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1 SERMÓN PARA LA FIESTA DE S. AGUSTÍN 28.8.13 (definitivo) Su biografía. San Agustín nació el 13 de noviembre del año 354 en TAGASTE (Argelia). Su padre, Patricio, era pagano y después bautizado, murió cuando él tenía 17 años. De los 15 a los 30 años, siendo Agustín no bautizado convivió con una muchacha cartaginesa con la que a los 18 años tuvo un hijo, Diosdado. De niño –aunque no le bautizaron- había aprendido de su madre, santa Mónica, la fe católica. Siendo adolescente abandonó esta fe, porque no lograba ver su racionalidad y no quería una religión que no fuera también para él expresión de la razón, es decir, de la verdad. Su sed de verdad era radical y lo llevó a alejarse de la fe católica. Durante nueve años se adhirió en este tiempo al maniqueísmo y al escepticismo. El año 383 (a los 29 años) se trasladó de Cartago a Roma como catedrático de Retórica. Un año después se traslada a Milán, donde conoció a S. Ambrosio y donde se produjo su conversión. Fue bautizado con su hijo, a los 33 años, la noche pascual del 24 al 25 de abril del año 387 en el baptisterio octogonal de la catedral de Milán.Regresó poco después a Cartago donde fue ordenado sacerdote el 391 y consagrado como Obispo de Hipona cuatro años después (a. 395 p.C.), donde murió el 28 de agosto del 430, a los 77 años de edad.

S. Agustín (354-430), teólogo cristiano, es uno de los más grandes padres de la Iglesia y uno de sus más eminentes doctores. Su misión teológica consistió en recoger, coordinar y asimilar dos culturas: la grecorromana y la judeocristiana. Lo realizó tan perfectamente, que se constituyó en uno de los cinco genios intelectuales de Europa. Pablo VI afirmó que "además de brillar en él de forma eminente las cualidades de los Padres, se puede afirmar en verdad que todo el pensamiento de la antigüedad confluye en su obra y que de ella derivan corrientes de pensamiento que empapan toda la tradición doctrinal de los siglos posteriores”. Juan Pablo II dijo que "el conocimiento exacto y afectuoso de su pensamiento y de su vida provoca la sed de Dios; descubre el encanto de Jesucristo; el amor a la sabiduría y a la verdad, la necesidad de la gracia, de la oración, de la virtud, de la caridad fraterna, y el anhelo de la eternidad feliz". Dentro de las galaxias encontramos estrellas enormes, planetas, satélites y asteroides. Lo mismo sucede en la constelación de los santos que nos presenta la Iglesia. S. Agustín es no de los grandes. Muchos enfoques se pueden dar al hablar sobre S. Agustín, yo me voy a reducir a dar unos flases sobre su conversión, como referente fundamental para todo el que se tome en serio la fe en Jesucristo: “Convertíos y creed en el Evangelio”. 1.- La conversión. El hombre es un ser condenado a enfermar de ilusiones, por no poder dejar de desear. En la estructura humana existe una aspiración de fondo nunca cumplida. No hay objeto en la tierra que pueda extinguir nuestros deseos de felicidad, porque "el paraíso lo perdimos". Por eso la fantasía y el conflicto son inherentes a la dinámica del deseo. Para entender esto es posible que haya que leer "Las Confesiones" de S. Agustín. El ser humano somos una realidad compleja: somos biología, psicología y persona. La biología nos viene dada por genes; nuestra psicología se nos da con el orden de las neuronas y la educación. Estos dos "paquetes" los recibimos al ser engendrados y después de nacer. Pero el "ser persona" es algo que cada uno debemos conquistar, dentro de un marco sociocultural no siempre fàcil ni rpopicio para ello; no se nos da el ser persona, nos debemos construir. Podemos llegar a ser una cosa "distinta" de lo que se nos dio (biología+psicología), pero sólo a cambio de una dura conquista, la de la propia libertad. Tarea esta dramática, grandiosa y apasionante, pues nos hace semejantes a Dios... aunque como proceso no esté exento de fracasos. El verbo "existir" etimológicamente significa "salir de sí mismo". Nos "unificamos" y "existimos" cuando salimos de nosotros mismos. Sólo se sale de sí mismo cuando existe la experiencia de un verdadero amor, o de una solidaridad sincera. El amor nos empuja a salir de la fascinación narcisista, que conduce repetitivamente a una adhesión estéril a nuestro yo


2 inmaduro. Sólo hay un medio de salir de uno mismo y "hallarse a sí mismo": abrirse y perderse en Otro que es más íntimo que uno mismo. Ese Otro por excelencia es Dios... quien a su vez siempre nos remite a servir y compartir con los demás. Nacemos, pero después hay que “renacer”. En eso consiste la conversión.

1.1.

