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Año III - Número 10. El Ladrío

El Coloquio de los perros es la Novela Ejemplar cervantina en la que aparecen Montilla y la Camachas. Sus protagonistas, dos canes, Cipión y Berganza, también pretenden serlo de nuestra revista. En cada número, a través de sus reflexiones y posturas en páginas centrales, uno a favor y otro en contra, iremos tratando temas de interés para nuestra sociedad. Esta sección, junto al editorial, los resúmenes de nuestros coloquios, el cómic, los artículos de opinión (ladridos perrunos de nuestros socios), el comentario especializado de un invitado y el cuestionario montillano son los que irán rellenando de contenido, número tras número, y esperemos que por muchos, este Ladrío nuestro y vuestro.

El Ladrío Año III, Nº 10 Invierno 2004 Depósito legal: CO-1.182-2004 Tirada: 500 Ejemplares

El Ladrío es una publicación plural y abierta que no hace necesariamente suyos los artículos y comentarios que en ella puedan aparecer.

sumario Imagen de Portada: Miguel Ángel de la Fuente citofono@hotmail.com


Editorial La Navidad y el final de un año son siempre buenos momentos para hacer balance de cómo han transcurrido nuestras vidas en los últimos doce meses. Si echamos la vista atrás, en este año 2004 ocurrieron grandes acontecimientos: el desolador 11-M, el cambio de gobierno, la reelección de Bush, la sangría interminable de Iraq, la muerte de Arafat, la presentación del plan Ibarretxe, la boda de Felipe y Letizia…; son tantas cosas las que nos han pasado. Sin embargo, más allá de estos hechos que pasarán a la Historia, a nosotros, simples montillanos de a pie nos ha tocado vivir una realidad más convencional. Así, en este año que termina, los ciudadanos normales hemos convivido con las subidas escandalosas de la vivienda, la indecencia continua de los malos tratos, las autovías que nunca se acaban, el estado lamentable del sistema educativo, la telebasura, los incesantes accidentes laborales… La Asociación Cultural “El coloquio de los perros” no ha sido ajena a estos asuntos de actualidad y, a través de estas páginas, ha tratado (en la medida de nuestras posibilidades) de informar, opinar y hacer reflexionar a todos los montillanos acerca de los problemas que nos afectan más directamente. También han sido estas páginas la voz de ciudadanos que no son miembros de nuestra asociación pero que han colaborado con sus artículos en la publicación de “El ladrío”. El Coloquio lleva ya tres años realizando sus actividades y creemos que todos los montillanos nos conocen en mayor o menor medida. Una de las más significadas es nuestra Cata de vino dirigida para jóvenes, dedicada este año a conmemorar el centenario del Quijote. Dirigida por Miguel Cruz en el salón Don Ramiro, degustamos nuestros vinos generosos (gracias a todas las bodegas colaboradoras) y disfrutamos de la actuación (un año más) del humorista Tappy (que este año vino acompañado por otros dos monologuistas, Mel y Javi Nemo). Aunque pequemos de soberbia, la asociación se siente muy orgullosa del éxito de público (320 asistentes) y sentimos que mucha gente se quedara sin entrada. Esperamos que los montillanos también participen con tanto interés en nuestras futuras actividades de 2005. Por último, os damos un pequeño consejo: dijo el director de nuestra Cata de vino que el cava y las bebidas espumosas no son buenas para terminar una comida; que era mucho mejor un vino dulce sin gases ni porquerías. Por tanto, este año, nos hemos propuesto que las celebraciones las haremos con un buen Pedro Ximénez de nuestra tierra y no con cavas, sidras y sucedáneos. A modo de despedida quisiéramos desear a los que habéis tenido un buen año 2004 que lo repitáis (y mejoréis si es posible); y a los que queréis que pase por fin este año, no perdáis la esperanza, todo cambia y ¡no siempre os va a tocar a vosotros lo malo! Para todos nuestros lectores y amigos: cuidaos mucho este próximo 2005.


El coloquio y sus lectores

Llegamos, pues, por nuestras jornadas contadas a Montilla, villa del famoso y gran cristiano Marqués de Priego, señor de la casa de Aguilar y de Montilla. Alojaron a mi amo, porque él lo procuró, en un hospital.

Imaginemos la siguiente situación. Corre el año 15.. y a Montilla se acerca, después de un periplo por los alrededores como recaudador de impuestos, el joven Miguel de Cervantes. Pongamos que llega desde el camino que viene de Granada y Castro del Río, entrando, por tanto, por la zona más principal y noble de la villa. ¿Cómo era la Montilla que conoció este personaje? ¿Qué vio a su llegada? Estamos en la segunda mitad del s. XVI. Ahora corren buenos tiempos. La familia nobiliaria, los Fernández de Córdoba, tiene más poder que nunca hasta entonces y eso se nota en la evolución que la población está siguiendo en estos últimos cincuenta años. No importa que la fortaleza que fue ya no lo sea. Las guerras han terminado y ahora cobra importancia el Humanismo llegado de Italia y todo lo que ello conlleva. Es por eso que pocos años después de la famosa demolición del castillo (se habló del tema en más de una crónica), la familia, una vez recuperado el favor real, optó por construir un palacio en un lugar distinto, y para ello, nada mejor que la llanura que, extramuros de la población, mira hacia el camino de Granada, y hacia las tierras altas de la sierra, donde tan buenos cultivos y caza se dan. Un sitio ideal, en parte para recoger la luz del sol durante la mayor parte del día, bien comunicado, bien ventilado, el mejor lugar para una noble construcción como la que esta

pretende ser. El complejo palacial aún está en construcción en algunas de sus partes y no ha alcanzado la que será su forma definitiva, pero, viniendo incluso desde lejos, ya se observa bien la traza de lo que pretende ser. Cervantes enfila el último tramo del camino, ligeramente pendiente y pasa por una cruz esbelta que se alza sobre pedestal a su izquierda. Esta es la señal inequívoca de que ya se encuentra a las mismas puertas de la población, y da gracias, porque el camino ha sido duro y se encuentra cansado. Ha tenido oportunidad de refrescarse y descansar conversando con un grupo de campesinos que trabajaban junto al convento de los franciscanos. Justo antes de cruzar la puerta que da acceso al complejo citado, pasa junto a una pequeña ermita, San Blas, donde algunos fieles rezan con devoción. Cruza la puerta y observa de un vistazo el movimiento alrededor del palacio. Hoy ha sido día de mercado y por la explanada se mueven todo tipo de gentes: eclesiásticos, mendigos, pícaros, vendedores que traen sus productos desde las huertas de los alrededores, cuero, lanas, telas, bronces… Cervantes no se detiene demasiado, pues está cansado y con ganas de encontrar posada. Pasa bajo el arco que separa el palacio de los Marqueses del Convento de Santa Clara y continúa su camino. Pero nada más cruzar el arco hay algo que lo detiene. Se siente atraído por el recinto que se esconde tras los blancos muros. Ha oído hablar del convento montillano y sin pensárselo entra en la bellísima iglesia. Lo que ve lo deja gratamente sorprendido. Pero no debe detenerse demasiado y continúa su camino. Sube por una empinada calle, llegando hasta una plaza abierta, donde se encuentra la Casa Consistorial y el mercado de los días ordinarios. Por ahí puede acceder, según le han indicado, a las posadas y mesones. Elige uno, el que le da mayores garantías a la vista y entra. Mientras piensa en pedir algo para llenar el menguado estómago, cae en la cuenta de que allí mismo puede preguntar por una persona a la que desea ver antes de irse de Montilla. Ha oído hablar de Garcilaso de la Vega, un inca llegado desde el Perú y él, deseoso de partir para América, está deseando conocerlo y beber de lo que este pueda contarle sobre las


