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El Coloquio de los perros es la Novela Ejemplar cervantina en la que aparecen Montilla y la Camachas. Sus protagonistas, dos canes, Cipión y Berganza, también pretenden serlo de nuestra revista. En cada número, a través de sus reflexiones y posturas en páginas centrales, uno a favor y otro en contra, iremos tratando temas de interés para nuestra sociedad. Esta sección, junto al editorial, las noticias de nuestras actividades, el cómic, la fotografía, la poesía, los artículos de opinión (ladridos perrunos de nuestros colaboradores), las recomendaciones y el comentario especializado de un invitado son los que irán rellenando de contenido, número tras número, y esperemos que por muchos, este Ladrío nuestro y vuestro.

Sumario 3. Editorial 4. Narrativa La séptima persona por Antonio Villarreal 5. Opinión Un ejercicio de responsabilidad por Antonio Luque Sánchez 6. Recomendación Misión Olvido, de María Dueñas por Virginia García Gómez 7. Opinión Crudo por Belisa C. 8. Opinión Está en nuestras manos por José Miguel Portero García 9. Poesía En el banquillo por Manuel Jiménez Bascón 10. Cipión A favor de la independencia de Cataluña

15. Opinión De la universidad doméstica a la Universidad que podría haber sido por Juan Antonio Prieto Velasco 16. Humor por José Manuel Márquez “mane”. 17. Opinión La locura del fanatismo por Óscar Marcos 18. Narrativa Septiembre por Alba Delgado 19. Narrativa ¡Santiago y cierra España! por Ramón Núñez Arjona Contraportada: Viaje a Italia III por Ángel Márquez Con la colaboracion de: Rafael López, José Alfonso Rueda, Carlos Alberto Prieto Velasco, Salva Loriguillo

11. Berganza En contra de la independencia de Cataluña 12. Recomendación El hijo pequeño de la poesía española por Virginia Polonio 13. Poesía por José Marcelo García Jiménez

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14. Opinión Los banqueros y sus hijos primero. por Andrés Núñez Ruz

Portada: Juan Arrabal


EDITORIAL

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La vuelta a la rutina postveraniega y el reencuentro con el otoño nos ha tomado en El coloquio de los perros sin prisas y calmados, preparando proyectos de futuro sin agobiarnos. Además de ello, hemos aprovechado estos meses para mudar nuestro sitio web a un nuevo alojamiento y darle un aire nuevo. Nos podéis encontrar en http://www.asociacionelcoloquiodelosperros.blogspot.com.es/ En esas actividades que están por venir destacamos sobre todas el comienzo en las próximas navidades del plazo de participación en el 11 Concurso de Relato Corto y Fotografía, del que aún estamos en proceso de elegir su temática. También se barruntan presentaciones de libros, coloquios y visitas guiadas en el horizonte cercano. Para informarse de las novedades de estas actividades, opinar de ellas o participar en las mismas están disponibles nuestro blog o las cuentas de Facebook, Twitter o Google+ de la Asociación.

El Ladrío

OTOÑO 2012 Nº 24 Año VI Depósito Legal: CO-1592-2006 ISSN: 1887-1437 Tirada: 500 ejemplares Ejemplar gratuito Edita: Asociación cultural El coloquio de los perros Aptdo. Correos 122. 14550 Montilla (Córdoba))

El Ladrío es una publicación plural y abierta que no hace necesariamente suyos los artículos y comentarios particulares que en ella puedan aparecer. Los autores de la sección «Cipión y Berganza» escriben defendiendo dos posturas distintas sobre un mismo tema de interés a petición de los editores de esta publicación. Los opiniones reflejadas en estos artículos no tienen por qué coincidir con las de sus autores.

www.elcoloquiodelosperros.es

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Narrativa

por Antonio Villarreal

La séptima persona Yo, tú, él, ella, nosotros, vosotros y ellos fui, fuiste, fue, fuimos, fuisteis, fueron a la parroquia aquel domingo por la mañana para escuchar la misa. Por suerte, en la última fila de butacas había siete asientos libres. El párroco empezó a entonar lo que parecía ser el salmo vigesimocuarto, pero estaba tan alejado de mi, tu, su, nuestra, vuestra, su posición de ellos que no era posible escuchar más que un lejano murmullo distorsionado por el eco que rebotaba en las pulcras columnas enyesadas de la iglesia. Cumplido el trámite de todo cristiano practicante que se precie, yo, tú, él, ella, nosotros, vosotros y ellos caminé, caminaste, caminó, caminamos, caminasteis, caminaron hasta la fuente del par-

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que para beber un trago de agua, la más fresca y limpia que jamás haya recorrido mi, tu, su, nuestra, vuestra, su garganta de ellos. Hubo un ruido, el chasquido de una rama sobre mi, tu, su, vuestra, su cabeza de ellos así que miré, miraste, miró, miramos, mirasteis, miraron un pájaro que creí, creíste, creyó, creímos, creísteis, creyeron que era una avutarda; que desde una rama lanzaba chorritos blanquecinos de excremento peligrosamente cerca de un columpio. Era uno de esos domingos primaverales, y pensé, pensaste, pensó, pensamos, pensasteis, pensaron que sería una buena idea ir a dar una vuelta en una de esos tándemes o bicicletas biplaza. Hacía poco que el ayuntamiento las

había puesto a disposición de los ciudadanos para fomentar el uso del nuevo carril bici. Eran gratuitas así que no hubo objeción alguna por mi, tu, su, nuestra, vuestra, su parte al plan propuesto. Al llegar a la altura de un hombrecillo de bigote, el funcionario local que se encargaba del servicio, éste me, te, le, nos, os, les reveló que sólo había tres tándemes disponibles y que la organización por parejas era, en este caso, harto necesaria. “Vosotros”, dijo ella. “Él”, dijimos nosotros. “Tú”, dijeron ellos. Así que aquí me quedé, sentado junto al hombrecillo del bigote, viéndote, viéndole, viéndoos, viéndoles pasarlo bien.


por Antonio Luque Sánchez

Un ejercicio de responsabilidad “Una mentira repetida mil veces se convierte en verdad”. Es la segunda vez que escribo esta cita para El Coloquio de los Perros, aunque ahora por motivos diferentes. La frasecita es de Joseph Goebbels y desgraciadamente tiene tanta actualidad, que pone los pelos de punta. Desde hace meses, incluso años, muchos medios de comunicación se han disfrazado del Ministerio de la Verdad del Ingsoc, imaginado por George Orwell en su novela 1984. Han sido el instrumento utilizado para repetir, más de mil veces por cierto, que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades y que ahora estamos pagando las consecuencias. El objetivo del mensaje es evidente. Los culpables de la situación actual son aquellos que aceptaron las condiciones ofrecidas por bancos, mercados y entidades cuando el viento soplaba a favor, nunca los que idearon esos productos y los pusieron a disposición del personal. Si habláramos en términos estadísticos, seguramente nos sorprenderíamos al saber que un amplio sector de la población no se compró una segunda vivienda antes de la eclosión de la burbuja inmobiliaria. Tampoco eligió el Caribe como lugar de vacaciones excepcional, ni tan siquiera cambió de coche, simplemente el que tenía funcionaba bien. Por supuesto otros sí lo hicieron, ganando más dinero del que habían imaginado, mientras la economía crecía con un ritmo frenético a la vez que falso. En este terreno, artificialmente abonado, ayuntamientos, diputaciones y administraciones en general, se empeñaron en pasar a la historia construyendo velódromos, aeropuertos y demás obras

faraónicas que se han acometido en las dos últimas décadas. Muchas de ellas ni han llegado a terminarse tras muchos cientos de millones de inversión. Ahí los ciudadanos también han vivido por encima de sus posibilidades. No han tomado ninguna decisión al respecto, pero estos trabajos se han llevado a cabo con dinero público, es decir, de todos. Miles de millones de euros a la basura y nadie es responsable. Los ciudadanos sí porque alguien ha gastado su dinero en proyectos que ahora languidecen.

