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Juego Literario de MedellĂ­n Una forma gozosa de cultivar lectores


© Alcaldía de Medellín

Sergio Fajardo Valderrama Alcalde

Juan Manuel Valdez Secretario de Cultura Ciudadana

Adriana Sampedro Cuartas Subsecretaria de Cultura Ciudadana

Coordinación Juego Literario Gloria María Giraldo de la Cuesta Servicio Móvil de Lectura, Secretaría de Cultura Ciudadana de Medellín

Edición académica Gloria María Giraldo de la Cuesta Juan Pablo Hernández Carvajal

Textos Ricardo Aricapa

Diseño y diagramación Saúl Álvarez Lara

Fotografías Servicio Móvil de Lectura, Secretaría de Cultura Ciudadana de Medellín Fundación Taller de Letras Jordi Sierra i Fabra Utopía Urbana Ltda.

ISBN: Medellín, septiembre de 2007


Juego Literario de MedellĂ­n Una forma gozosa de cultivar lectores


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Sumario Las palabras continúan habitando la ciudad

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El por qué de este libro

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15 años creciendo

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Un oso que antojó a los niños

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Vuelve y juega

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Llegan los poetas

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Con la peor señora del mundo

39

Un encuentro entre conjuros y sortilegios

43

Las luces del nuevo siglo

47

Willy en Medellín

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Un Chigüiro camina por las aulas

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Juego con un autor que ya no está

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2007, el juego se multiplica

66

Cómo se ha jugado

75

Arranca la lectura

81

La escritura, ejercicio imprescindible

87

Los encuentros zonales

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Sesión final con el autor

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Las palabras continúan habitando la ciudad El Juego Literario de Medellín es un proyecto de promoción de lectura de la Secretaría de Cultura Ciudadana del Municipio de Medellín que busca contribuir a la formación de lectores y escritores en la ciudad. Esta propuesta vincula a niños, jóvenes, maestros, bibliotecarios y promotores de lectura con destacados autores contemporáneos de la literatura infantil y juvenil a partir de actividades de carácter cultural y educativo, basadas en la participación, el juego y la creación. Durante sus quince años de realización continúa, el Servicio Móvil de Lectura, adscrito a la Secretaría de Cultura Ciudadana, ha liderado este proyecto de ciudad en el cual han participado reconocidos autores nacionales e internacionales y se han beneficiado más de 12 mil niños y jóvenes vinculados a 331 instituciones educativas de la ciudad. Como una manera especial de celebrar sus quince años, la Secretaría de Cultura Ciudadana del Municipio de Medellín, dentro de su Plan de Lectura Medellín una ciudad para leer, y con el apoyo del Ministerio de Cultura de España y la Fundación Taller de Letras Jordi Sierra i Fabra, hace posible que las palabras continúen habitando la ciudad mediante una programación especial en la cual se incluye la visita de 20 autores, nacionales e internaciona


les, la realización de talleres de promoción de lectura, tertulias literarias y encuentros con autores desde Instituciones Educativas y Parques Biblioteca. El XV Juego Literario llega a 120 espacios culturales de la ciudad y beneficia a más de 50.000 niños y jóvenes escolares. Así mismo, ofrece una nutrida programación en la Fiesta del Libro y la Cultura y una interesante agenda académica en el XVI Seminario de Literatura Infantil de Medellín. Esperamos que esta publicación contribuya a la formación de ciudadanos lectores y ha hacer de Medellín la más educada.

Sergio Fajardo Valderrama Alcalde de Medellín

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El por qué de este libro

Colombia es un país de pocos lectores, donde el libro es

El Colombiano. Martes 21 de Noviembre de 2006

un objeto extraño, ajeno a las actividades cotidianas. Se calcula que su índice de lectura es de menos de un libro por persona al año, cuando, según la UNESCO, un buen índice par un país no debe bajar de 2.5 libros por persona al año. Nuestros niños leen poco y con frecuencia mal. Por lo general leen por obligación o compromiso, sin paladear el texto, sin interiorizarlo, sin extraer de él todos los matices e interpretaciones posibles; cuando no es que lo leen como una tortura. Con consecuencias socialmente lesivas, si se tiene en cuenta que la lectura es irremplazable en la construcción de una só11


lida base cultural. Sin una formación temprana en el hábito de la lectura, difícilmente un adulto será amigo de los libros. El acto de leer no será para él lo que Jorge Luis Borges dijo que es: una de las formas de la felicidad humana. Y son la niñez y la adolescencia las etapas de la vida donde es posible incidir de manera más efectiva en la formación de sólidos hábitos de lectura. Mientras más temprano tenga una persona su encuentro con el libro, más probabilidades tendrá que éste, el libro, pase a ser un elemento indispensable en su universo afectivo y cognoscitivo. En consecuencia, corresponde a la escuela y a la biblioteca hacer el mayor esfuerzo en esta materia. Pero, paradójicamente, es la misma escuela la que frena la relación placentera entre el libro y el niño, al convertir la lectura en una carga académica más, en una aburrida y tediosa obligación; además en competencia franca con la Internet y la tecnología digital, que le ofrecen al niño una variada gama de juegos divertidos y pasatiempos, sin exigirle mucho esfuerzo crítico y analítico. Es tal vez por eso que a nuestras universidades los bachilleres llegan cargados de un pobre equipaje de lecturas, que no van más allá de los textos obligados de los cursos de literatura y filosofía, y de lecturas sueltas de libros de autoayuda y superación personal. ¿Qué hacer entonces para que los niños y los jóvenes lean? ¿Cómo lograr lectores autónomos y críticos y a la vez 12


felices? ¿Cuál es la función del padre de familia, del maestro y del bibliotecario en esa tarea? ¿Qué estrategias se deben utilizar? ¿Cuáles son los libros más adecuados? Estas, y otras más, son las preguntas que ha tratado de resolver en la práctica el Juego Literario de Medellín. El Juego Literario es una estrategia de promoción de la lectura participativa que lidera en la Secretaría de Cultura Ciudadana de Medellín en establecimientos educativos públicos y privados de los niveles de educción básica y secundaria. Es fundamentalmente un proceso pedagógico, una completa propuesta de acción con el libro que rompe sustancialmente los anticuados esquemas que han regido la relación del alumno con la lectura. Parte de la invitación a un autor reconocido en el ámbito de la literatura infantil y juvenil, cuyos libros serán material de lectura de todos los actores y dinamizadores involucrados en el juego: estudiantes, educadores, bibliotecarios, promotores de lectura, talleristas y padres de familia. Durante varios meses todas estas personas hacen parte de un proceso que empieza por la escogencia del autor invitado y los establecimientos educativos participantes. Luego desarrolla una amplia gama de actividades y talleres de lectura, concursos, juegos de palabras, puestas en escena, representaciones artísticas, cruce de cartas, diarios personales, periódicos murales, carreras de observación… La lista es 13


larga, porque son ilimitadas las actividades creativas y lúdicas que pueden animar el proceso de lectura, que termina de la mejor manera que puede terminar: con el encuentro cara a cara con el autor invitado, con ese desconocido de quien tanto han hablado y a quien tanto admiran porque han leído sus obras al derecho y al revés. Y en materia de autores, el Juego Literario de Medellín los ha tenido de primer nivel: Roald Dahl, Ana María Machado, Anthohy Brown, Francisco Hinojosa, Jordi Sierra i Fabra, David Chericián, Sergio Adricaín, Antonio García Teijeiro, Hernán Rodríguez Castelo, entre los extranjeros; Yolanda Reyes, Irene Vasco, Ivar Da Coll, Evelio José Rosero, Celso Román, entre los colombianos. “El Juego Literario es una puerta que se nos abre con solo empujarla y que adentro esconde un mundo lleno de conocimientos, de satisfacción y de entretenimiento. Me siento afortunada porque me interesé más en leer y maduré un poco más como persona”, escribió en su diario personal la niña Deisy Hernández Ramírez, del grado 11º del Liceo Consejo de Medellín, y con eso resume todo el sentido y los alcances de este singular evento de lectura que este año 2007 cumple 15 años de existencia. Y es singular porque una experiencia similar no existe en ningún otro país de habla hispana, dicho por todos los escritores extranjeros que han participado. El objetivo de este libro es enterar al lector, a manera de crónica, de la evolución que ha tenido el Juego Literario en sus diferentes etapas, hasta llegar a ser lo que es hoy: un evento pedagógico de alcance a toda la ciudad, una herramienta que ha probado ser eficaz en la lucha contra la apatía por el libro y la lectura. También se describen en detalle la metodología y las pautas del Juego, que pueden ser aplicadas por los educadores y promotores de lectura en cualquier institución educativa... 14


...espero que disfruten su lectura.

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15 años creciendo A principios de los años 90 la promoción de la lectura era una actividad que en los establecimientos educativos de Medellín se cumplía de una manera que se podía calificar de rutinaria y esquemática. No iba más allá de lo que los maestros y profesores de escuelas y colegios lograran hacer en sus clases de español y literatura, y no incluía estrategias creativas y dinámicas que involucraran gozosamente a los niños en la lectura. En una palabra, en la ciudad el recurso de la lúdica no se utilizaba en la formación de niños lectores, cuando ésta ya era una tendencia que venía ganando espacio. En Bogotá, por ejemplo, ya había tenido lugar una experiencia de Juego Literario, en 1988. Se realizó por iniciativa de la bibliotecóloga Silvia Castrillón, directora en ese momento de Fundelectura, y reunió más de 300 niños entre 11 y 14 años en torno a la novela Por todos los dioses, del escritor Ramón García Domínguez, quien estuvo presente en el evento. En aquellos años existía en Medellín un programa de promoción de lectura en los barrios y áreas rurales que carecían de bibliotecas, más conocido como el Bibliobús, porque los libros se llevaban a las escuelas y colegios en un bus adaptado como biblioteca ambulante. Fue un vehículo que Colcultura le donó al Municipio de Medellín para llevar servicios de lectura a zonas carentes de bibliotecas. El servicio Bibliobus 17


estaba adscrito a la Secretaria de Educación y Cultura, y lo dirigía la bibliotecóloga Gloria María Giraldo de la Cuesta quien tuvo la idea de replicar en Medellín un Juego Literario similar al realizado por Fundalectura en Bogotá, con las debidas variaciones. Lo curioso fue que en un principio la gente de las zonas a las que iba el Bibliobús creyó que la función de éste era llevar almuerzos a las escuelas, porque, por su parecido, lo confundían con el furgón de la Secretaría de Bienestar Social que iba de barrio en barrio surtiendo los restaurantes escolares. Cuando vieron que no era comida lo que llevaba sino libros, la gente protestó. Dijo que para qué libros, que lo que necesitaban era comida. “Fue difícil hacerles entender que los libros son también alimento, alimento espiritual, tan importante como el material”, recuerda Gloria María. La novela escogida para aquella primera experiencia de juego con la lectura —prueba piloto podría llamarse—, fue Matilda, del inglés Roald Dahl, que trata de una niña a quien le fascinan los libros, pero no puede leerlos. Los adultos se lo prohíben porque consideran la lectura una actividad estúpida, impropia para una niña. Entonces Matilda sufre su suerte y lucha por su derecho a leer, con su maestra y la bibliotecaria de su barrio como únicos apoyos. Se escogieron 180 niños de dos escuelas, quienes leyeron Matilda en sus clases de español bajo la conducción de sus maestros. Una vez todos la leyeron, se reunieron en el Centro Educativo y Cultural La Floresta para hacer un juicio a los responsables del mal trato a Matilda, es decir, un juicio a los adultos. En eso consistió el Juego. Los mismos niños nombraron el

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jurado, los fiscales y los abogados de la defensa. Se analizó la relación de los personajes adultos con Matilda, y la responsabilidad que a cada uno le cabía por la mala educación que le estaban dando, lo cual generó un interesantísimo debate en el que los niños se divirtieron, aprendieron, cuestionaron y acusaron. Hablaron de cosas como el machismo y el maltrato a las mujeres y a los menores, del respeto a los gustos y la libertad del otro. Y algunos lo hicieron con tal vehemencia que por momentos provocaron el sonrojo de los maestros y padres de familia que se encontraban en el Centro Educativo. Como el balance fue positivo se decidió repetir la experiencia. Así que Gloria María, en asocio con la bibliotecóloga Francia Santamaría, directora de la Biblioteca de Primaria de la Universidad Pontificia Bolivariana, programaron para el segundo semestre de 1993 la primera versión del Juego Literario de Medellín, como de una vez quedó bautizado el evento. La idea era hacerlo con una buena logística y organización, en un escenario más cómodo y espacioso, y con mayor compromiso por parte de los maestros de las escuelas y colegios invitados. Y lo más importante: con la presencia del autor de la novela leída por los niños. Ese era realmente el quid del juego: que después de la lectura los niños se encontraran con el autor de la novela, para escucharlo, aplaudirlo, tocarlo y preguntarle cosas sobre su literatura y su vida. La expectativa por conocer y encontrarse con el autor en persona, sin duda mantendría en azogue permanente el interés de los niños por la novela leída, y sería un ingrediente dinamizador de toda la actividad.

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Un oso que antojó a los niños Las dos instituciones educativas invitadas al Juego Literario fueron la escuela pública Sor Juana Inés de la Cruz, ubicada en Pedregal, un barrio popular de la zona noroccidental de la ciudad, y la Preparatoria de la UPB, de carácter privado. Se escogieron los estudiantes de los grupos de grado quinto en ambos planteles —unos 200 en total— con sus respectivos maestros, que actuaron como promotores y animadores de la lectura en sus clases, actividad a la cual debían dedicarle por lo menos dos horas a la semana. El escritor invitado fue el polifacético Luis Carlos Neves, escritor brasilero de literatura infantil, poeta, profesor de niños, autor y actor de obras de teatro, además abogado con especialización en Ciencias Políticas y Derecho del Ambiente. Para ese momento había ganado varios premios en concursos de cuentos y dramaturgia infantil en Venezuela y Colombia y tenía 15 libros publicados, entre los cuales se destacan Antojo de Oso, Hazañas del sapo Cururu, Arias Imaginarias y Carabela Calavera, obra ésta que narra la historia de una niña y el fantasma de un pirata irlandés que habita un barco antiguo. Varias circunstancias se conjugaron para que Neves fuese el escritor invitado al Primer Juego Literario. Una: era un autor reconocido, cuya obra Antojo de Oso se conseguía fácil en el mercado. Lo había publicado Edilux en su colección de literatura infantil. Otra: Neves había hecho la promesa de volver a Medellín, la vez que aquí estuvo recibiendo el Premio Enka de 20


Literatura Infantil por su novela Carabela Calavera; premio que por cierto recibió en una ceremonia que a él, según dijo, le pareció triste porque no había un solo niño presente. Tanto así que al día siguiente se fue para un jardín infantil de la ciudad a compartir un rato con los niños, que quedaron encantados con su cadente acento brasilero y sus artes de teatrero: les contó historias, les hizo trabalenguas y les leyó versos. Ese fue el día que prometió regresar: para compartir un día completo con los niños paisas.

