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Diciembre 2011

Guernica Pablo Picasso

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El Papel de los Adultos como Promotores de Conductas Socialmente Positivas en Niños y Adolescentes

Perversidad: crimen y violencia Sobre la multicausalidad de lo traumático en los problemas de alimentación Víctimas del delito de trata de personas

Violencia y aprendizaje Ancianidad y violencia Psicología del tránsito en Córdoba ISSN 2250-5202

Actitudes de las madres frente al abuso sexual intrafamiliar infanto-juvenil


Nuestra Ciencia. Revista 15. Diciembre 2011. Dirección Lic. Aris Yosifides Coordinación General Lic. Susana del Milagro Paez Comité Editorial Mgter. Angélica Dávila Lic. Liliana Rita Arrigoni Lic. Claudia Simonini. Coordinación Periodística Lic. Andrés Oliva Colegio de Psicólogos de la Provincia de Córdoba. Miembro de FEPRA Y FEPUC. Ovidio Lagos 163. (0351) 4222703 - 4259367 5000 Córdoba

5 Actitudes de las madres frente al abuso sexual intrafamiliar infanto-juvenil Lic. Aylén Croppi Lic. Luciana De Tina Lic. María Alejandra Garip Director: Lic. Diana Scorza

14 El Papel de los Adultos como

Promotores de Conductas Socialmente Positivas en Niños y Adolescentes Lic. Sonia Arce Lic. María Elena Cordera Lic. Marisa Perticarari Lic. Carolina Basualdo Bodart Lic. María Inés Herrero Lic Nieves Ferreira Lic. Julia González Lic. Valeria Delgado

Lic. Mariana Personeni Lic. Jorge Guevara Lic. Ana Pinotti Walter Roldán Micaela Marasca Melisa Randazzo Agustina Solavagione

18 Perversidad: crimen y violencia Lic. Alejadro Rostagnotto Mgter. Mariela Yesuron

22 Sobre la multicausalidad de lo

traumático en los problemas de alimentación Lic. Aris Yosifides

28 Víctimas del delito de trata de personas Lic. Sofía Krause Lic. Sabrina Rodríguez Lic. Yanina Silvesttri

32 Violencia y aprendizaje Lic. Susana del Milagro Paez

ISSN 2250-5202

Edición y armado: www.garaymusitani.com.ar

40 Ancianidad y violencia Lic. Graciela Britos Lic. Marcela Martinez

44 Psicología del tránsito en Córdoba Lic. Alejandro Rivas

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Prólogo

Mgter. Angélica Dávila / Presidenta CPPC

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Tomando el concepto de Sigmund Freud, consideramos al trauma como un incremento brusco y sorpresivo de estímulos, que exigen un trabajo psíquico de tramitación y cualificación. Dichos estímulos pueden provenir del mundo interno o externo. El ser humano necesita otorgarle un sentido a sus experiencias, tomando del imaginario social las significaciones que cada cultura brinda a sus miembros. El trauma rompe la cotidianeidad e irrumpe violentamente en el psiquismo, rompiendo las barreras protectoras contra los estímulos. Luego sobrevendrá la larga tarea de reconstrucción y elaboración psíquica. Este proceso estará múltiplemente determinado, nuevamente por factores externos e internos. Presentamos en esta oportunidad, los trabajos que han presentado los colegas ante nuestra convocatoria a pensar y producir sobre este tema. Si la lectura de estos artículos, logra desencadenar un proceso de diálogo científico y nuevas producciones teóricas , como así también una reflexión sobre las prácticas, podremos darnos por satisfechos.

ste número virtual de la revista científica del Colegio de Psicólogos de la Provincia de Córdoba, “NUESTRA CIENCIA”, tiene el eje temático acerca de lo traumático en sus diversas expresiones. Pensamos que este tema, en sus facetas teóricas y prácticas, atraviesa diversas problemáticas de la época de manera transversal. Ya sea en la clínica individual o en intervenciones sociales, lo traumático emerge y nos interpela como profesionales de la psicología. Como sociedad, hemos sufrido una dictadura cuyos efectos psicosociales aún perduran. Varias generaciones deberán procesar y elaborar muertes, desapariciones, violencias y avasallamientos subjetivos y materiales. Como ciudadanos y como profesionales de la salud nos convoca un imperativo ético de responsabilidad social. Los traumas dejan su huella en las construcciones subjetivas, tanto en las experiencias de las personas como en los sucesos traumáticos acaecidos en los colectivos humanos. De la elaboración y resignificación de los hechos, dependerá el monto del daño producido a la estructura psíquica y su posibilidad de resolución.

El Guernica es un cuadro simbólico; está pintado utilizando únicamente el blanco y negro, y una variada gama de grises. La estructura del cuadro es semejante a la de un tríptico, cuyo panel central está ocupado por el caballo agonizante y la mujer portadora de la lámpara. Los laterales serían, a la derecha, la casa en llamas con la mujer gritando, y, a la izquierda, el toro y la mujer con su hijo muerto. El del tríptico no es, sin embargo, el único principio de ordenación espacial presente en el Guernica. Las figuras están organizadas en triángulos, de los cuales el más importante es el central, que tiene como base el cuerpo del guerrero muerto, y como vértice la lámpara.

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Introducción

Lic. Aris Yosifides / M.P. 2135 M.E. 427 Secretario Científico

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o traumático, en términos generales como una hendidura, una fisura, una marca que irrumpe en un estado de cierto bienestar y que comienza a tener entidad propia, que comanda nuestras vidas. Estos estados traumáticos han estado en todos los tiempos de la humanidad con sus diferentes manifestaciones, desde las guerras, abusos, violencias… Siguiendo el eje temático de nuestra revista científica, esta vez se optó por el tema de “lo traumático” dando pie a un gran abanico de posibilidades en donde la subjetividad de nuestra época permite las manifestaciones del trauma. Desde situaciones de violencia, abusos sexuales, accidentes de tránsito, el pasaje por la adolescencia, los problemas de la alimentación, hasta la psicopatía, son algunos de los problemas que los trabajos presentados intentan abordar. Desde tres lados amenaza el sufrimiento, dice Freud en 1930….desde el cuerpo propio, que, destinado a la ruina y la disolución, no puede prescindir del dolor y la angustia como señales de alarma; desde el mundo exterior, que puede abatir sus furias sobre nosotros

Mujer arrodillada. Otra versión es que la mujer está herida y se acerca a la yegua para descansar de sus heridas. La pierna de la mujer que camina hacia el centro está visiblemente dislocada o cortada, con una hemorragia que trata de frenar inútilmente con su mano derecha, por lo que lleva la pierna arrastrada y ya medio muerta. Tal descripción es reforzada por la coloración blanquecina del pie que arrastra en comparación al otro que conserva un color más fuerte, y también comparándolo con los desmembrados miembros del soldado, que yacen con la misma coloración, significando probablemente la pérdida de sangre. La hemorragia de alguna manera se puede deducir en un sombreado oscuro que parece justo en la articulación dislocada de la pierna de la mujer.

con fuerzas hiperpotentes, despiadadas, destructoras; por fin, desde los vínculos con otros seres humanos. Al padecer que viene de esta fuente lo sentimos tal vez más doloroso que a cualquier otro. Los escritos más sociológicos escritos por Freud, sobre todo el porvenir de una ilusión, demarcan las formas de ilusión que predominan en un determinado contexto histórico, y constituyen un modo culturalmente activo de renegar de aquello que denominamos castración, encontrando en cada época el modo de resolverse en su límite para renovarse bajo la forma de una nueva ilusión. El influjo del campo social sobre el psiquismo tiene entrelazamientos complejos y contradictorios, los sujetos no son mero resultado pasivo de lo simbólico, sino que reinterpretan de una manera creadora esas significaciones mediante su actividad de representación. De allí es que esperamos continuar con algún pequeño aporte creador a la temática que hoy se presenta en nuestra revista científica, esta vez en formato digital.

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Actitudes de las madres frente al abuso sexual intrafamiliar infanto-juvenil

Lic. Aylén Croppi 1 / M.P. 7382 Lic. Luciana De Tina2 / M.P. 6954 Lic. María Alejandra Garip3 / M.P.7158 Director: Lic. Diana Scorza. / M.P. 948 M.E. 487 Año: 2009.

Madre con hijo muerto. Se sitúa bajo el toro, como protegida por él, con la cara vuelta hacia el cielo en un ademán o grito de dolor. Su lengua es afilada como un estilete y sus ojos tienen forma de lágrimas. Sostiene en sus brazos a su hijo ya muerto. Los ojos del niño carecen de pupilas, ya que está muerto. El modelo iconográfico de esta figura es, según los críticos, la “Pietà”, esto es, la representación, habitual en el arte cristiano, de la Virgen María sosteniendo en sus brazos a su hijo muerto. Según la muy discutida interpretación de Juan Larrea, el grupo madre-hijo simbolizaría a la ciudad de Madrid, sitiada por las tropas de Franco.

Resúmen

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l presente trabajo se llevó a cabo a partir de la práctica realizada durante el año 2009 en la Dirección de Asistencia a la Víctima del Delito (D.A.V.D), en el marco de las Prácticas Pre Profesionales del Contexto Jurídico de la Facultad de Psicología, de la Universidad Nacional de Córdoba. Se plantearon dos objetivos generales: conocer las distintas actitudes adoptadas por las madres frente al abuso sexual intrafamiliar a sus hijos y conocer el abordaje del psicólogo con dichas madres. El análisis de datos permitió establecer tres actitudes en las madres: actitud protectora apoyante, actitud protectora no apoyante y actitud no protectora ni apoyante. Se concluyó que poco más de la mitad de las madres tuvo una actitud de protección y apoyo frente al abuso de sus hijos, realizando acciones en pos de dicha

protección, denunciando y separándolos del abusador; y además reconocieron la importancia del hecho, visualizando las consecuencias y comprometiéndose con el tratamiento de sus hijos. Otras madres tuvieron una actitud protectora, pero no se comprometieron con el tratamiento de sus hijos, ni con su recuperación. Algunas tuvieron una actitud no protectora ni apoyante, ya que continuaron exponiéndolos al abuso y no reconocieron la importancia del hecho, no comprometiéndose con el tratamiento de sus hijos. Palabras clave: actitudes – madres – abuso sexual

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Actitudes de las madres frente al abuso sexual intrafamiliar infanto-juvenil

Introducción

Marco conceptual

El abuso sexual infanto-juvenil es uno de los tipos de delitos que son asistidos en la D.A.V.D y es una problemática sumamente grave que afecta profundamente a aquellos que lo padecen, como así también a la sociedad en su conjunto, debido a que el mismo tiende a repetirse perjudicando a nuevas víctimas. La víctima de este delito se encuentra en una posición de vulnerabilidad debido a la relación asimétrica que mantiene con el abusador y al padecimiento silencioso al que se ve sometido. Se considera que la figura de la madre es fundamental cuando sus hijos han sufrido abuso sexual, ya que la misma es quien podría brindar la protección y el apoyo que estos niños necesitan. Indagar acerca del grado de conciencia que tienen las madres de la situación que está viviendo el niño y sobre las acciones que llevan a cabo ante la misma, permitió conocer las distintas actitudes que adoptan las madres frente al abuso sexual intrafamiliar. Esto es importante ya que se puede considerar que muchas veces la denuncia, el consentimiento, el ocultamiento u otras acciones de parte de la madre pueden posibilitar u obstaculizar que el abuso se continúe realizando. En relación a trabajos anteriores, se observó que la consideración de las madres representaba sólo un pequeño apartado en los desarrollos sobre abuso sexual, por lo que se consideró interesante e importante profundizar en este aspecto de la problemática. Los objetivos que guían este estudio son: Conocer las distintas actitudes adoptadas por las madres frente al abuso sexual a sus hijos, llevado a cabo por un miembro de su familia. Conocer el abordaje del psicólogo con madres de víctimas de abuso sexual intrafamiliar infanto- juvenil. A los fines de la presente publicación, se presentará sólo el primero debido a que se considera que responde directamente al tema del trabajo.

El abuso sexual infantil se enmarca dentro de la problemática del maltrato infantil, el cual es definido como “toda conducta de un adulto hacia un niño dentro de un vínculo de confianza y poder, y por lo tanto de responsabilidad, que resulta o puede resultar en un daño real o potencial en la esfera física, emocional, sexual o cognitiva. La negligencia, el abandono o cualquier tipo de explotación comercial son otras formas de conductas abusivas que, como las anteriores, no sólo afectan el desarrollo psicofísico de los niños sino también su dignidad como personas”.4 El abuso sexual se define como: “el o los actos de naturaleza sexual impuestos por un adulto sobre un niño que, por su condición de tal carece del desarrollo maduracional, emocional y cognitivo como para dar un consentimiento acerca del o los actos en cuestión”.5 Varios autores expresan la importancia que tienen las madres frente al abuso sexual de sus hijos. Hooper (1994) plantea al respecto, que en el contexto de esta grave problemática, las madres son generalmente los actores adultos primordiales en la protección de los niños. Las actitudes de apoyo de las mismas actúan favorablemente en la recuperación de los hijos, así como las actitudes negativas (ira, incredulidad o censura) perjudican notablemente esa recuperación. También sostiene que el rol de las mujeres como madres implica no sólo proteger a sus hijos y actuar como mediadora entre los miembros de la familia, sino también mediar entre la misma y la posible ayuda externa profesional. Frosh y Glaser (2000) plantean que la posibilidad de que el niño pueda contarle a su madre acerca del abuso va a depender de ciertos factores, entre los cuales mencionan: La edad del niño, ya que cuanto más pequeño es más probable que se lo cuente primero a su madre. Además, es a la madre a quien recurren cuando tienen algún dolor o incomodidad.

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seguras, las madres entran en una fase más racional e inician otra etapa del proceso en la que deben decidir si apoyan a su hija o no. Hooper (1994) afirma que aquellas mujeres que previamente al abuso mantuvieron una relación solícita con sus hijos, tienen luego del mismo más probabilidades de preocuparse y de ser protectoras. Aquellas que anteriormente se habían sentido hostiles o sobrecargadas por ellos, tienen más probabilidades de mostrarse airadas y no darles apoyo. La misma autora plantea que los niños abusados sexualmente suelen comportarse con cierta ambivalencia hacia sus madres, intentando contarles indirectamente y luego retractándose, expresando ira y pérdida de confianza por no haber sido protegidos y/o culpa por haber guardado ellos el secreto. Para las madres el secreto implica una sensación de exclusión y rechazo que podría incluir una pérdida en relación al sentido y finalidad de la maternidad, como es el cuidado y responsabilidad hacia sus hijos.

La cercanía de la relación entre el abusador y su madre, mientras más distante sea ésta, más probable será que el niño le cuente a la misma. Los autores afirman que la madre puede o no ser consciente de la existencia del abuso y, cuando lo advierte, su posición es particularmente difícil ya que como encargada de la protección del niño, se ve forzada a elegir entre su relación con el abusador y su relación con el niño, además de que también puede estar siendo dominada y sometida por el abusador. Calvi (2005) afirma que existen varios aspectos que influyen en que la madre pueda desconocer el abuso sexual intrafamiliar, entre ellos que los protagonistas de este hecho pertenecen a la familia y que el abusador manipula y/o distorsiona la realidad para que no se evidencien las acciones incestuosas. Por esto a algunas madres les resulta muy difícil detectar el incesto, además de que muchas veces ellas mismas son y/o fueron abusadas y maltratadas. El conocimiento pleno del abuso no es el final del proceso de descubrimiento ya que a los hechos en sí se les atribuye un significado, que puede modificarse con el correr del tiempo. “No basta con ofrecer a las mujeres evidencia de actividades específicas con la cual definir la experiencia de sus hijos como abuso, dado que por sus propios sentimientos de impotencia y falta de control sobre la sexualidad, pueden inhibir su capacidad de entender el significado y las implicaciones para el niño”.6 Martínez y Sinclair (2006) sostienen que es importante tener en cuenta que la madre que está dispuesta a creer sufre un intenso impacto emocional, sobre todo si el abusador es su esposo o pareja. Esto hace que por más que intente apoyar y proteger a su hijo, sus propias vivencias traumáticas sean una interferencia para registrar y dar respuesta a las necesidades del niño. En relación a las reacciones de las madres, Norori (2005) sostiene que en la revelación del abuso también tiene lugar la indagación por parte de la madre, que tiene la esperanza de que no sea cierto. Una vez más

Materiales y métodos Se realizó un estudio de tipo descriptivo en el cual, para el logro de los objetivos planteados, se utilizaron las siguientes técnicas de recopilación de datos: lectura de legajos, observación de entrevistas de admisión y realización de entrevistas a algunos de los profesionales que integran la institución. Se contó con una población de madres de niños y jóvenes de hasta 18 años víctimas de abuso sexual intrafamiliar, que fueron asistidos en la Dirección de Asistencia a la Víctima del Delito durante el año 2009. Se obtuvieron los datos de 23 madres y 28 niños, ya que en 5 casos las víctimas eran 2 hermanos. El análisis de datos se realizó a través del análisis de contenido, y en un segundo momento, se realizó una articulación de los datos con el desarrollo teórico.

