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Alfajores de manjarblanco Ingredientes : 2 tazas harina cernida ¾ taza mantequilla o margarina 4 cucharadas azúcar impalpable. Manjarblanco Preparación: Unir mantequilla, harina y azúcar. Mezclar con un tenedor. Terminar amasando con las manos, hasta lograr una masa uniforme. Estirar con el rodillo en una superficie enharinada. Cortar formas con

Cocina en familia

N° 57 7-IV-2015

cortador de galletas. Transportar cuidadosamente a una placa engrasada. Llevar al horno pre-calentado 350° F (175° C) durante 12 ó 15 minutos. Retirar del horno. Enfriar.

Familia sé tú

Para armar los alfajores: tomar una galleta, rellenar con manjarblanco y luego cubrir con otra galleta. Espolvorear azúcar impalpable.

De 4 a 8 años: ¿De qué hablas con tu hijos? Los cinco niveles de comunicación

¿Co almacenar la verdura en el refrigerador? Tomate: Si el tomate está verde, tienes que conservarlo en un lugar fresco pero no bajo la luz directa del sol. Éstos no se deben colocar en el refrigerador porque la temperatura fría evita que terminen de madurar y eso afecta a su sabor.

Matrimonio:

No al sueño falso de la perfección

Espinacas: Las espinacas se guardan en una bolsa de plástico perforada o envuelta en un plástico para proteger alimentos. Zanahorias: Se guardan en un lugar fresco y aireado. Antes de guardarlas conviene limpiar la superficie con un trapo húmedo, en lugar de lavarlas. Lechuga: Igual que el apio, debido a su alto contenido en agua, no dura más de una semana. Hay que guardarla en el refrigerador sin lavar. Brócoli: El brócoli se guarda sin lavar, para evitar que se enmohezca, en bolsas de plástico perforadas dentro del cajón verdulero del refrigerador.

De 4 a 8 años:

¿De qué hablas con tu hijos? Los cinco niveles de comunicación Durante el día todos tenemos muchísimas conversaciones con nuestros hijos. Hablamos de cómo les ha ido en el colegio, de sus amigos, de sus juegos. Pero no todas las conversaciones tienen el mismo nivel de profundidad y no todas son igualmente de beneficiosas para ellos. En las conversaciones se pueden dar 5 niveles de profundidad. • El primer nivel es cuando hablamos de las cosas. Del partido de fútbol, de los deberes, de los cuentos, de la comida. Este es el nivel más superficial de una conversación. • En el segundo nivel hablamos de otras personas. De lo que ha hecho su amigo, la profesora, el vecino o la madre de mi amiga. • El tercero es cuando hablamos de nosotros. Le explico a mi hijo lo que me ha pasado en el trabajo o a qué jugaba cuando era pequeño. O mi hijo me explica a qué está jugando, cuál es su cuento preferido o lo qué ha

Boletín quincenal de educación familiar de los Colegios Turicará y Vallesol, Algarrobos y Ceibos

hecho en el colegio. En este nivel ya compartimos algo de intimidad y nos aproximamos afectivamente. Yo conozco algo más de él y él de mí.

“En este nivel ya compartimos algo de intimidad y nos aproximamos afectivamente” • El cuarto nivel es cuando comunicamos sentimientos. Me explica cómo se siente cuando su amiga juega con otras niñas o cuando no juega de titular en su equipo. Yo le explico lo bien o mal que estoy con una persona; lo triste que estoy por la enfermedad del abuelo; lo cansado que llego del trabajo o lo orgulloso


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Matrimonio:

que estoy de él porqué ha ayudado a su hermanito.

No al sueño falso de la perfección*

En este nivel ya compartimos algo más. Compartimos nuestros sentimientos y al hacerlo le estamos diciendo al otro que confiamos en él, por eso compartimos nuestra intimidad. Este es un buen nivel de comunicación y ayuda a estar más unidos y a querernos más.

“En este nivel ya compartimos algo más. Compartimos nuestros sentimientos y al hacerlo le estamos diciendo al otro que confiamos en él” • Pero hay algo mejor. El nivel más profundo de una conversación. Aquel en el que hablamos de los sentimientos que hay entre nosotros. Ya no hablo del tiempo, ni del abuelito, ni de lo que he hecho esta tarde, ni de lo contento que estoy. Hablamos de lo que sentimos el uno por el otro. Y en este momento aparece la magia. Nos hacemos vulnerables al otro y dejamos nuestro corazón, nuestra intimidad en sus manos y demostramos que nos queremos. Al decirle que lo quiero y por qué lo quiero estoy fortaleciendo ese amor y construyendo vínculos afectivos, fundamentales para su crecimiento emocional y su desarrollo integral.

Nada atenta más contra la familia que el sueño irrealizable de la perfección; de la esposa o el esposo ideal, de los hijos perfectos e incluso del perfecto “yo”. Pueden existir en los sueños, pero no se dan en la realidad y eso conlleva el riesgo de no aceptar a las personas tal cual son.

Cоsejosprácticos Esperamosque nuestroshijosnostraten cо el respeto debido y que sepan respetar a los demás. Pero ¿respetamosnosotrosa nuestros hijosen la misma medida? Hablar cо amabilidad, sin expresiоes groseras. Evitar losgritosy el crear mala atmósfera en casa. Usar lasfórmulasde cortesía para saludarles, pedirlesfavoreso darleslasgraciasy pedirlesdisculpascuando nosequivoquemos. Felicitarlospor suslogrosy advertirlesde suserroresen privado, nunca en público. Pensar bien de ellosy darlesoportunidades de rectificar.

