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UN PATRIMONIO CULTURAL INMATERIAL DE LA INDUSTRIA TEXIL POR RESCATAR

María Teresa Ventura Rodríguez BUAP Introducción La ponencia versa sobre la importancia que tienen los testimonios de los ex obreros y empleados que laboraron en La Constancia Mexicana, una fábrica textil que constituye un hito en la historia económica y social de la región poblana, por haber sido la primera en utilizar maquinaria moderna movida con energía hidráulica. Dicha factoría cerró sus puertas en 1991, y gracias al interés de la comunidad y al trabajo de investigación y difusión realizado por académicos, el gobierno estatal comenzó recientemente a rescatar y consolidar el inmueble; pero aún está pendiente la instauración de un museo que de fe de la memoria del trabajo en dicho sitio industrial, que ya está inscrito en la Lista Indicativa de Patrimonio Mundial. En esta perspectiva resulta medular el rescate de la historia oral de los protagonistas que de fe de las formas de ver y entender la producción textil, del significado de su labor dentro y fuera del espacio fabril, de sus vivencias, conocimientos, destrezas y aportaciones. No se puede valorar un patrimonio cultural industrial, sin considerar lo inmaterial (la memoria industrial y del trabajo). Por eso es necesario que se incorporen al proyecto de preservación y rescate de dicha fábrica, todos aquellos que le dan sentido al edificio industrial emblemático; resultaría imprescindible su participación en recorridos al sitio (espacios de producción, vivienda, campo deportivo, etc.). Y que los ex obreros y ex empleados estén en permanente contacto directo con los visitantes.


Las historias de vida y las colectivas como elementos de la cultura inmaterial, dan significado al bien cultural patrimonial; en este caso al sitio de La Constancia Mexicana, que dio identidad al lugar. Esta comunicación se inscribe dentro de un proyecto más general referente al rescate de la cultura industrial del corredor textil del río Atoyac que empezó a conformarse a partir de la instalación de La Constancia Mexicana. En este texto se anota una breve semblanza de la factoría, luego se hacen algunas consideraciones sobre la importancia de los testimonios orales de sus protagonistas, y termina con la presentación de algunos relatos.

Breve semblanza de la fábrica La región poblana tuvo las condiciones propicias para el arranque de la industria textil mecanizada. Después de haber logrado México su independencia de España, surgió el interés entre un grupo de la élite política y económica por el desarrollo industrial; se trataba de pudientes con espíritu innovador que estaban dispuestos a arriesgar su capital. Los recursos con que se inició la temprana industria poblana provinieron fundamentalmente de la acumulación que lograron esos empresarios en el comercio de textiles, rubro que fue una de las principales actividades económicas de la ciudad de Puebla. Pero el factor esencial que coadyuvó a la instalación de fábricas textiles, fue la materia energética, la fuerza motriz que provenía del agua de los ríos, misma que había servido para el funcionamiento de los molinos de trigo; el sistema hidráulico de éstos se aprovechó para los primeros establecimientos fabriles. Para la instalación de La Constancia Mexicana sus fundadores Estevan de Antuñano y Gumersindo Saviñón) invirtieron las ganancias que habían obtenido de


sus actividades comerciales y aprovecharon el apoyo del Banco de Avío y otros créditos que consiguió Antuñano. El establecimiento empezó con la producción de hilo y a los tres años incorporó el tejido de telas para producir mantas burdas para el consumo popular, para lo cual se realizaron las edificaciones que incluían un área especial para las ruedas motrices hidráulicas. Las construcciones para dicho proceso productivo se iniciaron en 1831; al año siguiente se empezaron a introducir algunas máquinas. Comenzó a funcionar en 1835 con 2500 husos y otra maquinaria para la preparación del hilado. Hasta 1839 se introdujo el tejido, para lo cual se construyó otra parte de la factoría, que Antuñano llamó La Constancia Mejorada, donde se instalaron 90 “telares de poder”. En ese año Saviñón se separó de la compañía, quedando Antuñano como único propietario. Para 1843 la fábrica poseía ya 7,680 husos y 113 telares. 1 A pesar de haber tenido Antuñano grandes dificultades económicas en los primeros años de operación de su fábrica, logró buenas ganancias. Pero no estuvo libre de deudas. En ese tiempo las dimensiones de la fábrica crecieron al ampliarse el equipo industrial, principalmente el de tejido. De hecho el dueño hablaba de dos locales, cada uno con su rueda motriz.2 Estos espacios se conocieron posteriormente como la “Sala Vieja” y la “Sala Nueva”. El dueño de la empresa consideró importante la edificación de viviendas para los trabajadores, una botica y una escuela para los hijos de los operarios. El aspecto que tenía la fábrica fue motivo de admiración por importantes personajes que la visitaron. La belleza y comodidad que poseía la fábrica fueron apreciadas

