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DOSSIER DE CONFLUENCIAS Nº 68 - Julio de 2010

“La creación de un orden en la llanura pampeana durante el siglo XIX”

Por: Lic. Sergio Luis Briozzo *

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Introducción

La balsa de la Medusa, de 1819, será una de las obras más representativas del primer pintor importante del romanticismo francés, Théodore Géricault. En ella, el artista intentará mostrar el drama, la desesperación y el sufrimiento de los aciagos protagonistas del naufragio del barco francés “La Medusa”. El hecho, de actualidad para su época, había acontecido a varios kilómetros de las costas africanas de la colonia francesa de St. Louis (Senegal) y había generado una gran conmoción en la opinión pública francesa por las decisiones que tomaron las autoridades del barco siniestrado. Según algunas versiones, el navío quedó varado en un banco de arena en medio del océano, la escasez de botes salvavidas suficientes para la tripulación y todos los pasajeros obligaron a la construcción de una balsa improvisada, que transportaría a unas 150 personas de menor condición social que se encontraban a bordo. Los botes, cargados con las autoridades del barco y la aristocracia, intentaron remolcar la balsa pero debido a que sus dimensiones impedían el avance en conjunto decidieron dejarla a su suerte. Dos semanas después la balsa fue localizada por un navío francés. Quedaban solamente 15 personas vivas que habían tenido que recurrir al canibalismo para poder sobrevivir a tan desdichada experiencia. En la composición artística, Géricault nos ofrece dos manifestaciones opuestas del mismo hecho: mientras uno de los personajes agita furiosamente un paño tratando de llamar la atención de algo que divisa en el horizonte de un mar embravecido; otra figura, un viejo, parece mirar al espectador y representar la absoluta desesperanza2, en una actitud de abatimiento frente a los cadáveres de sus compañeros que envuelven la escena. Más allá de los detalles de veracidad de la historia, las características del acontecimiento que esta obra representa pueden ser también una increíble metáfora del proceso histórico latinoamericano, que al igual que una balsa improvisada a la deriva, se encuentra cíclicamente amenazado con zozobrar en un mar político y económicamente encrespado. En el cual, un amplio sector poblacional parece estar constantemente destinado a perecer, como condición necesaria de las diferentes vertientes colonialistas: tanto de aquellas que han dado origen a las naciones, como de las que continúan Pag. 2

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* Alumno de la Maestría en Trabajo Social, Escuela de Trabajo Social, Universidad Nacional de Córdoba. rebriozzo@yahoo.com.ar 2 Donald Martin Reynolds (1985) Introducción a la Historia del Arte. El siglo XIX. Barcelona: Gustavo Gili, p. 20.

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remolcándonos hasta la actualidad. El presente trabajo contiene tres momentos: en el primero, se intentará explicar la expansión del sistema económico moderno como necesidad inherente al mismo que, además de contener el carácter antagónico de la producción capitalista, genera poblaciones excluidas -las cuales se vuelven necesariamente prescindibles para su consolidación-, lo que también se establece como una condición propia de dicho régimen de acumulación; en el segundo, se ubicará a lo indio y a lo gauchesco como identidades opuestas al proyecto político de producción agro-exportadora, a las que se les impondrá una intervención militarizada para el control del dominio de los recursos naturales en disputa; y, por último, se presentará al puerto y a la estancia como las principales matrices socio-económicas que se desplegarán para incorporar a la nación al sistema económico mundial, lo que implantará su dependencia con los países dominantes de este proceso.

Un nuevo orden en expansión

Cuando la economía mercantil del imperio español comenzó a declinar en América, por la extinción de los recursos de oro y plata de sus colonias, fueron adquiriendo mayor relevancia las llanuras próximas a las cuencas hídricas del Río de la Plata a partir de un devenir socio-económico -de naturaleza revolucionaria- que necesitaba expandirse hacia los cuatro puntos del planeta. En ese momento, uno de los territorios de menor importancia colonial del continente tuvo la posibilidad de ser incorporado al nuevo proceso productivo que se fortalecía en Europa, y que estaba destinado a suplantar al decadente y agonizante mecanismo de despojo, que había caracterizado a las metrópolis ibéricas. La fertilidad agrícola de las pampas le permitiría a la colonia más austral sumarse a un proceso de desarrollo económico de manera dependiente de una Europa que no encontraba límites para su progreso civilizatorio. La nobleza de sus tierras para la producción agrícola-ganadera sería el oro que reemplazaría al extinto metal de las grandes civilizaciones amerindias. Pero en estas latitudes, este proyecto encontrará un obstáculo a su impleDOSSIER DE CONFLUENCIAS Nº 68 - JULIO DE 2010