Y la última circunstancia: Neves anunció su presencia en Medellín para octubre de 1993, como ponente invitado al VI Seminario de Literatura Infantil de Medellín, evento que con el auspicio de la Secretaría de Educación Municipal cada año reunía en Medellín a escritores y especialistas en temas de literatura y pedagogía de América Latina. Los organizadores del Juego Literario celebraron y aprovecharon esa feliz coincidencia de fechas para invitar a Neves a participar como autor invitado, dado que el Servicio Móvil no tenía fondos suficientes para costear el viaje de un escritor extranjero. Tal vez sobre decir que Neves aceptó la invitación complacido. La novela escogida para el Juego Literario fue Antojo de Oso, y la única leída por los niños porque de Neves no se conseguían más obras en las librerías. Antojo de Oso es la historia de un in21


vestigador que llega a un pueblo en busca de un baquiano que lo acompañe a buscar el oso frontino, una especie en vía de extinción. El baquiano es tío de Ernesto, un niño de 12 años, protagonista de la novela, quien los acompaña en la aventura, pero no sin aprensión porque piensa que la intensión secreta del investigador es matar al oso. ¿Debe actuar para impedirlo? ¿Debe regresar a casa?, son las preguntas que afligen a Ernesto a medida que avanzan en la búsqueda del oso. Es una aventura sembrada de bosques, dudas, asombros y risas. La fecha del encuentro de los niños con Neves se fijó para el 14 de octubre, pero en las aulas empezaron a leer Antojo de Oso desde el mes de agosto, una vez regresaron de las vacaciones de mitad de año. Y en este punto vale señalar una novedad que resultó importante para la dinámica del Juego Literario. Resulta que el servicio del Bibliobus cumplió su vida útil y en su reemplazo se creó el Servicio Móvil de Lectura, también a cargo de Gloria María Giraldo. Se llama así porque los libros llegaban a los planteles educativos dispuestos en colecciones itinerantes llamadas cajas viajeras, y en cada plantel permanecían una temporada antes de pasar a otro, y luego a otro y así sucesivamente. Era un servicio más versátil que el Bibliobús y de mayor impacto, razón por la cual tuvo un apoyo especial de la Consejería de la Presidencia para Medellín, que entonces dirigía Jorge Orlando Melo, y que consistió en una asignación presupuestal para la compra de libros. Más adelante, la misma Concejería donó un vehículo que se acondicionó de manera adecuada para el transporte de las colecciones de libros que desde el Servicio Móvil de Lectura llegaban a las escuelas urbanas y rurales de la ciudad. Así que fueron los promotores de lectura del Servicio Móvil quienes llevaron Antojo de Oso a los dos planteles edu22


cativos seleccionados, y quienes instruyeron a los docentes en las pautas básicas del Juego Literario, explicándoles muy bien el carácter de la tarea de promoción de lectura que iban a realizar. Porque no se trataba de que hicieran lo mismo que habían hecho siempre. La idea era que aplicaran sus destrezas y habilidades pedagógicas en ayudar al niño a encontrarle un sentido más rico a la lectura; hacer de esta una actividad que no esté perturbada por la esperanza de ganar o el miedo de perder, en que el niño no tenga la obligación de recitar una lección y sacar una nota. No tenga obligación de nada. En otras palabras: los docentes debían olvidarse de preguntar lo de siempre: cuál es el mensaje del libro, resúmalo en dos páginas, describa el personaje principal y demás preguntas del recetario tradicional. Nada de eso. Se trataba era de jugar. Los niños no tenían por qué asumir responsabilidades más allá de la mera lectura del libro, a su ritmo y a sus anchas, gozándoselo, haciéndose amigo de él y de los personajes que lo habitan. Ya después se vería cómo se prepararían para su encuentro con Neves. En las dos escuelas seleccionadas se empezó por la lectura de algunas páginas de la poesía y cuentos de Neves, animados por divertidos trabalenguas y juegos de palabras, un arte en el que el brasilero es prolijo. Y así llegaron a Antojo de oso, novela que los docentes en sus clases y los promotores de lectura en sesiones de taller, leyeron a los niños en voz alta, actividad que se combinó con lecturas de temas relacionados y la elaboración de carteleras sobre el tema de los osos, con mensajes de respeto y amor por la naturaleza. También ayudó el cine. En varias funciones se les proyectó a los niños la película El oso, del director francés Jean Jaques

Otros libros leídos por los niños fueron: . Arias imaginarias

Annaud, en cinta de VHS porque en aquella época todavía no

. Carabela, calavera

se conocía el DVD.

. Hazañas del sapo Cururu

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A finales de septiembre, dos semanas antes del encuentro con Neves, se realizó un ensayo, un evento preparatorio con todos los niños participantes, para evaluar qué tan preparados estaban para ese encuentro. Al fogueo, así se llamó el evento, los niños llevaron escritas las preguntas que iban a hacerse entre sí, los de una escuela a los de la otra; preguntas sobre el autor, el tema y los personajes de Antojo de oso, elaboradas por ellos mismos con mínima ayuda de sus maestros. Así que debían llegar bien preparados porque cada respuesta acertada otorgaba puntos, y ganaba la escuela que más puntos hiciera. Pero antes, y como preparación para el fogueo, el Juego Literario propició que los niños le escribieran cartas a Luis Carlos Neves, y se cruzaran también cartas entre ellos, de una escuela a la otra, o sea una correspondencia a ciegas porque no se conocían. Fue una actividad que le agregó pimienta y expectativa al fogueo, como se infiere de la carta que Ana Isabel Restrepo Cardona, alumna de la Preparatoria de la UPB, les envió a los niños de la escuela Sor Juana Inés:

“Queridos niños, este juego literario me hace sentir un poco nerviosa por ser el primero en el cual participo, pero a la vez voy a tratar de controlarme un poco para poder representar muy bien a la UPB. También quiero desearles suerte porque ya sé que ganará el mejor. Espero que estén calmados y que tengan muchos éxitos”.

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El fogueo se realizó en la biblioteca escolar de la UPB, donde por primera vez se vieron las caras los 200 niños y niñas participantes, quienes lo único que tenían en común, aparte de ser niños y ser escolares, era la lectura compartida de Antojo de Oso, y las cartas que se cruzaron a ciegas. El fogueo empezó con la lectura del fax que Luis Carlos Neves envió a los niños. Su texto es el siguiente:

“El otro día fui al zoológico de Barquisimeto, Venezuela, donde vivo, y para mi sorpresa había una pareja de osos frontinos, los consentidos del zoológico. Era la hora del desayuno. ¿Qué comían? Frutas, muchas frutas. Yo, embelezado, cautivo, me senté a observarlos. Instantes después se fueron a caminar. La osa adelante, el oso siguiéndola, tranquilos. Se acostaron a descansar, él con la cabeza en el lomo de ella. Él hacía un ruido más o menos así: purrrrr, purrrr, purrrr. Y ella feliz con aquella serenata. La directora del zoológico me prometió una foto del osezno que debe llegar en cualquier momento. Tan pronto la tenga les enviaré una copia. Esas y otras historias de ososo prometo contárselas a ustedes. Un abrazo del amigo, Luis Carlos Neves”.

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Luego se siguió el juego de las preguntas sacadas al azar de dos tómbolas, y las correspondientes respuestas; con un detalle llamativo: a pesar de ser niños de clases sociales diferentes, alumnos de escuelas con entornos completamente distintos, no hubo entre ellos diferencias notorias en la percepción del mensaje y los personajes de la novela leída. Al final intercambiaron dulces y esquelas, y algunos apuntaron sus direcciones para seguir escribiéndose por carta de papel puesta en un buzón, porque la tecnología del correo electrónico apenas empezaba a conocerse en Medellín. Y así, con lecturas en clase y en las casas, con el cine, las carteleras, el cruce de correspondencia y el fogueo preparatorio, los niños llegaron a su encuentro con Luis Carlos Neves, programado en el auditorio del Planetario Municipal, un lugar hermoso y muy apropiado, que para la tarde del evento fue decorado con flores, osos de peluche, banderas de Colombia, Antioquia y Brasil, y racimos de bombas de colores: negros y rojos las de la UPB, azules las de la Sor Juana. El auditorio estaba repleto de niños y niñas con los uniformes de su escuela, todos inquietos y en gozosa algarabía. Estaban a la espera de Luis Carlos Neves, que en cualquier momento debía llegar: —¡Pilas! ¡Pilas! Ahí viene un cucho parecido al que está en el libro —gritó un estudiante desde la puerta del auditorio para alertar a los de adentro. Era, en efecto, Luis Carlos Neves, avistado por el estudiante en el momento en que se apeaba de un carro y entraba al Planetario Municipal. Fue recibido por un tumultuoso coro de voces delgaditas y festones agitados con emoción plena, y con estribillos ensayados con anterioridad. El ingresó en medio de 26


abrazos, apretujones, sonrisas, y completamente anonadado —diría después—, ya que en su vida de artista jamás se había visto ovacionado de tan emotiva y ruidosa manera. Después de presentar los saludos a nombre de sus respectivos planteles, los niños empezaron a reventar las bombas, pues dentro de ellas estaban las preguntas para hacerse entre ellos y las que le iban a hacer a Neves. Ese cruce de preguntas y respuestas fue la actividad central del encuentro. Al final una niña de la Sor Juana Inés le entregó al escritor un cuento creado, ilustrado y empastado por ella a partir de los personajes de Antojo de Oso. Otros niños le hicieron otros regalos y todos terminaron como al principio: en una tumultuosa algarabía de despedida.

Reseña del libro Antojo de oso.

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Esa semana tres periódicos (El Colombiano, El Mundo y El Tiempo) publicaron notas sobre el Juego Literario, y eso le dio resonancia en la ciudad, principalmente entre los bibliotecarios y profesionales en la promoción de lectura, pues se trataba del nacimiento de una nueva y gozosa manera de cultivar lectores. No sólo era la primera experiencia de su clase en la ciudad, sino que con su particular metodología era la única en Colombia y Latinoamérica, según lo aseveró el mismo Luis Carlos Neves. Éste señaló que en todos los viajes que había hecho en ninguna parte había visto una experiencia parecida. Y para ser la primera experiencia, el Juego Literario cumplió con las expectativas, tanto que se decidió repetirlo al año siguiente, obviamente con algunos detalles mejorados, como extender invitación a más escuelas, lograr un mayor compromiso por parte de los docentes, vincular más promotores de lectura al proceso, mejorar la calidad de los talleres y lograr que el encuentro del escritor con los niños fuese más cálido y espontáneo. Asimismo se entendió que para la dinámica, y la existencia misma del Juego Literario, era importante afianzar los vínculos con las empresas editoriales; al fin de cuentas son las proveedoras de la materia prima del Juego. En aquella primera ocasión la presencia la tuvo Editorial Edilux, que donó una buena cantidad de libros a las dos escuelas participantes, adicional a los libros que el Municipio de Medellín compró para apoyar el evento. Después el turno en el Juego sería para otras editoriales, como Alfaguara, Norma, SM, Fondo de Cultura Económica, Panamericana, entre otras, según la filiación del autor invitado.

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Vuelve y juega

El II Juego Literario de Medellín siguió en la línea de promover una obra de calidad literaria de un autor de prestigio. El escogido esta vez fue Hernán Rodríguez Castelo, quien al igual que Neves llegó invitado al Juego Literario por la vía de su presencia como ponente en el Seminario de Literatura Infantil. Rodríguez Castelo es autor de numerosas obras de literatura infantil y juvenil, profesor de lectura y escritura para niños en Alangasi, Ecuador, su país de origen. Entre sus obras se destacan El camino del lector, Memorias de Gris, El gato sin amo, y la novela base del II Juego Literario: Historia del niño que era rey y quería casarse con la niña que no era reina, que trata de un niño que a bordo de una ballena sale de Europa hacia América en busca de la niña con la que se quiere casar. Esta vez la expectativa suscitada entre las instituciones educativas fue mayor, empezando porque ya no fueron 2 sino 8 las escuelas participantes, entre públicas y privadas. Otras

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entidades participantes fueron Comfenalco y la Fundación Ratón de Biblioteca. Se trabajó con estudiantes de los grados 5º y 6º y la metodología fue la misma: lectura en voz alta en las aulas, tanto de la novela base como de otras obras de Rodríguez Castelo; elaboración de carteleras e investigación sobre temas afines a las ballenas; ejercicios de comprensión de lectura con base en juegos de preguntas y respuestas; encuentros de fogueo entre las instituciones y cruce de cartas del escritor con los niños y de éstos entre sí. El siguiente es un párrafo de la carta que Rodríguez Castelo envió un mes antes de su visita a Medellín:

“Mis queridos amiguitos: Les escribo desde la cumbre del Ilaló. El Ilaló es un pequeño volcán apagado —tan pequeño como los del Principito (les ha hablado alguien de ese bello libro?)- se alza en el centro de un hermoso valle, el Valle de los chillos. Yo procuro subirlo siquiera una vez por semana. Me gusta estar aquí solo, escuchando el viento correr por las cañadas, arrastrando nubes por el ancho cielo o haciendo temblar la gran cruz. Porque en lo alto de esta colina hay una enorme cruz de metal, que se ve desde todo el Valle”.

Y esta fue la carta que la niña Juliana Velásquez le envió al escritor: 30


“Hola Hernán: Me gustó mucho su libro. Es muy romántico y tiene un lenguaje muy elegante o se puede decir muy poético; es una historia que deja por enseñanza que el amor es más valioso que todo el oro del mundo. Quisiera conocerlo más a fondo, me parece que usted es tan romántico. Hasta pronto y felicitaciones por ese libro”.

Un detalle interesante fue que los docentes de grados diferentes a 5º y 6º se contagiaron del Juego y también en sus clases leyeron los textos de Rodríguez Castelo, y se vieron grupos de niños reuniéndose en la casa de algún compañero para hacer lecturas colectivas. También fue más surtido el cruce de cartas entre los estudiantes, lo cual llamó la atención de sus padres por la novedad que eso representaba en niños de su edad. Y a propósito de padres de familia, en esta segunda versión del Juego éstos se involucraron más. No pocos acompañaron a sus hijos a leer en la biblioteca e hicieron para ellos los disfraces y las porras de la sesión final. Hubo dos encuentros de fogueo, uno en el Jardín Botánico y otro en el Colegio Palermo de San José. Como novedad se registró una carrera de observación entre equipos de dos instituciones, que debieron descubrir en su recorrido elementos relacionados con la novela leída. Así llegamos al 20 de octubre de 1994, sesión final con Rodríguez Castelo en el Planetario Municipal. Pero en esta oca31


sión ya cada plantel tuvo que hacer una selección, en vista de que todos los estudiantes que participaron en el proceso de lectura no cabían en el Planetario. Se escogieron de a 25 por cada plantel. Y allí, entre todos ellos, en medio del colorido de sus uniformes escolares y los disfraces que tenían algunos, bajo un reverbero de consignas, estribillos y porras agitadas en briosa competencia, apareció en persona Hernán Rodríguez Castelo. Entonces la felicidad de los niños se elevó hasta el techo. Fue ovacionado como lo había sido un año atrás Luis Carlos Neves. La sesión final ya no giró en torno a la confrontación de preguntas y respuestas. Un grupo de niños escogidos se reunió en el escenario alrededor del escritor, para conversar, hacerle preguntas y compartir con él secretos de su vida y detalles de las obras que leyeron, mientras en la tribuna los otros niños seguían la tertulia y aplaudían las ocurrencias del escritor. Al final los alumnos de la escuela San Lorenzo de Aburrá representaron una obra de teatro con pasajes de la novela Historia del niño que era rey y quería casarse con la niña que no era reina.

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Para el III Juego Literario el número de planteles educativos participantes se encumbró a 18, entre públicos y privados. También se vincularon 7 bibliotecas zonales y de núcleo, y continuaron con su participación Comfenalco y la Fundación Ratón de Biblioteca. Los 18 planteles, por grupos, realizaron los encuentros de fogueo previos a la sesión final con el escritor invitado, que en esta ocasión fue Miguel Ángel Pérez Ordóñez. Pérez Ordóñez es escritor colombiano nacido en el departamento de Santander, que alterna la escritura de textos infantiles con su profesión de médico siquiatra, especializado en tratamiento de niños. Obras suyas son Tobías el capitán de los delfines, Cuando las AES nos invitaron a jugar y El zorro y el monstruo, todas leídas en el Juego Literario. La metodología del Juego fue igual, pero con más eventos de lectura y mayor versatilidad, ya no solamente en las aulas sino en los patios, afuera de los muros de la escuela, en las bibliotecas, y en todo lugar donde se pudiera leer. También hubo más creatividad por parte de alumnos y profesores. En varios colegios se realizó un concurso que resultó ser un excelente ejercicio de comprensión de lectura. Se trataba de reelaborar un final distinto para Tobías el capitán de los delfines, a partir de sus mismos personajes y situaciones. Ganaban los dos mejores finales, y el premio era leerlos en la sesión final con Pérez Ordóñez. Fue de gran factura la representación teatral de Tobías el capitán de los delfines, realizada por los alumnos del colegio Fe y Alegría José María Veláz, con buen juego de luces, esmerada escenografía y actuación de personajes. En otro colegio contrataron un cuentero profesional para representar El zorro y el monstruo, y en otros hubo actuación de mimos y show musicales. 33


La sesión final resultó exitosa, más ágil y amena. Una novedad fue la muestra fotográfica que se expuso a la entrada en los pasillos del Planetario Municipal. Cada institución participante tuvo allí su panel de fotografías, que daba cuenta de las distintas actividades y eventos de lectura realizados en los meses previos. Después esta misma exposición fue exhibida, de manera itinerante, en cada una de las instituciones participantes del Juego. En la sesión final se destacó una bella e ingeniosa representación de los alumnos de la escuela José María Velaz. Para la alegoría del mar y el movimiento de olas apelaron a un juego de sábanas azules de plástico, sobre las que flotaba el barco de Tobías, algo que a los ojos de los espectadores cautivó por su sencillez y eficacia poética. Muy bella fue también la silleta en miniatura que las niñas del colegio del corregimiento Santa Elena, cuna de las flores y los silleteros, le obsequiaron a Pérez Ordóñez; como graciosísimo resultó el frondoso collar de arepas que los estudiantes de otro colegio le colgaron en su cuello al escritor. Después de la sesión final, como hecho novedoso, hubo una tertulia en la que participó el escritor con los docentes de las 18 instituciones participantes y los promotores de lectura; un encuentro para cruzar experiencias, evaluar la eficacia de las estrategias empleadas y oír propuestas para mejorar el Juego Literario. Y esta vez, como invitados especiales, asistieron varios padres de familia, distinguidos porque fueron los que todo el tiempo acompañaron el proceso lector de sus hijos.