1

Estevan de Antuñano, Obras, Documentos para la historia de la industrialización de México, Secretaría de Hacienda y Crédito Público, México, 1979, p. 519. 2

Ibid., p. 520.


por Madame Calderón de la Barca y Manuel Payno. La primera señaló que: La Constancia Mexicana era más una residencia veraniega que un establecimiento industrial”; el segundo personaje dijo que se trataba de “un edificio hermoso, sólido y bastante cómodo para la operación de la maquinaria y para la vivienda obrera”.3 Antuñano fue dueño del establecimiento hasta su muerte, acaecida en marzo de 1847. Después la factoría quedó en manos de sus herederos (esposa e hijo mayor), quienes tuvieron dificultades para operarla y se endeudaron mucho. Por este motivo en 1865 se le adjudicó a Pedro Berges de Zúñiga como pago. El nuevo propietario arrendó las dos salas de la factoría durante 30 años a diversos empresarios. En 1895 la adquirió Antonio Couttolenc, quien renovó toda su maquinaria, introdujo telares ingleses y aumentó el equipo industrial. A su vez, este francés la vendió en 1905 al español Francisco M. Conde. Este empresario la amplió y remodeló dándole otra fisonomía que reflejaba la modernidad y el estilo afrancesado propio del Porfiriato. A su muerte la fábrica pasó en 1910 a manos de su viuda, Ángela Conde; ella padeció muchos problemas financieros que la llevaron a declararse en quiebra en 1922; tuvo que ceder la factoría a un grupo de sus acreedores compuesto por españoles y franceses; ellos tomaron en sus manos la fábrica; para operarla, fundaron en 1924 la compañía La Constancia Mexicana S.A. Al poco tiempo, alrededor de 1930, la

familia Barbaroux, conformada por

barcelonettes, adquirió la factoría con la misma razón social. Los nuevos dueños introdujeron

mejoras

tecnológicas,

hicieron

muchas

mejoras

al

complejo

arquitectónico, acondicionaron nuevos espacios y aumentaron la infraestructura

3

Ver, Madame Calderón de la Barca, La vida en México durante una residencia de dos años en ese país, Edit. Porrúa, México D.F., 1968 y Manuel Payno, “Un viaje a Veracruz en el invierno de 1843”, en El Museo Mexicano, imprenta de Ignacio Cumplido, México 1844, citados por Juan Carlos Grosso en : Estructura productiva y fuerza de trabajo. Puebla 1830-1890, Cuadernos de la Casa Presno No. 2, Centro de Investigaciones Históricas y Sociales del Instituto de Ciencias de la Universidad Autónoma de Puebla, Puebla 1984, p. 62.


industrial. Durante los años 1924-1955, la fábrica gozó de su máximo esplendor. Después sufriría una paulatina caída. La razón social (La Constancia Mexicana, S. A.) perduró hasta 1960. En ese año se presentó un conflicto económico y una huelga obrera que duró cerca de 3 meses; por esos motivos cerró temporalmente el establecimiento. Entonces los Barbaroux reestructuraron la compañía; incorporaron a nuevos socios y ampliaron el capital social; la empresa quedó bajo la denominación: La Constancia Mexicana 1960, S. A. Con una efectiva dirección técnica de Eloy Pellón, la actividad fabril se recuperó al elaborarse nuevos productos, como la toalla de algodón. Sin embargo hubo problemas en el proceso productivo al utilizar la fábrica maquinaria obsoleta. La planta productiva fue renovada en varias ocasiones, principalmente durante el Porfiriato y los años treinta del siglo XX; sin embargo, después de la Segunda Guerra Mundial y la Guerra de Corea, la maquinaria sufrió un marcado desgaste al trabajar a toda su capacidad para satisfacer el mercado interior y exterior. Sus dueños de ese tiempo no introdujeron máquinas nuevas, sólo hicieron adaptaciones a las existentes. La obsolescencia de la planta productiva era notoria para 1959. Ante la baja productividad y encarecimiento de las materias primas, era inminente en 1971 el cierre de la factoría. Al ser incosteable su propietario optó por dejárselas a los operarios en 1972 como saldo finiquito de las deudas que tenía con ellos por concepto de prestaciones del Contrato-Ley. Los trabajadores ya como dueños fundaron en 1976 una sociedad cooperativa de producción y lograron con una serie de dificultades mantener su centro de trabajo, mismo que fue expirando paulatinamente hasta llegar al cierre definitivo, acaecido el 11 de septiembre de 1991. Los cooperativistas enfrentaron un

