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Animación salesiana comunitaria

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Invierno 2008-09

Coraggio!

Editorial

Próximos números:

285 ¡Alegraos! 286 ¡Descansad un poco!

Querida familia: Las noticias, los acontecimientos, las experiencias que vivimos a lo largo de los días llegan a veces como torrentes que nos arrollan y quizás no podemos gustar, acoger y asimilar todo de que de vida llevan dentro. Si hay algo que llega últimamente con fuerza a nuestros oídos, a nuestros ojos y a nuestro corazón, ese algo es la crisis. Mires dónde mires ves crisis, crisis, crisis. Pero… ¿alguna vez hemos visto el ideograma chino de crisis? Fijémonos como el signo de crisis está compuesto de dos que expresan uno amenaza y el otro oportunidad.

la crisis representa la oportunidad de un proceso de análisis crítico y de depuración para quedarnos con lo esencial, con lo auténtico; todo lo demás sobra. ¡Qué sugerente! Acabamos de celebrar la Navidad, la experiencia del Dios escondido que apuesta por la vida desde lo pequeño, desde la pobreza, y no nos asustan las crisis. Las sufrimos, claro que sí, y queremos ser gente solidaria con tantas personas que lo pasan peor, pero desde la fe, desde la Navidad, las miramos destacando sobre todo el gran filón de la oportunidad, de las posibilidades, siempre presentes, siempre reales y activas, semillas de solidaridad, de sencillez y de paz. Tenemos delante año nuevo, trimestre nuevo, tiempos litúrgicos nuevos, fiestas salesianas nuevas… Interesante es también su sig- una oportunidad para seguir en marcnificado en sánscrito, matriz de las ha, reforzando la unidad, la reciprocilenguas occidentales. dad, como vasto movimiento, para la En sánscrito, «crisis» viene de salvación de los jóvenes. El Da mihi kir o kri que significa «purificar» y animas caetera tolle es nuestro. No «limpiar». De kri viene crítica, que es hay crisis que nos pare. el proceso a través del cual nos damos cuenta de los elementos que tiene cualquier realidad y nos haceLourdes Ruiz de G. mos conscientes de su valor. De kri se deriva crisol, instrumento que es usa en química para limpiar el oro de la ganga, dejando el oro puro y eliminando lo que no vale. Por tanto,


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ÍNDICE Editorial Para recordar… . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 3 Las relaciones nos hacen... · Rafel Gasol. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 4 Vivir las emociones Centrados en la Palabra (Lectio Divina). . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 7 La comunidad enviada por Jesús a evangelizar Tiempo para la interioridad (Retiro) · Miguel A. Calavia . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 11 Don Bosco: una vida desde Dios y para los jóvenes Un camino de ida y vuelta: Educación-Evangelización · Miguel A. Calavia. . . . . . . 16 La perspectiva educativa de la evangelización: fe en la Encarnación Atentos a la vida de los jóvenes · Maria del Mar Galcerán. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 20 Más allá del preservativo ¿Somos de esta cultura? · Alexandre Damians. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 21 Información... conocimiento... sabiduría Dios, Padre y Madre · Maje Yagües . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 25 Recuperar la esperanza: los efectos de la feminización de la pobreza Al habla con… . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 28 «Un auténtico orgullo de Barcelona» · Ramón Alberdi Informados. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 29


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PARA RECORDAR… 2008 - 2017 2001 – 2010 2003 – 2012 2005 –2014

Decenio para la Erradicación de la Pobreza Decenio internacional de una cultura de paz y no violencia para los niños delmundo Decenio de las Naciones Unidas para la alfebetización: educación para todos Decenio de las Naciones Unidas para la educación para el Desarrollo Sostenible

2009Z

Año Internacional del Aprendizaje sobre los Derechos Humanos Año Internacional de la Reconciliación

ENERO: 22 24 30 30 31

Beata Laura Vicuña San Francisco de Sales Día Mundial de la no violencia Beato Brinislao Markiewicz San Juan Bosco

FEBRERO: 9 20 25 25

Beata Eusebia Palomino Yenes Día mundial de la Justicia Social Inicia el Tiempo de Cuaresma: miércoles de Ceniza. Santos Luis Versiglia y Calixto Caravario

MARZO: 8 8 12 19 21 22

Día de las Naciones Unidas para los Derechos de la Mujer y la Paz Internacional Día internacional de la Mujer San Luis Orione San José Día mundial de la eliminación de la exclusión racial. Día mundial del agua

ABRIL: 5 12

Domingo de Ramos Resurrección del Señor – Pascua


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LAS RELACIONES ME HACEN… 

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Vivir las emociones Unas preguntas para empezar: Entre las emociones básicas (envidia, tristeza, alegría, rabia, vergüenza, miedo, curiosidad…) ¿cuáles vivo más intensamente?, ¿cuáles sufro más?, ¿cuáles me ayudan a vivir en comunidad con más sentido?

Presentación Este artículo nos va a adentrar hoy en el mundo de las emociones. Un objetivo preciso: conocer mejor su fuerza en nuestra vida personal y aprender a utilizarlas adecuadamente para nuestro crecimiento integral. Las emociones expresan nuestra vivencia interior ante las situaciones. Nos conviene conocerlas y gestionarlas. Negarlas sería negarnos a nosotros mismos. Se trata, pues, de comprender para manejarlas y no entrar en lucha para negarlas.

Las emociones Señalan los acontecimientos que son significativos para el individuo y motivan los comportamientos permitiendo controlarlos. Podríamos decir que de la misma manera que cada órgano tiene una tarea particular dentro del cuerpo y contribuye a su estado de salud general; asimismo cada emoción tiene una función bien específica que contribuye a nuestro equilibrio afectivo. Todas. Toda emoción es un lenguaje que nos sitúa delante de nosotros mismos y da a los demás informaciones sobre nuestro estado. En la vida de nuestras comunidades, en el día a día, por medio de su miedo, el otro me dice: «Protégeme»; por su rabia (ira), me dice: «Cambia mi situación»; por su tristeza me dice: «Consuélame»; por su alegría dice: «Quiero compartirlo contigo»; por su envidia: «Hay alguna cosa en mí que no marcha bien»; por su vergüenza, «Tengo miedo de no ser aceptado». Emociones y sentimientos mantienen

relaciones estrechas. Las emociones son biológicas, impulsivas; los sentimientos son elaboraciones secundarias ya que son interiorizadas y pertenecen a las realidades afectivas. En otras palabras: los sentimientos son la expresión afectiva de nuestra persona, mientras que las emociones son una reacción no interiorizada (el grito ante un peligro; el llanto ante un acontecimiento triste…).

En contacto con nuestras emociones Nuestra familia religiosa ha nacido en la cuenca mediterránea, en Occidente. Ha nacido, pues, en una cultura que ha puesto la razón en el centro. El pensamiento moderno, fruto del iluminismo, el positivismo y el progreso científico ha magnificado la racionalidad en detrimento de otras dimensiones esenciales del ser humano: la corporeidad, la efectividad, la emotividad. Por ello, no debe sorprendernos cuan difícilmente sobrellevamos la relacionalidad cuando en ella se nos pide introducir la emoción. Acostumbrados a ser gente muy eficaz, pragmática e incluso con buen nivel de competitividad nos asusta poner por medio las emociones. Las vemos como algo peligrosos, lábil, difícil de gestionar. Son como nuestro «talón de Aquiles» que nos hace parecer débiles y frágiles, que nos hace caer en trampas, que nos presenta como analfabetos emocionales a nosotros que tan sabios parecemos…. Los religiosos y religiosas de nuestras generaciones solemos tener dificultad en gestionar el mundo emotivo: el propio y el ajeno. Con frecuencia nos ponemos una coraza que impida una relación de auténtica alteridad con los otros. Lo sorprendente es que estas vivencias se contraponen con la propuesta de vivir nuestras relaciones con


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los demás con un amor auténtico, sano y liberador, expresión de una vida emocional sana, integrada y madura.

relaciones puedan derivar en acusación, en defensa-ataque, en reproches, y en definitiva, en reacciones neuróticas.

¿Dónde estás corazón…?

La toma de conciencia ayuda a vivir con más salud mental

En los últimos años tanto la psicología como la neurociencia han destacado el rol fundamental de las emociones, desde la más pequeña infancia hasta la ancianidad. (¿Nadie ha vivido alguna vez la falta de autoestima cuando los demás no le reconocen?). Sabemos, cada vez más, la interdependencia entre desarrollo cognitivo sano y desarrollo emotivo y afectivo (¿Nos hemos relacionado con gente que vive aún de las emociones heridas en su infancia, sin haberlas sanado en su momento oportuno?, ¿Estamos en contacto con hermanas y hermanos que sólo piensan en sí mismas y sólo hablan de sus cosas, incapaces de distanciarse y ver que existen las vidas de los demás?, ¿Vivimos con personas que no se plantean qué sienten los demás, que no preguntan cómo se siente la persona de su comunidad…?). ¡Habrá que quitarse las defensas y usar el corazón!.