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maravillas de su tierra. Así que pregunta a la posadera y ¡claro que lo conoce! Todo el mundo conoce al Inca Garcilaso. Vive algo más abajo, en la calle del Capitán, en la casa que fue de su tío. La encontrará fácilmente, porque es una casa grande y noble, hacia el centro de la calle. De todos modos, mañana será otro día. Cervantes está cansado y, aunque aún es temprano, prefiere quedarse en el mesón, dormir algo y madrugar para iniciar su actividad al día siguiente. *********** Con algo de imaginación, aunque no demasiada, esta puede ser aproximadamente la Montilla que encontró Cervantes en su visita en el último tercio del s. XVI. Por la falta de espacio, nos hemos dejado atrás lugares no mencionados, pero importantes y que a continuación citaremos. Podría decirse que el XVI es el Siglo de Oro de Montilla. Está, como hemos visto, bajo el auspicio de la casa nobiliaria de los Fernández de Córdoba, en los últimos años ha atraído grandes masas de población, con lo que esta casi se ha duplicado, con el consiguiente aumento económico que, a las alturas de 1580 ya se hace notar en la villa. Su población la componen hidalgos, clérigos, algunos caballeros y el grueso de la misma, el pueblo llano, en su mayor parte dedicado a las faenas agrícolas. Existen también algunas minorías, judíos, gitanos y moriscos. Pero estas comunidades son poco numerosas, al igual que la de los negros, que se encuentran como esclavos al servicio de la casa de los Marqueses. El término municipal no era ni mucho menos como el actual. No iba más allá de los arcos de la puerta de Aguilar y hasta el final de la calle Santa Brígida. Existía ya, eso sí, el barrio de las Tenerías, aunque su fisonomía era distinta a la actual, pues aún faltaba mucho para que se edificase la Ermita del Santico. Durante todo este siglo, y al abrigo de la prosperidad existente en Montilla se asientan, asimismo, numerosas

órdenes religiosas: franciscanos, cuyo convento fue el lugar que ocupa el actual sitio de la Huerta de San Francisco, agustinos (Iglesia y Convento de San Agustín), clarisas (Santa Clara) y jesuitas, cuyo convento se encontraba donde actualmente se encuentran la Iglesia de la Encarnación y el Pasaje de Loyola, aunque hay que decir que en el caso de este edificio, de nueva planta, no queda nada de lo que fue el convento de esta congregación. La Plaza Mayor (de la Rosa), estaba aún en plena construcción. A un lado, donde actualmente está el Teatro Garnelo, el cabildo. Al otro, la Tercia, aunque esta no era la actual, sino una más antigua, propiedad, como casi todo, del Marquesado. En el lugar donde hasta 1504 se había alzado el castillo, sólo un montón de ruinas y escombros que se estaban aprovechando para numerosas construcciones. Entre ellas, se había visita a nuestra población. Y podemos decir que fue un privilegiado, pues vio la configuración que se estaba ya fraguando como definitiva. Nuestra Montilla, por la que caminamos todos los días, es el resultado de aquella actividad frenética que vieron hombres como Cervantes o Garcilaso. Su configuración actual es aquella y sus monumentos más representativos (a excepción de unos pocos, entre ellos el Castillo), producto del crecimiento de aquellos años. Como vemos, el “problema” de nuestra ciudad no es ni mucho menos la falta de patrimonio. A este, sólo hay que saber apreciarlo y valorarlo en su medida para ser capaces de conservarlo y legárselo a las próximas generaciones como lo conocieron nuestros antepasados.

Mª Luisa Rodas Muñoz Concejal de Patrimonio Histórico del Ayuntamiento de Montilla y Licenciada en Historia


La ¿mala? educación Monólogo cómico de Quique San Francisco El otro día tuve que ir a recoger a mi sobrino al colegio. Y me quedé alucinado. ¿Se han fijado en cómo salen los niños de la escuela? Es algo espeluznante. Salen despavoridos, corriendo en cualquier dirección, como endemoniados, empujándose y gritando… como huyendo de algo, que piensas: ¿qué les harán ahí dentro? Yo recuerdo que de pequeño no salía del colegio de esa forma tan violenta. Francamente, yo la mayoría de las veces… ni entraba. A mí me decían: –Enriquito: si quieres ser un hombre de provecho, vas a tener que estudiar un poco más. Y yo les decía: –Vale, pero si no quiero serlo, ¿puedo seguir como hasta ahora? Pero a ellos les da igual, te cargan con un mochilón… ¡así de grande!, y te dicen que todo eso te lo tienes que meter en la cabeza… ¡Pero qué empeño en meterme cosas en la cabeza! ¿No se dan cuenta de que no cabe? Además, en el colegio se aprenden muchas cosas inútiles. Por ejemplo: ¿para qué se tiran tres meses enseñándote a diseccionar una rana? Coño, ¡que te enseñen a pelar una gamba! ¿Y las matemáticas? Para empezar, te enseñan los conjuntos: estaban los conjuntos conjuntos y los conjuntos disjuntos. Muy bien, me ha sido muy útil en mi vida saber esto. Ahora, el que cambió mi vida fue el conjunto vacío: le enseñaba las notas a mi madre y ella me decía: – Enriquito, ¿y este cero en matemáticas…? –Mamá, no seas antigua, esto no es un cero, es un conjunto vacío. Luego te enseñan a sumar, restar, multiplicar, dividir… Y dices: –”Ahora me enseñarán a pedir un crédito en el banco…” Pero no. Lo que te enseñan es la raíz cuadrada… ¡Ay, amigos! ¡Qué gran tema la raíz cuadrada! ¡Lo bien que me ha venido a mí saber calcular la raíz cuadrada…! Sin ir más lejos la he usado… nunca. Francamente, ¿a ustedes no les parece que ha llegado el momento de plantear este asunto al Gobierno? La raíz cuadrada tendría que ser voluntaria, como la mili. Y luego llegaba el profesor y decía: –Chicos, os voy a poner unos problemas. Pues… cojonudo: Llevo una mochila de ocho kilos, me llaman Carabesugo, me roban el bocadillo… ¡Y encima viene este tío a