suntuoso proceso jurídico por la

propiedad, hasta que finalmente el gobierno del estado expropió la ex fábrica para


instalar un centro cultural y un museo. El inmueble paulatinamente se fue deteriorando. Con la llegada del nuevo gobierno estatal en el 2011 se iniciaron los trabajos de restauración; falta gran parte por restaurar y rescatar. La Constancia Mexicana fue el primer eslabón de una industria que se convirtió en puntal del sector manufacturero del país y columna vertebral de la economía poblana. Este sitio industrial no sólo fue una fábrica de hilados y tejidos, sino un espacio social que dio pie a la conformación de un centro poblacional de gran envergadura. Los vestigios industriales de dicha factoría conforman un valioso patrimonio que condensa conocimientos, experiencias y vivencias de los diversos actores sociales que pasaronn a formar parte de la memoria colectiva e histórica de la comunidad. Los componentes de ésta son sustantivos de la identidad cultural. Con el fin de rescatar, revitalizar y conservar dicho patrimonio, es conveniente instalar un museo que sea testimonio de la cultura industrial y de la memoria laboral textilera, utilizando la infraestructura fabril existente. Es urgente rescatar los espacios de la producción, los anexos, la maquinaria, la infraestructura hidráulica y eléctrica existente. Todo esto debe conservarse in situ, a manera de fábrica-museo. Lamentablemente las obras que se están realizando han borrado muchos testimonios de la vivienda obrera y del entorno natural. Faltan muchos bienes por valorar y conservar, como la subestaciones eléctricas, el sistema de bandas y poleas, las turbinas, telares, tróceles, el cárcamo, el taller de refacciones con sus modelos de madera, el taller mecánico y carpintería, las calderas, los humidificadores. Importante también resulta rescatar el patrimonio inmaterial a través de la participación de ex obreros y empleados en recorridos del museo, y con


programas de historia oral. El recurso cultural puede potenciarse con fines sustentables.

Consideraciones sobre el rescate de la memoria colectiva Para la defensa del Patrimonio Industrial, resulta fundamental la investigación y el estudio de sus aspectos inmateriales, de la memoria y las culturas del trabajo, que son testigo y testimonio de la historia y que posibilitan el traslado de parte de esa historia a las generaciones futuras. La memoria del trabajo debe ser concebida como una parte esencial del patrimonio industrial; realizar trabajos desde esa perspectiva, puede ser un camino adecuado para la recuperación de una parte del legado industrial. La cultura del trabajo modula significativamente las prácticas sociales y la cosmovisión más allá de la esfera productiva.4 En ese sentido la vida cotidiana de los trabajadores está permeada por los esquemas de percepción que emergen de las trayectorias laborales. El recurso de las memorias obreras, (a través de testimonios orales (biografías, relatos, et.) es imprescindible para entender y poder explicar la industria, el trabajo, en su contexto social más próximo. En este marco son muy importantes los testimonios orales de quienes laboraron en la factoría, para visualizar y entender sus vivencias e historias de esfuerzo y sacrificio en sus lugares de trabajo, pero también fuera del espacio fabril donde convivieron (como la vivienda, la iglesia, el campo deportivo, etc.) generando un lugar de identidad y un sentido de pertenencia. Las identidades colectivas no se generan en el vacío, sino que dependen para si creación de un universo simbólico compartido, impregnado 4

Pablo Palenzuela, “Las culturas del trabajo, una aproximación antropológica”, en Sociología del Trabajo, Nueva época, no. 24, noviembre de 1995.