Ser concientes de nuestras emociones Ser concientes de las propias emociones nos enseña a amar. Y el amor nos enseña a vivir. «A veces experimento sentimiento de rabia y resentimiento. No sé su origen, su causa. Me asusta tanto el tema que ni lo hablo. Me tortura y me es difícil darme cuenta de quién está enfadado y con quién», me decía un hermano. Desarrollar el hábito de darse cuenta de las emociones, de identificarlas, de no demonizarlas ayuda a vivir con mayor conciencia. En la vida concreta, una confusa distorsión afectivo-cognitiva hace que las

Para evitar distorsionar la realidad conviene activar un constante proceso de toma de conciencia de las propias emociones y las de los demás. Identificar mis propias emociones y no confundirlas con los de los demás me permite evitar la fusión, la confusión, la ausencia de límites con los hermanos o los jóvenes con quienes me relaciono («yo siento lo mismo que fulanita, a la que admiro mucho…») Identificar las emociones de los demás y no confundirlas con las mías me permite no incorporar las emociones del otro, cuando no me pertenecen ni son sanas («cuando tal hermano está enfadado no me atrevo a hablar en el comedor…») Identificar lo que siento me permite no proyectar mis sentimientos negativos sobre otros, quedando aparentemente libre yo de neuras y viéndolas sólo en los demás («Me siento tan inseguro en tal aula que cuando he de hablar de ellos me dedico a señalar solamente los defectos de mis alumnos») Identificar los sentimientos me permite no dañarme cuando me veo incapaz de orientar una emoción negativa en forma constructiva («la rabia que me produce la prepotencia de tal hermana en las reuniones de comunidad no va a obligarme a decir lo que pienso con su misma actitud o a que me calle por sistema»). Identificar mis emociones me permite conocer los límites que tengo (¡renunciando al delirio de omnipotencia!) y afrontar situaciones de conflictos no resueltos sin incurrir en


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conductas de evitación («las dificultades que he pasado en la animación del centro juvenil, cuando era más joven, no me hacen ridiculizar a quienes se dedican en la actualidad a este ambiente ni me hacen decir que éste no sea un ámbito genuinamente salesiano»). Identificar mis emociones me facilita «el reconocimiento del otro/a como alteridad» («aceptar la diversidad como elemento positivo es la manera de evitar mi pretensión de

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dominio o el deseo de que sean los demás quienes cambien porque es más cómodo para mí seguir viviendo lo que vivo»). Estas tomas de conciencia afectiva facilitan una vida más sana que neurótica. Confiamos seguir estos artículos aportando algunas pistas para comprender y manejar mejor algunas de nuestras emociones: la envidia, la tristeza, la alegría, la rabia, la vergüenza, el miedo…


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LECTIO DIVINA 

La comunidad enviada por Jesús a evangelizar Oración inicial Padre, despliega las velas de mi fe con el soplo de tu Espíritu e impúlsame a predicar tu Santo Nombre por doquier. Según tu promesa: «pedid y recibiréis; llamad y se os abrirá», me siento pobre e imploro lo que me falta. (Hilario de Poitiers)

1. Lectura Después de esto, designó el Señor a otros setenta y dos, y los envió de dos en dos delante de sí, a todas las ciudades y sitios por donde él había de pasar. Les decía: — La mies es mucha y los obreros pocos. Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies. Id; mirad que yo os envío como corderos en medios de lobos. No llevéis bolsa ni alforja, ni sandalias. Y no saludéis a nadie por el camino. En la casa que entréis, decid primero:»Paz a esta casa.» Si allí hubiere alguien digno de ella, vuestra paz reposará sobre él; si no, se volverá a vosotros. Permaneced en la misma casa, comiendo y bebiendo lo que tengan: el que trabaja, bien merece su salario. No vayáis de casa en casa. En la ciudad en la que entréis y os reciban, comed lo que os pongan; curad los enfermos que haya en ella y decidles: «El Reino de Dios está cerca de vosotros.» En la ciudad en que entréis y no os reciban, salid a las plazas y decid:1«Hasta el polvo de vuestra ciudad que se nos ha pegado a los pies, os lo sacudimos. Pero sabed, con todo, que el Reino de Dios está cerca.» Os digo que el día del juicio será más soportable para Sodoma que para aquella ciudad.(Lc 10,1-12)

2. Comentario bíblico Nos encontramos en la segunda parte de la vida pública de Jesús. El evangelista Lucas

divide la vida pública de Jesús en tres partes: la primera en Galilea (4,1-9,50), la segunda camino de Jerusalén (9,51-19,28), la tercera ya en la ciudad santa donde Jesús morirá (19,2923,56). Al inicio de esta segunda parte, o sección del camino, Lucas nos presenta la misión de los setenta y dos discípulos; antes, en 9,1-6, había presentado la misión de los Doce. Alguno ha visto en esta doble misión el doble campo de la iglesia apostólica: la misión entre los judíos —encomendada a los Doce—, y la misión entre los paganos –encomendada a los setenta y dos. El mismo número de setenta o setenta y dos —según unos manuscritos— nos da la idea de universalidad: según la tradición judía fueron setenta sabios los que tradujeron en Alejandría la Torá del hebreo al griego para que fuera entendida en la lengua internacional de la época. Ésta será después la Biblia cristiana, la que llevarán los primeros misioneros por el imperio romano. En las instrucciones que da a los misioneros podemos descubrir los siguientes elementos: Una advertencia: la hostilidad del ambiente: mirad que yo os envío como corderos en medio de lobos (v.3). Jesús mismo va a experimentar esta hostilidad por parte de los dirigentes judíos, o de otros grupos religiosos, o bien de sus propios familiares. El discípulo de Jesús comparte el destino del maestro: la persecución, la violencia, el desprecio, la hostilidad. La urgencia de la misión motiva que no tenga ni tiempo para «hacer la maleta» ni bolsa, ni zurrón, ni sandalias (v. 4) ni siquiera a detenerse a saludar a los transeúntes que se encuentra en el camino, habida cuenta de la importancia del saludo y aquellas normas protocolarias de las culturas semítica y oriental. El misionero es portador de bendición (cf. v. 5-6). El saludo hebreo «la paz contigo» es considerada por los rabinos como una bendición,


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porque obra aquello que proclama. El misionero lleva la paz y la bendición a la casa que visita. Evidentemente esto supone una reciprocidad: la capacidad del visitado en acoger la bendición que le ofrece el misionero; de otra manera la paz permanecería sin efecto. No es un acto de magia, sino una gracia de Dios que pide ser acogida para que sea eficaz. Invitación a permanecer en la misma casa y a compartir el alimento y la bebida de la familia (cf. v. 7). Cambiar de casa podría dar pie a pensar que el misionero busca su propia comodidad o unas mejores condiciones. Lo más importante es que el misionero comparta la vida y los recursos de los destinatarios; como Jesús, el enviado del Pare, que vino a compartir nuestra condición humana. La expresión «el que trabaja, bien merece su salario» se hace eco de la polémica que el mismo Pablo vivió sobre si el misionero ha de ganarse la vida con su trabajo y misionar como voluntario, o bien ha de ser un profesional de la misión y vivir de la misma misión. Los v. 8-11 presentan una disyuntiva: que el mensaje sea aceptado o no. La actitud del misionero irá en consonancia con la aceptación del anuncio. Si es aceptado permanecerá en el lugar y continuará su trabajo; de lo contrario abandonará el lugar con libertad de espíritu y hará el gesto de inculpación: sacudirán el polvo de sus pies. La responsabilidad delante de Dios de haber aceptado o no el anuncio del Reino es del destinatario, no del misionero. La tarea del misionero es la de compartir la vida de los destinatarios, la de curar las enfermedades y la de anunciar la llegada del Reino. Resuena aquí la vocación de los Doce: Llamados a convivir con Jesús, a predicar el Reino y a expulsar los demonios (cf. Mc 3,14-15). Los setenta y dos comparten la llamada y la misión de los Doce. La misión apostólica tiene un alcance escatológico. La actitud de los destinatarios ante esta misión determina el destino escatológico de cada persona. Quien no acepte el anuncio del Reino tiene un destino comparable al de la

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ciudad de Sodoma (cf. v.12; cf. Gen 19,1-29). El v. 2 «la cosecha es abundante pero los segadores son pocos. Rogad, pues, al dueño de la mies que envíe más segadores» suena como extraño en boca de Jesús: ¡El es el que llama y envía a los segadores! Lo entenderán mejor en el contexto postpascual cuando la comunidad cristiana pide al Señor quiera suscitar misioneros generosos dispuestos a ir con El a predicar el evangelio.

3. Meditación Nos fijamos en tres verbos, que señalan tres acciones propias de Jesús: «Designa» a los setenta y dos discípulos, los «envía» de dos en dos y les dice que «vayan» por todas partes por donde él debe pasar. Unos cuantos seguidores son elegidos. Jesús organiza treinta y seis parejas de misioneros. Así pues, un numeroso grupo de discípulos queda instituido como misionero. Podemos intuir que fue un momento importante en la vida de aquella primera comunidad, después que el grupo se había consolidado y ya tenía una estructura mínima. También nos podemos imaginar que a continuación se realizó el reparto estratégico del territorio. Estos enviados tendrán que ser atrevidos, ya que saldrán de sus propio ámbito local, de su ambiente que le era familiar, donde se sentían seguros, para ir a unos lugares desconocidos i realizar allí una nueva tarea y en donde serán considerados como forasteros. Jesús es consciente del reducido número de los enviados ante la gran tarea y responsabilidad que les espera, pero no se desanima; siempre se va a dar esta desproporción. La misión es extensa, pero precisa: preceder a Jesús; ir a las ciudades por las que debía pasar y preparar el camino para que Jesús pueda entrar en contacto con la gente de los aquellos pueblos. El misionero tiene en cuenta que «no es más el siervo que su amo, ni el enviado más que el que lo envía» (Jn 13,16). Para el discípulo misionero queda claro que la iniciativa de llamar y enviar pertenece al mismo Jesús; que está al servicio de quien le envía.


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Les recomendaciones que les hace Jesús definen el estilo que ha de distinguir a sus discípulos: Ser conscientes del posible ambiente hostil con el que se pueden encontrar (v. 3): el mismo Jesús lo padeció: Si me han perseguido a mí, también os perseguirán a vosotros (Jn 15,20). Actuar con urgencia: no se puede perder el tiempo en cosas secundarias. Recordemos la recomendación que hace Eliseo a su criado Guejazí: Cíñete tu cintura, toma mi bastón en tu mano y vete. Si te encuentras con alguien no le saludes, y si alguien te saluda no le respondas (2Re 4,29). El discípulo misionero ha de saber ver la urgente necesidad de Buena Nueva que tienen los pobres. Jesús lo expresa en aquella parábola en la que un hombre da un gran banquete y da prisa a sus siervos para que todo esté a punto: Entonces indignado el dueño de la casa dijo a su siervo: -Sal en seguida a las plazas y calles de la ciudad, y haz entrar aquí a los pobres, inválidos, ciegos y cojos (Lc 14,21). El discípulo debe imitar al Maestro en su pobreza. Dirá: Los zorros tienen guaridas, y las aves del cielo, nidos, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza (Mt 8,20). Aquellos que quieran seguirle deben vivir como él vivió. Establecerse en casas concretas, que serán los núcleos y los puntos de referencia de las primeras comunidades. Jesús no promete éxitos, no ofrece seguridades ni recompensas, pero sí recomienda buscar el calor de la amistad, de la comunidad. Desear la paz a todos. Ello significa decir que el discípulo la debe poseer, que ha de ser persona de paz. Una paz que el discípulo sólo encuentra en Jesús (cf. Jn 16,33). Curar a los enfermos, que son los más pobres y abandonados de la sociedad. Jesús se ha dedicado prioritariamente a ellos y con intensidad. Ni tan sólo ha respetado el preceptivo reposo del sábado para curarlos. En las recomendaciones aparece por dos veces que el Reino está cerca.; el Reino es el

único contenido del mensaje. Jesús pasará pronto por aquellos lugares, y el reino se pondrá en marcha con Él. En consecuencia, habrá que estar preparado para recibirlo de manera adecuada. La señal que va a demostrar que la gente está dispuesta a acoger el Reino es la acogida que dispense a los discípulos.

