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Nº 44 17-VI-2014

Papá: ¡también solamente hay uno! Durante años se ha dicho que mamá solo hay una, pero lo cierto es que papá también; su papel es irreemplazable. Tan importante es, que sin el aporte del papá es imposible la concepción humana.

B o l e n q u i n c e n a l d e e d u c a c i ó n fa m i l i a r d e l o s C o l e g i o s Tu r i c a rá y Va l l e s o l , A l ga r r o b o s y C e i b o s Edición: Padre Luis Andrés Carpio Sardón I Diagramación: Chiara Mavila Ojeda chiara.mavila@pregrado.udep.edu.pe

Si esto es así, sería mejor conservar la idea que papá es papá y mamá es mamá, un hijo necesita tanto del uno como del otro, puesto que varón y mujer poseen una condición diferente, son complemento y comparten la misión de encauzar juntos una vida que ha sido fruto de su amor.

pueda ser el amor materno, nunca logrará llenar el vacío que deja un papá cuando se ausenta.

Desde ese momento, el papá nunca más dejará de serlo, es un lazo tan fuerte que lleva al hombre a desarrollar su ins nto paterno (a diferencia de la mujer que es innato en ella) algo que su misma naturaleza desconoce, pero es tanta la grandeza de la paternidad, que puede incluso echar abajo sus propios paradigmas.

El aporte del papá

El papá no puede ser reemplazado ni siquiera por la mamá, tanto así que por más grande y generoso que

“El papá nunca más dejará de serlo, es un lazo tan fuerte que lleva al hombre a desarrollar su ins nto paterno”.

El experto en educación y asesoría familiar, Álvaro Sierra, explica qué hace el papá que no puede hacer la mamá: “Papá aporta en casa una visión masculina de la persona, de la familia y de la sociedad. Cuando los hijos se abren a la sociedad es importante que sepan


Familia: enfrentar en la calle los valores muy ambiguos frente a lo masculino y lo femenino que allí se presentan. Una mujer es más mujer cuando ha visto a su papá en casa y un hombre ene más claro lo que es ser hombre cuando ha crecido junto a su papá. La condición masculina es clave en lo psíquico de los hijos.

una madre en la educación del hijo pueden conver rse en un defecto si no hay un padre que las equilibre. Ella posee una tendencia natural a darlo todo por el hijo, que es una especie de apéndice suyo, y en ese amor desmesurado que le profesa ende a evitarle el esfuerzo, el sacrificio, el sufrimiento.

El papá es el sustento de la autoridad, no es el único que ejerce la autoridad, pero protege la autoridad de la mamá. La autoridad promueve, la autoridad es servicio y eso es el ejemplo que debe recibir el niño. Por ningún mo vo un papá debe negarle a su hijo un ejercicio adecuado de la autoridad, porque a par r de allí el niño en ende lo que es la norma y lo que es la vida.

Es una ac tud profundamente limita va para el niño, que no adquiere autonomía. Y muchas veces, cuando llega a la adolescencia, de hecho puede volverse a g re s i v o c o n t ra l a m a d re , e n b u s c a d e s u independencia. La madre que lo ha dado todo desmesuradamente, al no contar con los límites de la función paterna, puede encontrar ese desequilibrio en los hijos.

Papá es la persona que estructura los empos familiares; pone el ritmo de la vida familiar y da las pautas de maduración de los hijos. Papá ene la capacidad de hacer sen r a un hijo mayor y responsable, como por ejemplo cuando dice `te dejo encargado de esto...´.” “Papá es la persona que estructura los tiempos familiares; pone el ritmo de la vida familiar y da las pautas de maduración de los hijos. ”

Esto quiere decir que la actuación del papá en la vida familiar, es esencial y determina en gran medida, muchos aspectos de la vida de los hijos. Por lo tanto, la paternidad no compite con la maternidad, sino que la complementa y es esta unión la más maravillosa creación de Dios. Un modelo de masculinidad El niño, sobre todo el varón, necesita un modelo de masculinidad adecuada. Si el papá falta, es muy recomendable que exista un patrón alterna vo —un o, un profesor, un sacerdote— que le dé un modelo de masculinidad equilibrada. Se ha demostrado que cuando este falta, los niños enden curiosamente a radicalizar los estereo pos machistas, a tener una masculinidad exagerada. No saben comportarse como chicos y entonces, para reafirmarse, enden a ac tudes muy machistas, exacerbadas, radicalizadas, lo cual no es bueno, porque puede dar lugar a esas cifras elevadas de violencia domés ca que tenemos actualmente. Sí: un padre es necesario porque todas las virtudes de

