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ROL DE LOS MEDIOS

EN LA GUERRA IMPERIALISTA La manipulaci贸n informativa en el Reino del Dios George W. Bush


medios en la guerra imperialista Colección Comunicación Responsable, Serie Textos breves Agosto de 2006. Depósito legal: lf87120063801355 Impreso en la República Bolivariana de Venezuela

Directorio Ministro de Comunicación e Información Willian Lara Viceministra de Estrategia Comunicacional Amelia Butillos Viceministra de Gestión Comunicacional Teresa Maniglia Dirección de Publicaciones Gabriel González Portada Arvic Calanche - Lissy Chandía Price Diseño de Diagramación Lissy Chandía Price Corrección Sol Miguez © Ministerio de Comunicación e Información Av. Universidad, Esq. El Chorro, Torre Ministerial, pisos 9 y 10. Caracas. Venezuela. www.minci.gob.ve - publicaciones@minci.gob.ve


“Los hechos hablan por sí mismos”, decía Eurípides. La norma debe aplicarse al accionar de la prensa estadounidense después de los atentados a las Torres Gemelas. Si se rastrea su historia se comprobará que el periodismo siempre actuó en bloque tras los pasos guerreristas de sus gobiernos. Es que los intereses de los dueños de los medios de difusión son los intereses del imperio. Esta nota es apenas un resumen de esa interrelación perversa.

Ricardo Horvath.

5


P

rimero mostraron sorpresa. Después se hicieron los indignados. Con posterioridad vino una tibia desmentida. De inmediato el silencio. Los famosos “medios de comunicación” dejaron de comunicar. Nada para informar, nada para investigar. Es lo que ha dado en llamarse “apoyo patriótico solidario” pero que, en realidad, es la censura y autocensura del sistema que pregona la “libertad de prensa”. Volvió a repetirse lo que había ocurrido con el atentado terrorista del 11 de septiembre de 2001: unificar el mensaje, silenciar el atentado al Pentágono y tapar lo acontecido con el cuarto avión; desviar la atención hacia otros paisajes, volver a la publicidad que nos muestra un mundo mejor. A propósito, el semiólogo Louis Quesnel dice que “frente a un mundo angustioso, la publicidad evoca un mundo ideal, exento de cualquier tragedia, sin países subdesarrollados, sin bomba nuclear, sin explosión demográfica y sin guerras. Un mundo inocente, repleto de sonrisas y de luces, optimista y paradisíaco”. 7


Ese es el rol de la publicidad que se suma a la propaganda oficial. Antes está el papel de la prensa que impone la “agenda del público”, es decir, en qué pensar. Luego las otras dos se ocupan del cómo pensar. Es decir, imponen una ideología y determinan no salirse del sistema. Logran lo que se denomina el status quo. La publicidad es el arte de la persuasión y ha logrado grandes éxitos desde su aparición y consolidación. En la reciente presentación pública —en La Habana— de su libro Propagandas silenciosas, Ignacio Ramonet recordó las palabras de Frederic Beigbeder que dicen que “las dictaduras de antaño temían la libertad de expresión, censuraban la impugnación, encerraban a los escritores, quemaban los libros controvertidos (...). Para esclavizar a la humanidad la publicidad optó por el perfil bajo, la flexibilidad, la persuasión (...). El sistema ha alcanzado su objetivo: incluso la desobediencia se ha convertido en una forma de obediencia”. Recordemos al respecto que en Inglaterra se creó una cerveza “Che Guevara” que produjo la indignación de sus familiares y del gobierno cubano, y que la imagen de otros líderes revolucionarios fue utilizada como símbolo de la 8


insólita campaña de “Revolución Internet” dentro del propio sistema capitalista: Marx (Banco UFF), Lenin (Liberty Surf), Mao (Banco UDD), Zapata (Liberty Surf). Una fórmula para lavar y desteñir a la verdadera revolución. Pero volvamos al comienzo. Esta introducción intenta deliberadamente establecer cómo se desarrolla el juego de la información, donde la noticia es una mercancía que se compra y se vende como un producto más y que hay que imponer en aras de un objetivo ideológico. Entonces la verdad, la justicia, las normas éticas, son simple retórica, palabras huecas, hipocresías consentidas por los dueños del poder, cuyo discurso es difundido por su propia prensa y que al ser leído por ellos mismos —que pagaron para promoverlo— es, a la vez, creído como verdad revelada, aunque se trate de una falacia de cabo a rabo.