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Llegan los poetas El IV Juego Literario más que un juego resultó un ensayo, porque estuvo cargado de cambios y novedades, en todos los órdenes. Para empezar, el género narrativo, que había marcado la pauta en los tres primeros juegos, se cambió por el género poético. Y ese cambio fue todo un desafío para los docentes de los planteles educativos, poco dados a escarceos con la poesía. Es un género que no los atrae, tal vez porque le tienen miedo, o respeto, o cualquiera de esos sentimientos que señalan la lejanía de los docentes con el género poético. El género narrativo los asusta menos, por ser más familiar, porque tiene elementos y recursos que facilitan el interés de los niños en la lectura: una historia, unos escenarios y unos personajes bien definidos. Sin embargo, la poesía tiene recursos que le son propios y que se pueden explorar en un evento lúdico de lectura como los juegos de palabras, las rimas, los trabalenguas, las adivinanzas, etc. Ese justamente fue el desafío aquel año: poner a los niños a jugar y gozar la lectura de la poesía. Otra novedad: no fue uno sino tres los autores invitados, dos poetas cubanos: David Cherician y Sergio Adricaín Hernández; y la escritora antioqueña María Elena Quintero, todos autores de libros para niños. Cherician, nacido en la Habana, es poeta y traductor, figura sobresaliente de la literatura infantil de Cuba, donde ganó 35


el Premio Nacional de la crítica. Autor de Caminito del monte, Dendoredorolenito, Uno, dos, y tres, Rueda la ronda, Manecitas de hombre fuerte, Trabalenguas, Urí, urí, urá. Andricaín es poeta y periodista, asesor cultural y editor de revisas de literatura infantil, autor del libro Sobre la nube un lucero, entre otros; María Elena Quintero, maestra de oficio en escuelas públicas, conocida por tres libros publicados: Puertos, La polla pochola y La banda de las chicharras, que impactó a los niños por la musicalidad de sus poemas. La tercera novedad estuvo en la edad de los niños participantes: ya no fueron de primaria sino de grados 6º y 7º de bachillerato, de 20 instituciones educativas, dos más que en el juego pasado. Y se multiplicaron los encuentros preparatorios. Se realizaron 6, en distintos escenarios de la ciudad, como el Planetario Municipal, Jardín Botánico, Biblioteca Pública Piloto, Biblioteca de la Floresta y Biblioteca Central de Comfenalco. Fueron realmente talleres de sensibilización poética, tanto para alumnos como para profesores, con la idea de que éstos le tomaran gusto a la poesía en el aula, que aprendieran a reconocer sus diferentes tendencias, a valorar su esencia y, por supuesto, a transmitir a sus alumnos el disfrute de las obras de este género. Cabe destacar el papel que la música y el canto tuvieron en esta versión del Juego Literario, como recursos de comunión de alumnos y docentes con la poesía. Por eso esta vez se contrataron músicos como talleristas, con el encargo de musicalizar versos de los poetas invitados, y animar los 33 talleres que se realizaron a lo largo de dos meses, buscando con ellos que los niños descubrieran el ritmo y la rima de los 36


poemas. Oscar Vahos, especialista en rondas y juegos infantiles, y la cantante Katia Komas, con su guitarra, fueron los principales animadores de los talleres. Como también lo fue la escritora y pedagoga Aura López, y su bella y cultivada voz de lectora consumada, a quien tanto le gustó el Juego Literario que siguió vinculada de corazón en las versiones de los años siguientes. Prueba de su aprecio por el evento, fue lo que de su puño y letra escribió en la columna que ella tenía en un periódico local: “… familiarizarlos con la palabra poética mediante la lectura en voz alta, el diálogo con los escritores invitados, el intercambio de poemas dichos de memoria o escritos, cartas que van y vienen remitidas por quienes ya se conocen, o acaban de conocerse gracias a estos encuentros. El Juego Literario abre la posibilidad de rescatar la palabra poética y sacarla de los fríos estantes, de los lugares inaccesibles, de las páginas olvidadas. Uno lo desea, no como algo transitorio, sino como un juego cotidiano, como sustancia permanente”. Dado el despliegue de prensa que tuvo el evento aquel año, y el nivel de conocimiento que tenía en el sector educativo (cada vez eran más las solicitudes de instituciones que querían participar), se podía decir que el Juego Literario ya tenía su incidencia marcada. Unos mil niños de unas 50 instituciones habían ya vivido en Medellín la experiencia del Juego. Sin embargo éste seguía presentando algunas falencias, problemas de organización y logística que era necesario resolver, en buena parte relacionados con su financiación. Era realmente una actividad de poco costo y bajo presupuesto; 37


un evento hecho más con el corazón y con las uñas. Pero esas limitaciones se suplían en buena parte con el ingente esfuerzo logístico y organizativo que cada año desplegaban Gloria María Giraldo de la Cuesta y su equipo de promotores del Servicio Móvil de Lectura. Ello implicaba, entre otras cosas, buenas relaciones con las casas editoriales a fin de que apoyasen el evento, bien fuera costeando la traída del autor, donando libros, financiando las postales y afiches promocionales, o publicando las memorias. También implicaba conseguir locaciones, contratar talleristas y promotores de lectura y garantizar el transporte de los estudiantes a los encuentros de integración y a la sesión final. La sesión final con los tres poetas invitados se realizó, como siempre, en octubre, a la par con el Seminario de Literatura Infantil de Medellín. Y en esta ocasión en un sitio con magia propia: la cúpula del Planetario Municipal. Fue una bella y singular sesión de poesía bajo las estrellas. Pero, con todo, el balance general del Juego Literario en su variante poética no fue igual al de juegos anteriores. Era claro que promover la lectura lúdica en prosa no era lo mismo que promoverla en poesía. Por inexperiencia en este género se vieron más las fallas e inconsistencias en la metodología del Juego, así como la falta de creatividad lúdica de los educadores para acercar a los alumnos a la poesía. Quedó sí como una valiosa experiencia de frente a los juegos que estaban por venir. 38


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Con la peor señora del mundo

Francisco Hinojosa, destacado cuentista y novelista mejicano, periodista cultural, dueño de una notable producción de literatura infantil, fue el autor invitado al V Juego Literario de Medellín. Y llegó en compañía de La peor señora del mundo, su libro más reconocido y la obra base del juego, que desató una especie de fascinación colectiva y constituyó un feliz suceso de lectura en la ciudad. Durante tres meses la grotesca y furiosa señora, “gorda como un hipopótamo que fumaba puro y tenía dos comillos puntiagudos y brillantes. Además usaba botas de pico y tenía unas uñas grandes y filosas con las que le gustaba rasguñar a la gente”, fue la figura más comentada y odiada en las 25 instituciones educativas que este año, 1997, participaron en el juego, número récord de instituciones invitadas. Y es también La peor señora del mundo —que en 1998 fue premiado en Colombia como el mejor libro extranjero para niños— un buen ejemplo de una vertiente que venía haciendo 39


carrera en la literatura infantil, de la cual Francisco Hinojosa es un adelantado exponente. Es la vertiente que da vía libre al esperpento, a la sátira y la parodia, al retrato ridículo y patético del comportamiento humano y la realidad cotidiana. “Hinojosa cree en la infancia como el jardín del edén donde los niños juegan a la guerra como bárbaros de la edad primigenia”, dijo de él el crítico Christopher Domínguez Michael, en su Antología de la narrativa mexicana del siglo XX. Por ser literatura de amplio espectro, o sea de fácil acceso a niños y jóvenes por igual, en esta versión del Juego Literario participaron estudiantes de 3º de primaria hasta 9º de bachillerato, quienes, aparte de La peor señora del mundo también leyeron otras de las obras de Hinojosa como Aníbal y Melquíades, La fórmula del doctor Funes, Una semana en Lugano, y Amadís de Anis… Amadís de codorniz. Para destacar, la frondosa correspondencia entre los niños y jóvenes de los establecimientos participantes, y entre éstos y Francisco Hinojosa. Entre otras cosas porque en esta versión del Juego Literario —como novedad— se les entregó a los niños postales bellamente diseñadas, para que ellos escribieran sus mensajes. Y no faltaron quienes enviaron sus cartas expresamente a la protagonista de la novela, o sea a la peor señora del mundo, reprochándole su conducta, sus arrevesados sentimientos y sus malos pensamientos. “Por favor cambie su forma de pensar y su vida cambiará”, le dice un niño en una carta. La profusión de cartas se debió en buena parte al correo electrónico a través de la Internet, un invento que ya para entonces había dejado de ser una rareza y su uso se había extendido. Muchos establecimientos educativos ya contaban con este servicio, por ejemplo el colegio Alcaravanes, de donde una niña de 4° básico le envió por Internet esta carta a Francisco Hinojosa: 40


“Querido Señor Hinojosa, ya hemos leído tres libros suyos: La peor señora del mundo, Aníbal y Melquíades y la formula del doctor Funes. A nosotros los niños de Alcaravanes nos han encantado tus libros. Hemos intercambiado cartas con los niños y niñas de la escuela José María Veláz; también hemos jugado alcanzar la estrella, que es un juego con estrellas de colores que adentro tienen preguntas sobre tus libros. Es un juego muy divertido”. Como esta vez se prolongó por más tiempo la presencia de Hinojosa en Medellín, éste pudo asistir a otros eventos programados por la organización del Juego Literario durante la semana previa a la sesión final en el Planetario Municipal. Eso le permitió tener más contacto y pasar más tiempo con sus lectores, lo cual lo llenó de mucha alegría y le dio inolvidables satisfacciones, según dijo después. Estuvo presidiendo encuentros con estudiantes y docentes en la biblioteca del barrio Santa Cruz, en el liceo del corregimiento Santa Elena, y en varios colegios privados que lo invitaron y le dieron recepción especial. A la sesión final en el Planetario Municipal asistieron 400 alumnos acompañados de sus profesores, padres de familia, bibliotecarios y promotores de lectura. Se destacó una ingeniosa representación teatral que los estudiantes del colegio Héctor Rogelio Montoya montaron a partir de un libreto escrito por ellos mismos. Consistió en un juicio a La peor señora del mundo, con base en las acusaciones de quienes padecieron sus malos tratos y las declaraciones a favor de sus abogados, que justificaban sus actos. 41


Después de la sesión final, ya en horas de la noche, se realizó una interesante tertulia en la que participaron bibliotecarios, promotores de lectura, docentes, organizadores del Juego, Francisco Hinojosa y otros escritores y especialistas en literatura infantil invitados, entre ellos la escritora argentina Graciela Montes, Daniel Goldín (editor de la obra de Hinojosa), e Irene Vasco, escritora colombiana. Se habló a raudales de literatura infantil, de la lúdica en la formación de lectores, de autores y libros recomendados, y cada uno contó sobre su experiencia en el Juego Literario, a manera de evaluación. Como quien dice, tema fue lo que sobró. Y esa misma noche Irene Vasco quedó “fichada” como escritora invitada al próxima Juego Literario. Y a manera de evaluación del papel pedagógico que viene cumpliendo el Juego Literario 5 años después de su nacimiento, es elocuente lo que afirma Dora Nidia Cortes, educadora del Liceo Concejo de Medellín, en la carta que pasado el evento le envió a los organizadores del Juego:

“… nos hemos sentido afortunados y privilegiados, porque nos han tenido en cuenta en esta entusiasta propuesta. Presenciamos con agrado y alegría como nuestros alumnos que participaron en el Juego Literario han sobrepasado el abismo que los separaba del libro; han superado el riesgo de perderse algunos de los hilos entrecruzados de actividades académicas que esfuman la lectura, y se han consolidado como grandes lectores”.

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Un encuentro entre conjuros y sortilegios Irene Vasco fue la invitada al VI Juego Literario de Medellín, en el año 1998. El número de planteles educativos ascendió a 23, de primaria y bachillerato, y se sumaron como entidades participantes el Jardín Botánico de Medellín y la Biblioteca Pública Piloto. Irene Vasco era una autora reconocida en Colombia desde 1989, año en que salió su primer libro al mercado: Don Salomón y la peluquera, que cuenta la historia de un león que se ve enfrentado al problema de no tener quien lo peine para asistir a una fiesta de gala que se va a dar con todos los animales. Después de recorrer la selva logra encontrar una peluquera, pero tan despistada que le corta la melena más de la cuenta, dejándolo con un motilado rarísimo, conviertiéndolo en el centro de atención y la sensación de la fiesta. Su libro más importante es hasta ese momento Conjuros y sortilegios, publicado en 1990, seleccionado en la lista de honor Ibby - Fundalectura, entre otros galardones internacionales. Es, a juicio de la escritora Yolanda Reyes, “un libro que logra encantar a los niños con la magia de la poesía, un género del que se publica poco en Colombia; un libro creativo, irreverente y fresco, decididamente a favor de los niños”. En esta ocasión hubo dos sesiones finales con Irene Vasco, una con los niños de primaria en el Planetario Municipal, 43


y la otra en el Jardín Botánico con los grupos de bachillerato, de a 400 estudiantes en cada sesión. Ya era evidente que una sola sesión no daba abasto para la cantidad de niños y jóvenes participantes del Juego Literario. En ambas sesiones fue reiterada la apelación a los elementos de misterio y brujería suscitados por la lectura de Conjuros y sortilegios. Se vieron muchos disfraces y motivos de brujas (además ya estaba cerca la noche del Halloween), candelabros, murciélagos, brebajes, etc. De modo que Irene Vasco estuvo literalmente encantada durante las horas que duraron sus dos encuentros con los niños y jóvenes de Medellín. Así lo atestigua en un aparte de la carta de agradecimiento que después envió a la organización del evento:

“…recibí los regalos más bonitos que nadie jamás ha recibido: silletas como las que desfilan por las calles de Medellín en la Feria de las Flores, pero en miniatura, hechas por los niños. Y como si fuera poco, las habían hecho para mí. Guardo las silletas, pero trato de no mirarlas. Me da miedo que sus flores secas vuelen y desaparezcan y que repentinamente el hechizo de ese día se rompa”. Un año después, por esos imponderables que nunca faltan, a la misma Irene Vasco le corresponderá volver a fungir como autora al Juego, porque la escritora invitada formalmente, la brasilera Ana María Machado, no pudo venir a Medellín. Debió cancelar su participación por asuntos de salud. 44


De Ana María Machado hay que decir que es una de las escritoras de literatura infantil más importantes de América Latina. Para ese momento su obra había sido traducida a varios idiomas y se había leído en 16 países, con ventas millonarias de sus libros, entre los que se destacaban Ah pajarita si yo pudiera, Un deseo loco, Un buen coro, Camilón comilón, El domador de monstruos, La abuelita aventurera, Un montón de unicornios, Un pajarito me contó. Son obras que posibilitan un juego de rimas y consonancias muy cercano al folclor popular del Brasil, que cautivan por el humor, la sencillez de su lenguaje, sus dinosaurios, dragones, unicornios y otros personajes fantásticos. En la hoja de vida de Ana María Machado también resalta haber figurado como candidata al premio Hans Cristian Andersen, considerado el Nobel de la literatura infantil; y contaba su oficio de traductora, periodista cultural, profesora universitaria, y su doctorado en la École de Pratique des Hautes Études, de París, donde fue alumna de Roland Barthes. Era pues, una invitada de lujo, cuya presencia en el VII Juego Literario desafortunadamente no se pudo dar. Pero quedó de todas maneras la lectura de sus libros, que fascinaron a los niños de Medellín. Irene Vasco, con la experiencia adquirida en el juego anterior, supo suplir muy bien la ausencia de la Machado, cuya obra ella conocía al dedillo, porque hablaba el idioma portugués. Además era amiga personal de la brasilera, lo cual fue una ventaja a la hora de orientar los talleres en los que estuvo con los niños, y en la sesión final en el Planetario Municipal. Fue la sesión final más loca y guapachosa que se haya hecho hasta entonces, 45


porque su motivo central fue el carnaval, con disfraces clásicos del Carnaval de Río de Janeiro, humo de colores, juego de luces y samba, mucha samba. Y en esta ocasión fueron 30 las instituciones educativas participantes en el Juego: 24 públicas y 6 privadas. Era por tanto un evento que ya se hacía sentir en la ciudad, que estaba poniendo a leer, con resultados inobjetables, a unos tres mil niños, porque en el proceso de la lectura participan por cada institución no menos de cien niños y jóvenes. Fue por eso que se optó porque el escritor invitado estuviera en varios escenarios para que pudiera reunirse con el mayor número de niños posible, como lo habían estado Francisco Hinojosa e Irene Vasco.