El papel del papá es fundamentalmente el de separación de la madre respecto al hijo. Esa unión, en ausencia del padre, se vuelve insana para ambos. ¿Cuántos niños hay que son el paño de lágrimas de sus madres, sus confidentes, y que crean un universo cerrado que es malo para ambos? Pues bien: el papá viene a romper ese universo cerrado, a hacer un puente con el mundo exterior. Él le muestra al hijo el mundo de lo público, de lo profesional, el del sufrimiento, la exigencia y la fortaleza. El amor de mamá suele ser más sico, más proteccionista, más sus tu vo: si el hijo no sabe o tarda en abrocharse los cordones, la mamá lo hace. La ac tud del padre es la contraria: le anima a hacerlo él solo, lo cual le genera una mayor autonomía y una personalidad más fuerte. *Escrito por María Calvo Charro

De 13 a 17 años:

Ese temido día en que quieren estar solos

propones o indicas, y otras conductas por el es lo, es son la manera en que él se está descubriendo y definiendo como individuo independiente a sus papás. Pero ¡ojo! Como toda etapa esperada y natural en la vida de un hijo, tenemos que establecer lineamientos adecuados de comportamiento, que finalmente lo dejen preparado para la vida adulta. El secreto consiste en, primero, entender el momento que tu hijo está viviendo.

De la noche a la mañana el hijito que dejaba que le hicieran cariño, o la hijita que hablaba hasta por los codos, comienza a retraerse, evita los abrazos, y quiere estar encerrada en su cuarto. El propósito final de la crianza es lograr que los hijos, al llegar a ser adultos, puedan hacerse cargo de sí mismos, siendo capaces de construirse una vida feliz. Todo lo que hacemos como papás y mamás debería estar orientado a este obje vo. Es decir, cuando le enseñas a hablar, a ordenar su cuarto, a cumplir con sus tareas, a comportarse en sociedad, a vivir bien su sexualidad, etc., lo estás preparando para la independencia. Por lo mismo, no es de sorprender que la misma naturaleza te apoye en este proceso. Al iniciarse la adolescencia (alrededor de los 13 años) los jóvenes empiezan a tener conductas que ayudan a papás e hijos a prepararse para el momento en que estos úl mos “levantarán el vuelo”: pasan más empo en sus cuartos, dejan de contar lo que les pasa en el día, se vuelven más crí cos con los papás, reducen los momentos de convivencia familiar, etc. Después de toda una vida de tener un hijo cariñoso, cercano y alegre, puedes asustarte del cambio en el comportamiento de tu hijo. “¿Lo habré educado mal?”, te preguntas. La buena no cia es que lo que el chico está haciendo es algo normal, que debería ser parte de la vida de todo adolescente. Por supuesto, para no es algo agradable de vivir, ya que el niño está renegón y rebelde; pero si lo estás sufriendo, significa que tu hijo está madurando (¡aunque no lo parezca!) El empo que pasa en su cuarto, las crí cas que hace a lo que

La comprensión y empa a es fundamental ya que incrementará la probabilidad de que tu hijo te permita acercarte y tenga cierto interés en escuchar lo que enes que decir. La crí ca y los reclamos, por el contrario, alejan y malogran la relación. Segundo, establecer momentos de convivencia, dejando espacios en donde al adolescente se le permita “poner distancia”. Por ejemplo, comer juntos todas las noches, no debería ser negociable. Pasar un par de horas en su cuarto, con la puerta cerrada (sin seguro), es bueno que le sea permi do. “Si tu hijo está tranquilo, cumple con sus responsabilidades y en general “se le ve bien”, no enes por qué preocuparte. ” Los papás deben determinar qué es lo que le funciona con sus hijos. Poco a poco, el joven se reincorporará a la convivencia familiar, pero nunca de la misma manera de cuando era más pequeño. Es importante recordar Si tu hijo está tranquilo, cumple con sus responsabilidades y en general “se le ve bien”, no enes por qué preocuparte. Conoces a tu hijo, por lo que sabrás cuándo el aislamiento indica un problema. Nunca permitas faltas de respeto o conductas violentas cuando el joven quiera defender su independencia. Enséñale la manera apropiada de solicitar lo que desea y, si es válido lo que quiere, concédeselo. Si a todo esto le sumas un ambiente familiar alegre y estable, tu hijo adolescente será luego un adulto íntegro, capaz de construir una vida trascendente y feliz, que es lo que más deseamos para ellos. *Escrito por Mónica Bulnes

Papá ¡también solamente hay uno!  
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