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EDITORIAL

La moda, ¿sólo de primavera? Siempre ha habido modas. También en el uso del lenguaje, que es una concreción de la realidad. Y ahora, en la vida religiosa, parecen estar de moda las palabras que comienzan por RE: rediseñar, recolocar, reestructurar, revitalizar, redimensionar... Aunque todas van en la misma dirección cada una tiene en sí misma matices importantes. Pero todas ellas suenan a novedad de vida como la primavera, como la Pascua. Y cuando se trata de renovar la vida sabemos que estamos hablando de un proceso que no es superficial ni afecta sólo a elementos accesorios o cuantificables. Afecta a lo más profundo de la persona: dar nuevo impulso y vitalidad a nuestra vida y a la vida de nuestras comunidades. Confiemos en la presencia del Resucitado que fue capaz de dar nuevo aliento, fuerza y unión a la primera comunidad y lanzarla decididamente a la misión. También el Ventall que ahora recibimos puede contribuir. Nuestra familia tiene una gran historia que contar, pero sobre todo un presente que vivir y un futuro para construir. Lo celebramos, lo agradecemos y nos comprometemos a aportar nuestro granito de arena, con la certeza de que el Señor está con nosotros, conTIgo, cada día, ofreciéndonos su luz, su fuerza, su camino.

Ángel ASURMENDI, sdb

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PARA RECORDAR

2008-2017: Decenio para la Erradicación de la Pobreza 2001-2010: Decenio internacional de una cultura de paz y no violencia para los niños del mundo 2003-2012: Decenio de las Naciones Unidas para la alfabetización: educación para todos 2005-2014: Decenio de las Naciones Unidas para la educación para el Desarrollo Sostenible 2008-2017: Segundo Decenio de las Naciones Unidas para la Erradicación de la Pobreza 2011: Año Internacional de la Juventud: diálogo y comprensión mutua. ABRIL 17: Domingo de Ramos 21: Jueves Santo 22: Viernes Santo 23: Día mundial del libro y de los derechos de autor 24: Pascua de Resurrección MAYO 06: Santo Domingo Savio, adolescente 13: Santa María Dominica Mazzarello, Cofundadora del Instituto FMA 15: Día internacional de las familias Jornada mundial de oración por las vocaciones 17: Día de las Comunicaciones Sociales 18: San Leonardo Murialdo, sacerdote 24: María Auxiliadora, patrona principal de la Familia Salesiana 29: Beato José Kowalski, sacerdote, mártir 25: Día de África 30: Día pro Orantibus JUNIO 01: Día internacional de los niños inocentes víctimas de agresión 05: Ascensión del Señor Día mundial del medio ambiente 12: Domingo de Pentecostés Beato Francisco Keşy y compañeros mártires 16: Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote 19: Santísima Trinidad 23: San José Cafasso, sacerdote 26: Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo Día de la Caridad Día internacional de apoyo a las víctimas de la tortura JULIO 01: Sagrado Corazón de Jesús 02: Inmaculado Corazón de María 07: Beata Maria Romero, fma

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LAS RELACIONES NOS HACEN…

Rafel GASOL, sdb

Vivir los conflictos de otra manera Una forma concreta de conversión personal y comunitaria En nuestras comunidades no son los conflictos y las tensiones los que constituyen problema, sino el modo de afrontarlos. Puede incluso hacerse del conflicto una importante ocasión de conversión y crecimiento, tanto personal como comunitario, si se afronta y se encauza como es debido. Para usar una analogía de carácter médico, pensemos en una persona que se rompe una pierna: podrá recurrir a diversos modos de curación, tales como ponerse un vendaje, usar un bastón, darse una pomada, enyesarse la pierna... En todos los casos, lo que se busca es un modo de que la pierna vuelva a funcionar y se recupere el equilibrio del cuerpo. Pero si el remedio (por ejemplo, el enyesado) se utiliza durante demasiado tiempo, puede suceder que se atrofien algunos músculos, con el consiguiente efecto de la pérdida permanente de una parte del cuerpo. Ha desaparecido el dolor, pero también la función. Lo mismo puede ocurrir en nuestras comunidades: las piernas, los brazos, la cabeza... de la comunidad pueden romperse. No siempre marcha todo perfectamente; hay conflictos inevitables que ocasionan dolor y tienen el peligro de hacer que no funcione la comunidad como es debido. Esto es absolutamente normal. Lo importante, sin embargo, es tratar adecuadamente estas fracturas. Es preciso idear diversos modos de afrontar la tensión, resolverla y recuperar el equilibrio. Pero el modo que se emplee puede resultar inadecuado, con lo que tal vez desaparezca el dolor, pero a costa de que ya no funcione la comunidad. Y cuando, más adelante, vuelva a encontrarse frente a otras tensiones, su funcionamiento será aún más dificultoso: no se puede construir el bien común cuando uno de nosotros ha perdido su dignidad. 1. Afrontar con realismo los conflictos Hay conflictos fácilmente superables, como por ejemplo: “¿Nos levantamos mañana a las siete o a las ocho?”. Unos dicen una cosa y otros, otra; unos resoplan, otros asienten y otros guardan silencio. Pero todos son conscientes de que no se trata de una decisión fundamental. Una vez que se ha tomado dicha decisión, todo vuelve a ser como antes y la comunidad sale con éxito de esa tensión pasajera. Pero hay otros conflictos que implican un cambio más significativo de la vida comunitaria. Por ejemplo, un cambio de tarea (un joven religioso que solicita realizar un nuevo y distinto trabajo apostólico), o un cambio de las reglas (“Revisemos el modo que los superiores tienen de decidir los destinos”). En tales ocasiones es más fácil que se encone la discusión. Unos se sentirán amenazados (“¡Esto se hunde!”); otros estarán de acuerdo (“¡Ya es hora de que se hable de ciertas cosas!”); otros tendrán miedo de las consecuencias (“Si cedemos en lo pequeño, después habrá que ceder en lo grande...”);

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otros quedarán perplejos; y, por último, siempre habrá quienes acusen (“En mis tiempos, estas cosas ni siquiera se pensaban... pero ahora ¡los jóvenes se permiten unos privilegios que yo jamás he tenido!”). El conflicto se prolonga durante unos cuantos días en los que la comunidad, sometida a la fuerte tensión, puede recurrir, casi sin darse cuenta, a uno de tantos mecanismos que impiden la solución, pero que reducen temporalmente la tensión: el dolor desaparece, pero alguien ha sufrido en su dignidad y se siente humillado. Veamos cómo no hay que afrontar los conflictos, para indicar después un camino positivo. 1. Formar alianzas y coaliciones defensivas. En la discusión, un grupo se coaliga con el superior; otro grupo con el rebelde de turno; y un tercer grupo lo constituyen los que «pasan de todo». Estas alianzas (cuando son duraderas y rígidas) se enquistan y, en virtud de ellas, se discuten los problemas sin renunciar ningún grupo a llevar el agua a su molino. La consecuencia es que cada grupo marcha por su lado. En lugar de construir el bien común, lo que se hace es transmitir tácitamente el siguiente mensaje: “Decidnos hacia dónde tiráis vosotros, porque si tiráis hacia la derecha, nosotros tiraremos hacia la izquierda”. 2. Retirar los afectos. Se afronta el problema haciendo que desaparezca toda comunicación emotiva, con lo que el conflicto queda sin resolver. Todo el mundo está enfurruñado. Poco a poco, todos van enfriándose y distanciándose. La comunidad sigue adelante sin especiales dolores, pero ya no camina hacia su objetivo. Entonces se buscan sucedáneos, es decir, contactos emotivos fuera de la comunidad: hobbies, actividades culturales, caritativas, religiosas... ¿Acaso es una excepción el que un religioso “no consiga orar” en casa, mientras se inflama de “espíritu santo” fuera de ella? 3. Luchas reiteradas. En lugar del silencio, se utiliza el combate abierto. Cada cual descarga su propia ansiedad. Luego desaparece la tensión y retorna la calma. Pero lo malo es que la calma que sigue al temporal es ficticia, porque no se ha construido sobre la comprensión mutua. Se trata de una tregua, más que del gozo por la armonía recobrada. 4. Resignación. Se calla y se sigue adelante, con tal de mantener la paz y una aparente armonía. Es el caso de la comunidad bloqueada, donde “ni siquiera vale la pena hablar”. 5. Los dobles mensajes. Decimos una cosa con las palabras y transmitimos otra con el comportamiento. Proclamamos de palabra, por ejemplo, el valor de la vida comunitaria, y en silencio damos a entender que, a fin de cuentas, lo que importa es nuestra realización personal. O decimos lo dichosos que somos de estar con el hermano, mientras que con nuestros gestos le demostramos cuánto nos molesta. La comunicación se produce siempre a dos niveles: la expresión verbal (digo algo) y la cualificación emotiva de la expresión verbal (comento lo que digo con los gestos, con las actitudes del cuerpo, con el silencio...). Ambos niveles coexisten siempre en toda comunicación; no se puede evitar el cualificar los mensajes: el mismo silencio, cuando se espera de nosotros que hablemos, resulta un mensaje cualificante. Estos dos niveles pueden ser coherentes entre sí cuando el sentimiento cualifica el mensaje verbal

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confirmándolo. Pero también pueden ser incoherentes (como en el caso de los dobles mensajes), cuando el sentimiento cualifica el mensaje contradiciéndolo. Si siempre se comentara de modo coherente lo que se dice o se hace, las relaciones tendrían una definición clara y simple, aun cuando la comunicación tuviera lugar a diversos niveles. Pero, en caso contrario, los problemas en las relaciones interpersonales son inevitables. De todo lo dicho podemos sacar tres conclusiones: 1. No tiene sentido el asustarse porque se produzcan discusiones y contrastes. El miedo es una reacción insensata, porque la comunidad de color de rosa no se da nunca. 2. La renuncia a la confrontación y al diálogo puede servir para resolver algunos problemas limitados y particulares, pero no parece una actitud que haya que cultivar y adoptar de modo permanente. De hecho, el silencio puede ocasionar dos graves inconvenientes: a) la persona que calla y aguanta tiene siempre un límite y, a la larga, puede reaccionar de manera imprevista, hasta el punto de dar lugar a situaciones incurables; b) el silencio pone cada vez en mayor peligro el diálogo; renunciar a la comunicación significa no sólo dejar sin resolver los problemas, sino además comprometer la comprensión y el entendimiento en el futuro. 3. La solución de un conflicto por la vía de la discusión es la más correcta y la más rentable. Conviene que expliquemos lo que queremos decir con la palabra discusión: 

Discutir no significa hablar en términos de “tener razón” o “estar equivocado”; no siempre se puede establecer el tanto por ciento de razón o de error que cada uno tiene en cada situación. Aun cuando existiese una “máquina de la verdad” que estableciera con toda claridad estos porcentajes, no por ello se resolverían los conflictos, porque entonces uno resultaría vencedor y otro vencido, uno feliz y el otro destruido.