4. Contemplación Es el paso de la consideración de los valores descubiertos durante la meditación en la adoración de la persona de Jesús. El reúne todos los valores, los sintetiza, los expresa y los revela. El centro y la referencia de la contemplación es siempre la persona de Jesús, revelador del Padre y dador del Espíritu. Adoras y amas a la Trinidad, te ofreces, pides perdón, alabas la grandeza de Dios, intercedes por la propia pobreza y pecado, por el mundo, por tus amigos, tu gente, por las comunidades cristianas, por la Iglesia. La contemplación es, pues, en parte, ejercicio activo, adorador, amante, y en parte, ejercicio pasivo, espacio entregado al Espíritu de Cristo para que en nosotros adore, alabe, glorifique al Pare. Contempla al Padre que ha enviado a Jesús al mundo, no para condenarlo, sino para salvarlo. El Padre y el Hijo quieren que entres en su comunión: Como tú me has enviado al mundo, yo también los he enviado al mundo. (Jn 17,18). Jesús tiene conciencia de que realiza las obras del Padre (cf. Jn 10,37). Haciendo caso a Jesús, ruega al Dueño de la mies que siga enviando segadores a su mies. Contempla al Hijo que te ha enviado, como miembro de la comunidad, en nombre de su Padre: Como el Padre me ha enviado a mí, también yo os envío a vosotros (Jn 20,21). Recuerda la promesa: Quien a vosotros recibe, a mí me recibe, y quien me recibe a mí, recibe a Aquel que me ha enviado. (...) Y todo aquel que dé de beber tan sólo un vaso de agua fresca a uno de estos pequeños por ser discípulo, os aseguro que no quedará sin recompensa (Mt 10,40-42).


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La paz y la alegría son dones del Resucitado a la comunidad evangelizadora: Al atardecer de aquel mismo día (...) se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: «La paz sea con vosotros». (...) Los discípulos se alegraron de ver al Señor. El les repitió: «Paz a vosotros» (Jn 20,19-21). Mi paz os dejo, mi paz os doy. Os dejo mi paz, os doy mi paz. No os la doy como la da el mundo. No se turbe vuestro corazón y no temáis (Jn 14,27). Acoge la confianza y el amor que Jesús te demuestra considerándote discípulo y amigo. Vosotros sois mis amigos (...). Ya no os llamo siervos (...), a vosotros os llamo amigos (...). Soy yo quien os he elegido y os he destinado a que vayáis y deis fruto (Jn 15,13ss). Escucha la proclamación insistente de Jesús que insiste diciendo: El Reino de Dios está cerca (...), el Reino de Dios está cerca. Se va abriendo camino con fuerza allí donde los enfermos son rescatados de su sufrimiento. Por esto Jesús insiste en la atención a los enfermos. Contempla al Espíritu que te urge, empuja y te da fuerzas para la acción apostólica. El Espíritu que convoca a la comunidad en torno al Resucitado y ayuda a discernir la misión. El Espíritu es el Defensor frente a las hostilidades (cf. Jn 14,16.26). Haz un acto de confianza en El.

5. Mirada a tu alrededor Cristo, como evangelizador, anuncia antes que nada un reino, el reino de Dios: tan importante, que, en relación a el, todo se transforma en «el resto» que» se nos es dado con creces» (cf Mt 6,33). Solamente el Reino es, pues, absoluto, y relativiza todo aquello que no lo es. El Señor va a complacerse en describir de muy diversas maneras la suerte de pertenecer a este reino, una suerte paradójica hecha de realidades que el mundo rechaza (cf. Mt 5,3-12); las exigencias del reino y su carta magna (cf. Mt 5-7), los heraldos del reino (cf. Mt 10), sus misterios (cf. Mt 13), sus hijos (cf. Mt 18), la vi-

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gilancia y la fidelidad pedidas a quien espera su venida definitiva (cf. Mt 24-25) (Evangeli Nuntiandi 8). «Insertos en la Iglesia y guiados por el Espíritu, trabajemos por la venida del reino de Dios, «llevando a los hombres el mensaje del Evangelio íntimamente unido al desarrollo del orden temporal» (Constituciones, 31) (CG 26, 23). Podemos recordar aquí el oportuno consejo que D. Bosco dio a los primeros misioneros: Preocupaos especialmente de los enfermos, de los niños, de los ancianos y de los pobres y os ganaréis las bendiciones de Dios y el favor de las personas.

6. Para compartir Podéis compartir con respeto, acogida y sencillez todo aquello que habéis contemplado y aquellas llamadas o invitaciones que os ha suscitado la contemplación. ¿Nos consideramos evangelizadores en cuanto somos miembros de una comunidad, la de Jesús? ¿Cuáles son las actitudes de Jesús? ¿Qué dice, qué hace, cómo reacciona como evangelizador? Los jóvenes y sus familias, y especialmente los pobres ¿nos consideran apóstoles creíbles? ¿Promovemos el espíritu misionero en nuestro entorno? Nuestra acción evangelizadora ¿apunta hacia comunidades evangélicas acogedoras? ¿Qué llamadas habéis oído hoy?

7. Acción de gracias Dad gracias al Padre, cordialmente, por los frutos que la Palabra va haciendo madurar en vosotros. Porque Dios, a pesar de vuestra pequeñez, se ha fijado en vosotros y os ha elegido para compartir con Jesús la misión evangelizadora. Dad gracias porque ha despertado en vosotros el deseo de de vivir y de actuar según el Espíritu de Cristo.


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RETIRO 

Miguel A. Calavia, SDB

DON BOSCO: Una vida desde Dios y para los jóvenes Introducción: «Dios en el centro... no en la periferia» Podríamos definir la experiencia cristiana de la fe, o el núcleo del ser cristiano, como la conciencia de que el Dios de Jesús nos visita gratuitamente cada día con su amor salvador; y nos invita a encontrarnos con él en cada rostro humano, especialmente de los pobres y excluidos de la sociedad, y en cada acontecimiento humano, leídos ambos, interpretados y vividos desde Jesús y su Buen Noticia de vida y esperanza para todos. Se trata en definitiva de una experiencia increíble y al mismo tiempo interpelante. Increíble, porque no acabamos de creernos que Dios nos ame de forma incondicional y gratuita (estamos demasiado acostumbrados a vivir nuestra relación con Dios en el horizonte de la meritocracia («hay que ganar méritos ante Dios») y de la reivindicación («Dios me tiene que premiar si soy bueno»). Interpelante, porque es una invitación a vivir el encuentro con Dios como experiencia de des-centramiento, de des-ensimismamiento, de salir de nosotros mismos, y al mismo tiempo encuentro portador de salvación. Algo, en principio, difícil, sobre todo para aquellas personas, que viven la relación yo-Dios en el campo de la incompatibilidad o de la rivalidad. Dos breves reflexiones sobre ambas interpelaciones. — La actitud de des‑centramiento, de no ser centro de nosotros mismos para dejar que Dios ocupe el centro, no es experiencia fácil. En primer lugar, por la dinámica misma de nuestra rela­ción y comunicación con los demás. Nos podemos relacionar y comu­ nicar a niveles muy diversos: a nivel de sen-

tidos, de ideas, de sentimientos... pero también poniendo en común las valora­ciones que hacemos y hasta el sentido de la propia vida. Es decir hay posibilidad de un descenso en profundidad desde la periferia hasta el centro. Y todos sabemos lo difícil que resulta encontrarse con los otros desde este núcleo íntimo del propio Yo. Con Dios puede sucedernos lo mismo. Nuestro encuentro con El puede quedarse a flor de piel, reducido a unas ideas, conocimientos, o simple sen­timiento; pero sin afectar a nuestra escala de valores y al sen­tido de nuestra vida, desde los que nos experimentamos realmente como personas humanas. En segundo lugar, y esto nos viene del actual ambiente cultural más o menos secularista, la dificultad de acep­tar como centro unificador de nuestra vida a alguien que no sea el propio Yo; sobre todo cuando este «alguien», aunque sea Dios, es algo irrelevante; o más todavía cuando el que pretende entrar, en opinión de bastantes, es un intruso que nos convierte poco a poco en personas alienadas, infantiles y reprimidas (por hacer referencia a los «Maestros de la Sospecha»). — Vivir la experiencia de salvación. La presencia de Dios no sola­mente opera en el hombre un des‑centramiento de sí mismo; proclama también y hace posible la Salvación. Desde el hecho increíble de un Dios hecho «carne y condición humana» en Jesús, el encuentro con él recrea la misma vida hacia dentro y hacia fuera. El creyen­te experimenta este encuentro como una fuente de la realización total, última y definitiva de la vida con todas sus posibilidades. Estamos ante uno de los elementos más significa­


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tivos de la experiencia cristiana: demostrar con nuestra vida que la relación con Dios no es frustrante, sino fuente y posibilidad de una vida plena y abundante. Esta vivencia es lo que nos convierte en «signos» o «sacramentos» de Dios ante los jóvenes, sobre todo en ambientes que no solo no ayudan a vivir, sino que, incluso, usan y abusan de la vida de los más débiles e indefensos. Lo dijo un chaval a un salesiano en una presencia marginal: «Yo no se nada de ese Jesús del que hablas, y tampoco es que me interese demasiado; pero si es tan bueno como tú, vale la pena conocerle».