Vayamos a los hechos

El 18 de febrero se conoció una polémica, iniciativa de la administración Bush, que 9


Clarín tituló “EE UU quiere restringir la información científica”. Se señalaba que era para que ese material no llegara a manos de los terroristas, retirándose del dominio público 6.600 documentos dedicados la mayor parte a la producción de armas químicas y biológicas. El provocar más miedo a la población podría deberse a la poca credibilidad sobre el supuesto atentado con ántrax (se sabe ahora que escapó de los propios laboratorios yanquis), y a la torpe mentira en torno a la posesión de armas químicas por parte de Al-Qaeda (el sentido común dice que de tener la bomba, un acorralado Bin Laden la hubiera usado sin el menor empacho. ¿O no?). La ampliación de esa noticia se produce dos días después; dice Clarín que “EE UU crea una oficina para dar información falsa” con el objetivo de influir sobre las agencias internacionales de noticias, en un esfuerzo para manipular a la opinión pública en países enemigos y también amigos. La información provenía del influyente The New York Times, que daba así a conocer el rol principal de la Oficina de Influencia Estratégica 10


(OSI), dependiente del Pentágono, que buscaba publicar mentiras en agencias noticiosas europeas como Reuters o France Presse para que rebotaran luego en los medios norteamericanos, y de allí a todo el mundo como fuente segura de información. De inmediato saltaron los defensores de la “libertad de prensa” (esos idiotas inútiles) espantados por la supuesta “novedad”. ¿De qué se asombraban?, ¿por qué se indignaban? Si sabemos revisar archivos y cruzar información —tal como pregonaba nuestro Rodolfo Walsh— comprobaremos que estas labores de desinformación son utilizadas permanentemente por los medios del sistema que se adhieren a las tesis belicistas de Washington. Apenas días después del atentado que hizo famoso a Osama Bin Laden —un oscuro agente de la CIA y socio petrolero de la familia Bush—pudo saberse a través de una corresponsal del diario La Nación (26/9/01) que, “como respuesta a los atentados, George W. Bush ordenó la principal movilización de tropas norteamericanas desde el conflicto del Golfo, pero en la guerra que quiere librar contra el terrorismo el arma más preciada por la Casa 11


Blanca es la menos tangible. Es la información (...) Condoleezza Rice, la directora del Consejo Nacional de Seguridad de la Casa Blanca, dijo que, en esta guerra más que en cualquier otra, la información es el aporte más valioso que pueden hacer otros países para respaldar a los Estados Unidos”. Por aquellos días, resultaba claro que el secretario de Defensa Donald Rumsfeld aplicaría con la prensa los mismos métodos que en la Guerra del Golfo, mostrando video-games explicados por “expertos”. Pese a la indignación de ciertos medios, The New York Times terminó reconociendo que

“la guerra contra el terrorismo no se libra únicamente en el frente de batalla, sino también en la bolsa internacional y en el

”.

campo de la información

Nuevamente Clarín, pero de fecha 26 de febrero, nos trae otra noticia (¿también falsa?) en la que señala el cierre de la “oficina de la mentira”. Bush (h), haciéndose el tonto, (¿más de lo habitual?), explicó a la prensa: 12


“Le he dicho al secretario Rumsfeld que le diremos la verdad al pueblo estadounidense, pero él está asombrado, como yo, de leer que nunca le diríamos la verdad

”.

Al mismo tiempo, Rumsfeld tomaba distancia de la Oficina de Influencia Estratégica, creada por él mismo, diciendo que desconocía el rol de ella y que “el Pentágono no miente a los estadounidenses ni a la opinión pública internacional. No hacemos ese tipo de cosas”. Desde ese momento nada más se dijo sobre el tema. Desapareció de los medios “serios”. En realidad, no era el Pentágono el responsable de mentir sino la empresa The Rendon Group (TRG) contratada por éste. La misma empresa que había trabajado para Carlos Saúl Menem en la promoción de las giras por EE UU durante su mandato presidencial, era la que desde noviembre se ocuparía, por cuatro meses, de manejar la estrategia de prensa en torno a la campaña contra el terrorismo. Esto se conoció 13


a fines de octubre, a partir de la publicación de la contratación de TRG en un boletín reservado cuya circulación se circunscribe a las empresas de relaciones públicas, según reportó entonces Raymundo Reynoso, desde Los Ángeles, a la revista argentina Acción. Vale la pena recordar que The Rendon Group cuenta con una amplia experiencia en la promoción de imagen, relaciones públicas, contacto con los medios y, algo muy importante para las FF AA, control de situaciones en tiempos de crisis. Su cerebro es John Rendon, un funcionario del Partido Demócrata definido como “guerrero de la información y un gerente de la percepción”. El vocero del Pentágono —el teniente coronel Kenneth Mc Clellan— dijo para la fecha de la contratación de TRG que “la empresa tiene experiencia en el diseño de mensajes, así como en el campo de la estrategia de difusión y táctica que aplica el gobierno en situaciones de guerra. Nos puede proporcionar exactamente los servicios que requerimos a un costo razonable, y comenzar inmediatamente”. Está claro que 14