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mentación: los primeros pobladores se impondrán como una amenaza a la buenaventura de los destinos europeos. Sus condiciones étnicas y culturales -sus extrañas costumbres- establecerán escollos innegociables con la civilización. Al igual que en los siglos anteriores, en otros puntos del continente, la solución será declarar una guerra contra el indio. La matanza por medio de campañas militares permitirá la eliminación del inconveniente y el avance -una vez más- del Viejo Mundo sobre el Nuevo. Sobrevendrá uno de los primeros genocidios perpetrados en estas tierras como prólogo de una historia recurrente. Aunque no será catalogado como tal debido a que acontecerá en las periferias del mundo civilizado, y tan sólo involucrará seres sobre los que la ciencia y la religión de la época no se habrán puesto de acuerdo todavía en otorgarles algún grado de humanidad. A diferencia de La Medusa, aún sin encallar, los piratas septentrionales abordarán un barco ajeno y eliminarán toda su tripulación, para poder zarpar sin ningún impedimento rumbo a la tierra del progreso infinito, que el nuevo sistema económico les prometía mientras los vientos del Iluminismo inflaban las velas. Este período conocerá el surgimiento de las naciones y los Estados modernos en la mayoría de los países latinoamericanos, como una etapa del desarrollo económico y social que la burguesía, de los países europeos más industrializados, impulsará hacia otras latitudes. Los nuevos Estados establecerán el marco jurídico y político para el desarrollo económico de los territorios que administrarán, favoreciendo la integración de estas zonas -por medio de la producción de materias primas- a un sistema en expansión que se irá edificando de manera mundialmente interrelacionada y dependiente. “…la emergencia del Estado moderno en la Argentina comienza a institucionalizarse con la Constitución de 1853. En dicha Constitución se establece organizar la sociedad argentina para crear las condiciones del desarrollo capitalista; con este proceso se instauran las bases de la modernidad, que tuvo su expresión no solamente a nivel de desarrollo de las fuerzas productivas sino también por la creciente vinculación del país al mercado internacional, fundamentalmente con Inglaterra. Dicha vinculación externa significó para la sociedad la instauración de un patrón cultural basado en valores occidentales y en la idea de progreso desde una perspectiva positivista. (…)”3 La construcción de un orden en América, en el siglo XIX, se dará como condición para la subsistencia de un desarrollo económico que ya comenzaba a mostrar fisuras y grietas en ciertas sociedades europeas, donde la Pag. 4

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3 Rozas Pagaza, M. 2001. La intervención profesional en relación con la cuestión social. El caso del trabajo social. Bs. As.: Espacio, p. 40.

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revolución burguesa se iba transformando en una burguesía profundamente conservadora4. Este orden tomará cuerpo y demarcará sus contornos mediante la diferenciación de aquellos sectores poblacionales de los que será necesario prescindir, para poder continuar con el mecanismo de acumulación de riquezas instaurado por la Revolución Industrial. Estas fronteras civilizatorias configurarán a los primeros excluidos del nuevo sistema importado. Serán aquellos que quedarán afuera del proceso social en cuestión, pero que se volverán también un problema que dificultará garantizar el funcionamiento del mismo, debido a que su presencia obstaculizará los procesos de acumulación económica que se pretenden implementar. De esta forma, las campañas militares y las guerras de conquista serán los instrumentos de los Estados modernos -utilizados hasta la actualidad en diferentes territorios del planeta- para posibilitar el enriquecimiento de unos pocos mediante la aniquilación de poblaciones enteras. De este modo, la estructura económica y social que emergió como resultado de procesos revolucionarios en el continente europeo -y que demandó varios siglos en consolidarse- se irá extendiendo hacia los cuatro puntos del planeta. El nacimiento de los Estados latinoamericanos no será más que una parte de este inmenso y complejo devenir, que desde su nacimiento estaba destinado a densificarse materialmente en unos pocos países dominantes de este juego de relaciones mundiales. Esta necesidad de expansión, inherente al propio sistema creado, desembarcará los instrumentos de producción y establecerá las relaciones sociales propias para su funcionamiento. Para ello, se concretará la estructuración del Poder estatal -políticamente independiente y como superación del atrasado sistema colonial- como un elemento indispensable para la incorporación de los nuevos territorios al sistema de producción moderno. Así, el Estado, con su apariencia de un Poder regulador de las relaciones antagónicas del conjunto social, será definido por Friedrich Engels en su

4 Fernández Soto, S. 2001. Razón moderna, conocimiento crítico y acción transformadora de la realidad. En VVAA. El diagnóstico social. Proceso de conocimiento e intervención profesional. Bs. As.: Espacio, p. 45-6.

