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N° 64 5 Consejos del Papa sobre internet y televisión

3-VIII-2015

1. Tirar libros, apagar programas. “En la época de la imagen hay que hacer lo que se hacía en la época de los libros: elegir lo que me hace bien”. Por eso, “hay que saber elegir los programas, y esta es una responsabilidad nuestra. Si veo que un programa no es bueno para mí, me pisotea los valores, me hace ser vulgar, incluso con cosas sucias, tengo que cambiar de canal. Como se hacía en mi época ‘de la piedra’: cuando un libro era bueno, lo leías; cuando un libro te hacía daño, lo tirabas”.

DE 5 A 8 AÑOS: Planes y más planes: la importancia de aburrirse

2. Huir de computadoras-esclavas. Cuidado con “la fantasía mala, la fantasía que mata el alma. Si tú, que eres joven, vives conectado a la computadora y te conviertes en su esclavo, pierdes la libertad. Y si buscas en la computadora programas sucios, pierdes la dignidad”. Tanto en la televisión como en internet “hay cosas sucias, que van de la pornografía a la semipornografía”.

MATRIMONIO: El gran malentendido

3. No a la televisión basura. Atención también “a los programas vacíos, sin valores: por ejemplo, programas relativistas, consumistas, que fomentan todas estas cosas. Nosotros sabemos que el consumismo es un cáncer de la sociedad". 4. Computadoras y televisores, en un lugar común de la casa. “Hay papás muy preocupados que no permiten que haya computadoras en los cuartos de los hijos: las computadoras deben estar en un lugar común de la casa. Estas son pequeñas ayudas que los padres encuentran” para evitar que los hijos se expongan a todo este tipo de material. HI!

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5. No comer en familia con el celular. “Estar demasiado apegado a computadoras, celulares, etc. hacen daño al in esos v alma y quitan la libertad: te hace esclavo de medios. Es curioso, en muchas familias los papás y las mamás me dicen: estamos en la mesa con los hijos, y ellos con el celular están en otro mundo".

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DE 5 A 8 AÑOS:

Planes y más planes: la importancia de aburrirse* “El aburrimiento es malo”, es una frase muy actual, pero al mismo tiempo peligrosa; porque lleva a hacer un culto del éxito y la competencia que no le permiten al niño desarrollar la tolerancia a la frustración, entre otras carencias. ¿De dónde tanta prisa por vivir? O será mejor llamarlo apuro por matar el tiempo. Los psiquiatras y psicólogos especializados en niños y adolescentes últimamente vienen alertando sobre la creciente aparición de casos de estrés en edades cada vez más tempranas. El niño sufre continuas presiones para ser el primero, el mejor, el líder. Sea en el deporte, en el estudio o incluso en los juegos de la PC. Los chicos de hoy parecen enfrentarse a toda hora a un reto por el éxito. De la mano de esta observación, viene la percepción de que “el aburrimiento es malo“. Y se advierte una especie de obsesión por evitarlo o luchar contra él. Así vemos padres que compran demasiados juguetes a sus hijos o los inscriben en todo tipo de actividades extraescolares; jóvenes, y no tan jóvenes, que ahogan su hígado en alcohol, pues creen que emborracharse es divertido, etc. Ante ciertas situaciones habituales donde aparece el aburrimiento se dan soluciones erróneas: -“¡Mamá, me aburro!”. Siéntate aquí y mira este DVD

que solo has visto una docena de veces, contesta su madre. -“¡Qué fiesta más aburrida, vámonos!”. ¡Tómate algo! Y verás como todo mejora, le dice uno de sus “amigos”. En otras, en cambio, se sobrevalora el aburrimiento y se minimizan otros aspectos: -“Mi trabajo está bien, pero es aburrido. Estoy buscando otro”. El trabajo no solo puede ser valorado en función de su capacidad recreativa. -“Vaya conferencia más aburrida”. Una conferencia no es un monólogo de humor. Aprender no siempre es divertido. Los papás han olvidado que realmente no importa que el hijo no tenga nada que hacer. Importa ese momento de