de imágenes, representaciones y valores comunes; una esfera que corresponde a un mundo social más amplio. La organización de la vida familiar de los operarios está en función del horario de trabajo; las fiestas en el barrio o colonia son un espacio propicio para las relaciones sociales. El deporte es otro elemento de socialización importante, es una manera de ampliar sus relaciones y un medio para ingresar a la fábrica. Las actividades en los diferente espacios ayudan a fortalecer los lazos de identidad.5 Los relatos de vida nos dan la posibilidad de entender en otra dimensión y en otros ritmos los acontecimientos más generales ocurridos en torno a la vida de los individuos; proporcionan voces con calidad y verosimilidad, pero sobre todo, la visión y versión propia de los actores involucrados e inmersos en el mundo de lo cotidiano. Esos testimonios directos, sin intermediaciones contribuyen a la “visibilización” de los actores sociales.6 Los trabajadores y los empleados encarnan las huellas de los procesos de trabajo, de la historia laboral, de sus formas de vivirlas. Las fórmulas de la entrevista o la historia de vida funcionan bien para acercarnos con mayor holgura a esos territorios tan escurridizos, como son los ámbitos de las actitudes, vivencias y expresiones subjetivas. (Arqueología…)869. En este sentido la recuperación de la memoria del trabajo resulta fundamental.

5

Mario Camarena Ocampo, “Los tejedores construyendo la artesanía. Cambios y continuidades en la identidad de los artesanos. Generación e identidad”, en Aceves Lozano, Jorge E. (coordinador), Historia oral. Ensayos y aportes de investigación, Ciesas, SEPCONACYT, 2ª. Edic. México, 2000. 6

Ver, Joutard, Philippe, Esas voces que nos llegan del pasado, , FCE (popular 345), México,

1986.


Con las historias de vida se reconstruye tanto el patrimonio tangible como el intangible (inmaterial). A manera de recordatorio, es conveniente señalar lo que ha asentado la UNESCO

en

relación

al

patrimonio

inmaterial

como:

“las

prácticas,

representaciones y expresiones, los conocimientos y las técnicas que procuran a las comunidades, los grupos e individuos un sentimiento de identidad y continuidad”. Los instrumentos, objetos, artefactos y espacios culturales asociados a esas prácticas forman parte integrante de ese patrimonio. El ICOMO ha recalcado la relación dialéctica que existe entre patrimonio material e inmaterial “lo tangible logra mostrarse en toda su riqueza en tanto deja al descubierto su alma intangible. Por su parte lo intangible se vuelve más cercano y aprehensible en tanto se expresa a través del soporte de lo material”.7 El TICCIH ha señalado que el patrimonio industrial no solo comprende los restos de la cultura industrial que poseen valor histórico, científico, tecnológico social y arquitectónico, ya sean edificios, máquinas, los medios de transporte y sus infraestructuras, así como los sitios donde se desarrollan las actividades sociales relacionadas con la industria, la vivienda, el culto religioso o la educación, y a las expresiones relativas a la influencia de esas actividades productivas en la sociedad. En esta perspectiva cobra especial importancia la transmisión oral, (escrita o documental) de las formas de ver y entender la vida

7

Álvarez Areces, Miguel Ángel (Editor), Patrimonio Inmaterial e Intangible de la Industria. Artefactos, Objetos, Saberes y memoria de la Industria, Colección: Los ojos de la memoria no. 12, INCUNA, España, 2012. p. 14.


ligada a actividades sociales, económicas o tecnológicas; esto nos habla nítidamente del patrimonio inmaterial e intangible.8

Muestras de testimonios Los testimonios que se presentan corresponden a protagonistas que laboraron en los últimos años en que operó la factoría; su importancia radica en que dan fe de la vida productiva y social que generó el centro fabril; sus relatos poseen un gran valor histórico, cuya calidez y subjetividad permiten palpar texturas sociales de otros tiempos, que de otra manera no se podría detectar. Esos testimonios coadyuvan a recopilar las vivencias de los ex trabajadores desde su propia voz. La memoria recogida de antiguos trabajadores nos ha facilitado reconstruir el contexto material de la actividad productiva, recuperando espacios, lugares, experiencias de trabajo, desvelando en definitiva el entramado de vínculos y relaciones sociales que dieron vida al lugar. Pero también los testimonios nos han esclarecido la dinámica social y cultural de la comunidad. Los entrevistados han proporcionado información que no contempla

la

documentación

de

archivo,

sobre

todo

la

referida

al

comportamiento de la patronal dentro del espacio fabril y de las actitudes mismas de los trabajadores respecto a la disciplina en los espacios de trabajo. Muy ricos han sido los testimonios referentes a la vida sociocultural de la comunidad; nos han hablado de la escuela, las celebraciones familiares, festividades religiosas, eventos cívicos y sindicales, del deporte y de los grupos

8

Ibid. P. 13.


musicales.9 Hay mucho trabajo por delante; se hace urgente continuar con el rescate de testimonios orales, que muchas veces, son los medios para recabar material fotográfico de gran valor histórico. Por ahora se han tomado, como muestra algunos testimonios referentes a aspectos nodales de la vida fabril y de la comunidad en general.

