de la Virgen del Monte Carmelo. En Moche había muy buenos coheteros; y el maestro Sachún era de los más conocidos. Trujillo pueblo de máximo ruido coheteril, allí sí se puede decir que la plata se le iba a la gente en salvas. Porque antes, y ahora mismo, el cohete de arranque o avellana, era con su estampido el aviso seguro y bullanguero de que fiesta de iglesia u holgorio cívico o particular entraban en su apogeo. Iba la misa de fiesta en lo más culminante, cuando el estallido de los cohetes casi entre las nubes, contribuía tradicionalmente a la mayor solemnidad del acontecimiento religioso. En las jornadas cívicas a falta de cohetes salía a relucir el revólver y yo he visto por estas calles a las que paso revista antañera, soltar cada balazo que había razón para muchos cierrapuertas. Por último, la bala de buen tirador dirigida al suelo, en medio del baile de la marinera, si ponía el alma en un hilo, a la vez era demostración de que la remolienda, como dicen en Chile, había llegado al despiporre. CALLE DE LA GALLERA, por la casa de gallos o coliseo ubicada en esa cuadra del jirón Junín, con caserones muy viejos y destartalados. Buenas fortunas se han ido en la Gallera 361


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donde en los tiempos viejos salieron apuestas escalofriantes al giro o al ajiseco, al carmelo o al cenizo. CALLE DEL SOLAR DE SANTA CLARA, o del torno del Convento, la otra que tan inclinada era y después nivelaron. Se deduce que allí vivió Casós, por la placa que ha sido colocada, en una de las residencias fronterizas. Debió ser así por la grata descripción que acerca de la vida de las monjas ofrece el autor de “Los Amigos de Elena”; y “Los Hombres de Bien”. CALLE DE ITURREGUI, la que precisamente forma el costado del palacio Iturregui mandado a construir con gran gasto por el general de ése apellido. Esa mansión como otras de la ciudad fueron hechas desocupar por los chilenos para su alojamiento cuando llegaron a Trujillo. En la época en que la; habitaba el señor Eduardo Gonzáles Orbegoso tuve oportunidad de recorrer algunas de sus espaciosas salas donde se exhibían magníficos cuadros y; muebles antiguos. Se gozaba allí de bellas perspectivas interiores, entre flores y helechos. Tuve la impresión de que en este palacio el tiempo descansaba.

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CALLE DE BOGARDO, la siguiente, o sea la cuadra que desemboca en Ayacucho, llamada así por el personaje que habitaba la casa colonial de la esquina. Antes las referencias las daban los vecinos así: “Por allá, por donde Ño Gallinazo”. “En la calle del Español”. “Junto a mama Leocadia”. También se decía: “En el solar de Oruna”, “En el corralón de Loaces”. Etcétera. Y siendo la ciudad no muy habitada y con relativamente escaso caserío, tales referencias resultaban decisivas para la orientación lugareña. Dizque por aquí funcionó la famosa escuela del maestro Bardales, hombre mestizo de capa y sombrero alto. A quien conocí viviendo por esa cuadra fue al modistón Juan Lila. Era éste un zambo viejo, tuerto, sastre de hombres y mujeres, a quien apodaron Lila por su excedido amaneramiento, según barrunto. CALLE DE LA HUERTA GRANDE, la que toca con Vindivil en ese sector y que según parece estaba formada en gran parte por una espaciosa huerta que iba a dar hasta donde es ahora la línea de los FF. CC., para bajar a Chicago Alto, colindando siempre con la muralla. También han llamado después a esta cuadra Canal de Panamá. CALLE DE MONTES, la cuadra donde se encuentra el Colegio Seminario. Cuando la conocí estaba formada por viejas casas tiendas, en un lado, ya que el otro totalmente lo ocupa el Colegio. CALLE DE SAN FRANCISCO, la otra, que da a la plazuela de la iglesia del mismo nombre. CALLE DE PLATEROS, la que después llamaban del Banco Viejo, por el Banco de Trujillo, de nutrida historia, que funcionó en los altos del balcón corrido que allí existe. En esa cuadra estuvo en una época la imprenta “Ramón Chíes” en que se editaba “La Razón”. En la esquina que queda bajo los balcones del Banco Viejo, estuvo la imprenta “La Sanción”, diario que editó don Enrique Cox ex-hacendado de Nepén y del que era administrador y regente general don Apolonio Moreno. Después, en la que fue imprenta de “La Razón”, estuvo “La Tipografía Moderna”, de Almanzor Puga, en que edité “El Federal”, órgano por una temporada de los liberales de Trujillo. Colaboraban en él teniendo como director al doctor Ignacio Meave Seminario, el poeta Hernández, Pedro Abraham del 363


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Solar, Carmen Rivadeneira, los hermanos Espejo Asturrizaga Lora... Más allá, en el mismo edificio del Banco Viejo, funcionó el cine Fénix, de propiedad de don Jorge Pinillos Castro. Tenía por allí su taller de relojería un sujeto hosco y feo, cuyo apellido he olvidado al que llamaban “Los mismos relojes”. Cuadra tan trajinada por los colegiales, éstos se sobreparaban ante el escaparate de la relojería, no veían relojes nuevos y por sacarle pica al viejo artesano, pensaban en alta voz: “Los mismos relojes”. Tanto fue el fastidio que a lo largo de los años acumuló el relojero que un buen día o, mejor dicho, un mal día, lo encontraron muerto por propia mano en su pequeño taller. En la acera del frente estuvo por tiempo largo ubicada la famosa fonda de chinos conocida por el nombre de la calle: del Banco Viejo. Excelente comida, salvación gastronómica por escasos reales, refugio de universitarios y horteras. CALLE DE LAS VENTANAS DE DON TIBURCIO, la de Gamarra entre Plateros y la Plazuela Aranda o Iquitos, que posteriormente han llamado Cox Doray. Esta calle o cuadra que seguía a la de Plateros, en los tiempos viejos, era llamada así porque don Tiburcio de Urquiaga fue dueñó de la mansión que formaba todo el vasto inmueble de la equina Progreso (Pizarro), conocida por “la casa Rosell Urquiaga” cuya ala derecha caía sobre Gamarra con las hermosas ventanas que tenían los antiguos almacenes de don Andrés Puente y Vásquez y cuya otra ala ocupara un tiempo, en parte, la imprenta “La Razón”. El principal de esta mansión estaba habitado por la familia Rosell y en uno de los amplios departamentos de la casa se alojó don Enrique Cox con su esposa doña María Encarnación de los Ríos Pinillos de Cox, modelo de dama trujillana, cuando este hogar se trasladó de la regia morada que quedaba a pocos pasos, en la cuadra de la Merced, perteneciente según creo a don Fernando de Agüero y que por largos años ocupó con sus almacenes y depósitos la casa Ludowieg & Cía. La casa solariega venía por herencia a la familia Rosell Urquiaga y este acaudalado y aristocrático don Tiburcio de Urquiaga y Aguirre, cuyas ventanas llevaron su nombre, fue un dinámico y trujillanísimo personaje de la época colonial. Eran los tiempos de Abascal y, por cierto, Urquiaga fue un penin364


