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¿Existe un nexo entre el Gobierno

y la Prensa de EEUU?

Examen a los artículos de opinión sobre Venezuela publicados en la prensa de EEUU


EXISTE UN NEXO ENTRE EL GOBIERNO Y LA PRENSA DE EEUU. Justin Delacour Agosto, 2006. Impreso en la República Bolivariana de Venezuela. Depósito Legal: lf87120063801351

Directorio Ministro de Comunicación e Información Willian Lara Viceministra de Estrategia Comunicacional Amelia Bustillos Viceministra de Gestión Comunicacional Teresa Maniglia Dirección de Publicaciones Gabriel González Diseño de portada Arvic Calanche / Lissy Chandía Price Diseño de Diagramación y Montaje Lissy Chandía Price Corrección Sol Miguez Ministerio de Comunicación e Información; Av. Universidad, Esq. El Chorro, Torre Ministerial, pisos 9 y 10. Caracas-Venezuela.


Un reciente examen de los artículos de opinión y editoriales relativos a Venezuela en medios de los EEUU revela una marcada adhesión hacia la política exterior de la administración de Bush

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A

l revisar las páginas de opinión de los 25 periódicos más importantes de EEUU, durante los primeros seis meses de 2005, se encuentra que 95% de los, aproximadamente, 100 artículos que tratan sobre política en Venezuela fueron claramente hostiles al presidente democráticamente electo del país, Hugo Chávez Frías.

Distribución de comentarios sobre Venezuela, según posición expresada hacia el gobierno de Chávez (12-1-05 a 12-7-05).

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Las citadas páginas de opinión en EEUU reflejaron al Presidente de Venezuela como demagogo y autócrata, distorsionando los resultados de la política interna y exterior de su gobierno. Estos artículos omitieron el hecho de que el gobierno de Venezuela goza de fuerte apoyo popular, tal como lo evidencia la resonante victoria de Chávez en el referéndum presidencial de agosto de 2004 y otras encuestas recientes. Casi nunca publicaron comentarios de analistas políticos que simpatizaran con las políticas del gobierno de Chávez de masificación de la educación, salud, alimentos subsidiados y sobre los microcréditos destinados a los sectores pobres del país. En ninguna de las páginas editoriales de estos diarios de EEUU uno encuentra comentarios tales como los que formula Julia Buxton sobre el gobierno de Chávez: “(Chávez) ha incorporado a la gente marginada y excluida al proceso político, democratizando (así) el poder” (Venezuelanalysis, 23-04-05).

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El desdén casi total hacia el gobierno de Chávez presente en las páginas editoriales de estos diarios revela profundas contradicciones en la prensa comercial de EEUU. Mientras los periódicos estadounidenses continuamente alaban la globalización económica, se resisten sistemáticamente a diversificar sus artículos en las páginas editoriales. Las juntas editoriales se limitan a imitar la retórica oficialista del gobierno estadounidense en sus páginas. Los diarios estadounidenses se hacen eco de de la retórica oficial sobre “promoción de la democracia” en el exterior, pero se niegan a dar cabida a los articulistas que interpretan la opinión popular en Venezuela. A pesar del hecho de que encuestas recientes indican que Chávez goza de una aprobación interna que sobrepasa 70%, casi todos los comentarios en torno a Venezuela representan los puntos de vista de una pequeña minoría del país, liderada por una élite económica tradicional que insistentemente ha tratado de derrocar al gobierno mediante vías claramente antidemocráticas.

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Al presentar opiniones que son casi exclusivamente hostiles al gobiernote Chávez estas páginas de opinión operan casi como una campaña de adoctrinamiento contra el proyecto político democrático que desafía al dominio político de EEUU sobre Latinoamérica. La casi total ausencia de opiniones con perspectivas alternativas en torno a Venezuela impide a los lectores estadounidenses la posibilidad de sopesar los argumentos alternativos, de modo de que éstos puedan conformar su propia opinión en torno al gobierno de Chávez.