Si hablamos del sistema financiero, el asunto todavía resulta más visceral. En los consejos de administración de las cajas había representación ciudadana. Supuestamente, concejales y diputados debían velar entones por el correcto funcionamiento de estas entidades, para que el dinero del ahorro de sus vecinos estuviera seguro y bien invertido. Su defecto de celo también es culpa de los ciudadanos, por confiar en ellos. Porque la situación actual de crisis económica sí es responsabilidad de cada uno de los más de 47 millones de habitantes del país. No por vivir por encima de sus posibilidades, sino por no exigir a políticos, banqueros y demás entidades o colectivos que manejan su dinero, un ejercicio constante de responsabilidad. También se puede aplicar a empresas y trabajadores, la diferencia estriba en que manejarán dinero público, como sí hacen los anteriores, en contadas ocasiones. Responsabilidad, sólo eso. El que no cumpla su cometido tiene que rendir cuentas, no basta con pedir disculpas. Por norma gene-

ral ya sucede en el ámbito de la empresa privada y también debe ser así en lo público, donde parece que todo funciona al revés. Mucho podría contar Fran Llorente, exdirector de los servicios informativos de Televisión Española, de responsabilidad. Desde el 2004 ha recibido más de 200 premios para su equipo por su excelente labor periodística. Ha sido tan responsable en su trabajo, reconocido internacionalmente, que ha sido relevado de su cargo en favor de Julio Somoano. Las primeras medidas del nuevo responsable de los informativos de TVE, eliminar a la mayoría de jefes de sección, incluso a la directora de Radio Nacional, que tantos reconocimientos habían recibido. Todo un ejercicio de responsabilidad. La duda es si tendrán el mismo trato los imputados en Bankia o el Urdangarín de turno, siempre que llegue a demostrarse su culpabilidad. Porque la justicia también merece una última mención. Desde pequeños aprendemos que la justicia es independiente. No obstante, en los máximos más altos, hay jueces conservadores y progresistas, cuando sólo debería valer con ser juez. Casi siempre se sabe el resultado de una votación en el seno del Consejo del Poder Judicial antes de que se produzca y eso, cuanto menos, hace cosquillas en la espalda. Podríamos seguir con más ejemplos, pero la extensión y sobre todo las ganas de escribir en verano, se reducen. Que cada palo aguante su vela con responsabilidad y sentido común. Y si no cumple su cometido.... a los tiburones, sea peón de albañil o presidente del gobierno.

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Recomendación

por Virginia García Gómez

Misión Olvido, de María Dueñas Podría centrarme solo en describir la trama al hablar del libro, pero creo que es preferible centrarse más en el fondo. Un fondo agrio, el Amor, un amor en varias edades y en varios estados y variantes. Ese amor que llegó con la juventud y que, tras mucho batallar, se consolidó pensando que era para siempre. Ese amor que se pensaba más estable que el suelo que pisamos cayó, desolando todo lo que estaba a su paso. Nos encontramos también el amor fuerte y sólido devastado por la muerte, aquel que hace que por más que pasen los años las heridas no se cierren. El amor que fue roto por un juego de una tercera persona, por una pasión vacía que pronto acaba dejando el pasado hastío e irrecuperable el presente. Ese amor maduro que, cuando se ha perdido la esperanza, llega; ese que hace agrietar la cúpula más regia. Cuando en tu vida tras mil batallas perdidas llega esa luz perpetua que hace que todo comience de nuevo aunque no sea correspondido. O cuando dos almas heridas por la rudeza del desamor se encuentran cuando tenían la guardia baja, cuando ya se acostumbraron a las cicatrices de la soledad.

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El libro transmite esa esperanza, esa ilusión de que nunca se tienen demasiada solera para empezar a vivir. Y que nunca se tiene demasiado equipaje y desengaños. Aunque no es una novela romántica, he creído leer este mensaje. Con un título simple que dice más de lo que aparenta. Entramando la nostalgia y el recuerdo en cada una

de sus líneas. Un libro que se centra en una trama inactiva, en un despacho y algunas salidas. Todo empieza con una mujer, Blanca Perea, que tras su lucha personal y familiar alcanza una serenidad, una estabilidad que empieza a tambalearse con la ruptura de su matrimonio. Como una jarra de agua fría, su marido la abandona porque ha encontrado el amor en otro lugar. Como busca una salida, atraviesa medio mundo para llegar a un lugar desconocido donde encuentra nuevos amigos con un sino parecido al suyo. El libro termina como debe terminar, con un final simple y abierto. Es difícil hacer llegar al lector una desolación tan profunda como la del desamor, sin

incluir llantos y descripción de escenas. A mi parecer, María Dueñas ha conseguido que los personajes sean conocidos, sean cercanos. Podría hablar de su vida personal, pero todos tenemos a mano Wikipedia para ello. Por mayo leí El tiempo entre costuras, el cual recomiendo activamente, y ahora que he leído Misión Olvido reitero con éste la recomendación. Ambos son distintos, el primero más aventurero y éste más estático, pero ambos hablan de coraje y aportan al lector bastante más que una lectura de sobremesa. Que en mi opinión es lo que debe ser un libro, algo que haga crecer a la persona más allá de unas hojas impresas.