Los Baños Públicos de la Plazuela Del Recreo

sular acérrimo. Los anales del Cabildo están salpicados con las intervenciones del famoso edil, terco y reacio a cualquier manifestación que no estuviese ceñida a lo que él sinceramente creía que era la justicia y el deber. Dicen que don Tiburcio acostumbraba pasar las horas muertas pegado a sus ventanas, las que daban a Gamarra, desde cuyas celosías vigilaba la actividad de la calle. Nadie lo veía a él, pero muchos lo sospechaban. Y don Tiburcio, cómo buen cabildante, desde muy temprano apostado en sus ventanas, en este sitio de aguaite observaba quienes infringían las ordenanzas y quiénes se descarrilaban en su vida cívica. Dicho sea de paso, el hábito inquisitivo de don Tiburcio de Urquiaga y Aguirre, tronco de linajuda gente, bien plantada ella y de sencillísimo trato, fue costumbre de los trujillanos que tras de sus celosías estaban al tanto de la callejera vida. En la vieja casa que menciono y fue una de las más amplias, hermosas y bien tenidas desde los primeros tiempos coloniales, se instaló el Congreso Constituyente de 1823 mientras Lima estuvo ocupada de nuevo por los realistas. Hay, según parece, confusión cuando se dice que Riva Agüero al ser capturado en la casa de Aranda, era porque allí funcionaba el 365


TRADICIONES TRUJILLANAS

Congreso. Lo que debió ocurrir es que estaba alojado en ese palacio o trató de ocultarse allí.  CALLE DEL MERCADO, la cuadra siguiente donde está la entrada a la plaza de Abastos por el Jirón Gamarra. Este centro de abastecimiento ha pasado por diversas transformaciones. Antes era suficiente para la escasa población de la ciudad que, por ejemplo, en 1924, según el censo de entonces, tenía 23,000 habitantes contra 60,000 que deben ser los de ahora, (1951), calculados al menos sobre la base del censo nacional de 1940. Sabido es que la población de Trujillo a los siete lustros de fundado, daba un total de cuatro mil habitantes, predominando los indios y negros pues entre ambos sumaba el vecindario más de dos mil personas. Gente vivía dentro del establecimiento que abarca media manzana, pero también es sabido que los moradores de las fincas linderas con la plaza por Bolívar, Gamarra y Ayacucho, tenían aaceso al interior de ella por sus puertas falsas. A pesar de ser así no se conocían los robos y los mercachifles y expendedores de víveres dejaban con llave sus puestos y tendejones sin que se registraran fracturas ni averías. En una parte del Mercado se construyó edifi366


caciones para instalar en ellas lo que antes se decía “salones” o sea cafés de alguna categoría. Y allí vi por mucho tiempo el salón “Bolognesi”, de José Arbaiza, modelo de industrial en este ramo, teniendo como competidor pasivo al salón “Graú”, del español José Clapés. La historia de Clapés era interesante. Llegara como marino de un barco a Salaverry, le gustó la tierra, le gustaron las mulatas de Trujillo y aquí se quedó como se quedaron otros lobos de mar prendados de nuestro modo de vivir, tranquilo y libre, de las bellezas animadas y de la facilidad para hacerse esa existencia de bienestar que gozan los extranjeros laboriosos y honrados. Clapés era un hombre alto, corpachón, de ojos muy azules y pelo rubio. Nunca dejaba la boina. Le entretenía grandemente el tresillo y en su rostro estaba retratada la bondad misma. “Arrejuntado”, como dicen en Moche, con una mujer morena bien conformada, trabajadora y tranquila, el hispano vio pasar sus mejores días en la plaza del Mercado hasta que le llegó la hora del viaje final. De los otros “salones”, del Mercado, famoso fue el de Mendieta conocido por “El Misti”. Excelente chocolate, café comparable al de Moka, sandwichs exquisitos, servicio veloz y atentísimo. El café de Mendieta fue el refugio de periodistas, poetas, discutidores de levita, mozos de cuerda, gente de teatro, etcétera, durante las noches. Pocos salones han gozado de una concurrencia tan numerosa y de una clientela más alegre y parlotera. Depués lo traspasó un japonés y se convirtió en salón “Tokio”. Allí y en el salón de Altuna, ese “borrao”, dicharachero y trujillano cien por cien, de charla criolla y sabidaza, encontrábase lo que uno quería, desde los tamales auténticamente nuestros y que han tenido el unicato en la costa, hasta el “frito” que los limeños conocen por chicharrones, pues éstos en Trujillo son otra cosa y muy grata por cierto. Desde las butifarras de carne de cerdo, de ternera o jamón serrano, hasta los sandwichs de pavo, la causa trujillana y las patitas en fiambre, todo legítimo, todo el día, todo barato. A la puerta de cada salón el agua hervía en los grandes anafres con pito, réclame destinado a atraer la clientela mientras el fonógrafo de grande y potente bocina registraba los aires de España, de México o del Perú, destacándose la música opeteresca cantada por el signore Caruso, divo de divos. En un rincón, adentro, cerca del Salón “Bolognesi”, estaba la vieja casa donde trabajaban sus emolientes los hermanos 367