Discutir no significa defender con uñas y dientes las propias razones, sino tratar también de comprender las motivaciones adoptadas por el otro. Quien sólo se fija en sus propias razones, limita su campo de atención: identifica su percepción con la realidad objetiva. No es un buen observador, sino que es simplemente alguien que se defiende. Condenado a ver únicamente con sus propios ojos, no llega a admitir, ni siquiera de lejos, la lógica o la corrección de las argumentaciones ajenas, porque, para él, el tener que ceder significaría ser derrotado y humillado. Por eso piensa que es mejor mirar únicamente con sus propios ojos, aun a riesgo de que su percepción sea unilateral.

Discutir significa esforzarse por percibir los hechos en su globalidad. Para ello hay que ser libre: libre para sostener las propias ideas y libre para reformarlas si se

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descubren otras mejoras. Hay que saber, pues, escuchar los mensajes del otro: no sólo lo que el otro dice, sino el significado profundo y auténtico de lo que dice. No se trata de convertirse en una especie de “papel secante”, sino de saber captar las motivaciones del otro, por encima de las palabras que emplee. Cómo se percibe a los demás: Para tener esta actitud es preciso que cada cual se pregunte: ¿cómo percibo yo a mi interlocutor? En realidad, esta percepción muchas veces no es realista-objetiva, sino subjetivadeteriorada por el tiempo. Se percibe al otro de manera realista cuando “lo que yo pienso que es el otro” responde a “lo que el otro es verdaderamente”. Por el contrario, la percepción resulta distorsionada cuando el concepto que yo tengo del otro no se corresponde con la realidad, es decir, cuando “el otro según yo” es muy distinto (u opuesto) al otro tal como es. Esta percepción distorsionada impide la comprensión: la relación ya no es libre, sino que el otro se verá condicionado a actuar conmigo de acuerdo con mis expectativas. Pongamos un ejemplo. Supongamos que, por la razón que sea, yo pienso que tú eres un tipo simpático. Cuando me encuentre contigo, me comportaré en consecuencia: me mostraré amable y dispuesto. Esto te permitirá responderme con la misma afabilidad. Una vez concluido el encuentro, me diré para mí: “tenía razón al pensar que era un tipo simpático”. Es decir: mis expectativas han influido en tu modo de comportarte conmigo. Pero si, por el contrario, espero encontrarme con un tipo antipático, en cuanto te encuentre me sentiré fastidiado. Entonces lo más probable será que también tú reacciones en consecuencia, de tal manera que al final yo obtendré la confirmación de mi inicial diagnóstico. En ambos casos ha sucedido lo siguiente: me he encontrado con el tipo que esperaba encontrar. Es decir, el concepto que yo tengo de ti provoca en ti el correspondiente comportamiento; la imagen que yo tengo de ti influye en tu comportamiento. Si yo pienso de ti que eres un estúpido, lo más probable es que te comportes conmigo como un estúpido, no porque lo seas, sino porque yo pienso que lo eres. Si, por el contrario, pienso que eres un tipo redimible, lo más probable es que tú mismo te redimas. Dejando de lado el ejemplo, podemos decir: 

No es posible, cada vez que me encuentro con un hermano, redescubrirlo de nuevo y conocerlo ex novo, como si fuera la primera vez. Es inevitable que posea unos esquemas cognitivos acerca de él, los cuales se disparan siempre que me encuentro con él y a cuya luz lo reconozco inmediatamente. Cada nuevo comportamiento suyo es interpretado a la luz de lo que yo ya sabía de él.

Estos esquemas cognitivos deben ser abiertos y flexibles, no cerrados y rígidos. Poseo una percepción realista del otro cuando estoy dispuesto a revisar mis esquemas acerca de él sobre la base de las nuevas informaciones que él mismo me proporciona; es decir: aunque yo creyera, por ejemplo, que era un estúpido, sin embargo, al conocerlo mejor, debo cambiar de opinión. De lo contrario, ya puede el otro hacer milagros delante de mí, que yo seguiré percibiéndolo como siempre, es decir, de un modo irrealista y distorsionado. Oigo, pero no escucho; tengo ojos, pero no veo. Consigo, pues, captar y acoger su mensaje por encima de las palabras que emplea.

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Estas distorsiones mías acerca de la verdadera personalidad del otro provocan e invitan a éste a actuar de tal manera que confirma mis distorsiones, con lo que su comportamiento no es la expresión de su auténtica personalidad, sino el resultado de mi propia distorsión. Es como si él dijera: “Es inútil que intente cambiar; haga lo que haga, siempre seré para él un estúpido; de modo que más vale que me comporte como tal”.

El cambio de mi sistema cognitivo acerca del otro puede incitar a éste a cambiar también. Cada uno de nosotros se ha hecho su esquema cognitivo acerca del hermano que vive junto a él; consiguientemente, cada uno de nosotros tiene el peligro de distorsionar. Por eso es inútil esperar que sea el otro quien cambie, como condición para nuestro propio cambio.

Cada cual debe hacer su parte o, si lo preferimos, cada cual debe trabajar en su propia conversión sin condicionarla a la conversión ajena. En este terreno, convertirse significa preguntarse: ¿de verdad es él (o ella) como yo pienso que es? Con lo cual no pretendemos introducir un elemento de sospecha en la relación para hacer de ésta un encuentro entre desconocidos, sino un elemento de humildad: andémonos con mucho cuidado a la hora de hacer el retrato de los demás. Nadie ha dicho que el retrato sea una fotografía. Si yo trato de estar dispuesto a revisar mi concepto sobre el otro, entonces estaré abierto a todo cuanto el otro pueda revelarme de nuevo. Más aún: el otro se sentirá estimulado gracias a mi disponibilidad a revelarme elementos nuevos. Y de este modo, mi disponibilidad a mejorar el concepto que yo tengo de mi hermano le estimula a éste a ser mejor. Cuando admito una mejora en mi percepción del otro, estoy estimulando en él una mejora real. En lugar de condicionar mi conversión a la del hermano, comienzo yo mismo a convertirme y... tal vez mi hermano decida seguirme. ¿Quién sabe? 2. Para saber más MANENTI, Alessandro: Vivir en comunidad. Aspectos psicológicos. Sal Terrae, Santander, 1984.

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CENTRADOS EN LA PALABRA (Lectio divina)

Jordi LATORRE, sdb Joan CODINA, sdb

Plegarias desde la Palabra de Dios y desde la vida La del padre de un joven: Creo, Señor, pero aumenta mi fe (Mc 9, 24). La de un ciego: Entonces empezó a gritar diciendo: —Jesús, Hijo de David, ¡ten compasión de mi! Acercándose le preguntó: —¿Qué quieres que haga por ti? El respondió: —¡Señor, que pueda ver! (Lc 18, 38-41). La de diez leprosos: Y al entrar Jesús en un pueblo, le salieron a su encuentro diez leprosos, que se pararon a distancia y levantando la voz, dijeron: —¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros! (Lc 17, 12-13). La de Samuel: El Señor entró, se le acercó y le llamó como las veces anteriores: —Samuel, Samuel! El respondió: —Habla, que tu siervo escucha (1Sa 3, 10). La de una mujer cananea: La mujer fue a postrarse ante él y le dijo: —Señor, socórreme (Mt 15, 25). La de una mujer que padecía hemorragias: Se le acercó por detrás y tocó la orla de su manto, pues se decía: «Sólo con tocar su manto, quedaré curada» (Mt 9, 20). La de los discípulos: Jesús estaba en popa, durmiendo sobre un cabezal. Le despiertan y le dicen: —Maestro, ¿no te importa que perezcamos? (Mc 4, 38). La del publicano: —Oh Dios mío. ¡Ten compasión de mí que soy un pecador! (Lc 18, 13). La de un discípulo: —Señor, enséñanos a orar, como enseñó Juan a sus discípulos (Lc 11, 1).

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La de Felipe: —Señor, muéstranos al Padre y eso nos basta (Jn 14, 8). La de MarÍa: He aquí la sierva del Señor; hágase en mí según tu palabra. (Lc 1, 38). La de Pedro: —Señor, ¿a dónde iríamos? Tú tienes palabras de vida eterna y nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios (Jn 6, 68-69). La del joven Saulo: —Señor, ¿qué queréis que haga? (Ac 22,10) La de un salmista: Estoy enamorado de tu pacto; no me defraudes, Señor. Corro por la senda de tus preceptos, pues tú me has ensanchado el corazón. (Sal 118, 31-32) Tendré siempre tu pacto por herencia: es la alegría de mi corazón. Cumpliré de corazón tus preceptos, ahora y por siempre. (Sal 118, 111) Mi alma se ha enamorado de ti, Tu diestra me sostiene. (Sal 62, 9) Encomienda al Señor tus caminos; confía en él, déjale actuar. (Sal 36, 5) ¡Ojalá escucharais hoy su voz!: “No endurezcáis vuestro corazón” . (Sal 94, 7-8) La de Ana: Entonces Ana dijo esta oración: —Mi corazón exulta en el Señor, alzo mi frente hacia ti. Soy feliz porque eres mi salvador. (1Sa 2, 1) La de Salomón: Dios de nuestros padres y Señor de la misericordia que con tu palabra hiciste el universo. Con tu sabiduría formaste al hombre para que dominase sobre los seres por ti creados. Dame la sabiduría de tu trono. La Sabiduría que conoce tus obras está en ti. Y estaba presente cuando creabas mundo: ella sabe lo que es agradable a tus ojos y conforme a tus mandamientos. Envíala desde les alturas santas del cielo, mándala bajar de tu trono glorioso, para que trabaje a mi lado y yo sepa lo que a ti te agrada.