Bombardeo de propaganda anti-Chávez

Las premisas que subyacen a la representación periodística producida por las páginas de opinión en medios estadounidenses, tienden a ser altamente irracionales. El punto de vista predominante de los columnistas estadounidenses es que un prerrequisito natural para poder calificar a un país como “democracia” es su aceptación del liderazgo estadounidense en 8


el hemisferio. Según esta definición, la enfática posición de rechazo a la injerencia de EEUU en América Latina, formulada por el gobierno de Chávez, es caracterizada como “autoritarismo”. Cuando evalúan el gobierno de Venezuela, los columnistas de opinión tienden a desconocer los principios básicos del imperio de la mayoría y de la soberanía popular como principios fundadores de la democracia. Ellos se hacen la vista gorda del apoyo popular que tiene el gobierno de Chávez, impugnando así la legitimidad democrática del gobierno. Al no contar con argumentos para cuestionar el mandato popular de Chávez, los columnistas de opinión en EEUU deshonestamente optan por tildar al presidente de autócrata. Tales representaciones negativas del gobierno venezolano son particularmente comunes en los diarios Miami Herald, Wall Street Journal, Washington Post y Los Angeles Times, que registran más de 75% de comentarios que descalifican al gobierno de Venezuela. 9


Distribución de comentarios hostiles, según periódico (12-1-05 a 12-7-05).

Consistente con el hábito de la prensa estadounidense de personalizar las disputas políticas internacionales con fines propagandísticos, los comentarios en EEUU cuestionan al presidente venezolano colocándolo como un hombre fuerte, tratándolo como si fuera el único y todopoderoso actor político del país. Rara vez los columnistas estadounidenses mencionan la existencia en Venezuela de la democráticamente electa Asamblea Nacional; y mucho menos, señalan su papel legislativo.

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La casi total uniformidad de las caracterizaciones distorsionadas que hacen los columnistas en los diarios estadounidenses revela su naturaleza propagandística. Andres Oppenheimer —el articulista que más frecuentemente ataca al gobierno de Venezuela— llama a Chávez un “hombre fuerte, populista, democráticamente electo” (27-2-05), acusándolo de ser responsable de una “destrucción sistemática de la democracia” (301-05). Del mismo modo, el consejo editorial del Miami Herald opina que la democracia está en mucho mayor riesgo bajo la influencia del régimen de Chávez” (8-5-05). Mary Anastasia O’Grady —la segunda mayor detractora del gobierno de Chávez— etiqueta a éste como un “tirano” (21-1-05) y como un “hombre fuerte” (29-4-05), imputándole haber presidido el colapso de la democracia” (11-0205) en Venezuela. Los editoriales de tres diarios van incluso más allá, sugiriendo que la revista Parade Magazine debería considerar incluir a Chávez en su lista anual de los peores dictadores del mundo (15-2-05). 11


Jackson Diehl, el editor jefe del diario Washington Post, aduce que Chávez está “bien encaminado a destruir lo que fue la más próspera democracia de América Latina (28-3-05). La junta editorial del Washington Times dice que Chávez “quiere ser un dictador”, adjudicándole estar involucrado con el uso de “prácticas antidemocráticas” (29-5-05). Otros grandes periódicos representan al Presidente de Venezuela del mismo modo. El diario Houston Chronicle hace responsable a Chávez de ser un “autócrata” y un “hombre fuerte” (18-2-05), mientras que el Chicago Tribune lo acusa de “autócrata” (25-6-05). El diario San Diego Union-Tribune tilda al líder venezolano de “presidente fuertemente armado” (5-4-05). Jeff Jacoby del Boston Globe critica que Chávez está volviéndose “crecientemente autoritario” (23-605). El diario USA Today editorializa que Chávez “consolida el poder en una forma decididamente antidemocrática” (25-4-05), mientras que el columnista de derecha Robert Novak del Chicago Sun-Times afirma que Chávez está “solidificando 12


su poder dictatorial” (14-2-05). El diario Newark Star-Ledger opina que Chávez ha estado actuando más como un dictador que como un Presidente” (11-6-05).