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Chávez. Eso no era más que cucarachas y fuerte olor a hierbas distintas entre, las que se contaban Ios berros, preferidos por las anémicas gentes. Un emoliente en el Mercado, después de una turca, era santo remedio para componer el sufriente cuerpo, para matar la “perseguidora”. Pero mejor se arreglaba la cosa de una vez para todo el día si más tarde, allí cerca, donde estaban las vendedoras de viandas, se aprovechaba un “chilcano” de corvina, con gotas de naranja agría, precioso recurso contra los excesos de la jaranera vida. El “corralón de los burros”, era un terral de los diablos, pese al agua que allí se echaba por baldes. Los solípedos de las mocheras, mansicheras y huanchaqueras formaban un concierto de rebuznos que ensordecía, y para eso el cuidador tenía que estar alerta pues a lo mejor los asnos se mordían, o resultaba alguien muriendo de las coces. Junto a la pila las “vecinas” que madrugaban al Mercado, se contaban los últimos chismes y los enamorados se regalaban capulíes o flores. Los granujas se bañaban, si era el calor sofocante, y en el gran vocerío del lugar, donde se oía además gemir a los cabritos y cacarear a das gallinas entre el ruido de los hachazos del sector carnicero, algún loro despotricaba con sus chillidos, tratando de acallar al mercachifle que soplaba una corneta de hojalata. En el acordeón, el rondín o la concertina otro tendejonero sacaba la última tonada de moda. Las viruñeras anunciaban a gritos sus ciruelas y las recaderas, de las campiñas borboteaban el réclame de los frijoles verdes, las yucas, el zapallo, las arvejas y las frutas. Los ociosos y los fisgadores o los que iban siguiendo los pasos a alguna ninfa, quedábanse arriba, junto a la baranda, en pos del derrotero que les interesaba. El gran corredor de la plaza, que ocupaban los tenderos con puertas a la respectiva calle, estaba lleno en ciertos ángulos de géneros multicolores. Todo allí era ruido, actividad, olor múltiple, baraúnda de mercado único en un pueblo no tan crecido como ahora. Luego se han construido otros mercados de barrio. Pero el Central por antiguo necesita reformas que lo adapten a las necesidades de los más grandes núcleos urbanos. Ojalá nuestros nietos lo celebren. CALLE DEL COLISEO, la siguiente en que se halla el viejo solar del Coliseo o teatro viejo, donde se representaba hace muchos, años comedias, y actuaban los títeres de Ño Valdi368


vieso. Esa cuadra y las adyacentes por lo general estaban habitadas por chinos. A partir del Coliseo para adelante, o sea hacia la cuadra de Gamarra que sigue, donde se ubican los callejones de Terrones a un lado y de Callegari al frente con sus puertas principales sobre Vindivil, no había antiguamente vecindario formado y sólo estaba la muralla. Colindando con ella del lado del callejón de Callegari se instaló la factoría del inglés Cole, que allí estuvo muchos años. Más allá, una vez destruida la muralla, comenzó a levantarse la barriada de la Bella Aurora o Chicago Bajo, que ha servido, como Chicago Alto, para avecindar a mucha gente, aunque al principio sólo fueron sus moradores los empleados y obreros del Ferrocarril. Los dos Chicagos han ido con el tiempo evolucionando. Fueron inclusive habitantes de Vindivil a formar sus nuevos hogares por allí pues hallaron más tranquilo y cómodo aquel sector de Trujillo, más cerca al campo y al Puquio, en cuya acequia casi todos los muchachos de hace cuatro décadas nos hemos bañado gozosos. A las dos barriadas sólo las divide la 369


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línea férrea. Al otro lado de ella, avanzando siempre en la prolongación del jirón Gamarra, está la Floresta hermosa casa campestre con grandes jardines y bien provista huerta de árboles frutales, que perteneció a don Jenaro Risco.  Había una huerta grande, al final de la Bella Aurora, que era propiedad de don Pedro Gutiérrez. Un buen día, allá por 1910, se le ocurrió a su esposa doña Petronila dedicar la huerta que se distinguía por sus hermosas ramadas con la exquisita fruta que le da su nombre, a ofrecerle al vecindario esos “piqueos” que se hicieron allí famosos. La señora preveía que una ramada así bien dispuesta, con elementos de comer y beber, podía ser un negocio atractivo ya que difícilmente se encontraban lugares de expansión campestre cerca del radio urbano. Y como lo pensó lo hizo. Así fue como en mis mocedades conocí “Los Tumbos”, saboreé entre sus jardines y bajo sus ramadas olorosas, los cangrejos y camarones “en agrio”, el cabrito tierno con frijol verde y yuca atravesada en el arroz, el picante de cuyes y tantos sabrosos platos de la tierra. Poco a poco el negocio se incrementó porque la gente no sólo quería “causear” 370


allí con asiento de bien hervida jora, sino que deseaba quedarse a comer, siguiendo la fiesta hasta entrada la noche. Don Pedro y su mujer se las arreglaron finalmente y otro buen día instalaron un restaurante, con las mesas entre las ramadas, bien surtido bar y elementos de música, teléfono y cuanto es necesario al confort para esparcimiento y facilidad de tutti. Quién les dice a ustedes que los primeros en hacerse lenguas del sitio fueron los norteamericanos que llegaban en los barcos de la Grace Line a Salaverry con destino a Samne, pues habían oído los elogios de sus connacionales de ese asiento minero de la Northern. Luego, los limeños. A la vuelta de unos años Los Tumbos resultaba el primer restaurante de Trujillo en su estilo y sólo podía hacerle alguna competencia entonces, el Club Central. Por allí debe haber pasado un platal. Porque durante veinte o treinta años casi, la fama de Los Tumbos ha paseado las costas de América por su comida, por sus banquetes, por su ambiente campero. Lo delicioso qué era comer entre rosas y jazmines, entre hojas de tumbo y de ñorbo, entre helechos y achiras, bajo el transparente azul del cielo trujillano. Sus dueños tuvieron las cualidades propias de la gente que sabe lo que tiene entre manos y satisfaciendo el gusto de sus clientes, monopolizaron el interés de propios y extraños en punto a las cosas gastronómicas. CALLE DE YUVÍES, la anterior Santa Ana. Es la cuadra que viniendo de la portada de Mansiche, llamaban por ese nombre. Allí estuvieron los solares del fundador Juan de Sandoval, quien cedió parte de los mismos para construir un pequeño hospital. Sector famoso por sus duendes y penas. Por allí queda la acequia del Gallinazo. Y por allí se derivaron casi siempre las aguas provenientes de los aluviones que han azotado a la capital de La Libertad. Ejemplo: las del 91 inundaron toda esa parte viniendo desde Mampuesto. La destrucción del panteón viejo se debió a la desviación de la Mochica con las avalanchas de la quebrada del León que además, como en 1925, enarenaron el lecho de la gran acequia haciendo Cambiar el curso de sus aguas por toda la campiña alta. Me referían que cuando el aluvión de 1891 inundó la ciudad, los aguaceros torrenciales sobre Trujillo duraron ocho días. Los techos eran verdaderas coladeras. Sabido es que el material de que se construían los de las viviendas en esa ciudad y demás poblaciones de la costa, como vemos ahora mismo, estaba generalmente hecho de vigas de algarrobo que servían para sostener lo que se le llama torta sobre estera de carrizo y, en las casas solariegas, el material si era mejor, no por ello dejaba de pasarse con el agua. Esas esteras a las que se cubre con barro mezclado con boñiga, no sirven sino 371