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Las luces del nuevo siglo Yolanda Reyes, escritora colombiana, nacida en Bucaramanga, con una larga carrera en la docencia y estudios de especialización en filología y literatura, ganadora del premio Noveles Talentos de Fundalectura por su libro de cuentos El terror de 6º B y otras historias de colegio, fue la escritora invitada en el año 2000. Con ella, y con los alumnos de 32 establecimientos educativos que este año participaron, el Juego Literario de Medellín entró al siglo XXI con todas sus luces encendidas. “Yolanda Reyes logra componer relatos tiernos e hilarantes, trágicos e irrespetuosos que reflejan como pocos esos caos en que la traviesa inocencia, al lado de la imaginación, predominan sobre todas las cosas”, dice de ella Conrado Zuluaga, crítico literario. Y es que sus cuentos y novelas, además de divertidos, son refrescantes, desnudos de solemnidad. Y en ellos los adolescentes se ven reflejados en sus problemas cotidianos, sin paternalismos ni afanes moralizantes. Aparte de El terror de 6º B, libro base del juego que narra los desenfrenos de la vida de colegio, otras obras de Yolanda Reyes son María de los dinosaurios, Biografía de Manuel Ancízar, Los años terribles. ºY en consonancia con el espíritu de estas obras para la versión del Juego Literario de este año, el primero del nuevo siglo, se escogieron estudiantes de grados 6º, 7º y 8º, o sea 47


en plena adolescencia. Con ellos el proceso de lectura, los talleres, los encuentros interinstitucionales y la sesión final se hicieron con la misma metodología de juegos anteriores, con las novedades que la organización y cada plantel aportaron. Para destacar, el concurso de diarios personales, con la idea de que los estudiantes plasmaran sus impresiones sobre temas muy íntimos: el primer amor, el significado de ser adolescente, la relación con la familia y los amigos, etc. En uno de los diarios escogidos, el de Johana, de la escuela Rosalía Suárez, se lee:

“Ser adolescente no es nada bueno. Uno tiene que pasar por obstáculos muy horribles. Los padres lo van rechazando porque uno se vuelve rebelde…Tengo rabia con mi adolescencia porque los hombres lo ven a uno con mucha morbosidad, no me gusta ser adolescente porque siento que el mundo se me cae encima. Pero tampoco quisiera ser vieja tan pronto, pero bueno el destino es el que manda”. Otra actividad interesante fue el concurso de periódicos murales en todas las instituciones participantes, con el tema de la adolescencia. En los murales cabían entrevistas, opiniones, caricaturas, reseñas de los libros de Yolanda Reyes y datos sobre la vida y obra de ésta. Con todos los periódicos murales ganadores en cada institución se hizo una exposición el día de la sesión final con Yolanda Reyes en el Planetario Municipal. Como anécdota de la sesión final, harto conmovedora por cierto, quedó lo ocurrido con Johana, estudiante del liceo San48


ta Rosa de Lima. Resulta que por el diario personal que ella presentó al concurso se supo que padecía una enfermedad incurable y que le quedaba poco tiempo de vida. Su escrito precisamente versaba sobre el significado de la muerte en plena adolescencia. Yolanda Reyes, quien manejó la sesión con la propiedad que le daban todos sus años de docencia, la invitó a subir al escenario para que leyera su escrito. Y escuchar a aquella niña leer con voz pausada lo que era algo así como su epitafio, fue un momento realmente emotivo.

Para su novena versión, realizada en septiembre de 2001, el Juego Literario dio un notable salto geográfico. Como se dice popularmente: al otro lado del charco, a la madre patria, a España, país de donde vino Jordi Sierra i Fabra, el escritor invitado, todo un personaje de la literatura infantil y juvenil, un hombre polifacético y prolífico en letras y músicas, porque aparte de escritor se le considera una autoridad en la música rock. Nacido en Barcelona en 1947, Jordi Sierra se define como un apasionado de la literatura, dedicado a escribir desde cuando tuvo 21 años. Y a escribir febrilmente, según da cuenta su caudalosa obra: 250 libros escritos, en todos los géneros, desde la novela negra a la ciencia ficción, pasando por la narrativa infantil y juvenil, la poesía, el ensayo, el humor y las biografías de músicos. Algunos incluso fueron llevados al cine. 49


Los temas de Jordi Sierra son contemporáneos, de palpitante interés para los jóvenes de hoy: la música, el consumo de drogas sintéticas, la anorexia, o asuntos sociales como la ecología, los desplazados, la guerrilla. “Es un todo terreno de la literatura, sin género que se le resista, que escribe con la música de Stravinsky o The Beatles, rock o heavy metal”, comentó sobre él un periódico de Barcelona. Y el mismo Jordi Sierra opina sobre su obra lo siguiente: “Mis libros son sobre jóvenes, sus personajes son jóvenes, pero los puede leer cualquiera: padres de familia, docentes. Son libros duros, porque no creo que el niño tenga que leer libros felices. Hay que contarle el mundo en el que vive para que no crezca intolerante o racista. Mis libros son un espejo en el que el lector se refleja y aprende a conocerse”. Precisamente por ese particular perfil temático de las obras de Jordi Sierra i Fabra, para esta versión del Juego Literario se decidió convocar a jóvenes de grados 9º y 10º, quienes leyeron, entre otros libros de este autor: Campos de fresas, que trata el tema de las drogas sintéticas; El joven Lennon, biografía de la vida juvenil del fundador de The Beatles; Las chicas de Alambre, que aborda el mundo del modelaje; Las alas del sol, sobre vidas de desplazados; y la trilogía: …en un lugar llamado Tierra, Regreso a un lugar llamado Tierra y El testamento de un lugar llamado Tierra. El siguiente es el primer mensaje que Jordi envió desde España a los jóvenes con los que, dos meses después, se iría a reunir en Medellín: 50


“Recibí hace unas semanas la propuesta de ser el autor invitado al Juego Literario. Hay pocas palabras para describir el honor que supone para mí este reconocimiento, máxime cuando voy a ser el primer escritor no latinoamericano que tome parte en este evento tan reconocido. Decenas de chicos y chicas leen estos meses mis libros en Medellín, a la espera de nuestro encuentro en septiembre, y esto me sigue produciendo asombro. Ellos conocen mi alma. Yo pronto conoceré sus rostros”. Y esta que sigue es una de las muchas cartas que por correo electrónico recibió Jordi de los jóvenes de Medellín:

“Usted se ha convertido como en una especie de adicción, sus libros nos envuelven en la magia y pasan de ser solo un montón de papel a ser historias que despiertan sentimientos que muchas veces resultan enredados dentro de nosotros. Somos estudiantes de décimo grado, con un montón de inquietudes y miedos que a veces se identifican con sus obras, o por lo menos con sus personajes. Nos gustaría conocerle, mirarle a los ojos y ya que como dicen que estos son el espejo del alma, poder mirar la suya”. La estadía de Jordi Sierra i Fabra en Medellín, que se prolongó varios días, fue movida. Estuvo en muchas partes y compartió con distintas gentes, jóvenes y adultos. En primer lugar con la prensa, porque es un artista carismático y con 51


oficio mediático. Fue invitado a programas de Teleantioquia y Telemedellín, estuvo en una tertulia en el periódico El Colombiano, y fue entrevistado por los tres periódicos de la ciudad. Asistió a cuatro talleres y charlas con docentes en las bibliotecas de La Floresta, Robledo y las de Comfenalco del centro y el barrio Guayabal; y le alcanzó el tiempo para compartir con los estudiantes de 5 instituciones privadas. La sesión final tuvo un escenario distinto al Planetario Municipal. Se realizó en el teatro Lido, ubicado en el Parque de Bolívar y declarado patrimonio arquitectónico de la ciudad. Allí Jordi se reunió con 400 jóvenes en una amena tertulia que se cerró con un concierto de música rock. Y en la noche encabezó una tertulia con docentes, promotores de lectura y padres de familia. Pero la presencia de Jordi, y su importancia para el desarrollo del Juego Literario, fueron más allá. Tan impresionado y entusiasmado quedó con el evento, le dio tanto valor, que decidió apoyarlo desde España. Fue así como creó en Medellín, en el 2005, la Fundación Taller de Letras, que a partir de ese momento contribuirá a impulsar y a apoyar el Juego Literario en la ciudad. Es una especie de filial de la Fundación Jordi Sierra i Fabra que él mismo había impulsado en su natal Barcelona.

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Willy en Medellín

Si hay un personaje de la literatura infantil contemporánea más reconocido y querido por los niños del mundo entero, es el chimpancé Willy, pesonaje central de las obras del escritor y gran ilustrador inglés Anthony Browne, autor escogido para el X Juego Literario del año 2002; de quien los niños de Medellín leyeron obras como Willy el campeón, Willy el mago, Willy el soñador, Willy el tímido, El libro de los cerdos, El libro del osito, El Túnel, Gorila, Voces en el parque y Zoológico. Anthony Browne ya había estado dos veces en Colombia en años anteriores, una de ellas en Cartagena, recibiendo el premio Hans Christian Andersen, el más importante galardón de la literatura infantil a nivel mundial. Pero pese a la invitación que la organización del Juego Literario le cursó, y que él en un principio aceptó, surgieron inconvenientes que no le permitieron viajar a Medellín. Pero igual, su obra se leyó con entusiasmo en la ciudad y fue una experiencia inolvidable para los niños que participaron en el proceso de lectura. 53


En cuanto a los datos biográficos de Anthony Browne, nada más pertinente que una aparte de la carta que él mismo le envió a los niños de Medellín cuando todavía su participación en el Juego Literario estaba en firme:

¡Hola amigos! Este año estaré en el X Juego Literario. Estoy ansioso por llegar a Medellín y conocer mucho sobre ustedes. Sé que son muy buenos lectores y que disfrutan con mis libros, por eso quiero contarles un poco de mí. Nací en Sheffielde, Inglaterra, en 1946. De pequeño viví en una taberna con mi madre y mi hermano, mi padre estaba en el ejército. Allí me paraban sobre las mesas y contaba cuentos a los clientes. Además disfrutaba dibujando. Me encantaban las escenas de peleas entre indios y vaqueros. Un día descubrí a Alicia en el País de las Maravillas. Fue genial y empecé a realizar ilustraciones surrealistas aunque yo no sabía qué era eso. Era pésimo estudiante, pero logré terminar la carrera de diseño grafico. Fue entonces cuando aprendí como contar historias con imágenes, ya tenía la posibilidad de crear con libertad y así nacieron gorilas, osos, niños y chistes. Luego me di cuenta de que podía escribir e ilustrar para niños, y a eso me dediqué. Desde entonces he publicado muchos libros, que tratan de los sentimientos, pero busco que el humor siempre esté presente. Ahora vivo con mi familia al sur de Inglaterra en una aldea cerca del mar, donde paso los días en compañía de mi esposa Jane, que es violinista; Joseph y Ellen, mis dos hijos; un perro y un gato”. 54


Willy, que como era de esperarse fue la estrella rutilante del Juego Literario de aquel año, es un chimpancé solitario y amable que viste pantalón verde y chaleco de colores, a quien le gustan muchas cosas: pintar, andar en triciclo, jugar, disfrazarse, ir a fiestas, estar con amigos, bañarse en la tina, oír cuentos, leerlos. Su figura, siempre simpática y feliz para los niños, aparece en los libros de Browne haciendo todas estas cosas, porque son historias en las que el texto y las ilustraciones se funden en un solo cuerpo narrativo. “Lo que verdaderamente amo es la relación entre las imágenes, las palabras y los niños”, dice el autor. Y sus ilustraciones son tan ricas en detalles que obligan al lector a utilizar su capacidad de observación, haciendo de la lectura toda una propuesta lúdica. Esta vez, por la índole de las obras de Browne, los escogidos para el juego de lectura fueron niños de primaria básica de 33 planteles educativos, como siempre entre públicos y privados. Y en ese juego Willy dio para todo. Con la orientación de los docentes y los promotores del Servicio Móvil de Lectura los niños lo dibujaron y pintaron en todas sus facetas. Le inventaron historias, le compusieron acertijos, sopas de letras, crucigramas y otras ocurrencias lúdicas que resultaron muy divertidas. Ante la declinación de la visita de Anthony Browne para la sesión final, la organización del Juego Literario volvió a llamar a Irene Vasco, quien por segunda vez reemplaza un escritor que no pudo venir a Medellín, demostrando así el enorme cariño que ya le había tomado al Juego Literario. Esta fue su tercera participación, contando la vez en que ella fue la escritora invitada. Vino a Medellín acompañada de su hija María del Sol, quien por su amplio conocimiento del idioma inglés realizó un aporte importante leyendo algunos textos enviados por el autor especialmente para el Juego. 55


Aparte de la sesión final, que en esta ocasión se realizó en el marco de la Feria del Libro de Medellín, Irene Vasco participó en dos talleres con docentes y promotores de lectura, y tuvo encuentros con estudiantes de tres colegios privados en el Colombo Americano. Es de destacar el apoyo que la Facultad de Idiomas de la Universidad de Antioquia brindó en esta ocasión, con la traducción de algunas obras de Browne y los videos que él mismo grabó y envió a Medellín para tener, por lo menos, esa presencia en el Juego Literario. Otro hecho a destacar fue la reanudación del Seminario de Literatura Infantil de Medellín, evento que, por decisión de la Secretaría de Cultura Ciudadana de la época, estuvo cuatro años suspendido. Su relanzamiento se hizo en el marco de la Feria del Libro, en el Palacio de Exposiciones. En el año 2003 el escritor invitado fue Celso Román, y el número de instituciones educativas participantes ascendió a 45, que involucraron en el proceso lúdico de lectura a 1.600 estudiantes de primaria y secundaria, el número más alto hasta entonces. La hoja de vida de Celso Román dice que es un escritor nacido en Bogotá, en 1947, quien llegó al oficio de la literatura después de algunos devaneos en otros asuntos, como quiera que primero cursó medicina veterinaria en la Universidad Nacional y escultura en Bellas Artes. Sus primeros trabajos literarios los publicó en las páginas de los periódicos El Tiempo y El Espectador y en revistas de literatura. Al Juego Literario llegó precedido por el prestigio 56


de haber ganado el Premio Enka de literatura infantil, con el libro Los amigos del hombre, y el Premio Norma - Fundalectura, con El Imperio de las cinco lunas. En su temática, Celso Román es un escritor de variopinta gama, que explora en diversos mundos: en el de los mitos y las leyendas colombianas, en los sucesos y los objetos de la vida cotidiana, y en los asuntos de la ciencia y la ecología. Resultado de esto son los doce cuentos cortos de la serie Viva la Ciencia. Y es un escritor particularmente sensible al tema de los animales, no en vano fue profesional de la veterinaria antes que escritor. Debido al alto número de estudiantes participantes en los procesos de lectura, la sesión final se tuvo que partir en tres tandas, para que así el escritor invitado pudiera tener contacto directo con un mayor número de estudiantes. Una de estas sesiones se hizo con los establecimientos público, en el Jardín Botánico, otra en el Colegio San Ignacio con las instituciones privadas, una tercera sesión de taller con los docentes que animaron el Juego Literario, y una cuarta con los niños del corregimiento Palmitas, donde Celso Román gozó como otro niño más en su comunión con la naturaleza. Incluso con sus propias manos sembró un árbol. Pero además —y como novedad— un grupo de madres de familia esta vez no participó como acompañante sino como protagonistas del Juego Literario. El proceso de lectura con estas madres se hizo durante tres meses en el Centro Educativo La Pradera y la Escuela Ricaurte, entre otras instituciones. Esta iniciativa lectora con las madres de familia la impulsaron Aura López y la promotora de lectura Blanca Nelly Múnera. 57


