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BOLETIN ESTUDIANTIL Colombia, Marzo 2014

A H C U L E D O CON ANIM conanimodelucha@gmail.com

discriminación a las mujeres [3], ha resultado sin efecto para acabar con la falta de oportunidades al momento de conseguir empleo. Así, según el último informe del DANE, de la población ocupada en Colombia, el 70,4% son hombres y el 48,6% son mujeres. La

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n Colombia vienen formulándose leyes y normas que “buscan” la superación de la desigualdad entre los sexos, pero, la realidad del país evidencia lo poco efectivas que resultan este tipo de soluciones de papel. Un ejemplo es la Ley 1496 de 2011 [1] que pretende la equidad en los salarios de hombres y mujeres. Sin embargo, estudios recientes del Ministerio del Trabajo demuestran cómo persiste la desigualdad salarial, recibiendo las mujeres alrededor de 21% menos que el salario de un hombre, por igual trabajo [2]. Otra ley, la 1257 de 2008, contra la

tasa de desempleo de las mujeres fue de 11,0%, mientras que en hombres fue de 6,4% [4]. Pero estas cifras esconden que las mujeres son más propensas a recurrir al trabajo informal: “de las mujeres ocupadas el 60% es informal, 10 puntos por encima del promedio en América Latina” [5]. Además, sus ingresos son más bajos porque suelen tener menos experiencia

laboral, no tienen los mismos niveles de educación que los hombres y requieren flexibilidad para cumplir con sus obligaciones de madre. Históricamente las mujeres han sido puestas en una condición inferior frente a los hombres, relegándolas a la maternidad y al cuidado del hogar, dejándoles las labores más duras y monótonas. Esto es, excluyéndolas de la producción social. Por esto, las mujeres son las principales responsables de las labores del hogar y de la familia. Según el DANE “70% de las mujeres cocinan, sirven la comida y lavan los platos, frente al 20% ciento de los hombres que van a la cocina” [6]. Todas estas labores, totalmente necesarias, son consideradas labores de

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CON ANIMO DE LUCHA vigente la opresión de la mujer. Así, es necesario que las mujeres del pueblo, impulsemos la organización y lucha por nuestros derechos y especialmente que trabajemos por construir una sociedad mejor para hombres y mujeres trabajadores, en donde ambos gocen de verdadera igualdad y libertad. Referencias [1]http://wsp.presidencia.gov.co/Normativa/ Leyes/Documents/ley149629122011.pdf [2]http://www.mintrabajo.gov.co/medios-abril2013/1740-la-penosa-brecha-laboral-entrehombres-y-mujeres.html

menor categoría, que deben realizar las mujeres, sin ninguna remuneración en el caso de las amas de casa. No es casual que si se pagara por los oficios del hogar, estos valdrían 160 billones de pesos en nuestro país [6]. Esta concepción de la mujer es inculcada y mantenida vigente por quienes viven de apropiarse del trabajo ajeno. Los dueños de las riquezas en el mundo entero, acrecientan sus fortunas a través de no pagar lo justo tanto a hombres como mujeres, y principalmente a las mujeres, gracias a la posición impuesta socialmente.

[3] http://www.equidadmujer.gov. co/Normativa/Do cuments/p oliticaprevencion-violencia/Ley-1257-2008Prevencion-violencia.pdf [4] http://www.dane.gov.co/files/ investigaciones/boletines/ech/ech_genero/ re_sexo_sep_nov13.pdf [5] http://www.mintrabajo.gov.co/mediosabr i l-2013/1740-la-p enos a-bre chalaboral-entre-hombres-y-mujeres.html [6] http://www.eltiempo.com/archivo/ documento/CMS-13260155

A pesar de las múltiples leyes de papel para formalizar la igualdad de la mujer, persiste la condición de opresión, aún en tiempos de la “suprema democracia”. Esta opresión sólo será posible transformarla cambiando drásticamente el sistema económico actual, en el que unos pocos se enriquecen a costa del trabajo y el sacrificio ajeno. La historia de la lucha de la mujer muestra que para lograr la verdadera igualdad, necesitamos unirnos mujeres y hombres del pueblo en la lucha para transformar la base económica y social que mantiene

Las mujeres son sobreexplotadas de muchas formas, aceptando condiciones penosas para conseguir su sustento y el de sus familias. Por ejemplo las madres solteras. Es el caso de una madre de dos niñas pequeñas, quien por sus pocos recursos económicos, soportó la explotación y humillación de su jefe. Trabajó más de cinco años para él, recibiendo sólo la alimentación y la vivienda para ella y sus hijas, a cambio de días enteros de trabajo en un internado. El único tiempo de descanso era para dormir. Desde que se levantaba a las seis de la mañana, y hasta las nueve de la noche o más, estaba en función de la limpieza, la cocina y el cuidado de los internos. Sin un salario mínimo, ni prestaciones sociales y sin una jornada laboral justa, la situación de la mujer fue aprovechada, por un jefe que sólo le interesaba su beneficio económico.


La Situación Laboral de las Mujeres Colombianas