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REVISTA INTERNACIONAL DE ARTE Y LITERATURA Comisionado Dominicano de Cultura en los Estados Unidos

Ministerio de Cultura de la República Dominicana

AÑO II - NO.2 - ENERO/JUNIO-2015-NUEVA YORK

Franklin Gutiérrez

PANORÁMICA DE LA LITERATURA DOMINICANA EN LOS ESTADOS UN KILÓMETRO DE MAR O RADIOGRAFÍA DE UNA UNIDOS Rubén Sánchez Féliz

SOCIEDAD VIOLENTA Miguel Aníbal Perdomo

LA NOVELA DOMINICANA EN APOGEO

Obra: "A Contraluz"

Autor: Ismael Checo


Comisionado Dominicano de Cultura en los Estados Unidos

Obra: "A contraluz"

Autor: Ismael Checo

Ministerio de Cultura de la RepĂşblica Dominicana


Ministerio de Cultura Comisionado Dominicano de Cultura en los Estados Unidos

REVISTA INTERNACIONAL DE ARTE Y LITERATURA Aテ前 II-ENERO/JUNIO-2015-NUEVA YORK


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▼ INDICE

6 ■ FRANKLIN GUTIERREZ: Panorámica de la literatura dominicana en los

Estados Unidos (Ensayo).

17 ■ BASILIO BELLIARD: Poesía, afectos y angustia (Ensayo).

23 ■ MIGUEL ANIBAL PERDOMO: entrevista a José Mármol Premio Nacio-

nal de Literatura 2013.

34 ■ REY ANDUJAR: Clitemnestra "crisálida" (Cuento). 40 ■ RUBEN SANCHEZ FELIZ: Un Un kilómetro de mar o radiografía de una

sociedad violenta (Ensayo)

44 ■ JOSE ACOSTA: Viaje al día venidero (fragmento), Premio Nacional de Poesía. 48 ■ MIGUEL ANIBAL PERDOMO: "El libro que regresa" (De Los violines gemelos, Premio Nacional de Cuento 2014). 51 ■ KEISELIM A. MONTAS: "Sin lágrimas"(Cuento). 55 ■ MIGUEL ANIBAL PERDOMO: "La novela dominicana en apogeo" (De Ensayos al vapor, Premio Nacional de Ensayo 2014). 57 ■ MANUEL SALVADOR GAUTIER: "GOLIAT" (Cuento). 61 ■ OSIRIS MOSQUEA: Tres poemas. 67 ■ OSIRIS VALLEJO: "¿Volver a casa?" (Cuento).

CONTENIDO

70 ■ FERNANDO BERROA: "Significa sombras" (Cuento).

76 ■ FAUSTO LEONARDO HENRIQUEZ: Poemas de Gemidos del ciervo herido, XXIX Premio Mundial Fernando Rielo de Poesía Mística 2009. 82 ■ TOMAS MODESTO GALAN: Del libro Amor en bicicleta y otros poemas. 85 ■ KIANNY ANTIGUA: Cuatro microrrelatos del libro Extracto.

87 ■ SANTIAGO CAMPO GUTIERREZ: "El cubículo" (Cuento).

92 ■ RAMON PERALTA: Dibujando lo fugaz. (reseña de José Acosta) Cinco poemas de Ramón Peralta. 99 ■ TRES NUEVAS OBRAS DEL COMISIONADO

97 ■ EDUARDO LANTIGUA: "Ya no estaban las palomas" (reseña de José Acosta) 101 ■ PURO TEJADA: Un poeta en Toronto.

104 ■ KARINA PACHECO MEDRANO: Camélidos Andinos.

108 ■ EDGARDO NIEVES MIELES: "Un monstruo no debe tener hermanos" (Cuento). 117 ■ CESAR SANCHEZ BERAS: Haikus para el mundo infantil.

4  ▼  TRAMA

119 ■ ISMAEL CHECO: Biografía.

Revista Internacional de Arte y Literatura


PRESENTACION

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A

las puertas del nuevo milenio, por allá por el año 2000, en los Estados Unidos (y en especial en la ciudad de Nueva York) se vivía un estado de efervescencia particularmente optimista, por lo que representaría, de cara al futuro, el crecimiento de la población latina en los Estados Unidos. Y no era para menos: en 1950 la comunidad de origen hispano tenía una población en los Estados Unidos que no superaba el 1%. Ese porcentaje subió al 10,2% en 1995 y al 14% en 2006, y se estima que crecerá al 24,5% en 2050, aunque datos más actualizados calculan que llegará al 30% para esta última fecha. Sobre la base de estas estadísticas, se hablaba del gran impacto que tendría la literatura en español en esta nación, y el extraordinario mercado que se abriría para el libro en lengua castellana. Nadie imaginaba que a estas alturas, 15 años después, el panorama para el libro en español iba a ser tan desolador. Las tres principales librerías: Lectorum, Macondo y Calíope desaparecieron, el periódico Hoy, que entró al mercado con gran

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TRAMA

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fuerza, compitiendo con El Diario-La Prensa, se fue a pique, y los espacios para el libro y la literatura se han ido estrechando a un ritmo alarmante. Más lamentable aún es ver que en los principales medios de comunicación hispana: Univisión y Telemundo, se les da primacía a las llamadas narco-telenovelas y seriales basados en capos de la droga, y apenas se le concede “una ventanita” a la maravillosa y rica cultura hispana.

PRESENTACION

Ante esto, uno se pregunta: ¿Qué está pasando aquí? ¿Es que la poderosa población latina (subrayo poderosa) no lee, es inculta, no busca resaltar su cultura? ¿O es que nos hemos dejado arrastrar, ingenuamente, hacia este estado de cosas en el que prima el sinsentido? Nosotros pensamos que el mercado del libro en español existe, los escritores están haciendo un trabajo importante, y los lectores están ahí, a la espera de obras de calidad. Sirva nuestra revista Trama para llevar a esos lectores una muestra de ese trabajo literario que está dejando una impronta de valía en esta ciudad y en esta nación. Las revistas, como los espejos, son un reflejo de lo que se hace en términos literarios y artísticos en un época determinada. Con la publicación de la revista internacional de arte y literatura Trama, el Comisionado Dominicano de Cultura en los Estados Unidos busca plantar una semilla en este panorama tan desolador, que contribuya a enriquecernos como personas, con la firme creencia de que el arte, en todas sus manifestaciones, es alimento del espíritu y ente esencial para el desarrollo de los pueblos.

REVISTA INTERNACIONAL DE ARTE Y LITERATURA Año II No.2 ENERO-JUNIO 2015 Nueva York

Director:

Carlos Sánchez

Consejo Editorial:

José Acosta Miguel Aníbal Perdomo Rubén Sánchez Féliz Franklin Gutiérrez Tomás Modesto Galán Fausto Leonardo Henríquez Kianny Antigua Santiago Campo Gutiérrez

Diseño:

M. Oleaga

Portada:

Ismael Checo "A Contraluz"

Contraportada: Ismael Checo "A Contraluz"

Copyright© 2009, Trama es una revista literaria sin fines de lucro del Comisionado Dominicano de Cultura en los Estados Unidos, una dependencia del Ministerio de Cultura de la República Dominicana. Se publica dos veces al año y no se hace responsable por los juicios y opiniones expresados por los autores. Se aceptan colaboraciones en todos los géneros vía correo electrónico (en formato Word y en archivo adjunto): comisionadodecultura@gmail.com

Lic. Carlos Sánchez

Comisionado Dominicano de Cultura en los EE.UU

6  ▼  TRAMA

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ARTES PLASTICAS ▼

Obra: "Dei Conuco"

Autor: Ismael Checo

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▼ ENSAYO

FRANKLIN GUTIERREZ

PANORAMICA

E

l término diáspora está de moda en muchos puntos del planeta. Por ello para un número significativo de dominicanos, sus emigrantes ya no residen en Estados Unidos, Europa, Asia, Latinoamérica o El Caribe, sino en la diáspora. Es como si la palabra “diáspora” fuera el nombre genérico de los múltiples escenarios geográficos extranjeros elegidos por los quisqueyanos para establecerse físicamente. De igual modo, y con la misma propiedad, se habla de literatura dominicana de la diáspora. Y quienes lo hacen remontan los inicios de ese fenómeno literario al año 1965, cuando comienza la hégira masiva de los dominicanos hacia el exterior, especialmente a Nueva York. Sin embargo, inicio esta exposición afirmando, categóricamente, que la literatura dominicana producida en los Estados Unidos tiene más de un siglo de existencia.

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de la Literatura Dominicana

en los Estados Unidos Son los hermanos Pedro y Max Henríquez Ureña los iniciadores de la hoy denominada literatura dominicana de la diáspora. El primero de ellos, Pedro, acompañó a su padre Francisco Henríquez y Carvajal cuando éste, en 1901, fue enviado a los Estados Unidos por el presidente Juan Isidro Jimenes, a negociar la deuda externa dejada por el dictador Francisco Ulises Heureaux al país. Meses después llegaría Max. La primera estadía de los hermanos Henríquez Ureña en los Estados Unidos duró cuatro años (1901-1904). De esa época son las poesías juveniles de Pedro Henríquez Ureña, su estudio crítico dedicado a la obra de D’Annunzio y su primer encuentro con el teatro norteamericano. Otro dominicano notable llegado a los Estados Unidos el primer lustro del siglo XX fue Fabio Fiallo, designado Cónsul Dominicano en Revista Internacional de Arte y Literatura


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ENSAYO ▼ California e invitado especial de la Universidad de Harvard para dictar la prestigiosa cátedra Charles Elliot Norton, entre 1940 y 1941.

Fabio Fiallo.

Pedro Henríquez Ureña.

Nueva York en 1905. Al momento de su arribo a la urbe neoyorquina la obra literaria de Fiallo se reducía al poemario Primavera sentimental (1902). Tres años después apareció su Cuentos frágiles (1908), obra pionera del discurso romántico que acompañaría todo el resto de su producción poética y narrativa. Aunque algunas de las narraciones de Cuentos frágiles como “Ernesto de Anquises“ y “La domadora” habían aparecido en República Dominicana en las revistas Letras y Ciencias (1899) y La Cuna de América (1903), muchas de las historias y el libro en su conjunto aparecieron por primera vez en Nueva York. En 1914 Pedro Henríquez Ureña regresa a Nueva York, ciudad en que permanece hasta 1919. En esa ocasión laboró como corresponsal del periódico Heraldo de Cuba en Washington (1914-1915) y fue redactor del semanario Las Novedades (1915-1916) de Nueva York, donde escribió sobre leyes, costumbres, artes plásticas y teatro. En la imprenta del referido periódico dio a la publicidad la versión definitiva de su pieza teatral El nacimiento de Dionisio (1916). Entre 1917 y 1919 fue profesor de las universidades de Minnesota, Chicago y Revista Internacional de Arte y Literatura

Vale destacar, en el tercer lustro del siglo XX, la integración de varios dominicanos a la dirección del semanario neoyorquino Las Novedades, un tabloide de temas políticos y culturales que acogió positivamente la producción literaria de Fabio Fiallo, José M. Bernard, Manuel Florentino Cestero, Jesusa Alfau de Solalinde, Francisco Henríquez y Carvajal y Manuel de Jesús Galván Velásquez, cuarto hijo del autor de Enriquillo, Manuel de Jesús Galván. Este último en su condición de redactor de dicho semanario mantuvo, entre 1916 y 1918, un interesante espacio denominado “Crónica General” donde comentaba temas políticos, sociales y económicos norteamericanos y latinoamericanos. En muchas de esas crónicas Galván Velásquez arremetió abiertamente contra el entonces presidente norteamericano Woodrow Wilson (1913-1921) por haber ordenado la primera intervención norteamericana a la República Dominicana en 1916. Además censura la presión ejercida por los Estados Unidos sobre Latinoamérica para que países como México, Brasil y Argentina, entre otros, se convirtieran en sus aliados en la primera guerra mundial. El escritor dominicano más prolífico en Nueva York entre 1915 y 1920 fue Manuel Florentino Cestero, con tres obras publicadas: El canto del Cisne (1915), Estados Unidos por dentro (1918) y El amor en Nueva York (1920) El Canto del cisne es un conjunto de ocho cuentos de aliento modernista, como lo sugiere el título, que relatan diferentes aspectos de la vida neoyorquina. El tema general de Estados

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▼ ENSAYO Unidos por dentro es la deshumanización de la sociedad norteamericana. El amor en Nueva York, por su parte, es una novela cuya temática revela la imposibilidad de conquistar plenamente el amor en un medio tan materialista como el norteamericano. De la misma época de Manuel Florentino Cestero, es la producción de Jesusa Alfau Galván de Solalinde, nieta de Manuel de Jesús Galván, quien vivió en Nueva York entre 1916 y 1920. Durante su estadía en la urbe neoyorquina colaboró con periódicos norteamericanos y españoles, especialmente con el semanario Las Novedades, dirigido por su padre, entre 1916 y 1918. Otro libro, curioso y poco divulgado, de Jesusa Alfau Galván es Nomenclatura de los tejidos españoles del siglo XIII, publicado por la Real Academia Española en 1968, donde la autora de Los débiles coteja y describe minuciosamente la gran variedad de tejidos existentes en España en el siglo XIII, resaltando con ello la importancia de la industria textil en el crecimiento económico europeo de los siglos XIII y XV. Posteriormente, en 1925, apareció Cien días en Nueva York (1925), de Gustavo Bergés Bordas (1895-1925). Bergés Bordas, cuya muerte prematura a los 30 años de edad tronchó una voz promisoria de su generación, dejó una obra relativamente valiosa. En Cien días en Nueva York Bergés Bordas sostiene la misma postura crítica de Manuel Florentino Cestero con respecto a la sociedad norteamericana. Aunque publicada en Santo Domingo en 1949 y desconectada totalmente de la problemática política y social estadounidense, Virginia Peña de Bordas escribió la novela Toeya, en Nueva York, una obra de factura indianista,

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en la que Peña de Bordas evoca el dolor y el sufrimiento de los primeros pobladores de Quisqueya. Además de Toeya, Peña de Bordas escribió Atardecer en las montañas, Sombra de pasión, La hora del destino, Amores de Júpiter y Selene, Magia de primavera y El fulgor de las estrellas publicadas póstumamente en 1978 bajo el título Seis Novelas cortas. De ellas Magia de primavera y El Fulgor de una estrella se desarrollan en Nueva York y Long Island. En ese mismo año (1949) apareció el volumen Los cuentos que Nueva York no sabe de la autoría de Ángel Rafael Lamarche, compuesto por catorce historias que recogen las impresiones de su viaje a Nueva York en la cuarta década del siglo XX. En sus cuentos Lamarche coincide con Florentino Cestero y Bergés Bordas en lo referente a las excentricidades de la sociedad norteamericana. Otra figura apreciable de la literatura dominicana en los Estados Unidos de la primera mitad del siglo XX fue Andrés Francisco Requena. En 1938, tras haber publicado el poemario Romancero heroico del generalísimo, en 1937; el libro de ensayo Un paladín de la democracia: el generalísimo Trujillo Molina, en 1938 y la novela Los enemigos de la tierra que narra el desplazamiento del campesino dominicano hacia Santo Domingo, Requena fue nombrado Agregado de la Embajada Dominicana en Chile. Pero, en 1940, poco después de la aparición de otra de sus obras laudatorias a Trujillo, el poemario Romance de Puerto Trujillo, disgustado por las actuaciones de la maquinaria política trujillista, renunció a dicho cargo y se refugió en Cuba. De Cuba se trasladó a los Estados Unidos incorporándose al ejército norteamericano del cual fue expulsado en 1946. En 1948 fundó en Nueva York el periódico Patria, Revista Internacional de Arte y Literatura


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ENSAYO ▼ que le sirvió de tribuna para denunciar los males que afectaban a la sociedad dominicana de entonces. En 1949 firmó su pacto con la muerte al publicar Cementerios sin cruces, novela en la que además de censurar los múltiples crímenes ordenados por Trujillo, ridiculiza y caricaturiza al dictador. A partir de entonces, fue acosado y perseguido por matones del tirano, quienes lo asesinaron en una calle neoyorquina el 2 de octubre de 1952. La producción de este primer grupo de escritores e intelectuales dominicanos en los Estados Unidos es mayormente de orientación política y muchos de los textos de esa época, especialmente los de Manuel de Jesús Galván Velásquez, Manuel Florentino Cestero y Gustavo Bergés Bordas, critican el comportamiento de la sociedad norteamericana, sobre todo, su ambición y su frialdad y, también, su actitud represiva en perjuicio de los países pobres. Esa línea discursiva podría ser, adrede o no, una respuesta a la primera invasión norteamericana a República Dominicana. Importa señalar que la estadía de ese primer grupo de escritores en los Estados Unidos fue temporal y el motivo de su emigración no fue esencialmente económico. El ajusticiamiento Rafael Leonidas Trujillo en 1961 y la Guerra de abril de 1965 introdujeron cambios notorios en la cultura, la política, la literatura y el arte dominicanos hasta entonces controlados por la tiranía trujillista y, al mismo tiempo, generaron una aguda crisis económica y una elevada dosis de inseguridad personal. Ambos factores contribuyeron a que muchos dominicanos, especialmente de las zonas rurales, aprovechando las facilidades ofrecidas por el Departamento de Inmigración y Naturalización de los Estados Unidos, como parte de las negociaciones de paz entre las dos naciones en conflicto, decidieran emigrar hacia Revista Internacional de Arte y Literatura

Manuel de Jesús Galván. Norteamérica, particularmente a Nueva York, y a Venezuela, entre 1965 y 1970. Pero el ansia de superación económica y el escaso nivel cultural de dicho grupo explica, en parte, la ausencia de textos literarios de valía durante ese lustro. Los dominicanos radicados en Nueva York en los años 70 partieron de la premisa falsa de que su distanciamiento de la patria no se prolongaría por más de dos o tres años, tiempo suficiente para producir un buen fajo de dólares e invertirlos en cualquier tipo de negocio les permitiera vivir tranquilamente en su tierra natal. La presencia de la literatura dominicana en el mercado de consumo y en las academias estadounidenses en los 70 fue escasa. Los pocos identificados con el arte y la cultura se reunían en clubes cívicos, culturales y deportivos que emulaban los modelos establecidos en República Dominicana en esa década, cuyo programa de acción perseguía, entre otras cosas, contrarrestar la represión desatada por el gobierno de Joaquín Balaguer contra sus opositores. Importante en ese periodo fue la realización,

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▼ ENSAYO en 1973, en Columbia University, de un taller de poesía conducido por los vates chilenos Nicanor Parra y Humberto Díaz Casanueva, donde participaron los dominicanos Alexis Gómez Rosa y Rafael Núñez Cedeño. Otros dos escritores que compartieron el espacio geográfico neoyorquino con Alexis Gómez Rosa y Rafael Núñez, fueron Chiqui Vicioso y Edgar Paiewonsky. El decenio de los ochenta marca el despegue de la literatura de la diáspora dominicana estadounidense. A ello contribuyó, sin duda, el incremento de la emigración dominicana hacia Norteamérica cuyo número superó la década anterior en más de 150,000 personas. De acuerdo con los censos poblacionales de 1980 y 1990 los dominicanos admitidos legalmente a territorio norteamericano entre 1971 y 1980 fueron 148,135 y entre 1981 y 1990 aumentó a 252,035. Un evento pionero en ese decenio fue el taller literario Rácata en 1982 patrocinado por Hostos Community College en cuya primera versión, dirigida por el poeta puertorriqueño Clemente Soto Vélez, participaron varios dominicanos. En 1983 la Asociación de Clubes y Grupos Culturales de Nueva York auspició la publicación de la primera antología de poetas dominicanos residentes en la ciudad de Nueva York, titulada Niveles del imán. Surgieron también las agrupaciones literarias Círculo de Escritores Dominicanos (1983), el Colectivo de Escritores Dominicanos el (1984), el grupo Pensum (1984), las revistas Letras e imágenes (1981), Alcance (1982), e Inquietudes (1984). En 1985 Daisy Cocco De Fillipis, autora en 1982 de Estudios semióticos de poesía dominicana, entra en contacto con el ambiente literario de Washington Heights. De ella y Emma

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Jane Robinett es la primera compilación bilingüe de poetas dominicanos en Nueva York, titulada Poemas del exilio y otras inquietudes (1988), así como numerosas antologías y compilaciones que resaltan el quehacer literario de la mujer dominicana, tanto en los Estados Unidos como en la República Dominicana. El género más cultivado fue poesía y los temas predominantes eran la evocación a la patria dejada atrás y el impacto emocional producido por la sociedad Norteamérica en muchos de estos escritores recién llegados. Uno de los autores que posiblemente mejor retrata ambos sentimientos es Héctor Rivera en su poema “Los emigrantes del siglo” incluido en sus poemario Biografía del silencio (1983) En ese texto Rivera entiende el exilio como una punzada taladrante que destroza la intimidad del ser humano hasta dejarlo divagando en un espacio físico indeterminado e inalcanzable:

Nosotros los emigrantes del siglo vagaremos con un pedazo de tierra colgado del pecho sin un sitio que remplace la nostalgia miraremos siempre distantes dibujando en nuestros ojos lacerados por rascacielos nuestra última noción de patria.

Si los ochenta marcan el arranque Revista Internacional de Arte y Literatura


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ENSAYO ▼ definitivo, los 90 definen la literatura de la diáspora dominicana estadounidense por varias razones. Primero, el crecimiento acelerado de la emigración quisqueyana hacia Norteamérica. El censo poblacional del 2000 establece la cifra de 406,806 dominicanos solamente en el Estado de Nueva York. Ese monto casi triplica la cantidad de emigrantes de los 80. Segundo, la composición social de los más recientes grupos de emigrantes. La emigración de los 90 y del presente ya no sólo incluye compatriotas de las zonas rurales sin formación académica, ni tampoco a los que después del ajusticiamiento del dictador Rafael Leonidas Trujillo y la llegada al poder de Joaquín Balaguer salieron de la República Dominicana por represión política o persecución ideológica, sino también profesionales de todas las áreas de conocimiento. En lo referente la literatura producida actualmente, esta difiere sustancialmente de la escrita en los 70 y 80, tanto cualitativa como cuantitativamente. Ello se debe, primero, al asentamiento en Nueva York y Estados aledaños de numerosos intelectuales, académicos, periodistas y escritores nacionales desde 1990 hasta el presente y, segundo, a la existencia de segundas y terceras generaciones de dominicanos nacidos y formados académicamente en los Estados Unidos que están incursionando en el terreno de las letras. Muestra del avance vertiginoso del referido movimiento literario es la aparición de Historias de Washington Heights y otros rincones de mundos (1993), preparada por Daisy Cocco De Filippis y Franklin Gutiérrez y Tertuliando/ Hanging Out, Dominicanas and Friends (1997), de la misma autora. A estas sigue, La palabra como cuerpo del delito (2001), de Diógenes Abreu y Dagoberto López. Los autores Revista Internacional de Arte y Literatura

Ilustración: M. OLEAGA

predominantes en esa década fueron Héctor Amarante, Juan Rivero, Viriato Sención, Julia Alvarez, Félix Darío Mendoza, Tomás Modesto, Juan Torres, Elba Doménech Soto, José Moya, Ramón A. Ramírez Báez, Francisco Rodríguez de León y Dinorah Coronado. La poesía, el género más cultivado en las letras dominicanas, tiene representantes de valía en Miguel Aníbal Perdomo, Juan Rivero, Rei Berroa, Norberto James Rawlings, Miriam Ventura, Carlos Rodríguez, Alexis Gómez Rosa, Medar Serrata, León Félix Batista, Jorge Piña, José Alejandro Peña, José Acosta, Marianela Medrano, Yrene Santos, Luis Manuel Ledesma, Fernando Valerio Holguín, César Sánchez Beras, Médar Serrata, Diógenes Abreu, Dagoberto López, Teonilda Madera, Juan Matos, Claribel Díaz, Frank Martínez, Diógenes Nina, Eloy Alberto Tejera.

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▼ ENSAYO dominicanos de los 70 para tornarse en un lugar real, en un medio donde hay que vencer la discriminación racial, satisfacer las necesidades de subsistencia y los conflictos de identidad que desde hace un par de lustros comenzaron a aflorar en las generaciones de los nacidos en Nueva York quince o veinte años atrás.

Menos cultivada que la poesía, es la narrativa corta, en ese género sobresalen: Santiago Campo Gutiérrez, Ynoemia Villar, Viriato Sención, Juan Torres, Tomás Modesto Galán, Angel Garrido, Juan Rivero, José Acosta, Marisela Rizik, Fernando Valerio Holguín y René Rodríguez Soriano. La narrativa y poesía de la diáspora dominicana neoyorquina de los 90 se aleja, en gran medida, de la melancolía y la nostalgia por la patria exhibida por los escritores de las dos décadas anteriores. Se observa en estos autores un marcado interés por la problemática propia del espacio geográfico y social donde desarrollan sus vidas cotidianas. Nueva York deja de ser la ciudad perfecta, la fuente de producción de dólares, de enormes rascacielos y luces deslumbrantes idealiza por los inmigrantes

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Un hecho singular de los 90 es la incorporación del ensayo sociológico e histórico a la bibliografía dominicana de la diáspora. Antes de los 90 los géneros cultivados eran poesía, cuento y novela, muchos de cuyos textos abordan mayormente el tema de la emigración desde una óptica artística con predominio de la evocación a la patria y el dolor espiritual de vivir en el exilio. Pero la madurez de esa emigración dominicana, que ya arribaba a la cuarta décadas, ofreció a historiadores, sociólogos y ensayistas material suficiente para analizar la realidad social dominicana en los Estados Unidos desde diferentes perspectivas: cultural, económica, política y educacional. Dentro de esa tendencia vale ponderar a Daisy Cocco De Filippis, Ramona Hernández, Silvio Torres-Saillant, Francisco Rodríguez de León, Antonio Méndez, Francisco Chapman, Miguel Aníbal Perdomo, Miguel Espaillat, Orlando Alba, Diógenes Abreu, Rafael Núñez Cedeño, Erasmo Lara, Luis Alvarez, Ramón Espínola y José C. Novas. Un número sustancioso de voces nuevas ha entrado al ambiente literario de la diáspora dominicana estadounidense en esta primera década del siglo XXI. Osiris Vallejo, Rubén Sánchez, Dinorah Coronado, Eduardo Lantigua, Keiselim Montás, Claribel Díaz, Jimmy Valdez, Kianny Antigua, Daniel Baruc Espinal Rivera, Félix García, Osiris Mosquea, Karina Rieke, Ivelisse Fanith, Eunice Castillo, Norma Féliz, Revista Internacional de Arte y Literatura


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ENSAYO ▼

Elsa Batista y María Palitachi, son las más descollantes.

APORTES El aporte de los escritores dominicanos de la diáspora a las letras dominicanas está avalado por los múltiples e importantes galardones, tanto nacionales como internacionales, obtenidos por varios de ellos. Miguel Aníbal Perdomo, es Premio Nacional en los géneros poesía (2003), ensayo (2006) y cuento (2007); José Acosta, de poesía (1994), novela (2005) y cuento (2005); César Sánchez Beras, de poesía (2004) y de literatura infantil (2004); Angel Garrido, de novela (2003); Franklin Gutiérrez, de ensayo (1999). Por su parte, Osiris Vallejo, Keiselím Montás, Dinorah Coronado, Rubén Sánchez, Antonio Méndez, Diógenes Abreu, Frank Disla, Daniel Baruc Espinal Rivera, Esteban Torres, Rey Andújar, Juan Carlos Campos (Koldo) y Jimmy Revista Internacional de Arte y Literatura

Valdez son receptores del premio Letras de Ultramar, otorgado por el Comisionado Dominicano de Cultura en los Estados Unidos, en los géneros poesía, cuento, novela, ensayo y teatro respectivamente. Rubén Sánchez también obtuvo recientemente el premio de novela y el tercer lugar en ensayo del concurso literario de la Fundación Global Democracia y Desarrollo (Funglode). En ese mismo premio Kianny Antigua ha sido premiada en tres ocasiones con un segundo y dos menciones de honor en el género cuento y Keiselim Montás, segundo lugar en cuento. Dinorah Coronado, por su parte, es premio de literatura infantil de la editorial española SM (2007). En el premio de la Universidad Central del Este, Rubén Sánchez ha sido premiado en novela y César Sánchez Beras, en poesía. José Acosta le ha puesto una gran corona a la literatura dominicana de la diáspora al obtener el premio Casa de

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▼ ENSAYO las Américas para escritores latinos residentes en los Estados Unidos. Y Rey Andújar, uno de nuestros grandes valores de la narrativa de corto y largo aliento, residente en Chicago, y receptor de numerosos galardones dominicanos y foráneos, acaba de llevarse el premio Alba de novela otorgado en Cuba y patrocinado por la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América. Uno de los más novedosos de los acontecimientos literarios dominicanos en los Estados Unidos es la aparición de un grupo de escritores, algunos llegados muy jóvenes a Nueva York y otros nacidos en esa u otras ciudades norteamericanas, que ha adoptado el inglés como lengua literaria y cuyas obras, esencialmente novelas, son promovidas por importantes editoras y por los más destacados medios de comunicación estadounidenses. El grupo lo encabeza Julia Alvarez y le sigue en orden de importancia Junot Díaz, cuya novela La breve y maravillosa vida de Oscar Wao (The Brief Wondrous Life of Oscar Wao) recibió el premio Pulitzer en el 2008. Tres nuevas narradoras dominicanas que escriben en inglés surgieron posteriormente a Julia y Junot, ellas son: Loida Maritza Pérez, Angie Cruz y Nelly Rosario. La poesía tiene cultivadores como Rhina Espaillat, llegada de La Vega a Nueva York en 1939 a los siete años de edad, pero inédita hasta 1992. Hay otros que escriben mayormente en español, pero también han incursionado en la escritura en inglés, entre ellos se destacan Diógenes Abreu, Marianela Medrano, Virginia Moore, Josefina Báez y muchos otros jóvenes que en un futuro no lejano serán parte de esta historia de la literatura dominicana de la diáspora que apenas comienza a gestarse.

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ESTADISTICAS El año pasado (2014) publiqué, conjuntamente con Sarah Aponte, directora de la biblioteca del Instituto de Estudios Dominicanos, una obra titulada Autores dominicanos de la diáspora: apuntes biobibliográficos 1902-2012, con la finalidad dotar a las bibliotecas, a los centros de investigación, a los académicos, y a los propios escritores de una herramientas eficaz para el estudio de la producción bibliográfica literaria dominicana en el exterior. De ella proceden los datos que ofrezco a continuación: PUBLICACIONES DE AUTORES DOMINICANOS EN EL EXTRANJERO: 1902-1012

1902-1910

8

1911-1920

15

1921-1930

11

1931-1940

23

1941-1950

10

1951-1960

5

1961-1970

7

1971-1980

30

1981-1990

134

1991-2000

243

2001-2012

551

TOTAL

1037

Revista Internacional de Arte y Literatura


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ENSAYO ▼ PUBLICACIONES DE AUTORES DOMINICANOS EN EL EXTRANJERO SEGUN GENERO LITERARIO, 1002-2012

BIBLIOGRAFIA

3

GUIA-REFERENCIA

5

BIOGRAFIA

7

TEATRO

12

LITERATURA INFANTIL

38

ANTOLOGIA/COPILACION

74

CUENTO

84

NOVELA

107

ENSAYO

354

POESIA

373

TOTAL

1057

AUTORES DOMINICANOS RESIDENTES EN EL EXTRANJERO, POR GENERO 1901-2012

HOMBRES

128

MUJERES

101

Se licenció en Educación y Letras en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, en 1975. Tiene una maestría y un doctorado en Literatura Hispanoamericana y Caribeña, ambos de The City University of New York. Pertenece al Consejo de Educadores Dominicanos y a la Asociación de Estudios Dominicanos. Sus investigaciones literarias, ensayos críticos, cuentos y poemas han aparecido en enciclopedias, suplementos, revistas y antologías literarias dominicanas y extranjeras. Es profesor de Lengua Española y Literatura Latinoamericana en The City University of New York (recinto York College) desde 1988. En el año 2000 su libro Enriquillo: radiografía de un héroe galvaniano obtuvo el Premio Nacional de Ensayo otorgado por la Secretaría de Estado de Educación y Cultura de República Dominicana. Sus aportes a la cultura y la literatura dominicana fueron reconocidos, en el 2005, con el más alto honor que concede el gobierno dominicano a los ciudadanos notables del país: la orden de los padres de la patria: Duarte, Sánchez y Mella, en el grado de Comendador. Posteriormente recibió el premio Personalidad Cultural Dominicana 2008, otorgado por la Secretaría de Estado de Cultura de República Dominicana. Es coautor de las obras Enciclopedia Ilustrada de República Dominicana y Enciclopedia del Español en los Estados Unidos. Su poema "Helen" fue incluido recientemente (2010) en The Norton Anthology of Latino Literature. En el 2009 una calle de la Plaza de la Cultura, en Santo Domingo, fue bautizada con su nombre y, en el 2011, el Ministerio de Cultura de la República Dominicana junto al Comisionado Dominicano de Cultura en los Estados Unidos, le dedicaron la V Feria del Libro Dominicano en Nueva York.