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Un Chigüiro camina por las aulas Por su nombre y apellido es difícil advertir la nacionalidad colombiana de Ivar Da Coll, escritor e ilustrador invitado al XII Juego Literario de Medellín en el año 2004. Nacido en Bogotá para más señas. Da Coll, de padre de ascendencia italiana y madre de abuelo sueco, es uno de los autores de literatura infantil más exitosos de la última generación; prestigio que también se extiende a su arte como ilustrador de sus propias obras. Incluso ha trabajado para distintas editoriales como ilustrador de libros de otros autores. Es además un hombre de teatro, un titiritero más específicamente, un hacedor de muñecos y diseñador de escenografías para representaciones de títeres. Chigüiro es un mamífero que habita en los llanos orientales colombo venezolanos, y es uno de los personajes centrales de los cuentos de Da Coll; un personaje que resulta entrañable para los niños que se acercan a su mundo, especialmente para los más pequeños, los que se inician su acercamiento al mundo del libro. Las muchas aventuras que Chigüiro vive en las inmensidades de los llanos orientales, son la materia prima de los cuentos de este autor bogotano, los mismos que en el año 2000 le valieron su postulación como candidato por Colombia al Premio Hans Christian Andersen. En una de las cartas que Da Coll envió a los niños de Medellín, previo a su encuentro con ellos en el mes de octubre, Chigüiro se autopresenta de la siguiente manera: 58


“¡Hola a todos! Soy Chigüiro, un simpático animal que vive en los Llanos. Bueno también soy mamífero, camino en cuatro patas y me siento sobre el trasero para limpiarme la cara con las extremidades delanteras o para bailar. Quiero que nos hagamos muy amigos, porque eso del Juego Literario me parece súper divertido. Cuando nos llegó la invitación de Medellín, Ivar y yo saltábamos de emoción. Su amigo, Chigüiro”. Por su parte, la escritora Yolanda Reyes al comentar la obra de Da Coll resalta lo que ella llama la poética de lo simple: “La suya es una escritura desenfadada, llena de matices expresivos; es un universo en el que las pequeñas cosas son miradas con una poética de lo simple, que se acerca sin presunciones adultas o intelectuales al universo infantil. Sus personajes quedan en la memoria, algo que no es fácil que se de en la literatura infantil colombiana”. Este XII Juego Literario involucró en los procesos de lectura a 1.800 estudiantes de 35 instituciones educativas. Y si sumamos todos los participantes en las 11 versiones anteriores, tenemos que hasta ese momento unos 9.000 niños y jóvenes de cerca de 300 instituciones de Medellín han vivido la experiencia del Juego Literario. Otro aspecto importante fue la conferencia magistral que ofreció a maestros la especialista en literatura infantil Beatriz Robledo, directora de Taller de Talleres y ampliamente conocedora de la obra de Ivar Da Coll. 59


La mecánica, las lecturas preliminares y los ejercicios sugeridos por los docentes en cada establecimiento, no tuvieron mayores variaciones con respecto a los juegos de años anteriores. Hubo sí un énfasis en el perfil de los talleristas: se contrataron ilustradores para que promovieran los dibujos y las ilustraciones de la obra de Ivar Da Coll.

Una bien curiosa novedad fue la participación de bebés. Sí, de bebés, aprovechando que los editores de la obra de Da Coll publicaron un tiraje de libros hechos especialmente para bebés, en material de plástico. El antecedente de esta experiencia fue un simposio que un año atrás se había realizado en Bogotá sobre el tema lectura con bebés, dictado por un experto francés. De este simposio el Servicio Móvil de Lectura sacó la idea de hacer un proceso con bebés en el Juego Literario de Medellín. Lo lideró la promotora Blanca Nelly Múnera y se llevó a cabo en la sede del Servicio Móvil de Lectura con un grupo de mamás y papás. Y así, mediante la lectura oral de los cuentos y la visión guiada de las ilustraciones de Da Coll en los libros de plástico, los bebés tuvieron su primera relación con el libro. Algo que conmovió mucho a Da Coll, fue su visita al corregimiento Palmitas, donde hay escuelas a las que las cajas viajeras del Servicio Móvil tienen que llegar a lomo de caballo, por lo escarpado del terreno y lo lejos que se encuentran. Allí, 60


la emoción del autor fue grande al comprobar que en esas lejanías los niños estaban leyendo su obra. Pero dejemos que sea él mismo Da Coll quien nos haga, a su manera, el balance del Juego Literario, en este aparte de una entrevista que concedió a un periódico local:

¿Cómo te sientes con los niños de Medellín cuando te rodean y te dicen que eres un gran escritor? “Me aterra y me asombra que para ellos sea tan importante verme. Descubrir que existo, que soy de carne y hueso. Nunca creí que el Juego Literario tuviera tanta fuerza. Ya perdí la cuenta de cuántos autógrafos he dado y todavía me falta un día”. ¿Cuál de los encuentros con los niños te ha impactado más? “Me emocionó mucho el encuentro en el corregimiento de Palmitas, porque eran los chicos de las escuelas rurales. Tuvieron que desplazarse para ir a conocerme y dejar sus labores para compartir conmigo. Ellos conocían mis libros y hablaban sobre las historias. Eso de verdad me causa mucha admiración y respeto”. Y sobre El Juego Literario en sí, ¿qué nos puedes decir? “Me encanta como esta estructurado: cubre diferentes sectores, estratos y colegios, la zona rural y urbana. Además tiene diversidad de lectores: bebés, niños, padres, maestros, bibliotecólogos, promotores. En la tertulia descubrí que los maestros saben mucho de literatura infantil, se han preparado bastante para ello. Ellos son en ese sentido verdaderos instrumentos de paz, porque alguien que esté cerca de un libro tiene la probabilidad de alejarse de cualquier manifestación de violencia. El juego literario es un aporte a ser mejores ciudadanos”. 61


Para el XIII Juego Literario el autor invitado fue otro bogotano: Evelio José Rosero, un escritor de larga trayectoria y reconocimiento nacional e internacional. Ganó el Premio Iberoamericano Norma–Fundalectura, el Premio Colcultura, y el Premio Enka de Literatura Infantil, entre otros. Tiene además estudios de comunicación social y periodismo, que ejerce tangencialmente. La literatura de Rosero comprende un amplio espectro: es apta para chicos, jóvenes y adultos, por lo que para esta versión del Juego se seleccionaron niños de 5º de primaria y de 6º y 7º de secundaria, quienes leyeron obras como: Teresita cantaba, Juliana nos mira, Mateo solo, Las esquinas más largas, El aprendiz de mago, Cuentos para matar un perro, La pulga fiel, La duenda, Juega el amor, El hombre que quería escribir una carta, El señor que no conoce la luna, Para subir al cielo, El capitán de las tres cabezas, y la obra de teatro Ahí están pintados. Lo siguiente es lo que le escribió una niña a la promotora que animó los talleres de lectura en su escuela, sobre lo que para ella significó el Juego Literario: Sobre esta versión del Juego, el periódi62


“Me gustó el encuentro entre escuelas y me gustaron todos los cuentos de Evelio José Rosero y en especial Teresita cantaba. Y me gustaron mucho tus clases. Ojalá que volvieras pero lástima que no vas a volver a darnos más clases. Me voy a quedar muy triste, pero gracias por venir a la escuela a hablarnos de Evelio José, gracias por hablarnos y enseñarnos, gracias por todo y que te vaya bien, espero que te acuerdes de nosotros”. co El Tiempo publicó una crónica en la cual se resalta la calidad del encuentro final en el cual los niños hicieron preguntas como esta: “En tu libro El señor que no conocía la luna me impactó mucho el principio en el que el protagonista no puede salir de su propia cárcel, ¿me puedes decir en qué estabas pensando cuándo escribiste eso?” Ante esta pregunta de Luisa Fernanda Toro, de 11 años y estudiante del grado 5º de la Escuela Normal Superior de Medellín, el auditorio quedó en silencio, pues ninguno de los casi 500 asistentes sabía porque una niña hacía este tipo de preguntas sobre un libro escrito en un principio para adultos. El XIII Juego Literario se llevó a cabo en el marco de la 10ª Feria del Libro de Medellín y contó con el apoyo técnico y logístico de Utopía Urbana, entidad que ha acompañado el Juego en varias de sus versiones. 63


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Juego con un autor que ya no está El Juego Literario del 2006 fue especial, distinto a todos los realizados hasta entonces en el sentido que el autor invitado ya no fue una persona de carne y hueso sino un autor ya fallecido. Estamos hablando del británico Roald Dahl, un clásico de la literatura infantil del Siglo XX del cual se celebraba un su 90º aniversario. Nacido en el país de Gales en 1916 y fallecido en Oxford en 1990, Dahl es considerado un autor impertinente, controvertido, de humor corrosivo, cuyas novelas y cuentos han merecido juicios de todo tipo: cínicos, crueles, brillantes, hilarantes y hasta desagradables y nauseabundos. Pero los niños son felices leyéndolos; gozan de lo macabro y extravagante que hay en ellos, y también del absurdo, el disparate y el sinsentido de sus personajes y situaciones. Es de anotar que el trabajo literario de Roald Dahl ya es inseparable de las ilustraciones que de sus textos ha hecho el artista Quentin Blake, también británico, cuyos dibujos tienen un aire de espontaneidad y frescura tal que crean la falsa ilusión de ser hechos por un niño. De la biografía de Roald Dahl hay que decir que 64


tuvo una infancia no muy agradable, que como piloto de la Royal Air Force combatió a italianos y alemanes en la Segunda Guerra Mundial, y que durante la convalecencia de las heridas que sufrió en un accidente aéreo, descubrió algo que no lo va a desamparar en el resto de su vida: la escritura. Empezará a fluir en él todas esas historias que tanto han divertido a niños, jóvenes y adultos del mundo entero: Los Gremlins, James y el melocotón gigante, Charlie y la fábrica de chocolates, una novela traducida a 17 idiomas, que trata sobre una fábrica de chocolates en la que, bajo la batuta de un director loco, se hacen cosas maravillosas. Después vinieron El gigante bonachón, El campeón del mundo, Los cretinos, Las brujas, y Matilda, que en sólo en el Reino Unido vendió en seis meses medio millón de ejemplares. Algunos de sus libros fueron llevados al cine. A parte de la lectura de todos estos libros, los niños de las más de 50 instituciones educativas participantes en el Juego Literario de este año pudieron ver también 4 películas y 5 funciones de títeres. Además se realizaron 3 tertulias sobre literatura infantil con docentes, bibliotecarios y promotores de lectura. Fue de mucha ayuda el apoyo dado por Peonza, revista de literatura infantil de España, que desde este país envió a Medellín un surtido material gráfico, afiches y piezas promocionales de la obra de Roald Dahl. En realidad esta versión del Juego Literario, no fue un encuentro sino un reencuentro con Dahl, ya que, como se recordará, la lectura colectiva de su novela Matilda fue el germen que dio origen al Juego Literario, por allá en 1992. 65


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2007, el juego se multiplica

El Juego Literario de Medellín cumple sus primeros 15 años de existencia en el 2007, hecho que, aparte de ser un buen motivo para celebrar, da cuenta del notable desarrollo alcanzado por este proyecto cultural, y exalta de paso la tesonera labor realizada por el Servicio Móvil de Lectura y demás instituciones y personas responsables de su organización a lo largo de todos esos años. Pero en esta ocasión no se trata de un Juego Literario al estilo de los realizados en años anteriores, ni se queda en la mera celebración de los 15 años. Es una edición muy especial, que se realiza en el marco de la gran apertura cultural que impulsa en Medellín la Administración del Alcalde Sergio Fajardo Valderrama, y que tiene a la educación, el libro y la lectura como protagonistas de primera línea. Es, en fin, una apuesta que favorece de una manera enfática la actividad lec66


tora en establecimientos educativos y bibliotecas públicas de la ciudad. Y esta apuesta tiene que ver con la decisión de incluir al Juego Literario dentro del Plan Municipal de Lectura Medellín una ciudad para leer, decisión que tomó la Alcaldía y que de entrada le concede al Juego una categoría que antes no tenía: lo convierte en un gran evento de ciudad, vinculado a otros programas y eventos como la Fiesta del Libro y la Cultura, el XVI Seminario de Literatura Infantil, la Red de Escritores Escolares, el Festival Infantil de Poesía Ecológica, el Congresito los niños y niñas tienen la palabra y el Programa Buen Comienzo. Pero sobre todo, vinculado a la programación cultural de los cinco Parques Biblioteca que la Administración del Alcalde Fajardo le entrega este año a Medellín. La primera consecuencia de este nuevo protagonismo del Juego Literario es que su convocatoria y montaje ya no se hacen dentro de las limitaciones logísticas del Servicio Móvil de Lectura, que por cierto desde el 2002 dejó de ser dependencia de la Secretaría de Educación y pasó a ser adscrito a la Secretaría de Cultura Ciudadana. La realización del XV Juego Literario de Medellín supone este año una alta inversión superior a los $200 millones, de la cual el 60% lo aporta la Secretaría de Cultura Ciudadana. El resto de la financiación corre en parte por cuenta de la Fundación Taller de Letras, filial en Medellín de la Fundación Jordi Sierra i Fabra, entidad que también tiene a su cargo la dirección y organización de todas las actividades de esta edición especial del Juego Literario. El Ministerio de Cultura de España, por su parte, en convenio con La Fundación Jordi Sierra i Fabra, corrió con la invitación oficial y la financiación del desplazamiento hasta esta ciudad de 8 autores españoles de literatura infantil invitados de manera especial al Juego Literario. 67


Y esa, la presencia constante de autores, es otro hito del Juego Literario en esta versión de cumpleaños. Ya no se hizo, como en las versiones anteriores, con un solo autor invitado. Esta vez son 20 autores, colombianos y extranjeros, entre quienes figuran varios de los invitados a Juegos anteriores, como Jordi Sierra i Fabra, de España; Francisco Hinojosa, de México; y los colombianos Irene Vasco, Celso Román, Evelio José Rosero, Ivar Da Coll y Yolanda Reyes. Otros escritores invitados por Colombia son Jorge Franco, Emma Lucía Ardila, Luis Fernando Macías, Maria del Sol Peralta, Mario Mendoza y José Luis Díaz-Granados. La delegación extranjera la completan, por España: Alfredo Gómez Cerdá, Andreu Martin, Care Santos, Carlo Frabetti, Gonzalo Moure, Ricardo Gómez y Antonio García Teijeiro. La extensa programación y la duración en el tiempo son también novedades de este Juego Literario, que se inicia en abril y se extiende hasta noviembre, o sea cinco meses más de su duración tradicional. Como también es de destacar el notable incremento del número de instituciones educativas vinculadas: 103 en total, el triple de las que participaron en el juego del 2006. Y son 17 las instituciones culturales que esta vez apoyan el evento, entre las cuales hay bibliotecas públicas, Cajas de Compensación Familiar, casas de la cultura, librerías, la Escuela del Maestro, el Centro Colombo Americano y el Jardín Botánico. Para las actividades de promoción de la lectura se realizan 720 talleres en instituciones educativas y bibliotecas públicas de la ciudad, con lo que se espera impactar a 68