Don Bosco: memoria de esta experiencia El testigo por excelencia de esta forma de vida «desde» Dios «para» los demás es Jesús de Nazaret, y a partir de él aquellos que la han seguido en «espíritu y verdad». Don Bosco ha sido uno de ellos. Proponemos un acercamiento a su persona y vida desde la clave propuesta para este retiro. Don Bosco resuena hoy de forma más significativa que en años pasados. Los estudios críticos sobre su persona y obra (Stella, Braido, Desramaut) nos acercan a su figura, alejándola del horizonte más o menos mítico, propio de las vidas de santos del siglo pasado, y destacando en él unos perfiles o líneas-fuerza que nos estimulan a seguir la obra que él inició.

1. Profundamente humano, con una personalidad excepcional La personalidad de Don Bosco muestra una serie de inclinaciones y acti­tudes; verdadero patrimonio y talante natural innato, incluso precoz, abierto a adaptaciones y cambios, según las situaciones y las necesidades externas. Un talante que se comu-

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nica y logra adhesiones y co­laboración a su alrededor. Hay algunos factores que influyen en este talante natural: — La experiencia directa, bien informada y también probada, de sí mismo, de la vida, de Dios y de los jóvenes; fruto de la educación de su madre y del ambiente cristiano del 800. La experiencia de Don Bosco es fruto del contacto directo con la realidad... No es teórica o libresca. — Una gran sensibilidad hacia toda experiencia afectiva, racional, espiritual, moral y religiosa, cultural y educativa; que pronto relacionó y descubrió con/en los jóvenes. Es decir, la riqueza de la persona en todas sus dimensiones. Y ello en los jóvenes, en cada joven. ¡No es tan fácil creer en los jóvenes! —- Responsabilidad: no solo natural o «profesional» (estudio, tra­bajo, etc); sino sobre todo, vocacional y misionera. Don Bosco sabe sopesar, calibrar cada situación, y darse cuenta de lo que es importante o no. — Una gran competencia, que favorece la eficacia de sus interven­ciones. Ello le hace original respecto al clero de Turín. - Una actividad continua y creciente, tanto en tiempo como en es­pacios y lugares... — Y apertura a la historicidad de los elementos de su proyecto, de sus colaboradores, de su acción pedagógica y pastoral. Ello le hace hábil y versátil. Don Bosco acepta el cambio.

Para la reflexión-oración Mi personalidad va teniendo un talante definido, cada día más natural y espontáneo, que no necesita de improvisaciones o voluntarismo? ¿Qué características de la personalidad de Don Bosco me llaman más la atención? ¿Por qué?


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¿Qué aspectos de mi personalidad necesito «re-orientar» para ser una buen salesiano o salesiana?

2. Hombre de Dios: una personalidad espiritual Esta rica personalidad se hace poco a poco «espiritualidad»; es decir, lugar donde se experimenta la Salvación de Dios. Don Bosco se siente «amado» por Dios, y convocado por este amor; experiencia que genera otro gran convencimiento: esta Salvación de Dios es para «todos», también para los jóvenes pobres y abandonados; y hay que hacerla visible a través del amor, y con hechos concretos. El proceso hasta llegar a ser persona que vive según el Espíritu no es tarea de un día. Como hemos dicho anteriormente, es un camino progresivo de «des‑centramiento», de dejar a Dios que ocupe el centro de la propia vida. Para ello es preciso que el hombre de la «carne», el hombre que vive centrado en sí mismo, inicie un camino de salida, de ex‑tasis. Cuando esto sucede estamos ante una espiritualidad o religiosidad madura, en la que la relación con Dios abarca a «toda la persona» y a todas sus dimensiones; es decir, una «forma de vida» que se expresa en una mentalidad, actitudes, valoraciones y comportamiento nuevos. Y una religiosidad o espiritualidad como »proceso abierto» hacia una vida más plena, y conforme al plan de Dios en Cristo. Se trata de vivir en cons­ tante actitud de «conversión»... Don Bosco experimentó este largo peregrinar por los caminos de la fe en las distintas etapas de su vida, desde la niñez a la vejez. Deteniéndonos en Don Bosco, ya adulto, llama la atención cómo asume su condición de sacerdote con responsabilidad, sin fanatismos... y con una madurez que integra todas sus tendencias instintivas... Afronta con

equilibrio las emociones y los problemas inherentes a la vida sacerdotal (relación con la gente, autoridad eclesiástica, soledad afecti­ va, renuncia inherente al celibato, etc.). El resultado de ese proceso no es un cura zalamero y artificial; con un comportamiento externo amanerado, antinatural... que habla con el cuello torcido, los ojos bajos, y con voz de oremus. Tampoco un cura angelical que vive en las nubes, desencarnado...que no parece hombre o que mutila su humanidad; ni un cura inseguro, que se angustia ante cualquier elección y no se decide nunca. Tampoco un cura narcisista: que se siente un «hombre de Dios», pero no un «hombre entre los hombres», incapaz de amar al prójimo, pues solo se ama a si mismo. Ni un cura infantilizado: el eterno seminarista que se encuentra bien solamente con los niños y depende siempre de los grandes, renunciando a su condición de adulto. Don Bosco es un cura que asume la historia religiosa de su entorno y del pasado, e inicia un proceso de crecimiento hacia una religiosidad madura. Con dos pilares: Relación profunda con Dios‑Padre y la presencia constante de María en su vida — Una relación filial con Dios vivida desde el amor y perdón, contra una religión del miedo y temor; desde la Salvación (¡Paraíso!) contra la condenación (Infierno); desde la vida y la alegría contra la obsesión por la muerte. Una relación fiIial que necesita expresarse en la Eucaristía y la Confesión. Este Dios‑Padre configuró su paternidad sacerdotal y su sistema educativo, fundado en la amabilidad — La devoción mariana está siempre presente en su vida, continuación de la confianza y veneración por mamá Margarita. De María aprende la pedagogía del amor... María Inmaculada y Auxiliadora presiden su


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vida y su obra., y forman parte de su programa educativo: María es la madre que suple la falta del cariño materno en muchos de los chicos que son huérfanos: como Inmaculada es estímulo a una vida personal de fidelidad y aper­tura a Dios (primera época del Oratorio...), como Auxiliadora es ayuda y guía en las dificultades (salida del Oratorio para trabajar, extensión de la congregación, etc.). En realidad Don Bosco no hace sino trasmitir su propia experiencia mariana a los chicos y a los primeros salesianos... Para la reflexión-oración ¿En qué momento me encuentro en la tarea de dar profundidad espiritual a mi personalidad? La persona que vive según el Espíritu, en qué dimensiones de mi vida está siendo ya una realidad (mentalidad, sentimientos, valoraciones o sentido de vida? ¿Cómo vivo realmente la paternidad de Dios en mi vida? ¿Y la devoción a María?

3. Una personalidad espiritual que se hace mision Esta rica personalidad de Don Bosco, con sus posibilidades y también con sus conflictos, transformada gradualmente por el Espíritu, se siente convocada enseguida a una misión. Es muy importante desde el punto de vista psicológico desarrollar la capacidad de un trabajo o actividad. Uno de los signos de madurez humana está precisamente en el logro de un cierto nivel de éxito en lo que uno lleva entre manos; sobre todo, cuando el trabajo se hace con un sentido, es decir, vocacionado. Don Bosco se sintió vocacionado a una misión entre los jóvenes. En torno a los jóvenes supo en­cauzar su manera de ver las cosas, su sensibilidad, sus valoraciones y juicios, sus tensiones y motivaciones, sus intenciones. Y todo ello, en nombre de Cris-

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to y del hombre. La disponibilidad anterior a la acción de Dios, se expresa en un constante movimiento de ida y vuelta en disponibilidad total a los jóvenes. Vivir «desde» Dios y «para» los jóvenes. Aquí radica la línea fuerza que aglutina todas las dimensiones y aspectos de su vida; la llamada gracia de la unidad o interioridad apostólica de las que tanto hablaba Don Viganó. La misión de Don Bosco entre los jóvenes y su total disponibi­lidad hacia ellos, fue fruto de un ejercicio constante de reflexión, de búsqueda, de consulta. Fue un objetivo madurado desde la infancia, en torno al cual el hombre y el cristiano, en síntesis perfecta, van poco a poco convirtiéndose en proyecto, organización, método y estilo pedagógico. Don Bosco no se encontró con los jóvenes por sorpresa o de forma más o menos casual; lo fue a buscar, renunciando a ofertas muy tentadoras (Profesor de «hijos bien» de una familia de Génova, Párroco de Murialdo, Vicario de Castelnuovo, Capellán de la Marquesa Barolo). Esta elección y las correspondientes renuncias las hemos asumido ya como un dato histórico, y apenas nos llena de sorpresa o admiración; pero sería bueno que ambas estuvieran siempre presentes en nuestra propia vida como memoria critica para nuestra misión entre los jóvenes. Por eso es necesario que nos preguntemos con frecuencia en este sentido: — Qué nivel alcanza nuestra dedicación a los jóvenes; y no solamente a los que ya tenemos, la mayoría de ellos bastante «educados», sino también a los jóvenes «difíciles» de nuestros ambientes, y aquellos que aún no han entrado en contacto con nosotros... — Les hacemos participes de nuestros sueños y proyectos pastorales .. o quizás no hemos superado aún un cierto miedo (propio


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de los años posteriores al Concilio...) a hacer propuestas claras y exigentes de cara al Reino? En la raíz de la osadía o miedo a hacerlo encontra­mos siempre o mayor o menor nivel de confianza en la acción del Espí­ritu en la propia vida, en los jóvenes, en la congregación, en la iglesia y en el mundo. — Cómo abordamos las dificultades que no salen al paso y asumimos los retos de cada momento?. Entran en juego las motivaciones de fe, o so­lamente acudimos a estrategias más o menos burocráticas o funcionales? Para la reflexión-oración ¿Pongo mi persona a disposición de la comunidad y de la misión (formación, apostolado)? ¿O solo algún aspecto? ¿La «gracia de unidad» en qué medida se va haciendo realidad en mí? ¿qué lo impide?