ponerme más problemas! Y dictaba: --–Si Pedrito tiene seis manzanas, viene su hermana y le quita dos, viene su primo y le quita otras dos y luego el perro se come una… ¿Cuántas manzanas tiene Pedrito? Pues no lo sé, pero francamente, si quiere mi opinión…Pedrito es gilipollas. Otra cosa que te enseñaban era el latín y el griego, las lenguas muertas… ¿A ustedes les parece bien que les enseñen lenguas muertas a los niños? ¡Con razón por la noche no pueden dormir! ¿Y la sinalefa? ¡Eso tiene que ser una guarrada! Yo me negué a estudiarla… Y hablando de cochinadas: también te enseñaban los gases nobles… Mire usted, a mí me parece muy bien que los nobles se tiren sus gases como todo el mundo, ¿pero es necesario estudiarlos? La clase de música… Muy bien, en casa no te dejan gritar ni jugar al balón en el pasillo, pero puedes soplar la flauta hasta que se te salgan los higadillos. Y tu madre ni mu… Total para aprender a tocar “Debajo un botón, ton, ton…” Por no hablar de la clase de gimnasia… ¿De qué te va a servir en la vida saber dar una voltereta? ¿Y saltar el potro? ¿Se imaginan que, en un debate entre Aznar y Zapatero, Aznar dijese: “Señor Zapatero, usted va a subir las pensiones y va a bajar la gasolina pero, ¿sabe saltar el potro…? Déjese de demagogias… Salte el potro señor Zapatero, salte el potro”. La única vez que yo estuve atento en el colegio fue cuando explicaron la reproducción humana. Aunque tampoco me sirvió de mucho: primero te hablaban de un guisante… después de unas abejas que salían de su colmena y llevaban el polen por ahí… Y luego te enseñaban unos dibujitos de una pareja en pelotas… Que yo pensaba: ¿Y aquí quién de los dos tiene el guisante?” Pero ahí no se acababa el follón, porque yo sabía que había una cosa que se metía en algún sitio… Y además estaba la cigüeña… con lo que me fui a mi casa pensando que la reproducción humana consistía en que una cigüeña metía un guisante en una colmena y una abeja lo esparcía… Muy bien… Yo no quiero molestar, pero entonces. ¿para qué me sirve a mí la polla? En fin, amigos, que según lo que nos enseñaban en la escuela, un hombre de provecho es un tío que habla lenguas muertas, come guisantes, da volteretas y toca la flauta… ¡Coño, este tío es Kung Fu!


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Lo que nadie te dijo sobre Hungría T

(aunque tampoco querías saberlo)

odo el mundo es húngaro. Y puedo demostrarlo. El carburador, la central de energía nuclear, la fusión termonuclear, la locomotora eléctrica, la aviación supersónica, el bolígrafo, la holografía, la radio, la televisión, el ordenador electrónico, todas estas cosas fueron inventos o descubrimientos de húngaros. Algunas personas sostienen que los húngaros no son sino un pueblo extraterrestre que decidió un lejano día venirse a vivir junto a los Cárpatos. Lo más extraño de los húngaros es que no sólo se quedaron allí, en ese rincón frío y húmedo de Europa, sino que han sido incansables trotamundos que hoy conocemos bajo otros nombres. Este es el caso de George Soros, uno de los hombres más ricos del mundo, pero que antes ha sido emigrante, pintor de brocha gorda y mozo de estación. Soros prometió hace un año utilizar toda su fortuna para acabar con el gobierno de George Bush Jr. En realidad, los húngaros conocen a este multimillonario bajo su nombre original: Soros György. No lo olvidéis, están entre nosotros. Desde mi llegada a Hungría no puedo decir que haya estudiado mucho húngaro, pero sí puedo decir que es imposible de entender. Dado que no he aprendido a conjugar ningún verbo hasta la fecha, me manejo con un vocabulario realmente muy básico y dirigido a la supervivencia. Se da a menudo el caso de que caminas por la calle buscando algún sitio para almorzar y no puedes comprender si lo que tienes delante es una zapatería o la oficina de inmigración. Podrías intentar preguntar por la calle, porque los húngaros son muy amables y siempre van a intentar ayudarte… si pueden entender qué demonios es lo que quieres. Salir a la calle en Hungría constituye en sí mismo una experiencia muy divertida o muy traumática, ya que las palabras más básicas las han cambiado todas, incluyendo los números (egy, kettö, harom, negy...). Puede ocurrirte que salgas a la calle a comprar el pan y, al entrar en el supermercado, recuerdes que no sabes

como se dice la palabra “pan”. Finalmente, vuelves a tu casa con tomates („paradicsom”). Conozco un canadiense que tras dos años viviendo en Hungría comenzaba a chapurrear el idioma y, en una ocasión, su mujer le pidió que fuese a comprar pechuga de pollo. La vergüenza fue terrible cuando descubrió por qué el carnicero había puesto una cara tan extraña: en lugar de pechuga, había pedido tetas de pollo. No me pidáis que lo escriba. Afortunadamente, los españoles estamos de moda allá donde vayamos. Fuera de España, no sólo en Hungría, mucha gente piensa que los españoles somos gente divertida, “caliente”, dicen, con un carácter fuerte (esto a veces quiere decir machistas), impuntuales y fiesteros. También para los húngaros somos gente simpática y muchos húngaros hablan español. Todos quieren irse de fiesta a Barcelona. Pocos conocen otras ciudades. Pero, ¿de qué podemos culparlos, cuando nosotros mismos no conocemos de Hungría más que la capital? Entre estos húngaros que disfrutan y estudian la lengua y la cultura española se encuentran mis alumnos. Como profesor en la sección española del Instituto Herman Ottó de Miskolc, puedo decir que me siento orgulloso de mis alumnos. Estoy seguro de que si estudian un año de la universidad en alguna universidad española, nadie será capaz de distinguir su acento, ni su origen húngaro, salvo, claro está, por su nombre y apellido. Si vuestro vecino suspira al ver una fotografía del Lago Balaton, si vuestra vecina carga la cesta de la compra de pimientos rojos picantes, si vuestros compañeros de clase dicen a menudo “Basszameg!” cuando algo no les gusta… no lo dudéis, vienen de Hungría.

Miguel Ángel de la Fuente citofono@hotmail.com


¿DISCRIMINACIÓN POSITIVA?

