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Conferencias Blancas - La revista

ARTÍCULOS

El Tribunal Supremo en sentencia de 31 de marzo de 2011 marcó un hito en cuanto a la exigibilidad de lo pactado dentro de los acuerdos prematrimoniales, incidiendo en la posibilidad de realizar actos válidos entre los cónyuges, distintos al convenio regulador, en virtud de su autonomía privada sobre materias susceptibles de disposición y siempre que se cumplan los requisitos exigidos para la validez de los contratos, esto es porque exista un consentimiento válido, objeto y causa lícita (artículo 1261 del código civil) y el resto de normas reguladoras de los contratos. Así mismo, la sentencia determina que por una parte puede existir un pleito matrimonial donde se acuerda determinadas consecuencias y, de forma independiente, se puede exigir el cumplimiento de los pactos de pre-ruptura sin que estos hayan de exigirse dentro del pleito matrimonial. Más recientemente, la sentencia de la Sala de lo Civil del Tribunal Supremo de fecha 30/05/2018, plantea la posibilidad de renunciar a derechos (pensión compensatoria, derecho a ser indemnizado de cualquier otra manera y renuncia al uso del domicilio conyugal por una de las partes y atribución a la otra) dentro del acuerdo prematrimonial. Planteada al alto tribunal por una de las partes la nulidad de estos pactos alegando que eran contrarios a la ley, la moral o al orden público, el tribunal consideró que las circunstancias personales, culturales y sociales de los cónyuges permitían concluir que ambos conocían lo que se firmó y la trascendencia de lo declarado en el acuerdo. La sentencia pondera la duración del matrimonio, la no existencia de hijos comunes, las circunstancias profesionales de la parte que hubo renunciado a sus derechos y concluye afirmando que cuando se firmaron los pactos prematrimoniales no se sometió a la parte renunciante a una situación de previsible precariedad, por tanto, los pactos no resultaban contrarios al orden público. Tampoco considera infringidos el derecho a la libertad, dignidad e igualdad de los cónyuges, en tanto que no resultó acreditado el sometimiento o predominio de uno sobre el otro en el momento de la firma, ponderando también que los pactos se firmaran con suficiente antelación al momento que se contrajo matrimonio, por lo que no pueden considerarse sorpresivos. Finalmente, una de las cuestiones que pueden plantearse es qué ocurre cuando desde la suscripción de los pactos de previsión de la ruptura y el momento de ésta, ha sobrevenido (de forma imprevisible) un cambio de circunstancias. Dichos pactos podrían ser perfectamente válidos al tiempo de ejecutarse, siempre que no se haya dispuesto lo que la ley considera indisponible, ni resulten gravemente perjudiciales para uno de los cónyuges y que entre el perjuicio y el cambio de circunstancias exista relación de causa efecto no imputable al que lo denuncia, en sentido equiparable a las exigencias para la modificación de medidas paternofiliales contenciosas. Los cambios sociales y culturales, la mayor formación y nivel educacional y la diversidad de modelos de familia actuales propician que la suscripción de pactos en previsión de crisis matrimonial sea el instrumento idóneo para fijar con mayor seguridad su estilo de vida común y acordar las consecuencias de una futura ruptura desde la serenidad

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JURISPRUDENCIA Y BIBLIOGRAFIA

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Gema Font Licenciada en Periodismo. Consultora experta en Comunicación La idea de igualdad va en contra de lo histórico, de lo establecido puesto que hay una idea que la representa: no hay arriba y abajo, no hay derecha ni izquierda. No hay opuestos. Sólo equilibrio. Esto es tan nuevo, tan inusual, que aterra a lo tradicionalmente cotidiano. Ninguna sociedad ha implantado aún que mujeres y hombres estemos en el mismo escalón. Los mitos, las religiones, la política, aún no se ha experimentado tal bondad. Poner en cuestión tanta estructura que ha costado 3000 años en levantar, no nos engañemos, no sabemos cuánto tiempo nos va a costar acercarnos a ella, a la igualdad de facto. A mí no me salen los números. Continúo viendo que hay más mujeres en las universidades que hombres y después al mercado no se refleja. En prensa la presencia de la mujer en las zonas altas de las estructuras corporativas es del 4 por ciento cuando en las universidades de periodismo las alumnas mujeres somos el 62.2 por ciento (según datos de la Fundación CYD). En los cargos directivos de las demás disciplinas la situación es semejante, la mayoría son hombres a pesar de que hay muchas ejecutivas a segunda línea que verdaderamente salvan la papeleta a los de arriba. Si hay mujeres arriba la brecha salarial está presente y se convierte en un arriba “falso”, en una situación de cartón-piedra para lavar la conciencia social. Aún hoy los datos cuentan que las mujeres que trabajan fuera de casa necesitan trabajar diez años más que los hombres para igualar su retribución por culpa de la brecha salarial. Aún hoy, en el mundo, existen 40,3 millones personas sometidas a esclavitud moderna, según el Índice Global de Esclavitud, elaborado por la Fundación Walk Free. El 71 por ciento de las personas atrapadas en la esclavitud moderna en la actualidad son mujeres, de las cuales 15,4 millones viven en un matrimonio forzado. Esta diferencia de género refleja el “ciclo de desigualdad para las mujeres en la cultura

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