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Ella, que lo sabe todo y lo entiende todo, me guiará prudentemente en mis empresas y me protegerá con su presencia gloriosa. (Sb1-11) Ignacio de Loyola: Tomad, Señor, y recibid toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento, y toda mi voluntad, todo mi haber y mi poseer. Vos me lo disteis, a Vos, Señor, lo torno. Todo es vuestro, disponed de ello según vuestra voluntad. Dadme vuestro amor y gracia, que ésta me basta. Antoine Chevrier: Oh Verbo! Oh Cristo! Tú eres mi Señor y mi único Maestro. Habla. Yo quiero escucharte y practicar tu Palabra, porque sé que viene del cielo. Quiero escucharla, meditarla, ponerla en práctica, pues en tu Palabra está la vida, la alegría, la paz y la felicidad. Habla, Señor,Tú eres mi Señor y mi Maestro. No quiero escuchar a nadie más. Antoine Chevrier: Haz, Oh Cristo, que te conozca, que te ame. Tú eres la luz. Hazme llegar un rayo de tu luz al fondo de mi pobre espíritu, para que te pueda ver, para que te pueda entender. Abre mis oídos a tu Palabra divina, para que pueda oír tu voz, para que pueda meditar tus enseñanzas. Abre mi espíritu y mi inteligencia, a fin de que tu Palabra penetre en lo más íntimo de mi corazón y así pueda gozar de ella y comprenderla. Charles de Foucauld: Padre, a ti me entrego. Haz de mí lo que quieras. Sea lo que sea, te doy gracias. Estoy dispuesto a todo. Lo acepto todo. Que tu voluntad se cumpla en mí y en todas las criaturas. No deseo nada más, Padre. Mi vida te doy, confío en ti con todo el amor del que soy capaz. Porque te amo, quiero entregarme a ti, y ponerme por entero en tus manos, sin reserva, con una confianza absoluta, porque Tu eres…MI PADRE.

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Pere Casaldàliga: ¡Señor Jesús! Tú eres m Fuerza y mi Fracaso Mi Herencia y mi Pobreza Tú eres mi Justicia, Jesús. Mi Guerra y mi Paz. Mi libre Libertad! Mi Muerte y mi Vida, eres Tú. Palabra de mi grito, silencio de mi espera. Testimonio de mis sueños. ¡Cruz de mi cruz! Causa de mi sufrimiento, Perdón de mi egoísmo, Crimen de mi proceso, Juez de mi llanto, Razón de mi esperanza. Tú eres Tierra Prometida, La Pascua de la Pascua. Mi Gloria por siempre, ¡Señor Jesús!

François Pécriaux (a partir del Salmo 119) : Nunca olvidaré tu Palabra, Mírame. Así podré descubrir toda tu riqueza. Quiero tomarme muy en serio tu Palabra, meditarla, dar testimonio de ella, unido a toda la comunidad de creyentes a los que amas sin límites. Tu Palabra es para mí una fuente de esperanza, alimento y fuerza en los momentos de dificultad. Ciertamente que existen horas bajas y momentos de niebla, trampas que están al acecho, infidelidades, traiciones y otros muchos obstáculos: parece entonces que tu Palabra enmudece y se manifiesta como poco eficaz Asimismo, sin ensueños ni demasiadas fantasías, quiero proclamar que tu Palabra es luz en mi camino, fuente, capacidad de sorpresa siempre renovada, signo inalterable de tu fidelidad. Feliz el que sigue escuchándola y se deja interpelar. François Pécriaux: Abre mis ojos, Señor, a las maravillas de tu amor. Soy como el ciego en el camino, cúrame, pues quiero verte. Ábreme tus manos, Señor, que se cierran para guardarlo todo. El pobre tiene hambre delante de casa. Enséñame a compartir. Haz que camine, Señor, Y, por muy duro que sea el camino, quiero seguirte hasta la Cruz. Ven a tomarme de la mano.

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Haz , Señor, que sienta cercanos a todos los hermanos que te suplican. Haz que su sufrimiento y su clamor despierte mi corazón. Consérvame la fe, Señor, cuando tantas voces proclaman tu muerte. Llegado el anochecer y con todo el peso del día, Señor, ¡quédate conmigo! Dag Hammarskjöld: Señor, tú que estás sobre nosotros, tu que eres como uno de nosotros, haz que todos te puedan ver en nosotros,y también en mí; que yo prepare tu camino y pueda darte gracias por mi vida. Que no olvide, sin embargo, la desdicha de los demás. Guárdame en tu amor como tú quieres que los otros sean guardados en el mío propio. Que todo lo que hay en mí te dé gloria y que nunca desespere. Pues en tus manos estoy y en ti residen la bondad y la fuerza. Dame un corazón puro para que te pueda ver, un espíritu humilde que te escuche, aquel espíritu de amor que te sirva, un espíritu de fe que permanezca en ti. Tú, a quien no conozco, aún siendo tuyo. Tú, a quien a menudo no comprendo, Sé que Tú guías mis pasos. Benedicto XVI (de Dios es amor): Santa María, Madre de Dios, tu has dado al mundo la luz verdadera, Jesús, tu Hijo, el Hijo de Dios. Te has entregado totalmente a la llamada de Dios convirtiéndote así en fuente de donde brota su Bondad. Muéstranos a Jesús. Guíanos hacia Él. Enséñanos a conocerlo y a amarlo, Para que también nosotros podamos ser capaces de ofrecer un auténtico amor siendo también fuente de agua viva en medio de un mundo tan sediento. Ignacio de Loyola: Señor, enséñame a ser generoso, a servirte como te mereces, a darme sin calcular, a luchar sin preocuparme de las heridas, a trabajar sin buscar descanso, a ofrecerme a los demás sin esperar nada a cambio más que la de saber que he cumplido tu voluntad. Anónima: Ven, Padre de los pobres, llena nuestros corazones y enciende en nosotros la llama de tu amor. Ven, Espíritu creador, renuévanos como se renueva la tierra en cada primavera preparando la cosecha abundante del verano.

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Ven, Luz, Consuelo y Fortaleza, aleja de nosotros la rutina, el miedo al compromiso. Ven, Espíritu del Señor Resucitado, haznos vivir siempre su misma vida. ¡Ven, Espíritu Santo!

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Miguel Ángel CALAVIA, sdb

La Pascua, una nueva relación con Dios y con los demás Ya es sabido que toda la Biblia se mueve en un contexto de fe, y dentro de este contexto se invita a la conversión, ya sea para que el pueblo de Israel en el Antiguo Testamento vuelva a ser el pueblo de Yahvé después de flirtear con otros dioses (cfr. Os 2); ya sea para que la comunidad cristiana, una vez ha hecho opción por Jesús, el Señor, vuelva al camino del que se aparta y se comprometa de nuevo en el seguimiento de Jesús. 1. La Conversión en el Nuevo Testamento La conversión neotestamentaria se presenta con unas características concretas, que la diferencian de la del Antiguo Testamento: 

A diferencia del modelo veterotestamentario, que plantea la vuelta a Dios y a su camino de justicia... La conversión, a la que invita Jesús, mira hacia el futuro, al “Reino que ya ha llegado” (Mc 1,15; Mt 3,2).

En Jesús, que es manifestación y concreción del Reino de Dios, se descubre la conversión como don de Dios al hombre y como tarea a realizar por el mismo hombre (cfr. Lc 11,20). De esa forma, éste se hace responsable de su respuesta (cfr. Mt 12,41).

Por eso, la conversión ya no consiste en la obediencia a una ley sino a una persona: la exhortación a la penitencia se convierte en llamada al seguimiento de Jesús.

Esta conversión, como seguimiento de Jesús, supone siempre abandonar algo ante el hallazgo de lo esencial. Lo cual es causa de alegría, ya que supone la posibilidad de una nueva vida (cfr. Mt 13,45-46).

Puesto que Dios se ha vuelto hacia el hombre (Lc 5,32), el hombre puede y debe volverse hacia Dios. Pero sólo captan este volverse amoroso de Dios los pequeños, los necesitados de auxilio, los pobres y marginados; por eso, a ellos se les promete el Reino de Dios (Mt 5,3; 18,10.14).

Y al contrario, el mensaje de conversión tropieza siempre con la autosuficiencia humana bajo todas sus formas, desde el apego a las riquezas (Mc 10,12-25) hasta la soberbia seguridad farisaica (Lc 18,9).

Volverse a Dios es dejar la intemperie y la soledad, y disfrutar del calor y la compañía en la casa paterna. Por eso, el hijo pródigo es una invitación a la conversión (cfr. Lc 15,1-31).

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Este camino de vuelta es señalado constantemente en la predicación cristiana primitiva. La penitencia consiste en dejar el mal (Hch 8,22; 2 Cor 12,21; Ap 2,21) y convertirse a Dios (Hch 20,21; 26,20; Ap 16,9).

En Pablo y Juan la conversión se identifica con la fe, y viene dada en la fe. Se trata de una “nueva creación”, de “revestirse del hombre nuevo”, gracias a nuestra incorporación a la muerte y resurrección de Cristo (Véase el contexto bautismal de Rm 6, y el de la resurrección de 1 Cor 15); y de una “regeneración”, como paso de la muerte a la vida, de las tinieblas a la luz, de la mentira a la verdad, del odio al amor (cfr. Jn 3,16.36; 5.24; 9,1-41).