Crudo

La palabra idiota procede del latín idiota, idiotae desde el original griego. La raíz de este adjetivo se refiere a lo privado, a lo particular, pudiendo encontrarla en otros sustantivos como idioma o idiosincrasia para referirnos, respectivamente, a la lengua propia de un hablante o al conjunto de rasgos distintivos y propios de un individuo o de una colectividad. El idiota era, para los griegos, aquel que únicamente se preocupaba de sus intereses privados o particulares, sin prestar atención a los asuntos públicos o políticos. Pronto la palabra se convirtió en un insulto, ya que la vida pública era de gran importancia para los hombres libres. Ser un idiota se convirtió, de esta forma, en ser un idiota con su concepción actual, ya que no participar en la democracia era la mayor deshonra que uno podía sufrir. Veinticinco siglos después, paradojas de la lengua, sólo los idiotas parecen tener cabida en el foro de las cuestiones públicas (sálvense utópicos, soñadores y otros profetas). A día de hoy, el

por Belisa C.

conjunto de individuos que nos gobiernan es tan esperpéntico como desolador; las perspectivas, atroces. El problema no radica (no radicó nunca) en la prima de riesgo, ni en la troika, ni siquiera en los millones de españoles sin empleo, es un problema de base que reside de la incapacidad de la clase dirigente. Una clase política carente de toda ética, dispuesta a empeñar a un país entero por un puñado de euros. Pobre Darwin. Hace unas semanas me propuse, muy en serio, no volver a hablar de estas miserias; no por miedo a parecer un mal patriota antisistema, sino porque creo que esta gran estafa es más que evidente, que la mayor parte de la gente lo sabe y que perder el tiempo en una obviedad como esta me parece una tontería. Además, pienso que hay temas mucho más fascinantes de los que hablar (véase la dulce herencia que nos lega Lavargas o el espectáculo de ver a Iniesta tocar el violín). “La belleza como forma de resistencia”- apuntaba alguien hace unas semanas. Sin embargo, y sin que sirva de precedente, la salida de antena del programa radiofónico Carne Cruda ha sido el detonante para acordarme, por última vez, de estos profesionales del cinismo. El pasado 28 de agosto se emitió el último programa de Carne Cruda, el fantástico espacio capitaneado por Javier Gallego, alter ego del Señor Crudo. Las ondas hertzianas requieren su tiempo: la conquista de yunque, estribo y martillo necesitan paciencia, horas de seducción. Sin embargo, la carnicería tenía manteca de primera y eran pocas las sesiones que necesitaba un pabellón auditivo estándar para quedar prendado de la naturalidad rebosante de Gallego. Alejado de las

radiofórmulas a granel y de los programas enlatados de Radio3, comida rápida para intelectuales, la voz de Crudo se erigió como el último bastión desde el que uno se podía avergonzar de su país con una mínima decencia. Entrevistas llenas de compromiso, denuncias públicas y unas crónicas tan acertadas como políticamente incorrectas empezaban a irritar la zona anal de algunos roedores y ciertas aves de rapiña. Somos España. Duodécima potencia mundial, lugar donde la democracia está castrada por un sistema electoral caduco y la libertad de expresión en los medios públicos está censurada por el poder político. Un país donde la corrupción ya no es excepción, sino norma, y paraíso en el que los bancos roban a su antojo. Es lo que hay. Contarlo con la mayor independencia posible es labor de los profesionales de la comunicación: diga crudo. Un país donde se confunden verdad con demagogia y realidad con sensacionalismo. Osborne nos libre. Tras los cambios sufridos en el seno de la RTVE, la destitución de Gallego era una mera posibilidad, pero las buenas cifras cosechadas programa tras programa no hacían presagiar tan fatídico desenlace; ni el más recalcitrante ministerio orwelliano habría osado realizar tal proeza. De esta manada, sin embargo, una puede esperar ya cualquier cosa. La voz de Javier Gallego tiene dos años de desempleo; su respeto a la profesión y la rendición de una multitudinaria audiencia queda para siempre. Crudo, que la radio te acompañe.

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Por

José Miguel Portero García

Está en nuestras manos “Un país, una civilización se puede juzgar por la forma en que trata a sus animales” Mahatma Gandhi No ha hecho más que acabar la última temporada de verano, otra más en la que hemos podido comprobar cómo día a día aumentaba el número de animales, sobre todo perros, deambulando por las calles de las ciudades. Los viajes vacacionales coinciden con la edad en la que aquellos animales que fueron el regalo navideño de la familia llegan a su tamaño adulto, y la combinación de esta y otras muchas excusas suele ser el detonante para deshacerse de la nueva “carga”.

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Tristemente, España encabeza la lista de países europeos con mayor número de abandonos, además nuestro índice de adopción fluctúa entre el 7% y el 9%, uno de los más bajos de la Unión Europea. En nuestro país cada año son abandonados unos 200.000 animales, la mayoría de ellos perros y gatos, aunque cada vez está más de moda adquirir como mascota un animal exótico o salvaje. Estos últimos, además, son animales menos adaptados al ámbito doméstico y requieren unos cuidados especiales y esta mayor dificultad a la hora de satisfacer sus necesidades, en muchos casos, acaba con la pérdida de interés y el abandono del animal, lo que contribuye también en cierto modo a la alteración del equilibrio de la fauna salvaje por tratarse de especies exóticas. Muchos de ellos, los más afortunados, acaban siendo adop-

tados, la mayoría en hogares de Alemania, Bélgica, Francia o Italia, países en los que por cultura y concienciación de la población, encuentran lo que no hemos sabido o querido darles aquí. Tal y como nos enseñaba una campaña publicitaria de los años 90, “ellos nunca lo harían”, pero nosotros lo seguimos haciendo, seguimos abandonando animales sin ningún escrúpulo ni remordimientos y viendo como algo normal que haya animales vagando por las calles o cachorros depositados en los contenedores de basura. Llegan a casa siendo cachorros, y sin pedir nada a cambio nos ofrecen su bondad y nobleza, su compañía y su fidelidad durante toda una vida. Pero el sueño acaba para muchos de ellos cuando de repente se hacen adultos, dejan de parecer un “peluche”, necesitan más atención (educarles, sacarles a pasear, darles la atención veterinaria que requieren, etc.), y finalmente acaban sien-

do desahuciados en carreteras y cunetas, abandonados a su suerte, sin que aquellos que un día fueron su familia vuelvan siquiera a plantearse cómo será su futuro. Muchos son atropellados, otros, en el mejor de los casos, recogidos por sociedades protectoras de animales. Actualmente estas asociaciones se ven desbordadas por el gran número de abandonos, algo en lo que también ha repercutido la crisis económica, utilizada por muchos como otra excusa para justificar su acción. En las protectoras, además, aunque los animales tienen cubiertas sus necesidades básicas (alimento y agua), suelen estar en condiciones de hacinamiento, a la espera de ser adoptados antes de que llegue la fecha de su día final, su sacrificio, que a veces es inevitable debido a la gran cantidad de animales que las asociaciones tienen que atender. Los animales son unos excelentes amigos, no tienen prejuicios ni complejos, no nos


juzgan ni critican, son nobleza pura y simplemente nos acompañan adaptándose a nuestras necesidades y estilo de vida, y en muchos casos acaban viéndose recompensados con nuestra traición. ¿Por qué creemos que podemos hacer y deshacer sin ninguna consecuencia?, ¿por qué pensamos que tenemos potestad para manipular las vidas animales a nuestro antojo? En definitiva, ¿por qué los abandonamos? Por otro lado está la responsabilidad de las administraciones central y autonómica, que han elaborado una serie de leyes, reglamentos y recomendaciones de manera errática, sin hacer apenas esfuerzo en que se haga vigente su cumplimiento y cuya violación en muy contadas ocasiones conlleva una sanción. La solución que actualmente ofre-

cen las administraciones son las “perreras municipales”, en las que los animales, transcurrido un tiempo sin que sean reclamados por nadie (normalmente quince días), son sacrificados. Esto no supone una solución real pues conlleva un inútil gasto de mantenimiento para la sociedad, pues finalmente muchos acaban siendo sacrificados. La verdadera solución debería pasar por la realización de campañas de concienciación de la población, campañas de subvenciones para esterilización, un control más estricto sobre el cumplimiento de la legislación (identificación de los animales, controles periódicos de esta identificación, etc.), así como una política más restrictiva para la reproducción, importación y venta de animales.