4. Una personalidad espiritual y misión con capacidad de convocatoria Las personas normalmente queremos e intentamos «dejar huella» en nuestro paso por el mundo. Lo que somos y hacemos nos gusta verlo reflejado o recordado en los otros. Un hijo, un libro, el fruto de un trabajo por el que hemos sudado, etc., son, en el fondo, manifestaciones de este deseo cons­ciente o inconsciente de permanencia en la mente y el corazón de los que nos suceden. Pero este deseo no se ve igualmente recompensado: algunas personas pasan sin pena ni gloria; otras son motivo de contemplación y admiración; a otras se les critica negativamente; y finalmente otras tienen la capacidad de convocar y suscitar respuestas más globales y vitales.

Todo lo dicho anteriormente de Don Bosco (su rica personalidad, di­mensión espiritual, su actuación y obras...), fue sin duda objeto de admira­ción y también de critica (recordemos sus relaciones con el estamento clerical de Turín), pero sobre todo, logró adhesión a su forma de ser y de actuar. Por eso, Don Bosco fue una persona carismática, con capacidad de convocatoria.­ La profesión de los 22 primeros salesianos, todos ellos jóvenes, en un contexto socio-cultural nada fácil desde el punto de vista eclesial, es la demostración de que el carisma de Don Bosco no suscitaba solamente admira­ción sino también ganas de seguirlo. Aquí reside también el significado profun­do de su pastoral, de su forma de guiar a los jóvenes: hacerlos participes de su visión de la vida, de sus proyectos, de su estilo educativo; todo ello con un denominador común: experimentar el amor gratuito de Dios Padre Para la reflexión-oración: — ¿En la misión pongo en juego toda mi persona, o solamente algún aspecto o cualidad? — ¿En qué medida mi persona tiene capacidad de convocatoria para los jóvenes con quien estoy... ¿A qué les convoco? — ¿Transparento algo más que unas cualidades humanas (simpatía, organización, eficacia…)? ¿Cómo hago visible el amor de Dios y la salvación de Jesús? ¿En que detalles concretos? Mi manera de hacer pastoral, es consecuencia de unas convicciones personales —Cristo y su Evangelio valen la pena, demostrado en mi propia vida con humildad, pero convencido—, o es simplemente un oficio que cumplo?


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UN CAMINO DE IDA Y VUELTA… EDUCACIÓN- EVANGELIZACIÓN Miguel A. Calavia, SDB

La perspectiva educativa de la evangelización: fe en la Encarnación La historia de la reflexión y praxis pastoral está marcada por dos interrogantes principales: ¿Son contenidos de la experiencia cristiana sólo los temas de la fe, aquellos que surgen de una atenta medita­ción del misterio de Cristo?, ¿O bien, hay que interesarse también por los valores humanos e integrarlos en la educación de la fe? Formulado de otra manera: ¿Los procesos de crecimiento en la fe están situados fuera de los problemas cotidianos, o bien existe un reflujo de la vida a la fe para que ésta no sea algo periférico o superficial y se inserte en el núcleo de la persona? Desgraciadamente la respuesta a estas preguntas, ha oscilado entre posturas extremas sin encontrar el equilibrio correcto: Una tendencia exclusivamente antropocéntrica, presente en la catequesis, en la predica­ción, en la liturgia y en la educación, que ha dificultado la recta comprensión de la pastoral; y como reacción, un teocentrismo teológico y pastoral, tan absolutamente atento al Misterio, que ha perdido el sentido de los valores humanos. Es necesario superar estas posturas polares, integrando de forma correcta la fidelidad a Dios y la fidelidad al hombre. De ello depende el futuro de la reflexión y de la praxis pastoral.

1. Diversas maneras de entender la “educación de la fe” Cuando se piensa en la pastoral como «educación de la fe», enseguida afloran diversas perspectivas, desde las que se intenta responder a los interrogantes antes formulados:

a) Quién ocupa el primer lugar (Perspectiva “jerárquica”) Hay una perspectiva, que se podría llamar «jerárquica», cuya preocupación es quién tiene la

primacía a la hora de educar en la fe: si es el Dato revelado o la vida concreta de las personas. Si se pone el acento en la Revelación, se recuerda la prioridad de la intervención de Dios frente a toda búsqueda y pretensión humana. Por eso, se privilegian algunos temas como la pedagogía de Dios, la imitación de Cristo, la acción de la gracia, etc; y de la meditación de estos temas se deducen las formas concretas de educación de la fe y las intervenciones necesarias para llevarla a cabo. Desde esta prioridad la acción pastoral no tiene en cuenta la autonomía y contenidos propios de las ciencias de la educación y los procesos educativos. Pero también se puede afirmar la prioridad de lo educativo sobre el Dato revelado; con el peligro de reducir la fe a un simple horizonte último de la vida, e «instrumentalizar» los datos bíblicos en función de las situaciones personales o culturales.

b) Son dos cosas diferentes (Perspectiva de “separación”) Como reacción, y para evitar el dilema anterior, ha surgido otra perspectiva que se puede llamar de «separación», que distingue drásticamente la educación de la evangelización. En ella se defiende la irreductibilidad del mundo de la fe al mundo profano; y la constatación de que en la Revelación no hay más que un mensaje soteriológico, ajeno a cualquier interés educativo. Por ello se rechaza cualquier posibilidad de in­tervenir educativamente en el ámbito de la maduración y celebración de la fe. El ámbito educativo posee un valor propio, pero se considera como radicalmente inadecuado para expresar la el Misterio de Dios,


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la dimensión trascendente de la Revelación; y es incapaz de promover la respuesta de la persona al Plan de Dios.

c) La perspectiva de la Encarnación La perspectiva de la Encarnación nos recuerda que el Dato revelado, la Palabra de Dios está siempre «encarnada». Es decir, asume una visibilidad humana para darse a co­nocer, para hacerse cercana y accesible al hombre, con miras a suscitar en el la respuesta de la fe. Hay, por tanto, un aspecto de la Revelación, inseparable de su dimensión trascendente, que es accesible al aprendizaje humano. Este elemento visible es la vida humana, revalorizada de tal manera en el misterio de la Encarnación, que «quien acepta completamente su ser-hombre (y aún antes, natural­mente, el del otro) ha acogido al Hijo del hombre, porque en él Dios ha aceptado al hombre» (K. Rahner) Situados en esta perspectiva de la Encarnación, se hace necesario distinguir: — Entre el contenido de la Revelación, que es el Misterio inefable de Dios en Jesucristo, y el signo histórico en el que este Misterio se encarna, que son las diversas «palabras» y «acciones» humanas, que tienen la función de expresar este Misterio: la primera de ellas es la humanidad de Jesús de Nazaret y en él, nuestra humanidad. Con otras palabras, el diálogo con Dios y la experiencia de su salvación se nos ofrecen a través de signos y mediaciones, histórica y culturalmente condicionados, y como tales sujetos a una intervención educativa. — Y también se ha de distinguir entre la llamada a la decisión personal y libre (que lleva consigo el diálogo di­recto e inmediato

entre Dios y cada hombre en la profundidad de su existencia, que escapa a cualquier proceso educativo) y las moda­lidades concretas en las que se realiza la llamada de Dios y la respuesta del hombre (moda­lidades educativo-comunicativas y, por ello, objeto también de antropología y de las ciencias de la educación). Estas distinciones son importantes, porque de su correcta comprensión nace la respuesta al problema de la educabilidad de la fe: si la Revelación asume la vida cotidiana y todos sus dinamismos, la educación y la fe aparecen íntimamente unidas, y la educación y la evangelización han de caminar juntas. Desde la perspectiva de la Encarnación resulta evidente que la inserción de la fe en la vida y la vida en la fe no es un método elegido arbitrariamente por el agente de pastoral juvenil, una tác­tica para cautivar a la gente. No somos nosotros quienes encarnamos la fe en la vida para convencer a los jóvenes. Dios mismo ha instaurado un movimiento de encarnación para crear relaciones con los hombres. Dios ha querido ser re­cibido por el hombre dirigiéndose a él de forma humana. Este proceso de encarnación se condensa en Jesús. Él es toda la Encarnación.

2. Fidelidad a Dios y fidelidad al hombre: una pastoral sin dualismos Hacer pastoral hoy significa repetir el mismo itinerario: provocar y sostener el encuentro con Dios que nos salva, tocar con la mano la presencia amorosa de Dios, que en Jesucristo se ha inclinado sobre el hombre; ayudar a descubrir la salvación como un don que se inserta en la vida de cada día y la hace radicalmente nueva.


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Por la Encarnación se ha superado el proceso ascendente del hombre hacia Dios, propio de la religiosidad natural, en el que se intenta tener a Dios de nuestra parte, al precio que sea, y merecer el premio del cielo, favoreciendo una pastoral que ofrezca los medios adecuados para lograrlo; y se ha hecho posible el proceso descendente (Dios hacia el hombre): no es el hombre quien intenta, al precio que sea, alcanzar la vida divina, sino que Dios, en Jesús, se hace de los nuestros a fin de hacernos hijos suyos. Dios descien­de y pone su morada en el hombre que se abre a él en el amor, para que su humanidad «se revista del Señor Jesucristo» (Rom 13, 14). En Jesús de Nazaret, Dios ha asumido un rostro humano, no de forma accidental como quien se sirve de un ins­trumento externo para comunicar algo de sí cuando se está en la imposibilidad de hacerlo personal o directamente. La humanidad de Jesús es, por el contrario, lo que Dios mismo, permaneciendo Dios, ha querido llegar a ser para encontrarse con el hombre y salvarlo. Por eso la Encarnación nos ayuda a comprender el Misterio de Dios, los aspectos invisibles del Dios Vivo, en la historia de Jesús, en su humanidad. La mediación humana de Jesús de Na­zaret es ya determinante para conocer y experimentar quién es Dios para nosotros, y quién es el hombre desde Dios. Por eso, no solo no cabe una conflicto entre la fidelidad a Dios y la fidelidad al hombre, sino que en Jesucristo la fidelidad al hombre es siempre fidelidad a Dios. Y la vida humana, la vida de cada día ha adqui­ rido definitivamente un valor supremo y una dignidad trascendente, preci­samente en su aparente banalidad. Cualquiera que quiera

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hablar eficazmente al hombre de hoy sobre Dios, manifestado en Jesús, debe partir de los problemas humanos y tenerlos siempre presentes al exponer el mensaje.