la guerra, entonces, se desarrolla en dos planos interrelacionados y ambos sin miramientos: en el frente de batalla con armamento pesado que conquista espacios territoriales, y en el frente interno con la información que conquista las mentes y los corazones de la gente común. Dos libros editados meses antes del atentado al Trade World Center, y escritos por el lingüista Noam Chomsky, abren una ventana a la verdad en torno al manejo informativo de los medios en los Estados Unidos. En Cartas de Lexington se observa críticamente como The New York Times manejó el conflicto Israel-Palestina en forma mentirosa, y en Actos de agresión se ocupó de mostrar y criticar el absoluto poder de la prensa. Chomsky parte de preguntarse ¿cómo es posible que se convenciera a tantos millones de personas de que se estaban desarrollando guerras presentadas como justas?, y se responde con total seguridad que sería una tarea imposible sin la propaganda guerrerista de los medios de difusión que crearon el consenso necesario para ello. Ya el francés Paul Virilio había establecido 15


en sus investigaciones que era más fácil engañar a una multitud que a un solo hombre. El manejo de la información y la propaganda no es algo nuevo en el mundo. Sin retroceder mucho en el tiempo, bastaría recordar el rol del jefe de propaganda del Partido Nacional Socialista, Joseph Goebbels, quien sin el menor empacho, aseguraba que una mentira repetida cien veces se transformaba en verdad. Como ministro y presidente de la cámara de cultura del Reich, este inefable personaje solía regodearse con aquella otra famosa frase que lo pinta de cuerpo entero: “cuando escucho la palabra cultura busco en la cintura mi revólver”. Como alumnos aplicados, los gobernantes norteamericanos supieron extraer las enseñanzas que aplicaron en Vietnam con las denominadas radios negras que simulaban ser del vietcong, o con Radio Martí, dirigida hacia Cuba desde Miami.

Entre la SIP, la CIA y la USIA

En su Breve historia de la SIP, Gregorio Selser nos recuerda que la Sociedad Interamericana 16


de Prensa es el “órgano rector y conservador de bienes e intereses de los denominados por George Seldes ‘amos de la prensa’ (...). Controlar o poseer hoy una publicación, una radio o un canal de televisión es un acto meramente político. Tenerlo siempre presente será un principio de sabiduría, sobre todo para nuestros pueblos colonizados cultural y espiritualmente a través de una avalancha de materiales...” La famosa Congregación Empresarial nace en 1926, en los EE UU y según confesión de James B. Canel, un gerente de la misma, “se veía demasiada influencia oficial, tanto de gobiernos como de la Unión Panamericana (...). Los fines que se perseguían eran de índole política (ya que) reuniría a los formadores de opinión pública del continente”. Una nueva reunión se realiza en 1942, en México, buscando diferenciarse de los gobiernos, no obstante a lo cual, al año siguiente, se establece en la Cuba de Batista con apoyo financiero del dictador. El Tercer Congreso se efectúa en 1945, en Venezuela, integrándose la Inter-American Press Association de los 17


Estados Unidos, que comienza a jugar un rol importantísimo que se plasma en el Congreso de 1950, en Nueva York. En el mismo, la SIP se transforma en una dependencia indirecta de la American Newspaper Publishers Association, editora de diarios dependientes de los grandes monopolios de prensa, grupos empresariales y organismos oficiales del gobierno norteamericano como el Departamento de Estado y la CIA. Uno de los creadores de la SIP, el periodista venezolano Miguel Otero Silva, al renunciar denunció que

“los estatutos de la Sociedad fueron transformados en forma arbitraria, violando para ello sus normas más fundamentales y dándole el carácter que ahora tiene, una

entidad

exclusivamente

patronal

de intercambio comercial, estrictamente controlada por los vendedores de papel, las agencias noticiosas y los buscadores de avisos que residen en los Estados Unidos. Nada más inoportuno en ese ambiente que

un periodista .

