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◆ Reportaje

El tercer ‘pueblo’ de l Si todos los rumanos se empadronaran en la misma localidad, constituirían el tercer pueblo de la provincia, por detrás de la capital y Azuqueca de Henares, pero muy por encima de El Casar, Alovera o Cabanillas del Campo. Se fueron haciendo hueco en los andamios, las tareas domésticas y el cuidado de niños, pero ahora se les ve tras los mostradores de comercio, en las naves de logística o portando bandejas entre las mesas de las terrazas. Al amparo de su integración en la Unión Europea y presionados por las dificultades en sus tierras de origen, los rumanos han multiplicado varias veces su presencia entre nosotros en los últimos años, hasta constituir el 6 por ciento de la población residente en nuestra provincia, con 15.000 vecinos. Hace tiempo que desbancaron a marroquíes y ecuatorianos convirtiéndose en la nacionalidad predominante entre los inmigrantes en Guadalajara, y no han dejado de crecer pese a los malos momentos económicos.

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Texto: Concha Balenzategui. Fotografía: David Utrilla / Archivo.

uando Iulia comienza su conferencia sobre la cultura rumana, los oyentes congregados en el salón de actos de la Biblioteca Pública se cuentan con los dedos de una mano. Aunque al avanzar la charla los asistentes llegarán a la docena, poco parece haber calado en el público el imperativo «Asómate a Rumanía» que bautiza estas jornadas organizadas por ACCEM (Asociación Comisión Católica Española de Migraciones). La proyección de la película Al este de Bucarest, de Corneliu Porumboiu, y el concierto de un cuarteto de música tradicional rumana han tratado, durante este mes de octubre, de acercar a los guadalajareños las costumbres y la cultura de un grupo de vecinos nada menospreciable: 14.931 personas a principios de este año, o el 6 por ciento de la población de nuestra provincia, donde cuatro de cada diez inmigrantes tiene esta nacionalidad. Iulia, que lleva seis años en España y no tiene ninguna intención de regresar a su país - «aquí merece la pena trabajar por un sueldo, allí te tienes que romper la espalda para ganar eso y no puedes conseguir nada», se lamenta- procede de ClujNapoca, la capital de Transilvania. La tierra de los vampiros, que son poco más que un cliché para fomentar el turismo, es una zona de grandes contrastes: centro universitario, óperas y museos, pero un elevado nivel de analfabetismo; infraviviendas junto a mansiones; hoteles de lujo y turistas atendidos por personas que en el 60 por ciento de los casos nunca han salido de su pueblo; espectaculares paisajes montañosos, llenos de bosques y lagunas, pero mal comunicados... En definitiva, una tierra donde «la gente es muy rica o muy pobre, pero no hay clase media». La conferenciante va esbozando la estampa de un país intentando usar colores bri8

Elena regenta la tienda «Litoral» desde hace cuatro años

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llantes para destacar bondades y maravillas, pero el lienzo se va tiñendo poco a poco con los grises de la dura realidad que viven muchos de sus compatriotas: «El sistema no funciona. Los sueldos son pequeños, pero el nivel de vida no se corresponde. Eso fomenta mucha corrupción y no se castiga», afirma. Sueldos de 300 euros mensuales para pagar alquileres del mismo importe en las grandes ciudades, jubilados sin derecho a pensión a pesar de haber cotizado, desempleo... Es el panorama que le incitó a hacer las maletas, con 23 años, tras un revés laboral en su trabajo de dependienta en un gran supermercado. Llegó España pagando un alto peaje a una organización, y durante un tiempo, «todo lo que ganaba por encima de equis se lo tenía que dar a ellos». Esquivó a los compatriotas que pretendían cobrarle comisiones por ayudarla a encontrar empleo, y pasó por varias ciudades, hasta llegar a Guadalajara. Sabe que en nuestro país la cola del paro crece y no se atan los perros con longaniza, pero es tajante: «No nos vamos a rendir. Una vez que pruebas el sabor de España, has vivido aquí y ves que hay más recursos, una vez que sales a flote, no piensas en volver». Jóvenes a la huida La experiencia de Iulia es la de tantos rumanos llegados a España en la última década, que huyeron del desempleo y de los sueldos bajos. «Han venido porque allí no hay oportunidades. El salario medio en el país es de 200 euros, aunque en Bucarest sea más alto, y los precios son iguales para la comida, el gasoil está a 1 euro el litro... Han salido fuera a buscar una vida mejor», explica Jesús Benito, vicepresidente de la Unión Hispano-Rumana Dacia, que agrupa a rumanos del Corredor del Henares, y que ha realizado varias actividades para dar conocer la cultura