N

“¡Es todo tan hermoso!” Letizia Ortiz Rocasolano

o me gustan los extremismos, ni las distinciones absurdas. Sí, he dicho absurdas. No llego a entender del todo cómo se pretende igualar por medio de la diferencia. Por ejemplo, si por mí fuera quitaría de un plumazo todo lo que huele a discriminación. Para empezar con el Día de la Mujer trabajadora, con las Concejalías e Institutos de la Mujer, y acabar con todo un largo etcétera anclado en el “positivismo”. Muchas de estas entidades, celebraciones, etc. me parecen tan inocuas como “el Día sin coche”. No rechazo su existencia en sí, sino algunos de sus planteamientos. Soy una de las personas más favorables a la igualdad que conozco, pero del mismo modo que no entiendo ni comparto una actitud machista en un hombre o mujer, aborrezco todo tufo de feminismo reaccionario. No estoy hablando de chistes sobre hombres y mujeres, esto es mucho más serio. Sólo quiero comentar el anacronismo en que se cae al buscar un giro de volante para enfilar una recta. Pues hay quien pide que se dé la vuelta a la tortilla, y eso es lo que yo no comparto. ¿Por qué darle la vuelta la tortilla, cuando sólo tenemos que esperar a que ésta esté hecha para zampárnosla a gusto entre todos? Vale que hoy día sigue pesando la desigualdad. La sociedad tiene las botas sucias hasta las rodillas, no sólo de machismo, sino también de intolerancia, discriminación al minusválido, xenofobia y racismo, de la falta de entendimiento hacia jóvenes y mayores, hacia la homosexualidad, el maltrato, y un etcétera más largo que la mili de

Rambo. Todo lo que sea ayudar a la integración, ayudar al que lo tiene más difícil es perfecto, y se debe potenciar desde todos los ámbitos sociales. Pero no debemos confundirnos. Amparemos siempre y asistamos a quien lo necesite ante cualquier indefensión o vejamen; pero no por ser de un color u otro, por ser hombre o mujer, por ser altos o bajos, ricos o pobres, sino por ser personas. Ello ya debería bastar. La sociedad hoy día se acelera como una peonza, y nadie nos ha enseñado a girar con ella. Nosotros mismos hemos de aprender a recolocarnos el peinado y a saber adaptarnos a las nuevas realidades que los tiempos nos marcan. Todos estos son problemas de actitud. Actitud hacia esa peonza que sería la sociedad, hacia su acelerado movimiento. Actitud que implica nuestra capacidad para adaptarnos a su ritmo y alcanzar un equilibrio con ella. Si el equilibrio no se alcanza, la peonza deja de girar y cae. Buscamos la igualdad; y si llevamos milenios aspirando a ella, como digo es cuestión de tiempo que se consiga. Haciendo girar la peonza a una velocidad superior a la que es capaz de asimilar, también caerá; del mismo modo que si no le proporcionamos el suficiente impulso. Con este artículo ni me quiero posicionar en un lado u otro, ni a favor ni en contra de nada, ni sí ni no, sino todo lo contrario. Sólo plantear una reflexión y recordar cuánto de cierto hay en ese eslógan contra la discriminación que dice: “Todos somos diferentes, todos somos iguales”, aunque a veces unos queramos ser más iguales que otros.

José M. Márquez “mane” wocan@vodafone.es


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Cartas del Pierrot Cañada del Bembézar, 5 de diciembre de 2004

¿Cuántas veces más podremos reírnos juntos, tú y yo, sin hacernos daño? Me dijiste un día, amigo Sancho, que hay cosas que duran porque sí, porque la inercia las refugia, les da cobijo, les da de comer un rancho que es como la primavera al trigo.

¿Has visto qué diferente es el camino de la gente cuando el agua que beben no es de la misma fuente?

Miras las piedras venir. Pero a ti nadie te atrapa en redes que no existen, o quizás sí, y no me lo cuentas o no lo dices. Cuando de vez en cuando te escribo, haces que me ría, y te oigo a ti reír, no sé si conmigo o de mí.

¿Has visto, alguna vez pasear por las calles a ese que llaman olvido?

La próxima vez que te escriba, Sancho, prometo darte las gracias por estar al otro lado, pero hoy no, hoy veo demasiadas piedras, y tú estás demasiado lejos para que me enseñes a esquivarlas.

Hoy me he encontrado con una piedra, y la he invitado a tomar un trago, como a un amigo. Es raro, porque he sentido una pedrada. Es fácil vivir como vives, Sancho, porque a ti ya nada te espanta.

Puede que el Edén no esté a tu lado, pero seguro que está cerca de tu risa, aunque te rías de mí, la risa une… además, es más bonita que el llanto.


Células madre... A

ntes de nada, mi estimado Berganza, quisiera que habláramos de cosas sencillas. Siéntate. Me gustaría hablar, por ejemplo, del sol de este diciembre o del cielo del pueblo iraquí. Hablar de cánticos o de vino. Me gustaría escuchar, tu último naufragio, tu última transformación en héroe de la antigüedad. Sería grato, disfrutar a diario de estas batallas con la vida, alejados de todos aquellos mezquinos universales. Y tiramos los dados y jugamos a la creación. Haciendo y deshaciendo. Saltando, de manera ágil, por encima de cualquier debate ético, que nos prive de nuestras libertades. Emitimos un aullido Whitmaniano, desguazando embriones de forma acompasada, sin desafinar. Y, compañero Berganza, lejos queda esta cavilación de la rancia y vetusta palabra de pan de oro y del costumbrista troglodita anclado en lo inmutable. ¡Dios me libre de ello! Las células madre llaman a la puerta, con la promesa de paliar múltiples males, (desde enfermedades neurodegenerativas hasta trastornos cardiacos). Y resulta ilógico o torpe, no abrazar el progreso, no tenderle firmemente nuestras manos. Nunca el conocimiento fue un genocida, careciendo notoriamente, este de aquel. Andalucía ya cuenta con más de tres millares de embriones congelados. Embriones no viables, tras cinco años antárticos, que serán el objeto de estudio del profesor Soria y de sus colaboradores. Nadie podrá dudar, de las nobles

Cipión

intenciones de este ambicioso proyecto, pero no se cuestiona el fondo, sino la forma, el camino que se recorre. Los ojos vendados deberán ser un requisito esencial si decidimos aventurarnos y realizar esta travesía, surcando las tierras de los no nacidos. Digno, por ambas partes, es buscar los secretos y entresijos de la existencia en aquellos cuerpos de los que la vida ha huido, pero seamos cautos a la hora de hacerlo cuando ésta todavía habita. Juez y parte somos del asunto: añeja esencia de embrión. Triste pacto es canjear una vida por otra, si no existe un previo acuerdo bilateral. Egoísta, denegar a otros el derecho a su propia identidad. Hace ya algunos años, no éramos más que un racimo de células madre, muy similar al de esos gélidos embriones, fruto evidente de la complicidad de dos cuerpos. Golpe de suerte es el nuestro, el de aquellos que estamos en el bando de los que viven o, casi mejor, de los que intentan hacerlo. Y te hablaba, Berganza, de cosas sencillas, de placeres sencillos de los que podemos disfrutar porque somos y porque estamos. Ahora bien, sería paradójico imaginar a alguno de estos caducos embriones encerrando entre sus fluidos celulares revolucionarias teorías en la lucha contra el cáncer, el valor suficiente para liberar al pueblo iraquí, todo ello, con la mirada atenta de los rayos solares, de un frío diciembre. Un mundo feliz no queda tan lejos, mientras tanto, tomaré otra pastilla de soma.