En el banquillo

Es indudable que la adquisición de una mascota para el hogar debe ser una decisión muy meditada entre todos los miembros de la familia, ha de hacerse de manera responsable y consensuada, pues no estamos hablando de una bicicleta o una videoconsola que se le regale a un niño para reyes y se pueda dejar en un rincón olvidada al desvanecerse el interés inicial por la novedad. Se trata de seres vivos que comparten nuestras vidas durante varios años y nos dan muchas cosas buenas, pero eso sí, también requieren una serie de cuidados (paseos, afecto, atención veterinaria, etc.), por lo que es necesario valorar los pros y contras, y en caso de tomar la decisión, comprometerse con una tenencia responsable.

por Manuel J iménez Bascón

Precedes, fiero IN, al insensible, injusto, infeliz e inadaptado. Y ayudas con infamia al juez togado que intolerante presume de inflexible. Formas indigno, aceptas indecible, creas ingrato al par que inapropiado, aplaudes incivil e inadecuado, formas infiel, inútil, imposible. Por admitir que exista el indecente, por tachar al cabal de innecesario y provocar que se sienta incompetente. Por dar pie a este mundo insolidario, Infame, incapaz e intransigente: “Te condeno a salir del diccionario”

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Cipión A favor de la inde pendencia de Cataluña

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Querido Berganza, el hecho de que Catalunya tiene una historia, una cultura, una lengua y una trayectoria diferenciada de otros pueblos del Estado español me parece algo innegable. Catalunya ha sido además una entidad jurídica independiente de los reinos peninsulares durante parte de la Alta Edad Media, cuando estaba ligada al Rosellón y al reino de Francia. Por tanto, hablar de independencia de Catalunya no es ninguna sorpresa desde el punto de vista histórico. Estos hechos diferenciales son más que suficientes para aspirar a constituir un Estado-Nación moderno. Estas razones de corte historicista no son las más importantes. Creo que el principal motivo es la voluntad legítima y democrática de una mayoría de los catalanes de formar un Estado propio. Especialmente cuando durante los últimos años no se ha comprendido desde Madrid la voluntad de aumentar el autogobierno en el marco legal español. El primer Estatuto de autonomía no pudo ser completado por la falta de voluntad de diferentes gobiernos españoles. El nuevo Estatut, aprobado según todos los trámites que marca la Constitución española, ha sido

recortado severamente por el Tribunal Constitucional. Este hecho trasciende lo meramente jurídico y en Catalunya se entiende como un truco desesperado de última hora para lograr lo que no se ha podido ganar en el juego parlamentario. Ahora, la petición de un pacto fiscal que resuelva de una vez por todas la falta de financia-

c i ó n de Catalunya ha sido tajantemente rechazada. Catalunya supone una quinta parte del PIB español y su aporte de impuestos a las arcas es el más importante para la Hacienda central. Sin embargo, la tasa de inversión del Estado central es mucho menor que en otras Comunidades Autónomas. Esta falta de infraestructuras ha debido

ser compensada por la Generalitat, de ahí su abultado déficit público. En definitiva, todos los intentos de mantener a Catalunya dentro de la estructura estatal de España han sido boicoteados por los propios gobiernos españoles tanto en el plano político (Estatutos) como en el económico (financiación y pacto fiscal), pero no por independentistas catalanes. Este sentimiento de desprecio ha potenciado la sensibilidad nacionalista y ahora sólo la independencia es el camino que se vislumbra. El método elegido debe ser la salida pactada y negociada de España como primera opción. Ahora bien, si nuevamente Madrid cierra todas las puertas a la voluntad del pueblo catalán, la independencia debe ser unilateral, aunque esto no quepa en el ordenamiento jurídico actual. Después de años de encontronazos y cierres en falso es momento de que se corte un lazo que no es cómodo para ninguna de las partes. No será fácil, pero la voluntad de un pueblo en marcha no puede torcerse.


Berganza En contra de la inde pendencia de Cataluña No hay una cosa que me revuelva el estómago más que escuchar a un catalán pregonar que ellos, los catalanes, son los que sostienen con sus impuestos la holgazanería de otras regiones españolas. Y que otro gallo cantaría a los españoles sin los catalanes. Ay, Cipión, ¿cómo era eso de una mentira repetida mil veces…? La unidad territorial de todo un país como España no puede estar acongojada por las alocadas pretensiones del president Mas. Ese héroe que el pueblo catalán ha encontrado en su hégira hacia la independencia, que no es más que otra lata de gasolina arrojada a una nación que arde por casi todos sus vértices. Es la moneda con la que la sociedad catalana nos paga tantos y tantos desvelos a este otro lado de su frontera, desde donde han partido inversiones millonarias que han hecho de Cataluña, junto al esfuerzo de sus trabajadores –es justo reconocerlo-, la zona más próspera del país. En estos últimos 35 años, España ha estado cautiva de Cataluña durante bastantes años. Sí, sí, Cipión, escuchas bien: “ca-u-ti-va”. Cuando los gobiernos nacionales eran gobiernos en minoría en las Cortes, los partidos catalanes –CIU, el primero- se pintaban su mejor

sonrisa, se anudaban la corbata frente a Madrid y ponían la mano. ¿Sabe usted, señor Mas, dónde se limpiaban los mocos los andaluces mientras su partido hacía de mamporrero del gobierno de turno? Y ahora claman la independencia porque se sienten perjudicados… Cipión, mucha saliva la que hay que tragar por esta Españ a que

unieran los Reyes Católicos. La solidaridad interna entre españoles ha contribuido al avance del pueblo catalán. La voraz industrialización que el país entero toleró en Cataluña se hizo en base a un lógico principio de solidaridad que unas veces te da y otras veces te quita. Y en mi opinión, amigo, a los catalanes esa solidaridad de la que hablo, les ha dado más que lo que les

ha quitado. Te hago un símil futbolístico y pongo como ejemplo el equipo con el que los catalanes alcanzan el orgasmo desde las gradas, cada vez más politizadas, del Camp Nou. Si Messi es el bueno del equipo es porque se lo curra, sin lugar a dudas, pero también porque otros se sacrifican por él, para que triunfe su estilo de juego. No sería justo que, después, Messi se llevara la copa de campeón a su casa, arrebatándosela al equipo. No sería justo que Cataluña se pase ahora por el forro del refajo de la Moreneta ese reparto de esfuerzos. Aquí todas las comunidades estamos en fila india, temblando de frío, esperando las migajas que suelta la “rica” Cataluña. Se autodefinen como los ricos de España y resulta que están endeudados hasta las cejas. ¿Eso también es culpa de los españoles? ¿España es responsable de las barbaridades pagadas a toca teja del tripartito? Si los gobiernos catalanes hubieran sido más responsables en su gestión, ahora no estarían metidos en ese callejón sin salida que es el debate de la (absurda) independencia. 11


Recomendación

por Virginia Polonio

El hijo pequeño de la poesía española Dicen las mentes racionalistas que la suerte no existe, que la creencia en la suerte es el fruto de un razonamiento pobre o un pensamiento ilusorio. Sin embargo yo creo que fue la suerte la que aquella mañana de mayo depositó en mis manos aquel libro: Marea Humana se llamaba, Benjamín Prado era su autor. Y estoy convencida de que fue la suerte la que condujo a un Benjamín de 18 años a entrar en aquel bar y que allí, por casualidad, en la silla contigua, estuviera sentado Rafael Alberti. Para este poeta, ensayista, novelista, articulista y biógrafo madrileño, su amistad con Alberti y a la vez su admiración por este poeta supuso el principio de su carrera como escritor, y así lo establece en su obra Lo que canté y dije de Rafael Alberti: “Llegaste entonces, tus ángeles dejaron su oro en mi vida”.