26 mil niños de preescolar y básica primaria, y a 30 mil jóvenes de secundaria. Los talleres, como se sabe, constituyen el cuerpo central del Juego Literario, pues en ellos los niños y jóvenes exploran las múltiples posibilidades que ofrece la lectura, encuentran un espacio para contar historias, jugar con las palabras, dibujar, pintar, crear y sobre todo divertirse. Asimismo se programan 20 tertulias de los autores invitados con los docentes, bibliotecarios y promotores de lectura, a las que se espera asistan unas 1.300 personas en total. Y en este punto vale destacar que una buena parte de los talleres, las tertulias y los encuentros con los escritores invitados tiene lugar en los nuevos Parques Biblioteca que la Administración Municipal entregó este año a la ciudad. Son escenarios naturales para una actividad como el Juego Literario, que en ellos tiene ya espacios garantizados para sus futuras realizaciones. Entre los meses de abril y octubre se desarrolla un proceso de promoción de lectura con base en las obras de los escritores participantes en el Juego Literario, cuyo lanzamiento se hizo en el mes de abril con la presencia del el mexicano Francisco Hinojosa, autor de la célebre obra La peor señora del mundo. Francisco permanece varios días en la ciudad, donde preside un encuentro con estudiantes y otro con profesores, bibliotecarios y promotores de lectura. En esta versión cabe destacar la publicación de una serie de once cartillas coleccionables que la organización del Juego Literario reparte entre los docentes, bibliotecarios y promotores. Su objetivo es que sirvan como herramientas didácticas 69


en los procesos de lectura, toda vez que cada coleccionable contiene información sobre la vida y obra de los autores invitados, así como reseñas de sus libros y ejemplos de juegos y actividades lúdicas que los docentes y bibliotecarios pueden utilizar en los procesos de lectura con sus estudiantes. En la parte de difusión, el evento no se queda atrás. Tiene como medio principal de difusión la página Web www.juegoliterariomedellin.com, en la que, a parte de la información detallada de la programación y las noticias sobre los distintos eventos, los lectores tienen la posibilidad de conocer la vida y obra de los 20 autores invitados, e incluso conversar con ellos a través de foros virtuales. Además la página Web incluye propuestas didácticas para animar procesos de lectura, como adivinanzas, juegos de palabras, curiosidades, ejercicios de escritura creativa, concursos, producciones de los niños en los talleres de lectura, etc. En el mes de julio, el narrador y poeta español Antonio García Teijeiro es el encargado de animar con su presencia los talleres con los estudiantes y las tertulias con los docentes y promotores de lectura. Su obra, escrita en gallego y castellano (más de 60 libros publicados), ha merecido en su país varios premios importantes. Su libro Versos de Agua fue incluido por la crítica entre los 100 mejores de la literatura española en el siglo XX. La estadía de García Teijeiro en Medellín se prolonga durante una semana, pues coincide con la celebración del Festival Internacional de Poesía de Medellín, evento en el que este autor ofrece varios recitales. Sobre El Juego Literario, y a manera de balance de su visita, García Teijeiro deja la siguiente opinión: 70


“Yo valoro muchísimo este Juego Literario. Es un modelo que podría aplicarse en cualquier otra parte del mundo. En España, por ejemplo, tendríamos mucho que aprender de él. Me he quedado auténticamente sorprendido de la capacidad de las personas que participan, del grupo humano tan maravilloso que está al frente y la buena relación que existe entre ellos, lo cálidos que son. Yo noto su afecto, y aplaudo sobre todo su compromiso con la lectura, con la poesía y la literatura”. Mario Mendoza, autor colombiano de libros de interés para jóvenes y adultos, llega como invitado a mediados de agosto, y su visita es el abrebocas de lo que va a ocurrir en septiembre, mes en el que llegan como invitados al Juego Literario los escritores colombianos Celso Román, Irene Vasco, Evelio José Rosero, Javier Naranjo, Emma Lucía Ardila, Luis Fernando Macías, Maria del Sol Peralta y José Luis Díaz-Granados, y de nuevo el español Jordi Sierra i Fabra, quienes tienen una apretada agenda de encuentros y talleres con estudiantes, docentes y bibliotecarios en el marco de la Fiesta del Libro y la Cultura.

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La Fiesta del Libro y la Cultura (antes llamada Feria del Libro) en esta ocasión se realiza por primera vez en las instalaciones del Jardín Botánico, un escenario bello y magnífico donde el Juego Literario dispone de una gran carpa para desarrollar los encuentros con los autores invitados y los estudiantes que han leído sus obras, al igual que una nutrida programación de talleres, conferencias, lanzamientos de libros y tertulias con los docentes y el público en general. El escritor Jorge Franco, autor de la célebre novela Rosario Tijeras, es el autor invitado al Juego Literario durante la última semana de septiembre, mientras para octubre y noviembre está prevista la presencia en Medellín de los otros seis autores españoles. La agenda de los demás escritores españoles invitados al Juego Literario se extiende al XVI Seminario de Literatura Infantil de Medellín, a realizarse entre el 4 y el 6 de octubre, como quiera que ambos eventos persiguen el mismo propósito: fomentar el libro y la lectura en la ciudad, y en tal condición hacen parte del Plan Municipal de Lectura Medellín una ciudad para leer. Y así termina la versión del XV Juego Literario de Medellín, la que por sus especiales características está llamada a marcarle derroteros más ambiciosos a este evento, al que sin lugar a dudas le quedan muchos años de fructífera vida por delante, para que las palabras continúen habitando la ciudad, como bien lo afirmó el Alcalde Sergio Fajardo en el acto de su lanzamiento.

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Cómo se ha jugado El Juego Literario es un proceso que avanza por pasos. El primero es establecer las instituciones educativas que van a participar, y el grado de escolaridad de los estudiantes escogidos para el proceso, algo que depende del perfil del autor invitado como base del Juego y del estilo y contenido de su obra. Si es una obra de fácil comprensión y además bien ilustrada, se escogen los más pequeños, niños desde preescolar hasta el grado 5º. Para obras más complejas, de temática juvenil, se escogen estudiantes de 6º hasta 11° grados. La selección puede ser más amplia si se trata de un autor cuya obra puede ser asimilada con igual interés por niños y jóvenes, e incluso adultos. El segundo paso es convocar a los maestros y bibliotecarios de los establecimientos participantes, paso importante porque son ellos, los formadores, los principales incitadores del proceso de lectura. Por eso tan importante como que el niño no sienta su participación como una obligación, motivo de buena o mala nota, es que los educadores no lo vean como una carga académica adicional. Tanto para éstos como para sus estudiantes la lectura debe ser un juego, un momento divertido, espontáneo. “El conocimiento debe llegarle al niño por gravedad y no por imposición”, señala al respecto el poeta cubano David Chericián, quien participó como autor invitado en el año 1996. 75


El solo hecho de involucrar a los educadores en el proceso de la lectura, es ya un logro del Juego Literario, porque lo general y establecido es que éstos en su rutina escolar sean poco afectos a la lectura, y por tanto tengan pocas vivencias lectoras con sus alumnos. La tarea es entonces sensibilizar y estimular a los docentes hacia la actividad lectora; hacer que sean capaces de conducir la lectura de un libro por las sendas más juguetonas y atractivas, de aplicar sus destrezas pedagógicas en encontrarle un sentido más rico al acto de leer, pues no de otra manera lograrán atraer el interesar de sus alumnos hacia los libros. Un docente insensible a la magia de la poesía y la literatura difícilmente logrará transmitirle al niño toda la riqueza que encierra un libro, es lo corrobora Francisco Hinojosa (escritor invitado en 1997 y en 2007) cuando dice: “La lectura se transmite por contagio. El solo hecho de ver a su papá o a su mamá leyendo, o ver con frecuencia al maestro concentrado en un libro, tiene para el niño el efecto de contagio. Por eso al educador que no le guste la lectura le queda más difícil cumplir su responsabilidad de formar alumnos lectores”. En el caso de la poesía, la sensibilización de los docentes es tarea más complicada todavía, porque, como lo dice Antonio García Teijeiro, autor español de poesía para niños invitado al Juego del 2007, en todas partes los educadores son poco afectos a la poesía: “Está claro que los adultos guardan distancia con la poesía. Le tienen una especie de miedo y por eso no la transmiten en las aulas. En cambio para los niños la poesía es algo natural, les gusta jugar con las palabras, les gusta hacer poesía, siempre y cuando ésta se la transmitan unos buenos 76


mediadores, que pueden ser los maestros, los bibliotecarios y talleristas. Lo ideal fuera que se las transmitieran los padres en el hogar, pero eso es aún más escaso”. En efecto, el Juego Literario parte del postulado de que la escuela no es la única formadora en la lectura. El buen lector es, o debe ser, el resultado de la trilogía familia, biblioteca y escuela. El primer acercamiento que el niño tiene al libro es la voz de sus padres, cuando éstos le leen o le cuentan historias. Dice al respecto Francisco Hinojosa: “Lo primero en la formación del lector, es la voz del padre o la madre que les cuenta un cuento, que no necesariamente tiene que ser leído. Por eso hay que felicitar a esos padres que tienen inventiva para recrearle historias a sus hijos, que no es algo muy complicado porque pueden ser historias sencillas, a partir de las cosas cotidianas del niño: la familia, el perro, los vecinos, los objetos de la casa…”. Y agrega Celso Román, autor invitado al Juego en el 2003 y 2007: “La mejor forma de que los niños se aficionen a la lectura es que la mamá y el papá sean lectores, les muestren el libro como un dulce para que ellos se enamoren de él, sin que quiera decir que haya que poner el libro en competencia con la televisión”. Pero en nuestro medio es muy poco, casi nada, lo que los padres hacen por la promoción de la lectura en los hogares. Es la razón por la cual el Juego Literario, casi desde el principio, se ha interesado en involucrar a los padres de familia en los procesos de lectura. El tercer paso es la escogencia del autor invitado, cuya obra será la base del Juego. Debe ser un autor reconocido en el ámbito de la literatura infantil, es decir, que su obra, o buena parte de ella, cumpla con las exigen77


cias del género en cuanto a estructura y contenido, que sea adecuada para la edad y la etapa sicológica del niño. Aparte de entretenida, debe ser una obra que le ayude al niño y al joven a ampliar su visión del mundo; cuentos, novelas y poemas que les aporten valores y conocimiento, al tiempo que active en ellos la imaginación y la capacidad de expresión; textos que enriquezca su lenguaje, que los invite a jugar y a reír. Una obra, en fin, de calidad estética y universalidad. “Un poema para niños tiene que ser, ante todo, un buen poema, porque si no lo es, no es bueno para nadie. Los niños son más inteligentes que uno”, dice tajante García Teijeiro. La escogencia del autor también depende de que sus libros sean de fácil consecución en el mercado, porque se trata de que el mayor número posible de ejemplares circule por los establecimientos educativos participantes. Lo ideal sería que cada niño dispusiera de su ejemplar, bien porque el Juego Literario se lo proporcione, o sus padres hagan el esfuerzo y se lo compren; esfuerzo plenamente justificado dado el intenso uso que su pequeño va a hacer de él. Además, el hecho de poseerlo lo pone desde temprano en una relación personal con el libro, factor clave en la formación de una personalidad lectora. Por fortuna el repertorio de literatura infantil y juvenil es bien amplio, y entran al Juego tanto escritores clásicos como contemporáneos, en español o traducidos de otros idiomas. De entrada hay que desechar libros didactistas y de autoayuda, que pululan en el mercado y suelen ser tentadores. Estos libros no son los que más convienen al Juego Literario, porque tienen a la manipulación ideológica y la complejidad de la existencia la reducen a fórmulas simplistas. Hay que tener especial consideración con los autores colombianos, por ser el Juego Literario un escenario para dar 78


a conocer los valores de nuestra literatura. Formar lectores para la literatura y la poesía colombianas, es la mejor manera de contribuir a su fortalecimiento. A este respecto, resulta pertinente consignar aquí lo que sobre el tema escribió la docente y escritora Yolanda Reyes, invitada al Juego Literario del año 2000 y 2007, experta en literatura infantil: “Una gran parte de los títulos que se han publicado en Colombia en las últimas décadas se podrían calificar de novelas “tipo premio Enka”, porque fueran escritas para este concurso, el único atractivo en nuestro medio durante muchos años. Eran obras cuya temática, más orientada a un público juvenil, se inscribía en una cierta citación del realismo mágico, muy a tono con las tendencias de moda en la literatura latinoamericana. La preocupación estilística se tradujo en un lenguaje del tipo prosa poética, lleno de imágenes descriptivas, con uso y abuso de metáforas y con más interés en escribir bien que en escribir algo. Los hechos, que son la materia prima de la narración, quedan siempre relegados a un segundo plano o sepultados entre una retórica mucho más cercana a los círculos académicos que a los intereses de los niños. En los últimos años ha nacido otra tendencia: libros de pocas páginas, muy bien ilustrados, con historias sencillas y un lenguaje fresco y renovador. Ya es posible encontrar personajes que se le queden a uno en la memoria después de cerrar el libro, cosa que antes no ocurría. Dentro de esta nueva tendencia sobresale la obra de Ivar Da Coll e Irene Vasco… Todavía nos falta explorar otros lenguajes para los niños de hoy, niños que juegan en la pantalla de un computador, que saltan de un canal a otro con el control del televisor; niños impacientes y críticos, pero también ávidos de libros que logren cautivarlos e interpretar su mundo”. 79


Sobre el papel de las editoriales, Yolanda Reyes sostiene que les ha faltado un trabajo más visionario y comprometido. Tanto que, con la excepción de una o dos editoriales, éstas prefieren publicar autores extranjeros o adaptaciones de cuentos clásicos, antes que arriesgar en la línea de promover escritores colombianos.

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Arranca la lectura

Una vez seleccionados los establecimientos educativos y estudiantes participantes, y escogido el autor invitado, arranca el proceso de lectura con todas sus variables y su artillería de recursos lúdicos, que no son pocos. El proceso de lectura se realiza a partir de pautas generales, no de reglas preestablecidas. Porque no las hay. Son muchos los caminos y atajos que se pueden tomar, es un proceso creativo. Lo deben poner en marcha los docentes en el aula, básicamente en sus clases de español y literatura; o en las ocasiones en que puedan, porque son ellos los conductores naturales de los niños en su acercamiento al libro. Deben sí ser muy claros en que no se trata de una actividad académica más, o sea obligatoria y por tanto calificable, pues en ningún momento pueden perder de vista que se trata de un juego, de un momento divertido, algo que no tiene por qué generar estrés y sí mucho disfrute de la clase. Esa es la expectativa que los docentes deben generar. 81


Si bien la acción de los docentes en el aula es decisiva para el avance del Juego Literario, leyéndoles a sus alumnos en voz alta textos del autor invitado y contándoles detalles sobre su vida y obra, a fin de que sepan quién es ese escritor remoto con el que se van a ver las caras en la última sesión, son los talleres de lectura los que constituyen la médula espinal del proceso. En los talleres se explora, entre los talleristas y los estudiantes, las múltiples formas de leer un texto literario, desde las posibilidades de la lúdica. Hasta antes de la visita del escritor invitado, los talleres están a cargo de promotores de lectura vinculados al Juego Literario por el Servicio Móvil de Lectura de la Secretaría de Cultura Ciudadana de Medellín, como también a cargo de las entidades de apoyo administrativo y logístico como es el caso de Utopía Urbana, Aseibi y Fundación Taller de Letras que se han vinculado en diferentes versiones. Los talleristas son escogidos básicamente entre estudiantes de literatura o bibliotecología, es decir, con entrenamiento en procesos didácticos de lectura. Se realizan varios talleres por cada establecimiento educativo participante en el Juego. Pueden realizarse en el mismo plantel: en la biblioteca o en el auditorio si los hay, o por fuera si hace falta, o a campo abierto: en una manga o un parque por ejemplo. La lectura de un cuento, un poema o una novela sirven de excusa para crear situaciones e inventar juegos en torno a los personajes y los temas de las obras leídas, que pueden ser, por ejemplo: poner en escena los pasajes más significativos de una obra, contar una historia distinta con los mismos 82


personajes, o lo contrario: contar la misma historia con otros personajes; o escribir esquelas, o dibujar los personajes de los cuentos, o el mapa del país del autor, o hacer juegos de palabras como acrósticos. trabalenguas, adivinanzas… La lista es larga, porque son muchas las formas como un buen texto literario detona la imaginación y creatividad de los niños. Como también hay que animar a los niños y jóvenes lectores a ir más allá de los personajes y las historias de los libros. Hay que inducirlos a explorar temas relacionados. Por ejemplo, cuando leyeron el cuento Antojo de Oso, de Luis Carlos Neves, primer escritor invitado al Juego Literario, buscaron en la biblioteca sobre las distintas especies de osos, hicieron carteleras con dibujos de osos y alarmas sobre los peligros de su extinción como especie, y vieron una película en la que el protagonista es un oso. Cuando leyeron El hombre que bajó la luna, investigaron sobre la llegada del hombre a la luna, e incluso visitaron el Planetario Municipal; con La noche de los juguetes dedicaron una sesión de taller a aprender a hacer juguetes, y con Medias dulces, cuento escrito e ilustrado por Ivar Da Coll, fabricaron deliciosas figuras de mazapán que se comieron al finalizar el taller. Otro ejemplo de buen aprovechamiento de temas relacionados se dio en torno al mejicano Francisco Hinojosa. Los niños buscaron a México en el mapamundi y allí a Cuernavaca, ciudad donde vive el escritor; cantaron rancheras de Vicente Fernández y extrajeron de las lecturas palabras usadas en este país y en el nuestro no, como chaparro, chile, maple, cacahuete; e hicieron carteleras con las figuras representativas de la literatura y la cultura mejicanas, como Sor Juana Inés de la Cruz, Juan Rulfo, Octavio Paz, Diego Rivera, Frida Kalo, Pancho Villa, Cantinflas y el Chapulín Colorado.