3. La perspectiva educativa de la evangelización desde la lógica de la Encarnación Desde lo dicho anteriormente, tiene sentido hablar de la perspectiva educativa de la evangelización. La fe, ciertamente, se desarrolla en el plano misterioso del diálogo entre Dios y cada persona. Es un don de Dios en el sentido más pleno. Por tanto, proviene de la escucha y no de la reflexión; es acogida y no elaboración conceptual. En este sentido, no hay una educación directa de la fe. Pero esta radicalidad de la experiencia de fe viene ofrecida, sostenida y condicionada por las mediaciones humanas que tienen la función de activar el diálogo salvífico y de predisponer al hombre para esta acogida. Éste es el ámbito concreto de la perspectiva educativa de la evangelización. La educación de la fe se sitúa en el plano de las mediaciones históricas en las que se realiza el diálogo sal­vífico entre Dios y el hombre. Las mediaciones tienen esta función importante: sin ellas no se realiza el proceso de salvación. La educación es, por tanto, una dimensión irrenunciable de la pastoral juvenil y, dentro de ella, de la evangelización.. En este sentido se afirma que la educación de la fe se realiza de forma indirecta, favoreciendo en el joven la «disponibilidad a la fe». Para ello: — Educamos para la acogida y la comprensión de los contenidos de la fe cristiana. Y lo hacemos con un lenguaje y metodología


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significativos que ayude al joven a expresar sus deseos más profundos, a preguntarse y plantearse el sentido de la vida, y a descubrir y aceptar el mensaje cristiano como Buena Noticia para su vida. — Educamos y ayudamos al joven a desarrollar su capacidad simbólica, imprescindible para la comprensión y vivencia de los sacramentos; y favorecemos un clima que ayude a descubrir y vivir el sentido festivo las celebraciones de la fe, y su conexión con la vida. — Educamos en valores, actitudes y comportamientos, presididos por el amor, la racionalidad, la confianza, la gratuidad, la libertad, la admiración, la responsabilidad social, etc (los llamados valores de la Pedagogía del Umbral) que

hacen posible la comprensión de los criterios evangélicos y la vivencia de los elementos nucleares de la vida propuesta por Jesús.. Ciertamente que la opción de fe es un don de Dios que la evan­gelización debe suscitar y la acción pastoral debe explicitar, consolidar y sostener. Pero también es un acto humano, sujeto a todos los condicionamientos humanos propios de cualquier elección libre y responsable. Por ello, en cuanto acto humano, la opción de fe madurará al mismo ritmo con el que el joven se compromete personalmente en un proceso educativo, que ayude a desarrollar aquellas dimensiones fundamentales en las que se enraíza y germina la vida que Dios nos ha mostrada en Jesucristo.


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ATENTOS A LA VIDA DE LOS JÓVENES 

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Más allá del preservativo Quizá alguien me tache de temeraria por abordar el tema de la promiscuidad sexual en la población actual, aunque es mes fácil que me llamen carca, retrograda, recalcitrante, reprimida y no se cuántas cosas mas; pero no me importa. Ya estoy harta de tanta banalización e insatisfacción sexual. Un reciente estudio, realizado por la facultad de medicina de la Universidad de Santiago, apunta a que más del 50% de los españoles se sienten insatisfechos en sus relaciones sexuales…. Y, la verdad, ¡no me extraña! Hemos querido hacer del acto sexual, placer tremendamente efímero, una de los iconos de nuestra felicidad. Las prácticas indican también que los jóvenes se inician en las relaciones sexuales íntimas en edades cada vez mes tempranas, hacia los 14 años. Bien, quizá sea muy normal, pero me resisto a asumir resignadamente esta normalidad sin ir más a fondo de la cuestión. Creo que, más allá de asumirla, hay que saber darle el sentido que le corresponde, y alguien ha de atreverse a decirlo. Alguien debe ser capaz de decir a nuestras generaciones jóvenes que «no es esto compañeros, no es esto», que hay algo más profundo que da sentido a nuestras vidas que tener orgasmos sexuales. Lo único que nos atrevemos a hacer son campañas puramente informativas sobre el uso de los preservativos, el sida, la pastilla del día después y no se cuántas cosas más. Me parece muy bien esta información. Yo no tuve la suerte de tenerla en mi época; quizá me hubiera ahorrado algunos sustos y traumas, pero creo que debemos ser capaces

de apuntar a algo más alto. Debemos decir a los jóvenes que disfrutar de la sexualidad es una maravilla, pero que para disfrutar en plenitud no es suficiente realizar el acto sexual. Que las relaciones sexuales fecundas son aquellas que se dan cuando hay un conocimiento y amor auténticos hacia el otro, que el placer del orgasmo se desvanece como el humo; y si no hay un vínculo de amor y de respeto por la persona te viene una gran sensación de vacío, como bien expresa la canción Podré volver Atrás (Sopa de Cabra): «Una ofrenda de la carne que, a veces, cuando se apaga el primer fuego puede hacer todavía más daño; y así acaban, cuando ya todo ha pasado, quemados por la verdad y los gritos». Porque, en fondo, lo que perdura y da plenitud a la relación sexual es la ternura, el amor y la comunicación profunda, experimentados cuando se ha establecido un vínculo interpersonal sólido con una persona. Hay que decir a los jóvenes que, más allá del preservativo, debe existir esa relación interpersonal que va tejiendo poco a poco un proyecto de vida compartida; una intimidad emocional, una comunicación rica, una sintonía vital y la valoración del otro como persona, independientemente de lo que te puede dar u ofrecer. No banalicemos el sexo, por favor. Ya está todo suficientemente banalizado como para que lo hagamos también con uno de los dones y de los goces mas ricos que se nos ha dado. Es demasiado valioso, demasiado significativo en nuestras vidas: no lo derrochemos. Atrevámonos a decírselo a los jóvenes.


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¿SOMOS DE ESTA CULTURA? 

Alexandre Damians, SDB

Información… conocimiento… sabiduría 1. La “noticia” En la Edad Media las fuentes de información eran escasas. Las noticias se transmitían, en el mejor de los casos, a través de juglares. El analfabetismo era la norma, pero incluso aunque muchas personas hubieran sabido leer, lo habrían tenido mal, porque los libros en circulación eran contadísimos. Ciertamente que hoy la situación es radicalmente distinta. Hoy, la cantidad de información que guarda la humanidad, tanto en papel como en soportes ópticos, electrónicos, magnéticos o en internet, asciende —en términos de almacenamiento informático— a una cifra astronómica: 281.000 millones de gigabytes. Por eso cada vez más expertos advierten que la era de la información puede convertirse en la era del naufragio del conocimiento. A no ser que aprendamos a navegar en ese océano, y rápido, porque la marea sigue subiendo… Sí, es un naufragio entre bytes. La información, cuando es excesiva, en lugar de ser útil, distrae. Se produce entonces un cuello de botella entre la cantidad de información que circula y nuestra habilidad para asimilarla. Como consecuencia se aplaza la toma de decisiones o peor aún, se toman decisiones erróneas. Nicholas Carr, experto en nuevas tecnologías, en la revista The Atlantic titulaba: «¿Google nos está volviendo estúpidos? Tengo la sensación que internet está afectando mi capacidad de concentración y de observación. Hubo un tiempo en que me sumergía en las palabras. Ahora resbalo en la superficie». (Felix Badía, en La Vanguardia, 1 de noviembre de 2008)

2. Terminología en la que tenemos que clarificarnos. La información nos habla de «lo que hay». Nos da datos; nos da bits. Con la informa-

ción obtenemos un conjunto organizado de datos sobre objetos o fenómenos. Con la información tenemos los datos necesarios para entender qué es un limón o hacernos una idea del limón aunque no hayamos visto ninguno en nuestra vida. El que está informado, lee y da forma a la definición de limón. Con ella uno se acerca a las ideas. El conocimiento científico, nos habla de «lo que podemos hacer», Nos da teorías; nos da modelos del mundo. Con el conocimiento (del latín cognoscere) interiorizamos la información recibida y nos creamos un modelo interno de entendimiento, de comprensión, que establece una relación entre el sujeto que conoce y el objeto sobre el que conoce. El que conoce identifica un limón cuando lo ve. Con el conocimiento uno se acerca a las realidades. La sabiduría, finalmente, nos ayuda a discernir «lo que tenemos que hacer». Nos da altura y profundidad; nos da color y relieve. Nos da «experiencia de vida. Con la sabiduría (del latín sapere: saber o saborear) el conocimiento se imbrica con nuestra forma de pensar y actuar. Activa mecanismos de reflexión y juicio y se convierte en virtud. Derivar el término del significado «saborear» es iluminador: si el conocimiento es un acto mental, la sabiduría es un acto sensitivo; si la información es externa al individuo y el conocimiento es un puente entre el individuo que sabe y el objeto sobre el que sabe, la sabiduría es completamente interna pero orientada a la vivencia. El sabio, cuando la vida le da limones, sabe hacer «limonada para todos». Con la Sabiduría uno se acerca al misterio de la existencia.