Distribución de comentarios hostiles, según columnista (12-01-04 a 12-07-05).

Las imputaciones que formula la prensa estadounidense en contra del gobierno de Venezuela son del tenor de las que hace el Jackson Diehl, quien aduce que Chávez “está accionando rápidamente a objeto de eliminar la independencia de los medios y del sistema judicial, criminalizar a la oposición, y establecer un estado de control sobre la economía” (17-105). La mixtura más explícita entre democracia 13


y “políticas de libre mercado patrocinado” se evidencia en la editorial del 14 de julio, en el cual se sostiene que el asalto que hace Chávez contra la propiedad privada no es sino el ultimo escalón al cual ha llegado rápidamente la revolución. Esto es el socavamiento de las bases de la democracia y de la libre empresa” (08-5-05). Mas allá del hecho de que no hay “asaltos contra la propiedad promovidos por el Estado” en Venezuela, el Washington Post y el Miami Herald no hacen esfuerzo alguno por explicar cómo la intervención del Estado en la economía niega las credenciales democráticas del gobierno de Chávez. Hay, de hecho, una larga tradición de políticas desarrollistas de reforma agraria en Venezuela —las mismas que son el sustento de las imputaciones del Washington Post, según las cuales Chávez ataca a la propiedad privada— y que se desprenden de diversos experimentos democráticos de reforma agraria adelantados en países tan diversos como Bolivia, Brasil, Chile y Guatemala.

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Al contrario de la distorsionada caracterización que hacen el Washington Post y el Miami Herald sobre las políticas del gobierno de Chávez, tildándolas de antidemocráticas, dichas políticas son expresión de un rechazo popular evidente hacia las políticas de libre mercado promovidas por EEUU en Venezuela. El único comentario publicado en el Washington Post que es amigable hacia el gobierno de Chávez es el del columnista Harold Mayerson quien astutamente señala que el reciente giro hacia la izquierda ocurrido en Latinoamérica se ha producido de una manera democrática (13-4-05).

“Luego

de las elecciones de Luiz

Ignacio Lula da Silva en Brasil, de Néstor Kirchner en Argentina, y de Hugo Chávez (repetidamente) en Venezuela, una victoria de Andrés Manuel López Obrador en las elecciones presidenciales de su país sería una señal más, una señal descomunal, de que América Latina ha rechazado las políticas económicas de autonomía corporativa, de austeridad en el gasto público y de desconocimiento de los

derechos laborales

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La separación de poderes

Además de ignorar el mandato popular que tiene el gobierno venezolano para implementar sus propias políticas, los columnistas estadounidenses desconocen el papel del la Asamblea Nacional en la formulación de las políticas legislativas, tal como la reciente expansión de la Corte Suprema, y la Ley de Responsabilidad Social en Radio y Televisión. Las páginas de opinión estadounidenses representan erróneamente al presidente de Venezuela como el autor de dichas legislaciones. Por ejemplo, Andrés Oppenheimer del Miami Herald sostiene que Chávez “copó la Suprema Corte con sus adeptos (05-6-05). De forma análoga, Mary Anastasia O’Grady, del Wall Street Journal sostiene que “el presidente ha copado la Corte Suprema al agregar doce nuevos integrantes a lo que antiguamente era un cuerpo de 20” (10-6-05). En realidad, la expansión de la Suprema Corte a cinco cámaras en Venezuela fue un asunto en 16