■ Franklin Gutiérrez es un escritor dominicano nacido en Santiago de los Caballeros, República Franklin Gutiérrez es una de las figuras más Dominicana, el 25 de enero de 1951 (64 años). prestantes de la investigación literaria dominicana Ensayista, investigador literario, narrador, poeta contemporánea y uno de los más profundos conocedores y divulgadores de la literatura y la y educador. cultura dominicana de la diáspora.▼ Revista Internacional de Arte y Literatura

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▼ ARTES PLASTICAS

Obra: "Jaleo"

Autor: Ismael Checo

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ENSAYO ▼

BASILIO BELLIARD

POESIA, afectos y angustias

“La poesía es la religión natural del hombre” (Novalis) “La poesía es secreto hablado, que necesita escribirse para fijarse, pero no para producirse” (María Zambrano) “La poesía es el triunfo de la contemplación” (Benedetto Croce)

E

l poeta, al nombrar el mundo en el tiempo y querer aprehender lo real por la palabra, se embarga de un sentimiento de angustia, ante la muerte y la soledad. El suicidio y la muerte lo reducen y aterran. El poeta busca reconciliarse consigo mismo y con el mundo real; el filósofo, en cambio, intenta explicar el fenómeno de la angustia y su naturaleza, y el más allá de la muerte. Aquél le canta a la muerte, mientras que éste trata de encontrar el sentido de la muerte. La angustia en el poeta adopta una fuerza psicológica al intentar desentrañar el misterio y el enigma del mundo y de la vida. Además, se angustia ante la Revista Internacional de Arte y Literatura

presencia inexorable y dramática de la muerte, ante el dolor de la desaparición del cuerpo, ante la descomposición de la carne, ante el fin de la belleza y ante la perplejidad del tránsito a la otra orilla o al fin de la muerte. En resumen: el poeta aspira a encarnar la expresión más pura de la existencia humana. La angustia poética nace –o se desprendede la búsqueda del poeta por alcanzar la perfección, la trascendencia y la plenitud de su obra: la consagración de su inspiración o estro creador. La sensación de desamparo ante el mundo y de irreconciliación con su ser provocan en su espíritu interior una carencia y

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▼ ENSAYO La angustia aparece en la conciencia poética cuando se enfrenta a la soledad, poniendo en crisis la voluntad; es consustancial a la poesía y al poeta porque siempre acompaña todo proceso de creación. O tal vez hay angustia porque hay ya un principio de voluntad. Lo cierto es que angustia y voluntad se implican. “Y la voluntad requiere soledad, es anticontemplativa“ (Zambrano 1998, 88). La poesía no tiene poder de voluntad, ni aspira a tenerla: no tiene conciencia de poder. ¿No reside acaso en esto el rechazo que sufrió de Platón? “Y por eso es padecimiento y sacrificio. Es creación, en suma. Y por eso es inspiración, llamada, ímpetu divino. Y justicia caritativa; ocasión tendida hacia lo que no logró ser, para que al fin sea. Continuidad de la creación” (Zambrano 1998, 89). un desarraigo ontológico sin remedio, que lo abisma en su soledad existencial. El poeta, en su búsqueda de absoluto, cae en la angustia. “La angustia, que parece ser la raíz originaria de la metafísica” (Zambrano 1998, 86). La poesía busca una forma, una plenitud, en medio del vacío, una expresión para salir de sí, y, al no encontrarla, el poeta se abisma en la angustia. Pero ese sentimiento de angustia tiene además su explicación en una búsqueda de perfección, cuando el poeta intenta escribir el poema perfecto, acabado, circular. En tal virtud, María Zambrano señala: Y la angustia no se resuelve sino a un pensamiento que es acción, a un pensar que se pone en marcha porque es lo único que puede poner en marcha el ser angustiado, porque es lo único que tiene para afianzarse. Desde la duda cartesiana, la angustia era el final indeclinable (Zambrano 1998, 88).

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El poeta se angustia porque busca su salvación por la palabra, y porque nunca se siente satisfecho con el producto artificial de su mente creadora, de su espíritu intelectual, y esto le genera incertidumbre. La angustia subyace, pues, en el fondo de toda poesía, y se expresa en el temor de no decir lo que dice. “La angustia es una categoría del espíritu que sueña, y en cuanto tal pertenece, en propiedad temática, a la Sicología” (Kierkegaard 1965, 90). Así pues, la angustia es un estado del ser correspondiente además a la psicología del arte, en cuanto a que el sujeto poético siente una sensación de culpabilidad que genera en él una impotencia creativa. El sentimiento de angustia aparece cuando se plantea una prohibición frente a la libertad de creación. Dicha prohibición paraliza el deseo y el impulso de toda creación estética, erosionando la inocencia. Libertad y angustia, inocencia y experiencia pugnan entre sí dentro del espíritu creador. En ese sentido, el pensador danés Soren Kierkegaard, señala: Revista Internacional de Arte y Literatura


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ENSAYO ▼ El espíritu no puede librarse de sí mismo; tampoco puede aferrarse a sí mismo mientras se tenga a sí mismo fuera de sí mismo; el hombre tampoco puede hundirse en lo vegetativo, ya que está determinado como espíritu; tampoco puede ahuyentar la angustia, porque la ama; y propiamente no la puede amar, porque la huye. Aquí nos encontramos con la inocencia en su misma cúspide. Es ignorancia, pero no una brutalidad animalesca, sino una ignorancia que viene determinada por el espíritu, aunque en realidad es angustia, pues su ignorancia gira en torno a la nada (Kierkegaard,1965, 94). Como se ve, la nada es el objeto de todo sentimiento de angustia. Su presencia está asociada al pecado cristiano y al paganismo. Más aún, al destino humano, a la muerte de la carne, a la desaparición física del cuerpo, al fin de la vida. Sin la idea de la muerte no existiría la angustia. El hombre vive en ansiedad angustiosa porque existe la muerte o la inevitabilidad de su presencia. “En el hombre sin espiritualidad no hay ninguna angustia; es un hombre demasiado feliz y está demasiado satisfecho y falto de espíritu como para poder angustiarse” (Kierkegaard 1965, 180). La angustia habita en el hombre arreligioso y sin espíritu. El fin del placer es el inicio del dolor. Pero, previo al dolor de la enfermedad como preámbulo de la muerte, está la presencia de la angustia consciente. Para los cristianos –ya se sabe- la angustia es la madre del pecado, pues el hombre creyente vive en un constante combate con el pecado de la culpabilidad, antes del paso a la muerte, que es el camino a la eternidad. La vida como destino es la raíz de la convicción cristiana y de la fe en Dios. La idea de la eternidad pelea con la nada, que es la madre de la angustia. En ese orden de ideas, Kierkergaard afirma:

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Por tanto, el destino es la nada de la angustia. Es una nada, ya que la angustia desaparece tan pronto como entra en escena el espíritu, pero entonces también desaparece el destino, pues su lugar lo vienen a ocupar la Providencia … En el destino, pues, encuentra la angustia del pagano su objeto, su nada. El pagano no puede entrar en relación con el destino, pues este tan pronto es lo necesario como es lo casual. Y, sin embargo, está en relación con él, y esta relación es la angustia. El pagano ya no puede estar más cerca del destino (Kierkegaard 1965, 183). El espíritu creador del poeta se angustia en el horizonte de su destino y frente a la trascendencia de su obra poética. La convicción

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▼ ENSAYO palabra y, al no poder hacerlo, se angustia. Tampoco puede comprenderse y, por tanto, se hunde, se abisma, impedido de huir, en su vana tentativa por reconciliarse con su ser, en su búsqueda de plenitud, o de completitud. El impulso poético siente angustia de sí y trata de liberarse de la caída en la nada, refugiándose en la escritura. Sustancia de pensamiento y materia de reflexión, la filosofía, en cambio, elige el camino del conocimiento. En ese orden de ideas, María Zambrano resalta:

de su empresa creadora entra en el territorio de la incomprensión, y de ahí que se sienta que está creando una obra única, eterna y trascedente. El poeta cae en un estado de espíritu que lo abisma en el misterio de la creación. La angustia está determinada por el destino de la obra, y esta sensación genera un estado de remordimiento y de incertidumbre. El camino de la perfección de la creación artística, por ser en soledad, es un camino tortuoso y espinoso, y por tanto, sujeto a la angustia teleológica. En la edificación de su obra, el poeta siente una sensación de tiempo perdido, y esta sensación depara en su espíritu creativo, en un vacío de angustia, pero en sí misma también es vital en todo acto de ficción poética. Salta a la vista que la angustia ha producido grandes obras literarias. La búsqueda del ser conduce a la nada, y esa búsqueda genera angustia, desde el punto de vista de la psicología del arte. De ahí que lo psíquico y lo ontológico entran en escena, en una síntesis recíproca. El espíritu poético intenta librarse de sí mismo por la

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En la angustia no existe el otro. Y en la angustia del poeta sí, sí existe ya algo que él se ve forzado a crear, porque se ha enamorado de su presencia sin verla, y para verla y gozarla la tiene que buscar. El poeta está enamorado de la presencia de algo que no tiene y como no lo tiene, lo ha de traer (Zambrano 1998, 95). El poeta crea a partir de la angustia, de un rapto, de un vértigo, de un temblor lírico. Así pues, Zambrano sentencia de nuevo: Y sin angustia, el poeta no recorrería el camino que va desde el sueño –ese sueño que hay bajo toda poesía- y que es el sueño que hay bajo toda vida. No saldría el poeta de ese sueño de la inocencia, si no es por la angustia (Zambrano 1998, 95). La poesía es un viaje a la lucidez y la filosofía, un viaje a la sabiduría. La primera busca el aliento, la luz: se alimenta del sueño, toma fuerza en la vigilia; explora en la luz de la inocencia, donde adquiere experiencia de libertad. La poesía permite la reconciliación del hombre con su inocencia primigenia. El pensamiento le sirve al poeta de acercamiento a lo fantástico y a lo imaginario, en el reino de lo onírico. El poeta anhela la salvación por la palabra; el filósofo Revista Internacional de Arte y Literatura


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ENSAYO ▼ persigue, en cambio, su salvación no por la inocencia sino por la experiencia intelectual. El filósofo odia el sueño; el poeta vive en él: lo busca, lo seduce, lo explora, reconciliándose en su mundo y su potencia creadora. Los poetas románticos hicieron del sueño su Dios creador. De ahí que el poeta romántico Novalis le escribió un Himno a la noche. El poeta dibuja su mundo con los materiales del sueño y desde el corazón de la angustia creativa: busca en el sueño, el espejo de sus demonios inspiradores de imágenes. Encuentra en la angustia el rostro del sueño. “Por eso es melancolía. Melancolía que borra en seguida la angustia. El poeta no vive propiamente en la angustia, sino en la melancolía” (Zambrano 1998, 97). La melancolía está asociada al genio, al filósofo, al poeta y a todo hombre sabio. ¿Por qué razón –se pregunta Aristótelestodos aquellos que han sido hombres de excepción, bien en lo que respecta a la filosofía, o bien a la ciencia del Estado, la poesía o las artes resultan ser claramente melancólicos, y algunos hasta el punto de hallarse atrapados por las enfermedades provocadas por la bilis negra, tal y como explican, de entre los relatos de tema heroicos, aquellos dedicados a Heracles? (Aristóteles, 2007, 79). La peculiar pose de la melancolía es típica de todo pensador o poeta, apoyando su mentón -o la cara- en la palma de una mano, o con el puño hundido en la mejilla, como en las fotos de César Vallejo, Walter Benjamín, etc., o como representa Auguste Rodin al filósofo, en su célebre escultura llamada El pensador, arquetipo de la figura del filósofo. La angustia está presente de manera indisoluble en todo espíritu artístico, en su búsqueda de perfección estética y lucidez. La angustia es la cárcel del Revista Internacional de Arte y Literatura

ser poético, en su lucha con la voluntad de la libertad. “Y queda la poesía ligada a su sueño primero por la melancolía, melancolía que hace volver en su busca para precisarlo, para realizarlo. La poesía busca realizar la inocencia, transformarla en vida y conciencia: en palabra, en eternidad” (Aristóteles 2007, 97). La poesía bebe, se alimenta de la inocencia, que se transforma en materia de su canto; es un camino inteligible hecho de palabras aladas. Es comunión, búsqueda de soledad que intenta alcanzar no el origen sino la plenitud del ser. En síntesis, la poesía trata de comunicar la experiencia sensible y perceptiva de la inocencia primigenia. La filosofía huye del sueño y se matrimonia con la vigilia reflexiva. “El filósofo vive hacia adelante, alejándose del origen, buscándose a ´sí mismo´ en la soledad, alejándose de los hombres. El poeta se desvive, alejándose de su posible ´sí mismo´, por amor al origen” (Zambrano 1998, 98). Como nos dice la filósofa María Zambrano: Poeta es el hombre devorado por la nostalgia de estos espacios, asfixiada más que ningún otro por la estrechez del que se nos da, ávido de realidad, de intimidad con todas sus formas posibles. La poesía pretende ser un conjuro para descubrir esa realidad, cuya huella enmarañada encuentra en la angustia que precede a la creación. Y de ahí, el espejismo que le ha hecho sentir el poeta moderno la nostalgia de su infancia, y que ha producido en muchos críticos o teorizantes la idea de que la poesía sea levadura de la infancia (Zambrano 2000, 47). La poesía es lucha contra el silencio, y esa tensión psicológica provoca en el poeta una imagen ansiosa. La ansiedad en la búsqueda de la palabra justa, de la metáfora feliz, siembra

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▼ ENSAYO en la conciencia poética un tiempo de nostalgia. “Porque solamente siendo a la vez pensamiento, imagen, ritmo y silencio parece que puede recuperar la palabra su inocencia perdida, y ser entonces pura acción, palabra creadora” (Zambrano 2000, 49). Como representación de la imaginación, la poesía coquetea con la locura, y, al elevarse más allá de lo temporal, se vuelve enfermedad de la conciencia que perturba la memoria. En tanto expresión estética de la vida psíquica, la poesía representa, además, estados de percepción que bordean el límite de la conciencia. “En las obras de la imaginación poética imperan, pues, leyes psicológicas. Estas obras están configuradas por los sentimientos, que a su vez excitan. De ahí que la verdadera poesía sea una poderosa vitalidad, aunque inaccesible para la razón” (Dilthey 1961, 258).

BIBLIOGRAFIA Aristóteles. El hombre de genio y la melancolía (Problema XXX), Editorial Acantilado, Barcelona, España, 2007. Dilthey, Wilhem. Poética. Editorial Losada, Buenos Aires, Argentina, 1961. Kierkegaar, Soren. El concepto de la angustia. Ediciones Guadarrama, Madrid, España, 1965. Zambrano, María. Filosofía y poesía. Fondo de Cultura Económica, México, 1998.

■ Basilio Belliard, Moca, República Dominicana, 1966. Es poeta, ensayista y crítico literario. Estudió filosofía y letras en la Universidad Autónoma de

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Santo Domingo, donde enseña para las Facultades de Artes y de Letras. Textos suyos aparecen en las antologías: Miroirs de la Caraibe: douze poetes de Saint Domingue y Juego de imágenes: nueva poesía dominicana así como en las revistas Caribe (Marquette University), Hispanic Culture Review  (George Mason University), Cuadernos de poética y las revistas mexicanas: Tinta seca, Blanco móvil  y Crítica. Es autor de las obras: Diario del autófago (poesía, 1997), Vuelos de la memoria (poesía y ensayo, 1999), La espiral sonora: Antología del poema en prosa en Santo Domingo, 1900-2000 (2003), Poética de la palabra. Ensayos de teoría literaria (2005), Sueño escrito (Premio Nacional de Poesía, 2002), Balada del ermitaño y otros poemas (2007), Los pliegues del bosque (2008), Piel del aire (2011), Oficio de arena (minificciones, 2011), Soberanía de la pasión (ensayo, 2012) y El imperio de la intuición (ensayo, 2013).  Ha editado los libros: La narrativa de Avelino Stanley (2006) y El búho y la luna. Entrevistas a José Mármol (2005). Ha sido coeditor de varios volúmenes: con Alexander Meléndez y Mario Ulate: Puentes de palabras. Compilación de poesías costarricenses y dominicanas (2006); con Rafael Courtoisie: Plata Caribe. Poetas dominicanos y uruguayos (2007); con Floriano Martins: Máscara de Orfeo. Poesía dominicana y brasileña; con Florencia Castellanos:Quedar en lo cantado. Poesía dominicana y argentina; con José Mármol: Antología de poesía de la República Dominicana; con Gahston Saint-Fleure: Palabras de una isla. Antología de la poesía dominicana y haitiana. Actualmente es Director de Gestión Literaria del Ministerio de Cultura y Director de la revista País Cultural. Poemas suyos han sido traducidos al francés, portugués e italiano.▼ Revista Internacional de Arte y Literatura


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ENTREVISTA ▼ MIGUEL ANIBAL PERDOMO

En tu caso, ¿dirías que al nacer traías unas cualidades específicas para el oficio? ¿Cuándo empezaste a sentir la llamada de la Diosa?

UNA ENTREVISTA CON

JOSE MARMOL Premio Nacional De Literatura 2013

Revista Internacional de Arte y Literatura

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▼ ENTREVISTA MAP: Durante mucho tiempo se pensó que el poeta nace, y para los románticos era una especie de dios o profeta. Sin embargo, las teorías socialistas del siglo XX decidieron que el poeta era un ser humano como cualquier otro; quizás con un poco más de sensibilidad que los demás. En tu caso, ¿dirías que al nacer traías unas cualidades específicas para el oficio? ¿Cuándo empezaste a sentir la llamada de la Diosa?

Luego, la biblioteca del Colegio Agustiniano de La Vega y mi ingreso posterior a la camada fundadora del Taller Literario “César Vallejo” de la UASD, con el poeta Mateo Morrison a la cabeza

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JM: Antes que las teorías socialistas y su fatal consecuencia para las artes -el llamado “realismo socialista”, capaz de generar apenas obras artísticas mediocres, salvo contadas excepcionesLeón Tolstoi apuntaba la posibilidad de que en las raíces de la creación estética solo prevaleciera el 1% de talento natural, mientras que el restante 99% debía ser resultado del trabajo constante, la dedicación y la disciplina. Queda, no obstante, un dejo de misterio. El propio gran novelista ruso afirmaba también que, de carecerse de ese 1% de talento natural, muy probablemente el 99% de trabajo fuese en vano para lograr en el individuo la condición de artista o escritor. Comprender ese paradigma es más importante que lo que pueda sustentar en términos personales. En mi caso, empecé muy temprano, con menos de diez años de edad, a canalizar energías creativas a través del dibujo. Mis padres notaron la afición autodidacta y decidieron enviarme a la Escuela de Bellas Artes de La Vega, de la mano del hoy conocido artista Vicente Fabré (Milo). Allí fui aceptado en Preparatoria, a pesar de no llenar el requisito de edad mínima. Por descuido del Estado y los gobiernos de Joaquín Balaguer, esa escuela cesó de operar en el afamado edificio de Don Zoilo García, joya arquitectónica del Caribe. Entonces, empecé a mudar esas energías creativas hacia la poesía y las letras en general, también de forma autodidacta. Luego, la biblioteca del Colegio Agustiniano de La Vega y mi ingreso posterior a la camada fundadora del Taller Literario “César Vallejo” de la UASD, con el poeta Mateo Morrison a la cabeza, fueron factores determinantes para contagiarme, como diría Miguel de Cervantes, de manera incurable con el virus de la creación a través de la palabra. Creo, en definitiva, que escribir deriva de la persistencia en el hacer; no, precisamente, de nacer. Pero, ese hacer debe tener un fundamento ineludible e inexcusable, que se llama sensibilidad ante el fenómeno del lenguaje, y de las dimensiones mágica y lógica de la lengua como fenómeno cultural. Revista Internacional de Arte y Literatura


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ENTREVISTA ▼ Es ese fundamento el que hace que un poeta vea con asombro lo que los demás seres humanos ven con costumbre. Sin ese elemental axioma, el arte, en cualquiera de sus manifestaciones, sería imposible. P: Algún pasaje de tu libro Lenguaje del mar, ganador del XII Premio Casa de América de Poesía Iberoamericana, en España, en 2012 me recuerda al Saint-John Perse de Pájaros. ¿Piensas que él ha influenciado tu poesía? ¿Cuáles otras influencias reconoces? R: Con esa comparación me haces una inmerecida exaltación. No aspiraría a tanto relieve. Pero, lo cierto es que Saint-John Perse, cuyo verdadero nombre responde al de Marie René Auguste Alexis Leger, premio Nobel de Literatura en 1960, justo el año en que nací, es un referente importante y temprano para mí, como lo es también, desde los tiempos del “César Vallejo”, para un poeta y ensayista notable como Plinio Chahín, además de otros autores de relieve como Manuel García Cartagena, y más tarde para Basilio Belliard. Recuerdo que leí Pájaros, que es un libro de 1963, escrito en su período de vida en Estados Unidos, en una pequeñita edición bilingüe cuando estudiaba francés en la Alianza Francesa de Santo Domingo, a inicios de los 80. Luego leímos otras obras suyas como el poema totalizante en prosa Anábasis, de 1924, que remite al texto clásico griego de Jenofonte como poema-relato marino, traducido al inglés por T.S. Eliot y al italiano por G. Ungaretti, y al que se asocian poemas eximios como Oda marítima (1915), de Pessoa, Cementerio marino (1920), de Paul Valéry, “El contemplado” (1946), de Pedro Salinas u Omeros (1990), de Derek Walcott; también leímos Exilio, de 1944, donde asume su postura antinazi a raíz de la ocupación alemana de Francia en 1940; y otros como Crónica, de 1960, y Vientos, de 1964. Hay que recordar que Saint-John Perse nace en Guadalupe, territorio de ultramar francés en el Caribe, en 1837, y que su familia decide regresar a Francia en 1899, cuando ya él tenía 12 años de edad. De modo que el paisaje, los sonidos, los rasgos culturales y étnicos, y el misterio insondable del mar ya se habían impregnado en la cosmovisión y la sensibilidad de ese adolescente, hijo de caribeños de origen francés. Pero Pájaros es el extenso poema que presenta la poesía como pensamiento, y esto no es una gratuidad, desde la perspectiva de la conjugación del ámbito de lo animal, especialmente de las aves y su vuelo, con Revista Internacional de Arte y Literatura

Luego leímos otras obras suyas como el poema totalizante en prosa Anábasis, de 1924, que remite al texto clásico griego de Jenofonte como poema-relato marino, traducido al inglés por T.S. Eliot y al italiano por G. Ungaretti

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▼ ENTREVISTA el hombre, en cuanto que ente pensante, y con la naturaleza como totalidad comparable, simbólicamente, al universo. Hay algo de esto, aunque en una dimensión mucho menos ambiciosa y holística, en Lenguaje del mar (1912), porque asume la relación simbólica del ser humano con un entorno natural tan singular como es el mar, más, una serie de epifenómenos de la civilización contemporánea que le son inherentes. De todas formas, y sin presumir de ello, algo en mi inconsciente habría quedado de aquellas lecturas, tanto de Pájaros como de Anábasis del singular poeta en prosa, estilo que también asumí tempranamente, nacido en el Caribe francés. P: ¿Qué significó para ti ese premio? ¿Te abrió las puertas al Nacional?

No. Se escribe por fruición, por placer, por deleite, por inevitable necesidad vital, aunque la génesis misma del texto esté íntimamente ligada al dolor, al sufrimiento, a la angustia o la melancolía.

R: Siempre he considerado que los premios son una contingencia. Un libro, es más, toda una trayectoria vital dedicada a las letras pueden o no ser reconocidos mediante premios; y de no serlo, no se demerita en nada la calidad de la obra en sí misma. No le resto importancia a los premios. Pero, es aun más importante tener claro que no se escribe para ellos, para perseguiros, para apuntalarlos. No. Se escribe por fruición, por placer, por deleite, por inevitable necesidad vital, aunque la génesis misma del texto esté íntimamente ligada al dolor, al sufrimiento, a la angustia o la melancolía. Ser el primer dominicano que obtiene el Premio Casa de América de Poesía Iberoamericana tiene un significado especial para la poesía de mi país. Nos sitúa en un mapa muy selecto de la poesía de Iberoamérica. Lo recibí con agrado y con humildad. ¿Fue ese hecho determinante para que al año siguiente se me concediera el Premio Nacional de Literatura? No lo sé. Pero, si pudiera apartarme de la modestia, tendría que admitir que, según lo que me contaban motus proprio algunos miembros de ese importante jurado de la Fundación Corripio y el Ministerio de Cultura, mi nombre estuvo por varios años en la baraja. Luego, antes que abrirme la puerta, que parecía ya estarlo, probablemente, me tendió la alfombra. P: Alexis Gómez Rosa, León Félix Batista y tú son poetas bastantes conocidos en el exterior. En tu caso, eres el único dominicano que ha publicado en Visor, España, la más famosa editora de poesía en nuestra lengua. Supongo que el premio Casa de América te habrá proyectado mucho. ¿Piensas tú que la literatura nuestra por fin está rompiendo el cerco?

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ENTREVISTA ▼ R: En términos cronológicos, la primera publicación mía en Visor, lo cual ha sido siempre un honor para mí, se da mucho antes que la concesión del Casa de América 2012. De hecho, el libro Deus ex machina y otros poemas se publica en esa prestigiosa colección en 2001. Luego, en 2011 se publica La poesía del siglo XX en República Dominicana, en colaboración con Basilio Belliard. A consecuencia del galardón de Casa de América, Visor publica, en 2012, Lenguaje del mar. Pero, la Editorial Bartleby, también de Madrid, había publicado en el año 2000 La invención del día, en su colección de poesía, con un magistral prólogo del poeta catalán Eduardo Moga, y en 2006, en su colección de ensayos, publicó una antología mía titulada Cansancio del trópico. Sí, considero que nuestra literatura inició, desde hace un tiempo, la rotura de ese “cerco” de la insularidad perversa y endogámica. Creo que puntos importantes en esa inflexión son referentes como el premio Adonais, en España, de Antonio Fernández Spencer, en 1952; Pedro Vergés y sus premios en España, como el Internacional Blasco Ibáñez de 1980, y el Internacional de la Crítica Española de 1981; Manuel Rueda y su premio Tirso de Molina en 1995; la publicación en la prestigiosa editorial Siruela, de una novela del prolífico escritor Marcio Veloz Maggiolo, en años recientes; importantes también las publicaciones en editoriales españolas y latinoamericanas, así como traducciones a otras lenguas de autores como Alexis Gómez Rosa, Rei Berroa, y más recientemente León Félix Batista, Plinio Chahín, Basilio Belliard y Neronessa, entre otros, especialmente narradores. Nos encontramos, pues, en un momento de mayor inclusión de la literatura dominicana en la mundialización de la cultura y la hegemonía de la economía global. P: ¿Qué opinas de la poesía dominicana actual? ¿Crees que es sólida en cantidad y calidad, que está a la altura de lo que se hace en el resto de Hispanoamérica?

Pero, la Editorial Bartleby, también de Madrid, había publicado en el año 2000 La invención del día, en su colección de poesía, con un magistral prólogo del poeta catalán Eduardo Moga

R: Creo que nuestra poesía tiene hoy más vitalidad que en otros tiempos de letargos ideológicos y parsimonia endogámica. Sellos editoriales relevantes amplían sus catálogos con nombres de autores dominicanos; estos están cada día más presentes en foros y festivales internacionales; forman parte de los listados de poetas y narradores seleccionados en exigentes antologías internacionales, en fin. Y creo que desde el siglo XIX nuestra poesía ha estado a la altura de otras de Hispanoamérica. La diferencia ha estribado Revista Internacional de Arte y Literatura

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▼ENTREVISTA en lo que se debió hacer para su proyección y consecuente reconocimiento por parte de los ámbitos culturales, intelectuales y académicos allende los mares. Países de Centroamérica y del Cono Sur supieron hacerlo en el momento en que toda Latinoamérica era curiosidad y noticia para el resto del mundo. Nosotros nos mordimos la cola, por demasiado tiempo, en luchas ideológicas o de manifiestos con propósitos endogámicos e insulares, cuando no egocéntricos o narcisistas. Craso error. P: Tu poesía me recuerda el cosmos angustiado y a la vez ordenado de los surrealistas; la realidad que refleja es inhóspita, pese al ropaje eufónico que la caracteriza. ¿Se trata de una angustia existencial o de experiencias traumáticas?    