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Comienzan entonces una serie de acciones vergonzosas de esta organización patronal que se dedica a atacar a todo gobierno popular, a defender a personajes siniestros como los Somoza, de Nicaragua, y a entrometerse en los asuntos internos de los países del continente, como ocurrió con el caso del gobierno revolucionario de Juan Velazco Alvarado, en Perú; Salvador Allende, en Chile y actualmente Hugo Chávez, en Venezuela. Cuenta Selser que “una de sus intervenciones más desafortunadas en la vida política de una nación hispanoamericana fue el aval que, por su cuenta y riesgo, acordó públicamente, en octubre de 1961, a los falsos ‘documentos de Miami’ redactados por agentes cubanos y argentinos de la CIA, con el propósito de inducir al presidente Arturo Frondizi a romper relaciones diplomáticas con Fidel Castro, objetivo en que estaba entonces empeñado el Departamento de Estado como parte de su política de bloqueo a Cuba”. Impulsor de esa fantochada fue el finadito Jules Dubois, un oscuro militar yanqui, entonces presidente de la Comisión de Libertad de Prensa de la SIP.

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A través de la radio La Voz de las Américas, EEUU ha jugado un rol inaudito que llegó incluso a lograr, hacia 1952, el desmantelamiento en nuestro país del Servicio Internacional Radiofónico Argentino (SIRA). Dicha radio depende de la Agencia de Información de Estado Unidos (USIA), agencia oficial de noticias que, según se lee en los documentos Santa Fe I y II, descubiertos y publicados en 1990, se trata de “nuestra agencia para llevar a cabo la guerra cultural”, a la cual se debe aumentar el presupuesto

“en la lucha por mantener los pasos que están siendo dados por América Latina para lograr un régimen democrático (...). El esfuerzo gramsciano por socavar y destruir la

tradición

democrática

mediante

la

subversión o corrupción de las instituciones que contienen o mantienen esa tradición debe ser combatido

”.

Entre otras delicias los referidos documentos señalan que “el objetivo de la guerra lo constituyen las mentes de la humanidad. 20


La ideopolítica habrá de prevalecer (...). La educación es el medio por el cual las culturas retienen, transmiten y hasta promueven su pasado. Así, quien controla el sistema de educación, determina el pasado o como se ve éste tanto como el futuro. El mañana está en las manos y en las mentes de quienes hoy están siendo educados (...). Debe iniciarse una campaña para captar a la élite intelectual iberoamericana, a través de medios de comunicación tales como la radio, la televisión, libros, artículos y folletos y también debe fomentarse la concesión de becas y premios”. Aquí cabe mencionar nuevamente a The Rendon Group (TRG), que ya había actuado en la década de 1990 para la CIA y la USIA en la tarea de “crear imagen” contra Saddam Hussein. Va de suyo, entonces, que Rumsfeld no ha inventado la pólvora y que el Pentágono, SIP, CIA, USIA, los medios de difusión y la industria belicista de USA son las seis caras del mismo amo imperialista.

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Cómo entrar en una guerra

Estados Unidos sabe, además, cómo entrar en una guerra contando con el apoyo del periodismo. Se adjudica al magnate de la prensa amarillista William Randolph Hearst la frase dicha a un cronista enviado a cubrir una supuesta guerra en Cuba: “Usted no se preocupe que la guerra la pongo yo”. Días después, se produce el famoso estallido del acorazado Maine en el puerto de La Habana y Norteamérica le declara la guerra a España. Ya entonces también el cine comenzó a jugar su papel, sumándose a la propaganda oficial cuando el 26 de abril de 1898, apenas seis días después del atentado, se proyectó en París el filme de Georges Méliès “L’explosion du cuirassé Maine” que, mediante la técnica recién creada del trucaje, logra dar la sensación de estar la cámara presente en ese momento. ¿Fue mera casualidad que la película se presentara al día siguiente de la declaración de guerra del presidente William McKinley? Tomando ese modelo cinematográfico los yanquis realizan de inmediato otra película trucada titulada: “Combate naval en Santiago de Cuba”. 22


La turbia historia de la relación de los medios como parte del capitalismo salvaje puede rastrearse a lo largo del siglo XX. Por ejemplo, en 1938 los diarios de Hearst, como Harry Chandler con su Los Angeles Times y Joe Patterson con Daily News, iniciaron una campaña pidiendo la invasión a México tras la nacionalización del petróleo a cargo del presidente Lázaro Cárdenas. Intentaban repetir la historia de la apropiación de Texas y California. Los motivos: eran dueños de grandes extensiones de tierras en México y temían que también se las nacionalizara. Hoy se sabe que el ataque a Pearl Harbor fue conocido con anticipación y justificó el ingreso yanqui a la Segunda Guerra Mundial con el apoyo de la prensa. También fue fabricado el conflicto del Golfo de Tonkín para intervenir en Vietnam. Dentro de 30 años, cuando se descalifiquen los documentos secretos sobre el atentado al World Trade Center y al Pentágono, no quedarán más dudas. Aunque tampoco las hay ahora: en octubre del año pasado, una alta fuente, vinculada a uno de los más importantes servicios secretos, le 23