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obra “El origen de la familia, de la propiedad privada y del Estado” de la siguiente manera: “(…) El Estado es, más bien, un producto de la sociedad al llegar a determinada fase de desarrollo; es la confesión de que esta sociedad se ha enredado consigo misma en una contradicción insoluble, se ha dividido en antagonismos irreconciliables, que ella es impotente para conjurar. (…) Y este Poder, que brota de la sociedad, pero que se coloca por encima de ella y que se divorcia cada vez más de ella, es el Estado.”5 Pero a diferencia de lo que define este autor -teniendo en cuenta que sus apreciaciones surgen de la experiencia del proceso propio del Viejo Mundo-, en Latinoamérica el Estado se convertirá en el productor de las relaciones sociales necesarias para el desarrollo capitalista dentro de los territorios que administra. Será él, como un producto europeo, quien intentará producir el conjunto de relaciones que subyacen a su origen. Las poblaciones autóctonas de América conjurarán el riesgo de su naufragio y éste, lejos de la tierra que lo vio nacer, será como un inmigrante que no conocerá otro idioma que no sea el materno. De este modo, para que el obtuso proyecto no fenezca será necesario negar y eliminar a aquellas personas que por sus características culturales conspirarían contra los intereses primigenios –réditos económicos camuflados en maquinaciones políticas que siempre adquieren mayor importancia que las personas- antes que integrarlos en un proceso que transforme radicalmente la empresa. El Estado, como superestructura jurídica y política de la estructura económica6, desembarcará en las costas americanas trayendo consigo el modo de producción moderno; recreando, así, las relaciones y los conflictos entre Pag. 6

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5 Vladimir Lenin (1948) El Estado y La Revolución. En Obras Escogidas. Tomo II. Moscú: Ediciones en Lenguas Extranjeras, p. 172. [1918] 6 Karl Marx (1974) Prólogo de la Contribución a la Crítica de la Economía Política. En Obras escogidas. Tomo I. Moscú: Progreso, p. 517-518. [1859]

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las clases sociales ya suscitados al oriente del Atlántico. Será el órgano de configuración de la naciente sociedad latinoamericana, de implantación de los antagonismos irreconciliables del sistema de producción, que vendrá a reformar la mano de obra esclava en trabajo asalariado. Por este motivo, necesitará desplazar marítimamente grandes contingentes de inmigrantes -personas con un disciplinamiento obrero ya adquirido- para poder repoblar las tierras fértiles del sur del subcontinente Austral.

Los excluidos del nuevo orden

Como un presagio inequívoco el indio se convertirá en el primer actor excluido del proyecto de creación y consolidación del Estado moderno argentino, bajo la condición de un ser abyecto7 al que se le negará su condición de sujeto y de persona. Por lo tanto, viable de ser exterminado. También se consolidará en el primer referente antagónico al proceso capitalista agro-exportador que configurará el desarrollo económico nacional dependiente de las economías industrializadas. Se erigirá como un otro que no alcanzará el estatus de un interlocutor válido del mecanismo en marcha. La “superioridad” europea lo construirá como un enemigo para el proceso económico en pleno desarrollo y para el nuevo orden civilizatorio en expansión. Será un excluido en los márgenes de las zonas productivas, ubicado más allá de los alambrados que dibujarán los límites de una propiedad nunca antes contemplada. El terror que se creará en torno a su salvajismo será hábilmente administrado por medio de campañas militares que llevarán adelante su matanza sistemática con el fin de obtener la limpieza poblacional de los territorios en disputa, los cuales necesitarán posteriormente su repoblación con mano de obra asalariada. Para ello, las políticas inmigratorias serán el complemento a la guerra: buscándose reemplazar una población por otra, trocándose determinadas características étnicas y culturales para beneficio del proceso social iniciado. “…la burguesía arrastra a la corriente de la civilización a todas las naciones, hasta a las más bárbaras. (…) Obliga a todas las naciones, si no quieren sucumbir, a adoptar el modo burgués de producción, las constriñe a introducir la llamada civilización, es decir, a hacerse burgueses. En una palabra: se forja un mundo a su imagen y semejanza.”8 A los nuevos latifundistas sólo les faltará la clase obrera para obtener los excedentes económicos del trabajo en la estancia. Como preparando el terreno para una nueva siembra, la militarización en la zona pampeana fundará las bases para que el sistema funcione como se lo había previsto. De esta forma, los fortines se constituirán en el frente de avance del proceso económico colonial moderno con independencia política, en donde el gaucho será el sujeto reclutado para la defensa y conquista del nuevo territorio nacional. Al igual que el indio, éste también será conminado por un conjunto de vicisitudes que le impondrá el nuevo aparato jurídico y sus instituciones coercitivas. La deshumanización de lo indio y el estigma de lo gauchesco serán las directrices de un pasado que se pretenderá eliminar,