Así viven los 15.000 ruman nuestra provincia, con pocas y sin dejar de crecer en núme


de la provincia L

000 rumanos asentados en con pocas ganas de retornar, er en número, pese a la crisis

rumana en nuestra ciudad. «Mucha gente procede de zonas rurales sin mucha formación, los oficios de la construcción los han aprendido en España . Vino gente muy joven, que no tenía un primer trabajo fijo en Ruanía», prosigue Benito, español casado con una rumana, y que visita la tierra de su mujer con cierta frecuencia, la última muy recientemente, acompañando a un nutrido grupo de amigos guadalajareños. Las estadísticas le dan la razón. Los rumanos, que en Guadalajara son tres veces más que los marroquíes, siete veces más que los ecuatorianos o colombianos, o seis veces más que los búlgaros, destacan por su juventud. El 66 por ciento de los que viven en esta provincia tienen entre 20 y 44 años, a los que hay que sumar un 20 por ciento de menores de 20 años, muchos ya nacidos en España. No llega ni al 1 por ciento el grupo que supera los 65 años. Porque vienen a trabajar, y con la idea de pasar unos años, ahorrar y regresar. «Hay personas jóvenes que llaman a los padres para cuidar de sus hijos y poder ellos trabajar y no pagar la guardería, para no gastar tanto dinero. Cuando crecen y les meten en la escuela, los abuelos vuelven a Rumanía», explica Elena, la propietaria de la tienda Litoral, en el centro comercial La Vaguada, de la carretera de Zaragoza. He aquí un comercio que ofrece todos los productos de alimentación rumana envasados o precocinados para que puedan aguantar el viaje desde su origen. En su mostrador destacan los embutidos y ahumados, salchichas de cerdo, de cordero, de vaca y mezcla de varias carnes, y las estanterías exponen verduras, especialmente de la familia de las coles, cocidas y preparadas siguiendo la costumbre de su país de conservar vegetales de temporada para el rigor invernal: cabeza de col en salmuera, tomates verdes en vinagre... «Vosotros coméis más suave y nosotros más fuerte», explica Elena, señalando un queso blanco y fresco, con aspecto de burgalés, pero muy salado. Sus compatriotas -aunque asegura que cada

De 200 a 15.000 en una década

a progresión de la población rumana en Guadalajara es vertiginosa. Si a finales de los noventa apenas llegaban a la veintena, hoy hay 14.931 empadronados en nuestros pueblos y ciudades, de los que 8.155 son hombres y 6.776 mujeres (datos a 1 de enero de 2010, del INE). A mediados de la década, los años de vacas gordas, ya se contaban por millares, pero fue a raíz de convertirse en ciduadanos de la Unión Europea, en el año 2007, cuando la inmigración se disparó, con la llegada de más de 4.000 nuevos vecinos en un solo año. La crisis ha moderado el ritmo de incremento de la colonia rumana, que no obstante no ha dejado de crecer.

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l mapa de la población extranjera elaborado por los observatorios de la inmigración Opegu y Opasi en 2009, refleja la distribución de los rumanos en la provincia en las zonas del Programa Regional de Acción Social. En ocho de ellas constituyen más de la mitad de la población entranjera, destacando Cogolludo (siete de cada diez inmigrantes es rumano) y Jadraque (67 por ciento) oscilando las demás ente el 50 y el 55 por ciento de los extranjeros. Con más del 40 por ciento están las zonas de Condemios, Atienza, Sigüenza, Torrejón del Rey, Cifuentes, Azuqueca, Pozo de Guadalajara, Mondéjar y Pastrana. El peso de los rumanos sobre el total de los extranjeros es menor del 25 por ciento en Checa, Maranchón, Humanes y Yunquera. ◗