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para constatar que en la costa llueve apenas y en tal caso ni los tedios en declive, ni la calamina tienen importancia mayor. Claro que en las moradas pobres los materiales son insolventes. Las casas coloniales siempre han resistido más, temblores y aguaceros, para eso tenían firmes cimientos de adobe o ladrillo y techumbre con artesanados muy ricos, pero después de tres horas de firme lluvia, ninguna casa se podía declarar impermeable. Los goterones comenzaban luego a empozar el agua en los interiores, que luego había que extraer a balde antes que la humedad echara abajo los muros. Yo ya no estaba en el Mayorazgo cuando ocurrieron las lluvias del 25, que no fueron por cierto de las más desastrosas de la historia, pero entré un día a la vieja casa para ver los efectos de las aguaceradas. En realidad, el estrago había sido fuerte. Paredes y pisos habían sido layados y hasta me pareció que la colonial casona no era la que yo había habitado durante años. En Huanchaco, el 91, el mar se retiró lo mismo que por el lado de Santiago de Cao, más menos ocho cuadras. Era Semana Santa y las procesiones salieron una tras otra rogando las gentes por la cesación de tantas penurias. Agréguese a esto que el ruido de los truenos llenaba el valle de Chicama y el de Santa Catalina, para hacerse cargo el lector del pánico que reinó en la región. Bramaba el río Chicama, que parecía un brazo de mar arrastrando en sus encrespabas aguas ranchos enteros, animales, platanares, yucales, cañaverales y cuanto arrancó de cuajo el furor del agua en el trayecto desde las quebradas de la cabecera hasta el océano que por largos trechos mostraba el agua del color terroso ya conocido, en tanto las palizadas llenaban la playa. Las gentes iban en sus asnos hasta allá para recoger, días después del aluvión, sendas brazadas de caña dulce, caña brava, troncos; vigas. Acerca del retiro del mar en Huanchaco, citábase un milagro que hizo la Virgen del Socorro. Los huanchaqueros, que ya sabían de terremotos, y maremotos, por la memoria que guardaban los viejos de otros cataclismos, temblaban ante el temor de que cuando el mar volviera a sus límites habitúa-; les, lo haría en un tremendo golpe de olas que barrerían el puerto y la población. Los lloros y ruegos a la “mamita” eran impresionantes. Nadie dormía; nadie tenía sosiego. Muchos estaban en la altura del vecino cerro llamado de la Virgen, con sus cosas de mayor valor, para escapar más lejos a la pri372


mera serial de que la furia oceánica se desencadenara sobre el pueblo para borrarlo del mapa en una escena espantosa que después sería inenarrable. Sin embargo, a los pocos días el mar fue volviendo pausadamente a su sitio, con tan calmos movimientos y mansedumbre, que los huanchaqueros no pudieron atribuirlo sino a un designio del Cielo. Entonces convirtieron en solemne fiesta su gratitud renovada a la Virgen del Socorro que desde hace siglos se venera en la pintoresca iglesia porteña. C

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Volviendo a las calles de Trujillo y a la de Yuvíes, por allí los aguaceros azotaban fuerte y la acequia del Gallinazo, como otros canales cargaron el peso de la inundación procedente délas partes altas. Dos cosas que recuerdo de mi niñez en Trujillo: los estragos patentes en las paredes carcomidas por. los aguaceros del 91 y los zócalos de alquitrán que conservaban también las paredes desde la época de los chilenos que fueron los que, para atender a la sanidad local, introdujeron la modalidad de pintar con ese elemento hasta cierta altura de los muros, en vista de la epidemia mortífera del tifus que reinaba y que en los invasores hiciera sus mejores presas. La acequia del Gallinazo regaba antes el monte del mismo hombre, en la dirección de lo que hoy es el Paseo Muñiz, llamado así porque fue el Prefecto Pedro Muñiz quien tuvo la idea de la formación de esa nueva barriada trujillana de lenta evolución. Para la parte hacia Huamán, desde ese lado, estaba el rudo monte del Gallinazo, que hasta el principio de este siglo era una maraña de espinos, chilcos y pialones donde se ocultaban, pasando la muralla, los ladrones y vagos. De allí era ciertamente difícil sacarlos pues los puquiales y lagunas tupidas de enea, lo impedían además. En el Ovalo hasta que los chilenos destruyeron la muralla en el barrio de Mansiche, que queda antes de la cuadra que llamaban de Yuvíes, estaba la portada de esa parte de Trujillo, que se cerraba como las otras con llave por las noches y se abría al amanecer a fin de que ingresaran las vendedoras de las campiñas. En el arco dizque estaba escrito en grandes letras: “Trujillo fue\ la primera ciudad que proclamó la independencia del Perú el día 29 de di¬ciembre de 1820”. Y en la propia puerta, más tarde, se veían escenas del combate de Mansiche que un pintor anónimo dejó cómo recuerdo de aquella acción de armas, ejemplo de nuestras guerras civiles en el pasado siglo. Es de presumir que siendo el conquistado Diego de Mora de los fundadores de la ciudad, casado con doña Ana Valverde, a él se le ocurriría darle el nombre de Santa Ana a la ermita de ese lado que después se convirtió en templo. Esta fundación se hizo en terrenos o solarles que fueron de propiedad de Juan de Sandoval casado a su vez con doña Florencia de Mora, hija de don Diego.

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CALLE DE LA ADUANA VIEJA, la del costado de S anta Ana que antecede a la del Arco donde estuvo la aduana para controlar las operaciones del puerto de Huanchaco. Esta casa tenía antes un hermoso mirador. Cuando yo la visité interiormente todo estaba ya arruinado. CALLE DEL ARCO, la anterior a la plaza de Armas, donde se levantaba el arco o los arcos para el paso de los virreyes y dignidades que viniendo por el camino del puerto o la vía del valle, eran recibidos solemnemente en la ciudad por la autoridades coloniales. Calle de penas y aparecidos, por allí nació y vivió el poeta Víctor Alejandro Hernández. Dulcerías, curanderos, tiendas de asiáticos, eso era lo que yo vi en mi infancia en esa parte de la ciudad que tenía en la esquina el viaje HOTEL DEL ARCO, refugio de estudiantes en su mayoría. Y ya que estamos, por esta calle, ante la Plaza de Armas, diremos algo de ella La Plaza mayor de Trujillo es célebre por los acaecimientos múltiples que durante siglos se han realizado allí. Lo que le da distintivo y personalidad de la urbe, claro está, es su Plaza de Armas. La nuestra; puede preciarse de tuja tradición que hace más esclarecida por haberse jurado en ella en 1820 la independencia de Trujillo en medio de la emoción