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Resultados

vínculo de las madres con el abusador del niño. Se observó que en algunos casos las madres:

CARACTERIZACIÓN DE LAS MADRES Del análisis de las variables socio-económicas de las madres, se puede mencionar que el rango etario en el que se ubicaron la mayoría de ellas fue de los 20 a los 50 años; además se encontró que la mitad tenía un nivel de estudios terciario o universitario. También se observó que la mayoría de ellas tenía empleo, ya que sólo 2 se encontraban desempleadas y en cuanto al estado civil, más de la mitad de las madres no estaban en pareja. En cuanto a las redes sociales, se obtuvo que gran parte de las madres contó con pocas redes sociales, ya que 10 de ellas acudieron a 2 redes o menos. También se puede decir que algunas madres contaron sólo con la D.A.V.D. Las instituciones fueron unas de las redes reconocidas por la mayoría de las madres, en especial la D.A.V.D. En función de la historia personal se consideraron aquellas situaciones que podrían haber marcado la vida de estas madres y afectado el vínculo con sus hijos. En este sentido se consideraron el maltrato, el abuso sexual y las psicopatologías graves. En relación al maltrato y abuso sexual, se tuvieron en cuenta aquellos sufridos por las madres en la familia de origen, su vínculo conyugal u otros. Pudo observarse que muchas de las madres sufrieron situaciones de violencia en su vida, ya sea en su familia de origen, por parte de su pareja o de otras personas. Es importante mencionar que de las 6 madres que sufrieron situaciones de violencia en su familia de origen, sólo 2 de ellas no lo sufrieron en la vida adulta, lo cual refleja el modo en que la violencia trasciende generaciones y se repite a lo largo del tiempo. Otra situación que se tuvo en cuenta fueron las psicopatologías graves, observadas en 5 de las madres, de las cuales 4 fueron diagnosticadas con depresión grave y 1 de ellas tenía “rasgos paranoides”, según dichos del profesional a cargo del caso. Otro aspecto importante que se tuvo en cuenta fue el

• Teniendo previamente una buena relación, a partir del abuso se separaron y rompieron el vínculo con el abusador, como en algunos casos en que el abusador era su pareja, su hermano, la pareja de su madre y su hijo en un caso. • No tenían previamente al abuso un vínculo con el abusador, o el vínculo ya estaba disuelto, y a partir del abuso no hubo ningún contacto, como en el caso en que el abusador era su ex –pareja, su cuñado o su suegra/o. • Continuaron su vínculo con el abusador, sin distanciarse del mismo a partir del abuso, como en algunos casos en que el abusador era su pareja, su padre o su hijo en uno de los casos. En este punto también es importante tener en cuenta el vínculo previo de la madre con el niño abusado. De los casos analizados, a partir de lo registrado por los profesionales en los legajos, se pudo observar que en los 20 casos en los que se obtuvo el dato: • 11 madres tenían un buen vínculo con sus hijos abusados, lo cual se observó en que los niños manifestaban mantener una relación cálida y continente con su madre, tener buena comunicación y confiar en ella. • 5 madres demostraron tener dificultades en el vínculo con sus hijos, lo que se vio reflejado en el reclamo de afecto por parte de los niños, ausencias por cuestiones laborales y falta de preocupación. En algunos casos el vínculo fue afectado por psicopatologías graves de las madres, produciendo desapego y vínculos confusos. • 4 madres evidenciaron graves conflictos en el vínculo con sus hijos, ya que no pudieron cuidarlos ni protegerlos a lo largo de su desarrollo, algunas no convivían con ellos, siendo la relación de total indiferencia y desinterés.

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Reacciones emocionales de las madres

Acciones llevadas a cabo por las madres

Es pertinente aclarar que en este apartado se tomaron los 13 casos en los que las madres hicieron tratamiento, ya que en los demás no se realizó un registro exhaustivo de la situación emocional de ellas, debido a que en las entrevistas se hizo hincapié en cuestiones relativas a las víctimas. Una de las reacciones más encontradas fue la angustia y tristeza, observada en casi la totalidad. También se registraron otras reacciones como la culpa, miedo al abusador y a su familia, impotencia, decepción, miedo a las consecuencias del abuso en el niño, enojo hacia el abusador, rasgos paranoides, sensación de abatimiento emocional, sentimiento de soledad, sentimiento de desprotección y ambivalencia por tener que elegir entre el abusador y la víctima. Estas reacciones pueden entenderse teniendo en cuenta lo planteado por diversos autores acerca de que las madres son víctimas secundarias del abuso, ya que sufren un intenso impacto emocional y pueden experimentar un trauma similar al sufrido por sus hijos.

Se analizaron las acciones que realizaron las madres frente al hecho y se tuvieron en cuenta para este análisis la realización de la denuncia y la separación de la víctima del abusador, considerando que estas acciones favorecen el corte con el abuso; y que la ausencia de las mismas implica la exposición de las víctimas a la ocurrencia de nuevos abusos. La realización de la denuncia fue realizada en todos los casos, aunque no siempre fue efectuada por las madres. La misma es una de las principales acciones de corte con el abuso ya que, como afirma Marchiori (1993) posibilita que el abuso no sea silenciado, y que distintas instituciones intervengan en pos del cuidado del niño. En relación a esta acción se encontró que 17 madres realizaron la denuncia. Por otro lado, se encontró que 6 de las madres no la realizaron, y 1 de ellas, además amenazó a la víctima para que la retirara. Cabe aclarar que en los casos en que las madres no denunciaron, lo hicieron en su lugar otros familiares o conocidos de las víctimas. También se tuvo en cuenta la separación de las víctimas del abusador, la cual fue realizada por 17 de las madres, y lo hicieron a través de evitar el contacto entre ambos y/o de mudanzas a otras ciudades, provincias o casas de familiares. Cabe aclarar que las madres que realizaron esta acción son las mismas que realizaron la denuncia. Por otro lado, se encontró que 6 de las madres no realizaron esta separación, coincidiendo también con las que no realizaron la denuncia. En estos casos se observó que 4 madres no sólo no los separaron del abusador, sino que continuaron conviviendo con éste, y en 2 casos si bien las madres no separaron a las víctimas del abusador, éstas fueron separadas por orden judicial. En relación a las madres que no separaron a sus hi-

Grado de conciencia de las madres sobre la gravedad del hecho Uno de los puntos analizados en el trabajo fue el grado de conciencia de las madres sobre la gravedad del hecho, el cual fue definido como la capacidad que tienen estas madres para percibir la severidad del hecho y las secuelas que el mismo ocasiona en los niños, y actuar en función de su protección. Por considerar que este es un aspecto complejo, se consideraron dos indicadores que dieron cuenta del grado de conciencia: las acciones llevadas a cabo por las madres y el reconocimiento de la importancia del abuso.

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jos del abusador, se podrían pensar que estas madres podrían corresponder a las que Ruiz (2009) denomina cómplices indirectas: son madres que saben lo que ocurre pero prefieren callarse. Se trata de mujeres dependientes del abusador y que en muchos casos comparten su mismo sistema de creencias acerca de que los adultos tienen todos los derechos sobre los niños.

Reconocimiento de la importancia del abuso Este punto se vio expresado en la preocupación de las madres por la salud y bienestar de sus hijos, lo cual se evidenció en las acciones de apoyo que apuntaron a la recuperación de los mismos. Dentro de estas acciones se consideró el compromiso con el tratamiento de sus hijos, el cual implica diferentes conductas: llevar a sus hijos a tratamiento, seguir las recomendaciones de los psicólogos, no realizar acciones que victimicen al niño y acudir a la institución cada vez que fueran citadas por los profesionales. Se considera que esta acción es uno de los indicadores de apoyo ya que, como plantea Glaser (1995) permite que los niños sean protegidos de nuevos abusos y que puedan sanar los efectos del mismo. En función de esta acción se encontró que 12 madres estuvieron comprometidas con el tratamiento de sus hijos, ya que los llevaron a la institución, siguieron las recomendaciones del psicólogo y acudieron a las entrevistas pautadas en el marco del tratamiento de sus hijos. 5 madres se mostraron poco comprometidas ya que si bien los llevaban a la institución, no seguían las recomendaciones del psicólogo, no valoraban la importancia del tratamiento y no mantenían una continuidad con el mismo. Por último, 6 madres no estuvieron comprometidas con el tratamiento de sus hijos, ya que gran parte de ellas no asistió a la institución y

todas minimizaron las consecuencias. Estas madres no llevaron a las víctimas a tratamiento y, si lo hicieron, fue mediado por un oficio judicial, y además actuaron contrariamente a lo recomendado por los profesionales. También se tuvo en cuenta la realización de tratamiento psicológico propio. Esta acción se considera importante ya que, como plantean Bentovim y Tranter (1993) permite a las madres reforzar su confianza y autoestima, logrando que en un futuro puedan proteger de manera más adecuada a sus hijos. De las 23 madres analizadas, 13 realizaron tratamiento en la D.A.V.D.

Discusión En función del análisis de los indicadores mencionados, y sobre un análisis caso por caso, se pudo agrupar a las madres según el grado de conciencia que evidenciaron. Se intentó dar cuenta de esta variable a través de una descripción en la que se identificaron madres que demostraron grado de conciencia alto, medio o nulo. Posteriormente a este análisis, se observó que el grado de conciencia podía ser traducido en términos de actitud. En el presente trabajo se entiende por actitud a: “modo (acentuación, tono) de dirección u orientación, modo de proceder selectivo (en la realización de una tarea por ejemplo). Actitud anímica frente a una persona, una idea, una cuestión, una cosa, asociada a una evaluación o expectativa”7. Vemos entonces que el grado de conciencia contiene los dos aspectos principales de la actitud: el modo de proceder, es decir las acciones llevadas a cabo por las madres; y la actitud anímica, es decir, el reconocimiento de la importancia del abuso. Es por esto que se identificaron en las madres tres actitudes principales: Actitud protectora apoyante: 12 madres se caracterizaron por demostrar que tenían conciencia acerca de la importancia y gravedad de lo que les estaba sucediendo a sus hijos y por comprometerse no sólo en su

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protección, para evitar que el abuso siguiera ocurriendo, sino también en la recuperación del niño en cuanto a las secuelas que el hecho provocó en él. Actitud protectora no apoyante: 5 madres se caracterizaron por no percibir completamente la importancia y gravedad del hecho ya que, si bien procuraron que sus hijos no siguieran siendo victimizados, no pudieron reconocer la necesidad de que los mismos puedan recuperarse y sanar los efectos que el abuso provocó en ellos. Actitud no protectora ni apoyante: 6 madres demostraron no reconocer la importancia y gravedad del hecho, ni preocuparse por la protección y recuperación de sus hijos, ya que demostraron indiferencia y desinterés por el bienestar y la salud de los mismos. A continuación se describen los principales datos encontrados, intentando realizar una relación con las distintas actitudes observadas en las madres. En función de la cantidad de redes sociales con las que contaron las madres, pudo observarse que la mayoría de las que tenían una actitud protectora apoyante, contaron con mayor cantidad de redes. Las instituciones fueron una de las redes frecuentemente reconocidas por las madres; esto podría dar cuenta del papel importante que las instituciones pueden tener en casos de abuso sexual. También se tuvo en cuenta la historia personal de las madres y se encontró como hecho recurrente que gran parte de las madres habían sufrido maltratos, abandonos y abusos sexuales en su familia de origen y en su relación de pareja. En relación a esto, se observó que las madres que habían sido víctimas de malos tratos y/o abusos, habían adoptado diferentes actitudes frente al abuso de sus hijos. Se encontró que algunas de estas madres, tuvieron actitudes protectora no apoyante o no protectora ni apoyante. Retomando aportes anteriormente citados, se observa que esto coincide con lo que plantean algunos

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autores (Frías 2005; Lopez Vigil 2005) acerca de que el abuso sufrido por las madres de víctimas de abuso sexual podría limitar su capacidad de protección y apoyo a sus hijos frente a situaciones abusivas. En otros casos no ocurrió lo mismo, ya que algunas de ellas a pesar de haber sido maltratadas, abusadas o haber padecido psicopatologías graves, mostraron una actitud protectora apoyante. De esta manera, se podría decir que posiblemente el hecho de haber tenido una historia de victimización, podría actuar tanto como un factor limitante, como favorecedor de la capacidad protectora de estas madres. En relación al vínculo de las madres con el abusador de sus hijos, se observó que cuanto más cercano o afectivo era el vínculo que mantenían (pareja, hijo, padre), más se dificultó el corte o la separación con el mismo, por lo que estas madres tuvieron una actitud protectora no apoyante o no protectora ni apoyante. Estos datos coinciden con lo que plantean Frosh y Glaser (2000) quienes explican que mientras más cercana sea la relación entre el abusador y la madre, más se dificulta que la misma pueda proteger adecuadamente a su hijo. En los casos en que el vínculo entre la madre y el abusador no era de sangre o se había disuelto previamente (suegro, ex pareja, cuñado), se observó que las mismas tuvieron una actitud de apoyo y protección hacia sus hijos. Otro aspecto que se tuvo en cuenta fue el vínculo previo de la madre y el niño abusado. Se observó que en los casos en que existía un buen vínculo entre los niños y sus madres, la mayoría de las madres pudieron tener una actitud protectora y apoyante hacia ellos. También se observó que en los casos en los que existían conflictos graves en el vínculo, la mayoría de las madres evidenciaron actitudes no protectoras ni apoyantes. Esto coincide con lo planteado por Hooper (1999), quien afirma que aquellas mujeres que previamente al hecho habían sido hostiles o se habían sentido sobrecargadas por sus hijos, tienen menos probabilida-


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des de brindarles apoyo posteriormente al abuso. De las características de la situación de abuso, y tomando generalidades de los casos analizados, se puede considerar que en los casos en que las madres tuvieron una actitud protectora apoyante, el hecho de que sus hijos fueran abusados durante un largo período de tiempo, incluso en muchos casos durante varios años, podría tener que ver con que en la mayoría el abuso se llevó a cabo en lugares inaccesibles para la madre, como la casa del abusador. Sin embargo, si bien estas madres no concurrían a estos lugares, podría decirse que tampoco pudieron darse cuenta a través de indicios o señales de abuso en sus hijos, y no supieron del hecho hasta que los mismos les comunicaron lo que les ocurría. Cabe preguntarse si en estos casos, el no poder descubrir el abuso podría deberse, tal como lo plantean varios autores, a situaciones de violencia sufridas en su propia historia personal. De este modo, podría reflexionarse que si bien la historia personal no habría afectado la actitud de muchas de las madres, ya que actuaron y protegieron a sus hijos al enterarse del abuso, probablemente podría haber influido en su capacidad de detección de situaciones de victimización a sus hijos. En la mayoría de las madres que tuvieron una actitud no protectora ni apoyante, se observó que el abuso a sus hijos fue llevado a cabo en su propia casa. Podría pensarse que esto es un indicio más de la actitud de desprotección de estas madres, ya que al cometerse el abuso en su mismo lugar de residencia, tendrían más oportunidades de captarlo. En relación a las reacciones, consecuencias y síntomas de las víctimas, se observó que, en las tres actitudes de las madres, la mayoría de ellas se había enterado de la existencia del abuso a través del relato de la víctima, pero actuaron de manera diferente ante este pedido de ayuda de sus hijos. Muchas de las madres no protectoras ni apoyantes, aún enterándose por sus hijos, no realizaron acciones de cuidado para los mismos, lo cual agrava el sentimiento de desprotección

que afectó a estos niños, y constituye un indicio más de la actitud indiferente y desinteresada de estas madres. Los principales factores que protegieron a los niños de sufrir nuevos abusos, estuvieron relacionados con efectuar las denuncias correspondientes y la separación del abusador. Por otro lado, el hecho de reconocer la importancia del abuso, a través del compromiso con el tratamiento de sus hijos y con la salud de los mismos, y la realización de tratamiento psicológico por parte de las madres, habría ayudado a mitigar las graves consecuencias provocadas por el abuso. Por el contrario, cuando estos aspectos no estuvieron presentes, los niños vieron seriamente limitadas sus posibilidades de protección y/o recuperación, resultando altamente vulnerables y expuestos a sufrir mayores riesgos.