...ciencia, ética y vida

M

Berganza

i querido amigo, con respecto a este tema lo tengo clarísimo. El futuro pasa por la biomedicina y los diagnósticos génicos. El uso de células madre puede abrir una puerta a la esperanza para muchas personas que sufren enfermedades neurodegenerativas (Alzheimer o Parkinson), diabetes, dolencias cardiacas o que están a la espera de recibir un órgano que les permita mejorar su calidad de vida. Por desgracia, la ciencia aún no tiene solución para ellas y es absurdo que cerremos puertas por prejuicios morales, religiosos o simplemente por falta de información. Las células madre no son más que células que aún no se han diferenciado y que pueden originar cualquier tipo de tejido de los que forman nuestros órganos. Es decir, son las precursoras de las neuronas, de las células musculares, de las cardiacas, etc. Evolutivamente hablando, son el antecesor (“madre”) de todos los tipos celulares que forman nuestro organismo. Por eso, la principal fuente de células madre son los embriones, que a partir de ellas fabrican un organismo completo. La técnica en principio es muy sencilla, patologías como el Alzheimer o el Parkinson se caracterizan por la muerte o el deterioro de células, neuronas en este caso y células pancreáticas en el caso de la diabetes. Pues bien, el proceso consistiría en inyectar estas células embrionarias a fin de regenerar el tejido deteriorado y recobrar la funcionalidad. Por desgracia no es tan sencillo como parece, pueden producirse rechazos, infecciones o incluso cáncer debido a la gran capacidad de división de este tipo de células. Por eso, no es correcto plantear esta técnica como la

panacea pero tampoco rechazarla de plano sin antes ver los resultados. Con respecto a este tema se han dicho auténticas barbaridades, que si se mata un ser humano para salvar a otro, que si estamos jugando a ser Dios, que si va contranatura, etc. Y quizás sea culpa de la comunidad científica el no saber explicar en qué consiste exactamente el proceso. Pero también es cierto que en televisión vende mucho más el presidente de “La liga para la defensa de la moral Española”, el ecologista radical que se encadena a la silla o el típico “progre” que defiende a ultranza el tema sólo porque le suene a moderno. No se trata de crear embriones destinados a la investigación, se trata de dar un uso a los embriones sobrantes en los programas de fecundación “in vitro” y que hasta hoy permanecían congelados sin que la ley recogiera qué había que hacer con ellos. Andalucía fue pionera en este tema, quizás porque la “segunda modernización” esté empezando a dar sus frutos o simplemente por llevar la contraria a Madrid, cuando en Madrid mandaban los otros. De cualquier manera, me alegro que se haya legalizado la investigación con fines terapéuticos, pido cautela y un voto de confianza para la Ciencia. Asimismo, animo a la Administración a que permanezca vigilante durante el desarrollo de los programas de investigación que ahora se ponen en marcha. Actualmente hay un enfermo de Alzheimer por cada 4 familias españolas y se estima que en el año 2020 se habrá duplicado la proporción, la enfermedad de Parkinson afecta a más de 80 000 personas y 2 500 000 españoles son diabéticos. Merece la pena intentarlo, ¿o no?


Recomendaciones literarias Kurt Wallander es un inspector de policía en la ciudad sueca de Ystad con una vida social desastrosa (separado, sin amigos, apenas habla con su padre ni con su hija), cansado de su trabajo y amante de la ópera italiana. Este antihéroe es el protagonista de las nueve novelas policíacas del polifacético escritor sueco Henning Mankell (dramaturgo, director de teatro y narrador infantil). Mankell muestra en sus novelas la tremenda violencia que puede llegar a generarse en las sociedades prósperas. Los policías encargados de investigar estos crímenes se adentran siempre en un mundo de delincuencia internacional, xenofobia, inmigración ilegal y frivolidad política. La primera novela de la saga Wallander fue Asesinos sin rostro que trata los prejuicios raciales y la xenofobia que el inspector destapa en la sociedad provinciana de Escania tras el brutal asesinato de una pareja de ancianos en una apacible granja alejada de la ciudad. En La leona blanca, Mankell vuelve a tratar las patologías sociales en las sociedades avanzadas: partiendo de un absurdo asesinato de una joven agente inmobiliaria, Wallander desenreda una trama en la que aparecen la Sudáfrica del apartheid, la preparación de un atentado terrorista contra Nelson Mandela y un antiguo espía del KGB soviético. En Los perros de Riga, Wallander debe viajar a Letonia durante la transición a la democracia en este país báltico (1991) para resolver el asesinato de dos hombres que aparecen muertos en un bote que llega a las

Carlos Alberto Prieto

costas suecas. En este relato Wallander conoce a Baiba Leipa, que le guiará por los corruptos ambientes de las mafias letonas. Esta mujer permitirá al inspector salir de su incorregible soledad y en futuros casos, Wallander siempre echará de menos a Leipa. La serie de novelas protagonizadas por Wallander llega a su novena entrega, titulada Cortafuegos y publicada por Tusquets Editores. En este nuevo caso, Wallander tiene que investigar la muerte de un hombre en la puerta de un cajero automático y el cruel asesinato de un taxista a manos de dos muchachas adolescentes. El inspector tiene que hacer frente en estos casos a la traición dentro de su propio equipo de investigadores y a las complejidades de la informática. Como en otras entregas anteriores, las carencias afectivas de Wallander le hacen cuestionarse su labor y su continuidad en la policía. Henning Mankell muestra en sus novelas la descomposición de los valores tradicionales en las sociedades europeas y refleja como los cambios sociales afectan a personas como Wallander, un policía a la vieja usanza en un mundo de delincuencia organizada, violencia generalizada y racismo. Wallander, lejos del héroe novelesco, es un policía que comete errores en sus pesquisas, trabaja siempre en equipo, tiene que aguantar a su jefe y lidiar con la prensa; y todo ello sin entusiasmo pero con gran sentido del deber. Mankell propone en sus novelas tramas complejas, con hondas implicaciones sociales, personajes y circunstancias muy realistas y alejadas de los tópicos del género negro. Por todo ello, si les gusta la novela negra, el inspector Kurt Wallander no les defraudará.