2. La conversión como Reconciliación El contenido de la conversión en la Biblia nos permite situarnos ante la persona humana y formular algunas conclusiones: 

Ante el actual panorama de la humanidad sería una presunción intentar dar una respuesta absoluta al interrogante sobre la identidad humana. El hombre ha dejado de ser solamente problemático para introducirse en el terreno de lo misterioso, según la distinción de Marcel. Esta misma sensación se respira en la Biblia: “¿Qué es el hombre para te acuerdes de él? ¿Qué los hijos de Adán para que pienses en ellos?” (Sal 8,5).

Pero esta falta de respuesta no nos deja indiferentes: la pérdida de identidad nos impulsa a un fatigoso camino de búsqueda, en el que hay que dejar la propia piel.

En este camino de búsqueda, las personas experimentan la ambigüedad de su vida, marchando entre la luz y la oscuridad, la seguridad y el miedo, el amor y el odio, la vida y la muerte; sin apenas posibilidad de hacer un alto en el camino o construirse un refugio seguro contra la intemperie. Es como si el hombre se viera condenado a caminar a través de un sendero incierto y hacia una meta desconocida.

Pero esta misma incertidumbre alimenta, al mismo tiempo, el deseo de seguir caminando en busca de aquella situación en la que uno se sienta a gusto.

En este caminar incierto no es posible la neutralidad. Todo hombre inicia su camino de búsqueda desde la mirada y comprensión de la propia persona. Y en esta forma de verse a sí mismo, siempre hay un punto de partida y una meta que se quiere conseguir. Se camina en la vida desde y hacia algo o alguien; de tal modo que el camino y su andadura dependen de este origen y meta. El contenido de este algo o alguien explica los distintos humanismos o anti-humanismos y, en concreto, lo que fundamenta el sentido religioso o no de la propia existencia. Para el creyente, Dios está en el origen y en la meta; y desde la fe cristiana, Dios-en-Cristo es “Alfa y Omega, principio y fin” (Ap 22,13). Esta experiencia, más intuición y descubrimiento personal que demostración racional, acompaña al creyente a lo largo de toda su vida. De tal forma, que su existencia, con todas sus actitudes y comportamientos, no se puede desligar de esta Presencia de Dios.

Esto mismo, dentro ya del tema de la conversión, significa que solamente desde Dios, ya sea a través del anuncio kerigmático o de la proclamación de su Palabra,

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es posible comprender tal conversión, tanto en su aspecto negativo (conciencia de vivir y andar descaminado, alienado), como en su vertiente positiva (compromiso interior y exterior en un proyecto nuevo de vida). 

En este contexto creyente, el pecado ya no se identifica con la culpa, aunque psicológicamente participe de su misma estructura. La conciencia de pecado ya no es el resultado de la trasgresión de una norma o ley, o del complejo y frustración que todo fallo humano lleva consigo; sino que uno se siente pecador cuando se experimenta a sí mismo alejado, en mayor o menos grado, de Dios y de esa otra realidad, llamada hombre, si hemos aceptado a Éste como mediación de la presencia de Dios en la historia. Y en sentido contrario, la conversión ya no se reduce a un puro deseo de cambiar o reparar una falta, sino a un camino progresivo de re-encuentro, re-unificación y reconciliación con Dios y los demás.

3. La Reconciliación con Dios: una experiencia de re-encuentro con el Padre Antes de intentar expresar el contenido de una reconciliación con Dios, es necesario partir de unos presupuestos que, en cierta manera, acoten el significado de aquella, configurándola como conversión cristiana. He aquí algunos: 

Se trata de una reconciliación con el Dios de la Biblia, manifestado de forma definitiva en Jesús de Nazaret. Es decir, una configuración de Dios, que aunque se escapa a una total comprensión por parte del hombre (¡Dios es Dios y no hombre!), se ha hecho experiencia humana en Israel y, sobre todo, en Cristo; y el creyente cristiano la acepta como fundamento y meta de su fe.

La aceptación de este Dios de Jesús no es un momento en la vida del creyente, ni afecta a un solo aspecto de su condición humana, antes al contrario, se trata de un acontecimiento que, empleando términos paulinos, es vida de nuestra vida; es decir afecta a todo hombre y durante toda su existencia. Esta experiencia es precisamente la que pone al cristiano en un constante camino de conversión: la de comprobar a diario la aceptación y encuentro con Dios en momentos puntuales de la vida, y en ciertos niveles de su persona, por ejemplo, el intelectual o el sentimental.

Este acontecimiento de Dios en la propia vida configura la propia identidad. El cristiano se comprende a sí mismo desde el acontecimiento de Dios en Cristo, experimentado como cimiento y meta de la propia existencia.

A partir de esta experiencia, se intuye una consecuencia importante para todo camino de conversión auténtica: el pecado no es tanto infracción de una ley o prescripción, sino ausencia de identidad, al rechazar en mayor o menor grado esta presencia de Dios. El hombre no es hombre porque ha expulsado la realidad de Dios de su vida. Eso va en contra de los maestros de la sospecha, para los que la presencia de Dios es la muerte del hombre.

La presencia de Dios en el hombre se realiza a través de mediaciones. En el camino de conversión no se pueden olvidar las palabras del Evangelio: 

“El que me ha visto a Mí ha visto al Padre” (Jn 14,9).

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“Nadie va al Padre, sino es a través de Mí” (Jn 14,7). “Todo lo que hagáis a uno de estos me lo hacéis a Mí” (Mt 25,40).

Hechas estas observaciones, se puede concretar la experiencia de verse y experimentarse reconciliado con Dios-Padre: 

Si el pecado se nos presenta como una necesidad misteriosa de abandonarnos a nuestro propio capricho, al margen de la voluntad de Dios (“Comer del árbol”, Gen 2,16-17); llevados de lisonjeras promesas (“Seréis como dioses”, Gen 3,5); o de abandonar la casa del Padre en busca de una solitaria e insolidaria libertad (cfr. Lc 15,11-32); reconciliarse con Dios es alejarlo del campo de la incompatibilidad y descubrirlo como garantía de vida.

Experimentar la reconciliación con Dios es volver a descubrirlo –¡a lo mejor, por primera vez!– no como un virus que destruye nuestra posibilidad de vivir, sino como germen o semilla de una vida nueva, ya demostrada en Cristo, que atraviesa la muerte. Aunque, mientras tanto, haya que caminar en medio de la niebla para llegar a la meta.

Si el pecado se experimenta como falta de identidad, ruptura interna, alejamiento de sí mismo, etc., es porque la vida del hombre carece del sentido o significado que el creyente descubre en Dios. Por eso, reconciliarse con Dios es aceptarlo o descubrirlo de nuevo en el origen de nuestra vida como sentido de lo que somos o hacemos.

Experimentar la reconciliación es aceptar la misión o tarea que el Padre ha puesto delante de nosotros; tener la grata y estimulante sensación de que has sido elegido para algo distinto: hacer realidad el Reino, inaugurado en Cristo (cfr. Lc 4,18-21), y esto aunque sea “con dolores de parto” (Rm 8,22). Por eso, la vuelta y el reencuentro con el Padre, lejos de constituir un refugio contra la inseguridad de la intemperie o un somnífero para las noches de insomnio, conlleva acercarse a la fuente de nuestro compromiso en el mundo.

Pero esta elección por parte de Dios tiene una motivación concreta. El hombre no está aquí como esclavo de los dioses, ni es el producto de un dios vencido, como se deduce de ciertos mitos sobre la creación en algunas religiones, sino que es fruto del amor gratuito de Dios, hecho a “su imagen y semejanza” (Gen 1,26). Esta gratuidad se manifiesta en la elección. Tanto Israel como la comunidad cristiana primitiva tenían conciencia de que su elección no era una respuesta de Dios a sus méritos: “No por ser el pueblo más numeroso de todos los pueblos” (Dt 7,7); “[Entre vosotros no hay muchos sabios ni poderosos, ni de la nobleza” (1 Cor 1,26).

En el origen de esta elección, el creyente descubre la gratuidad del amor de Dios. Y un amor que abarca todas las facetas de la condición humana: amor de Padre, de Madre y de Esposo. Por eso, el pecado, incluso desde la elección es una respuesta negativa a este amor paternal de Dios o, en lenguaje bíblico: “Ir detrás de otros amantes. Olvidándose deI amor primero” (cfr. Os 2,15; Jr 2,32). En este horizonte, la reconciliación con Dios se identifica con la experiencia del amor de Dios. Aceptar y vivir la iniciativa de Dios a amarnos, a pesar de nuestras escapadas nocturnas en busca de devaneos amorosos; a pesar de “los principados y potestades, la altura y la profundidad, el presente y el futuro, la espada y la muerte” (Rm 8,35).

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Esta experiencia del amor de Dios, manifestado en Cristo, aporta otra dosis de confianza en nuestro camino de conversión hacia el Padre: aceptar que nuestras enfermedades no son de muerte, porque el amor de Dios es más fuerte que la muerte (cfr. Jn 11,4). Para el creyente, tiene sentido ponerse en camino hacia Dios y vale la pena anunciar la reconciliación con el Padre, porque en la situación actual aún sigue resonando la voz de Dios por medio del profeta: “¿Por qué gritas por tu herida? ¿Acaso es incurable tu mal? Yo haré que tengas alivio, de tus llagas te curaré” (Jr 30,15-17).

De aquí brota otro signo de la experiencia de nuestra reconciliación con Dios: vivir en la esperanza, a pesar de todo, porque en nuestra bolsa de viaje, junto a nuestro miedo e inseguridad, camina con nosotros la fuerza del Padre, como Luz y Salvación (cfr. Sal 2). Y si el Padre camina dentro y delante de nosotros, el hombre puede atravesar las cañadas oscuras o “preparar la mesa frente a sus enemigos” (cfr. Sal 22); y hasta aventurarse a cruzar el lago, aunque la barca zozobre en medio de la tormenta, porque Alguien viene a nosotros caminando sobre las aguas. (cfr. Mt 8,23-27).