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Para mí, el descubrimiento de este poeta español hizo que aumentara mi interés por la poesía. Todo ocurrió en la Feria del Libro de Málaga, cuando tres compañeras de universidad prometimos pasarnos el libro que habíamos obtenido como premio en un concurso de poesía que se celebraba en la primera caseta de aquella feria. Pero el libro no se movió de mis estanterías, quizá porque mis amigas se olvidaron de pedírmelo, quizá porque al abrir las tapas de Marea Humana hubo algo que me sorprendió y no quise desprenderme de él. Y es que la poesía me tenía acostumbrada a temas como los amores imposibles, la llegada

de la muerte o la belleza de un paisaje, hasta que me topé con la última obra poética de Prado. En 90 páginas se recogía una marea, un cúmulo de descripciones del ser humano, ya que cada poema estaba dedicado a comportamientos humanos: El avaro, La rencorosa, La misteriosa, El terrorista o El optimista son algunos de los títulos de estos poemas. La temática que aborda este escritor en sus obras es una de las características que hace especial la poesía de Benjamín. En títulos como Iceberg, Corazón azul de alumbrado o Todos nosotros podemos observar que su inspiración se puede situar en lugares tan distintos como un jardín o un concierto de Aerosmith. En sus poemas, el lector se puede percatar de que sus reflexiones abordan todo tipo de temas, puede admirar la belleza del sol desordenándose en la carrocería de los automóviles o saber que una rosa blanca esconde un trazo de paloma, el arte de realzar lo bello y de convertir en bello lo banal del paisaje urbano. En su vocación por la escritura, Benjamín Prado ha conseguido lo que todo escritor desea, y es hacerse un hueco

en el mundo literario y tener un toque personal, destacar entre el resto. Sin embargo, este escritor se autodefine como “un monstruo de la poesía”, una especie de Frankenstein literario que está formado por un ojo de Neruda, un oído de Alberti, el otro ojo de Lorca o la boca de Octavio Paz. Y es que leer a Prado no es leer únicamente a Prado. Benjamín ha bebido de muchas fuentes literarias y a menudo le gusta compartir sus conocimientos con el lector, pues en sus poemas incluye de manera íntegra multitud de versos de los poetas que le han influenciado, haciendo su obra mucho más enriquecedora. Escritor de canciones de Sabina y experto recitador de poemas, Benjamín Prado es una de las figuras más relevantes dentro del panorama literario actual. Su poesía no es mera descripción sino que tiene la capacidad de hacer razonar al lector. Esto hace que Benjamín se engrandezca como escritor, pues los grandes escritores son los que te enseñan a pensar y hoy en día el hecho de pensar es un lujo en un mundo en el que solamente hay tiempo para actuar.


por José Marcelo García J iménez0

Ensayo estoico (extraído del poemario del mismo título) CONOZCO las grietas de esta calle como si fuesen mías. Tiras de cemento superpuestas unas a otras, parecen de plastilina. Las mujeres hablando, las paredes blancas con macetas colgadas, el sol subiendo la cuesta, iluminando. Aquí no se lee a Tom Clancy, aquí, a quien se le hace caso es al cura, en la misa de diario. LAS CARAS DE LAS VIEJAS son para enmarcar. Siempre se quedan mirando como queriendo decir: estoy aquí, tengo setenta años y estoy aquí, exijo respeto y paciencia. Hoy no estoy para paciencias, llego tarde, debo coger el metro. LA ALTA TEZ del sol que ilumina las vanguardias se está nublando. Involucionamos hacia las papalinas, el aceite de ricino, el embudo de las flaquezas trabaja a destajo para borrar las sombras de un pasado mezquino, un recuerdo blando. No he conseguido traicionarme todavía, sigo luchando.

María Vergillos “La mina del rey moro”

SIEMPRE ME DUERMO a las siete de la tarde, da igual verano o invierno, es la hora del sueño. El cuerpo parece pedir una inflexión en la recta vida que lleva, cruzado siempre de brazos, con la espalda fría como el invierno. A las siete de la tarde, sin embargo, un día de mayo amanece. EN CUATRO HORAS soy capaz de aprender la mejor historia y en las cuatro siguientes, aunque la olvide, rumio sus enseñanzas. En cuatro minutos le hago frente al panadero que quiere cobrarse las deudas de la semana, pero la semana que viene, volveré a deberle. En cuatro segundos... a veces no soy capaz ni de contarlos, en cuatro segundos que vuelven uno tras otro, en cuatro segundos pierdo la calma.

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por Andrés Núñez Ruz

Los banqueros y sus hijos primero. Es la hora del sálvese quien pueda mientras aún toca la orquesta. No hay botes para todos y con nuestros billetes de tercera tras las rejas vemos cómo embarcan los ricos; estén tranquilos y esperen su turno, nos dicen, mientras el agua nos llega a las piernas. Lo primero es salvar a los banqueros que nos pusieron el iceberg en la proa, después a sus hijos; ustedes lo votaron, y si queda tiempo dejaremos saltar por la borda a los de tercera. Y siguen los botes embarcando medio vacíos mientras la plebe espera y se resigna, esto me pasa por mi avaricia, por querer mejorar mi vida en América. Se salvan los ricos y no salen las cuentas. Soñar es gratis y yo sueño que salimos de la crisis, no porque nos saquen los políticos ni los banqueros, sino porque los ciudadanos de una vez por todas consigamos que dejen de engañarnos. Que haya listas abiertas para que votemos a personas y no a partidos, a ver si algún parado votaba a la Fabra. Se empeñan en sacarnos la sangre como los médicos medievales y, cuando ven que el paciente no mejora, dicen: de trasfusión nada, eso es que hay que seguir sacando sangre. Ese es el bucle en el que andamos metidos; todo se reforma para que no cambie nada.