Mi poesía, supongo, es la huella simbólica, y en ese tenor, existencial y angustiada, del individuo que, en la óptica de Píndaro, he querido llegar a ser, partiendo de quien soy

R: La mejor poesía se ha escrito siempre en primera persona del singular. No quiero decir con esto que tenga que ser autobiográfica. Pero, si no eleva lo existencial, lo vital, lo que exprime el cerebro y el yo del sujeto que articula la lengua a la categoría de símbolo, entonces, podría ser una escritura de poses o meramente falsaria. La experiencia surrealista colocó a la creación estética ante nuevas posibilidades expresivas o inventivas, justamente, empezando por la exploración sicológica y expansión filosófica de la nueva subjetividad del siglo XX. Freud y el sicoanálisis ocupan un lugar central en este giro, que luego cambiará y tomará otros derroteros. Cuando en el siglo XIX Kierkegaard reflexiona, en profundidad, sobre aspectos como la ironía, el humor, la melancolía, el amor o la angustia está abriendo el camino a cuestiones fundamentales de la subjetividad en el siglo XX. Borges entendía que la riqueza de la filosofía y la literatura estaba en el desafío de que una incursionara en las posibilidades de la otra. Mi poesía, supongo, es la huella simbólica, y en ese tenor, existencial y angustiada, del individuo que, en la óptica de Píndaro, he querido llegar a ser, partiendo de quien soy. Escribir es emprender el viaje a Itaca que describió, con poderoso y hermoso acierto, Constantino Cavafy, en su poema homónimo, cuya importancia radica, no en arribar a un puerto como destino, sino, en disfrutar el trayecto, el viaje, en cada uno de sus espacios, sus experiencias sensoriales o intelectuales y momentos del día o la noche. Escribir, como dijo en su momento José Luis Sampedro, es vivir. P: De acuerdo con esto y con tu formación filosófica, tienes

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ENTREVISTA ▼ una poética concreta que te limitas a verificar al escribir, esto es, como en el caso Borges, diría que vas de lo conceptual a lo palpable? R: No se trata de una fórmula química; tampoco de un enunciado matemático; ni siquiera de un silogismo. No. La poesía es arte, y en esta materia, la espontaneidad, la inventiva, la libertad creadora tienen un papel de neurálgica relevancia. Una idea estética es lo que menos se parece a un recetario, aunque algunos colegas consideren y practiquen lo contrario. Aun en la poética, por ejemplo, del maestro argentino del verso vertical Roberto Juarroz, la tendencia al empobrecimiento se encuentra, justo allí, donde la fórmula expresiva cercena la libertad creadora. La poesía no debería limitarse a verificar nada. La verificación de los hechos, frente a los enunciados del pensamiento, es asunto de la lógica y de la ciencia. La verificación de un crimen es asunto de los forenses y de la policía investigativa. La poesía empieza por ser revelación, desvelamiento, incluso, de la nada, del silencio y del vacío. Yo, simplemente, asumí el hecho de la poesía como un acto de pensamiento, como un camino del conocimiento. No era nada nuevo. Miguel de Unamuno había logrado hacer pensar al sentimiento y hacer sentir al pensamiento. El Postumismo había acercado la óptica filosófica a la cotidianidad rescatada en el poema. Traté de colocar en esa búsqueda, de muy amplios paradigmas e incontrolables espectros, mi modesto y personal acento. La poesía es una senda que se va a abriendo conforme se deslizan el pensamiento, el sentimiento y el lenguaje en la escritura; conforme se hace lengua el individuo en una determinada cultura. No tengo un manifiesto. No he aspirado a ello. Late en mí, simplemente, una convicción que hago práctica en el instante único e irrepetible del poema.

El Postumismo había acercado la óptica filosófica a la cotidianidad rescatada en el poema

P: Hay una corriente poética actual hispanoamericana, el neobarroco, que parece haber resucitado las estridencias de la primera vanguardia. Pero tu poesía sigue el aire sosegado de la postvanguardia. ¿Nunca te ha interesado la experimentación? ¿Se puede hablar en tu caso de una “sensibilidad clásica”? R: Valoro las intencionalidades límites en la creación estética, sea cual sea la manifestación de lenguaje de que se trate. La pintura, la música, la danza, el teatro, la novela, la poesía… todas Revista Internacional de Arte y Literatura

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▼ E NTREVISTA

El reto mayor de la poesía está en la naturaleza y las posibilidades de la palabra misma

las expresiones del arte han aspirado a romper los diques de contención de sus específicos modos de concreción de sus lenguajes. A esta intencionalidad, en los albores del siglo XX, se les quiso dar el nombre de vanguardias. El crítico y poeta uruguayo, radicado en México, Eduardo Milán, ha estudiado muy bien, el tema de las vanguardias en la poesía hispanoamericana. También lo han hecho, entre otros, autores hispanoamericanos como Jacobo Sefamí, José Kozer y Roberto Echavarren, especialmente, por medio de su antología Medusario. Muestra de poesía latinoamericana, de 1996, donde figuran los poetas representativos de la tendencia neobarroca contemporánea. Como reacción ante el barroco europeo clásico, por una parte, y ante el modernismo hispanoamericano por otra, el neobarroco que se origina en los cubanos Alejo Carpentier, Lezama Lima y Severo Sarduy es sinónimo de ruptura con la tradición. El “neobarroco” de Néstor Perlongher y sus seguidores rioplatenses va a subrayar esa estridencia vanguardista o manierista que refieres. Lo que más me ha interesado, particularmente, de esa postura neobarroca es el hecho de centrar la problemática de la expresión poética en su dimensión estética y lingüística. Es decir, que el problema fundamental de la poesía es el lenguaje. El reto mayor de la poesía está en la naturaleza y las posibilidades de la palabra misma. En esto concuerdo plenamente. De lo que he preferido distar es de las tendencias al reduccionismo estético dogmático que, en ocasiones, tiene lugar en las posturas vanguardistas. Me considero, más bien, ecléctico, antes que inclinadamente de sensibilidad clásica. Asimilo lo que me parece trascendente en cada movimiento o postura estética, y busco la manera de que pase por mi cedazo cognitivo y emocional, antes de hacer ostensible el poema. Admiro y valoro los momentos encumbrados de la historia del arte, ya se trate del clasicismo o ya se trate de las vanguardias. P: A mi entender, desde finales del siglo 19, con poetas como Lautreamont,  Mallarmé y Rimbaud, la poesía comenzó a convertirse en un mensaje críptico, alejado del lector común; como si perteneciera a una secta de iniciados. Pero los poetas se quejan de que no abundan los lectores de poesía. ¿Qué piensas tú? R: La modernidad trae consigo la fragmentación de los saberes y la consolidación de las especificidades en los lenguajes estéticos,

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ENTREVISTA ▼ filosóficos y científicos. Esa especificidad lingüística y conceptual, esa definición de paradigmas y aparatos categoriales es lo que imprime a los saberes, y la poesía es uno de ellos, una suerte de aire criptográfico. Sin embargo, esta curva evolutiva, en la que anidan las concatenaciones de tradiciones y rupturas, opera en el ámbito del lenguaje mismo, de su naturaleza simbólica y su capacidad de generar significados. De hecho, ni siquiera en las culturas ágrafas y de prevalencia de la oralidad, la poesía era un arte grupal o masivo. Por cuanto ha sido siempre la más elevada posibilidad de expresión lingüística en una cultura, la poesía ha estado asociada al saber o el gusto de las élites, las minorías. El advenimiento de la novela como un hecho moderno subraya aun más ese rasgo marginal de la poesía. La aspiración de Lautréamont, de que la poesía fuera escrita por todos, tiene su equivalente utópico en la pretensión de los poetas de que la poesía sea leída por todos. No pasa de ser una quimera. En esta, como en otras materias, la cuestión no tiene que ver con la cantidad, sino, más bien, con la calidad. No hay “best seller” poético. Tampoco hace falta. P: Si te fijas, el primer movimiento de vanguardia fue el dadaísmo, en 1906. Esto significa que el vanguardismo y el postvanguardismo llevan casi 110 años de existencia, y no se avizora alguno que lo sustituya. ¿Qué opinas de este hecho? R: Pienso que en arte lo importante no es, necesariamente, que una postura estética, una generación o un movimiento sustituyan, desplacen o reemplacen a otros. La riqueza radica, más bien, en la cohabitancia, en la convivencia. Lo característico de la modernidad tardía o la posmodernidad es la simultaneidad, la ambivalencia, la multivocidad o polisemia (antes que el sentido único), la diferencia (antes que la uniformidad), la incertidumbre (antes que la certeza), la debilidad o sutileza (antes que la fortaleza) la construcción de distopías y no de utopías, la inclusión (antes que la exclusión). Aunque hoy día parece tener más poder la emoción que la razón, no es mucho lo que se logra con superponer sus planos. Lo que da relieve a un nuevo pensamiento es su coherencia discursiva, por un lado, y por el otro, la forma en que se articula, sea por armonía o sea por diferencia, con los pensamientos que le preceden; incluso, con los que le son histórica, social y culturalmente coetáneos. Lo que la posmodernidad subraya es la caducidad, la precariedad, la obsolescencia relativa de la preeminencia de Revista Internacional de Arte y Literatura

Lo que la posmodernidad subraya es la caducidad, la precariedad, la obsolescencia relativa de la preeminencia de una teoría, una estética o una vanguardia

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▼ ENTREVISTA una teoría, una estética o una vanguardia. Puede bajar su nivel de preferencia ante otras modalidades del saber o el hacer estéticos; pero, no necesariamente hay que acabar por ello con su vigencia. Lo que varía es el dominio; no el poder de su influencia. El vanguardismo y el posvanguardismo han ido teniendo sus pares

y opuestos, sus continuadores y detractores, y eso es lo interesante en la vitalidad de las culturas. Matar o morir, en este caso, no son sinónimos de triunfo o de ganancia; lo serían, más bien, de pérdida y desamparo.

■ Poeta y ensayista, José Mármol nació en Santo Domingo, República Dominicana, en 1960. Sus obras han sido galardonadas en prestigiosos concursos literarios nacionales e internacionales. Ha publicado los siguientes libros de poemas El ojo del arúspice (Colección Luna Cabeza Caliente, 1984); Encuentro con las mismas otredades I (Colección Egro de Poesía Dominicana Contemporánea, 1985); Encuentro con las mismas otredades II (Editora Amigo del hogar, 1989); La invención del día (Ediciones Intec, 1989); con el cual obtuvo el Premio Nacional de Poesía en 1987; Poema 24 al Ozama (Madrid, 1990, con grabados del artista español Rufino de Mingo); Lengua de paraíso (Ediciones UNPHU, 1992); que fue galardonado con el Premio de Poesía Pedro Henríquez Ureña 1992; Deus ex machina (Casa de teatro, Editora Taller, 1994, con ilustraciones de Germán Pérez), libro que recibió simultáneamente los premios Casa de Teatro 1994 y el Accésit del Premio Internacional “Eliseo Diego” 1994, de la revista Plural, perteneciente al diario Excelsior de México, y una antología personal titulada Lengua de paraíso y otros poemas (Editora Amigo del Hogar, 1997).

invención del día (Bartleby editores, Madrid, 2000); Deus ex machina y otros poemas (Colección Visor de Poesía, Madrid, 2001); Premesse per morire (Stampa, Alternativa, Italia, 2001); Torrente sanguíneo (Colección Egro de Literatura Dominicana Contemporánea 2007, con el cual obtuvo, nuevamente, el Premio Nacional de Poesía “Salomé Ureña”), Maravilla y furor (Colección Egro de Literatura Dominicana Contemporánea 2007); Miradas paralelas, en colaboración con el fotógrafo Ángel A. Martínez (Editora Amigo del Hogar, República Dominicana, 2009).

Además, Voz reunida (poesías de 1984 a 1994), volumen publicado por el Consejo Presidencial de Cultura, en 1999, Criatura del aire (Colección Egro, Nueva Etapa, Ed. Amigo del Hogar, 1999 con ilustraciones de Ada Balcácer), Premisas para morir. Aforismos y fragmentos (Colección Egro, Nueva Etapa, Ed. Amigo del Hogar, 1999); La

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Nueva York, EEUU - 8 de junio de 2015

Su prosa ensayística fue parcialmente recopilada en un volumen titulado Ética del poeta (Editora Amigo del Hogar, 1997); Rufino de Mingo (monografía), en colaboración con José David Miranda (Arte Español Contemporáneo, Madrid, 1991).Sus más recientes obras publicadas son Las pestes del lenguaje y otros ensayos (Editorial Letra Gráfica, República Dominicana, 2004); El placer de lo nimio (Editorial Letra Gráfica, República Dominicana, 2004); Cansancio del trópico (Bartleby Editores, Madrid, 2006) y La poética del pensar y la Generación de los Ochenta (Colección Egro de Literatura Dominicana Contemporánea, 2007). Además, en colaboración con el poeta y crítico Basilio Belliard, publicó la antología La poesía del siglo XX en República Dominicana, Colección Visor de Poesía, Madrid, 2011. Es desde su creación en 2007, Presidente del Festival Internacional de Poesía de Santo Domingo.▼ Revista Internacional de Arte y Literatura


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ARTES PLASTICAS ▼

Obra: "Interacción"

Autor: Ismael Checo

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▼ CUENTO

REY ANDUJAR

LITENESTRA Sor (crisálida)

D

Ah que tú escapes en el instante en el que ya habías alcanzado tu definición mejor lezama lima

-I-

e todos modos fui porque quise despedirla. Desde esa mañana los viajes al aeropuerto se llenan del silencio que mancha las intenciones; oscurecen los pájaros grabados en las planchas de hormigón, justo enfrente de las aerolíneas. Clitemnestra Sor va oliendo a mil perfumes, con los dedos de los pies ahogados en unas tacas prestadas. Para mí está regia con su colorete y el lipistiqui rojo. Ahora sé por boca de sobrecargos que el personal de tierra se burla de mujeres como Clitemnestra Sor: mujeres que salen a buscársela. Por todos es sabido que esas mujeres cogen lucha. Más que un forro de catre. Mi primer avión lo cogí a los seis años. Fui a un torneo de béisbol en Aguadilla PR. La diligencia del viaje, el viaje en sí, hasta el mero

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regreso en donde Clitemnestra Sor me da un abrazo de oso en medio del callejón al mediodía, todo ese recuerdo es caliente y amable. Los aviones definen las relaciones entre esta mujer y quien escribe. Clitemnestra Sor se las arregla para quedarse en Curazao. Hay boda, drama, golpes, querellas, consulados, visas, pasajes, reproches, navidades y aduanas. Le deterioraron algo por dentro a esa mujer y amor se nos convirtió entonces en un concepto único: el profesado por las abuelas. ¿Se puede vivir del amor? No. Pero nunca atajes la procesión que va por dentro. Para cuando viajé a Curazao estaba hecho un verdugo en asuntos consulares, pasaportes Revista Internacional de Arte y Literatura


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CUENTO ▼ y aerolíneas. Da gusto recordarme ayudando a las señoras con los formularios de salida y los tags para las maletas. Siempre llegaba tarde a la cabina porque me desvivía traduciendo alguna cosa en las casillas de migración y organizando el tráfico para que las viajantes llegaran seguras a sus puertas de embarque. Con todo y eso el conocer las Antillas Holandesas fue en sí una sorpresa. Y cuando digo conocer me refiero incluso al proceso de solicitar la visa. En la mitología dominicana el viaje empieza por ahí. El Consulado Americano es un monstruo en sí mismo. Adentro tiene serpientes de cemento y cristal antibala desde donde muchachos recién graduados de Alabama State recitan Lo siento, inténtelo de nuevo en un par de años. Así canta la gringada por allá sin decir Sorry y tú sabes lo que gustan ellos del Sorry. Que para todo lo usan. Que te pasan con una patana por

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encima y con decir Sorry [no ‘I am’ sorry, sino el lamento o la excusa a secas] se redimen; no se molestan en mirar por el retrovisor, ya para qué, si se disculparon. Para conseguir visa hay que demostrar solvencia, es un juego de garantías y se miente mucho de ambos lados. Dominicanity: travestismo frente al cristal, un pasaporte sellado. Hay que vender todo; hay que hacer una fiesta patronal. Hay que irse. Al aeropuerto lo llevan comparsas en aras. El Corifeo sin pudor busca prebendas, “Acuérdate de mí, Pupú, cuando estés por allá. Yo calzo nueve.” “Te pondré a valer”, jura Pupú, y así vienen uno tras otra, solicitando ropas y perfumes, dando medidas y deseando suertes y Pupú les repite “Te pondré a valer” sin profundidad en la promesa. Entonces Aneudi susurra: “Oye Pupú, como cuánto crestú que cueste un pito "allá en

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▼ CUENTO Nuevayor”. “Crestú sonlo gallos”, responde en forma de chanza Pupú y la broma es buena y válida porque él se va y hay que perdonárselo todo pero Aneudi, aunque cuidando el tono eso sí, le insiste: “Ómbe Pupú… un pito… más o menos…” “Un pito” repite, inquiere Pupú, un poco afectado y Aneudi: “Sí, Pupú, un pito, de pitar, cómo cuanto”. Y Pupú hace unos cálculos fantasmas y estima que un pito tendría que valer menos de una Cuora [que viene de la moneda Quarter.] “Como una cuora” dice Pupú para salir de él. Aneudi, inaudito, se mete la mano en los bolsillos y saca unos pesos diciéndole “Considero que a como está el cambio esto tiene que valer suficiente; me compra el pito, me lo manda con alguien o cuando usté venga me lo trae.” La mano con los estrujados billetes buscó a Pupú, quien apretó sellando un pacto, augurando con voz dura, “Aneudi: tú pitarás”. Para viajar a las Antillas Holandesas el proceso es más ghetto. No hay que falsificar esa gran cantidad de documentos. Alguien en las islas provee una carta de invitación; esa persona funge de garante en el caso de que el viajante se quede. Pero quién querría quedarse en ese monte. Con todo, el trámite fue menos terrible y llegué a Curazao un verano con prospecto de quedarme tres meses. Clitemnestra Sor está instalada en una covacha detrás del Hotel Central. El barrio, Schaloo. No entiendo la lógica del viaje. Curazao, supuestamente, es la forma más rápida de llegar a Nueva York, cosa que me parece incongruente. Curazao no es mejoría. Las amarillas, tristes luces de a veces en Santo Domingo [los sesenta a lo oscuro los setenta a lo oscuro los ochenta a lo oscuro, ah los ochenta los noventa hasta lo oscuro y más allá] relumbran aquí ajenas e indiferentes. A la

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semana de llegar piso un clavo y el pie se me hincha como un balón. Paso tres semanas con la pata en el aire mirando los tres únicos canales de televisión, dos de ellos venezolanos. Las comparaciones son un juego sucio y pienso en Dominicana y sus televisoras per cápita. Cuando no puedo más con Radio Rochela y las novelas de Venevisión le pido a Clitemnestra Sor que me compre libros. Ella riéndose o limpiándose algo con una uña entre los dientes pregunta: “Qué” y “Aónde”. Por boca de un colombiano escuché que en Punda había una distribuidora de revistas llamada El Chico. Desde allí la mujer me trae siete libros de autoayuda y dos de Uslar Pietri. No bien se me cura el pie, me cae una infección en el oído. Cada día uno duele sí, pero hay dolores que son hitos. También el calor y los mosquitos de esa puñetera covacha y el coño del oído puyando, pulsando. Con dolor y mareo salgo a coger el sol y por alguna razón la idea inicial que tenía de la islita promete cambiar. Voy a querer quedarme por muchísimas razones. Una de ellas tiene el pajón rubio y la boca grande y no más de trece años. Anda con un cortejo de amigas pero ella es la que manda. Logro sentarme en un banco de cemento. Es una plaza pequeña, podría ser de un pueblito en Jarabacoa o Sabana Grande de Boyá aunque esta no tenga glorieta ni árbol que dé sombra o asombro. Veo a las muchachitas flotar en mamey y verde chatré. Es el calor, las pastillas, la sed, la quemazón y la cosa muchacha de rogarle al cuerpo que sane porque yo quiero estar en todas mis facultades pero estoy a mitad de la infección: un dolor de cuerpo presente, un pellizco del alma. La única rubia es ella. Las morenitas bochinchean en una lengua Revista Internacional de Arte y Literatura


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CUENTO ▼ dulce, las palabras no hacen otra cosa que bailar. Papiamento. Clitemnestra Sor dijo una vez sazonando un chivo que esa era una jerga de puertos hija bastarda del holandés, inglés y portuñol. “Una jerigonza” se burlaba ella pidiendo más cerveza y yo pensando, si ella cayera podrida allí mismo si se mirara en uno de esos espejos que te muestran el detrás de la oreja: el reflejo de la abuela prieta encerrada en la cocina o la mancha de plátano. Dizque Clitemnestra Sor racista… quién ha visto. La rubia me habla pero no puedo entenderle por la diferencia idiomática y es que además estoy sordomudo de cuerpo entero por este dolor en la ñema del tímpano. De seguro ella debe haber pensado que yo era un retrasado o algo así al mirarme con la quijada de par en par, con los ojos brotados y sudando una fiebre. Tan lindo el nene pero loquito, habrá pensado en su lengua.

-IILa montaña no iría a Mahoma así que me dije como Kojak mind over matter y me tiré a la calle; era sábado: ese día siempre ha tenido fuerza y perfume para mí. Estaba Wendy en la plaza rodeada del mismo grupo de morenas. La tarde era clara y caribe, se podía oler el mar entrando a las barcazas de frutas, pimientos y especias de hombres venezolanos y colombianos, quemados de tez con el acento bailado. Tropicales. Esta vez la plaza no se parecía a ningún otro lugar: eran las ruinas de una chocolatera; yuyos y dandaliones progresaban entre grietas y horcones. Wendy despachó a las morenitas con risas y burlas y ellas avanzaron mirándome sin mirarme, midiéndome y al menos una de ellas atrasándose, definiéndose sin querer, anhelando cambiar de lugar con la rubita, no porque el muchacho estuviese Revista Internacional de Arte y Literatura

bueno [de que era buenmozo era], no: el deseo realmente estaba en la posibilidad de una ligera mudanza en el caos cotidiano. Y es que en las islas el día a día aniquila. El muchacho no merma en el avance hasta que cae en cuenta de que no habla el idioma. Tiembla un tanto pero es tarde. Ella siempre riéndose; el pajonal rubio aguantando la sonrisa. Kon tá kubo? Así se dirige ella hacia la cara de la miseria. Quien escribe se ve tentado siempre a reordenar la reminiscencia, estoy convencido: si no hubiese estado sufriendo de esa infección esa tarde se hubiese traspapelado. La memoria del dolor trae el olor de esa tarde. Le apreté la mano cuando me ayudó a sentarme. Expliqué lo del malestar en un español sin calcular pero ella me contestó en el suyo que era perfecto. Dijo que era una pena que estuviese así, que me iba a perder la playa mañana. Dijeron playa: sal, arena, cerveza y la posibilidad de verla en traje de baño. Me dio un besito en la comisura de los labios y se alejó diciendo algo en el papiamento que luego aprendí a duras penas: Si te quedas te lo pierdes.

-III-

La culpa es un invento muy poco generoso Calamaro

Para las mujeres que se fueron la culpa es como un cáncer. Es imposible no hacerle caso. Uno la embriaga, a tequilazos con ella y ella como si nada: culpa hija de puta. Desde el momento en que mordimos la medalla, mucho antes de montarnos en el avión la culpa. Para estas mujeres la única cura posible [una cura de burro] es el aferrarse. Mandan a buscar a la prole a cualquier chance, que si Navidad, Semana Santa y verano. Durante esas temporadas

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▼ CUENTO

estas mujeres procuran dar cariño por pipá, pero cariño ligado con culpa da dos caras y en los cambios, Clitemnestra Sor se mostraba indignada. Yo supuestamente no le hacía caso. Que las cosas me entraban por un oído y me salían por otro. La miré cuando dijo oído. Insistí en que ese viaje a la playa era de vida o muerte. Los muchachos dicen muerte masticando un cabo de ángel. Que se joda el idioma, yo necesito besar a esa Wendy. Eso decía yo por dentro. Por fuera, la fiebre y el jaloneo desde la quijada hasta el mismo centro del glande del cerebelo. “Que no va coño no ve cómo está muriéndose coño no me venga a gritar después que tiene dolor no me joda”. En el Caribe se escribe como se vive Clitemnestra Sor. Caribe eres y yo te llevo. En mí.

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Tendría yo que tener algunos trece años, dicen los manuales que como a esa edad es que se tienen tales resoluciones, ese espíritu. Qué equivocados están los manuales. A la playa me fui, consciente de que esa movida iba a afectar mis relaciones con Clitemnestra Sor. La culpa también es una vaina física; es el deporte del toma y dame. El muchacho se le va de las manos, ahorita se afeita, ahora lo coge la calle… Quiero darle su mordía todavía, sentirlo hijo en mis dientes. Por eso lo abofeteas, por eso lo jaloneas por la camisa y él entre hombre y muchacho, entre Duarte y Avenida, entre brizna de fuego lento, entre cegata matutina, entre los corales que anuncian de lejos, madre muérdeme ahora, todavía, que retumbe tu nombre en mis papeles, son tuyas la sangre y esta agonía, llorar trece años una melcocha, un celeste mogote de tristeza, eso te lloro y no me apeo del caballo. Tanto reproche, tanto ron con coca y no es medianoche todavía. En la playa había un peñón del que me recosté y Wendy no llegaba. Yo pensaba en el mar y en Ricardo Montaner y las oportunidades del neo romanticismo pop. Sin anunciarse, la morenita que quiso como algo la tarde anterior se aparece antes que el resto de la manada. Este huevo quiere sal, me recontradije. Ella susurró, con una cantaderita, cosas en un español que no entendí. Sudaba y se había puesto lipistiqui rosado eléctrico. Se sentó a mi lado sin mirarme, buscando lo mismo que yo a lo lejos. Sabiéndose ignorada, tuvo que bregar rápido. Tiró una mano que me acercó. La nariz, las perlitas de sudor, el aliento a hojas machacadas. Aquello era besar entonces. Nadie tenía que decírmelo porque me lo estaban haciendo. La boca de ella empujándose, un olor Revista Internacional de Arte y Literatura


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CUENTO ▼ Demoré como pude, mordí duro y entré. En el mueble del living mi tía Maremagda tomaba cerveza y barajaba varios discos en el regazo. Había llegado de viaje y estaban celebrando. En las habitaciones, Clitemnestra Sor pasaba la borrachera vespertina, llorando y mordiendo almohadas y pidiendo que le pusieran hielo por su parte. Un disco de Marisela empezó a sonar en la sala. Aquello era sufrimiento. Asistía yo a la muestra de lo que era la vida adulta. Triste cosa. Todavía estaba parado ahí para cuando sonó algo de Tina Turner; tieso ahí sin hacer nada. Creciendo. Debatiendo entre si hubiese preferido los correazos a esto. verde subiendo. Las morenas tienen una manera particular de oler. No es mi olfato, aunque puede serlo. Ella tragándome y mordiéndome… recuerdo que el corazón se me instaló en la trompa de Eustaquio pero yo no quise irme, lo supe allí y lo sé ahora. Me mordió el oído malo, por ahí me besó y lo sentí rústico, pegajoso y caliente. Luego se fue como los superhéroes y los fantasmas y me dejó con el pico embicado esperando nomás. Cuando abrí los ojos alcancé el celaje perderse entre un verdeazul que permitía confiar en la isla; que inspiraba. De esta chuleada en la oreja va y se me cura el oído, calculé. La rubia no llegó nunca. Decidí arrancar en fa. Una esquina antes de llegar a la casa se me juntaron los pánicos relacionados con Clitemnestra Sor. El miedo es una vaina increíble. Como te maneja, como te arrastra. Miedo en el tope del esternón, allí donde deben formarse las mentiras… pero las palabras, las pobres, tan devaluadas. En eso iba pensando: no había cuento que yo pudiese inventar para despintarme esos correazos. Subí la cuesta que daba al hotel todavía con dos chavos de esperanza… quizás y veía a Wendy pero nada. Revista Internacional de Arte y Literatura

■ Rey Andújar es autor de las novelas El hombre triángulo (Isla Negra Editores) y Candela (Alfaguara), seleccionada como una de las mejores novelas de 2009 por el PEN Club de Puerto Rico. Los cuentos de Amoricidio recibieron el Premio de Cuento Joven de la Feria del Libro en el 2007 y fueron publicados por la editorial Agentes Catalíticos en Puerto Rico. Su colección de cuentos Saturnario fue galardonada con el Premio Letras de Ultramar 2010, traducida al inglés y publicada por Sietevientos en Chicago y México. La editorial mexicana Librosampleados publicó el cuento Ecuatur, que obtuvo el primer lugar en el Concurso de Cuento de Northeastern University. Andújar es Doctor en Filosofía y Letras Caribeñas por el Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe. Su tesis, Formas del ascenso: estructura mitológica en Escalera para Electra de Aída Cartagena Portalatín, ha sido publicada por Editorial Isla Negra y la Universidad APEC Santo Domingo. Su novela Los gestos inútiles recibió recientemente el VI Premio Alba de Narrativa Latinoamericana y Caribeña, durante la Feria del Libro de la Habana 2015. ▼

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▼ ENSAYO

RUBEN SANCHEZ FELIZ

UN KILOMETRO

S

egún Einstein, el hombre lleva dentro de sí un apetito de odio y destrucción que, en épocas normales, existe en estado latente, emergiendo solo en circunstancias inusuales. Freud, por su parte, plantea las fuertes tendencias destructivas del humano con las dialécticas pulsiones de vida y muerte, aduciendo en uno de sus últimos estudios que “Cada individuo es virtualmente enemigo de la cultura”. Estas ideas conforman el eje del pensamiento hobbesiano, sintetizadas en su frase homo hominis lupus o “El hombre es un lobo para el hombre”, lo que nos lleva a aceptar la premisa acaso axiomática de que “la violencia es inherente al ser humano”. Bastaría echar un vistazo a la historia y los mitos para disipar cualquier duda. En su libro Genealogía de la moral, el filósofo alemán, Friedrich Nietzsche, explica que desde nuestros orígenes ha imperado la violencia y se ha impuesto la voluntad de los poderosos. Este es uno de los

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de mar o radiografía de una sociedad violenta.

problemas que se plantea Un kilómetro de mar, novela del laureado escritor dominicano, José Acosta. En la primera escena se nos presenta al personaje principal, Juan Robles, recibiendo una golpiza de su madre por haber escondido un puñal con el que pretendía matar a El Manchao. El joven protagonista, que ha vivido agobiado desde la niñez por el trauma psicológico que le causó haber sido testigo de la confusa muerte de su padre, es regido por la sed de venganza. Para contrarrestar el castigo materno, Juan Robles elude la realidad y se cobija en un universo recreado a partir de las novelas del viejo oeste, y piensa en el método de domar caballos de su héroe Roger McGregor. Aquí se establece un paralelismo entre el tiempo de la acción, donde el protagonista recibe los correazos de su madre, y el tiempo psíquico, Revista Internacional de Arte y Literatura


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ENSAYO ▼ donde el potro, tras haber sido domado, acoge los latigazos del vaquero con sumisión, demostrando, en ambos casos, no solo el acto de violencia, sino la imposición de la voluntad del poderoso, representado en el primer plano por la madre y en el segundo por el vaquero. En este y otros ejemplos que veremos más adelante, subyace la intención del autor que busca mostrar la caótica situación que vivía el país en los años subsiguientes a la caída del dictador Rafael Leonidas Trujillo y el golpe de estado de Juan Bosch. Un kilómetro de mar, más que la historia de Juan Robles, un joven preadolescente de una imaginación y valentía extraordinarias, que aprovecha la ausencia de su madre para acompañar a su amigo Edy Polanco a conocer el mar, es una reflexión sobre esa época de posdictadura, esa época de transición sociopolítica que marcó a toda una generación y que, por voluntad de sectores poderosos, desembocó en los aciagos años del balaguerato. Todo esto se cuenta o más bien se muestra, reitero, en el enrevesado y apasionante viaje que emprenden el protagonista y su amigo hacia la cima de la montaña, un viaje que es, a su vez, un descenso hacia el interior de sí mismo, un atajo hacia la adolescencia. La valentía e imprudencia de Juan Robles obedece en gran parte a la ausencia de la figura paterna. Hijo de un sargento de la Fuerza Aérea que muere a deshora, a Robles le toca crecer entre dos mujeres: Thelma Santiago, una madre aparentemente gritona que en ocasiones le pega, y Teresa, una hermana que apenas vemos en los primeros párrafos y que parece haber sido criada para vivir bajo el influjo del miedo. Resulta evidente la atmósfera de tensión que reina en la casa del protagonista. La madre es dominante y mientras azota a Robles en la espalda, le dice como en una advertencia: “No lloras, conque ya te crees un hombre” (7). Robles es Revista Internacional de Arte y Literatura

lo suficientemente hombre para tomar un arma prestada y planear la muerte de uno de los asesinos de su padre. A pesar de ello, Robles no deja de ser un niño, hecho evidenciado en la forma en que reacciona cuando la avioneta deja caer la lluvia de papeles proselitistas y la misma imaginación desbordante que lo lleva en ocasiones al armario de su cuarto e incluso a un mundo ficticio en el Viejo Oeste, un mundo que si bien le sirve como válvula de escape, es acaso más violento. Pero ese niño que se pasó llorando la muerte de su padre en el cuarto de las mujeres, se convierte en un joven osado, tozudo, que resulta ileso en la pelea que sostuvo con la pandilla de Fofó, que sale bien librado de su experiencia erótica con la puta Aurelión, un joven que se enfrenta a la amenaza del sodomita Ramiro quien, en una suerte de profecía le dice, “Tú no mueres en tu cama, muchacho” (35). Edy Polanco es su contraparte. Un joven delgado, de aspecto enfermizo que, sin embargo, ganaba medallas en competencia de atletismo. Sus padres tenían planeado llevárselo a Nueva York, pero antes de dejar el país, él quería ir a la montaña