La reconciliación con Dios también incide en la comprensión que se tiene de la realidad del hombre, tanto de los demás como de sí mismo. Desde la experiencia de Dios-en-Cristo, el creyente reconciliado con Dios no se acerca a la historia humana con la duda o sospecha que una mentira provoca –eso sería platonismo–, ni con la irresistible atracción de estar ante la verdad –la experiencia diaria nos confirma de lo contrario–, sino con la actitud de apertura y confianza que da el saber o intuir esta como signo o sacramento de una promesa que se hace realidad día a día, aunque a veces no sepamos cómo. Y es que el Reino crece como una semilla, sin someterse a control o programación alguna (cfr. Mc 4,26). Y si hay alguien que se lleve la primacía a la hora de manifestar la sacramentalidad de Dios, ese es, sin duda alguna, el hombre. Esta fue la gran intuición de aquel que se atrevió a gritar delante de todos: “Nadie va al Padre, si no es a través de Mí” (Jn 14,6).

4. La Reconciliación con los demás: la creación de una relación nueva Si aIgo se palpa en el momento actual de la humanidad es, sin duda, la convicción de que esto no marcha, de que es urgente dar un viraje a la cultura. Basta abrir la prensa cada mañana. Como cristianos, nos sentimos estimulados a seguir creyendo en la posibilidad de una nueva cultura. Y no sólo por el deseo de que se arregle la situación, sino también, y ante todo, porque el amor y la reconciliación con Dios pasan y se expresan por el amor y reconciliación con los otros. Esta precisión última es importante porque en ella radica la diferencia entre una reconciliación cristiana y un mero deseo filantrópico o altruista de lograr una convivencia más humana. La Reconciliación con los demás pasa a nuestro modo de ver por dos estadios o momentos: Uno que podíamos llamar de significación humana, qué representa el hombre en la propia vida; y un segundo momento, relacionado ya con el contenido del perdón.

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5. Significado de la persona humana en la propia vida. La presencia de una persona frente a nosotros es una experiencia cargada de variados y encontrados sentimientos y actitudes: desde verla como posibilidad para la propia realización, hasta considerarla una amenaza continua, pasando por la indiferencia o el desperecio. Para el creyente cristiano tal presencia resulta positivamente estimulante por el mismo contenido que todo auténtico encuentro lleva consigo, y por lo que la experiencia descubierta en Cristo ha supuesto para su concepción de la persona humana. 

Una persona delante no nos deja indiferentes. Se trata de una experiencia particular entre la atracción y la huida, el asombro y el desconcierto, que toda presencia misteriosa suscita en la persona. Lo preocupante de nuestra sociedad es haber convertido al hombre en un mero objeto; y, por ello, algo fácilmente utilizable y manipulable, para experimentar hipótesis científicas, políticas y económicas de todo tipo. Es más, el actual progreso tecnológico ha hecho posible que el hombre se admire más de los últimos objetos que aparecen en el mercado, que del mismo hombre con su sonrisa, su dolor, su hambre y su muerte. La reconciliación con los hombres debe pasar necesariamente por el reconocimiento de la “dignidad” humana, por la aceptación desde el corazón y la conciencia de que el hombre no es algo, un número de carnet de identidad, una ficha de producción, ni unos datos en el controlador de hacienda, sino alguien que me llama e interpela, capaz de proporcionarme tanto la paz como el desconcierto más absoluto.

Una persona delante de nosotros es también una invitación a aceptar su alteridad. Toda persona participa de nuestra misma condición humana pero de forma “única” y distinta. Esta especificidad y alteridad radica dentro de cada uno, constituyendo su personalidad y haciéndolo un tú original, irreductible a todo tipo estandarizado o modelo único de ser-persona. Esta alteridad del otro queda trastocada cuando se le desea y cuando se le teme. ¡Cuantos deseos y temores en el origen de la manipulación del hombre. Desear a una persona es sacarla de su alteridad, de su centro específico para introducirla en el nuestro y ponerla a nuestro servicio, a nuestros pies, impidiéndole ser “ella misma”. Temerla es negarle en parte su condición de persona, alejándola de una posible relación con nosotros, hiriendo así su dimensión relacional.

Reconciliarse con el otro supone, pues, aceptar esta alteridad y caminar hacia ella. Este paso hacia el otro no es fácil, pues la tentación de la posesión y manipulación nos salen continuamente al camino. ¿Será preciso ver en el otro algo, o mejor dicho alguien más de lo que se capta a primera vista? El creyente es invitado constantemente a descubrirlo. 6. La persona a la luz del acontecimiento-Cristo Con frecuencia, la persona no se ve a si misma como centro del mundo, sino con una contradicción interna, como algo superfluo en medio de una masa hormigueante, marginadora y hostil, dando vueltas alrededor de ese centro que intuye pero que no llega a alcanzar.

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Sin embargo toda esta contradicción y desazón no legitima la vacilación. El creyente cristiano acepta que en Jesús de Nazaret, muerto y resucitado, lo humano se ha hecho absoluto, divino. En Jesús, Dios interviene de tal manera en la historia humana que a partir de él la contradicción intrínseca que es el hombre (sí y no a la vez), queda zanjada en favor del Sí. Por eso el cristiano apuesta por la persona humana, porque cree que la ambigüedad (sí y no) ha quedado ya resuelta en Jesús, a quién el Nuevo Testamento llama el “Sí de Dios”, el Amén del Padre al proyecto humano (Cf. 2 Cor 1,19; Apoc 3, 14). Y puesto que lo que acontece en Jesús no es para sí solamente, ya que es el “Primogénito” entre muchos hermanos; puesto que su Resurrección tiene el carácter de primicia que engloba y representa a toda la cosecha (Cf Rom 8,29; 1 Cor 1s), se acepta en/desde la fe que no solamente Él, sino todo hombre tiene un valor absoluto. Por eso el creyente acepta las dos grandes mediaciones apuntadas más arriba, y que causaron sensación y escándalo en tiempo de Jesús, y mucho me temo que todavía hoy: “Quién me ve a mí, ve al Padre”(Jn 14,9); y ante la pregunta, explicable por demás, “Señor, ¿cuándo te vimos a Ti...?, una respuesta realmente desconcertante: siempre que estuvisteis con uno de vuestros hermanos débiles, hambrientos, desnudos o en la cárcel... (Cf. Mt 25, 31ss) Reconciliarse con los otros supone, pues, aceptar al hombre como verdadero sacramento del Padre, y por ello mismo, alguien no supeditado a nuestros caprichos o desmanes; participando de esa misma presencia y lejanía que lleva consigo el Misterio de Dios. Desde esta perspectiva la persona humana ya no es una pasión inútil, ni el infierno son los otros, sino una promesa desplegada en la historia. Tampoco es un amargado Prometeo encadenado a la roca de su soberbia autonómica, ni un apacible Sísifo contento con su rutinaria suerte, sino alguien que consciente de su realidad camina hacia adelante, hacia su plenitud, que es el encuentro con el Padre, a través del amor y la confianza depositados en las manos de sus hermanos. 7. Contenido del perdón cristiano La reflexión anterior sobre la significación de la persona para el cristiano marca ya la dirección de la peculiaridad del perdón cristiano. El contenido de éste debe enmarcarse dentro del significado del Reino de Dios; y desde esta perspectiva, el perdón tiene un aspecto positivo: es una buena noticia. En el origen de esta visión positiva del perdón está el convencimiento de que los demás no son una amenaza para la propia vida; el resultado final es la re-creación de una “relación nueva”. Veamos lo que significa en concreto. a) El perdón no es indiferencia El perdón es siempre una relación entre dos sujetos, con todo lo que esto significa según apuntábamos arriba. Cuando la relación entre dos personas está teñida de indiferencia, en realidad no se puede hablar de relación personal, pues es negar el carácter de interpelación y llamada que toda presencia humana lleva consigo. No es difícil escuchar de labios de gente importante al ser preguntados sobre su reacción hacia los considerados enemigos, frases como “paso de ellos”, ”no me preocupan”, “no vale la pena preocuparse de ellos”, etc.

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En el fondo de tales respuestas hay un desprecio casi total de la personas, ya que lo que se intenta es reducirla a mero cosa u objeto, evitando así que su existencia sea problemática y desestabilizadora para la propia persona. Esta reducción de la persona a mero objeto es tan hiriente para el hombre que explica sobradamente la intuición y contenido de aquello de que “es peor la indiferencia que el odio”. Convertir el perdón en una postura de indiferencia no contribuye en lo más mínimo a restañar una relación perdida o rota. Simplemente es intentar olvidar por unos momentos, como el avestruz con la cabeza dentro de la arena, lo que ciertamente nos preocupa, y en cierta medida nos inquieta. b) El perdón no es orgullo estoico Sentirse superior a los demás es la gran tentación del hombre. Es una forma de salirse la rutina y ordinariez de la vida. Una de las formas de manifestar esta superioridad sobre los otros es convertirse en lo que vulgarmente se llama un “perdona-vidas”. El perdón desde esta postura de superioridad y orgullo se convierte en realidad en una humillación del otro. Dicha forma de perdonar participa de la conducta de ciertos animales que solamente dejan al enemigo cuando lo ven humillado e indefenso a sus pies. Siempre he intuido en muchos de nuestros perdones un gran deseo de sentirnos superiores a los demás, sobre todo en una sociedad que no perdona nada ni a nadie, de demostrar la propia valía a costa de resaltar el pecado de los otros. Esto no es nuevo; ya Pedro, en un contexto del “ojo por ojo y diente por diente” intentaba presentarse ante el Maestro como el “gran perdonador” al preguntar sobre el alcance de su perdón (Cf. Mt 18, 21s). El perdón desde esta postura orgullosa más que nivelar una relación trastocada, contribuye a aumentar más la separación fruto de la ofensa. c) El perdón no es cobardía Todos hemos sido testigos alguna vez de lo fácil que es perdonar cuando está en juego la propia integridad física y moral. En ese combate que supone todo proceso de discusión ofensiva llega un momento en que uno de los protagonistas siente la necesidad de “tirar la toalla”, evitando así el momento fatídico de dar con su cuerpo en la lona. Ya Nietszche proclamaba semejante debilidad al identificar el “perdón de las ofensas” como una forma de “santificar la propia cobardía”: “Se creen buenos porque tienen las patas débiles...”(Así hablaba Zaratrustra). No le faltaba parte de razón a nuestro problemático pensador. Tan fatídico resulta el perdón desde una postura de autosuficiencia como desde un complejo de inferioridad y subordinación más o menos interesado. La grieta sigue existiendo haciendo más profunda todavía la separación.