La conversión de S. Agustín.

a) La crisis Conocemos el camino de su conversión por sus mismas obras, escritas en la soledad de Casiciaco antes del bautismo, sobre todo por sus célebres Confesiones, consideraa ya en su tiempo por S.Agustín como la más conocida: "¿Cuál de mis obras -escribe hacia al final de su vida- pudo alcanzar una más amplia notoriedad y resultar más agradable y provechosa que los libros de mis Confesiones?". Su conversión no fue una conquista de la fe católica, sino de reconquista. Agustín había perdido la fe convencido de que no abandonaba a Cristo, sino sólo a la Iglesia. En efecto, Agustín permaneció siempre no sólo un creyente en Dios, en la Providencia y en la vida futura, sino también un creyente en Cristo, cuyo nombre "había bebido, como dice él, con la leche materna". Por eso, tras volver a la fe de la Iglesia católica, dirá que había vuelto "a la religión que me había sido imbuida desde niño y que había penetrado hasta la más íntima médula de mi ser". Al despertarse a los 19 años el amor por la sabiduría y la ciencia, con la lectura del Hortensio de Cicerón, se alejó de la fe: -"Aquel libro, tengo que admitirlo, cambió mi modo de sentir... y me hizo desear ardientemente la sabiduría inmortal con increíble ardor de corazón"… "¡Oh verdad, verdad, cómo suspiraba ya entonces por ti desde las fibras más íntimas de mi corazón!". No obstante este amor a la verdad, Agustín cayó en tres graves errores. ¿Cómo fue posible que un hombre tan inteligente cayera en semejantes errores? Las causas las encontramos en tres planteamientos equivocados: en el modo de entender las relaciones entre la razón y la fe. Si había que escoger necesariamente entre una y otra. Agustín optó por el racionalismo: “había que seguir no a los que mandan creer (obispos), sino a los que enseñan la verdad”, los sofistas y maniqueos, pues "estaba deseoso de poseer y absorber la verdad auténtica y sin velos", sin cortapisas, con la sola fuerza de la razón. Y confisa que "Los académicos maniqueos mantuvieron durante mucho tiempo el timón de mi nave en medio de bravas olas" (controversias y decepción). Desde el racionalismo y el cientificismo cayó en las redes del agnosticismo. Fe y razón, dirá años después, "son las dos fuerzas que nos llevan a conocer toda la Verdad" (Contra académicos, III, 20, 43)”, y nunca se pueden confundir (fideísmo) ni separar (racionalismo): “hay que creer para poder comprender” y “compender bien para poder creer”. en el presunto contraste entre Cristo y la Iglesia; Agustín tenía la firme persuasión de que para adherirse plenamente a Cristo había que tomar distancia del autoritarismo clerical y abandonar la Iglesia: "Yo que os hablo, estuve engañado un tiempo, cuando de joven me acerqué por primera vez a las Sagradas Escrituras. Me acerqué a ellas no con la piedad del que busca humildemente la luz, sino con la presunción de quien quiere discutirlo todo... ¡Pobre de mí, yo que me creía apto para el vuelo, abandoné el nido y caí antes de poder volar!" “Dejé a un lado la que consideraba terrible autoridad (de la Iglesia), y `pretendí conducir a Dios y librar de los errores a mis discípulos con la pura y simple luz de la razón". [Tres errores: separar fe-razón; Cristo-Iglesia; libertad y responsabilidad humana en el pecado, qe no se reconoce ni asume]