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▼ ENSAYO para conocer el mar. Edy es el diplomático, el que aconseja; es la conciencia, si se quiere, de Juan Robles. En otro plano, tenemos a don Anselmo, un hombre pequeño, ensimismado, a veces parrandero, de una gran imaginación; un viejo que se transforma cuando se da unos tragos. Tiene cinco hijos con Ramona, una mujer que le dobla la estatura. Es el dueño de un quiosco de vender revistas y periódicos. En el don Anselmo sobrio vemos a un hombre inteligente que rehúye de los conocimientos por temores existenciales. Es de él, quizás, que Juan Robles hereda, si cabe el término, la prodigiosa imaginación, semejante en parte a la del José Arcadio Buendía garciamarquiano: Llegó a internarse en su cuarto, en silencio, con la mirada perdida. Había descubierto que el sol, convertido en una gigante roja, desaparecería destruyendo consigo al planeta Tierra. «Estoy de luto por la raza humana», le decía a quienes trataban de entrarlo en razón. Pero en cuanto asimiló que el cataclismo ocurriría dentro de quinientos mil millones de años, se paró de la cama, comió abundantemente y se regaló una semana de parranda, “por si las moscas”. (16) Es don Anselmo quien aconseja a Juan Robles para que abandone su idea de venganza, y lo hace siguiendo el esquema de los apólogos medievales. La vida de don Anselmo también está marcada por la violencia. Por un lado, sufre un trauma por la frialdad con que su madre recibe la noticia de un asesinato cometido en una radionovela, por otro, cuando toma, llega a casa desplegando sus dotes de macho, gritando a voz en cuello que él es el hombre

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de la casa, ¡coño!, con una especie de complejo napoleónico. Pero es el ingeniero Roberto Chicho Moronta, bromista, cínico y carismático, contradictorio, el personaje que impresiona a los jóvenes Juan Robles y Edy Polanco, es él quien seduce al lector desde que hace su entrada fortuita. Cuando la camioneta Ford blanca se detiene para montar a los muchachos, la historia da un giro, toma otro aire. Acosta se vale de este viejo jubilado que regresaba a su finca después de ver al médico por sus problemas en la espalda, para subrayar las ideas nietzscheanas y aplicarlas al tiempo referencial histórico de la novela, para radiografiar la sociedad dominicana de la época. Chicho Moronta regresa al país después de haber vivido toda una vida en California y haberse casado y divorciado de una extranjera. Su nieto gringo, Shawn, que apenas aparece en la historia en una escena aparentemente pueril, representa la insensibilidad de los norteamericanos. Aquí vemos la intromisión del extranjero poderoso que impuso su voluntad con violencia. De manera sutil, Acosta alude a la política del Corolario de Roosevelt, la del gran garrote, enmienda de la Doctrina Monroe que fue retomada en la época que nos ocupa, con la doble excusa de frenar la difusión del comunismo soviético y proteger los intereses de los Estados Unidos. Con la aparición de Chicho Moronta, Acosta muestra dos de las amenazas más nocivas de nuestro país: los partidos políticos y los militares. Cuando Chicho Moronta se tropieza con una caravana de la campaña de Balaguer, reparamos en el abuso de poder de los dirigentes reformistas, cuando prácticamente se apropian del tiempo y el vehículo del ingeniero Moronta para “hacer una diligencia”. Lo mismo vemos cuando Moronta se topa con los militares, una escena tensa donde Revista Internacional de Arte y Literatura


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ENSAYO ▼ el atropello se justifica porque los guardias estaban buscando el bastión de guerrilleros comunistas que había desembarcado por Las Manaclas. La violencia llega a su paroxismo en la gallera, donde los jóvenes protagonistas presencian el lado más oscuro del ingeniero Moronta. Al ver que uno de sus gallos, en medio de la pelea, huye como una gallina de su contrincante, el ingeniero Moronta lo toma por la cabeza y “se la aprieta como una rebanada de limón”. No contento con ello, como el gallo se resistía a la muerte, Moronta saca su pistola y le dispara a “boca de jarro”. Es una escena sangrienta, narrada sin obviar ningún detalle con la expresa intención de dejar ver el salvajismo de Moronta, de denotar la fascinación o propensión del hombre a la violencia, una suerte de regresión a la barbarie. El narrador incluso describe el “quejido humano” que emite el gallo al caer al suelo. Las reflexiones posteriores, el diálogo entre Juan Robles y Chicho Moronta sobre el asunto, dejan entrever una sociedad viciada, marcada por la violencia. Esta idea es reforzada con las alusiones al conflicto entre los bolos y los coludos, al Trujillato, a los guerrilleros comunistas y a la campaña presidencial de Joaquín Balaguer, que a su vez nos sitúa en un cronotopo determinado. Asimismo, tenemos la mención de los elementos de violencia representada en las novelas de vaqueros y las referencias al Viejo Oeste, en las películas de artes marciales protagonizadas por Bruce Lee, en la teleserie “Sombras tenebrosas” con su vampiro Barnabás Collins. La caminata que los amigos Robles y Polanco habían calculado duraría de seis a siete horas, se convirtió en una búsqueda existencial. En medio de la confusión, es el Revista Internacional de Arte y Literatura

mismo Edy Polanco que casi se da por vencido e interrumpe el fascinante recorrido: —Regresemos a casa, Jota —dijo—. Ya hemos tenido bastante por hoy. —No —replicó Juan Robles, enjugándose el rostro con la camiseta—; ya no podría regresar a casa sin mostrarte el mar. (35) En fin, con una prosa ágil, limpia, de indiscutible belleza poética y cargada de humor, en Un kilómetro de mar José Acosta consigue reconciliar la ternura y la violencia, en un Santiago de los Caballeros que se erige como un personaje más, rescatando las costumbres de un tiempo que marcó la vida de toda una generación. ■ Rubén Sánchez Féliz (Santo Domingo, 1972). Educador, narrador y ensayista. Ganador del Premio Nacional Universidad Central del Este (UCE) de cuento 2013, con Para que te tranquilices. Obtuvo el Premio Letras de Ultramar 2012 en dos categorías: Novela, con Un cuarto lleno de anguilas, y Cuento, con Ya nunca será como antes. Ha publicado Beatriz (Premio de Novela Federico García Godoy 2010, Ediciones Funglode, 2012; MediaIsla Editores, 2013), No volverás la mirada (Cuentos, Parada Creativa, 2011), Los muertos no sueñan (Premio Letras de Ultramar de Novela 2010, Editora Nacional, 2011), la antología de cuentos Viajeros del rocío: 25 narradores dominicanos de la diáspora (Editora Nacional, 2007) y El décimo día (Novela, Alcance, 2005). Obtuvo el segundo lugar en el Premio de ensayo Pedro Francisco Bonó 2010, con La palabra y otro ensayo. Su cuentística ha sido ampliamente difundida y premiada. Tiene una licenciatura en Pedagogía y una maestría en Escritura Creativa, ambas por la Universidad de Nueva York (NYU).▼

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▼ POESIA

JOSE

Acosta

Premio Nacional de Poesía 2014

Soy ciego, no conozco la oscuridad. Entre la noche y mi rostro crece una rosa. Amada dice: no eres ciego, sólo estás escondido del mundo detrás de tus ojos; cuando te llamen las cosas verdaderas, comprenderás la luz. Amada es tibia como los techos de una ciudad bajo el sol. Le pregunto por el mar y ella responde:

Amada es la ventana por donde mis pensamientos me rescatan. Cuando ella canta, llueve en mi corazón. De Viaje al día venidero

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el mar es el pañuelo que Dios puso a secar sobre el mundo. Amada es la ventana por donde mis pensamientos me rescatan. Cuando ella canta, llueve en mi corazón. Mi voz la alumbra más allá de mis dedos; ella cae en mi memoria como una manzana en el agua; los dos vamos de la mano futuro adentro,

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POESIA ▼

en busca de la eternidad. Extiendo mis brazos intentando salir de las tinieblas, Tratando de cruzar la puerta oscura para desvestirme de lo que no puedo ver. Amada dice: todo lo puedes ver, pero las cosas se esconden de tu mirada, como se esconde un espejo de otro espejo.

2 El tren que tomé en sueños aún no ha llegado a la realidad. Los días son pequeñas jaulas de sol. El ladrido de un perro me muestra la distancia;

Ilustración:

M. OLEAGA

su aullido es una pincelada brusca en el vacío. ¿Qué color es éste que huye del color? Amada dice: el color es el perfume de la luz. Le tiendo la lumbre y el crujido de una mariposa, y ella levanta el tenue velo de mi sombra para hallarme. Le digo: a veces creo que soy la sombra del que puede ver. En el pecho de Amada nace el nido de la tarde. Cuando ella enmudece se multiplican los rincones. Su susurro cubre mi alma como un manto de abejas. El fuego me abre la puerta del porvenir; más allá sólo existen mis ojos, unos ojos que no saben definir lo me ven. Amada dice: tus ojos sólo saben ver a Dios. Por la pradera de tu mirada corro desnuda hasta llegar a tu tacto. Amada es tersa como la espalda de lo desconocido. Sus manos son dos ranuras en la niebla. Revista Internacional de Arte y Literatura

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▼ POESIA

3 El silencio me deja solo en el mundo, me encierra en su aroma, me acorrala contra mí mismo hasta fundirme con mis temores. Amada al callar dialoga con su sueño. El silencio la aleja de mí, la evapora, la hunde en la región donde sólo penetra la nostalgia. El silencio es el olor de las palabras que ya se han dicho o de las que jamás se pronunciarán. Si gritara, me digo, dejaría en el aire un revoloteo sombrío. Espero la mañana como se espera el porvenir. Un resplandor piadoso vela mi frente, aguzo los sentidos y al final de mi duda renace Amada. Su voz me alcanza como un derrumbe; cuando ella me toca presiento un jardín. Amada dice: cuando se enciendan las cosas verdaderas comprenderás la oscuridad.

■ José Acosta (Santiago, República Dominicana, 1964). Poeta, narrador y comunicador social. Egresado con honores académicos del Instituto Superior de Agricultura (ISA) de Santiago de los Caballeros, en el área de Agronomía (1983). Ha ganado en cinco ocasiones el Premio Nacional de Literatura de la República Dominicana, el más importante del país. En 1993 su

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poemario Territorios extraños recibió el Premio Nacional de Poesía “Salomé Ureña de Henríquez” y en 1998 obtuvo el Premio Internacional de Poesía “Odón Betanzos Palacios” de Nueva York con la obra Destrucciones. Su poemario El evangelio según la muerte obtuvo en 2003 el Premio Internacional de Poesía “Nicolás Guillén”, de México, y ese mismo año otro

poemario suyo quedó finalista del Premio Internacional de Poesía “Miguel de Cervantes”, de Armilla, en España. Entre sus galardones figuran también una mención de honor en el Cuarto Concurso Internacional de Poesía “La Porte des Poètes”, en París (1994), otra en la Bienal Latinoamericana de Literatura “José Rafael Pocaterra” celebrada en Valencia, Venezuela (1998). Como narrador ha recibido numerosos galardones, entre ellos el Premio Nacional de Cuento Universidad Central del Este (2000), con El efecto dominó; el Premio Nacional de Novela (2005), con Perdidos en Babilonia y el Premio Nacional de Cuento (2005), con Los derrotados huyen a París. En 2010, una novela suya estuvo entre las 10 finalistas del XV Premio Fernando Lara de Novela, de la editorial Planeta. En 2011, fue finalista del Premio Internacional de Cuento Juan Rulfo, de Francia, y ese mismo año volvió a ganar el Premio Nacional de Novela con La multitud. En 2015 ganó el Premio Casa de las Américas con la novela Un kilómetro de mar, en la categoría de Literatura Latinoamericana en los Estados Unidos. Y el Premio Nacional de Poesía “Salomé Ureña de Henríquez” con el poemario Viaje al día venidero. En 2000, el gobierno dominicano reunió su obra poética en la Colección Fin de Siglo.▼

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ARTES PLASTICAS ▼

Obra: "Self Sorolla"

Autor: Ismael Checo

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▼ ESCRITORES DOMINICANOS

MIGUEL

Aníbal Perdomo El libro que regresa

(De Los violines gemelos, Premio Nacional de Cuento 2014)

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J

orge Luis Borges abre la ventana, se queda mirando el río que puede ver todavía porque perderá la vista a los cincuenta años y sólo percibirá el color amarillo. Camina hasta su escritorio y deslía un paquete que acaba de recibir, a todas luces una revista o un libro que le ha enviado Pedro Henríquez Ureña desde Santo Domingo donde es Superintendente General de Enseñanza. Corre el año 1933. Borges trabaja en una biblioteca en un suburbio de Buenos Aires y quizás por eso le ha dado con pensar que el mundo es una vasta biblioteca. Antes que él, Dante había acariciado la idea de que el universo no era más que un libro. Ahora Borges está descansando en una estancia frente al Río de la Plata. Al abrir el envoltorio surge una cajita de cartón resistente, y en su interior un artefacto extraño de 6 x 8 pulgadas, una pantalla, con un botoncito negro en el margen inferior izquierdo seguido de varios otros. El último, en el margen derecho, es rojo. Pulsa el primer botón: la pantalla se enciende como el diminuto telón de un cine, se llena de letras igual que la página Revista Internacional de Arte y Literatura


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ESCRITORES DOMINICANOS ▼ de un libro que una mano invisible tipografiara. Borges lee: Fui ayer al Pireo con Glaucón, hijo de Aristón, para dirigir mis oraciones a la diosa y ver cómo se verificaba la fiesta que por primera vez iba a celebrarse. ¡Platón!, dice apretando el primer botón. La página sube y una segunda página aparece con el diálogo de Sócrates y sus discípulos, y una tercera página… Borges piensa que es un libro completo. Toca el segundo botón y lee: En un lugar de La Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme… y su perplejidad aumenta. Sigue oprimiendo botones hasta hacerse una idea del funcionamiento del artilugio y su contenido. Descubre que hay un índice que parece infinito: ¡están allí todas las obras escritas por la humanidad, por sus innumerables culturas! Vuelve a revisar el envoltorio y la cajita en que llegó el mágico artefacto, pero nada más aparece. Henríquez Ureña, cosa rara, no le envió nota alguna. Borges deja el aparato y queda frente a este sin saber qué pensar. Intuye que si el mundo es una biblioteca, toda la biblioteca está en ese artefacto. Luego el mundo cabe ahora en él. Siente una ráfaga de horror: estamos frente a una revolución. El libro tal y como lo conocemos dejará de existir, lo mismo que las bibliotecas. Las páginas, con su textura vegetal que nos acerca a la Jorge naturaleza, serán sustituidas Luis Borges Revista Internacional de Arte y Literatura

por un cristal lumínico con algo de ojo de cíclope, impersonal. El artefacto le parece una bomba de tiempo. ¿Cuántos ejemplares habrán fabricado —pregunta— de esta máquina extraña que implica la destrucción del libro? Toma su saco y decide bajar al pueblo a enviar un telegrama a Henríquez Ureña, buscando alguna explicación sobre aquel sucedáneo de libros y bibliotecas. El capataz de la estancia, un gaucho viejo y apacible a quien el tiempo ha pulido como a un guijarro, lo conduce a la oficina de correos, a una ventanilla de donde surge el sonido incesante del telégrafo, sonido que se alarga o acorta con bruscas pausas y prosigue siempre. De pie, Borges redacta su mensaje, deja un billete de banco sobre el mostrador y regresa a la estancia a esperar. Esa noche el insomnio condena a Borges a una jaula de fierro. El artefacto-biblioteca está en el velador, pero él se niega a manipularlo: siente que hay en él algo atroz, que contiene una carga de TNT que puede hacer volar el caserón, el mundo que conocemos, por lo menos en el plano de las abstracciones. Le tranquiliza recordar que Henríquez Ureña es amable y formal y que accederá a su petición de hacer el favor de contestarle en el acto. Borges deja el lecho, se asoma a la ventana y contempla el gran río discurriendo

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▼ ESCRITORES DOMINICANOS incesante. Ve la Cruz del Sur colgando de un cielo transparente, luminoso, que parece una gran pantalla donde los astros escriben un eterno mensaje que no puede descifrar. El aire huele a hierba, las luciérnagas trazan telegramas secretos, y los grillos remedan el sonido persistente del telégrafo. Borges vuelve a la cama y concilia el sueño al amanecer. Despierta muy tarde, casi a la hora del almuerzo. Cuando empieza a vestirse oye un par de golpes en la puerta. Es el capataz que le dice tendiéndole un sobre azul: “He bajado al pueblo en busca de la correspondencia, don Jorge. Aquí está la respuesta a su telegrama de ayer”. Le da las gracias y oye al capataz alejarse. Va a la ventana y ante el río, lee la misiva: “Te escribí carta. Mas no envié objeto alguno. Atentamente, Pedro”. Si el artefactolibro no estuviera ante sus ojos aguardándolo en el velador, Borges pensaría que había tenido un sueño atroz. Quizás, después de todo, aquello sea una creación de su mente. Si el mundo existe porque nosotros lo vemos, como creía el Obispo Berkeley, ¿por qué la mente no puede materializar ciertas cosas? Ernesto Sábato, un ■ Miguel Aníbal Perdomo. Santo Domingo. Licenciado en letras, Universidad autónoma de Santo Domingo, (UASD); Diplome de Langue, Alianza Francesa, Santo Domingo; Diplomas de Inglés y Diploma de Italiano, APEC; Maestría en Estudios Hispánicos, University of Illinois at Chicago; Maestría en Filosofía y Letras, City University of New York; Ph. D. (Doctor en Filosofía y Letras). El poeta Miguel Aníbal Perdomo, a lo largo de su vida ha sido Profesor y Coordinador de Cátedra, 1980-90, UASD; Fulbright Scholar, 1984-85, Paramus Community College, N. J.; --Columnista

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joven estudiante de física, le había explicado la existencia de una nueva corriente científica que indicaba que nosotros modificamos el universo con nuestra mirada, y lo hemos diseñado a la medida de nuestras necesidades. Por un momento Borges recuerda a Platón: en su tiempo, cuando la escritura comenzó a imponerse, el filósofo siempre creyó que la forma superior de comunicar sus pensamientos era la oral: para esta guardaba sus conceptos más brillantes. Vacila por un minuto. Quizás a él le esté sucediendo algo semejante. Alguien le ha enviado desde el futuro un aparato que cambiará nuestra percepción de la palabra escrita, del libro. Tal vez, reflexiona Borges, sea él quien, como Platón, no entienda la metamorfosis que ocurre ante sus ojos. Sin poder evitarlo va al velador, lo devuelve a la caja, deja su habitación y desciende hacia el río por un caminito de tréboles y madreselvas. Al llegar a la orilla arroja la caja con gesto decidido. La ve flotar por tres segundos antes de ser engullida por las aguas del Plata.

de La Noticia, 1986; Asesor Cultural, Isla Abierta, Hoy, 1989-90; Profesor, Universidad de Illinois, 1990-92; Profesor de la City University of New York, 1992-presente; Profesor Invitado, Sarah Lawrence College (considerado el mejor de los EE.UU.), Bronxville N. Y., 1998-presente Ha publicado: La poesía joven dominicana a través de sus textos [1978]; Cuatro esquinas tiene el viento, 1982; Los pasos en la esfera, 1984; El inquilino y sus fantasmas, 1997; La colina del gato 2004, Premio Nacional de Poesía, 2003. Obtuvo el Premio Nacional de Ensayo 2014 por Ensayos al vapor, y el Premio Nacional de Cuento 2014 por Los violines gemelos.▼ Revista Internacional de Arte y Literatura


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CUENTO ▼

KEISELIM A. MONTAS

"Sin lágrimas"

C

orrían los días finales de junio del 2004, y yo deambulaba por las calles y avenidas de Buenos Aires. Me buscaba. No era la primera

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vez que me encontraba, buscándome, en tierras lejanas, y éste también era viaje de búsqueda. Mis días allí eran simples y rutinarios: por las mañanas a un café a tomar desayuno (café con leche y tostadas) y a escribir; cruzaba luego justo al frente a chequear “e-mail” en uno de los tantos centros de internet desperdigados por la ciudad; después salía a caminar sin rumbo y sin mapa (en cualquier dirección); en un momento, en cálculo impreciso, paraba, me subía a un taxi y pedía me llevaran al centro de la ciudad; sobre las dos de la tarde, si mal no recuerdo, tomaba la primera clase de tango (a eso dije haber ido a Buenos Aires), a la cual le seguía otra; después salía solo (pocas veces con alguien de la clase) y me iba a comer algo y a tomar un café para hacer hora de espera para la clase

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▼ CUENTO de las seis; después de la clase de las seis volvía al apartamento que había alquilado (un pequeño estudio en el 5to piso de un edificio en el Barrio Norte, sobre Larrea y casi esquina Pueyrredón y Santa Fe) –tan borrosa es mi memoria de ese viaje que hoy tendría que ubicarme en un mapa para saber con certeza donde estaba. Pero esas coordenadas las recuerdo bien, pues eran mi único norte para poder volver a casa. Después de ducharme salía a comer al DUERO (el mismo restaurante de todos los días, ya tenía mozo que me esperaba –linda persona–, y a comer lo mismo: un bife de chorizo y vino); luego volvía al apartamento e intentaba leer o volvía a escribir; de ahí decidía si salir a una milonga (donde el humo de los cigarrillos me mantenía siempre al precipicio de un estornudo) o meterme de una vez a la cama para esperar a que amaneciera. En uno de esos días, en la clase de las seis de la tarde, se me había aparejado una chica holandesa (atractiva y un poco más alta que yo, si mal no recuerdo), y fue entre sus brazos que me llegó la nublazón y el aguacero (a cántaros). Los instructores nos pusieron a hacer un ejercicio poco común: nos pidieron cerrar los ojos para bailar una pieza, pero que ambos bailadores cerrasen los ojos (por lo general sólo uno cierra los ojos, no los dos; bailar a ciegas no es recomendable, estoy seguro), prometieron que ellos evitarían accidentes (después de todo no éramos tantas las parejas). El ejercicio consistiría en poner suma atención a una pieza con voz y una sola instrumentación de piano (una pieza que en realidad no es apta para bailar) con el objetivo de no sólo alcanzar una mejor conexión entre la pareja, sino también de conectarse con la música y poder seguir la cadencia (de por sí lenta), guiados por el tono de voz y el repique de las teclas del piano. Solo dijeron que la cantaba un cantante queridísimo.

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Cerré los ojos abrazado a esta chica cuyo nombre ni siquiera sabía, y comenzó la canción a puro piano. Me acogió de inmediato una ansiedad de búsqueda: necesitaba desesperadamente de una cadencia que seguir (ese paso marcado tan esencial en el tango bailable); pero esa introducción parecía zigzaguear casi ascendiente y serpenteando por el alto cielorraso del salón, o confundirse como humo entre esos bailadores que reflejados en los altos espejos (también a ciegas) parecían buscar –o esperar- con pasitos cortos y tímidos a que la canción revelara sus acentos. Un medio minuto de preludio, casi eterno y desconcertante, introdujo esa voz que apareció como si saliera de mí; como si ese timbre de voz y esas palabras no salieran a través de la malla negra de las bocinas del tocadiscos, ni de la boca de ese cantante cuya voz no reconocía entre mi repertorio de tangueros conocidos, sino de mí. Me perdí por el cielorraso y en el espejo (debió haber sido por horas), pero al final de la canción desperté frente a la clase entera que me miraba, y yo apenas divisaba los gestos de sus rostros a través del empañado foco de mis ojos ahogados en un llanto que me brotaba copioso desde lo más profundo de todos los años de mi existencia. Saqué del bolsillo trasero mi pañuelo y me sequé las lágrimas; exprimir el pañuelo fue casi necesario. Me llené los pulmones de aire y dibujé una mueca parecida a una sonrisa, y continuó la lección. Al final, le pregunté al instructor cómo se llamaba la canción y quién la interpretaba. “Sin lágrimas” y la acababa de escuchar de voz del gran maestro Rubén Juárez. Salí de la clase corriendo y entré en la primea disquera que encontré y allí compré el disco Revista Internacional de Arte y Literatura


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CUENTO ▼ compacto titulado “El Álbum Blanco de Rubén Juárez”. Regresé al apartamento y escuché la canción una vez, otra vez, y otra vez, y otra vez:

No sabes cuánto te he querido,

Ilustración: M. OLEAGA

cómo has de negar que fuiste mía; y sin embargo me has pedido que te deje, que me vaya, que te hunda en el olvido. La escuché hasta que los vecinos del cuarto piso subieron a ver si se había roto una tubería; supongo que alguna gotera salada los habría tocado.

Ya ves, mis ojos no han llorado, para qué llorar lo que he perdido; pero en mi pecho lastimado, sin latidos, destrozado, va muriendo el corazón. La escuché hasta que se me secó el pozo de lágrimas que llevaba dentro.

No puedo reprocharte nada, encontré en tu amor la fe perdida. Con el calor de tu mirada diste fuerzas a mi vida, pobre vida destrozada. Revista Internacional de Arte y Literatura

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▼ CUENTO Esa noche decidí salir a bailar y fui a la milonga de la Confitería Ideal. Al llegar divisé sentada al fondo, mano izquierda, a la chica holandesa. Para mi sorpresa, ella mostraba con una sonrisa el alegrase de verme; más aún, se puso de pie y fue a recibirme. Hablamos poco, bailamos mucho, y a pesar de ser ambos principiantes, hubo quien nos dijera que hacíamos linda pareja de baile. Le pedí su número de teléfono y lo apunté en esa libretita que cargo conmigo a todas partes. Me dijo que se estaba quedando en una pensión o algo así. Quedamos en volvernos a ver y que la llamaría para concertar. Me pareció dulce y encantadora; alta, pelo rubio, ojos azules, delgada, y había ido a Buenos Aires a tomar clases de tango, como yo. Por los siguientes tres o cuatro días, convencido de que me la volvería a encontrar en alguna de las clases o en alguna de las milongas, la esperé en vano. Al cuarto día decidí llamarla y así lo hice. Frente al teléfono, que hasta ese momento no había usado, saqué mi libretica, marqué el número, y una voz de encargada de pensión contestó preguntando que con quién deseaba hablar. Me di cuenta entonces, que había apuntado su número telefónico, pero que nunca le pregunté su nombre.

Y aunque mis ojos no han llorado, hoy a Dios rezando le he pedido... que si otros labios te han besado, y al besarte te han herido, que no sufras como yo.

■ Keiselim A. Montás: Santo Domingo, República Dominicana, 1968. Desde 1985 vive en los EE.UU., donde terminó sus estudios secundarios e hizo una licenciatura y una maestría en lengua y literatura castellanas. Además de publicar poemas sueltos, fotos, cuentos, ensayos y entrevistas en revistas literarias, ha publicado: Pequeños Poemas Diurnos, (poemas, plaquette, New York,1992 y 2005); Amor de ciudad grande (poemas, New York, 2006); Reminiscencias (Premio Letras de Ultramar 2006, cuentos, Santo Domingo, 2007); Allá (diario del transtierro) (poemas, New York-New Hampshire, 2012 y versión digital 2013). Sus poemas y cuentos aparecen en antologías tale como: Viajeros del rocío (25 narradores dominicanos que escriben desde el extranjero), Santo Domingo, 2008; Nostalgias de Arena (escritores de las comunidades dominicanas en los Estados Unidos), Santo Domingo, 2011; Shortstop microrrelatos de béisbol dominicano, Letra Negra, Ediciones Ferilibro (Guatemala, 2014). Primer lugar en el XIX Concurso de Cuentos Radio Santa María 2012, La Vega, República Dominicana, con “Sin lágrimas”; Segundo lugar en el Premio de Cuento Juan Bosch (FUNGLODE/GFDD 2014), con “Serás para mí”. En la actualidad vive en New Hampshire y trabaja en Dartmouth College donde ha desempeñado la función de Faculty Fellow, además de su cargo permanente como Director Asociado del Departamento de Seguridad. Ha trabajado en el sector de la seguridad pública por más de 25 años, mayormente en el área de educación universitaria. ▼ Blog del autor: http://keiselimamontas.blogspot.com/

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Revista Internacional de Arte y Literatura


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NOVELA ▼

MIGUEL ANIBAL PERDOMO

LA NOVELA

dominicana en apogeo

R

(De Ensayos al vapor,

Premio Nacional de Ensayo 2014)

esulta muy halagador el hecho de que al concurso nacional de novelas, en que fui jurado, se sometieran más de cuarenta textos; y más positivo es que haya por lo menos seis que merezcan llevarse el premio. Qué contraste con los primeros años del ochenta. En esa época el esfuerzo de escribir una novela era de por sí suficiente como para obtener el premio: el género apenas si se cultivaba. Escribir textos narrativos de largo aliento parecía cosa imposible dadas nuestra limitaciones sociohistóricas. Al ver la proliferación actual del género novelístico, me pregunto cuáles son las causas de ese “boom”. Revista Internacional de Arte y Literatura

El punto de partida podría ser aquel lejano día en Casa de Teatro cuando el poeta Pedro Mir llamó a los jóvenes escritores presentes a escribir novelas. Él mismo decidió dar el ejemplo y escribió Cuando amaban las tierras comuneras, publicada en la prestigiosa editora Siglo XXI. Como era de esperarse, la novela de Mir --al estilo de Amistad funesta, de José Martí-- adolece de las limitaciones que asaltan al poeta cuando aborda dicho género. La plasticidad, la síntesis, la aglutinación y la valoración subjetiva que caracterizan la poesía parecen oponerse a la presentación de hechos en forma minuciosa, lineal; pese al

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▼ NOVELA uso de planos paralelos, común en la novela contemporánea y que ya en el siglo XIX Tolstoi y Flaubert habían utilizado No sé si fue coincidencia. A partir de la década del ochenta la escritura de novela

Andrés L. Mateo

empezó a surgir por vez primera en la literatura criolla. Fue en esa época que Andrés L. Mateo dejó las torres lunares de la poesía por los condominios de la novela. Hoy los poetas del patio no se prueban escribiendo lánguidos sonetos. El escritor dominicano rompe armas en el arduo campo de la escritura de novela, y todo poeta que se respete reconfirma sus galones en las lides narrativas. El género está de moda. Es irónico que el poeta, cuyo oficio luce incompatible con el del novelista, sea quien parece haber estimulado la novelística criolla. Debemos recordar que fueron poetas como Miguel Alfonseca y René del Risco, entre otros, quienes impulsaron el cuento. Este último dejó una novela inédita al morir. Pensando en todo ello, una interrogante me asalta con frecuencia:

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¿son incompatibles los oficios de poeta y novelista? Las excepciones que recuerdo son Goethe, y el Víctor Hugo de Los miserables, una muestra del sentimentalismo y el optimismo humanista románticos, a la que un editor actual le podaría doscientas o trescientas páginas, censurando los discursos de la voz narrativa. ¿Habrá, como quiere algún sicólogo clásico, un determinismo temperamental en cuanto a los géneros atañe? Así, la persona melancólica —siguiendo la clasificación griega de los humores— está condenada a ser un bardo quejumbroso; la sanguínea, a la novela. Quizás el poeta tenga más afinidad con el cuento que con la novela, y haya zonas porosas entre ambos géneros; y que la síntesis, el proceso circular, el relámpago de la revelación de un instante, igual que el clímax vertiginoso, sean similares en ambos géneros. Poetas cuentistas como Edgar Allan Poe y Jorge Luis Borges no me dejan teorizar en el vacío. Otro detalle que sorprende en la novela criolla es su paradójica proliferación en un país donde el hábito de la lectura es propio de una “inmensa minoría”, como decía Juan Ramón Jiménez refiriéndose a los lectores de poesía. Quizás los poetas, creadores de utopías como su antepasado Platón (poeta novelista disfrazado de filósofo, como creía Nietzsche), al fundar la novela actual dominicana hayan abierto un espacio a los narradores. Ojalá que con ellos hayan convocado también a sus lectores y a sus editores. Ya sabemos que sí podemos escribir novelas, por encima de la impaciencia temperamental del criollo. Se trata ahora de ceder el paso a novelistas que puedan mantener un buen nivel de calidad. El camino hacia el cielo puede estar empedrado con malas novelas.▼ Revista Internacional de Arte y Literatura


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CUENTO ▼ MANUEL SALVADOR GAUTIER

G

GOLIAT Sagrada Biblia. I Samuel. Cap. 17. Vers. 4, 5, 6, 7 y 8.

