Page 1

"Aquello que pesa más de todas las cosas es la falta de amor. Pesa no recibir una sonrisa, no ser recibidos. Pesan ciertos silencios. A veces, también en familia, entre marido y mujer, entre padres e hijos, entre hermanos. Sin amor, el esfuerzo se hace más pesado, intolerable”

Nº 49 9-IX-2014

Papa Francisco

Para ver e

n familia

S.O.S Fam ... il en apuro ia s

De 0 a 6 años: Por salud y conveniencia hay que aprender y enseñar a perder

ienda... m o c e r r o t i El ed ia.info il m a f la . w w w .com s ia il m a f . w ww .net ia il m a f r e c a h www.

Matrimonio: Auxilio: Las redes sociales, el Internet y el celular me están robando a mi esposo

Curso para padres de familia

De 0 a 6 años De 0 a 6 años: Por salud y conveniencia hay que aprender y enseñar a perder Inicio: 2 de octubre

Un niño que hace berrinche porque no le dieron el juguete que quería, el adolescente que atenta contra su vida y el adulto que pierde el control por cualquier motivo. A todos ellos, desafortunadamente no les dieron esta lección.

Colegio Vallesol Informes: 301715

Beatificación de Álvaro del Portillo

27 09/2014 B o l e n q u i n c e n a l d e e d u ca c i ó n fa m i l i a r d e l o s C o l e g i o s Tu r i ca rá y Va l l e s o l , A l ga r ro b o s y C e i b o s Edición: Padre Luis Andrés Carpio Sardón I Diagramación: Chiara Mavila Ojeda chiara.mavila@pregrado.udep.edu.pe

Todos debemos, por salud y conveniencia, aprender a manejar la frustración y desarrollar la tolerancia. Entre más pronto comencemos, como padres, con estas lecciones en casa nos evitaremos muchas vergüenzas, dificultades y sinsabores con nuestros hijos en el futuro. Por salud y conveniencia hay que aprender y enseñar a perder.

mediante el deporte, cuando son incontables las oportunidades que día tras día se presentan o que, inclusive, debemos provocar para enseñar estos principios.

Uno de los errores clásicos que cometemos es pensar que los hijos solamente aprenden a ganar o a perder

Vamos a trabajar algunas ideas para comprender un poco más el tema:

“Por salud y conveniencia hay que aprender a ganar y enseñar a perder”


Familia: ‐No es correcto hacer sen r a los niños que los juzgamos o que nuestro amor por ellos está condicionado a resultados. Por ejemplo, estas frases, “Ya no te voy a querer si te portas mal”, “Sacaste bajas calificaciones porque eres flojo”. Todos los niños deberían tener la seguridad y certeza de que son amados por el simple de ser ellos. “Muchos padres de familia se afanan queriendo dar a sus hijos “lo que ellos no tuvieron”, o ha satisfacer en exceso sus necesidades.” ‐Otro error es cuando no les enseñamos a reconocer el esfuerzo, las habilidades o destrezas en otras personas, y decimos que es “suerte” o que sus logros los obtuvieron de maneras cues onables. Muchos padres de familia se afanan queriendo dar a sus hijos “lo que ellos no tuvieron”, o ha sa sfacer en exceso sus necesidades. Complacen a sus hijos en todo de manera an cipada y de sobra, provocando con ello que los niños no se esfuercen y lo reciban todo por nada y peor aún, que ni siquiera lleguen a desear algo fervorosamente, pues “el exceso de es mulo apaga el deseo”. Estos niños, sin saber lo que cuesta ganar u obtener algo, se vuelven insensibles hacia la necesidad de otros. Procura reconocer el esfuerzo y el talento de otros y que tus hijos te escuchen y mejor aún, reconoce, sin premiar, el esfuerzo.

‐Prac ca la competencia contra sí mismo y a vencer los propios límites. Invita a tus hijos a compe r en juegos de mesa y en deportes y a seguir las reglas, no importa si los otros lo hacen o no; a esperar su turno en largas filas, a compar r con los hermanos y compañeros y a sen r sa sfacción por el logro y esfuerzo personal. Ellos, poco a poco, irán comprendiendo que no son los únicos, que hay más personas con iguales necesidades y talentos y que las cosas que valen la pena, cuestan