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Actitudes de las madres frente al abuso sexual intrafamiliar infanto-juvenil

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1 Lic. En Psicología M.P 7382. Universidad Nacional de Córdoba. E-mail: aylencroppi@hotmail.com.ar 2 Lic. En Psicología M.P 6954. Universidad Nacional de Córdoba. E-mail: licenciadadetina@hotmail.com.ar 3 Lic. En Psicología M.P 7158. Universidad Nacional de Córdoba. E-mail: alegarip@hotmail.com 4 OMS. En Bertini, C y otros (2005). El maltrato hacia los niños. (Comp. Eva Giberti) Abuso sexual y malos tratos contra niños, niñas y adolescentes: perspectiva psicológica y social (Pág. 239-257). Buenos Aires: Espacio Editorial. Pág: 242 5 Molina, A. y Sanz, D. (1999). Violencia y abuso sexual en la familia. Buenos Aires: Ed. Lumen/Humanitas. Pag: 61. 6 Hooper, C. A. Madres sobrevivientes al abuso sexual de sus niños. Buenos Aires: Ed. Nueva Visión. Pág: 132 7 Dorsch, F. (1985). Diccionario de Psicología. Barcelona: Ed. Herder. Pág: 6

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El Papel de los Adultos como Promotores de Conductas Socialmente Positivas en Niños y Adolescentes

Lic. Sonia Arce / M.P. 1005 - M.E. 294 Lic. María Elena Cordera / M.P. 1015 - M.E. 85 Lic. Marisa Perticarari / M.P. 1598 Lic. Carolina Basualdo Bodart / M.P. 6526 Lic. María Inés Herrero / M.P. 6256 Lic Nieves Ferreira / M.P. ???? Lic. Julia González / M.P. 4971 Lic. Valeria Delgado / M.P. 6554 Lic. Mariana Personeni / M.P. ???? Lic. Jorge Guevara / M.P. ???? Lic. Ana Pinotti / M.P. 5982 Walter Roldán Micaela Marasca Melisa Randazzo Agustina Solavagione.

Abstract:

E

Flecha oblicua. Situada bajo las nalgas del caballo. Su figura simboliza la elevación del espíritu del fallecido sobre la opresión de los poderes hegemónicos. El alma del caído sufre y suplica arrepentimiento a la desdichada madre. Él y el niño harán juntos el paso al más allá.

l presente trabajo surge como una línea de investigación sobre La construcción de las conductas prosociales en niños y adolescentes de la ciudad de Córdoba, Argentina (MINCYT y SECYT).Aborda el desarrollo de conductas basadas en los valores, profundizando la temática tanto en niños y adolescentes, como en el protagonismo de los adultos en su rol de co-constructores de las mismas. En este informe, referido a los padres y cuidadores, se infiere una cierta incongruencia entre el decir y el hacer, como así también la frecuente tendencia a depositar en el afuera algunas funciones que les compete como transmisores de valores. Palabras Clave: Conductas Prosociales, Niños, Adolescentes, Adultos, Violencia.

Introducción Frente al atravesamiento de la violencia en la actualidad surge de parte de las instituciones la necesidad de implementar estrategias alternativas, que emerjan de sus propias prácticas pudiendo estar respaldadas por

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El Papel de los Adultos como Promotores de Conductas Socialmente Positivas en Niños y Adolescentes investigaciones científicas de impacto local. Las funciones que, durante la modernidad, ejercieron instituciones como la familia y la escuela brindando protección y estabilidad en relación a los derechos sociales, hoy se encuentran debilitadas provocando fragmentación y vulnerabilidad en distintos niveles de la sociedad, cuyos síntomas son la violencia y la insuficiencia de los valores como reguladores de las interacciones entre los sujetos. Los principios de la modernidad siguen teniendo presencia en las instituciones aún cuando las mismas y los sujetos que las integran están siendo atravesados por factores sociales, culturales y tecnológicos que ponen en cuestión estos principios tradicionales. Ante este contexto, diversos interrogantes dieron origen a un Proyecto de investigación1, iniciado en el año 2004, que indagó acerca del modo como se construye prosocialidad en niños y adolescentes de diferentes sectores sociales de la ciudad de Córdoba. Desde el trabajo realizado entre los años 2004- 2008, se desprende un eje de estudio (2008/ 2011) que pretende analizar el papel de los adultos como propiciadores de valores, planteando por otro lado, la necesidad de construir estrategias que otorguen “un lugar” a los referentes cercanos adultos, en programas, proyectos, intervenciones cuyo punto de partida se sitúe en las necesidades y motivaciones grupales; no en otras pensadas “desde fuera para ellos”.

Métodos y Materiales Se inicia en el período 2008/ 2011, una etapa de investigación- acción, donde paralelamente a la aplicación de nuevos instrumentos metodológicos (cuestionarios) a docentes y padres, se aplicaron estrategias de intervención en comunidades escolares, mediante la participación protagónica de sus actores. Estas acciones comunitarias tuvieron por objetivos: a) Promover en la comunidad educativa conductas pro-

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sociales y b) Abordar las problemáticas emergentes del contexto particular a través de estrategias de participación con los actores sociales involucrados. Durante el período 2008/ 2010, paulatinamente se incluyeron en el trabajo a niños, adolescentes y adultos significativos (padres, docentes y otros). A finales del año 2009 el equipo se encontró abocado a la aplicación de cuestionarios para indagar acerca de las representaciones que tienen los adultos significativos del colectivo escolar sobre la prosocialidad. La muestra estuvo constituida por 200 docentes y 200 padres de diferentes sectores sociales de la ciudad de Córdoba. Del análisis de datos obtenidos se realizó una comparación con el material recabado en niños y adolescentes.

Resultados Respecto a la enseñanza de valores, padres y otros adultos significativos de niños y adolescentes” en general opinan que esta tarea es competencia de la familia en primera instancia y de los docentes, en segundo lugar. También aparecen en menor frecuencia, respuestas que resaltan el papel de los medios masivos de comunicación, destacando los programas de televisión como trasmisores de de valores y la Internet. En lo que hace a esta última, consideran que al interactuar los niños y adolescentes con otros a través de estos espacios virtuales, “seguramente reciben influencias sobre aspectos importantes”. También hay quienes consideran que “todos” o la “sociedad entera” influye sobre la conformación de los valores, citando específicamente en algunos casos a las instituciones barriales, “iglesia, club”. Con respecto a la manera en como enseñan los valores resaltan principalmente la importancia de la palabra y el ejemplo y en menor medida la religión, dar responsabilidades en el hogar y valorar en los niños y adolescentes lo que hacen bien. En algunos casos, reconocen


El Papel de los Adultos como Promotores de Conductas Socialmente Positivas en Niños y Adolescentes

la importancia del “tiempo dedicado a los niños y adolescentes”, rescataron la necesidad de fomentar la “autoestima” valorando los logros personales y dándoles “responsabilidades acordes a la edad”. Resultan significativas algunas respuestas como “es algo que se construye día a día”. Frente a situaciones concretas de resolución de conflictos entre pares, los adultos-padres manifiestan, en primer lugar dejar a los niños que resuelvan solos, si esto no se logra, consideran apropiado intervenir mediando para llegar a una solución justa. También y en forma frecuente aluden a “el castigo y la penitencia” como forma de enseñanza. Por el contrario y en algunos casos “dejar pasar” la situación problema especialmente si son “chicos” (niños de corta edad), es decir no hacerse cargo, desconociendo la necesidad de intervención adulta. Se destacan, pero en menor número contestaciones que hacen referencia a la necesidad de estimular un “pensamiento crítico, autocrítico y reflexivo”, “enseñando a ser auténticos y que se manejen con la sinceridad y la verdad” valorando lo bueno. Es llamativo que cuando los entrevistados se refieren a terceras personas, abunden respuestas más realistas y coincidentes con situaciones cotidianas, tales como “los otros padres dicen una cosa y hacen otra”, o “cuando los compañeros se pelean los docentes no los hacen reflexionar”. Cabe destacar que la mirada de los padres sobre la institución escuela conlleva muchas críticas, emergiendo la depositación de una responsabilidad mayor sobre la misma: “la escuela castiga y separa a los que causan problemas”, “rechaza a los que tienen problemas de conducta”, “los docentes no tienen tiempo”.

Análisis y Discusión

Los datos obtenidos en esta etapa se correlacionan en gran medida con los alcanzados en períodos previos de la investigación. En estos se infirió que tanto niños como adolescentes expresaban una relativa incongru encia entre el concepto y la acción. En el caso de los adultos significativos muestran en su mayoría claridad en lo referido a la manera de transmitir valores, como sustento de conductas socialmente positivas, pero en lo cotidiano manifiestan con frecuencia, incongruencias con aquello que se sostiene como práctica u opinión. A partir del análisis sobre los posicionamientos de los adultos significativos de la comunidad escolar, surge la necesidad de diferenciar la transmisión de valores como contenido, de la construcción de valores como actitudes personales y modelos de identificación. Se considera que este último aspecto es esencial para el desarrollo de las conductas prosociales y que la incongruencia de los modelos significativos produce frecuentes desbordes en los sujetos en desarrollo, reflejando la desorientación adulta. Por lo general los padres reconocen la importancia de la escuela para la formación humana de sus hijos, depositando en la misma, aspectos positivos y en otros casos muy críticos. No obstante y salvo algunas opiniones aisladas, no se sienten comprometidos para trabajar en forma conjunta sobre las cuestiones que les preocupan de sus hijos. Si tenemos en cuenta que a su vez los docentes, hacen reclamamos a los padres, parecería que ambas instituciones siguiendo los mismos objetivos operan disociadamente. En función de lo expresado surge la necesidad de reconstruir con los diversos actores del colectivo escolar nuevas modalidades de interacción, teniendo en cuenta que el espacio territorial de la institución escolar funciona nucleando y ofreciéndose como un ámbito válido de interlocución entre niños y adolescentes, padres y docentes.

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El Papel de los Adultos como Promotores de Conductas Socialmente Positivas en Niños y Adolescentes

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1 “La Construcción de Conductas Prosociales en Niños y Adolescentes de la Ciudad de Córdoba” Lic. Sonia Arce, Lic. María Elena Cordera, Lic. Marisa Perticarari Lic. María Inés Herrero, Lic. Carolina Basualdo Bodart, Lic. Julia González, Lic. Valeria Delgado, Lic. Jorge Guevara, Lic. Ana Pinotti, Lic Nieves Ferreira, Walter Roldán, Micaela Marasca, Melisa Randazzo, Agustina Solavagione. Sede de Trabajo Facultad de Psicología de la UNC.

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Perversidad: crimen y violencia

Bombilla. Es una de las imágenes que más intriga despierta, imagen ubicada en el centro del cuadro. Se puede relacionar el símbolo bombilla con bomba. Se ha dicho que esta simboliza el avance científico y electrónico que se convierte en una forma de avance social pero al mismo tiempo en una forma de destrucción masiva en las guerras modernas. El bombardeo de Guernica pudo ser una prueba de esta tecnología.

Introducción

E

ste trabajo presenta una línea de investigación desarrollada en el marco del Proyecto de Investigación Los ejemplares de Jaques Lacan: Hamlet, Antígona, Sade (Facultad de Psicología. Secyt 2010-2011. UNC) En la época medioeval y hasta finales del siglo XVII, cuando comienza a ser contemplada por la psiquiatría como una enfermedad, la perversión es confundida con la perversidad, como una forma particular de perturbar el orden natural y convertir a los hombres al vicio, tanto para descarnarlos y corromperlos como para evitarles toda forma de confrontación con la soberanía del bien y de la verdad. En este contexto el acto de pervertir supone la existencia de una autoridad divina, y el pervertidor –demoníaco, réprobo, criminal, depradado, torturador, disoluto, delictivo- es una figura doble, atormentado por el diablo, pero habitado por el ideal del bien que no cesa de aniquilar con el fin de ofrecer a Dios, su maestro y verdugo, el espectáculo de su propio cuerpo reducido a un desecho3. El discurso de la psiquiatría y con ella los manuales

Lic. Alejadro Rostagnotto1 / M.P. 2158 - M.E. 446 Mgter. Mariela Yesuron2 / M.P. 2753 - M.E. 449

diagnósticos (DSM IV, CIE-10) a partir de 1987, han sustituido la palabra perversión por las parafilias, , clasificación sindrómica con la cual se deja fuera los aspectos morales del término relativos a Dios, al bien, al mal, a la Ley y a su transgresión, finalmente al deseo y al goce. No obstante el sentido que se pretende abolir cancelar, retorna como perversidad o también como efecto perverso, esto se refiere a las consecuencias paradójicas de programas que basados en su origen en una causa justa, sus resultados son inversos a los que inicialmente se buscaron, se diseñaron. En la actualidad, el discurso común ha recuperado la significación aterradora que parecía haber quedado atrás, y la perversión sigue siendo sinónimo de perversidad4.

Un breve recorrido histórico Gilles de Rais, el Barba Azul, nació en 1404 y sería el mayor criminal perverso de la historia medieval. Tras la muerte de su abuelo materno en 1432, se hundió en el crimen, secuestraba niños pequeños y les hacía sufrir las peores servicias; se hacía pasar por su salvador, atribuyendo el vicio a sus sirvientes. Seccionaba sus cuerpos, les arrancaba los órganos, sobre todo el corazón y se aplicaba a sodomizarlos en el momento de su agonía. Para Bataille es el más perverso y el más trágico de los criminales, y refiere que el crimen es algo propio de la especie humana, es incluso propio exclusivamente de esta especie pero sobre todo en su aspecto secreto, cito: “… Gilles de Rais fue un crimi-

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Perversidad: crimen y violencia

nal trágico: el principio de la tragedia es el crimen y aquel criminal fue más que ningún otro, un personaje de la tragedia”5 El Marqués de Sade inventa un universo de pura transparencia sexual y es el representante más brillante del discurso perverso en Occidente y el fundador de la noción moderna de perversión (antes denominadas aberraciones o anomalías). Sin dejar de ser un hombre de las Luces, el Marqués desviará el proyecto de la Ilustración hasta metamorfosearlo en su contrario: un nuevo orden disciplinario, sin límite, sin cara oculta. En este mismo sentido, Foucault refiere que Sade inventó un erotismo disciplinario. El Marqués fue condenado a muerte por crimen, blasfemia, sodomía y envenenamiento (aunque nunca cometió crimen ni envenenamiento), fue encarcelado a pedido de su suegra, primero en Vincennes (1777) y luego en la Bastilla (1784); considerado loco por haber gritado que degollaban a los prisioneros, fue trasferido al manicomio de Charenton en 1789 para abandonarlo un año más tarde y regresar en 1803 donde pasaría sus días finales. Así, encerrado por espacio de 28 años, fue a través de su escritura como realizó su utopía de la inversión de la ley, y lo fundamental es que nunca cayó en el crimen radical. Obligado por el encierro a renunciar a sus pasos al acto, adquirió la mayor de las libertades: la de decirlo todo, la de escribirlo todo, pasando así del estatus de perverso sexual al de teórico de las perversiones humanas. Es quién también, ha hecho deseable el mal, el goce del mal; ya que a través de sus escritos sobre el vicio, no como un hecho detestable claro está, ha hecho deseable la perversión en cuanto tal. Sade no estaba loco, ni era un criminal, ni resulta-

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ba admisible para la sociedad; de esta manera y para la nueva terminología psiquiátrica francesa de Pinel y sus discípulos, es considerado como un caso de un nuevo tipo… un perverso, es decir, un loco moral, medio loco o loco lúcido: Es Magnan (1835-1916) quien impone el uso de la expresión “perversiones sexuales” en lugar de aberraciones o anomalías. De esta manera, Sade puede ser visto como precursor de la sexología, o como “el divino Marqués” heredero del satanismo o de la tradición mística; finalmente como el antepasado de la abyección nazi6 Adolf Eichman no era sádico, ni psicópata, ni perverso sexual, ni monstruo, ni estaba afectado de ninguna patología visible. El mal estaba en él, pero no presentaba signo alguno de una perversión cualquiera: era normal… aterradoramente normal, puesto que era el agente de una inversión de la ley que había hecho del crimen, la norma: “…osaba afirmar que se había limitado a obedecer órdenes”7 Al manifestar una normalidad extrema, Eichman encarnaba la perversión en su forma más abyecta: goce del mal, ausencia de afecto, gestualidad automatizada, lógica implacable, amor al detalle y a la anécdota más insignificante, capacidad inaudita para endosar crímenes más odiosos teatralizándolos, con el fin de mostrar bien a las claras que el nazismo había hecho de él un ser monstruoso. Al afirmarse kantiano estaba diciendo la verdad, puesto que para él, el carácter infame de la orden dada no contaba en absoluto frente al carácter imperativo de la orden en sí. De ese modo se había convertido en genocida sin experimentar la menor culpabilidad. E. Roudinesco (2009) propone así, un nuevo tipo de


Perversidad: crimen y violencia

delincuente, un tipo de criminal que le resulta imposible saber o sentir que está haciendo el mal y esto se relaciona también con la banalidad del mal8, con el goce del mal, con la perversidad, con la erotización del odio. Este nuevo tipo de perversión que deriva tanto de la autodestrucción de la razón como de la metamorfosis muy particular de la relación con la ley, que autorizó a unos hombres cualesquiera a cometer, en nombre de la obediencia a una norma, el crimen más monstruoso de toda la historia de la humanidad, Auschwitz. El nazismo entonces, inventó un modo de criminalidad, porque que el crimen se comete en nombre de una norma racionalizada y no en cuanto expresión de una transgresión o de la pulsión no domesticada.