4. Salió entonces del campo de los filisteos un paladín, el cual se llamaba Goliat, de Gat, y tenía de altura seis codos y un palmo.

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oliat de Gat contemplaba el cielo. Un gran cúmulo de nubes ocultaba el sol en su zenit e impedía que sus rayos se esparcieran sobre la tierra. Goliat deseaba que el sol saliera para ser envuelto en su luz; sentirse iluminado de pies a cabeza; saber que el casco de bronce refulgiría en su cabeza, la coraza de oro y bronce fulguraría sobre su pecho y las grebas de bronce relumbrarían sobre sus piernas. No deseaba presentarse a la Casa del Dios Dagón en un estado de absoluto abandono, como un despojo insignificante abandonado en medio del campo de batalla.

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▼ CUENTO La noche anterior Goliat recibió la orden de lanzar el mismo reto de muerte que profirió hacía más de cuarenta días, cuando los escuadrones enemigos, filisteos e israelitas, se enfrentaron por primera vez, después de ocupar sendas lomas que dominaban el valle donde combatirían. Había dicho entonces: —¿Para qué colocar nuestros ejércitos en orden de batalla? Presentadme un paladín de entre ustedes que pueda desafiarme. Si este héroe se atreviese a pelear conmigo y me venciera, nosotros seremos sus siervos; si ocurre lo contrario, ustedes serán nuestros siervos. El enemigo no acogió el reto. No tenía un paladín de proporciones descomunales como Goliat. Prefirió la batalla cuerpo a cuerpo a la lucha entre dos titanes. Las hostilidades entre los ejércitos derivaron en una serie de choques sin consecuencias y en un estancamiento bélico. En las escaramuzas de cualquiera de esos días, los filisteos hacían retroceder a los israelitas y ocupaban la loma donde estos tenían su campamento, y al día siguiente, los israelitas empujaban a los filisteos hasta hacerlos volver a la loma que ocuparon originalmente. En el vientre del valle quedaron los heridos y los muertos, y fragmentos de lanzas, corazas y demás armas. Vinieron entonces los períodos de calma siniestra, de expectativas desalentadoras. Algunos abandonaron el campo de batalla hastiados por la falta de resultados; otros lo hicieron agobiados por compromisos ineludibles en sus hogares. Quedaron los más corajudos, los que nacieron para la guerra, los que debían imponerse en el combate y traer al

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altar de sus dioses el botín de siervos, animales y bienes sustraídos al enemigo. Tras un tiempo, los antagonistas comprendieron que la continuación de la contienda solo significaba propiciar la muerte hasta que uno de los bandos se entregara al otro o hasta que no quedara un solo sobreviviente. Los filisteos decidieron proponer otra vez el combate entre adalides. Goliat cumplió con las órdenes recibidas. Descendió hasta el medio del valle y usó sus manos como un fututo para que el enemigo lo escuchara. La pesadez de sus armaduras no le quitó el resuello. No importaba bajo cuáles condiciones combatiera, él era ágil y seguro. —Hoy desafío a los siervos inútiles de Saúl en el campamento de Israel. Enviadme un paladín que pelee conmigo —repitió, consciente de que producía espanto entre sus enemigos por su contextura desproporcionada de gigante, su armadura deslumbrante que le cubría de pies a cabeza, su espada al cinto, y su lanza y su jabalina que empuñaba resueltamente. Hubo una larga espera durante la cual el cielo se nubló. Entonces se oyó el sonido agudo de unas trompetas, y de las filas del enemigo salió la figura esmirriada de un muchacho vestido con túnica blanca, sin casco ni coraza, que bajó lentamente la cuesta de la loma, y caminó con cierta torpeza apoyado en un callao. A cada tres pasos miraba hacia atrás, como para solicitar ayuda y orientación a sus compañeros de armas. Los filisteos pensaron que los israelitas enviaban a un embajador para tratar la rendición Revista Internacional de Arte y Literatura


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CUENTO ▼ de su ejército, hasta que el muchacho se detuvo frente a Goliat y el viento les llevó a los oídos sus palabras amenazantes.

pequeño paladín colocado frente a él. Amenazó con retorcerle la cabeza con las manos y arrancársela.

—Tú vienes a mí con espada y lanza y jabalina —dijo—; mas yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos, el dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado.

Entretenido en lanzar bravatas, Goliat no vio cuando el muchacho abandonó el callao en que se apoyaba y enderezó el cuerpo, mientras sacaba de entre su túnica una honda y colocaba una piedra filosa en el elástico. De haberlo notado, habría brincado a un lado con la agilidad que le caracterizaba y embestido y vencido al pequeño combatiente que lo enfrentaba, como ocurriera con tantos otros en lances semejantes. Esta vez la diosa Itza, protectora de los guerreros filisteos, no acompañó a Goliat, y él no pudo evitar que una piedra (¿o fueron varias?) lo alcanzara en el rostro, hiciera que perdiera el equilibrio y lo obligara a caer, para quedar estirado y agotado sobre el suelo, inmovilizado por el peso de sus armaduras y el dolor que le producían las heridas recibidas.

El muchacho apenas se movía. Visto desde lejos parecía que oraba. —Jehová te entregará hoy en mis manos, y yo te venceré y te cortaré la cabeza y daré hoy los cuerpos de tus compañeros a las aves del cielo y a las bestias de la tierra, y toda la tierra sabrá que hay dios en Israel. Los filisteos no se alteraron ante sus palabras. —Y sabrán todos los que me oyen y los que me oirán, que Jehová no salva con espada y con lanza, porque de Jehová es la batalla y él te entregará en mis manos. Goliat tampoco se turbó. Era la sólita cháchara de los israelitas sobre su dios. Cuando el muchacho terminó su perorata, Goliat echó la cabeza hacia atrás y rió estrepitosamente. Gritó palabras hirientes, burlándose del Revista Internacional de Arte y Literatura

—¿Soy yo perro para que vengas a mí con palos? Te maldigo veinte mil veces, a ti y a tu dios Jehová, por ser un escarnio en las tierras de Dagón, el Supremo, el dios de las mil ciudades y de las mil praderas.

Goliat, el paladín de los filisteos, comprendió que yacía cuan largo era en espera de la muerte. Una mueca de tristeza afloró a sus labios. El tiempo pasaba y el sol seguía oculto, renuente a insuflarle con su luz el aliento requerido para él hacer la caminata honrosa de los guerreros, más allá del río Daar, por el sendero de los pasos desconcertantes, donde, por haber perdido su último torneo, él debía luchar de nuevo contra todos los combatientes que había vencido una vez, hasta alcanzar la cima donde moraba su dios.

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▼ CUENTO El desenlace esperado no tardó en ocurrir. Goliat no se inmutó cuando vio que el muchacho recogía del suelo la espada que él dejó caer; se acercaba, blandiéndola con destreza, y cortaba el aire, haciendo un arco amplio con el brazo para asestarle el tajo que le cercenaría la cabeza. En esos instantes, Goliat invocó por última vez a la diosa Itza. —Generosa Itza, diosa amada de la guerra y la victoria, soy Goliat de Gat, el filisteo, el vencedor de Insato, Belizaar, Darraten y otros más. Divina Itza, permite que yo luche de nuevo contra ellos en nobleza y dignidad; no dejes que yo recorra el camino de la incertidumbre y la impureza. Entonces un rayo de sol brilló en la hoja de la espada que se aproximaba inexorablemente a su cabeza, y Goliat supo que alcanzaría la Casa del Dios Dagón, triunfante una vez más, purificado y animoso, envuelto en esplendores de oro y bronce.

■ Manuel Salvador Gautier. Nació el 1ro de agosto de 1930. Es Ingeniero Arquitecto graduado en la Universidad de Santo Domingo en 1955 y Doctor en Arquitectura, en la Universidad de Roma, Italia, en 1960. Su obra literaria comenzó en 1993, cuando publicó la tetralogía Tiempo para héroes, que ganó el Premio Anual de Novela Manuel de Jesús Galván para ese año. En 1995, publicó Toda la vida, que mereció el mismo premio. Desde 1995, pertenece al grupo literario

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Ateneo Insular, del Movimiento Interiorista. En febrero de 1999 público Serenata. En octubre del 2001 recibió el Premio de Novela de la Universidad Central del Este por su obra Balance de tres. En noviembre del 2002 fue declarado ganador del “Premio Víctor Hugo en la Historia”, con el ensayo “La fatalidad no está en un campanario de París”. En enero de 2005 presentó siete relatos en Historias para un buen día. En agosto de 2005 su cuento “Urías” ganó el Segundo Premio en el concurso internacional de cuentos y poesía Premio “Città de Viareggio”, en Italia. En febrero de 2006, publicó el ensayo Jaime al descubierto y en octubre, Ediciones Cedibil publicó su novela El asesino de las lluvias, que fue traducida al italiano por Maria Antonietta Ferro y publicada en 2007 por Giovane Holden Editori de Lucca, Italia. En 2009 Editorial Santuario publicó Un árbol para esconder mariposas. En 2010, esta editorial publicó el libro de ensayos Gautier visto por Gautier y las novelas Dimensionando a dios, sobre la juventud del patricio Juan Pablo Duarte, y La fascinación de la rosa. En 2011, con Dimensionando a Dios, ganó el Premio Nacional Feria del Libro Eduardo León Jimenes, otorgado al mejor libro publicado durante el año 2010. En 2011 publicó Tres cosas te ofrezco y el libro de ensayos El encanto de la arquitectura. En el 2012, El misterio de la corbata verde. En 2013, colocó en Amazon su novela La mala maña. En total, Gautier tiene publicadas catorce novelas, un libro de cuentos y tres de ensayos. Ha publicado ensayos cortos en las revistas literarias, ha sido panelista y conferencista y ha hecho la presentación de varias obras literarias. Es Miembro Correspondiente de la Academia Dominicana de la Lengua y coordinador del Grupo Mester de Narradores que tiene como objetivo difundir la narrativa dominicana. ▼ Revista Internacional de Arte y Literatura


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POESIA ▼

Cuando amanece El hálito del amanecer abraza la ventana. La penumbra del alba se asoma, el rumor de la ciudad empieza a gotear sobre el pavimento. Los edificios anochecidos, saciados de sueño y fatiga, despiertan del hechizo que se comía la luz que ahora se filtra como un soplo. Las personas se desperezan para proseguir escribiendo sus historias sin resistirse al juego.

OSIRIS

Mosquea

Tres Poemas

Nunca es más hermosa la ciudad como cuando la noche en secreta liturgia cede paso al día sin urgencias Sus escombros se volatizan en el paisaje y el graffiti y los pasos se quedan reducidos al asfalto Imagino las que debieron ser las estrellas detrás de los edificios en el rectángulo del cielo amanecido que atisbo detrás de una tristeza peregrina instalada en mi memoria Frívola la mañana se cuela entre los visillos del día sigilosa y descalza me estremezco en el instante de saberme salvada del sueño, sobreviviente de la noche

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▼ POESIA para ver el temblor del amanecer

Una multitud prófuga se precipita sobre el prodigio del día conquistando las calles la desembocadura de los trenes que no duermen El estío se pasea como un recién llegado reafirmando su sed su decisión de quedarse Lento el día se ahonda en la manzana entera poblada de sirenas, almacenes, buhonerías duros patrones del mercado del polvo en las esquinas nefastas noticias e ilusiones nuevas tremolando en la brisa Yo, que digo estas palabras que vengo del vuelo despeinado de una isla lanzada sobre el mapa del Caribe me regocijo en esta hora en que es más hermosa la ciudad.

Siempre es gris en los cementerios

Siempre es otoño en los cementerios. Juan Manuel de Prada.

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POESIA ▼ Siempre es gris en los cementerios justo aquí donde te busco madre entre apellidos extraños Smith Lenfestey Rockwell Johnston todos ellos, tan distintos al tuyo que aún me huele a campo al mar azul de la isla a esencia de gardenias y siempre fresca Percibo el silencio en los labios de las criptas en la calma vencida de este recinto sembrado de cruces destino invencible de los cuerpos Ángeles de piedra custodian un mundo de secretos sobre la pesada losa resignados al olvido Artificiales flores son batidas por el viento cual banderas exhaustas infectadas de derrota Los tulipanes regresan de un largo invierno entre austeros crucifijos y abrojos Los asordinados rumores de la calle la indiferente geografía de los edificios Revista Internacional de Arte y Literatura

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▼ POESIA contrastan con esta calma eterna con este crepuscular mundo de piedra lloviznado de neblina Una luz nostálgica se precipita furtiva sobre una imagen esculpida en el mármol coronada de polvo muda persistencia del recuerdo En este recinto de ausencias una cortina de soledad penetra mis ojos que te buscan entre estatuas y piedras intersticio de un tiempo detenido en un agujero sin respuesta Qué hay en ese vacío que ahora habitas bajo el mármol lejos de aquí qué es de ese tiempo oscuro que subterráneamente extingue desde tu encanada cabeza hasta tus pies pequeños cómo te encuentro tras el manto aneblado de la muerte ¡Madre! Siempre es gris en los cementerios.

Entre otras cosas Entre otras cosas da lo mismo si hay cellisca o llueve si es el amor o los amantes

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POESIA ▼ en la ciudad que transitó el poeta el mismo poeta en Nueva York el que levantó su voz junto a Whitman en los trenes y le escribió estos versos como quien pare a un hijo: “Y tú, bello Walt Whitman, duerme a orillas del Hudson con la barba hacia el polo y las manos abiertas”. El que libó la manzana de la boca de un pez en Central Park y danzó con los negros entre edificios y palmeras en Cuba y Nueva York Entre otras cosas nosotros también mordimos la manzana deshojamos en las esquinas la hora sorda que golpea y amarga a cualquier Karenina en la calle junto a un hombre que naufraga en su corbata roja ella de verde y violeta resignación de plomo en su cartera bajo el muérgano sutil de la tarde que transitó el poeta.

■ Osiris Mosquea. Nació en San Francisco de Macorís, República Dominicana. Realizó sus estudios universitarios en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, UASD, donde obtuvo su título de Licenciada en Contabilidad. Es gestora cultural. Fue miembro fundadora del taller literario Búsqueda, donde contribuyó con la preparación y edición de la revista de dicho taller, publicando en la misma sus primeros poemas, en su país natal. Fundadora de Trazarte Revista Internacional de Arte y Literatura

Huellas Creativas en la ciudad de Nueva York, y coeditora de Trazos la voz escrita de dicha institución. Mosquea ha presentado sus trabajos en diferentes tertulias de la comunidad latina, así como en diferentes instituciones de la ciudad de Nueva York y en festivales internacionales de poesía. Sus escritos han sido publicados en revistas, antologías y periódicos de varios países. Tiene publicado dos libros de poesía: Raga del Tiempo, 2009 y Viandante en Nueva York, 2013.▼

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▼ ARTES PLASTICAS

Obra: "Cool Guy"

Autor: Ismael Checo

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CUENTO ▼ OSIRIS VALLEJO

H

¿VOLVER A CASA? Del libro Dimensiones del Espejo Ganador del Premio Letras de Ultramar 2014 Revista Internacional de Arte y Literatura

abía tomado el taxi en la calle 149 y Grand Concourse. Solía tomar el autobús, pero como era viernes y había quedado en llevar a su mujer y sus dos hijos al cine después del trabajo, calculó que la lentitud del autobús le haría retrasarse. Al entrar al taxi, saludó, como de costumbre, y recibió una respuesta amable y casi amistosa. El taxista era un tipo de mediana edad, con un acento presumiblemente africano, si es que existe tal cosa. Notó que la radio estaba sintonizada en una emisora de lengua francesa, y que hablaban de algo así como

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▼ CUENTO de una guerra civil, de unos niños que habían quedado huérfanos y de un barco que cargaba petróleo y se hundió en aguas del Atlántico. Conversó con el taxista por unos cinco minutos y se enteró de que el tipo era un médico en su país de origen, que tenía ocho años trabajando de taxista, que se hallaba casi desesperado por esa situación y que la culpa de todo la tenía un tal Smith. ―¿Y usted de dónde es, amigo? —le preguntó el taxista. ―Soy de una isla del Caribe. ―O sea, que usted también es africano. ―Bueno, no propiamente. La tez de mi piel y ciertos rasgos culturales revelan que tengo influencias africanas, pero no podría decir que soy africano. Soy hijo de una realidad distinta. Soy, si me perdona lo afectado del discurso, el producto novísimo de la cópula entre la víctima y el verdugo, pero no soy la víctima en la misma medida en que no soy el verdugo. ―¿Por qué niega su identidad? ―No la niego. Es que mi identidad no es, discúlpeme, la que usted pretende. No he logrado nunca entender esa manía de… Perdone, pero es como si alguien me invitara a su casa y, al ver que no acepto, me obligara a entrar. No sé si me comprende. ―No diga más. Se mantuvieron en silencio por un buen rato, durante el cual Manuel repasó brevemente el tiempo en que vivió en Santo Domingo, años durante los cuales fue, como dicen por aquí, color-blind, es decir, no se había planteado

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el asunto racial o del color en los términos estadounidenses. Su viaje a Nueva York fue un salto que trascendió el plano físico. Recuerda que durante el primer año le costó tanto adaptarse que tuvo que visitar un psicólogo. Y esta conversación con el médico y taxista africano lo había enfrentado de golpe con aquella realidad. De repente se dio cuenta de que habían tomado una ruta que no parecía conducir a su destino. Se lo hizo saber al taxista, pero éste le aseguró que conocía un atajo que les ahorraría mucho tiempo. Como el tipo le había inspirado cierta confianza, a pesar de la brevísima discusión sobre la identidad, él se dejó llevar. Miraba a través de la ventanilla y pasaban frente a él unos edificios derruidos y deshabitados que le producían una sensación de déjà vu. Luego vio una casa de varios pisos, con galerías frontales y laterales. La calle, que se iba tornando más bien en carretera sin asfalto, estaba llena de agujeros y el taxi iba dando unos saltos que hacían revolver el estómago. Se puso a pensar un poco en lo extraño y contradictorio de aquel lugar, que para él era absolutamente desconocido, a pesar de que creía conocer toda el área. Caviló profundamente sobre el contraste entre la casa de los jardines y el resto de aquel barrio descolorido. Miró al retrovisor y le pareció que el taxista se reía. Cuando se dio cuenta de que, efectivamente, el tipo lanzaba unas carcajadas que intentaba disimular colocándose la mano derecha sobre la boca, le preguntó que si había ocurrido algo gracioso. Pero no escuchó respuesta, porque en ese instante el taxista recibió una llamada telefónica. Empezó a hablar rabiosamente, en un dialecto atropellado e incomprensible. De repente detuvo el automóvil. Miró hacia atrás, y en medio de aquel lugar inhóspito y oscuro, le pidió al pasajero que se bajara. ―Pero si no hemos llegado —protestó. Revista Internacional de Arte y Literatura


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CUENTO ▼ ―Tengo que irme. Págueme y bájese —le ordenó con voz firme. ―¿Cómo, pero también debo pagarte? Sería el colmo. ―Pague la mitad y estamos a mano. ―Ni lo pienses —dijo indignado, mientras levantaba el dedo índice y abría la puerta. Se quedó de pie a un lado de la carretera y vio cómo los faroles traseros del taxi se perdían en la distancia. Empezó a caminar, en dirección a la avenida que habían dejado atrás (o en la dirección que él imaginaba que quedaba la avenida que habían dejado atrás), con miedo, casi temblando. Sacó un frasco del bolsillo de la chaqueta y se tomó dos pastillas, así a la brava, sin agua (bárbaro). Tomó el celular para llamar otro taxi y se dio cuenta de que no tenía señal. Siguió caminando por unos veinte minutos, sin encontrarse con nadie y sin que el panorama de los edificios derruidos e inhabitados y el camino agujereado y desierto se tornaran en otra cosa. Después de mucho andar, vio las luces de la casa de múltiples galerías que había visto antes. Apuró el paso y pronto se halló frente a un señor envejecido que regaba uno de los jardines. Cuando se hallaba justo frente al portón de metal, le preguntó al viejo si podía decirle cómo salir de allí, cómo regresar a Grand Concourse. El viejo lo miró profundamente y, poniendo a un lado la regadera, se le acercó, mientras se pasaba la mano por el bigote encanecido, que contrastaba marcadamente con el oscurísimo color de la piel. ―Te estábamos esperando —dijo el viejo, elevando las cejas, mientras abría el portón. El viaje ha sido largo, pero esta todavía es tu casa. Revista Internacional de Arte y Literatura

―No comprendo —articuló, y de repente vio que dentro de la casa había una multitud de gente que se asomaba a las ventanas. ―Ni es necesario que comprendas, hijo. Mudó unos pasos hacia atrás, mientras contemplaba al viejo junto al portón, invitándole a pasar. Dio la espalda, tratando de alejarse de la casa, entre confundido y acobardado. Y apenas sintió el golpe.

■ Osiris Vallejo es escritor y educador. Nació en la República Dominicana y reside en los Estados Unidos. Ha publicado los libros Saint Domingue, 2044, poemario con el que obtuvo el premio Letras de Ultramar (2005), que otorga el Ministerio de Cultura de la República Dominicana, y Cicatriz, una colección de cuentos. Ha recibido varios premios literarios por trabajos de ficción, entre ellos el premio internacional de cuentos Casa de Teatro (2003). Tiene una licenciatura en Ciencias Sociales de City College of New York y una maestría en Literatura Hispánica de North Carolina State University. Osiris Vallejo ha vuelto a obtener el premio Letras de Ultramar (2014), esta vez en el género de cuento, por el libro Dimensiones del Espejo.▼

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▼ CUENTO FERNANDO BERROA

Todavía no estaba conforme. Nadie pensó que tomaría aquella decisión.

SIGNIFICA Sombras 72  ▼  TRAMA

Pablo Neruda releyó los versos por enésima vez y la sensación continuaba: el poema era bueno, pero no expresaba lo que él quería decir. Tenía que avanzar en el libro. Detenerse en un título significaba perder el tiempo, una labor inútil, porque toda obra de arte es perfectible hasta el infinito; podríamos Revista Internacional de Arte y Literatura


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CUENTO ▼ pasarnos la vida corrigiendo una novela, pintura o sinfonía. Dicen que Leonardo Da Vinci tardó más de cuatro años en pintar La Gioconda y le llegó el día de la muerte sin que estuviera satisfecho. Neruda no iba a caer en ese error, conocía el verso de reminiscencia griega de Charles Baudelaire: “El arte es largo y el tiempo corto”. Decidió concluir el poema y continuar con las demás ideas para la colección que un año después publicaría como Residencia en la tierra. Cuando Rodolfo Mieses anunció a su familia que quería ser poeta creyeron que se había vuelto loco. Su papá insinuó que nada más faltaba que se declarara homosexual y le advirtió que de no matricularse en derecho, medicina, ingeniería o algo importante, no le pagaría la universidad, carajo. Podía insistir en el desacierto, obstinarse en el error, pero entonces ponte a buscar empleo desde ya, mijito. Le dejó bien claro que de su parte no contara ni con el pasaje para el metro. El muchacho no discutió, apretó el dolor en los labios y fingió el rostro neutro de que no ha pasado nada; se encerró en su cuarto a lo mismo de siempre: leer los pocos libros que tenía y escribir. Aquella noche completó tres poemas antes de quedar dormido. Siempre escribía a mano y con tinta verde, como tiempo después confesaría en sus memorias. En aquellos días representaba a su país en el consulado de Batavia. Sus labores diplomáticas apenas le ocupaban un día cada tres meses. Papeleo para la importación de té a Chile, nada podía ser más aburrido. La mayoría del tiempo no hacía otra cosa que trabajar en su libro, leer o remitir correspondencia. Estaba releyendo los borradores de los días anteriores, agregando y tachando versos, revisando la Revista Internacional de Arte y Literatura

unidad del conjunto. De repente el poeta sintió que un aluvión de palabras lo asaltaba y trató de sacárselas de adentro. La primera versión del poema fue un garabato de tinta verde sin muchas pretensiones. Se agotaron las ideas y no pudo avanzar más allá de un punto, que aunque final, no le parecía un cierre. Lo tituló “Sombras”. En los días siguientes escribió Sonata y destrucciones, Sistema sombrío, Arte poética y otros que figuran entre sus mejores. Pero aquel poema lo volvió a atrapar, no podía escapar de sus versos. Quería que fuera un texto misterioso, lleno de dolor e incertidumbre. La emoción lo transportaba al punto de la euforia cada vez que conseguía acercarlo a sus pretensiones. En cuanto a la forma concibió una disposición en cinco estrofas de cuatro versos. No pudo lograrlo del todo, la penúltima tenía cinco: reducirlo mataría el sentido, dificultaba el ritmo. En una de las pruebas eliminó por completo la quinta estrofa, por considerarla débil en comparación con el resto, pero entonces resultaba inconcluso, sin remate. Quedó varado en la indecisión. La poesía le llegó al mismo tiempo que Margarita. Una fue consecuencia de la otra. En ciertos momentos no supo distinguir el punto de bifurcación. Empezó por escribirle largas cartas de amor de esas que quedan inéditas en algún rincón del miedo. ¿Todavía las mujeres se emocionaban con poemas, flores y serenatas? Rodolfo se armó de valor y le regaló un papelito con versos garabateados sin ninguna conciencia estética. Nada más ni nada menos que uno de esos poemas que riman “emoción” con “corazón” y no sobrepasaban la mala imitación del estilo de Gustavo Adolfo Bécquer. Sin embargo cambió el curso de la relación. Margarita se dio cuenta de la

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▼ CUENTO existencia de Ese Carajo que la idolatraba, con aquella miradita de pariguayo que provocaban ternura y las gafas de culo de botella que le daban un aire de intelectual a lo Quevedo. Después de un par de poemas y otros detalles similares, como el oso de peluche que tocaba Para Elisa de Beethoven cuando ella lo apretaba; la muchacha se lo comió a besos. De Rodolfo no ser tan lento lo de la intimidad hubiera ocurrido antes, incluso habría sobrepasado la tangente de los pantys hasta arribar en Ítaca, porque ni tan Penélope era la niña. Ella suspiraba y se estremecía hasta las crispaciones de la piel cada vez que su poeta de cabecera emitía una frase, rebuscada o no; lo que salía de sus labios o escribía, lo consideraba genial, venido de un ser superior, de un poeta (que siempre ha sido una palabra sobrevalorada). ¿Cuándo vas a entender que hasta los versos cansan, escribidor? Margarita lo dejó por Andrés, que no era culto ni detallista ni nada, pero la llevaba al cine y a pasear por el malecón. Tampoco lo pensaba dos veces para acorralarla de la pared, darle lengua y estrujarle el sexo hasta los gemidos. El derrotado no tuvo de otra: escribió más que nunca. Ya no aquellos poemas de amor, eróticos y a veces hasta pornográficos que le escribía a su exnovia; sus versos se fueron tornando grises, oscuros, oscurísimos. Luego se preocupó por el significado de cada palabra, la estructura revelada en el papel, ya en el disfrute de la contemplación. Sus poemas de aprendiz le empezaron a dar asco, los abandonó entre los libros. Aunque todavía no era consciente, a nombre de la femme fatale o por otros rumbos, el hobby de adolescencia se convirtió en un oficio, ya no podía dejar de escribir. Quería ser como Rimbaud, Baudelaire, Apollinaire, Whitman,

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Elliot, Neruda, Vallejo y otros poetas que iba descubriendo. Margarita que se fuera al diablo. Muchos escritores jamás vuelven sobre el material publicado. Alegan sentir cierta aversión hacia sus criaturas –algo similar le sucedió a Urano y los titanes–, ven una mácula aquí y otra allá y le entran ganas de corregir. Para evitar la tentación deciden no releer sus textos. A Pablo Neruda le pasaba todo lo contrario. Se sentaba a la orilla de la chimenea de su casa en Isla Negra a disfrutar de los versos que tanto trabajo le costaron escribir. Sus adversarios criticaban que un “comunista” viviera con los lujos de un burgués: su colección de caracoles y mascarones de proa; que poseyera una biblioteca capaz de despertar la envidia de cualquier bibliófilo, con primeras ediciones del Siglo de Oro y libros rarísimos. No cesaban las críticas en su contra, sus enemigos pagaban artículos en las revistas y periódicos para desacreditar sus extravagancias. El poeta no hacía caso de esa gente capaz de apagar todas las luces para que no lo vieran y seguía escribiendo poesía o leyendo a sus colegas, incluso a sus enemigos. Ese tiempo de ocio con el océano Pacífico en la ventana llegaría después, ahora debía corregir el poema, hacer coincidir la retórica con la atmósfera. Decidió dejarle la última estrofa, aunque con modificaciones. Un poema debe tener un cierre tan bien logrado como el inicio. Rodolfo y Margarita volvieron cuando a ella le dio la gana. Dicen que lo hizo por despecho, para llamar la atención de Andrés, que andaba para arriba y para abajo con la tipa que se lo quitó, y porque el día de San Valentín estaba cerca y ella sentía nostalgia de regalos y cartitas de amor que no recibía Revista Internacional de Arte y Literatura


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CUENTO ▼ su fórmula: poesía = horas/culo. Mientras sus amigos gastaban el tiempo en hablar mierda en la esquina, la rivalidad de los equipos de béisbol y las borracheras de cerveza los fines de semana, él prefería leer y regresar a sus criaturas con la piedra de toque. Tenía más de cien poemas decentes y otros tantos esbozos. Don Mieses le dijo que dejara de estar escribiendo poemitas como los maricones y saliera a buscar trabajo. Él agarró su ropa, sus libros y se fue de la casa.