Año III - Número 10. El Ladrío

De Europa, el catalán y otros demonios... «Lenguas tradicionalmente utilizadas por parte de la población de un Estado y que no son dialectos de lenguas oficiales del Estado, lenguas de inmigrantes ni lenguas creadas artificialmente», ésta es la definición de lenguas minoritarias o regionales que ofrece la Unión Europea en su Carta europea sobre las lenguas regionales o minoritarias (CELRM). Empecemos por hacer la diferencia entre los condicionamientos de la política lingüística de la UE y la coyuntura sociolingüística de Europa. La Unión es una entidad supranacional dotada de una serie de organismos responsables de su gobierno y administración, por lo que hay que destacar el carácter político de una institución, que si bien nos aproxima al continente en materia económica, monetaria, aduanera… nos aleja de la realidad lingüística de Europa. No hay que olvidar que la UE es Europa, pero no toda Europa es UE. ¿Acaso el catalán no responde a la anterior definición de lengua minoritaria? Sí: se trata de una lengua diferente a la oficial en todo el territorio nacional –no es un dialecto del español-– hablada en solo una parte de España por un número inferior de habitantes al del resto del país. Por tanto, goza de protección en el marco autonómico, nacional y europeo. El absurdo llega cuando la clase política se escandaliza al plantear el reconocimiento del catalán como lengua oficial de la UE; con ello, se niega, a 7 millones de catalanoparlantes el derecho a comunicarse con las instituciones comunitarias en su lengua materna o vehicular, esto es, su lengua de uso habitual. Ese derecho, sin embargo, es disfrutado por poco más de 350 000 malteses. No es que no se deba reconocer la lengua oficial, por muy pequeña que sea, de estos países en el seno de la UE y obligarlos a comunicarse en una lengua ajena pero, lingüística y políticamente ambos catalanes y malteses tienen el mismo derecho a expresarse en su lengua. Son muchos los millones de euros que la UE destina a la producción y traducción de textos en las ya 20 lenguas oficiales de la Unión, por ello la decisión del Gobierno de elevar al Parlamento Europeo la

reivindicación de catalanes, gallegos y vascos es justa, pero no así la de los valencianos. Desde un punto de vista estrictamente dialectológico, si bien existen discrepancias al respecto, el valenciano es una variedad diatópica (geográfica) de la lengua catalana y, como tal, cuenta con un número de diferencias que no supera al de similitudes. En consecuencia, resulta incomprensible pretender gastar una cifra considerable de euros en la traducción e interpretación de textos por duplicado a una misma lengua: véanse los ejemplares de Constitución europea traducida al catalán y al valenciano que presentó el Gobierno y que resultaron ser idénticos; al igual que los que Carod Rovira entregó al Presidente ZP, con los que podríamos jugar a ver quién encuentra más diferencias (seguro que gana el PP de Camps). Sería igual de torpe que si Austria pretendiera elevar al estatus de lengua oficial la variedad de alemán hablada por los 8 millones de ciudadanos austriacos. En tanto que la Unión se erige como un ente supranacional con miras a sucesivas ampliaciones, son los estados miembros los que deberían responsabilizarse de dicho gasto ocasionado por los procesos de mediación lingüística hacia sus respectivas lenguas cooficiales, tal y como hace Irlanda, país donde el gaélico es cooficial con el inglés (lengua oficial de Irlanda en la UE) y que se encarga de la traducción de toda la documentación comunitaria a dicha lengua. Está muy bien eso de querer elevar catalán, gallego, valenciano y euskera al estatus de lenguas oficiales de la Unión, pero ¿por qué no asumimos los costes que ello conlleva, si se trata de permitir la comunicación de nuestros ciudadanos en su lengua con las instituciones comunitarias? Es triste que sean los políticos los que decidan sobre el derecho a expresarse en la lengua propia y no los propios ciudadanos haciendo alarde del legado más valioso que hemos heredado de la historia.

Juan Antonio Prieto Velasco


Tópicos típicos

Año III - Número 10. El Ladrío

E

n uno de mis trayectos de Lido a Venezia en vaporetto (transporte público en Venezia), sentí a la vez curiosidad y alegría al caer en mis manos un periódico de difusión gratuita de los que normalmente se reparten en los servicios públicos de transporte. Después de algunos meses sin pisar tierra española, leer en aquellas páginas el título: La cultura spagnola, me sonó muy bien, aunque sin la “ñ” perdía mucho. Comencé a leer el artículo y cuando terminé pensé varias cosas: ¿qué idea se puede hacer un italiano que conozca poco nuestra cultura al leer esto sobre el estilo de vida de una familia media española?, ¿qué pensaría uno de Burgos después de dicha lectura? Venía a decir en líneas generales que en España se comía mucha tortilla, mucha paella, platos que se c o m í a n habitualmente para cenar (a partir de las 11 de la noche por supuesto y, cómo no, acompañados de sangría). Después se apartaban las cosas a un lado de la mesa y, con toda la familia alrededor cantando y tocando la guitarra, las muchachas se subían encima de las mesas con faldas de volantes a pegarse un taconeo. ¿A qué tablao iría el sujeto que escribió esto a documentarse? Y sobre todo, ¿cómo pudo escribir un artículo tan contundente sobre el vivir cotidiano en nuestro país? Esta es una parte de nuestra cultura de la que me siento muy orgulloso, pero siempre en su contexto y sin que

empañe otras formas de nuestra rica cultura que desafortunadamente no tienen la misma propagación en el resto del mundo. Me alegro mucho de haber conocido la cultura de otro país en profundidad; trabajar y convivir con los autóctonos me ha hecho tener una visión mucho más amplia. La emigración dentro de los países pertenecientes de la Comunidad Económica Europea es bastante diferente a la emigración a la que se ven obligados los habitantes de países de África y países del Este. Creo que la solución para mejorar la precariedad en las condiciones de vida de estas personas no solo debe centrarse en contratos de trabajo legales en nuestro país (de lo cual soy muy partidario), también debe englobar programas de formación en sus países de origen; con esto, no se debería buscar trasladarles nuestra idiosincrasia, sino ayudarles a desarrollar su cultura, a veces bastaría solo con no explotarlos en nuestro beneficio. Como me enseñaron en Italia: Tutto il mondo è paese, que viene a significar que, en el fondo, todos tenemos muchas cosas en común, independientemente del país de origen. No por ello, hay que perder la identidad cultural y las tradiciones, pero sin creernos el ombligo del mundo.