Juan Rulfo, Pancho Villa, Frida Kalo, Cantinflas

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Cuando la escritora invitada fue Ana María Machado, de Brasil, las actividades y juegos giraron en torno a la cultura brasilera, a la zamba y el carnaval. En un colegio los niños se aprendieron y cantaron en coro una canción brasilera, en español y en portugués; y a partir de la lectura del libro Un deseo loco, estudiantes de otro colegio, con la ayuda de un grupo de teatro, elaboraron máscaras y disfraces de carnaval, actividad que dio origen a una graciosa comparsa que presentaron en la sesión final del Juego Literario. Cuando el autor invitado es además de escritor ilustrador, como es el caso de Ivar Da Coll con su personaje Chigüiro, o Anthony Browne con su chimpancé Willy, el taller se presta a actividades de pintura y dibujo. En ese caso, el tallerista debe ser alguien con habilidades en estas expresiones artísticas. Como también siempre resultará interesante invitar cuenteros profesionales para que hagan narraciones escenificadas de las obras; o a mimos, para que hagan pantomimas, o a artistas que musicalicen los poemas. Se puede también echar mano de otros recursos complementarios, como cine foros con películas basadas en los libros del autor, es el caso de Roald Dahl, Jordi Sierra i Fabra, Mario Mendoza y Jorge Franco, que tienen varios libros llevados al cine; o proyectar videos relacionadas con los temas leídos. El tema de la imagen es clave en el imaginario de los niños. En realidad todo es aprovechable para el Juego Literario, hasta lo más inesperado. Por ejemplo: a partir de la novela La fórmula del doctor Funes, de Francisco Hinojosa, cuyo protagonista es un físico loco, los estudiantes hicieron en el laboratorio de física un experimento sugerido en la novela. Y en otra sesión de taller la biblioteca se convirtió en sala de audiencias, donde se adelantó un juicio contra La peor señora 84


del mundo, protagonista de la exitosa obra de Hinojosa, con jueces, abogados, fiscales y todo lo demás. Cuando la obra del autor invitado pertenece al género poético, es más fácil para los niños entrar en el Juego, porque la despensa de recursos que ofrece la poesía es generosa. La dificultad en este caso es para los docentes, porque, como bien lo dice Antonio García Teijeiro, éstos no han sido educados en la sensibilidad poética y entonces se enfrentan a la poesía con miedo, con inseguridad. “Cuando hago talleres de poesía con otros docentes —dice García Teijeiro, quien habitualmente es profesor en un colegio de bachillerato en su Galicia natal— noto que entran un poco cortados, prevenidos. Pero cuando se contagian del ambiente de juego que yo les propongo, se abren de tal manera que descubren ese lado poético que tenemos todos. De ahí la importancia de los talleres de poesía con los docentes. Ellos tienen que perder el miedo a leer poesía en voz alta, a llenar el aula de versos”. Este escritor, quien cuenta que sus clases siempre las empieza con la lectura de un poema en voz alta, dice que en la relación del docente con el niño la poesía entra por contagio, que puede ser negativo cuando el niño ve que el docente lee de manera mecánica, sin alma ni sentimiento, que no cree en lo que hace, o simplemente lo usa sólo para rellenar un momento muerto de la clase, que son cosas que el niño capta. En cambio el contagio es positivo cuando 85


la lectura entra matizada por el afecto y la pasión que el docente le ponga. Pero el docente no puede ponerla cuando el mismo no se ha sensibilizado hacia la poesía, cuando no conoce nada acerca de autores y de obras recomendadas para la lectura de sus alumnos. En el propósito de entretener a los niños y avivar su interés por el proceso de lectura, los docente y promotores de lectura tienen a disposición una cantera grande de recursos lúdicos y juegos de palabras, sobre todo cuando se aborda el género poético: canciones, rimas, trabalenguas, adivinanzas, metáforas, acrósticos, pictogramas, jeroglíficos, criptogramas, mentiras y exageraciones, ordenamiento lógico de versos, juego éste que consiste en que al estudiante se le dan desordenados los versos que constituyen un poema, para que él los ordene como mejor le parezca y después coteje con el poema original. Por fortuna existe buena bibliografía de libros y cartillas que describen e ilustran juegos de palabras y otros recursos que resultan útiles para promover la lectura entre niños y jóvenes.

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La escritura, ejercicio imprescindible Ahora detengamos en las posibilidades del Juego Literario en lo referente al ejercicio de la escritura de textos, actividad complementaria del Juego que resulta sumamente importante en la formación de la personalidad lectora de niños y jóvenes. El ejercicio de escritura más interesante, por el impacto e interés que genera en los estudiantes, es el cruce de cartas, que puede darse en varias direcciones: desde los estudiantes hacia el escritor y viceversa, o entre los mismos estudiantes, preferiblemente de instituciones educativas diferentes. Para esto a cada institución participante en el Juego Literario se le debe asignar una institución hermana, para que los estudiantes de ambas se relacionen por medio de cartas y en encuentros de fogueo que sostienen antes de la sesión final con el escritor invitado. El cruce de cartas es una experiencia de valor pedagógico que alienta de vida el Juego Literario, pues se parte del hecho de que a los estudiantes les causa admiración recibir una carta en formato de papel, sobre todo en estos tiempos en que el correo electrónico sustituyó el correo tradicional. El ver su nombre escrito en un sobre es algo que al niño le hace sentir cierto aire de orgullo. Por eso es una actividad central del Juego, y para estimularla cada año se imprimen y reparten postales y esquelas en los planteles participantes, con motivos alusivos al autor y la obra leída. La característica principal del cruce de correspondencia es que quien remite la carta no tiene sino el nombre de su 87


destinatario, porque personalmente los estudiantes no se conocen. El único vínculo entre ellos son los libros cuya lectura han compartido. Sí saben que después, en los encuentros de fogueo entre las instituciones hermanas, se podrán conocer; como también conocerán al escritor en la sesión final. Tal expectativa es saludable porque sirve de azogue para mantener vivo el interés de los estudiantes en el Juego Literario. ¿Qué escriben los estudiantes en estas cartas? Hacen apuntes sobre los libros y el autor que leyeron, y sobre asuntos personales: sus gustos y aficiones, el valor de la amistad y ser juicioso con la lectura. Y no falta el chico que aprovecha para hacerle un inocente lance amoroso a la niña con quien en suerte le tocó intercambiar esquelas, y que todavía no conoce. Esta, por ejemplo, es la carta que Erika Londoño, del grado 10º del Liceo Santa Elena, le envio al niño de la institución educativa hermana, el año en que el escritor español Jordi Sierra fue el invitado: “¡Hola! Soy Erika y desearía contarte mi experiencia con las obras de Jordi Sierra i Fabra. He leído los libros El niño que vivía en las estrellas y Marte XXIII”. Me parece que en ellos Jordi nos habla simbólicamente de algo que la juventud debe rescatar, como lo es la autonomía, la espiritualidad y el verdadero yo que somos nosotros mismos. Debemos saber que cada libro en su fantasía será una muestra de lo que es el mundo realmente”. Los docentes y promotores de lectura también deben inducir a los estudiantes a escribirle cartas al autor por Internet, que es el mejor medio porque regularmente éste reside en otra ciudad u otro país. ¿Sobre qué le escriben? Sobre muchas cosas, porque en el desarrollo de sus lecturas y los ejercicios en los talleres se van cargando de preguntas y su curiosidad 88


sube al punto más alto. Le preguntan sobre sus personajes y los temas de sus libros, pero también sobre su familia, su estado de salud, sus hijos, sus mascotas, dónde y con quién vive, qué le gusta comer, si sabe bailar, por qué decidió escribir, de dónde saca tanta imaginación, etc. Esta es la carta que un joven de la Fundación Ratón de Biblioteca le escribió a Jordi Sierra en el 2001, año en que éste fue invitado al Juego Literario: “Soy Jorge Mariaca, un joven de 20 años y he leído su libro titulado La fábrica de nubes. Ese es un cuento para niños, pero a mi me pareció fantástico. La forma como usted se expresa, como llega con un lenguaje tierno e infantil. Me permite analizar que usted posee mucha ternura, cariño y amor en especial por los niños y jóvenes, quienes necesitan cultivar su imaginación y usted les ayuda a ver, a conocer otros mundos de fantasía e imaginación”. Esta es la carta que la niña Alejandra, estudiante de grado 6º del colegio Camilo Torres, le escribió a Yolanda Reyes: “Yolanda te quiero decir que he leído todos tus lindos libros, el que más me gustó sobre todo fue El terror de 6º B, porque eran muy hermosas las historias. Bueno, aquí me despido porque me tengo que ir para la casa. Me pareció muy interesante el encuentro con el otro colegio porque conocí al niño que me escribía. También me pareció muy divertido pero lástima que algunas niñas eran muy creídas. ¡Chao!”. Esta es la opinión de Irene Vasco, escritora invitada a varios Juegos Literarios, sobre su experiencia en el cruce de cartas con los niños: “Jugar con los niños a través de las cartas fue encantador. El correo me hechizó hasta el punto de dejar mis tareas de lado y pasar días enteros escribiendo, contestando de una en una todas las cartas recibidas, que eran muchas. Intenta89


ba tarjetas novedosas, le robaba calcomanías a mis hijos, hasta compraba sellos de los almacenes para decorar las cartas. En mi casa me decían que parecía embrujada. Y lo estaba. Pero mientras las cosas sucedían a distancia, por carta, eran irreales, solo se trataba de un juego. Al llegar a Medellín descubrí que quienes escribían eran niños de verdad y no seres virtuales, como los que yo imaginaba desde lejos. Fue apasionante verlos aparecer en las bibliotecas y multiplicarse, y oír sus preguntas. Honestamente no entendía por qué querían saber tanto sobre mí (sigo sin entenderlo) pero así fue. Y fue emocionante, no puedo negarlo”. Sobre el mismo tema, esto escribió la profesora Marta Elena Vélez, de la Escuela Municipal Belén: “Es muy importante para los niños poder comunicarse con alumnos de otras escuelas, porque además de lo gratificante que resulta para ellos establecer un correo, implica un mejoramiento en la estructura gramatical y el aprendizaje de la ortografía”. Y este es el testimonio de Carlos Loaiza, promotor de lectura: “Me correspondió trabajar con los niños y niñas entre 10 y 17 años de la Corporación Talentos, en el sector de Lovaina, chicos que por motivos varios no han tenido una educación continuada. En lo personal me parece que es un logro maravilloso el que se hubieran entregado al Juego Literario con tanto gusto, alegría, casi fiesta, rompiendo sus temores y prejuicios para escribirse con los niños y jóvenes de la institución hermana. Eso me llena de regocijo el alma”. Claro que también los niños pueden escribir cartas ficticias, destinadas a personajes de los libros leídos. Un personaje que fue objeto de muchas cartas fue La peor señora del 90


mundo, el año en que Francisco Hinojosa fue el autor invitado. En sus cartas los niños le reprocharon a la peor señora su comportamiento y mofaron de su aspecto físico. Aparte de las cartas y las esquelas, hay otros ejercicios de escritura que se pueden implementar a las aulas y los talleres. Ejemplos: resúmenes o reseñas cortas de los libros leídos, o escribirle un final distinto a un cuento, como ocurrió con Tobías el capitán de los delfines. Los dos mejores finales fueron leídos en la sesión con Hernán Rodríguez Castelo, autor del cuento. También es buen ejercicio que los niños escriban cuentos, poemas o trovas inspirados en las obras leídas o sobre temas relacionados. Por lo regular los animales, la naturaleza y la ecología son los temas favoritos de los niños. Por ejemplo William Andrés, de la escuela Juan Sebastián Sandoval, inspirado en la lectura de Anthony Brown, escribió este cuento corto: “Érase una vez un tigre muy feroz llamado Tahí, un día el tigre salió a la selva y se perdió, esa noche estaba muy tenebrosa y el tigre tenía mucho miedo”. De Sergio Andrés Rojas Echeverri, niño del centro educativo San José de la Montaña, inspirado en el libro Las cosas de la vida cotidiana, es este texto sobre el cordón: “Los cordones fueron hechos en España hace muchos años por la necesidad de las personas para amarrarse los zapatos, utilizaban trapos pero se reventaban y los de cabuya se deshilachaban. Hasta que un día un hombre muy extraño cogió una lombriz y la amansó y la colocó en sus zapatos y la lombriz se adaptó al zapato y se quedo ahí para siempre”. Otro ejemplo de la inventiva de los estudiantes es este “manifiesto”, redactado en tono de mofa por un grupo del colegio Santa María de la Paz, inspirado en la novela El terror de 6º B, cuento de Yolanda Reyes. 91


Los estudiantes del colegio Santa María de la Paz manifiestan qué todos los estudiantes tienen derecho a: 1. Jugar y divertirse en el Juego Literario 2. A que todas las profesoras hagan fila en la tienda y que no se metan como siempre lo hacen. 3. A comer todo lo que queramos en el salón. 4. A hacer indisciplina en el salón. 5. A que todos los días tengamos derecho a jugar fútbol. 6. A tener un descanso de tres horas. 7. A que las clases sean más cortas. 8. A venir con la ropa que uno quiera. Comuníquese y cúmplase. El juego con las palabras es otra cantera de la cual se puede echar mano, especialmente cuando la obra del autor invitado es poética. Como se vio en el capítulo anterior, hay muchas maneras de jugar con las palabras (rimas, trabalenguas, acrósticos, adivinazas, poemas, etc.). Un niño del colegio Cristo Rey, inspirado en Dora la lora, personaje de un cuento de Irene Vasco, escribió el siguiente texto con base en rimas: Estaba la lora Dora Sentada en su mecedora. Cuando pasó Mario el canario Invitando a su vecindario. La lora Dora dijo: qué pasará ahora cuando me pare de la mecedora. 92


Mario el canario se le tiró encima Le pegó un aletazo y la tiró para arriba. Dora la lora reaccionó, tomó espinacas Y muy fuerte se volvió. Mario el canario voló al palacio Y Dora la lora le dio un palazo. Mario el canario quedó borracho Del tremendo guarapazo. Dora la lora le dio un refresco Y Mario el canario quedó molesto Y es por eso que se acabó esto. Los acrósticos también son una buena propuesta para ejercitar el ingenio. Este es un ejemplo, hecho con base en el título del cuento Una cama para tres: Una Noche, misteriosa Andrés se acostó pero no era Capaz de dormir. Mamá le leyó cuentos Al sentirse tan cansada se enfureció. Mamá léeme otro cuento- dijo Andrés. Ya no más, es muy tarde –repuso mamá Pero sus pesadillas no lo dejaban dormir Andrés le decía a mamá Rayos! El dragón me atrapa. Andrés no diga Tonterías contestó papá. Es extraño que un dragón llegue hasta acá. Rápido mamá! Mira que me atrapa, déjame Entrar a la cama tuya y de papá, Sí hijo, entra ya, y las pesadillas pronto terminarán. La escritura de diarios personales han resultado ser efectivos para estimular a los estudiantes a escribir sus vivencias 93


y opiniones. Por ejemplo, en el Centro Educacional Don Bosco, a propósito de la lectura de la novelas El terror de 6º B y Los años terribles, de Yolanda Reyes, a los estudiantes se les pidió que escribieran en su diario algo sobre sus conflictos en el hogar y en el colegio, y se les puso a definir, de acuerdo con sus vivencias personales, palabras como familia, cantaleta, amistad, complicidad, adolescencia. Resultado de ello es este texto sobre lo que para la niña Johana, de la escuela Rosalía Suárez, significa la adolescencia: “Ser adolescente no es nada bueno. Uno tiene que pasar por obstáculos muy horribles. Los padres lo van rechazando porque uno se vuelve rebelde…Tengo rabia con mi adolescencia porque los hombres lo ven a uno con mucha morbosidad, no me gusta ser adolescente porque siento que el mundo se me cae encima. Pero tampoco quisiera ser vieja tan pronto, pero bueno el destino es el que manda”. Como ejercicio de escritura también es de utilidad pedagógica poner a los estudiantes a opinar sobre los libros leídos o a comentar situaciones de los personajes, o sobre el Juego Literario mismo. Por ejemplo, la niña Marta Grajales, en un cuaderno especial que llevó y que tituló Mi proceso literario, escribió este comentario: “A mi me pareció el Juego Literario una experiencia maravillosa porque en la escuela casi nunca leímos libros, o si los leíamos eran siempre Caperucita Roja, Blanca Nieves. En 94


cambio en este Juego Literario conocimos de todo un poco de literatura infantil y juvenil. También me pareció agradable porque Carlos (el promotor de lectura) le ponía alegría a las lecturas, hacía que fueran agradables”. Para efecto de estimular la escritura de textos, se recomienda promover la elaboración y disposición de carteleras y periódicos murales en un lugar bien visible del plantel educativo, pues es allí donde los estudiantes pueden publicar sus textos, ilustraciones, dibujos y demás actividades desarrolladas en las aulas y los talleres. En este punto es bueno agregar algo sobre la manera como los docentes y promotores de lectura deben afrontar su compromiso y responsabilidad con el Juego Literario; compromiso que pasa por su preparación personal y su empeño para que todo salga bien y el Juego gane en dinamismo y avance en lo que es su función básica: la formación de lectores. Para ello los docentes y promotores de lectura deben reunirse periódicamente en mesas de trabajo, con el objeto de hacer reflexiones, análisis y discusiones en torno a temas que atañen al Juego. Enterarse, por ejemplo, de nuevas estrategias de lectura, de aspectos polémicos referentes al autor invitado y al material de lectura, de proyectos que pueden ponerse en práctica con los niños y nuevas posibilidades de trabajo con el libro. Por eso, para facilitar el desarrollo del Juego Literario, es conveniente que éste sea incluido