Al decirle que estoy disgustado porque me ha contestado mal o que me siento ignorado cuando le digo tres veces que venga a comer y no viene le estoy abriendo mi corazón y le digo dónde me duele. ¿Y si además se lo digo en positivo?… ¡imagínense! Muchas gracias por hacerme caso y recoger tu cuarto sin quejarte. Me he sentido muy querido. Esto es un punto a su autoestima. Y lo querrá repetir más veces. Depende de lo que hablemos, nuestro grado de profundidad con él será uno u otro… Y si esto condiciona tanto la relación… ¿por qué no pensar también de qué hablamos con nuestro esposo(a) y a qué nivel? Alex Visús Coach familiar, educativo y de pareja www.solohijos.com

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Escucharlescо atención, interesarnospor suscosasy respetar susgustos, susamistades, etc. Mantener siempre loscprisosy ser puntualescuando nosesperen. José María Lah García Orientador escolar y profesiоal

En ocasiones, los educadores y los charlistas nos hacen ver nuestros puntos débiles y, si aceptamos lo que nos muestran de nosotros mismos, podemos terminar en el desánimo. Porque pareciera que sólo si somos perfectos podemos educar a nuestros hijos. Si fuera así, más valdría bajar las cortinas y cerrar la tienda. Pero, ¡no! Podemos ser buenos papás aun teniendo muchos defectos. Lo mismo pasa con nuestros familiares. A veces imaginamos que la esposa ajena, el esposo ajeno o los hijos ajenos sí son ideales, mientras que lo que tenemos en casa está lleno de defectos y es, por lo tanto, difícil de querer. En primer lugar, está comprobado que a quienes tenemos muy cerca les cuesta más ocultar sus imperfecciones y, por otro lado, que el ojo humano tiene una tendencia a ver lo negativo más que lo positivo. Un buen ejercicio de objetividad es afinar la vista para las cosas buenas de los que nos rodean y no hacer hincapié en los puntos débiles, que siempre mejoran con el cariño y la paciencia. SER PERFECTO, CUANDO MÁS UNA ASPIRACIÓN Los santos, los llevados al altar o los que quedaron en el anonimato, han sido todos personas imperfectas y ni siquiera se atrevían a aspirar a la perfección. Incluso, como buscaban caminar en la luz, veían con más claridad sus defectos. Cuando se camina a oscuras, se tropieza porque no se ven los obstáculos, pero en la luz se ven hasta las telarañas. Teresa de Ávila dijo que la humildad era andar en la verdad. Sólo el orgullo y la vanidad deforman esa verdad sobre nosotros mismos y nos lleva a la falsa creencia de que “somos lo máximo”. Gran error, que muy pronto se estrella contra la realidad. Además de estar equivocados, atenta contra la justicia, ya que, se ve la paja en el ojo ajeno y se permanece ciego a las vigas en el propio. Por eso, bien se ha dicho que hay que ser pacientes con los demás, pero desde luego también con nosotros mismos. No se trata de pactar, desconocer o poner nombres de fantasía a nuestros defectos, porque no se puede bajar la guardia. Lo que está claro es que nuestras debilidades no pueden hacernos caer en la desesperanza. En este campo se trata de intentar ganar la guerra dando pequeños pasitos adelante. Y ésta es una lucha deportiva, en que muchas veces tarda muchísimo en

llegar la victoria, si es que llega algún día. Tratar de ser mejores al mismo tiempo que se acepta cómo uno es en el momento, parece ser el punto de equilibrio. No dormirse en los laureles, pero tampoco vivir tensos persiguiendo una meta que nunca se acerca. Si una persona no acepta su modo de ser, tiende a proyectarse hacia los demás en cómo le gustaría ser. Como los otros no son tontos perciben que ahí hay algo que no marcha y que la realidad desmiente. Ocurre algo similar cuando alguien se niega a reconocer un error. Pero, aceptarse a sí mismo no es engañarse, ya que al reconocer que se ha actuado mal uno se pone contra uno mismo, pero del lado de la verdad y el bien. Admitir que no se actuó o no se reaccionó bien es el único camino aconsejable para la propia aceptación. El arrepentimiento será siempre algo noble y digno de elogio. TE QUIERO POR SER QUIÉN ERES Esta misma aceptación es la que conviene tener con nuestros seres queridos. Porque querer a alguien sólo por sus cualidades equivale a no quererlo; o quererlo de un modo muy egoísta: eso no es amor, sino su caricatura. Sí, los podemos ayudar a ser mejores, pero no poniéndolo como condición de nuestro amor, sino para que sean ellos más felices. Una manera de hacerlo es la que aconseja el ya nombrado Goethe: tratar a la persona según como ella debiera ser. Por lo mismo, hay que ser muy prudente con el uso del verbo “ser” en las relaciones humanas, ya que el “tú eres” abarca a toda la persona y se fracasa en el intento de ayudarla a ser un poco mejor. En el matrimonio hay que aprender a amar a la persona cómo es y no intentar modificarla a base de reproches o discusiones. Estas líneas cargadas de esperanza pueden parecer una loa a la imperfección. No es así: se trata de una oda a la sinceridad, al amor más allá de los defectos o imperfecciones, que es la pura y santa realidad. ¡Ánimo! En educación se pueden cometer equivocaciones, pero, reconocidas, nos hacen más amables y queribles. Lo que no debe permitirse uno mismo es ignorar que hay mucho de mejorable en el propio carácter y aceptarlo con sencillez y confianza, poniendo los medios para ir a más. *Escrito por Diego Ibáñez L. www.hacerfamilia.cl

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