En la actualidad Los criminales a los que nos hemos referido, el Barba Azul, Sade, Eichman, son hijos de su tiempo y ponen en evidencia el goce del mal, que resulta de una historia subjetiva, psíquica, social. En la actualidad, observamos las limitaciones que presenta la ciencia para explicar la perversión y designar con pertinencia quienes son los perversos, por lo que junto con la autora postulamos que es el derecho quien toma el relevo de la psiquiatría y le confiere a las perversidades el nuevo rostro institucional. El discurso jurídico distingue entonces, las prácticas legales de aquellas que la ley persigue: violadores, pedófilos, asesinos maníacos, criminales sexuales, exibicionistas, etc. Entre estos, el pedófilo9-10, específicamente el pedófilo incestuoso, aquel que seduce sexualmente al ser que él mismo ha engendrado, es quien encarna en la actualidad lo más odioso, puesto que ataca a la infancia, al humano en su devenir. La pedofilia implica un crimen sexual, cometido por seres en apariencia normales, no violentos, que consideran que el cuerpo del niño les pertenece y que la seducción es inducida por el propio niño, invirtiendo así la perversidad

que les concierne en la medida en que son totalmente responsables de ella. Sea la situación que sea, el niño sufre un “asesinato del alma” perdiendo el respeto a sí mismo, se siente culpable del goce, del otro como así también del propio goce que lo atraviesa. Los niños que en el secreto de la intimidad familiar han sido víctimas del maltrato, del odio, de la agresión, del “asesinato del alma”, devienen, en mayor medida, la presa de los pedófilos que los seducen fácilmente para luego destruirlos con la perversa convicción que el deseo de seducción proviene del mismo niño. Al pretender abolir el término perversión –proyecto DSM- o el significado del término incesto -en el Código Penal-, no se hace más que develar la abolición de las diferencias y la reducción de los sujetos a objetos de vigilancia, lo que implica a su vez una supremacía de una ideología disciplinaria por sobre la libertad, la disolución del sentimiento de culpabilidad y la supresión del orden del deseo. Cualquier disciplina que niegue o excluya toda referencia a la subjetividad, pierde así su ética.

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Perversidad: crimen y violencia

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1 Licenciado en Psicología, Especialista en Psicología Clínica, doctorando en Psicología, Profesor Titular por Concurso Cátedra de Psicopatología 2, Facultad de Psicología, UNC. Mail de contacto: arostagnotto@fibertel.com.ar 2 Magister en Psicología Clínica, Licenciada en Psicología, Especialista en Psicología Clínica. Psicóloga del Servicio Penitenciario de Córdoba. Mail de contacto: marielayesuron@gmail.com 3 Estos desarrollos históricos llevados a cabo por la Dra. Elizabeth Roudinesco (2009) son los que seguiremos como lineamientos generales de nuestro trabajo. 4 El adjetivo perverso deriva de perversitas y de perversus, participio pasado de pervertere: volver del revés, volcar, invertir, pero también erosionar, desordenar, cometer extravagancias. De esta manera perverso es aquel aquejado de perversitas, es decir de perversidad (o perversión). (Cfr. Roudinesco, 2009, p. 11) 5 George Bataille es quien publicó los autos del proceso de Gilles de Rais quien mató a más de trescientos niños y sus crímenes dieron origen a la leyenda del Barba Azul (Roudinesco, 2009, p. 38-46) 6 Cfr. Roudinesco, 2009, Cap. 2. 7 Hannah Arendt como corresponsal del New Yorker informó sobre el proceso que se le siguió en Jerusalem a Adolf Eichmann encargado de la logística de la Solución Final y responsable de la eliminación de más de cinco millones de judíos, fue condenado a muerte y ejecutado en la horca el 31 de mayo de 1962 (Roudinesco, 2009, Cap. 4). 8 Arendt junto con Theodor Adorno y Max Horkheimer, Primo Levi, Foucault, Lacan, y antes de ellos Freud, son algunos de los autores que participaron en el debate sobre el origen del mal, y que tiene como acontecimiento que marca un antes y un después a Auschwitz, donde unos hombres cualesquiera, obedeciendo a la norma, al Estado, cometieron el crimen más monstruoso de toda la humanidad y el prototipo de todos los demás genocidios. El genocidio no solo es exterminar al otro, sino a su genos, es decir destruir las diversas generaciones: hijos, padres, abuelos; como ejemplo de esto debemos recordar los crímenes cometidos durante la última dictadura militar en Argentina, crímenes que remiten no solo al genocidio sino también al robo y supresión de identidad, al apropiarse de los hijos de desaparecidos 9 La pedofilia siempre se ha contemplado como acto transgresivo cargado de perversidad. El Marqués de Sade preconizaba su uso en sus obras sin haberse entregado a ella nunca. (Cfr. Roudinesco, 2009, p. 219-226) 10 Desde el 11-9 del 2001, junto con el pedófilo, el terrorista se convirtió en el principal agente devastador de la genealogía familiar al convertir su cuerpo en un arma de destrucción, gozando de su propia muerte como de las de sus víctimas.

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Sobre la multicausalidad de lo traumático en los problemas de alimentación

Lic. Aris Yosifides / M.P. 2135 M.E. 427

Abstract

L

os problemas de alimentación como fenómenos masivos de nuestro tiempo, nos hacen pensar que hay factores sociales que tienen que ver con la época que vivimos de los cuales se presentan síntomas o síndromes con una presentación similar, de allí que han sido ubicados con entidades separadas en los manuales de clasificación psiquiátricas como el DSMIV, o el CIE 10. Existen autores que han intentado ordenar ciertas causas o factores que intervienen en la aparición de los trastornos de la alimentación (Hercovici & Bay, 1995). El presente trabajo pretende, a partir de algunas de estas ideas, reconsiderar estos lineamientos a la luz de una perspectiva psicoanalítica. Tomando un pilar básico como el de las series complementarias, sin desconocer las diferencias según el estatuto teórico y la eficacia psíquica le atribuímos a cada uno de los elementos de la serie., intento abordar un modo de ver el efecto de lo traumático en los problemas de alimentación.

Casa en llamas. Además, Picasso logra resaltar la expresividad en la configuración de cada uno de los detalles de sus personajes a través de simples líneas.

Introducción El mismo Freud (1896) resaltó la importancia de la sobredeterminación en los síntomas histéricos. Freud consideraba que los síntomas remiten a un complejo entramado con muchos eslabones de pensamiento. Las

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Sobre la multicausalidad de lo traumático en los problemas de alimentación

escenas traumáticas no se forman con unos nexos simples, sino con unos nexos ramificados, pues cada vivencia se relaciona con otras vivencias más tempranas devenidas como recuerdos. Gráficamente lo ejemplificó con la metáfora de las capas de una cebolla, para dar cuenta de cómo está constituido este material psíquico formador de neurosis, donde cada capa representa diferentes estratos de pensamientos y vivencias hasta llegar al núcleo patógeno. Desde sus primeros textos sobre la histeria no sólo el traumatismo no es equiparado con el acontecimiento, sino que debe entrar en conjunción con factores previos a su desencadenamiento. En el texto sobre “La etiología de la histeria” (1896), realiza un desarrollo sobre las causas de la histeria que en su estructura y combinación mantendrá a lo largo de toda su obra. La “ecuación etiológica” referida a la causación de la neurosis en la histeria se presenta, en el pensamiento freudiano, como “serie complementaria”. La causación de la neurosis es efecto entonces de: Predisposición por fijación libidinal (constitución sexual, vale decir, vivenciar prehistórico más vivenciar infantil) + Vivenciar accidental (traumático). A partir de esta ecuación formulada a manera de una tesis, es que se pretende aplicarla más específicamente a las causas que provocan los problemas de alimentación, teniendo en cuenta que la presentación de estos síntomas afloran actualmente en forma masiva y predominantemente en la pubertad. Para tal fin, se diferenciarán factores predisponentes, precipitantes y de mantenimiento de la enfermedad.

Desarrollo. 1-Factores predisponentes Podemos pensar que para el psicoanálisis existe una secuencia para que se de la formación de síntomas. Primero es necesario que existan vivencias previas,

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que serán seguidas de un período de latencia, luego del cual posteriormente sobrevendrá un recuerdo que tendrá la función de se reactualizar (en la pubertad) aquellas primeras vivencias. Esto es lo que podríamos llamar el camino para la constitución de un síntoma. Tomando en cuenta lo anteriormente expuesto, se considerarán como factores predisponentes a aquellos que hacen referencia fundamentalmente a lo singular e histórico del vivenciar infantil, más lo prehistórico que se hereda. Esta herencia, considerada desde un punto de vista exogenista, o sea teniendo en cuenta que el psiquismo no viene constituido desde el principio, como lo sugiere el endogenismo (Klein, M); vendría significado por los fantasmas y los deseos de los padres previos al nacimiento. En primer lugar es necesario referirse a algunas características individuales de estos pacientes, que tienen que ver con las dificultades en el proceso de separación-individuación reforzadas por las vivencias surgidas en estas primeras relaciones con la madre, y el lugar en que esta niña ha venido a ocupar en el deseo de los padres. Por lo que surgen problemas para establecer su identidad y a veces el nombre anorexia cumple esa función. Aparecen dificultades en su autonomía, al no poder apropiarse de sus propios deseos, se perciben a sí mismos como habiendo perdido el control de sus conductas, o se aferran desesperadamente a un autocontrol en la ingesta de alimentos como forma de contraponerse al terror al descontrol en otros ámbitos de su vida afectiva. La madre de la Anorexia, haciendo referencia a la “papilla asfixiante” (Lacan, 1958), confunde el don de amor con la satisfacción de la necesidad, negando además al cuerpo como campo de placer. En estas primerísimas relaciones con la madre, el niño responde a modo de protesta con algunos trastornos en la alimentación, como cólicos, rechazo del alimento, vómitos, etc., que comienzan a dejar algunas huellas de estas primeras vivencias que más tarde en la


Sobre la multicausalidad de lo traumático en los problemas de alimentación

pubertad se resignificarán y tomarán un nuevo estatuto de enfermedad. Además, se suman otros factores que empiezan a diferenciarlos de otras problemáticas adolescentes en general, y que tienen que ver con una distorsión de su imagen corporal. Teniendo en cuenta el “estadio del espejo” (Lacan, 1936), vemos que este verse gordas surge como consecuencia una distorsión en cuanto a su imagen frente al espejo, cuando en realidad están en un nivel de su peso muy por debajo del límite considerado normal según su estatura y edad. En las elaboraciones sobre el estadio del espejo, Lacan sitúa el espejo en el otro, la madre u otro que ocupe el lugar que desde el lugar del Ideal del yo introduce al niño en el mundo simbólico, en el mundo de la palabra. Es a partir de estos rasgos del ideal que el niño irá construyendo su imagen, ese yo ideal, y a partir de ese otro es que podrá amarse en esa imagen proyectada, “ese cuerpo adquiere su peso por vía de la mirada”. Cuando esa mirada que se le devuelve tiene muchas fallas, es más difícil poder salirse imaginariamente de ese lugar de “yo ideal”. La adquisición de esta imago en el estadio del espejo, implica una superación de la insuficiencia biológica hasta alcanzar el grado de anticipación mental. Ortopedización de la fragmentación propia de las sensaciones propioceptivas e interoceptivas que caracterizan la fetalización. Esto, lo podemos llevar a las anoréxicas que tienen grandes dificultades en discriminar sus estados internos. Otro factor que surge como consecuencia de lo anterior, es que tienen expectativas muy altas, que perciben como viniendo de afuera y a las que no pueden dejar de responder. Podríamos decir que al encontrarse en su “Yo Ideal”, o sea cumpliendo con las expectativas de los padres, cumplen generalmente con un rendimiento académico muy alto. (Aquí se entiende que cuando debido al tratamiento, muchas veces se corren de ese lugar, y su rendimiento académico empeora). Su necesidad de perfeccionismo, no tolerar frustraciones, algo que tenga que ver con la falla, con la

castración, se hace insoportable, y recurren a un control exagerado en la ingesta de alimentos. Su autoestima vulnerable esta “resguardada” debido a intentar complacer y acomodarse a los deseos de los padres. Son las hijas modelo, colaboradoras, dóciles, cuidadoras de sus padres y hermanos que nunca se opusieron, salvo hasta la aparición de su síntoma de la anorexia. También existen factores predisponentes a nivel familiar. Lacan (1965), dice en “Dos Notas sobre el niño que el síntoma esta en posición de responder a lo que hay de sintomático en la estructura familiar. El síntoma se define en este contexto como representante de la verdad. El síntoma puede representar la verdad de la pareja parental. Este es el caso más complejo pero el más abierto a intervenciones. De aquí podemos deducir que el síntoma de la anorexia viene a responder a lo sintomático que hay en la estructura familiar, o más bien de la pareja parental. El paciente anoréxico viene a participar en el conflicto parental, por lo que cualquier corrimiento de ese lugar trae aparejado movimientos a nivel familiar. De allí que en muchos casos resultan importantes las intervenciones a nivel familiar o de la pareja de los padres, y en el mejor de los casos que ellos mismos puedan recurrir a terapia. La otra variante que puede suceder es que el síntoma (anorexia), compete a la subjetividad de la madre. En este caso el niño esta involucrado directamente como correlato de un fantasma…. “Cuando la distancia entre la identificación con el ideal del yo y la parte tomada del deseo de la madre no tiene mediación, el niño queda expuesto a todas las capturas fantasmáticas”. Se convierte en el “objeto” de la madre y su única función es entonces revelar la verdad de ese objeto. O sea que el niño realiza la presencia de eso que Lacan designa como “objeto a” en el fantasma. Dentro de las características familiares de los sujetos con problemas de alimentación, hay ciertas particularidades que describe Minuchin (1974) que se repiten: se trata de familias aglutinadas, o sea que no hay una adecuada diferenciación entre los miembros de la fami-