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d) El perdón cristiano: una nueva relación El cristiano al perdonar no intenta alejar de sí el peligro que toda ofensa proporciona, sea con la indiferencia, el orgullo o la cobardía. Todo lo contrario, trata de re-construir la relación perdida o alterada. Se trata de introducir en el espacio, vacío por la ruptura, aquellos elementos sobre los que se edifica la fraternidad auténtica. No se trata de perdonar al otro para que nos “deje en paz” (en el sentido más vulgar de la expresión), sino que, perdonando, le vuelvo a hacer partícipe de mi vida, le experimento parte de mí mismo, pero sin manipularle, dejándole ser él mismo. Castilla del Pino al hablar del sentimiento de culpabilidad desde una visión meramente psicológica, predica la necesidad del arrepentimiento y la reparación para que tal sentimiento desaparezca. El creyente cristiano va más lejos: no trata tanto de solucionar un problema personal, alejando un molesto sentimiento de culpa (aunque inconscientemente se tiende a ello), sino que da el primer paso hacia una relación distintas, presidida no ya por el egoísmo e interés personal, sino por la confianza y la apertura, es decir por el amor. Y construir una relación nueva sobre el amor significa no sólo la reivindicación de unos derechos o el paciente perdón de unas ofensas, sino ante y sobre todo, aquello que simbólicamente dijo Jesús: “Al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, déjale también la capa; a quien te fuerza a caminar una millas acompáñalo dos...y al que quiere que le prestes no le rehuyas” (Cf. Mt 5,40 ss); “porque si sólo amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis?, todo el mundo lo hace” (Cf. Mt 5, 46s). 8. Para la reflexión-oración personal   

En qué medida la situación socio-cultural y la vida de nuestra comunidad me invitan a vivir reconciliado... Piensa en situaciones o detalles concretos. En la necesidad de experimentarme reconciliado con Dios, qué está más presente: el mero voluntarismo de cambiar, de ser mejor…o la experiencia del amor gratuito e incondicional de Dios-Padre y el seguimiento más auténtico de Jesús. Piensa en los hermanos/as de Comunidad: qué sentimientos provoca cada uno en ti. Convierte estos sentimientos positivos o negativos en oración.

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LA URGENCIA LA EVANGELIZACIÓN En una sociedad compleja y plural

Miguel Ángel CALAVIA, sdb

La evangelización del mercado El desafío de una economía y consumo más humanos Seguramente habréis ido a algún supermercado. Allí se encuentra de todo: cosas que son necesarias para vivir y otras que no lo son tanto. Pero hoy el mercado es más que un establecimiento más o menos grande donde se vende y se compra. Es una palabra que aparece por todas partes para expresar una característica de nuestra cultura, de nuestra economía, y en definitiva de nuestra manera de vivir. “Nosotros –decía el director de la multinacional Nestlé– no somos ni puramente suizos ni puramente multinacionales, somos un algo intermedio, una raza aparte, somos la nacionalidad Nestlé”. Quién no ha oído expresiones como: economía de mercado, mercado global, exigencias del mercado, sociedad mercantilizada, etc. Mucha gente, sobre todo en las ciudades, va a las grandes superficies (como se llama ahora a los supermercados) a pasear, a ver, a llenarse la retina de objetos y sensaciones, que nos hablan de una forma de ser y de vivir, todo ello ambientado por el color, la música, y dependientes cada vez más jóvenes que atienden a cualquier solicitud con la sonrisa en los labios. El mercado, como símbolo de la economía, nos entra por todas partes, con ofertas y mensajes de todo tipo, invitando a un consumo un tanto alocado. Cuando uno entra en uno de estos grandes almacenes, se tiene la sensación de que vivimos para consumir y no tanto consumimos para vivir. Y es cierto. Con frecuencia compramos y consumimos, independientemente de la necesidad que tengamos de ello. Basta mirar en nuestras casas y habitaciones cantidad de cosas y objetos, apenas usados y olvidados, pues no responden a ninguna necesidad más o menos apremiante. Pero en el mercado no es oro todo lo que reluce. Detrás o, mejor dicho, en el interior de esta palabra, hay un mundo donde se cruzan criterios de vida, actitudes y comportamientos de todo tipo, y muchos de ellos no siempre nos ayudan a ser mejores personas y cristianos. 1. Sitúate en el mercado... Recuerda la última vez que entraste en unos grandes almacenes. Y mientras te imaginas paseando por sus diferentes plantas y pasillos, sitúate ante algunas manifestaciones y consecuencias de esta sociedad de mercado, y piensa en qué medida influyen en tu vida y en tu camino de fe. 1. Visión reductora de la vida (trabajar-producir-consumir) que oscurece una visión más global de la persona. 2. Competitividad exasperada, que lleva al individualismo y perjudica casi siempre a los más débiles y más pobres.

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3. Superpoder de las multinacionales, que crean necesidades artificiales en los consumidores, y sacrifican a las personas para alcanzar una mayor eficacia y provecho propio, utilizando incluso a menores en el trabajo. 4. Abismo cada vez mayor entre ricos y pobres, producido por un capitalismo salvaje. Aunque también existen el llamado comercio justo y solidario, y los bancos éticos., que buscan el servicio a los más pobres y no el propio negocio. 5.

Problema del paro que tiene una vertiente psicológica: no solo se dice “no gano”, sino también “no me siento útil, no puedo expresar mi identidad”.

6. Frustración que nace del contraste entre la mayor preparación cultural y profesional de los jóvenes y la menor posibilidad de encontrar un trabajo estable. 7. Uso del dinero en gastos superfluos, sin los cuales podemos vivir tranquilamente. 8. Problema ecológico y agotamiento de los recursos, con frecuencia mal aprovechados y repartidos, debido a intereses económicos. 9. Crisis global de la economía y sus consecuencias… 2. ¿Y Jesús tiene algo que decir? También aquí Jesús nos ofrece alternativas para que el desafío del mercado y consumo te hagan más persona y redunden en el beneficio de todos, sobre todo de los más necesitados. Lee con calma estos textos del Evangelio, y resume en una frase lo que te dice Jesús en ellas.

En cierta ocasión dijo a la gente: —Cuidado: guardaos de toda codicia, que aunque uno sea rico, su vida no depende de los bienes. Y les propuso esta parábola: Las tierras de un hombre rico dieron una gran cosecha. Él estuvo echando cálculos: “¿Qué hago? No tengo donde almacenarla”. Y entonces se dijo: —Voy a hacer lo siguiente: derribaré mis almacenes, construiré otros más grandes y guardaré allí el grano y las demás provisiones. Luego podré decirme: “Amigo, tienes muchos bienes almacenados para muchos años: túmbate, come, bebe y date la buena vida” Pero Dios le dijo: —Insensato, esta noche te van a reclamar la vida. Lo que te has preparado, ¿para quién será? Eso le pasa al que amontona riquezas para sí y no es rico en lo que Dios quiere. (Lc 12, 15-21)

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Entró Jesús en Jericó y empezó a atravesar la ciudad. En esto un hombre llamado Zaqueo, que era jefe de los cobradores de impuestos y muy rico, trataba de distinguir quién era Jesús, pero la gente se lo impedía, porque era bajo de estatura. Para verlo se adelantó corriendo y se subió a una higuera, porque Jesús tenía que pasar por allí. Al llegar a aquel sitio, levantó Jesús la vista y le dijo: —Zaqueo, baja en seguida, que hoy tengo que alojarme en tu casa. Zaqueo bajó en seguida y lo recibió muy contento. Al ver aquello murmuraban todos: —¡Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador! Zaqueo se puso en pie, y dijo a Jesús: —Mira, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres, y si a alguien le he robado dinero le devolveré cuatro veces más. Jesús le contesto: —Hoy ha llegado la salvación a esta casa. Porque he venido a buscar lo que estaba perdido y a salvarlo. (Lc 19, 1-10)

 Hermanos míos, ¿de qué le sirve a uno decir que tiene fe si no tiene obras? ¿Es que esa fe le podrá salvar? Supongamos que un hermano o una hermana de la comunidad no tienen qué ponerse y andan faltos de alimento diario, y que uno de vosotros le dice: “Andad con Dios, calentaos y buen provecho”, pero sin darle lo necesario para el cuerpo: ¿de qué sirve eso? Pues lo mismo la fe: si no tiene obras, ella sola es un cadáver. (Sant 2, 14-17)

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Un anexo que nos ayuda a situarnos críticamente en la actual economía neoliberal JUICIO ÉTICO A LA GLOBALIZACIÓN NEOLIBERAL Si queremos hacer al hombre libre, tenemos que hacer a la economía esclava (Fernández de los Ríos)

A. concepto de persona a) La persona para el neoliberalismo es un individuo, que recibe y succiona; es centro de todo y solo depende de la fuerza de su voluntad. Carece de dimensión social, ni vínculos, ni estructuras sociales, ni responsabilidad de lo que deje tras su muerte.  Sin embargo, la persona es el actor de la vida, tanto personal como social. Se identifica precisamente por estar en relación con los otros, de los que recibe y a los que también da. La persona es un ser para el amor, cuyo contrario no es el odio, sino el egoísmo, la cerrazón en sí mismo. b) El individuo es autosuficiente. Se construye a sí mismo, no necesita de nadie para realizarse.  Frente a esto, hay que decir que justamente lo más mío de mí mismo es lo que me falta por andar, y precisamente para llegar a ser yo, me hace falta el otro. c) El individuo necesita del otro sólo de forma utilitaria, cosificadora (sexo, influencias, etc.), no para su crecimiento sino para que le sirva. Actuar por el propio interés es lo natural y bueno. El egoísmo se considera parte básica del ser humano, al margen de cualquier criterio moral. Así tiene sentido, por ejemplo, que esté calculada una tasa de paro permisible.  Sin embargo, la historia de la humanidad pone de manifiesto cómo el hombre puede alcanzar las más altas cotas de humanidad en el servicio a una causa que cree justa, a pesar de exigirle perder, incluso hasta la vida. d) La relación de individuo con el otro es de competencia o de negocio con él. Hasta las multinacionales aparentemente enemigas, públicamente enemigas, se alían para determinados objetivos. El neoliberalismo minimiza las aportaciones de una generación a otra o de la propia cultura a los individuos, donde el negocio no está tan claro.  Frente a ello hay que decir que el ser humano es un ser abierto, autotrascendente. Su sentido como persona es estar con. Los nazis hicieron un experimento macabro. Cogieron a 100 recién nacidos y les atendieron puntualmente en todas su necesidades alimenticias, higiénicas, médicas... pero sin que ninguna persona les tocara, acariciara, hablara... Los 100 murieron en poco tiempo. ¡Parece que hay relaciones más allá de la mera necesidad material o interés! e) El individuo es esencialmente propietario de consumo. El tener nos hace más personas, nos incrementa la autoestima ante nosotros mismos y ante los demás. Valemos más cuando tenemos más que el otro.