7 Término utilizado por Judith Butler para referirse a aquellos sujetos que se inscriben socialmente como portadores de determinadas sexualidades estigmatizadas. En este caso, no serán las características sexuales el eje del conflicto sino la preeminencia de una cultura y de una etnia sobre otras: la civilización sobre el salvajismo. Para una mayor precisión conceptual véase: Judith Butler (2002) Cuerpos que importan. Sobre los límites materiales y discursivos del “sexo”. Bs. As.: Paidós. 8 Karl Marx y Friedrich Engels (1974) Manifiesto del partido comunista. En Obras escogidas. Tomo I. Moscú: Progreso, p. 115. [1848]

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reemplazándolo por la vívida fantasía de un patrón social de identificación con las inmigraciones marítimas europeas. De este modo, un nuevo orden emergerá intentando desconocer las bases sobre las que habrá de levantarse su estructura. Definitivamente, será la Generación del 80 quien plasmará un proyecto de Estado-nación con rasgos que continuarán hasta el presente: sobre los principios de la Ciencia Positiva y sus postulados de desarrollo indefinido. En estas premisas la dominación oligárquica encontrará la expresión intelectual que configurará el acervo cultural dominante, que perdurará más allá del tiempo y de la época en la que será definido9. “…el discurso neoliberal no es un discurso como los demás (…) es un ‘discurso fuerte’, fuerte y difícil de combatir, porque cuenta a su favor con todas las fuerzas de un mundo de relaciones de fuerza que contribuye a que sea tal cual es, especialmente orientando las opciones económicas de los que dominan las relaciones económicas y añadiendo así su fuerza propia, típicamente simbólica, a esas relaciones de fuerza. En nombre de ese programa científico de conocimiento, convertido en programa político de acción, se realizó un inmenso trabajo político (…) tendente a crear las condiciones de realización y funcionamiento de la ‘teoría’; un programa de destrucción metódica de los colectivos (…)”10 De este modo, estaremos frente a la presencia del comienzo de un proceso de apropiación de recursos naturales, en estas latitudes, que vendrá a reemplazar la extinta riqueza de la América precolombina; así como de desplazamiento de los cuerpos, dentro de un movimiento de sustitución de unos por otros, en función de una empresa capitalista que ubicará a las personas por debajo de la importancia que se le otorgará a la producción y a la distribución de mercancías de consumo.

La incorporación a un orden de manera dependiente

La configuración de una economía dependiente de los países septentrionales, con características agro-exportadoras, consolidará al Estado liberal argentino dentro del marco económico mundial en expansión; que en la actualidad se nos presenta como un sistema de redes comerciales denominado Globalización11, en el que la dirección de los capitales comerciales y financieros definen la influencia de un grupo de países dominantes sobre el resto de las econoPag. 8

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9 Waldo Ansaldi (2007) La democracia en América Latina, un barco a la deriva, tocado en la línea de flotación y con piratas a estribor. Una explicación de larga duración. En Ansaldi, W. (Dir.) La democracia en América Latina, un barco a la deriva. Bs. As.: Fondo de Cultura Económica, p. 72. 10 Bourdieu, P. 1999. Contrafuegos. Reflexiones para servir a la resistencia contra la invasión neoliberal. Barcelona: Anagrama, p. 137-8. 11 Para una definición precisa véase: Aldo Ferrer (2007) Globalización, desarrollo y densidad nacional. Un abordaje de la experiencia de América Latina. En Ansaldi, W. (Dir.) La democracia en América Latina, un barco a la deriva. Bs. As.: Fondo de Cultura Económica, p. 123.