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lia. Otra característica es la sobreprotección, la rigidez en los cambios, por lo que llegada la adolescencia la siguen tratando con los parámetros de cuando era niña, esto trae aparejada la problemática del pasaje de niña a convertirse en mujer, problemática que la horroriza por lo que sigue queriéndose mantener en su lugar de niña modelo recurriendo al recurso del control de la comida con su bajo peso, y la consecuente amenorrea (signo que marca el seguir siendo niña). Por último, cabe mencionar como los factores socioculturales vendrían a prestar la envoltura social al síntoma individual. Los problemas de alimentación como fenómenos masivos de nuestro tiempo, nos hacen pensar que hay factores sociales que tienen que ver con la época que vivimos de los cuales se presentan síntomas o síndromes con una presentación similar, de allí que han sido ubicados con entidades separadas en los manuales de clasificación psiquiátricas como el DSMIV,o el CIE 10. El sujeto está reducido a una pura función de consumo que el discurso capitalista produce a una velocidad vertiginosa difícil de tragar y digerir., se le ofrecen cantidad de objetos que lo que producen es llenar las faltas, que justamente es a partir de ellas que el sujeto del deseo puede surgir. Justamente frente a esta demanda imperativa de que los objetos de satisfacción sean equivalentes a las faltas, sin resto alguno, y cuando uno de estos objetos es el “culto a la delgadez”, es cuando un sujeto puede encontrar su respuesta individual en la anorexia. Los escritos más sociológicos escritos por Freud, sobre todo el porvenir de una ilusión, demarcan las formas de ilusión que predominan en un determinado contexto histórico, y constituyen un modo culturalmente activo de renegar de aquello que denominamos castración, encontrando en cada época el modo de resolverse en su límite para renovarse bajo la forma de una nueva ilusión. 2-Factores precipitantes. Sobre esta base de vivencias infantiles, es donde

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posteriormente a partir de un recuerdo se resignificará esta base de vivencias, y recién allí un acontecimiento devendrá traumático, y se desencadenará la enfermedad. Freud (1896) dice “...los síntomas de la histeria derivan su determinismo de ciertas vivencias de eficacia traumática que el enfermo ha tenido, como símbolos mnémicos de las cuales ellos son reproducidos en su vida psíquica”. Podríamos decir que están relacionados con algún acontecimiento en donde siente que ya no puede seguir controlando aquellas cuestiones relacionadas con los factores predisponentes, así percibe el dolor como una amenaza a la pérdida de su autocontrol, como a una amenaza a su yo. Se podría decir cuando el lugar de ser la hija modelo, perfecta, sin fallas, ubicada como lugar de yo ideal y algo perturba este equilibrio, su yo está amenazado, su sensación de descontrol interno siente desmoronarse por lo que recurre a la anorexia como forma de controlar lo que siente, a través del control de su peso. Llegada la pubertad, Freud (1905) habló de los dos tiempos de la sexualidad intermediados por un período de latencia. Es en este período en donde la niña tiene que atravesar una serie de transformaciones para convertirse en mujer, el prototipo simbólico estaría representado por la no venida o la anulación de la menstruación, que las culturas antiguas relacionaban con el mito de hacerse mujer. Se trata de un difícil recorrido que encuentra en la pubertad un momento crítico y determinante, ya que es allí que se verifica en ellas el encuentro con el cuerpo como otro, con el otro sexo, lo que Freud definía como el encuentro con la pulsión sexual, hasta entonces predominantemente autoerótica, con el objeto sexual, fuera del propio cuerpo. En el mismo texto, Freud dirá que es “...sabido que hasta la pubertad no aparece una definida diferenciación entre el carácter masculino y el femenino, antítesis que influye más decididamente que ninguna otra sobre el curso de la vida humana” (1931). En el artículo sobre feminidad, dice que la vida se-


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xual de la mujer se divide en dos fases, la primera de las cuales es de carácter masculino, mientras que sólo la segunda es específicamente femenina. La primera de estas fases, anterior al complejo de Edipo Freud la considera decisiva para el futuro de convertirse en una mujer. En esta exclusión del padre de esta díada madre-hija constituirá todo una dificultad en este proceso. Dice: “hasta hube de aceptar la posibilidad de que muchas mujeres queden detenidas en la primitiva vinculación con la madre, sin alcanzar jamás una genuina reorientación hacia el hombre”. En este momento es cuando Freud hace alusión a el temor sorprendente de ser muerta (devorada) por la madre. Entre las tres salidas del complejo de castración para la niña que Freud desarrolla en “Sobre la sexualidad femenina”, que implica el poder separarse de la madre (no reintegrarás tu producto), la que tiene que ver más con la posición anoréxica es la salida del apartamiento general, o de la inhibición con respecto a la sexualidad. Freud relaciona esta con una restricción de las funciones de los órganos, evitando la represión, en cambio Lacan habla de la inhibición como un asunto del cuerpo. Este despertar de las fantasías, como el despertar de la pulsión sexual, traen aparejado el desencadenamiento de los síntomas , como ya Freud lo planteaba en la fórmula canónica de la formación del síntoma desarrollado en el manuscrito G, donde habría una experiencia primaria traumática por reprimir, un período de latencia, el recuerdo posterior que produce la represión y el síntoma primario. Por lo menos hay dos tiempos, el segundo, o sea la enfermedad propiamente dicha, la ubica en el período de la pubertad.

3-Factores de mantenimiento. Son aquellos factores que perpetúan la enfermedad, podríamos diferenciar los que tienen carácter físico y los de carácter psicológico. Con respecto a los primeros se encuentra el síndro-

me de inanición, con lo cual se demostró (Hercovici y Bay, 1995), que ese estado influía en problemas psíquicos como irritabilidad, depresión, aislamiento, etc, que los pacientes manifiestan en el transcurso de su enfermedad. Otro factor son los vómitos, que reanudan el ciclo de la culpa, la dieta y el atracón. También el no reconocer los mecanismos de saciedad y de hambre, impiden una buena relación con la comida y generan el ciclo patológico. Entre los factores psicológicos se podría hablar en términos generales de aquellos factores predisponentes no resueltos, los cuales perpetúan la enfermedad. La ganancia primaria y la ganancia secundaria de la enfermedad. Dice Freud (1923): “el enfermarse ahorra, ante todo, una operación psíquica; se presenta como la solución económicamente más cómoda en caso de conflicto psíquico (refugio en la enfermedad), por más que la mayoría de las veces se revele después inequívocamente el carácter inadecuado de esta salida”. Y agrega en “Conferencias de introducción al psicoanálisis”:… “señores míos; si ustedes en calidad de médicos tratan con neuróticos, pronto dejarán de pensar que los que más se quejan y lamentan de su enfermedad serían los más dispuestos a aceptar un remedio y les opondrían las menores resistencias. Es al contrario y comprenderán fácilmente que todo lo que contribuye a la ganancia de la enfermedad reforzará la resistencia de la represión y aumentará la dificultad terapéutica. Ahora bien, a la parte de la ganancia de la enfermedad que por así decir es intrínseca al síntoma, tenemos que agregarle todavía otra, que se obtiene más tarde. Cuando una organización psíquica como la enfermedad ha subsistido por largo tiempo, al final se comporta como un ser autónomo;...y se crea una especie de modus vivendi, entre ella y otras secciones de la vida anímica, aún las que en el fondo le son hostiles (pag. 349)”. Aquí nos acercaríamos al concepto de goce esbozado por Lacan, y que entra en contraposición con el criterio médico, “cuando el enfermo es remitido al médico o cuando lo aborda, no digan que espera de

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él pura y simple la curación, coloca al médico ante la prueba de sacarlo de su condición de enfermo, lo que es totalmente diferente, pues esto puede implicar que él esté totalmente atado a la idea de conservarla”. El paciente viene a veces a demandar que lo autentifiquemos como enfermo; en muchos otros casos viene, para demandarles que lo preserven en su enfermedad, que lo traten del modo que le conviene a él, el que le permitirá seguir siendo un enfermo bien instalado en su enfermedad (Lacan, 1966). Con este recorrido se intentó, tomando ideas de diferentes autores, articular algunos de los múltiples factores que intervienen específicamente en este complejo proceso de enfermar con las envolturas formales actuales, como son los problemas de alimentación hoy.

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Bibliografía • Calveti Romani, R. Psicoanálisis y Medicina. Dolencias hacia el síntoma. Edición Vera Gorali. Capital Federal: Atuel Cap. 1996. • Freud, Sigmund. “La metamorfosis de la pubertad”. En “Tres ensayos para una teoría sexual”. Obras completas. Ed. Amorrortu. 1905. • Freud, Sigmund. “Sobre la sexualidad Femenina”. Obras completas. Ed. Amorrortu. 1927. • Freud, Sigmund. “La feminidad”. En “Nuevas lecciones introductorias al psicoanálisis”. Obras completas. Ed. Amorrortu. 1931 • Freud, Sigmund. “Conferencias de introducción al psicoanálisis”. Amorrortu. 1924 • Freud, Sigmund. “Manuscrito G”. Ed. Amorrortu. 1896. • Freud, Sigmund. “La etiología de la histeria”. Pág 329 Ed Amorrortu, vol III. 1981. • Lacan, Jacques. El seminario. Libro VII. “La ética”. Ed Piados, pág. 357. • Lacan, Jacques. “Intervenciones y Textos”. Editorial Manantial. 2002. • Hercovici, C. & Luisa, Bay. Anorexia Nerviosa y Bulimia: Amenazas a la autonomía. Paidos. Bs. As. 1995. • Yosifides M Aris, Clínica de la Bulimia y Anorexia. Edit Brujas. Córdoba. 2004.

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Víctimas del delito de trata de personas

“Consecuencias y su abordaje en la Dirección de Asistencia a la Víctima del Delito de la Ciudad de Córdoba. Lic. Sofía Krause Lic. Sabrina Rodríguez Lic. Yanina Silvesttri / M.P. 7614

Resumen

T

rabajo de sistematización de la Práctica PreProfesional del Contexto Jurídico, realizado en la Dirección de Asistencia a la Víctima del Delito. Los objetivos del trabajo fueron: describir las características y las consecuencias (psicológicas, sociales y físicas) que presentan las víctimas de trata de personas; y describir el rol del psicólogo, el abordaje interdisciplinario e interinstitucional, que se realiza en dicha institución para la asistencia integral de las víctimas de trata.

Guerrero muerto. En realidad, sólo aparecen los restos de la cabeza, brazo completo o antebrazo derecho y antebrazo izquierdo. Un brazo tiene la mano extendida. El otro brazo sostiene una espada rota y una flor, que puede interpretarse como un rayo de esperanza dentro de ese panorama descorazonador.

Introducción La Organización de las Naciones Unidas [ONU] en el año 2006 aprobó el “Protocolo para prevenir, reprimir y sancionar la trata de personas, especialmente mujeres y niños, que complementa la Convención de las Naciones Unidas contra la Delincuencia Organizada Transnacional” (también conocido como Protocolo de Palermo), allí se entiende por trata de personas (en artículo 3º) a la captación, el traslado, la recepción de personas, recurriendo a la amenaza o al uso de la fuerza u otras formas de coacción, al rapto, al fraude, al engaño, al abuso de poder o de una situación de vulnerabilidad o a la concesión o recepción de pagos o beneficios para obtener el consentimiento de una persona que tenga

autoridad sobre otra, con fines de explotación. Esa explotación incluirá, la explotación sexual, los trabajos o servicios forzados (explotación laboral), o la extracción de órganos. Si bien hace muchos años que se practica la trata de personas, la cual remite a una forma moderna de esclavitud, recién fue tipificada como delito en nuestro país en el año 2008 cuando se sancionó la Ley 26.364 “Prevención y Sanción de la Trata de Personas y Asistencia a sus Víctimas”, por lo cual, podemos decir que es un tema poco profundizado, sobre todo desde la ciencia Psicológica. La trata de personas es una de las más graves viola-

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Víctimas del delito de trata de personas

ciones a los derechos humanos y acarrea importantes consecuencias físicas, psicológicas y sociales. Desde la Ciencia de la Psicología, nos interesa conocer estas consecuencias, el rol del psicólogo en la asistencia y el abordaje interdisciplinario que se lleva a cabo en la Dirección de Asistencia a la Víctima del Delito. Debido al alcance de este delito y a su complejidad, es necesario su abordaje interinstitucional para la asistencia, prevención y difusión del mismo.

Método y materiales Se realizó un estudio descriptivo, con metodología cualitativa. Se estudió la población de víctimas del delito de trata de personas, que concurrieron a la Dirección de Asistencia a la Víctima del Delito, durante el período que abarcó desde octubre del año 2008 hasta octubre del año 2010, 11 en total. Para la recolección de datos se utilizaron las siguientes herramientas: Entrevistas Semi-Estructuradas a los profesionales Psicólogos, Trabajadores Sociales y Abogados de la Dirección de Asistencia a la Víctima del Delito. Se realizaron guías de preguntas para cada profesión. Análisis de Material Documental, a partir de los legajos relacionados con el tema a investigar, se elaboró una guía de registro de legajos; los registros de nuestros cuadernos de campo y revisión bibliográfica.

Resultados La población víctima fue en su totalidad de sexo femenino, con edades comprendidas entre los 14 y 25 años, siendo la mayoría niños (64%); el 55% eran de nacionalidad extranjera; el 64% no había terminado los estudios primarios y el 36% no había finalizado los es-

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tudios secundarios. El 64% de la población provenía de familias numerosas, conviviendo en condiciones de violencia y falta de comunicación; sus condiciones de vivienda eran precarias y las ocupaciones previas a la captación de las víctimas de trata, fueron trabajos no calificados o de escasa calificación. El 82% fueron captadas mediante engaño parcial. El 55% fueron víctimas de trata de personas con fines de explotación laboral y el 45% con fines de explotación sexual. Se observaron en las víctimas consecuencias psicológicas, sociales y físicas: disminución de su autoestima, desconfianza, dolor, enojo, culpa, vergüenza, temor, sumisión, humillación, angustia, confusión, trastornos del sueño, aislamiento, exclusión social, enfermedades de transmisión sexual, entre otras. El psicólogo, tiene como objetivos asistenciales, la preparación de la víctima para el proceso judicial y la contención emocional, el asesoramiento, información y orientación de la víctima, utilizando un encuadre flexible. Se realiza un abordaje interdisciplinario (junto a trabajadores sociales y abogados), para lograr una asistencia integral de las víctimas, para su contención, protección y recuperación. A través de un abordaje interinstitucional con diversos organismos gubernamentales y no gubernamentales, se busca atenuar el daño sufrido y mejorar la calidad de vida de las mismas.

Análisis y Discusión Reconocemos las características citadas como factores de riesgo, los cuales no pueden ser considerados en forma aislada, ya que el estado de vulnerabilidad es más fácil de comprobar cuando se analizan en conjunto (Hairabedián, 2009). En relación a las consecuencias psicológicas, el trauma es una de las consecuencias principales, por situaciones de violencia vividas durante la explotación. La disposición a sufrir un trauma, así como la capacidad


Víctimas del delito de trata de personas

para sobreponerse a éste, están determinadas tanto por la intensidad del evento o el conjunto de hechos, como por las experiencias previas adquiridas por la persona, las cuales influye en su capacidad para afrontar y resolver las situaciones problemáticas. Otras consecuencias fueron: temor por las continuas amenazas de violencia física y económica por parte de los tratantes, incrementando la sumisión en las víctimas. Desconfianza, generada por la situación de engaño, lo que repercutió en la conformación de nuevos vínculos luego del rescate. La culpa es otra consecuencia que presentaron las víctimas de trata, principalmente por no haber advertido la situación de engaño y por haber confiado en las personas que las explotaron. Las víctimas presentaron una disminución de su autoestima, debido a los malos tratos recibidos, al engaño y la situación de explotación, creando una imagen desvalorizada de sí misma. Otra consecuencia fue la presencia de flashbacks, que consistieron en recuerdos de situaciones vividas durante el período de explotación, generando temor a ser captadas nuevamente. También trastornos del sueño, como insomnio y pesadillas, por la situa-

ción de explotación. El impacto psicológico provocado por las condiciones de explotación, varió según el caso particular, dependiendo de los recursos psíquicos de las víctimas, los mecanismos de defensas utilizados y la significación que se le otorgó con posterioridad a la vivencia traumática. En cuanto a las consecuencias sociales, hubo desarraigo social de las víctimas, por el traslado desde su lugar de origen a otro con una cultura diferente; esto provocó una situación de aislamiento y ruptura de las redes sociales con las que contaban. Otra consecuencia fue la exclusión social y desprotección, debido a la limitación de los vínculos sociales y afectivos por las extensas jornadas laborales y el control de las salidas por los tratantes.