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 Consumir es necesario para vivir, pero siempre en función de la persona y de su sentido, no al revés. Tener, sólo beneficia al hombre si es un medio para la realización de este sentido. f)

Ya no hay necesidades (por ej. comer, tener hijos, participar en la vida social), sino deseos e intereses. El criterio final de esos deseos es el de la utilidad propia: “no tengo hijos porque me restan posibilidades de ocio o de comprar un coche...”. Así se puede poner al mismo nivel comer que tener un vídeo, Se investigan los daños de la columna vertebral porque las consecuencias de los accidentes de coche o moto les cuestan mucho dinero a las aseguradoras...  Estamos ante una forma encubierta de eliminación de los derechos humanos, ya que los convertimos en deseos ligados al interés de los propios individuos, y los desligamos de toda exigencia social... Por ejemplo, toda persona tiene derecho a vivienda. Es cierto, pero si no decide gastarse el dinero en otra cosas, o pospone la vivienda a tener un vídeo. En el fondo nos encontramos ante la aceptación o no de una escala de valores.

g) Se enfrenta el individuo a lo social, y lo social se identifica con el Estado que resta libertad. El neoliberalismo identifica lo privado con lo individual y lo público con el Estado, que oprime al individuo y cuyo único papel es el de asegurar la propiedad. El neoliberalismo considera que todas las personas son iguales en el sentido de que lo universal, la cultura, la geografía, no condicionan al hombre o sólo accidental y secundariamente. Se justifica por tanto la movilidad geográfica, como es el caso de los emigrantes y refugiados por obligación no por gusto, el caso de los traslados en las multinacionales por una nueva reestructuración, etc.  Hay que recordar al neoliberalismo que persona y cultura van íntimamente unidas. Y la cultura es diversa –no uniforme–, lo que supone la posibilidad de enriquecerse mutuamente sin cortar las raíces culturales e históricas. En la actualidad parece que la cultura que se quiere imponer en todos los sitios es la cultura de masas proveniente de EE.UU. B. Libertad responsable Uno de los puntos críticos de la ideología neoliberal es su noción de la libertad individual como posibilidad de realizar todo lo que al individuo le apetezca sin más, si tener que responder de la repercusión de sus actos sobre sí mismo, sobre los demás y sobre la naturaleza. Muchas veces, decisiones económicas, basadas en presupuestos neoliberales, provocan verdaderas catástrofes en estas tres dimensiones: desde la neurosis del consumo, hasta incontables muertes por hambre o destrucción masiva de la naturaleza. Hay una relación estrecha entre necesidad y libertad. En logoterapia (V. FRANKL) se habla de una posición natural de la persona y toma de postura hacia ella. La posición natural es lo que representa la necesidad y se puede fijar a través de la biología, la psicología y la sociología, dado que tal posición natural incluye:  

un disposición vital , de la que se ocupa la biología y la psicología una situación social, que entra dentro de la sociología.

La toma de postura, por el contrario, es una actitud y resultado de la libertad, es lo propio del serpersona.

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Todo ello no quiere decir que libertad y necesidad san dos fenómenos independientes. Ambas están relacionadas, pero esta relación es libre. El hombre como ser espiritual toma una posición libre frente a las disposiciones o condicionamientos internos y externos. Por ejemplo, V. FRANKL (1988) habla de: 

Libertad frente a los instintos: El hombre posee instintos, pero éstos no le poseen a él. La libertad frente a los instintos permite al hombre decir no a los propios impulsos, y también sí identificándose con ellos. El animal sin embargo es idéntico a sus instintos.

Libertad frente a la herencia. Como fruto de investigaciones con gemelos univitelinos, se ha demostrado que personas con idéntica disposición genética, muestran después actitudes y conductas distintas.

Libertad frente al medio ambiente. Ejemplos de ella encontramos en los campos de prisioneros de la segunda Guerra Mundial o en los prisioneros americanos en Corea del Norte, Vietnan, etc. En todos ellos, en una misma situación ambiental, las reacciones eran diferentes: se daban posturas altruistas, incluso hasta llegar a grados heroicos, y otras más primitivas de mera lucha por sobrevivir.

En esta doble actitud se entrecruzan también la libertad de o frente a algo y la libertad para. Así, por ejemplo, afirmamos o negamos los instintos en función de otra cosa elegida. Esta libertad para, según V. Frankl, la constituyen el sentido y los valores. C. Responsabilidad El hombre es libre para ser responsable; dicho de otra forma, puede ser responsable porque es libre (libertad y responsabilidad son inseparables). La libertad responsabiliza al hombre de sus decisiones y actos. Al igual que la libertad tenía un de qué y un para qué, la responsabilidad tiene también un de qué y un ante qué. 

Responsabilidad de la realización de un mundo objetivo del sentido y los valores. Esta realización del sentido y los valores está contra los instintos como principios directores del comportamiento humano. El objetivo de un acto intencional es un valor, y el placer será un resultado (el efecto no buscado por sí mismo) de la realización de ese valor.

Responsabilidad ante algo y ante alguien. Este algo es la conciencia, y para el hombre creyente la última instancia es Dios.

D. Interés particular y bien común Otro de los principios fundamentales en los que se apoya la doctrina neoliberal es la afirmación del egoísmo natural del hombre, o lo que es lo mismo, la afirmación de que la obtención de beneficios es una motivación universal de la conducta humana. Este principio se apoya en dos verdades de la teoría económica clásica: 

nuestros deseos son infinitos, mientras que los recursos son limitados, por ello las personas tienen que decidir cómo utilizar sus recursos escasos: su tiempo, su trabajo, su dinero, su capital, etc.

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la tendencia innata de las personas es elegir lo que maximiza el beneficio y la ganancia individuales, lograr el máximo de fines con el mínimo de recursos, logra el máximo beneficio con el mínimo esfuerzo.

Y si cada uno busca su beneficio, la suma de todos los beneficios particulares dará como resultado el beneficio de todo el grupo o de toda la sociedad. Este planteamiento en apariencia meramente económico, supone una concepción del hombre y de la sociedad en la línea indicada anteriormente: el hombre es definido como homo económicus, cuya motivación sería el simple interés particular o individual. Esta visión reduccionista y unidimensional del hombre y de la sociedad es incompatible con la idea de bien común. El bien común implica la obligación que tiene la sociedad de hacer partícipes de los derechos fundamentales a todos sus miembros. El bien común es el que permite el desarrollo de todos los hombres como personas libres, conscientes y responsables de sus opciones, teniendo en cuenta no sólo sus propias necesidades, sino también las necesidades de los otros. El bien común debe garantizar el destino universal de los bienes necesarios para el desarrollo pleno y auténtico de las capacidades humanas. El bien común no puede ser nunca la suma de intereses particulares, lo mismo que la justicia social no puede ser confundida con la beneficencia ni con la mera asistencia. Compete al bien común velar por la inviolabilidad de la persona y el pleno cumplimiento de las condiciones necesarias para ello. De ahí que cuando el derecho a la propiedad privada se ejerce en detrimento y perjuicio del bien común, es deber de la autoridad competente hacer prevalecer éste último sobre el primero. (Cf. AA.VV, El mito de la globalización, Acción Cultural Cristiana, Madrid 1999, pp. 75-91)

2. Para la reflexión y comunicación en la comunidad    

Poner en común las conclusiones que ha sacado cada uno/a sobre la influencia del mercado en el propio camino de fe. Comentar también las distintas frases que habéis escrito como síntesis de las alternativas que ofrece Jesús. En qué medida comprometen la propia vida como cristiano/a. En qué medida, personalmente y como comunidad, somos críticos con la globalización neolioberal. Elabora, un texto que recoja la lectura cristiana de la economía y del mercado. Podría comenzar así: Ser salesiano/a en el mundo del mercado y la economía global implica...