Carlos Luque


Esto es... Carnaval

P

ueblo, la fiesta popular por antonomasia se acerca este 2005 a las puertas del año. Si las navidades nos enternecen en diciembre al son de una pandereta, los carnavales alegrarán nuestra tierra a ritmo de caja y bombo en menos de un mes. Y esto es carnaval, señoras y señores, algo más que una fiesta. El carnaval es periodismo cantado. Todos los acontecimientos del año, de repercusión mundial, nacional y local, se analizan con la lupa del sentir popular, desde el punto de vista de la sátira más perspicaz y en el lenguaje del ciudadano de a pie, el crítico más honesto y sincero que posee la sociedad. El comportamiento de personajes públicos, sucesos que llaman la atención y hasta el emotivo piropo a la tierra, son temas por los que se canta en estas fechas y en los que se hace gala de verdadera libertad de expresión. El carnaval es la fiesta del antifaz y el disfraz. Es imaginación, es creatividad y es teatro. Para empezar, imaginamos un personaje que haga reír a los demás y a nosotros mismos. Luego creamos un disfraz con los trapos que encontramos en el cajón de la ropa vieja. Y finalmente nos lanzamos a la calle a representar el personaje que nos hemos inventado. Encontramos máscaras que salen solas y disfraces en grupo, gente de todas las clases sociales se dan cita en tan curioso desfile, y sin embargo, es sorprendente el poder igualador del acontecimiento: como en las saturnales romanas, amos y esclavos abandonan el papel que desempeñan durante el año y adoptan el del personaje que representan en la fiesta, colocando a ambos a la misma altura. Y, por último, el carnaval es música del pueblo. Andalucía ha dado no pocos nombres al mundo de la intelectualidad, la cultura y la filosofía, y al

Miguel Ángel Herencia

andaluz se le tiene por creativo y por soñador. Y es así que esta tierra tiene cuna de sobra para que sus letristas no tengan ni un pelo de tontos y para que sus diseñadores hagan maravillas de la austeridad de un ropero viejo. Pero si hay un aspecto del carnaval que dé verdadera identidad al ser andaluz, ese es el musical. En él se mezclan la copla, el pasodoble y el cuplé, con la bulería, el tango y las alegrías -ritmos y melodías españoles y andaluces castizos donde los haya-, porque es el arte que mejor expresa nuestra alegría, nuestro amor, nuestra tristeza y nuestro humor. Y no hay vehículo de expresión cultural más cercano al pueblo que la música, pues todo el mundo la entiende y todos la pueden interpretar. Esta cultura que se manifiesta en el carnaval es conjunción de la inteligencia y la creatividad, de la razón y la pasión. Conjuga grandes cualidades naturales del artista de la calle, y éstas confección de letras, disfraz y música-, al ser tratadas con el corazón, facilitan la aparición del duende, término que usara Lorca para describir una cualidad inaudita de naturaleza inexplicable, que adquiere un espectáculo cuando el artista conecta con el público al entregarse a su arte con todo su ser, sin duda el broche de oro más buscado en toda relación humana. Este elogio del carnaval va dedicado a todos los que lo viven intensamente, y en especial a los que pasan meses ensayando para regalar luego su arte a la fiesta. Si peca de teórico será porque carece de música, de disfraz, de sátira perspicaz y de lenguaje popular. Y como no es lo mismo ver una película romántica que vivir un romance, tampoco podremos alcanzar la verdadera magnitud de la fiesta a través de un texto escrito, sino participando en ella. Que no te lo cuenten, que hay que vivirlo, que la vida son dos días y uno está lloviendo.


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A todos aquellos que en su intento de no poner puertas al campo, abren de par en par sus campos, chalés, casas de campo… para saludar el nuevo año arropados por el calor de los suyos, amén de una buena chimenea.

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Por impedir que la pobreza aumente como consecuencia de los sablazos económicos de la Navidad. Por ayudar a reducir el desnivel de la “cuesta de enero”. Por evitar malos ratos a la salud de familiares y amigos más cercanos, posibles víctimas del garrafón de los pubs, discotecas y cotillones… (que me tocan los coj…). Por reducir los peligros de la carretera evitando que las uvas de la suerte se emborrachen al volante de un coche de regreso a casa. Por rehuir los gastos en vestuario tan absurdos como inútiles para una sola noche de cotillón (donde se ponga un vaquero que se quiten los tirantes y las corbatas).

Haciendo uso de la libertad que nos conceden nuestros lectores, los Perros del Coloquio, convertidos en Reyes Magos, quieren regalar el Hueso de Oro a los propietarios de los campos que brindan a los demás la comodidad de sus casas. El primer brindis va por ellos.

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A los responsables de los enormes desniveles que se han atrincherado en las aceras de nuestras calles para incomodar un camino que a menudo no se hace ni al andar. A quienes consideran que moverse por la ciudad debe ser considerado como una práctica deportiva vinculada a la familia del alpinismo. A los ilusos que pagan un Plan de Accesibilidad para Montilla cuando antes ni tan siquiera han sido capaces de dejar los bordillos de las aceras a la altura reglamentaria. A los baches que aparecen por arte de magia (¡¡bualá!!) en las calles, donde esperan, como enfermos en urgencias, a que lleguen las revisiones y las soluciones. A esos que dan el visto bueno a las obras que a diario maltratan nuestras calles con zanjas y socavones que nunca devuelven al asfalto el aspecto liso original. Gracias a estas bolsas de agua, los peatones nos mojamos cuando llueve. A aquellos que decidieron colocar montones de barreas de hormigón como obstáculos, con la excusa de frenar a los coches, y después no se atreven a parar a las motos que vuelan por las calles. Y hablando de baches, a los que este año se han olvidado de sacar del cajón el proyecto de la Ruta de la Tapa y del Vino, que ya no vuelve a casa ni por Navidad.

Sin mucho ánimo de ajustar cuentas, el Coloquio de los Perros lanza su áspero mordisco a todas las barreras arquitectónicas que presiden las calles de Montilla, y a los que las aplauden con su pasividad. Por ellos, algunos de los últimos malos recuerdos de este año que ahora termina.


MISCELÁNEA “Mezcla, unión de unas cosas con otras”.

E

Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia Española.

n los últimos meses los españoles hemos tenido que aguantar la vergonzosa condena por parte de la prensa internacional, mayoritariamente inglesa, que se ha hecho en los diferentes medios de comunicación. Como bien sabemos, el hecho originador de esta enervación fue el “amistoso” partido de fútbol que tuvo lugar el pasado mes de noviembre entre las selecciones de España e Inglaterra en el madrileño estadio Santiago Bernabéu. En los entrenamientos previos al mismo, nuestro seleccionador nacional, D. Luis Aragonés, tuvo a mal emplear algunos términos que se podrían catalogar de racistas e insultantes para motivar a su jugador Reyes en detrimento de su compañero del Arsenal, el francés Thierry Henry. Lo que es indudable es que, a fecha actual, en el ámbito futbolero todavía hay ciertos síntomas de racismo; véase las pancartas, cánticos, enseñas e ideología de raza suprema de algunos grupos radicales, tales como los “ultras sur” en Madrid, o los “boixos nois” en Barcelona (unos por exceso de exaltación del sentimiento nacional español sobre todas las demás y los otros, por exaltación del nacionalismo catalán por encima de cualquier otro nacionalismo, respectivamente). Para más inri, todavía se siguen escuchando rebuznos por parte de algunos “aficionados” onomatopéyicos del lenguaje del mono o del orangután, cuando algún jugador de color coge la pelota. A pesar de todo ello, los españoles, con flaca memoria, olvidamos que España, desde que era conocida como Iberis (Iberia), ha sido objeto de multitud de visitas (llamémosle elemento extranjero sin intención de connotación de ningún tipo) que en cierta medida han formado parte de su historia configurándola y, por tanto, también han formado parte de nuestra cultura; así, no conviene olvidar a los primeros centroeuropeos, fenicios tartesos o cartagineses, a los romanos y a los árabes, cada uno de ellos en su correspondiente cuota de participación en nuestra historia. Si le “damos la vuelta a la tortilla”, ejemplos tampoco faltan y sin necesidad de acudir a la memoria histórica, me refiero ahora al éxodo, obligado o no, según se mire,