La fábrica como ciudad El ex trabajador de La Constancia Mexicana, Sixto Méndez nos dice: “Que la fábrica era como una pequeña ciudad, había escuela, equipos de fútbol y de béisbol, edificio sindical y otras instalaciones”. Este testimonio se relaciona con la apreciación de Mireya, quien considera que: “La ciudad es un conjunto de espacios que e una u otra janera satisfacen las necesidades (materiales, culturales, Etc.) de la población que vive en el, y que en esos lugares los individuos trabajan, viven y se relacionan con los demás formando grupos sociales (la familia, la comunidad religiosa, el barrio, el vecindario, etc.). La Constancia Mexicana, dice, es un espacio delimitado, ordenado, y con funciones específica (productiva y de vivienda), lleno de sentido social y económico, con sentimientos y recuerdos que hacen posible no sólo el uso sino el conocimiento y reconocimiento de ese espacio por parte de los hombres que lo habitan y usan.10

Cierre de la factoría

9

Ver, María Teresa Ventura Rodríguez, Una mirada al sindicalismo de ayer a través de La Constancia Mexicana, BUAP, Puebla, México, 2011. 10 Ver, Viladevall i Guash, Mireia. La Conservación del Lugar y la Memoria, Cuadernos de CIPIDAU, Edit. Facultad de Arquitectura-BUAP y Grupo Interuniversitario de Montreal, Ciudades y Desarrollo, México 1999.


Uno de los testimonios del señor Saúl Sosa se refiere a hechos importantes en la vida de la factoría, nos dice que: “Llevaron telares que trabajaron en La Hormiga, Miraflores y San Antonio Abad; esos telares los volvieron toalleros. Los patrones no invirtieron en maquinaria nueva. Los obreros con un sentido de solidaridad, habían decidido hacer aportaciones para que el dueño pudiera modernizar la maquinaria. No hubo reinversión; se empezaron a endrogar los patrones y comenzaron a trabajar con números rojos. El 29 de abril de 1972, Miguel Barbaroux, dueño de la fábrica, nos dijo: aquí están las llaves, aquí están las escrituras y este es el pago de la indemnización que les corresponde a todos ustedes. El 11 de septiembre de 1991, miércoles cerró la fábrica; a la 1 de la tarde paró el motor del último telar de la Constancia Mexicana”. Cuando habló de que paró el último telar, se le llenaron los ojos de lágrimas, pues, para los obreros, y para él en particular, fue muy doloroso ver que terminaba la vida productiva de su centro de trabajo que habían mantenido con dificultades y sacrificios por casi 20 años. Sobre este hecho también hablaron otros obreros, el día del cierre; hicieron referencia a la situación tan lamentable que los obligó al cierre, como el encarecimiento de las materias primas y la competencia en el mercado, ya no era competitiva la factoría con su maquinaria obsoleta. De ello nos habló ampliamente el líder Manuel Cholula. También el señor Enrique Solar habló sobre el cierre. Relató que el patrón dijo al representante del sindicato: “aquí están las llaves, y hagan ustedes de la fábrica, lo que quieran, véndanla o hagan lo que puedan. Ahí está la fábrica, no tengo con que liquidar.” Don Saúl al igual que otros informantes hacen hincapié en que la empresa, en una actitud paternalista, les dejó la fábrica, y poco hablan del enriquecimiento de los Barbaroux, con las ganancias obtenidas de sus fábricas.

Reducción del tejido


A La Constancia Mexicana llegaron a principios de los años cincuentas del pasado siglo, dos trabajadores de laboraban en La Hormiga”, para acondicionar los telares que empezarían a producir toalla, ellos fueron el maestro de tejido José Corona Martínez y Fidel Palomares.11 El primero nos relató la manera en que desarrolló su arduo trabajo para transformar los telares planos en toalleros, pero también nos habló de la reducción paulatina que se fue dando en el número de telares, desde que llegó (en 1953) hasta el cierre de la factoría, nos anotó el número de telares en diferentes momentos y los lugares que ocupaban. Con esos datos se constató la paulatina caída de la producción de telas.