Pablo Neruda

de los brazos por los que rodaba. Cuando lo despidieron del trabajo ella terminó con él y se metió con otro que la llevara a la plaza y al boulevard y a los mismos lugares que Andrés visitaba de manitas con la rubia que en nada tenía que envidiar a una mujer de pasarela. A nuestro poeta no le resultaron los versos con ninguna otra muchacha del barrio, se refugió en la lectura de los autores de su preferencia y empezó a escribir Manual para perdedores (poemas en prosa). Tras una discusión familiar el papá resolvió quemarle todos sus papeles, entre ellos estaban los garabatos iniciales (quizás un favor), pero también su libro (por Dios, eso no se hace), en el que había empleado alrededor de un año de horas/culo. Así le gustaba decir, era Revista Internacional de Arte y Literatura

Neruda fue tan exitoso con las mujeres como con la literatura, derribando el estereotipo de que los poetas son bobos, mal vestidos y no saben bailar. El relato de su vida parece una aclaración. “Yo no sé otros poetas, pero en mi caso: Confieso que he vivido”. Tuvo amantes en todos los países por los que peregrinó como parte del cuerpo diplomático de Chile. Se casó varias veces. Su lista de conquistas es tan prolífera como su obra. Él mismo cuenta algunas de sus aventuras, otras aparecen diseminadas en sus versos, desde el Poema veinte hasta Los versos del capitán, sin olvidarnos de los Cien sonetos de amor. En Argentina conquistó una poeta de ojos verdes a la que le hizo el amor en una torre mientras Federico García Lorca vigilaba las escaleras como un idiota. A Jossie Bliss le dedicó más de un poema a pesar de que ella era tan celosa que casi lo envía a escribir metáforas al infierno de Dante: “Cuando te mueras se acabarán mis temores”, lo amenazó, cuchillo en mano. La fuga de la loca Jossie lo llevó a Batavia, donde se casó con María Antonieta Hagenaar y avanzó el que para la crítica es su mejor poemario. Aquella mañana Neruda se despertó sin ninguna idea nueva para escribir, así es que se puso a inventariar los poemas de su libro, anotar los títulos que necesitaban corrección y cuáles ya estaban

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▼ CUENTO un parque de la Zona Colonial. Una pandilla de mendigos lo asaltó a punta de cuchillos y amenazas sin dientes. Lo despojaron de la ropa, el teléfono celular y los pocos pesos que le quedaban. Apenas le dejaron la caja de libros y el frasco. Le entraron ganas de matar, de escribir poemas sobre la desesperanza, lo terrible, la muerte.

terminados. De repente lo asaltó el aluvión del poema que no lo abandonaría en los días siguientes. Rodolfo se levantó junto al sol del levante y salió de la casa sin pronunciar palabras. Después de la discusión no era necesario despedirse. Caminó sin rumbo por las calles de la ciudad. Pensó mucho, comió poco. Su rostro se nubló pero no llegó a llover. Quien lo vio entrar en la farmacia y salir con las pastillas quizás no se percató de que aquel muchacho sufría, o quizás sí. Las lágrimas son superfluas, el verdadero símbolo del dolor es el silencio. Se quedó dormido en

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Entre las miles de palabras de una composición, un vocablo puede pasar desapercibido hasta que nos fijamos en él. No nos parece encajar dentro del conjunto. Lo que antes era transparente ahora constituye una mácula, zozobra, incertidumbre. Escudriñamos la etimología, huecos entre el significante y el significado, mutación de connotaciones en el tiempo. Leemos en voz alta para descubrir su música. Eso fue lo que le ocurrió a Neruda con la palabra “presagio”. Recitó todo el poema. Luego leyó el verso una y otra vez. Se concentró en el vocablo, pensó en sus sinónimos: las alternativas no lo convencieron. Sobre todo porque entre las posibilidades había una palabra esdrújula que desencajaba la musicalidad. Buscó la definición de las opciones en varios diccionarios. Se demoró más de una hora en rastrear la genealogía de los lexemas. Terminó por convencerse de que ninguna de las palabras expresaban de manera justa lo que quería comunicar, eran metáforas de su pensamiento, un símbolo, la transformación del interior en signos. Tras enfrentarse a la causalidad que exigen las dudas, la definitiva fue su mejor elección. Tachó de verde y de verde la sobrepuso. El muchacho determinó que ya no podía cargar la vida sobre sus pasos, se detuvo, todo terminaba allí, frente al mar. Se sentó a contemplar el horizonte, recostado de una Revista Internacional de Arte y Literatura


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CUENTO ▼ palmera, releyendo a uno de sus poetas favoritos hasta que se lo permitiera la luz – que moría lentamente–, o hasta que el dolor en su interior lo fulminara. Días antes de mandarlo a la imprenta releyó todo el poemario y continuó realizando correcciones menores. De nuevo tuvo que enfrentarse con aquel poema. Lo leyó en voz alta y le pareció perfectible, pero ¡cuidado!, que de tanto pulir podría terminar por arruinarlo, como una mujer con maquillaje en exceso, que en vez de ocultar los defectos lo que logra es tapar las virtudes de su rostro. Solamente una cosa lo mantenía inconforme: el título. La palabra volaba en su pensamiento, rebotaba de una perspectiva a otra. Sombras. Sin darse cuenta estaba de pie. Nerviosismo de corriente alterna. Unos pasitos para acá, unos pasitos para allá. Sombras. Sombra. Sombra nada más, nada más que sombra. Sombrío. Cuando vuelve a la conciencia teme estarse volviendo loco. Por suerte nadie es testigo de su deambular en el rectángulo. Regresa a la silla. Hurga en su nariz como si fuera a encontrar el eslabón perdido que le hace falta a su criatura entre la disecación del moco. Levanta la hoja y se adentra en el contenido, variante de El pensador de Rodín. El camino de la perfección es algo serio. Mancha de verde la palabra del título, no lo convence. Rodolfo logra leer el poema por última vez antes de que se apaguen todas las luces. El interior del creador hierve de euforia, está como en trance. Se acerca a la hoja con una sonrisa. Mucho tiempo después de Pablo Neruda escribir Residencia en la tierra la noticia del jovencito que se suicidó con el libro en Revista Internacional de Arte y Literatura

las manos le daría la vuelta al mundo. Las páginas estaban abiertas en aquel poema. Significa sombras, escribió.

■ Fernando Berroa. Nació en Santo Domingo, República Dominicana, en 1983. Poeta, narrador, ensayista. Máster en Guión de Cine por la Universidad de Sevilla, España. Licenciado en Letras por la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Coordinó el Taller Literario Narradores de Santo Domingo, el más importante espacio de escritura creativa de la República Dominicana de los últimos años. Ganador de varios certámenes literarios, entre ellos el primer lugar del Premio de Novela Federico García Godoy 2012, Funglode, con la obra El turno de los malos; el primer lugar del Premio de Cuento Juan Bosch 2012, Funglode, con la obra La verdadera muerte de Pedro Henríquez Ureña; primer lugar del Certamen Nacional para Talleristas 2010, con el relato El atentado; tercer lugar en el XX Premio de Cuento de Radio Santa María, con el título“Significa sombras”; el primer lugar del Premio de Ensayo Pedro Francisco Bonó 2014, Funglode, con la obra “El poder de la técnica: La estructura narrativa de la novela Sólo cenizas hallarás (bolero)”, y el Premio de Poesía Joven de la Feria Internacional del Libro 2015. Profesor de Lengua Española, Redacción y Guión de cine en la Universidad Iberoamericana y en Unapec. Actualmente trabaja en las gestiones para llevar al cine Matar el miedo, su guión cinematográfico en torno al golpe de estado a Juan Bosch en el año 1963. También adapta para cine su novela El turno de los malos.▼

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▼ POESIA

Ejercicios del espíritu I La tierra levanta el alma. Es más fría la soledad en las nubes. Ando en busca de tu senda, mas la bruma oculta el meridiano. Oigo el lenguaje del viento, el batir de alas del ángel, mas yo aquí cato el vino de mis soledades. Oh, Verbo, haz saltar

FAUSTO

Leonardo Henríquez

Poemas de Gemidos del ciervo herido, XXIX Premio Mundial Fernando Rielo de Poesía Mística 2009

la escarcha que vela el alba. Caiga mi sombra, crujan mis insomnios, llamee este silencio y cobren vida estas paredes que oscilan. Altura que aclara mis ojos, verdea los abismos, haz que nombre lo que mis entrañas balbucean. La luz invade mi habitación sin murmurar más que con su calor. Lo que queda del día se enreda en los árboles, aprisionado.

II

Pasemos al umbral, salgamos de esta pirámide. Decae el día con su pesadez, la bruma anida el resto de lo que hay de mí. La humillación le llegó a la tarde. No saben de gloria los últimos rayos diluidos en el espejo vespertino.

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P0ESIA ▼ Avanzo sin tregua por el laberinto, abro puertas sin llaves para el regreso. Los muros de castillo de este monte en que reverbera el misterio, poseen la paciencia de la eternidad. En cada piedra palpita el origen del mundo, la fuerza de la vida de los que erigieron esta cumbre. Muero con la tarde. No llevo nada a la tumba: ni reloj ni llanto. A fuerza de frío palidece la noche. Me consumo como tizón. Es brasa mi alma en celo.

III

Santuario del viento, posada alta de la niebla en que pernocto. El frufrú de la cortina en su temblor traduce tu estancia en esta cumbre en que miran de cerca tus ojitos celestes. ¿Cómo traducir tu locura? ¿Cómo hacer creíble el mar? El desierto de la noche se arremolina en la ventana. Es tu Espíritu el que arrastra la escoria, el que blande la llama en medio del abismo. Expectante el búho repasa sus recuerdos. No hay tramo del tiempo en que el alba no aparezca despierta, cargada de luz y nostalgia. Estas lápidas conocen bien los rezos, las súplicas, las penas. Aquí son largas las agonías, limpias las vestiduras. Sumergido el cielo en el abrazo, engendra una porción de gloria.

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▼ POESIA

IV

Encrespado el mar bate su desesperación en las copas de los árboles. Mi navío va y viene, vapuleado. Muy adentro del mar el huracán devora el velamen. La Llama trae el amor en su pico. Glosolalia, el viento en la fronda. En la otra orilla el Trino es centro, origen del abrazo. Qué desvelo sufre la noche, qué tormento soporta, como hierro que, a fuerza de martillo y fuego acepta la forma. El mar mece el débil barco y, obediente, depone su ira.

V

Señor, los campos están áridos, apenas llueve, los vientos son contrarios, íngrimos los frutos. Han puesto veneno en las cámaras, ácido en las ondas sonoras, la noche nos arropa, se burla del Cirio. Pasa, Señor, por este Egipto de plagas. Pásanos por el Mar Rojo, llévanos a tierras de leche y miel. Señor, la tormenta arrecia, el mar perdió la cordura, la barca gime. Sálvanos de esta noche amarga.

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POESIA ▼

VI

Don en frágil vasija. Pentecostés de miel en mi juventud. Oh, Señor, en mi higuera no hay más que brevas. Haz fecundo mi huertecito ahora que es verano. Manda la lluvia sobre mi suelo, crezcan los retoños en mi árbol cansado. Haz nuevo mi nido, Señor, abrázame que tengo frío. Susúrrame al oído los secretos del Verbo, y llévame adonde los pastos son verdes y las aguas Espíritu, Vida.

VII

El pozo alberga en el fondo la memoria de la sed, la ansiedad de los transeúntes, la pureza de las lluvias. La eternidad mana sin ruido en el abismo, el cántaro la extrae tembloroso, y mis labios agostados se incendian. El manantial inagotable se esconde en lo profundo de la oscuridad; el eco de la vasija que sondea las entrañas intangibles advierte cuán inmenso es el cielo que, allá, en el corazón del pozo, se esconde. El pozo espera a la Samaritana; día y noche su boca exhala el aliento cristalino de la vida. Quien bebe de este pozo, bebe luz. Revista Internacional de Arte y Literatura

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▼ POESIA El misterio fluye en lo insondable. Yo, como el cántaro, me precipito tras el interior secreto del pozo, sin más alas que la fe.

VIII

La nube engendra la visión. El viento habla, el Tabor eleva la brizna que soy. El cielo se oye en esta tienda. El tiempo, presagio del alba, cambió de rostro. Bajaré a la llaga, al dolor de la cáscara. El ascenso es el descenso. Allá abajo, en el llano, el monte se esconde en el ojo triste. La voz de Dios se oye en la esperanza rota, en el agujero de la carne. El ángel tañe las campanas, mas yo regreso a la herida, al mar de Galilea. Una brasa en mis labios basta para incendiar el castillo. Otra es el águila en su mirada, otro el sol en el meridiano. La Roca es pertrecho de mis pies, certeza inexorable del mañana que brota. Regreso a las lágrimas del valle, al reino de Dios que brota en la semilla. La tumba vacila, salí de ella.

■ Fausto Leonardo Henríquez. Nació en La Vega, República Dominicana, el 20 de noviembre de 1966. Pbro. de la Congregación de la Misión. Cursa doctorado en Teología. XXIX Premio Mundial Fernando Rielo de Poesía Mística 2009. Premio Personalidad Cultural 2009, República Dominicana. Ha publicado los siguientes libros de Poesía: Claridades, 1994; Sucesiones, 1995; La seducción del aire, 1999; La otra latitud, 1999; y Muestra poética, 2002; Ínsula presentida, 2004; Antología mayor del Movimiento Interiorista, 2007. Fundador y editor de la revista CriticArte. Miembro Titular y Dirigente del Movimiento Interiorista de cuya Comisión Intelectual forma parte. Columnista de opinión (1998-2008) de La Prensa hondureña. Animador de la Comisión Diocesana de Medios de Comunicación, San Pedro Sula, Honduras (19992005). Antologado en Juego de Imágenes, de Frank Martínez, Isla Negra Editores, 1995; La Creación Interiorista 1997; El Interiorismo 2001, El Ideal Interior 2005; Poesía Mística del Interiorismo, 2007, de Bruno Rosario Candelier. Gran parte de su poesía, ensayo, cuento y crítica literaria la hallamos en su blog:▼ http://www. faustoleonardohenriquez. blogspot.com

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ARTES PLASTICAS ▼

Obra: "China"

Autor: Ismael Checo

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▼ POESIA

TOMAS Modesto Galán

Del libro Amor en bicicleta y otros poemas Ganador del Premio Letras de Ultramar 2014

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Insensatez

Pasé una noche sin saber de mí. Ella sin imaginar el viento. Resueltos al oficio de retornar a un contorno, caminamos con arrogancia a través del ovario, del ano, de las obras de un cuerpo, por entre los minúsculos seres que preguntaban por qué no había hierba debajo de nuestras cabezas, y nos vestimos del ropaje del viento para poder ocupar la avaricia de los poseídos. Cualquier día asolamos costas, riscos, espumas que lanza el mar a los corsarios de la modernidad. Revista Internacional de Arte y Literatura


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POESIA ▼ Vana caricia, la noche angustiosa. Nunca deja de anunciar tus perfumes. Solo el viento nos devolvía el ropaje de la soledad o el dolor de vanidoso que hace rato me ha hecho pensar en el fulgor de tus caderas. Mimo el búho de tus ojeras. Jamás dejan de humillar confines, islas y montes donde se hace posible un aroma que devora el frío.

Me ponen tristes los ateos Tu cuerpo manipula el mío. Lo lleva inútilmente hacia escenarios despojados de criaturas inservibles, al vacío de una primavera incestuosa. Gatos moribundos duermen sobre el arcoiris, pero no pueden maniobrar la barca donde llevo sin saber tu espíritu, ni sortear la mano que concluye en la punta de un seno. Quise decir cubiertas de algún puerto devorado por el tiempo. Ya no somos las manos que dialogan con los dientes, a cuya insistencia he cantado. La rodilla que habla de apertura, comunicación inconclusa. Al desembarazarnos, después de haber hecho el amor del fin de semana, queda la humareda de un día vidrioso. Por eso me ponen tristes los ateos. Solo han encontrado dioses de papel en la ridiculez de la muerte. No creo haber sido más que ese poco de estiércol sin sentido, como este amarnos hasta que se enfríe el firmamento o nazcan mariposas sobre la onda expansiva de tu ombligo insondable, donde muere la espada de un ardor insoluble.

Sueño, rendición del ser Dormir debe ser volver a encontrarte, pero Revista Internacional de Arte y Literatura

al tomar el camino hacia ti habré encontrado las huellas de un suicida, pasos en el borde de una mañana que no pasa. Si dormir fue perderte, despertar, alegría furiosa del vacío, boca donde cabe el mar, océano de ojos, martes, o metales que permanecen situados en el fondo del árbol o en el perfume detenido en tu cuerpo. Somos algún cuerpo lluvioso antecedido por seres que se desvisten o hacen el amor acodados por el dolor de ir desprendiendo minerales incendiados, infinitas sombras perpetuadas sobre sillones solos o cactus que instauran absoluciones del bosque. Sueño con volver a la marea abochornada, a los otoños cerrados. Invierno, segrega ilusiones de encontrar una puerta por donde entran a montones niños de una ciudad sitiada o tiburones en el desconcierto de la inocencia. Ahora tengo sed y sueño, amor que nunca ha de morir. Perdición que encontrará su infierno o su condena.

Prisa en la avenida Amor, de prisa, piensa que podemos morir desatando cortinas, o levantando trenes en la tarde, aprisa, con las manos mojadas por un signo, una pesadumbre, entre calipsos o salsa de pescado, sin que los besos pronuncien horas prestadas, añoranzas del tiempo de volver, solo comenzar a desatar flores, urge el calambre de hacerlo frente al mar, desafiando el viento de un día sin corsarios, pero pronto, a destruir puentes, reponer bancos de granito contra el frío del regreso, y acodar restos de neblinas, espumas sobre la punta de lo que viene. Tal vez sean tus senos o tus nalgas, este sudor que vacía los labios de estrellas navegables.

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▼ POESIA

■ Tomás Modesto Galán. Escritor dominicano que reside en Nueva York, desde el 1986. Ostenta el DEA, diploma de Suficiencia Investigativa, previo al PHD (Doctorado en Filología Hispánica) que termina en España. Tiene Maestría de la Universidad de Santo Domingo y de CEDE-INTEC. Ha sido profesor de Español y de otras asignaturas en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD 79-86) y en la O&M. Desde su llegada a Nueva York ha laborado en varios recintos de The City University of New York (CUNY) y en Pace University. Actualmente labora en York College. Fue coordinador cultural del Comisionado Dominicano de Cultura en los EE.UU. (20042008), donde co-dirigió el taller literario Nosotros Contamos y las publicaciones del boletín cultural Puente. Es coordinador cultural y Comisionado de la Feria Literaria Latinoamericana Libro Abierto, programa del Bronx Hispanic Festival. Fue miembro del Movimiento Cultural Universitario (UASD, R.D.) y del equipo de escritores del Bronx Council on the Arts (NY). Sus primeros escritos

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aparecieron publicados en los suplementos literarios de los periódicos: La Noticia, Hoy y en Artes y Letras (Rep. Dom.). Textos suyos han aparecido en las antologías: Voces de Ultramar, Viajeros del Rocío, Tertuliando y en el Brújula Compass 28, de 1998, dedicado a los Escritores Dominicanos en los Estados Unidos (publicación del Instituto de Escritores Latinoamericanos). Ha recibido invitaciones de importantes cónclaves, ferias del libro y encuentros de escritores, tanto en Latinoamérica como en Europa. Fue co-director y fundador de la revista literaria: EMEM YA y director del suplemento cultural Quinto Centenario (New Jersey). Además de coordinador general, tuvo la dirección de la sala de conferencias, lecturas y presentaciones de libros de la 2ª y la 4ª Feria del Libro Dominicano en Nueva York (5,6,7/2007 y 2010). Su libro Los Niños del Monte Edén fue traducido al inglés por la poeta Maria Bennett y editado por el actor Water Krochmall y la poeta Rhina Espaillat. Algunos poemas de Diario de Caverna fueron traducidos por el poeta James Graaham y comentados por David Cortés Cabán en New Voices In Latinoamerican Literature (publicado por Ollantay Center for the Arts). En el 1999 participó en la conferencia “La Literatura Dominicana al Final del Siglo: Diálogo entre la Tierra Natal y la Diáspora”, patrocinada por Cuny Dominican Studies Institute de City College. Entre sus obras más importantes se encuentran: Los Cuentos de Mount Hope (novela, 2014) y Los niños del Monte Edén (cuentos, 1998), obras que reflexionan sobre muchos aspectos del exilio latinoamericano y dominicano en los Estados Unidos. Entre sus obras publicadas sobresalen: Cenizas del Viento (poesía, 1983), ¿Es popular la poesía de Juan Antonio Alix? (ensayo, 1987), y Diario de Caverna (poesía, 1988). Subway (poesía, 2008). The Children of Mount Eden (Cuentos traducidos, 2013). Al margen del color (novela, 2014).▼ Su portal: www. tomasmodestogalan.com está en

progreso.

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LITERATURA ▼

KIANNY ANTIGUA

Cuatro microrelatos del libro

EXTRACTO Bestiario

La práctica la empecé a partir de un documental que vi acerca de una clase de monas que, ya embarazadas, coquetean y tienen relaciones con la mayor cantidad de monos posibles para que cuando su cría nazca todos ellos crean que son el padre y no se sientan intimidados, ni maten a la criatura. Lo que no tomé en cuenta es que los malditos monos no joden con pruebas de ADN.

Mitología

Caminando por los verdes prados, encontré a un hombre copulando con una yegua. —¿Qué haces, degenerado? —pregunté con los ojos saltados como los del animal. —Pues un centauro. ¿No lo ves? —me contestó con los ojos tan claros como la tarde que nos miraba. Ante tanta verdad, ya no supe qué decir. Me fui a casa a leer La Historia Del Mundo.

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▼ LITERATURA

Reino

Cuando la mariposa vino a despertar de su ensimismamiento, ya estaba cubierta por aquel líquido viscoso y se deslizaba con suavidad por la garganta de la iguana.

Donante

Me quiere, no me quiere, me quiere, no me quiere.

Segundos antes de meterse un tiro en la cabeza en el baño del hospital, escribió una nota: «Excepto por el cerebro, todos los demás órganos sirven, especialmente el corazón». *Libro seleccionado para ser publicado bajo el sello Ediciones del Comisionado. ■ Kianny N. Antigua es profesora y escritora. Nació en San Francisco de Macorís, República Dominicana, y reside en New Hampshire, EE.UU. Trabaja en Darmouth College como profesora adjunta y dirige el programa de español en Howe Library. Graduada con honores con una licenciatura

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y una maestría en Literatura Hispánica en The City College of New York. Ha publicado: Kianny N. Antigua: Short Fiction 2014 (cuento, Aster(ix) Journal 2014), Mía, Esteban y las nuevas palabras / Mía, Esteban and the New Words (cuento infantil, Alfaguara 2014), El tragaluz del sótano (cuento, Artepoética Press 2014), Cuando el resto se apaga (poesía, Proyecto Zompopos 2013), 9 Iris y otros malditos cuentos (Editora Nacional 2010) y El expreso (cuento, Argos 2004). Kianny N. Antigua ha ganado cuatro menciones honoríficas en el Premio de Cuento Joven Feria del Libro 2013 y 2012, respectivamente; en 2011 ganó 2º lugar y mención de honor y en 2010 otra mención de honor en el Premio de Cuento Juan Bosch, Funglode; en 2000 recibe mención honorífica en Vendimia Primera, concurso/antología en honor a Virgilio Díaz Grullón. Además, sus trabajos literarios aparecen en el libro de texto Conexiones 3ra ed. (2005) y en 27 cuentistas hispanos (2004), Onde, Farfalla e Aroma di Caffe (primera antología de cuentistas dominicanas traducida al italiano. 2005), Mujeres de Palabra: Poética y Antología (2010), Nostalgias de arena. Antología de escritores de las comunidades dominicanas en los EE.UU. (2011), Máscaras errantes. Antología de dramaturgos dominicanos en los EE.UU. (2011), Colección. Premios FunglodeGFDD 2011 Cuento (2012), La conversión de los objetos y otros cuentos premiados. Premio Nacional de Cuento Joven de la Feria del Libro 2012 (2013). Short Stop. Microrrelatos del béisbol dominicano (2014) y en Número para los Gutiérrez y otros cuentos premiados. Premio Joven de Cuento Feria del Libro 2013 (2014). Algunos de sus relatos además han sido traducidos al italiano, al francés y al inglés y varios de sus ensayos y textos se encuentran en las revistas Contratiempo, MediaIsla.net, El Cid, Enclave I, Trazos I, République Dominicaine, Nouvelles et microrécits. Auteurs Dominicains du XXIe Siècle y en su blog: kiannyantigua.blogspot.com. ▼ Revista Internacional de Arte y Literatura


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CUENTO ▼ SANTIAGO CAMPO GUTIERREZ Diablos, qué será, pensó. Leía una y otra vez el texto cuando uno de los supervisores llegó y le dijo, con énfasis: “El jefe te quiere hablar”.

EL CUBICULO

E

l señor Rivas terminó de almorzar, puso los envases desechables en una bolsa plástica y la tiró en el

zafacón; se dirigió a su escritorio, tomó el teléfono móvil y vio el mensaje: “Preséntese a la oficina principal mañana temprano”.

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Trabajaba en un lujoso edificio de la bahía. Podía ver, detrás de una bruma, la estatua de la Libertad, el Battery Park, la desembocadura del Hudson y el ferry que viaja desde Manhattan a Staten Island. Sin embargo, ahora no podía contemplar nada. Sentía que se afiebraba. Salió al pasillo y tropezó con alguien, pero ni siquiera se dio cuenta. Caminó hacia los ascensores y abordó el primero que se detuvo, y pronto observó que en vez de ir hacia abajo fue hacia arriba. Tuvo que seguir hasta el último piso. González, uno de sus compañeros de trabajo, tomó el mismo ascensor en el vigésimo piso y le preguntó que si pasaba algo y él respondió: Nada importante. Afuera olía a refrigerador. Se unió a varios hombres y mujeres que tiritaban y fumaban en el frente del edificio. Sacó un cigarrillo. Pensaba que si al menos pudiera comunicarse

TRAMA

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▼ CUENTO con Betty, quien trabajaba en la oficina principal de la compañía, sabría el motivo de la orden, pero ello conllevaría a que media humanidad supiera el problema. El grupo de fumadores abordaba temas relacionados con las variaciones que había experimentado Wall Street en los últimos días o el color de bufanda de moda. No estaba de humor para escuchar aquel tipo de conversación y decidió caminar hasta el Battery Park. En el viejo muelle se acodó en la barandilla, el cigarrillo apretado entre dientes, la mirada fija en el agua apacible del Hudson, el breve oleaje, viejos pilares cubiertos de musgos. Se sintió fresco. “El jefe quiere hablarte” encerraba algo raro. Había trabajado en aquella empresa año y medio y sólo había ido a la oficina central cuando lo contrataron. Si tengo que recibir una amonestación u orientación –pensó–, uno de los supervisores me invita al comedor y allí me dice lo que sea. Al cabo de unos minutos dejó el lugar. Buscó un teléfono público y llamó a su jefe. —¿Yes?

—Habla Rivas —dijo con cierta turbación.

—¿Cómo está? —dijo el jefe con una voz que parecía entusiasmada.

—Recibí un mensaje de que tenía...

—Oh sí, Mister Rivas, es para explicarle...

—Sólo quiero saber...

—Oh, Mister Rivas, I’m sorry, but… I

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really can’t talk right now. Mejor venga mañana temprano a las nueve. Rivas volvió a su cubículo, organizó algunos papeles y llamó a su madre. Le habló de un viaje que realizarían el fin de semana. Ella le preguntó si estaba preocupado, y él dijo que no y luego se despidió y empezó a organizar varios expedientes. Hizo otra llamada; dejó una nota al supervisor: “Me sentí enfermo y tuve que irme”. Abordó el tren. De su maletín sacó Los doce mandamientos, de Sidney Sheldon. En un momento en que levantó la vista advirtió que una muchacha lo miraba, pero ahora no estaba para juegos, pensó. Regresó el libro al maletín. Cerró los ojos para dormir, y cuando despertó la chica no estaba. Se pasó la mano por la cara, se desperezó y bajó en la próxima estación, cerca de su casa. Subió lentamente la escalera del subway. En el último escalón alguien había escupido un asco brilloso y opaco. Nauseabundo como la vida, pensó. Había neblina y los rostros y edificios parecían desfigurados. Su pequeño estudio estaba a tres cuadras, pero decidió entrar al bar que siempre veía cuando salía de la estación. Caminó hasta la barra, se quitó los guantes y los puso en el mostrador. Vio mujeres deterioradas y hombres desaliñados, cubiertos por humo y aliento. Un camarero preguntó si quería una cerveza, y Rivas dijo que no, que un martini. El Camarero se equivocó y le llevó un brandy. Lo aceptó. Intentó concentrarse en la canción que ahora sonaba. No sabía quién la cantaba. Quizá Billie Holiday. Pensó en “They Can’t Take That Away From Me”. Cuando la canción paró fue al escusado. Se mojó la cara. Rehuyó verse en el espejo. Volvió Revista Internacional de Arte y Literatura


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CUENTO ▼

a la barra. Apuró el resto del brandy, se puso los guantes, salió y advirtió que empezaba a oscurecer. Mucha gente salía del subway. Algunos lo rozaron cuando caminaba por la acera. Llegó a su apartamento, localizado en el primer piso de una casa de tres plantas. Abrió la puerta. Encendió la luz de la sala, donde también se acomodaba una cocinita. Se deshizo de los guantes, abrigo, zapatos. Se tiró en un mullido sillón verde frente a la fotografía de su difunta mujer. En la sala había un ordenador que raramente usaba. En realidad lo odiaba. Le hacía recordar cómo la vorágine de la tecnología lo había relegado cual objeto inservible; una vorágine que lo obligaba siempre a cambiar de empleo. Recordó que debía comunicarse con Betty. La llamó, pero sólo oyó el contestador. Revista Internacional de Arte y Literatura

Le dejó un mensaje y volvió al sillón. Luego se concentró en la fotografía hasta que se durmió. En algún lugar maullaba un gato cuando despertó. Eran las cuatro de la madrugada, observó. Se paró, miró por una ventana y advirtió que llovía. La calle se veía solitaria. Sabía que no volvería a pegar los ojos, aunque faltaban cinco horas para las nueve. De manera que se puso a organizar libros y discos en orden alfabético hasta cuando sintió hambre y comió jamón, huevo, pan tostado y jugo de naranja, mientras pensaba en vestirse. Llevaría la misma ropa del día en que lo llamaron a la entrevista de trabajo: traje azul oscuro, camisa azul celeste, corbata de color disimulado y zapatos negros. Puso todo en la cama. Volvió a la ventana. La lluvia amainaba. La neblina del día anterior seguía presente. Como estaba cerca de la

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▼ CUENTO nevera cogió una manzana y empezó a pelarla. Sintió dolor. Soltó el cuchillo, se apretó el dedo y cubrió la herida con un papel. No tuvo tiempo de imaginar la manera en que rompería el alba. El sol asomó. Horas después Rivas estaba en la calle. Viajar a las siete y media le causaba cierto placer. Le otorgaba el privilegio de sentirse completamente solo. Tenía media hora a su favor. Dejó la estación y empezó a vagar por la Quinta Avenida. Pero el tiempo avanzó y cuando faltaban cinco minutos para las nueve entró al edificio. Subió al séptimo piso y atravesó la puerta de la oficina. No había nadie en el recibidor. Se acomodó en una silla y poco después llegó una mujer de pelo rubio y le preguntó, con una cortesía estresada, en qué podía ayudarle, y él mencionó el nombre del jefe y dijo trabajo aquí. La mujer intentó sonreír. Presionó dos teclas del teléfono y al poco rato un hombre joven asomó por una esquina del pasillo. Era flaco y no muy alto. Llevaba zapatos de tacón mediano. Su pelo brillaba y lucía bien peinado. —Buenos días, Mister Rivas —dijo—. Sígame por aquí. Ambos atravesaron un largo pasillo limitado por decenas de cubículos, donde hombres y mujeres entraban presurosos, abrían gavetas, ponían papeles en orden y encendían ordenadores. Viraron por otro pasillo hasta una oficina pequeña. Había un escritorio lleno de papeles. Mister Ruiz ocupó su asiento y Mister Rivas una silla bajita forrada de tela roja. Mister Ruiz se pasó la mano por la cara como en señal de cansancio. Mister Rivas lo miraba. De una

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pared colgaba la foto de un galán de cine; de otra, un calendario. Mister Ruiz tenía el rostro echado hacia atrás y una expresión alegre, aunque arrogante. Examinó varios papeles. Esto es como una primera entrevista, pensó Mister Rivas. Había decidido mantener la calma. Le sudaban los dedos. Oyó la voz de Mister Ruiz en un tono que parecía simpático:

—What’s going on?