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◆ Reportaje

El alcalde recibió a representantes de la confesión ortodoxa rumana y de la asociación Dacia el pasado mayo

vez tiene más clientes alcarreños y latinoamericanos- pueden encontrar vino de distintas regiones, cozonac (una especie de brazo gitano que se consume en Navidad), sarmalute (hojas de repollo rellenas de carne), pimientos rellenos de pollo... Y también tarjetas prepago para llamar a precios económicos desde el móvil, artesanías con la efigie del conde Drácula -que los rumanos compran para regalar a sus amigos españoles, CD’s de música rumana, como la que siempre suena en este comercio, donde se atiende a la clientela hablando rumano. Hace cuatro años que Elena, que hoy tiene 29, montó este negocio junto a su marido: «No es difícil, si hay dinero está bien. Hace unos años tenía unos ahorros y me prestó el banco, no es difícil. Como autónoma he conseguido rápido los papeles; no es como en Rumanía, que hay mucho papeleo y es complicado poner una tienda. Aquí si hay dinero o te presta el banco, te ayudan». Litoral es la primera tienda de alimentación rumana que se abrió en la provincia, pero hay muchos otros negocios regentados por estos inmigrantes: comercios, bares, incluso un restaurante de comida típica en Cabanillas del Campo. Analizando el mercado como pocos, hasta los comercios chinos venden productos rumanos y los han contratado como empleados, según señala el vicepresidente de Dacia. Estos establecimientos son sitio de reunión habitual entre compatriotas, y el corcho de «Litoral» da prueba de ello: atiborrado de anuncios y mensajes particulares, alquileres de habitación, ventas de segunda mano y ofertas de empleo, aunque estas se «tramitan» directamente por la vendedora, que recomienda a una empleada de hogar «seria y de confianza» cuando se ofrece un puesto. Ese es el trabajo que desempeña Mijaela, de 25 años. Llegó con veinte a Guadalajara, donde residían dos hermanas, para cuidar a su sobrina recién nacida. «Al principio no me gustaba nada quedarme aquí, estaba siempre llorando. No conocía a nadie y mis 10

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Pasacalles con trajes típicos realizado en Guadalajara el pasado año, organizado por la asociación Unión Hispano-Rumana Dacia. Todo tipo de alimentos y bebidas traídos desde Rumanía, souvenirs del país, música y tarjetas prepago se venden en la tienda «Litoral», la primera de este tipo abierta en la capital

hermanas están casadas y trabajando; no podía irme de juerga», recuerda. Con el tiempo, Mijaela hizo amigos entre sus compatriotas, se enamoró de otro rumano y se casó el pasado 2 de octubre. Pese todo, se plantea la aventura española como pasajera: «No pienso quedarme aquí toda mi vida, unos años sí, porque las cosas en Rumanía están peor que aquí», asegura con conocimiento de causa: tiene otros cuatro hermanos en el país. Ella, empleada doméstica: «He encontrado gente buena, estoy contenta y creo que ellos también conmigo, pero hay chicas que me contaron que no están tan bien como yo, les tratan mal». Él se dedica a la construccción: «por lo menos tiene trabajo, aunque no todo el tiempo». Forman el prototipo de pareja rumana instalada en Guadalajara, al menos en sus comienzos, porque «mis familiares, que llevan más tiempo, trabajan en restaurantes y fábricas. Cuando llevas unos años encuentras mejores trabajos y horarios fijos». El sueño frustrado Sin embargo, la crisis también azota a los rumanos, recuerda Benito, el representante de Dacia: «La construcción era el refugio de todos, pero ha hecho mucho daño. Ahora siguen haciendo chapuzas, y con el Plan E se ha contratado a mucha gente. Hay muchos que se han colocado en trabajos de menor remuneración pero más seguros, y ya no ganan las cantidades que ganaban». Pero también hay desempleados y situaciones adversas que han hecho que algunos se planteen el retorno. «Hasta el año 2008 Rumanía era una zona de expansión del ladrillo. Constructoras de otros países, algunas de Guadalajara, compraron terrenos y contrataron gente. Pero ha habido un parón mucho más grande que el de aquí», prosigue Jesús Benito. No eran pocos los rumanos que, alentados por el boom inmobiliario, habían comprado vivienda en Guadalajara, con la intención de venderlas al cabo de unos años y


Magdalena, después de ocho años en Guadalajara asegura que este es su lugar. Ni hablar de retorno

