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5 Unión de Profesionales y Amigos de las Artes Circenses

tarea bien hecha, o los legendarios números de caballos que están en el origen del circo contemporáneo. Un circo que no huela al característico “aroma” de los felinos, un circo que no huela a tigre no es un circo. Puede ser una muestra de las habilidades humanas en el arte de la contorsión, en el oficio del antipodismo, en la tarea de los malabares o en el alarde del filferrismo, en la suerte paródica de la clonería de escuela española, o en el alarde de los monociclos. Puede ser un espectáculo infantil o una oferta musical con personajes de las televisiones. Pero no es un circo que es un género en sí mismo, definido de principio a fin. Pero esta tesis no se ha querido entender en España. En Suecia, Noruega o Dinamarca, la legislación autoriza a nivel estatal los circos con animales sin jaula, permitiendo las actuaciones de caballos, elefantes, perros o focas, además de animales exóticos como jirafas, cebras o llamas. Alemania y Francia no ponen límites a pesar de las presiones de asociaciones animalistas. Y en España, como el circo no tiene quien le defienda, han ganado las posturas abolicionistas, y el circo desorientado no está siendo capaz de reinventarse. Hay nuevos planteamientos artísticos con empresas que superan los moldes del espectáculo circense, exhibiendo un espectáculo contemporáneo con importante éxito. Me refiero a las compañías que producen Genis Matabosh o Manuel Gonzalez que son la respuesta generacional al circo de siempre. Lo cierto es que el circo, en muchas ocasiones por falsear su oferta, por ofrecer gato por liebre, por mentir o engañar a los espectadores, sufre una indefensión que está afectando a su vigencia. Primero fueron los sabotajes a los circos con fieras, luego el desprestigio de esa plaga vírica de los payasos diabólicos que intentaron meter en el mismo saco a los entrañables payasos, a los augustos y carablancas

soportes fundamentales del circo eterno, y no se cuál va ser la próxima figura del desprestigio para un colectivo que transporta de pueblo en pueblo, de ciudad en ciudad la caravana mágica de la fantasía y la ilusión. Hay que ponerse en lo peor.

Menos mal que todavía nos queda la carpa, el santo y seña del circo que cuando se levanta en el “lugar de costumbre” o en el real de la feria, identificamos colectivamente que como antaño, ha llegado el circo. Y así será por muchos años. Quizás habrá que reformular la propuesta estética, reinventar el circo, apuntalar su supervivencia, y como dijo Camilo José Cela, en España quien resiste gana,y el circo perderá batallas pero ganará la guerra, y yo que visito cada año los circos tradicionales europeos, que descubrí las maravillas cuando llegó a mi pueblo la compañía itinerante de Prim Freres, con su menagería de un centenar de animales, seguiré reivindicando mientras viva, que viva el circo con animales, aunque ya solo sea una utopía improbable.

Nos queda la carpa

Ramón Pernas

Comentarios de Chapito 25  

Revista del mundo del Circo

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