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Para salir de la crisis hay que tomar medidas valientes e innovadoras, nos dicen. Que llamen como quieran a su mierda, pero que no quieran que yo me la trague aunque ya me la estoy tragando. Gastamos menos que nadie en educación y sanidad, nuestros sueldos y

pensiones son de los más bajos de Europa y aún son capaces de decirnos que el estado del bienestar es un lastre. Mientras tanto, siempre hay dinero para echarle una mano a un banco, antes con dinero del FROB que del rescate europeo, que los trapos sucios mejor lavarlos en casa, donde los mismos corruptos que se llevan dinero a espuertas nombran a los jueces. Lo que no se puede seguir manteniendo no es el estado del bienestar sino el sistema profundamente corrupto en el que vivimos. Nuestra separación de poderes es una ficción. Vemos normal que alguien pueda colocar a su yerno en Washington con una llamada telefónica, valga la redundancia, para quitárselo de encima; ex presidentes a sueldo de petroleras, eléctricas y lobbys de la información cuyos objetivos son obtener el mayor beneficio sin ningún escrúpulo y lavarnos el cerebro. A todos los niveles aceptamos que no hay nada mejor que un buen enchufe, lo cual divide la nación en dos clases de ciudadanos: los que roban y los que no pueden. Esto es lo que tenemos que empezar a cambiar, aunque parezca que está intrínsecamente ligado a la condición hu-

mana. Y debemos cambiarlo aunque sea por puro egoísmo, esa es mi última esperanza. Al fin y al cabo los humanos siempre acabamos reaccionando y sintiendo empatía sólo cuando todos estamos metidos dentro del mismo saco. Vivimos tiempos de cambios acelerados, en poco más de 20 años hemos visto caer el telón de acero y lo que parece el colapso del sistema capitalista. Contamos con medios de información o desinformación y libertades que jamás han existido, de nosotros depende elegir y luchar para hacerlos efectivos. Cabe recordar que en 1865 con el fin de la Guerra civil americana se abolió la esclavitud en EEUU, pero no fue hasta un siglo después que se consiguió acabar con la segregación y aún hoy existe mucho racismo. Que nadie espere que el hecho de plasmar buenas intenciones en un papel legal haga cambiar a la sociedad de inmediato, y los últimos recortes parecen llevarnos de nuevo a la esclavitud. A pesar de todo soy optimista, al ritmo que llevamos no tardaremos en tener que enfrentarnos a un cataclismo ecológico planetario del que no se podrán salvar ni los pasajeros de primera con todo el dinero del mundo. Entonces aflorará el “altruismo” de los ricos y dejarán de pensar sólo en pagar menos impuestos y salarios, lo que haga falta para salvar el planeta dirán, y de paso yo mismo. Será cuando rememos todos juntos sin saboteadores y al menos tendremos una oportunidad de salvarnos.


por Juan Antonio Prieto Velasco

De la universidad doméstica a la Universidad que podría haber sido Ahora que empiezo a escribir este artículo, me asaltan dudas sobre el asunto que quería abordar. No sé cómo tejer los pensamientos que van apareciendo en mi cabeza, últimamente aturdida, para hilar un texto coherente, pero intentaré que mi reflexión se lea lo más clara posible. La actualidad política nos ofrece una infinidad de posibles temas y, de hecho, la situación de las universidades públicas es uno de esos que los avezados periodistas llamarían candente. Pero no es mi intención dar cuenta de cómo afectan las reformas, ajustes, medidas de austeridad y no sé qué otros eufemismos a las universidades. Es mi reflexión personal la que quiero compartir sobre la Universidad y la Educación con mayúsculas, la cual surge de mi yo más íntimo, de mi vocación profesional. Nuestros padres han querido para los hijos la formación al más alto nivel que hayan podido procurarles, negándose a sí mismos demasiados caprichos de los que nosotros sí hemos podido disfrutar; tratando de facilitarnos una educación de calidad a la que seguramente muchos de ellos no llegaron, si quiera, a tener acceso. Supongo que en ese instinto de lo que llaman paternidad y maternidad está el allanar el camino de los hijos, por ejemplo al mercado laboral, con el fin de garantizar su supervivencia cuando los designios de la naturaleza dejen a los hijos sin sus progenitores. En eso, como en otras muchas cosas, los padres son los prime-

ros educadores de su universidad doméstica. Los que profesionalmente hemos elegido el privilegio de educar para hacer de él nuestro trabajo, nos limitamos, en comparación, a transmitir conocimientos, con frecuencia, mucho más intranscendentes e irrelevantes que el saber que nos han legado nuestros padres. De hecho, la Universidad nació con esa vocación, la de preparar para la vida; si bien, es lógico que la vida en la Baja Edad Media era bien distinta de la vida para la que hoy deben prepararse nuestros jóvenes. O quizá no tanto. En poco tiempo veremos muy menguado el número de alumnos que frecuentan nuestras aulas; solo aquellos a quienes el mecenazgo de su estirpe logre auparlos hasta la Universidad conseguirán el éxito y el reconocimiento, primero social, luego económico. Mucho ha cambiado, no obstante, la enseñanza universitaria, para bien obviamente, desde la Baja Edad Media, si bien últimamente lo que veo cada día en los pasillos, despachos, oficinas y demás otras dependencias universitarias se va pareciendo peligrosamente a esa universidad por la que tantos han luchado para que fuera pública y para todos. Ni Bolonia, ni el €€€$, ni

los ECTS (Estudia, Cabrón, Tú Solo). La Universidad de hoy se la debemos a una extensísima comunidad de docentes que se ha dejado la piel en la investigación, en la innovación docente, en su propia formación instrumental y tecnológica a través de un calvario de evaluaciones externas, acreditaciones, concursos de méritos, oposiciones, tramos docentes y de investigación, etc. Los profesores universitarios (asociados, ayudantes y contratados doctores, titulares y catedráticos) no solo han visto mermados sus sueldos, sino lo que es más grave, han visto recortada su vocación de educar. Nos pasará factura, eso no lo duden, y será entonces cuando recordemos que otra Universidad habría sido posible.

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Humor

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por José Manuel Márquez “mane”.


por Óscar Marcos

La locura del fanatismo En estos días es triste y aterrador comprobar cómo aumenta el fanatismo religioso en el mundo islámico en contra de Occidente, con las protestas violentas en muchos países musulmanes por un polémico vídeo que ridiculiza al profeta Mahoma. La secuencia es simple y terrible: en marzo de 2011, Terry Jones, un bigotudo pastor evangélico estadounidense con pinta de matón del Oeste, quema públicamente en su iglesia un ejemplar del Corán y lo difunde por Internet, provocando la ira y la violencia de muchos musulmanes por todo el mundo. Ahora, aprovechando el aniversario de los terribles atentados contra las Torres Gemelas de Nueva York y también el inicio de la precampaña electoral en la que está en juego la reelección de Barak Obama, el mismo Terry Jones, según ha publicado el prestigioso rotativo estadounidense The Wall Street Journal, parece estar detrás de la financiación de una película titulada sarcásticamente “La