reveló a este periodista que el Mossad israelita alertó a la CIA, con varias semanas de antelación, la posibilidad de un atentado con aviones en territorio estadounidense. El 5 de marzo de este año, el diario La Nación publica una pequeña nota —que atada al comentario anterior— viene a verificar la certeza informativa: “Desactivan una red del Mossad en EE UU (...) la investigación dejó claro que algunos de estos agentes israelíes tuvieron como base las mismas ciudades que utilizaron los ‘encargados de logística’ de la red Al-Qaeda, sospechosos de haber preparado los atentados del 11 de septiembre”. Elemental mi querido Watson... Sin ser Sherlock Holmes, el poeta y periodista Juan Gelman, aporta valiosa información sobre el conocimiento anticipado de los atentados en el diario Página 12 del 23 de diciembre.

De cómo dar credibilidad a un presidente imbécil

No sólo se tragó la galletita, ya se probó que triunfó con fraude. Además Bush (h), era el 24


hazmerreír de sus compatriotas que a diario veían por TV “The Daily Show With John Stewart”, un noticiero satírico al igual que “That’s my Bush”, donde pasaban las barrabasadas presidenciales, o “The West Wing”, una serie con una ácida visión de la Casa Blanca. Todos programas suspendidos después de la caída de las torres gemelas. Caída que catapultó al tonto a un liderazgo insólito. Ya desde la ficción lo había anticipado Jerzy Kosinski en “Desde el jardín”. Para consolidar ese liderazgo estaban los medios de difusión del sistema pregonando la “justicia infinita” del fanfarrón. Todos los programas de TV cuestionadores, críticos o “incómodos”, se levantaron. Los diarios, las radios y la televisión unificaron sus mensajes porque —como dice Chomsky— mientras una élite especializada “conoce los verdaderos asuntos”, la mayoría de la población es tratada como “un rebaño desconcertado que hay que guiar”. Allí aparecen (¡otra vez!) los medios haciendo el juego de la guerra con propaganda patriotera (la TV proclamó el “derecho a la represalia” y el show televisado del primer 25


concierto por las víctimas se tituló “Tributo a los héroes”); se realizaron análisis superficiales para avalar las mentiras gubernamentales (¿en qué quedó la famosa bomba nuclear que Al-Qaeda le había comprado a un general ruso y que se iba a detonar en Manhattan?). A la censura oficial (se “recomendó” no difundir temas musicales como “Escalera al cielo” de Led Zeppelin, “Golpeando las puertas del cielo” de Bob Dylan y el clásico de John Lennon “Imagina”, entre muchos otros), se agregó la autocensura (en nombre de la “lucha contra el mal” la prensa aceptó comportarse “responsablemente”, lo cual implicó, entre otras cosas, suspender un capítulo de... ¡Los Simpson!). Susan Sontag señaló entonces que “la prensa norteamericana es muy servil, muy pasiva. Hoy, el debate se identifica con el disenso, y el disenso, con la subversión, con la traición o la falta de patriotismo”. Por eso el gobierno, a través de la prensa, creó una imagen de seguridad que no había dado Bush al escapar por los cielos a bordo del avión presidencial, y que la Casa 26


Blanca justificó en la mañana de los atentados, asegurando que se había recibido una “amenaza creíble” contra la vida del mandatario. La repentina desaparición de Bush de Washington en medio de la crisis, generó fuertes críticas que debían cesar. Ahora se sabe que tal amenaza nunca existió, y por eso la gran campaña oficial explicando que se había creado un “gobierno fantasma” ubicado en bunkers supersecretos, bajo tierra, en prevención de un ataque nuclear. Y aparecen las bravatas reiteradas por Bush en torno a sus objetivos atómicos hacia China, Rusia, Libia, Siria, Irán, Irak y Corea del Norte que, ante los reclamos internacionales, debieron ser rápidamente desmentidos por el secretario de Estado Colin Powell, atajándose como el negro que recibe los pelotazos. A seis meses del atentado, el show artístico se repitió con la inauguración de un “monumento” titulado Tributo de Luz, consistente en dos poderosos haces de luz dirigidos al cielo, mientras el inquilino de la Casa Blanca prometía iniciar “la segunda etapa de la guerra contra el terrorismo”. 27


Guerra que se quiere ganar rápidamente, ya que después de fracasar la oferta de 25 millones de dólares de recompensa por la captura de Osama Bin Laden, se decidió a modificarla por la entrega de ovejas ya que se llegó a la conclusión de que “las recompensas en dólares están más allá de la comprensión del pueblo afgano”. En forma simultánea la cadena CBS presentaba un video inédito con imágenes registradas desde el lobby del World Trade Center el día del atentado donde, obviamente, tampoco se vieron cadáveres. No obstante, el súper presidente sigue sin tener todas consigo: días después debió salir nuevamente al ruedo mostrándose indignado contra su servicio de inmigración que —se supo— confirmaba la aprobación de las visas de residencia a dos de los terroristas causantes del atentado. “Casi se me cae el café cuando leí la noticia en el diario mientras desayunaba”, dijo el hombre de la galletita. Ardua tarea la del sistema para sostener en Washington a un energúmeno de esta naturaleza.