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de miles de trujillanos patriotas. Al toque de rebato, siglo tras siglo, los vecinos corrieron hasta la Plaza para conocer sucesos y hechos de calidad, ya sea en lo religioso ya en lo social o en lo político. Y las campanas de nuestra iglesia mayor, broncas de sonido pero familiares a la comunidad, expresivas en su tono de publicidad y propaganda de los sucesos, desde los viejos tiempos cooperaron más importante aún el escenario. Porque si la Plaza de Armas se ha dedicado en todas las fundaciones hispanas de América para alrededor con rumbo al futuro, no hay duda que la de Trujillo de el cual también se extendió poco a poco la urbe, y allí estuvieron de luego, las actividades municipales y los edificios con- sagrados administración pública. Así vemos que el Cabildo o Comuna se instala en una esquina de la Plaza, en otra se ponen los cimientos de la Catedral, junto de la autoridad eclesiástica, mientras por allí mismo queda la sede del Corregidor. De las grandes a las pequeñas urbes del continente, la tradición se sigue y hoy es fácil identificar la ubicación del poder público, en cualquier pueblo centenario del Perú/yendo a la Plaza de Armas. Cada vez que; la vecindad estuvo en peligro, que ocurrieron hechos nacionales de gran trascendencia, que llegaron los virreyes o los obispos, que pararon en Trujillo los héroes o los caudillos y los personajes de relevante figuración pública, la Plaza se colmó de gentes. Lo multitudinario estuvo siempre listo a congregar allí el entusiasmo cívico, la protesta, el grito, la manifestación o la adhesión política.: Muchas veces las piedras de lá Plaza lapidaron a los réprobos y otras tantas sobre sus bancos se ron los populares agentes de la opinión colectiva para decir sus altivas: aren-gas y sus fogosos discursos. El ciudadano eminente como; el demagogo o el politiquero, desde allí arrancaron o allí finaron sus marchas por la: ciudad, en tumulto y también vimos caer allí a las víctimas propicias de cualquier tremolina zafarrancho político. La Plaza grande de Trujillo era en los primeros tiempos pobre de ornamentaciones. Bancas de madera, árboles frondosos, de agua en una esquina, el centro desguarnecido hasta qué se instalo la pila de mármol con este material traído de la sierra. Unos, cuantos faroles de mortecina luz alumbraban o simulaban alumbrar el anchuroso sitio. Las pearas de asnos o de muías pasaban lo mismo por la calle que por en medio de la Plaza. Cierto día se pensó que mejor quedaría el lugar si se le 376


adornaba sembrando ficus, árbol bello y frondoso de sombra que por largas décadas dio una fisonomía especial a nuestra Plaza mayor, rodeando sus mal llamados “boulevares”. Para entonces dos-jardines del centro, donde la pila fue res-guardada con hermosa reja y ostentaba cerca las estatuas que representaban las cuatro estaciones, entre bien tenidos arriates de fragantes flores, resultaban la atracción estética de la Plaza de Armas. Se construyó pasadizos de losetas, transversales, a todo lo largo y colocáronse bancas de hierro cómodas por su espaldar propicio al descanso de las familias que acudían a escuchar las famosas retretas dominicales.. Cuando se acordó levantar de acuerdo con la Ley Marquina el monumento a La Libertad de Trujillo, encarnada en el grito del 29 de diciembre de 1820, hubo de emigrar la vieja y hermosa pila. El asunto motivó una larga y a trechos violenta polémica siendo Prefecto del Departamento el coronel T. Molina Derteano. De todas maneras la pila salió de allí a pesar de la campaña de “La Reforma” y para ese tiempo don Víctor Larco Herrera, Alcalde

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de la ciudad, rato hacía que cambiara los ficus añosos de las avenidas por las palmeras que se ven hasta ahora. Esto se consideró, aunque entre dientes, una irreverencia a la tradición. Pero quién quería contradecir al benefactor que estaba dispuesto a regar los miles de soles al servicio de la transformación urbana. Al cambiarse la pila y levantarse el monumento a Moeller, se quitaron las losetas antiguas de la Plaza y se colocaron bancas nuevas, las actuales. Dicho sea en honor a la verdad, el material antiguo siempre fue mejor que el que vino después. Y las pruebas están todavía, según aparece, a la vista. Se recuerda que hacia 1890 había en la Plaza altos y hermosos pinos. También se recuerda que el principal paseo de la gente “bien” se hacía durante los festivales nocturnos de los domingos, junto a la pila cuyo paseo estaba pavimentado con elegantes mosaicos. Generalmente la primera autoridad política, de todos los tiempos, a partir claro está de la época en que la Prefectura se instaló donde ¡actualmente se encuentra, salía al anochecer a “tomar el aire” sentándose frente al edificio en ese lado de la Plaza. Allí discutía con los vecinos prominentes los asuntos locales o seguía el curso de la chismografía provinciana de vez en vez unas cuantas vueltas a los “boulevares” y a casa, para lo-cual la señal era el pasodoble que finalmente tocaba la banda de músicos local o del ejército, en momentos de dar por terminada la retreta. Alternaba la Prefectura con el Cabildo; en las manifestaciones públicas que se formaban, para lo bueno como para lo malo. Las pedreas fueron pocas, en los grandes tumultos, pero los casos de alborozo cívico sí resultaron corrientes y cuando no se iba entre ovaciones primero a Cabildo siempre se regresaba por allí pidiendo la salida, a los balcones, de las autoridades cuya palabra se quería escuchar. Era corriente antes que desde los altos Municipalidad se, dirigiera al pueblo congregado abajo cualquier fogoso orador popular, en los grandes acontecimientos o “meetings”, Esa resultaba así: la tribuna de los trujillanos. Su ágora predilecta y prócer. Nuestra Plaza de Armas ha albergado a lo largo del tiempo al trujillano amigo de la cháchara y eí reconcomio. Allí se han instalado siempre los parleros, femeniles, los piropeadores con; su flor de chiste,: los, que menudeaban dicterios o alabanzas sobre los: giros de la política local o han hecho trizas

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la fama y el buen nombre de sus rivales de oro y azul las cualidades de’ sus enamorados; por el ir y venir del forastero que las rondaba y que entre dejaba caer la palabra esperada, Y esto ha de seguir lo mismo, los años y de las cosas, porque las costumbres de los pueblos -sobre todo los de la categoría de Trujillo- se eternizan en el ritmó lento de su vida trazada a cordel... Desfiles militares, paradas de estudiantes, estrados levantados al medio de la Plaza, para que el orador oficial de fiestas patrias dijera su oración cálida de fervor peruanista, música y fuegos de artificio, todo esto y mucho tenido cómo escenario a nuestra histórica Plaza de Armas, cuya amplitud y elegancia, por lo demás, han sido siempre materia; de justo elogio, y Segarnos ahora de frente como el pregonero de antaño y deteniéndonos. fiestas. La mansión como se sabe linda con la plazuela de San antes era un lugar si no elegante, por lo menos acogedor: se situaba en ella la muchachería anhelosa de rendir homenajes a las niñas que famosa misa de once de San Agustín. costado del templo en referencia, donde funcionaba la escuela del barrio.

