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El vértice agudo de mi lengua

Título: “El vértice agudo de mi lengua”  Javier Temprado Blanquer  2º Accésit XXXI Concurso Literario para Jóvenes 2012  Modalidad Poesía, Categoría General 

El tren nos llevará a nuestro horizonte. La frontera. Amarrados a este traqueteo que entrecorta la respiración. Resbala, ahí fuera, el paisaje con una calma imaginada. Yo voy pidiendo asilo en la distancia O un arañazo en la tempestad O algo que nos saqué de este ruido De pisadas hambrientas. Al llegar, gotas de tiempo se deslizan por la cara. La lluvia arrecia. Cuando descubramos el tesoro de la búsqueda, nuestras manos estarán vacías. ------------------------------------------Vine a buscar una hoja de papel y acabé buscándome a mi mismo. Me atrajo el olor perpetuo de la tranquilidad. El silencio que reposa sobre las partituras del atril. El frío que suscita la soledad. Las fotografías, risas grises, sonrisas que fueron derramadas tiempo atrás y ahora resuenan como un eco metálico. Los años quebrando la fisionomía de los muebles. Y las razones. Sentimientos. Ascuas. El calor de los recuerdos. 1


El vértice agudo de mi lengua

Lejos de este ahora de kilómetros. Raíles gigantes donde camina el invierno impiden mi paso sobre la memoria. Excusas que redimen el olvido. La vida se estrecha progresivamente buscando los vértices del tiempo. ----------------------------------------

La Luz. Lo primero que me viene a la cabeza. Cuando derrotado por mi propia rendición arranco a tiras la piel del deseo. El seseo ronco de tu silueta. La única ofrenda al silencio. Dos gotas de luz se derraman en un charco de tiempo. Lo que guardan las cenizas. Los segundos que pasamos sin mirarnos. Dedos amoratados de unos pies que aprendieron ayer a caminar solos. Así. Sediento de exceso y de placer construyo este reloj con quien charlar. Sus agujas me inoculan una sociedad histérica. La luz, decía, es solo la huella del fuego en el silencio. La oscuridad, decíamos, solo nuestro teatro de operaciones.

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Que todas las palabras de mi boca saben mejor cuando he ingerido previamente cinco mil vocablos que saben a ti, a muerte. Tanteo con mis dedos el eco natural de un orgasmo, el límite donde se precipita la vida. un instante gutural.

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El vértice agudo de mi lengua

Escruto con mi voz tus geométricos devaneos sumergidos entre las palabras. Tus fotografías con sabor a humo apurando la ceniza de un recuerdo. El arcano deseo, las ciegas cifras sin cuerpo, las letras que prenden los colchones raídos Sylvia Plath que os mira desde la estantería. La muerte hablando con Panero en el balcón y cuatro líneas marcadas en las manos de Pessoa. El nombre de una desconocida, Ya desdibujado por los años a la que sin ser ella cómplice le escribes en la mirada. Yaces: Tendida y desnuda.

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Conozco el secreto para diluir silencios de la boca del viento. Intuyo el susurro que guardas cuando te recoges el pelo. La manera lenta que tienes de sumirte en la sábana de un cuerpo semidesnudo. Desconozco lo que esconde tu cuello cuando doy un frenazo en la curvatura de tu espalda y te escribo: Jamais, Jamais plus. Nunca dejes que nos descubra la noche hambrientos de caricias. Nunca permitas que el frío deslice una dinastía de ausencias grises. Herido en la diadema de tu costado sonrío. Por las mujeres rendidas que al final de la noche encuentran sus límites en el vértice agudo de mi lengua.

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El vértice agudo de mi lengua