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mías nacionales. Esta incorporación a un orden global de manera dependiente no sólo implicará una relación de subordinación económica entre los Estados, sino que también implicará la imposición de ciertos valores culturales como ideales universales, que constituirán los antagonismos de las formas ideológicas que consolida el proceso productivo en cuestión12. Por ejemplo, si indagáramos en la imagen socio-cultural que la sociedad argentina tiene de sí misma, teniendo en cuenta el marcado carácter nacional establecido por el centro económico porteño, seguramente que encontraríamos que lo indio sigue formando parte de un otro latinoamericano. Más aún, si incorporamos ciertos rasgos poblacionales que la particularizan podríamos destacar un predominio de la raza blanca entre sus habitantes, con uno de los más altos grados de acceso a los diferentes niveles educativos en comparación con los demás países de la región, y una metrópolis con una acentuada presencia de rasgos arquitectónicos de resuelto estilo europeo. Este conjunto de factores -y sin duda que muchos otros- establecerán, hasta la actualidad, una tajante diferencia valorativa de cierta argentinidad en relación con el resto de Latinoamérica. Para esta sociedad, en la que el positivismo filosófico ancló de manera decisiva, lo indio y lo negro formarán parte de un continente al que la metrópolis argentina le da la espalda; sin permitirse dejar de mirar con profunda nostalgia las costas de donde partieron los antepasados gringos de la mayoría de su población actual. De este modo, tanto la racionalidad emancipadora como la racionalidad instrumental13 se entrelazarán en este contexto socio-histórico específico, en el que se verán profundizadas las contradicciones propias del desarrollo de la Modernidad. Por un lado, la liberación del atraso de la sociedad criolla hacia un progreso social sin precedentes; y, por el otro, las firmes innovaciones que se implementarán con la pretensión de controlar la naturaleza y los cuerpos, en un juego de dominio y manipulación, de unos pocos ilustrados sobre las ignorantes masas poblacionales. Ambas racionalidades se mantendrán en constante tensión en el devenir de una configuración social particularmente novedosa, impulsada por la influencia del proceso europeo. Sin embargo, el puerto no sólo se constituirá en la puerta de entrada del proceso modernizador, sino que se erigirá como la matriz económica que vinculará la producción pampeana con los centros comerciales mundiales. En una primera etapa -durante el período colonial vinculado a la península ibérica-, se establecerá como punto de salida del contrabando de riquezas del imperio Inca; y, en una segunda etapa -de independencia política-,

12 Karl Marx. Op. cit., p. 518. 13 Fernández Soto, S. 2001. Razón moderna, conocimiento crítico y acción transformadora de la realidad. En VVAA. El diagnóstico social. Proceso de conocimiento e intervención profesional. Bs. As.: Espacio, p. 49.

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de entrada y de salida de los elementos instituyentes del desarrollo socioeconómico de la estancia: la importación de mano de obra asalariada y la exportación de los productos agropecuarios. Esta matriz será el punto de apoyo para establecer una economía nacional dependiente del capitalismo industrializado de Europa. Será las venas por donde se desangró el imperio precolombino del Alto Perú y será vía de escape de una riqueza agropecuaria que alcanzaría de manera holgada para ahuyentar el hambre de todos los habitantes de la nación que la produce. La relación entre el puerto y la estancia marcará los rasgos constitutivos de la sociedad rioplatense y fundará un proceso de sucesivos enfrentamientos entre el sector terrateniente agrario y los movimientos obreros urbanos, que se irá dando en diferentes episodios a lo largo de todo el siglo XX, hasta nuestros días.