primer término debatido y luego aprobado por la Asamblea Nacional. Los legisladores favorables al gobierno sostuvieron que con el número existente de jueces no se podían manejar adecuadamente los casos pendientes. (Venezuelanalysis, 17-504). El especialista jurídico venezolano, Carlos Escarrá ha señalado que la Corte Constitucional y las cámaras políticas estaban atiborradas con miles de casos (Venezuelanalysis, 17-05-04). A diferencia de las cortes del sistema estadounidense, cuyas nominaciones las formula el Presidente, y el Congreso vota si los confirma o no, en Venezuela es la Asamblea Nacional la que selecciona a los magistrados de la Corte Suprema de Justicia. Durante el proceso de expandir la Corte, la Asamblea seleccionó 17 nuevos jueces de una lista de 157 candidatos que habían sido preseleccionados por un comité conformado por representantes de las oficinas del Poder Ciudadano, de la Fiscalía General y de la Contraloría General (Radio Nacional de Venezuela 13-12-04). La rigurosa selección de este proceso —por ¿no mencionar la competencia 17


de la Asamblea Nacional sobre el proceso de selección— demuestra lo absurdo del reclamo que hace Oppenheimer según el cual Chávez “copó” de adeptos suyos a la corte venezolana. Los columnistas estadounidense que hacen este ataque a la Corte Suprema evitan explicar el contexto político dentro del cual la Asamblea Nacional votó para incrementar el número de magistrados. Entre los columnistas estadounidenses, sólo el economista progresista Mark Weisbrot ha hecho notar que la Suprema Corte venezolana se ha abstenido de perseguir a los oficiales militares que derrocaron temporalmente al gobierno en abril del 2002 (Miami Herald, 20-12-04). A la luz de la falla de la Corte para defender las instituciones del país de las fuerzas de oposición que de forma violenta e ilegal atentaron para subvertirlas, Weisbrot arguye que no le falta razón a la Asamblea Nacional para decidir expandir el numeró de magistrados (Christian Science Monitor, 8-1104). “Si usted tuviera una Suprema Corte en los EEUU que sentenciara que los ciudadanos que 18


participaron en un golpe militar no pueden ser imputados, el Congreso de EEUU juzgaría a esos jueces”, apunta Weisbrot

Libertad de prensa

Otra afirmación común e incorrecta que puede apreciarse en las columnas de opinión estadounidenses es que la nueva ley de medios de Venezuela —la cual es similar a varias legislaciones de países occidentales— amordaza a los periodistas que son críticos del gobierno. El diario San Diego Union-Tribune aduce que Chávez “ha impuesto sobre la prensa mecanismos de coacción por vía de la Asamblea Nacional (5-5-05). De forma análoga, el Washington Post sostiene que Chávez ha “presionado por aprobar una nueva ley que le permite al gobierno multar o cerrar a medios privados por ofensas vagamente definidas contra el orden público” (14-1-05).Casi haciendo una copia al carbón de editorial del Washington Post, el diario Newark Star-Ledger sostiene que “Chávez presionó para que se 19


aprobaran leyes con el fin de cerrar medios si violaban leyes vagas sobre el orden público” (201-05). En contraste con lo que aducen estos reclamos, un vistazo superficial a las noticias y comentarios que formulan los periódicos, emisoras de radio y de televisión en Venezuela revelan que la prensa privada no duda en censurar al gobierno. Un prominente número de observadores de la política y de los medios venezolanos han resaltado la libertad con la que los medios privados rutinariamente desafían al gobierno de Venezuela. El economista Mark Weisbrot, quien visitó Venezuela esta primavera apunta que en los medios más grandes del país

“habían expertos

comentaristas y supuestos

denigrando

del

gobierno

de

modos que no se estilan en EEUU ni, verdaderamente, en la mayoría de los países

del mundo

(Milwaukee Journal-Sentinel, 19-06-05).