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Y no olvidemos que, mientras el conocimiento y la información avanzan rápidamente (de forma geométrica), la sabiduría tiene otro ritmo, totalmente distinto: — la información, se dobla cada tres meses; (en el 2002: 6.000 millones de páginas web); — el conocimiento científico hoy, se dobla cada quince años; — la sabiduría prácticamente no ha cambiado desde hace 3.000 años. (hoy no es mucho mayor que la de Confucio, Sócrates, Aristóteles, Buda, Séneca o Jesús) Necesitamos el silencio para llegar a la sabiduría; el conocimiento científico es un conocimiento parcial para poder vivir en nuestro mundo; la sabiduría es el devenir de la humanidad: ¿adónde vamos? Sólo por medio de la sabiduría podremos llegar a la paz. La sabiduría es la que se encarga de…. la buena vida, de lo que debemos hacer o no, del sentido último de nuestra existencia, sobre qué amar u odiar, qué es hermoso o repugnante, que de todo eso poco sabe la ciencia. Ludwig Wittgenstein tiene una famosa sentencia sobre este tema: «Sentimos que aún cuando todas las posibles cuestiones científicas hayan recibido respuesta, nuestros problemas vitales todavía no se han rozado en lo más mínimo» (1922) La sabiduría, una forma de saber, superior a la ciencia y, por supuesto, a la información, trata de enseñarnos a vivir, y nos muestra, de entre todo lo mucho que podemos hacer, lo que merece ser hecho. Desgraciadamente, hoy la Ciencia se autodefine —y es aceptada casi siempre— como única forma de saber válido. Como ya señalara Thorstein Veblen en 1906 en el primer texto de sociología de la ciencia, «el sentido común moderno sostiene que la respuesta del científico es la única auténtica y definitiva». Pero en la medida en que aceptamos, erróneamente, que la ciencia es el único saber

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válido, ella misma se transforma en un disolvente de todo otro saber alternativo posible, y, por lo tanto, en disolvente de todo saber de fines, en disolvente de la escasa sabiduría de que disponemos. Con el resultado paradójico de que cada vez sabemos más qué podemos hacer (cada vez podemos hacer más cosas), pero sabemos menos qué debemos hacer, pues incluso la poca sabiduría de que disponemos la menospreciamos. Ciertamente, invenciones sin fin, sin finalidad, sin objeto. Y no sin cierto temor vemos cómo una ciencia sin sabiduría, anda errante, sin norte, sin brújula, y con grave peligro de convertirse en autodestructiva y desencadenar efectos perversos en cadena. Así, por poner un ejemplo, sabemos que podemos clonar seres humanos; pero, ¿cuándo y por qué es razonable hacerlo? El poder que el hombre actualmente dispone sobre los resortes originarios de la vida nos impele a transitar por sendas de sabiduría. «Nuestra época se caracteriza por la perfección de los medios y la confusión de los fines». (A. Einstein)

3. Sobre la profundidad de la sabiduría Es educador quien no solamente transmite conocimientos, sino quien infunde pasión por la verdad, ilusión por la creatividad, sed por la trascendencia. La información es al periodista lo que el conocimiento es al instructor; y lo que la Sabiduría es al verdadero educador. Es sabio quien no solamente posee una vasta amplitud de conocimientos que ha sabido pasar por la experiencia de su vida, sino quien se esfuerza, siempre y en todo lugar, por conocerse a sí mismo. La información es a leer sobre el hombre, lo que el conocimiento es a la observación de los demás; y lo que la sabiduría es al conocerse a sí mismo.


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Han dicho del conocimiento: «Te diré lo que es el verdadero conocimiento. Cuando sabes, saber que sabes; y cuando no sabes, saber que no sabes» (Confucio). «Siempre que enseñes, enseña a la vez a dudar de lo que enseñas» (José Ortega y Gasset). «La llave que se usa constantemente reluce como la plata; si no se usa, se llena de herrumbre. Lo mismo pasa con el entendimiento» (Benjamín Franklin). Han dicho de la sabiduría: «La mayor sabiduría que existe es conocerse a uno mismo» (Galileo Galilei). «La ciencia es conocimiento organizado. La sabiduría es vida organizad»…«Dos cosas me llenan de creciente admiración y sobrecogimiento, cuanto con más frecuencia y dedicación reflexiono sobre ellas:- el cielo estrellado sobre mí, y la ley moral dentro de mí» (Emmanuel Kant). «La sabiduría no es un producto de la educación sino de toda una vida por adquirirla» (Albert Einstein). «¿Tú quieres ser sabio? Estudia en ti; habla poco, piensa alto, mira hondo, observa siempre y aprende de todos… ¿Sabio y sin amor?... No lo creas… El que sabe amar, es el que sabe más» (Joaquín Trincado). Sabiduría es: conocimiento profundo... Descenso de la cabeza (inteligencia) al corazón (experiencia); «La verdad habita en las profundidades» (Schiller). No eliminemos jamás de la existencia estas profundidades en las que habita la verdad, significaría que nos estamos moviendo sólo en la superficie... y lejos de la verdad. Pero, ¿existen las profundidades? En ellas se esconde el sentido de la vida y la muerte. Conocimiento superior, total, en el sentido de síntesis. Su objetivo tiende a ensancharse hasta alcanzar la totalidad del ser. La sabiduría es la Luz de la persona en su dimensión más profunda. El sentido último de

la Sabiduría que ha de regir nuestras vidas es la Felicidad. Vive bien, feliz, quien vive con Sabiduría. La Sabiduría se forja a través de la «propia experiencia... Da capacidad de discernimiento sobre la Verdad, la bondad y la belleza. El sabio es el sapiens (sapere) el que «sabe tener gusto», el que sabe comprender; el que sabe conocer las cosas desde dentro; el que sabe ver las cosas tal como son; el que sabe ser sujeto (responsable del otro). El sabio no da las respuestas correctas, sino que propone las «preguntas adecuadas: ¿Qué hubo antes del Big bang?, ¿por qué existe alguna cosa en lugar de nada?, ¿necesita el universo tener una causa?, ¿qué hay en el origen del ser persona?

4. Simplemente y para terminar Del Libro de la Sabiduría «Dios de los padres y Señor de la misericordia, que con tu palabra hiciste todas las cosas, y en tu Sabiduría formaste al hombre para que dominase sobre tus criaturas, y para regir el mundo con santidad y justicia, y para administrar justicia con rectitud de corazón». Dame la Sabiduría asistente de tu trono y no me excluyas del número de tus siervos, porque siervo tuyo soy, hijo de tu sierva, hombre débil y de pocos años, demasiado pequeño para conocer el juicio y las leyes. Pues, aunque uno sea perfecto entre los hijos de los hombres, sin la Sabiduría, que procede de ti, será estimado en nada. Contigo está la Sabiduría, conocedora de tus obras, que te asistió cuando hacías el mundo, y que sabe lo que es grato a tus ojos y lo que es recto según tus preceptos. Mándala de tus santos cielos, y de tu trono de gloria envíala, para que me asista en mis trabajos y venga yo a saber lo que te es grato. Porque Ella conoce y entiende todas las cosas, y me guiará prudentemente en mis


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obras, y me guardará en su esplendor» (Sb 9, 1-6. 9-11). El infinito ciclo de las ideas y de los actos, invenciones sin fin, experimentos sin fin, nos hacen conocer el movimiento, pero no la Quietud; nos hacen conocer el habla, pero no el Silencio; nos hacen conocer las palabras, pero no la Palabra. ¿Dónde está la Vida que hemos perdido en vivir? ¿Dónde está la Sabiduría que hemos perdido en conocimiento? ¿Dónde el Conocimiento que hemos perdido en información? El infinito ciclo en veinte siglos (de historia humana) nos aleja de Dios y nos aproxima al polvo. (Thomas S. Eliot, La Roca, 1934)

Tres cuestiones para reflexionar Entre tus muchas intervenciones públicas (en el aula, en la iglesia, en las reuniones

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de grupo o de comunidad), habrá algunas en las que sólo transmites información –simple repetición de lo que se ha leído y oído–, ¿no es cierto? La formación requiere el esfuerzo de pasar la información a conocimiento, lo cual pide silencio y reflexión. ¿En qué momentos de la vida ordinaria, diaria o semanalmente, haces de forma consciente esta serena operación de profundizar, contrastar y cribar… reflexionar serenamente? Con la edad aprendemos el camino de la «sabiduría», que no necesariamente es fruto del conocimiento adquirido. Es el camino del crecimiento interior. Es el camino de la madurez, de la libertad, del amor. Es el camino de la felicidad. En unos momentos de silencio, piensa y agradece tu camino recorrido.


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DIOS, PADRE Y MADRE 

Maje Yagües, FMA

Recuperar la esperanza: Los efectos de la feminización de la pobreza Es evidente que, para recuperar algo, primero hay perderlo. Actualmente, estamos en un tiempo de lucha y recuperación. Nuestro mundo esta en «crisis»: trata de recuperar por todos los medios aquello que ha perdido y que le daba estabilidad y confianza. Es un tiempo de esperanza, en tanto que lucha por cambiar una situación y se espera en un mañana mejor. La cuestión fundamental es: ¿qué mañana se espera? ¿Para quién es ese mañana? Creo que ver los telediarios o leer las noticias comienza a ser alarmante: incremento del paro, subida de precios, oleadas de inmigrantes, bolsas de pobreza, deterioro del ecosistema… Es alarmante, aunque ya no sea noticia, que la pobreza siga cogiendo un rostro —cada vez más endurecido— de mujer. Si a alguien le esta afectando esta crisis, es sin duda —ya de forma enquista— al colectivo de las mujeres. Y eso se basa, no sólo como un fenómeno actual, sino como resultado de un largo proceso histórico en donde se han marcado las diferencias de género. Como educadores, creo que debemos hacer una reflexión. Es simple enseñar a los chicos y chicas a diferenciar entre hombre y mujer, entre lo masculino y lo femenino. La asociación biológica es un recurso muy pedagógico, que nos distingue fácilmente. Y etás claro que somos diferentes, como es clara la diferencia de la unicidad de cada persona. El problema, llega —a mi modo de ver— cuando no sólo se hacen diferencias físicas, sino que a estas se las carga de asignaciones sociales que nos hacen diferentes y nos colocan en un plano de relación en donde unos están arriba y otros debajo.