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El complejo industrial-militarcomunicacional

La interrelación de la prensa con el poder en EEUU ha sido convenientemente analizada y documentada por Armand Mattelart en Agresión desde el espacio, cultura y napalm en la era de los satélites, y por Herbert I. Schiller en Comunicación de masas e imperialismo yanqui y El poder informático. Schiller, economista y comunicólogo norteamericano desaparecido el año pasado, describió en Cultura $.A. como, desde la Segunda Guerra Mundial, los primeros propietarios de la televisión y sus personalidades prominentes de la época, colaboraban “amistosamente” con el Pentágono, el FBI, la Voz de las Américas y otros instrumentos estatales de persuasión y coerción:

“La

televisión comercial no opuso

resistencia para producir y promover las narraciones e imágenes sobre la Guerra Fría que se presentaban al auditorio norteamericano. Con la misma asiduidad, los controladores de la TV eliminaron de sus dominios a los escritores, actores y trabajadores acusados de no adecuarse a los

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cánones que exigían los cruzados derechistas

”.

de esa época

Las tres grandes cadenas de TV, surgidas previamente como radiofónicas, estuvieron ligadas a la industria discográfica y del espectáculo. Tanto la NBC como la ABC y la CBS avanzaron hacia el subcontinente y tras las privatizaciones lanzadas por la dictadura de Aramburu y continuadas por la “democracia” de Frondizi, se posibilitó que se apropiaran de los canales 9, 11 y 13 a comienzos de la década de 1960. Un solo dato bastará. En junio de 1963, se presenta en Buenos Aires “Mundovisión en las Américas (un nuevo concepto en la televisión internacional)”, donde puede leerse:

“Los grandes adelantos logrados en el campo espacial y de satélites artificiales, anuncian la llegada de la era de la ‘Mundovisión’, una nueva realidad a base de transmisiones intercontinentales por medio de satélites

”.

Y continuaba: “Para hacer frente a estos importantes acontecimientos, la American Broad30


casting Company (ABC), desde hace más de tres años, ha estado asentando las bases de una fuerte y eficaz asociación internacional de compañías de televisión en distintos países del mundo. Por medio de su filial, ABC Internacional ha establecido asociaciones con más de 40 estaciones de televisión en 20 países, 12 de ellos en Latinoamérica: México, República Dominicana, Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, Venezuela, Ecuador, Brasil y Argentina. ABC también colaboró en la formación de la Cadena Centroamericana de Televisión (Catvn), la primera asociación internacional-comercial de semejante índole en el mundo. ABC Internacional representa también a la Cadena Radial Salvadoreña y a Radio Televisión y Radio Satélite de Honduras, así como a radio 5-60 de Guatemala y a radio X de Nicaragua. Hay, además, estaciones asociadas a ABC en Canadá, Australia, Filipinas, Okinawa, Japón, El Líbano, Irán y Nigeria. Nuevas asociaciones en muchos otros países se encuentran en proceso de concretarse en esta intensa actividad de ABC Internacional”.

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En esa década comienzan a producirse una serie de fusiones empresariales en el mundo de la cultura de masas que se expresó, entre otras, en la unificación de la Universal con el conglomerado Music Corporation of America; Paramount con Gulf & Western; United Artists con Transamerica Corporation; Warner Bros con National Kinney Corporation y Metro-Goldwyn-Mayer con Kirk Kerkonian Inc. De aquellos años a hoy mucho ha crecido el poderío de los grupos comunicacionales, su concentración y su relación con los distintos gobiernos de EE UU y su complejo industrial-militar. Y eso se expresa en las múltiples fusiones que abarcan editoriales de libros, música, películas, CD-ROM, la Banca financiera, empresas de imagen y, desde 1996, la famosa autopista de la información presentada por Al Gore, que ha logrado ocupar un primer plano desalojando a la fibra óptica que promueven los europeos. Por ejemplo, Capital Cities/ABC concretó en 1995 su fusión con Disney creando la compañía de 32