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John Dinges, un profesor de periodismo de Columbia University que recientemente visitó Venezuela, señaló que el país goza de una enérgica, libre y combativa plataforma de medios de radio, televisión y prensa escrita (Miami Herald, 27-7-05). La mayoría de los medios privados en Venezuela son, de hecho, poseídos y controlados por hombres de negocios alineados con la oposición política. Sin embargo, la televisión estatal, muchos medios comunitarios y unos pocos medios impresos privados contradicen las tendencias dominantes dentro de los medios privados, ofreciendo comentarios de mayor sintonía hacia el gobierno. Con el aumento de la demanda de un periodismo no contaminado por las presiones antigubernamentales de los magnates dueños de medios, el nivel promedio de diversidad de opiniones políticas en los medios en Venezuela ahora sobrepasa el existente en EEUU.

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Lejos de ser una “Ley mordaza”, como es apodada en las secciones de opinión estadounidenses, la Ley de Responsabilidad Social en Radio y Televisión principalmente restringe las emisiones diarias de sexo, violencia y profanidad (tal como lo hace la Comisión Federal de Comunicaciones de EEUU). La nueva ley, además, requiere que los operadores de señales otorguen un segmento de tiempo en el aire a los programas producidos por productores independientes, tal como lo hacen leyes similares de las democracias de Occidente. Además de sugerir erróneamente que la ley de medios en Venezuela está dirigida a “amordazar” a los medios privados, los columnistas están asimismo equivocados cuando sostienen que la ley fue “impuesta” por Chávez a la Asamblea Nacional. Los legisladores venezolanos no sólo deliberaron en torno a la ley, sino que consideraron también estudios en profundidad sobre leyes de comunicación existentes en otros países a objeto de preparar la propia. Entre las leyes de comunicación de las que los legisladores 22


obtuvieron inspiración estuvieron las de Inglaterra, Francia, Suiza, España, Argentina, México y EEUU. En relación con el anteproyecto de la ley de medios de Venezuela, las páginas de opinión estadounidenses aplicaron unos estándares extremadamente selectivos para disminuir la independencia legislativa de la Asamblea Nacional. Cuando el Congreso de EEUU, controlado por los Republicanos, pasa un proyecto de ley, y el presidente Bush rubrica dicha Ley, es muy raro que uno encuentre comentarios en la prensa que aduzcan que el Presidente “forzó” la aprobación de dicha Ley valiéndose de un Congreso sumiso. Sin embargo, cuando la Asamblea Nacional de Venezuela, democráticamente electa, asume el complejo proceso de formular una legislación que el Presidente seguidamente rubrica como ley, los columnistas presentan el proceso legislativo del país como si el Estado estuviese manejado por Chávez.

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La conexión Castro: Culpable por asociación

Otro método poco confiable que usan los columnistas de medios estadounidenses es poner al Presidente de Venezuela como un “autócrata”, subrayando su relación con el líder cubano Fidel Castro. En este caso, el principio a partir del cual los columnistas fundan sus argumentos no sólo es ilógico, sino que es aplicado selectivamente. Señalar que la alianza internacional de Venezuela con Cuba es una evidencia de que Venezuela está copiando el modelo cubano no es más lógico que sostener que EEUU se está trasformando en una monarquía, sobre la base de su alianza estratégica internacional con la familia real de Arabia Saudita. Lamentablemente, el deficiente método de clasificar el sistema político de un país sobre la base de sus relaciones internacionales estratégicas es demasiado común en la cobertura de opinión en EEUU. Por ejemplo, al imputar que Chávez está “erosionando las instituciones de las que la democracia depende” la única evidencia que 24


Fred Hiatt, del Washington Post, ofrece es que Chávez “abraza” a Fidel Castro (30-5-05). De modo análogo, la periodista O’Grady, del Journal, etiqueta a Chávez de “castrista” (1-4-05) y sin tener bases aduce que Venezuela es ahora una “provincia de Cuba” (8-7-05). El Washington Post sostiene que el presidente de Venezuela es “un discípulo del presidente cubano Fidel Castro” al tiempo que el diario Houston Chronicle expresa que sus prácticas incluyen imitar al “dictador cubano” (18-2-05). Jim Landers, del diario Dallas Morning News, el 8-5-05 escribe:

“en

Venezuela, Hugo Chávez manda

como el nuevo Fidel, llamando al capitalismo vampiro

Tales comentarios impiden distinguir las diferencias entre los sistemas políticos de Cuba y Venezuela. Los dos gobiernos tienen intereses comunes de contrarrestar el dominio político y económico que EEUU ejerce sobre el hemisferio, y disfrutan de los beneficios de un acuerdo mediante el cual expertos en salud y maestros cubanos asisten a ciudadanos venezolanos 25


desasistidos a cambio de petróleo venezolano a precios preferenciales. Sin embargo, tal como lo advierte el Consejo de Asuntos Hemisféricos (COHA) el nuevo socialismo en Venezuela difiere del “socialismo real” de Cuba en que, el primero, es “significativamente más tolerante de la empresa privada” y considerablemente más experimental en sus aproximaciones de “economía mixta” para alcanzar sus fines concretos (21-6-05). La revolución bolivariana de Venezuela “promueve la intervención privada en la economía aunque tolera los negocios privados y moviliza a la sociedad por medio del partido revolucionario de Chávez, pero permitiendo que los partidos políticos de oposición puedan asimismo hacer proselitismo”, según señala COHA.

¿Es Chávez una fuerza desestabilizadora?

Los columnistas en EEUU señalan además la alianza estratégica de Venezuela con Cuba como una prueba (sin fundamento) de que Chávez 26


desestabiliza al hemisferio, al interferir en asuntos de otros países de América Latina. Por ejemplo, el editor del W. Post Dile escribe:

“Producto de su cercanía cada vez más estrecha con el aparato de seguridad de la Habana, de su impulso agresivo a los movimientos insurgentes en Bolivia y otras partes, y su persistente fortalecimiento del latinoamericanismo, el Presidente electo, pero cada vez más fuertemente autoritario está emergiendo como el sucesor natural del

disminuido Fidel Castro…

(6-6-05).

Además de no suministrar pruebas sobre las acusaciones de que Chávez desestabiliza a Latino América el columnista, de línea dura estadounidense, no logra reconocer la hipocresía de que se acuse a Venezuela de interferir en una región en la que la injerencia de EEUU no es superada por ninguna otra. Los columnistas de EEUU negligentemente desconocen el hecho de que no se ha presentado 27


evidencia sobre la supuesta interferencia de Chávez en Bolivia. Cuando Roger Noriega, el Secretario Asistente de Estado para el Hemisferio Occidental, sugirió que Chávez del algún modo era responsable de las manifestaciones en Bolivia que culminaron con la renuncia del presidente del país, incluso los más fanáticos anti-Chavistas no pudieron encontrar pruebas sobre este hecho. El reportero del Miami Herald, Jane Bussey escribió:

“Los oficiales del gobierno boliviano y los diplomáticos occidentales en la región han declarado al Miami Herald que mientras se diseminan las denuncias sobre la ayuda de Chávez a Evo Morales no existe evidencia empírica sobre tales imputaciones

(8-6-05).

Ni siquiera el presidente expulsado, Carlos Mesa, ha estado dispuesto a apoyar las acusaciones de intervencionismo venezolano.

“Mientras estuve en el cargo yo no recibí información de inteligencia, sobre

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la alegada intervención de Caracas en el conflicto de Bolivia, expresó Mesa al periódico

El Universal (MercoPress, 13-6-05).