la jornada en que no está en el colegio, no tiene clase de fútbol o ballet, no está aprendiendo a tocar el piano, ni la flauta, ni el oboe, tiene los deberes hechos y la consola apagada, la computadora está en manos del padre o de la madre y todo tiene un aspecto que tiende al vacío. ¿Para qué? Primero: Aburrirse significa etimológicamente el sufrir un estado de ánimo producido por la falta de estímulo, diversiones o distracciones, es decir, el no tener con que ocuparse produce un vacío agobiante. Se trata de que se aburran para pensar, que tengan tiempo libre para que se les ocurran cosas. Sin embargo, al niño siempre le están diciendo lo que tiene que hacer. Hay tanta conciencia pedagógica sobre los menores y tanta información sobre lo que hay que hacer con ellos, que los papás lo ponen en práctica, pero de manera indiscriminada. Sin quererlo, le están diciendo al niño cómo emplear su tiempo, se lo dan todo masticado y así los hacen dependientes. Si el pensamiento se encuentra diariamente anestesiado, al final la costumbre hace que ya no se nos ocurra tener una iniciativa. Pensar exige de un esfuerzo personal que supone un compromiso. El que piensa se encuentra en la tesitura de tener que justificar lo novedoso de lo que ha dicho. Los niños de hoy, intuyen que ya no se espera tanto de ellos y que muchos adultos piensan por ellos, ofreciéndoles información ya confeccionada. Segundo: Que los hijos se aburran también ayuda a hacerlos entender que no es él quien hace girar el mundo para que se haga de día o de noche, sino que el propio mundo gira independiente de la voluntad del niño. Sirve para ayudarlos a desarrollar la ya famosa, pero poco frecuente, “tolerancia a la frustración”. Esta maravillosa capacidad, exclusivamente humana, se desarrolla por esperar aquello que queremos, o hacer el esfuerzo por alcanzarlo y es un signo de madurez emocional. Si bien no debemos crear situaciones frustrantes, los padres deben fomentar diversiones activas ya que las pasivas no ayudan a que el niño aprenda la importancia de un día igual a otro. Actividades excitantes y que no requieren esfuerzo, deberían darse de vez en cuando, para evitar la saturación... Todos estamos inmersos en la cultura de lo inmediato; por eso, debemos esforzarnos por tranquilizar a los niños y su hiperactividad para intentar educarlos en hábitos más saludables que les permitan proyectarse con claridad, valorar y captar lo eterno de valores como el amor y la lealtad. *Adaptación al texto de www.sembrarfamilia.org

MATRIMONIO:

El gran malentendido* Para iniciar una nueva vida en el matrimonio se requiere madurez, compromiso, comprensión y un serio propósito por adaptarse a la pareja superando las naturales diferencias. No es culpa del amor si tantos matrimonios fracasan. ¿Qué persona de las que aman piensa en el fracaso? La frescura de un amor joven encubre frecuentemente todo aquello que se encuentra de manera latente, que más tarde se hará presente y será precisamente lo que provoque la ruptura en el matrimonio. Se ama tanto que se cree que algunas diferencias nunca podrán llegar a dañar la relación. La gran ilusión previa al matrimonio tiñe todo con matices color de rosa.

“Se ama tanto que se cree que algunas diferencias nunca podrán llegar a dañar la relación. La gran ilusión previa al matrimonio tiñe todo con matices color de rosa”. El malentendido comienza después de la boda, pues poco o casi nada se sabe en realidad de la persona con quien ahora se comparte la vida. Dependiendo de la educación, la edad, la madurez y el carácter, algunos tomarán estas "pequeñas o grandes diferencias" como algo natural que se ha de dar en un proceso de adaptación al que uno se debe de habituar; muchos otros se sentirán verdaderamente perturbados y desilusionados de la vida matrimonial. Según lo que algunos creen erróneamente, los jóvenes actualmente gracias a su despertar precoz hacia la intimidad sexual van lo suficientemente preparados al altar como para saber lo que les espera en el matrimonio.

“La sexualidad de ninguna manera puede ni podrá reducirse a una mera genitalidad en la que lo único que se ve involucrado son los cuerpos”. La sexualidad de ninguna manera puede ni podrá reducirse a una mera genitalidad en la que lo único que se ve involucrado son los cuerpos. En realidad, es la totalidad de la persona la que se desnuda cuando alguien se entrega a uno igual. En cualquier caso, aquel o aquella que va al matrimonio pensando que esta es una forma de "legalizar" lo que ya han comenzado, difícilmente comprenderá que con quien se casan es igualmente ser humano, con defectos y limitaciones, que actúa, siente, sufre y espera que la vida le dé la oportunidad de poder desarrollar todas sus posibilidades como persona.