—Bueno... pienso que...

—Oh, un segundito —dijo Mister Ruiz en un tono de plena confianza, haciendo un ademán de espera con la mano derecha. Salió y Mister Rivas notó la manera de vestir que tenía Mister Ruiz. Era como un galán. El azul de su camisa armonizaba con el color de su traje. Su cara lucía limpia, como la de un médico recién graduado. Un rubor tenue embellecía sus mejillas. Pero en general su belleza no guardaba ninguna diferencia con la de una rata, pensó Rivas. Aquel muchacho podía ser su hijo. Ahora la mayoría de los ejecutivos hubieran podido ser sus hijos, pero todos son ratas, pensó Rivas. Mister Ruiz volvió.

— ¿Todo bien, Mister Rivas?

—Sí... bien —contestó Rivas. Intentó sonreír, pero sintió una punzada en el abdomen. En la oficina se respiraba un aire que en otras circunstancias hubiera podido ser cómodo.

—Realmente no me siento bien con Revista Internacional de Arte y Literatura


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CUENTO ▼ esto, pero como usted comprenderá... ah, un momento... —se interrumpió Mister Ruiz. Salió de nuevo. Al rato regresó con una carpeta. La puso en el escritorio. Se frotó las manos. Movió los labios en señal de lamento. Cogió la carpeta. La abrió y dijo: —Para mí es doloroso. Hacer esto forma parte de mi trabajo. Parece como que usted no hubiera tenido... —decía Mister Ruiz, cortando las frases a cada momento—. Y como usted comprenderá... la última evaluación... —decía. Miraba detenidamente la carpeta. Hablaba a retazos tanto en inglés como en español. Parecía triste. Dan deseos de consolarlo, pensó Rivas.

—Está bien —interrumpió Mister Rivas.

Sacó de su maletín un sobre blanco, de tamaño mediano, el localizador, un teléfono móvil y la tarjeta de identificación de la empresa. Puso todo sobre el escritorio. —De veras que lo lamentamos mucho —murmuró Mister Ruiz, como con deseos de llorar. —Si tiene algún problema —prosiguió —, usted sabe mi teléfono. Siempre podré ayudarle. De veras, quiero que me perdone. Quiero que siempre me vea como a un amigo, Mister Rivas. Usted sabe como son las... bueno, si lo volvemos a necesitar...

—No se preocupe, usted...

Mister Rivas no llegó a terminar la frase, sonó el teléfono móvil de Mister Ruiz.

—Hold on a second —dijo. Luego se

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dirigió a Mister Rivas y dijo con naturalidad, como si hubieran sido viejos amigos: —Me llaman de Maryland, déjeme acompañarle hasta la puerta, Mister Rivas. Afuera el sol había salido por completo, pero en modo alguno podía augurarse que iría a ser tibio el día. Llegó a la calle 42 y Quinta Avenida. Se detuvo un momento y miró hacia el este. Vio el edificio Chrysler con su alta aguja. Vio la estación de Grand Central y le entraron deseos de irse lejos. Encendió un cigarrillo y se dijo que en verdad era Antonio Rivas Liz. Dejó que su imaginación volara y pensó en su difunta mujer y en el susurro del Hudson. Lanzó una bocanada. Nuevamente miró la aguja del Chrysler. Se veían nubes. Empezó a caminar, despacio. *Cuento del libro Los malvados, seleccionado para ser publicado bajo el sello Ediciones del Comisionado.

■ Santiago Campo Gutiérrez nació en Santo Domingo, República Dominicana, en 1956. Estudió comunicación de masas. Trabajó como periodista en varios medios de prensa de la capital dominicana, entre los que se destacan El Caribe, Teleantillas y La Noticia. Reside en la ciudad de Nueva York, donde dirige el periódico El Universal Prensa. Publicó el libro de cuentos Los perros de la noche, y ha publicado trabajos literarios en medios como el Listín Diario, El Diario la Prensa, de Nueva York y otros. Algunos de sus cuentos forman parte de diferentes antologías, como historias de Washington Heights, Los nuevos caníbales, Voces de ultramar, y Viajeros del rocío. Ha recibido mención en el Premio Internacional de Cuentos de Casa de Teatro.▼

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▼ POESIA

Cinco poemas de

RAMON Peralta

"Dibujando lo fugaz" (reseña de José Acosta)

L

a poesía no se escribe con palabras, se escribe con significados. La palabra, ese endeble armazón de huesos diminutos que se recuesta en la página con pretensiones de fósil, no tendría valor alguno sin la envoltura del sentido. En el poema, cuando en verdad hay poesía, las palabras desaparecen, se deshacen como una pastilla efervescente en un vaso de agua, dejando en el lector ese “algo más que canta, sin cantar en el canto”. El poemario Dibujando lo fugaz, del escritor dominicano Ramón Peralta, es la viva manifestación de esa magia que está más allá de las palabras. En el texto, las palabras sólo son el velo de eso ignoto, innombrable, que golpea en los sentidos y nos hace ver, nos hace penetrar ese laberinto que se esconde en los espejos. Es introducir una mano en la oscuridad y sacar una orquídea. El mismo título del poemario ―Dibujando lo fugaz― revela que las palabras, en la verdadera poesía, siempre están en fuga, dejando en el escenario de la página el dibujo que desde tiempos inmemoriales ha conmovido los cimientos del hombre: la poesía. Muchos de los poemas del libro dan la clave de la poesía de Peralta. En “Esperanza de mi pez”, por ejemplo, ese círculo que el pez inventa, no es otra cosa que la memoria evaluando la circularidad de la existencia: la vida, la muerte y el deseo siempre humano de volver a nacer. ¿Qué nos queda tras leer el poema? El tremendo desasosiego de la condición humana, ese ver pasar el tiempo que nos aplasta, nos envejece, sin

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POESIA ▼ poderlo detener. Aquí las palabras, el velo, cae, desaparece, y sólo queda el sentido, eso profundo que nos lleva a meditar, a vernos sin rencor en los espejos. En “El reloj que perdí”, nos queda la nostalgia de lo ido, ese deseo inconsciente del ser humano de regresar a la infancia. Y en “Balada del melón” nos muestra de qué modo, en el fondo, el hombre vive ignorando todo cuanto le rodea; no comprende la vida ni la muerte, ni siquiera cuando un día ésta se presenta ante él con el cuchillo en la mano.

si nos preguntará: ¿Qué ves? ¿Acaso lograste atrapar eso que yo consigo dibujarte, eso fugaz que al marcharse se queda? En cada poema hay una voz que nos relata una historia, pero una voz sin voz, una voz ciega, un visaje apenas entrevisto de eso inmenso que aunque armado con palabras, éstas, para dejarlo vislumbrar, tienen que esfumarse. Un jardín donde la mariposa de hoy vuela el vuelo del futuro.

Peralta, en el poema “Escrito con alas”, ante el vuelo de una cigua del cual nos asegura que “habla”, nos llama, a nosotros, los lectores, para que lo ayudemos a saber qué es lo que la cigua dice.

Poemario deslumbrante, mágico, trascendente. El conjunto de sus versos forma una historia que va más allá de ella misma, abre esa ventana de lo eterno que sólo la verdadera poesía puede concretizar. Con Dibujando lo fugaz Ramón Peralta se coloca entre las voces más altas de la poesía actual.

Esa petición, de manera cifrada, el poeta nos la hace en cada uno de los poemas. Es como

Yo sé lo que el vuelo de la cigua nos dice, pero no se lo diré a nadie.

Esa butaca Hay una butaca que se quedó esperándome en algún rincón de un aula aquel día que salí de la escuela creyendo que no era el último, ya no recuerdo su forma, ni aquel nombre que una y unía al mío, se han borrado los chivos y las malas palabras, el tiempo ha sido el borrador más fiel, sin embargo, esa butaca sigue allí sin que el tiempo la haya podido acabar. Esa butaca me espera, todavía me espera, esa butaca no sabe que es imposible volver.

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▼ POESIA Breve Morir es una palabra breve y como cualquier otra colocada antes y después del bien y el mal, por qué contradecir precisamente ahora el idioma, chofer, ¡vamos!, acelera el carro fúnebre, el muerto soy yo y mi último deseo es que morir siga siendo una palabra breve.

El Reloj que perdí Había una vez un reloj en la muñeca de mi mano, un reloj que tenía la hora que yo quisiera, un reloj que se borraba, pero que yo volvía a dibujar, y miraba y miraba sus manecillas y el tiempo no corría, pero una tarde se borró y yo no sé por qué no lo volví a dibujar, desde entonces lo perdí, ¿dónde estará mi reloj?

Cíclope urbano El semáforo detiene tu soledad y la mía, frenamos de golpe dos ausencias, hacemos de cuatro un ojo enorme y nos vemos invisibles corriendo hacia nosotros, disueltos, sin nombre, sin reloj, sin palabras, ignorando si este amor que mientras tanto es eterno terminará cuando el rojo se apague y encienda el verde.

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POESIA ▼

Mientras tanto La pared de ladrillos de pronto se desploma. Cae de golpe, sin una fuerza que la empuje, cae porque sí, y el hombre que estaba recostado en ella, el hombre que estaba esperándote, ya no lo podrás ver. Llegarás al lugar de la cita y esperarás mientras miras el montón de ladrillos, y una y otra vez volverás a decir: -Pero, qué raro, ¿dónde este hombre estará? Y él, que tanto amaba este idioma, solo, debajo de la montaña de ladrillos, descubrirá que está empezando a nacer, que ahora es demasiado pequeño y por eso, mientras tanto, no te puede contestar.

■ Ramón Peralta. Nació en Santiago de los Caballeros en 1965. Licenciado en Educación, egresado de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra, 1990. Miembro fundador del Taller Literario Littera, 1985. Miembro de Círculo de Escritores de Santiago, 1992. Organizador del Primer Concurso Intercolegial de Poesía “Franklin Mieses Burgos”, Santiago, 1994. Creador y director de la revista literaria Creación, 1997. Editor de Ediciones PD. Ha ejercido como docente en la Universidad Nacional Evangélica, Instituto de Estudios del Caribe, Colegio Quisqueya, Colegio Profesora Milagros Hernández y Liceo Herminia Pérez. Poemas suyos figuran en varias antologías, entre ellas, Juegos de imágenes: la nueva poesía dominicana, y La poesía contemporánea de Santiago. La novela Olores del aula, es su último libro publicado.▼ Revista Internacional de Arte y Literatura

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▼ ARTES PLASTICAS

Obra: "Mangos"

Autor: Ismael Checo

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CUENTO ▼ EDUARDO LANTIGUA

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duardo Lantigua es un narrador de estilo minucioso, que emplea con gran eficacia las mudas temporales para contarnos el mundo (a veces sombrío, a veces luminoso) de sus personajes, seres derrotados, que en lugar ir hacia el futuro van al pasado como en un viaje sin regreso. Seres, en fin, que ya no le ven sentido a la vida.

YA NO ESTABAN las palomas (Reseña de José Acosta)

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En Ya no estaban las palomas, Eduardo Lantigua crea microcosmos donde los personajes, en una íntima comunión con su medio y su pasado, miran por la ventana y todo lo que ven lo relacionan con su vida, porque eso que ven es tan sombrío como ellos mismos.

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▼ CUENTO En “Pero mamá, tienes que dejar de fumar”, asistimos al viaje de la protagonista a la capital, Santo Domingo, en busca de una hermana desaparecida, para que su madre enferma la vea por última vez. He aquí la historia. Pero en esa trama simple, se ocultan ecos profundos: el rumor pululante de la muerte, que acompaña a la protagonista en todo lo que mira y en todo lo que toca, como si el mundo que la rodeara formara parte esencial de su angustia existencial. En “La infinita cicatriz” una mujer viaja, pero montado en el carruaje desgarrado y desgarrador de sus recuerdos, con un lenguaje poético y a veces cifrado, que va desnudando un dolor sórdido y angustioso. Para citar una frase de Lantigua, el personaje “chapotea en el pantano de su memoria”. En “La buena suerte no es de quien la busca”, vale la pena citar un párrafo, clave fundamental del mundo creativo de Lantigua: “Podía afirmar que todos los días son días de sepulcros y que el ambiente del mundo es el de un cementerio”.

estación, y el operador le dice: Última parada. Entonces ella formula una pregunta que abre toda la historia: ¿Quién lo mató? De ahí, el narrador-personaje nos mete de lleno en la vida de una inmigrante que va en busca de trabajo y pierde la oportunidad de obtenerlo debido a un percance: la muerte de un hombre en una tienda. Detrás de esta historia hay algo más grande y profundo, que el narrador-personaje nos lo va contando con precisión: la sombra de la derrota, la desesperanza, la amargura. En “Ya no estaban las palomas”, cuento que da título al libro, Lantigua nos narra, con asombrosa minuciosidad, el último encuentro amoroso de una pareja de novios (o de amantes). Aquí emplea el método de luzsombra, de silencio-ruido. Mientras la amada, desnuda, se maquilla después del acto sexual, va derramando su queja al amado, quien, presa de un profundo desencanto por la vida, sólo ve esas palomas a través de una ventana, que simbolizan la partida, eso que se le está yendo de las manos en ese instante en una pobre habitación de hotel.

Para los personajes de Lantigua, el pasado está sustentado por dos pilares: la nostalgia de los Es un cuento de antología que logra momentos felices, y la tristeza de las situacio- contraponer dos visiones del mundo: el de la mujer y su esperanza de un mundo mejor, y nes difíciles. El presente, para estos personajes, es “intrincado”, un espacio “donde todavía no llegan las pisadas de las bestias eternas”. Unas bestias que no tardarán en llegar. En este cuento (La buena suerte no es de quien la busca), la trama también parece simple: una mujer se duerme en el tren, llega a la última

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el de hombre que ya se sabe vencido por su propia cotidianidad. Libro bien tramado y mejor escrito, que con lenguaje detallista y poético nos pone ante la parte sombría y pesarosa de la condición humana, y nos hace pensar en el sinsentido de la vida.▼

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PUBLICACIONES ▼

Tres nuevas obras

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enriquecen sello Ediciones del Comisionado a oficina del Comisionado Dominicano de Cultura en los Estados Unidos, entidad del Ministerio de Cultura de la República Dominicana, dio a conocer las obras que serán publicadas bajo el sello Ediciones del Comisionado, escogidas por el Comité de Lectores seleccionado por el Consejo de Editores de esta institución. El comisionado dominicano de Cultura en los Estados Unidos, Lic. Carlos Sánchez, dijo que los manuscritos que recibió su oficina fueron enviados al Comité de Lectores bajo seudónimo, tal como estipulan las bases, luego de lo cual el Comité seleccionó tres libros en base a su calidad literaria. “Luego procedimos a abrir los archivos, enviados vía correo electrónico, para determinar Revista Internacional de Arte y Literatura

cuáles habían sido los escritores seleccionados”, explicó Sánchez. “El Comité de Lectores alabó la calidad de los manuscritos, lo que garantiza que una vez publicados enriquecerán la Colección de Ediciones del Comisionado”, expresó Sánchez.

Este año se recibieron 18 manuscritos. Las obras seleccionadas para publicación fueron: Los malvados, libro de cuentos de Santiago Campo Gutiérrez; Juego de asombro, libro de literatura infantil de César Sánchez Beras; y Extracto, libro de microrrelatos de Kianny N. Antigua. Sobre Los malvados, el Comité de Lectores expresó: “Es un libro donde se maneja

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▼ PUBLICACIONES Comisionado, una iniciativa para ampliar su programa de publicaciones en beneficio de autores dominicanos residentes en los Estados Unidos y Puerto Rico, muchos de los cuales han estado bajo la sombra del anonimato.

Lic. Carlos Sánchez

magistralmente la psicología de los personajes y se examina la parte más oscura del hombre. Aunque la mayoría del conjunto está formado por textos realistas, aparecen algunos cuentos con elementos fantásticos, como ‘El caballo de algodón’. La prosa fluye y los cuentos están bien estructurados”. Sobre Juego de asombro, el Comité de Lectores dijo: “Un libro bilingüe que sigue la estructura del haiku japonés, con un prólogo didáctico y un ejercicio al final. El lenguaje es rico, cargado de imágenes de gran belleza”. Sobre Extracto, el Comité de Lectores expresó: “Es en libro de microrrelatos que contiene textos muy bien logrados, escrito con gran ingenio y un preciso manejo del lenguaje. Casi todos los textos exigen que el lector sea un elemento agregado, invitan a la reflexión, igual que si fueran acertijos”. El Comisionado Dominicano de Cultura en los Estados Unidos, con la misión de promover la cultura quisqueyana en el exterior a través de todos los medios a su alcance, creó en 2010 el sello editorial Ediciones del

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Bajo este sello se han publicado las siguientes obras: Antología I del taller literario del Comisionado, 2010, de Miguel Aníbal Perdomo; Noches de vino y rosas, la antología, 2010, de Yvelisse Fanith y José Segura; La huella de manuela, 2011, poemario de Augusta Eunice Castillo Ahmad; Una mujer de lluvia con sonrisa de relámpago, poemario de Lucila Rutinel; y Máscaras errantes, antología de dramaturgos dominicanos en los Estados Unidos, 2011, de Dinorah Coronado. En 2014, las obras publicadas fueron: Cadáveres para el tiempo, poemario en prosa de Jimmy Valdez; Antropología de las ideas, libro de ensayo de Esteban Torres; La flama magna, libro de ensayo de Jochy Herrera; y El sueño de un gran marinero, cuento infantil de César Sánchez Beras. Desde 2014, Ediciones del Comisionado cuenta con el respaldo de la Editora Nacional, del Ministerio de Cultura, entidad que publica tres obras cada año de escritores dominicanos que residan en los Estados Unidos y/o Puerto Rico. “El sello editorial Ediciones del Comisionado está abierto a todos los escritores dominicanos que deseen someter sus manuscritos a evaluación y posterior publicación”, dijo Sánchez. “Animamos a todos los escritores a participar, y más a aquellos que, por alguna razón, llevan años escribiendo y no han podido publicar sus obras”, indicó.▼ Revista Internacional de Arte y Literatura


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POESIA ▼ Crisol de culturas, gran ciudad norteamericana, Toronto es el escenario de nuestras pasiones y acariciados sueños. Donde conviven amablemente (e injustamente) los ricos y los sin techo. Justo el lugar donde vino a caer un hombre perteneciente a una minoría de minorías, sin más armas que su palabra, sus manos y su fe. Un hombre que allá fue y aquí construye su futuro con los ladrillos que le otorga el presente. Un hombre que eligió escribir, estar, ser en toda su imperfección. Un hombre.

Tres poemas de Puro Tejada

Grito Taíno

Sangre, tu sangre taína que corre por los ríos subconscientes de esta tierra, voz, tu voz acallada por las brillantes pezuñas de la muerte, huellas, tus huellas disueltas en la negritud de la senda desmemoriada

PURO Tejada

un poeta en Toronto

manos, piernas, cráneos, bocas silentes huesos pintados con el eterno blanco de la nada. Amordazado estás, hermano indio amordazado en la Historia y en las mentes atados los Cemies de tus sueños vertido en el suelo el semen de tu cultura y tus anhelos, destruido, pisado, espolvoreado al viento estás, hermano indio mientras yo, clavado aquí en el polvo lamento no poseer tu danza vívida y febril ni recoger tus pasos verdes y profundos de la noche virgen. (De Sangre de Viento, 1992.)

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▼ POESIA

Tanta lágrima tirada en el camino Eres lanzado a las calles de la ciudad. El viento frío hace bramar tu pecho y tus mejillas se sorprenden ante los duros fluidos de la noche. Tus manos se abren con desmesura para atrapar la soledad que tus ojos no pueden medir. Difícil es mover tus pies entre tanta angustia, tanta lágrima tirada en el camino. Eres lanzado a la ciudad esta noche como un viejo secreto que devora el olvido. Saberte es el único modo de evadir esa sed antigua que te consume y te ignora. (De Un latido en las tinieblas, 2004)

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Ilustración: M. OLEAGA

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POESIA ▼

Nosotros los de color y formas diferentes a los que Yaveh o Allah nos pusieron en la lengua el bengalí, el español el mandarín o el urdu. Nosotros los que llevamos la patria ardiendo aún en la sangre apelamos a esta nueva lengua a este puñado de palabras extrañas para tejer la red que soporte nuestros sueños, para tender los puentes de nuestras angostas islas. Nosotros bajo los mismos huesos y bajo la misma sien con la humanidad empapada de futuro hacemos más abierto el mundo.

(De Brisas de Toronto, inédito).

■ Puro Tejada (Santiago de los Caballeros, 1967). Escritor, abogado, periodista y gestor cultural. Ha publicado los poemarios Sangre de Viento (1992) y Un latido en las tinieblas (2004) y la selección de cuentos del caribe hispánico Estancias del sol (2007), en colaboración con el escritor José Adolfo Pichardo. Es administrador del espacio virtual Poesía Actual Dominicana y colabora para la revista Debate y el periódico Centro news.▼ Revista Internacional de Arte y Literatura

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▼ LITERATURA

KARINA PACHECO MEDRANO

CAMELIDOS ANDINOS:

la fibra primigenia

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uienquiera pretenda hacer un retrato completo del paisaje, la historia, la cultura o las sociedades andinas no podrá prescindir de la imagen de unos animales cuadrúpedos de cuello largo y fino pelaje que habitan valles, montañas y altiplanos de la región andina: alpacas, llamas, vicuñas y guanacos han acompañado la historia, la cosmogonía y el devenir de los pueblos andinos desde hace miles de años. Denominados camélidos andinos, los dos primeros pasaron por un largo proceso de domesticación entre 7,000 y 8,000 años atrás; los dos últimos han mantenido una vida silvestre en las altas punas, pese a que la lana de la vicuña es una de las más finas y caras del mundo, lo que hace pocas décadas puso a este animal al borde de la extinción.

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Si el desarrollo de la agricultura supuso el gran salto cultural de las diversas civilizaciones surgidas por el mundo; en los Andes ese salto estuvo complementado por la domesticación de los camélidos andinos (también denominados auquénidos), en especial de las llamas y alpacas, animales de los que se podía aprovechar cada parte; no solo la carne y la lana aportaban alimento y abrigo, también han sido utilizados como animales de carga; su pellejo sirve como colchón, su cuero como material para el calzado, sus huesos como instrumentos musicales, sus tendones como recios lazos, su estiércol como abono para los cultivos y su sebo como frotación medicinal, sustento para el fuego, y cómo no, como ofrenda para los dioses. Ciertamente, toda la abundancia de bienes que ofrecen a hombres y mujeres andinas ha hecho que la Revista Internacional de Arte y Literatura


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LITERATURA ▼ figura de estos animales esté muy extendida en la cosmovisión y la iconografía andina, así como en objetos rituales como las conopas talladas en piedra. Tan grande ha sido la importancia de estos animales, que mucho antes de que alpacas y llamas fueran domesticadas, los primeros hombres andinos dejaron muestra de su interés por ellas en petroglifos y numerosas pinturas rupestres extendidas por todo el Sur Andino (ver Hostnig, 2003). En algunas regiones las pinturas rupestres de camélidos hoy en día siguen fungiendo como ejes totémicos para los pastores; así, el antropólogo Percy Paz (1988) tomó nota de que en su peregrinación al Santuario de Qoyllurit’i, los pastores de llamas y alpacas que pasaban por la zona de Chawaytiri (Cusco), se detenían en las cuevas que albergan esas pinturas rupestres para celebrar rituales ante ellas. De otro lado, en la astronomía andina, varias constelaciones principales toman la figura de camélidos, tal es el caso de Urkuchillay (equivalente a la constelación de la Lira en Occidente); Yakana o Qatachillay, la llama cósmica; o Uña Llama, la cría de la llama (ver Salazar, 2012). Tampoco parece casual que la palabra quechua «paqo» denomine al mismo tiempo a la alpaca y al sacerdote andino.

sociedad andina ha sido vital; uno de los mitos que mejor expresa esa relación señala que la llama que habita el cielo cada año se encarga de beber el agua del mar para transformarla luego en la lluvia que fertilizará la tierra. Otro mito muy extendido en las comunidades andinas es que en el principio de los tiempos las alpacas emergieron a la tierra a través de los manantiales, las lagunas o el mar, lugares de origen denominados «paqarinas». Pero si los seres humanos las tratan mal o las descuidan, pueden marcharse del mundo y la humanidad entera desaparecería. Por ello, allá donde se crían llamas y alpacas, los rituales dedicados a estos animales son muy delicados e incluyen danzas, música, canciones y ofrendas.

Jorge Flores Ochoa, uno de los mayores expertos en la relación entre camélidos y cultura andina señala: «Una de las ideas predominantes expresadas en varios mitos y narraciones considera que los animales de los rebaños han sido dados a los pastores “en préstamo” y que de su conservación depende el futuro de la misma humanidad» (Flores, 1975: 16).

De todas las partes de los camélidos, sin duda es su fibra la que a lo largo de milenios mayor calor, delicadeza y color ha proporcionado a los habitantes andinos. Y además ha sido fuente de arte y creatividad. Una de las mayores expresiones de ese arte se encuentra en los tejidos de la cultura Paracas, elaborados con fibra de camélidos o algodón, o con una mezcla de ambas. La extraordinaria calidad de esos tejidos se compagina con la sofisticación en los diseños realizados por aquellos tejedores precolombinos. Los incas supieron apreciar esos extraordinarios avances textiles y en su tiempo los tejidos siguieron siendo tanto o más valorados que el oro y la plata. En ese contexto, los cuidados y rituales alrededor de los camélidos tomaron mayor importancia; así, en grandes festividades como el Inti Raymi, era central el sacrificio de llamas blanca y negra como ofrenda, así como para augurar a través de sus entrañas los designios para el año solar que se iniciaba.

La relación entre estos animales y la

En la región del Cusco, la tradición textil se

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▼ LITERATURA de los camélidos silvestres como la vicuña y por la extremada finura de su fibra, esa lana es una de las más caras en el mercado internacional. La alpaca, más accesible, no deja de ser una fibra costosa y se halla cada vez más presente en la alta costura. Hasta hace pocos años, la mayor calidad estaba asociada a la Baby Alpaca; pero las mejoras genéticas aplicadas por sus criadores, así como el perfeccionamiento en el proceso de trasquilado e hilado ha creado una calidad aún más fina y suave, la Royal Alpaca, que no solamente está siendo obtenida por las grandes casa exportadoras de fibra de alpaca, sino también por algunas asociaciones campesinas a través de cadenas de comercio justo. Perú y Bolivia acogen la mayor población de camélidos andinos; si bien Chile y Ecuador y Argentina cuentan también con grandes cantidades de llamas y alpacas. A partir de los años 80, se inició la exportación de estos animales, sea para zoológicos o como ganado, de modo que hoy se puede encontrar numerosas granjas de llamas y alpacas en Canadá, Estados Unidos, Australia y Nueva Zelandia.

mantuvo durante la Colonia y el primer siglo de la República; los tejidos de alpaca y vicuña, siempre fueron alabados como fibra de primera calidad; no obstante, recién a mediados del siglo XX la mirada internacional empezó a fijar la atención en el comercio de estas fibras. Su suavidad, liviandad y el calor que proporcionan, la hace ideal para regiones del mundo de severos inviernos. Así fue creciendo el prestigio asociado a estas fibras y también sus precios. Por la dificultad que supone el trasquilado

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De todos los camélidos andinos, la alpaca es la especia más extendida y su fibra la más comercializada. Solo en el Perú, la población de alpacas asciende a 3,5 millones (75% del total mundial) y su crianza beneficia a millares de familias campesinas de las zonas altoandinas. La región de Puno, el distrito colindante de Canchis en el Cusco y el Valle del Colca en Arequipa, concentran la mayor cantidad de alpacas. Las dos variedades principales son Huacayo y Suri; la primera tiene una fibra rizada y esponjosa y es la más extendida; mientras la variedad Suri es lacia, larga y sumamente brillante. Revista Internacional de Arte y Literatura


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LITERATURA ▼ andinos han sido y siguen siendo un componente trascendental en la vida cultural y económica de las sociedades andinas; y es con esa fibra que numerosos tejedores de las ciudades y el campo siguen elevando sus creaciones.

Referencias bibliográficas

El color de la fibra de llamas y alpacas es muy variado, oscilando desde el blanco hasta el negro. Los tonos de marrones también son abundantes. La fibra blanca es la que mayor precio obtiene en el mercado internacional porque se puede teñir a una gran variedad de colores; sin embargo, en las comunidades campesinas, así como en el sector de biocomercio, se aprecian más los colores naturales. Según la calidad de la fibra, esta se puede utilizar para la confección de bufandas, chompas, vestidos, chales, frazadas, alfombras, telas, etc., y puede combinarse con fibras de otros animales como la oveja.

Flores Ochoa, Jorge (1975): «Pastores de alpacas». En: Allpanchis Phuturinqa Nº 8, páginas 5-24. Instituto de Pastoral Andina. Cusco. Hostnig, Rainer (2003): Arte Rupestre del Perú. Inventario Nacional. CONCYTEC. Lima. Paz, Percy (1988): «Ceremonias y pinturas rupestres». En: Llamichos y paqocheros. Pastores de llamas y alpacas (Jorge Flores, editor), pp. 217-223. CEAC. Cusco. Salazar Garcés, Erwin (2012): Astronomía Inka. Planetarium Cusco. Cusco.

De esta manera, tenemos que los camélidos ■ Karina Pacheco Medrano (Cusco, 1969) es doctora en Antropología de América y experta en Desigualdad, Cooperación y Desarrollo por la Universidad Complutense de Madrid. Ha publicado numerosos libros y artículos especializados en temas de cultura, desarrollo, racismo y discriminación. Como escritora, en 2006 publicó su primera novela, La voluntad del molle; el año 2008 ganó el Premio Regional de Novela del Instituto Nacional de Revista Internacional de Arte y Literatura

Cultura de Cusco con No olvides nuestros nombres; en 2010 publicó la novela La sangre, el polvo, la nieve, así como su primer libro de cuentos, Alma alga. En 2012 publicó Cabeza y orquídeas, obra ganadora del Premio Nacional de Novela Federico Villarreal 2010. El año 2013 ha publicado el libro de cuentos El sendero de los rayos y la novela El bosque de tu nombre.▼

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▼ CUENTO EDGARDO NIEVES MIELES

1 Con sus garras de dragón el viento araña el parabrisas. He vuelto a mi espléndida y atroz pesadilla.

UN MONSTRUO no debe tener hermanos 110  ▼  TRAMA

Me desvinculo de la mermelada musical que sale del estéreo y que inunda el interior de mi automóvil. (También de la imagen de los gruesos labios y la sugestiva lengua que traigo estampada en el pecho de la camiseta.) Se trata de esa pegajosa canción en la cual Mick Jagger alardea de unas chicas puertorriqueñas que se mueren de ganas por conocerle. Revista Internacional de Arte y Literatura


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CUENTO ▼ Observo las calles sembradas de semáforos como flores por donde pasan los obreros. También pasan apresuradas secretarias pintándose los labios. Derramando el agua de su risa sobre los techos de escuelas, residenciales públicos, fábricas y hospitales. Mis pensamientos se sacuden desesperados como peces en la red del pescador. Levanto la vista hacia la raya del horizonte. La luz gotea y se escurre mojando las hojas de los plátanos. Y, por encima del lento cabeceo de los bambúes, en el borde de una nube de vainilla, alcanzo a leer que la vida está llena de sorpresas y el azar suele torcer de manera caprichosa nuestros rumbos. Entonces, acepto que no basta ser astuto y valiente para dominar las artes del olvido.

rostro de esfinge.

