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Una Estrella entre Dos Cielos

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2 Estaba acostado esperando por ella. Casi no lo podía creer, apenas se conocieron en vivo esa misma tarde y ahora estaban compartiendo una habitación de un Hotel, en el 36 de la rue Notre Dame de Lorette, en Paris. Por la ventana del Hotel se veía un callejón o quien sabe fuera, nada más, el espacio libre entre los muros de los demás edificios. Era noche. – Mira si quieres me duermo en el piso – le dijo él en un tono que no se sabía ser verdad lo que acababa de decir. – Te puedes quedar en la cama. – Como crees – le contestó ella se denotaba el embarazo en su dulce voz. Se podía escuchar el agua cayendo, no era lluvia, aun que la noche se hubiera puesto más fría desde que salieron la primera vez afuera del metro, era el agua de la ducha en el baño, ahí se encontraba ella. El agua de la ducha se paró. Pasados algunos instantes ella entró en la recamara. En la cama estaba él con su laptop. – Mira mañana podemos hacer este recorrido y conocer la ciudad – le enseñaba la pantalla con un mapa abierto en una ventana. Cerró la laptop, la puso en el suelo. Se quedaron platicando, envueltos en sábanas de amor, noche dentro, pues esa era su primera noche juntos. Él día siguiente salieron a descubrir esa ciudad de la luz y del romance. En la calle iluminada por un Sol de abril los dos se quedaron embriagados por


Una Estrella entre Dos Cielos

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los colores y los olores de estas calles cargadas de la ebriedad de los siclos. Las frentes de los edificios denunciaban el tiempo, a su alrededor se veían abrazados por la antigüedad, la belleza era tal que se quedaron en silencio disfrutando de ese ambiente por varios minutos. En su pensamiento solo veía los años, las noches y días pasados con esta mujer delante de una pantalla de computador y ahora no solo habían dormido juntos como se encontraban en las calles de Paris en donde irían a descubrirse y conocerse en ese fin de semana, mientras exploraban y disfrutaban de toda este tributo histórico. Empezaron por dar vuelta a la izquierda mientras bajaban del hotel, ya después de haber desayunado, incluso ese desayuno fue una fiesta parisina, los croissants, la mantequilla, el dulce de durazno, jugo, café, huevo y mucho más. Era una calle con tiendas de flores, vinos, cafés. La primera tienda en donde entraron era de vinos, allá encontraban vinos de Francia de las mejores uvas del mondo. La siguiente era de flores, el perfume fresco y matinal de todas esas flores fue un regalo! A fuera la gente, poca, iniciaba el día alistando todo para el día que empezaba. Subirán escasos metros hasta un café y ahí tomaron un expresso que hasta en Roma estaría divinal! Hicieron los últimos ayustes a los planes que tenían y pensaron en empezar por la basílica de Le Sacré Coeur

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