Conclusión: El orden encallado

El orden social capitalista irá configurando nuevas poblaciones-obstáculos por medio de sus transformaciones económicas. Las fallas cíclicas del proceso de acumulación reinventarán su chivo expiatorio: nuevas campañas militares y nuevas guerras sobrevendrán sobre territorios con recursos naturales explotables y poblaciones tan deshumanizadas como los indios de las pampas sudamericanas. Otros sujetos se convertirán en lo otro y serán desprovistos de la condición de ciudadanos. Ubicados paradójicamente por una determinada clase política-militarizada como una amenaza a la vida democrática, serán también factibles de eliminación y de muerte. La historia, como una profecía de Casandra carente de persuasión, se volverá a repetir de manera continuada, modificándose tan sólo el grado de violencia utilizado para enfrentar la amenaza a las variantes económicas del capitalismo. Nuevas poblaciones irán ocupando las balsas a la deriva que los botes salvavidas, de este sistema, no pueden transportar. A diferencia de “La Medusa”, la economía liberal encalló al poco tiempo de haber iniciado su travesía. Con estas reglas de juego las posibilidades de sobrevivir no alcanzaron para todos. Las costas de la tierra prometida nunca fueron divisadas con claridad, aunque muchos sigan agitando con furia el pañuelo, tras la esperanza de que aquel punto insignificante en el horizonte se convierta en un salvamento. Pero tampoco sería conveniente resignarse mientras los cadáveres nos rodean y, además, nos devoramos los unos a los otros. Sería más conveniente poder pensar que existen muchos latinoamericanos con un pensamiento crítico de estos procesos, que están trabajando para mejorar las economías locales y regionales, que luchan por reglas comerciales más justas y un desarrollo sustentable que preserve los ecosistemas naturales. O aquellos que se agrupan en movimientos que exigen respaldos jurídicos, buscando una integración y una participación social más igualitarias, para que las diferencias éticas, culturales y sexuales no sean un obstáculo sino que representen las posibilidades de un creciPag. 10

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miento compartido por medio de un diálogo entre diferentes. Seguramente que andaremos un tiempo más a la deriva, sin un rumbo claro y con la brújula rota. Tal vez nuestro desafío consista en inventar nuestro propio Norte, girándolo hacia el Sur y convirtiéndonos en latinoaméricacentristas, para poder revisar nuestro pasado y criticar los grandes genocidios y los saqueos culturales y económicos que han acontecido en estas tierras en los últimos quinientos años. Y que continúan en la actualidad -en toda la región- de manera financiera, generando una cartografía de exclusión que ubica a amplios sectores poblacionales en las periferias de un mundo con botes salvavidas para pocos.

Bibliografía utilizada. - Ansaldi, W. 2007. La democracia en América Latina, un barco a la deriva, tocado en la línea de flotación y con piratas a estribor. Una explicación de larga duración. En W. Ansaldi (Dir.) La democracia en América Latina, un barco a la deriva. Bs. As.: Fondo de Cultura Económica, 53-121. - Bourdieu, P. 1999. Contrafuegos. Reflexiones para servir a la resistencia contra la invasión neoliberal. Barcelona: Anagrama, 43-63; 136-147. - Butler, J. 2002. Cuerpos que importan. Sobre los límites materiales y discursivos del “sexo”. Bs. As.: Paidós. - Fernández Soto, S. 2001. Razón moderna, conocimiento crítico y acción transformadora de la realidad. En VVAA. El diagnóstico social. Proceso de conocimiento e intervención profesional. Bs. As.: Espacio, 35-65. - Fernández Soto, S. 2003. El concepto de pobreza en la teoría marxista. En Serviço Social & Sociedade. Revista Quadrimestral de Serviço Social, Ano XXIV, n. 73, março 2003. San Pablo: Cortez, 5-22. - Ferrer, A. 2007. Globalización, desarrollo y densidad nacional. Un abordaje de la experiencia de América Latina. En W. Ansaldi (Dir.) La democracia en América Latina, un barco a la deriva. Bs. As.: Fondo de Cultura Económica, 123-130. - Lenin, V. 1948. El Estado y La Revolución. En Obras Escogidas. Tomo II. Moscú: Ediciones en Lenguas Extranjeras, 169-191. [1918] - Luxemburgo, R. 1976. Obras escogidas. Tomo II. Bs. As.: Pluma, 189203. - Marx, K. y F. Engels. 1974. Feuerbach. Oposición entre las concepciones materialista e idealista. En Obras escogidas. Tomo I. Moscú: Progreso, 11-40. [1845-6] - Marx, K. 1974. Prólogo de la Contribución a la Crítica de la Economía Política. Op. cit., 516-520. [1859] - Marx, K. y F. Engels. 1974. Manifiesto del partido comunista. Op. cit., 110-130. [1848] - Reynolds, D. 1985. Introducción a la Historia del Arte. El siglo XIX. Barcelona: Gustavo Gili. - Rozas Pagaza, M. 2001. La intervención profesional en relación con la cuestión social. El caso del trabajo social. Bs. As.: Espacio, 39-85. DOSSIER DE CONFLUENCIAS Nº 68 - JULIO DE 2010

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