Issuu on Google+

El Sastre del Gol POR: CONSTANTINOS PAPAILIAS O. Un jugador de fútbol lo mínimo que necesita son ganas de jugar y un par de guayos. Eladio Vásquez Ortiz, en sus inicios, no contaba con los botines dentro de su armario. Le llegaron después, cuando le prometieron que si durante un partido anotaba dos goles, se los regalaban. ´El logró convertirlos y así pudo obtenerlos para sus partidos. Hijo de un pescador y una madre partera, Eladio se veía obligado a jugar fútbol en barrios diferentes al de su residencia. Proveniente de una familia humilde, su padre, no quería que él jugara fútbol porque entre otras razones, dañaba sus zapatos y ropa del colegio. Su primer equipo se llamó El Pacífico y ahí llegó cuando el entrenador de dicho conjunto lo vio jugar y lo invitó. Gracias a su buen desempeño como jugador, sus amigos le propusieron ser entrenador y capitán de un nuevo ‘combo’. Millonarios fue el nombre y se trató de un equipo de barrio de Tumaco. Fue ahí cuando Eladio consiguió sus primeros guayos marca Príncipe. Hasta este momento, Eladio era simplemente un pelado más jugando fútbol, aunque sí se destacaba y la gente hablaba bien de él. Pero no había ganado nada ni tampoco alguien importante lo había premiado. Las ilusiones llegaron por medio de la selección del colegio Liceo Nacional Maxseidel, cuando jugó al lado de Willington Ortiz y “Paché” Andrade. “Con Willington fuimos compañeros de varios equipos en Tumaco y seguimos siendo buenos amigos, pero en esa época conocí a Paché Andrade que era un jugador muy regular, pero como cosas de la vida desde esa época él se hacía en la raya y empezaba a narrar los partidos.” Luego sería Carlos Reina quien lo invitaría a jugar con un equipo llamado Independiente, que posteriormente sería renombrado Junior. “Fue un equipo de acero, no por su potencia sino porque siempre perdíamos de 5-0 o 6-0. Es ahí cuando el dicho del profesor Francisco Maturana, perder es ganar un poco sirve y tiene base. Ese Junior, luego, fue un buen equipo y de ese salieron cuatro jugadores profesionales: Churta Ortiz, que jugó en Millonarios, Jacob Quiñones, jugador del Santa Fe, el mismísimo Willington Ortiz y él. En séptimo de bachillerato abandonó el estudio y, como él dice, “al viejo le dio muy duro que yo dejara el estudio por andar dando patadas al balón” pero le gustaba el fútbol y ya tenia claro que él iba a prepararse para ser futbolista profesional. Su padre, preocupado por la situación, lo incitó a trabajar en talleres para así poder seguir una profesión. “Pasé por varios talleres, mecánica, carpintería y a la final terminé aprendiendo sastrería. Cuando yo salí para Bogotá ya era sastre, sabía hacer pantalones y camisas. Si no me hubiera salido lo del fútbol, ahí me hubiera quedado trabajando como sastre.” Eladio Vásquez hizo parte de selección Tumaco y luego de selección Nariño. Con la segunda fue que se mostró para luego poder llegar a ser profesional. En un partido amistoso contra la selección de Cauca, cuyo arquero era