entretenimientos más grande del mundo, ya que a los parques de diversiones suma productoras de cine y TV, y distribuidoras como Buena Vista y Miramax. Capital Cities se había quedado con la ABC en 1985. Extrañamente —o no tanto— era una pequeña empresa fundada por William Casey, luego director de la CIA. Disney está asociado con Coca-Cola, empresa que vendió sus acciones de la Columbia Pictures para aliarse a la empresa de dibujitos, que se fagocitó a Fox Family Worldwide y pasó a ser ABC Family. A la vez con Hearst y Falcon International, se asociaron al grupo editorial brasileño Abril, para actuar en el sector TV por cable. En 1999, la división interactiva de Walt Disney asume el control de Soccernet, empresa dedicada a los deportes, desde golf hasta fútbol, con lo cual logra ampliar su servicio deportivo ESPN.com. Al mismo tiempo, Disney y su socio Infoseek lanzaron el Go Network, un portal o centro de contenidos y servicios online para competir con sitios tradicionales como Yahoo y AOL. AOL forma parte de otro grupo multimediático concretado a través de una megafusión con el 33


grupo Time Warner, empresa editora de medios como las revistas Time, Life y Fortune, entre otras; propietaria de 50 discográficas que incluye a Warner, Elektra y Atlantic y de estudios de cine como Warner Bros. Está asociada a la AT&T y a Turner Broadcasting System, es dueña de la cadena de noticias CNN y del archivo cinematográfico de la Metro Goldwyn Mayer (MGM), además de controlar otros negocios como parques temáticos, videos hogareños, video games, editorial de libros, compañías de juguetes, etc. A su vez America Online Latin es una empresa conjunta de AOL Time Warner y el venezolano Grupo Cisneros. Una anécdota graciosa marca la rapidez de fusiones y el cambio de empresario y del rol de los ejecutivos, sorprendiendo a los gobernantes del tercer mundo despistados: en marzo de este año el secretario de turismo Daniel Scioli visitó a Ted Turner en su villa de Neuquén para pedirle que la CNN muestre al mundo que la Argentina es un país seguro y confiable. Scioli no debía saber que Turner —tal como le anticipó Fidel Castro cuando se entrevistaron— sería fagocitado por sus socios perdiendo la titularidad de la CNN. 34


La cadena CBS fue adquirida por la multinacional Westinghouse Electric para hacer frente al poderoso rival de la NBC, filial de la General Electric (como la anterior, en sus comienzos una empresa de productos electrónicos domésticos). La CBS venía de perder puntos en 1995, en especial debido a que el famoso noticiero “Sesenta minutos” había sido sorprendido en una maniobra que tendía a favorecer a la industria del tabaco, ocultando su perjuicio a la salud. En 1999 se establece una relación con Viacom Inc. de televisión por cable. Westinghouse cuenta con el respaldo de sus asesores financieros JP Morgan & Co (décimo primer grupo en ingresos detrás de Citigroup) y Chemical Banking y es la empresa que, en 1994 —gracias a Domingo Cavallo—, instaló en el Ministerio de Economía el sistema de seguridad que antes había colocado en la Casa Blanca y en la Nasa. Todo un esfuerzo propio del primer mundo. Las tres empresas fusionadas constituyen un imperio que va desde las 15 estaciones de TV abierta a canales por cable infantiles o musicales como MTV y deportivas y fílmicas. Además, 35


posee los estudios cinematográficos Paramount, la cadena de alquiler de videos Blockbuster, la editorial de libros Simon & Schuster, cinco parques temáticos, varios sitios en Internet y participación mayoritaria en Infinity, principal cadena de radio y productora de avisos en la vía pública. La cuarta en discordia es la General Electric, propietaria de la cadena NBC y de su subsidiaria discográfica la RCA que, al adquirir Oulet Communicatios Inc., pasó a pisar fuerte en el mercado competitivo de la información y el entretenimiento. Hay que recordar que la GE era, en 1979, la primera empresa del ranking de negocios y desde 1989 la sexta empresa norteamericana y principal fabricante de armas. En 1995 inició su alianza con Microsoft del super millonario Bill Gates, para un servicio de noticias online llamado NBC Supernet. NBC está asociada a Paxson Communications Corp, dueña de 65 emisoras de televisión, e intenta adquirir Telemundo.