En relación a las consecuencias físicas, las víctimas manifestaron que durante el período de explotación sufrieron hechos de violencia física; fueron golpeadas y maltratadas por los explotadores; algunas contrajeron enfermedades de transmisión sexual (HIV), por la negativa de los clientes al uso de preservativos. El objetivo de la asistencia, en víctimas de trata de personas, es la reinserción de las mismas en la sociedad, de forma segura, digna y sustentable, a través de un tratamiento interdisciplinario e interinstitucional. A partir del trabajo realizado por los psicólogos, identificamos que el encuadre se caracteriza por ser flexible, ya que se encuentra atravesado por varios factores, dependiendo de las necesidades y urgencias de las víctimas. La asistencia, se efectúa con un enfoque clínicocriminológico, que implica una labor de individualización en relación a cada caso. Uno de los objetivos del trabajo de los psicólogos es brindar contención emocional, priorizando en las entrevistas la escucha atenta del sufrimiento de la víctima y de sus significaciones ante la violencia sufrida, así como el respeto y la credibilidad en su relato sobre la situación de victimización; con el fin de atenuar el daño sufrido. Los psicólogos, utilizan el apoyo como una acción psicoterapéutica, para lograr la contención emocional. También, se utiliza el señalamiento y el esclarecimiento, como instrumentos de intervención, para lograr que las víctimas adquieran conciencia de la situación de violencia vivida por ellas y se reconozcan como víctimas de delito, lo cual posibilita modificar la visión sobre la experiencia vivida, facilitando la elaboración de la situación traumática. La pregunta, como instrumento de intervención, resulta necesaria para que las víctimas organicen su discurso y puedan reconstruir su vivencia. En el abordaje interdisciplinario, para la asistencia a víctimas de trata de personas, los psicólogos, trabajadores sociales y abogados de la Dirección, forman

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parte de un equipo técnico interdisciplinario, que desde un modelo integral de abordaje, realizan estrategias de intervención para cada caso particular, considerando la complejidad de la problemática. El abogado y los psicólogos, intervienen de manera conjunta para asesorar e informar a las víctimas sobre sus derechos, en forma accesible a su edad y madurez, estimulando una posición activa en las víctimas y generando la posibilidad de evitar que éstos vuelvan a ser vulnerados. Los profesionales de la Psicología y el Trabajo Social, realizan intervenciones conjuntas para que las víctimas adquieran participación activa en el proceso de decisiones de su presente y futuro; y elaboren su proyecto de vida, tendiente a promover la recuperación de su autonomía, impedida durante el período de explotación. También llevan a cabo una evaluación de riesgo para la reinserción social de las víctimas, con el objetivo de prevenir la revictimización y lograr la reinserción. Se realiza un abordaje interinstitucional a partir de la coordinación de esfuerzos de las dependencias e instituciones de la administración pública y del sector privado, que se integran con un sentido de colaboración. Se articula el trabajo con instituciones de diferentes niveles de prevención, como las instituciones de salud, justicia y educación. También con instituciones que se encargan de proveer albergue temporal, durante el período de asistencia. El abordaje que se lleva a cabo, en víctimas de trata de personas, establece y utiliza el trabajo interdisciplinario e interinstitucional para responder a las necesidades y deseos de las víctimas, con el fin de mejorar la calidad de vida de las mismas.

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Bibliografía • Bleger, J. (1972). Temas de psicología: entrevista y grupos. Buenos Aires: Ed. Nueva Visión. • Dirección de Asistencia a la Víctima del Delito. (1987) Victimología Nº 1. Ministerio de Gobierno. Córdoba. 10 • Etchegoyen, H. (1986). Los fundamentos de la técnica psicoanalítica. Buenos Aires: Amorrortu • Hairabedián, M. (2009). Tráfico de Personas. La trata de personas y los delitos migratorios en el derecho penal argentino e internacional. Buenos Aires: Ad-Hoc • Marchiori, H. (1999). Criminología: introducción. Córdoba: Lerner. • Organización de las Naciones Unidas. (2006). Protocolo para prevenir, reprimir y sancionar la trata de personas, especialmente mujeres y niños, que complementa la Convención de las Naciones Unidas contra la Delincuencia Organizada Transnacional. • Organización Internacional del Trabajo. (1999). Convenio sobre la prohibición de las peores formas de trabajo infantil y la acción inmediata para su eliminación. Convenio 182. • Organización Internacional para las Migraciones. (2005). Lucha contra la Trata de Personas Manual de Capacitación para Agentes de las Fuerzas de Seguridad. Buenos Aires. • Organización Internacional para las Migraciones. (s.f). Lineamientos Generales para la Asistencia a Víctimas de Trata de Personas. • Red Española contra la Trata de Personas. (2009). Guía para la Identificación, Derivación y Protección de las personas víctimas de trata con fines de explotación. Madrid: APRAMP.

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Violencia y aprendizaje

Lic. Susana del Milagro Paez 1 / MP 608 ME 380

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a investigación y el análisis sobre el fenómeno de violencia son aún muy precarios y las respuestas educativas son diversas. No se puede afirmar que exista un buen paradigma conceptual desde el cual interpretar, en toda su dimensión, la naturaleza psicológica y social del problema. En principio propongo hacer un breve recorrido alrededor de alguno de los sinónimos que identifican este fenómeno, reconocer algunos conceptos desde el enfoque individual para luego ponerlo bajo el lente de la cultura actual describiendo alguno de sus efectos. Violencia es agresividad, trasgresión, significa quebrantar, desvirtuar, forzar, cometer, atropellar. Es aquello que está fuera de su estado natural. Transgredir es vulnerar un mandato o una disposición. Lo contrario tiene que ver con la mansedumbre, el sosiego, la paz. Pensemos que ya Freud define la existencia de tendencia agresiva en cada uno de nosotros y reconoce en esto un factor que perturba la relación con el prójimo. “La verdad oculta tras de todo esto, que negaríamos de buen grado, es la de que el hombre no es una criatura tierna y necesitada de amor, que sólo osaría defenderse si se le atacara, sino, que por el contrario, un ser entre cuyas disposiciones instintivas también debe incluirse una buena porción de agresividad”2.

Ese prójimo que también representa colaboración: “…ese prójimo no le representa únicamente un posible colaborador y objeto sexual, sino también un motivo de tentación para satisfacer en él su agresividad, para explotar su capacidad de trabajo sin retribuirla, para aprovecharlo sexualmente sin su consentimiento, par apoderarse de sus bienes, para humillarlo, para ocasionarle sufrimientos, martirizarlo y matarlo”3. El amor tiende a los objetos, la violencia tiende a la desintegración afecto-hostilidad, son pues dos posibi-

Toro. Aparece en la izquierda del cuadro, con el cuerpo oscuro y la cabeza blanca. Este voltea y parece mostrarse aturdido ante lo que ocurre a su alrededor. Al ser preguntado sobre el simbolismo del toro, Picasso indicó que simbolizaba “brutalidad y oscuridad”. Se ha indicado también que la figura del toro, como en otros cuadros anteriores de Picasso, puede ser, en cierto modo, un autorretrato del propio artista.

lidades de un mismo eje. Tanto en el pequeño grupo o grupo familiar, como en la red social más amplia, cada momento histórico del hombre, estuvo acompañado por la inclinación al dominio o a la aniquilación del semejante. Si pensamos en la constitución subjetiva, el deseo inconsciente induce al sujeto a vincularse, lo posiciona en dirección al otro. El sujeto encuentra en su primer entorno, un mundo de significaciones que primero desbordan su capacidad de comprensión, la puesta en sentido trasforma en señales este mundo, y esto permite el engarce del individuo al medio. Las señales son tanto para el sujeto como para el entorno. La familia y luego el conjunto social, constituyen pues los soportes identificatorios para él. Empiezan en la primera infancia, y desde allí se continúa la búsqueda de referencia que lo proyecta hacia el futuro. Sucederá en ocasiones que las señales en la familia se organizan produciendo dolor para sus miembros. Cuando la sociedad no cumple con su parte en este contrato, se favorecen las condiciones para la emergen-

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Violencia y aprendizaje

cia del malestar en la cultura y de diversas patologías asoman en la clínica, muchas de la cuales toman el cuerpo como modo de expresión, el stress, las psicosomáticas, las adicciones; otras, en cambio, privilegian la acción como forma de respuesta, entre ellas las manifestaciones de violencia. En la constitución subjetiva, aquello del objeto que logra inscripción se transforma en representación. Esta posibilidad de representar, permite recrear o reencontrar el vínculo perdido con un objeto amado. Las representaciones ponen en marcha y proveen el crecimiento y desarrollo del aparato psíquico. Se generan a partir de la ausencia, no sin cierta frustración, dolor. Esto demanda trabajo psíquico que complejiza el aparato. ¿Qué pasa entonces cuando los modelos ofrecidos para el aprendizaje, invitan a saciar toda necesidad, aquí y ahora? Resulta de esto una nueva y violenta manera de dirigirse a los objetos, convoca a la acción. Estas situaciones confrontan al sujeto, nos confrontan con ansiedades muy primarias, amenazadoras. Los estímulos se tornan excesivos, difíciles de tolerar, disminuyen la posibilidad de ese trabajo psíquico que postergue la respuesta, la identidad peligra y de igual manera que las relaciones con los otros. La vincularidad se ve afectada, se está fuera de sí mismo y del vínculo, siendo fuente de actos impulsivos, violentos. Desde una perspectiva psicoanalítica, hay una gama de disrupciones psicopatológicas reconocidas como pasaje al acto, acto, acting-out. Estas manifestaciones de perturbación, no adscribibles a ninguna estructuración nosológica particular, implican que el sujeto apuesta sin otro y sin la posibilidad de hacer intermediar a la palabra entre el deseo y la satisfacción del deseo. Trata de tramitar el malestar a través de la obtención de cierta satisfacción directa. El análisis de la violencia tiene sentido en tanto se refiera al sujeto, de otra manera circula como un discurso abstracto. Habitualmente nos referimos a lo violento

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como una cualidad de ciertas acciones, ligadas a fuertes emociones vinculadas a la agresión, con una característica de exceso en el sentimiento, de no tolerancia al límite ofrecido por otro sujeto, su mente y en especial su cuerpo. Así se puede hablar de un amor violento, de una pasión violenta, de una muerte violenta. Por lo general transmite la idea de un plus de destructividad que se agrega al original, o de ensañamiento y degradación. Pero las circunstancias han llevado a usar el término también como sustantivo, no sólo como cualidad sino como el nombre de una acción o conjunto de acciones consistente en invadir el límite del otro a los efectos de ejercer una imposición sobre él mediante la fuerza con su componente motor. El sujeto que ejerce la violencia tiene poder para hacerlo y el que la recibe por lo general está, por distintas circunstancias, en una posición inerme. Muchas veces es un niño respecto de un adulto. A veces quien recibe la violencia es un adulto destituido de su lugar de sujeto con un deseo propio y con una propia forma de pensar, inmovilizado por la fuerza del o de los otros. Según Isidoro Berenstein4 la violencia puede ser analizada en tres espacios subjetivos: individual, vincular y social. En este sentido podemos referirnos a una violencia intrasubjetiva, intersubjetiva y transubjetiva. Debemos tener cuidado de no definir la violencia como determinada casi exclusivamente por su base pulsional, siendo inherente al Yo y dependiendo de las desgraciadas experiencia infantiles, allí donde padeció y se vio atravesado por la violencia parental y su intrusión en el cuerpo del bebé y con la fantasía de irrumpir en el cuerpo de la madre. En esta versión no se incluiría también las otras fundamentales condiciones de producción de la subjetividad, del pensamiento y de la violencia: las vinculares y las sociales. Esta definición tiene consecuencias en la visión de la violencia social y conlleva la idea de que es la acción de un sujeto singular severamente perturbado, con predominante funcionamiento psicótico o psicopático y que tuvo precarias condiciones familiares o infantiles. Siendo éstas


Violencia y aprendizaje

las condiciones de la violencia individual por las cuales cierto y determinado sujeto la encarna en lo social, debería ser suplementada con las determinaciones vincular y social, más integradas en el sujeto cuyo análisis es complejo e inseguro, pero permitirían desnudar las explicaciones encubridoras y aquellas que toman lo parcial por total.

Violencia y lenguaje El acervo cultural se transmite ligüísticamente y los procesos de socialización y de subjetivación mediarán esa transmisión del acervo cultural de una generación a otra. Los deseos y sentimiento de cada uno de los sujetos están estructurados en el lenguaje, instrumento de constitución simbólica individual y mediador de la cultura. Las formas prerreflexivas de acción –como son las violentasderivadas de causas inconscientes en lo individual, se vinculan a las situaciones sociales en las que los sujetos están inmersos. En cada uno de esos contextos existe una estructura de relaciones intersubjetivas que potencian o no las disposiciones de los sujetos. Es a partir de estos intercambios intersubjetivos y libidinales que se favorecen o impiden, que desarrollan o reprimen estas conductas. Todo ello enmarcado, a su vez en un campo más amplio, regido por regulaciones que afectan los contextos particulares en los que los sujetos se ubican. Se comete un error al hacer prevalecer e imponer una definición restringida de la economía, que sólo contempla los beneficios o perjuicios que ciertas situaciones acarrean sólo en términos monetarios. Por ejemplo, a partir de políticas adoptadas en los Ministerios de Economía, se pagan altos costos sociales; sobre todo en sufrimiento y violencia, en enfermedad y desintegración, en perjuicios educativos, sanitarios, etc. Podemos sostener en consecuencia, que las expresiones de violencia en las escuelas como en otros espacios sociales son síntomas de las perturbaciones que afectan a nuestra sociedad, a partir de políticas que

supeditan todas las lógicas a una única lógica parcial, la derivada de una concepción acotada de la economía. Es esta misma lógica mercantil la que lleva a los medios televisivos a incluir programas con escenas de desmedida agresividad. La misma lógica que hace que los padres, en su carrera por la subsistencia, no puedan constituirse en interlocutores calificados, permitiendo a sus hijos significar esos mensajes mediáticos a través de una elaboración psíquica adecuada y reflexiva, favorecedora de su formación integral. Señalemos que el diálogo, indispensable en la comunicación entre adultos y niños, tiene un sentido mucho más amplio que el intercambio verbal entre dos personas; es una vía específica de incorporación de los social. La supremacía absoluta del mercado, la disolución de ideales, los modelos de indentificación aportados por algunos dirigentes exitosos; la incitación al consumo y las dificultades laborales y educativas, son algunos de los ingredientes de este cóctel explosivo generador de actos transgresores, violentos y delictivos. Mientras las soluciones sólo se piensen en términos de represión y sanciones, se seguirá alimentando esta espiral de violencia instalada en nuestra sociedad. No es éste el camino para disminuir la violencia invisible; para evitar las formas visibles que hoy conmueven a nuestras escuelas y colegios, como al resto de la sociedad. Si se pudiera pensar un modelo distinto para los docentes, si se los sacara de la cadena productiva, en la cual tienen que impartir información, y se les dieran herramientas para el procesamiento y la posibilidad de recomponer subjetividades, probablemente tendrían posibilidades extraordinarias de intervención. Habría que restituir la función del maestro en el sentido antiguo del término: el que proceso y ayuda a pensar, no el que imparte información. Más allá de que hay información básica que el maestro tiene que manejar, me refiero a una posibilidad de ayudar al niño a organizar, a instrumentar esa información. Los docentes hacen todo lo que pueden para con-

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trarrestar los daños que a veces padecen los chicos. Tienen realmente un deseo enorme de reparación de experiencias propias y de historias vividas. A pesar del esfuerzo que se realiza, no se perciben las tendencias con las cuales ciertos sectores se aproximan al conocimiento; entonces, las formas de transmisión producen un rechazo y un malentendido. Hay que encontrar una manera de producir cada vez mejores condiciones para pensar. Esto implica tener en cuenta los reales intereses de los niños para generar mayores posibilidades y lograr que nos los arrasen la mediocridad y sobre todo, la sensación de imposibilidad. El economicismo del que hablábamos anteriormente, con el cual se piensa la educación actual, es un severo ataque a las posibilidades de inteligencia en la Argentina. La posibilidad de recuperar la subjetividad fundamentalmente está ahí, en la capacidad de generar modos de vencer los obstáculos hacia un futuro que está ahí. Frente a un enfoque desesperanzador, plantea Silvia Bleichmar5 que “es la escuela la que aún puede sostener subjetividades y como institución secundaria, poner alternativas al discurso de los medios”. Si percibimos la violencia como una expresión de malestar, y no de normalidad, todos podemos poner a trabajar nuestras teorías al servicio de nuestras prácticas. Si es en lo intersubjetivo, que se adviene sujeto y es aquí donde se juega la violencia, la solución también vendrá de allí, cada quien responderá desde su posicionamiento o quehacer. El trabajo en conjunto será aquel que apunte a derrotar la perplejidad, lugar éste al cual es arrojado el sujeto como resultado de estos cambios en las prácticas sociales, cambios por los que seguramente no fue preguntado, ni comparte. El trabajo será también aquel que derrote la desmentida del dolor y del desamparo, que esto produce, estimulando la apertura de vías de pensamiento que ayuden a marcar los bordes del sí mismo, y del otro en el respeto de las diferencias.