inocencia de los musulmanes”, cuyo tráiler colgado en Youtube ha provocado de nuevo una ola de protestas con manifestaciones violentas y asaltos a embajadas y consulados occidentales en distintos países musulmanes como Egipto, Yemen, Túnez, Líbano, Indonesia o la Franja de Gaza (Autoridad Nacional Palestina), y que se ha cobrado víctimas mortales en el caso de Libia (donde el embajador estadounidense fue linchado) y también en Afganistán (donde se han recrudecido los ataques a los militares occidentales allí desplegados y donde han muerto un mínimo de nueve militares). Estas protestas están siendo dirigidas por algunos líderes también religiosos y muy fanáticos que propician con sus incendiarios discursos la violencia por la afrenta causada al profeta Mahoma, que en el fondo justifican en la defensa de la fe islámica como algo absoluto, eterno e incuestionable a través de la idea humana más básica y violenta: la ira. Puede que se imponga la cordura y estas protestas mengüen poco a poco, pero también cabe la posibilidad de que la fractura entre Oriente y Occidente sea cada vez mayor y profunda, provocando más violencia y venganza, que es lo que buscan los extremistas, creando bandos simples y absolutos: “los musulmanes” contra “los occidentales” y viceversa. Por todo esto, es necesario hacer una reflexión y abrir un debate serio tanto en el mundo islámico como en Occidente que analice todo esto, más si cabe en unos países árabes como los del arco

mediterráneo donde se están produciendo esperanzadores procesos de democratización inéditos en los últimos 50 años. Y en este coloquio, que es cada día más necesario para que nos entendamos los unos y los otros, hay que decir que no somos tan distintos, que se puede y se debe ejercer la crítica pero no el insulto y nunca la venganza ni la violencia. Porque si se busca el enfrentamiento y la violencia, los únicos que saldrán ganando son los manipuladores, los fanáticos y extremistas de uno y otro lado, que sólo buscan su propio beneficio ganando creciente poder en la conjunción de desorden y disturbios a través del peligroso cóctel de la demagogia y del populismo, buscando o fabricando enemigos para fortalecer su propio liderazgo con una visión fanática de la religión. Con todo este triste panorama sólo me cabe hacer proselitismo de la tolerancia religiosa, que en nuestra tierra hace siglos ejercieron tan bien los Omeyas, recomendando además la lectura de un inteligente e irónico escritor hindú-británico llamado Salman Rushdie, que en breve va a presentar sus memorias donde señala que hoy día sería mucho más difícil publicar su polémico libro “Los versos satánicos” que hace 20 años. Y lo dice alguien que sigue estando condenado a muerte por el simple hecho de escribir libremente. Si es así que estamos peor, de todos nosotros depende revertir esta locura de situación.

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Se ptiembre Como era de esperar, las cosas se retrasaron. Y no una, ni dos, ni tres; sino ¡tres horas! El instituto, aún en reformas, se llenaba poco a poco de pésimas esperanzas, nervios y raras conclusiones. ¡Vaya ejemplo de administración! Por los pasillos, los futuros (y aun anónimos) ex alumnos, yacían en vilo. Se amontonaban en los bancos, las escaleras e incluso tirados por el suelo. El insolente tic-tac resultaba peor que la gota china. En la puerta, otros pocos condenaban sus pulmones a un cigarro tras otro más una nula conversación. Sólo rasquiñas, caladas y miradas de complicidad. Precarias llantinas y estados bipolares de ánimo. Tan solo un par de ellos parecían estar más tranquilos de lo habitual. A saber por qué. Entre ellos Miss Heartless. No sé si por la falta de corazón o por la satisfacción de su esfuerzo. A decir verdad, había condenado su eterno verano a la biblioteca y a los sábados entre apuntes. La única razón: desacato a su propia autoridad. Por esa maldita enfermedad que hace confundir a los alumnos el verano con el invierno (creo que debería de estudiarse como una plaga).

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Mientras los demás se divertían pegando saltos en la discoteca o bebiendo cubatas en el botellón, ella y su amiga pasaban horas asaltando la nevera e intentando comprender el temario que le había tocado a cada una. Lo único que no había cambiado es que, a fin de cuentas, los sábados volvían ciegas a casa.

por Alba Delgado

Antes de seguir, debería hacer una advertencia: ESTUDIAR PERJUDICA SERIAMENTE LA SALUD. Veamos el siguiente caso. Cuatro de la mañana: un estudiante con pendientes para septiembre y alguien que opta por irse de botellón. Ambos están ciegos. El estudiante, vuelve solo a casa. Al borracho le acompañan sus amigos. El estudiante no tiene con quien arreglar el país en esas profundas charlas económicas (sin duda, las más elocuentes de nuestra época). El borracho encuentra innumerables soluciones a la crisis. El estudiante se siente pesado y aturdido. El borracho se siente liviano, divertido y capaz de cometer cualquier delito que la moral exija. El estudiante se siente cada vez más estúpido y acomplejado por sus conocimientos. El borracho se siente cada vez más inteligente. El estudiante está cada vez de peor humor. El borracho, cada vez más gracioso. ¿Queréis más datos? En aquel instituto de Madrid, la noche del cinco de septiembre se venía encima. Las notas no aparecían en el tablón, los profesores no eran capaces de abrir la boca. Otra vez el tic tac, la rasquiña, las miradas de complicidad, el morderse las uñas, la sensación de haber aumentado la fuerza de gravedad de la tierra. Todos se miraban. Todos se retorcían en sus mismos nervios e incertidum-

bre. Hasta que marcaron las nueve menos diez de la noche (cuando se había previsto todo para las seis menos cuarto). ¡Vivían de milagro! Por fin, el jefe de estudios cuelga unos papeles en el cristal. Las notas. A Miss Heartless se le vino el mundo encima. ¿Habría valido la pena el esfuerzo? Le temblaban las piernas, el sudor le caía por detrás de las orejas. Tenía el rostro pálido. El corazón en un puño. Los resultados de su clase, para no variar, los últimos. Aunque dicen que vale la pena esperar. Entre la aglomeración de compañeros tristes y contentos, pudo acercarse a su nombre. La sentencia final. Dos cincos como dos soles, los más bonitos de la historia. Aunque esperaba algo más. Sin embargo, terminó de comprender una frase a la que nunca había querido prestar atención: “La suerte sólo te ayuda a caminar si tienes el valor de dar el primer paso”.


por Ramón Núñez Arjona

¡Santiago y cierra España! Hay mañanas en las que, como la de hoy, cuando me despierto y enciendo el transistor “de toda la vida” con el primer desperezo sufro una chaparrón de voces disonantes que, con un huero y maquillado lenguaje más falso que los ojos de Espinete, llaman desde las ondas al ser anónimo, más o menos subrepticiamente, o bien a la unidad nacional, o bien a la secesión de la nación española, o bien a la disyuntiva del federalismo simétrico/ asimétrico, más otras lindezas de coherencia dadaísta y silogismos varios de taberna tales como: “Todo ciudadano de Cataluña o es español o es catalán; es catalán, luego no es español”. “Todo ciudadano del Reino de España o es español o es español; es español, luego no “no es” español”. “Todo ciudadano de este país o es de donde nace o es de donde pace; es de donde quiere, luego ya se verá de dónde pudiera ser y si me conviene”. Y así, como gira la peonza y canta Sabina, nos dieron las diez y las once, las doce y la una y las dos y las tres… Por lo que, intentando evitar quedar iluminado con tanto mantra radiofónico que centrifugue mi idea de España, doy una patada amable a la sábana, estiro las piernas, guiño al reloj y mi “horario biológico” me dicta que aún no toca poner los pies sobre la tierra. Cierro los ojos lánguidamente y… Camino por tierras áridas, duras y agrietadas por la sed, tremendamente solo, sin sombra. Siento una ligera templanza entre los dedos de mis pies, cuando al bajar la mirada me veo descalzo con la naturalidad de un niño a la orilla del mar. El

