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muerto; entraban las mulas y a cada una le montaban dos muertos; uno veía pasar tres, cuatro mulas cargadas de muertos; ya no cargaban café”. Enamorado desde siempre de la topografía y el clima de Santuario, sus recorridos de niño no siempre fueron alegres, pues “encontraba de pronto un muerto en el camino, entonces yo no sé hasta dónde en la psiquis de todos eso va anestesiando… Uno a lo largo de la vida, de ver eso, le parece como lo normal, pero no es normal”. Pero para evitar ese olvido, recurrió a la historia como una manera importante de mantenerse vivo, de reconocerse como sujeto histórico. Este hombre, padre de dos hijos y que en la actualidad vive con su esposa de toda la vida, con quien atiende un almacén de variedades, se considera un “ratón de biblioteca” y muy tradicional tanto en sus costumbres gastronómicas como en su vestir. Los frijoles y el sancocho hacen parte de su menú cotidiano, así como el vestuario clásico. Un hombre tradicionalista, en apariencia. A pesar de ello, de sus costumbres tradicionales, es una persona que cree en la necesidad de conocer otras culturas, por eso en la década del setenta se dedicó a caminar por el país buscando fotos, documentos, más testimonios. Bogotá, Popayán, Cartago, Anserma Viejo, Pereira, incluso Barranquilla, muchos lugares recorrió. Y logró armar una historia. “Con eso publiqué un primer libro didáctico, en 1986, ‘Cien años de historia’, porque Santuario cumplía cien años de su fundación”. Solo hasta 1906 fue declarado como municipio. Luego publicó otros libros y cartillas, siempre sobre la historia o la agricultura. Sobre esa mezcla, dice con certeza que “creo que todo eso va amarrado, yo creo que la historia coge todo, o sea, la agricultura tiene un desarrollo histórico, la economía del municipio tiene un desarrollo histórico. Si nosotros miramos por qué los cafeteros están en crisis ahora, habría que mirarlos desde la historia, en qué momento abandonaron el camino del éxito, de la eficiencia, de la productividad para coger atajos que los llevan a la crisis de ahora. Yo pienso que todo se puede mirar desde la historia: la educación, la cultura, la economía, la organización social, la política”. Austero en todo, Jaime Vásquez Raigosa sigue en su almacén, donde siempre está abierto para guiar o compartir con propios y extraños interesados en conocer sus investigaciones o, simplemente, conversar un buen rato para hallar un dato buscado por mucho tiempo. Al fin de cuentas, la historia verdadera se construye en la cotidianidad, en el asombro de vivir cada día. 20

Revista comfamiliar edición 28  
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