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Tiempos Violentos Los actos violentos están sujetos a un gran sistema de relaciones interpersonales donde las emociones, los sentimientos y los aspectos cognitivos están presentes y configuran parte del ámbito educativo. Asimismo están ligados a las situaciones familiares de cada alumno/ alumna y al ámbito social de la escuela. Para comprender el tema de la violencia es imprescindible conocer la realidad social en la que el hombre, ser social, nace y se desarrolla en su relación con los otros. Resulta para ello, imprescindible conocer, cuáles son los ejes sobre los que gira nuestra sociedad actual. Estos ejes o rasgos, como señala M. A. Santos Guerra (2001.)6, no son exclusivos de nuestra cultura ni aparecen en la sociedad por primera vez, sino que es la interconexión y preponderancia de los mismos, lo que lleva a generar una filosofía y una forma de actuar peculiar y hasta peligrosa para los miembros de la sociedad: un individualismo exacerbado, competitividad extrema, obsesión por la eficacia, relativismo moral, conformismo social, olvido de los desfavorecidos, privatización de los bienes y servicios, reificación del conocimiento, hipertrofia del presentismo, presión de los medios de comunicación, imperio de las leyes del mercado, consumo obsesivo diversificado, desarrollo de las tecnologías de la información y, una postura pragmática frente a otra ideológica. La violencia aparece en la actualidad como un fenómeno que afecta a la sociedad en su conjunto. “En el mundo de la economía globalizada, la violencia es generalizada. Y aunque suene paradójico en una sociedad mass-mediática y sobre -informada, la comunicación con el otro, se obtura, se violenta. Violencia, agresión y autodestrucción parecen ser las formas que la impotencia elige para expresarse”. 7 En tiempos de fuerte crisis social, económica y política, la violencia como forma de comunicación se extiende por los teji-


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dos sociales. En la actualidad, la crisis de la razón, “el fin de las ideologías” y el auge del neoliberalismo parecen favorecer posiciones utilitarias y pragmáticas, donde lo moralmente bueno estaría fundamentado en deseos e intereses individuales. La nueva situación hace que las preocupaciones morales se depositen en el campo económico: coimas, fraudes, corrupción, estafas y robos. Instalados en la postmodernidad, esta edad de la cultura aparece como el signo que revela una crisis profunda. Estos cambios modifican las condiciones en las que se produce el desarrollo de los niños y los jóvenes, incrementando el riesgo de violencia y, por tanto, la necesidad de trabajar activamente en su prevención. Para lo cual es preciso llevar a cabo importantes innovaciones educativas. Casi no ha habido época libre de crueldad y violencia, e incluso han existido épocas en que ambas llegaron al desenfreno e imprimieron su sello sobre la existencia individual y la estructura social. En la actualidad, las acciones violentas contra la opresión y las discriminaciones raciales son más que evidentes. La violencia se constituye en una fuerza incontrolable. Con respecto a esto Susana Podestá8 nos dice: “La violencia es una sociopatía, indicadora de la crisis social. La violencia refiere a una problemática donde falla la ley (la ley como fundante del contrato social). Y esto se da tanto en el orden familiar, institucional y aún en el orden de la cultura”. Desde siempre la socialización ha sido una de las finalidades de la educación. No se advierte que los fenómenos de socialización la afectan, de tal manera, que la alejan de sus mejores intenciones. Por tal razón, caemos en cuenta de que no se puede socializar sin contar con los cambios de la sociedad. Son tales los cambios en la sociedad que, hoy en día se exige estar más atentos para percibir las transformaciones, anticiparnos a ellas, profundizar en los hechos que están aconteciendo o ya ocurrieron, en particular los efectos que han tenido

o están teniendo, sobre los jóvenes, el proceso de modernización y el neoliberalismo. Debido a esto y como sustituto se le pide a la escuela nuevas funciones que no alcanza a asumir en términos de socialización. No podemos olvidar que la escuela es un microsistema social y, que por tanto, las virtudes de nuestra sociedad capitalista están presentes en el aula, así como sus muchos defectos; por ello, la situación que padece nuestra sociedad tiene un claro reflejo en las aulas de los centros escolares. Como señala E. Debarbieux (2001)9, la escuela cristaliza las tensiones de nuestras sociedades y, a veces, las exacerba. El sistema educativo de hoy está seriamente cuestionado. Las críticas provienen no sólo de los especialistas en educación; también expresan su insatisfacción los alumnos, sus padres, los docentes, los directivos, la opinión pública en general. Esto se debe a que se percibe un descontento, un desajuste entre lo que la escuela ofrece y lo que los protagonistas esperan de ella. Si analizamos la configuración del sistema educativo en la sociedad, encontramos en él aspectos no sólo educacionales sino también económicos, políticosideológicos, sociales y culturales. En el caso de la institución educativa, estos aspectos cobran vida e influyen en el aula. Podemos reconocer los valores imperantes en un contexto, a través de la forma en que se organizan el espacio, el tiempo, las relaciones personales, las normas disciplinarias, las jerarquías, etc. La escuela representa tanto los intereses como las ideologías y los conflictos imperantes del contexto macro social. Toda sociedad define ciertas normas y significados a partir de los propios, de los grupos que la integran, estos ideales atravesarán la vida institucional y, por lo tanto, el trabajo en el aula. Cada institución escolar genera un conjunto de interacciones que está reglamentada por una normativa explícita y por unos condicionantes implícitos que emergen de su configuración social, es decir de su cultura. Cada escuela crea una cultura propia, que trans-

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mite normas, creencias, valores, mitos, que regulan el comportamiento de sus miembros. Todos saben lo que está bien hecho y lo que está mal hecho en la escuela. Este proceso de socialización en la escuela se arraiga en sus estructuras, en la forma de organizar el espacio, en la manera de articular las relaciones. Es así, como la cultura penetra en la escuela, imponiendo, ofreciendo valores, creencias, normas, mitos, rituales, costumbres, estereotipos. La tarea de la escuela consiste en realizar un control social, planteándose si existe en la cultura dominante rasgos o características inaceptables desde el punto de vista ético. Es decir, que la escuela no está única y exclusivamente para transmitir los saberes acumulados durante siglos, ni para socializar a las nuevas generaciones, si por tal entendemos la reproducción de lo socialmente establecido, ni tampoco, es su función la de modelar y obtener un producto apto para la sociedad, un ser sumiso ante la injusticia y discriminación como formas de una violencia tolerada y aceptada política y socialmente. Muy al contrario, la escuela impondría una “disciplina del pensar”. La escuela y los docentes deben enseñar a pensar en términos de colectividad, a valorar las personas, objetos y espacios en relación a su persona, crear un espíritu crítico ante la vida: ante los hechos históricos, ante los discursos demagógicos, etc. En definitiva ante todas las prácticas que impidan, nieguen o no justifiquen un verdadero diálogo social; una intención real de transformación, de cambio ante la diversidad de prácticas y discursos violentos. Entendemos que educar en el sentido pleno de la palabra, implica dos operaciones que, aunque distintas, se entrelazan en una simbiosis que apunta a lo que queda del sueño moderno, es decir, una sociedad que progresa linealmente al tercer estadio de la humanidad, el “positivo”. Un primer objetivo es el “instrumental”, que en líneas generales intenta que los educandos se hagan acreedores de conocimientos considerados como útiles y válidos. Un segundo objetivo

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es el de formar un “sujeto” civil, social, moralizado, adaptado, y capaz de desenvolverse humanamente en las complejas redes sociales. Debemos considerar que estamos en una época de declinación de las instituciones tradicionales y que el valor de la palabra está decayendo como límite y tratamiento de la acción. Por lo tanto, en un mundo donde la palabra amenaza con tener cada vez menos sentido, resuena en una menor capacidad de “lazos de convivencia” y en un aumento de las acciones violentas, incluso de las sanciones. En la actualidad, los maestros y profesores ya no se quejan de la indisciplina. Se quejan de la violencia escolar. Se podría decir entonces, que la violencia escolar como la expresión actuada de lo que no se puede decir, la expresión de una disconformidad que no encuentra lugar para ser verbalizada ni para producir una transformación en conjunto. Muchas veces el espacio institucional se estructura como un espacio que no ofrece o no puede ofrecer el estímulo necesario para sacudir al chico de su situación existencial e impulsarlo a conectarse con el conocimiento y con el proceso de enseñanza- aprendizaje. En este contexto de desarticulación/ reestructuración del proceso de socialización, los jóvenes tratan de adaptar lo que existe a sus necesidades inmediatas. Así, la escuela para ellos toma más sentido como espacio de encuentro entre pares, que por su función de transmisión de saberes, con esto se modifica lo que es la socialización en el espacio de la escuela. Existiría una normatividad, un orden, una ley en la cual se introduce todo sujeto y que le serviría para organizar su pensamiento y su posición frente al mundo. Tomando a Clemencia Baraldi, 10 La instauración de la ley, tiene que ver con la intervención de otro que produce un corte, instaurando una prohibición, introduciendo el orden de la cultura. Es a partir de este corte que se empieza a pensar en la simbolización, en el aprendizaje, en la introyección del mundo de la cultura. Debemos tener presente que el proceso de apren-


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dizaje, (entendido como la adquisición de una nueva conducta en un individuo a consecuencia de su interacción con el medio externo. Todo sujeto en situación de aprender establece vínculos, no sólo con el objeto de conocimiento, sino también , con las personas que crean el espacio , para que surja la necesidad y el deseo de saber- aprender.) no es un camino lineal y que múltiples vicisitudes pueden presentarse durante su transcurso. Violencia y aprendizaje parecen ser términos irreconciliables, incompatibles dentro de una dimensión imposible de determinar. El entorno y el contexto socioeconómico y cultural a los que el niño pertenece muestran una fotografía panorámica de su realidad. Distintas máscaras de la violencia le marcan el cuerpo desde dos polaridades distintas: sobre-adaptación o rebeldía que finalmente coagulan sus posibilidades de construir su propio saber. Desde hace algunos años vemos como noticia en los diarios distintos hechos que hablan de la violencia dentro de las escuelas; todo ha llegado al punto que, lo que antes nos sorprendía, hoy parece un dato más, una anécdota más dentro de las aulas. Para comprender estas situaciones de violencia debemos reflexionar sobre ellas, teniendo en cuenta el contexto social, es decir, el marco en el cual se desarrolla la vida de la institución escolar y las relaciones internas que se dan en la institución escolar. Frente a esta realidad hay que repensar las prácticas, los contenidos, ver quienes son los destinatarios de esos contenidos, actualizarlos, y tratar de adecuar estos contenidos a la realidad. La violencia que se puede generar es una emergente de la desarticulación que tiene la escuela con la realidad, es decir, no se tiene en cuenta que es lo que necesitan los chicos, esto es generar de alguna forma violencia. Trasladado al ámbito educativo, es fundamental en la aparición de episodios de violencia que las organizaciones escolares se impliquen en el análisis y

tengan en cuenta las variables intrainstitucionales y el entrecruzamiento de éstas con las variables extrainstitucionales, en el momento de pensar en un posible análisis de sus causas y el de la elaboración de una posible intervención. Podríamos poner en cuestión la posibilidad de prevenir la violencia, pero no podemos desconocer que la promoción de la democratización de las relaciones en la organización educativa, entendiendo por democracia la facilitación de la expresión de ideas, incluso las defendidas por una sola persona. Democratizar la organización significa además la utilización de un mecanismo diferente al momento de la toma de decisiones, del que tradicionalmente primaba en la estructura jerárquica y autoritaria. El sistema escolar es pues una de las formas de imponer al niño maneras de ver, sentir y de actuar a las que no hubiera llegado espontáneamente y se convirtió, desde la edad media, en marcadora de destinos y en filtro para el futuro, favoreciendo a algunos, construyendo identidades sociales marcadas por éxito y penalizando a otros que deben aceptar el fracaso como propio, acentuando, desde la institución educativa, los criterios de la diferenciación social. Sobre estos moldes se basan las ideologías en que se funda la escuela pública argentina, donde se concebía a la escuela como un espacio cerrado, al maestro como única autoridad moral, donde la transmisión del saber estaba ligada a la disciplina y se privilegiaba las relaciones del poder sobre las del saber. La violencia que se puede generar en las aulas es una emergente de la desarticulación que tiene la escuela con la realidad, es decir, no se tiene en cuenta que es lo que necesitan los chicos. Esto es generar de alguna forma violencia. Es así como la violencia del aula tiene sus raíces en una cultura de lenguajes unidireccionales en los que se niega sistemáticamente la presencia del otro como otro. Sus manifestaciones amenazantes son las conductas regulares que toman los agentes cuando las vías de comunicación han sido negadas. Si miramos las cosas desde aquí, no pondríamos las causas de la violencia

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escolar sólo en lugares lejanos como las condiciones sociales imperantes, sino que las traeríamos más cerca: al ámbito de la escuela y a la tarea docente. Las otras causas seguirán operando, pero lo que le cabe a la escuela es tratar de mejorar las condiciones que están a su alcance. Pero dado que los factores culturales son fundamentales en la constitución del problema, la escuela puede cumplir una importante función en la promoción y transmisión de nuevos valores y actitudes dirigidos a contrarrestarlo. Por tal motivo, a la escuela aunque no sea la directa responsable de la violencia, siempre se le podrá preguntar qué está haciendo frente a ella: O prepara personas para formar un ambiente democrático o las habitúa en la resolución de conflictos a través de agresiones y violencias. De alguna manera hay que estar convencido de que podemos deshabituarnos de la violencia, y de que somos capaces de deshabituar a los que nos rodean. La violencia se aprende.

Bibliografía • Berenstein, Isidoro (2000) “Caracterización de la violencia en “Violencia visible e invisible” Revista Psicoanálisis APdeBA- Vol.XXII N°2. • Castro Marcela y Mónica Carozzi (2000) “Empujar la barrera de lo posible” Entrevista a Silvia Bleichmar, en Revista Psicoanálisis APdeBA- Vol.XXII N°2 • Debarbieux, E. (2001) “Violencia escolar: un problema mundial”. • Freud, Sigmund: “El malestar en la cultura”. Obras Completas. López Ballesteros. • Podestá, Susana (2001) “La Ética docente en la escuela violenta”. Editora Sol Rojo. • Santos Guerra, M.A (2001) “La escuela que aprende”. Madrid. Ediciones Morata.