horizonte se curva tan en exceso que no logro descubrirlo, ni me interesa. O eso sospecho. No, no me creo, me he dejado engañar, la verdad es que no camino, todo este tiempo he permanecido inmóvil de hombros hacia abajo, al igual que un faro intentando deslumbrar una niebla tan espesa como la duda. Sin resolver nada. Reconozco que estoy perdido en una tierra que me arraiga. Una sombría sed sabor a tierra me sube por las piernas hacia la garganta, hasta llegar a mi surcada lengua. Cuando, inesperadamente, una fresca y ligera llovizna de nube ninguna acaricia mi cuerpo, haciendo, a su vez, de la tierra seca vivo barro. Mis pies, casi quebrados, en él se circunscriben y reafirman; mis ojos, esperanzados, voy cerrando plácidamente como una flor de loto en la noche, sumergiéndome en lo más profundo de mi mismo, mientras me interrogo: ¿qué es de España…? De repente, una fanfarria electrónica me destroza los tímpanos y bruscamente me rescata del sueño como si en él me estuviera ahogando. Giro la cabeza hacia el maldito instrumento, apretando de un manotazo todos los botones para asegurarme el acierto. Y, por cierto, me afirmo, “hay que ver lo que cunden cinco minutillos, ¡uff!, vaya paranoia de sueño”. Con todo este ajetreo matutino de despertar sobresaltado, no me había dado cuenta que la radio seguía encendida, continuando su emisión sonora como el prolongado discurrir del agua. Afino el oído, y ahí siguen con que si “España se rompe”, “nosotros no somos España”, “la España de la transición”,

“en España sí, pero no”, “España frente a Europa”, “la historicidad de la Comunidades Autónomas”, “nacionalismo de estado versus nacionalismos periféricos”…¡¡Se acabó!!, y dibujando un tirabuzón con el dedo índice enmudezco, de inmediato, a la multitud tertuliana. Esta gente, al igual

que muchos políticos, parece que cada mañana descubren el mundo; pero, en lugar de buscar soluciones, interesa más abonar con estiércol la historia que se repite, pues algún beneficio particular-partidista traerá el hurgar en la sentina de este viejo rojigualdo navío embarrancado, que no hundido. Así, no es de extrañar que con toda esta humana canallesca repartida por la piel de toro, lo que a uno le venga en gana sea gritar aquello, tantas veces leído, de: ¡¡Santiago y cierra España!! Y ver surgir de entre las nubes sobre un fondo azul, dominando a su albo y gallardo corcel, a nuestro Santiago Matamoros repartiendo mandobles, a diestro y siniestro, contra tanto vil y despreciable ser que usa a España como burda moneda de cambio. ¡¡Santiago y cierra, España!!

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CONTRAPORTADA

El coloquio de los perros

VIAJE A ITALIA III Quien viaja por Italia sin coche y sin autobús agradece mucho el ferrocarril y sus miles de kilómetros de vías férreas. Italia tiene unos ferrocarriles que, si bien no vuelas, por lo menos te llevan a cualquier destino y ciudad. Con esta base, todos los días nos tocaba la lotería de un viaje. Uno de ellos fue a la ciudad de Caserta y a su famoso e inmenso palacio real construido por Carlos III. El palacio es como una pequeña ciudad. Pasillos, escaleras, habitaciones, estancias y cientos de muebles y objetos barrocos y rococos, sobresaliendo en ellos los dorados tan al gusto de aquella época. El elemento constructivo que más destaca en este edificio es la grandiosidad. Si el palacio es un encanto -excepto para los criados-, sus jardines superan esta fastuosidad. Son varios kilómetros de frondosos jardines, partidos estos por un interminable estanque, con sus cascadas y sus esculturas neoclásicas a lo largo de los varios tramos del estanque. Este termina, o mejor dicho, comienza, cuando el cansancio se ha adueñado de nosotros, en una gran cascada que sale de unas piedras con una altura de setenta y ocho metros. El agua es llevada mediante un acueducto. Es una obra de ingeniería y de arte espectacular. Tan así es que el palacio, sus jardines y el acueducto son patrimonios de la humanidad. Volviendo sobre nuestros pies y sobre nuestros raíles, de vuelta a Cassino, transcurrió ese día.

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La siguiente jornada nos tocó visitar una ciudad que llevaba en la cartera de la ilusión: Pompeya. De los libros, de las revistas y de los documentales, poseía una visión segmentada de Pompeya. Este viaje era el pegamento para unir esos segmentos. Pompeya no

Por Ángel Márquez

me defraudó nada, más bien todo lo contrario. Pompeya contiene el encanto de lo eterno, el poder de una máquina del tiempo. En Pompeya, la imaginación no tiene que trabajar mucho, vuela sola por la calles de adoquines, donde las huellas de los carros han dejado su firma. A pesar de que Pompeya tiene unos “poquitos años”, es una ciudad moderna. Estoy seguro que algunos ingenieros, arquitectos y urbanistas han tomado lecciones de esta ciudad. Las aceras son altas para que solamente fueran dominio de los “peatones”. Existen unos pasos, llamémosles de cebra o de jirafa para cruzar de una acera a otra salvando el desnivel entre ellas. La unión de la acera y de la calzada lleva una canaleta para recoger y reconducir las aguas (este tipo de canaletas hace muy poco tiempo que se colocan en nuestras ciudades). Cientos de casas típicas romanas con sus fuentes, sus patios y sus estancias completas nos trasladan a la vida cotidiana de hace casi dos mil años; casas señoriales y casas más modestas, casi todas adornadas con pinturas al fresco, y suelos de bellos, matemáticos y artísticos mosaicos. No faltan los campos de cultivo y las vides, los

molinos de trigo y aceite, sus necrópolis, sus baños públicos, las casas de prostitutas y su grandioso foro. Cuando terminé de ver Pompeya y de recoger mi imaginación me quedé con esta pregunta duda. ¿Seguro que después de dos mil años hemos avanzado? Otra vez en el tren y con dirección al norte de Italia, nos fuimos a visitar una bella ciudad: Trieste. Trieste se encuentra en el extremo oriental de su homónimo golfo, muy cerca de la frontera eslovena. Es una ciudad muy comercial e industrial debido a su situación estratégica y a su puerto. Durante una época perteneció a Austria y este hecho queda reflejado en muchos de sus monumentos y edificios, que contienen acento centroeuropeo. La plaza de la Unidad Italiana se asoma al mar. Es una plaza digna en sus proporciones. Trieste posee, como otras ciudades que se asoman al mar, el encanto de la mirada que se funde con el horizonte.

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El ladrío otoño 2012  

El Coloquio de los Perros es la Novela Ejemplar cervantina en la que aparecen Montilla y Las Camachas. Sus protagonistas, dos canes, Cipión...

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