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estratégico en el Proyecto Educativo Institucional (PEI) de cada institución educativa. 95


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Los encuentros zonales Estos encuentros se realizan dos o tres semanas antes de la sesión final con el escritor invitado. Se hacen entre los estudiantes de las instituciones educativas hermanas, lo que significa que en el caso del Juego Literario de Medellín su número es considerable por el ya alto número de instituciones participantes. En el 2006 fueron 45 instituciones, y en el 2007 la suma se elevó a 102. Son encuentros que duran unas dos o tres horas, y se hacen con varios objetivos. El primero es que los estudiantes se conozcan, compartan las experiencias del Juego Literario, intercambien ideas, e incluso se entreguen obsequios y presentes. Es un momento especial porque allí se van a conocer personalmente quienes previamente se cruzaron cartas, lo cual es algo que en los niños y los adolescentes siembra expectativas saludables. Lo segundo, es que estos encuentros zonales se hacen para examinar el grado de preparación de los estudiantes de cara a la sesión final con el autor invitado. A esta sesión, tan importante para ellos, y sobre todo tan anhelada, no pueden ir de cualquier manera. Deben ir bien preparados para que sea lo más fructífera posible. Los encuentros zonales deben hacerse en recintos cómodos y amplios, donde, ojalá, quepan todos los estudiantes de las instituciones hermanas. Pueden realizarse en el 96


auditorio o los patios de alguna de las instituciones, o en la biblioteca si ésta es lo suficientemente espaciosa. Pero es preferible que se hagan por fuera de los planteles, de modo que la experiencia represente para los estudiantes un estimulante cambio de ambiente. En Medellín hay muchos escenarios adecuados para realizar estos encuentros. De hecho se han llevado a cabo en el Jardín Botánico, los auditorios del Colombo Americano y la Biblioteca Pública Piloto, entre otros. Pero son los nuevos Parques Biblioteca que construyó la Administración Municipal, dados al servicio en el año 2007, los recintos más idóneos para una actividad como el Juego Literario. A partir de ahora estos Parques Biblioteca serán, sin duda, otra de sus fortalezas. Por su parte los docentes, los promotores de lectura y bibliotecarios deben procurar que estos encuentros sean ágiles y divertidos, y sobre todo equilibrados en la participación de los grupos, para evitar que solo uno de ellos manipule o se apropie de la actividad. Son muchas y variadas las actividades lúdicas y de comprensión de lectura que se pueden realizar en estos encuentros entre instituciones hermanas. La actividad básica es el fogueo de preguntas y respuestas de los estudiantes en torno a las obras leídas y a la biografía del autor. Es una buena manera de evaluar su grado de comprensión y asimilación de las lecturas, y qué tanto saben del autor invitado. El fogueo de preguntas y respuestas puede hacerse al azar (por medio de balotas o sobres cerrados) o por un cuestionario. Cada institución conforma un bando, cuyos integrantes deben 97


responder correctamente las preguntas, sopena de rebajar puntos en la tabla de evaluación. Gana el bando que más puntos obtenga. Esta clase de competencias son importantes como dinamizadoras del juego, no como fines en sí mismas, pues la competencia no es de la esencia del Juego Literario. Son incluso los mismos niños quienes al final dictaminan y aceptan por aclamación al ganador. Tampoco se trata de hacer preguntas de respuestas cerradas, que son más difíciles, con el fin de hacer perder a los otros. Las preguntas, en un número igual para cada bando, deben ser abiertas, o sea admitir más de una respuesta válida. En la factura de las preguntas y la calidad de las respuestas se manifiesta el grado de creatividad, reflexión y comprensión de los estudiantes. Por eso en su redacción sólo pueden participar ellos. Los docentes y promotores no deben intervenir, a menos que sea para mejorar la redacción de las preguntas o evitar desviaciones y excesos. Otras actividades que al tiempo que divertidas resultan didácticas, son los concursos. Por ejemplo “Concéntrese”, un concurso de retentiva y memoria que antaño fue muy popular en la televisión colombiana, se ha jugado en varias versiones del Juego Literario, con mucho éxito. También se han realizado carreras de observación, para las cuales los estudiantes de las instituciones participantes se reparten por equipos. Cada equipo debe pasar por todas las bases establecidas y resolver las distintas actividades y situaciones planteadas en cada una, con temáticas relacionadas con el autor y las obras leídas. A parte de ser una forma gozosa de sacar el Juego Literario a la calle, al espacio público, las carreras de 98


observación sirven para acentuar en los niños el sentido de responsabilidad y el trabajo en equipo. A estas actividades se suman otras como el popular “ahorcado y las loterías y rompecabezas elaborados por los promotores de lectura. Considerando que casi todos los cuentos y novelas para niños se prestan a la representación teatral (por lo regular sus personajes exagerados no tienen rasgos muy definidos y particulares), la puesta en escena de las obras leídas constituye una de las formas preferidas de expresión en los encuentros zonales y en la sesión final con el autor. Es también la ocasión para que los estudiantes demuestren su ingenio y creatividad a partir de los símbolos y elementos más relevantes de las obras, y caractericen los personajes desde sus expresiones, sus diálogos y sus trajes. El vestuario, por ejemplo, se puede improvisar con ropa que los niños traigan de sus casas, y el escenario se reinventa con los recursos que estén a la mano y no impliquen un alto costo. Hay puestas en escena que siguen el curso narrativo de la historia original, y otras que se salen de este curso y recrean situaciones nuevas. Por ejemplo, fue muy bien comentada la representación teatral que un grupo de estudiantes de la institución Héctor Rogelio Montoya hizo a partir de la novela La peor señora del mundo, del mejicano Francisco Hinojosa. El grupo se ideó un pintoresco tribunal de justicia para juzgar a La peor señora del mundo por sus malas mañas y pésimas costumbres. El juicio se montó con abogados, fiscales y jueces nombrados entre los mismos estudiantes, que con gracia e ingenio supieron construir una historia propia a partir de la historia original. Prácticamente en todas las versiones del Juego Literario se han hecho puestas en escena, y en algunas oportunidades 99


ha habido también función de títeres, para lo cual se ha contado con el apoyo de talleristas expertos en elaboración de muñecos y el arte de narra una historia a través de ellos. Finalmente, es importante involucrar en estrategias de lectura a los padres de familia que, más allá de acompañar a sus hijos a los talleres y sesiones de lectura, muestran un interés por el Juego Literario. Se destaca una experiencia piloto realizada por una promotora de lectura con un grupo de padres del sector de la Floresta, quienes semanalmente asistieron a un taller de lectura. Con los adultos los recursos lúdicos también se usan, obviamente no de manera tan elemental como con los niños. En el año 2004, también se hizo una experiencia lectora con bebés acompañados de sus padres en la cual se realizó un ejercicio de familiarización de los pequeños con el libro como objeto, con sus imágenes y con la voz del lector.

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La sesión final con el autor

Para la sesión final con el autor se debe hacer una selección de los estudiantes de cada institución educativa participante, ya que en el caso de Medellín éstas son muchas y todos los estudiantes no caben en un solo recinto. Tal selección se hace mediante juegos de competencia entre aquellos que, a juicio de los docentes y promotores de lectura, mejor aprovecharon los talleres y mostraron más compromiso con el proceso de lectura. Porque la otra alternativa es no hacer una sola sesión final sino programar varias, para abarcar así más estudiantes. Esto de hecho se ha venido haciendo en las últimas versiones del Juego Literario, que han tenido dos y hasta tres encuentros con el autor invitado, como también varios talleres y tertulias de evaluación con los docentes, bibliotecarios y promotores de lectura que participaron en el Juego. En cualquier caso, la sesión final con el autor no debe tener más de 400 estudiantes, porque entonces se vuelve inmanejable, se dificulta el contacto físico de los niños con el autor, que es un elemento sustancial del Juego Literario, su promesa básica. Es conveniente sí, y además justo, invitar a aquellos padres de familia que a lo largo del proceso del 101


Juego mostraron interés y compromiso. Ellos también deben tener el privilegio de encontrarse y hablar con el autor. A la sesión final los estudiantes llegan en el punto más alto de expectativa. Es el momento del tan anhelado encuentro con ese escritor desconocido del que tanto han hablado, a quien tanto han leído y de quien ya han recibido cartas y mensajes de saludo. Están llenos de admiración por él y tienen cientos de preguntas para hacerle. Y es que para los niños los autores son por lo general seres gaseosos, incluso porque no los asocian con los libros. Creen que los libros salen de máquinas que los escriben y los producen como cualquier otro artículo del mercado. Por eso el encuentro cara a cara con el autor es una experiencia impactante, que los llena de emoción. Además porque éste los saluda, los abraza, les firma autógrafos y dedicatorias, y se dirige a ellos con sencillez y palabras amables. Es también para los estudiantes la oportunidad de escuchar, en la propia voz del autor, las respuestas a sus dudas e inquietudes en torno a los personajes y las obras que leyeron; la ocasión de esclarecer aquellos detalles que no entendieron o quedaron obscuros, y el momento de hacerle las ineludibles preguntas de rutina: qué lo llevó a ser escritor, cuándo se dio cuenta de que lo era, cuál de sus libros se parece a su vida, en qué se basa para crear sus personajes, qué consejos le daría a alguien que quiera ser escritor, por qué escribe para niños y si también escribe para adultos, cuántos hijos tiene, etc. “En estos encuentros los jóvenes se acercan al escritor de una manera muy familiar, desmitifican su imagen, e incluso se dan cuenta de que algún día pueden llegar a ser como él”, dice al respecto Blanca Nelly Múnera Gallego, quien fue promotora del Servicio Móvil de Lectura. Sin embargo, la sesión final no se puede quedar sólo en el 102


juego de preguntas y respuestas, porque este es un esquema que rápidamente se agota. Entre otras cosas porque en las cartas que previamente el escritor ha cruzado con los estudiantes ya ha resuelto muchas de las preguntas. En la sesión final debe haber un espacio para que el escritor invitado lea sus textos en su propia voz, lo cual es especialmente deseable cuando se trata de un escritor con chispa histriónica, presencia escénica y poder de contagio. Porque no todos tienen ese don. Algunos son tímidos, como fue el caso de Irene Vasco, quien así cuenta su experiencia en el primer Juego Literario en el que participó, en 1998: “El Juego Literario fue el escenario perfecto para borrar uno de mis grandes terrores: el miedo a los adolescentes. Hasta hace poco les tenía pavor a los jóvenes mayores de 12 años. Los miraba desde lejos, no me atrevía a cercarme a ellos. La tarde pasada en el Jardín Botánico con un grupo de ellos me hizo considerar mis viejos prejuicios. Por una vez no hice hechizos, no convertí a los niños en murciélagos ni las niñas en princesas. Solo hablé. Mientras caía la tormenta que al principio me pareció interminable, los muchachos hablaron sobre la vida, sobre las personas, los sentimientos y, creo, que hasta sobre la muerte. La tormenta se calmó. La tarde se terminó y yo quería quedarme ahí con esos jóvenes vitales, llenos de inquietudes, con los que espero volver a encontrarme un día para seguir aprendido”. Total, para el autor el encuentro con estudiantes que han leído su obra al derecho y al revés, que saben muchas cosas suyas, y que además le hacen un recibimiento casi de estrella del rock, siempre será una experiencia impactante, que difí103


cilmente podrán olvidar. Francisco Hinojosa va incluso más allá, dice que su primera participación en el Juego Literario le cambió el rumbo a su escritura: “Ese encuentro con los niños fue fenomenal. Ellos pasaban y me tocaban a ver si yo era de verdad. Juro que me sentí como un jugador de fútbol o un cantante de rock. Nunca creí que un escritor pudiera ser ovacionado de la manera en que lo hicieron conmigo. Lo que más me conmovió fue que al final una niña se me acercó y me regaló un libro de cuentos, de un autor que no recuerdo. En esas el papá se me acercó y me dijo que ese era el libro favorito de ella, el que leía todas las noches. ¡Y me lo regaló a mí, su libro preferido! Todo eso me marcó mucho, fue definitivo en mi carrera literaria. Desde entonces me dediqué más a la literatura para niños, porque hasta ese momento yo había producido más para adultos”. Sólo en una ocasión, en la versión del año 2006, el Juego Literario tuvo como autor invitado a un escritor ya fallecido, o sea que en esta ocasión no se cumplió la promesa básica del evento: el encuentro de los lectores con el escritor, lo cual en este caso se justificó porque se trataba de Roald Dahl, un clásico de la literatura infantil del siglo XX. El proceso del Juego fue similar en todos sus pasos, menos obviamente en la sesión final. El encuentro con el escritor es también el momento ideal para que los estudiantes y talleristas exhiban las mejores producciones desarrolladas durante el proceso del Juego Literario, y para que cada institución educativa se luzca con esas producciones, que pueden ser obras de teatro o representaciones artísticas con motivos alusivos o relacionados con las obras leídas. O realicen exposiciones de 104


carteleras y periódicos murales, de separadores de libros, o hagan una reseña fotográfica de las actividades realizadas. El proceso de lectura de la obra de Roald Dahl fue el motivo para que los estudiantes de un colegio hicieran el Museo Roald Dahl, con hojas de árboles, piedras, fotografías, bolas de cristal y otros objetos familiares en la obra de este autor. Una actividad que ya es imprescindible es el encuentro, o los encuentros, del escritor con los docentes, promotores de lectura, bibliotecarios y padres de familia participantes en el Juego Literario. Son tertulias con carácter evaluativo, en las que cada quien expresa su parecer sobre el Juego, sus aciertos y desaciertos, y cuenta si quiere su experiencia personal. También se analizan temas específicos de la obra del autor y se reflexiona sobre el proceso de lectura como hecho pedagógico. “Qué es leer, para qué leer, y qué leer, son las preguntas a partir de las cuales se puede armar una tertulias con los docentes”, sostiene Francisco Hinojosa. Como también es importante que en cada institución educativa los docentes elaboren al final unas memorias del Juego Literario, en forma escrita y con apoyo de imágenes y fotografías. Por ejemplo, en sus memorias la profesora Dora Nidia Cortes, del Liceo Concejo de Medellín, consignó estas palabras sobre su experiencia, que constituye una buena expresión de lo que es y logra hacer el Juego Literario: “… nos hemos sentido afortunados y privilegiados, porque nos han tenido en cuenta en esta entusiasta propuesta del Juego Literario. Presenciamos con agrado y alegría como nuestros alumnos que participaron han sobrepasado el abismo que los separaba del libro; han superado el riesgo de perderse algunos de los hilos entrecruzados de actividades académicas que esfuman la lectura, y se han consolidado como grandes lectores”. 105


Y en esas mismas memorias se consigna la opinión del niño Didier Mejía, que viene a ser el mejor elogio que se le pueda hacer a un proceso de aprendizaje de lectura: “… Hoy leo con más ganas. Ahora leo un libro y no lo dejo hasta terminar. Cuando llego al final me da pesar porque me involucro mucho en las historias”.

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Libro Juego Literario de Medellín