Los dueños (familia Barbaroux) Algunos de los empleados que fueron de la fábrica, con mucha emoción dieron su testimonio referente a los dueños de la factoría. El señor Alfonso Valdés señaló que: “Miguel Barbaroux (último dueño), fue hijo de Fernando Barbaroux; que Pablo Barbaroux fue hermano de Fernando, ellos se enriquecieron con la herencia de Desiderio Robert, hijo de don Sebastían Robert. Estos empresarios tenían propiedades y despachos en París”. También el señor Ramón Martínez Jara, quien laboró un tiempo en el almacén de refacciones y luego como responsable del despacho, platicado en varias ocasiones de lo surtido y extenso que era ese almacén, donde habían todas las refacciones necesarias para la maquinaria ubicadas de manera ordenada acorde con la cadena de producción. También fue un aficionado del béisbol al igual que la gran mayoría de obreros.

11

Ver, “El tejido en La Constancia Mexicana, voces de su pasado”, en Mirada Antropológica, Nueva época Nos. 8 y 9, Fac. de Filosofía y Letras-BUAP. 2009-2020.


El béisbol Del béisbol se han rescatado una serie de testimonios, que nos hablan de la importancia que tuvo ese deporte, mismo que fue un estandarte de identidad (un patrimonio cultural inmaterial heredado). La empresa y el sindicato obrero lo impulsaron mucho. Los señores Fidel Hernández y Enrique Sánchez, no sólo nos han proporcionado muchas informaciones sobre su trayectoria beisbolera dentro de La Constancia Mexicana, sino también han proporcionado una gran cantidad de fotografías (que también son son patrimonio cultural inmaterial).

Actividades laborales Resulta interesante conocer la forma en que desarrollaban sus actividades en sus lugares de trabajo. Así, por ejemplo, el señor Efrén Carranza describe su trabajo como atador, con el cual ingreso a la factoría: “Poníamos la tela en un bastidor, y con un ganchito la colocábamos en un peine y se repasaba ahí la tela; yo atoraba los hilos y los jalaba, era ayudante”. Don Simón Arroyo, nos comentó que: “Entró como aprendiz en el departamento de hilaza donde empieza el procesamiento del algodón que sale de los batientes. No le parecía ese trabajo porque desprendía mucho polvo, pensaba que no era su futuro. Habló con su papá, trabajó allí sólo un mes. Salió un tiempo para laborar como aprendiz en un taller mecánico, y volvió a regresar a la factoría, como mecánico de telares; le dieron la planta gracias a que destacaba en el béisbol”. Enrique Solar, hijo del destacado líder Nicanor B. Solar, refirió: “Ingresé a laborar en el lugar donde trabajaba mi papá, en el tejido.. En preparación conocías el proceso de toda la hilatura, y en medio año aprendías todo. Entonces ya terminabas tu aprendizaje y te podían mandar a las cardas si había lugar, o a cualquier lugar del departamento de hilatura. Hilaza y preparación se llamaba el departamento, incluyendo el batiente.. Pero yo me esperé para que fuera tejedor, terminé siendo correitero. Primero fui oficial y en el cuarentaicinco ya me dieron mi lugar de tres telarcitos planos que hacían manta. Porque allá los puestos eran de tres y cuatro telares, , pero primero empieza uno con res, entonces si veían que te capacitabas bien te daban uno


más, te ganabas el lugar, y ya ganabas más con otro telar. En la hilatura o en el tejido, eran los mismos oficiales los que nos ponían a aprender con ellos; en preparación era nada más un año. Y si te capacitabas luego te daban tu lugarcito, desde cardas y tróciles, estiradores o en las coneras para preparar todo para el tejido. El batiente era la entrada, donde se recibía el algodón en pacas y entregaban el algodón en rollos para que lo cardaran. Luego lo pasaban a los estiradores, y de los estiradores a los tróciles, y de ahí ya hacían hilo para hacer tela y trama. Las tramas son las canillas para meter la lanzadera para el tejido en los telares de lanzadera con chicotes. Por eso nosotros tuvimos problemas; la empresa nunca modernizó la maquinaria porque no tenía dinero.”12 La Vivienda obrera La señora Guadalupe Meléndez, quien trabajó como cocinera en la vivienda del administrador, y fue esposa del maestro Cipriano Sandoval, nos ha platicado sobre la vida en el caserío anexo a la fábrica; refiere que habían lavaderos y baños comunitarios; que las casas consistían, en un principio, en 2 cuartos, pero que cuando los trabajadores se convirtieron en cooperativistas, su líder amplió las viviendas. También a relatado la forma tan majestuosa como celebraban a la patrona de la fábrica: La Virgen de Guadalupe, el 12 de diciembre. Esta festividad se sigue realizando pero de manera diferente en la capilla de la fábrica; doña Lupita es una ferviente guadalupana. Estos testimonios contribuyen a preservar la memoria intangible de la factoría; permitieron recoger las vivencias de algunos ex trabajadores y empleados desde su propia voz, para quienes la fábrica fue su casa, el lugar donde construyeron y dejaron sus experiencias de vida. Con estas entrevistas se contribuye a preservar la memoria intangible de la fábrica.