1 Licenciada en Psicología. Especialista en Psicología Sanitaria. Magister en Administración Pública y Políticas de Salud. Doctorando en Ciencias de la Salud. 2 Freud, Sigmund: “El malestar en la cultura”. Obras Completas. López Ballesteros. Pág. 3046. 3 Freud, Sigmund, Ob.cit. Pág. 3046. 4 Berenstein, Isidoro: “Caracterización de la violencia en “Violencia visible e invisible” Revista Psicoanálisis APdeBA- Vol.XXII N°2, 2000. 5 Castro Marcela y Mónica Carozzi “Empujar la barrera de lo posible” Entrevista a Silvia Bleichmar, en Revista Psicoanálisis APdeBA- Vol.XXII N°2, 2000. 6 Santos Guerra, M.A: “La escuela que aprende”. Madrid. Ediciones Morata. 2001 7 Susana, Podestá: “La Ética docente en la escuela violenta”. Editora Sol Rojo. Córdoba Mayo 2001. .Pág 36. 8 Susana, Podestá: : Op. Cit. Pág 34. 9 Debarbieux, E. “Violencia escolar: un problema mundial”. 2001. 10 Baraldi, Clemencia: “Aprender : la aventura de soportar el equívoco”. Homo Sapiens Ediciones. Rosario. 1992. Pág. 14 y 15

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Intervenciones tecnico-psicologicas en el ambito juridico Lic. Graciela Britos / MP 3797 Lic. Marcela Martinez

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l objetivo del presente trabajo es reflexionar acerca de las intervenciones psicológicas en el ámbito judicial en las situaciones de violencia hacia adultos mayores. Nuestro quehacer profesional como Peritos Forenses del Poder Judicial de la Provincia de Córdoba es eminentemente diagnóstica y ha estado abocada, prácticamente desde el inicio a la evaluación de situaciones de riesgo en las que se encontraba implicado un niño. Actualmente con la implementación de la Ley Provincial 9283 sobre Violencia Familiar nuestra tarea se amplía, incluyendo la valoración de toda persona víctima de algún tipo de violencia. Hemos advertido con cada vez mayor frecuencia situaciones de violencia intrafamiliar hacia adultos mayores. La violencia familiar debe ser entendida como toda acción, omisión o abuso dirigido a dominar, someter, controlar o agredir la integridad física, psíquica, moral, psicoemocional, sexual y/o la libertad de una persona en el ámbito del grupo familiar. La Organización Mundial de la Salud entiende al maltrato hacia la persona mayor “como la acción única o repetida o la falta de respuesta apropiada que causa daño o angustia a una persona mayor y que ocurre dentro de cualquier relación donde existe una expectativa de confianza. Supone daño o amenaza para la salud y el bienestar de la persona mayor”. Es frecuente encontrar a la persona de edad avanzada en una situación de vida caracterizada por cierta disminución de sus facultades y la declinación fisiológica, psicológica, económica y de participación social,. es decir, tanto su vulnerabiliadad como su dependencia suelen verse exacerbadas.

Paloma. Situada entre el toro y el caballo, a la altura de sus cabezas, no resulta visible a simple vista, pues, excepto por una franja de color blanco, es del mismo color que el fondo y únicamente está trazada su silueta. Tiene un ala caída y la cabeza vuelta hacia arriba, con el pico abierto. Generalmente se ha considerado un símbolo de la paz rota.

Los signos advertidos con mayor frecuencia en víctimas de violencia, son condiciones escasas de aseo y cuidado personal, conducta que puede variar en la inhibición o retraimiento, falta de concurrencia o asistencia médica y posibles signos físicos como traumatismos o hematomas recurrentes. La violencia adopta muchas formas. Como mencionamos, puede ser física y provocar dolor o lesiones corporales. Puede ser emocional o psicológica, como

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la violencia verbal, la humillación o la intimidación. O puede ser económica cuando la persona que cuida al anciano y en la que éste confía utiliza ilícitamente el patrimonio o los bienes de la persona o se apropia de ellos. La violencia también puede suponer negligencia, no proporcionando alimentos, ropa, medicamentos, un lugar seguro, atención médica o la oportunidad de entablar contactos sociales. También es posible encontrar situaciones de violencia sexual por parte de las personas encargadas de cuidar al anciano que van desde la violación al atentado al pudor o abuso sexual. La prevalencia de la violencia en ancianos ha sido menos estudiada, la detección y el registro se efectúa con menor frecuencia que el resto de los maltratos, pudiendo estar asociada al deterioro cognitivo, temor a la institucionalización, miedo a la represalia por parte de los cuidadores, temor a la soledad y al abandono. Se equipara a la violencia hacia la mujer o hacia los niños en el sentido de la indefensión y desamparo en que se encuentra el adulto mayor y su progresiva pérdida de autoestima e independencia. La creación de la ley provincial de Violencia Familiar 9283 imprime otro marco jurídico al abordaje de la violencia, otorgando a las personas víctimas de violencia familiar una herramienta formal para su denuncia. También ha implicado cambios en la modalidad de intervención tanto jurídica como técnica (Psicológica y de Trabajo Social) que se traduce en la celeridad de las medidas adoptadas por el juez y en la elaboración de informes de situación que se nos solicitan como Peritos Forenses. La instrumentación de la ley en el campo judicial contempla una serie de medidas cautelares, que son la exclusión, restricción de contacto y comunicación, entre otras, que suponen efectos en las relaciones familiares, en la pareja y miembros involucrados en el problema, que requieren ser estudiados. La tarea que realizamos dentro del Diagnóstico de situación implica evaluar en un tiempo acotado la situa-

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ción familiar a través de entrevistas interdisciplinarias a las partes involucradas. En dicho diagnóstico algunos de los aspectos a considerar son la existencia de medidas previas ordenadas por el Juez, si las medidas se cumplen y que modificaciones se han producido en el contexto de la organización familiar. Con el aporte de la valoración técnica efectuada por los Peritos, el Juez deberá disponer todas las medidas tendientes a la protección de la vida, la integridad física o emocional de la víctima, la libertad y seguridad personal, así como la asistencia económica e integridad patrimonial del grupo familiar. La creación de la ley 9283 posibilita dejar de considerar a la familia como un ámbito de intimidad, rompiendo la dicotomía de las esferas público - privado, donde la privacidad de la familia aparecía como justificación para el mantenimiento de situaciones de violencia, limitando la intervención del estado. Se promueve la visibilización de la violencia. Queremos referir una viñeta clínico-jurídica de un caso trabajado hace unos meses que ingresa al Equipo Técnico por demanda judicial, a raíz de la denuncia de la hija de una mujer de 80 años a quien llamaremos Nelly. La denunciante expresa que su madre quien vive con un hijo, estaría siendo victima de maltrato por parte de éste, que su hijo en ocasiones la golpea, que no la deja salir de su casa, que él no trabaja y vive de la jubilación de su madre, que le niega la posibilidad de recibir a sus otros hijos y nietos. Además la hija manifiesta su preocupación porque su madre estaría manteniendo una relación a modo de pareja con este hijo, dudando de una posible situación de abuso sexual. En las entrevistas mantenidas con Nelly, niega los hechos denunciados, sólo brinda referencias positivas del hijo con quien convive, a quien valora como único referente, “él siempre me ha cuidado, me ha protegido... es el único que me quiere verdaderamente sino fuera por él no sé que hubiese sido de mi”. Manifiesta que ella misma cobra su jubilación aunque desconoce el monto de la misma, así como también señala que


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tiene un médico de cabecera. También se mantienes entrevistas con su hijo, en la cual se advierte no coincidencia en el relato con respecto a su madre, especialmente en torno al médico de cabecera de su madre y el manejo de la jubilación de la misma. También se advierten en Nelly importantes condiciones de aislamiento, ya que si bien no tiene dificultades físicas para trasladarse, ha perdido paulatinamente contactos con sus otros hijos y nietos, así como también con amigas del barrio. Es importante mencionar que se realizan entrevistas a los vecinos quienes señalan que han escuchado gritos provenientes del domicilio, que han observado en varias ocasiones a Nelly con golpes en el rostro y que pocas veces sale de su casa. También dicen que su hijo no trabaja fuera del hogar. Se mantienen entrevistas con los otros hijos y nietos de Nelly, quienes manifiestan, en forma coincidente su preocupación por el estado de la misma, dando cuenta de la situación que vendría atravesando en forma sostenida en el tiempo, pero que todos frente a los conflictos vinculares intrafamiliares, silenciaron sin preveer las consecuencias ni significar las situación de riesgo de Nelly. Dicha estructura familiar naturaliza tal situación de maltrato como instancia que mantiene la “estabilidad” dentro del núcleo familiar, hasta que frente a una situación límite que daba cuenta no sólo del deterioro de las condiciones materiales y habitacionales de vivienda, sino también respecto a las malas condiciones de alimentación y de estado en general, se da intervención a la justicia a través de una denuncia. Ello rompe con dicho silenciamiento familiar, pudiendo lograr el resguardo de Nelly a través de las medidas implementadas por el Juzgado, de exclusión e impedimento de contacto del hijo conviviente, lo que en forma directa permitió una reestructuración y reorganización familiar que facilitó a través de la distribución de roles y tareas poder asumir, por parte del resto de la familia, el cuidado y resguardo de Nelly. Ella pudo recuperar sus espacios vitales de espar-

cimiento, de vinculación con sus otros hijos y nietos, como también de la interacción con el medio social, mediado todo ello por una instancia legal que garantizara su bienestar respecto no sólo a la satisfacción de sus necesidades básicas, sino también al ejercicio de sus posibilidades de independencia y autonomía. Cabe consignar que todo el proceso se vio atravesado por una importante resistencia frente al temor por las consecuencias que podría haber tenido en el vinculo con el victimario respecto a las represalias y/o agudización de la violencia. Esto implicó un trabajo con todos los miembros del grupo familiar, lo cual involucra no sólo la implementación de las medidas, sino y fundamentalmente su sostenimiento en el tiempo con informes al Juzgado interviniente acerca del estado y evolución de Nelly. A partir de la implementación de la ley 9283 es posible abrir el espacio al anciano, junto a otros sujetos víctimas de violencia, fortaleciendo su lugar de sujeto de derechos en función de los diferentes factores que lo convierten en sujeto vulnerable, para que pueda encontrar un respaldo legal y una escucha psicológica, que lo proteja y contenga frente a las situaciones de violencia. En este sentido nuestra intervención opera como una instancia no sólo asistencial, -de corte- sino también preventiva en el sentido de evitar nuevos episodios o evitar su cronicidad, con las consecuencias que ello supone. La problemática de la violencia respecto al adulto mayor da cuenta de un fenómeno complejo, entendiendo que el mismo no culmina con la aplicación de las medidas adoptadas desde la justicia y que ésta es uno de los actores, en el escenario en que la problemática acontece. Se hace indispensable un abordaje integral, interdisciplinario e intersectorial que pueda comprenderla en su multiplicidad. La imposibilidad de ejercer el derecho de decidir sobre la propia vida significa no poder decidir, dónde vivir, con quién vivir, cómo vestirse, qué comer, a dónde salir, cómo administrar el dinero, planificar el futuro,

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hablar sobre lo que se desea y llevarlo a cabo. Es decir, que no decidir sobre la propia vida implica no ejercer los derechos humanos fundamentales: el derecho a la vida, a la libertad, el derecho a la libertad de expresión y de pensamiento, el derecho a la privacidad, a la sexualidad, a la educación. Y es parte de nuestra responsabilidad como psicólogos y especialmente en el ámbito de la justicia que el adulto mayor pueda ser revalorizado en su subjetividad, en sus potencialidades y en su deseo.

Bibliografía • Colección de investigaciones “Violencia Familiar y análisis de sentencias en el fuero civil, penal y laboral” N°4. Colección Investigaciones y Ensayos. Córdoba. Argentina.2009. Capitulo V. • Colección de investigaciones “Violencia Familiar y análisis de sentencias en el fuero civil, penal y laboral” N°4. Colección Investigaciones y Ensayos. Córdoba. Argentina.2009. Anexo. Ley de Violencia Familiar. Ley 9283.

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• “Resultados de las medidas aplicadas por el Fuero de Familia en situaciones de violencia conyugal o en la pareja parental en las que intervino el CATeMu, en el radio de la primera circunscripción de Córdoba a partir de la implementación de la ley 9283”. Llevada a cabo en el año 2008-2009 por el cuerpo Auxiliar Técnico Multidisciplinario (C.A.Te.Mu), publicada por el Poder Judicial a finales del año 2009. • “Una sociedad para todas las edades” Segunda asamblea Mundial sobre el envejecimiento. Madrid.2002 • Informe Mundial sobre Violencia y la Salud. Capitulo 5. “El maltrato de las personas mayores”. • “Las Naciones Unidas y las Personas de Edad”. Principios de las Naciones Unidas en favor de las personas de edad. Asamblea General de las naciones Unidas, 16 de Diciembre de 1991 • “Manual de Apoyo Técnico para acciones de Salud en Violencia Intrafamiliar”. República de Chile Ministerio de Salud. División de Rectoria y Regulación Sanitaria. Dpto. Salud de las Personas Unidad de Salud Mental.

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Psicología del tránsito en Córdoba

Mujer del quinqué. Ilumina la estancia con una vela y avanza con la mirada perdida, como en un estado de shock. Esta mujer se interpreta como una alegoría fantasmagórica de la República. Tiene su otra mano aprisionándose el pecho justo entre sus dos senos, que salen a relucir a través de la ventana.

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n general quienes analizan incidentes de tránsito, coinciden en considerarlos como resultado de la interacción de múltiples causas. En el enfoque que hacemos desde la Psicología del Tránsito, nos centramos en el factor humano. Estudiando su conducta y motivaciones como protagonista en la red del tránsito. Ante lo impactante de un siniestro, corremos el riesgo, de atribuir la causalidad solamente a los sujetos que los protagonizan. Enfocándonos en cada uno de los actores. En sus estilos de personalidad y diferentes formas de resolver situaciones al transitar. Ya sea en el rol de peatones como conductores y pasajeros. O con-

Lic. Alejandro Rivas / MP 2905

siderándolos aisladamente según la etapa evolutiva por la que atraviesan, y la vulnerabilidad que en cada edad, los expone a diferentes riesgos. Sin dejar de lado el aspecto individual, tan importante en la evaluación psicológica a aspirantes a la licencia de conducir, o en el caso de los peritajes. Consideramos necesario extender el análisis a una visión psico-social y preventiva. ¿Qué papel juega la sociedad?, ¿Cómo determina a cada sujeto?, ¿Cómo intervenir frente a la faltas, en la transmisión de normas y hábitos, que instrumenten a las personas para que puedan orientar y regular su comportamiento de modo saludable al transitar? Consecuencia de la continua transformación social, atravesada por variables económicas. Vemos como socialmente se otorga excesivo valor a lo material, al apuro paral transitar. Sin considerar que hay marcos regulatorios para esta actividad. La identificamos como anomia, cuando los individuos han dejado de tener clara la diferencia entre lo justo y lo injusto, lo legítimo y lo ilegítimo, lo saludable de lo que no lo es. En el uso individualista del espacio público., valorándolo como “de nadie” y no “como de todos”. Es en el escenario del tránsito dónde podemos observar cómo los argentinos nos tratamos, como nos queremos o descuidamos unos a otros. 1 En este marco, asistimos a incipientes intervenciones marcando la presencia del estado, y la sociedad civil, en la formación para un transito saludable y seguro. Necesitamos una mayor articulación y acompa-

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Psicología del tránsito en Córdoba

ñamiento para quién transita. En pos de apostar a la de internalización del concepto de riesgo, registrando los peligros a los que estamos expuestos en la vía pública. Y propender al cuidado de sí y de los demás. Extendiendo las intervenciones más allá, del necesario control eficiente y la sanción adecuada, ante las infracciones. Hoy vemos como ante sucesos de público conocimiento, centramos nuestra atención en los adolescentes como grupo etáreo que por sus características, enfrentan riegos específicos al transitar. Conocemos de experiencias positivas en el desarrollo de habilidades saludables al transitar, que los incorporan como sujetos activos de la sociedad y no solo receptores. Vivenciando su capacidad de producir cambios positivos en sus redes sociales. Con el potencial que muy posiblemente se conviertan en conductores en muy corto plazo. Apuntando no sólo a “cumplir” con las normativas, sino de generar un ambiente en el que esto sea posible. Comisión de Psicología del Tránsito, del Colegio de Psicólogos de la Provincia de Córdoba.

Bibliografia ampliatoria • Emile Durkheim, De la división du travail social, PUF, Paris, 1991. • Le suicide: étude de sociologie, PUF, Paris, 1999. • Carlos Nino, “Un país al margen de la ley”, Buenos Aires, Emece, 1992 (reedición: Ariel, Barcelona, 2005).

Fuentes consultadas: • Marta Díaz de Dragotta – Lic. en Psicología. Magister en Psiconeuroinmunoendocrinología. Representante por Mendoza en la Comisión Nacional de Psicología del Tránsito. Articulo Psicología del Tránsito, jueves, 25 de noviembre de 2010. • Nota Diario “La Capital”. Andrés Abramowski. PROPONEN PRIORIZAR LAS CONDUCTAS SEGURAS Y EVITAR EL TEMOR A LA HORA DE MANEJAR. (Psicólogas analizan la actitud del conductor que atropelló a un nene – Rosario – Lic. Sandra Crescente, Lic. Beatriz Messina, Lic. Susana Danelón, Lic. Mónica Audo Gianotti. 09/04/11).

1 Proyecto Tránsito. http://colegioecos.com/?p=144

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