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la Merced y otros conventos costado de la Municipalidad, en el jirón que se ha llamado de Salaverry, donde moraba el Marqués de Herrera, personaje de polendas en varias sucesiones, señor de horca y cuchillo, como que tenía bien armada aquella en su hacienda de Santa Cruz de la Exaltación de Chiclín, para despacho eterno de negros malandrines y facinerosos esclavos. La que conocimos después como “Casa Tapia”, advierto que es ahora solamente escombros. Sus balcones corridos que sé llevaba sola casi media manzana. Por esa cuadra tiene su residencia meritísima, un tiempo de gran prestancia y actividad como que fue fundadora de la primera Biblioteca Pública que conocimos funcionando en la esquina de San Francisco. Para ese lado también daba la capilla del Cabildo, donde se ponía a los reos destinados a la horca o fusilamiento que sigue, donde estaba la salida a Moche por la puerta grande dé la muralla y hoy se ha poblado de viviendas nuevas. Barrio en su final de tamaleras, de humiteras, chicherías y picanterías, con jaranistas que oscilaban entre la vecina Portada de Huamán y este lado de la ciudad del Sosiego, donde había antaño una gran cruz y estuvo la Fábrica de Cigarrillos “Trujillo”. Esta industria resultó interesante, pero fracasó porque los competidores la quitaron de en medio y a seguidas vino el estanco del tabaco. Conocí la Fábrica con nuevas máquinas, abundantes tabacos y cigarreros traídos de Lima. El producto, por cierto, era excelente. En la esquina, para Independencia, estaba la Fábrica de Velas. En la otra a San Martín, queda el

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Club Libertad, grato paraje de mucha actividad sigue, frente a la plazuela de Santo Domingo, vieja iglesia de los Dominicos y una de las primeras que se fundó a raíz de haberse hecho el trazo de la ciudad los dominicos tuvieron por mucho tiempo su convento allí abarcando toda-la manzana- En la cuadra de la Quietud, vivía una negra llamada doña Bárbara, la de las manos privilegiadas para el dulce fue lasque reemplazando a sus anteriores generaciones, guardaba de la, iglesia cuyo aseo prolijamente sabía hacer. Enfrente de esas modestas del costado de Santo Domingo, queda la puerta falsa de por mucho tiempo-de cuartel a. la Gendarmería. En acérale la morada de doña Bárbara, para la esquina de Independencia, estaba de la misma Gendarmería, colindando con la Cárcel jirón Sosiego, a donde dada puerta falsa de la misma mansión colonial. Casa vieja de Astudillo con tradición de penas, duendes y aparecidos. Tinoco Merino, personaje trujillano, del Mayorazgo de Facalá, vivía en la casa solariega con frente a la iglesia de Santo Domingo y la puerta falsa para Bolívar, aunque también tuvo esa cuadra de Tinoco, que después llamóse del pilón de se trasladó la pila de que se surtían los aguadores y esquina misma de la plazuela que adornaba hermoso y la primera cuadra de la pequeña y soledosa calle de la Paz, al lado de la parte posterior del Club Libertad, lindera por ese lado con la muralla, de Doña Pascuala. Totoco, vieja generación de gente de color, producía excelente jora y “causas” de gran consumo en toda la barriada de ese viera con fábrica alzada. Morían los favorecidos con los solares, surgían mansiones verdaderas, casas colectivas que se llamaron siempre callejones, y los tenduchos, superviviendo; las huertas dentro de la misma población. A lo largo de tres siglos, según los Anales del Cabildo, se andaba recordando a los poseedores de solares y sitios sin edificar, que debían cercarlos o levantar muros definitivos, puesto que esos lugares sólo servían para que los transeúntes hicieran sus necesidades corporales, se ocultaran las gentes de una larga o se cometieran actos inmorales a favor de la oscuridad nocturna. Trujillo viejo, con todo y los muchos caserones y tenduchos, tenía la prestancia de un gran pueblo y sus casonas de preciosas rejas y hermosos balcones y patios, de las que algunas quedan, fueron justamente alabadas por los viajeros que encontraron en ellas calor de hogar y bellezas avaramen{4te guardadas en mueblería y lujo que ya las envidiaran en la propia Lima... 381


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AUTOR: JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ

EL CORONEL DON ANDRES RAZURI El coronel don Andrés Rázuri, una de las pocas reliquias que aun sobrevivían de aquella pléyade de esforzados varones que nos dieron patria e independencia…… acaba de rendir su altivo y pujante espíritu.

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uando desaparecen de la constelación de la patria los astros que iluminaban su espacio, nada mas natural que lo que le reemplace sea oscuridad y yació, que traen en pos de su triste y letal decaimiento, sin atinar para cuándo nos estará reservada la irradiación de nuevas lumbreras. El coronel don Andrés Rázuri, primogénito de la numerosa y respetable familia de este nombre, en la Provincia de Pacasmayo, aunque encorvado con el peso de sus noventa y un años, era una de aquellas figuras venerandas; especie de remanente de la épica generación de los libertadores, en quien las que le han sucedido y sobreviven, tenían mucho que contemplar y aprender. El joven Rázuri, vino a la vida pública, si tal puede llamarse la injerencia que la esforzada juventud de los primeros lustros de esté siglo tomó en la naciente causa de la Independencia, así que el General San Martin plantó la bandera; de la patria en Pisco y Huaura, e incitó con ella a todos los buenos peruanos a la obra de la emancipación. Para almas del temple del joven Rázuri, no se podía estar bajo el techo paterno, ni gozando de las dulzuras del hogar, cuando había una patria que redimir; y así se apresuró a atravesar los áridos, desiertos de la costa y a presentarse en el cuartel general de Huaura, “como voluntario adalid de la naciente causa. El mismo día (el 18 de Noviembre de 1820), el General San Martin le destinó al Regimiento Granaderos de los Andes, en la clase de sargento primero distinguido. Necesitábase en esos momentos, emisarios esforzados que despertasen el espíritu de los pueblos y allegasen al Ejército Libertador todo el refuerzo de brazos y recursos que demandaba urgentemente el éxito de la magna obra que éste iba a realizar, y el Protector hizo tornar con este fin al joven Rázuri, al Departamento de su procedencia; debiendo ponerse desde