esfuerzo y trabajo. Anima a ir a felicitar a otros cuando pierden, cuando alguien logra algo especial y a reconocer el esfuerzo en todos. Sé, por experiencia propia, que una de las lecciones más grandes de tenacidad y esfuerzo no siempre las dan los que ganan. ‐Cometer errores es la gran oportunidad de aprendizaje, cuando se analiza con la ac tud y la forma correctas. En cierta ocasión mi esposo dedicó recursos y mucho empo a preparar una rica lasagna para agasajar a la familia. Al momento de llevarla a la mesa se veía excelente y muy ape tosa, pero al intentar servirla con gran sorpresa nos dimos cuenta de que no se había cocido correctamente la pasta; el pla llo no servía. Mientras comíamos lo que se podía revisamos capa por capa para determinar qué había sucedido, hasta que dimos con el error: no había suficiente líquido en la mezcla. Es decir, si estudiamos el error en el mismo encontraremos la solución al problema. “Cuando animamos a nuestros hijos a ganarse las cosas, a trabajar, a ahorrar, los preparamos y fortalecemos para el mañana”. ‐Confundimos fortalecer la autoes ma con ocultar las limitaciones y minimizar sus errores. Hace empo, en un colegio, me tocó observar que en una “Olimpiada” todos los niños recibieron la misma medalla, ganaran o perdieran, cosa que me llamó la atención. Al escuchar comentarios de los niños, uno le dijo a su mamá: “Yo sí le eché ganas, ¿y me dieron lo mismo?”. Otro más comentó a su papá: “¡Me la dieron y ni hice nada!”. Cuando indagué por qué el colegio había decidido esa estrategia me comentaron que los papás lo habían planteado, pues “los niños que no ganan hacen ‘berrinche’ (rabietas) y les enen que comparar algo o aguantarlos todo el día”. ¡Me quedé sorprendida! ¡La vida no es así! ¡Estamos criando generaciones muy débiles, que no pueden manejar la frustración y enfrentar los problemas y dificultades de la vida! ¿No crees que es mejor enseñar tanto a ganar con humildad como a perder con dignidad? Esa es nuestra labor. ‐Hay conductas que en casa no se deben animar, aceptar y mucho menos prac car, y esas son alegrarnos cuando alguien se equivoca o se las ma, insultar a los ganadores, a los que se atreven a ser diferentes; las conductas altaneras, ridiculizar o burlarse de cualquier persona y obsesionarse con vencer y humillar. *Adaptación al texto de Emma E. Sánchez

Matrimonio:

Auxilio: Las redes sociales, el Internet y el celular me están robando a mi esposo El celular y el internet son excelentes herramientas de comunicación, pero también pueden destruir un matrimonio. Descubre la historia de una hombre y su adicción a las redes sociales. Para José Carlos las computadoras nunca fueron fáciles de manejar. Pero debido a su trabajo fue necesario que se adaptara a la tecnología. Y dicha adaptación provocó un cambio en el núcleo familiar.

seguía conectado a las redes sociales, llegando incluso a estar malhumorado si no recibía mensajes. Fue entonces que ella tuvo que aceptar que algo andaba mal: su esposo era adicto a la internet.

Al principio él no entendía muy bien todo ese mundo tecnológico, donde desde un teléfono celular puedes estar conectado a las redes sociales. Su hijo mayor le fue explicando la manera de manejar todos estos aparatos electrónicos. Al principio, a su esposa le pareció excelente la forma en que hijo y padre se estaban acercando, pero lejos estaba de imaginar que esos momentos eran solo el principio de una debacle en su matrimonio.

Resultaba obvio, además, que los chicos pronto adoptarían la misma costumbre de estar pegados todo el empo a los aparatos electrónicos, inclusive en las comidas familiares. ¿De qué manera podría evitarlo si no hacía nada para que su esposo dejara esa adicción? Solución en cuatro pasos 1. Aceptar la adicción a la Internet. Por fuerza ese tenía que ser el primer paso.

Los primeros problemas Primero fueron las llamadas al celular. Sus responsabilidades eran muchas, de modo que debía estar disponible siempre, en caso de que hubiese algo que necesitara su intervención. Además, tenía que enviar correos electrónicos con estadís cas o circulares importantes. De este modo, las horas frente a la computadora se mul plicaron. Las conversaciones en casa quedaban a medias por mensajes que debía enviar. Los paseos, fiestas, reuniones o cualquier cena se veían interrumpidos constantemente por sus llamadas. Al levantarse, lo primero que hacía era verificar su correo electrónico.

1. Fijar horarios. Es imposible dejar internet por completo, sobre todo si es una herramienta de trabajo, pero sí es posible fijar horarios para conectarse. 2. Buscar una ac vidad que sus tuya el uso de las redes sociales, sobre todo alguna que incluya la convivencia con la familia. 3. Fijar horarios también para contestar el celular. Si es necesario estar disponible debido al trabajo, se puede hacer una selección de contactos, y contestar solo las llamadas de aquellos que nos darán información urgente.

Su esposa lo disculpaba, aludiendo a lo importante de su trabajo. Pero lo cierto era que la comunicación estaba bloqueada dentro de la familia. Los muchachos optaron por no buscar a su padre para pla car. Era molesto que al querer expresar sus ideas, estas se vieran interrumpidas por los mensajes que llegaban a cada momento.

4. Prohibir el uso de aparatos electrónicos a la hora de las comidas. A quien caiga en la tentación, otorgarle una labor extra en casa. Al principio fue muy di cil para José Carlos adaptarse a las nuevas reglas. No obstante, con el paso del empo ha adquirido resistencia para enfrentar su adicción. Con el apoyo de su familia, pero sobre todo con su propia voluntad, ha ido dejando una adicción que muy poca gente conoce que existe.

La dimensión del problema. El que su marido tuviera vacaciones, sin embargo, no cambiaba la situación. Él

*Adaptación al texto de Myrna del Carmen Flores

Fst49  
Read more
Read more
Similar to
Popular now
Just for you