3 Tras esa huida de la Iglesia, triunfó en él en el Maniqueísmo: no es la libertad humana sino Satanás el responsable del mal. Hoy también el no asumir la responsabilidad moral personal toma forma de psicologismo o sociologismo. No se pueden separar fe y razón, ni Cristo se puede separar de su Esposa la Iglesia, como no se separa la Cabeza de su tronco. En este estado ¿cómo fue posible su conversión? b) El silencio orante En lo más hondo de cada ser humano anida la Presencia del Misterio, que emerge constantemente. La conversión es una obra de Dios, su gran triunfo sobre el narcisismo inicial con el que empieza la vida y que suplanta en el hombre el protagonismo de Dios. San Agustín experimentó en sí mismo con extraordinaria intensidad esta cercanía de Dios. La presencia de Dios en el hombre es profunda y al mismo tiempo misteriosa, pero puede reconocerse y descubrirse en la propia intimidad: no hay que salir fuera de sí mismo: "Vuelve a ti mismo. La verdad habita en lo más íntimo del hombre. Y si encuentras que tu naturaleza es mudable, trasciéndete a ti mismo. Pero, al hacerlo, recuerda que trasciendes un alma que razona. Así pues, dirígete adonde se enciende la luz misma de la razón" (De vera religione, 39, 72). Con una afirmación famosísima del inicio de las Confesiones, [autobiografía espiritual escrita en alabanza de Dios], él mismo subraya: "Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto, hasta que descanse en ti" (I, 1, 1). Su conversión se produce cuando se da cuenta que Cristo no es sólo un personaje histórico, ni una idea filosófica, sino que es el Señor vivo que palpita, respira, enseña y ama, en la liturgia y vida de la Iglesia. S. Ambrosio, un obispo excepcional, en sus homilías supo trasmitir la presencia activa del Salvador, y jugó un papel excepcional en su conversión: “No valen de nada los encantadores [de palabras] donde el cántico de Cristo se canta cada día; ella tiene ya su encantador, el mismo Señor Jesús” (Hexamerón IV, 33). “Ningún otro nombre podía conquistarme totalmente… Sólo Cristo. Nos hemos transformado en Cristo. Él es la Cabeza, nosotros sus miembros; Él y nosotros es el hombre total” (Tract.in Joan 21,8; Confesiones 3,4,8). La lejanía de Dios equivale, por tanto para S. Agustín, a la lejanía de sí mismos. "Porque tú —reconoce san Agustín (Confesiones, III, 6, 11)— estabas más dentro de mí que lo más íntimo de mí, y más alto que lo supremo de mi ser" ("interior intimo meo et superior summo meo"), pero yo no me daba cuenta; "tú estabas, ciertamente, delante de mí, mas yo me había alejado también de mí, y no acertaba a encontrarme, y ¡cuánto menos a ti!" (Confesiones, V, 2, 2). c.- Su conversión es la gran obra de Cristo. El triunfo de la gracia. El hombre es un gran enigma y un gran abismo que sólo Cristo ppuede iluminar, liberar y salvar. Sólo en Cristo encontramos nuestra verdadera identidad. Cristo, dice S. Agustín, es "el único camino universal de libertad y de la salvación"(Augustinum Hipponensem, 21). Fuera de este camino, que nunca le ha faltado al género humano, "nadie ha sido liberado nunca, nadie es liberado y nadie será liberado" (De civitate Dei X, 32, 2), hasta el punto de que san Agustín llega a afirmar: "Nos hemos convertido en Cristo. En efecto, si él es la cabeza, nosotros somos sus miembros; el hombre total es él y nosotros" (In Iohannis evangelium tractatus, 21, 8). Sin Cristo no existe el hombre atorrealizado... Y Agustín, desde esta experiencia de encuentro con Cristo, pronuncia en las Confesiones (X, 27, 38) esta famosísima, densa y hermosa oración: "Tarde te amé, hermosura tan antigua, y tan nueva, tarde te amé. Y he aquí que tú estabas dentro de mí, y yo fuera, y fuera te buscaba yo, y me arrojaba sobre esas hermosuras que tú creaste. Tú estabas conmigo, mas yo no estaba contigo. Me mantenían lejos de ti aquellas


4 cosas que, si no estuviesen en ti, no existirían. Llamaste y gritaste, y rompiste mi sordera; brillaste y resplandeciste, y ahuyentaste mi ceguera; exhalaste tu fragancia, la respiré y suspiro por ti; te gusté y tengo hambre y sed de ti; me tocaste y me abrasé en tu paz". d) Su conversión fue posible por la oración Cristo, dice S. Agustín, es "el único camino universal de libertad y salvación”. Y a ese Cristo se le encuentra seguro, orando. Sus escritos sobre la oración son dignos de estudio, por gozar siempre de una actualidad y necesidad fundamentales: el valor del silencio para despertar el deseo de Dios... para sintonizar voluntades tras descubrir nuestras verdaderas andanzas... para consolados gozar de su cercanía amorosa... Sus aportaciones a la comprensión del Padre Nuestro... etc. Son de antología y le convierten en uno de los grandes maestros de oración de la Iglesia e) Su conversión comportó un gran cambio de vida. A parte de su transformación personal, que hizo de él un sabio humilde y orante... un filósofo brillante y agudo... uno de los más grandes teólogos de la Iglesia y uno de los grandes Stos. Padres de la Iglesia en Occidente... quisiera en estos momentos simplemente apuntar sus famosas meditaciones sobre cómo deben ser y actuar los Pastores en el seno de sus respectivas comunidades. Ningún Obispo ni Presbítero deberíamos dejar de meditarlas cada año... El Papa Francisco al inicio de su pontificado, cada día en su homilía privada, hacía referencia al pensamiento de S. Agustín hablando de pastores santos que entran por la puerta que es Cristo, y pastores salteadores que quieren arrebatar de las ovejas los honores que sólo corresponden a Cristo. San Agustín encontró a Dios en Jesucristo, y durante toda su vida lo experimentó cercano. Estos encuentros cambiaron su vida, como cambia la de cuantos, hombres y mujeres, en cualquier tiempo, tienen la gracia de encontrarse con él. Que esta celebración nos ayude a despertar y cuidar también en nosotros el deseo vivo de Dios, para buscar y cumplir en todo su voluntad. Pidamos al Señor que nos dé esta gracia, para ser santos y encontrar así esa paz que sólo Él nos puede dar. Mossén Joan Llidó Herrero Montornés 28.VIII.2013


Sermón para la fiesta de s agustín, 28 8 13 (definitivo)(1)