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la notación como es el flamenco). Pero en la música clásica la peculiar separación conceptual que acompaña estas dos actividades es un fenómeno de tal profundidad que a menudo obliga a especificaciones que no serían necesarias en otros ámbitos musicales. Lo vemos de un modo especialmente evidente al observar los problemas que nos crea el concepto de “estilo”: un concepto que presenta cierta analogía con el de “escuela” porque también en este caso la clave reside en la relación entre el detalle y el conjunto del que forma parte, en la posibilidad de explicar un fenómeno a partir de las similitudes que presenta con los demás. ¿Qué entendemos, por ejemplo, por “estilo clásico”? Nos referimos, por lo general, a una determinada manera de componer, la que permite localizar características comunes en las obras de autores como Mozart y Haydn. Pero eso es una cosa, y otra muy distinta es que asociemos esas obras a una cierta manera de tocar, supuestamente acorde con aquel lenguaje compositivo. Esa asociación ya no podemos justificarla con la comparación entre las partituras que estos autores nos han dejado. Tiene que ver con la historia de la interpretación y con la evolución del gusto musical; de hecho, fue necesario pasar por la historiografía musical de la segunda mitad del siglo XIX y por el pensamiento neoclásico del período entre las dos guerras mundiales para que se llegaran a generalizar los principios interpretativos con los que suele abordarse la ejecución de esas obras. Análogamente, la propia historia de la interpretación incluye a músicos cuya actividad fue lo suficientemente característica como para hacernos hablar de su inconfundible “estilo interpretativo”. Piénsese, por ejemplo, en las actitudes contrapuestas de grandes directores de orquesta como Toscanini, Furtwängler o Stokowsky, cuyas divergencias estéticas no tienen nada que envidiar a aquellas que separan a compositores prácticamente coetáneos como Rachmaninov, Schönberg, Ravel y Falla. Ahora bien: el inconfundible estilo de Toscanini lo encontramos tanto en sus interpretaciones mozartianas como cuando interpretaba Verdi o Debussy. Hay una precisa estética interpretativa, un “estilo interpretativo” propio, que interactúa en cada caso con el estilo compositivo propio de Mozart, de Verdi y de Debussy. Con los pianistas este fenómeno se acentúa, al verse condicionado por las características fisiológicas de cada uno de ellos: manos grandes y pequeñas, cuerpos de muy distinta dimensión, y una técnica que tiende inevitablemente a aplicar pautas similares a música escritas para manos e instrumentos diferentes. La dualidad “estilo compositivo” / “estilo interpretativo” es una natural contrapartida de la separación entre composición e interpretación de la que surgió gran parte de la cultura musical del siglo XX. Las grandes escuelas instrumentales tuvieron inevitablemente que tomar una posición al respecto: acabaron por centrarse en el momento de la interpretación, y desde allí, eventualmente, influyeron en las tendencias compositivas. De ahí que, por citar tan sólo un clásico ejemplo ajeno al mundo del piano, los cimientos decimonónicos de la llamada “escuela franco-belga de violín” sean

CONGRESO INTERNACIONAL DE PIANO - La música latinoamericana para piano

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Congreso Internacional de Piano  

Congreso Internacional de Piano "La música Latinoamericana para piano" 18 al 21 de Noviembre de 2010 Buenos Aires Argentina

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