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LA MIRADA GLOBAL

Carme CANADELL, fma

Consejos en la red De pronto, al abrir mi correo electrónico, se me viene encima un alud de mensajes de todo tipo. Entro en los de las personas amigas, elimino los no deseados y luego empiezo a clicar powers de la más diversa e inesperada temática. De los recibidos estas últimas semanas, me parece útil citar dos de ellos reenviados por la organización intercongregacional AEFJN (Red África-Europa-Fe y Justicia), de la que formo parte. Son documentales que denuncian situaciones injustas, mejor dicho, estructuras injustas de este mundo nuestro, globalizado por los intereses económicos, lastrado por increíbles reglas comerciales y acuerdos esperpénticos que, en beneficio de unos cuantos, hunden en la miseria y desesperación a las tres cuartas partes de la Humanidad. Uno de ellos lleva por título ¡Piratas! En la presentación, deja claro que la piratería en Somalia ocupa mucho espacio en los medios de comunicación, pero que la información llega, en la mayoría de los casos, fragmentada, distorsionada, manipulada. Por eso el vídeo trata de reorganizar y completar la información existente, ofreciendo un acercamiento a este conflicto, a su origen, a sus motivaciones… y, sobre todo, a sus consecuencias. Empieza preguntándose qué es un pirata, para acabar con el gran interrogante: ¿quiénes son, realmente, los piratas? Entre otras consideraciones, trae a colación la operación Atalanta, con su coste en euros para el Estado español. Dura 23 minutos. La dirección es http://vimeo.com/18915020. El segundo power se titula El “cacao” Nestlé en África. Empieza afirmando que la mitad del cacao que consumimos procede de África, donde hay plantaciones en las que trabajan todavía casi 300.000 niños, subyugados por la influencia de las multinacionales, en condiciones de esclavitud y fuera del comercio justo. Apostilla que se lo come con cierta aprensión quien le gusta el chocolate pero tiene inquietudes por la justicia y la dignidad humana. El power se puede encontrar buscando en Google la “Asociación ILRF”. Una de las entradas ofrece el power con el título indicado. ILRF es una asociación para la defensa de los derechos humanos.

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AL HABLA CON…

Mª Rosa Olivella: 125 años con todos y todas En el espacio diario El primer café, la emisora catalana Ràdio Estel difundió, a les 9:18h del pasado martes 8 de febrero, una entrevista a Sor Mª Rosa Olivella. Reproducimos el diálogo, sencillo e interesante, traducido al castellano. El periodista, Ignasi Miranda, presentaba así el tema: “Hoy queremos abrir nuestra ventana de cada día a las Salesianas o Hijas de María Auxiliadora, la congregación femenina fundada por San Juan Bosco, congregación que ha hecho un gran trabajo en nuestro país desde hace 125 años. El día 24 de enero, coincidiendo con la fiesta de San Francisco de Sales, en todas las casas de las Salesianas hubo un acto de apertura de las celebraciones de su llegada a España. “La primera ciudad donde se establecieron fue Barcelona, en octubre de 1886, en el actual Colegio Santa Dorotea, llamado así en agradecimiento a doña Dorotea de Chopitea, una ilustre barcelonesa, por cierto en proceso de beatificación, que en su tiempo fue pionera en el compromiso social. Ella pidió con insistencia a San Juan Bosco que las Salesianas vinieran a Barcelona y les dio el dinero para la compra de la casa. “Las Hijas de María Auxiliadora vinieron a Barcelona, pues, por deseo del mismo Don Bosco, fundador de los Salesianos en su rama masculina y femenina. Un Don Bosco que había visitado Cataluña aquel mismo año y que había comunicado a los Salesianos que las hermanas vendrían aquí también para fundar. “Hoy hablamos con la administradora provincial y miembro del consejo de gobierno de esta congregación.” Hermana Mª Rosa Olivella, buenos días y bienvenida al espacio El primer café. Muy buenos días. Y felicidades por este centésimo vigesimoquinto aniversario. ¡Qué expresión tan larga! Son muchos años… Efectivamente… ¡Muchas gracias! Hay toda una historia ligada a esta visita de Don Bosco a Barcelona, que al mismo tiempo también dio origen a la construcción del templo del Tibidabo, fruto de una inspiración que el santo tuvo…Pero ¿cómo empezó la presencia de las Salesianas a España?

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Como ya es sabido, Don Bosco tuvo una extraordinaria predilección por los jóvenes, por los chicos que deambulaban por las calles de Turín en tiempos de la revolución industrial. Siguiendo una inspiración de María, desde su fe, inició unos talleres, unas escuelas, etc. Contemporáneamente, en otro pueblo del Piamonte italiano vivía una chica, Maria Mazzarello, que con un grupo de muchachas formaban una asociación y daban clases a las jóvenes, y habían organizado un taller de costura, un orfanato, un “oratorio festivo”… No iban por la ciudad a sacar a las chicas de las calles, sino que se planteaban ayudarlas a que salieran de su ignorancia, ya que no iban a la escuela, y su vida quedaba extremadamente limitada… Coincidió que se encontró con Don Bosco y poco tiempo después fundaron el Instituto de las Hijas de María Auxiliadora en 1872. Con diez jóvenes, muy humildes recursos y muy poca cultura –de hecho María Mazzarello aprendió a escribir cuando ya era fundadora– pero con una inmensa vocación educativa orientada a ayudar a las jóvenes a que tuvieran posibilidades de ser protagonistas de su crecimiento. Efectivamente, a los pocos años de esta fundación crearon una escuela de Magisterio para enseñar a maestras que fueran a los pueblos a ayudar a las chicas. Y a partir de aquí, seguro que muchas jóvenes se sintieron atraídas por esta obra… Sí, y esas chicas iban a los pueblos a enseñar a las jóvenes a crearse un futuro. Así se iba forjando un carisma educativo basado en unas relaciones cercanas y directas. Don Bosco decía que la educación “es cosa del corazón”. Eso era un hecho, y se creaban ambientes de familia y de fiesta, donde todas y todos se sentían reconocidos y amados. Y aquí hay una figura clave que es Dorotea de Chopitea, de la alta sociedad pero que hizo un gran bien ayudando a la Iglesia y a los Salesianos. Ella ayudó a muchas obras de muchas congregaciones. Sí, muchas, pero tuvo la intuición de que a los chicos y chicas se les había de ayudar a partir de la educación, por lo que rogó a los Salesianos que vinieran aquí y, cuando lo consiguió, pidió a las Hijas de María Auxiliadora que también desarrollaran aquí su misión. Dorotea para entonces era ya relativamente mayor y había reservado 70.000 pesetas de su patrimonio para algún imprevisto que pudiera tener. Cuando llegó el momento de comprar la casa que Don Bosco había indicado que habitaran las hermanas, cerca de los Salesianos, los propietarios no la querían vender, pero al final se decidieron y pidieron por la misma 70.000 pesetas. Al ver ella que las cantidades coincidían se puso a llorar, porque aquello se le presentaba como una llamada de Dios. Era Dios quien lo quería y ella había de morir pobre. Esto es un ejemplo verdaderamente interpelador. Era la Torre Gironella, donde ahora está la casa provincial, situada en el Paseo San Juan Bosco n. 24, en Sarrià. Hermana Mª Rosa, ¿cómo se presenta este año de celebraciones, que tuvieron su acto inaugural el 24 de enero? Quisimos que esta celebración de inicio fuese sencilla pero muy sentida, y se hizo en muchas ciudades de España. Hay que decir que las cuatro primeras salesianas vinieron a Barcelona, pero enseguida se extendieron a España y Portugal. El acto fue muy emotivo. Nos reunimos unas 500 personas entre Hijas de María Auxiliadora, Salesianos, (alumnas, alumnos), antiguas alumnas, miembros de la Familia salesiana (familiares)… Consistió en el visionado de un reportaje en vídeo, la celebración de la Eucaristía y un piscolabis. Fue como el pórtico de toda una serie de actos que se desarrollarían a lo largo del año. Pero hay un par de fechas muy significativas en las que invitaremos a otras comunidades de fuera de Cataluña, ya que nuestra provincia abarca también Navarra, Aragón y la Comunidad Valenciana. Son el 8 de mayo y el 5 de agosto. Para el día 1 de mayo hemos convocado a todas las comunidades educativas de

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Cataluña (escuelas, centros juveniles, etc.) a una subida a Montserrat. También habrá una convocatoria, en fecha aún no concretada, de las antiguas alumnas de Cataluña. Y también hay la campaña solidaria “Haití cuenta contigo”. Esta campaña dura todo el año. Tenemos Salesianas en este país de América y estamos muy interesadas en la reconstrucción de las obras educativas. Este año culminará el 29 de octubre. Las hermanas llegaron a Barcelona el 21 de octubre del 1886, pero hemos tenido que ajustar el calendario y desplazar la fecha. La Madre General, Ivonne Rengoat, nos ha anunciado su visita para esta celebración final y la acompañará alguna hermana del consejo general. Habrá también representación de otras provincias de España. En Sarrià, en la casa de las Salesianas. Sí, siempre en Sarrià, la casa grande, el lugar de acogida. Bien, háblenos un poco del lema que han escogido para este aniversario. Con el lema “125 años contigo. Salesianas”, hemos querido expresar que en estos 125 años hemos acompañado y nos hemos sentido acompañadas. Ahí tenemos presentes a muchas mujeres, jóvenes, familias, gentes de los barrios … Ese “Contigo” es propio de nuestro carisma, ser cercanas y cercanos, y queremos que el futuro también sea “contigo” , con cada niño, joven, cada uno de los centenares de educadores y educadoras que trabajan con nosotras cada día… Contigo, padre o madre de familia, antigua alumna, todos los miembros de la Familia Salesiana… 125 años con todos y todas. Y sobre todo hay un “contigo” que es con María Auxiliadora. Vuestra patrona. El modelo y la compañera de camino…Y, sin duda, “contigo el Dios de la Vida”, el Dios que nos ama, y ama a cada chico o chica, y nos invita a abrir caminos. El carisma educativo es vuestro principal distintivo. Exacto. En Cataluña tenemos 4 escuelas, 3 centros juveniles, un centro abierto, un centro residencial para menores (en Cerdanyola), cursos de inserción social y laboral para adolescentes y jóvenes, dos proyectos para mujeres (en Terrassa) de formación, promoción e inclusión; catequesis familiar, formación de catequistas, colaboración en parroquias… Voluntariado solidario de nuestras ONGs salesianas… En total acogemos a 2000 niños y niñas y 300 educadores. Y tenemos algunos proyectos comunes con otros grupos de la Familia Salesiana. Felicidades por el trabajo que hacéis. Supongo que sois unos cuantos centenares en España, ¿no? Casi mil. Felicidades. Que todo vaya bien y buenos días. Gracias a vosotros.

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