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luego, como se puso, en contacto con los patriotas de Trujillo y Lambayeque, donde germinaba manifiestamente la idea de la emancipación. Ayudado el joven Rázuri de su hermano don Santiago, que mas tarde obtuvo también el grado de coronel de Ejército, y con oportunos avisos de los patriotas de Lambayeque, dio principio a su carrera de hazañas, saliendo al encuentro y aprehendiendo en la alameda de esta ciudad, en la mañana del 1° de Enero de 1821, al comandante, entonces don Antonio Gutiérrez de la Fuente y otros oficiales, servidores del Gobierno español, que abandonaban Lambayeque, y al Subdelegado Díaz de Avellano, a consecuencia de la declaratoria de Independencia, lanzada en esa generosa y benemérita ciudad por los esforzados patriotas Iturregui, López Vidaurre, Sevilla, Quezada, Casos y otros, y que venían hacia Trujillo, creyendo equivocadamente encontrar allí apoyo para su bandera. Ejecutada esta prisión y preparado ya el espíritu del pueblo por el entusiasta ciudadano, y frenético patriota don José Ceferino Hurtado, procedió en su unión a secundar el acto atrevido que en esos momentos realizaban Trujillo y Lambayeque, dando así a su pueblo el alto honor de ser el tercero en la República que se desligara solemnemente de la dominación española. El Marqués de Torre Tagle, caudillo en Trujillo de la causa de la Independencia, acogió con vivo aplauso la acción del joven Rázuri y dispuso que volviese al cuartel general, recomendando sus servicios a la consideración del Protector. Asistió, en consecuencia, a la entrada a Lima del ejército Libertador y al primer sitio del Callao, y llevó a su pecho la primera de las condecoraciones qué más tarde le cubrieron por completo. Continuando el joven Rázuri al servicio de Ia patria y ascendido ya a oficial, cúpole en suerte pertenecer, a la visión auxiliar que al mando del coronel don Andrés Santa Cruz marchó al Sur de Colombia a completar allí la obra de la Independencia, y que la completó en fecto en los gloriosos campos de Riobamba y Pichincha. Servía entonces en el Regimiento “Cazadore del Perú”, cuyo brillante comportamiento mereció, según lo testifican documentos oficiales, la admiración del Libertador. 383


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Vuelto al seno de la patria, cuyo servicio no permitía un momento de descanso, hizo la campaña de intermedios en 1823, a las órdenes del mismo General Santa Cruz, tocándole, por tanto, asistir a la batalla de Zepita, única gloria que se cosechó en esa desgraciada expedición. Vino Junín, y en este penúltimo baluarte de la dominación española, tocó al oficial Rázuri desempeñar un papel asaz atrevido, que ha conquistado decididamente á su nombre la aureola de la inmortalidad. Aunque de ese hecho sublime se han ocupado los historiadores Paz Soldan y Lorente, nos cumple rememorarlo hoy en debido homenaje a la memoria de su autor, con sus interesantes pormenores, no bastantemente conocidos, recogidos de la autorizada publicación que el respetable señor don José Sevilla hizo en la “Opinión Nacional” de Lima en Octubre de 1878, y de otros informes no menos veraces ministrados por la tradición local.—Hélo aquí: “Empeñado el combate entre 1,300 jinetes de parte de los realistas y 900 de la de los patriotas, lo diremos de una vez, los últimos fueron derrotados después de una lucha terrible con sus adversarios.—Solo permanecía intacto, por haber quedado de reserva entre unos pantanos y un riachuelo, o mas bien, 384


por no haber alcanzado a tomar parte en el ataque a causa de ese embarazo y de la mala calidad de sus caballos, un escuadrón de 160 hombres, parte del famoso Regimiento que organizó en las provincias de Trujillo y Lambayeque el comandante La-Fuente (ex-prisionero del distinguido Rázuri); cuyo grueso había entrado en acción. Declarada la derrota, el Libertador que dirigió personalmente la acción al menos sus primeros movimientos, separóse velozmente del campo y marchó en busca de su infantería, que caminaba a poca distancia, para nuevas disposiciones. En esas circunstancias-, el Comandante de aquel cuerpo don Manuel Isidoro Suarez, mandó al Capitán Rázuri, Ayudante Mayor del mismo, cerca del General La-Mar, Jefe de la División peruana, a pedirle órdenes sobre lo que debía hacerse con el Escuadrón.—El General La-Mar comunicó en el acto las siguientes al Ayudante Rázuri: «Diga Usted al Comandante Suarez que salve ese cuerpo como pueda.” El ayudante Rázuri, al ir a trasmitir esa orden, notando 385


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acaso, como dice Paz-Soldan, que los españoles perseguían en desorden a los patriotas, y comprendiendo con mirada de águila la bella oportunidad que se presentaba para una reacción, movido además por el ardor y entusiasmo de su joven corazón, varió de motu propio la orden y dijo a Suarez: “De orden del General, que ataque.» Suarez en consecuencia atacó, y lo hizo con tal denuedo, que deshizo a los primeros cuerpos fue se le vinieron ala mano.—Con este ejemplo, y al amparo de la protección que les dispensára la labor de Suárez; los dispersos patriotas reorganizaron sus Escuadrones y emprendieron de nuevo el ataque, bastando cuarenta y cinco minutos para que la caballería española fuese completamente batida y acuchillada hasta las filas mismas de su infantería, que continuaba con precipitación su marcha a Jauja. He aquí el triunfo de Junín precursor de Ayacucho, que puso término a la dominación española en el Continente Americano, y he aquí la causa militar, el fundamento primario de que se derivó ese portentoso suceso y sus gigantescas consecuencias. La Providencia, en sus misteriosos designios, siempre se vale de pequeños móviles para la realización de grandes acontecimientos. No es oportuno entrar aquí en apreciaciones acerca de sí el ayudante Rázuri, estuvo o no en su derecho al discernir sobre la orden que recibiera, de su superior, y con pleno conocimiento de causa, que en esos estrechos momentos, no estaba acaso al alcance de éste, variarla en los términos que requerían las circunstancias, toda vez que este punto fue resuelto allí mismo en el campo de batalla por el Jefe de la División peruana con la siguiente amonestación que dirigió al voluntarioso Ayudante. «Usted merece que lo fusilen, pero usted ha dado el triunfo.» Por esto el Capitán Rázuri, no hizo ostentación de este incidente, que quedó apenas conocido de pocas personas, y que al haberse hecho notorio le habría conquistado desde entonces una merecida celebridad y por esto, y por mucho tiempo cuando sus amigos íntimos se lo recordaban, les decía ruborizado: “no me hablen de eso.’’ Hoy ante la historia, el proce386