Volteo la mirada. Repaso la sinuosa senda que me ha traído de regreso hasta aquí. Los límites se desbordan. El asfalto parece haber desaparecido. La carretera ahora sólo es un largo y reluciente camino de hojalata.

Pienso en la reciente controversia originada por el mural pintado en una pared de un residencial de gente humilde y en el cual un joven huye del policía que le persigue macana en mano. Encima del mismo figura un elocuente SER POBRE NO ES UN DELITO. (Por alguna azarosa carambola mental, me visita la imagen de una consigna enarbolada por los estudiantes de la universidad del estado en un decisivo conflicto huelgario: DE SANGRE Y SUDOR SERÁ NUESTRA LUCHA, PERO DE LÁGRIMAS, JAMÁS.)

Recuerdo que aún conservo el ovillo de hilo en mi billetera. Retomo el rumbo. Me dejo llevar por instinto. Paso delante del intrincado laberinto que antes fuera mi prisión. Lo han reestructurado y convertido en parque de diversiones. Sus altos muros no logran contener el magnífico escándalo que arman los niños correteando tras la escurridiza felicidad. Cruzo la calle lateral de la plaza hasta estacionar frente a la iglesia. Disfruto de un último sorbo musical (“What’s the matter with you, boy?”) y me despido de Mick y sus satánicas majestades. Desconecto todo y me bajo del Jaguar. Una luz me deslumbra las retinas. Me pongo las gafas de sol. Dos manchas negras sobre mi Revista Internacional de Arte y Literatura

Un olor a carne fresca y a rosas flota en el aire. La Plaza del Mercado. Alguien, usando de pizarra la pared de un edificio abandonado, ha grabado su combativa protesta: DE ESTE BIZCOCHO NI UN CANTO. Desde una burbuja colocada junto al teletubi verde, Dipsy, éste nos advierte: NO ROBES. Al GOBIERNO NO LE GUSTA LA COMPETENCIA. Sigo leyendo: LA DESOBEDIENCIA ES AHORA. SANTURCE NO SE VENDE. (“Muy bien…”) RESTAURAR, SÍ; DEMOLER, NO. Todos los mensajes, directos como flechas, están escoltados por un último y espinoso: TU BARRIO ES EL PRÓXIMO.

Del otro lado de la calle, por la boca de la estación del Tren Urbano, emerge una ancianita. Camina bastoneando con dificultad. Un tropel de gatos anaranjados la rodea entorpeciéndole el paso. La quejumbrosa súplica de éstos invade el aire. La ancianita les asegura que si saben esperar, habrá comida para todos. Junto a ella pasa un negro espigado de larguísimos brazos enfundado en un gabán y pantalón crema pálidos y camisa amarillo mostaza con una carcajada estruendosa a punto de desgajársele

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▼ CUENTO de los labios. Tan pronto la ancianita alcanza la esquina, desaparece y, con ella, sus mininos. Un vendedor de periódicos se me acerca y, por sólo 35 centavos, me ofrece noticias nada alentadoras del conflicto allende los mares. Está vestido de blanco de pies a cabeza y trae varios collares de cuentas de colores en el cuello. Me allego al cruce de peatones y, mientras aguardo el verde del semáforo, veo que en el edificio de reclutamiento militar, con ácida ironía y en letras grandes y rojas, han escrito: LA GUERRA ES UN GRAN NEGOCIO; INVIERTE A TUS HIJOS. Un poco más allá, aparece otro grafiti todavía más agresivo: PAPI MATA NENES EN IRAK. Y, en lugar del rótulo que identifica las instalaciones, ahora reluce un MOTHERFUCKER’S CORNER. (“Sólo falta un letrero que anuncie SE HACEN CONSULTAS ESPIRITUALES.”)

—Que tú no lo quieras aceptar es otra cosa. Pero hasta ñoña Miriam Ramírez de Ferrer ha hecho más que Rubén Berríos por la independencia de este país. —A la verdad que estás fuera de liga, mi hermano. —Pero te tengo todavía otra más sabrosa: ¿no te has puesto a pensar que Rubén puede ser un agente infiltrado del FBI con el fin de torpedear la lucha? —Mira, vamos a dejar la cosa quieta que no me está gustando nada tu irreverencia. —Como quieras… Luego de un tenso silencio, mis vecinos retoman la conversación.

Activo el sistema de alarma de mi Jaguar y, celebrando las ingeniosas consignas, por lo bajo mascullo que la estupidez humana sigue sin tener fin. Le echo un segundo vistazo al vendedor de periódicos y me parece que la copa de su sombrero es ahora la cabeza de un gran pez muerto y que en torno a ésta baila un ruidoso enjambre de moscas enamoradas de su irresistible y amarillo hedor. Por un momento, pienso cómo sería el rostro de Lester Farnsworth Wire, jefe de la policía de Salt Lake City. Me pregunto qué estaría haciendo cuando, en 1912, por su mente pasó la brillante idea que le llevó a inventar el semáforo.

—Oye, ¿por qué de la noche a la mañana habrán colocado ahí esos gigantescos focos? Me recuerdan el estadio “Canena” Márquez, allá en mi patria chica.

La conversación de otros dos transeúntes monopoliza mi atención. Uno de ellos tiene un bulto de carne rojo violáceo que le arropa la mejilla y parte de los labios. Guardo silencio y escucho.

—Vayamos con calma. Sabemos que los gringos tienen un dedo amarrado con los países más grandes productores de coca y marihuana, ¿no?

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—No te extrañe que los gringos han de estar sembrando marihuana. —¿De dónde rayos te sacas eso? —No olvides que yo soy del campo, pero me recorto en la ciudad. —¡Tú sí que tienes imaginación!

Revista Internacional de Arte y Literatura


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CUENTO ▼ —Correcto. —Pues no sería ninguna locura pensar que ellos anden sembrando marihuana aquí para luego derramar sobre ésta sabe Dios qué con el fin de inventar un defoliante barato y poderosísimo. Total, ya antes lo hicieron: donde primero probaron el agente naranja fue en el Monte del Estado y en El Yunque. —¿Y? En esta parte, noto que el del angioma (quien además es el menos alto, pero más vivaracho), levanta y mueve su mano simulando un avión en pleno vuelo y, con grande placer, añade: —Aaahh, ahora es que viene el plato fuerte... Desde algún inofensivo avioncito, bbrrrrr, surcando el democrático y azul espacio aéreo, tus amigos los gringos rocían su gloriosa porquería química sobre los primorosos sembradíos de coca y marihuana de nuestros hermanos sudacas. ¿Capisce? —Pensándolo mejor, ya no me parece tan descabellada tu ocurrencia. Aquí mis momentáneos compañeros de viaje dan por terminado su diálogo ilustrador, pues, cansados de esperar, se lanzan en veloz y peligrosa carrera hacia el otro lado del islote. En la lengua se me acaba de enredar el estrillo de una canción: “We both know that it´s wrong but it´s much too strong to let it cool down now…”

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Es ella. Yo estaba hojeando un catálogo en Revista Internacional de Arte y Literatura

una famosa librería. Buscaba un disco de Bill Withers. Un poco más allá, frente a uno de los estantes, reconocí la catarata azabache de su cabellera. Sí, esa lustrosa y negrísima ala de cuervo que corona su persona. La mismísima Medusa, como la llamaba bromeando. Me acerqué sigilosamente y le vendé los ojos con las manos. Acto seguido, desgrané unos versos: “Otros amantes quieren vivir con ciertos ojos, yo sólo quiero ser tu peluquero…” Fue entonces cuando sentí que los dedos se me humedecían. Ella se dio vuelta y me miró con los ojos llenos de lágrimas. Antes de que pudiera preguntarle qué le pasaba, me dijo: “Ayer murió mi escritor favorito…”

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Unos altoparlantes anunciando la apertura de La Vaca Steak House me sacan de mis cavilaciones. El semáforo me dice que puedo ya cruzar. Antes de hacerlo, veo que el vendedor de periódicos levanta sus brazos y esgrime una señal esotérica. Se trata del cuadrado pitagórico. Como si hubiera visto al mismísimo Belcebú, él abandona su quehacer y huye espantado. Yo enfilo el rumbo hacia el centro del parque. Noto lo bien cuidados que están los vistosos jardines. Percibo que en las alas del viento viaja uno de los más deliciosos aromas. (En la vecindad alguien cuela café.) Sonrío, pero sigo avanzando. Desde el balcón de una casa aledaña, la voz de Lucecita Benítez dándole gracias a la vida comienza a perfumarme los sentidos, cuando, de pronto, descubro que acabo de interrumpirles su juego a tres niñas. Me he detenido en un medio círculo dibujado en el suelo con tizas de colores. A diferencia de las

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▼ CUENTO demás casillas, éste no trae número alguno, sino que tiene inscrita en azul Prusia la palabra CIELO. Me rasco una oreja. Sin alcanzar a salir del asombro, las niñas me observan en silencio. La más alta señala la calavera risueña que traigo tatuada en mi hombro. Abandono su CIELO y me disculpo. Entonces, me percato de la imponente sombra de mi cuerpo proyectada sobre las niñas. (No puedo reprimir un escalofrío de placer casi primitivo.) Una de ellas, la que parece aprisionar un palacio hecho con astillas de hielo en sus ojos y en cuya piel duerme el Sol, tiene en sus manos una bolsita de galletas de animales. Sin pronunciar una sola palabra, saca una galleta y me la ofrece. Es un león. Hago un gesto afirmativo con la cabeza. La niña sonríe y, al hacerlo, desnuda la blanquísima leche de coco de sus dientes. Me llevo el pequeño león a la boca y lo mastico. La harina se disuelve. Sólo me va quedando un sabor que no logro identificar del todo, pero que bien podría ser vainilla o jengibre. La imagen del papelito oculto en el interior de la galletita china de la fortuna que abrí después de cenar con ella visita mi pensamiento. Ese papelito que todavía conservo junto al ovillo de hilo en mi billetera. Un súbito golpe de brisa arrastra las hojas muertas que tanto fascinaron a Prévert. Las niñas ríen, vuelven a su divertido juego y todo recupera el ritmo. Atravieso un camino bordeado de cipreses, crotones y cruces de malta. Mientras avanzo, escucho con mayor claridad el discurrir de las aguas que manan de una fuente invitando al sosiego. Cuando al fin tengo ante mí el mausoleo, dejo caer la mirada por los alrededores bañados por la intensa luz solar que se cuela entre las

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copas de los caobos. Contemplo un puñado de obreros trajinando en el acogedor jardín. Un par de ellos se ocupa de mantener a raya la caprichosa yedra que puebla las paredes exteriores del recinto donde yacen los restos de mi acérrimo rival. En medio del jardín, está instalada la imponente efigie. Me detengo a contemplar la magnificencia captada por el ingenio del artista. Encima de la cabeza, una paloma corteja a su pareja. Me acerco en silencio. Al notar mi cercanía, las palomas alzan vuelo. Al pie de la estatua hay una jarra con frescas flores amarillas. Leo la tarja en la cual se inscriben su nombre y sus gloriosas hazañas. De inmediato, mi mano y el metal de mi espada le recuerdan.

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Una vez supe de labios suyos que no honraría su promesa y terminaría abandonándola y que, además, por su culpa su atormentado padre habría de quitarse la vida arrojándose al mar, decidí desafiar los designios del oráculo. Sólo esperaba pacientemente su llegada para liberarme del ominoso destino que no reconocía como mío. Mientras, ella se ocuparía de ir de arúspice en arúspice hasta encontrar un oráculo que nos fuera favorable. Junto los párpados y en los rostros de la gente que se aparta de mi camino, leo el terror que les provoca verme arrastrando su cadáver vestido de sangre y polvo por las calles más céntricas de la ciudad. Recuerdo haberlo hecho lleno de soberbia. Recuerdo, además, la aceitosa serenidad de su mirada al enfrentar ése por mí recién ideado destino para ambos. Justo antes de darle muerte con su propia espada (la misma que todos estos Revista Internacional de Arte y Literatura


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CUENTO ▼ años he conservado conmigo), dijo no haber comprendido porqué ella se empeñaba en hablarle de la pronta llegada de su redentor. Ya desarmado, se persignó y besó unos escapularios que llevaba colgados al cuello. Agachó la cabeza y me conminó a cumplir mi deber con un único golpe. De la gigantesca nube de palabras, habría de escoger éstas como sus últimas: “No temas. Hazlo... No duele mucho”. Por mis temblorosos y negros belfos se arrastró la promesa de herirle bien, como se hiere a los amigos. Miré cómo en el bronce de la espada se reflejaba el cielo y que el color de éste era de arena. Al saborear ese tan esperado momento, se me encogió el corazón. Podía estar orgulloso de mi gesta. Casi había cumplido el deber. Sin pensarlo más, hundí el duro metal en el robusto pecho. Tres viborillas rojas tiñeron la hoja de la espada. Así, le regalaba su anhelada libertad. Consumada al fin su muerte, seguí la ruta propuesta por el hilo y ésta me llevó a rebasar los límites de mi tenebroso encierro. Conmigo escaparon los demás jóvenes y doncellas que allí habían sido llevados como burda carne de sacrificio a ser devorada por mí. A la salida del laberinto, allí estaba ella. Esperando. Al principio me miraba como si me dispusiera a escupirle en la cara los huesecillos de una inocente paloma que acostumbrase a comer de su mano. Era obvio cuán presente tenía el hecho de que al entregarle el ovillo, no lo hacía para que él pudiera salir, sino para, tras yo darle muerte, escapar juntos.

A la luz de una ensangrentada luna llena,

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le dije cosas que no conviene aquí repetir. Ella sólo alcanzó a pronunciar que, cuando ejecuté mi hazaña, sintió que en sus manos cayó un hilito de sangre con el que, a partir de ese momento, estaría amarrada a mi corazón. Esa noche no durmió. En su pecho combatían encarnizadamente angustia y olvido. Tan pronto emprendimos el viaje, empezó a lloviznar. Al principio no era nada serio. Sólo unas gotas cayendo entre las hojas. Por nada del mundo convenía permanecer un minuto más en ese lugar. No teníamos la más ligera idea de hacia dónde nos dirigíamos, pero continuamos la marcha. Por lo tupida de la vegetación, con apretados grupos de arbustos llenos de espinas, fue necesario cambiar abruptamente de dirección. La lluvia se intensificó y el campo de visibilidad se iría reduciendo cada vez más. Para abrirnos paso y poder avanzar, tuve que usar el arma recién adquirida. Al cabo de un rato, se desgajó un gran aguacero. Inmediatamente comenzaron los truenos y los relámpagos. Parecía como si la ira de los dioses tuviera prisa en derramarse sobre nuestros pecados. La lluvia nos acribillaba los párpados. Y, como lanzas de luz y fuego, a nuestro alrededor caían rayos que pintaban todo de un blanco fantasmagórico. Los árboles eran fulminados. Sus ramas ardían. Durante un momento todo se oscurecía, pero luego se producía otro estallido en el cielo y los rayos continuaban cayendo. A pesar de conocer que el metal atrae a los rayos, decidí conservar la magnífica espada. No tenía alternativa. Ante la posibilidad de enfrentar las huestes de mi antiguo captor, era un riesgo que debía tomar. No sé cuánto tiempo permanecimos a merced de aquella tormenta que parecía sacada

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▼ CUENTO de las páginas de la Biblia, pero lo cierto es que ni lluvia ni truenos ni rayos cesaban de caer con gran estrépito sobre nosotros. Llegué, incluso, a pensar que aquello no tendría fin. Cuando todo acabó, nos detuvimos. Para que la ropa mojada se secara cuanto antes, la colgamos en los arbustos. Ya entonces pudimos entregar al descanso nuestros adoloridos cuerpos. En la madrugada del día siguiente, el agudo canto del gallo me despertó. Un poco más tarde, mientras yo contemplaba cómo la brisa mecía las ramas de los aguacates, ella confesó haber tenido una visión perturbadora. Sin apartar la vista del suave baile de los frutos, la escuché. En ésta, yo era Charlton Heston. Estaba encadenado y moría de sed en el desierto. Sobre mi cabeza, el Sol era un gigantesco huevo frito. Escuchaba la risa de los cuervos y el canto de unas ranas que parecían llorar como recién nacidos. Al cabo de varias horas y armado de un rifle, hizo su aparición Jesucristo. De inmediato, procedió a vaciar el contenido de dos cartuchos en un vaso y, luego de revolver su contenido con una cuchara, me lo extendió. En mi desesperación, ingerí un horrible coctel de pólvora, plomo y vinagre. Por primera vez, escuché la voz de Jesucristo. Me aseguró que la soledad sigue teniendo 360 grados, pero que yo podía crear nuevos recuerdos; que los buenos recuerdos pueden salvar mi vida. Terminó su alocución exhortándome a tener siempre presente que los sueños son para los que duermen. No dijo nada más. Sin siquiera despedirse, dio la vuelta. Pude percibir que se alejaba tarareando parte de una canción de Joaquín Sabina, ésa en la que no deja de preguntar si alguien sabe quién la ha robado el mes de abril. Antes de que se esfumara, vi que

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en la espalda de sus blancas vestiduras tenía escrito SOYLENT GREEN, INC. Curiosamente, yo también había tenido un sueño extraño. No comenté nada. En mi sueño, él y yo seguíamos siendo rivales, pero antes de obsequiarle una muerte, además de emancipadora, digna, él alcanzaba a pronunciar estas palabras que, a su vez, eran los últimos parlamentos de otro personaje cinematográfico: “He visto cosas que ustedes los humanos no se imaginan. He visto naves ardiendo más allá de Orión. He visto rayos C centelleando en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhaüser… Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia… Es hora de morir.” Durante los próximos días, permanecí distante. Trataba de desentrañar aquellos enigmas. Mientras pude, evité la conversación. Y, verdugo de mí mismo, me consagré a mirar el silencio ondulante de mi rostro en las aguas del río. Al tercer día, el ruido de un golpe seco me sacó de mi embeleso. Olvidé mis cavilaciones y volteé la cabeza. Del otro lado, en la orilla del río, permanecían dos individuos uniformados de azul. Miraban con indiferencia cómo una nevera blanca se resistía a hundirse. Parecía que mi presencia no les importaba. Se estuvieron allí hasta que las profundas aguas se tragaron la blancura metálica del inservible aparato. No pude evitar pensar que con su acto aquellos samaritanos quizá procuraban suplirles a los peces el modo ideal con el cual preservar mejor sus alimentos. En vano ella procuró dar con una legendaria mandrágora. Lo hizo creyendo a ciegas lo que sobre ésta se dice: que grita cuando la arrancan y que sus lastimeros aullidos provocan Revista Internacional de Arte y Literatura


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CUENTO ▼ la locura de quien alcanza a oírlos. Ya luego, sin asombros ni rencores, aceptaría continuar el viaje conmigo. Cuando nos aprestábamos a adentrarnos una vez más en la apretada maleza, sorpresivamente, sus palabras rompieron el silencio. Fue como si hubiera estado pensado en voz alta. Aseveró, exaltada, que ahora haría realidad su sueño de cantar jazz y, con ello, ganar mucho dinero para cuando tuviese 30 años, retirarse a vivir en un rancho en Ohio. No alcancé a decir nada. Ante mi desconcierto, ella engavetó su entusiasmo. Enmudeció. Retomamos la marcha y seguimos adelante sin pronunciar una sola palabra. Huimos lejos, muy lejos, para que no nos alcanzara la ira de su padre. Y hasta recibimos con beneplácito el zumbido demencial producido por un enorme pájaro de acero que en algún momento sobre nosotros pasó. Atrás quedarían la maraña de salas y corredores, los bosques infestados de lobos hambrientos, el venenoso aliento de la petroquímica y la salobre borrasca del mar, ese otro laberinto.

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Desde un cafetín cercano, la quejumbrosa voz del divo de Juárez apaga el rumor cristalino de la fuente. Desvío la mirada. Bajo el ala derecha de un flamboyán enano, me parece ver la sombra de una joven de larga y negra cabellera. Está sentada en un banco de espaldas a mí. (Recordé mi estadía en aquella librería en la cual me hechizaron los versos de un poeta proclamando que su amada sacude la hoguera de sus cabellos para recordarle al mundo que el amor no puede ser comprado con tarjetas de crédito.) Mi bulliciosa sangre me convida a Revista Internacional de Arte y Literatura

meterle las manos en la perfumada y espesa mata de pelo. Levanto la cabeza. Cuelgo los ojos de un arrecife de nubes. Pienso en el brillo de los adoquines mojados por la lluvia. Junto los párpados y una marejada de sensatez le corta el vuelo a mi inoportuna ocurrencia. Le echo un vistazo al reloj y me ajusto las gafas. Introduzco la mano en el bolsillo de mi Levi’s. (Recuerdo que hace días, un sueño extraño me visita en las altas horas de la noche. Desde entonces, duermo a media luz.) Extraigo la billetera. (Ella se acerca y se mete en mi lecho. Al poco rato, sucumbimos al reclamo de las hormonas y, cuando comienzo a acariciarle los senos, descubro que éstos se han convertido en una sustancia espesa, viscosa y verde que no alcanzo a despegar de mis dedos.) El transcurso del tiempo ha desteñido el brillante color rojo del ovillo de hilo. Leo el papelito de la galletita china de la fortuna que dice: “Usted y su pareja serán muy felices en su matrimonio”. (Ella sacude la larga y negra cabellera. Sus morados pezones ahora son un par de hermosos ojos azules que no dejan de mirarme y sus labios proclaman proverbialmente que los buenos momentos no cuestan nada, pero valen mucho.) Contemplo por vez última el ovillo. (En medio de la penumbra, despierto con la respiración agitada y sudando frío.) Momentáneamente, me parece escuchar la cariciosa selva de su risa confesándome que también en una tarde lluviosa nuestra madre le contó que, estando aún en el cuarto mes de embarazo, a ella le dio con jugar peregrina y que, mientras, en la punta del pie, saltaba de casilla en casilla, fue entonces cuando sintió por vez primera cómo en su vientre hinchado yo comenzaba a moverme. De inmediato, pienso que es cierto: un monstruo no debe tener hermanos.

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▼ CUENTO Sí, yo, el monstruo: la maravilla, el portento, lo que no entra en comercio con lo común; pero también lo contrahecho, lo deforme. El bastardo nacido de la lujuria, fruto de la unión de dos que jamás debieron juntarse. Dejo el ovillo al pie de la gallarda estatua coronada con hojas de laurel y giro sobre mis talones. Ya frente a las ruinas de Los Hijos de Borinquen, unos gringos rubitos se me acercan y me piden que les saque una foto colocados a ambos lados de la imagen que perciben como la más legendaria estrella del cine mudo. Disparo y la ingenua sonrisa de la pareja de turistas en shorts y chancletas queda congelada en el interior del aparato. Ella me da las gracias en su idioma y retomo el rumbo con la esperanza de salir de aquí antes que la ciudad desenrosque su serpiente de asfalto y hojalata.

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Desando mis pasos y regreso al Jaguar. Desactivo la alarma. Hundo mis riñones en el asiento y, antes de encender el motor, reflexiono. Cuando ella me entregó la foto para prevenirme de sus intenciones, contemplé los rasgos suaves de su rostro y pensé que, bajo esa piel de modelo de la revista GQ que no despertaba sospecha alguna, podía esconderse un guerrero sanguinario. Por lo lejano de los hechos, no sé si en verdad ocurrió así, pero prefiero recordarlo de este modo: en algún momento me pareció escucharle decir que se sentía como un animal enjaulado, sediento de libertad. Atormentado por su celebridad. Y poco antes de que le atravesara el pecho con la hoja de su espada, los dos tímidos nos

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dimos la mano con sorpresa y, más que todo, con pudor. Así, en lugar de víctima y victimario, terminábamos siendo cómplices. Después de todo, tal vez él aguardaba por mí. A que yo lo redimiera de su destino. Que retirara de sus espaldas el terrible peso de ser señalado como glorioso héroe. Que le librara de no poder pasar nunca inadvertido a causa de esa suma de malsanos equívocos que es la fama. Ahora ella sigue ahí. Viendo cómo, poco a poco, se deshila el ovillo del destino. Aunque no olvida nuestro terrible vínculo, confiesa ser muy feliz a mi lado. Sé que es así porque al decirlo, a la noche de sus grandes ojos le nace un brillo inusual. Cuando me besa, sus dos pares de alas vibran como élitros de escarabajo. Ya no duele la soledad, pero todavía me pesa un poco la cabeza de toro.

■ Edgardo Nieves Mieles: Puertorriqueño nacido el día 17 del décimo mes del año en el cual “Sugar” Ray Robinson reconquista por tercera vez el campeonato de los pesos medianos. Forma parte del grupo de escritores que se aglutinó en torno a las revistas Filo de juego (1984-1987) y Tríptico (1987-1989). Es fanático insobornable de la lucha libre (la define como “poesía en movimiento”) y sus héroes son Bret Hart y el Blue Demon. En su obra es evidente un carácter transgresor, fuera de convenciones, lúdico e irónico. Combina el tono coloquial con una poderosa imaginación verbal que evidencia la apropiación de una densa tradición poética. ▼ Revista Internacional de Arte y Literatura


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LITERATURA INFANTIL ▼

CESAR SANCHEZ BERAS

HAIKUS

para el mundo infantil -4-

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The couple of centipedes

tiene trozos de luna

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A load of rice

en la punta del clavo

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La luciérnaga en su maleta

-2-

¡Qué gran problema! la pareja de ciempiés vino a bailar

-1-

The firefly Has pieces of moon In its suitcase

-2-

What a big problem!

Came to dance

El mundo es trompo gira y gira

Super ant On its shoulder

La luna baja

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a decirle al niño

una carga de arroz

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Súper hormiga sobre su hombro

que es de noche

La mariposa

-3-

una rosa con alas

In the tip of the nail

-5-

The world is a spin It twists and turns

Revista Internacional de Arte y Literatura

que libre pasa

The moon comes down

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▼ LITERATURA INFANTIL To tell the child That it is night time

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The butterfly A rose with wings That freely passes

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Se van las aves la llamó Don Otoño ellas escuchan

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Una llovizna aprendiendo a llover

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Llueve que llueve

The birds leave

y los barcos de papel

Mr. Fall has call them

vuelven al puerto

To another country

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It’s morning time

A drizzle

The gens clap

Learning how to rain

The rooster sings

The girl rain

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-9-

It rains and it rains

Es la mañana

And the paper ships

las gallinas aplauden

Come back to the pier

el gallo canta

la lluvia niña ■ César Sánchez Beras. Nació en el año 1962. Es doctor en Derecho (Universidad Autónoma de Santo Domingo, 1988). Ha publicado los libros: Memorias del retorno, 1993, Travesía a la quinta estación, 1994, Con el pie forzado, 1994, En blanco y negro, 1995; Comenzó a llenarse de pájaros el sueño, 1999; Trovas del mar, 2002. Premiaciones: Primer lugar Concurso Nacional de Décimas, 1990, Primer lugar Concurso Nacional de Décimas (Cedee) 1991,

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*Libro seleccionado para ser publicado bajo el sello Ediciones del Comisionado.

Segundo lugar Concurso Nacional de Décimas Juan Antonio Alix; Premio Nacional de Poesía (RD) 2004 -Premio Nacional de Literatura Infantil (RD) 2004; Maestro del año, Premios Círculos Dorados, Massachusetts; Elegido como maestro del año, por la premiación “Quien es quien dentro de los maestros de Estados Unidos, en fecha 2001 y 2004; Padrino del Desfile Dominicano 2003, Lawrence, Massachusetts, Poeta Laureado por Cambridge College (2004). Actualmente trabaja como maestro de español y literatura en Lawrence High School, Lawrence, Massachusetts, donde junto a su labor de activista cultural, se desempeña como columnista del periódico Siglo 21 y de la revista Imagen Hispana. * Durante el periodo constitucional 1996-2000, fue Asesor Cultural del Consulado Dominicano en Boston (honorífico).▼ Revista Internacional de Arte y Literatura


Comisionado Dominicano de Cultura en los EEUU - Ministerio de Cultura de la República Dominicana

BIOGRAFIA ▼

Ismael

N

CHECO

ace en la República Dominicana, desde muy temprana edad muestra gran interés por las artes plástica. En 1981 ingresa en la Escuela Nacional de Bellas Artes. En 1984 matricula en The Art Students League of New York, en donde toma clases con los reconocidos pintores americanos David Leffer y John H. Sander. Fue allí donde conoce al prestigioso pintor e instructor Nelson Shanks, desempeñándose como aprendiz personal en su taller privado localizado en Andalusia, Pennsylvania, desde 1985 hasta 1989. En el 1989 comienza entrenamiento profesional en The Grassi Fine Art Conservation Studio, entrenandose en Conservación y Restauración de obras de arte. Durante su carrera como artista plástico ha recibido numerosos reconocimientos y distinciones por su labor y sus aportes a las artes en general. Ismael Checo también se especializa en impartir talleres sobre las diferentes técnicas en la pintura por todo los Estados Unidos, Europa y el Caribe. Actualmente es profesor de pintura y dibujo en el Rye Art Center en Rye, New York. Es el presidente la organización Colectivo de Artistas Visuales Dominico-Americanos en New York.

Crítica ■ El arte de Ismael Checo extrae de las fuentes gemelas de la creatividad, el arte y la vida. Él es un maestro consumado de los géneros de la naturaleza muerta, el retrato y el paisaje. No pasa un día sin que la grabación de un rostro fresco, un cambio de atmósfera, una caída inesperada de la luz, o algo de textura o color desconocido, y que pinta con el placer no disimulado y la garantía sin sacrificar la espontaneidad y una dosis de sana autocrítica.

Revista Internacional de Arte y Literatura

TRAMA

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Comisionado Dominicano de Cultura en los EEUU - Ministerio de Cultura de la República Dominicana

▼ BIOGRAFIA

Ismael

CHECO

B

orn in the Dominican Republic, from an early age shows great interest in the arts.

In 1981 he joined the National School of Fine Arts in Santo Domingo. In 1984 enrolled at the Art Students League of New York, where he took classes with painters like David Leffer and John H. Sander. It was there that he met the renowned painter and instructor Nelson Shanks , serving as apprentice in his private Studio located in Andalusia, Pennsylvania, from 1985 to 1989. In 1989 he began professional internship in The Grassi Fine Art Conservation Studio, where He was trained in Conservation and restoration of works of art. During his career as an artist has received numerous awards and honors for his work and his contributions to the arts in general. Ismael Checo also specializes in teaching workshops on different techniques in painting throughout the United States, Europe and the Caribbean. He currently teaches painting and drawing at the Rye Art Center in Rye, New York. He is the President of the group Colectivo de Artistas Visuales Dominico-Amaricanos in New York.

Critic ■ The art of Ismael Checo draws from the twin sources of creativity- art and life.  He is a consummate master of the genres of still life, portraiture  and landscape. No day passes without his recording a fresh face, a  change of atmosphere, an unexpected fall of light, or some unfamiliar  texture or hue, and he paints with undisguised pleasure and assurance  without sacrificing spontaneity and a dose of healthy self-criticism.▼

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Revista Internacional de Arte y Literatura

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Revista Trama  

Trama es una revista literaria sin fines de lucro del Comisionado Dominicano de Cultura en los Estados Unidos, una dependencia del Ministeri...

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Trama es una revista literaria sin fines de lucro del Comisionado Dominicano de Cultura en los Estados Unidos, una dependencia del Ministeri...

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