A pesar de la falta de evidencia sobre la alegada intervención de Chávez, un editorial aparecido el 22 de abril en el Washington Post señala que Chávez ha promovido un “caos político” en Bolivia. Igualmente, Novak reclama en el Chicago Sun-Times, sin poseer evidencia, que Chávez “pone en riesgo a presidentes inestables en Perú, Ecuador, y se está movilizando para sacar al presidente de Bolivia, tal como lo hizo con su predecesor” (14-2-05). En realidad es el gobierno de Bush, y no el de Chávez, el que es conocido por entrometerse en los asuntos internos de las naciones latinoamericanas. Durante los recientes comicios en Nicaragua (2001), en Bolivia (2002) y en el Salvador (2004), los oficiales de la administración Bush amenazaron abiertamente con penalizar a la población de estos tres países en caso de 29


que eligieran candidatos que se opusieran a las políticas de EEUU. Además, el gobierno de EEUU se ha inmiscuido manifiestamente en la política interna de países de América Latina mediante el financiamiento de organizaciones políticas, a través del la organización National Endowment for Democracy (NED). Más aun, el gobierno de EEUU interviene militarmente en la región por medio de la venta de armas, de la construcción de bases militares estadounidenses y de esfuerzos masivos que apoyan a la contrainsurgencia en Colombia.

Conclusión

A la luz de las frecuentes distorsiones de la gestión del gobierno del presidente Chávez en las páginas de opinión de los diarios de EEUU, a la luz de la irracionalidad evidente de sus argumentos, y de la continua repetición de acusaciones sin sentido en contra del gobierno, sólo puede asumirse que los poderosos grupos económicos que poseen y controlan a los medios en EEUU tienen motivaciones ulteriores para atacar al gobierno de Chávez. 30


La ausencia de atención que le ha dado la prensa de EEUU a la forma en que el gobierno de Chávez ha incorporado a los sectores no privilegiados al proceso político, así como su omisión del hecho de que el gobierno venezolano disfruta de un fuerte apoyo popular, sugiere que la prensa estadounidense no está genuinamente interesada en la democracia. Por el contrario, parece que tanto la administración Bush como los poderos grupos económicos que poseen el control de la prensa en EEUU buscan proteger a los poderosos intereses corporativos de las nuevas corrientes democráticas que están escalando en Latinoamérica. Al contrario de lo que los articulistas y editorialistas aducen, es la profundización de la democracia en Venezuela —y no el autoritarismo— lo que realmente le preocupa a la prensa comercial de EEUU. En uno de los poquísimos comentarios que trata al gobierno de Chávez con ecuanimidad, publicado en Los Angeles Times, el columnista Robert Scheer sintetiza así la hipocresía de la política exterior de EEUU: 31


“El

hecho

es…

que

cuando

las

naciones totalitarias como China y Arabia Saudita siguen el juego que les conviene a los intereses comerciales de EEUU, a nosotros en EEUU nos parecen excelentes esos gobiernos. Pero cuando el presidente venezolano, electo libremente, pone en riesgo los intereses de grupos corporativos poderosos, la administración de Bush lo

trata como un enemigo

(25-1-05).

Tal como lo sugiere esta revisión de la cobertura que se hace sobre Venezuela en las páginas de opinión de los principales diarios de EEUU, el doble estándar sobre democracia empleado por la administración Bush es constantemente coreado por la prensa de EEUU. Mientras estas páginas de opinión rara vez critican a gobiernos autoritarios aliados con la administración de EEUU, vilipendian continuamente al gobierno democrático venezolano de múltiples maneras, sumamente deshonestas. Al perfilar de una manera desagradable su cobertura sobre el gobier32


no de Chávez, la prensa de EEUU exterioriza su poca autonomía del Ejecutivo de EEUU, su sorprendente escasa atención a los hechos, y un nivel de uniformidad política que es sencillamente alucinante.


Bombardeo de propaganda anti-Chávez . . . . . . . . . . . . . . . . . 8 La separación de poderes . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .16 Libertad de prensa . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 19 La conexión Castro: Culpable por asociación . . . . . . . . . . . . 24 ¿Es Chávez una fuerza desestabilizadora? . . . . . . . . . . . . . . . 26 Conclusión . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 30


nexos entre el gobierno y la prensa de eeuu  

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