James Mina Camacho, luego arquero de Santa Fe, Eladio dejó un buen recuerdo al joven arquero haciéndole dos goles. Con la misma selección, Eladio, Willington y otros talentos de Nariño celebraron el campeonato de un cuadrangular hecho con el Deportivo Cali, Millonarios, selección Buenaventura y Nariño. El equipo azucarero llevó a Pedro Antonio Sati, y al “maestrico” Arboleda. Nariño le ganó al Deportivo Cali y a la selección de Buenaventura, y empató contra Millonarios, cosa que les permitió ser triunfadores. Ese título significó demasiado para la carrera de Vásquez. Jaime Arroyave, cazatalentos de Millonarios, quedó encantado con la actuación de los dos delanteros tumaqueños, Willington Ortiz y Eladio Vásquez. Les ofreció ir a probar a Millonarios y aunque los pasajes hacia Bogotá se demoraron un mes en llegar, ellos no perdieron la ilusión de viajar hacia la capital de la República. Durante la prueba de tres meses tuvieron un cuadrangular en Aruba y fue en este momento que tanto Vásquez como Ortiz se vieron realmente como jugadores del Club Deportivo Los Millonarios. Jaime Arroyave les ofreció cinco mil pesos a cada uno a cambio de sus derechos deportivos. Eladio Vásquez habla sereno, seguro y pensativo sobre su pasado. Hay momentos en que él se alegra de los relámpagos que recuerda pero también existen los que le dificultan la situación y posición de narrador. Sentado en su silla, con una pantaloneta de tela jean y con una chaqueta de la Universidad del Tolima envía durante cada momento ese ambiente como el de una charla con un futbolista veterano. Un hombre que habla lento pero seguro de lo que dice. La experiencia tal vez de la vida, lo ha convertido en un ser humano pensativo. Eladio Vásquez no cuajó en el equipo “embajador”. En las divisiones menores siempre fue goleador, pero en el equipo de primera, las cosas no se le dieron. Gabriel Ochoa Uribe, técnico de Millonarios de esa época, decide ceder a Eladio al Pereira, que era dirigido por el profe López Fretes. Allá las cosas le resultaron mejor y con el Deportivo Pereira jugó como titular y llegó a pelear el Botín de Oro en el año 1973. Gracias a esa racha goleadora, Ochoa lo volvió a llamar pero Eladio, ya siendo goleador, solicitó un aumento de sueldo. Millonarios no quiso subirle el pago y terminó jugando en Santa Fe. “Yo tengo un record único, jugué en menos de ocho días dos clásicos capitalinos con los dos equipos. Primero jugué con Millonarios un amistoso y luego con Santa Fe que fue la primera fecha del campeonato contra los azules.” Eladio Vásquez vive en una casa en el barrio popular El Jordán, de la ciudad de Ibagué, junto a la familia de su hijo Eladio Jr. Se trata de una casa sencilla pero llena de recuerdos del ex futbolista y goleador. Fotos, premios y recortes de los periódicos cuando hacían mención de sus atributos futbolísticos, hacen parte de la decoración del interior del hogar. Sentados en el patio de la casa charlando, los vecinos transeúntes saludan con cordialidad al “profe”, incluso pasa el bus del Deportes Tolima y el lateral del equipo Pipe Bustos, saca la cabeza de la ventana y grita “Eladiooooo”. La gente de Ibagué, lo ha


abrazado y reconocido como a pocos futbolistas y esta es una de las razones por la cuales Vásquez no se fue de la ciudad musical de Colombia.

El goleador tuvo buenos momentos en Santa Fe, luego en el Deportivo Independiente Medellín, después en el Junior de Barranquilla. En el 1979 volvió a jugar para el Santa Fe y logró el subcampeonato anotando un gol en el partido decisivo en Barranquilla contra su ex Junior. Su llegada al Deportes Tolima fue más bien accidental. Eladio se fue a entrenar y prepararse con el America de Cali, que en ese entonces, 1982, dirigía Gabriel Ochoa Uribe, quien lo conocía desde la época con Millonarios y le tenía la respectiva fe. Pero los dirigentes de Santa Fe se disgustaron y como dueños de sus derechos deportivos hicieron negocio con Gabriel Camargo Salamanca y así no pudo jugar con el equipo escarlata. Vásquez, sin poder negociar con Camargo, se vio obligado a ir a Ibagué, cosa que le resultó bastante positiva. “Del ’82 al 2011 son muchos años y todavía en esta tierra con nietos y todo. Aquí me han tratado muy bien, muy bonito y muchos amigos me han preguntado por qué no me voy para Barranquilla o para Cali, pero es que yo en Ibagué vivo muy sabroso, la gente me quiere y me aprecia.” Su padre, Nicanor Vásquez Castillo de 105 años hoy en día, le dijo en alguna ocasión que le parecía imposible que él había podido comprarse un carro (Renault 4) pegando patadas a un balón mientras que él toda la vida no había podido darse ese lujo. Ya después de ver el éxito de su hijo, finalmente se alegró que el fútbol le pudo dar lo que a él la pesca no. Estaba era orgulloso de la profesión de su hijo y ya no le disgustaban las “patadas” a un balón.


De su partido de despedida y homenaje que le brindaron los mismos compañeros futbolistas no habla mucho y reconoce que fue un mal momento para su vida. Su amigo Willington Ortiz fue quién convocó a figuras como Carlos “El Pibe” Valderrama, Iván Rene Valenciano, René Higuita, entre otros, para un partido inolvidable para el tumaqueño. La Alcaldía de Ibagué, junto a la Corporación Club Deportes Tolima, también ayudó para que ese partido de homenaje se realizara. Finalmente, se logró pero el resultado fue negativo, poca gente asistió al evento, poco dinero se recogió y además salieron nuevas deudas para pagar tiquetes y estadía de los jugadores invitados. Eladio comenta cabizbajo, el momento de su retiro y posterior desaparición durante dos días, también los pensamientos que él tenía. Al fin y al cabo salió bien y sigue adelante con su vida. Eladio Vásquez Ortiz llegó a ser preselección Colombia en dos ocasiones, fue goleador en muchos equipos y quedó en la memoria de muchos hinchas y arqueros rivales. Hoy en día Eladio se dedica a ser director de fútbol, preparando jóvenes en su formación futbolística, y a ser abuelo de nueve nietos. Todas las mañana juega en el mismo patio en la entrada de la casa con el más joven, Joseph, quien es su compañía continua.


El Sastre del Gol