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PERFILES

En un almacén, a pocos metros de una esquina de la plaza principal de Santuario, la historia de este municipio tiene su refugio, cuidado por uno de los más celosos guardianes. En este otro santuario se colecta y analizan los retazos de la pequeña historia para poder construir la memoria.

SANTUARIO TIENE GUARDIÁN DE MEMORIA Jaime Vásquez Raigosa es un hombre alto y delgado que cruza con rapidez las calles de este municipio, con el rostro casi siempre adusto, pero dispuesto en cualquier momento a regalar una sonrisa cuando se encuentra con alguien que lo saluda. Su oficio aparente es el de comerciante, pero en realidad su profesión es difundir la historia de su municipio, esa misma que poco interesa a muchos, pero que permite construir el sentido de comunidad. Nacido en Santuario en 1952, durante la época de la violencia política empezó a estudiar en Pereira, donde por primera vez se acercó a la historia. Le gustó mucho, y cuando regresó a su pueblo natal se dio cuenta de que no existía un relato local consolidado. Por eso empezó a buscar a los mayores, muchos de ellos fundadores, para que le contaran los vericuetos del pasado de este municipio de origen liberal rodeado por pueblos conservadores, en una época en la que

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se mataba por pertenecer a uno u otro partido. Aunque suene extraño, este técnico agrícola que ha trabajado en cultivos de café, hortaliza, mora y granadilla, entre otros, es quizá el mayor conocedor de la historia de su municipio y del departamento de Risaralda. De hecho, ha recorrido el país en busca de archivos que sustenten todos los testimonios orales que ha recogido desde la juventud, todos ellos guardados de manera celosa en cajas. Desde muy joven se involucró en actividades políticas, que lo llevaron a participar activamente en el movimiento de creación del departamento de Risaralda; incluso fue concejal de su municipio, experiencia que poco lo satisfizo y por ello no repitió. Uno de los hechos que más lo marcó en su niñez fue la época de La Violencia. “A mí me tocó ver cómo velaban 12, 15 personas en la calle y le prendían velitas a cada


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