Conferencia sobre la cultura rumana organizada por ACCEM, la pasada semana en la Biblioteca

regresar a Rumanía con ahorros para empezar una nueva vida. Pero «se ha frustrado el sueño de volver. La gente que compró está pasando situaciones muy duras para vender. Y se plantean a qué van a volver, para ir al mismo punto donde estaban hace diez o cinco años. A diferencia de Rumanía, aquí hay un estado de bienestar, enseñanza, sanidad, becas de comedor, subsidio de desempleo, y una red social que les puede ayudar, como Cáritas, Cruz Roja, o el Banco de Alimentos», expone, convencido de que son pocos los que han regresado al punto de origen, y algunos están de nuevo en España. Le dan la razón las estadísticas (aunque es posible que aún reflejen a los retornados que no se hayan dado de baja en el padrón), y comparte su opinión Magdalena, empleada del locutorio de la calle Castellón: «Los rumanos que están ahora en Guadalajara, los que se han quedado, siguen trabajando. Los que se han marchado imagino que es porque no tienen trabajo, y no sé si habrán salido de España, pero me extraña que estén en Rumanía. Allí la situación está muy difícil y ha llegado la crisis mucho más fuerte que aquí. Si te puedes conformar con un sueldo de 150 o 200 euros al mes, vale, pero con ese dinero es imposible vivir, porque el nivel de vida es igual que aquí, incluso si me apuran, un poco más caro». Esta joven, que atiende el establecimiento turnándose con otra compañera rumana, llegó hace ocho años a Guadalajara para ganar el dinero suficiente para establecerse aún más lejos, pero sus plantes cambiaron. Hoy tiene pareja española, ha sido madre, y está encantada con su trabajo, a pesar de que el establecimiento de teléfonos, envío de dinero e internet se abre a diario, incluso festivos. «Cuando abrieron hace cinco años había mucho trabajo y la gente podía elegir. Al saber que aquí se trabajaba los festivos, fin de año, Semana Santa, Navidad... la gente no quería. A lo mejor a quien dijo ‘no’ hoy en día se le acaba hasta la ayuda del paro», recuerda

Exposición realizada en el teatro Buero Vallejo con obras de arte cedidas por un museo, organizada por la asociación Dacia, con el apoyo del Patronato de Cultura Los establecimientos regentados por rumanos son punto de encuentro e intercambio de mensajes de venta, trabajo, pisos compartidos...

Magdalena. Esta joven no piensa volver a Rumanía: «Aquí trabajando 8 horas vive uno relajado, sin tener problemas para el día de mañana». El locutorio tiene su clientela entre inmigrantes de todas las procedencias, pero los domingos es frecuentado especialmente por los rumanos. La razón está clara, acuden después de su misa en la cercana Casa Nazaret, que ofrece la celebración ortodoxa-rumana cada semana, reuniendo a un centenar de personas. Los ortodoxos, religión mayoritaria en Rumanía, esperan edificar su propio templo al otro lado de la autovía, en el SP-12, en una parcela de 6.000 metros cuadrados cedida durante 75 años por el Ayuntamiento. Hay que recordar que el propio alcalde recibió a los representantes de esta confesión el pasado febrero. Los rumanos ortodoxos tienen su fiesta mayor en Pascua, y su celebración religiosa se hace en la iglesia de San Francisco, la más grande de la ciudad. Allí acuden a centenares y siempre aparece algún político, pues a nadie se les escapa, que este colectivo con derecho a voto en las municipales desde el año 2007, podría tener un peso decisivo. Los gitanos, bajo sospecha Poco hay que hablar con un rumano para que salga a relucir el tema de los gitanos, y una idea común: todos los compatriotas pagan la fama de unos cuantos. «Estamos muy perjudicados por gente que no tiene forma de comportarse, que me hace avergonzarme del país. Los rumanos respetamos, nos amoldamos a lo que hay, nos conformamos y podemos adaptar a cualquier cosa, pero aquí ha venido mucho paleto», confesó Iulia en su conferencia. «Si tenemos mala fama es por unos cuantos que hacen que a todos nos metan en el mismo saco. Dicen rumanos, pero piensan en gitanos, y la fama nos afecta a todos. Habrá gitanos buenos y malos, no digo que no, pero por aquí buenos he visto pocos, me imagino que se han quedado en Rumanía», manifiesta Magdalena desde el locutorio. ◗ EL DECANO DE GUADALAJARA 29 DE OCTUBRE DE 2010 /

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