dimiento del ayudante Rázuri, fue el decreto resorte de que se valió la Providencia para acelerar el definitivo triunfo de la gran causa de la independencia, y que al no haber sido puesto en práctica, habría prolongado por mucho tiempo el término de esa ruda contienda, como lo reconocen todos los historiadores que se han ocupado de la importancia de la función de armas que nos Ocupa. El Capitán Rázuri, siguió peleando las batallas de la independencia, concurriendo por tanto a la gloriosa de Ayacucho, en la que fue del número de los recomendados nominalmente por su distinguido, comportamiento; al encuentro de Matará; a la del Alto Perú contra Olañeta; y a la que se emprendió mas tarde contra los rebeldes de Iquicha, que por decreto supremo se declaró campaña; asistiendo finalmente a la del Pórtete de Tarqui en 1829. Concluidas, estas jornadas, como ni su propósito ni el de su acomodada familia hubiese sido hacer profesión de la carrera de las armas; como de otra parte divisase la anarquía en que iba a envolver al país la ambición de los caudillos militares, pensó ya en retirarse del servicio. Era entonces Teniente Coronel, y tenía el mando del famoso escuadrón ‘‘Húsares”, vencedor en Junín, que llevaba este glorioso título. Pero era aún mas que un simple Jefe de cuerpo, según queda demostrado Era el vencedor do Riobamba, Pichincha, Zepita, Junín y Ayacucho, las mas importantes y reñidas batallas que completaron la independencia de Colombia, e hicieron la de Perú y Bolivia; era ciudadano benemérito de Colombia y de Bolivia por voluntad de esas Naciones, y en su pechó lucían las condecoraciones que la gratitud de las mismas había otorgado a sus libertadores. ¡Gloria tanta era cuanto podía caber en el pecho del ciudadano de una República! Para tener el noble orgullo de decir: “He cumplido mis deberes para con la patria;” caudal mas que suficiente tenía ya el Teniente Coronel Rázuri. Retiróse, pues, del servicio en 1834. A haber continuado en el siguiendo las oscilaciones de nuestra política, es seguro 387


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que habría ascendido a los mas altos puestos del escalafón y aca- so de la Magistratura, como ascendieron muchos de sus contemporáneos y aun subalternos, acaso con menos, merecimientos. Solo en 1889, separándose de su propósito, tomó parte en la política de aquella época, desempeñando la Gobernación y Comandancia General de la provincia litoral de su residencia, que le confirió su antiguo jefe él General Santa-Cruz, de quien era decidido partidario, creyendo sinceramente, como muchos hombres notables del Perú, que ese caudillo estaba llamado por su notoria honradez y sus distinguidas cualidades a enfrenar la tremenda anarquía que devoraba al país y a fundar un Gobierno de estabilidad, orden y progresó...... Caida esa administración, cuyo servicio le ocasionó serias dificultades en el lugar de su residencia, se sepultó, puede decirse, en sus haciendas de Tambo Grande y Pelingará, a donde apenas le llegaban los ecos de nuestras disenciones intestinas, que lamentaba con todas las veras de su honrada alma, así como rebozaba en eutusiasmo cuando veía asomar un sistema que ofrecía labrar la ventura de esa patria, a cuya fundación había cooperado tan eficazmente. Allá en su retiro le llegaron en 1842 y 1854, los despachos de Coronel graduado y Coronel efectivo que le confirieron respectivamente las autoridades de esas épocas, en atención a sus antiguos y ^limpios servicios, que no habían sido debidamente recompensados. . Aunque rodeado de los goces de su familia y de las comodidades de su fortuna, había, en el fondo dé su alma un yació que impedía fuese su existencia tan tranquila y placentera como debiera, atendida su pura, conciencia de hombre y de ciudadano. Era la ausencia de su pueblo natal. El modesto pueblo donde vió la luz primera, allí donde estaban los sitios que frecuentó en la época florida de su juventud, allí donde moraban sus deudos y los amigos de su infancia, allí; donde estaban los sepulcros de sus hermanos y los registros de su nacimiento, como el del suyo propio era un talismán que le impelía a ellos con una fuerza verdaderamente irresistible. ¡Noble y generosa aspiración! 388


“Quiero ir a morir a mi pueblo,” decía sin cesar a sus hijos, cuando el frio de los años le hacía presentir el próximo término de su peregrinación. Y sus afectuosos hijos satisficieron sus votos y le trajeron a sus suspirados lares. En ellos pasó el último lustro de su vida: en ellos acaba de volar su noble alma a la eternidad. Con efecto: en la solitaria mansión del Cementerio de esta ciudad, distinguese un grupo de pobres nichos que cubren los restos de cuatro hermanos Rázuri, don Santiago, don Miguel, don Casimiro y don Andrés. Los dos últimos representan al postrero y al primero de la progenie Rázuri (que a pesar de haber venido al mundo a la distancia de cerca de cuatro Iustros, se dieron cita para abandonarlo casi en un mismo mes,) progenie de hombres buenos en la extensión de la palabra; que honraron y enaltecieron su pueblo por su fortuna, rus relaciones y sus merecimientos, y que a uno de ellos tocó, como queda demostrado, honrar y enaltecer la historia de su patria. Allí, en esa lúgubre y cuádruple fosa; hay no solo hombría de bien y merecimientos personales, suficientes a conquistar las adhesiones de la sociedad, sino altar, virtudes, cívicas y heroísmo , que imponen a todos, ineludiblemente, el santo deber de la gratitud. Acerquémonos reverentes a esas tumbas y oremos sobre ellas y reguémoslas con nuestras lágrimas, porque esta es la ofrenda, ofrenda única que se merecen y que recibir pueden, los que hicieron su peregrinación en la tierra, dejando huellas de grato recuerdo y provechosas enseñanzas. San Pedro, Enero 5 de 1883

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