por Javi Ruz Cerezo que muchos de nuestros familiares y antiguos amigos tuvieron que sufrir como consecuencia de la Guerra Civil y posterior dictadura, habida cuenta de la época de escasez y sequía que nuestro país estaba padeciendo y respecto de todos sus ámbitos. Así, países como Argentina, México, Venezuela o Miami sirvieron como buenos anfitriones en el plano trasatlántico; por otro lado, en el plano comunitario, todavía Alfredo Landa nos recuerda que fueron los teutones, entre otros, los receptores por excelencia de las penas, problemas y mano de obra que España era capaz de exportar por aquellos años como única activo en su haber. Con todos estos argumentos, se podría concluir que los españoles estamos acostumbrados al elemento extranjero, ora como anfitriones, ora como visitantes; pero tampoco debemos olvidar lo que es obvio, esto es, la cantidad de personas (ya sean comunitarios no nacionales o extracomunitarios) que durante los últimos 8 años han cruzado nuestras fronteras y que están dispuestas a ser reconocidas bajo el estatus de ciudadano, término muy diferente a los anteriores de español, nacionalista, comunitario, extracomunitario o extranjero. Simplemente buscan la oportunidad frustrada en su país de origen y bastante tienen con hacer los trabajos que los españoles no quieren desempeñar, ya sea por desprestigio social, escasa retribución o por falta de ganas o dureza de los mismos, como para encima tener que escuchar a modo de justificación: “¡es que vienen a quitarnos nuestros trabajos!” y tener que sufrir en sus carnes actos racistas. Todos estos actos únicamente sirven para confirmar aún más los numerosos estudios de paleontólogos y antropólogos que establecen que el hombre desciende del mono, con perdón de estos animalitos y a buen seguro, sin su permiso.


Año III - Número 10. El Ladrío

El rincón de... la NAVIDAD Por numerosas razones, bastante lógicas en estas fechas, dedicamos el rincón de este número a las fiestas navideñas, de las que puede que haga semanas ya que estamos hartos, pero de las que, como cada año, acabamos participando de manera tradicional, clásica y, por supuesto, consumista. Como al final, a pesar de nuestras críticas y buenos propósitos, terminamos adoptando la misma actitud borreguil y deseamos ansiosos que lleguen estas fechas, aprovecharemos esta página para desahogarnos un poco y reírnos a nuestras anchas, más que de la Navidad, de nosotros mismos.

Feliz 2005

El día 31 de diciembre, cuando Ramón García diga feliz 2005, toda España tiene que levantarse y gritar al unísono “por el culo te la hinco...” Será un momento histórico y no se podrá repetir hasta el 2025... Para el 2008 ya iremos preparando algo.


Cuestionario Montillano

a Prudencio Ostos Domínguez

Desde El Ladrío, y a través de las respuestas a nuestro cuestionario montillano, queremos dar a conocer, en sucesivos números, a los alcaldes democráticos que ha tenido nuestra ciudad desde 1979. En esta edición de nuestra revista, el elegido es Prudencio Ostos Domínguez, tercer alcalde democrático de Montilla tras la dictadura franquista, y que estuvo en el cargo doce años, desde 1983 hasta 1995, como representante del Partido Socialista Obrero Español. 1. UNA CALLE: La calle Córdoba me trae a la memoria mis primeros recuerdos y más agradables de mi estancia en Montilla. En ella vivía mi novia, y por ella subía y bajaba de mi piso al Colegio Salesiano, donde tuve mi primer puesto de trabajo. También la Corredera y la Plaza de la Rosa, que eran el centro de Montilla y el lugar de ocio en los ratos libres. 2. UN PERSONAJE: En este año de aniversario, y para esta revista en concreto, qué mejor personaje a destacar que Don Quijote. Este loco, más cuerdo que nadie, puso todo su esfuerzo en pro de la justicia, la solidaridad y ayuda a los más menesterosos y necesitados, y supo darle los principios del buen gobernante al ingenuo de Sancho, para ser gobernador de la ínsula conquistada. 3. UNA FIESTA: Las serenatas a la Virgen de la Aurora y la Semana Santa, por ser las más participativas del pueblo. Por su belleza y originalidad no sólo nos diferencian e identifican frente a otros pueblos, sino que las disfrutamos de manera especial. 4. UN RECUERDO: Muchos, desde el punto de vista personal y político. Destacaría desde el punto de vista político la inauguración del Pabellón y una celebración del Día de Andalucía en la que participó el entonces alcalde de Barcelona, Pascual Maragall. 5. UN COLECTIVO O ASOCIACIÓN: Aunque de reciente creación, destacaría a AFAMO, por su trabajo en favor de los enfermos de alzheimer y la ayuda social que prestan a los familiares.

6. MOMENTO MÁS ENTRAÑABLE DE SU LEGISLATURA: Destacaría la toma de posesión del segundo y tercer mandatos, así como mi elección como Senador porque, de alguna manera, te compensaba de tantos sinsabores sufridos y tanta calumnia y mentira recibidas. Las mayorías absolutas que obtuvimos nos daban el impulso de saber que el pueblo estaba contento con nuestra gestión. 7. Y EL MÁS AMARGO: La primera toma de posesión como alcalde. Quienes, conociendo las reglas de elección de alcalde, no quisieron o pudieron respetarlas y hacer respetar se equivocaron en algo fundamental en democracia, el “respeto a las normas”. 8. UN POLÍTICO: Felipe González ha sido capaz de ilusionar a una nación con un trabajo colectivo de modernización que nos ha situado en niveles de bienestar social y equipamientos equiparables al resto de las naciones europeas, con las que siempre deberíamos haber estado. 9. ¿COMPENSA SER ALCALDE? Dirigir la política local, trabajar en proyectos económicos de futuro para Montilla, ver transformarse sus infraestructuras, calles, alumbrado, equipamientos deportivos, culturales, sociales y de los servicios sociales y básicos como recogida de basura, limpieza viaria, bomberos, arreglo de caminos, etc; todo eso sí compensó mi esfuerzo y los malos ratos pasados siendo alcalde. 10. ¿CÓMO ERA MONTILLA DURANTE SU MANDATO Y COMO LA VE ACTUALMENTE? Como he dicho antes, durante mi mandato Montilla realizó una transformación muy importante que cambió su fisonomía externa. Pero antes y ahora yo me quedo con el encanto de su gente.


El ladrío invierno 2004