12

Ver, Victor Medina Urizar, “La nostalgia de los viejos”, en Intolerancia,6 de enero de 2002.


Consideraciones finales Con la fundación de La Constancia Mexicana no sólo se innovó el sistema en la producción de textiles, sino también se instauró en Puebla un nuevo modelo constructivo que sirvió de ejemplo para otros empresarios, en particular para aquellos que instalaron fábricas a las orillas del río Atoyac, donde se conformaron centros fabriles con sus amplios patios, jardines, su capilla religiosa, viviendas para los obreros y empleados, escuelas, campos deportivos e instalaciones sindicales. El inmueble de la ex fábrica es un Monumento Histórico y de acuerdo a lo establecido por la Ley Federal de Monumentos y Zonas Arqueológicas, Artísticos e Históricos de 1972, debe ser protegida (como sitio con toda su infraestructura y maquinaria In situ), ya que evidencia un suceso importante de nuestra historia: el arranque de la industria textil mecanizada en la región. .El sitio constituye un patrimonio arquitectónico urbano de una ciudad que alcanzó fama y riqueza gracias a la producción de textiles. Es un Conjunto Monumental de gran valor significativo por sus características arquitectónicas y su relación con hechos sociopolíticos y económicos del pasado.13 Su herencia patrimonial contiene un bagaje cultural tangible e intangible digno de revalorar. Los trabajos de consolidación que se realizan actualmente para la salvaguardia del inmueble, constituyen un avance en la salvaguarda del patrimonio tangible, pero urge intensificar el rescate de la memoria colectiva de los protagonistas que sirva de sustento para documentar los espacios del conjunto arquitectónico, no se debe dejar al margen el patrimonio intangible que legó la actividad fabril. 13

No olvidemos que de acuerdo con lo establecido en el Artículo 1 de la Carta de Venecia en 1964, la noción de Monumento Histórico, comprende tanto la creación arquitectónica aislada, como el sitio urbano o rural que ofrece el testimonio de una civilización particular, de una fase significativa de la evolución, o de un suceso histórico que con el tiempo adquirió un significado cultural.


ILUSTRACIONES

primera fachada de La constancia Mexicana, año 1835.

Vista lateral actual de la fábrica, donde se ubica la administración y espacios productivos.


Bibliografía y Fuentes Antuñano, Estevan de, Obras. Documentos para la historia de la industrialización de México, Secretaría de Hacienda y Crédito público, 2 vols. (Alejandro de Antuñano y Horacio Labastida, eds.), México 1979. Álvarez Areces, Miguel Ángel (Editor), Patrimonio Inmaterial e Intangible de la Industria. Artefactos, Objetos, Saberes y memoria de la Industria, Colección: Los ojos de la memoria no. 12, INCUNA, España, 2012. Aceves Lozano, Jorge E. (coordinador), Historia oral. Ensayos y aportes de investigación, Ciesas, SEP-CONACYT, 2ª. Edic. México, 2000. Joutard, Philippe, Esas voces que nos llegan del pasado, , FCE (popular 345), México, 1986. Ventura Rodríguez, María Teresa, Una mirada al sindicalismo de ayer a través de La Constancia Mexicana, BUAP, Puebla, México, 2011. Viladevall i Guash, Mireia. La Conservación del Lugar y la Memoria, Cuadernos de CIPIDAU, Edit. Facultad de Arquitectura-BUAP y Grupo Interuniversitario de Montreal, Ciudades y Desarrollo, México 1999.

Fuentes Entrevistas orales a trabajadores y empleados



T5.3 Teresa Ventura