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Una quinta empresa conglomerada la integran Fox y News Corporation (Rupert Murdoch), red que comenzó a funcionar en 1990, antes de la ola de fusiones producida a partir de 1995, y ese año se liga a MCI Communications con negocios en fibra óptica, Internet y comercio online. Posee redes de televisión, divisiones de noticias y deportes, producción de espectáculos, productora y distribuidora cinematográfica (20th Century Fox), revista TV Guide, diarios, libros y videos hogareños, Canal Fox y canales de cable en diversos continentes. Hay muchas más fusiones que concentran el poder comunicacional. Tal es el caso de la famosa ITT, que adquirió la compañía Cablevisión Systems Inc. y el grupo Madison Square Garden. Con la compañía Dow Jones (propietaria del diario financiero The Wall Street Journal) compró el canal público 31 de Nueva York, privatizado en este negocito de 207 millones de dólares. Posee la cadena de hoteles Sheraton, Cigna, además de casinos y está registrada como una compañía de servicios financieros. ITT tiene tres 37


ramas distintas y el grupo industrial opera con componentes de motores, productos electrónicos de defensa y bombas. También se ocupa de seguros... Otro ejemplo lo constituye la licorera Seagram que posee el 15% de Time Warner y adquirió los estudios de la MCA, lo cual la posiciona en el negocio cinematográfico y del video. Todos estos emprendimientos tienen a su vez conexiones internacionales, tanto con empresas de nuestro continente como europeas y japonesas. General Motors vendió su filial Hughes Electronic, propietario del grupo satelital DirecTV (posee los derechos exclusivos del mundial del fútbol), a la también estadounidense Echo Star. A su vez, Hughes concretó vínculos con la empresa italiana Olivetti para controlar el mercado europeo de telecomunicaciones por satélite. El nuevo consorcio Hughes-Olivetti Telecom, con base en Londres, utiliza el satélite Hotstar, apto para transmitir voz, datos e imagen. En el campo de la radiodifusión la Chancellor Broadcasting de los Estados Unidos adquirió las 17 estaciones 38


de la Shamrock Broadcasting Inc., lo cual le permitirá controlar 33 estaciones con un ingreso anual estimado en 185 millones de dólares. En el ámbito gráfico la corporación Gannet, editora entre otros del amarillista USA Today, adquirió el grupo editorial Multimedia, editor de 11 diarios, 49 revistas y propietario de emisoras de radio y cinco redes de televisión. Hacia 1994 la cadena Gannet poseía un capital de 7.000 millones de dólares, dedicando 50 millones anuales a la “educación de los comunicadores” a través de The Freedom Forum, entidad introducida en nuestro país por el periodista Horacio Verbitsky, quien además crea la agrupación de élite denominada Periodistas. La entidad nuclea, entre otros, a Magdalena Ruiz Guiñazú, Mariano Grondona, Nelson Castro, Jorge Lanata, Rosendo Fraga, Tomás Eloy Martínez y Joaquín Morales Solá. En junio de 1997 The Freedom Forum utilizó la sala Gregorio Selser de la Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires para un seminario de su especialidad. El apostolado en defensa de la “libertad de prensa” concluyó para Gannet y The Freedum Forum en diciembre de 2001, en 39


que decidió poner violín en bolsa y volver a la retaguardia patriotera de Washington. Un dato final: en septiembre de 1994 Ralph King firma una nota en The Wall Street Journal en la cual reconoce que

“también está el hecho de que las fuerzas armadas estadounidenses han invertido cientos de millones de dólares en tecnología de redes informáticas, incluida la primera red a gran escala del mundo, Arpanet, que comenzó a funcionar en 1970 en calidad de precursora de Internet

”.

Con posterioridad nace Electronic Data System Corp cuyo fundador, Ross Perot, un multimillonario con veleidades presidenciales le vendió a la General Motors en 1984, transformándose ésta en la compañía norteamericana capaz de controlar las redes internacionales de datos, una interesante aptitud para el complejo industrial-militar-comunicacional-cultural. La aparición de Bill Gates y su Microsoft hizo temblar al mercado de las comunicaciones. No hay que 40


olvidar que de las 100 mayores economías del mundo, 51 no son países sino multinacionales de los países ricos. Pero esa ya es otra historia del capitalismo salvaje, despiadado y hegemónico que encontró el camino despejado para su accionar tras la caída del famoso muro de Berlín y el “desmerengamiento” de la burocracia soviética. Esa aldea global, repartida entre tecnócratas misioneros de Dios conduciendo los siete Jinetes del Apocalipsis, desde la Casa Blanca, y los dueños obedientes de los medios haciendo sus pingües negocios sin importarle hacia donde va la humanidad.

Ricardo Horvath, periodista, autor de Los medios en la neocolonización, Editorial Rescate (1988). La presente nota fue publicada en el mensuario “Enfoques alternativos”, nº 2, abril de 2002.

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ÍNDICE Vayamos a los hechos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 9 Entre la SIP, la CIA y la USIA . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 16 Cómo entrar en una guerra . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 22 De cómo dar credibilidad a un presidente imbécil . . . . . . . 24 El complejo industrial-militar-comunicacional . . . . . . . . . . . 29


el rol de los medios en la guerra imperialista  

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