Nuestra sociedad se basa en un modelo de relación jerarquizado. Los valores positivos socialmente se asignan al varón, en detrimento de los negativos asignados a la mujer. El valor de la vida pública frente a lo doméstico, la razón frente al sentimiento, la autonomía frente a la dependencia, no sólo ha ido creando grandes distancias, sino que ha hecho que la mujer sea un ser de segunda categoría sujeta al varón, un no sujeto. Pese a los grandes esfuerzos dedicados a la coeducación, este modelo sigue operando en lo más profundo de la psicología humana; uno de los efectos más claros es la violencia de género. Es importante, en esta cuestión, señalar la gran influencia del mundo religioso en la visión del mundo, las personas y las relaciones. La tradición judía, las religiones monoteístas y la misma religión cristiana ha asentado este modelo de relación dual, generador de diferencias, que ha provocado no sólo la discriminación de la mujer sino de todos aquellos que no llegan a los mínimos deseables. La institucionalización del cristianismo se produjo dentro de un modelo grecorromano, internamente jerárquico y diferenciado. El Dios de Jesús, al convertirse en Dios oficial, asume el papel de «Emperador» y María, la mujer, el papel de sierva. Los escasos datos recopilados en los Evangelios sobre su figura demuestran su poco interés por ella. María es «la madre de Dios», la «esposa de José», «la discípula de Jesús». Su valor no esta en ella misma, sino en función del hijo, del esposo, de Dios. Es presentada como una mediadora de salvación, pero una mediadora sin «cuerpo», sin autonomía, sin dolor…


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Su capacidad de dar vida esta en su «escucha», en el sometimiento a la voluntad de Dios y en su capacidad de silencio y asunción de ese rol. De este modo, al ser presentada Maria, como modelo de identificación de la mujer hace que éstas sigan asumiendo ese papel, de no papel, pese a su divinización, que es una muestra más de alejamiento de la vida, de la realidad de la situación de marginación y discriminación que padecen las mujeres y los excluidos del sistema social. Creo que es importante ante esto, parar y hacer un nuevo planteamiento vital de la persona de María, de la misma persona de Jesús, de Dios, para recuperar la esperanza de quiénes la tienen pérdida. Es muy importante replantear a María en su contexto, evidentemente desigual, no para plantearla como modelo, sino para recuperar a esa mujer sencilla de Nazaret que supo situarse ante Dios y ante su mundo y ante las ambigüedades y dificultades y dar respuestas de vida, acogiendo la fuerza del amor y luchando con claridad por la justicia y el cambio social. Es importante devolver a Dios, su lugar y, en consecuencia, el lugar en donde tiene que estar asentada la dignidad de todas las personas: la igualdad. Creo que hay que recuperar a la mujer discípula y, con ella, a todas las mujeres discípulas que hoy padecen la injusticia de un mundo desigual que las hace diferentes y que las lleva a ocupar los puestos últimos de la pobreza. Recuperar la esperanza en este momento de crisis pasa por recuperar la dignidad de la mujer y de todos los pobres de la tierra. El Evangelio está cargado de grandes ejemplos de mujeres y del actuar novedoso de Jesús respecto a ellas. Mujeres como Eva (Gn 2,1-13), que dialogan colocan frente a Dios y hacen teología. Mujeres que provocan la vida del maestro, pese a sus resistencias como María (Jn 2,1-25) y la mujer siro-

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fenicia (Mc 7,24-30), mujeres que intuyen su misterio y su valor más allá de los cánones establecidos como la Samaritana (Jn 4,1-42) o María Magdalena (Jn 20,11-18)… mujeres que lo tocan (Mc 5,24-34) , que están junto a él (Jn 19,25-27). Mujeres que en definitiva acogen la vida y dan vida. Llamados y llamadas a la comunión reciproca en el amor, no podemos ser rostro de Dios hoy con la invisibilidad de la mujer y gran parte de la humanidad silenciada y olvidada. Recuperar la esperanza de nuestro mundo, pasa por recuperar el cuerpo, la persona de las mujeres y de los diferentes. Pasa por devolver a Dios su lugar. El lugar en donde quiso expresarse, la sencillez desde «abajo», fuera de todo poder. Un Dios vulnerable expresado en un niño chiquito. Empaparnos de este gran misterio, supone recuperar el lugar en donde hemos nacido y la realidad que estamos llamados a ser. La crisis de hoy, puede ser la esperanza del mañana, del ahora si tomamos posturas comprometidas y claras en la recuperación de la dignidad real de los olvidados, de las olvidadas y esto pasa sin duda, por una auténtica conversión de corazón en nuestros planteamientos de Iglesia, de Dios, de mundo, de la humanidad … Sólo un Dios, expresado en el Canto de María (Lc 1,46-55), que levanta al desvalido del suelo, saca de la basura al pobre, devuelve a cada uno su valor… Sólo un Dios así puede ser la esperanza para quiénes la tienen pérdida. Y, si no queremos perder la oportunidad de devolver a Dios su lugar, nacido de mujer, debemos tratar de situar la búsqueda de la estabilidad y la confianza en el gran misterio de un Dios que nació en lo pequeño, para hacerse pequeño, para romper un sistema de vida dualista, jerárquico e injusto, construyendo con valentía un sistema de relaciones, reciproco que crean comunión, que generan igualdad, que devuel-


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ven a cada una uno, a cada una la dignidad de ser «Hijos e hijas de Dios».

Algunas preguntas Tras todo lo expuesto se me ocurren algunas preguntas que pueden ayudar a una reflexión: ¿cómo vivimos este tiempo de crisis?, ¿vemos en él espacios para la esperanza?, ¿qué es lo que tratamos de recuperar?... ¿Lo de siempre, la posibilidad de un cambio real?... ¿somos conscientes de cómo las di-

ferencias de género crean la feminización de la pobreza?, ¿cómo afecta nuestra imagen de Dios a nuestras relaciones?, ¿en qué basamos nuestra relaciones, en el poder o en la reciprocidad?, ¿qué modelo de relación, de mundo, de Dios, de persona ofrecemos a nuestros chavales?

Para el diálogo ¿Qué te sugiere está imagen a partir de todo lo expuesto?:


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AL HABLA CON… 

282 • página 28 Ramón Alberdi, SDB

«Un auténtico orgullo de Barcelona» El 21 de enero, pasadas las fiestas navideñas y pensando en las próximas fiestas salesianas —Beata Laura Vicuña, San Francisco de Sales, San Juan Bosco—, se ha presentado la nueva biografía sobre la venerable Dorotea de Chopitea y Villota, 1816-1891. Construir una Barcelona para todos, de Ramón Alberdi. Acudió mucha gente. El auditorio de las Escuelas Salesianas de Sarrià, con más de trescientas butacas, resultó totalmente insuficiente y se tuvo que emplear también una buena parte del santuario. Presidió el acto el Emmo. y Rvdmo. cardenal Lluís Martínez Sistach, arzobispo metropolitano de Barcelona. Los organizadores quisieron que, en lo posible, aquel acto tuviera un carácter masivo, y lo consiguieron. Cabe preguntar por las causas o las circunstancias que pudieron reunir a tantas personas. Ciertamente entran juego las facilidades que actualmente aportan las técnicas informativas y de convocatoria que están en vigor. Pero el motivo principal radica en el recuerdo que hoy, tal vez un tanto difuso por el paso de los años y los cambios que se han verificado entre nosotros, todavía conservan los descendientes de la Venerable, tanto en la línea de los sobrinos,

como en la de los hijos, nietos y biznietos... en sus múltiples ramificaciones y en su variada dispersión geográfica. Y otro tanto hay que decir de las diversas instituciones religiosas, de hombres y mujeres, que un día sintieron la mano amiga de Dorotea y hoy la tienen como una referente en su conciencia carismática. Dorotea, creció como mujer y como cristiana a la sombra de la parroquia de Santa María del Mar, en pleno barrio de Ribera, y experimentó la gran transformación que día a día se estaba operando en la sociedad barcelonesa ante el impacto del primer maquinismo. Y, en un ámbito más amplio, vivió los vaivenes de la política en un siglo tan agitado como el XIX español: supo de los enfrentamientos entre liberales y conservadores, de los largos procesos de la Desamotización, de las guerras carlistas y de las pestes que con frecuencia asolaban una ciudad portuaria como Barcelona. Y decidió llamar a los ciudadanos para una gran tarea común: construir Barcelona para todos, también para los proletarios, los emigrantes, los huérfanos, los marginados, y quiso implicar en la tarea a seglares (Juntas de Señoras) y eclesiásticos, y, sobre todo, a las congregaciones religiosas, antiguas y modernas, masculinas y femeninas. El eje de su acción pública pasa por las escuelas populares, asilos y hospitales para niños y niñas, para hombres y mujeres, sin descuidar los centros educativos para las clases sociales mejor dotadas, al objeto de formarles en su responsabilidad cívica. En consecuencia, aunque sin pretenderlo para nada, las circunstancias le hicieron ocupar un lugar eminente dentro del catolicismo social del XIX barcelonés. Acabó siendo pobre. Todo lo había entregado a Jesucristo y a sus pobres. De aquí que Rosario Bofill y Portabella, la prologuista del libro, concluya diciendo que una ciudadana como ella «es para su ciudad, Barcelona, un auténtico orgullo».


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INFORMACIONES Páginas web interesantes y útiles http://www.cgfmanet.org: web oficial del Instituto de Hijas de María Auxiliadora. En estos meses aparece información al día del Capítulo General XXII. http://www.sdb.org: web oficial de la Sociedad de San Francisco de Sales - Salesianos de San Juan Bosco. http://uies.ath.cx/: Universitat + Església. La universidad y la Iglesia en Barcelona se unen en esta web que ofrece recursos —en castellano y catalán— para la formación permanente. http://www.servitascadiz.com/comentarioalevangeliodeldomingo.htm: comentario al Evangelio Dominical, realizado semanalmente por el P. José Antonio Pagola, director del Instituto Gentza de Teología y Pastoral. http://www.es.amnesty.org: Amnistía Internacional, un movimiento global integrado por personas que trabajan para que se respeten los derechos humanos en todo el mundo.

http://www.observatoriotercersector.org: el Observatorio del Tercer Sector es un centro de investigación especializado en el tercer sector, sin ánimo de lucro e independiente, con la finalidad de profundizar e incrementar el conocimiento sobre este sector y trabajar para mejorar el funcionamiento de las organizaciones no lucrativas. http://www.qumran2.net: un banco de datos italiano de materiales para la pastoral que contiene miles de documentos (textos, cantos, imágenes, programas, juegos...) enviados por sacerdotes y agentes de pastoral de toda Italia. http://www.diocesismalaga.es/index. php?mod=imagenes: en la web de la diócesis encontramos los dibujos de Patxi, que acompañan cada semana el Comentario al Evangelio. También hay una versión disponible de los dibujos para colorear. http://www.reflejosdeluz.net: portal católico dedicado al anuncio del Reino. Aquí encontrarás recursos y materiales pastorales al servicio del Evangelio.

Secretaría de Redacción: miguelangel.calavia@salesians.cat

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Animación salesiana comunitaria Lourdes Ruiz de G. 286 ¡Descansad un poco! 285 ¡Alegraos! Próximos números: Tiempo para la interioridad (Ret...

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