Muchos son los que creen conocer a su pareja y no es sino en la convivencia diaria dentro del hogar donde aparecen las sorpresas sin avisar. Ahora resulta que ni uno, ni el otro eran tan predecibles como se esperaba.

“Las personas no somos producto de un ideal. No somos resultado de lo que otros quisieran; somos sereshumanos concretos, únicos e irrepetibles”. El conocimiento del otro puede convertirse en una falta de comprensión por ambos lados. Ahora sí creen estar convencidos de haber conocido realmente al otro tal cual es, al verdadero, sin disimulos de ninguna clase, ya que es en lo cotidiano donde uno saca a relucir lo mejor y lo peor que puede llegar a ser. Sin embargo, sería incorrecto afirmar que hemos llegado a conocer a alguien en su totalidad. En realidad podemos lograr una aproximación, pero es precisamente en el momento en que reconocemos al otro como conocido, cuando descubrimos que existen facetas, gestos, gustos, hábitos, etc., que se van modificando o surgen naturalmente a propósito de ese devenir y del crecimiento y madurez que se han de dar y que, por otro lado, le quitan lo aburrido y dan sabor a la monotonía de lo cotidiano. Pero volviendo al punto. La desilusión de haber conocido al otro distinto del que uno esperaba antes del matrimonio, responde también a las falsas expectativas. Las personas no somos producto de un ideal de hombre o mujer. No somos resultado de lo que otros quisieran que fuésemos; somos seres humanos concretos, únicos e irrepetibles. Por otro lado, un rasgo típico del noviazgo, es el buscar agradar constantemente a nuestra pareja, y la forma más eficaz de lograrlo es en definitiva mostrando en lo posible sólo lo mejor de nosotros mismos, con lo que logramos únicamente que el otro nos idealice en su mente y su corazón. Como dice Rafael Llano Cifuentes: "Las personas, en general, callan la verdad sobre sus errores y limitaciones.

“Más bien hay momentos maravillosos que se viven una sola vez y son precisamente los que alimentan la vida en común”. Ni los genios se libran de este presuntuoso intento. Miguel Ángel, antes de morir, quemó un gran número de dibujos: No quería que se conociera el laborioso proceso creativo que precedió a algunas de sus grandes obras." Con esto no quiero decir que en la etapa previa al matrimonio debamos de mostrar todo lo malo que podamos ser con el fin de no engañar a nadie. Tanto una postura

como la otra llevarían al fracaso seguro. Simplemente hay que procurar ser francos, con el otro y con uno mismo. Tener la oportunidad de tratar alguien en las buenas como en las malas, observar cómo se desenvuelve como realmente es a partir de sus relaciones familiares donde uno difícilmente puede fingir ser lo que no es, observar bajo que normas morales y de educación se fundamenta tanto su vida familiar como las relaciones de amistad que ha logrado cultivar a lo largo de los años, qué actitud muestra con relación a la religión y si comparte el mismo compromiso siendo respetuoso con sus creencias; también, observando cómo enfrenta los pequeños o grandes sinsabores que nos da la vida, el interés y disponibilidad que muestra por las personas que le rodean, en especial por las necesitadas o aquellas que no puedan aportarle beneficio alguno.

En fin, el éxito de un matrimonio no ha de fundamentarse en las coincidencias entre los cónyuges sino que, aunque se den las naturales diferencias y aún a pesar de ellas, los esposos se respeten y aprendan que si realmente quieren vivir felizmente casados, han de comprender que en el matrimonio como en la vida misma, es imposible vivir en un estado constante de alegría. Más bien hay momentos maravillosos que se viven una sola vez y son precisamente estos los que alimentan la vida en común. Solo de uno mismo y de nadie más depende el favorecer las circunstancias para que estos pequeños obsequios se nos den en mayor o menor medida, pues nadie sino uno mismo es el forjador y responsable de su propio destino ya que la buena suerte es de quien la busca y no de quien la encuentra. Sin embargo, para tener esta oportunidad de éxito en el matrimonio, es preciso no asumir el compromiso hasta que realmente sea uno capaz de equilibrar deseos y sentimientos con la razón y la voluntad para poder ver con claridad aquello que normalmente se llega a distorsionar si es observado exclusivamente con los ojos del corazón o los instintos.

*Adaptación del texto de Marisa U. De González

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